Harry Potter es propiedad de JK Rowling.


Capítulo IV: Ni tan cerca ni tan lejos

«Las memorias son muerte vivida, lo que duele nunca se olvida.»

Sorongo, Calle 13.


Febrero de 1981.

Estaba en la mansión Longbottom. Alice lo invitó para que se reunieran con sus amigos del colegio de nuevo. Era un evento privado en el que Sirius esperaba que pudiera quitarse de la mente todo lo que había pasado.

Era evidente que Kreacher no estaba enterado de la última voluntad de Regulus porque seguía tratando a Sirius como la peste, nunca aceptándole como un maestro por el comportamiento que él tenía. No tenía nada que ver que fuera un Gryffindor, sino que simplemente no toleraba que fuera «muy excéntrico aun para los estándares de los Black». Era un escape que duraría una hora o dos y no tenía que dejar pasar la oportunidad. Él quiso invitar a Remus a su casa cuando estaban en cuarto año, pero Remus rechazó la oferta. «Es arriesgado. Aunque me hayan aceptado, sé que tu madre notará que hay algo anormal en mí. Lo descubrirá, y será mi perdición», dijo Remus. Sirius aceptó a regañadientes. Años después consideró hacer la misma oferta, pero el Señor Tenebroso reclutaría a Remus si descubría que era un licántropo.

Remus no tenía material para ser un mortífago.

Saludó a Rhys Wilson. Rhys estaba haciendo las prácticas para ser un sanador y lucía demacrado pero orgulloso de sí mismo y de lo que había conseguido hasta la fecha. «Ayudaré a los demás. No hay que estar en el campo de batalla para ser un héroe», dijo Rhys en quinto año. Él revisó todos los libros que encontró del tema, en la biblioteca de Hogwarts; nunca lo había visto tan emocionado por algo desde que le preguntó para qué servía ese béisbol del que tanto hablaba. Durante años juró que Rhys acabaría abandonando al mundo mágico para volverse un beisbolista profesional, pero se equivocó. Entre quinto y sexto año, Rhys eligió una vocación más decente. No estaba diciendo que ser un deportista fuera ser un inútil, pero era algo que no duraría por toda la vida. Rhys envejecería y el mundo se olvidaría de las veces que él había ayudado a la selección a ganar el campeonato.

Estaba Alice, quien se había ganado el cariño de Augusta Longbottom de una manera que no quería saber. Augusta Longbottom parecía más letal que su propia madre, un hecho que no quería confirmar nunca.

—Hola a todos —saludó Remus. Rhys y Alice le devolvieron el gesto y regresaron a su conversación sobre qué antídoto era el mejor para un veneno del que nunca había escuchado—. Me enteré de lo tu hermano. Lamento no asistir al entierro.

—No te preocupes. ¿Y qué has hecho? —dijo. Era imposible cartearse con alguien sin que su madre no revisara qué estaba contándoles. Una manía que su madre tenía desde antes de desposarse con su padre, quien decía que su madre lo había hecho desde muy niña—. Alice me contó que eres profesor.

—En una secundaria muggle en Wiltshire. Soy profesor de historia —respondió Remus.

—¿Y esto era lo que querías? —preguntó Sirius, vacilante.

—¿Qué puedo decir? Me gusta estar con los niños muggles, ayudarles a ser mejores personas y mostrarles cómo pueden cumplir el sueño que tengan. No puedo hacerlo en el mundo mágico, pero en el mundo muggle nadie reconoce mi condición. Y tengo una buena coartada para esas noches del mes. Además, Rhys me envía un lote de poción matalobos cada cierto tiempo —explicó Remus—. Mis padres están felices de que finalmente sea feliz. No lo cambiaría por nada del mundo.

—¿Y sabes algo de nuestros ex compañeros? —dijo Sirius. Remus se confundió—. Alice me ha estado molestando acerca de que debo ser más amigable con ellos. Por amor a Merlín, la mayoría de los graduados se ignoran después de la graduación. ¿Por qué Alice no puede seguir la tradición?

—Escuché que Lily y Noah son novios.

—¿Quién?

