Harry Potter es propiedad de JK Rowling.
Capítulo II: Es cosa de familia
«Debería estar cansado de tus manos, de tu pelo, de tus rarezas pero quiero más.
Yo quiero más.»
No puedo vivir sin ti, Conque Malla ft. Anni B. Sweet.
Agosto de 1977.
Estaba disfrutando de un merecido descanso después de sobrevivir al año más estresante que había tenido. Creyó que perdería la cordura mientras repasó cada tema de cada asignatura que cursó y agradeció la ayuda que Alice le brindó. Todavía recordaba a la pequeña niña de once años que se volvió loca cuando no consiguió hacer los encantamientos o que se desesperó cuando no comprendió lo que decía Binns. Para ser honesto, nadie la culpó por eso. El profesor Binns hacía que todo lo interesante de la historia fuera tan aburrido que la mayoría o se dormía en clases o iniciaba una conversación. Una vez en que Long desayunó en Historia de la Magia e ignoró olímpicamente la mirada de reproche que le envió Remus, quien le regañó después que la clase acabó.
Regulus iba a sufrir en séptimo año, sin duda alguna. Pero ese iba a ser el problema de Regulus y Sirius no quería cumplir la condena por segunda vez. Por los hongos de Merlín, una era más que suficiente.
—He estado ahí. Sólo Bella amó los ÉXTASIS. Ella atormentó a sus compañeros mientras que, no sé cómo, obtenía las respuestas de los exámenes —dijo Andrómeda entrando a su habitación y sentándose en la cama de Sirius. Él tenía la espalda recargada en la pared y suspiró. Era tan típico de Bellatrix traumatizar a la población en general—. No me preguntes si las usó. Su única reacción fue carcajearse como una loca.
—¿Y qué hay de ti y Narcissa?
—Yo me convencí que todo estaría bien, que iba a aprobar y que no tenía que desesperarme —respondió Andrómeda con una sonrisa tonta en el rostro. Sirius enarcó una ceja—. Joan me silenció. Dijo que mi mantra la desconcentraba. Y Cissy tuvo una actitud muy relajada durante sus ÉXTASIS o eso fue lo que me contó Erza.
—¿Quién es el afortunado? Diría desgraciado pero tú no eres Bella.
—No soy yo. Tengo una amiga que se ha enamorado de alguien que no debía… —Andrómeda posó la mirada en la ventana mientras que Sirius ponía los ojos en blanco. La paciencia todavía no era una de sus virtudes—. Es complicado. No es alguien con quién debió juntarse.
—Es un sangresucia.
—Sí —dijo ella. Su prima no pudo evitar sonreír cuando pensó en su amor prohibido—. No sé qué consejo darle, primito. Está tan desesperada porque quiere estar con él pero, a su vez, no quiere perder todo lo que realmente ama, lo que más valora en el mundo. No me ha querido decir mucho, pero me he dado cuenta que le preocupa la reacción que tenga sus padres o que sus amistades le den la espalda cuando se enteren de lo que ha pasado. Es obvio que quizá su familia se enfade con ella, pero eso no lo hace más fácil para mi amiga. ¿Sabes?
—¿Y por qué me lo dices a mí? —preguntó Sirius—. Nunca he tenido este tipo de problemas.
—Lo sé, pero fuiste en contra de los deseos de tía Walburga. ¿Cómo pudiste hacerlo? Estabas tan asustado que no sabía cómo calmarte para que me escucharas; además, la mayoría de nosotros nos la pensaríamos dos veces antes de hacerla enfadar.
—No lo pensé, sólo lo hice. Madre no tenía ni voz ni voto respecto a eso. —Sirius se encogió de hombros. Andrómeda negó con la cabeza, eso no la estaba ayudando—. Dile que atreva a correr el riesgo. Si ese sangresucia vale la pena, y estoy seguro de que sí o no tendríamos esta conversación, que se escape con él o que se pelee con sus padres y que se escape con él. Lo que le resulte con él. Y respecto a lo otro… Bueno, si sus verdaderos amigos no van a dejar que algo así los separe.
—¿Esto es lo que tú harías?
—Lo dudo. Ese no es el «pero» que nosotros tenemos —susurró Sirius.
Andrómeda se inclinó hacia él, viéndose interesada.
—¿Y quién es ella?
—¿Qué?
—Ella.
—No es ella —corrigió Sirius.
—¿Y quién es él?
—Nadie que te importe.
—¡Vamos, primito! —dijo Andrómeda—. ¿Qué te parece si yo te digo de quién le robó el corazón y tú me dices de quién te enamoraste?
—Y yo que pensé que ya me había desecho de la romántica empedernida que era Dalton y ahora resulta que tengo una cerca de mí. Mátame.
—Su nombre es Ted Tonks. Estábamos en la misma generación pero él era de Hufflepuff.
—Lucius Malfoy.
—¡Ya sabía que había algo entre Sirius y ese rubiales! ¡JA! ¡Te lo dije pero tú me ignoraste, Regulus! ¡Y me debes quinientos galeones, Andrómeda!
