Capítulo 4: La sra. Savage
~7mo miércoles~
—¿Puedo preguntarte algo Jackie?
—Claro Skye, lo que sea, menos del caso de la viuda Ester.
—¡Eso no, tonto! —le reprimió molesta a la par que maldecía internamente—. Sólo quería saber ah… —Agitó sus dedos frenéticamente tratando de improvisar algo, hasta que recordó otra duda que había guardado para más tarde—, ¿tienes novia?
La liebre se encontraba sentado en un banco, cambiando uno de los faros de uno de los autos por reparar de la vulpina. Ante dicho comentario, él volteó a verla unos segundos, enseguida apartó la mirada y siguió en lo suyo.
—¿Por qué preguntas? —contestó evitando verla a los ojos.
—Responde la pregunta, eso suena a que sí, pero te apena.
—No, no tengo. Y no me avergüenza, sólo me extraña algo así viniendo de ti, ¿a qué viene ese tipo de pregunta? —Arqueó una ceja—. ¿No irás a presentarme a alguna amiga tuya, o sí? —le sonrió.
—¡Ja! Tranquilo casanova, es curiosidad zorruna nada más —bufó molesta—, y también quiero confirmar algo; entonces, ¿tienes alguna amigüita especial? —Le regaló su mejor mirada maliciosa.
—Tampoco —respondió fastidiado—. Y para tu información, nunca tendría una relación así.
—Seguro primor. ¿Amorío del trabajo?
—No.
—¿Algún crush?
La liebre se quedó muda unos segundos.
—Menos.
—¡Ajá! —Lo señaló, abriendo el hocico de sorpresa—. ¡Lo pensaste!
—Cambié otro tornillo, y me desconcentró un poco tu insistencia en el tema.
—¡Admítelo Jackie! Te pillé, te gusta alguien.
—Bah, por supuesto que no.
—¡Claro que sí!
—Ya desarmé esto, ¿ahora qué…?
—¡No intentes cambiar el tema! Ahora dímelo, ¿quién es la afortunada hembra? —Inclinó una ceja—. ¿O acaso es un chico?
—¡Skye! —bramó malhumorado.
—Ja, ja, no hay macho a quien no le moleste eso. —Ocultó su sonrisa con la palma—. Ya dímelo —le ordenó.
—No hay nada que decir, ¿podemos regresar a lo de las lecciones?
—No hasta que me digas la verdad —mencionó en un tono burlón.
La liebre dejó el desarmador en el piso y se sobó la sien con ambas patas; soltó un prolongado suspiro y luego miró a la zorra, derrotado.
—Ah… ok, ok; tú ganas.
—¡Sí! —Alzó un puño al aire, victoriosa—. ¿Quién es la suertudota que le quita el sueño a Jack Savage?
—Bah, no exageres, realmente no es nada de eso, sólo fue… una atracción pasajera, eso es todo.
—Ay ajá, pillín, y bueno, cuéntame de ella, ¿quién será la futura sra. Savage?
—¡Nada de eso! —Se apresuró a decir— Es sólo… ahhhh… ella es sólo una amiga que hice en el trabajo y nada más.
—Oh, así que ya se conocían, ¿eh? —mencionó con una sonrisa poco convincente— Veo que es más que un simple crush entonces. —Lo último lo dijo más seria.
—Pues no somos lo que se dice muy amigos, más que nada porque no solemos coincidir mucho en nuestras áreas, pero entre orejas largas nos entendemos bien, y ya que ambos venimos de ciudades vecinas, ella de Las Madrigueras y yo de Ciervilla fue natural que congeniáramos.
—¿Cómo? ¿Otra liebre policía? Tú me dijiste que eras la única liebre del departamento.
—No, ella es una coneja.
—¿Conejos, liebres? ¿Qué no es la misma cosa? ¿Cuál es la diferencia?
—Emmm no… la mayoría de los mamíferos nos confunden, pero tenemos pequeñas diferencias. Principalmente tenemos patas y orejas más largas, hábitos distintos…
—¿Hábitos de apareamiento? —Giró el cuello curiosa.
—No… bueno, tal vez —Se rascó la cabeza analizando su propia duda personal—; la verdad no conozco muchos conejos y nunca lo he comprobado de primera pata. —Se encogió de hombros.
—Ja, no lo dudo… viniendo de ti.
Jack arrugó la cara contrariado, pero no le tomó mayor importancia y no agregó nada más.
—¿Eso es todo? ¿O sea que los conejos son liebres más grandes?
—No, las liebres somos más altas… pero no creo que sea la única diferencia. —Rascó su nuca intentando pensar en algo más—. Me parece que nuestro número de cromosomas es diferente pero…
—Oh, sí, el conteo de cromosomas, siempre me fijo en eso cuando veo a una bola de pelos orejona —ironizó—. Básicamente es la misma gata, pero revolcada. Y a todo esto, ¿de qué hablábamos primero? —Chasqueó los dedos— ¡Ah sí! Sobre tu futura esposa, la coneja —mencionó con cierto desprecio.
—Exagerada —La liebre rayada sólo rodó los ojos fastidiado pero se limitó a continuar la conversación—. ¿De casualidad has oído hablar de la oficial Judy Hopps?