—Noah Parker, de Hufflepuff —respondió Remus—. ¿No te recuerdas de él? ¿El chico al que Rhys trató de convertir en un fanático obsesivo del béisbol y que acabó con los dos en la enfermería después de una pelea a puñetazos, en quinto?

—No.

—¿El chico al que Kara embrujó por accidente en DCAO y tuvo una piel escamosa durante una semana, en tercero?

—No.

—¿El chico que fue el novio de Savannah durante meses hasta que terminaron por razones misteriosas que dejó de ser un misterio cinco minutos de que terminaron, en séptimo?

—No —dijo. Primero no reconoció a Kara, ahora a Savannah.

—¿El chico que terminó declarando su amor a Sprout sólo porque Allan le retó utilizando la clásica frase de «no te atreverías» en frente del Gran Comedor, en sexto?

—¡Oh, sí! —dijo Sirius. Remus puso una expresión circunstancial—. Noah Parker, ¿qué pasó con él?

—A veces no dejas de sorprenderme —dijo Remus—. No sé mucho de Noah, a decir verdad. Aunque sospecho que él también combate a los mortífagos. Quizá sea un auror.

—¿Por qué no me lo quieres decir? —preguntó Sirius. Remus suspiró y asintió, pero sin querer decírselo. Sirius negó con la cabeza y se cruzó de brazos—. Sé oclumancia. ¡Hace años que Bella ya no se mete en mi cabeza!

—Lo sé. Es que ya perdieron a varios de los suyos, por muerte o deserción, y los que quedan están empezando a desanimarse. De hecho, yo mismo deserté la semana pasada cuando supe que no quería poner en peligro a mis niños. Edgar y su familia fueron asesinados —respondió Remus.

Sirius miró a su mejor amigo sin palabras. El asesinato de la familia Bones estuvo en la primera plana de El Profeta, pero no se dio detalles. «Un desafortunado accidente» decía una de las líneas del reportaje. «Una familia de renombre muerta. Así sin más», «Amelia Bones se encargará de su sobrina, Susan Bones, de ahora en adelante», «Amelia educando a una niña, una completa pérdida para la efectividad del Wizengamot», entre otras frases. La manera en que murieron sólo apuntó a los mortífagos, pero no creyó que estos tuvieran una razón válida para matar a toda una familia.

—Tengo una fotografía de un viejo equipo que los combatió por semanas con devoción, pero que poco a poco perdió su pasión —añadió Alice. Sirius se preguntó en qué momento se volvió poética y Rhys guardó silencio, como muy raras veces ocurría—. Marlene y yo sólo estuvimos un par de horas juntas. Era muy simpática con todos. Al menos tenemos el recordatorio de que la conocimos. Ella fue asesinada dos días después que se tomó la foto; la primera pérdida de muchas, Sirius. La primera vez. No sé si Remus ya te lo habrá dicho, pero a veces no puedo evitar preguntarme si nuestra lucha servirá de algo para los demás. Es decir, nadie siquiera sabe que al menos hay alguien que da la cara por ellos, que trata de protegernos de El Que No Debe Ser Nombrado y sus seguidores. Le llamaría por su nombre, pero El Que No Debe Ser Nombrado le debe haber puesto un hechizo de rastreo.

—Entonces por qué luchas —dijo Sirius—. Sabes que no valdrá de nada. Lo acabas de decir. ¿Por qué no renuncias?

—Sé qué es correcto. Es difícil de explicar a menos que estés dispuesto a sacrificar todo, incluyéndote a ti, por todo lo que valoras —dijo Alice.

Rhys asintió.

—Yo no estoy involucrado directamente. Soy un aliado de ellos. Les doy asistencia médica cuando puedo.

—Creen que soy un cobarde —aseguró Sirius. Rhys, Alice y Remus se miraron entre sí—. No me digan que no. Soy el único que no se ha inscrito.

—No esperamos que lo hagas —dijo Rhys—. Tú tienes tu vida y nosotros tenemos la nuestra. Son igual de válidas; y sé que tú tienes tu propia lucha, nunca te recriminaremos por eso.

