Capítulo 6: En la segunda caja lo atienden
~12mo miércoles~
—¡En esa cola, yo si me formo! —gritó en la esquina un albañil.
—Skye… grrrr… —gruñó el detective—. No está funcionando.
—Claro que sí Jackie —comentó la chica, agarrada del brazo de la liebre— es el primero en 3 cuadras que me lanza un cumplido gracias a usted, ¡oh mi noble caballero de radiante armadura! —dijo con ironía.
—No sé porque teníamos que venir por aquí… ¡o por qué tenías que usar shorts cortísimos para ir a la tienda hoy!
La hembra sólo se carcajeó de lo lindo.
—¿Qué crees que soy, una monja? Yo visto como se me da la regalada gana y con este calor no voy a salir tan tapada… además, con la cara que pusiste cuando me viste pensé que te gustaban.
—No… para nada… —dijo con un nudo en la garganta.
Jack y Skye circulaban agarrados del brazo por las calles de Plaza Sahara. Las lecciones para ser un macho duraban cada vez menos pero las visitas de la liebre se prolongaban mucho más; ya se había hecho costumbre que merendaran juntos y se quedaran a platicar un rato en el taller de Jerry después de sus clases y antes de que la liebre regresara a casa. Como la vulpina se había quedado corta de bocadillos, partieron juntos a la tienda de Don Chepe, a tan solo 16 cuadras de distancia, pero debido a la temperatura ambiental de la zona y pese a que comenzaba a oscurecer, Skye optó por cambiar su desgastado overol por unos cortos shorts de mezclilla, una remera negra sin mangas y una gorra rosa para hacerle juego y no sentirse tan 'destapada'; al principio, Jack no puso objeción al respecto, maravillado por la belleza magnética de la hembra, aunque el gusto no le duró mucho cuando a unas pocas cuadras de ahí, las miradas lujuriosas de otros machos y comentarios floridos no se hicieron esperar, hirviéndole la sangre a la liebre.
—Bonitas piernas, ¿a qué hora abren? Ja, ja, ja, ja…
Jack apretó los dientes y volteó para hacer frente al atrevido constructor, aunque no pudo evitar admirar la creatividad de su comentario; pero rápidamente sacudió ese pensamiento de su cabeza. Por su parte, Skye se moría de risa internamente por las reacciones de la liebre y como se aferraba posesivamente a su antebrazo. Ella, consciente de su belleza, no era extraña a los piropos y las vulgaridades de algunos machos estúpidos, pues generalmente, ella sabía tratar con esa clase de escoria: lo más fácil era ignorarlos olímpicamente, pero si algún graciosito se sobrepasaba, ya tenía cientos de insultos y respuestas ingeniosas para acallar a esos mamíferos que pensaban con la entrepierna, y si eso no bastara, la llave de 3/8 que cargaba siempre en su bolso era una interesante alternativa.
Sin embargo, en ese momento quería saber que haría Jack. Pese a su carácter explosivo del que había sido testigo desde hace varios miércoles y la imprudencia que lo caracterizaba, Jack se había aferrado sin preguntarle a su pata, fingiendo ser algo más que un amigo.
—¡Oye socio, preséntame a tu hermana!
—Ppppfff… je, je, je…
—Infeliz… —apretó el puño conteniendo su rabia—... ¡Y tú no te rías Skye!
Por desgracia, la diferencia de estaturas respecto a la hembra y que ese día traía ropas muy casuales y juveniles, lo hacía parecer más un pariente de la atractiva fémina en vez de un prospecto.
—Ay, no te enojes, hermanito —Le dijo en un tono fraternal y exagerado—. Si te portas bien tu dulce hermana mayor te comprará unos helados saliendo de Don Chepe —Tocó su naricilla con un dedo por un breve instante—. ¿Qué dices chiquitín?
—¡Al demonio con Don Chepe! ¡Compraremos el café y el pan en ese Osso de una maldita vez!
—¡Auch, auch, auch! —Se quejó la chica—. ¡Espérate idiota, no me jales que se me cae la gorra! ¡Jack! —bramó disgustada.
La orgullosa liebre no iba a soportar más situaciones incómodas hasta llegar a la miscelánea de ese viejo lémur regordete y optó por entrar con la hembra a regañadientes a un amplio edificio rojo con amarillo conocido como Osso, una famosa franquicia de tiendas de conveniencia abiertas las 24 horas.
—¡Suéltame enano! —La vulpina se zafó enseguida y le regresó una mirada fúrica—. ¡No me vuelvas a jalar así nunca más! ¿Quedó claro?
—Baja la voz, hermanita. Asustas a los clientes.
—Eres un… —Skye levantó ambas palmas, tomó una bocanada de aire y se acomodó su rosado gorrito—… Ok, creo que fue justo, bien jugado infeliz; pero hablo en serio. —Lo señaló con un dedo— Nunca en tu vida vuelvas a hacerme eso.
—De acuerdo.
—¿Y qué rayos hacemos aquí? Sabes lo que opino de estas tiendas, cualquier cosa que compremos aquí nos costará más que el doble, ¡no! el triple de su valor que si fuéramos con Don…
—Mira, no estoy de humor y ya entramos aquí, compremos todo de una maldita vez y regresemos al taller. Es más, por el dinero no te apures, yo pago todo hoy.
La zorra lo miró aún resentida por lo de hace unos minutos, ella estaba muy divertida por las acciones celosas de la liebre, pero el muy imbécil debía arruinar su diversión y tratarla cual si fuera de su propiedad y eso no le gustaba para nada; ya se desquitaría con él cuando salieran de esa fea tienda. No le quedó más de otra que destensar los hombros y dar un suspiro.
—De acuerdo, si tu pagas. Llevaré el café más caro entonces, hermanito.
—Yo buscaré las galletas saladas, tus favoritas, hermana mayor.
Skye soltó una risa socarrona.
—No tientes tu suerte, enano —respondió más molesta que feliz.
Ambos mamíferos se dividieron en busca de cada artículo. Para ser una tienda de conveniencia, era bastante amplia, tenía estantes muy altos similares a los de un supermercado aunque más angostos. Ninguno de los dos había entrado a esa sucursal, por lo que no les era fácil encontrar cada producto; mientras que la vulpina optó por buscar por su cuenta el susodicho café, Jack prefirió preguntar a una empleada que estaba en un amplio mostrador hasta el fondo del establecimiento y muy apartado de la entrada, parecía ser la única cajera del turno, era una liebre de pelaje gris claro, era muy joven y alta, casi de la misma estatura que el detective de franjas oscuras.
—Buenas tar… noches señorita —saludó Jack con educación—. ¿Podría…?
—Disculpe señor —lo interrumpió sin voltear a verlo, revisando su teléfono móvil—. En la segunda caja lo atienden… cuando regrese mi compañero.
—No linda, no vine a pagar aún…
Jack se pausó un momento, juraría haber escuchado a alguien decir (o maldecir) su nombre. Se dio la vuelta pero no vio a nadie, al revirar notó que la tienda de hecho estaba prácticamente vacía, sólo tres mamíferos que alcanzó a ver, además de Skye y él, estaban ahí de compras. Sacudió la cabeza pensando que había oído mal y habló con la empleada de nueva cuenta.
—Perdón señorita, sólo quisiera saber en qué pasillo están las galletas.
—El tercer estante de la derecha, al fondo.
—De acuerdo, muchas gra…
De súbito, las orejas de Jack se tensaron, en esta ocasión sus sensibles receptores auditivos escucharon con claridad un sonido que le paralizó el corazón una centésima de segundo: era el inconfundible ruido de alguien revolviendo casquillos y preparando armas de fuego, apenas audible pero sabía que venía de afuera de la tienda.
—¡No puede ser!
Dirigió la vista de inmediato al estacionamiento del lugar y a través de las puertas transparentes notó cómo una furgoneta negra y sin placas acababa de aparcar enfrente del lugar.
—¡Señorita, encienda la alarma silenciosa! —exigió Jack apresurado.
—¿Qué dice? ¿Es esto una…?
—¡No me cuestione! —la cortó iracundo— ¡Active la alarma contra robos y escóndase!
—¿¡Un robo!? —exclamó la hembra.
—¡Skye! —la llamó desesperado.
La liebre miró de reojo como la camioneta abría la puerta del copiloto y sin prestar más atención, corrió a ver a la zorra; la localizó rápidamente por medio de los espejos convexos instalados por seguridad en la tienda.
—No molestes Jack, no encuentro el estúpido café en esta…
—¡Cierra la boca y escúchame Skye! Debemos…
—¡Vas y callas a la más vieja de tu casa, pero no a mí, pelado! —gritó furiosa la zorra, tomando a Jack de la camisa. Seguía aún molesta con la liebre y exigir silenciarla sólo aumentaba más su ira.
—¡No tengo tiempo para esto Skye! —Tomó a la hembra de las muñecas y las retiró con brusquedad—. ¡Están a punto de asaltar el lugar y no tengo con que defendernos, dejé mi arma en la guantera, tenemos que salir de aquí…!
Las orejas del detective resonaban con el sonido de varias pisadas, otros sonidos de armas de fuego y el azote de las puertas de una camioneta.
—¿¡De qué demonios hablas Jack!? ¡Deja de bromear que no te creo nada!
—¡No estoy jugando Skye! ¡Ya no hay tiempo, salgamos por el área de…!
La presa intentó tomar a la vulpina del antebrazo para jalarla, pero esta se resistió.
—¡Skye!
—¡Te dije que no dejaría que me volvieras a poner las patas encima!
—¡No es momento de…!
La luz de la tienda se apagó súbitamente y sólo era iluminada por los escasos rayos del atardecer que entraban a la tienda. Jack sabía que era obra de los criminales; el tiempo se le acababa y temía por la seguridad de ella. Pese a la pobre iluminación, detrás de la testaruda chica vio la puerta abierta del cuarto de limpieza. Nervioso por la falta de tiempo y el pánico, una idea improvisada se cruzó por su mente.
—¿Qué demonios está pasando Jack? —inquirió la hembra un poco asustada.
—Lo siento mucho Skye.
—¿Qué? ¿Por qué…? ¡JACK!
—Perdóname, pero es por tu bien.
El detective no dudó un segundo y tomó a la mamífera más alta por las piernas; la cargó cual si fuera una novia pero en contra de su voluntad.
—¡¿Qué haces hijo de tu conejuda madre?! ¡Bájame en este instante ca…!
La situación no le permitió ser caballeroso o tener delicadeza; dio unos pasos, entró a la reducida habitación y arrojó a la hembra furiosa al suelo cual si fuera un costal de papas.
—¡Argh! —chilló por el impacto mientras sobaba sus posaderas—. ¡Malparido, grandísimo pedazo de…!
Antes de que dijera algo más, él le cerró la puerta en la cara y con la escoba que había tomado antes, trabó la puerta por fuera, ignorando los insultos bien merecidos de la vulpina y los portazos que ella emitía desde adentro. Sin más tiempo que perder, Jack alcanzó a ver con poca luz su destino y llegó al mostrador de la tienda en tres saltos y con brusquedad embistió a la cajera de orejas largas, ambos quedaron en el suelo y no era posible verlos desde fuera de la caja de pagos.
