Capítulo 5: Nada que temer


~10mo miércoles~


—¿Qué tienes Jackie?

—¿Ah? No es nada Skye.

—Pues desde que entramos a Bosques Lluviosos te noto más tenso y nervioso que de costumbre. ¿Qué te preocupa, Orejón?

—¿Qué, tenso yo? ¡Claro que no! Estoy bien… —Desvió la mirada.

A la vulpina no le convencía el rostro de su copiloto. La zorra ártica conducía la oxidada grúa de Jerry por las húmedas avenidas del Distrito Forestal. Skye y Jack regresaban de una visita a domicilio que la mecánica hizo y donde Jack planeaba asistirla, pero al final fue una pérdida de tiempo porque el animal que los convocó les canceló el servicio cuando ya iban a medio camino; en ese momento, la vieja camioneta regresaba al taller de Jerry para que sus pasajeros continúen con sus lecciones sobre reparación de autos; sin embargo, desde que la zorrita entró al mojado distrito, percibió que Jack mostraba más incomodidad de la que suele proyectar cuando ella está cerca de él.

—No me engañas Jack-Jack, algo tienes y no es sueño. Y tiene algo que ver con el clima.

—Ah… mira. —Suspiró irritado—. Simplemente este no es mi ecosistema favorito, no me gustaría tener que mojarme y ya que estamos en esta chatarra rodante, las probabilidades de quedarnos varados con este clima no son alentadoras.

—Pues esta "chatarra rodante" es un auto clásico y aunque tenga tantos años como tú, abuelo, te garantizo que es menos probable que se descomponga este bebé a que tu zanahoria con ruedas, ¿eh?

—¿Por qué me dices anciano, niña? No nos llevamos tantos años de diferencia.

—Lo que diga Sr. Conejo. —Sonrió con maldad al ver como su copiloto arrugó las cejas—. Abuelito dime tú…

La improvisada cancioncita de Skye fue cortada por un repentino estruendo proveniente del capo de la grúa; el vehículo pareció perder velocidad por unos segundos y la zorra maldijo ante tal ironía de la vida.

—No digas nada enano, tengo esto bajo control —Metió la pata al bolsillo delantero de su peto—. Nada que una mecánica profesional no pueda solucionar.

Ella sacó una llave inglesa y le propinó un duro bastonazo al tablero, encendiendo las luces por completo y hasta la radio que había dejado de funcionar hace unos días. La vulpina arrancó de nueva cuenta la camioneta y viró hacia Jack con una mueca taimada.

—¡Ja, ja! ¿Lo ves? ¿Qué te dije Franjas? Este bebé sólo necesita un poco del amor de mamá de vez en cuando… ¿Franjas?

Skye atisbó a la liebre que estaba aferrado al asiento como si su vida dependiera de ello, tenía unos ojos intranquilos y su naricilla temblaba sin control; la hembra detectó asomos de miedo en el lagomorfo.

—No es cierto… ¿pensaste que el ruido fue un rayo? ¿Era eso? ¿Te dan miedo los relámpagos? Je, je… ¡Ja!

—¡Ci-ci-cierra la boca, Skye!

—Ay mi vido —posó una zarpa sobre su pecho— No sabía que te aterraba eso. Me hubieras dicho y hubiéramos tomado otro camino para que mi bebé Jack no se asustara.

—¡Por eso mismo no te lo dije! Sabía que me molestarías con eso todo el camino. ¡Y no me dan miedo los relámpagos! Me asusta la posibilidad de que pueda caerle uno a este ataúd andante. Y no me gusta tratar con cosas eléctricas en general.

—Bah, no seas mentiroso, es muy improbable que un rayo alcance a un coche, y en el raro caso de que suceda, la energía se disipa gracias al efecto de la jaula de Faraday.

La chica miró la cara de asombro de la liebre.

—¿Qué? ¿Por qué me ves así? ¡Es física básica Jackie! Veo que no hay que estudiar mucho para ser un detective. Te lo dejo de tarea para la próxima clase Jackie, y necesito que venga firmado por tu mamá, tesorito.

—¡Bah!

El macho se cruzó de brazos frustrado, no estaba de humor para seguirle el juego. Claro que le aterraban los truenos y la electricidad, pero no quería verse débil ante una hembra, y menos ante ella. Skye, receptiva como siempre, cayó en cuenta de que se le había pasado la pata de nuevo. Borró toda expresión de burla de su rostro y la reemplazó por una sonrisa comprensible.

—Quita esa cara larga amiguito, sabes que sólo estoy jugando. En serio no tiene nada de malo tener miedo, todos tenemos cosas que nos asustan. A mi por ejemplo me dan mucho miedo los payasos.

—Jack giró el cuello para observarla y arqueó las cejas. Se le hacía difícil de creer algo así viniendo de ella. Seguramente le estaba tomando el pelo de nuevo.

—Claro…

—Oye, es en serio, aunque no lo creas puedo ser honesta y sincera contigo de vez en cuando.

—Eso te lo creo menos.

—Bueno, pues no y ya. Pregúntale a papá que hice en la fiesta de cumpleaños de mi prima Cynthia cuando tenía 8 años y porque no nos volvieron a invitar a fiestas infantiles desde entonces.

—¿Por qué? ¿Qué hiciste?

—Qué no le hice a ese pobre castor disfrazado de mimo, pero mejor que te lo cuente Jerry, el recuerda mejor la anécdota. —Reprimió una risita— A lo que voy es que no está mal contarle a otros sobre las cosas que te asustan, sé que para los machos y para ti puede ser difícil de aceptar, pero estamos conscientes que ustedes también tienen miedos. —Miró de reojo a Jack quien enfocó la vista en sus pies con pena—. Lo importante es que no dejes que te dominen y aprendas a lidiar con ellos, ¡cómo yo!

El detective alzó una oreja y giró a la dirección de la zorra.

—¿Ah sí? ¿Y qué has hecho para encarar tu miedo a los payasos?

—Eso es fácil: Sólo hay que rodearse de ellos. Por eso me junto contigo Jackie. —Le guiñó el ojo y le sacó la lengua con desfachatez.

La liebre sólo bajó las orejas y puso una cara de fastidio.

—¿Por qué no me sorprenden tus comentarios?

—Bu, al menos ríete, fue un buen chiste. Aguafiestas.

—Bah.

—Uy que nena, al menos ya se te pasó la ansiedad, ¿eso es bueno, no?

—Seh, eso creo. Tal vez deba juntarme más contigo.

—¿De veras? —Cuestionó emocionada.

—Sí, así puedo combatir mis temores con tus pésimas bromas.

Skye arrugó la cara y Jack se cruzó de brazos.

—La liebre hablando de orejas, te voy a dar un llaveinglesazo por tan ridícula contestación, ¿qué no te enseñé mejores respuestas, enano electrofóbico?

—Astrafobia es el término correcto.

Istrifibia is il tírmini quirricti —lo remedó— ¿Siempre tienes que corregir todo lo que digo?

Ambos rieron un poco. Ella volvió a comentarle.

—Pero fuera de bromas Jack-Jack, la única forma de perder el miedo es encarándolo, no podrás deshacerte de ello si lo sigues evitando.

—Ya lo sé, tampoco soy un lebrato. Prefiero no frecuentar lugares como este, pero si es algo del trabajo o una investigación, no me echaré para atrás.

—Oh, me gusta como piensas. En ese caso creo que no te importará que nos desviemos un poco a la planta eléctrica. ¡Quizás tengamos suerte y nos topemos con un cable suelto!

—¡Skye, no!

La vulpina giró el volante hacia una bifurcación pero enseguida la liebre lo tomó para que la grúa regresará a su camino original, pero la zorra no dejó que el macho controlara la camioneta

—¡¿Estás loco Jack?! ¡Suelta el maldito volante, nos vamos a estrellar!

—¡No hasta que cambies de dirección!

—¿Eres imbécil? ¡La planta eléctrica está del otro lado, era una broma, idiota!

—¿Sí? ¡Pues no te creo!

