Capítulo 8: Machos y hembras


La tranquilidad de las calles vacías de la Comarca de la Sabana se vio interrumpida cuando dos bólidos a toda velocidad transitaron por la avenida como si de una carrera de autos se tratara. El prominente detective, Jack Savage, estaba en persecución de un sospechoso clave para cerrar uno de los casos de narcóticos más importante de los últimos tiempos de Zootopia; la liebre conducía en su deportivo anaranjado y estaba por darle caza al lince que se le escapó 4 meses atrás, el mismo tiempo en que Jack conoció a la chica que con tanto afán quería olvidar.

Ya habían pasado aproximadamente tres semanas desde que Skye y Jack tuvieron esa funesta discusión. La presa de rayas fue al día siguiente a intentar disculparse con ella, sin embargo, sin el alcohol en el cuerpo de la chica, su ferocidad y puntería había mejorado a la hora de lanzar llaves metálicas; viendo que era imposible razonar con Skye aún enojada con él, el detective optó por retirarse. Al día siguiente a ese, la vulpina estaba más "tranquila" pero esta vez sus palabras, acompañadas de gritos y palabras hirientes, lastimaron más que cualquier golpe de una llave inglesa y nuevamente Jack se fue del taller sin dejar las cosas en claro.

Nunca hubo un tercer intento. La paciencia de Savage se había colmado, y el amor que alguna vez sintió por la hembra fue cegado por orgullo y la falsa creencia de que "Era mejor así". Una Skye más calmada y serena espero que el macho llegara al taller suplicando perdón y está vez ella estaba decidida a escuchar antes de atacar, pero dicho macho no se presentó ni ese día ni el siguiente; la soberbia de la vulpina y su aún dañado corazón le impidió hacer algo más para reconciliarse con su exalumno, pensó que si él ya se habían rendido con ella, eran la confirmación de una amarga verdad: Él jamás la amó.

—¡Esta vez no te escaparás malnacido! —gritó Jack desde el interior de su auto, enfocado únicamente con la idea de que él sería el único en atrapar al lince, pues era su boleto para un nuevo ascenso.

Un mamífero normal estaría en duelo tras perder a una amiga y quizás a un gran amor como lo fue Skye para él, intentaría olvidar o soportar el dolor con distracciones o sustancias embriagantes; sin embargo, la droga que usó Jack para lidiar con esta pena fue una que había usado desde hace bastante tiempo y que nunca le había fallado: su trabajo.

Todas las lecciones que la zorra le enseñó a la liebre para olvidarse de su agitada vida y desestresarse se fueron por un retrete cuando Jack decidió regresar a ser el mismo trabajólico obsesivo compulsivo de antes. En las últimas dos semanas fue el primero en llegar a la estación y el último en salir, se ocupó de más casos de los que podía resolver, sobrecargó a su amiga del forense, Honey, con demasiados favores que la pobre tejona melera apenas podía cubrir; la actitud cegada sólo en atrapar criminales de Savage había aumentado su agresividad que desquitaba con el pobre delincuente que pasaba por sus patas y hasta con sus compañeros de trabajo.

Todo este cambio de conducta del detective, pese a conseguir resultados sobresalientes en la fuerza en pocos días, terminó por generar quejas de sus colegas y sacarle aún más canas verdes al jefe Bogo, incluido crear más fricciones entre ellos dos al punto de que el búfalo mala cara ya lo había amenazado en degradarlo en vez de ascenderlo si no se calmaba. Más todo lo que hizo Jack era una fachada, una forma de mantener su mente ocupada y no pensar en esa hembra que había ablandado el insensible corazón de la liebre de rayas.

—¡Eres mío, maldito felino escurridizo! —refunfuñaba el detective, cegado por el deseo de atrapar al delincuente más por orgullo que por el mentado ascenso o detener por completo a una peligrosa organización criminal. No, capturar a ese lince era una especie de catarsis y la única forma de enmendar el colosal error que cometió meses atrás; si su auto no se hubiera detenido ese día, su carrera policíaca hubiera prosperado, jamás hubiera conocido a Skye y no estaría pasando por esas incontables noches de insomnio pensando en ella, añorando su actitud divertida, fantaseando con su figura, ahogándose en bellos recuerdos, imaginando un futuro juntos y…

—¡Argh! ¡Concéntrate Jack! —se dijo así mismo, intentando empujar cualquier mención de ella de su mente y concentrarse en el mayor caso de toda su carrera. Enfocó la mirada en su objetivo, apretó sus largos dientes, cambió la palanca de velocidades al número 5 y, después de soltar el embrague, pisó el acelerador a fondo decidido a que el felino no pasaría de esa calle, aún si tuviera que estrellarle su propio auto.

—Quizás si está hecho trizas —dijo para sí el detective—, sólo así Skye querrá verme… —Agitó su cabeza enseguida— ¡No, no, no, no! ¡Deja de pensar en ella Jack por un maldito segundo y no te distrai…! ¡GGGGAAAASSSSSSSSSS...!

El espantoso estruendo de metal doblándose sacó a la liebre de sus pensamientos. El auto que iba a una alarmante velocidad se había parado en seco y la inercia dictaba que el conductor probablemente estaría muy mal herido o peor, muerto.

—¡Por las rayas de mi cara!

Por fortuna, Jack notó con anticipación que el auto del criminal se había accidentado. La liebre frenó a penas a tiempo, evitando compartir el destino fatídico del sospechoso.

—¿Qué demo…? Oh no, oh maldita sea, ¡No!

Al instante, Jack observó impactado el espectáculo frente a él, luego miró a los alrededores y enseguida supo con exactitud lo que ocasionó el incidente. En el piso estaba tirada una cinta amarilla para evitar el paso de peatones y autos, aparentemente, el criminal no se percató a tiempo de esto y había penetrado sin querer un área restringida; en ella, un socavón enorme había hundido la calle y, cuando el auto robado pasó a toda velocidad ignorando las cintas de advertencia, se hundió en la zanja y se estrelló contra el pavimento, que actuó como pared parando el carro de golpe y destrozando la parte delantera en el proceso. Sin embargo, la experiencia de Jack le decía que en estos casos, el conductor nunca salía ileso, lo cual era lo que más lo angustiaba.

—¡No puede ser! —exclamó contrariado—. ¡Más te vale que no te hayas muerto, infeliz!

Enseguida bajó del auto sin importarle haberlo dejado mal estacionado y a mitad de la calle. Mientras corría hacia el lugar del accidente, sacó su pistola por costumbre y de un gran salto llegó hasta donde se encontraba el lince; se asomó por la ventana que estaba cuarteada debido al choque al mismo tiempo apuntaba como el policía entrenado que era, luego observó que el felino permanecía inmóvil aunque de forma un tanto borrosa por los cristales agrietados. Sin perder el tiempo, abrió la cabina del conductor con algo de dificultad y enseguida apuntó al piloto para que no intentara nada, aunque al instante se dio cuenta que quizás no era necesario.

La bolsa de aire del pasajero estaba activada y al parecer le salvó la vida, pero la falta de cinturón de seguridad no le evitó llevarse un buen golpe en la frente. Sin bajar su Walther, Jack sintió el pulso del delincuente y supo que estaba vivo, tras llamarlo por su nombre y no responder, infirió que el lince había perdido el conocimiento.

—¡Grandioso! ¡Fantástico! ¡Lo que me faltaba! Mi principal sospechoso está medio muerto y ni siquiera lo atrapé yo, fue nuestro deficiente y siempre oportuno departamento de obras públicas, ¡qué maravilla! —bramó con ironía y de mal humor mientras azotaba el techo del vehículo— Sólo falta que el desgraciado entre en coma o tenga un sangrado interno que lo termine de ma… ¡Rábanos! ¿¡En que estoy pensando!? —Se llevó las patas a las orejas—. Debo llamar a emergencias; si ese felino se muere, todo mi caso se irá con él y… ¡UGH! —espetó de repente—. ¡Madre mía! ¿¡Qué rábanos fue eso!?

Un potente estruendo seguido de otro se escuchó a unos cuantos metros de distancia de Jack, con su radio en pata y con un irritante zumbido provocado por el desconcertante ruido, el detective Savage se dio la vuelta y observó incrédulo el origen de tal escándalo.

—¿Pero qué cara…? —Soltó el comunicador al piso de la impresión.

Su auto acababa de ser chocado contra un vehículo mucho más grande que el suyo, una patrulla del Departamento de Policía de Zootopia, de hecho. El enorme auto todo terreno impactó con la parte trasera de coche anaranjado y debido a que Jack no puso el freno de emergencia, este avanzó por la inercia y salió disparado con tal brusquedad que terminó por impactarse contra un poste que terminó por deformar el parachoque y el capó de su auto deportivo.

—Oh no… ¡No, no!

De pronto, la base del poste se había debilitado y la columna de la lámpara de luz se desplomó casi enseguida sobre el auto de Jack, de la misma forma en que un árbol cae al ser talado, abollando el techo de la carrocería. La liebre quedó sin habla al ver que su preciado vehículo quedó destrozado no por la imprudencia de algún civil, ¡si no por culpa de uno de sus colegas del DPZ!