—¡Ay! ¿¡Pero que chícharos le pa…!? ¿Tú? ¡Mph!
Jack le cubrió la boca con su pata y la miró fijamente.
—Guarda silencio por favor y respóndeme, ¿activaste la alarma como te pedí?
Ella asintió temerosa.
—Perfecto; ahora, quítate la camisa —ordenó sin tacto.
Lo que recibió en su lugar fue una fuerte cachetada. Jack soltó una maldición, enseguida sacó la placa de policía que tenía atada al cuello y escondida dentro de la remera.
—¿Alcanzas a ver esto? Soy el detective Savage, juro que es un asunto policíaco; tengo un plan para ganar algo de tiempo, pero necesito tu…
—¡Manos arriba y patas en la barriga, hijos de perra! —bramó una voz grave y amenazante.
—¡Aaaayyyyy! —Se escuchó el grito lastimero de una hembra.
—¡No se muevan o los quebramos! —Otro macho los amenazó seguido del sonido de un arma siendo cargada.
—¡Rábanos! —murmuró Jack— ¡Ya están aquí…! En serio yo…
Pero no hubo necesidad de repetirlo, la cajera ya se estaba desabotonando su uniforme de trabajo rojo. La liebre miró para otro lado mientras él se deshacía de su propia camiseta con una preocupación más grande rondando en su cabeza.
—«Espero que funcione; ojalá la policía no tarde y… que no encuentren a Skye» —pensó angustiado.
La oscuridad en el recinto duró poco cuando las luces se reencendieron gracias al generador de emergencia, pero este sólo alimentaba la iluminación del Osso y los refrigeradores, no el servicio de red o la alarma de seguridad.
—¡Ustedes, al rincón! —Les indicó golpeadamente un animal alto y de extremidades alargadas que parecía un zorro; él ordenó a todos con una pistola de 9mm en pata—. ¡Ahora!
Los únicos 3 mamífero desarmados hicieron caso mientras les apuntaban otros 2 cánidos. El líder era en realidad un aguará guazú, un extraño cánido que parece una combinación entre un lobo con un zorro; era un depredador de pelaje rojizo pero pardo en el hocico, patas y espalda; tenía una distintiva cicatriz en forma de cruz en la mejilla derecha.
—¿Qué esperas, qué te meta una bala? ¡Avanza perra! —Un agresivo coyote intimidó a una cierva que caminaba despacio.
—Ya voy, ya voy ya…
—¡Agacha la cabeza y no veas nuestras caras, perra! ¡Y si se te ocurre gritar, te vuelo los sesos ahora misma pen…!
—¡Wile! Él único gritando aquí eres tú; cállate de una vez y deja a la tipa en paz, idiota. —Un chacal de menor estatura lo interrumpió.
—¡Y tú no me digas qué hacer, perra!
—¿No sabes decir otro insulto donde no metas a tu madre?
—¡Hijo de…!
—¡Ya basta los dos! —el aguará guazú y líder los interrumpió— Se insultarán una vez que acabemos el golpe, puede que tengamos menos de quince minutos antes de que vengan los maricas de azul. No veo a nadie en la caja, así que puede ser que hayan ido a pedir ayuda, si no es que ya huyeron los malparidos.
—¿¡Qué!? —ambos criminales espetaron.
—Tranquilos, es un contratiempo esperado, eso no nos afectará si nos apuramos; nos dividiremos y seguiremos con el plan. —El cánido rojizo miró fijo a sus dos subordinados—. Lucas, limpia las cajas y cuando termines, busca a los encargados, quizás aún sigan aquí; Wile, lleva a los rehenes al rincón, amárralos para que no intenten nada estúpido y si ves una hembra linda, ya sabes que hacer, sino, sólo quítales cualquier cosa de valor; y Bob, ¿me copias? —El aguará guazú le habló a su comunicador— Vigila bien afuera, que nadie salga o entre al Osso, ¿entendido?
—¡Sí hermano! —El coyote alzó su arma con aprobación.
—¿Qué harás mientras, Gran O? —preguntó el chacal a su jefe.
—Buscaré al gerente, le sacaré la clave de la caja fuerte… por las buenas… o por las malas. —Rió sádicamente mientras sacaba unas filosas garras de sus patas y sonreía mostrando los colmillos.
Ambos depredadores presentes y una voz proveniente del comunicador del aguará guazú rieron como hienas.
—¡Ya, ya, ya; no perdamos el tiempo! —ordenó su líder—. Apresúrense.
Los delincuentes se fueron corriendo hacia sus objetivos a excepción del chacal de lomo negro conocido como Lucas, el caminó sin prisa al mostrador de pagos con una Walther PPK en pata, una pistola pequeña, pero versátil para un animal de su estatura. Se acercó a la caja de pagos confiado y, en ese instante vio un par de orejas largas y rayadas sobresalir del borde de la mesa, en un intento torpe por esconderse.
—¡Muéstrate o dispararé a la de tres! ¡Una…!
Antes de llegar al dos, una nerviosa liebre se asomó desde su escondite improvisado, la temerosa presa se mostró ante el malhechor portando la camisa roja con amarillo característica de los empleados de esa tienda de conveniencia. El animal de más baja estatura tenía las orejas caídas, una nariz temblorosa y unos ojos que miraban con terror al depredador de pelaje ocre.
—¡Bu-buenas tardes señor! —tartamudeó el cajero en un intento por controlar su ansiedad—. A-a-ahora mismo no-no-no estoy cobrando, pe-pe-pero cuando regrese mi compañera le atenderá con gusto en la se-se-segunda ca… ¡Ay, ay!
—¡No te pases de listo conmigo, conejito! —el criminal apuntó hacia su frente—. Estoy más que seguro que estás al tanto que esto es un asalto y… ¡No mires mi rostro o te mueres mariquita!
—S-s-s-sí señor ladrón, lo intentaré.
—¿Ladrón? Oh, para nada, somos más que unos vulgares ladrones más del montón, somos artistas del crimen… errr… —el chacal enfocó la vista a la identificación de la liebre que estaba en su pecho y leyó su nombre— ¿Leslie? ¿Qué ese no es nombre de hembra?
—Oh, no, no, claro que no —tragó grueso—, es nombre de macho, así también se llama mi padre y su padre, claro que es un nombre muy varonil.
—¿Ah sí? Pues yo salí con una pantera que se llamaba Leslie y me consta que era una hembra… ¡y que hembra! Tenía un hocico que hacía maravi… —El chacal empezó a babear, más luego agitó la cabeza contrariado— ¿Por qué diablos te digo esto? ¡Entrégame el maldito dinero enseguida!
—¡Ya voy, ya voy! Deme un… aaaaahhhhhhhhhhhhh…
La liebre soltó un extraño gruñido característico de un conejo mientras apretaba los dientes, sonó más como un especie de gemido. Y uno placentero.
—¿¡Qué demonios fue eso!? —preguntó el criminal confundido.
—Nada… —se apresuró a decir el cajero casi sin voz, apoyando ambas patas en el mostrador e inclinando un poco su cuerpo hacia el chacal, este último tomó el arma y apuntó otra vez hacia su cabeza.
—¡Te dije que no intentaras nada conejito! ¿Por qué te retuerces así? ¿Y por qué tienes esa cara de felicidad en un momento como este?
Efectivamente, el animal de rayas hacía un esfuerzo por no sonreír, como si estuviera conteniendo la risa u ocultara un rostro placentero. Lucas sintió que había algo raro en ese cajero. Y de pronto, escuchó un raro y constante ruido, parecía que alguien comía o mordía algo cerca de ahí.
—¡No estoy feliz, estoy nervioso! —le respondió con un tono más firme— Me apuntan con un arma y siento retortijones aquí abajo.. ¡e-e-en el estómago! —corrigió nervioso— el estómago sí… ahhhhh… —volvió a gimotear— desde la mañana no ha dejado de dolerme, ¿qué podría…? —tragó grueso— Ay mamá…
El chacal apuntó su PPK a la barbilla de la angustiada presa y este se paralizó enseguida pero sin dejar de mover su nariz.
—Algo ocultas Leslie, ¿qué es?
La liebre, como por reflejo, pegó su pelvis contra el mostrador.
—¡Nada! —contestó enseguida, casi a gritos.
—¡Conejo estúpido! ¿Crees que nací ayer? ¡Es obvio que ocultas algo allá abajo entre tus…! —El malhechor cayó en cuenta de algo y soltó una carcajada— Ja, ja, ja; oh, vaya, vaya, ¿con qué era eso no? ¡Conejos lujuriosos debían ser! ¡Estaba seguro que había visto a alguien más en la caja! ¿Está allá abajo no? ¡Déjame ver…! —comentó emocionado.
—¡No, no, no, no! —replicó enseguida la afligida liebre mientras se pegaba más al mueble— ¡No se acerque más! ¿Quiere el dinero? ¡Se lo daré todo, pero por favor no se le...! ¡Glup!
—¿¡Crees que estás en posición de decirme qué hacer, bastardo!? —Presionó más la punta del cañón a su mentón— Retrocede y déjame ver, y más vale que sea una chica lo que esté ahí abajo porque si no…
—No puedo…
—¡Repítelo, anda te reto a que le vuelvas a decir no al tipo del arma en…!
—¡No, de verdad, se lo juro, literalmente no puedo apartarme de…! Estoy… atorado… —agachó la mirada con vergüenza— ¿Tú entiendes, no?
—¿Qué? ¿De qué rayos hablas pedazo de...?
—No… puedo yo… tendrías que acercarte más para que veas porque no...
El criminal apartó el cañón de la mandíbula de la asustada liebre pero no dejó de apuntarle, luego dirigió su vista hacia la cintura del apenado cajero.
—¡No veo nada desde aquí!
—Acércate más…
—¿Qué?¡No voy a…!
Pero los incesantes ruidos lascivos provenientes de la cintura del dependiente del Osso nubló su juicio; la curiosidad y el morbo lo atormentaba. Estiró más su cuello para ver que ocultaba esa extraña liebre.
—No veo...
—Acércate más...
El pervertido chacal aproximó su rostro más hacia la presa hasta que su mentón quedó sobre el mostrador.
—Dije que… ¡TE ACERQUES MÁS!
Sin que el truhán se hubiera percatado, Jack lo tomó de la solapa de su camisa y lo jaló con brusquedad hacia abajo, azotando la cara del criminal contra la dura mesa de madera.
—¡Argh! —chilló Lucas— ¡Ugh! ¡Ahhhhh! ¡Auauauau...!
Antes de que la cabeza golpeada del criminal se irguiera por el terrible dolor, la otra pata de Jack le torció la muñeca y provocó que soltara el arma; sin darle tiempo de reaccionar, el supuesto cajero le acomodó un fuerte puñetazo en el rostro haciendo retroceder muy aturdido al chacal al que ya se le asomaba un par de gotas de sangre en el hocico.
