Hola chicas y chicos,
¡Estoy viva!
Siento mucho no haber actualizado esta historia por más de un año, pero la verdad es que a pesar de tener una idea de cómo escribir los capítulos, me he quedado sin mucho ánimo de coger una computadora y escribir. Este capítulo lo escribí 100% en mi trabajo, y no tengo tiempo de leerlo, así que perdón desde ya por las faltas.
Espero que les guste el capítulo y si siguen leyéndola gracias.
Espero que les guste el capítulo y espero sus comentarios.
El hecho de que Prim me estuviera mirando como si tuviera dos cabezas, y a Peeta como si fuera poco menos que un príncipe, me hizo sentir incómoda.
De cierta era forma desconcertante ver a mi pequeña patito comportándose como una niña normal, estaba acostumbrada a recordarla más como la chica fuerte en la que se había convertido durante la guerra.
Y otra vez estaba de vuelta en mis complicados pensamientos, era raro pensar en el mi pasado, ya que al parecer ahora era el futuro, y todo esto provocaba que mi cabeza se enredara.
Sin embargo había cosas que no cambiaban. Lo que siento por Peeta, mi amor incondicional hacia Prim, mi gratitud e incluso cariño hacia Haymitch, hacia Effie y en especial por Ceena.
Pero esto también significaba que mis malos sentimientos también continuaban dentro de mí. La culpa que siento por tantas muertes durante la guerra, en especial la sangre que yo misma derramé en la arena, en ambas arenas. Mi odio hacia Snow, hacia aquellos que permitieron que los juegos continuaran, mi rencor hacia Coin. Y Gale…
―¿Katniss? ― escuché la voz de mi Patito llamándome, al parecer me había espaciado por demasiado tiempo, perdida en mis pensamientos.
Miré a mi pequeña hermana que me daba una mirada entre preocupada y conspirativa.
―Tu hermana estaba preguntando por qué te estaba abrazando ― Noté de inmediato que Peeta había notado que mi cabeza había volado fuera de este lugar, o de este tiempo para ser más específica.
Me sonrojé al pensar en qué contestarle a Prim, no podía decirle que habría abrazado a Peeta porque lo amo y estaba increíblemente feliz de que él esté aquí conmigo y que sea mi Peeta, que ambos compartamos los mismos recuerdos.
Prim abrió los ojos con sorpresa, y la podía entender perfectamente, yo jamás me sonrojaba. Por nada.
Por el rabillo del ojo pude ver a Peeta intentando contener una sonrisa, aunque no con total éxito.
―¿Te confesaste? ― preguntó Prim, con una nota de incredulidad clara en su voz. Me tomó un par de segundos darme cuenta de que la pregunta era para mí, y me quedé atónita. No sé qué se le metió en la cabeza a mi hermanita para pensar eso, que yo recordara, en este tiempo jamás había dado muestras de interés hacia Peeta, así que sentía que la pregunta estaba absolutamente fuera de lugar.
―¿Qué? ¡No! ― quizás fui demasiado enfática, pero realmente me pilló desprevenida, además creo que gran parte de mí aún cree que esto es un sueño o una alucinación, y estoy siendo más emocional de lo que sería normalmente.
Escuché a Peeta ocultar su risa con una falsa tos, así que lo fulminé con la mirada, y él me dio una pequeña sonrisa ladeada que hizo que mi corazón se saltara un latido como cada vez que me la mostraba, aunque en su rostro de dieciséis años lucía más inocente que en un par de años más.
―¿Entonces no te gusta? ― interrumpió nuevamente mis pensamientos mi Patito, lucía decepcionada.
―Bueno, sí ― mi boca se movió antes de que mi mente procesara realmente lo que estaba diciendo, por lo que, aún en mi estado alelado a causa de mi remolino de pensamientos y sentimientos, respondí automáticamente con la verdad, sin siquiera pensar en mentir. Luché con todas mis fuerzas para no sonrojarme, pero si el calor que sentía en mis mejillas era un indicio, había fallado miserablemente ― Bueno, eso no… la cosa es…Dios― me encontré balbuceando, por lo que preferí callarme.
Prim sonrió angelical y brillantemente, no entiendo muy bien el porqué de su emoción, no pensé que ella tuviera alguna clase de favoritismo hacia Peeta en este tiempo.
Hablando de Peeta, él estaba realmente sonriendo en este momento, con una sonrisa lo suficientemente grande para partirle la cara y hacerle doler las mejillas. Estaba a punto de reprocharle que se riera de mí y que me ayudara en este lio, pero entonces vi sus ojos, llenos de calidez y de amor. Y sé que todas aquellas increíbles emociones que reflejan sus ojos son causados por mi persona, lo que hace que no me pueda molestar con él, menos ahora que sé que no estoy sola en este lugar, o momento, de locura.
―¿Son novios? ―pregunta Prim ansiosa. Podía ver la anticipación en su carita rubia.