—¡Suelta el volante!

—¡Oblíga… hummmp!

Skye apartó el mentón y la cara de su copiloto con su pata mientras este intentaba tener el control del vehículo. Antes de seguir discutiendo, la liebre vio frente a ellos a un mamífero en medio de la carretera, ambos a duras penas lograron reaccionar a tiempo.

—¡FRENA! —le gritó Jack con desesperación.

La zorrita pisó el pedal a fondo y la oxidada grúa se paró en seco, haciendo estremecer a todo el vehículo junto a sus pasajeros. Ambos animales dejaron de discutir e intentaron ver a través del empañado parabrisas a la misteriosa figura, pero no dieron con nadie. La vulpina sintió un escalofrío recorrer por su espalda, tenía un mal presagio al respecto; nerviosa, se quitó el cinturón de seguridad y continuó buscando con apremió al imprudente mamífero que estuviera deambulando por la solitaria carretera de los Bosques Lluviosos donde sabía que no podía haber ningún animal a kilómetros del desolado páramo.

—¿Ves a alguien Jack? —preguntó intranquila.

—No, pero hay una furgoneta estacionada a la derecha. Tal vez regresó a ella para no mojarse, ¿no lo ves de tu lado?

—Yo no veo nada. —Viró la cabeza a su izquierda—. ¿Estás seguro…? ¡AAAAYYYYYYYYYYYYYY! ¡Hijo de...! ¡JACK!

Skye soltó un potente alarido femenino cuando en la ventana del conductor se le apareció un rostro infernal de una monstruosa criatura que parecía sacada de una película de horror, al menos así lo pensó la vulpina, quien se había alejado lo más que pudo del misterioso ente y se aferró a lo primero que tuvo a su pata, que fueron los brazos del detective.

—¿Qué haces Skye? Cálmate, es sólo un jabalí.

—¿Q-q-qué dices?

La chica volteó a ver nuevamente al monstruo y en su lugar observó la desesperada y empapada cara de un cerdo salvaje que golpeaba la ventanilla incesantemente; parecía sumamente afligido.

La zorra ártica se soltó de mala gana del abrazo improvisado con Jack mientras este la veía con una mueca ladina. La mecánica gateó hacia la puerta y bajó la ventana, inmediatamente escuchó lo que el animal de colmillos sobresalientes tenía que decir.

—¡Por favor, ayúdenme! Se descargó la batería de mi camioneta, y mi esposa y yo tenemos que llegar a una boda. ¡Sé que está lloviendo, pero por favor, necesito de su ayuda, se los ruego! —suplicó un jabalí de mediana edad.

Con la ventanilla abajo, Skye pudo confirmar que la desesperada presa no era más que un simple mamífero, suspiró aliviada y sintiéndose un poco boba frente a Jack; luego, agitó sus zarpas para llamar la atención de la pobre alma en pena.

—Pues es su día de suerte amigo, mi asistente y yo somos mecánicos profesionales, llevaremos su van al taller y la…

—¡No, no, no! No hay tiempo para eso, ¡La boda es en menos de 2 horas y estamos bastante retrasados! Además, el pastel se podría voltearse o aplastarse si se inclina mucho. Por favor, creo que sólo se descargó la batería, lo único que les pido es que me pasen corriente para encenderla y…

—¿Pasar corriente? —mencionó Jack asustado— ¿Se refiere a pasarle electricidad de nuestra camioneta a la suya?

—Así es, yo…

—¿¡Y con esta lluvia!? —La sola idea de mezclar electricidad y agua le revolvía el estómago al detective—. ¡Eso es muy peligroso, sería un suicidio! ¿verdad Skye?

—¡Sé que es pedirles mucho, pero en verdad es una emergencia! Mi esposa es la mejor amiga de la novia y estaba muy feliz de ser su madrina de pastel; se mató toda la noche haciendo el mejor pastel de bodas del mundo y yo cometí la idiotez de irme a emborrachar ese día y se me hizo tarde —les relató el jabalí con una enorme preocupación y desesperación en la voz—. ¡Si no resuelvo esta situación mi querida Timonette jamás me lo perdonará! —El puerco salvaje tomó con sus mojadas y frías pezuñas las blancas patas de Skye y la miró con ojos de cochino a medio morir— ¡Por favor señorita, le daré todo lo que tengo! Mi dinero, mi reloj, mi celular, hasta la misma porquería de camioneta, ¡lo que sea por mi Timonette! Por favor, acepte, ¿siiiiiiiiiií? —suplicó al borde del llanto.

Pese a las palabras lastimeras de la presa, la zorra se soltó enseguida y se limpió las patas con su peto. Jack, aunque algo contrariado por la historia del señor, se sentía mejor sabiendo que la zorra se rehusaría a auxiliarlo dado las condiciones. La hembra habló unos instantes después.

—Lo lamento, pero me temo que mi compañero tiene razón. Pasar corriente con este clima es… muy inconveniente y riesgoso.

—No… —el jabalí agachó las orejas derrotado.

—Lo siento señor —Jack intentó suavizar el ambiente—, pero podemos ayudarlo de otra manera, quizás…

—Pero... —la zorra interrumpió a su pupilo—… no es algo imposible; no es la primera ni última vez que paso corriente bajo estas circunstancias. ¡Cuente con nosotros señor! —afirmó Skye con una sonrisota!

—¿Qué, qué, QUÉ? —La liebre quería arrancarse las orejas tras lo que acababa de escuchar.

—¿En serio? ¡Oh, bendita sea usted señorita! ¿Entonces qué estamos esperando? ¡Acerqué la camioneta en lo que le paso los cables y una sombrilla! —El jabalí se fue corriendo enseguida hacía su vehículo estacionado— ¡Amorcito corazón, es un milagro! ¡Estamos salvados, ESTAMOS SALVADOS!

Desde el interior de la grúa, Skye miraba orgullosa al esposo que festejaba enérgico y rebosaba de felicidad tras acceder a auxiliarlos, mientras que Jack no quitaba la cara larga e incrédula que había puesto tras la sentencia de muerte que había firmado su instructora.

—¡¿Te has vuelto loca, Skye?! —Se escuchó un gritó aparentemente varonil en medio de la fuerte lluvia. A la zorra casi se le revientan los tímpanos.


—¡Esto es inaudito!

—¡Ya cierra el hocico, Jack el gritón! Aún me retumban los oídos —Le reprendió la vulpina quién sostenía un paraguas enorme que cubría a ambos, mientras, ella veía como la nerviosa liebre sujetaba de forma temblorosa unos cables de caimán— ¡Y deja de moverte como gelatina! No va a pasar nada, la lluvia ya amainó y estamos usando botas de hule, el riesgo de ser electrocutados es mínimo.

—¡Pero existe!

—Bah, no seas llorón, es más probable que te den un balazo; y por lo que me contaste la otra vez, atraes más balas que chicas.

—Pero esos son gajes del oficio y un riesgo del que estoy consciente. ¡Esto no lo es!

—¡Peros, peros, peros! Deja de lloriquear, terminemos con esto y, de paso, comencemos con la lección especial.

—¿¡Piensas enseñarme con esta lluvia!?

—¡Sí pero sólo voy a mostrarte mis conocimientos! —Fingió estar ofendida—. Aunque si quieres que te enseñe algo más, después de esto podemos…

—Pa-pasemos a las lecciones —interrumpió agitando sus muñecas—, ¿quieres?

La liebre respondió algo incómodo y la hembra sólo carcajeó levemente, al menos eso lo haría olvidarse un poco de sus miedos y a enfocarse.

—Bien, está es la lección 69… mmmm… 69...

—¡Skye! Di-di-diga, deja de jugar, nos quedamos en la lección 29 la vez pasada

—Sí, pero nos vamos a adelantar, por eso te dije que sería una lección especial, esto debía ser de las últimas cosas en enseñarte. De mecánica, claro.

—¡Skye, ya apresúrate! El jabalí y su esposa nos esperan.

—Claro, claro. —Carraspeó—. Como te decía Jackie. Lección 69: Hoy por mí, mañana por ti.

