¡Hola a todos! Este capítulo sí que fue complicado de hacer, no terminó como quería, pero eventualmente llegaré a esa parte en el siguiente capítulo. Espero que lo que escribí les guste y que se entretengan mucho, ya que el capítulo es un poco más de lo normal.
Antes de continuar, responderé una pregunta de Lykan: ¿Mana aparecerá aquí? R= Es casi un spoiler que diga eso, pero en este capítulo está la respuesta y además, en lo que narré de su pasado en el orfanato, lo cuento desde la perspectiva de Shidou, por eso no se ve todo en sí, solo lo más importante.
Sin más, los reviews es gratis hacerlos y si quieres dejar alguno, ¡gracias!
Parte 3: Efreet
Una sonrisa.
No podría olvidar la primera vez que la vio, porque fue el comienzo de muchas primeras veces que mantiene guardado en su memoria. Después de todo, los primeros pasos siempre son los más difíciles y en pocas ocasiones, los más fáciles, sin embargo, cuando algo pasa tantas veces, incluso si es en un solo día, la primera vez pierde su valor único.
La sonrisa se vuelve típica.
Es increíble la cantidad de veces que uno sonríe, uno podría pensar que las sonrisas son por los momentos felices y divertidos, pero hay veces en las que sonreímos ante una tragedia; y si es así, ¿por qué sonreímos? ¿Con eso se puede comprar el dolor y el sufrimiento de otro? Hay tantas cosas malas en la vida, momentos grises; nada felices ni divertidos.
¿Cómo podemos sonreír en un mundo sin color?
Al principio, no podía sonreír, era raro, todos los niños son risueños en sus primeros años de vida, son felices por todo, incluso por nada; conforme creces te convences de que es imposible ser feliz sin razón alguna, por eso siempre envidiamos ese pasado en el que las cosas eran así… y punto.
No es el caso ahora.
Cuando fue elegido y acogido en el seno de una nueva familia, tuvo que aprender a sonreír de nuevo, no era como su hermanita, ni como ningún otro niño; tenían más expresiones faciales que él, al mismo tiempo y de forma lamentable, podía tener el rostro tranquilo y sin vida por mucho tiempo, un rostro que solo él podía hacer.
La tristeza la tenía pegada a su piel, todo el tiempo. Había moldeado su rostro, sus ideas, su raíz se encontraba en su corazón, provocando que la vida siempre le supiera agria y vacía, de ahí se extendió por todo su cuerpo y lo envenenó, como un virus; se plantó en su cuerpo durante mucho tiempo, hasta infectarlo por completo.
La tristeza colonizó su ser.
Entonces, se dedicó a observar a las personas a su alrededor, personas que sí sonreían y se preguntaba qué era lo divertido, cuál era el chiste, ¿por qué no lo entendía? Su duda era más grande conforme pasaba más tiempo con su nueva familia, con su hermanita y con el mundo exterior.
La felicidad era algo desconocido.
No supo en qué momento lo descubrió, pero en ese momento lo supo porque su boca hizo una curva; no fue de forma voluntaria, ni siquiera recuerda porque lo hizo, ahora mismo ya no sabe lo que se siente, porque la primera vez fue difícil y no lo hizo bien, pero ahora es natural.
Ella siempre lloraba por todo, era molesto y no lo entendía, pero sus padres siempre le sonreían a Kotori cuando la calmaban, era tan sencillo para ellos y la niña también lo hacía después de unos momentos. Era casi una obra mágica y él aprendió después de verlo tantas veces.
Imitó el método, las palabras, el tono de voz, los movimientos y la sonrisa… Sí, eso también lo aprendió.
Así que no era en serio, solo lo hizo porque así lo hacían ellos.
Pero fue la primera vez.
Con el tiempo, Shidou descubrió la felicidad a través de otras personas, conocía sentimientos y sensaciones nuevas que nada tenían que ver con lo que entendía. Avanzaron las semanas, los meses y después los años, cada vez que repites algo con regularidad, aprendes a convertirte en experto.
Y por un momento creyó que lo conocía todo sobre las sonrisas.
Se equivocó.
No podía sonreír sin razón alguna, pero aprendió a inventarse razones para hacerlo; no porque lo quisiera o porque fuera una máquina de felicidad, los motivos no eran ni dulces. Tenía que hacerlo, la vida así le enseñó y se sorprendió mucho cuando se dio cuenta que no era el único.
Kotori también lo hacía, ella que era una niña llorona, ella que era menor y más débil.
No podía creérselo, pero lo veía todos los días que entrenaban; eran días malos y decepcionantes, terminaban mal también, pero no parecía preocuparse y le sonreía con una promesa sanadora de que todo estaría bien. Pero todo era una mentira, lo sabía y aun así, correspondía de la misma forma.