Peeta y yo nos miramos, lo más probable es que ambos estuviéramos pensando lo mismo. A pesar de llevar tiempo juntos, e incluso vivir juntos, nunca le habíamos puesto un nombre a nuestra relación. Era simplemente un hecho que nos pertenecíamos, que Peeta era mío y yo era suya, no podía haber otra ecuación en la cual las cosas estuvieran bien. Al menos no después de haber vivido y sobrevivido tantas cosas juntos.
―No lo sé ― dijo lentamente Peeta, pero su tono era más contemplativo que ansiosa, y sé que es porque él también sabe que aunque las cosas siguieran sin tener un nombre, él y yo estaríamos juntos, no importa qué. Al menos yo sé que no puedo vivir sin él, aunque ahora, al parecer, vuelva a tener a las personas por cuyas pérdidas me aferré a él en un inicio, en estos momentos no hay forma de que pueda vivir sin él, Peeta ya es parte de mí, de mi vida y de mi alma, perderlo no solo me destrozaría, sino que me dejaría sin la mitad, y a veces siento que más, de mi ser.
―Pero se quieren el uno al otro ¿verdad? ― insistió Prim, Peeta y yo asentimos con la cabeza, creo que sería tonto negarlo, y más aun a Prim, ya que no planeo alejarme de Peeta y prefiero contestar sus preguntas ahora que hacer que su cabecita se llene de suposiciones ― Entonces son novios ― finalizó felizmente Prin, como si fuera lo más obvio del mundo.
Peeta y yo simplemente sonreímos y compartimos una pequeña mirada. No necesitábamos un nombre para definir lo que teníamos y sentíamos el uno por el otro, pero si mi pequeña Primrose quería que tuviese un nombre, nosotros no teníamos problema.
Luego de medio contestar, medio evadir la avalancha de preguntas de mi Patito, nos dirigimos los tres a mi casa en la Beta, cosa que en algún lugar profundo dentro de mí me molestó. Quería ir a nuestra casa en la Villa de los Vencedores, no porque la casa fuera más grande o más cómoda, sino porque era nuestro lugar.
El mío y el de Peeta.
Nuestro lugar especial, donde podíamos ser nosotros mismos, con nuestras cicatrices y heridas abiertas, sin temor a ser juzgados u observados, donde nos demostrábamos amor de forma libre, donde podíamos quebrarnos y derrumbarnos en cualquier momento, sabiendo que el otro estaría ahí para sostenerlo y para juntar las piezas rotas y armarlas nuevamente luego de una de nuestras crisis.
Parte de mi mente aún me gritaba que esto no es real, que es una trampa y que debería tratar de escapar. Pero la verdad es que mientras esté junto a Prim y Peeta, no me importa lo que me pase.
Mientras más nos acercamos a la Veta, más me doy cuenta de las miradas que nos dirigen, al principio me hace sentir paranoica, esperando que cualquiera de ellos salte y nos ataque, pero luego me doy cuenta de que es porque Peeta está con nosotras.
Y Peeta me está sosteniendo de la mano.
Peeta es un comerciante, él no debería siquiera acercarse a esta zona. Intento retirar discretamente mi mano de la suya, pero él me la aprieta más fuerte, impidiéndome hacerlo.
Aunque estoy acostumbrada a ser el centro de las miradas, tanto buenas como malas, el hecho de que casi todas las personas a las que veo estaban muertas hasta hace unas horas atrás, me hace sentir nerviosa.
Es extraño el cómo hace un día atrás, lo único que deseaba era volver en el tiempo y recuperar tantas cosas que perdí, pero ahora que estoy ahí, que aparentemente estoy en un pasado que creí perdido, me hace sentir incómoda y deseando que todo vuelva a la normalidad.
Pero entonces escucho la risa de Prim y Peeta, que al parecer habían estado hablando todo este tiempo, conversación que me perdí completamente por estado inmersa en mis propios pensamientos, y me hace darme cuenta de que no me importan las miradas, he sobrevivido a cosas peores, lo que importa es que una vez más recuerdo y veo la sonrisa de mi hermanita, veo sus ojos brillantes de alegría y diversión, sobreponiéndose a los recuerdos de ella explotando justo frente a mí.
Sin darme cuenta ya estamos frente a nuestra antigua casa, y me siento renuente a entrar, es como si al entrar realmente volviera en el tiempo, a aquel en el cual Peeta era solo el chico del pan y no mi chico del pan, y no podría soportar eso, sería lo mismo que perder a Prim.
Petta parece sentir mi titubeo, como siempre, una vez se da cuenta que no avanzo para entrar a la casa. Se gira para mirarme directamente a los ojos, y en ellos puedo ver a mi chico del pan, y me doy cuenta de que seguimos estando juntos, que aunque de una manera loca e imposible tengamos de vuelta dieciséis años, nuestras almas y corazones siguen siendo los mismos, así como nuestros recuerdos.
―Todo estará bien ― me consuela, como si hubiese leído la mente, cosa que ya no debería sorprenderme―, hablaremos mañana, ahora debes descansar ― su dulce sonrisa me hace sentir tranquila.
