Capítulo 2: Esa clase de instructoras


~1er miércoles~


—¿Por qué estás de traje como la primera vez que nos vimos Jackie? ¿Acaso sólo tienes un cambio de ropa? ¿Y por qué la placa?

—Porque 1. Vengo de recoger unos expedientes y siempre visto así cuando voy a la estación, aunque sea mi día libre. 2. Hoy usé un traje azul y no negro como la otra vez, y sí, tengo más de dos atuendos. Y 3. Soy policía, siempre debo cargar mi placa como símbolo de autoridad, Skye.

La mecánica y el detective discutían en una fría mañana en el taller de Jerry. Él, como liebre de palabra, se presentó ante la vulpina para que terminara de arreglar su auto y de paso, comenzar con sus lecciones para volverse todo un macho, según ella.

—Bueno, pregunto porque si sabes que venimos a ponernos muy sucios, ¿verdad?

Jack carraspeó. Skye sonrió.

—¿Perdón?

—A ensuciarnos, quise decir. Ya sabes, coches, reparaciones, grasa, mugre...

—Oh sí, eso. —Aclaró su garganta—. Descuida, tendré cuidado.

—No es de tener cuidado, tontín, es de ser precavidos; no es por presumir, pero aunque sea la mejor mecánica de Zootopia, hasta yo no puedo evitar mancharme la ropa por muy buena que sea.

—Bien, puedo quedarme sólo a observar y...

—¡Nada de eso! Nadie aprende nada sólo viendo, tienes que experimentar y tocar las cosas para darte cuenta, ¿acaso cuando te preparaste para ser policía sólo veías desde lejos sin meter las patas?

—Al principio sí, uno debe pensar antes de actuar, y lo mejor es...

—Pero no aprendiste a atrapar criminales sólo viéndolos en la tele, a eso me refiero, enano. Lo mismo es con esto, tienes que...

La zorra fue interrumpida por una melodía proveniente de la chaqueta de Jack, la liebre sacó su móvil y contestó una llamada.

—Aquí Savage... ¿Ya identificaron el ADN de...? ¡Oh, perfecto! Claro, claro, ¡enseguida voy para...! ¿Qué? ¡Oye!

Skye le arrebató el teléfono y habló en su lugar.

—Hola, lo lamento, pero, hoy es el día libre de Jackie y no podrá ir, busqué a alguien más. Adiós.

—¿Qué haces? ¡He estado esperando esa llamada de los chicos de Forense desde hace dos días!

—¿No decías que tenías el día libre? ¿Acaso no le dijiste que ibas para allá?

—Sí claro, iba a echar un vistazo y regresar. —Cruzó los brazos y desvió la mirada—. El jefe Bogo no me deja quedarme en la estación en mis días libres.

Skye se le quedó viendo con una cara descompuesta.

—Oh cielos Jack, en serio eres un trabajólico . —Se encogió de hombros.

—¿Qué? Oye no, no lo soy.

—Ese es el primer síntoma, la negación. —Se tocó la barbilla.

—¡Esa es la primera etapa del duelo! —respondió molesto.

—El segundo es la ira. —Alzó dos dedos.

—¿Podemos regresar a lo de mi cel...? —Señaló su móvil juntando ambas patas.

—Y esa es la fase de la negociación.

—¡Ok, sí lo soy! Haz tu chiste de la fase de la aceptación —bramó iracundo—, ¿puedes darme mi teléfono ya?

—Aaahhhhhh, te saltaste la etapa de la depresión, eso no es divertido. —Negó con la cabeza.

—Skye —ordenó con severidad—, dame mi teléfono.

—¿O qué? ¿Vas a arrestarme?

—No. —Frunció el ceño—. Pero sólo porque dejé mis esposas en casa.

—Te lo daré sólo si prometes apagarlo.

—¡Skye, en serio, es muy importante!

—¿De verdad? ¿Por qué? ¿Es algo de vida o muerte?

—No, pero...

—Entonces puede esperar.

—No, no puede.

—¿Por qué no?

—Porque le darán el caso a alguien más, y si llegan a descubrir algo nuevo o resuelven el caso, el crédito será para él o ella; será un punto menos en mi expediente y un paso atrás para obtener un ascenso.

—¿Todo esto por un estúpido ascenso? Ni siquiera te preocupa los mamíferos, sólo tu trabajo. —Lo observó decepcionada.— Tsk. Vaya, no podrías ser más egoísta.

—Claro que me preocupan otros animales, no sería policía si no me importaran, pero también quiero destacar y ser el mejor en mi profesión, ¿qué tiene de malo eso? ¿Acaso es egoísta querer superarme y aspirar a una promoción?