—¡Oh dulces galletas con queso! ¡NICK! ¡Mira lo que hiciste —gritó la aguda y desesperada voz de una hembra desde el interior del auto policíaco.

—¿Lo que yo hice? ¡Si tú eras la que iba conduciendo, Zanahorias! —respondió el copiloto aún discutiendo dentro de la patrulla.

—¡Pero no lo hubiera hecho si tú no me hubieras distraído poniéndome tu teléfono en mi cara, zoquete!

—Ay bueno, es que era un meme buenísimo sobre conejos bebés y…

—¡¿PROVOCASTE UN ACCIDENTE VIAL POR UNA ESTÚPIDA IMAGEN DE INTERNET?! —bramó iracunda la presa.

—Pelusa, cálmate, en realidad era un vídeo y…

—¡No me refería a eso, torpe zorro! ¡Acabamos de golpear el auto de ciudadano y…!

—¿Acabamos? Me suena a manada…

—¡Sí, acabamos, porque por tu culpa mandé el coche de ese pobre mamífero a estrellarse contra ese poste y que ahora mismo lo está aplastando...! ¿¡Aplastando!? ¡Oh santo cielo, Nick!

De forma impulsiva, la coneja policía, conocida como Judy Hopps, salió saltando de la patrulla y se dirigió al lugar del accidente; mientras que su compañero, el cínico zorro, Nick Wilde, descendió de la unidad con más calma aunque internamente estaba muerto de miedo porque si el conductor había sido herido por su imprudencia, Judy no se lo perdonaría jamás. A paso veloz llegó hasta donde se encontraba su compañera

Mientras todo esto pasaba, Jack seguía estupefacto y con la boca abierta hasta donde su mandíbula se lo permitía. Toda preocupación del caso actual y hasta sus pensamientos errantes por Skye se habían desvanecido por el impactante accidente que pasó frente a él; si el detective no hubiera estado tan enojado e impaciente por atrapar a ese criminal, él habría estacionado mejor su vehículo como es el procedimiento y evitado dicha calamidad.

Aunque de todos modos, eso no era justificación suficiente para que unos despistados policías novatos hicieran tal agravio a su principal medio de transporte y de trabajo. Esos infelices lo iban a escuchar. Dejó de culparse a sí mismo y enfocó toda su ira y hostilidad acumulada en la semana a la desafortunada pareja policíaca que se había atrevido a meterse con el detective Jack Savage.

Sin percatarse de la presencia de la liebre, la coneja y el zorro estaban ocupados retirando el vencido y hueco poste metálico que aplastaba el techo del auto naranja. Tras soltar un respiro de alivio al ver que ningún animal fue herido por su imprudencia al volante, Judy abrió los ojos impactada al caer en cuenta de algo terrible.

—¡Fiu! —Nick fingió quitarse sudor de la frente—. ¿No te lo dije, Pelusa? No iba a pasar nada, un vehículo mal estacionado como este sólo puede ser obra de un conductor irresponsable que se bajó sin importarle nuestras benditas leyes de tránsito. Que grosero, ¿no crees?

—Nick...

—¿Qué tienes, Zanahorias? ¿Por qué la cara larga?

—C-c-creo que sé de qui-quiénes es e-e-este auto… —murmuró la coneja mientras lo miraba con una cara temblorosa.

—¿Ah sí? ¿Y cómo lo sabes? ¿Es acaso el auto de algún exnovio tuyo del que no me hayas contado o qué?

La pregunta a modo de broma no hizo más que enojar a Judy y ruborizarla un poco

—¡Nick! ¡Esto es enserio, en verdad estamos en problemas!

—Pe, pe, pe, pe, pe. —El vulpino extendió ambas palmas —Tranquila Orejas; mira si conoces al conductor y él a ti, con mayor razón no debes porque preocuparte.

—¡Nick, acabamos de golpear el auto de Jack Savage! ¡Él amaba ese auto, seguro nos va a matar!

—¡Pfffff! ¿Hablas de Rayitas? —dijo al zorro en tono burlón y entre risas— Por favor, Zanahorias, ese bobo detective que no atrapa ni un resfriado no nos hará nada, y como te dije, al ser su amiga, seguro que te lo pasará fácilmente si le das una zanahoria o… ¿Está detrás de mí, verdad?

—¡Tú! —voceó Jack a espaldas del vulpino.

Casi enseguida, el compañero de Judy se giró despreocupadamente, sin embargo, se topó con la inconfundible figura del detective Savage, quien emanaba un aura asesina y tenía un rostro furioso que ni el zorro ni la coneja habían visto antes.

—¿Ra-Rayitas? —cuestionó Nick muy sorprendido— ¿En verdad eres tú…? ¡Argh!

Jack se lanzó contra el depredador que le ganaba en altura y lo sujetó fuertemente de la solapa de su camisa policíaca; lo jaló con excesiva brusquedad hasta quedar a su mismo nivel y lo vio con una expresión de ira pura.

—¡Wilde, maldito hijo de perra! —lo amenazó la liebre como hace mucho no le hablaba un criminal—. ¿¡Acaso no te das cuenta lo que acabas de hacer!? ¡Te metiste con la presa equivocada hijo de tu p…!

—¡Oye Rayi- es decir, Jack! —corrigió apresurada la coneja—. Tranquilízate, si alguien va a matar al torpe de mi compañero, esa seré yo —dijo en una voz suave para intentar calmarlo, mientras ponía su pata sobre el hombro del exasperado detective para que dejara a su compañero en paz—. Además, no tienes porque desquitarte con él, el accidente fue mi culpa, no es necesario que…

—Silencio Judy, no defiendas a este infeliz, —le gritó de mala gana a su amiga, apartando su zarpa de él—. ¡Acabas de destrozar mi auto, infeliz! ¿¡Sabes lo mucho que significaba para mí, bastardo!? —bramaba la liebre fuera de sí. No sólo era el primer auto que había comprado, también era un recordatorio de todo lo que sufrió en la fuerza policíaca para llegar hasta donde estaba, y finalmente, le recordaba a Skye por todo lo que pasaron juntos gracias a su bólido anaranjado.

—¡Jack, por favor ya suéltalo! —Rogó Judy, temiendo que la situación se saliera de control y que de las palabras fuertes pasarán a los golpes—. ¡En verdad lo sentimos mucho, tú me contaste lo mucho que significaba para ti tú auto, pero por favor cálmate, libera a Nick y hablemos tranquilamente como animales civilizados.

—Sí, Rayi… errr, es decir, amigo Jack —farfulló el zorro mientras respiraba con dificultad. Nick siempre subestimó a la liebre pensando que era un don nadie o un mamífero de oficina; nunca creyó las maravillosas hazañas que le contaba Judy y que lo ponía algo celoso, pero en ese momento, por la forma tan decidida y agresiva que sostenía al vulpino, él comenzó a creer que todo era cierto y que no saldría de esto ileso—. Por favor, si dejaras de arrugarme la camisa y habláramos de esto sin insultar a nadie podríamos.

—¡Escúchame bien, imbécil! —Continuó la liebre, apretando más su agarre y los dientes en cólera— En primer lugar, no soy tu amigo y jamás lo seré, en segundo lugar parece que no has visto como dejaste mi principal herramienta de trabajo.

—¿Te refieres a tu auto? Pensé que la principal herramienta de un policía son su placa o su arma… ¡Argh!

En un ataque de rabia, Jack azotó al zorro con brusquedad contra la puerta de su propio vehículo, a la par que lo elevó unos cuantos centímetros. Judy se alarmó y quitó el seguro de su pistola paralizante.

—¡Jack, en serio, bájalo, no me obligues a intervenir! —Advirtió la coneja preocupada por tener que lidiar con uno de sus primeros amigos en la fuerza.

—¡No estoy para chistecitos, sabandija! —Gruñó Jack presionando al zorro e ignorándo a la coneja.

—¡Oye, esa es mi frase! —Se quejó el príncipe de los comentarios inoportunos.

—¡Jack por favor! Y Nick, ¡cierra la boca de una vez!

—¿Tienes idea de lo que hiciste, idiota? Si mi auto no arranca, considérate muerto, Wilde. Eso sin contar los daños a los parachoques y el techo, no es un simple rasguño o algo que se arregle fácilmente, ¡voy a tener que llevarlo a reparar a un taller y no con cualquier mecánico, tendría que ser con la mejor y más hábil conocedora de autos de esta ciudad y…! ¡Y… y…!

Sin dejar de tomar al zorro por la ropa agresivamente, el detective cayó en cuenta en las últimas palabras que había dicho, su unidad estaba completamente destrozada y tendría que llevarla sin duda con una verdadera eminencia en la reparación de vehículos, y sabía exactamente con quién acudir.

Debido al inesperado silencio, Judy y Nick se miraron entre sí más preocupados sin saber qué esperar; miraron confundidos el rostro del detective que comenzaba a arrugarse y a apretar los dientes como a punto de soltar un grito de guerra.

—Ja, ja… ja, ja… ¡JA, JA, JA, JA, JA!

Para sorpresa de ambos oficiales, la liebre comenzó a carcajearse como desquiciado haciendo la cabeza para atrás. Luego, sin previo aviso, soltó al zorro de las solapas y le dio un gran abrazo que los tomó desprevenidos y casi le saca el aire al taimado vulpino.