Skye abrió los ojos un poco sorprendida, aunque después sintió que tenía mucho sentido, después apretó la mirada y cambió de humor, como si hubiera recordado algo desagradable.
—Pero claro que sé quién es ella, fue la torpe presa que puso a Zootopia de cabeza hace tiempo.
—Sí, pero luego la salvó. Y 2 veces.
—Bah, si claro, y de seguro sólo te gusta por eso, ¿no? —bufo desviando la mirada—. Ni siquiera es tan bonita…
La zorra se cruzó de brazos algo irritada mientras Jack la observaba con una discreta sonrisa, tensando sus largas orejas.
—Bueno, ciertamente fue una gran hazaña lo que hizo; pero no, esa no era la razón por la que me atrajo en un principio. —la liebre sacudió su nariz—. Y la verdad… no está nada fea… todo lo contrario.
Skye giró lentamente el cuello para ver mejor el rostro del macho; para su sorpresa, él tenía una ligera mueca de vergüenza tras el comentario.
—¿Es en serio? —Frunció el ceño—. No sé si necesitas lentes nuevos o sólo tienes mal gusto.
Jack extendió las patas, risueño. Eso último no le cayó en gracia a ella.
—Admito que no es la coneja más deslumbrante que haya visto jamás, pero deberías observarla un día de cerca, ni las fotografías ni los vídeos le hacen justicia…
—Feh, creo que ya me quedó cla-
—Tiene unos increíbles ojos púrpura, preciosos y poco comunes, —Jack la interrumpió—, y una linda figura. Pese a su baja estatura, creo que tiene un cuerpo muy bien proporcionado. Y unas piernas… ¡fiu! —Silbó—. Creo que cualquier otra coneja o liebre las envidi-
—¡Sí, sí, sí! Ya entendí, ya entendí, la tipa esa te vuelve loco y te mueres por saltar encima de ella en cualquier momento. —Lo cortó enseguida algo hastiada— Cielos Jack, no pensé que fueras tan superficial. Aunque no seas un macho aún, sí que actúas como uno.
El aludido trató de ahogar una risa, pero la vulpina se dio cuenta y arrugó el entrecejo disgustada. La liebre apartó la cubierta del faro del coche, el desarmador y los tornillos del suelo para darse espacio, después, se sentó de brazos y piernas cruzadas, mientras veía hacia arriba, pero no veía a la zorra a la cara sino a la nada, como visualizando a otra hembra que no estaba presente.
—Sólo digo que es bonita. Y créeme, esos no son sus únicos encantos.
—¿Ah no? ¿Acaso hay más? —bufó con un tono sarcástico.
—Como te lo dije, es agradable hablar con ella, bueno, escucharla porque ella habla hasta por los codos. —No pudo evitar sonreír—. Aunque tampoco era como si conversáramos juntos mucho tiempo, sólo en algunas comidas o cuando cruzábamos caminos.
—¿Tanto rollo para decirme que es una chismosa de primera?
—A lo que voy es que conviviendo con ella…
—¿C-c-conviviendo? ¿A qué demonios te…?
—Me di cuenta que Judy es bastante inteligente, no sólo como coneja, sino como policía; es muy observadora, tenaz, disciplinada y por si fuera poco es bastante atlética y pelea muy bien; ¡debiste verla! En los vídeos de la academia de la policía hay uno donde ella luchó contra un enorme rinoceronte y lo…
—¡Bueno ya! ¡Para de una maldita vez! —Levantó la voz, harta de escuchar a Jack hablar con tanta predilección y pasión de otra chica frente a sus narices—. Ok, ya entendí, es bonita, es lista, es fuerte, es básicamente como la Hembra Maravilla, ¡es perfecta! —exclamó casi gritándole a las orejas de Jack, quién sólo las bajó para no quedarse sordo—. Pero si es tan gloriosa y fantástica esta… esta oficial saltitos…
—Hopps, Judy Hopps…
—¡Lo que sea! Pero si sientes tan ajustada la entrepierna pensando en esa bola de pelos todo el día, ¿Cómo diablos es posible que aún no te hayas puesto a practicar las tablas de multiplicación con ella, eh? —voceó con gran enfado colocando ambas zarpas alrededor de su cintura.
La liebre ya no pudo más y se echó a reír, lo que hizo que la vulpina sólo rabiara más.
—¿¡Qué!? ¿De qué te ríes, estúpido?
—Oh, nada, nada. —Secó una lágrima que se asomó por su ojo—. Sólo me encanta ver como te pones mientras hablaba de ella, hasta parece que le tienes envidia a Judy…
—¿¡Yo!? ¿¡Tenerle envidia a esa tipa!? —Colocó su pata en el pecho, ofendida— ¡Ja! ¡No me hagas reír conejito!
—Bueno, si tú lo dices… —Intentó reprimir una risita más—. Ok, bueno ya. —Respiró hondo para circular oxígeno a su cerebro y luego aclaró su garganta—. ¡Ejem! Pero respondiendo a tu duda Skye, si bien Judy es una coneja muy linda y hubiera sido genial por lo menos invitarle un café, dudo mucho que me lo hubiera aceptado, especialmente desde que le asignaron a un compañero de patrullaje, esa antipática y petulante pareja policíaca suya, o debería decir "su novio" —enfatizó frustrado—. Desde que él entró a la fuerza no la deja ir sola a ningún lado o siquiera saludarme como antes —mencionó lo último con evidente fastidio, detalle que no fue desapercibido por la zorra, que cambió de nueva cuenta muy rápido de humor.
