'Lincoln' dio vuelta la cabeza. No encontró a nadie, pero pudo ver un taxi pasar, y lo hizo detenerse. Se dio cuenta de que había dejado la billetera en su remolque. Corrió como un furibundo de regreso a su remolque, agarró su billetera y volvió a toda velocidad hacia la entrada del lote. El taxi que había detenido todavía lo estaba esperando mientras él se lanzaba al asiento trasero.
"Buenas noches, ¿a dónde voy?", preguntó el taxista.
'Lincoln' se había quedado congelado. ¡Ni siquiera había pensado a dónde ella podría ir, y el taxi en el que se metió ya se había ido!
'Lincoln' suspiró con tristeza. Parecía que su aventura terminaría aquí.
"Hace rato salió otro taxi de aquí. Supongo que no puedes decirme a dónde se fue, ¿verdad?"
Era poco probable, pero pensó que valdría la pena intentarlo.
"En realidad, sí, puedo encontrarlo."
'Lincoln' se animó, una chispa de esperanza se encendió en su corazón. El taxista se puso en su radio y llamó al taxi que ella había tomado. No pudo escuchar a dónde decían que iban, pero no importaba. El conductor se dirigió por el mismo camino por donde 'Lynn' se fue.
Cada llamada que él hacía era redirigida al buzón. 'Lincoln' miraba las luces de Los Angeles alejarse desde la ventana del automóvil. Las luces titilantes que le habían prometido las aventuras más locas, así como a mucha gente. En pocos casos esa promesa se cumplía.
El taxi bajó las últimas calles de los suburbios y dejó la ciudad. El centro ya estaba a unos cuantos kilómetros de distancia, y el taxi encendió las luces delanteras. 'Lincoln' trajo dinero, pero no el suficiente para alcanzar a una tarjeta de crédito. Rogó con todas sus fuerzas que 'Lynn' no lo haga atravesar todo el estado.
Desde hace rato, 'Lincoln' reconoció la carretera mientras iniciaban el recorrido. Era la Autopista de la Costa del Pacífico, con las piedras y pequeñas montañas serpenteando el asfalto. Los frenos rechinaron cuando el taxista se detuvo en el ingreso de un estacionamiento vacío al lado de la carretera. Miró afuera, pero no había ningún rastro de su novia.
"¿Aquí es donde la dejó su taxi?", preguntó él.
"Eso me dijo mi compañero. Si deseas, puedo esperarte", sugirió el taxista.
"No, estaré bien. Gracias." De esa manera, 'Lincoln' pagó y salió del auto. Vio como el taxi se alejaba y desaparecía en la oscuridad de la noche. Al desaparecer el vehículo, él reconoció donde estaba: en la playa que visitó con 'Lynn' y su familia hace unos días. Las olas golpeando suavemente la arena envolvían al ambiente de un ruido tranquilizador.
Salió hacia afuera y volvió a llamarla: mientras el teléfono intentaba hacer su trabajo, él pudo ver una silueta solitaria en una esquina de la playa.