Y solo podía culparse en soledad.
Dios sabrá… Kotori sabe… su hermano es una buena persona, solo era cuestión de tiempo para que entendiera lo craqueada que estaba; los orificios que tenía en todo su cuerpo y lo mucho que le ardía la consciencia cuando la retomaba después de perderse a sí misma.
Aun así, sonreía ante su propia destrucción y prometía estar bien.
Y solo podía llorar en soledad, tratando de sepultar su dolor.
Shidou amaba a su hermanita, pero odiaba cuando sonreía así y sabía cuándo lo hacía, de su dolor casi no sabía nada, pero quería tenerlo; si se podía comprar, lo haría, no importaba el precio, incluso si era su propia vida.
El precio era el límite de todos: su existencia. Reine se lo había dicho, la única forma que tenía para salvarla, y tal como le hizo con el método de sus padres para salvar a Kotori de las lágrimas, aprendió el de sellado también.
No hubo titubeos ni tampoco lo pensó mucho tiempo.
Compró su dolor, su maldición, sus lágrimas, su perdición. Todo se lo arrebató después de sellarla y entonces fue su turno de sufrir.
—Shin… Shin, ¿me estás escuchando?
Reine llevaba esperando la respuesta de Shidou por cinco minutos, pero él tenía la mente en otro lugar, de hecho, ni siquiera estaba mirándola, debería sentir frío, pero había calor, mucho calor dentro de él. También respiraba por la boca de forma pesada y continua, como si faltara el aire en el Fraxinus.
—Lo hago… —respondió con algo de dificultad, pero sus ojos eran amarillos y la mujer estaba un poco preocupada por eso.
—Llevas dos semanas después de sellar a Kotori de nuevo, pero al hacerlo, se tomaron una semana de descanso para que ambos se estabilizaran, sin embargo, llevas una semana entrenando y no puedes controlarte.
—Sí, puedo, solo necesito tiempo —respondió apresuradamente y sin poder mirarla a los ojos, miraba sus piernas. Estaba sudando por todo el cuerpo, hasta su cabello estaba mojado—. Reine-san, estoy adaptándome… Sé que lo terminaré haciendo.
—Mírate —dijo en un tono más alto.
—Ah… Yo sé que estoy… Solo fue esta vez.
—Es siempre, todos tus entrenamientos terminan así. Tu cuerpo lo resiste solo porque tus mismos poderes no te dejan sufrir heridas mortales.
—Estoy bien, no siento dolor… —dijo con una sonrisa aliviada, incluso si seguía respirando por la boca y su aliento era muy cálido, como el de una vaporera.
Shidou tenía el cabello mojado, pero algunas de sus puntas estaban de color negro, uno carbonizado, igual que todas sus ropas estaban rasgadas por llamas, de hecho, su traje de combate estaba muy deteriorado y tenía quemaduras en los brazos, en los dedos de sus pies, en el cuerpo también.
—No se trata de sentir dolor o no, Shin. No queremos que… causes alguna tragedia —explicó al mirarle los brazos y el cómo agachó la cabeza—. Creo que te precipitaste al…
—¡No digas tonterías! —gritó y fue un llamado a las llamas.
Los papeles se quemaron y la tableta electrónica explotó y voló por los aires, todo lo que estaba encima del escritorio de la analista se combustionó en segundos. Shidou se había puesto de pie para mirar a la mujer muy sorprendida, le acusaba con la mirada.
—No digas eso… No digas que esto… No lo digas, Reine-san. —Negó con la cabeza, pero sus ojos amarillos brillaron intensamente—. Kotori no debe tener esto nunca más. Es mío ahora… Y así tiene que ser.
—Tienes que calmarte, Shin… Por el bien de todos, ahora solo… ve a darte un baño y recupérate.
—Lo siento, Reine-san… Yo… siento mucha ira… —dijo al apretar los puños.
—Está bien… Solo tienes que calmarte.
Reine llevaba un historial del comportamiento de Shidou, no podía controlar sus poderes, perdía todo control sobre ellos por sus emociones, en especial las agresivas y eso que él no lo era. Pero cuando peleaba, entre más tiempo lo hacía, más crecían las ganas de usar su poder, más crecía la necesidad de ver arder… lo que fuera.
Sus ropas siempre terminaban quemándose en el proceso, a su cuerpo no lo protegía ningún vestido astral, así que no podía soportar las llamas, siempre se lastimaba a sí mismo por ellas. No pasaba antes porque tenía muy poco del poder de Kotori, pero ahora todo era suyo.