La liebre bufó ante su comentario; Skye arqueó la ceja y dibujó una mueca taimada en su rostro.

—O mejor conocida como pasar corriente a otro auto —agregó—. Bien Jackie, presta mucha atención porque para hacer el puenteo correctamente debe hacerse en cierto orden; primero toma el caimán rojo y conéctalo con la terminal positiva de la batería descargada.

—¿Podrías hacerlo tú?

—Bah, no seas un bebé, no es la gran cosa.

—¿No es la gran cosa? ¡¿Ponerse a jugar con electricidad en plena lluvia te parece poco?!

—No estamos jugando, vamos a ayudar a esta pobre pareja y de paso a que aprendas a hacerlo mientras lidiamos con tu miedo a la electricidad. Tarde que temprano íbamos a ver esta lección, ¿Qué mejor que matar 3 pájaros de un tiro hoy?

—¡Pero no bajo la lluvia! Olvídalo, yo paso.

—No seas nena Jack, ya te dije que no es para tanto. No te va a pasar nada.

—Si no va a pasar nada, puedes comenzar haciéndolo tú.

—¡Deja de actuar como un bebé y compórtate como el macho que se supone que eres!

—¿Pasa algo señorita zorra? —Dijo el jabalí desde la grúa de Skye, pues él sería el que arrancaría el auto una vez que los mecánicos puentearan ambos coches— Escucho gritos, ¿todo bien allá afuera? —Preguntó, pues el capó abierto de la camioneta no le dejaba ver nada de lo que sucedía afuera.

—¡Por supuesto señor Pumba, todo está bien, sólo estamos asegurándonos de no electrocutarnos! —gritó para que su interlocutor porcino la escuchara. Luego aclaró su voz y se dirigió a la liebre con una expresión aburrida—. Bien, bien; tú ganas Jack-Jack, lo haremos a tu manera. Ten. —Le entregó el paraguas— Cúbreme enano, si es que alcanzas.

De mala gana la hembra indicó a la presa de franjas oscuras los pormenores de su clase improvisada, le explicó la importancia de enlazar cada cable en el lugar y orden correcto. Después de que la vulpina terminó de colocar la tercera conexión, sólo faltaba un caimán y Skye no escatimó en explicaciones.

—Este amiguito es muy importante —comentó mientras sostenía un cable negro—, a diferencia de los otros que conecté en los polos de las baterías, este bebé debe ir conectado en otra parte y que haga tierra.

—¿Vas a conectarlo al suelo? ¿¡Así mojado!? —cuestionó preocupado.

—No bobo, la tierra es todo a lo que conecte a la carrocería y disipa la electricidad, puedes conectarlo a cualquier parte metálica del coche que no tenga pintura o este sucio, incluso algún tornillo del motor puede servir.

—¿Es en serio? ¿O sea al metal? ¿Qué eso no conduce la electricidad?

—Sí, pero todo eso conecta con el chasis y funciona como tierra. Veo que en serio voy a dejarte tarea de electrónica, je, je. —Rió un poco pero enseguida se serenó—. Sin embargo, es importante que no toque ninguna parte cargada y, por precaución, la conectamos lo más alejada posible de la batería, por ejemplo, aquí.

Sin perder más tiempo, Skye puso el caimán sobre una pieza metálica; al hacer contacto, salieron un par de chispas que sobresaltaron a Jack, la mecánica se carcajeó en lo bajo.

—No temas, es normal. ¿Lo ves? No hay nada de que preocuparse. Pan comido. ¡Oye Pumba! —voceó para que el jabalí la escuchara—. Enciende la grúa, y acelera el auto por unos tres minutos.

—¡Enseguida señorita mecánica!

Un sonido indicó que al auto había sido puesto en marcha, más chispas salieron a la par que el motor ronroneó cual un gatito. La presa orejuda no pudo evitar asustarse ligeramente y la zorra sólo mostró sus colmillos.

—Ay bobo, ya pasó, terminamos ahora sólo hay que… ¡Ehehehehehehehehehehe…!

—Skye… ¡SKYE!

Las orejas de Jack cayeron al mismo tiempo que él soltó el paraguas. El cuerpo de la zorra comenzó a convulsionarse sin control; el detective miró con horror que la pata de la chica estaba sujetando el cable que conectaba a tierra y era bastante evidente que Skye estaba siendo electrocutada. Un pavor descomunal invadió al corazón de Jack, pero no era su miedo a la estática o experimentar una sensación como la de la zorra lo que lo aterraba, sino el temor a perderla.

¡Eheheheheheheheheheh…! —Continuó titiritando el cuerpo de la vulpina.

—¡SKYE!

Haciendo caso omiso a cualquier instinto de autopreservación, no lo dudo ni un segundo, y sin importarle las consecuencias, se arrojó contra ella. Tomó un enérgico impulso y saltó hacia la hembra, embistiéndola con una fuerza suficiente para apartarla del cordón que la estaba electrocutando. Ambos cayeron al piso, el abundante lodo amortiguó el golpe y la liebre terminó encima de su pecho, abrazado a ella; enseguida se apartó, se hincó, inclinó a la vulpina y la colocó sobre su regazo; parecía haber perdido el conocimiento y no se movía.

—Santo cielo, Skye; por favor respóndeme, ¡Skye! —La brisa empapó enseguida el rostro de Jack que denotaba una aflicción inmensurable, se impactó más cuando observó la delicada imagen de la inmóvil depredadora, parecía como si estuviera dormida o tal vez hasta… ¡No! ¡Era ridículo! Igual que toda la situación, ¡Ella era la mejor mecánica de Zootopia! Se decía a sí mismo Jack.

—¡Skye, despierta por favor! ¡No me hagas esto, por favor! —Su desesperación era tanta que lejos de hacer lo que cualquier oficial haría como pedir ayuda, sólo permaneció aterrado e intentando recibir alguna señal vital—. ¡Skye, por favor, abre los ojos!

Intentó sentir su pulso con una pata y sostuvo su testa erguida con la otra, pero su nerviosismo y el abultado pelaje blanco le impedía detectar con seguridad algún indicio de vida en ella; peor aún, sus miedos le hacían creer cada vez más que la chica ya no respiraba.

—¡Skye no por favor…! ¡Te necesito conmigo Skye! ¡Sk…!

La liebre fue interrumpida por una palpitante sensación en sus brazos, acompañado de un sonido que no imaginó volver a escuchar.

—Je… je… ja, ja… ¡JA, JA! Ay Jack, si serás bruto, je, je… no tenías que taclearme así, tienes suerte que la tierra estuviera blandita aquí, je, yo… jamás… Jack… ¿Jack? ¡Hump!

La desvergonzada zorra carcajeó ante la cruel broma que le había jugado a su alumno, pero al erguirse y mirar a Jack a la cara, palideció al ver los ojos brillosos de la liebre que la observaban con un sufrimiento enorme, en menos de dos segundos le hizo ver lo insensible que fue al burlarse así de él. La chica esperaba el grito de su vida pero en su lugar su espalda fue rodeada posesivamente por dos fornidos brazos, al mismo tiempo que el mentón afilado de cierto macho se clavó y se frotó contra su hombro zorruno. El apretón que sintió después casi la hace chillar de la sorpresa y de dolor.

—¡Gracias al cielo, Skye! —Jack se aferró a ella como si de no hacerlo su corazón se fuera a detener de nuevo, tras la fuerte impresión que la actuación vulpina le causó. Pese a toda lógica, lejos de explotar en ira o soltar un alarido que abriera el cielo eternamente nublado del distrito, Jack la abrazó como si un milagro hubiera ocurrido delante de él y no la soltó hasta asegurarse que esos latidos sólo pertenecían a ella.

Por su parte Skye estaba físicamente sana y sin ninguna herida, pero sintió un vacío en el pecho y remordimiento por lo que había hecho. La estafadora terminó estafada al recibir una inesperada respuesta de amor y no de odio tras su inoportuna actuación.