—Pero qué manera de echar a perder el espionaje, hermana —dijo Andrómeda. Bellatrix y Regulus entraron en la habitación de Sirius mientras que a él le daba un tic en el ojo—. Esta fue idea de Bella pero yo soy la única de la que no sospecharías. Lo lamento, primito.
—¡Qué cojones con ustedes dos! Esto lo esperaría de Bella. ¡Es Bella!, ¡¿pero ustedes dos?! ¡Y de mi propio hermano, ni más ni menos! ¡No esperes que te dé mis apuntes de sexto!
Al menos Narcissa no se involucró. Ella sabía que había adoptado una posición de neutralidad con respecto a la guerra. Las únicas dos cosas que importaban era qué estado de sangre poseía y en qué bando elegían pelear, en caso de que demostraran que habían tomado una decisión. Él pensó que sus creencias acerca de la supremacía de sangre estaban fundidas en lo más profundo de sí, pero hacía dos años que había aprendido que se había equivocado. El haber aceptado a Rhys Wilson en su círculo de amigos tuvo una consecuencia que no previó. A los catorce años notó que los sangresucias eran más que las escorias, las basuras de la humanidad que mencionó su madre. Por supuesto que nunca lo comentó. Le aterró la idea de ser borrado del tapiz por seguir el sendero que había trazado Phineas Black al defender el derecho de los sangresucias. «¿Qué te pasa?», preguntó Narcissa. «No se lo diré a nadie». Y Sirius se lo contó. Narcissa escuchó pacientemente. «No me importa lo que pienses», le aseguró ella. «Es una fase». Y él se lo creyó.
—Lo vi venir —dijo Regulus, resignado—. Y yo no quería decir nada pero Bella me dio una de sus miradas de «miénteme y descubriré que ocultas aunque tenga que invadir tu mente». Sí, tiene nombre. Eso, y me chantajeó con decirle a ya sabes quién sobre ya sabes qué que hice en ya sabes dónde.
—¿Y cómo se enteró que te escapaste de Hogwarts para ese concierto pero que acabaste teniendo toda una aventura con Geoffrey, Kristen y Sean?
—No lo sabía, me lo acabas de decir —dijo Bellatrix con un tono cantarín.
—Los odio a los dos —masculló Regulus.
Para alguien que se unió a los mortífagos hacía un mes, era muy crédulo. Regulus nunca le ocultó las ambiciones por participar en la noble causa del Señor Tenebroso y Sirius le ayudó a aprenderse algunos hechizos y maleficios oscuros. No quería saber a qué tipo de iniciación se sometían los aspirantes a mortífagos: su hermano llegó con el brazo izquierdo ensangrentado y alterado por alguna razón. Quiso llamar a Alice para que lo revisara pero ¿qué le iba a decir? Su amiga podía ver a través de él y no quería que su hermano fuera a la prisión. Aterrorizar a la población y masacrar sin tos ni son no era la idea de una vida prospera y digna de Sirius, pero luchar en la guerra hacía feliz a Regulus, ¿por qué lo iba a desalentar? Los hermanos se apoyaban entre sí. A diferencia de él, Regulus sí fue sorteado a Slytherin.
Cuando estaban en la seguridad de sus respectivas habitaciones, se contaban los secretos.
Bellatrix y los hermanos Lestrange eran mortífagos. Bellatrix adoptó a un aprendiz —aunque Regulus utilizó la palabra «mascota»— llamado Barty Crouch. Al parecer, si se prestaba la suficiente atención, se podía descubrir el secreto de Remus. Antes del comienzo de quinto año, Regulus acorraló a su hermano mayor y le dijo «¿sabes que Remus es un licántropo?». Sirius no tuvo opción más que asentir y Regulus quedó anonado durante unos minutos. «¿Confías en él?», preguntó. «Con mi propia vida, Reg».
—Admito que no lo noté por meses, pero fue bastante obvio cuando te peinaste —añadió Regulus—. Tal vez tú no tengas un nido de pájaros por cabellera, pero difícilmente madre te obliga a que te arregles un poco.
—¿«Nido de pájaros»?
—Te quejas en sueños —rezongó Regulus—. Por eso dejé de dormir en tu habitación. No fue por superar mi miedo a los relámpagos si no porque ya no aguanté tus comentarios acerca de los «ineptos que debo tolerar, con excepción de Remus». Merlín sabe que he oído todo lo que piensas de Long y Potter mientras estás despierto.
—&—
Dos semanas después descubrió que Andrómeda le mintió.
A pesar de que la huida de Andrómeda significó que ya no la podía ver, no encontró una razón para odiar a Ted Tonks. Una parte de él supo que no era culpa del muchacho que su prima hubiera tomado tan drástica decisión, pero por otra estaba convencido de que eso hubiera aminorado lo desolado que se habría sentido. Tonks era alguien educado y respetuoso, no se propasaría con Andrómeda a menos que ella lo permitiera.