—Me gustaría desviar galeones para ustedes, pero tendría que justificarlo —dijo Sirius.

—La intención es lo que cuenta —dijo Remus.

—Oye, ¿alguna novia o interés amoroso? —preguntó Alice. Ella se inclinó hacia adelante y le sonrió con picardía. Remus susurró que «todavía no es tiempo». Sirius pensó en cómo podía animarlo, pero supuso que la muerte de Anaïs Collingwood todavía era dolorosa para él. Ella fue la novia de Remus desde que salieron de Hogwarts—. Lo sé, Remus. Sé que te volverás a enamorar cuando encuentres a la persona adecuada para ti. ¿Y ustedes dos qué? ¿No hay nadie muy especial en sus vidas?

—¿Cuántas veces tengo que decirte que «no estoy interesado» para que me dejes tranquilo? —Rhys bufó. Alice suspiró—. Lo consideraré. ¿Feliz?

—Es un avance. ¿Y tú, Sirius? —insistió al ver que Sirius no quería participar—. Oí que había alguien que quería casarse contigo.

—Hay muchas que quieren casarse conmigo —respondió Sirius—. No quiere decir que yo pretenda casarme con algunas de ellas. Y no, eso no significa que todavía me interesa románticamente alguien, Alice.

—Pero yo no he dicho nada —dijo Alice mirándole con simpatía.

—Lo que sea —dijo Sirius.

—&—

El funeral de Orión Black se había llevado a cabo el día anterior. La viruela de dragón había destrozado todo el progreso que su padre había hecho en estos años, recuperándose de la muerte de un hijo y estabilizando su propia cordura. No veía cómo se iban a recuperar después de un golpe tan grande en la familia Black, uno que probablemente había hecho pedazos el corazón de su madre. Su madre no era lo que uno soñaría con tener y a lo que uno amaría por sobre todas las cosas. No tenía ningún problema reconociéndolo; recordaba aquellas veces en que su madre le criticaba porque parecía «adoptar el comportamiento de inapropiado de los Gryffindor» o «por la inaptitud que tienes para elegir amistades que valgan la pena». No obstante, ella seguía siendo su madre y era la única familia que le quedaba que en verdad le importaba, a la que soportaría enterrar en ningún momento.

Narcissa estuvo ahí para él, confortándole y asegurándose que Sirius estuviera bien mientras que su esposo se encargó de cuidar al pequeño Draco, de ya ocho meses. Recordó la tarde en que Lucius se enteró: se quedó boquiabierto cuando Narcissa le dijo que estaba embarazada, no supo qué responder hasta que se le pasó la estupefacción y acabó desmayándose. Cuando Bellatrix supo lo que pasó, se burló de Lucius a viva voz. Rabastan y Rodolphus fueron más discretos al respecto. «Algunas personas toman mejor las noticias que otras, ¿cierto, Cygnus?», comentó tía Druella.

Sirius se odió a sí mismo por haberse enamorado de la única persona que nunca le correspondería. Se asqueó de sí por interponerse, en cierta manera, en la felicidad de su prima. No era un tonto enamorado, él no soñó con lo que pudo haber sido ni se recriminó por no haberse dado cuenta antes de lo que sentía hacia Lucius Malfoy. ¿Qué hubiera cambiado entre ellos? Lucius estaba a punto de casarse con la muchacha que amó durante años, quien finalmente había devuelto sus sentimientos; Sirius estaba en plena adolescencia mientras que Lucius se estaba encargando de los asuntos de la familia Malfoy.

Él podía olvidarse de sus sentimientos por Lucius Malfoy; ya no era aquel niño que le admiraba y le consideraba un modelo a seguir. Sólo tenía que ser paciente y dejar que el tiempo hiciera su trabajo. Nada más, nada menos.

Mantuvo una expresión estoica ante cada mención de las labores de los mortífagos. Sólo intervino en la conversación si alguien pedía su opinión o para molestar a Rabastan y sus «inteligentes» ideas. Los aurores estaban siendo diezmados en cada ocasión que se enfrentaban a los mortífagos y el Señor Tenebroso estaba deshaciéndose de sus potenciales enemigos. Sin embargo, los aurores mantenían la obstinación de luchar a pesar de las circunstancias.