—Lo es si sólo piensas en ello enfermizamente y sin considerar a quienes te rodean.

—¿Y en quién más voy a pensar?

—En mí, por ejemplo.

Jack se quedó sin palabras. Vio su rostro y enseguida le recordó la cara que puso Skye el otro día, cuando casi arruina todo. Luego, cuando decidió abrir la boca, ella le regresó su celular sin más.

—Aunque pensándolo mejor, creo que esta mal obligarte. Haz lo que quieras.

La zorra le dio la espalda con cierto aire de amargura, Jack comprendió que estaba caminando en hielo frágil nuevamente; sin meditarlo, marcó en su teléfono móvil al número que lo llamó primero.

—Hola, soy Savage... sí, sobre eso último que oíste... sí, lo que te dijo la otra chica. Quería disculparme...

La vulpina agitó la cola con desaprobación y apretó los puños sin mirar a ver a la liebre, estaba a punto de alejarse cuando su oreja izquierda se irguió.

—... lamento si fue grosera, pero ella tiene razón.

—¿Qué? —Skye volteó asombrada.

—Sí, ya sé que dije que me urgía, pero había olvidado que tenía planes hoy, y... —Suspiró desganado—... creo que esa información puede esperar mañana. Igual que el resto de las cosas que te pedí. ¡Ah! Sólo un último favor, no me llames a menos que sea algo de extrema urgencia... Gracias por comprender Honey, eres la mejor...

La mecánica volteó a verlo aún de brazos cruzados por la actitud condescendiente de la liebre, aunque admitía que eso la alegraba más que disgustarla.

—¿Qué dices? No, no, no, no, no… ¡No! —Él comenzó a murmurar—. Ella no es mi novia… ¡No, tampoco! Ella es… ella es… errrr… mi nueva instructora, ¡sí! Eso… mi nueva instruc… ¿Cómo que de qué? Errr… te explico después y… ¿¡Qué!? No… ¡No! ¡Con un demonio, no esa clase de instructoras, Honey! —espetó hartado—. Sí, ella no es una oveja… sí, ya investigué que no sea un espía… Feh, ¡adiós Honey! —Colgó enfadado, su amiga de Forense era todo un caso.

La liebre guardó su celular con la cara avergonzada mientras la vulpina intentaba no soltar una risita tan sonora.

—¿Así que hiciste eso sólo por qué te lo pedí, eh? —comentó algo desilusionada—. Muy bien, ahora sólo apaga tu celular para que podamos...

—No. El celular se queda prendido.

—¿Qué? —lo miró confundida.

—Aclaremos algo Skye —se dirigió a ella en un tono bastante seco—, creo que tienes razón, estoy un poco enajenado con mi trabajo...

—¿Sólo un poco?

—Y creo que es cierto en que debo dejar de tomármelo tan en serio, y más hoy que ofreciste a ayudarme; pero soy un policía de corazón Skye, mi trabajo va por encima de todo; así que, este es el trato: dedicaré todo este día a que me enseñes, pero si ese teléfono suena, voy a contestarlo, y si es necesario, a salir de aquí te guste o no. ¿Estamos claros?

Por primera vez, la liebre mostró ante ella una fuerte imposición autoritaria, algo que dejó a Skye sin palabras, pero enseguida, la hizo sonreír y más tarde, a aplaudir.

—Bravo Jackie, bravo.

—¿Qué?

—Ja, ja, ja, me alegro que no seas un macho sin carácter, muy bien, empezaba a creer que harías todo lo que te pidiera.

—En mi experiencia como detective uno debe ser lo menos conflictivo posible y ceder si es necesario, pero hay cosas en las que no puedo estar de acuerdo.

—Eso suena bien, aunque personalmente creo que deberías ser más asertivo, a las chicas nos gustan los machos con más iniciativa.

Skye le guiñó el ojo, él desvió la mirada con algo de vergüenza.

—Y hablando de lo que le gusta a las chicas, ven, vamos a comenzar con la lección 1.

—¿No ibas a arreglar lo del depósito refrigerante de mi coche?

—Primero hagamos esto, ¿estás listo?

—Claro.

La zorra fue al almacén y regresó con unos baldes, productos de limpieza y unos trapos.

—Lección 1: Limpiar un coche.

Ella le entregó la cubeta con alguna de las otras cosas, Jack levantó una ceja desconcertado.

—¿Es una broma?

—No, no lo es, pero en vista de que no sabías ni cómo abrir el cofre, empecemos de lo más básico a lo más complicado. —Pasó un dedo sobre la anaranjada carrocería del vehículo de la liebre, quitando una modesta capa de polvo que lo cubría—. Y aprovechando que tampoco lo has limpiado desde que nos vimos, me parece lo más indicado para comenzar.