—Zanahorias… ahora sí me está asustando… —le musitó Nick a su pareja—. ¡Tengo miedo! Judy… ¡sálvame! —suplicó temeroso.

De un fuerte abrazo de oso, Jack subió al zorro unos metros en el aire y luego lo soltó antes de que Judy sacara su paralizador temiendo que la liebre quisiera aplicar una llave de lucha a su compañero, más esto nunca pasó. Savage se apartó de un confundido Nick y luego sintió su pata recibiendo un fuerte apretón de parte de la presa rayada.

—Muchas gracias Wilde, después de todo este tiempo, por fin me has hecho un enorme favor.

Fue turno entonces de ambos mamíferos en abrir la boca con sorpresa. No podían creer que de una liebre caótica, Jack se había transformado en un sonriente actor de pasta dental que había arreglado sus diferencias con el zorro en menos de un minuto.

—Zanahorias —masculló lo más discreto posible—. ¿Acaso Rayitas está drogado?

—Cállate menso y no lo arruines —le respondió entre dientes.

El detective soltó a Nick y se dirigió a su compañera, a quien la tomó de una pata y besó su dorso.

—Gracias Wilde, gracias Judy, no saben el grandioso favor que me han hecho.

—Sí, sí, sea lo que sea, deja de babear a mi compañera, viejo —Interrumpió el gesto un molesto Nick.

—Ahora, tengo que irme. Cielos, ojalá mi auto aún sirva.

La liebre pasó a los oficiales de largo y enseguida entró a su vehículo e intentó encenderlo.

—¡Espera Jack! ¿A dónde vas?

—¡Zanahorias, déjalo que se vaya! Quizás hasta se le olvide cobrarnos lo de su carro.

—Por favor, arranca, arranca, arranca…

—¡Jack!

—¡Shhhh, Pelusa!

Tras varios intentos, el auto de Jack por fin encendió, haciendo que la liebre apretara los puños de felicidad.

—¿Jack, a dónde…?

—¡No tengo tiempo de explicarte ahora Judy, pero debo irme, debo irme ahora mismo —miró su reloj de reojo— Es casi hora de su descanso, no puedo dejar pasar más tiempo.

—¿Pero de quién hablas? ¿Por qué te vas? Pensé que estabas llevando el caso del cartel de drogas y aún no han atrapado al sospechoso clave.

—¡Oh rábanos, tienes razón, casi lo olvido! —Se golpeó Jack en su propia sien—. Ya atrapé al infeliz, está en el auto azul de allá, esposado.

—¿Qué, QUÉ? —exclamó la conejita.

—¿Hablas en serio, Rayitas, tú…? ¡Auch!

Judy le dio una palmada a su compañero por su indiscreción y tentar su suerte con el detective, luego le hizo un gesto con las patas de que revisara el coche que Jack señaló. Nick masajeó su hombro, hizo un saludo policíaco a la coneja más cómico que solemne y luego se dirigió a comprobar lo dicho por el lagomorfo.

—Déjame ver si entendí Jack. —La hembra se asomó a través de la ventana caída de la puerta del conductor—. Atrapaste al criminal que se te escapó hace meses y que la policía ha estado buscando por más de un año, el mismo que, según me contaste, era tu boleto para tu ascenso, ¿Y así nada más te vas a ir y abandonarás tu deber?

—Bueno, en mi ausencia estoy seguro que tú y Wilde son lo suficientemente capaces para encargarse de todo, ¿no?

—Espera, espera, ¿nos cedes tu caso, uno de los casos de narcotráfico más grandes en Zootopia? ¡Pero Jack, no podemos! ¡Primero estrellamos tu auto y ahora esto! Trabajaste tanto para obtener este ascenso, Bogo no se opondrá y te promoverá enseguida si le entregas al sospechoso y el caso resuelto en su oficina, acercándote más a tu sueño.

—Lo siento Judy, pero acabo de recordar que tengo un mejor sueño que perseguir, y debo hacerlo ahora antes de que sea más tarde.

—Pero Jack…

—No quiero más peros, señorita; además, tú y tu novio me la deben por haber fastidiado mi auto; les cedo el caso y con ello, todo el papeleo que conlleva —dijo la liebre con un tono malicioso en eso último—. Espero no tengas planes para hoy, Hopps. ¡Nos vemos Judy!

El detective arrancó su auto y se alejó a toda velocidad de la escena, sin importarle que se hubiera caído el parachoques trasero de su destartalado automóvil.

—¡Oye, él aún no es mi nov… quiero decir, no somos novios! —gritó apenada la coneja a un distante Jack, aunque se tapó la boca casi al instante.

Mientras Judy miraba como el bólido naranja desaparecía, su compañero se acercó a la coneja con un buen humor.

—Vaya, Rayitas sí que tenía prisa, no sé lo que le dijiste, pero sea como sea, funcionó.

—¿Y qué hay del tipo del auto?

—¿Hablas de lince y el mamífero más buscado de Zootopia en los últimos meses? Está algo indispuesto para hablar ahora, pero respira, está esposado y en definitiva, es él que buscábamos. Vaya que le van a dar un ascenso a ese desgraciado, aunque no envidio su suerte en lo más mínimo; tendrá un montón de trabajo de oficina por hacer una vez que lo entregue al jefazo, ja, ja, ja. —Bromeó Nick mientras intentaba hacer reír a su pareja policíaca—. Y dime Pelusa, ¿qué hiciste para ahuyentar a Cebritas?

—Pues 'Cebritas' como tu llamas a Jack, tuvo que irse y nos cedió su caso. Espero no te moleste pasar toda la noche en la estación llenando expedientes y formularios.

La risa y ánimo alegre del zorro se esfumó al oír eso último.

—¿Estás jugando, verdad, Zanahorias?

—No, para nada. Y como nuestro superior, fue más una orden que un favor, además de que mencionó lo que hiciste con su auto.

—¡Ah! ¿Lo que yo hice? ¡Si tú fuiste la que lo…! Bueno, olvida eso, ¿Qué hay de la cita que hemos planeado por semanas y que íbamos a tener saliendo de nuestro turno hoy, eh?

—Bueno, tendrás que pasarla para otra semana más porque él deber llama.

—¡Ese cara pintada con crayones! ¡Si lo tuviera ahora mismo…!

—Oh, casi lo olvido Judy… y Wilde.

—¡Ay mamá!

Sin que se hubiera percatado antes, Jack regresó en donde estaban los dos oficiales de policía y estiró la pata para entregarle algo a Judy.

—Son las llaves de las esposas, me las regresan mañana en mi oficina, por favor.

—Sí Jack, eso haremos —respondió la coneja mientras veía a su compañero de reojo.

—Oh, y Judy, Wilde. No crean que dejaré pasar lo de mi auto tan fácilmente, una vez que me llegue la factura, ya veremos cómo le harán para pagarme.

—¿Ah sí, Rayitas? ¿Y cómo piensas obligarnos? Acabas de llevarte tú auto y con ello ya no tienes pruebas. Será tu palabra contra la nuestra.

—¡Nick! —Murmuró la hembra.

Jack sólo arqueó la ceja y le sonrió cínicamente al zorro.

—Es su palabra contra la cámara de seguridad arriba de tu cabeza, zoquete.

—¿¡Qué!? —bramó Nick asustado.

—Detestaría tener que usarla como evidencia en una investigación de tránsito, o peor aún. Enseñársela a tu buen amigo Bogo, quién te quiere mucho más que a mí, si no me equivoco.

—¡Eres un…!

—Nick, basta, no lo empeores más.

—Adiós Judy, Wilde; que se diviertan con el caso y su papeleo. ¡Ahora sí, adiós!

El vehículo de la liebre se volvió a alejar soltando unos cuantos pedazos de fierro más, mientras que un fúrico Nick alzó el puño en señal de protesta contra el fugitivo conductor.

—Grrr… maldita sabandija, esta me las vas a pagar… ¡Te odio Jack Savage! —gritó el vulpino a la distancia.


Era otra tonta y aburrida tarde en la vida de Skye.

Para la única mecánica del taller de Jerry, había sido una temporada difícil, pues casi no había tenido autos que reparar; quizás era una mala racha, o quizás tenía que ver el mal humor con el que había tratado a sus últimos clientes, nunca lo sabría. Tras la separación de su único estudiante y amigo, la vulpina ártica intentó enfocarse en el futuro y sus proyectos de vida, el más próximo a realizar era entrar a la universidad; sin embargo, su meta profesional se encontraba congelada por el momento, su padre aún no regresaba de sus vacaciones en el extranjero y Skye le prometió cuidar su preciado taller y negocio familiar, ella debía esperar algunos meses a que su viejo regresaa y pudiera comenzar su educación superior.

Sin embargo, sin la sosa liebre por ahí alegrando sus miércoles y lidiando con la soledad al no tener muchas amistades en la gran ciudad, la pobre zorra veía pasar la vida. Lo peor era que al no tener nada que hacer, daba oportunidad a su mente para torturarla con el recuerdo de su amor fracasado.