—¿No… de verdad tú… no estás molesto conmigo Jack? —le cuestionó incrédula.

—¡Por supuesto que lo estoy! ¡Eres una maldita desgraciada! —Le expresó por fin con algo de rencor, más su voz se quebró y sin soltarla, siguió hablándole—. Pero prefiero mil veces una que haya sido una más de tus estúpidas bromas a que en verdad te hubiera pasado algo frente a mis narices.

—Oh Jack… ¿estás? —susurró conmovida— ¿En verdad estabas preocupado por mí? ¿Tanto para olvidar tu miedo a la electricidad?

La liebre se soltó enseguida del abrazo que la había dado y se apartó algo temeroso de ella.

—No… bueno, sí, —comentó algo avergonzado—. Obviamente me asustaste mucho, pero cuando te ví ahí no pensé en nada más que en salvarte y lo mucho que me importabas… creo que no me di cuenta lo mucho que significas para mí hasta que sentí que te perdería. —La voz de él comenzaba a fallarle y dudadaba en seguir hablando, más no se contuvo—. Creo que eres más que la hija de un viejo amigo o la excéntrica instructora de autos.

—Oh Jack… ¡oye! ¿Cómo que excéntrica, bobo?

—Creo que… odio reconocerlo pero, creo que yo… yo… te quiero…

—Oh… —Skye tensó su cola a la par que sus puntiagudas orejas.

—Co-como una buena amiga, —se apresuró a decir—, pese a tus burlas y pésimos chistes, te he llegado a querer más de lo que te imaginas

—Ah, claro… —musitó con cierto dejo de desilusión—. Lo que digas.

La vulpina le regresó el abrazo y se pegó más cerca de él como una muestra más afectuosa a lo que él hizo por ella.

—También te quiero, zopenco —Pese a que no era lo que esperaba oír de Jack, sus acciones y palabras eran más que suficientes para ella—, perdóname por haberte preocupado, eres demasiado noble para juntarte con una loca como yo, pero lo aprecio muchísimo.

—Skye... —Tragó saliva y pese al frío que la llovizna producía, sentía más calidez en la parte alta de su cuerpo. Aún así se afianzó más al torso de ella.

—No merezco tener un alumno, ni una amigo ni… un chico como tú —le susurró—, Jack…

Pese al mal clima, seguir sentados en lodo y una incómoda sensación entre los dos, ambos mamíferos permanecieron juntos y sin separarse, disfrutando un poco la cercanía y tibieza natural del otro. Jack en ese momento soltó una risa nerviosa y Skye movió una oreja y se apartó un poco de él, aunque aún tenían los brazos entrelazado y sus caras quedaron cerca; tal vez, demasiado; lo suficiente para sentir la el bao que cada uno exhalaba.

—Skye… —La miró a los ojos.

—Jack… —Quedó cautivada sin quitarle la vista encima

—¡Pumba, Pumba, arrancó el motor! ¡Otra vez funciona! —Se escuchó un grito agudo, jovial y extrañamente varonil desde la camioneta que se había descargado.

La zorra y la liebre se apartaron enseguida apenados, Jack se puso de pie primero y le ofreció su pata para que Skye se apoyara, pero ella la rechazó y se levantó por sí sola mientras recogía el paraguas del suelo.

La vulpina, luego de comprobar que ambos vehículos funcionaban correctamente, le pidió al jabalí que detuviera su motor para retirar los cables. Con más confianza aunque con un poco de nervios, Jack retiró los alambres en el orden que le indicó Skye; al parecer el animal rayado había perdido el miedo a la electricidad en ese momento, o quizás era que su mente estaba ocupada y ansiosa por pensamientos más fuertes que sus temores que no le prestó mayor atención.

En menos de 5 minutos, los dos mamíferos cerraron los capos de los vehículos mientras que el jabalí salió de la grúa de Jerry y se acercó a sus salvadores.

—¡Chicos, de verdad, muchas, pero muchas gracias! Nos han salvado la vida a mi y a mi acompañante —Pumba tomó las patas de Jack y comenzó a besarlas con mucha efusividad; la liebre apartó sus zarpas enseguida mientras Skye ahogaba una risa—. Y bueno, ¿cuánto les debemos?

Un claxon sonó repetidas veces interrumpiendo al jabalí.

—¡Pumba, ya es tarde, Simba y Nala van a matarnos si llegamos tarde a la boda de Kiara! —le ordenó una molesta vocecilla.

—¡Espera Timón, un segundo! En serio, ¿cuánto..?

La liebre se cruzó de brazos confundido.

—Oh, no es nada, —respondió Skye—, con haber ayudado a una pareja en apuros es más que suficiente.

—Oh, muchas gracias, no pensé que aún hubieran mamíferos tan generosos en Zootopia y… —dos sonidos de corneta lo cortaron al momento, el irritante llamado de un "Pumba" provocó que Jack arqueara una ceja—. Bueno, debemos irnos ya… ¡mua! ¡Muuuuua!

El amoroso cerdo salvaje le dio un beso en la mejilla a la mecánica y otro más prolongado en el pómulo rayado de Jack, el cual se apartó enseguida asqueado a la par que la vulpina se partía de risa.

—Ugh. —Se quejó la liebre frotándose el cachete afectado con su pata.

—Ja, ja, ja. Cuidado sr. Pumba o pondrá celosa a su esposa, je, je.

Jack frunció el ceño y el otro macho se rió nervioso mientras entraba deprisa a la furgoneta. Skye jaló a su malhumorado alumno para despedirse de ellos y ver pon fin a la mandona mamífera que seguro sería la esposa por la que ese simpático y regordete jabalí se desvivió; ambos llegaron hasta la puerta del conductor y se asomaron por la ventanilla.

—Hola señorita Timonette —habló animada Skye—, mucho gus...

Los dos saludaron a la compañera de vida de Pumba, pero se quedaron sin habla al ver que en su lugar había una despreocupada y nada femenina suricata usando un esmoking negro e inflando una bomba de goma de mascar que se reventó cuando vio a los dos animales enlodados.

—Je, je. ¡Hola! —carcajeó apenado— En realidad me llamo Timón, mucho gusto. —Sacó medio cuerpo y estrechó su palma contra las de la vulpina—. Gracias por echarnos la pata, nos sacaron de enorme apuro y eso, pero si nos disculpan, ya debemos…

—¡Oye, un momento! ¿Qué pasa aquí? ¡Tú no tienes pinta de ser una esposa!

—Calma Skye, no saltes a conclusiones; quizás sea su esposo…

Pumba se carcajeó sonoramente lo que hizo que el pequeño mamífero apretara los dientes y arrugara la frente.

—¿Qué? —pronunció la suricata indignado—. Oye, oye orejón no me insultes. Ese cerebro de tocino y yo sólo somos buenos amigos y nada más. ¿De dónde sacaste esa idea?

—¿De quién más? —respondió molesta la zorrita—. ¡Tu marido, novio, amante o lo que sea nos dijo que eras su esposa y nos pidió ayudarlo a reparar el auto para llegar a esa estúpida boda!

Skye se cruzó de brazos indignada mientras que Jack pataleaba el suelo impaciente y esperando una buena explicación. La suricata se volteó dramáticamente a ver a su compañero con gran decepción.

—¿En serio? ¿Cómo pudiste Pumba?

—¿Yo qué? —preguntó confundido el jabalí y dejó de reír.

—¿Les dijiste esa mentirota a estas pobres criaturitas de la creación que nos ofrecieron generosamente su ayuda y sin pedir nada a cambio? ¡Eres de lo peor, Pumba! —le reprendió molesto la suricata.

—¿De qué hablas Timón? Tú me dijiste que les inventara la historia más dramática que se me ocurriera a los próximos tontos que se pasaran por aquí, —comentó con brutal sinceridad—, ¿y por qué me estás guiñando el ojo Timón? ¿Y por que sudas tanto Timón?

El pequeño depredador se dio una fuerte palmada en la frente y luego amenazó con su puño a su amigo mientras que un carraspeo a su espalda lo hizo voltear a ver a una liebre y una zorra bastante molestos. Timón los miró con una enorme sonrisa nerviosa.