—Realmente no sé qué tenga que ver arreglar un auto con lavar uno.

—Recuerda que no te enseñaré a reparar, sino a lidiar con problemas típicos de los vehículos que como macho debería saber, y este, aunque poco atractivo, es uno de ellos. Aparte, tengo la sospecha que no sabes hacerlo bien, pero si estoy equivocada, no te importará demostrarlo. ¿Verdad?

—Llevo mi coche al autolavado cada semana, ¡claro que sé hacerlo!

La vulpina rió discretamente y agitó su cabeza.

—Eso quiero verlo; comienza llenando la cubeta, primor.

Jack seguía confundido, y en el fondo, muy molesto. ¿En serio cambió una visita al laboratorio de Honey por lavar autos? La liebre se sentía estafado. De mala gana, llenó el balde, luego, en lo que Skye llenaba su cubeta, él miró a su alrededor y no encontró algo que siempre tenían en los autolavados.

—Hey Skye, ¿Y la manguera?

—¿Manguera?

—Sí, ya sabes, esa como pistola que lanza chorros de agua para limpiar el coche, ¿dónde... ? ¿Y ahora por qué pones esa cara?

—Ja, ja, ¡lo sabía! ¿Realmente no tienes idea de como lavar un auto por tu cuenta, verdad?

—¡Claro que sí! Sólo necesitas rociar con eso mi coche hasta limpiarlo, ¿no?

—Los autolavados te cobran más de lo normal por la exagerada cantidad de agua que usan, con un balde y un paño el auto se puede lavar mejor y ahorras muchísima agua, ¿qué, vienes de la edad de piedra? El agua es un recurso muy preciado, no hay que desperdiciarla.

—Bah, suenas como mi madre...

—Pues tienes una mamá muy sabia. Ahora empieza, quiero ver como lo lavas.

Él bufó con fastidio, tomó la cubeta y se disponía a arrojar todo el contenido contra su auto, hasta que la sonora y molesta risita de la zorra lo hizo detenerse; sin embargo, el brusco movimiento hizo que se desbordara un poco de agua del balde, salpicando el pantalón y las patas inferiores de la liebre.

—Pppfff, ja, ja, ja. —Skye se burló de él—. Así nunca se debe lavar un auto Jackie; desperdiciarías mucha agua. Y en serio, mejor cámbiate de ropa antes de que termines empapado y arruines tu fino traje.

—¡Pues enséñame cómo diantres se hace entonces! —refunfuñó—. Y tendré más cuidado a la próxima.

—Cielos, ¿siempre eres tan necio? Ya te lo explique, los accidentes pasan. —Tomó un trapo y lo humedeció en la otra cubeta—. Por mucha habilidad que tengas, algo podría salir mal y ¡Zas!

Skye sacó el pañuelo rojo de la cubeta y una franja de agua roció a la liebre en la cara y orejas, el acto tomó por sorpresa al detective y este sólo se limpió los ojos con disgusto.

—Ups, lo siento. —Mostró sus colmillos apenada.

—¡Lo hiciste apropósito! —bramó molesto limpiándose el rostro con una pata.

—Fue un accidente, el punto es que puede que te salpiques en cualquier momento por mucho cuidado que tengas, lo importante es... aaaaaahhhhhhhhhhhh...

Jack no se quedó atrás, y con un pedazo de tela húmedo, mojó a la hembra en la cabeza, haciendo que se sacudiera por el agua fría que cubrió su pelaje. La presa hizo una mueca de satisfacción.

—Uy perdón. Bien, ya estamos en paz, ¡ugh! Oye, ¿qué te pasa?

La vulpina lanzó más agua de su pata pero Jack logró esquivarla; ella volvió a lanzar dos olas más hasta que la tercera manchó medio saco y una manga de su atuendo. La liebre no sé quedó de brazos cruzados y volvió a arremeter contra ella, logrando salpicar su espalda y cola.

—¡Basta! ¡Te dije que estábamos en paz!

—¡Yo seré quien decida cuando estaremos en paz, orejón! ¡Toma!

Ella volvió a rociarlo en la cara y rió cuando notó como todo el pelo y orejas largas del detective escurrían, dándole una apariencia cómica, Jack no se iba a dejar superar y salpicó repetidas veces a la chica en la cara, haciéndola parpadear involuntariamente y que se atragantara por error, provocando que tosiera sin control. Él observó con bastante humor la situación y no pudo evitar carcajearse; ella, muy furiosa, intentó lanzarle más agua, pero se le había agotado, entonces decidió improvisar: tomó una esponja, la mojó con un chorro de agua y se la lanzó a los ojos, silenciando la risa de la liebre en un instante.