Marlene McKinnon y su familia. Edgar Bones y su familia, con excepción de Amelia Bones y Susan Bones. Caradoc Dearborn. Benjy Fenwick. Fabian y Gideon Prewett. Todos, asesinados o desaparecidos en combate.

—Estás distraído —dijo Narcissa. Apartó sus pensamientos y se centró en ella y en el pequeño Draco. Lucius estaba preparándose para una reunión con unos invitados excéntricos y ella no confiaba en ningún elfo para hacer su trabajo, a excepción de tía Druella—. ¿Estás bien?

—Mi hermano no regresó, ¿y si le pasa a Lucius?

—Es un riesgo que asumió, y que yo asumí cuando acepté ser su prometida —dijo Narcissa—. Encontraré la manera de salir adelante; además, nadie deserta de las filas del Señor Tenebroso sin morir. Estaremos bien mientras estemos juntos.

—¿Y es un buen padre? —preguntó.

—Le lee los cuentos de Beedle el Bardo para dormir. Aunque no funciona, ya que Draco está más interesado en cómo termina el cuento que en dormirse —contestó ella—. ¿Y en qué momento comenzó tu amorío por mi esposo, primo?

—¿Qué? ¡Pero cómo piensas que yo…! —Sirius se calló en cuanto Narcissa se cruzó de brazos, sonriéndole con autosuficiencia—. ¿Soy tan obvio?

—Sólo para los observadores —dijo Narcissa. Sirius balbuceó algo avergonzado—. No te preocupes. Lucius es perceptivo, pero a veces las cosas más obvias son las más difíciles de ver. Y yo no soy quién para andar revelando lo que le pasa a mi primo.

—A veces no te merezco, Cissy —dijo Sirius. Besó la mejilla de Narcissa—. Entonces, ¿no te molesta que esté cerca de él, sin que estés tú por los alrededores?

—Ya me adapté a que seas un león entre serpientes —respondió Narcissa—. No importa lo mucho que lo intenté, no evité que unas características de Gryffindor se arraigaran en ti. ¿O crees que no he notado que tu mejor amigo es un licántropo? —Sirius se quedó sin palabras—. Mientras sepas qué estás haciendo, haz lo que mejor te parezca. Ten cuidado. No siempre podré cubrirte con nuestra familia.

—¿Ni siquiera Lucius lo sabe? —dijo, con cuidado. Narcissa negó con la cabeza—. ¿Por qué haces esto por mí? No lo hiciste con Andrómeda.

—La cubrí durante un tiempo. Sabía que Andrómeda tenía un amorío inapropiado para ella, pero no esperé que fuera un sangresucia o que se escapara con él. Pensé que se trataba de un traidor a la sangre o de alguien que estuviera en el lado de los aurores, de alguien de quien se aburriera. —Narcissa suspiró. Puso a Draco en el centro de la cama, quien de alguna manera había llegado hasta la orilla—. Subestimé a mi hermana. No imaginé que llegaría tan lejos. Bella, en cambio… Tú y yo sabemos que ella hubiera asesinado a Tonks por, y cito, «poner sus putrefactos ojos en Andrómeda».

—A ti te gusta hacer esto —acusó Sirius, sonriente y burlón. Narcissa se encogió de hombros—. ¿No has pensado hacer las paces con Andrómeda? Cedrella Black se casó con Septimus Weasley. Y sí, fue borrada del tapiz pero, Arcturus y Charis hicieron las paces con ella antes de que Cedrella falleciera. Según sé, Callidora defendió a su hermana, aunque eso tensó su relación con Lysandra.

—Andrómeda fue borrada del tapiz. Es una deshonra para la familia.

—¿Y eso impide que sean hermanas?

—Sirius, tú no lo entiendes.

