Capítulo 3: Detectives arreglando coches, mecánicas haciendo interrogatorios.


~3er miércoles~


—¿Cómo se llama este?

—Motor.

—¿Y esa cosa?

—El radio.

—Casi, es el radiador. ¿Y este otro?

—¿La batería?

—Acumulador, pero viene siendo lo mismo. ¿Recuerdas para qué es esta manija amarilla?

—Ese era el… era el…

Zorra y liebre analizaban la parte interna del cofre del auto de algún cliente de su taller. Para sorpresa de Skye, la presa era un animal bastante inteligente, observador y curioso, lo que le permitía aprender rápidamente todo lo que le enseñaba; ella estaba complacida, aunque al mismo tiempo un poco desilusionada, pensó que eso le tomaría más tiempo, sin embargo, ¿por qué pensaba así? ¿Acaso no debería alegrarle que el animal dentón fuera un buen alumno?

—¡Rábanos! No me acuerdo.

—Esa es la varilla para medir el nivel de aceite, y para que no lo vuelvas a olvidar, creo que hoy comenzaremos con la lección 5: Revisar el aceite. ¿Trajiste el trapo que te pedí la vez pasada?

—Claro, lo tengo justo… un segundo.

Mientras la liebre buscaba la tela entre sus pertenencias, ella no pudo evitar analizar la vestimenta de él, aunque no era su típico traje estirado de las veces anteriores, consideraba que la camisa y el pantalón que vestía eran ropas no tan casuales y en su opinión, poco cómodas para trabajar; si se ensuciaban quedarían arruinadas. Aunque le llamó más la atención cierto complemento.

—¿Tirantes? —comentó con sorna—. ¿Todos los citadinos tienen mal gusto o sólo tú?

—Habló la pueblerina que sólo usa overol —respondió de inmediato, sin encontrar aún la tela—. Pensé que eras mecánica, no fontanera.

Aunque para ser sarcástico aún le faltaba mucho por aprender, consideraba ella.

—Fuertes palabras del dizque policía que usa traje en el trabajo, pero parece más valet parking que oficial de la ley.

—Bah, me han dicho mejores insultos que ese.

—Ya lo creo, enano; pero en serio, ¿tirantes?

—Hey, los clásicos nunca mueren, son cómodos, prácticos; además, a mí me gustan.

—Hay una razón porque nadie más los usa.

—No soy el único Skye… ¡Listo! Aquí está el trapo.

—Muy bien, te mostraré cómo revisar el aceite, pon mucha atención porque este aditivo es tan importante como el refrigerante, si el auto se queda sin este, podría estropear el motor y a diferencia de lo que te pasó el otro día, no hay forma de que el auto se proteja a menos que el conductor se dé cuenta a tiempo. Capici?

—Entendido.

—Fíjate muy bien, primero…

Skye le enseñó como siempre lo hacía: primero explicándole cada detalle y poniendo el ejemplo, luego dejando que Jack metiera las patas y lo hiciera por su cuenta mientras la zorra sólo observaba; la chica adoraba ver sus azules y curiosos ojos estudiar sus movimientos y tratar de imitarla o a sus torpes y temblorosas patas que parecían muy inexpertas en un principio, pero agarraban habilidad en un par de intentos. O ella era muy buena instructora o él era una liebre excepcional. Sabía que sólo podía ser la primera opción, pero reconocía el mérito de Savage.

A media explicación, ella notó que ese auto necesitaba más del vital líquido, por lo que se dirigió al almacén del taller, dejando a su alumno solo. Regresó enseguida con una garrafa de lubrificante y un contenedor vacío, entregándole ambos a la liebre; Skye le indicó a Jack llenar un recipiente de medio litro con aceite y luego verterlo con cuidado.

—Hazlo con calma, tardará un poco.

—De acuerdo.

Sin nada mejor que hacer mientras, ella procedió a seguir el interrogatorio al que sometía a Jack desde hace dos miércoles. A veces ella actuaba como un buen detective, el mismo lagomorfo lo reconocía.

—¿Y porque decidiste ser policía? ¿No me irás a decir que era tu sueño desde pequeño, verdad?

—Cielos no, ¿Quién tendría un sueño tan bobo? Nah, mi sueño era ser un súper agente secreto o un espía.