Skye era una chica de voluntad fuerte como de carácter y que no perdía su tiempo rememorando los errores del pasado, pero pese a su fortaleza emocional, aun cuando creía ya superado lo de aquella liebre que conoció 4 meses atrás, no podía negar que aún estaba presente en su cabeza y en su corazón.

Tenía que reconocer que cada vez pensaba menos en él: ya no estaba tan furiosa como antes, ya no aguardaba horas frente a la entrada del taller esperando a que Jack tratara futilmente de disculparse, ya no lloraba tanto hasta quedarse dormida, ya no esperaba a que al contestar cada llamada que hacían a su taller, escuchara la profunda y seductora voz de cierto macho que comenzó burlándose de él y terminó enamorándola y dejándola ilusionada como una joven colegiala. No, ya había dejado esa faceta a un lado, pero había días tan muertos como aquel donde todo su trabajo por olvidarlo se iba al demonio.

—Cómo desearía gritarle una vez más a esa liebre estúpida lo idiota que es —dijo Skye para sí, sentada en un sillón al interior de la casa de Jerry—. Ojalá ese desgraciado tuviera las agallas de venir y darme la cara, para que viera lo feliz y tranquila que estoy sin él.

La chica apoyó su mentón sobre sus rodillas y abrazó sus piernas intentando no volver a romper en llanto, como hace semanas atrás. Pero esa mezcla poco sana de rencor y amor volvía a atacarla sin piedad.

Al menos así fue hasta que sus orejitas vulpinas se sacudieron cuando un sonido muy familiar llegó hasta ellas. El quizás nada sobresaliente ruido de un motor de 6 cilindros diseñado para especies de baja altura podría no ser distinguible para el oído animal promedio, pero para Skye, era la inconfundible melodía que producía el auto de la presa que más añoraba ver.

—¿Jack? ¡Jack!— ladró la zorrita con júbilo, hasta que a su memoria vino la fecha exacta sobre cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la vino a ver y la razón por la que se habían disgustado. Apretó la mirada y frunció el ceño enojada —¡Jack!

Secó con su muñeca las diminutas lágrimas que se asomaban por sus ojos, se puso de pie enseguida, e, ignorando el afecto que sintió antes, lo reemplazó por el deseo de expresar el dolor que él le había hecho pasar.

Salió de la pequeña choza al interior del taller casi, casi azotando la puerta, que ya tenía cerradura nueva. Abandonó la vivienda decidida a sacar de su ronco pecho todos los sentimientos acumulados de la semana, abrió su hocico para recaer en la rutina de siempre.

—¡Desgraciado! ¿Cómo te dignas a…?— Abrió los ojos de golpe al ser testigo de algo que le desgarró el corazón en un santiamén—. ¡Oh, santo cielos, JACK!

Todo rencor, todo reproche y todo intento por cubrir sus verdaderos sentimientos, se desvanecieron cuando la vulpina observó el alguna vez precioso auto del detective Savage convertido en un pedazo de chatarra, sin su parachoques frontal, con el techo abollado, cubierto de polvo y que parecía haber sido embestido por un rinoceronte. Naturalmente, tal impresión causó en Skye una ola de emociones que despertó una preocupación sincera y pura por el bienestar de un mamífero tan importante para ella.

—¡Jack! —Corrió sin pensarlo a la unidad dañada—. ¡Jack, Jack, por favor, dime que no estás herido, Jack!

Por su parte, la liebre salió de su auto sin prisa y esperando que las cosas con la mecánica no terminaran como las últimas veces. Antes de que siquiera pudiera cerrar la puerta, vio como una asustada chica se dirigió hasta él con rapidez pero que se detuvo en seco al mirarlo a los ojos.

—Skye…

—Jack…

Ambos mamíferos se quedaron contemplando el uno al otro, había pasado casi un mes sin haberse visto o saber que había sido de sus vidas. El incómodo silencio se terminó en poco tiempo cuando la vulpina tomó la palabra.

—Jack… ¿te encuentras… bien? —preguntó genuinamente preocupada, pero sin revelar que en el fondo estaba feliz de verlo.

—Yo… sí, sí, lo estoy. Tuve un pequeño percance al atrapar a un criminal pero… por fortuna, salí sin un rasguño. Aunque ya sabes, son gajes del oficio.

Se alivió un poco al escuchar eso, sin embargo, le fastidió que minimizara su accidente y lo hiciera parecer como algo normal de su profesión. Primera vez en días que se ven y tenía que terminar hablando de su trabajo. Típico de él, pensó Skye. Cómo lo extrañaba, intentó negarlo mentalmente.

—Oh, ya veo... —Fingió desinterés—. Que pena, debiste haber sido tú y no tu pobre auto —mencionó en un tono ácido, intentando sonar cruel y despreocupada.

Habían pasado un par de semanas y ella lo recibió con un comentario cínico y mostrando más preocupación por el vehículo. Típico de ella, meditó Jack. Mentiría si no admitiera que había extrañado tanto escuchar sus palabras, groseras, altaneras, sinceras y muy a ella.

—Sí, es una pena, sé que te gustaba mucho mi auto.

—No es lo único que me gustaba antes, Jack —comentó en un tono más severo.

Sin embargo, la rudeza de sus palabras, aunque merecida, no dejaban de ser hirientes y desesperanzadoras para la liebre..

—¿Y qué otra cosa te gustaba, Skye?

La pregunta tomó a la vulpina desprevenida. No por la forma irreverente de decirlo, sino por lo impropio de él, y porque sentía que quería jugar con ella. Pues sabía que él no hablaría en serio de sus sentimientos.

—¿A qué viniste, Jack? —Ignoró su pregunta con otra— ¿Acaso vienes a que arregle tu auto o sólo lo chocaste para intentar disculparte conmigo?

—No vine para ninguna de esas cosas, Skye.

Ella arqueó una ceja y lo miró confundida.

—Y sólo para aclarar, no choque, me chocaron —agregó la liebre.

La zorra se cruzó de brazos aún incrédula.

—¿Y entonces qué rábanos quieres conmigo?

El detective cerró los ojos e inspiró profundamente, preparado para uno de los mayores retos de su vida, del que no estaba dispuesto a volver a fallar.

—Skye, he venido únicamente para hablar, y, contarte la verdad y nada más que…

—¡A no, eso sí que no, no quiero…! ¿Q-q-qué crees que haces...? —exclamó confundida—. ¡Oye se piden…!

Sin pedir permiso, la presa de rayas tomó la llave inglesa que salía del bolsillo delantero del overol de la vulpina, luego agachó la cabeza mientras alzaba la herramienta de metal con una pata.

—Antes de decir nada, primero escúchame, si no te convence, aquí tienes. —Le devolvió su llave mecánica—. Dejaré que me des todos los llaveinglesazos que quieras, merezco eso y más. —Jack la miró fijamente a los ojos—. Pero por favor, te aseguro que no repetiré lo mismo que te dije aquella vez y las anteriores ocasiones. Escúchame, por favor, al menos una última vez, Skye.

La zorrita se detuvo enseguida y se quedó pensando unos instantes. Luego tomó su propia llave mecánica y se cruzó de nueva cuenta de brazos, pero sin soltar el pesado objeto.

—Al fin hablas mi idioma, zopenco. Te escucho.

—Gracias. —Se reincorporó con el semblante serio y decidido más que nunca a arreglar las cosas—. Como te decía, esta vez quiero omitir la gran disculpa que te mereces, pero no por lo que tanto afán intenté pedir perdón, todo eso, y el causante de este gran malentendido no es más que mi culpa por no ser sincero contigo desde el principio y decirte la verdad.

Jack volvió a dar otra gran inhalación mientras que la vulpina aguardaba expectante y sin poder evitar balancear su cola por lo que ese remedo de macho estaba por decirle.

—Aquella horrenda tarde, cuando estuvimos a punto de besarnos y me confesaste tus sentimientos… yo… —tragó saliva—… te mentí, Skye.

La zorra bufó irritada y rodó los ojos con hastío.

—¿Esa era la gran revelación? ¡Por todas las moras, eso ya lo…!

—¡No, no Skye, tú no entiendes, déjame terminar! La razón por la que no correspondí tu beso y no te dije la verdad, la única verdad que importa.

—Mira, si vas a volver con lo mismo...

—Te amo Skye.

Pese a ser las palabras que más quería oír en el mundo desde hace tiempo, no había sido el momento ni el lugar adecuado para decirlo. Aún así, esas simples palabras bastaron para bajar sus defensas.

—Tú… es decir… yo… ¡a otro perro con ese hueso, que te crea tu…!

Por casi 10 segundos.

—¡Es verdad Skye! Yo… yo… no quise admitirlo ese día… ¡No tienes idea lo mucho que me alegró y aterró saber que sentías lo mismo por mí! Pero… pero… te amaba… te amo tanto… tanto para permitir que terminaras con un remedo de macho como yo.

Antes de que la vulpina lo moliera a golpes con su arma improvisada, esa última frase la paró de golpe.

—¿Qué? ¿¡A-a-a qué be-be-berenjenas te refieres!?