—Entiendo que soy un Gryffindor, el único Gryffindor en la familia. Entiendo que mi grupo de amigos consiste en un sangresucia, un licántropo y una traidora a la sangre. Entiendo que mi madre y yo nunca nos llevaremos bien porque soy un Gryffindor a diferencia de Slytherin, como ella siempre soñó —enumeró Sirius—. Y si Reg y yo nos hubiéramos peleado antes de su misión, yo me habría arrepentido por toda mi vida por no habernos reconciliado cuando teníamos la oportunidad. Y si hay algo que me enseñó Potter es que hay un tipo de orgullo que te llevará a tu propia ruina sin que lo notes.

»Piénsalo, Cissy. Ella es tu hermana y siempre lo será, no importa qué. Yo podría ir a visitarla, pero sé que significará más para Andrómeda que alguna de sus hermanas lo haga. Y ya que Bella y tus padres nunca lo harán, tú eres la única que queda, que le queda a ella.

Narcissa se quedó en silencio, sopesando lo que Sirius había dicho. Luego rio sin humor.

—Eres más maduro de lo que esperé —dijo—. Lo tendré en cuenta.

—Solamente no te decidas antes que sea tarde —aconsejó Sirius—. Y dime que no le has leído La Fuente de la Buen Fortuna —pidió. Narcissa pareció confundida, pero Sirius no podía decir si ella realmente lo estaba. Desde la llegada de Draco, la apariencia de que Narcissa reflejaba no era tan fácil de descifrar. Era como si ella estuviera constantemente agotada y agobiada. Draco era un lindo bebé, tierno y tranquilo, ¿qué tantos problemas podría dar?—. Bella me contó cómo La Fuente de la Buena Fortuna tuvo que haber sido. Ella masacró la historia que yo amé acomodando los hechos aquí y allá, burlándose de mi trauma y de mis quejas. Fue una de las pocas veces que madre se cabreó con ella, o que se cabreó por algo que me pasó a mí.

—Bueno, ya será hora que te vayas —dijo Narcissa—. Los Lestrange y Barty vienen de visita.

—¿Al vástago de Crouch no lo quieren en cualquier otra parte o qué? Un momento, ¡¿y por qué yo me tengo que ir?!

Draco rio mientras sostenía un dragón de peluche, un regalo de tío Cygnus.

—&—

Sirius no se terminaba de creer que Narcissa hubiera accedido. Había pasado una semana desde que le recomendó que fuera a visitar a Andrómeda, pero no esperó que fuera a tomar tal decisión en el corto plazo. Él se había hecho la idea de que tendría que pasar una década para que Narcissa empezara a considerar la idea de arreglar el lazo roto que tenía con su hermana mayor, ya ni se dijera del tiempo que pasaría para que ella lo hiciera. Sea cual fuere la razón que motivó a su prima, le alegró que contara con él también. «Le informé a Lucius. Él está sorprendido de incluir a Andrómeda en la familia de nuevo, pero sólo eso», le comentó a Sirius. Él sonrió un poco. Tampoco había esperado que Lucius no fuera a poner el grito en el cielo por juntarse con una traidora a la sangre, pero quizá lo hizo por amor a Narcissa. Aún estaba tratando de superar a Lucius, suponía que iba por un buen camino.

O eso se decía a sí mismo cuando se quedaba a solas con Lucius y trataba de concentrarse en lo que fuera para no ver esos atrayentes ojos grises. Era la desgracia de ser los patriarcas de sus respectivas familias.

Llegaron a la casa de Andrómeda en cuestión de minutos y ambos se quedaron contemplando el recinto tan común en que vivía. No entendía cómo Andrómeda había abandonado una vida rodeada de riquezas, o de cómo se había adaptado a una vida en la que tenía que trabajar durísimo para tener la mitad de las comodidades que había disfrutado desde bebé. Cuando Andrómeda les abandonó, ella no se llevó nada que pudiera hacer su nueva vida con su nueva familia más llevadera. La elfina de Andrómeda quedó desconsolada; ellas se querían muchísimo, pero eso no fue suficiente para Andrómeda. Eso, o la elfina intentó detenerla y Andrómeda la dejó.