—Ouuuuhhhh, ¿qué pasó amiguito? ¿Te ganó la chica un verdadero semental? —Se encorvó hacia él, reposando ambas garras sobre sus rodillas.
—¡No me ganó nada nadie! —Jack fue el alterado esta vez, poniéndose de pie de un salto—. Y como dije, me da igual; sólo me pareció atractiva en su momento y ya, nunca estuve interesado en salir con ella realmente; ahora mismo no estoy para andar en ninguna relación, tengo bastante trabajo para ponerme a pensar en nimiedades.
Skye sacudió su cabeza con desaprobación.Típico, Jack pensaba sólo en su trabajo como un enfermo. Rodó los ojos exasperada pero siguió conversando.
—El presidente de divertilandia haciendo honor a su título como siempre. Aunque si me lo preguntas a mí, si te gusta tanto esa coneja deberías quitársela a esa liebre de sus garras… o conejo… un momento… —Skye meditó sus últimas palabras y recordó algo—. Oye, si tú y ella son los únicos en su tipo en la estación, eso quiere decir que… el mamífero que te la bajó no es de la misma especie, ¿entonces con quién compites por su amor?
—Bah, ¡qué no estoy compitiendo por el amor de nadie ni me bajaron nada! y aunque hubiera sido el caso, me da igual con quién salga. Técnicamente no son novios, pero todos en la estación saben que la oficial Hopps sólo tiene ojos para ese zorro sinvergüenza de…
—¡Nick Wilde! —exclamó emocionada, interrumpiéndolo— ¿Te refieres al papacito Nick Wilde, verdad?
La vulpina cambió de pronto su semblante por uno más animado, casi, casi le salían corazoncitos de los ojos. Jack sólo endureció la mirada algo confundido.
—¿Conoces al oficial Wilde?
—¿Conocerlo? ¡Lo amo! —Entrelazó ambas patas encantada—. Pero claro que sé quién es, ese bombón es todo un ejemplo a seguir para nosotros los zorros, demuestra que podemos ser mamíferos de provecho. ¡Y está como quiere ese condenado vulpino! —Ladró eufórica.
—¿Wilde? ¿Alguien de provecho? Bah, lo dudo.
—¿Qué? ¿Crees que por que es un zorro y es asquerosamente sexy no puede ser alguien de bien?
—No dije eso, sabes muy bien que no me guío por las apariencias o los estereotipos, incluso Jerry y tú son de mi total confianza… bueno, al menos Jerry…
—¡Hey! ¿Qué significa eso?
—Pero en el caso de Wilde… no sé, no me gusta para nada su forma de ser —Comenzó a enumerar con sus dedos—; es arrogante, fastidioso, nunca toma nada enserio, se comporta como un patán con la autoridad como…
—¿Estás tratando de hacer que me disguste acaso? Porque cada cosa que dices de ese bizcocho sólo aumenta más y más mi interés en él, pues me gustan los chicos malos y rebeldes.—Mordió su labio inferior y soltó un ligero suspiro de satisfacción.
El detective Savage no pudo evitar entrecerrar los ojos y soltar un bufido ante tal acción.
—Típico. ¡Pues mira que tu anarquista crush es tan malote que nunca se lava las patas después de ir al baño!
Ella arrugó un poco la cara mientras que Jack festejaba internamente, aunque el gusto le duró poco cuando la hembra lo miró sonriente.
—Un momento, ¿eso quiere decir que ya lo viste en el baño? ¿Y en las duchas, verdad? Entonces aclárame una duda que he tenido desde que lo vi. ¿Que tan grande lo tie…?
—¡No voy a responderte eso Skye! —El detective reprimió las ganas de gritar como un animal salvaje—. Para no alargarme más ni darle más atención a Wilde de la que se mere…
—Uy… alargar…
Jack maldecía el momento donde mencionó a Nick. Hasta fuera de la estación ese zorro rojo lograba fastidiarlo.
—Él simplemente no me agrada, y sé que el sentimiento es mútuo.
—¿Qué dices? ¿Cómo alguien como él no podría gustarte? A leguas se ve que es alguien bastante simpático y de lo más divertido; cuando lo vi el otro día estaba haciendo trabajo de parquímetros con la coneja esa.
La furia de Jack se aminoró al escuchar la mención de su amiga del departamento.
—Espera, ¿lo pusieron a hacer trabajo de tránsito junto a la oficial Hopps? —Acarició su mentón confundido—. Qué extraño, ese trabajo sólo se lo dan a novatos o cuando alguien en verdad hizo rabiar a Bogo, y no creo que Judy hubiera…
—Sí, sí, ¿y a quién rábanos le importa ella? El punto es que el bombón de Nick estaba repartiendo multas con un chalequito naranja y un gorro gracioso, ¡lo hubieras visto! Distaba mucho de ser ese viril y masculino zorro que te roba el aliento pero tampoco estaba tan mal, hasta admito que en vez de verse sexy como lo recordaba, se veía… tierno. —Volvió a suspirar por él.