—Sé que sonará estúpido, y que con lo que voy a decirte perderé el poco amor que te queda por mí, pero ya no voy a negar más lo que siento por ti o las idioteces que eso me obligó a hacerte, a lastimarte, a ti, a una chica tan linda y buena que no merece amar a un estúpido cobarde como yo.

Jack no pudo verla a la cara, una vergüenza grande se apoderó de él y por primera vez en mucho tiempo frente a una hembra, él le mostró su debilidad y flaqueza, dejándose llevar por las emociones que siempre trataba de ocultar. Pese a la falta de una figura paterna en la mayor parte de su vida, la liebre fue educada para seguir los estándares típicos de cualquier macho: No mostrar emociones, ni sentimentalismos y mucho menos llorar. Todos saben que 'Los machos no lloran'. Aún así, algunas lágrimas ya se asomaban en los pómulos del alguna vez valiente detective Jack Savage. Y Skye, más que alterarse más o agregar burlas sobre su masculinidad, espero callada y conmovida, sintiéndose algo de pena por verlo así.

—Detesto admitirlo, pero tal como me lo has recalcado algunas veces, sé que en el fondo soy un completo cobarde, y cuando las cosas se ponen feas, como ahora, como semanas atrás, no sé que hacer y entonces huyo, miento y evado los problemas. ¡No sé cómo demonios llegué a ser detective siendo una patética excusa de animal! —Jack pataleó el suelo furioso, mientras se sonaba la nariz e intentaba controlar sus emociones—. Y cuando caí en la cuenta que me había enamorado de ti… cuando descubrí que pasaba días añorando que llegará el bendito miércoles para estar contigo, y cuando confirmé que sentías lo mismo que yo… yo no… yo no supe qué hacer, no estaba listo y no… ¡No era justo que una linda chica como tú se enamorara y se desviviera de un tipo tan estúpido y tan poco macho como yo!

—¡Jack, tranquilo! —Skye intervino, tomando a la liebre de una pata— Yo no… no tenía idea… ¿Por qué no me dijiste esto antes? Si te estaba poniendo incómodo, si creíste que el beso fue demasiado pronto, yo no…

—¡Yo no podía, no puedo! —Se soltó de ella con brusquedad y enfado— ¿Qué clase de macho sería si te demostraba esa inseguridad, mi falta de carácter y mi miedo constante a no poderte hacerte feliz, a fracasar? —El macho continuó gritando con las extremidades tensas y sin poder ver a la chica a la cara—. No podía permitir que a alguien a quien quiero mucho como tú saliera con un cobarde y patético mamífero como yo y…

—¡Jack, basta! —Ella lo volvió a tomar de ambas patas, luego tomó sus mejillas— Jack, mírame… ¡mírame!

La presa por fin volteó a su dirección, mientras ella contemplaba sus ojos azules y vidriosos y como su naricilla tambaleaba con horror.

—¿En verdad te asusta eso? ¿Qué clase de cosas podría asustarte de mí? O sea, sé que no soy la chica más tranquila de por aquí, ¿pero que tan mala puedo ser?

—Te digo que no eres tú, soy yo y mi miedo a los cambios. Muchas veces imaginé que harías si te enamoraras de mí, ¿y sabes en qué cosas pensé? ¿En qué haría si yo no fuera suficiente para ti? ¿Si mi trabajo no me dejará dedicarte más tiempo? ¿O si nuestras diferencias de especies nos trajera problemas? ¿Qué si mi madre, a quién mi padre dejó por una zorra literal y figurativamente hablando, podría soportar tener una nuera de la misma especie? ¿Qué si no te avergonzaría tener una pequeña presa como novio y en serio, la reacción que tendría Jerry conmigo si sabe que salgo con su hija? ¿O si no soy capaz de complacerte en la intimidad por mi tamaño? ¿¡O si no logro hacerte feliz con…!?

Skye puso un dedo en su pequeño hocico y lo silenció tiernamente, luego puso ambas patas sobre sus hombros y acercó su rostro al de él.

—Si serás bruto, torpe liebre, eso no tiene nada de malo.

—Pero Skye…

—Shhh, creo que ya hablaste demasiado, ahora me toca hablar a mí, grosero. —Rió por lo bajo—. Si bien lo que me dices es algo exagerado, aún para ti; yo comprendo y es normal que seas inseguro o que tengas miedo en esto… y no, no tiene nada de malo serlo, seas un macho o una hembra. Si lo haces por mí pensando que yo sólo buscaba un macho fuerte, valiente, decidido y duro como una piedra estás… parcialmente equivocado. No Jack, yo no me fije en ti esperando cambiarte o ser mi chico ideal, nada de eso. Desde la primera vez que te vi, no sólo me fije en tu apariencia, también en tu curiosa y única forma de ser, y, conforme pasó el tiempo, me enamoraste al ser tan tú, al ser decidido, caballeroso, noble y, un macho de buen corazón, alguien que aunque a veces sea testarudo, necio o tenga cientos de defectos, tiene muchas más cualidades que hacen a cualquier hembra feliz y sentirse valorada.

—Pero… yo no…

La zarpa de Skye tomó a la liebre por la barbilla, él quedó paralizado no por el miedo o la incertidumbre, si no por la calidez y seguridad que emitía su suave y delicada pata, y por la mirada tierna y comprensiva que le dedicó aquella zorra ártica.

—Eres mucho y más de lo que merezco, tanto que me dará diabetes por toda esa ternura y preocupación que muestras por mí, sobre todo por cosas que no han pasado. —Ella acarició su mejilla y pasó sus dedos sobre una de sus lindas rayas—. ¿Qué si tu trabajo, qué si la condenada diferencia de edad, qué si somos de diferentes especies, si el qué dirán? No importa, lo haremos funcionar. ¿Qué mi padre no estará de acuerdo? Puede ser, pero te aseguro que mientras yo sea mecánica, no tendrás que temer por alguna represalia a tu coche. ¿Qué crees que tu madre no me aceptará? Bueno, no conozco a la que crió a este muchochón, pero créeme, —le sonrió confiada—. ella me va a adorar.

—Pero…

—Pa, pa, pa, pa. —Lo interrumpió—. ¿Qué crees que no podrás complacerme? Bueno… eso tendremos que averiguarlo… como todo lo demás. —le dedicó una sonrisa cómplice mientras lo veía con una mirada seductora.

—Skye… entonces tú… —La miró esperanzado, aunque aún dudoso, decidió preguntar—. ¿Podrías perdonarme por no ser honesto contigo desde el principio?

—Lo siento Jack, no puedo.

—¡Pero Skye, yo…!

—No puedo perdonarte sin que me perdones tú a mí primero.

La liebre la miró extrañado y desconcertado.

—¿Cómo dices? Pero pensé que tú estabas disgustada conmigo porque…

—Oh bueno… para serte sincera… sí, estaba muy enojada contigo por mentirme y no decirme la verdad, y ahora estaba más molesta porque pensé que te habías olvidado de mí, pero… sería muy infantil y poco maduro si yo no admito que quizás… tuve un poquito la culpa por haber hecho de un problema pequeño, algo… enorme

Ahora fue el turno de ella en desviar la mirada y apartarse un poco de él, poniendo una pata sobre su propio hombro.

—¿Qué, qué quieres decir Skye? Yo no… creo que tenga que perdonarte por algo… bueno, quizás el asunto de quererme partir la cabeza en dos con esa llave pero…

—Me refiero a lo de haber actuado celosa y posesiva, zonzo.

—¿Disculpa?

—No bueno… es que… —La vulpina mostró sus colmillos con sumo nerviosismo, y su cola se agitaba más de la cuenta—. Después de lo que sucedió, hablé con un par de amigas fuera de Zootopia, y ellas, bueno, una en particular me dijo algo así como que… quizás… tal vez… a lo mejor —mascullaba con dificultad—... fui tal vez un poquito bastante posesiva y dramática contigo. —Rió intranquila mientras se rascaba detrás de sus orejas con algo de vergüenza.

—Bueno yo… en verdad, sé que tienes un carácter así, pensé que rechazarte de esa forma y al no darte explicaciones claras fue una reacción normal y…

—No Jack no… no fue tan normal. —La hembra decidió encararlo y lo observó fijamente—. Escucha, no lo pensé en su momento, pero Darma, la amiga de la que te estoy hablando, me dijo que no tenía derecho a hacerme la digna y a exigirte que me dijeras tus verdaderos sentimientos, o que te recriminara por salir con otras hembras, cuando ni tú ni yo éramos nada. —La vulpina declaró lo último cabizbaja y muy triste—. Sí, sé que fuiste un idiota y un maldito desgraciado por ocultarme tus sentimientos por mí e inventar excusas ridículas… pero yo no… si en verdad saliste con esa hembra, yo no tenía el derecho...

—¡Skye, pero yo jamás…!