—¡Vaya, vaya! Pensando en grande desde temprana edad.

—Pero en serio, la razón por la que decidí ser policía… ah bueno, en realidad fue una razón mucho más estúpida que esa… —El tonó jocoso con el que comenzó hablando se cambió por uno más sombrío en un instante—… Creo que el verdadero motivo para ser lo que soy fue por… mi padre —sentenció de forma apagada.

—Oh, ya veo… —La chica recordó que era un tema que a él no le gustaba mencionar—. Si no quieres hablar al respecto, podemos…

—No, no; está bien. Cómo te comenté el otro día, él abandonó a mi madre y a mis hermanos; mientras nos intentábamos recuperar de eso y adaptarnos a una nueva vida solos, yo no pude superarlo tan fácilmente, así que a veces me metía en problemas, je, je… que tiempos.

Skye miró atenta las expresiones de Jack, lo decía más tranquilo pero en el fondo sentía que esa herida aún no sanaba, pero admiró la fortaleza emocional que mostraba ante ella al contárselo.

—Un día, en la sala de castigos de la escuela, nos pusieron una película antigua, era una de esas viejas películas en blanco y negro, ya sabes, donde alguien, casi siempre una hembra hermosa acude con un detective privado y…

—Oh… sí, sí, sí, ya sé cuales; puedo escuchar un suave jazz acompañado por un saxofón y los monólogos exagerados en mi mente.

—Je, exacto, eso; y bueno, en realidad, no debíamos ver esa película, recuerdo que incluso tenía varias escenas fuertes para nuestra edad; pero en fin, a mí lo que me llamó más la atención fue que al final y pese a todo, el detective usó su ingenio y habilidad tanto con el gatillo como con su inteligencia y logró dar con el criminal; no recuerdo mucho la película en sí, pero eso, aunado a la intención de buscar a mi padre me motivó originalmente a dedicarme a esto. —Jack terminó por vaciar el recipiente—. Listo, ¿ahora qué?

—Esperar unos minutos a que baje al motor. —Le indicó sin prestar atención al auto sino a Jack—. Vaya, entonces, ¿te empezó a interesar eso por una vieja película y encontrar a tu padre?

—No sólo encontrarlo, si no entregarlo a la justicia, y que pagara por su imperdonable crimen… o al menos así lo vi en su momento; aunque años después aprendí que abandono de hogar era una ofensa no tan penado como suponía. Sólo tendría que pagar una fianza y bueno, tampoco lo hubieran obligado a regresar con mamá y mis hermanos —comentó algo cabizbajo, antes y en la actualidad conocía a la perfección la condena exacta

—¿Y al final lograste dar con él?

—No. Aunque encontrarlo fue mi motivación principal, conforme iba aprendiendo más y más de policías, detectives y sobre todo criminales, comencé a ver las cosas de otro modo; me di cuenta que había cosas mucho más graves que perseguir a un tipo que prefirió a otra hembra que a su familia, eso era nada comparado con la violencia doméstica, los asaltos, estafas, tráfico de armas, drogas o incluso trata de otros mamíferos, y miles de crímenes más.

Jack hizo una pausa breve mientras Skye escuchaba con bastante minuciosidad el relato de la liebre; él respiró hondo y vio al techo del taller mecánico con amargura en su voz.

—Para cuando tuve las aptitudes y medios necesarios para encontrar al infeliz, ya no me interesaba, ¿qué caso tenía buscar a alguien que no quiere ser encontrado y que seguro sólo sería sal en la herida? No tenía caso revivir fantasmas del pasado o atormentar a mi familia y a mi pobre madre. Mi nueva meta se volvió ayudar a animales necesitados, usando mis conocimientos y habilidades para traerles justicia y evitar que siga habiendo peores males en la ciudad.

—Ya veo… —La vulpina quedó asombrada por lo que le acababa de relatar; Skye no esperaba recibir una respuesta tan completa de él, sobre todo por la mención de un tópico delicado como el de su padre; quería preguntar un poco más, pero pensó que sería mejor no indagar más al respecto—. Ok Jackie, ahora llena otra vez el recipiente y vuelve a hacer lo mismo.

—Enseguida.