Aumentaba su presión sanguínea por la temperatura de su cuerpo y el desgaste era brutal, incluso si solo eran unos minutos, el cansancio, el sudor, la pesadez, el gasto de energía, era natural que le faltara el aire y que su cuerpo se acalambrara.
Ahora él hacía las sonrisas falsas, pero se preguntaba cuánto le iban a durar.
Se preguntaba muchas cosas, pero hoy tenía clara una de ellas.
«Hoy no fue tan malo». Pensó mientras se rascaba su piel carbonizada en su brazo mientras se bañaba, temblaba ligeramente por el ardor y el dolor, debajo de la piel muerta estaba su carne al rojo vivo; sangre y un líquido transparente que no era agua, palpitaba con el aire.
Sus uñas se llenaron de negrura rápidamente.
«No duele tanto como las otras ocasiones».
Cuando terminó con su brazo y lo sumergió al agua, se aguantó las ganas de gritar, el agua del baño comenzó a tornarse negra y apretó los puños con fuerza, pero él tenía que hacerlo, porque solo obteniendo dolor, su cuerpo demandaba atención y sus poderes respondían.
—Ah… Ah… Maldición… —susurraba al alzar su brazo fuera del agua y estar como nuevo, el dolor cesaba también—. Ah… Ah…
No quería esto, si pudiera negarse…
Claro que podía, siempre hay una opción de salida, una que te permite huir de todo, incluso del autocastigo. Podía rendirse, ¿qué importaban los espíritus cuándo estaba sufriendo así y nadie lo sabía? ¿Alguien entendía lo complicada que era su vida ahora, cuándo no debería de ser?
Se levantaba todos los días teniendo su día planeado; empezaba con su rol de hermano mayor y hombre de la casa; preparaba desayuno, comida y cena, así como veía por la economía del hogar; durante el día tomaba el rol del estudiante; común y normal, balanceándose entre excusas para mantenerse despierto, para aparentar que todo estaba bien con sus compañeros y su mejor amigo; y aun en medio de ambas cosas, también era un sellador de espíritus; tenía entrenamientos diarios donde, tal vez, servía para liberar estrés, pero en los que constantemente se perdía, sufría y se lastimaba a sí mismo, todo con el único objetivo de saberse cuidar una vez entrara en batalla, si se daba la ocasión.
¿Cómo iba a hacer eso si ni siquiera podía controlar su poder?
¿Cómo iba a proteger a otros cuando él mismo terminaba lastimado por su propia mano?
Los espíritus necesitarían protección, pero ¿realmente podría hacerlo o es que necesitarían ellos protección de él?
«Tal vez… Solamente estoy corriendo en círculos». Los ojos amarillos del muchacho fueron perdiendo intensidad mientras miraba su reflejo en el agua, su rostro no se mantenía quiero por el movimiento y por el vapor no tenía una visión clara de su rostro. «Tal vez yo no debería… Estar entrenando como lo hago, controlando las llamas ni salvando a nadie… Esto no es lo que… Yo quería».
Shidou se sumergió en el agua y sintió su cuerpo caliente por todos lados, unas burbujas escaparon a la superficie y ahí, abajo, miraba la luz del gran cuarto mientras él se hundía hasta lo más profundo, hasta que su espalda tocó la pared.
«Extraño». Parpadeó una sola vez, de forma lenta y siguió mirando la luz.
Sí, era extraño que sintiera esta gran paz al estar hundido, tal vez es porque esto es lo que sentía, que estaba hasta el fondo y ya estaba calmado, porque conocía esta sensación. Una vez había ido a la superficie y descubrió el mundo que se le negó cuando perdió a su familia; en otras palabras, perdió todo.
Extrañamente, nadie se había muerto desde entonces, pero sentía que algo estaba muerto y por eso se hundía, como si estuviera enterrado, pero tal como el estado vegetativo, estaba tan tranquilo en estos momentos.
Todas las preocupaciones desaparecían, era como estar sedado.
«No debería de ser yo». Pensó al parpadear, las burbujas se multiplicaron, no obstante, su mirada seguía puesta en la luz que parecía iluminar todo con potencia, aun así, veía directamente y no le molestaba a sus ojos color miel. «No tenía por qué ser yo».
Pero así era y lo sabía, sin que nadie se lo dijera.
«Ni siquiera conozco al espíritu».
Pero lo iba a conocer, tarde y temprano, y se iba a lamentar mucho si no lo ayudaba, porque quedaría en su consciencia y el cuento del "si hubiera…" se apoderaría de su mente, cuando quisiera estar solo y tranquilo.