Jack la miró con cara de incredulidad, ¿estaban hablando del mismo Wilde? Aunque tampoco le impresionaba mucho si lo pensaba con detenimiento, él era otro vulpino igual que ella y sabía de antemano que el zorro policía tenía la labia y el encanto para que otros animales, especialmente hembras, se fijaran en él. Sus orejas ascendieron de pronto por un enojo inexplicable para la liebre. ¿Por qué empezaba a detestar más a Wilde que de costumbre?
—¿Y sólo eso? —Ocultó su malhumor lo mejor que pudo—. ¿Lo viste repartiendo multas y eso te impresionó? Tsk. —Se cruzó de hombros—. Y dices que yo soy el de los pésimos gustos.
—Claro que no, aún no termino de hablar, gruñón. —Le guiñó un ojo y le sacó la lengua por la interrupción—. Hace varias semanas, ese galán se acercó a la ventanilla de mi grúa mientras yo buscaba una ubicación por mi teléfono, al principio me emocioné cuando vi que el sexy zorro de la policía vino a saludarme, pero me desilusioné enseguida cuando descubrí que sólo fue para decirme que estaba prohibido estacionarse en doble fila. Aunque no me hubiera importado mucho que me hubiera dado una multa… o quizás algo más…
—¡Skye! —Se quejó la liebre apretando sus dientes.
—¿Qué? ¿Una chica no puede tener el autógrafo de un apuesto vulpino? —Sonrió ladina.
—¡Tsk!
—Como te decía, Jackie cascarrabias; luego de explicarle que era nueva en la ciudad y que no lograba dar con una dirección, ese torpe pero simpático zorrito aseguró conocer la ciudad como la palma de su pata y me dio indicaciones. —Le contó ilusionada mientras una vena amenazaba en asomarse en la frente de la liebre—. Fue bastante atento y servicial, no creí que los policías de Zootopia fueran tan amables y atentos con una chica en apuros, en vez de pedir tu identificación y sospechar de ti en la primera oportunidad, como otros…
Mencionó eso con cierto disgusto ante su aprendiz. Jack entrecerró un ojo al entender a que ella se refería a la primera vez que se conocieron. Luego se remangó la camisa y se defendió.
—¡Ya te dije que me pareció sospechoso no ver a Jerry ese día! Y en cuanto al oficial Wilde, creo que la palabra amabilidad no combina con él, sólo lo es cuando hay una hembra cerca, seguramente le agradaste, pese a mentirle que estabas buscando una dirección.
—Para tu información, no mentía; no tiene más de 4 meses que me mudé a Zootopia, en aquel entonces aún estaba aprendiendo las calles de la ciudad, y el GPS a veces no ayudaba.
—Bien, Ok, como sea, ¿entonces que hizo el 'amable y servicial' oficial Wilde?
—No uses ese tono conmigo primor, suenas a que tienes exceso de envidia en la sangre.
—Seguro, lo que digas.
—Sigue practicando el sarcasmo, bebé. En fin; después de que me indicó mi destino, nos pusimos a platicar un rato; te lo digo Jackie, es un tipo de lo más divertido y ocurrente; todo era miel sobre hojuelas hasta que esa fastidiosa pareja suya se acercó a nosotros.
—Judy supongo.
—Feh, sí, como se llame —refunfuñó—; la muy entrometida interrumpió nuestra conversación y le pidió a su compañero que si ya había terminado con su parte de los parquímetros, insistiendo que tenían mucho trabajo que hacer; Nick le dijo que estaba ayudándome con una dirección y hasta intentó presentarnos, pero la muy testaruda y maleducada no dejaba de replicar que debían cubrir cierta cuota antes del medio día; la muy grosera me estaba ignorando, no sabes lo mal que me cayó tu pin… toresca amiguita, ¿eh?
—¿Judy? ¿Siendo grosera contigo? —La miró incrédulo—. Ella suele ser muy tranquila y amable con todos. Especialmente con los zorros —mencionó lo último de forma socarrona—, algo le habrás dicho o hecho porque ella no suele ser así, excepto que...
Skye casi suelta un grito al cielo ante la declaración de Jack; era liebre muerta.
—¡Válgame! ¡Ahora resulta que ella es una santa que no rompe ni un plato y yo soy la mala de la película! Claro, ponte del lado de esa…
—Bah, lo dices como si tu fueras un angelito cuando eres todo lo opuesto.
—¿De qué hablas? Si soy una niña buena…
—¿Sí? Eres muy buena para hacer enojar, al menos a mí, y por lo que parece, a Judy también.
—Bu, bu, bu… pobrecito de Jack, las palabras lo lastiman.
—¿Ves? ¡Es exactamente a eso a lo que me refiero Skye! No sé qué pasó entre ella y tú aquel día, pero las conozco bien a las dos y se me hace raro que Hopps actuará así porque sí…
—¡Pues no me creas y ya! —Se cruzó de brazos indignada— Haz lo que te venga en gana y defiende a esa roedora…
—Lagomorfa…
—¡Lo que sea! Es más probable que le des la razón a esa tipa que a mí aunque no estuviste presente ese día, tarado… —bufó muy encolerizada— ¡Feh!