La liebre obedeció; la zorra permaneció pensativa unos momentos hasta que el detective volvió a verter el lubricante al automóvil.

—Muy interesante, así que después de todo cumpliste tu sueño y te convertiste en la liebre que soñaste. —La vulpina carcajeó ligeramente—. Que curioso, por tu obsesivo interés para querer ascender de puesto yo pensaba que tu sueño era ser el jefe de la policía o algo así.

—¿El jefe? Rábanos no, ¡qué aburrido! Claro que una de mis aspiraciones es ascender de puesto pero no a tal extremo; amo el trabajo de detective y adoro hacer lo que hago, pero no me gustaría estar limitado por mis jefes directos toda la vida, muchas de mis investigaciones están congeladas porque hay cientos de cosas que no puedo hacer sin el consentimiento de mis superiores, a veces debo hasta pedir permiso para una orden de arresto cuando ya tengo pruebas de sobra, ¡Es inaudito!

Jack habló enérgicamente y alzó el puño algo fastidiado. Skye miró complacida la pasión y entusiasmo con el que la liebre le contaba de su trabajo

—Por eso quiero subir de rango lo antes posible, aunque tampoco quiero llegar a la cima de la jerarquía. El jefe Bogo se la pasa todo el día tras su escritorio, gritando y dando órdenes, rara vez se encuentra afuera de su oficina; en cambio yo soy más una liebre de acción, tengo que estar afuera en constante movimiento o haciendo algo, sino me volvería loco. No soportaría estar quieto tras un escritorio tanto tiempo.

—Ya lo creo Jack-Jack, es por eso que no has dejado de mover el rabo desde que empezamos a conversar, ¿cierto?.

—¿Qué dices…?

Jack enseguida volteó a ver su retaguardia, pero su cola estaba inmóvil.

—Caíste —Le sacó la lengua.

—¡Skye! —bufó divertido.

—Entonces Jackie, después de subir hasta el puesto antes del jefe, ¿qué piensas hacer?

—Hummm… la verdad, nunca lo había pensado —Acarició su mentón mientras con la otra pata seguía llenando el depósito de aceite, luego se encogió de hombros—. A veces he barajado la idea de que cuando llegue ese día, sería tiempo de sentar cabeza como quiere mamá, casarme y no sé, tener unos 10 o 15 hijos para empezar —largó con total naturalidad.

La zorrita carraspeó casi sin control, sorprendida tras su comentario y por la forma tan casual en que Jack tomaba el asunto.

—¿¡Quince hijos!? ¡Quince! —resaltó absorta.

—Sí, ¿por qué? ¿Te parece poco?

—¡Al contrario! Me parece exagerado.

—Oh vamos, eso no es nada; mi madre llegó a tener 50 hermanos.

—¡Eso es demasiado! Ustedes los conejos son raros.

—Liebres, somos liebres. Los conejos son más cariñosos, fuera de la ciudad pueden tener más de doscientas criaturitas.

A Skye casi se le salen los ojos de sus cuencas y dirigió inconscientemente una zarpa a su vientre. Jack disfrutó con disimulo las acciones de la depredadora ártica.

—Vaya, eso es mucho… amor…

—Yo diría que algo más…

La zorra ártica lo miró arrugando la cara, poniendo una pata sobre su cadera.

—Ugh, cielos Jack, ¿siempre tienes que ser tan vulgar?

El detective rió, agitó la cabeza y quedó complacido por la reacción de la chica. Jack dejó el pequeño envase vacío sobre el motor y se dispuso a esperar otros 5 minutos más a que asentara el aceite. Recargó ambos codos sobre la carrocería, cruzó una pierna y se le quedó viendo a la vulpina.

—¿Y qué hay de ti Skye? ¿Tú cómo…?

—¿Qué, hijos? ¿Yo? —Habló nerviosa y apresuradamente—. Maldición no Jack, el cielo me liebre… —Se mordió la lengua—. ¡No liebre, libre! ¡El cielo me libre quice decir!

Él levantó una ceja mientras disfrutaba en sus adentros la comicidad espontánea de la hembra.