—Déjame acabar, menso —Le tapó la boca con una pata mientras reunía el valor para hablar y hacer algo que no solía hacer: reconocer sus propias faltas—. Ya lo sé, ahora lo sé. —Bajó su pata y lo miró a los ojos—. Yo solamente era tu amiga, o tu maestra, no tú dueña ni nada. Perdóname tú por tener un carácter de los mil diablos y no haberte dejado hablar y darme tus razones, perdóname por ser una chica estúpida, impulsiva y egoísta que a veces no ve que lastima a alguien. —En ese momento fue Skye la que comenzó a soltar pequeños sollozos y diminutas lágrimas con una voz quebrada pero segura de lo que decía—. Perdóname por querer sacarte los sesos a llaveinglesazos, perdóname por ser tan celosa y pensar lo peor de ti cuando nunca, nunca me diste señales para dudar de ti y… y… —la interrumpió un fuerte gimoteó que casi la hace explotar en llanto— Perdóname por no tratarte como el macho que eres a pesar de demostrarme una y otra vez que eres el mamífero más varonil, atento, lindo, divertido, comprensivo y en resumen, el mejor macho que una estúpida zorra como yo pueda conocer... ¡Ahhh!

La vulpina no soportó más las sinceras palabras provenientes de su corazón y se echó a llorar, no sin antes ser atrapada por los brazos bastante preparados de la liebre que, enseguida, la rodearon en un tierno abrazo donde la hembra descargó lágrimas de arrepentimiento por haber alejado a su mejor amigo de ella.

—Ay Jack… lo siento, tú fuiste tan lindo y yo me comporté como una completa imbécil.

—Skye no… no digas eso… tú no… sólo… hiciste lo que hiciste por cómo me comporté ese día, yo no fui una blanca palomita… me porté como un patán y en verdad metí la pata. No llores Skye, no tienes porque derramar una lágrima por mí. Tú no has hecho nada malo.

—No, no… sí lo hice, por poco hago que me odies…

—Oh, Skye, —La contempló enternecido—, eso no es cierto.

—¡Claro que sí!

—No, no es cierto…

—¡Qué sí, qué sí!

—Por supuesto que…

—¡DIJE QUE CLARO QUE SÍ, IDIOTA! —bramó la zorra con violencia, después de aferrarse más a él y llorar más.

—Bueno, está bien, sí lo hiciste… —La abrazó más fuerte mientras dejo que se desahogará en su pecho.

—¿Lo ves? —ella se apartó de él y lo miró aún con lágrimas en los ojos— ¡Te estoy gritando y llenando el saco de mocos y aún así tratas de hacerme sentir bien! ¿Por qué rábanos eres así conmigo?

Pese a lo intenso de la situación, Jack se permitió soltar una pequeña risa debido a la involuntaria comicidad de la vulpina.

—Pero no te rías, grosero, que es en serio.

—Ay Skye —replicó Jack con un nudo en la gargante—. Por esto y muchas cosas más, te amo.

—¿Cómo puedes amar a una neurótica como yo?

—No sabes cuanto extrañaba que me gritaras así.

—¿Qué eres, masoquista o qué?

—No… bueno sí… pero sólo contigo.

—Awww… —Jadeó por reflejo y luego se limpió el rostro con la manga del saco de Jack—. Y tú eres perfecto para mí, y ahora que sé ese extraño fetiche tuyo a que te lastimen, tengo unas ganas tremendas de darte unos buenos azotes…

—Ja, ja… espera, ¿qué?

Ambos animales se separaron unos segundos pero sin dejar de abrazarse, lo suficiente para verse las caras nuevamente; la mecánica y el detective intercambiaron miradas y, tras admirar sus caras arrugadas y algo mojadas por el llanto mutuo, lograron verse con una sonrisa apacible.

—¿Me perdonas? —dijeron casi al unísono, luego rieron por la feliz coincidencia.

—Te perdono —susurró Jack—. Sólo si me perdonas tú primero y prometes no darme tantos latigazos.

—Te perdono —musitó Skye—. Sólo si olvidas que me viste llorar como una niña chiquita y te aguantas unos buenos fuetazos.

—Entonces no hay trato —sonrió él,

—Entonces no hay trato —repitió ella con una inocente risita.

Las palabras sobraban en aquel momento, no necesitaban hablar para disculparse, pues ya lo habían hecho sin decírselo. No tenían que recalcar que se amaban, porque ya lo sabían, quizás desde hacía mucho tiempo; pero ese día, habían confirmado lo mucho que se deseaban el uno al otro.

Aún así, ambos sabían que las acciones dicen más que las palabras y ese era el momento y la hora para actuar y demostrar que tanto se querían.

—Skye…

—Jack…

La liebre se abrazó más fuerte a la cintura de ella mientras que la vulpina se aferró a su cuello con más vehemencia, al mismo tiempo que inclinaba su cara para buscar los labios de la presa, su presa. Pese a una obvia diferencia de tamaño, Jack no lo volvió a sobrepensar y dirigió su boca hacia la de la chica para hacer algo que quería hacer desde hace mucho y que no dejaría que nada ni nadie lo volviera a interrumpir jamás.

Sin pedir permiso o una confirmación del otro, por fin se besaron; un poco inseguros al principio por la disimilitud natural de sus rostros pero no pasó ni medio minuto antes de que sus bocas se volvieran, si no expertas, sí unas rápidas aprendices en el arte de entibiar los labios y el corazón de sus respectivos amantes. Tras unos instantes de aguantar la respiración de la forma más hermosa posible, se apartaron un par de milímetros el uno del otro, mientras abrían sus ojos con pesadez.

—¿Por qué…? —musitó Jack, recobrando el aliento—. ¿Por qué dejé pasar tanto tiempo para esto?

Él la observó en silencio y con una enorme ternura, ella correspondió su bella declaración con una sonrisa que se convirtió en un suave beso que duró un instante. Después y sin dejar de abrazarlo, le respondió en un susurro.

—Por menso, por eso.

—Menso es poco.

—Te mereces eso y más, pero me guardaré los insultos para cuando me hagas enojar, mi zonzo y torpe alumno.

—¿Aún quieres darme clases? ¿A pesar de todo?

—¿Aún tienes deseos de que te enseñe?

—¿Contigo? Por su puesto.

—Pues claro que quiero, pero si no te importa, preferiría enseñarte algo más que de coches.

—¿Ah sí? ¿Cómo que?

—Mmmm, dejaré que uses tu imaginación, sólo sé que te gustará mucho… pero…

—¿Pero?

—Esta vez tendré que cobrarte, y no tontito, no me refiero a dinero.

—Bueno, que curioso que lo digas, porque estaba por proponerte algo parecido.

—¿De verdad? —cuestionó la vulpina extrañada, no esperando una respuesta así de su parte—. ¿Y se pueden saber tus términos? —dijo con genuina curiosidad.

—Bueno, ya que me has estado enseñando a ser un macho todo este tiempo sin cobrarme, lo correcto es que ahora yo te enseñe a ser toda una hembra.

Al escuchar esas palabras, la chica no pudo evitar llenar su blanco rostro de un rubor del que pocos mamíferos habían sido testigos.

—Y… y… ¿y có-cómo piensas hacer eso, Jack? —titubeó emocionada y agitando la cola.

—Oh vamos, no quiero arruinar la sorpresa —respondió de forma despreocupada.

—¿Qué? ¡Por favor, dime! ¿Qué clase de cosas piensas hacerme, errr, es decir, que piensas enseñarme para hacerme una hembra?

—Pues, sólo cosas básicas que toda hembra debe saber: te enseñaré a barrer, a planchar, a coser, incluso como sé que te urge, te enseñaré a cocinar; mi mamá me enseñó a hacer unos sándwiches de queso muy…

Todo encanto o excitación que había provocado Jack en ella hace un momento se esfumó cuando se puso a decirle tanta estupidez, la zorra bufó irritada y dejó de abrazarlo para vapulear a la libre con sus palmas.

—¡Eres un hijo de...! Por un momento pensé que… ¡Ash! Macho tenías que ser.

—Oye, no te enojes, ¿acaso esperabas algo más? —rió divertido mientras detenía las suaves acometidas de ella.

—Sí, muchas cosas, pero conociéndote, no te atreverías a tocarme hasta después de recibir aprobación de tu madre o hasta casarnos como el estirado santurrón que eres —infló sus mejillas y miró hacia otro lado, recordando que esa excusa de macho no había cambiado mucho, después de todo.

—Hey, tampoco soy tan anticuado, aunque me gustó lo segundo que dijiste.

—Ni en tus sueños me casaré con un recatado señorito como tú, por mucho que me gustes.

—Eso lo veremos. Aunque es una pena, porque entonces no sabrías porque los conejos y liebres tenemos fama de ser buenos en la multiplicación.

—No caeré de nuevo en eso —se negó a mirarlo— me vas a salir con otra tontera.

—¿Segura?

—Nada de lo que me digas hará que me excite tanto como lo estaba hace 5 minutos, antes de tu chiste machista sin gracia que mató mi buen humor.

—¿Sabías que la primera causa de fracturas en las liebres varones es la dislocación de pelvis, que diga, de caderas? ¿Quieres saber porqué?

La chica mordió su labio inferior y aguantó una pequeña risa, luego lo volteó a verlo lentamente y arqueó la ceja.

—Cuéntame más.

—Aunque no tanto como los conejos, estadísticas de la Organización Zootopiana de Salud dice que varios machos de mi especie terminan así por accidentes variados, la mayoría provocados al intentar complacer a sus parejas.