—Ja, ja, ja... —Se mofaba de él.

—¡Argh! ¿Por qué arde? ¿Me lanzaste jabón? —se quejó frotándose los ojos.

—¡Cielos Jack! —Corrió a socorrerlo—. Lo siento, creo que tenía algo del champú para autos, déjame revisar tus ojos.

—Está bien...

La vulpina dirigió ambas zarpas a los párpados cerrados de Jack y mientras intentaba abrirlos, miró apenada como el macho arrugaba el rostro debido a irritación, al mismo tiempo que veía sus mejillas y las curiosas franjas negras que adornaban su rostro. Se le hacían adorablemente sexis.

—Lo lamento tanto Jackie...

—Y... y... y yo lo lamento más.

—Oh... no tienes por...

Como un balde de agua fría, literal y figurativamente, la zorra fue pillada desprevenida por una cascada en su cuello que bajó por su espalda, el astuto detective vació el resto del contenido de su cubeta cuando ella estaba con la guardia baja; la depredadora sólo se retorció por el gélido líquido recorriendo una parte muy sensible de su cuerpo, así como sintió despertar sus instintos asesinos.

—Lo siento tanto —admitió intentando contener la risa.

—¡JACK, MALDITO ENANO!

La hembra recogió la esponja del piso y se alzó para propinarle un fuerte porrazo con dicho objeto pero los reflejos de la veloz liebre no eran rivales para las acometidas de la chica, sin dejar de reír siguió esquivándolos hasta que el húmedo piso lo hizo resbalar y, en un intento por no perder el equilibrio, aferró una pata a lo primero que tuvo a su alcance, que fue el tirante del overol de Skye, haciendo que al caer de espaldas, el chico jalara a la zorra con él, ambos cayeron al suelo casi al mismo tiempo. La liebre soltó un quejido al recibir el golpe del mojado piso del taller y el peso no tan ligero de ella.

—Auch... ¿Skye? ¿Te encuentras...? ¡Ugh!

La vulpina le metió la esponja a la boca, y lo miró bastante cabreada.

—¡Ahora si estamos en paz! —exclamó más feliz que enojada.

Se quedaron viendo unos segundos sin moverse, hasta que Jack escupió el objeto poroso con una cara de disgusto y sacando la lengua; Skye, quien seguía encima de él, no pudo evitar soltar una enorme carcajada, y pese al sabor amargo en su boca, el detective hizo lo mismo. Ambos rieron cual si fueran cachorros.


Colgados en un tendedero, las caladas ropas de ambos mamíferos escurrían bajo el fuerte sol de mediodía. Skye tenía otro conjunto de overol y remera seco mientras que Jack vestía un holgado uniforme de mezclilla perteneciente a Jerry; ambos mamíferos estaban por terminar de pasar la última capa de limpieza al auto del detective.

—No Jackie, no hagas círculos, pasa el trapo arriba a abajo.

—Oh, lo siento. —Frotó el parabrisas con más cuidado—. Vaya, esto es más complicado de lo que parece.

—No realmente, pero si no estás tan acostumbrado puede resultar cansado en un principio. Los lavadores de auto prefieren usar las hidrolimpiadoras por lo mismo, facilita las cosas y de hecho, creo que reducen el riesgo de rayaduras en la pintura, pero creo que es más importante saber cómo limpiar un coche 'a la antigüita' como decía papá y de paso, ahorrar bastante agua.

—¿Pppppfff, ahorrar agua? ¿Cómo lo hicimos hace rato? —Sonrió.

—Feh, —ocultó una sonrisa—, aún así ahorramos más que ellos.

—Si tú lo dices... ¡Listo, terminé!

—Veamos.

La zorra inspeccionó el carro con la mirada, Jack admiró con satisfacción lo que había hecho por su cuenta, con ayuda de ella pero prácticamente, él lo limpió todo.

—Nada mal para ser tu primer vez, Jackie, aunque el auto está un poco húmedo, creo que debes exprimir mucho más el trapo la próxima.

—¿No sería mejor hacerlo con un trapo seco?

—¡No! —Le gritó, haciendo que él alzara sus rayadas orejas al instante—. Jamás hagas eso. Siempre debes limpiar con un paño húmedo porque uno seco dañaría la carrocería.

—Oh, entiendo. ¿Entonces debo pasarle otra capa? Que flojera.

—Nah, ya déjalo así, creo que ya aprendiste lo suficiente por hoy. Muy bien hecho amiguito, oficialmente eres 1% más macho que la primera vez que te conocí. Felicidades sr. Testosterona.