—Lo que quiero decir es que… —Respiró hondo—. Quizás algún día los tenga, o quizás no; no tengo idea, pero ahora es muy pronto para pensarlo y en definitiva no espero tener tantos… Es decir ¿15? ¿50? ¿¡200 hijos!? ¡Dulces moras! Me duele el estómago y otros lugares del cuerpo de sólo imaginarlo…

—Ja, ja, ja. —Jack no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, después aclaró un poco su garganta—. Ah bueno… yo sólo quería saber cómo es que decidiste ser mecánica, pero eso también es interesante. —Sonrió discretamente.

—¿Qué? ¿Era eso? Oh, ya veo… —Se rascó la nuca algo apenada—. Bueno, no sé para que preguntas, como ya te lo debes imaginar no es una historia tan interesante o fantástica como la tuya.

—Ajá, tampoco la mía era la gran cosa. Cuéntame.

Skye colocó su pulgar e índice en su mejilla, y luego sus puntiagudas orejas temblaron cuando encontró las palabras que buscaba.

—Bueno, verás, desde siempre mi papá quería tener dos hijos machos, uno que lo ayudara en el taller y otro que fuera lo que él siempre quiso ser y no pudo: un boxeador profesional; por desgracia, mamá sólo nos tuvo a mi hermana y a mí.

Jack arqueó las cejas y luego apoyó uno de sus codos sobre una de sus patas, absorto.

—Entonces, si tú estás ahora a cargo del taller. —La señaló—. ¿Tu hermana es…?

—Así es, ella ahora mismo está luchando para obtener el título del campeonato —le contestó risueña.

—Ya veo… aunque es curioso. —Colocó un dedo en su mentón, pensativo—. Esa historia se me hace extrañamente familiar. Siento que la he escuché antes en otro lado…

—¿Ah sí? —Ella desvió la mirada—. Bueno, teniendo chorromil tíos, primos, y hermanos, no dudo que hayas oído algo parecido de ellos.

—Sí, tal vez. —Aceptó su explicación con algo de duda— ¿Ahora qué?

—¡Oh cierto! Saca la manija del aceite, límpiala con el trapo y vuélvela a meter. Repite y dime que tanto subió el aceite.

Mientras la liebre seguía sus indicaciones, él continuó saciando su curiosidad.

—¿Entonces sólo seguiste los pasos de Jerry por que era su sueño?

—Nah, no del todo, la verdad es que desde muy chica me llamó la atención armar y desarmar cosas, ¿Conoces esos juguetes con los que puedes construir cochecitos, máquinas y hasta robots? —le preguntó emocionada.

—¿Te refieres a esos diminutos bloques de colores que se interconectan?

—¡No! Esos no, esos son para bebés; me refiero a unos que eran unas barritas de metal que tenían muchos hoyitos, debías usar pequeñas herramientas, tornillos y remaches para conectarlos entre sí. Eso sí eran juguetes de machos y chicas rudas como yo.

—Oh… creo que ya sé a cuales te refieres. Se veían impresionantes cuando los terminabas de armar, pero eran algo complicados para un cachorro. ¿No te parece?

—¡Ese era el punto zoquete! No tienes idea lo mucho que me encantaba crear mis propios inventos: construí millones de coches, edificios, hasta monstruos o criaturas raras; todo sin usar un manual, pues todas las piezas eran de segunda pata que encontrábamos en los bazares —Le contó entusiasmada. Luego, suspiró con un poco de añoranza.— Papá y mamá siempre nos llevaban a mi hermana y a mí a Zootopia cada fin de semana; no teníamos mucho dinero en esa época, pero comida y amor nunca nos faltó; éramos pobres económicamente pero muy ricos en lo demás y muy, muy felices.

Jack quedó impresionado ante lo que le compartía la hembra, tanto que dejó de prestar atención al coche, atrapado en la preciosa historia familiar.

—Debiste tener una niñez muy grata con esos recuerdos y con todos tus seres queridos cerca, Skye —mencionó con un tono suave, casi nostálgico.

La zorra pensó en las últimas palabras de Jack y enseguida bajó sus orejas avergonzada, creyendo que había dicho algo indebido; reemplazó la cálida sonrisa que se había formado unos minutos atrás por una mueca tensa.

—Jack, ¿qué tal está el nivel del aceite? —dijo seria.