—¡Maldito desgraciado! ¿Quién te has creído ca… ?
La presa de franjas negras saltó del mostrador y, apoyado en sus extremidades delanteras, dio un potente impulso que lo colocó a pocos metros de su agresor, ahí soltó una enérgica patada nuevamente a la cara del cánido.
—¡Sólo soy el cajero! —alcanzó a decir la liebre antes de conectar tan contundente ataque.
El criminal se desplomó inconsciente mientras que la atlética presa tomó unas bolsas de plástico de la caja y lo maniató con ellas; luego revisó la chaqueta del depredador desmayado en busca de más armas pero sólo encontró cartuchos de balas, cigarrillos y una revista para adultos.
—"Play-Bunny" —Leyó Jack la portada— ¿Por qué no me sorprende?
Sin demora, el detective miró para ambos lados, cerciorándose de que no había sido descubierto y regresó de un brinco al mostrador; abrió las puertas de un cajón donde se había ocultado la verdadera cajera, justo debajo de la caja registradora.
—¿Leslie?
—¿Sí detective? —preguntó la chica desde adentro y aún masticando ruidosamente una goma de mascar como le había indicado Jack. La liebre no se sentía muy orgulloso de un plan que sonaba a idea de Skye, pero fue lo mejor que se le ocurrió en ese momento; y le alegraba que hubiera funcionado—. ¿Se encargó de todos los malos?
—Uno menos, faltan tres. ¿Cuánto tardará la policía en venir?
—En el último asalto tardaron más de 20 minutos en llegar.
—¿¡20!? ¡No tenemos tanto tiempo! —metió la pata al bolsillo—. Mira, toma —le entregó su celular— llama al número que dice Bogo y dile que hay un 10-13 en la dirección de este lugar y necesito refuerzos, oficial desarmado.
—¿Es una amigo tuyo? ¿Vendrá a ayudarte?
—Errrr… algo así… tú escóndete y haz lo que te pedí por favor.
Sin tiempo que perder, el cajero temporal del establecimiento miró hacia uno de los espejos convexos de la tienda y dio rápidamente con el tal Wile, un coyote de temperamento fuerte que estaba amarrando con una cuerda a los cuatros clientes del Osso: Una yegua, una burra, una cierva y un dingo.
Jack se dirigió con sigilo y agilidad hacia donde estaba el temible depredador y buscando a los otros dos asaltantes, mas no los encontró. En poco tiempo llegó a donde estaban los mamíferos cautivos y se asomó apuntando con el arma que le arrebató al chacal, pero su captor ya no estaba con ellos. Cuando los animales vieron a la liebre, se comenzaron a agitar y pedir que los liberaran, pero él sólo les indicó que guardaran silencio. Sin bajar la Walther, Jack se hincó para hablar con los rehenes sin hacer mayor ruido.
—¿Dónde está? —susurró.
—Se fue hacia allá —la yegua cautiva señaló con su hocico el pasillo que daba a la entrada.
—¡Diantres!
El detective Savage se puso de pie y se disponía a regresar por donde vino, pero una voz lo detuvo.
—¡Libérame por favor, antes de que regrese! —exigió un desesperado dingo que no paraba de patalear.
—Tranquilízate y baja la voz, primero debo encargarme de él y de sus compañeros, regresaré por ustedes una vez que sea seguro.
—¡No por favor, no te vayas! —suplicó afligido.
—Guarda silen…
Sus orejas se levantaron al escuchar peligro cerca.
—¡Rábanos! ¡Argh!
Una zarpa estuvo a nada de arañarle los ojos, pero Jack saltó hacía atrás y sólo se llevó un rasguño superficial en uno de sus brazos, enseguida, sintió como el nervioso dingo pateó el arma que traía en la mano y esta se deslizó debajo de uno de los anaqueles. Jack miró con enfado al torpe rehén y luego encaró al otro cánido que lo amenazaba a punta de cañón.
—¿Pero qué tenemos aquí? ¡Un héroe! Veo que la perra de Lucas se confió otra vez, pero para eso me tienen a mí, perra. ¡Ahora…!
Una risa espontánea interrumpió al criminal.
—¿De qué te ríes, perra? —cuestionó furioso—. ¿Te parece gracioso que esté a punto de llenarte los sesos de plomo, perra? —amenazó el coyote a punta de cañón tratando de sonar lo más intimidante posible.
Pero la liebre sólo volvió a reír, poniendo a todos los presentes nerviosos.
—¡Idiota, cállate; harás que nos maten a todos! —el cánido amanateado reprendió.
—¿¡Qué es tan gracioso, perra!?
—Oh, nada; sólo me asombra tu variedad de insultos, ¿No te sabes otro? ¿O es el requisito para comenzar a delinquir?
El criminal apuntó al rostro de Jack sin miramientos y el resto de los rehenes gritó aterrados.
—¡Cállense! —Redirigió el cañón de la pistola hacia los animales amaniatados sin quitarle la vista al atrevido tendero.
—¿Sabes? —comentó el supuesto cajero sin preocupación— La próxima vez que asaltes un Osso, deberías robarte un diccionario…
Uno de los presentes ahogó una sonora carcajada, lo que hizo rabiar aún más al delincuente.
—¡Eres conejo muerto… pe… pe…! —El criminal se ofuscó al no encontrar mejor insulto.
Aprovechando la fracción de segundos que el coyote se distrajo, Jack intentó arrebatarle el arma tratando de torcer su muñeca como lo hizo con el otro criminal, pero esta vez, la pata del depredador no cedió y tras esto decidió acabar con la vida de la presa con un tiro a la cabeza; sin embargo, la liebre no se lo dejaría tan fácil, le dio un veloz golpe de karate con su pata derecha haciendo que el coyote apuntara contra su voluntad hacia al suelo, soltando un disparo que sobresaltó a todos los presentes.
—¡Muere pe…!
—¡AAAAYYYYYYY!
Se escucharon siete estruendos más por toda la tienda que provocaron más histeria entre los rehenes, por suerte, ningún balazo o rebote lastimó a nadie, salvo los sensibles oídos del mamífero de rayas; Jack había eludido todos los tiros a tiempo y aunque no pudo despojar a Wile de su pistola, al menos logró retenerlo para seguir apuntando al piso y no herir a él o a nadie más.
—¡Hijo de…!
—¡Haaaa!
La valiente liebre le soltó un derechazo con su brazo libre, pero el coyote interceptó su puño entre su palma izquierda, luego lo apretó causando un dolor punzante que hubiera hecho gritar a cualquier otra presa, pero no a un policía entrenado como él.
—¡Te tengo conejito! ¡Gahhhh!
Con ambos mamíferos inmovilizados de sus extremidades superiores, el coyote aprovechó su ventaja como depredador tratando de morderlo, pero Jack logró esquivar los colmillos de su agresor con bastante agilidad; mientras la liebre eludía cada una de las mortales acometidas, comprobó que no podía zafarse del agarre y tampoco podía jalar al criminal porque era más pesado y grande que él; Wile continuó sin éxito tratando de enterrar su hocico en el cuello de Jack, pero tras varios intentos infructuosos, se detuvo y presionó con más fuerza el puño de la presa que aún sostenía entre sus zarpas. Jack apretó los dientes para no soltar ningún alarido, el coyote vio esa reacción y rió.
—¡Suéltame perra o te romperé la pata! Te tengo atrapado y no puedes moverte.
El detective en uniforme de cajero levantó sus orejas y luego le devolvió la sonrisa al delincuente.
—¡Y tú tampoco! —respondió airoso.
—¿Qué? ¡Argh…!
Aprovechando el firme agarre al que el cánido lo sometía, Jack dio un salto y le acomodó un brusco impacto con la planta de su pata en medio de los ojos de forma inesperada. Como supuso, un solo golpe no bastaría para derribarlo, así que la liebre, aprovechando que el coyote no lo había soltado, comenzó a darle veloces y repetidas patadas a la cara que a duras penas pudo esquivar.
—¡Atatatatatata...! —exclamó Jack pataleando incesantemente a su oponente.
—¡Ah, ugh, urg, aggg…!
Como un policía ejemplar y típico de una liebre, sus piernas estaban desarrolladas y entrenadas para correr grandes distancias a brincos, pero también para dar potentes coces que comenzaban a hacer sangrar al criminal quien ya había perdido dos colmillos por los violentos embates de la presa que atacaba como depredador.
—Bastar… ¡ugh!
En un intento por defenderse, Wile se disponía a cerrar sus fauces para herirlo pero sólo terminó mordiéndose la lengua cuando una veloz patada lo contuvo; desesperado, el coyote soltó el puño de Jack, pero este, quién había anticipado que no tardaría en liberarlo, tomó al tipo de la manga.
—¿¡A dónde vas!? ¡No he acabado contigo!
—¿Qué? —respondió el nuevo animal chimuelo—. ¡AHHHHH!
Jack sostuvo al criminal de ambas muñecas y lo jaló de sus brazos para impulsarse y lanzar su cuerpo como flecha, logrando dar una feroz patada de misil y clavar sus dos pies bajo la quijada de su oponente, al mismo tiempo que soltó las extremidades del delincuente y Jack aterrizó con estilo mientras que Wile cayó pesadamente al suelo, derrotado.
Las hembras que permanecían retenidas gritaron no de miedo, sino de emoción cuando vieron al depredador que las amenazó tirado en el piso pulido de la tienda de conveniencia.
—¿Te gustó eso, perra? —declaró Jack con ironía y respirando con dificultad; por muy buena condición que tuviera, derribar a alguien que lo superaba en fuerza y peso requería de mucha energía, aun con euforia y adrenalina recorriendo sus venas.
—Eso fue increíble socio, ¡ahora ven, acércate y libérame, pronto! —le exigió el ansioso dingo.
Pero Jack se dio la vuelta y se agachó para desarmar al noqueado coyote.
—¡Óyeme, no me des la espalda desgraciado...!
Pero el detective tomó la pistola del mamífero caído y le apuntó con esta al otro cánido.
—¿Qué estás haciendo?
—No pienso liberar a alguien que no ha estado atado todo el tiempo… —Frotó su sien intentando hacer memoria— ¿Crash es tu nombre, no es así?
—¿¡Qué!? —cuestionó impactado— ¿Cómo supiste mi...?
—Conozco muy bien a tu banda y he estudiado a cada uno de sus miembros desde hace tiempo; lo que sobresale de ustedes es su modus operandi; por lo que sé, el grandote nunca va solo, siempre lo acompañas tú, el infiltrado que se hace pasar como un rehén y auxilia al señor carácter explosivo o a los otros si las cosas se ponen difíciles. ¿Estoy en lo correcto?
Jack arqueó la ceja e hizo una media sonrisa, mientras el cánido soltó un gruñido de fastidio pero luego mostró sus colmillos de forma alegre.
—¡Bah! Nada mal para un cajero conejito.
—Liebre —lo corrigió sin dejar de encañonarlo.