Andrómeda ni siquiera se despidió de la familia. Ella dejó una carta encima de la cama explicando por qué se escapaba, contándoles lo mucho que amaba a Tonks y que no le importaban las consecuencias de sus acciones, que ella iba a estar bien porque tendría a la familia Tonks de su lado. Una carta muy melosa y muy suicida. Bellatrix no se tomó nada, nada bien lo que Andrómeda había hecho. Tal vez nunca fueron el tipo de hermanas que eran mejores amigas, pero fueron hermanas. Según lo que Regulus le contó, Rodolphus no pudo evitar que Bellatrix le arrojara toda la vajilla a Rabastan cuando éste, inocentemente, preguntó si Andrómeda llegaría a la fiesta de navidad que organizaría Lucius Malfoy.
Narcissa se refugió en la soledad de Grimmauld Place, ella no soportaba vivir en el lugar dónde creció con Andrómeda. Cada esquina poseía un recuerdo ameno entre ellas, cada pasillo contenía un momento que no recuperarían y cada fotografía tenía una historia que contar… Andrómeda debió sacarle un duplicado como si esperara que sus hermanas la fueran a buscar. «Nunca esperé que ella lo hiciera. Debí impedirlo», le dijo a Sirius. «No sé en qué estaba pensando. ¿Por qué lo escogió a él? Hay pretendientes más aceptables, ¿qué ve en Tonks?», se preguntó. Sirius no respondió. No iba a servir de nada. Tampoco lo desaprobó. No prometió venganza contra Tonks ni un odio irracional hacia Andrómeda; simplemente observó en silencio cómo su tía Druella eliminaba a Andrómeda del tapiz.
—De todas las cosas que Andrómeda pudo hacer, tuvo que ser ésta —se quejó Sirius—. En serio, hasta combatir a los mortífagos hubiera sido preferente a traicionar a la familia.
—Si hay gente que se casa por obligación, ¿por qué no por amor? —dijo Alice. Su amiga tenía la sonrisa cansada pero cordial que su padre ponía cuando estaba rodeado de sangresucias por demasiado tiempo. Ellos estaban en la mansión Taylor, en la habitación favorita de Alice: la de música—. ¿La visitarás?
—Por el momento, no. ¿Y tú puedes creer que mis primas y mi hermano prácticamente avasallaron mi privacidad?
—Sí. Me lo has dicho como una docena de veces —respondió ella—. ¿Y qué han hecho después?
—Bella cobró el dinero de su apuesta, Cissy siguió con su vida y Regulus se disculpó. Honestamente, creí que harían un plan elaborado para que se lo dijera a Lucius.
—Eso es algo que haría Jessica o Anaïs. Y Narcissa también, si se lo pides.
—Ella no es del tipo casamentera.
—No lo sé. No deberías subestimar a Narcissa. Creo que ella arriesgaría su vida si hubiera alguien muy importante para ella a punto de perderla.
—Lo creeré cuando lo vea.
—¿Quieres ser el padrino en mi boda? Tengo planeado casarme dentro de dos años, si todo va según lo que planeé.
—¿Qué joder…? —dijo Sirius—. Alice, ¿en qué demonios estás pensando?
—Es que Frank y yo somos tan felices juntos que no puedo evitarlo… —Alice rio tontamente—. A la señora Longbottom creo que le agrado. Al menos, ya no me mira como si estuviera robándole a su tesoro más preciado.
—Ella te soporta porque él realmente está enamorado de ti.
—Eso puede ser. Haremos que esta relación a larga distancia funcione, al menos por un año —dijo Alice—. ¿Qué dices? ¿Puedo contar contigo?
Sirius puso los ojos en blanco. Cuatro meses de relación no era suficiente para que ella estuviera planeando su propia boda. Alice no tomaba una decisión apresurada, pero la guerra iba empeorando para quiénes se encontraban en el lado equivocado de la misma. No quería encasillar a Alice en los atributos de su casa, pero era tan impropio viniendo de Alice para que él lo atribuyera a la inexistente fuerza del amor.
A Frank Longbottom lo conocía por conveniencia; Longbottom fue el adolescente al que Alice ayudó a estudiar para los TIMO, y podía decir que ahí comenzaron a interesarse lo suficiente para mantener el contacto. Con el carácter de Alice, deducía que acabaría uniéndose a la guerra. Dos meses atrás, Bellatrix llegó riéndose de los patéticos —no con esa palabra— intentos de aquel de los aurores para detenerlos, de cómo ellos creían que un puñado de jóvenes se pensaba que los podrían derrotar. Tenía la sospecha de que Albus Dumbledore estaba diseñando algo para poner fin a la guerra, el viejo siempre tuvo ideas revolucionarias cuestionables; por ejemplo, plantar el Sauce Boxeador en los terrenos del colegio.
—Sí.
—¿Y qué me querías decir?
—Que padre me nombrara el nuevo patriarca Black en dos meses y medio.
—¡Fantástico! Le enviaré una carta a Rhys y Remus. Este será nuestro esperado reencuentro.
—Ya me lo temía.