—¡Oh, cierto! —Revisó lo solicitado mientras notó ese cambio de humor, pero no dijo nada, aún. Le mostró a la vulpina el medidor—. La marca de grasa llega hasta aquí.

—Ya veo… —Skye vio de reojo la barra—. Quiere decir que el nivel de aceite es óptimo. Límpialo otra vez con el trapo y guárdalo. Ya acabamos aquí.

La zorra se apartó del vehículo de forma serena hasta que una pata la tomó de la muñeca, haciéndola voltear a verlo a la cara.

—¿Acaso dije algo malo Skye?

La mecánica quedó impresionada por el sorpresivo agarre del chico, que la obligó a verlo directo a sus ojos, ahí ella tardó unos segundos en concentrarse y responderle.

—¿Qué? No, para nada Jack, ¿por qué lo…?

—Volviste a poner esa cara de lástima, la misma que pones cada que menciono a mi padre, ¿por qué?

—¿Qué dices? —Ella lo miró sorprendida, algo ruborizada y claro, molesta— ¡Yo no…! Yo no hice ninguna cara. —Agitó su cabeza en desaprobación, aunque sabía que la había descubierto—. Y aunque lo hiciera, no sería de lástima, simplemente… siento que… tal vez no debería haberte comentado de mi niñez con mi familia junta, cuando la tuya no fue fácil o grata, no quie- ¡Oye! ¿Y ahora de que te ríes? ¡Estoy tratando de ser franca contigo por primera vez, maldita sea!

—Je, je; Skye, oye, ¿y quién dijo que mi vida ha sido tan mala?

—Pues no sé, sólo lo supuse; cada que te miro veo a la amargura encarnada.

La liebre dejó de reír. Touché.

—Eso no es cierto, admito que no soy alguien muy risueño, pero ese no es el punto —movió sus patas de lado a lado—; Skye, a lo que voy es que, sí, mi padre nos dejó, y sí, fue bastante complicado los primeros meses, ¡pero hey! ¡Somos liebres! Corredores y luchadores por naturaleza que se adaptan a los cambios y las situaciones desfavorables rápidamente; mi madre y sus hijos mayores, incluyéndome, sacamos al resto de mis hermanos adelante, y, sin necesidad de un dizque macho en la casa, logramos volver a sonreír, al igual que tú y los tuyos.

Jack soltó a la hembra sin perderle de vista, él la observó esta vez con la cara más relajada mientras colocaba ambas patas en su nuca, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

—Aunque vivimos apretados y con carencias en la vieja granja Savage; en lo que cabe, también fuimos muy felices y afortunados al tener tan buena vida.

Él no era el único que podía percibir las emociones de otro animal con sólo ver sus facciones o el brillo de sus cristalinos ojos; pues sin los mismos conocimientos de conducta criminal que la liebre, la zorrita de pelaje blanco con beige poseía una intuición similar a la de él, por lo que supo identificar lo que le decía el rostro del detective; ella supo enseguida que debajo de ese semblante impasible que solía proyectar Jack hacia los demás, se encontraba escondida la sonrisa auténtica de un cachorro, la forma tan optimista de referirse a aquellos hermosos recuerdos lo delataban. Skye continuó escuchando atenta el resto de su explicación.

—Ahí aprendimos que la familia no la hace sólo los lazos de sangre, sino cualquier mamífero que se preocupe por ti, desde una anciana cierva que le regala comida a los lebratos de una madre sin trabajo, hasta un zorro gris que cuenta malos chistes, pero que accede a reparar el tractor de una pobre familia sin cobrarles hasta que se recuperen.

La vulpina alzó ambas orejas sorprendida.

—Así que… ¿así fue como conociste a mi papá, eh? —Golpeó su puño contra la palma de su otra pata—. Supongo que es natural que te llevaras bien con mi viejo, ese bobo a veces peca de generoso… pero me alegro.

—Ah, ni que lo digas, Jerry era todo un caso, nunca hubiera confiado en un zorro de no ser por su amabilidad y su excelente trato hacia nosotros… errr… no te ofendas.

—En absoluto, entiendo.