—Muy bien sabiondo, apuesto a que no sabes esto… ¡el arma de Wile ya no tiene balas!
Tras esto, el criminal rasgó las sogas falsas que ataban sus garras y se arrojó contra la presa de franjas cargando un cuchillo militar en una de sus zarpas.
—Feh, ya lo sabía.
Cambiando su rostro confiado por uno más serio, Jack le lanzó la pistola descargada como si fuera un proyectil justo a la cabeza, pero el furioso depredador la apartó de un manotazo; la distracción fue suficiente para que la liebre se barriera delante de él y terminara de espaldas en el suelo, mientras su atacante pasaba por arriba él sin lograr herirlo, sin embargo, Savage levantó ambas piernas y sus amplios pies se incrustaron en el abdomen del depredador; al atraparlo, Jack lanzó al tipo con ambas patas por detrás y lo estrelló contra la ventana del establecimiento.
Cuando el delincuente se repuso del golpe, se dio cuenta de que había perdido su filosa arma blanca, enseguida intentó buscarla, pero Jack lo recibió con un palmazo en la garganta, el fiero cánido intentó defenderse de un zarpazo, pero la falta de aire a su tráquea lo hizo caer de rodillas; el falso cajero tomó al Canis lupus dingo de las orejas, lo inclinó hasta la altura de su cintura y le dio un rodillazo en la sien, dejándolo fuera de combate.
Los rehenes celebraron la valentía de tan pequeña pero fuerte liebre; al instante, Jack les pidió no hacer más ruido mientras jalaba los inconscientes y algo pesados cuerpos de los delincuentes abatidos; luego tomó el cuchillo que tenía el dingo y procedió a liberar a la yegua de sus ataduras; justo al terminar de cortar la última soga, sus orejas se tensaron al escuchar varios gritos, tanto masculinos como femeninos.
—¡Maldita zorra! —bramó la ronca voz de un macho.
Se oyó el sonido de una bofetada.
—¡Infeliz! ¡Ponme una garra encima otra vez y te juro que te..!
Él reconocería esa voz en cualquier lado.
—¡Skye! —espetó Jack cuando su más grande miedo se hizo realidad, más cuando escuchó con claridad el sonido de un arma siendo cargada
—¿¡Me juras que!? ¡Zorra de quinta!
—¡No, no, no…!
El detective Savage se quedó con el corazón estrujado esperando lo peor, pero al cabo de unos eternos y angustiosos segundos, no se escuchó nada más. Jack suspiró aliviado, pero aún estaba algo alterado; respiró profundo e intentó serenarse lo más que pudo.
—Por favor. —se dirigió a la hembra equina—. Ayude a las demás y quédense aquí hasta que venga la policía, no debe tardar; —luego le entregó el cuchillo por el mango—. No creo que se levanten, pero en todo caso, use esto para que no intenten nada.
—Así lo haré, gracias guapo. —Le dio un beso en la mejilla—. Salva a esa chica y patéales la cola a esos bastardos; ve por ellos tigre, diga liebre —rectificó la yegua.
Jack se agachó y sacó debajo del estante la Walther PPK que el dingo le había arrebatado; se levantó de un brinco y se dirigió a rescatar a Skye.
—Deben pagarle muy bien a ese cajero —comentó la burra viéndolo alejarse.
La puerta del cuarto de limpieza estaba abierta como lo imaginó, y a un lado, vio al monstruosamente prominente aguará guazú de pelaje rojizo que rodeaba el cuello de Skye entre uno de sus alargados brazos, mientras que con su otra pata tenía la punta de una pistola presionando la sien de la vulpina. Enseguida, Jack apuntó sin dudar su arma contra la cabeza del cánido que parecía también un zorro, pero su hocico marrón parecía el de un lobo.
—Baja tu arma o la mato —ordenó de forma golpeada, pero sin gritar.
—¡Suéltame cobarde...! —Ella se retorció tratando de liberarse pero se contuvo enseguida—. ¿Jack? ¡Jack! —exclamó con júbilo. Jamás había sentido tanto alivio de sólo ver a la liebre.
La hembra, quien tenía una marca roja en la mejilla, forcejeó intentando sonar ruda, pero su voz quebrada y los ojos llorosos delataba su miedo por perder la vida, más no se mostraría débil ante nadie, aunque su existencia pendiera de un hilo.
—Skye… —musitó para sí.
La sola imagen de ver a la vulpina tan vulnerable y afligida le retorcía las entrañas a Jack, saber que se atrevió a hacerle daño le hacía hervir la sangre, pero se contuvo e hizo un esfuerzo sobreanimal para actuar estoico y sosegado, mas no pudo evitar fruncir el ceño o mostrar sus dientes con intenciones hostiles.
—No —respondió con severidad, un dedo rozando el gatillo—. Baja tú tu arma y entrégate pacíficamente antes de que te haga hacerlo por la fuerza. —amenazó la presa con voz potente.
El criminal rió y apretó la punta de su arma más en el pelaje de ella, la hembra sollozó pero Jack no se inmutó.
—Me parece que no estás en posición de exigir nada… cajerucho de pacotilla.
—El que no está en posición de pedir ni la hora eres tú, Ookami —respondió con convicción la liebre y sin bajar el cañón.
El cánido lo miró confundido y pasmado al haber sido llamado por su nombre. La vulpina quedó asombrada por la valentía y seguridad con la que su salvador encaraba al tipo, aunque no se sentía tan tranquila como quisiera en esa posición
—¡Tengo a la chica y…!
—¿Y eso qué? —No lo dejó terminar—. ¡Mira a tu alrededor! Ya me encargué de toda tu jauría de incompetentes, liberé a los rehenes y la policía ya está en camino, si la lastimas ni siquiera ellos podrán evitar que te meta una bala en el cráneo, pues no dejaré que te salgas con la tuya. No importa lo que hagas, saldrás de esta tienda ya sea con esposas o en una bolsa para cadáveres— comentó lo último con una confianza tal que el delincuente trago saliva. Jack sostuvo la mirada mientras que el otro la desvió muy nervioso al notar la ausencia de sus subalternos— Así que, adelante Ookami, quiero verte intentarlo.
El aguará guazú empezaba a desmoronarse internamente y sus ansias hacían que le temblara la pata. Si ninguno de sus muchachos había venido a liquidar a la liebre, quería decir que en verdad estaba solo y ya habían pasado más de diez minutos por lo que sabía que la policía llegaría en cualquier momento, necesitaba tiempo para pensar en algo cuando un grito lastimó sus oídos.
—¿¡Qué rayos te pasa Jack!? ¡Te has vuelto loco! —contestó la hembra furiosa— ¿Cómo que lo intente? ¿Acaso quieres que me disparé, idiota?
—Skye… —la presa de rayas perdió la compostura por un segundo, pero enseguida volvió a endurecer su rostro y engrosar su voz—. Es decir, señorita, guarde la calma, todo está bajo control.
—¿Bajo control? ¡A ti no es al que te apuntan Jack…!
—¡Cá-cá-cállate zorra! —aferró a la hembra más a él y rozó la pistola en su nuca— ¿¡Y tú!? ¿Cómo diablos sabías mi nombre? ¿Quién te crees hablando como poli...? —Una de las orejas del cánido se alzó al caer en cuenta de algo—. Un momento… ¿Lo llamaste Jack? ¿A ese cajero… a esa…? ¿Liebre? —Los ojos del aguará guazú se abrieron de golpe ante tal revelación— Tú… no eres un simple cajero. ¡Eres Jack "El bastardo" Savage!
—Ja, bastardo, ese nombre le queda muy bien —comentó entre los brazos del criminal despreocupada.
El aludido bufó fastidiado por haber sido descubierto, llamado así y con Skye burlándose como es costumbre, para rematar. La presa dio un gran respiro y mantuvo su fachada de tipo duro.
—Que raro, pensé que me apodaban Jack "El veloz" Savage por lo rápido atrapaba o liquidaba escoria como tú —comentó arrogantemente intentando imponer dominancia de nueva cuenta.
—¡Eres tú, maldito! No hay duda de eso, por eso lograste detener a mis muchachos, y seguramente por eso estás aquí, ¿Nos estuviste estudiando por meses, no? ¿Es una más de tus locas operaciones para capturarnos, verdad?
Jack perdió el temple por unos segundos y abrió los ojos perplejo por la suposición errada y exagerada del delincuente, aunque admitió que sonaba a algo que él haría, o al menos el viejo Jack Savage haría semanas atrás, de quien su fama era conocida por otros criminales. Parpadeó un par de veces hasta recuperar la compostura.
—Ah sí… claro, obviamente esto fue algo que he planeado durante meses… sí, eso… —Carraspeó y volvió a poner un rostro serio—. ¡Ahora entrégate, Ookami!
—Eso quiere decir que en verdad eres policía y por lo tanto, ¿no arriesgarías la vida de un civil, cierto? Je, je, je.
—¿Seguro? —cuestionó Jack con sorna.
El aguará guazú volvió a tragar saliva, pero guardó las apariencias lo mejor que pudo.
—¡Por supuesto que sí! Eres uno de esos niños buenos que no mataría a una mosca, eres un simple y patético policía, no un frío agente secreto o algo así. No me asustas, insecto.
—¡Tsk! —Jack golpeó su paladar con la lengua; Skye había revelado su identidad y por su oficio, no podría intimidar de nuevo al criminal; de pronto, el detective Savage tuvo una idea—. Pues si quieres creer eso, bien por ti; pero me parece que escuchaste muy bien el tiroteo de hace rato, ¿no? Dime, ¿cómo crees que detuve a tus cachorros? ¿Crees que sólo disparé al suelo y puse a dormir a tus amigos con mis suaves patas o qué?
—¡Ggggrrr…! Eres un… —El aguará guazú mostró los colmillos nervioso. Jack retomaba poco a poco el control de la situación con ironía, pero no se detendría ahí.
—Y ya que hablas de mi fama, sabrás que no soy alguien que se detiene por nada, soy alguien muy testarudo que se toma muy en serio el detener criminales y lo haré sin importarme el costo.
—¿Y el costo vale la vida de un inocente? ¿Entonces por qué quieres que la suelte? ¿Tanto te importa esta maldita zorra, no? —Aún abrazada a Skye, el cánido tomó a la chica de la mejilla con una pata y con la otra la amenazó con su revólver.
—¡Argh! —chilló aterrada— ¡Jack!
Pero la liebre no se inmutó ante el lastimero chillido de la hembra y preparó sus dedos en el gatillo.
—Mátala —ordenó con un rostro inexpresivo—, ella no significa nada para mí. Así que adelante. Dispárale —sentenció el detective Savage con una frialdad e indiferencia que dejó congelados a sus interlocutores—. La única razón para no abrir fuego es porque si le pasa algo, tendré más aburrido papeleo que llenar. Eso es todo.
—Jack… —Skye miraba incrédula la falta de emociones en la liebre mientras sentía como se le iba la vida.
—¡E-e-estás mintiendo!