Jack se quedó observando la reacción tan explosiva de ella, no pensó que tan mal le cayera su otra amiga, aunque no pudo evitar notar que ambas hembras actuaban parecido cuando se enfadaban, admitía que le parecía un poco tierno. Entonces una posible explicación pasó por su mente; en el momento más inoportuno y ante todo instinto de autopreservación, el detective soltó una carcajada esporádica de su parte.
—¿Ahora de que te ríes, imbécil? ¿Te parece gracioso?
—Je, je, yo… lo siento, sólo me pareció curioso, te pones igual que Judy cuando la hacen rabiar.
—¿Y ahora me comparas con…? —Los instintos depredadores de ella estaban por despertar cuando su lado evolucionado meditó las palabras—. Espera… ¿qué no dijiste que tu coneja perfecta era un amor y nunca se enojaba? ¿Cómo rábanos me dices ahora que nos parecemos…?
—Recordé que no es del todo cierto, al igual que tú haces conmigo, ese noviecito suyo tiene una facilidad para desesperarla. La oficial Hopps es una policía entrenada, pero al final de cuentas, es una coneja que también se irrita bastante cuando otro animal le dice 'tierna'.
—¿La palabra especial que sólo ustedes, orejones elitistas, pueden usar y otros mamíferos no?
—Sí, diga no, no somos elitistas, pero sí, esa misma, ¿no llamaste tierna a Judy ese día o sí?
—Bueno… quizás… la comparé con un muñeco de felpa o una cría disfrazada… la verdad no recuerdo…
—Ahí lo tienes, básicamente le dijiste tierna, y bueno, nada nos enfurece más a nosotros que nos digan eso.
—¡Vaya! Y yo de tonta buscando sobrenombres creativos para ti cuando solo bastaba con ponerte mil y un apodos sobre ternura.
—¡Hey! Maldita sea, ¿para qué te lo dije?. —Golpeó su propio rostro con su palma, con mal humor—. Pero sí, de hecho es así como se llevan ellos…
—¿Te refieres a Nick y la coneja?
—Seh, así es la relación de esos dos: él la molesta regularmente y ella no se queda atrás, aún así es obvio que se llevan bastante bien... —mencionó con desgano—... si no los conociera de antes, cualquiera diría que parecen novios.
Skye escuchó con detenimiento lo dicho por él y no pudo evitar sentir cierta familiaridad con sus palabras. ¿Él también lo habrá notado?
—¿Y… tú crees que lo sean, Jackie? ¿Que tu crush y mi crush sean… más que amigos?
—No sólo lo creo, sino que me consta; y no soy el único en pensar así, prácticamente todos en la estación creen eso; incluso Garraza, nuestro recepcionista, lleva las apuestas para ver quién se le declara a quién primero y en qué tiempo.
—¿Tanto así? Vaya, con razón se te quitaron las ganas de intentar algo con ella. —Dibujó una mueca ladina en su rostro—. O eso te dio la excusa para no decirle a la tal July lo que sientes.
—Judy. Y ya te dije que no fue sólo eso, independientemente de lo que haya entre Hopps y Wilde, la valoro más como mi amiga y una colega; además, nunca le vi futuro a lo nuestro… si se le puede decir así.
—¿A qué te refieres Jackie?
—Bueno, ella es una coneja, yo una liebre, somos parecidos pero no tanto.
—¿Ahora qué? ¿Eres de esos que no aceptan las relaciones interespecie, mi retrógrado amigo?
—¿Qué? No, no, no; yo no tengo problemas con eso; de hecho creo que el amor puede venir en cualquier presentación sin importar el género, creencias o especie...
—¿Incluso la edad? —le cuestionó curiosa.
—Errr… bueno, también, mientras sea legal, supongo que está bien. —Tomó una bocanada de aire—. A lo que voy es que, no me opongo a que los demás quieran emparejarse con un mamífero de otra especie, pero en lo personal, si voy a tener una relación afectiva con alguien, prefiero que sea sólo con otra liebre. ¿Entiendes?
La cola de Skye dejó de balancearse de lado a lado; la hembra sintió un vuelco duro en su corazón.
—No, no entiendo Jack —pronunció insegura y confundida—, si dices que el amor es lo que más importa, ¿por qué sólo te fijas en la especie?
—Porque al menos para mí, necesito más que sólo amor; como yo lo veo, si pienso salir con alguien, será una hembra con la que quiera pasar el resto de mi vida y hacer una familia.
—Jack cerró los ojos y se cruzó de brazos manteniendo un semblante sereno—. Si fuera de otra especie, sería complicado, por ejemplo, no podríamos tener…
—¿Hijos? ¡Oye, tú realmente piensas como una liebre, sólo piensas en co…!
—¡Skye! —La cortó a mitad de su oración apenado.
—...nseguir descendencia! Sólo estoy preguntando sobre salir con alguien de otra especie, no que te cases y tengas chorromil bendiciones a la primera oportunidad. ¡Eso suena tan… anticuado! Debes estar bromeando.
—Hablo muy en serio Skye, a esta edad y con la vida que llevo ya no quiero pensar en una novia para pasar el rato, prefiero ir pensando desde ahora en sentar cabeza. —Él la miró con una cara mucho más fría—. Aunque parezca algo pasado de moda, es algo que quiero hacer, tener una familia tradicional con una liebre que ame y mis propios gazapos.