Veo como sus ojos dudan, y sé que es porque no está seguro de cómo despedirse de mí, ambos sabemos que un beso sería extraño, especialmente con Prim a menos de dos metros mirándonos expectante, pero nos haría sentir insatisfechos si simplemente nos despidiéramos como desconocidos, así que tomo una decisión y armándome de valor me estiro un poco para alcanzar su mejilla, dejando un suave y corto beso en la comisura de su boca. Escucho el leve chillido excitado de Prim, y veo la leve sorpresa en los ojos de Peeta, antes de que me sonría con ternura y cariño.
Soltamos nuestras manos de forma lenta y casi dolorosa, no estamos acostumbrados a estar separados, no desde hace un año al menos.
Prim y yo entramos a la casa, y podemos escuchar a nuestra madre haciendo ruido en la cocina, lo más probable es que cocinando alguna ardilla que quizás traje la noche anterior, no lo sé.
Una vez en mi habitación me tomo un momento para apreciarla entera, sorprendiéndome de lo pequeña que luce, lo vieja y destartalada que se ve. Supongo que inconscientemente estoy acostumbrada a las casas de la villa de los Vencedores. Pero no me importa, estoy bien con lo que tengo ahora.
Bajo a cenar cuando Prim sube a buscarme, y es cuando estoy en la mesa, a medio camino de terminar mi comida, que las circunstancias caen en mi cabeza.
De alguna manera estamos en el pasado, de alguna manera Peeta y yo hemos vuelto a nuestros cuerpos de cuando teníamos dieciséis años.
Eso significa que él no dormirá conmigo esta noche y que no estará para mí cuando tenga mis pesadillas, que deberé superarlas sola y eso me aterra.
Una vez más me encuentro deseando poder estar con él en nuestra casa, en nuestra habitación y en nuestra cama. Poder sentir sus brazos fuertes y protectores a mi alrededor.
Y es entonces cuando otra realidad se abre paso en mi mente.
Si esto es real faltan menos de tres meses para la primera cosecha de Prim.
Si esto es real pronto seré voluntaria para los vigesimocuartos Juegos del Hambre.
Si esto es real, todo sucederá de nuevo.
Una vez más deberé matar a jóvenes de otros distritos para poder vivir. Una vez más mancharé mis manos con la sangre de jóvenes inocentes, veré morir a Rue, y no podré hacer nada para evitarlo.
Una vez más Snow está vivo, la revolución volverá a levantarse, la guerra, las muertes, el miedo volverá.
Nuevamente veré a mis amigos morir.
―Katniss ¿Estás bien? ― escucho la voz de mi madre por encima de los atronadores latidos de mi corazón que resuenan en mi cabeza.
Miro a mi madre y veo sus ojos preocupados, pero sobre ella se superpone la imagen de ella con los ojos muertos luego de enterarse de la muerte de Prim, veo las ojeras que pesan en sus ojos, y cómo el dolor parecía consumir su alma poco a poco.
Miro a mi Patito y sólo puedo ver su imagen cuando estalla y se quema por la bomba.
No me doy cuenta de que me he puesto de pie hasta que escucho la silla en la cual estaba sentada golpear contra el piso.
Ahora ambas me miran preocupadas y asustadas, pero yo simplemente no puedo soportarlo, así que me giro y corro a mi habitación y me encierro en ella.
Puedo escuchar las voces de ambas llamándome a través de la puerta, pero las ignoro a ambas.
Mi mente sólo repite una y otra vez la muerte de todos aquellos a los que amaba y aprendí a querer.
Sé que no soportaré vivir todo de nuevo, me romperé. Y esta vez será demasiado y nada ni nadie podrá componerme de nuevo.
Esto es la tortura más grande que he sentido, ver de nuevo a la gente que quiero viva y bien, sabiendo que en poco tiempo las perderé para siempre, crear nuevos recuerdos junto a ellas para que simplemente me sean arrebatados de mis manos.
No puedo soportarlo, no puedo vivir con eso. No soy lo suficientemente fuerte.
Me acurruco en la cama y me abrazo las rodillas, sintiendo el dolor de mi alma corroerme, como si pronto fuera a morir. Pero no me importa, no si morir significa que no tendré que vivir nuevamente nada de eso. No si morir significa que no tendré que vivir en mis pesadillas una vez más, solo que ahora no serán pesadillas, sino que la realidad, y que no simplemente podré despertar y que Peeta esté ahí para abrazarme y consolarme.
Me acurruco y siento cómo mi respiración se acelera. Sé que estoy teniendo un ataque de pánico, pero no me importa, y cuando la oscuridad de la inconciencia llega a buscarme, la recibo con los brazos abiertos.
Y este es el capítulo, espero que les haya gustado. Si sienten que Katniss estaba muy tranquila durante todo el capítulo, y los anteriores, es simplemente porque aún no interiorizaba los hechos y no se había dado cuenta de lo que todo podría implicar.
Espero sus comentarios y críticas.
Las críticas son siempre bienvenidas si estas me ayudan a mejorar en mi escritura y narración.
Para los lectores de "Conociendo la Historia en el Pasado, tengo la firme convicción de que pronto subiré un nuevo capítulo, pues estoy un poco inspirada
Bye.