Hubo una pausa breve. Casi se podía escuchar la respiración irregular de los dos cánidos de distintas especies, pero no del atrevido lagomorfo.
—Pruébame —Lo reto.
La zorra no pudo tolerarlo más, quizás eran los nervios o el miedo constante de que el criminal terminara con su vida si esa obtusa liebre seguía invitando al rufián a ponerle una bala en el cerebro. O quizás, la idea de que todo el tiempo que han pasado juntos hasta ahora no era más que una farsa y que esa condenada presa de rayas sólo tenía cabeza para su trabajo y no para ella o nadie más.
—¿¡Qué diablos te pasa Jack!? —gritó bastante molesta— ¿¡Cómo que me disparen, idiota!? ¿¡Qué clase de negociador eres!?
—Uno muy bueno, y estoy seguro que con tan buena oferta y viéndose arrinconado, el sr. Ookami va a soltar su arma, te dejará libre y tal vez, sólo talvez, si hace lo que le digo antes de que llegue la policía, me encargaré que le acorten su sentencia un par de años por entregarse voluntariamente; así que…
—¿Sí? ¡Pues es fácil decirlo cuando tú no eres el que tiene una pistola en la cabeza! —siguió bramando con cólera la vulpina
Jack quería que se lo tragara la tierra, ¿Qué le pasaba a Skye? ¿Acaso no veía que trataba de salvarla? El supuesto cajero intentó improvisar lo mejor que pudo con su poco cooperativa rehén.
—Señorita, cálmese por favor y déjeme…
—¡Y no me vengas con tu señorita o no finjas no conocerme pedazo de...!
—¡En serio señorita, cierre la boca y…!
Aunque el mismo Jack ya comenzaba a perder los estribos.
—¡Te dije muy bien que nunca en tu vida me trataras de callar maldito...! ¡Argh!
—¡Skye! —la liebre por fin la nombró en voz alta, perdiendo su temple por completo
El aguará guazú presionó el cuello de la vulpina con brusquedad y rozó contra la mejilla de ella la mirilla de su arma.
—¡Bueno ya cierren el hocico los dos! —exigió furioso Ookami y con el ánimo recuperado— Está claro que conoces a esta tipa Savage, no me trago el cuento de que no es nada tuyo, y por la forma tan tierna en que se hablan, a leguas se nota que es tu novia, ja, ja, ja —comentó en un tono pomposo y divertido el rufián.
—¡No somos novios! —bramaron ambos mamíferos casi al unísono.
Ambos animales abrieron los ojos con asombro, era como si pensaran lo mismo. Con su plan original arruinado, Jack debía hacer algo para evitar una posible desgracia. En ese instante, la liebre cocinó una idea arriesgada, pero esperaba que Skye ahora sí colaborara con él, algo que pensó que ella haría sin necesidad de comunicar de su plan.
—¡Muchas gracias Skye! —exclamó Jack muy enojado, perdiendo aquel aire sereno o profesional que tanto le costó mantener—. Estaba a nada de salvarte el pellejo, pero tenías que hablar de más, para variar.
Naturalmente, la vulpina quedó absorta al grado de dejarla literalmente boquiabierta.
—¿Disculpa? ¿¡Estás diciendo que esto es mi culpa!? ¿Acaso eres estúpido? ¿Quién fue el idiota que nos trajo en primer lugar aquí? ¿Eh?
—¿Cómo diantres iba a saber que esto pasaría?
—Ah, no lo sé, pensé que el policía eras tú, deberías estar al menos preparado y no haberme encerrado en el cuarto de escobas, ¡bestia!
—Ella tiene razón polizu…
—¡CÁLLATE! —aullaron ambos al mismo tiempo, Ookami se estremeció pese a que él era el que aún amenazaba mortalmente a la chica, pero ninguno se inmutó.
—Soy detective, no adivino —dijo Jack de forma golpeada— y te avisé con tiempo que huyéramos, ¡pero no! La señorita muy digna no quiere que la toquen y no puede callarse por un momento y escuchar la voz de la razón.
—¿La voz de la razón? ¿¡Tú!? Si tú fuiste el imbécil que me llevo a rastras a este negocio que además de caro, incluye a sus propios ladrones y pésimo servicio.
—Te traje a aquí porque no iba a soportar el resto del camino escuchar como otros machos estuvieran lanzándote piropos y halagos porque la princesa decidió vestirse de callejera.
—Callejera la que te reparió, ¿me escuchaste infeliz? ¡Yo visto como se me da la perra gana y ni tú ni nadie es quién para decirme que ponerme, zanahoria corta! Sólo quería vestirme así para… para… ¡Feh! Ya no importa...
—¿Para qué, eh? ¿Para fastidiarme como siempre lo haces desde que nos conocemos? ¿Para hacerme sentir incómodo y luego burlarte de mí?
—¡Lo hice para que te fijaras en mí, liebre estúpida! —gritó ella con una voz aguda y herida.
El detective se paró en seco. Su plan no estaba yendo a la dirección deseada.
—Skye…
—E-e-es decir, quería verme diferente hoy, siempre nos vemos los miércoles y sólo me has encontrado con la ropa de siempre, quería salir a dar una vuelta contigo, vestida así, pensando que te había gustado... pero tenías que arruinarlo con tus modales estirados del siglo pasado, tus celos de macho y poniéndole más atención a todos menos a mí.
—Hey, yo no… estaba celoso. Ok, quizás un poco pero entendí mal tus intenciones, pensé que sólo querías hacerme rabiar como sueles hacerlo.
—Bueno… eso era un extra…
—Además, yo... lo hice más por protegerte… y sí Skye, ya sé —la interrumpió antes de que dijera algo—, más que nadie sé que puedes cuidarte sola, pero no por eso voy a dejar de preocuparme por ti, sobre todo una chica que significa tanto para mí.
—Jack...
El aguará guazú quería vomitar ante tan conmovedora escena; lo habían entretenido los gritos en los que esperaba aprovechar una distracción del detective para liquidarlo, pero la liebre nunca bajó la guardia y el cobarde criminal no se quería arriesgar.
Aunque en ese momento, el ambiente se había suavizado como una telenovela donde él se sintió como un tercero en discordia en una apasionada discusión marital. ¡Era totalmente ridículo! ¡Él era el gran Ookami Wolfgang, no un villanucho cualquiera! Pero esos idiotas le estaban haciendo perder el tiempo, la policía estaba por arrivar y no encontraba una abertura para deshacerse de la molesta liebre.
Sin embargo, mientras ambos continuaban aclarando asuntos pendientes como si no estuvieran en medio de una situación de rehenes, de forma silenciosa entró un licaón, un pequeño cánido que parecía una hiena de enormes orejas negras. El líder notó esto enseguida y parecía que los otros mamíferos no se habían percatado aún, por lo que sonrió victorioso a sabiendas de que por fin se desharía de esa odiosa liebre que había arruinado sus planes.
—Oh Jack… —Abrió los ojos de golpe—. ¡Ja…!
La vulpina alcanzó a ver al intruso y supo enseguida de sus perversas intenciones, por lo que intentó alertar a la liebre, pero la pata de Ookami le cubrió el hocico, acallándola al instante, al mismo tiempo que apretaba más su agarre contra ella y colocaba la punta de la pistola en la parte lateral de su cabeza. Jack levantó las orejas y atisbó al criminal con una mirada decidida a disparar en cualquier momento, a la par que el licaón a sus espaldas se acercaba sigilosamente en espera de lo que fuera a pasar.
—¡Muy bien, ya basta! —gritó el aguará guazú dispuesto a terminar de una vez con todo— tuve más que suficiente con todo este teatrito y no perderé más tiempo con ninguno de ustedes dos; así que Savage, está es la última vez que lo repito, ¡suelta tu arma o juró que le volaré los sesos a esta zorra! —bramó fuera de sí, escupiendo saliva, tratando de parecer lo más intimidante posible.
—Je…
El detective hizo una mueca ladina y relajada. Suspiró y se dirigió a la hembra.
—Skye… Skye, mírame a los ojos —le ordenó ignorando por completo Wolfgang—. Cálmate, todo saldrá bien, sólo tengo dos cosas muy importantes que decirte: 1. Te ves fabulosa con esos shorts, marcan muy bien tu cintura y tus piernas…
La hembra abrió ampliamente sus vidriosos ojos de los cuales brotaban un algunas lágrimas; de todos los momentos que tuvo para elogiarla, ¡tenía que elegir este! Desesperada, intentó advertirle del peligro inminente a sus espaldas, pero la pata del otro cánido se lo impedía.
—¿¡Me estás oyendo, pedazo de…!?
—Y 2. Skye, pase lo que pase… recuerda muy bien esto…
La efímera pausa se sintió como una eternidad en esa tienda de conveniencia, mientras que el licaón detrás de la liebre se disponía a liquidarlo.
—¡Rómpele el hocico a ese hijo de perra por mí! —sentenció Jack antes de hacer un movimiento desesperado para por salvar a la persona que más amaba en esa habitación.
Se escucharon tres balazos casi consecutivos, dos fuertes porrazos y un lastimero quejido que denotaba un inmenso dolor, seguido por el ruido que provoca un cuerpo cayendo al suelo mal herido y sangrando.
—¡JAAAAAAAAAACK! —gritó Skye a todo pulmón.
Continuará...
Notas del Autor:
Mil perdones por la tardanza, pero el capítulo se complicó más de lo que pensé (es curioso, pensé que sería más fácil que los últimos 3, pero fue justamente lo opuesto), además de pasar por pequeños bloqueos y un serio problema de salud de uno de mis familiares que me alejó de la escritura un par de semanas… pero bueno, sea como sea, aquí lo tienen.
Espero que la espera haya valido la pena, pero no lo creo, este debe ser el capítulo que más pena ajena me da xD. No es que no me guste, ¡En verdad me encantó! Pero siento que parece que un drogadicto y depravado sexual lo redactó, no sé de dónde saqué tanta estupidez y porquería, no creo haber escrito algo más obsceno y marrano hasta ahora… oh bueno, está ese fic de Gazelle y Finn que aún no termino... ¡pero esto es diferente! No sé qué changos pasó por mi cabeza cuando lo redacté, todo fue tan rápido, tan espontáneo, casi se escribió sólo, quizás por eso pensé que sería fácil de escribir al principio, pero no, fue lo contrario una vez que me senté a escribir y juntar toda la sarta de estupideces que se me ocurrieron; pero en fin, ojalá hayan disfrutado de este antepenúltimo capítulo. No quiero asustarlos chicos, pero dos capítulos y por fin acabará este suplicio. ¡Resistan un poco más, amiguitos!
Como un pequeño aviso, quiero decirles que acabo de agregar esta historia al concurso de Los Premios Watty 2018 de la página de Wattpad. No planeaba inscribirme este año, y tampoco soy mucho de concursos, pero ya que el certamen de este año permite meter historias en la categoría de fanfics y por la recomendación de un amigo, me dije, ¿por qué no? Dudo mucho ganar, sé que este ficucho no es la gran cosa, pero no pierdo nada con intentarlo; pese a la poca fe que le tengo, he notado que la historia ha tenido un apoyo bestial, considerando sobre todo que es un fic de Zootopia que no involucra (en gran medida) a Judy, a Nick o el Nicudy, así que, por eso también me animé a inscribirlo, pero no creo haberlo hecho sin el apoyo que he recibido de ustedes chicos, ¡muchas gracias a todos! Deseenme mucha suerte.