—¿Complacerla? ¿De qué forma?

—Oh, no puedo decirte más.

—¿Y por qué no, cariño?

—Porque es parte de las cosas que planeaba enseñarte para convertirte en toda una hembra, y no quiero arruinarte la sorpresa.

—¿Y qué tal si nos adelantamos un par de lecciones? —le sugirió coquetamente—. Yo hice eso cuando te enseñé a ti.

—No lo sé, ¿qué tal si aún no estás lista?

—Estoy más que preparada para cualquier cosa que me pongas en frente, tesoro. —Sus zarpas grandes pero femeninas ya habían rodeado a la presa y su hocico estaba posicionado frente al suyo, esperando con fervor que el macho ahora si estuviera hablando en serio hacia donde esa extraña pero candente conversación los había llevado—. La verdadera pregunta es, ¿tú estás listo para mí?

Él le dio su respuesta en forma de un beso, que comenzó muy inocente y al paso de unos minutos, se volvió tan indecente como esa fémina lo había enseñado a hacer.

—Tal vez —dijo Jack, recuperando el aliento, mientras acariciaba la mejilla de la chica—, Skye, quizás jamás pueda ser el macho que quieres que sea, pero que no te quede duda que pese a eso, dedicaré cada día de mi vida en hacerte la hembra más feliz de todas. Mi hembra y ahora, mi vida.

Skye consideró hacer un chiste al respecto por este comportamiento romántico y posesivo repentino, pero su ternura le derritió el corazón y prefirió arrojarse a él y comérselo a besos.

La liebre se aferró a su amante y la llenó de caricias usando sus labios, patas y garras como mensajeros de su amor. La vulpina no se quedó atrás, y su lengua fue la nueva herramienta que la mecánica usó para expresar sus sentimientos por la presa rayada.

Sus muestras afectuosas subieron de intensidad con el paso de los minutos y el amplio espacio del taller no bastaban para ellos. Sin dejar de besarse con pasión, Jack abrió la puerta trasera de su vehículo naranja y, tras un breve contratiempo, el detective se las ingenió para que él y su amante entraran al asiento posterior de su auto, donde sin desprenderse un sólo segundo, continuaron demostrándose lo mucho que se deseaban el uno al otro sólo con sus lenguas y el resto de su cuerpo.

Aunque Skye se encontraba bastante ocupada devorando a su presa, en el fondo de su ser, se sentía feliz y plena por ser amada por el mamífero que, en definitiva, ya era todo un macho en su libro.

Jack por su parte, después de deshacerse de su saco y de retirar los tirantes del overol de la vulpina ártica, estaba más que decidido en convertirla en toda una hembra.

~Fin~


Notas de autor:


Y así termina esta asquerosa historia. Muchísimas gracias a las personas que han llegado hasta aquí, aprecio mucho su tiempo en leer este fanfic que aunque corto, espero haya sido de su total agrado. Aunque la trama concluye aquí, quizás estén interesados en leer un pequeño bonus en forma de epílogo (Spoiler: No es lemon, cochinos) , si no les interesa eso o las curiosidades que vienen al final, sería todo de mi parte. Muchas gracias a cada lector que llegue a leer este mensaje, espero haya disfrutado esta (quiero creer) divertida y emocionante aventura de esta pareja dispareja zootopiana, Skye y Jack.

Aprovecho este espacio para hacer un agradecimiento a la musa de la inspiración para esta historia: Muchas, pero muchísimas gracias srita. Miss Fenton, fue gracias a sus increíbles fanfics de Skye/Jack y por darme el honor de conocerla que me animé a redactar todo esta sarta de palabras, sin duda usted me contagió el amor por esta hermosa pareja del fandom. Agradezco que aún leas las historias de este viejo loco y sé que aunque puede no ser un fic que plasme a Jack y a Skye como tú te los imaginabas, espero que hayas disfrutado mucho la lectura. De todo corazón, aunque nuestros caminos no coincidan, te deseo la mejor de las suertes y de los éxitos. No teniendo más que darte porque mi corazón y alma se quedaron contigo y en tus historias (que hasta la fecha, siguen siendo mis favoritas del fandom y de los fics en general) hace ya bastante tiempo, te dedico esta cochina historia, que no hubiera sido posible sin ti.

~Te quiere mucho, el remedo de macho que escribió esto y el pachoncito del autor, Janyo.

Los dejo con el ya casi tradicional y más que esperado 'pilón' del capítulo. Y les recuerdo que el epílogo, agradecimientos, curiosidades y adelantos de mis otras historias está en el siguiente capítulo. Saludos a todos los seguidores de mi fic 'Todo un macho haré de ti'. ¡Los amo! (No homo).


El ocaso estaba por llegar en cualquier momento, y aunque la ciudad de Zootopia estaba en un caos al acercarse la hora en que todos salían de sus trabajos u otras actividades, se sentía una paz inmensa en la parte posterior del auto de Jack. Recostado en su extrañamente cómodo asiento trasero, el torso del detective Savage respiraba con irregularidad y algo de dificultad, no sólo por el esfuerzo físico que realizó la liebre minutos atrás, sino también porque encima de éste, el pecho desnudo de una simpática vulpina albina y su cabeza descansaba plácidamente sobre el abdomen firme de su macho.

Sin atreverse a abrir los ojos, Skye conversaba con parsimonia mientras que su nariz aspiraba la embriagante fragancia del responsable de haberla hecho una hembra varias veces ese día. Por su parte, un más que satisfecho Jack Savage abrazaba a la chica con una pata mientras que con la otra acariciaba los rizos de sus orejas cariñosamente, a la par que platicaba con su hembra.

—Entonces, por eso supiste que decía la verdad y que nunca intenté nada con Leslie, pero lo que no entiendo es, ¿por qué ella misma te lo dijo? ¿Y cómo fue que diste con ella?

—Primero, mi semental rayado, ¿por qué recuerdas el nombre de esa tipa?

—Emmmm, este, bueno… —carraspeó el macho nervioso—, es que tengo una buena memoria y no…

—Segundo, es broma, zoquete —Rió coqueta mientras mordía con cariño los mechones grises de su pecho—. Y tercero, babas; créeme que yo no la busqué, ella me encontró por accidente cuando casualmente estacioné la camioneta de Jerry a unas cuadras del Osso donde ella trabaja.

La liebre rodó los ojos incrédulo, pero para no tentar su suerte, prefirió no comentar sobre esa curiosa y nada sospechosa coincidencia. Continuó escuchando atento la explicación de la hembra.

—La estúpi… torpe chica estrelló su motoneta en un hidrante y naturalmente, al ver a un animal en desgracia, me acerqué a ayudarla.

—Que amable de tu parte, Sky… ¡Auch!

La hembra lo silenció con otro mordisco no tan suave como el anterior. A Jack le tomaría acostumbrarse un poco a la ferocidad de la vulpina, o al menos, tendría cuidado al hablar en esa posición con ella.

—Para no hacértelo largo, en lo que me ofrecí a reparar su moto de cirquera, me enteré que la chica sufrió una decepción amorosa y ahí fue donde te mencionó.

—¿Ah sí? Caray, ¿y qué te dijo?

—Que fue una grandísima tonta; que desde el día que la salvaste se ilusionó contigo y que hizo de todo para que te fijaras en ella, pero no funcionó. Me contó que olvidó devolverte tu celular y aprovechó eso para saber todo de ti e insistirte para que salieras con ella, dijo que intentó de todo para que al menos tuvieran una cita, pero tú nunca le regresaste la llamada ni pareciste interesado.

Tal como lo sospechó Jack desde el fátidico día en que Skye y él discutieron, esa entrometida cajera acrecentó más su malentendido, eso explicaba porque la vulpina lo perdonó tan fácilmente y no lo recibió con tanta hostilidad, a diferencia de sus intentos previos.

—Pero lo que más le rompió el corazón a la pobre orejona esa, no fue el rechazo de su héroe, sino que se enteró de tu terrible secreto: de que al valiente y varonil Jack Savage le retruena la reversa.

Pese a que el pelaje desnudo de la zorra ártica lo mantenía bastante cálido, un terrible escalofrío recorrió el cuerpo del susodicho cuando Skye le recordó la patética excusa que le dio a Leslie para que lo dejara en paz.

—¿¡Cómo dices!?

—Así es, al parecer Lizzy.

—Les… errr, que diga… continúa, amor.

—Lo que sea —pronunció malhumorada—, parece ser que a tu pintoresca amiguita le confesaste que en realidad eras gay. Y debo decir que en su momento, no me sorprendió.

—¡Skye! —replicó molesto— Yo no… ¡sólo se lo dije para quitármela de encima esa vez, no tienes idea de lo fastidioso que se volvió y no se me ocurrió otra cosa para que dejará de buscarme! —contestó acelerado y con mucha vergüenza.

—Oye —entonó con sorna—, ¿y por qué te exaltas? Suenas casi como si dudaras de tu sexualidad… ¿o acaso era mitad verdad? ¿Tu pichas y cachas por igual? —rió mordazmente

—¡Para nada! Creo que quedó muy claro hace unos minutos hacía que lado bateó yo. —contestó malhumorado.