—Que bueno, pero sí… el simpático Jerry, muchos de mis hermanos lo consideraban como un tío más, a veces nos traía chatarra o porquerías que no le servía, pero el muy maldito se las ingeniaba para hacernos jugar con esos fierros y nos forzaba a usar la imaginación con las historias y cuanta estupidez nos decía sobre…

La vulpina escuchaba atenta a la forma con que Jack le contaba sus experiencias, lo que más le alegraba quizás era que esa obstinada liebre se abriera con ella y dejará ver que dentro de ese estirado y estoico detective, se encontraba un mamífero agradable.

—¿Mi viejo era todo un zorro charlatán y bromista, eh?

—Ni que lo digas, y ahora sé a cuál de sus hijas se lo heredó…

—¡Hey! Ja, ja…

—Ja, ja, ja… —Ambos animales se carcajearon un poco de su propia torpeza,

Y así, la mecánica y el detective que habían cambiado de roles temporalmente, continuaron charlando un rato más, conociendo un poco más del uno con él otro. Ese día marcaría, sin que los dos se dieran cuenta del todo (o ignorándolo a su conveniencia) un momento donde aprender a arreglar autos o enseñar a volverse un macho pasaba a segundo plano, pues una nueva amistad y camaradería entre esos dos mamíferos había terminado de germinar aquella mañana de miércoles.


Notas del autor:

Hola de nuevo, aquí con la parte 3 de esta historia. Lamento la demora, planeaba subir esto hace una semana, pero me retrase. Nuevamente es un capítulo ligerito, espero sea entretenido.

Quizás notaron que me salté del 1er al 3er miércoles pero no, no es un error, como comenté la vez pasada, a la historia le falta capítulos más, no voy a narrar cada miércoles desde que se conocieron (No tengo tanta creatividad), pero espero que disfruten de los días claves sobre cómo creció la amistad de la zorra y la liebre.

Pequeño comercial: Hice un pequeño drabble sobre una de las más raras parejas de Zootopia y un favorito personal: Gazelle y Finnick. Es una historia corta, ojalá le den una oportunidad y me digan que les pareció.

Eso sería todo. Fin del comunicado. Nos vemos uno de estos miércoles. ¡Abúr!


De pronto, a la mitad de la conversación con la zorrita, algo hizo clic en la mente de Jack y enseguida sonrió.

—Mientes…

—¿Qué cosa? —Parpadeó confundida— ¿Quién miente? ¿Te refieres a mi viejo? —Se rascó detrás de la oreja—. Sí, él siempre pero…

—Él no, tú Skye.

—¿Qué dices enano? —Lo atisbó irritada— ¡Todo lo que te dije de mi vida es verdad!

—No, al menos no todo; me refiero a lo que me contaste hace rato, sobre tu hermana para ser preciso.

—¿Qué? —pronunció algo nerviosa— ¿No crees que exista? Porque tengo fotos de ella en el taller y…

—¿En alguna foto está ella boxeando?

La vulpina tragó saliva.

—Ah pues…

—No creo que sea una pugilista profesional, ya recordé y el viejo Jerry odiaba el box a morir desde que perdió una fuerte apuesta… y la historia de que tu papá quería dos varones ya la había escuchado en otro lado. —Le regaló una mirada acusadora—. ¿Es de una película, verdad?

Skye lo miró boquiabierta unos instantes. Después le enseñó una mueca de fastidio, pero al mismo tiempo no pudo evitar mostrarse contenta ante el hallazgo de la liebre y aplaudir.

—Me atrapó detective Savage, ¿va a arrestarme por mentirle a un policía? —Colocó una pata en su cintura.

—Debería, pero lo pasaré por alto esta vez. Me da más curiosidad saber, ¿por qué?

—¿Todos mienten?

—Yo no. —Hizo un gesto arrogante.

—Ay ajá, ¿supongo que cuando estás frente a un criminal eres 100% honesto, no? ¿Seguro nunca has dicho una mentirita blanca, ni siquiera a tu madre, verdad?

—Jamás.

—¿Entonces puedo hablar con ella y preguntarle?

—Por supuesto que no. —Relajó los brazos con pesadez—. Ok, ok, suponiendo que es cierto y todos mienten, igual todos deben tener una buena razón para eso, ¿no? ¿Y la tuya es…?