Yo lo único que puedo hacer es seguir redactando esta historia y espero tenerla completa antes de que cierren las bases (igual concursa así de incompleto como está, pero si voy a entrar, lo haré de la mejor manera posible), además de que quiero que todos conozcan el desenlace de esta historia).
Saludos, espero que el siguiente capítulo salga más pronto que este. Bye-bye.
…inmediatamente
—¡Rómpele el hocico a ese hijo de perra por mí! —sentenció Jack antes de hacer un movimiento desesperado para tratar de salvar a la persona que más amaba en esa habitación.
El detective Savage, percatándose que tenía compañía a sus espaldas, comprobó la posición del enemigo al ver de reojo los espejos convexos de la tienda, por lo que tras pronunciar sus últimas palabras a la vulpina, se giró lo suficiente para accionar su arma contra el furtivo cánido que nunca espero tan veloz respuesta de la liebre, quien disparó dos veces contra él, una vez contra su pata y otra contra el pecho; el dolor fue suficiente para hacerlo soltar la pistola y caer al piso herido.
Sin embargo, los segundos que Jack utilizó para hacer eso, fueron aprovechados por Ookami quién, al ver que la presa dejó de apuntarle, decidió que él mismo lo exterminaría. Cuando Skye vio que el criminal había dejado de apuntarle a ella para arrebatarle la vida Jack, la vulpina dio un fuerte pisotón al pie de aguará guazú al mismo tiempo que le dio un potente codazo en la boca del estómago, el cual fue suficiente para que el delincuente apartara la pata de su boca y ella le advirtiera a la liebre con todas sus fuerzas.
—¡JAAAAACK!
Se oyó un tercer disparo proveniente del revólver de Wolfgang pero gracias a la acometida de Skye, el tiro fue desviado y nunca rozó siquiera a la liebre. Aprovechando que el cánido más alto estaba sin aliento por el fuerte golpe, Skye sabía que ni ella ni él estaban fuera de peligro, así que se armó de valor, tomó su bolso por la asa y, sin dudarlo, golpeó la pata del criminal, haciéndolo que este soltara el revólver debido al potente impacto, la bolsa en su interior tenía una pesada llave de 3/8 que siempre cargaba por precaución y que jamás pensó que usaría para algo como esto.
—¡ARGGGGHHHHHH! —El aguará guazú soltó un alarido al sentir una posible fractura en su zarpa. ¡AAAAHHHHHHHH!
Ookami volvió a gritar cuando sintió el durísmo metal al interior del arma improvisada de la zorra en su hocico, posiblemente quebrándoselo, tal como se lo indicó Jack, sin embargo, no fue suficiente para detener al alto cánido rojizo.
—¡Ha… ha! —bramó Skye al volver a lanzar su bolso contra el criminal, pero esta vez, el tipo interceptó el objeto contundente con su pata buena y la jaló hacia ella mientras se agachaba e intentaba tomar su arma para vengarse de la hembra.
—¡Suéltame bruto! —forcejeó ella.
—¡Te mataré zorra, TE MATA…!
Pero Ookami Wolfgang jamás pudo completar la frase, pues fue recibido por una patada voladora a la altura del pecho que logró apartar con éxito al aguará guazú de la vulpina.
—¡Jack! —exclamó alegre ella.
El detective sin embargo la pasó de largo y, en un impulso irracional, lanzó el arma al piso y con ello su única ventaja real contra Ookami; caminó rápidamente hacia el criminal que ya estaba tratando de incorporarse, pero antes de que se pusiera de pie, Jack lo tomó de las solapas y le acomodó un fuerte puñetazo que lo hizo retroceder unos pasos atrás.
—¡No vuelvas a ponerle una garra encima a Skye! —gritó la liebre para después dar un rápido salto y acomodarle una impetuosa patada giratoria que dio de lleno contra el hocico del vapuleado aguará guazú.
Enseguida, Jack volvió a brincar y rotando otra vez su cuerpo lo pateó de nueva cuenta en el rostro, repitió esto una tercera vez pero dando la patada más fuerte que haya dado en su vida, tan potente que hizo que Ookami volteara con brusquedad por la inercia; acto seguido, el cánido cayó sobre sus rodillas para finalmente caer abatido.
Jack Savage aterrizó algo adolorido y, sin perder más tiempo, se viró hacia la hembra que lo miraba incrédula ante el espectáculo tan irreal que acababa de presenciar.
—Skye… ¿te encuentras bien?
—Jack…
Ambos mamíferos no dudaron un segundo, se abalanzaron entre sí y se abrazaron.
—¡Jack, Jack, Jack… Jack! —se aferró a él como si su vida misma dependiera de ello.
—Tranquila Skye, ya pasó todo, estoy aquí. Ya todo terminó.
La depredadora apretó sus colmillos y sintió un alivio sin igual, aunque su respiración aún era errática y sentía que el corazón se le iba a salir por la garganta en cualquier instante.
—¡Jack, Jack, Jack…! —la vulpina se soltó de él y comenzó a golpear su pecho sin control—. ¡Desgraciado, hijo de…! ¡Idiota, imbécil, bastardo…! ¡Casi me da un infarto!
Él recibió los golpes sin resistirse, pero a estas alturas le daba igual, además de que sabía que lo merecía, por las cosas horribles que le dijo y por las cosas terribles por las que hizo pasar a la zorra.
—Skye, perdóname… yo jamás quise…
Un dedo tapó su boquita.
—¿Estás loco? ¡No estoy pensando eso animal!
Ella lo volvió a abrazar, él estaba más confundido que nunca.
—Al diablo eso, no me interesa quién tiene la culpa, me alegra que estés bien tú… tú… te enfrentaste a todos esos tipos y me salvaste la vida como… como…
—¿Cómo un macho? —alcanzó a decir con algo de ironía.
—Veo que mis clases dieron sus frutos.
—¿Eso es un sí o un no?
—¡No presiones Jack!
Se volvieron a separar, y en medio de la situación ridícula y cerca de una escena policíaca, ambos animales sonrieron entre sí. Jack y Skye se tomaron de las patas y se vieron a los ojos con un afecto único que en otra situación hubiera sido imposible. Sin poder controlarlo, el rostro de los dos se enrojeció un poco, no sabían si por toda la actividad física realizada o por la incomodidad que ahora sentían, luego acercaron un poco sus rostros entre sí.
—Jack...
—Skye...
—¡Arriba las patas, que nadie se mueva! —ordenó iracunda una grave y severa voz.
Sin embargo, esta paz se vio interrumpida ante un fuerte portazo y el sonido de varias pisadas y armas siendo cargadas. En un abrir y cerrar de ojos, Jack tomó a la hembra por la cintura y la puso a sus espaldas mientras que con otra pata apuntó con la PPK dispuesto a disparar a quien se atreviera a amenazarlos.
—¡Tire el arma, lo tenemos ro…! ¿Savage? ¿Eres tú?
—Bo… ¡jefe Bogo, señor!
El detective bajó la Walther al momento y ayudó a Skye a enderesarse. A la tienda de conveniencia habían entrado un colosal búfalo de cafre, un rinoceronte blanco y un elefante de la sabana, los tres eran oficiales de policías quienes al identificar a su pequeño compañero, dejaron de encañonarlo. Bogo no lo reconoció enseguida debido a que nunca imaginó ver ni en la peor de sus pesadillas a su detective más prominente vistiendo el uniforme de ese establecimiento.
—¿Interrumpo algo Savage? —inquirió con fastidio el búfalo.
—¿Qué? ¡No, no!
La liebre soltó a la hembra enseguida y ambos se separaron con algo de vergüenza.
—Gracias Jack —musitó ella.
—Déjame adivinar Savage, ¿la situación está bajo control, no? —mencionó de mal humor y con claro fastidio el jefe del Departamento de Policías de Zootopia.
—Afirmativo señor —respondió enseguida con presteza—. Los sospechosos han sido neutralizados y los rehenes se encuentran a salvo, jefe Bogo.
—Tsk, tsk… ¿por qué no me sorprende? —espetó con ironía cruzándose de brazos.
En el estacionamiento reducido del Osso, había dos enormes ambulancias aparcadas, en una, atendían a uno de los cánidos al que Jack disparó mientras era custodiado por un lobo policía; en el otro vehículo, trataban a los otros animales inocentes, incluido al mismo detective Savage, a quién una cierva paramédica le terminaba de vendar ambas patas.
—Hola Jack-Jack —lo saludó la depredadora ártica—. ¿Cómo te sientes?
—¡Skye! —exclamó impactado al verla—. ¿Qué te pasó en el rostro?
—Cálmate bobo, es una simple compresa fría para bajar la hinchazón, estoy bien —Retiró la bolsa con hielos y le mostró su mejilla ligeramente inflada por el golpe—. ¿Lo ves?
—Oh, lo siento, pensé que ese bastardo te había lastimado demás.
—Habla por ti, zopenco; no me había dado cuenta de lo mucho que te habían magullado.
—¿Qué, esto? —señaló sus vendajes— No es nada, sólo me raspé los nudillos, no es la gran cosa… ¡argh!
Skye tocó la pata derecha y la liebre se quejó al instante.
—¡Cielos Jack, lo siento!
—No te preocupes… ese coyote si que me dio un fuerte apretón de patas… pero no es nada grave.
—No quieras hacerte el rudo Savage.
Una tosca voz interrumpió la conversación, un búfalo de pelaje grisáceo, casi azulado, se presentó ante ellos con una cara de pocos amigos.
—Señor —saludó de nueva cuenta y estuvo a punto de ponerse de pie, pero la enorme pezuña de Bogo se extendió en señal de alto.
—No se levante detective. Seré breve. ¿Sabe porque estoy aquí, verdad?
La presa más pequeña suspiró desganado y acto seguido, sacó por dentro de la camisa de cajero que le habían prestado una cadena que tenía colgada su placa de policía.
—¿Por esto, cierto? —Se la mostró— ¿Va a suspenderme, no?
Bogo lo miró sin mover un músculo.
—¡Jack! ¿Qué haces? ¿Cómo que suspenderte? ¿Pero por qué? ¡Si acabas de salvarnos a todos! ¿Cómo…?
—Veo que no lo olvidaste Savage, como te dije aquella vez, si te descubría trabajando en tu día libre, te mandaría de vacaciones obligatorias.
—¿Qué? —exclamó la vulpina— ¡No puede hacerle eso a él, es un héroe! Jack, no dejes que… ¡Jack!
Pero el susodicho se había retirado el colgante del cuello y se lo lanzó, cosa que hizo que su jefe arqueara las cejas, muy extrañado.