—Ay, Pumba, eres un bromista. Bueno, verán… lo que pasó fue… ¡Nos vemos tontos! ¡Ja, ja, ja, ja…!

La suricata pisó el acelerador a fondo y la rueda delantera de la camioneta giró a la máxima revolución posible.

—¡Hakuna matata, zoquetes! ¡Ja, ja, ja…!

—Errr... Timón…

—No molestes Pumba…

—Pero Timón…

—Me hiciste ver como un tonto, ¿no pudiste mantener el hocico cerrado?

—Pero Timón…

—¡¿Qué Pumba, qué?!

—Sólo quería decirte que no has quitado el freno de mano. Y no nos hemos movido para nada.

—¿Qué demo…? Ah… ¿Upsy?

El depredador soltó el pedal y se asomó a su izquierda; ahí vio a Skye y a Jack justo como los había dejado, pero con la única diferencia de que ambos animales estaban cubiertos completamente de lodo, la rueda delantera los había salpicado de barro de los pies a la cabeza cuando Timón intentó escapar.

—Je, je, je —rió la suricata avergonzada—… ¡Cuánto lo siento, yo…! —Se rascó la cabeza apenado—. No somos chicos malos, ¡en serio! Es sólo que hoy no ha sido nuestro día y… ¡Ahora sí, adiós!

Con la palanca de emergencia abajo, Timón volvió a acelerar el auto a toda velocidad y esta vez sí se alejó de la escena no sin antes levantar un poco de más de lodo que volvió a abofetear a los dos mamíferos. La zorra apartó con sus patas el fango de su rostro y casi al mismo tiempo, la liebre hizo lo mismo.

—Jack…

—¿Sí Skye?

—La próxima vez que quiera detenerme a ayudar a alguien, ¿podrías darme un buen coscorrón?

—Mejor sólo te recuerdo lo que pasó hoy —respondió exprimiendo el lodo de sus orejas—, eres capaz de regresarme el golpe el doble de fuerte.

—Vaya, me conoces bien Jackie, me conoces muy bien.

Skye le sonrió cálidamente y antes de que la liebre le correspondiera el gesto, ella le arrojó tierra mojada a la cara; Jack no se quedó atrás y le regresó la cortesía. Una nueva guerra se desató en el húmedo campo de batalla pero terminó tan pronto como comenzó debido a que un relámpago asustó a ambos y decidieron hacer una tregua por ese día.


Notas de autor:

Gracias de nuevo por seguir aquí y tenerme paciencia, no recuerdo si lo comenté la vez pasado, pero puede que tarde en subir los últimos capítulos, son los que menos he trabajado y aún no tengo bien definido el final, así que de antemano, disculpen si los hago sufrir con las actualizaciones, pero créanme que trataré de concluir la historia lo antes posible y que salga de la mejor manera. Espero no les haya importado ver a unos personajes conocidos robar escena, iban a ser simples OC's, pero creo que así se volvió un poco más divertido, creo que me ha inspirado mucho en el fic de Original Sin (Un excelente fic de Zootopia, tiene temas serios y a veces lúgubres, pero el autor siempre encuentra la forma de meter referencias y aliviar un poco la tensión con cameos en medio de la historia. Lo recomiendo mucho), pero en fin, espero que aún recuerden a esa simpática pareja dispareja de la sabana. Nos vemos en el siguiente capítulo, que cambiará un poco la dinámica que ha seguido la historia, espero sea de su agrado. ¡Nos estamos leyendo! ¡Hakuna matata zoque- queridos lectores!

Por cierto, esta es la mitad del fic, una escena extra evolucionó a esto, si prefieren tomar un descanso a su lectura aquí, adelante. Si no, los dejo con la parte 2 del capítulo de hoy.


La zorra ártica se encontraba en el cuarto de descanso de Jerry, dónde cepillaba sin premura su larga y blanca cola vulpina, ahora tenía un cambio de ropa más cómoda que consistía en una camiseta sin mangas celeste y unos pantalones de yoga azabache. Su oreja se irguió al escuchar el sonido de la puerta metálica que daba al baño

—Gracias por dejarme ducharme aquí Skye, no hubiera soportado estar un minuto más con todo ese lodo en mi pelaje.

—De nada Jack-Jack, es lo menos que puedo hacer por un amigo. Y uno que salvó mi vida —le dijo en un tono dulce.

El detective Savage salió vistiendo su característico smoking negro, sólo que esta vez no tenía la corbata puesta y el cuello de la camisa estaba sin abotonar. La zorra quedó hipnotizada por la apariencia apuesta de la liebre, había olvidado lo gallardo que se veía con ropas formales.

—Bah, no fue la gran cosa —respondió Jack secándose las orejas con una toalla—, no me hubiera lanzado a "salvarte" si no me hubieras jugado una más de tus bromitas. —Arqueó una ceja—. ¿Te pasa algo Skye? ¿O por qué me ves así?

—¿Qué, qué? —La vulpina agitó la cara, como saliendo de un trance—. No, por nada, es sólo que me preguntaba, ¿por qué llevas tu traje puesto? Te dejé ropa de Jerry dentro del baño. ¿No irás a esta hora a la estación, o sí?

—Oh, claro que no; lo que pasa es que, desde el incidente con el agua del otro día, siempre llevo un cambio de ropa en el auto. —Rascó su oreja extrañado—. Que raro, pensé que ya te lo había mencionado.

—No, para nada. Aunque debo admitir que te ves mucho mejor sin esa corbata estúpida.

—Gracias... ¡hey!

Ella aguantó una risita y continuó hablando.

—También se me hizo raro verte despeinado —La vulpina agitó los alborotados cabellos de la frente de Jack— Te ves más guapo con esos rizos rebeldes, casi como un chico malo de la secundaria.

—¡Rábanos! Sabía que olvidaba algo... ¡y deja de tocar mi pelo Skye! —Apartó las zarpas juguetonas de ella, luego metió su pata a la bolsa interna de su chaqueta y sacó un peine—. Deja encargarme de eso.

—Buuuuu, ¡aguafiestas! Te digo que te queda de lujo ese look de recién despertado; apuesto a que esa coneja policía voltería a verte y pondrías celoso a su novio.

Jack terminó de acicalar su pelaje de la cabeza con cierto hervor en el rostro y enseguida guardó el instrumento de plástico.

—A propósito mi rayado amigo, ¿y cómo va la apuesta entre esos dos? ¿Nick ya se le declaró a tu ex?

—Jua, jua. —Rió con ironía—. Que graciosa Skye, pero no; Judy aún no le dice al oficial Wilde lo que siente por él, parece que todos en la estación lo saben menos ellos, ¿qué ironía, no?

—Ay sí, que zonzos son la verdad; saben lo que sienten el uno por el otro, pero aún así no se atreven a confesarlo, ¿qué mamífero despistado y tonto haría eso?

—Je, ¿sí, verdad?

Hubo un silencio incómodo tras el comentario; ella quería decirle algo más, pero por primera vez desde que lo conoció, no tenía las palabras adecuadas. Unos minutos después, Jack terminó de alistarse y se dirigió a la vulpina.

—Bueno, creo que no tarda en oscurecer y seguro debes estar igual de cansada que yo por este largo día. —Levantó la pata con intención de despedirse—. Gracias por las lecciones de hoy Skye, nos vemos el próximo miércoles.

La liebre le sonrió, se dio media vuelta y se encaminó hacia la salida.

—¡Espera Jack!

—¿Sí Skye?

—Quería saber si… ¿tienes planes para esta noche?

El detective bajó las orejas algo confundido, estaba a punto de responderle cuando ella evitó que hablara.

—Y por planes no me refiero a que te pongas a revisar casos o adelantar tu trabajo.

Jack levantó su dedo índice para protestar, pero la vulpina lo había dejado con la palabra en la boca.

—¡Lo sabía! —puso una cara de hastío.