Podía ver la vacilación apoderarse de Narcissa, pensando que quizá había sido un error venir aquí después de todo. Suspiró y tomó la mano de su prima, como solía hacerlo cuando él era más pequeño y Narcissa era la única que le aceptaba en su grupo de amigos, los afamados niños grandes que eran mayores para jugar a las escondidas. Apretó el agarre con la fuerza suficiente para que Narcissa supiera que él estaba ahí y que no la daría de lado, pero sin dañarla. Narcissa no lo perdonaría por dañar su manicura. Intercambiaron una mirada, Narcissa asintió lentamente. Sirius tocó el timbre de la puerta, algo impresionado que el ruido no le dañara el tímpano. Bueno, supuso que a Rhys realmente le gustaba hacerse notar. La persona que abrió la puerta fue un hombre, de aspecto agotado y con una ropa que sólo vería en una tienda de baja categoría, y que tenía la cara manchada con pinturas mágicas. Debía ser Ted Tonks.

—Tú eres una de las hermanas de Andrómeda —dijo Tonks, en un tono arisco. Narcissa asintió—. Han pasado ocho años, ¿y hasta ahora decides que te interesa? ¿Hasta este momento recuerdas que tienes una hermana que se opuso a su familia por algo que ella no pudo ni quiso evitar? Ella los esperó por meses y ninguno apareció. No vuelvan.

—Tú no eres quién… —comenzó Sirius.

—Yo consolé a Andrómeda cuando tuvo el corazón roto. Yo la convencí de que nada cambiaría, yo fui la razón por la que ella decidió huir cuando supo que sería una paria entre ustedes. No me vengas con que no soy nadie para decirte qué hacer. Estás en mi propiedad. Y harás lo que yo te digo —le cortó Tonks. Sirius se calló, viéndolo incrédulo—. Me enamoré de una Black, por supuesto que tengo mi carácter. Y si ya terminaron con la buena acción del día, lárguense.

—Al menos avísale que vinimos —pidió Narcissa. Tonks asintió y Sirius se sorprendió de que su prima no estuviera insistiéndole; ella no solía aceptar un no por respuesta en ningún momento, a menos que fuera tía Druella quien se lo dijera—. Sirius, vámonos.

—No hace falta.

Oyó una voz que le resultó familiar. Se volteó y parpadeó al ver a la señorita de apariencia común, ni siquiera una sombra de lo que Andrómeda Black en el pasado. La apariencia de Andrómeda había cambiado, ¿y su personalidad cómo estaba? ¿Todavía era la adolescente de quince años que le tranquilizó después de que escuchó un rayo, que le calmó cuando tuvo una pesadilla o cuando supuso que sería expulsado de la familia? Sonrió con sorna. Qué irónico que la pesadilla de Sirius fuera el cuento de hadas para Andrómeda, quien demostró tener más valor del que Sirius había aprendido durante siete años en Hogwarts. Alternó la mirada entre las hermanas, quienes se observaban entre sí como si estuvieran esperando que una admitiera la culpa. Evitó que un bufido se escapara de sus labios mientras que se cruzó de brazos.

Tonks lucía rígido en frente de la puerta, con una obstinación que no había visto en años. Le recordó a Long y cómo él solía entretenerse a costa de los demás. A diferencia de Potter, Long conocía dónde estaba el límite y no lo traspasó. O aprendió de los errores ajenos, como siempre decía que hacía. No tenía ni idea de cuál era el paradero de Long, pero sabía que estaba vivo o Remus ya se lo hubiera mencionado, aunque fuera de pasada. Como decía Rhys «la mala hierba nunca muere» aunque no entendía qué tenía que ver una hierba en eso.

—¿Podemos hablar contigo? —preguntó Sirius, cansado de este silencio. Andrómeda le vio, enarcando una ceja—. Sé que somos las últimas personas que quisieras ver, sólo vimos a informarte que Reg murió —dijo, dudando antes de decir «murió».

—Mis condolencias —dijo ella, fríamente. Se apartó unos mechones de la frente y lo miró, antes de interesarse en lo que había en el suelo. Sirius asintió; al menos había obtenido una reacción aunque no fuera la que esperó—. Y si ya no tienes más avisos que dar, retírense —añadió.