—Bueno, lo que me contaste sobre cómo terminaste encontrando tu vocación de detective sonó bastante apantallante para mí, quería que mi historia sonara mejor que la tuya, así que se me ocurrió contarte algo que sonara más impresionante y de paso, que te tomara el pelo. Lo pensé en menos de en segundo —Masajeó uno de sus hombros con su zarpa—. Me sorprende que te dieras cuenta, no tan pronto, pero lo supiste al final.

—Soy un buen detective, después de todo.

—Ay sí —mencionó con sorna—, de seguro ya te crees mucho. ¿no?

—Lo dice la autoproclamada mejor mecánica de Zootopia.

—Bueno, eso es cierto —Extendió ambas patas con vanidad—. Ya quisiera que dijeran lo mismo de ti.

—Ah… te sorprendería Skye…

—¿Qué cosa?

—Nada… nada… ¿Entonces ya acabamos?

—¿Con lo del aceite? Si, hace mucho. Aprovechando que está abierto el capó, te mostraré a revisar el radiador y si da tiempo, los frenos.

—De acuerdo. Y Skye.

—¿Sí Jackie?

—El resto de la historia sobre porque te volviste mecánica es verdad, ¿cierto?

—Por supuesto detective babas, no tengo tanta imaginación.

—Todo era cierto salvo la profesión de tu hermana, ¿no?

—Es correcto enano. ¿Y porque de pronto tanto interés en ella?

—Por nada, más que nada me sigue intrigando porque Jerry nunca me habló de ustedes, que no tenía una, sino dos hijas —Mordió uno de sus dedos aún con dudas, pero luego agitó la cabeza y continuó—. Entonces, ¿a qué se dedica? ¿Cuál era ese aburrido empleo que querías ocultar?

—Oh, nada extraordinario de verdad, ella es bailarina exótica —relajó los hombros.

Jack se echó a reír.

—Ja, ja, ja… sí, cómo no, ya dime Skye, ¿a qué se dedica en realidad?

Pero la vulpina no dejó de mirarlo serena, arqueando las cejas y cruzándose de brazos. La liebre entonces se preocupó.

—¿P-p-por qué es broma, verdad Skye? ¿Skye?

La zorrita ni se inmuto. Jack tragó un poco de saliva y se estiró el cuello de la camisa.

—Ah verás, yo no… —habló de forma frenética y torpe—… no quise ofenderte a ti o a ella, no digo que sea una mala profesión, diga, no tiene nada de malo, ¿sí? —Le comenzó a fallar la voz—. Creo firmemente que cualquier trabajo es digno mientras no rompa la ley, sin importar que muevas un tubo… ¡este no! Diga un lápiz sí, un lápiz enseñando las… ¡en una escuela, enseñando en una escuela! O… o… moviendo el bote… ¡el bote, el bote de basura! Haciendo la limpieza obviamente entre otros trabajos… y ay… ya ni sé lo que digo…

El detective miraba apenado y con una sonrisa nerviosa a Skye, pero unos segundos después, las zorra explotó en carcajadas

—Pppffff, ¡Ja, ja, ja! Eres un bobo, Jack-Jack, ¿cómo pudiste volver a caer en eso? ¿Y este es el mejor detective de Zootopia? Ja, ja, ja, ja…

—¡Oye! Yo nunca dije que fuera… —Lanzó sus puños al aire, frustrado— ¡Skye!

—Claro que es broma, corazón; bueno, no del todo; ella quiere ser modelo, y mientras se costea la carrera de modelaje, que no es nada barata por cierto, tiene que trabajar tiempo extra en las noches como bailarina en un bar nocturno, ¡Pero mantiene la ropa puesta todo el tiempo junto a su pareja de baile!

—Oh ya veo, pues que interesante, quizás un día pueda verla… diga, conocerla, ¡Junto a el resto de tu familia, claro! Tengo mucho que preguntarle a Jerry cuando vuelva. Je, je… je. —susurró incómodo.

Ahora sí Skye alzó una ceja con genuino disgusto. Ni loca dejaría a su hermana mayor con esa liebre lujuriosa y con antecedentes de dejar mucha descendencia. Aunque enseguida se rió para sus adentros. Jack sí que era un macho, después de todo.