«No le debo nada a nadie». Pensó al cerrar los ojos.
Eso era verdad, pero igual no tenía nada que ver.
«No quiero seguir haciéndolo».
¿Tenía opción?
«No quiero».
¿Tenía miedo?
«No quiero, no quiero».
¿A qué le tenía miedo? ¿A perderse en las llamas?
«No lo necesito, no hay por qué hacer nada».
¿Era momento de huir? ¿A dónde se podía correr después de hacer una promesa?
«Reine-san tiene la…»
¿Lo tenía? ¿En verdad pensaba que nunca debió sellar a Kotori? ¿Debió dejarla sufrir todo el tiempo? ¿Debió dejar que llorara en soledad y sufriera en las noches por tener miedo de dormirse porque Efreet se apoderara de su cuerpo por fin?
«No, no, no, ¡no!»
¿Era eso? ¿Era un cobarde que huye cuando las cosas se ponen duras? ¿Su hermanita era más valiente? ¿No prometió protegerla mientras eran solo los dos?
¿Qué tan débil puede ser Itsuka Shidou?
Débil. Débil. Débil. Débil. Débil.
Era un eco silencioso, la respuesta a todas sus indecisiones, pero había algo más que era el complemento perfecto.
Miedo. Miedo. Miedo. Miedo. Miedo.
Abrió los ojos con el ceño fruncido y el color cambió a amarillos con un punto rojizo en medio.
—¡AAAAAAAAAAAAAAA! —gritó al extender sus manos, como si hubiera lanzado algo, pero solo causó que todo el agua se evaporara, su cuerpo cayó al fondo por completo, con un montón de vapor rodeando su desnudez—. Ah, ah, ah, ugh… Cof, cof, cof… Ah, ah, ah…
El muchacho se abrazó a sí mismo en posición fetal, pero sus ojos seguían encendidos y sentía mucho calor, respirando con dificultad y jalando aire por momentos. Su cuerpo fue cambiado de tonalidad hasta quedar de un color rojizo, diferente a un sonrojo.
«No soy débil. No lo soy. No lo soy. No lo soy. No lo soy». Pensaba mientras perdía visibilidad, pero no porque cerrara los ojos, sino porque una negrura estaba extendiéndose desde los extremos de su campo de visión. «No. No. No. No. ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! NO. NO. NO».
No se detenía y su cuerpo temblaba, incluso si sentía tanto calor.
«¡No, no, no! Puedo ser más, hacer más, ¡ser más fuerte!»
Pero eran solo palabras, porque la oscuridad no disminuyó, y así mismo, sus ojos amarillos fueron rodeados por un color rojo.
«AAAAAAAAAAAAAAAAA».
La oscuridad le cegó.
A su cerebro solo llegaron imágenes, eran recuerdos de su vida pasada, una que ya no recordaba del todo bien, también escuchaba frases que no tenían sentido porque las voces eran diferentes y hablaban todas al mismo tiempo, pero puedo reconocer algunas cosas.
"Onii-chan". "Lo siento". "¿Quieres jugar?". "No están interesados". "¿Estás solo?". "Te quiero". "Te amo". "Estoy en casa". "Estaremos pronto de regreso". "¿Están comiendo bien?". "Te extraño". "¿Cómo te sientes?". "Eres débil". "Siempre estaré solo". "Adiós". "Nii-sama". "Vuelve a casa". "Estoy de vuelta". "¿Puedo comer eso yo también?". "Hey, Itsuka".
Eran todas diferentes voces recolectadas de cientos, tal vez miles de recuerdos que se reprodujeron todos a la vez, eran tantos que quería gritar y tal vez porque lo deseó con tanta fuerza, lo hizo. Escucho gritos, muchos gritos, de diferentes timbres, diferentes gargantas.
"¡Shidou! ¡Shidou! ¡Shidou!". "¡Escúchame!". "¡¿Por qué no te calmas?!". "¡Shidou! ¡Shidou! ¡Me estás asustando!"
En medio de la confusión y los múltiples gritos, logró entender eso y también supo que tenía sentido. No recordaba haber escuchado cosas así antes y aunque no reconocía del todo la voz, sintió que era de alguien muy especial.
«¿Kotori? ¿Eres tú, Kotori? ¡Kotori! ¿¡Kotori?!»
Sin embargo, no podía escuchar ya nada y menos su propia voz, sabía que solo lo pensaba, pero no era suficiente porque no llegaba a ningún lado, este grito de auxilio, ¡no le llegaba a nadie de esta forma!