—En realidad estoy algo cansado, sólo pensaba en llegar a dormir a mi departamento, pero no negaré que planeaba revisar uno o dos expedientes antes de acostarme.

—Bien, tomaré eso como un no y que sigues siendo el mismo neurótico del trabajo. —Rodó los ojos—. En todo caso, quisiera pedirte si podrías quedarte un rato más… conmigo.

Hubo una breve pausa silenciosa que no duró mucho.

—¿Pero por…?

—Hay algo que… quiero enseñarte —musitó la vulpina con algo de pena.

—¿Qué cosa?

—Algo...

—¿Y qué es ese algo exactamente?

—No te puedo decir… es una… sorpresita. —Entrecerró los ojos y cubrió parte de su hocico con una zarpa—. Sólo te adelantaré que… es algo que no le he mostrado a nadie… a ningún macho de hecho…

—¡S-S-Skye! —bramó alterado y confundido.

—No pongas esa cara, bobo, no es lo que crees.

—Entonces dime que es, ¿es una broma?

—Sí Jack, es una broma; finge que no lo sabes para que me ría, tarado.

—Skye...

—No, no lo es; sólo quiero que vengas conmigo a la parte trasera del taller. Confía en mí, te gustará.

—¿Pero qué es o qué? ¿Cuánto tomará verlo?

—Oh, no quiero decirte más o adivinarás, es algo que puede tomar 5 minutos o hasta 2 horas, depende de… tu resistencia… —mencionó ella con un rostro pícaro

La liebre tragó grueso, ahí estaba otra vez, la Skye de siempre con sus insinuaciones (que sabía no era lo que estaba pensando) que le daban menos motivos para creerle..

—N-n-no pu-puedo tomarte en serio si no me dices de que se trata, —tartamudeó algo nervioso—, la experiencia me dice que no te crea nada.

—Ay, por favor, no te estaría rogando si no fuera algo en serio, por favor, ¿confía esta vez en mí? ¿Sí?

La zorra ártica lo observó con una mirada suplicante y con las orejas caídas. Con mayor razón el detective no se tragaba su cuento; pero por desgracia la curiosidad y aunque no quisiera admitirlo, el morbo, lo hizo caer en sus redes apropósito.

—De acuerdo, lo haré, pero quita ya esos ojos de zorrito regañado, me haces desconfiar más de ti.

—¡Ay, gracias, gracias! —Ella lo tomó de la muñeca y salieron juntos del cuarto—. Ven conmigo, pero cierra los ojos —advirtió con severidad—. Aunque eso sí, no tengas muy altas expectativas de lo que vamos a hacer, ¡vamos, ciérralos no los abras más Orejón!

—Ok, ok, ya lo hice.

Skye se llevó casi a rastras a la presa como si fuera una madre arrastrando a su berrinchuda cría.


Después de 2 tropiezos, un par de golpes en la pantorrilla y adormecimiento en el brazo de tanto jaloneo, por fin la pobre liebre y su efusiva amiga zorruna llegaron a su destino.

—Skye… ¿ya puedo...?

—Paciencia, dame un segundo.

Las orejas de Jack percibieron ruidos propios de una cerradura abrirse, dada la naturaleza del lugar y el inconfundible sonido metálico supo que debía ser la puerta de un auto, uno muy grande al escuchar la pesadez en la voz de la hembra.

—Levanta una de tus patas de conejo…

—Liebre.

—Lo que sea, apóyate del enorme escalón y entra.

—Pero Skye...

—Sólo hazlo.

En serio no le daba buena espina la situación, con la vulpina nunca sabía que esperar; suspiró resignado y sin más entró al desconocido vehículo de un brinco propio de su especie. Escuchó una ligera risita y sin ver percibió que la chica también había entrado con él; después oyó la puerta cerrarse y el 'clic' del seguro interno. De ser un desconocido estaría alarmado, pero en el caso de Skye temía por alguna especie de broma o locura, sin embargo, una voz femenina lo sacó de sus pensamientos.

—Listo, ya puedes abrirlos.

—De acuerdo. —Parpadeo confundido—. Oye…

—¿Sí tesoro?

—No veo nada.

El lugar estaba en penumbras y lo único que la liebre lograba distinguir era un poco de luz que apenas se filtraba de las opacas ventanas del vehículo, aunque notó que había más cristales de los que tenía un auto común.

—Oh, cierto, que no tienes vista nocturna como yo, lo olvidé. —La voz femenina susurró a sus espaldas, haciendo a Jack sentir un escalofrío—. Sólo enciendo el generador y… ¡voilà!

La locación se iluminó enseguida y el detective admiró el lugar con más detalle. Ahora tenía sentido, estaba dentro de una lujosa limusina, del lado derecho había unos enormes y ostentosos asientos negro con morado, a su izquierda había lo que parecía una barra con copas, botellas e incluso botanas saladas; la luz de neón y laser le daba el aspecto de un bar, pero no por eso dejaba de ser atractivo. La liebre no pudo evitar tener una enorme sonrisa, quizás no era cosa del otro mundo pero él nunca había visto algo así en su vida.

—Cielos Skye… ¡es increíble! Pero… ¿qué vamos a hacer aquí...? ¡Agh!

La vulpina empujó a Jack y lo tiró a uno de los asientos, al instante, él sintió lo suave y cómodo que se sentía el opulento sillón; era tan confortable y terso al tacto que la liebre pensó que podría quedarse dormido. Ahí, como alguna especie de epifanía, empezó a comprender las intenciones de la chica para traerlo ahí.

—Skye… ¿acaso vamos a viajar en la limusina?

Ella le mostró un gesto socarrón con sus amplios colmillos para luego sentarse a su lado, sin quitarle la vista de encima.

—Ay Jackie, eres tan inocente. —Apretó una de sus rayadas mejillas—. La limusina no arranca, por eso está aquí, me la dieron para repararla; sin embargo, el interior está intacto así que podemos disponer de esta y hacer lo que queramos… Lo. Que. Sea —pronunció de forma pausada y seductora; la liebre tragó grueso y la miró con ojos expectantes—. ¿Qué se te ocurre hacer aquí, corazón.

—Errr, n-n-no lo sé Skye, si la limo no nos lle-lle-lleva a ningún lado, no sé en que más se pueda hacer de-dentro de una— mencionó nervioso.

—Para ser un detective no tienes mucha imaginación Jack-Jack… pero espera, haré algo para que quede más claro.

La vulpina se acercó al rostro del mamífero de rayas y este se quedó pasmado, a pocos metros de su rostro, ella le guiñó y se acercó un poco más, y luego, un poco más… y luego…

—¡Lo tengo!

Ella se levantó enseguida del asiento, él seguía empotrado en el respaldo y con su corazón latiendo más rápido de lo normal. Pero luego vio a la mecánica con un control remoto en la pata, apuntó al techo del lujoso auto y de este descendió una amplia pantalla.

—¿Alguna vez oíste hablar sobre un cine sobre ruedas?

La mente de Jack no se fundió de puro milagro, aunque necesitaba echarse un balde de agua fría para refrescar su cabeza.

—¿Quieres ver una película… aquí? —preguntó él confundido.

—Sí… ¿por qué no? ¿Qué dices?

Ella lo miró con una carita inocente, él suspiró aliviado y comprendiendo por fin sus intenciones, no tuvo ninguna objeción que poner y asintió.

—Claro, sería genial aunque… ¿es algo extraño usar una limusina para esto, no te parece?

—Bueno, si tienes algo más en mente —Le dedicó una mirada coqueta con su hocico mientras la punta de este rozaba su desnudo hombro—. Estoy abierta a sugerencias.

—¡No, no, no, la película está bien! Me refiero a que… simplemente es un lugar poco ortodoxo para esto, no es que me queje, claro.

—Bueno, no todos los días me dan a reparar una de estas bellezas, y ya que no estará aquí el siguiente miércoles, quería pasar un lindo momento contigo.

—Oh, ya veo, claro que así será Skye. —Rió nervioso—. Y a propósito, ¿qué película piensas ver?