—¿Así sin más me la das Savage? ¿Sin intentar repelar o sin tu típica necedad de que lo hiciste porque nadie más podía hacerlo mejor que tú? ¿Eh, detective?
—¡Jack!
—No jefe Bogo, aunque tengo buenas razones para haber hecho lo que hice, sé que no va a creer que me topé con esos delincuentes por casualidad…
—¡Pero es cierto! —lo interrumpió ella— Jack y yo solo fuimos de compras… aunque fue su idea ir allí —se cubrió la boca—, ¡pero Jack ni siquiera iba armado! ¡Y sé que él no iba con esas intenciones! ¡Lo hubiera golpeado yo misma si me entero que el desgraciado me trajo ahí por motivos de su trabajo…!
—¿Y usted quién es, señorita?
—¿Quién más? ¡Soy la escort que contrató!
—¿¡Qué cosa!? —exclamó iracundo— ¡Savage! ¿¡Es eso cierto!?
—No estás ayudándome Skye… —mencionó él azotando su pata buena contra su frente.
—¡No idiota! ¿Por que todos los machos caen con eso? ¿Es porque soy una zorra? ¿Por la ropa?
—Señorita, —alzó Bogo un dedo—, no permito que se refiera a mí como…
—Cierre la boca, Cara de res; mientras usted y sus otros dizque policías estaban comiendo donas o extorsionando ciudadanos…
—¡ÓIGAME…! —Bogo sacaba humo de sus fosas nasales ante tal declaración.
—Skye… —musitaba Jack queriendo evitar un inminente desastre.
—¡Óigame mangos! Este torpe, pero valiente remedo de policía...
—¡Hey!
—…hizo lo que tuvo que hacer en su día libre y sin apoyo; esos malditos casi nos matan a él y a mí, ¿Y usted viene aquí sintiéndose la gran calabaza y en vez de darle las gracias, lo quiere castigar? ¡Váyase mucho a la…!
—¡Señor! Disculpe policía.
Gracias al cielo, en medio de la acalorada discusión, los interrumpió una liebre hembra que portaba una gruesa chamarra café y entre sus brazos cargaba una camisa doblada.
—¿Tú de nuevo? —mencionó molesta Skye, centrando su irritación en la lagomorfa.
—No es un buen momento señorita, —comentó Bogo—, hablé con otro oficial, estoy ocupado en…
—No usted, la otra liebre, ¿es policía, cierto?
Jack observó a la chica en cuestión y vio que era la misma cajera de la tienda. Los demás voltearon verlo.
—Detective en realidad, —la corrigió él con una sonrisa reprimida—, pero como dijo mi jefe, estamos en medio de…
—Lamento la intromisión, pero otro oficial quiere que haga mi declaración y antes de eso no quiero que se vaya sin decirle dos cosas: primero, muchas gracias por salvarme a mí y a los otros mamíferos, fue muy valiente lo que hizo.
—No es nada, sólo hacía mi trabajo… bueno… en realidad no estaba en servicio y…
—Lo sé, pero aún así, enfrentarse a todos esos enormes y horrendos depredadores y sin ir armado o preparado, agradezco al cielo que hubiera llegado a la tienda en un momento así, es bueno tener policías así de entregados a su trabajo.
—Srita, ¿usted lo conoce? —preguntó el jefe Bogo.
—No, nunca en mi vida lo había visto, lo que me recuerda, la segunda cosa que quería hacer era devolverle su camisa, tenga.
La cajera le entregó la prenda a la otra liebre y este la aceptó con una risa nerviosa, mientras Bogo veía extrañado la escena, Skye miraba a la otra hembra con recelo, le incomodaba bastante la presencia de esa tipa y la cara de idiota que ponía ella al ver a Jack y vice versa.
—Oh, gracias… no se hubiera molestado.
—No sólo vine por eso…
—¿Ah no? ¿Qué más quieres, entrometida? —masculló Skye con hostilidad.
—Oh, lo siento —comentó con timidez—, ¿pero podría devolverme mi uniforme? Mi gerente nos dio el resto del día por lo ocurrido, pero mañana debo entrar temprano y la necesito para…
—Ah, entiendo, entiendo; deme un segundo, señorita.
—Savage, no tenemos tiempo de…
Pero la presa rayada no dejó terminar a Bogo, se desabotonó y después procedió a retirarse la prenda roja con amarillo, dejando ver su abdomen desnudo el cual la otra presa orejona vio con una enorme sonrisa y mirada perdida en él. Skye comprendió las verdaderas intenciones de la tipa esa, pero su rostro arrugado se convirtió en uno de sorpresa cuando ella también vio la marcada figura de Jack que, para ser una liebre, tenía un físico impresionante que robó el aliento de las dos hembras cercanas, la paramédico que lo atendió y las otras dos féminas que el detective rescató minutos atrás que miraban la escena a lo lejos.
—Wow… —prácticamente todas las chicas dijeron al mismo tiempo.
—Ah, ¡por favor! ¡Eso no es nada! —mencionó Bogo molesto y bufando—. ¡Yo tengo más músculos que él en un sólo brazo y no estoy presumiendo!
Pero las hembras ignoraron al búfalo mala cara y siguieron viendo el escultural cuerpecito de aquel semental rayado, incluso la yegua que rescató relinchó emocionada. Aunque todas las féminas disfrutaron ese minishow improvisado de "Solo para mamíferas", ninguna pareció notar lo mismo que Skye, los pectorales y brazos tonificados de Jack presentaban ausencia de pelaje en algunos puntos, ella supuso que eran marcas de zarpas y que los pequeños círculos eran cicatrices de balas… sin embargo su concentración se perdió entre los cuadritos y el abdomen de lavadero que se cargaba el macho.
—Aquí tienes. —Le entregó enseguida la camisa ajeno de lo que pasaba a su alrededor—. Mil gracias, fue de mucha ayuda y… lamento haberte pedido algo así de atrevido.
—¡Para nada, para nada! —Farfulló la cajera con la cara de mil colores—. Fue todo un placer… —acentuó eso último—… cooperar con la policía, claro. Gracias a ti por salvarnos… errr…
Para la mala suerte de las hembras, Jack se colocó su remera enseguida y dio por terminado el espectáculo, las chicas después de suspirar de mala gana, esperaron a oír la respuesta de aquel macho.
—Savage, Jack Savage es mi nombre.
—Ah pues yo soy…
—Leslie, te llamas Leslie.
La otra liebre casi grita como colegiala por la respuesta del detective. Skye miró molesta a su pupilo y este arqueó la ceja.
—Bueno… eso decía el gafete con su nombre —se encogió de hombros.
—Señorita O'Hare, ¿ya puede tomar su declaración? —preguntó una elefante policía detrás de la libre.
—¡Oh cielos, ya debo irme! Pero bueno… ¡gracias por todo Jack!
El detective la despidió con una pata alzada mientras la otra liebre se alejó a saltos muy feliz por conocer el nombre de su héroe; luego, la presa sintió una mirada acusadora de parte de la vulpina y él sólo la observó extrañado.
—¿Qué cosa?
—Nada… no es nada… —musitó ella seria y cruzándose de brazos, olvidando por completo que le estaba dando una paliza verbal al jefe de Jack minutos atrás.
—Oh bueno… lamento eso jefe Bogo, ¿Quería decirme algo más?
El búfalo aún procesaba lo ocurrido, tosió un poco, se aclaró la garganta y prosiguió.
—Sí… una última pregunta Savage: ¿Por qué no esperaste refuerzos, como es el procedimiento?
—Señor, tal vez no lo sepa, pero ellos no son asaltantes comunes de tiendas de conveniencia, a esa banda conocida como los Canidae se les vincula con otros casos de trata de mamíferos y la evidencia apunta a que además de dinero, los bastardos han sustraído animales en sus robos. Sabiendo esto no podía quedarme de brazos cruzados, lo único que pretendía era ganar tiempo, como dije, estaba desarmado, pero tenía que protegerla a ella… y-y-y al resto de los clientes, Jefe Bogo. —aclaró con prisa.
—Oh Jack…
—¿Por eso mandaste a llamarme? ¿Aún sabiendo lo que pasaría si te veía?
—Afirmativo. Conociéndolo señor, sabría que vendría enseguida a por mí y eso era lo único que me importaba en ese momento, traerlo a usted y a la policía lo antes posible. Si fracasaba, al menos usted y los oficiales que trajeran podrían protegerla… errr, proteger a los civiles. Así que ahí lo tiene, ¿es todo, señor?
El enorme animal bovino se quedó pensativo unos segundos, enseguida sonrió condescendientemente y miró a Jack complacido.
—No Savage, no es todo; sólo una cosa más. Toma.
El búfalo le lanzó su placa de vuelta. Los mamíferos más pequeños que él lo miraron confundidos.
—Gracias señor, pero…
—No me agradezca detective, era todo lo que quería oír. Estoy en contra de que bribones como tú o Wilde sigan las reglas a su conveniencia, pero su integridad como policías y el cumplimiento de la ley más básica: proteger al inocente, es suficiente para mí. Lo dejaré pasar esta vez Savage, ¡Pero no te acostumbres, porque mi amenaza sigue en pie!
—Muchas gracias señor —Se volvió a colocar la placa—. Así lo haré.
—Además, necesito a alguien que conozca bien este caso para encerrar de una vez a esos infelices. Eres libre de unirte a la investigación o a los interrogatorios.
—¿Qué? ¿Ahora mismo, señor?
—Así es detective.
Jack no pudo ocultar el enorme júbilo que sentía de recibir tan buenas noticias, sin embargo, cayó en cuenta de algo y su risa desapareció tan pronto como vino.
—Aprecio la oferta jefe Bogo, pero debo rechazarla.
Tanto el búfalo como la zorra lo miraron absortos.
—¿Qué? —la vulpina dijo sorprendida.
—¿Sucede algo Savage?
—Lo lamento pero, ya tenía planes para esta noche, quede de tomar un café con una amiga y… con el debido respeto señor, prefiero disfrutar lo que resta de mi día libre, si no es mucho pedir.
—¿Seguro? ¿Te quieres perder la oportunidad de encerrar a esos infelices y llevarte el crédito?
—Como usted lo dijo una vez, no hacemos esto por la fama, sino por el bien común, estoy seguro que mis compañeros podrán procesarlos con todo lo que pasó hoy, y con todas las notas que escribí sobre la banda de Los Canidae en su expediente bastará para que no salgan impunes. Si necesitan algo más, mañana a primera hora estaré en la estación, no creo que ellos vayan a ninguna parte. ¿Podemos retirarnos ya, señor?
Bogo posó su pezuña en la barbilla, genuinamente confundido, en todo el tiempo que lo conocía, Savage jamás había rechazado una oferta de ese estilo, la razón por la que estuvo ahí era porque el detective siempre quería seguirle la contraria y trabajar sin descansos, pero hace unas semanas y en especial en ese momento, la liebre tomaba las cosas con más calma y… madurez. ¿Este cambio de comportamiento tendría que ver con esa chica? El jefe del departamento de policías bajó los brazos y decidió no perder más el tiempo.