—Pero… pero —La vulpina estaba experimentando una mezcla de desesperación y tristeza por lo que su pupilo le contaba—… No necesitas otra liebre para tener sabandijitas, también puedes adoptar, no necesitas ser tan cerrado para elegir una pareja, podrías salir con una coneja, una loba, una gacela, una tigresa o hasta una… una…
—¿Zorra? —dijeron ambos al unísono.
—Cla-cla-claro, hasta una zorra… ¿Po-po-po-porque no? —titubeó descontrolada, mirando hacia otro lado— O cualquier otra especie, si lo que quieres es tener cachorros que te saquen canas verdes o te llamen papá, siempre está otra opción; no serán gazapos, pero seguro tú y la futura señora Savage serán felices, ¿o no?
Jack agachó la mirada y bajó sus orejas. Suspiró prolongadamente y luego miró a la cánida a los ojos.
—No quiero parecer grosero, pero esto es algo que un zorro no entendería.
Skye apretó los nudillos. Jack prosiguió.
—Para las liebres es muy importante tener hijos de nuestra propia sangre, no sólo es cultural, sino parte de nuestra especie, de nuestra biología; es aquí donde el conteo de cromosomas es… algo en lo que nos fijamos después de todo… je, je. —Intentó bromear con lo que Skye mencionó minutos atrás, pero después sintió que su comentario sonaba más fuera de lugar que nunca. Podía jurar sentir una vibra pesada en el ambiente.
—Oh, ya veo —farfulló ella con un tono neutral—… lo entiendo, bueno, en realidad no lo comprendo al cien por ciento... soy una zorra —acentuó con amargura—, como tu bien dices, pero sí sé lo que tratas de decirme; comprendo a la perfección. —Dio unos pasos atrás y apartó el rostro con una incómoda sensación en la garganta—. Ante todo va tu condición de liebre… incluso antes que tu felicidad —espetó.
El detective alzó las orejas al mismo tiempo que una de sus patas hacia ella.
—¿Qué dices Skye? ¡Espera! Aún no he acabado de hablar, yo no…
—Ahora que lo recuerdo —Le dio la espalda enseguida, sin darle tiempo de replicar. Antes de continuar la vulpina soltó un breve jadeo y viró con dirección al almacén del taller—… estábamos cambiando los bombillos de este carro y olvidé traer los repuestos. Ya regreso ena… Jack. —corrigió con voz áspera—. Tú sigue desarmando el resto de los faros. No me tardo.
Él se quedó estático viendo como la hembra se alejaba de él casi corriendo y con un marcado cambio de ánimo. No entendía porque se había alejado tan repentinamente. O quizás lo sabía, pero prefería ignorarlo.
—Lo siento —musitó con más sinceridad de la que quería admitir.
Notas de autor:
¡Vaya! Al fin acabé este feo capítulo. No me malentiendan, me gustó redactarlo pero fue un suplicio terminarlo, sangre por lugares donde no debería por escribirlo, especialmente el final. Originalmente no planeaba publicarlo, pero la idea de meter implícitamente a la pareja policiaca favorita de Zootopia me pareció muy atractiva, así como jugar con la idea de los celos, algo a lo que no estoy acostumbrado, espero no haber dramatizado mucho en ello; para mi mala suerte la historia no pasó tan genial como me lo imaginaba en mi cabeza, sobre todo el remate, estuve bloqueado por varios días y no sabía cómo concluirlo. Una disculpa por los retrasos y lamento si el final no se siente muy elaborado o hasta forzado, pero siento que mejor no pudo haber quedado.
En fin, hasta este momento, hemos llegado a la mitad del Fic, creo que sólo habrá cuatro capítulos más, espero no seguir aplazando más las actualizaciones. Gracias a las personas que han seguido leyendo esta historia. aprecio mucho su apoyo de cualquier tipo. Saludos y hasta el siguiente miércoles.
—Estúpido, idiota, estirado, conejo calenturiento, infeliz, zanahoria corta… —refunfuñó la zorra ártica con los ojos irritados.
Skye se encontraba hasta arriba de una escalera extensible, encima de esta intentaba buscar una caja con los focos para autos. ¿En qué rábanos pensaba su viejo colocando algo tan frágil en la parte más alta de la bodega?
Sin embargo, su furia se debía más a las últimas palabras de ese intento de macho, según ella. No podía creer que enserio le hubiera dicho algo así; no sabía que la había fastidiado más: si el hecho de decirle algo tan discriminatorio como que ella no comprendería por ser una zorra, o que prácticamente la rechazó por no ser una liebre. Tampoco era como si él tuviera alguna posibilidad con ella, o qué Skye se fuera a fijar en un estúpido y atractivo detective como él. Se quiso morder la lengua ante tan ridícula afirmación.
—¿A qué te refieres con zanahoria corta, Skye? —La profunda voz de un macho la sobresaltó enseguida, haciendo estremecer la escalera plegable y que ella soltara una caja que revisaba antes de que la inoportuna presa arribara.
—¡Cara…!
—Tranquila, ¡la tengo!