—Bah, ¿sigues con eso? Vaya, pues muchas gracias Skye. —Se cruzó de brazos.

—De nada Jackie. —Frotó la cabeza para molestia de él, apartándola enseguida—. Ahora, creo que voy a revisar lo del depósito de refrigerante de tu auto, ¿te importaría echarme una pata?

—¿Yo? Pero no sé nada de mecánica y pensé que no ibas a enseñarme...

—Lo sé, pero servirá para que comiences a familiarizarte con el motor y sea más fácil enseñarte lecciones futuras. Además —desvió la mirada—, me gustaría tener alguien con quien hablar mientras lo hago. A menos que el señor detective quiera salir antes, aunque tampoco me molestaría si lo hiciera.

Desde el incidente con el agua, Jack no había pensado en su trabajo, increíblemente se había olvidado de ello. La tentación de aprovechar el resto de su día para adelantar sus investigaciones se hizo presente, pero se esfumaron al momento que visualizó a la vulpina que agitaba su cola sin mucha sincronía; algo en ella le decía que hasta una actividad tan aburrida como revisar autos sería entretenido si esa chica estaba cerca.

—No, no, para nada. Creo que puedo quedarme un rato más. Y aunque quisiera, aún debo esperar a que mi ropa se seque o ir a la estación con este aspecto, tampoco es como si tuviera opción. A menos que tuvieras un traje y corbata entre las cosas de Jerry.

—Ja, ni en el raro caso que papá tuviera uno, te lo prestaría —le aseguró risueña—. Bien, en ese caso, ¡prepárate, porque ahora sí vamos a hacer cochinadas!

—Ja, ja... espera , ¿qué?

—Lección 2 Jackie: Empezar a arreglar un auto es como comerse un mango, no importa lo que hagas, siempre terminarás haciendo un desastre.

—Linda analogía, pero con un poco de habilidad puedes cortar esa fruta sin ensuciarte las zarpas.

—¿Siempre eres tan aguafiestas? Pues no lo decía por mí, zonzo, si no por ti. ¿Qué pasa? ¿Este tierno conejito no le gusta ensuciarse sus finas garras de señorita?

—¡No me digas tierno! Y a esta liebre no le importa mancharse las patas si la situación lo requiere. —Se remangó un brazo y alzó el puño con seguridad.

—Eso es lo que quería escuchar Jackie. Abre mientras el cofre en lo que voy por mi caja de herramientas, ¿aún recuerdas dónde está la palanca para abrirla, verdad? —Le regaló una mirada coqueta antes de alejarse.

—Ah, cla-claro —mencionó sonrojado recordando la forma tan particular que ella le enseñó dónde estaba—. Creo que jamás podré olvidar cómo hacerlo.


Notas de autor:

Hola de nuevo chicos, espero estén pasando un bonito día, sino, espero que mi fic les alegré un poco este miércoles. Bueno, no planeaba actualizar tan pronto, pero como coincidió que este miércoles también era 14, me dije, ¿por qué no hacerlo como un especie de San Valentín? Y bueno, heme aquí. Cómo pueden notar, los siguiente capítulos tendrán un estilo parecido, así que no esperen capítulos tan extensos como el primero, hay una razón para ello que explicaré al final.

En fin, aprovecho este pequeño espacio para agradecer a todos mis queridos lectores por el apoyo que ha recibido esta historia, realmente recibí más atención de la esperada, especialmente en Wattpad. ¡Muchas gracias chicos! A la mayoría se lo he hecho saber y agradecido personalmente en persona, sin embargo, tuve un par de comentarios anónimos en Fanfiction Net, sobre todo de un misterioso lector que al parecer leyó otras historias mías ¡En un sólo día! Así que, quiero decirle a 'Don Guest' que muchas gracias, que bueno que también te gustaron mis otras historias, además de esta.

Y bueno, por el momento es todo lo que tengo que decir. Gracias a todos por leerme y que tengan un bonito 14 de febrero, recuerden que es un día comercial y que alienta el consumismo por excelencia, pero también una buena excusa para convivir con seres muy queridos y especiales para nosotros, sino tienen a nadie así, seguro deben tener algún buen amigo, algún familiar, una mascota o hasta un extraño del Internet, sino, no importa, con que se quieran ustedes mismos es suficiente, pues bien se dice que no puedes amar a nadie si no comienzas por ti mismo. Ya si están muy necesitados de afecto, recuerden que este feo escritor los quiere a todos, no importa si no dejan review o son lectores fantasma, los quiere a todos por igual.

¡Saludos chicos, nos vemos otro miércoles!