—Oh, que buena pregunta, porque tenemos un pequeño problema sobre eso.

—La chica sacó una caja de cartón y la puso en sus piernas.

—¿Qué es…? ¿Son películas?

—Seh, por desgracia, esta cochinada sólo tiene un reproductor DVD, ¿quién usa DVD en estos días?

—Yo aún lo uso.

—Pero tú estás viejo, no cuentas… —respondió mientras registraba las carátulas.

—¡Hey!

—El punto es que sólo tenemos estas películas, la mayoría son clásicos de Disney… espero no te importe.

—Para nada, por mi está bien, de hecho una de mis películas favoritas es de ellos. ¿No tendrás de casualidad la de "El planeta del tercer oso"?

—No, no la tengo, esa película es rarísima… pero está buenísima Jack. Hasta que por fin veo que tienes buen gusto en algo.

—¡Oye!

La vulpina rodó los ojos y siguió buscando algo bueno que ver pero ninguna le convencía. La liebre se unió a su labor y rápido acabaron de revisar los discos, hasta que algo atrapó la vista de la chica y cuando intentó tomarla, la pata de Jack se posó encima de la suya.

—Vaya, dos veces en un día, nada mal Jackie, nada mal. ¿Entonces quieres ver Mula-Ann?

—Sí, me parece bien, ¿a ti te gusta esa película?

—Claro, es de mis favoritas, una hermosa pero determinada mula se une al ejército en lugar de su padre y se hace pasar por un chico para derrotar a los Hurones y salvar el país de los pandas. Es casi como lo que estás haciendo tú; al menos en la parte de hacerse pasar por un macho. —se rió

—Ja, ja; muy graciosa Skye.

—Lo sé, lo sé. En lo que pongo la película, tú saca unas botanas y refrescos del mini bar.

—¿Segura? ¿No se enojarán que tomes cosas de ellos?

—No, de hecho me dijeron que agarrara lo que quisiera, pero los muy listos se llevaron el alcohol, espero no te importe.

—No, no; para nada. Iba a tomar agua de todos modos.

—Buuu, aburrido.

Después de que cada quién hizo su parte, ambos mamíferos estaban acomodados uno al lado del otro, sentados a sus anchas lo más relajados posibles mientras que las bocinas emitían los diálogos de la cinta y el lujoso auto estaba en penumbras salvo por la tenue luz que emitía la pantalla y daba una apariencia de ser un cine de ratones.

—Skye…

—¿Sí enano? —masculló mientras comía unas botanas saladas.

—Olvidaste cambiar el idioma.

—No, no lo hice, prefiero verlo con el audio original.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿No te gusta doblada?

—A mí no, pero parece que a ti sí que te gusta la doblada…—Arqueó la ceja y sonrió ladinamente.

—¡Me refiero a la película Skye! —bramó molesto—. Las voces y hasta las canciones fueron traducidas y se oye genial, son un clásico, tú misma lo dijiste.

—Sí pero lo hicieron mal, no son los mismos diálogos y la letra no es tan fiel a la original; me gustaba de niña… ahora no tanto.

—¡Pero es una película infantil! No tiene caso fijarse mucho en nimiedades.

Skye bufó aburrida, puso pausa y miró a la quisquillosa liebre

—Mira, hagámos algo, Jack al que le gusta la doblada

—¡Feh! —espetó.

—Somos adultos, resolvamos las cosas como tal para ver que audio escucharemos, ¿de acuerdo?

—Ok.

Dicho eso, la acalorada discusión terminó cuando la vulpina ganó un maduro e intenso juego de piedra, papel o tijera. Skye reanudó la cinta con una mueca victoriosa y Jack se quedó comiendo almendras sazonadas de mala gana.

—Estúpida piedra. —pensó él irritado.


A pesar de la molestia original del detective, él disfrutó por igual la película, pues aún recordaba parte de los diálogos y las canciones, por lo que no tuvo problemas, aunque aún así sentía que faltaba algo. Su oreja se alzó al escuchar un ronquido de parte de su compañera; parece que comer tantas nueces a esa hora no fue buena idea, pero ahí, una idea malvada cruzó por la cabeza del maquiavélico Jack Savage. Con mucho sigilo, estiró su pata hacia la de Skye y con suma minuciosidad le arrebató el control remoto; antes de hacer nada, confirmó que ella siguiera en el séptimo sueño, y así fue, se veí hermosa y linda durmiendo como un bebé; rápidamente, agitó su cabeza y miró a la pantalla para cometer su terrible crimen. Cambió el audio a una lengua entendible para él y justo a tiempo, iba a comenzar una de las secciones predilectas de la cinta; todo estaba ocurriendo a pedir de boca.

—Ni creas que me quedé dormida, regrésala ahora mismo pillín —lo amenazó la chica con una voz somnolienta.

Demasiado bello para ser cierto. La presa rayada suspiró hastiado.

—Vamos, ni siquiera la estás viendo.

—Claro que sí. —Bostezó—. Sólo descansaba los ojos.

Esto... —Se escuchó una voz proveniente de la pantalla— significa disciplina… Y esto, significa fuerza…

—¿Sí? ¡Cómo no! Vuelve a dormir y déjame disfrutar esta canción, es mi parte favorita.

Necesitan ambas para alcanzar la flecha.

—¿Ah sí? ¡Pruébalo!

Jack frunció el ceño, ¿cómo rayos se demostraba eso? Skye exigió el control remoto con una mueca ganadora.

Hay un largo camino que recorrer… —dijo el apuesto comandante Shang en la película.

La música de la emblemática escena comenzó a sonar; él le entregó el mando de mala gana y la vulpina estaba por cambiar el audio a la cinta hasta que escuchó una voz distinta a la película. ¡Jack había empezado a cantar!

Hoy la lucha empieza, ésa es la misión

Niñas me mandaron para tal acción

Es la chusma peor que he visto aquí

Entenderán lo que es virtud

Hombres fuertes de acción serán hoy

Skye se quedó boquiabierta ante lo que acababa de presenciar. Pese a que la liebre no se sentía muy afinado o cantando al tono, se encontraba feliz recitando una de sus canciones favoritas de la infancia. No abrió los ojos temiendo que si lo hacía y veía a la hembra, perdería el valor que le costó ponerse a cantar algo tan bochornoso. Y continuó con un poco de más seguridad

Mantener la calma en la tempestad

Siempre en equilibrio y en vencer pensar

Son patéticos, escuálidos

Nunca entienden qué pasó

Hombres fuertes de acción serán hoy

Aunque la liebre desafinó la última nota, no pudo evitar ver a su instructora a la cara y observó sin mucha sorpresa como ella cubría su rostro con ambas zarpas ocultando la enorme sonrisa que el acto del serio y estoico detective había causado en ella. Jack se disponía a cantar la siguiente parte que combinaba diálogos de los personajes, pero lo que no espero es que la hembra le tapara la boca y se pusiera a canturrear en su lugar.

No puedo casi respirar. —canturreó Skye.

Sólo pido despedirme. —Jack respondió enseguida y fingió una voz grave.

En deporte siempre fui una decepción. —Ella imitó la aguda voz de Ling.

De miedo los va a matar. —Savage emuló a Mushu.

Que no vaya descubrirme. —La zorrita vocalizó dulcemente como Mula-Ann.

Ojalá supiera yo de natación... —La liebre se extendió en la última palabra como en la película.

Skye tomó el control remoto como si fuera un especie de micrófono y cantó el coro intercambiando versos con Jack.

(Hombres ser) Debemos ser cual veloz torrente

(Hombres ser) Y con la fuerza de un gran tifón

(Hombres ser) Violentos como un fuego ardiente

Cumpliendo muy misteriosos la misión

Tras esto, la zorra ártica se adueñó del improvisado micrófono y cantó la siguiente estrofa como solista e imitando a Shang.

Pronto ya los hunos nos van a atacar

Pero si obedecen se podrán salvar

Mientras seguían entonando, tomó a Jack de las solapas y fingió cargarlo con desprecio. Él sólo la miró divertido tratando de no reír para que Skye no perdiera la seriedad con la que cantaba.