Antes de acabar la frase, Jack saltó muy alto, capturando el cartón con ambas zarpas, luego descendió al piso del almacén suavemente, sin dañar el contenido. La vulpina miró asombrada el acto y suspiró aliviada. Enseguida puso una cara seria e inclinó su cabeza para hablar con la liebre desde arriba.
—Revisa la tapa, ¿dice "Faros de Luz Clara M"?
—Deja ver… Afirmativo.
—Entonces esos son tus repuestos. Ve a cambiar los focos, te alcanzo cuando termine de ordenar este chiquero.
—Vaya que es un asco —le respondió tras observar cómo ella había puesto la bodega patas arriba, después de un ataque de ira por querer buscar molesta las luces de reserva— ¿No quieres que te eche una pata?
—¡No! ¡Ya lárgate!
—Skye, baja por favor, ¿podemos hablar?
—¡No hay nada más que hablar! Mueve el bote y apúrate con las luces que quiero terminar temprano hoy!
—Bueno, entonces yo subiré por…
La zorra resbaló de la escalera como si fuera un bombero y llegó al suelo en 5 segundos o menos. Jack quedó sorprendido por la habilidad de la chica; ella lo miró indiferente con ambas garras en su cintura.
—Se breve Jack, ¡Y deja de mirarme así!
—¿Por qué estás enojada? ¿Fue por lo que dije de los zorros?
—No, claro que no. —contestó con ira reprimida—. Siempre me han dicho eso o peores cosas, ¿por qué me molestaría que me creas una idiota por ser una zorra y no una liebre?
—Oye, jamás dije eso, y créeme que no era mi intención insultarte hace rato.
—Y ya te dije que no lo hiciste, y no estoy molesta de nada; si ya acabaste, ahora déjame seguir con…
—¿Fue por lo que te comenté de no salir con hembras de otras especie?
—¡No! —se apresuró a decir.
—Por la forma en que lo dices, parece que sí.
—Mira —Se llevó ambas zarpas a la sien—, ¡yo no…!
—¿Por qué te importa tanto con quién salga? ¿En que te afecta a ti que sólo me fije en liebres?
—Porque…
—¿Sí?
—Porque…
Jack atisbó a la vulpina quién había puesto un rostro nervioso e impropio de ella, a la par que su respiración aumentaba y su cola se mecía como un péndulo acelerado.
—¡Porque me —bramó Skye, algo ruborizada— me parece una completa idiotez que seas tan terco!
—¿Perdón?
—¡Eres un idiota por preferir una costumbre arcaica sobre lo que sientes! —La zorra resopló hondo, pero no se contuvo, ni pensaba hacerlo— ¿Qué importa si te gusta una coneja? ¿Qué más dá si tiene más o menos cromosomas? ¡Ay no puedo creer que estemos hablando de los mentados cromosomas en primer lugar!
Jack se rascó detrás de la oreja.
—¡Pero el punto es que! —Ella seguía gritando sin medir su volumen—. ¡Sin importar la especie, el amor de tu vida podría morderte la cola y tú la rechazarías sólo por una tontería como esa! ¡Ay que ser muy imbécil para hacerle más caso a tus impulsos biológicos y no los del corazón!
Skye enseguida se tapó el hocico con ambas zarpas. La liebre la contempló con un rostro estoico, pero alzando una ceja.
—¿Y tú… crees en un amor así? Es decir, ¿en verdad piensas eso?
—Sí… ¡No! ¡Pero si le dices a alguien más eso, te asesino! —Skye lo amenazó para luego volverse a tapar la boca. Luego, bajó un poco las patas despacio— ¿Por qué? —añadió.
—No creí que fueras el tipo de chica que se tomara eso en serio.
—¿Qué? Pues claro que pienso así, seré ruda y lo que tú quieras pero es algo que no puedo tomar tan a la ligera, a diferencia de otros roedores…
—Lago…
Ella le mostró una mirada fulminante. Él prefirió no terminar la frase.
—Yo si creo en el amor, y que puede llegar como sea y con quién sea. Hasta me podría a llegar a mí, ya sea un zorro o hasta un animal tan cuadrada y torpe como tú.
Ahora fue tiempo de Jack para sorprenderse. ¿Acaso ella estaba sugiriendo lo que él estaba imaginando? Skye al poco tiempo aclaró su garganta y prosiguió.
—Osea un burro como tú… hummm… —Masajeó su barbilla—. Aunque un burro de verdad tampoco estaría nada mal…
No, claro que no, ella sólo le estaba tomando el pelo, como de costumbre. Pensó él.
—¡Skye! —la regañó—. Pues te recuerdo que yo pienso igual que tú en ese tema.
—¿Qué? ¿¡También piensas en un burro!?
—¡Eso no Skye! —Se restregó las patas en la cara—. Sobre el amor que trasciende todo y esa basura. —Terminó de decir harto y de mala gana.
—Ah… ¡No me vengas con eso! ¿Qué hace rato no estabas diciendo que sólo te interesan las liebres?
—No, bueno, sí dije eso, pero quería decirte algo más y no me dejaste terminar de hablar.
Skye se cruzó de brazos. La presa de franjas negras bajó la caja al suelo sin apartarla mirada.
—A ver, ahora cuéntame una de vaqueros —masculló ella con sarcasmo.
—Todo lo que te dije sobre lo que busco en una pareja y mi deseo por formar una familia es la verdad.