—Adelante Savage, nosotros nos encargaremos desde aquí, disfruta el resto de la velada, lo tienes mucho más que merecido. Savage. Señorita.
—Tengo nombre y es Skye, grandulón —replicó ella con sorna y sonrió.
—Skye… —la reprendió suavemente la liebre.
—Y lamento haberlo llamado idiota o similares, me alegra que haya cambiado de corazón tan rápido, teniente Dan.
—¡Jefe Bogo, señorita Skye! —apretó los dientes—. Un placer conocerla —respondió haciendo una reverencia, aunque de mala gana.
—El placer fue todo mío.
El búfalo dio unos pasos apartándose de ellos, pero se detuvo no muy lejos, giró el cuello y sin verlos a los ojos habló:
—Y Savage...
—¿Sí señor?
—Buen trabajo. —Extendió su pulgar aún de espaldas.
El bovino bajó el brazo enseguida y por fin se retiró.
—¿Eso es todo? ¿Ni una palmadita en la espalda o un aumento? Chulada de jefe tienes Jackie.
Él carcajeó por fin, se lo había guardado desde que ella y su jefe se conocieron.
—Pues aunque no lo creas, eso es demasiado viniendo de él. Con que no me suspendiera ni me diera el regaño de mi vida, me doy por bien servido.
—Eres bastante blando con él, cariño. Debiste restregarle lo que hiciste en la cara.
—Ja, ja, ja. Tal vez, pero no es el momento y… en serio, ya quiero irme.
Pues en marcha Jack-Jack.
La noche había caído por completo en la ciudad, la liebre y la vulpina estaban a 4 cuadras de una tienda de conveniencia a la que probablemente ninguno de ellos regresaría lo que les restaba de vida; ambos deambulaban con parsimonia debido a que la presa comenzaba a cojear un poco de su pata derecha.
—¿Te encuentras bien, Jack? ¿Quieres que regresemos a la ambulancia para pedir ayuda?
—No, no Skye, estoy bien; es sólo que estiré mucho la pierna al dar esa última patada; esto me pasa por no calentar antes.
—Ay, como quisiera hacer un chiste de eso ahora… pero no te ves bien, ¿seguro no quieres regresar? Deberías pedirle prestada su patrulla al cornudo ese o pedirle que te dé un ride, es lo menos que podría hacer por ti.
—Je, no es necesario Skye, ya se me pasará, sólo necesito un poco de…
La hembra lo interrumpió chasqueando los dedos.
—Tengo una idea Jackie. Quédate en dónde estás, abre las piernas y no te muevas.
—¿Qué? ¿Pero qué?
—Hazlo y no preguntes —le ordenó mientras quedó a espaldas del detective.
Jack estaba bastante fatigado como para ponerse a cuestionarla y la obedeció sin más, aunque las dudas se apoderaron de él luego de separar ambas patas traseras.
—Oye, no creo que sea el mejor momento, ¿qué tratas de…?
—Inclínate hacia delante y agárrate fuerte Jackie.
—¿Agarrarme? ¿De qué…? ¡Aaaaahhhhh...! ¡SKYEEEEEEEEE!
La astuta zorra se agachó y puso su cabeza entre la distancia de las dos pantorrillas de la liebre, luego tomó con firmeza las piernas de este y se alzó, cargando consigo a al macho entre sus hombros; dicho agarre tomó por sorpresa a Jack y él, en un intento por no perder el equilibrio, se aferró a los mechones que salían de la pequeña gorra rosada que aún llevaba, ella chilló levemente al sentir algunos rizos siendo jalados, pero resistió el dolor y se irguió completamente. Cuando la presa rayada por fin se estabilizó, soltó a la hembra de las greñas pero se abrazó enseguida a su cabeza para no caerse.
—¡Perdón, lamento haberte jalado pero yo...! Es decir, ¡¿Qué rábanos haces?!
—Auch… oh nada, —mencionó ella con un poco de dificultad al hablar— sólo llevo a mi héroe entre hombros, es lo menos que puedo hacer por ti, ¡oh mi dulce caballero de brillante armadura! Deja que hoy sea tu corcel indomable y regresemos juntos a casa; por esta noche, dejaré que tú me domines a mí y no al revés, papi —largó ella taimadamente.
Jack casi se atraganta con su propia saliva; y mientras intentaba no ahogarse o caerse de su 'potro', se volvió a sujetar de ella, esta vez rodeando su testa con las patas
—¡S-S-S-Skye! ¡No digas tonterías y bájame!
—¿Qué pasa... pequeñín? ¿Te molesta estar... encima de... una chica? —masculló entre pausas—. Pensé que era... la fantasía de todo macho y…
—¡Me molesta más que hables así! Pero deja eso, te vas a lastimar la columna y… ¡Woah!
El cuerpo de Jack amenazó con irse de espaldas cuando la hembra comenzó a avanzar con la presa en hombros, y él se volvió a aferrar de su gorra para no caerse de su autoproclamada corcel.
—Nah, no es nada... cargo todo el tiempo a mis sobrinitos de esta forma… ufff... y estos brazos de mecánica que pueden girar tornillos de elefantes o rinocerontes... me ayudan a cargarlos a ellos… y a ti... sin problemas.
La chica habló pausadamente pero siguió avanzando sin importarle que atrajera miradas curiosas de los animales a su alrededor.
—Bueno Rocinante, me parece que soy un poco más pesado que esos zorritos tuyos, así que te sugiero que me…
—¿Pesado? Claro Jack… a veces eres un verdadero dolor de cabeza… pero yo no te llamaría así, sólo un poco impertinente… ¡ugh!
La chica cedió por un segundo y la liebre pensó que se vendría a abajo; pero ella se reincorporó enseguida y le sacó la lengua.
—Aunque… deberías pensar en bajarle un poco a las… zanahorias.
—¡Skye!
—Ush… ya deja de quejarte y disfruta el viaje de una maldita vez... mis sobrinitos lo harían.
—¡Pero yo no soy…! Oye, ¿a dónde vamos? Por aquí no es la tienda de Don Chepe.
—Olvídate de él, mejor vayamos a esa cafetería detrás del taller.
—¿Qué? Pero tú odias tomar café que no haya sido preparado por ti y…
—Por supuesto, pero de tonta voy a llevarte de caballito hasta allá… además, ¿aún está en pie sobre pagar todo, no?
—Sí, eso fue lo que te prometí en el Osso.
El semáforo se puso en rojo para los peatones, por lo que la vulpina que sostenía a Jack esperó de pie a que cambiara la luz; a un lado de ellos había una cría de jirafa cuya cabeza estaba al mismo nivel de la liebre, quien respondió tímidamente un saludo de parte de ella.
—Oye, Orejas.
—¿Qué? ¿Ya te cansaste?
—No es eso, sólo quería… agradecerte por todo y… —Tragó grueso—. Lamento no haberte hecho caso, nada de esto hubiera pasado si no…
—No hay nada que disculpar, yo tampoco actué bien; si no fuera tan testarudo o me hubiera tomado mejor las burlas de esos tipos hacía ti, no te hubiera arrastrado hasta ahí.
Con la luz verde de su lado, Skye caminó con algo de pesadez y sin dejar de poner atención a las palabras de la liebre que estaba literalmente en su cabeza.
—Bueno, creo que en eso tú tienes más la culpa, pero lo enmendaste a tiempo, como siempre. Sólo digamos que es un empate.
Ambos rieron y estuvieron el resto del trayecto en silencio. Mientras que Jack veía la dichosa cafetería a la distancia, la voz de la mecánica llegó hasta sus largas orejas otra vez.
—Oye Jack… también… quiero disculparme por algo más…
—Skye, ya olvídalo, lo importante es que…
—No entiendes bobo, lo que pasó es que… no confié en ti. Cuando estabas negociando mi vida con ese tonto, perdí la cabeza y, no… no sé porqué me creí la parte en que le dijiste que me matara, creo que me recordó al viejo tú con eso de "Haré mi trabajo sin importar el costo" —lo imitó de forma burlona— y, por un momento llegué a creer que en verdad no te importaba…
—Oh Skye... yo jamás diría algo así en serio, todo fue mentira, lo sabes.
—¿El chico que jamás miente, diciendo mentiras? Eso fue lo que más me aterró, ¿sabes? —Ella rió nerviosamente, luego se ensombreció—. No sé porque, cuando el tipo amenazó con matarme… y tú le dijiste que… no significaba para ti de esa forma tan… tan natural, tan tuya… me hizo dudar bastante. Pero ahora sé que no era verdad, ¿cierto?
La liebre fue tomada por sorpresa, pero enseguida dibujó una sonrisa en su rayado rostro .
—Bueno, eso no fue una mentira del todo. —respondió confiado.
—¿Qué dices? —Ella cuestionó con extrañeza.
—Regla básica. Siempre amenázalos.
Skye abrió los ojos sin creer lo que había oído, pero al mirarlo desde abajo, notó enseguida la carcajada de la liebre y no pudo sentir una mezcla entre fastidio, comicidad e ironía.
—¡Eres un…! ¡Te metiste con la hembra equivocada para fastidiar, conejito!
—Ja, ja, ja… ¡espera Skye!
—Ja, ja, ¡deja de moverte!
Desde abajo, la vulpina comenzó a pellizcar con una pata libre las heridas vendadas de la liebre, pero este sólo las apartaba mientras reía divertido. En ningún momento la zorra dejó de avanzar y Jack parecía disfrutar sin miedo y a esa altura los ataques de la chica, y ella no se quedaba atrás.
—¡Ahhhhhhhhh! —se oyó una aguda y desesperada vocecita chillar desde el suelo.
—¡Woah!
—¡Ahhhhh!
A unos escasos centímetros de las patas de Skye, una pequeña musaraña se atravesó y para no pisarla, ella saltó a su izquierda pero perdió el equilibrio, haciendo que apartara sus patas de las piernas de Jack por completo; este último perdió el agarre de su fiel corcel y terminó cayendo encima de un auto, estampando su frente contra el parabrisas al mismo tiempo que la alarma del coche se había encendido. La hembra sólo consiguió rasparse las rodillas y un codo, pero la liebre parecía haberse ganado un futuro chichón en la frente. Cuando Skye se percató que su jinete ya no estaba, se llevó las patas al hocico y vio la cara restregada en el vidrio del ruidoso auto.
—¡Madre… mía, Jack!
—Skyeeeee… —masculló la liebre sin apartar su cara del cristal.
—¿Sí…? —cuestionó apenada.
—Nunca más vuelvas a hacerme caballito…
—Pero… pero… es mi posición favorita…
—Je, je… ¿espera qué? —Se asomó a verla.
—¡Nada, nada! Veo que tu cerebro aún funciona. ¡Vámonos de aquí, pediremos hielo extra en la cafetería!
La vulpina ayudó a un desorientado animal a incorporarse antes de que el dueño del vehículo reclamara algún daño a su unidad y ambos se fueron casi corriendo de allí.