—¡Comandante, es suficiente! —gritó Kannazuki al detener a su superior con sus brazos, mientras ella se forcejeaba con lágrimas en los ojos—. ¡Él ya no es Shidou-kun! ¡Si tan solo se acerca un poco a su cuerpo, morirá! ¡Comandante, piense las cosas como son!
—¡Suéltame, idiota! ¡Voy a recuperarlo, suéltame Kannazuki! ¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Ahhhhhh!
Pero Shidou se había convertido en una antorcha humana que caía en picada como un águila, con destino a la ciudad, todo después de destruir parte del Fraxinus, que desprendía humo de algunas zonas, sobre todo del cuarto de mando, donde todos quedaron estupefactos al ver como Shidou no era más el muchacho que conocieron.
—Kotori, solo es cuestión de tiempo para que Shin impacte en la ciudad y la AST vaya por él, ¡tienes que calmarte, todavía hay algo que hacer!
—¿¡Qué hay que hacer?! —preguntó completamente enojada y con lágrimas en los ojos—. ¡No me dejan acercarme a él!
—¡Está rodeado en llamas, tan solo al acercarse su cuerpo se incendiará! —gritó Shiizaki—. ¡Es demasiado arriesgado!
—¿¡Qué más puedo hacer?! ¿¡O estás sugiriendo que lo dejé con la AST?! ¡Reine! —gritó al señalar a la mujer analista, quién solo tragó algo de saliva—. ¿¡Es eso?! Eres la analista de esta nave, es claro, ¿no es así? ¡Ya no hay nada que hacer, es lo que quieres decir!
—Comandante… Shidou-kun está…
—Shidou no está muerto —dijo al mirar débilmente a Reine, quién ya no podía ni hablar. Luego Kotori miró a su tripulación—. No está muerto, ¡SHIDOU NO ESTÁ MUERTO!
—Comandante… —dijo Kannazuki con una voz derrotada—. ¿Qué…? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuáles son las órdenes, comandante?
Kotori estaba sudando y llorando, sin embargo, todo quedó en silencio mientras la chica puso las manos sobre su computador, con la cabeza agachada y su cabello rojo cayendo a los lados. Los miembros de su tripulación se vieron unos a los otros, y algunos negaron con la cabeza, mientras Reine se quitó los lentes y se limpió los ojos.
Hasta que por obra de un botón, Kotori logró poner en pantalla a Shidou, quién seguía cayendo como una flecha salvaje, no podía ver bien su expresión, pero estaba rodeado de llamas con el cuerpo rojizo y en algunas partes, estaba carbonizándose.
—Shiizaki…
—Ah, ¿qué sucede… comandante? —preguntó algo insegura ante la débil voz de la chica.
—Entra en el sistema de seguridad de la ciudad, que accionen la alarma de terremoto espacial.
—P-Pero eso alertará a la AST —dijo Kannazuki, sudando de preocupación por las acciones de Kotori, quien ni le volteó a ver.
—Pero las personas podrán ir a los refugios… Y además… —La chica se giró al hombre con la voz rota y el humor en los suelos—. No sé qué más hacer…
Shiizaki logró ingresar al sistema de seguridad de la ciudad Tenguu, tardó un par de minutos, pero una vez estuvo dentro, accionó las alarmas de toda esa zona y las personas salieron de todos lugares hacia los refugios, dentro de sí mismos, Shidou no escuchó gritos, sino una sirena con un ruido molesto que no tenía fin.
Cuando el muchacho impactó por fin, las personas seguían corriendo para llegar a los refugios subterráneos, en un radio de más de 30 metros, todo se destrozó por el impacto, parecía el de un meteorito. La temperatura aumentó también y el causante de todo esto se levantó del cráter.
Extendió las manos hacia los lados y liberó sus llamas en ráfagas que incendiaron casas, edificios, hizo estallar autos y alumbrado en general. Pronto los ojos de Shidou observaron puras llamas y se sonrió por el paisaje que había creado.
El informe de daños rápidamente llegó al escuadrón de la AST liderado por Ryouko Kusakabe, quién estaba preocupada de ver la mirada de una de sus chicas más jóvenes: Origami Tobiichi.
Alguien quien tenía bien grabado una vista de lo que era el infierno en la tierra.
El mismo paisaje que Shidou había creado con sus propias manos.
Había esperado años, se preparó años, entrenó y dedicó su vida en volverse fuerte, todo para este día, para este momento, porque este era el último, ¡último momento!
«Efreet». Origami aumentó la velocidad de sus propulsores.
—¡Origami, no vayas tan rápido! —gritó su comandante al ver como se les adelantó a todas.
Efreet. El espíritu de las llamas.
Tobiichi Origami. La hechicera de la venganza.
Un reencuentro que estaba destinado a suceder. Esta noche.