Tú no sirves en la guerra cruel

A empacar, no hay tal virtud

Hombres fuertes de acción serán hoy

Ella lo soltó con brusquedad haciendo que la liebre rebotara contra el respaldo del sofá mientras alargaba la última palabra de la estrofa. Nuevamente entonaron el coro pero empezando por Jack, luego intercambiando con Skye y así.

(Hombres ser) Debemos ser cual veloz torrente

(Hombres ser) Y con la fuerza de un gran tifón

(Hombres ser) Violentos como un fuego ardiente

Cumpliendo muy misteriosos la misión

Jack tomó a la vulpina del hombro y se balanceó de un lado al otro cual si estuvieran en un concierto, al mismo tiempo, ella sacó su celular y lo alzó con la pantalla encendida. Entre risas, ambos cantaron el coro final al unísono y con una gran potencia vocal.

(Hombres ser) Debemos ser cual veloz torrente

(Hombres ser) Y con la fuerza de un gran tifón

(Hombres ser) Violentos como un fuego ardiente

Cumpliendo muy misteriosos la misión

—¡Fua! —bramó la zorra, extendiendo los brazos e imitando la pose final de los soldados en la película.

—¡Auch!

Skye y Jack concluyeron la canción pero sin darse cuenta, la vulpina soltó un fuerte puñetazo que por desgracia fue a parar a la nariz de la liebre.

—¡Dulces moras! ¡Jack! ¿Estás bien?

—Ja, ja, ja… —se carcajeó recostado en el cómodo asiento mientras se sobaba su naricilla— Olvida eso Skye, estoy bien. —Le mostró un pulgar arriba—. Quitando el golpe, ¡fue sensacional!

—Je, ¡dímelo tú! ¿El amargado y serio Jack Savage cantando? ¡No lo hubiera imaginado ni en un millón de años! Ojalá te hubiera grabado, pero no hace falta… ¡Jamás lo voy a olvidar! —exclamó con gran asombro.

—Bah, ¿qué dices? —Se rascó la nuca con vergüenza—. No es la gran cosa… y creo que desafiné bastante.

—Oye, claro que no… bueno, sólo las partes más altas, no serás Cristian Castor, pero tampoco cantas mal las rancheras. Yo cantaba más feo que tú.

—¿De qué hablas? No sonabas tan mal.

—¿Tan mal? —Le replicó con los brazos en la cintura.

—Pero sonabas muy bien, cantabas mejor que yo. Además, no esperaba que supieras la versión doblada, con eso de que te gusta la versión original...

—Bueno, pero también fui una niña, también vi la película traducida, y la letra era pegajosa, supongo que aún me acordaba. Es un clásico después de todo.

—Je, je; tienes razón Skye. ¿Eso quiere decir que podemos ver el resto de la película doblada?

—Ja, ja, ja, ay Jack-Jack, por supuesto que no.

La liebre bajó las orejas y bufó de malhumor, aunque aceptó sin replicar y feliz las condiciones de la hembra, en el fondo se sentía satisfecho de que la vulpina lo hubiera acompañado en su pequeño show.

Ambos animales se volvieron a acomodar en el confortable asiento de la limusina, esta vez Skye se sentó lo más pegada posible a Jack, él se sobresaltó un poco, pero no le prestó mayor atención. La hembra reanudó la película no sin antes cambiar el audio.


Jack estaba cabeceando medio consciente hasta que se dio cuenta que la pantalla de la limusina mostraba los créditos finales de la película. Largó un prolongado bostezo y frotó su cara para despertarse. Al voltear a su derecha, vio a una hermosa criatura blanca con beige.

Skye dormía apacible apoyada en su hombro y aferrada a su brazo con ambas patas; era lo más hermoso que hubiera visto en el día, se veía tan tranquila, tan… poco conflictiva, tan pura y tan inocente como nunca sería; su rostro estaba muy cerca del suyo, la idea de depositar un beso en su cara fue algo que cruzó por la cabeza de la liebre un par de veces; sin embargo, una parte de él le dijo que no era correcto.

—Skye… —murmuró con suavidad— despierta… ya terminó la película… Skye…

Pero nada, ella seguía en los brazos de Morfeo, y también a uno de los de Jack. Él lo pensó con más detenimiento y creyó que sería mejor no intentar despertarla, así que con mucho cuidado liberó su extremidad del agarre firme de ella para no interrumpir su sueño. Para evitar que no se torciera el cuello, tomó a la chica con delicadeza de la cabeza y la fue recostando con sosiego hasta que el cuerpo de la hembra quedó completamente recostado.

Antes de ponerse de pie, se quedó admirando de nueva cuenta su marcada silueta y disfrutó del aspecto tranquilo y sereno con que pocas o nulas veces había apreciado a su instructora, mecánica, amiga y ahora, una importante hembra en su vida.

Agitó la cabeza para quitar de su mente cualquier idea rara en ese momento, aunque sin darse cuenta, su cuerpo lo traicionó y observó perturbado como su pata acariciaba con el dorso el delicado pelaje de sus zorrunos pómulos; unos instantes después y muy a su pesar, se apartó de ella, pero antes de darle la espalda, su vista notó que la vulpina se estremeció involuntariamente.

—¿Tienes frío? —musitó más para él que para Skye.

Pensó que los zorros de su especie contaban con pelo lo suficientemente grueso para soportar altas temperaturas, pero al ver que ella portaba una remera sin mangas y se abrazaba así misma en busca de calor, no dudó en buscar algo para arroparla. A falta de una cobija o una manta, improvisó quitándose su saco negro, se hincó apoyando una rodilla en el piso y se puso a su nivel para cubrirla con su chaqueta.

—Buenas noches… Skye.

No resistiendose más a un desconocido impulso, besó su tibia frente por casi medio minuto, a esa proximidad su nariz percibió la deliciosa fragancia a vainilla que emanaba de su pelaje y otros deliciosos aromas que no pudo reconocer. Se apartó enseguida al sentir que estaba aprovechándose un poco de las circunstancias al mismo tiempo que experimentó un extraño y familiar vuelco en el corazón. Confundido, se alejó de la vulpina con prisa y con intención de abandonar el enorme vehículo, no sin antes apagar la pantalla y ver por última vez esa noche la delicada y pacífica figura de la hembra. Aún con poca luz, la inconfundible figura de ella la acompañaría en el resto de la noche.

Jack cerró por fuera la puerta sin hacer mucho ruido. Seguramente no hubiera despertado a la zorra, de no ser que ella nunca estuvo dormida en primer lugar; Skye entreabrió los ojos de mal humor.

—Eres un idiota Jack —farfulló con amargura y algo de frustración.

Pero luego, suavizó su rostro al recordar lo que pasó unos instantes atrás, acarició el lugar donde los labios de Jack la tocaron por casi una eternidad sintiendo una curiosa mezcla de regocijo y desdicha; luego se llevó la chaqueta de la liebre a su nariz y aspiró la embriagante fragancia varonil que emanaba de esta, el olor fue lo suficientemente intenso para dibujar una amplia sonrisa y tener la imagen mental de un torpe intento de macho en su cabeza.

Skye abrazó la prenda posesivamente e inhaló otra vez el agradable aroma que ésta desprendía; al cabo de unos cuantos minutos, la vulpina por fin concilió el sueño.


Nota del autor:

Espero no haga falta aclararlo, pero la letra de canción pertenece al tema Hombres De Acción (I'll Make A Man Out Of You) del álbum de Mulán (Soundtrack Latino). Y los derechos obviamente pertenecen a Disney y a sus respectivos dueños, así como los personajes y algunas referencias que los involucra a ellos. Todo fue escrito sin ningún fin de lucro.

Este capítulo está dedicado al valiente y 100% heterosexual comandante Shang (el tipo del que se enamora Mulán, pues xD) a quién se confirmó que no lo veremos en la versión Live-Action de Mulán.

Q.E. P. D. Comandante Shang (1998~2018)