—Es una pena… que diga, entonces no te pongas tan a la defensiva corazón, je, je, je. —Tras una risa ligera, la maliciosa vulpina le dio un beso en la barbilla al contrariado macho.— Porque ya no me queda ninguna duda de tus habilidades en el béisbol, y tu desempeño con ese batezote…

—Ok, ok, ya entendí Skye —la interrumpió un poco más avergonzado que antes, pues algo de pudor quedaba entre su cuerpo desnudo y el de ella—. Y a todo esto, ¿que pasó luego? ¿Qué le dijiste a Leslie?

—Bueno, aunque en ese momento aún dudaba de tus preferencias…

—¡Skye!

—Me quedó más que claro que si mentiste o dijiste la verdad con algo así, era porque nunca habías intentado nada con ella. Me sentí una completa estúpida en ese momento y al mismo tiempo me sentí mal con la chica, ya ni siquiera le cobré la reparación.

—Oh, vaya… que amable de tu parte.

—Sí, después de eso me puse a hablar un rato con ella; al parecer, que una chica descubra que su crush prefiere plátanos y no papaya es muy devastador, así que, traté de calmarla.

Luego de que Jack carraspeó por su última declaración, aclaró su voz y habló.

—Cielos… creo que, no debí haberle mentido así; tal parece que soy experto en herir los sentimientos de las chicas.

—Bueno, creo que es parte de ser un macho, pero descuida casanova; por suerte no sólo soy buena reparando máquinas, al menos pude arreglar el corazón de una hembra despechada ese día.

—¿Y cómo fue eso?

—Muy fácil: le dije que el mismo idiota me rompió el corazón, le conté que me usaste para salir con mi ficticio hermano Skyeler y que él se encargaría de dejarte en silla de ruedas por ilusionar y utilizar a su hermanita.

—¿¡Qué, qué!? ¡Oye! ¿Y era necesario decirle eso de mí? —cuestionó furioso y apenado.

—Bueno, yo seguía molesta contigo, no te iba a dejar bien parado —mencionó con orgullo—. Además, a ella pareció gustarle que tú eras el pasivo… vaya coneja. Al menos nuestro mutuo odio por ti nos unió un poco y hasta me invitó unos nachos en el Osso donde trabaja. Sabían del asco, pero la intención es lo que cuenta.

Jack bufó molesto con su dignidad de macho herida, aunque luego, otra duda asaltó su mente

—Oye, un momento, si sabías que no te había engañado con ella, ¿por qué seguías molesta conmigo?

—Bueno, encontré a tu amigüita el día después de tu última disculpa; estaba segura de que intentarías pedirme perdón de nuevo y esta vez yo estaba dispuesta a escucharte… pero eso jamás sucedió. Al cabo de unos días pensé que si no habías regresado era porque en verdad no querías nada conmigo… o que habrías encontrado a alguien mejor que yo o…

Un tierno beso silenció a la chica que no tuvo más remedio que corresponder su afecto.

—Pero Skye… —musitó la liebre a escasos centímetros de su boca— ¿Quién podría ser mejor que tú?

Volvieron a juntar sus labios, pero esta vez siendo la zorra ártica la que tomó la iniciativa, demostrándole lo mucho que sus palabras significaban para ella, compartiendo amor y saliva como ella y sólo ella podría hacerlo desde ese momento.

—Tienes razón, no existe nadie, ninguna hembra mejor que yo para ti.

—Esa es mi chica.

—Aunque si de machos hablamos…

—¿Nunca vas a dejar de recordármelo, verdad?

—No en lo que me quede de vida.

—Pues creo que a alguien se está ganando un castigo.

—Por eso me gustas, sabes como complacer a una…

—¡¿HOLA, HOLA?! ¿¡SKYE, ESTÁS AQUÍ!?

Una voz femenina sacó a la indecente pareja de su conversación post-coito, haciendo que ambos abrieran los ojos de golpe y se sobresaltaran.

—Errr Skye… ¿cerraste la puerta del taller, cierto?

—¡Baja la voz, zoquete! —lo regañó con un susurro —¡No, no lo hice, nos metimos a tu coche a gastar las suspensiones y no hemos salido para nada!

—¡Rábanos!

—Tranquilo… tengo un plan, corazón.

Unas fuertes piernas vulpinas sacaron a un casi desnudo Jack a patadas de su propio auto.

—¡Skye! —exclamó la liebre rayada que enseguida se cubrió con la puerta abierta de su vehículo— ¿¡Al menos podrías darme algo de ropa antes de…!?

La zorra le lanzó al detective una prenda de vestir que le dio en el rostro.

—¿¡Al menos tendrías la amabilidad de arrojarme algo mío, amor!? —se quejó el macho sin alzar mucho la voz, mientras se quitaba de la cara el overol de Skye.

De mala gana, el detective Savage comenzó a colocarse el traje de mecánico de la chica hasta que sus orejas le indicaron que no estaba solo.

Enfrente de él, una señor hipopótama con dos niños y cargando una bolsa del supermercado miraban fijamente a Jack Savage con los pantalones abajo. Literal y figurativamente.

—Ah… esto… —Sonrió mostrando todos los dientes—. ¿Podría por favor no gritar tan…? —suplicó la liebre muerta de vergüenza y preparándose para lo peor.

Naturalmente, la madre paquidermo lanzó el alarido más potente y lastimero que una hembra pudiera hacer y soltó enseguida los artículos de su despensa para cubrir con sus patas los ojos de sus hijos que reían divertidos.

—¡Niños, no vean por favor! ¡Por lo que más quiera no abran los ojos!

—Ay mamá, pero yo quiero ver al conejito y sus cositas…

—¡No hables y muévete, salgamos de aquí!

El pobre lagomorfo pasó por la mayor humillación de su vida mientras veía a la desesperada y furiosa madre dejando el taller de Jerry. Después de colocarse correctamente las ropas de Skye, la liebre rayada corrió al portón, puso el letrero de cerrado y colocó el candado interno para impedir el paso de más visitas inesperadas.

—¿Ya se fueron, Jack-Jack?

—Sí, no hay moros en la costa, Skye —refunfuñó sarcásticamente.

—¿No te lo dije? Tenía un plan.

—¿¡Ahuyentarlos con mi desnudez!?

—Ay vamos, pero funcionó, ¿no?

—¡Sí, pero…!

La liebre se quedó sin habla cuando vio que la causante de su infortunio salió de su auto sin nada puesto más que la blanca camisa que pertenecía a Jack, desabotonada y con la corbata negra que colgaba en medio de sus pechos, debido a que la prenda era mucho más pequeña que ella, le quedaba justa y marcaba mejor la figura que hizo babear a Jack por un segundo.

—¿Qué pasó, acaso te comió la lengua el ratón…? ¡Dulces moras, Jack!

Horrorizada, la hembra por fin vio al macho a los ojos y quedó muy asustada al notar terribles zarpazos alrededor de todo su rostro.

—¿Qué, qué pasa Skye? —cuestionó confuso.

—¡Tu cara! ¿Por qué tienes todos esos rayones? ¡Y no hablo de las franjas de siempre!

—¿De qué estás…?

Jack se llevó los dedos a sus mejillas y sintió un dolor punzante, se miró en uno de los espejos retrovisores y se dio cuenta de las marcas de garras que claramente pertenecían a ella.

—¿Cuándo me hiciste esto? ¿Acaso fue mientras tú y yo estábamos...?

Un abrazo sorpresivo de la vulpina semidesnuda lo interrumpió, la chica llevó el rostro herido del macho a su busto.

—Ay, Jack, perdóname, cuanto lo siento, creo que me dejé llevar…

—Tranquila Skye no… creo que no soy el único que se aprovechó en el calor del momento…

—¿De qué estás…? ¡Auch!

El macho lamió el espacio entre sus pechos y la chica se retorció un poco de dolor. Al apartarse, la hembra miró donde la había tocado, notando enseguida que ahí y en otras partes de su cuerpo, pequeñas marcas claramente de dientes de conejo… o más bien, de una liebre lujuriosa.

—Con razón gritaba tanto… —comentó la zorra ártica llevándose una pata a la barbilla.

—¡Skye!

—Bueno, al menos no fui la única a la que le gustó, o qué gritó de placer, picarón. —sonrió coqueta.

—Oye yo… no era mi intención hacerte eso.

—Descuida, lo mismo digo… bueno, quizás en el fondo quería marcarte como mío, los zorros somos un poquito territoriales, ¿sabes?

—Y creo que las liebres también.

—Oye, que tal si vamos a mi cuarto y lo discutimos ahí… me está dando un poco de calor y no quisiera empañar los vidrios de tu auto... otra vez.

—¿Otra vez, eh? —exclamó sorprendido— Me leíste la mente… golosa.

—Pelado… sí que sabes como excitarme.

Liebre y zorra; masoquista y pervertido; macho y hembra, se dirigieron sin perder más tiempo a la choza interior del taller a continuar su singular y candente muestra de afecto para denotar con esfuerzo físico lo mucho que se amaban. Eran similares y diferentes en mucho sentidos. No era de extrañar que ella había hecho todo un macho de él y que Jack Savage había hecho toda una hembra de Skye.

~Fin~