Probablemente no me recuerden, tal vez ni a la historia; probablemente ni la página, o quizá sí, solo que yo no. Para los que me recuerden, han de estar enfadados conmigo por no haber actualizado en un largo hiatu, y los entiendo, me sucedieron muchas cosas y al final, olvidé la página y este perfil, o al menos eso habría sido de no ser por mi familia. Verán, hace tan solo unos días, me encontraba viendo "Luisito Comunica" junto a mis hermanos y mi madre. Todo estaba normal, alegría y risa cundían en la sala, pero Luis mencionó algo en cuestión a la creatividad humana y mis hermanos hablaron de mi cuando escribía aquí, seguida de mi madre apoyándolos con la frase: "Mínimo eso tenía él". Esas palabras me recordaron mis buenos tiempos escribiendo aquí para ustedes, el ver como me escribían sus comentarios de, "me gustó"; cosa que ya no veía y me hacía sentir faltante. Me disculpo amigos, espero volver actualizar con frecuencia como antes, también para terminar mi fic "El Amor de un Loli" y este, que son lo que más adoro. Pero, no crean que tanta espera va a ser para un "fic" vacío y con historia repetitiva, no, mi visión ha cambiado a una más ambiciosa y eso lo notarán. Sé cómo terminar esta historia. Sé como continuar. Sé que seguirá. Se como conectarlos a los personajes. Por ello, les dejo un fragmento de episodio y nos vemos hasta el siguiente episodio.

Peeeero, no olvidaré responder los comentarios:

Chizuri Akane: Wow, que está pasando amiga, no te enojes. Aún no termina el fic, espérate al final. Créeme, he hecho esto para bien, no por otra cosa. Saludos, espero leerte algún otro día.

El Sujeto: 2da parte

Desde el interior del bosque, un lugar frío y tan azul como negro, lleno de niebla que profundiza el terror, una peli-miel, quien tenía un estomago a punto de devolver el almuerzo, se encontraba parada frente a un muchacho desconocido. Este se presentaba con el nombre de Meliodas: un chico que no pretende más de 14 años, de baja estatura y con una sonrisa en la cara:

—Su majestad —dijo con humildad mientras hacía una reverencia—, lamento el percance que he generado en estos momentos, pero he venido para decirle algo de suma importancia.

Con gran desenfoque en su vista y algo confusa, respondió.

—Puedes decirme lo que sea.

Dijo con una expresión sutil; cerró los ojos, subió una ceja e hizo una mueca.

—Mire, como le comenté, mi nombre es Meliodas, vengo desde un reino muy lejano, desde Britania para ser específicos —la mueca de la princesa desapareció y cambió su expresión a una más interesada—. Mire, no quiero hacer esto muy largo, soy amigo del rey Giovanni y él personalmente me ha pedido que lo ayude a rescatar a su hijo. Estuve presente en todo ese evento de sangre que sucedió y me percaté que usted está enamorada del hijo en cuestión.

La explicación resumida del muchacho dejó a Serena con muchas dudas, cuales no podrá responder hasta que él deje de hablar, pero antes, respondería con cierta tristeza.

—Éramos novios.

—Lo lamento —bajó la mirada Meliodas—, no esperaba esa noticia.

—No te preocupes, prosigue.

—Tengo que salvarlo, pero sin ayuda de alguien adentro, no podré, pues no quiero que tu padre cree un conflicto equivocado con Giovanni, odio la guerra, no tolero ver a personas morir por el orgullo de alguien que no sale al combate, que no se ensucia las manos. Sé que no será una tarea sencilla, pero necesito de tu ayuda.

—¿Y por qué yo?

Meliodas respondió a la pregunta, cautivando a Serena y haciendo que sus mejillas se cubrieran de lágrimas de felicidad.

Mientras tanto, en la cornucopia: Un furioso Lysson se encuentra estrangulando al herrero de forma brusca repitiendo la misma palabra llena de irá.

—¿¡Dónde está mi hija!?

Ahogado y sin palabras, tan confundido como él, patalea en el aire con desesperación. Alan está tan enojado como el rey con el hecho de que Serena desapareció tan de repente como si hubiese hecho mutis en una obra de teatro.

El público del alrededor murmuraba como si no hubiese un mañana: ¿dónde está? ¿la princesa dónde está? ¡desapareció! ¡Era un escándalo! Nadie podía responder, brujos junto a sus kadabra intentaban buscar una respuesta, niños aterrados por pensar en un mal para su princesa, iban a buscar al Pokémon más cercano para abrazarlo. El ruido de un mercado con rebajas era lo que cundía en el momento.

En esos alrededores, también se encontraba Brock, pero el no perdió la cordura, se largo inmediatamente de ahí y fue hasta la casa de Clemont. Ambos sacaron una conclusión.

—Pronto nos van a atacar, de eso no hay duda.

Dijo Brock con certeza y temor.

—Que dios se ampare de nosotros.