—Pero... —dijo con un tono burlesco.
—Sin embargo…
—¿Cambiaste sólo porque te lo dije, verdad?
—¡Por los pelos de mi cola, déjame terminar de hablar!
Ella rió sin disimulo. Jack agradecía y maldecía a la vez tener a la Skye de siempre de vuelta y no a su versión malhumorada.
—Eso es sólo una preferencia personal que tengo, no una regla estricta e inquebrantable. Es como tú y tu gusto por los chicos malos.
—Bah, eso no tiene nada que ver; lo mío es un gusto muy normal entre hembras, lo tuyo suena más a un fetiche retorcido.
—¡Pero no lo es! —bufó desesperado mientras pataleaba el suelo. Tomó una gran bocanada de aire y luego se calmó— Ah, mira, aunque admito que es algo bastante natural entre liebres y que lo de formar una familia coincide con mi proyecto de vida, sé que en el fondo existe la posibilidad, tal vez no muy grande, de que terminé fijándome en una hembra de otra especie, como me pasó con Judy o con… bueno, —aclaró su garganta sintiendo hervor en su cara— Así que, creo que… en el raro caso de toparme con una chica que en verdad me vuelva loco, sin importar que no sea como la mamífera de mis sueños; si me enamoro tanto de ella, al grado de ignorar mis tradiciones o mis impulsos biológicos… ten por seguro que haré a ella la señora Savage sin vacilar. —Sentenció Jack con una confianza tan única e inesperada que causó que la vulpina tuviera una curiosa reacción en la boca del estómago.
—Ay Jack, si lo pones así no suenas tan cerrado de mente… aunque. —Ella se carcajeó al mismo tiempo que daba palmaditas en su hombro— Creo que el matrimonio es una exageración, tesoro. Demasiado romántico y dulce para mi gusto, tanto que me da diabetes de solo pensarlo.
—¡Pues me da igual! Cursi o no es lo que pienso, ¡por eso no quería decirte nada en primer lugar! —Se quejó ocultando su vergüenza con ira.
—¿Qué te digo? Es la verdad, me sigue pareciendo una estupidez ese pensamiento. —La vulpina observó la reacción fúrica de su alumno. Luego acercó su hocico a su rayada oreja y le susurró:— Aunque aquí entre nos, pese no a compartir otra vez tu iluso punto de vista, me parece algo muy lindo y… tierno.
Jack se estremeció ante la forma de decirle eso y sacudió su cara.
—¡N-n-no me llames tierno! —Fue lo único que logró decir.
—Pero es la verdad. Hasta siento envidia de la buena—. Apartó la vista de Jack, poniendo una zarpa sobre su codo opuesto— Bueno, una vez aclarado eso, recoge esa caja y regresemos a terminar con lo de los faros. Ya perdimos mucho tiempo hablando de puras tonterías y no hemos hecho casi nada de esta lección.
—Bi-bien dicho.
Jack suspiró aún confundido por las palabras y acciones de la chica. Sin más demoras, se agachó a recoger la caja, pero cierto artículo que estaba a un lado llamó su atención. La liebre sólo dibujó una sonrisa en su rostro.
—¿Qué pasa enano? ¿Por qué no sales?
—Oh, nada, es que sólo me encontré la foto de tu novio.
Skye le arrebató lo que la liebre tenía en la pata, al revisarlo, vio que era una revista que tenía la foto de Nick y Judy; la imagen de la conejita tenía rayaduras de marcador permanente.
—Bah, ojalá lo fuera; pero si lo que me dijiste es verdad, ahora sé porque él le hacía tanto caso a ella y la razón por la que nunca me llamó pese a lo bien que conectamos.
—¿Le diste tu número a Wilde? —preguntó al instante.
—Por supuesto, era nueva en la ciudad en ese entonces y quería que ese zorro me diera un tour por toda Zootopia, pero si nunca me llamó, creo que es obvio que él sólo está interesado en comer carne de coneja.
—Oye, no hables así de mi amiga… aunque tienes razón.
Ambos rieron un poco por la ironía de la situación.
—¿Y quién crees que se le declaré primero a quién?
—¿Te refieres a lo de la apuesta en la estación, no?
—Obvio, duh.
—Judy sin duda alguna, es la más madura de los dos y no he conocido a una liebre o coneja tan decidida como ella. Wilde no tiene oportunidad.
—No estoy de acuerdo, Orejón. No la conozco pero se nota que ella es una coneja educada a la antigua, seguro está esperando a que su galán se le declare; se nota que Nick es un tipo muy decidido que sabe lo que quiere, y ya que los conejos y liebres son unos cobardes, como tú comprenderás, es obvio que ese bombón la hará su hembra, si no es que ya lo hizo.
—¡Hey! No lo somos, quizás pecamos un poco de precavidos, pero cuando el momento indicado lo demande, somo tan valientes como un león.
—Claro que sí campeón, lo que tu digas. Igual creo que Nick será el que haga el primer movimiento.
—¿Tan segura estás? ¿Quieres apostarlo Skye?
La zorra le regaló una mueca de satisfacción mostrando sus afilados colmillos.
—Claro Jack-Jack. Eso me encantaría.
Ambos mamíferos sonrieron con complicidad.
