La primavera siempre ha sido la estación preferida de John. El sol ya pega más fuerte, cada vez se lleva ropa más ligera y fresca, el ambiente le llena de energía y vitalidad... y bueno, también es que es su cumpleaños.
El conjunto de cosas siempre ponen de muy buen humor al Egbert y lo da todo en su trabajo de tardes en la librería. Va de un lado a otro cargado de libros que colocar, canturrea, habla animadamente con los clientes... A Vriska no le parece mal que trabaje así de duro, pero es verdad que desde el instituto -donde se conocieron- no aguanta el excesivo entusiasmo que le pone John a cosas cotidianas, sobre todo en esta época del año. Además, también está ese detalle que lo empeora todo: John y su amor platónico adolescente o lo que sea, han acabado siendo algo así como cyberamigos.

—Me estás dando una grima. —le suelta la Serket en cuanto el último cliente sale por la puerta.
—Oye, no es mi culpa que tú vengas del Polo Norte. —contesta John, haciendo referencia a la procedencia Europea de su compañera de trabajo.
—Si repites lo del Polo Norte una vez más te descuartizaré y te enviaré por partes a tu padre para que haga tartas contigo. —El chico se ríe y vuelve a perderse entre las altas estanterías de la tienda. De mientras, Vriska echa un vistazo a la hora en la pantalla del ordenador.— Dios, por fin. Egbert, saca tus narices de esos libros frikis y vámonos.
—¿Ya? —se le escucha decir desde algún punto de la tienda, con sorpresa.
—"¿Ya?" —repite la morena con una mueca, usando tono de burla.— Como si no lleváramos toda la maldita tarde aquí metidos.
—Y no llames libros frikis a los cómics. Además, a ti también te gustan.
—Que me gusten no invalida el hecho de que son para frikis.

John ya no le responde porque se ha metido casi corriendo al cuartito que usan para cambiarse y ponerse la camiseta que tienen como único uniforme. De mientras, Vriska va hacia la puerta de la librería, gira el cartelito colgado para que fuera se vea el "CERRADO" y echa la llave, por si a alguien se le ocurre entrar aunque sean más de las ocho.
Cuando entra en el cuarto para cambiarse, ve que John tiene la camiseta de calle aún en el cuello y está ahí medio desnudo, escribiendo muy concentrado en su móvil. Vriska niega con la cabeza, desaprobando la dejadez de el que en realidad es su amigo aunque pueda parecer que le trata mal. Con una media sonrisa, se acerca a él y empieza a colocarle bien la camiseta, haciéndole meter el brazo que le falta en ella y luego bajándosela. John no dice nada porque no es como si fuera la primera vez que se queda empanado y Vriska le ayuda a resolver el despiste. Es algo que sale solo.

—Bueno, y qué pijama te has traído esta vez. —pregunta la chica mientras se deshace de su propia camiseta de uniforme y John se guarda el móvil en el bolsillo del pantalón.
—¿Pi... jam a...? —le responde muy confundido el chico, haciendo que Vriska se quede a medio vestir y le mire con sus ojos grisáceos fijamente.
—¿En serio, John? ¿Lo has olvidado?
—Aahmmm... ¡Ah! —De repente da una palmada y luego chasca los dedos.— Habíamos quedado por mi cumpleaños... Ugh.
—Si no quieres venir me la suda. —suelta violentamente la Serket, acabándose de vestir de malas maneras y agarrando su bolso de igual forma antes de salir del cuartito.
—No es eso, Vris... —Conciliador, le sigue igual de rápido y casi se choca con ella cuando se para en mitad del pasillo de la tienda.
—¿Ah, no? ¿Y se puede saber qué es tan importante como para cancelar tu propio cumpleaños?
—A ver, mi cumpleaños es mañana...
—¿Es que has quedado con tus otras amiguitas? La hierbas esa y la niña gótica.
—Se llaman Jade y Rose.
—Ya sé cómo se llaman, imbécil. —Airada, continúa su camino y sale de la tienda.— Pero oye, que me la suda, sabes, tampoco era tan importante para mí.
—No he quedado con ellas. —dice mientras la morena echa la llave por fuera y baja la persiana de metal.— Es que he quedado para hacer videollamada con Dave.
—¡Hacéis eso como CADA DÍA! —le reprocha la chica con un tono de voz bastante alto e irritado.
—Ya, pero me dijo que hoy me daría una sorpresa. Ya sabes, por mi cumpleaños.
—Agh, mira, ya te lo he dicho, me da exactamente igual. Si prefieres a un tío al que no le importas una mierda y conoces de hace sólo dos meses antes que a tus amigos de verdad no es mi problema. —Vriska se recoloca el bolso y hace un ademán de irse ya de allí, pero John le agarra del brazo y, contrariamente a lo que se espera de ella (que sería darle una paliza al atrevido joven), se queda quieta y mira primero la mano enganchada a su brazo y luego al rostro del dueño.
—Qué te parece si voy mañana que será mi cumpleaños de verdad, eh. —Al ver que su amiga no va a atacarle ni nada así, la atrae un poco hacia él.— En vez de sólo una noche, nos pasamos tooodo el día comiendo y viendo pelis guays.
—Hm.
—No te enfades, por fa.
—No estoy enfadada. —dice bruscamente. Luego se aparta el cabello de la cara en un común gesto airado y cabecea, mirando hacia un lado con gesto de indiferencia.— Bueno. Como sea.
—¿Entonceeees...?
—Entonces mañana. —Aunque ella usa el mismo tono casi agresivo, el Egbert le dedica una amplia sonrisa y Vriska está convencida de que si tuviese una cola como los animales la estaría moviendo super rápido.— Te pasas a partir de las once de la mañana. Y la comida corre a tu cuenta.
—Vaaale.
—Mañana, eh. Que no se te olvide.
—¡Sí, señora!

·

—No.

Es la cuarta negativa de Dirk. Dave arruga la nariz, hace un gesto exagerado con las manos y se gira hacia el otro lado para no tener que mirar a su hermano. Pero seis horas de vuelo son muchas y no quiere pasárselas mirando al niño pequeño que está sentado al otro lado del pasillo y lo único que hace es cabecear encima del regazo de su madre.

—Me da igual lo que digas, voy a...
—Dave. —Dirk le corta a mitad de frase y le mira por encima de sus gafas de sol.— Qué mierda se te ha perdido en Washington ahora. Ya hemos estado otras veces.
—Ya lo sé pero quiero ir.
—Tenemos una agenda que seguir. Una muy jodida y estricta si quieres que lo tuyo cuaje de verdad. Ser popular sólo en internet no te va a dar de comer para siempre. ¿Lo entiendes?
—Lo entiendo. —El Strider mayor asiente cuando escucha al otro rubio y se gira para mirar por la ventanilla del avión ahora que parece que va a tener tranquilidad. Iluso.— Pero bro...
—Ostia puta.
—No, escucha. —Dave se remueve en su asiento, girando todo el cuerpo y subiendo una rodilla al asiento para encarar mejor a su hermano, que sólo ladea pesadamene la cabeza apoyada en la mano.— Voy a serte sincero. Quiero hacerle una visita a alguien.
—Ah sí. A quién. —pregunta el mayor con tono monótono.
—Nada, sólo un amigo.
—Un amigo.
—Sí, Dirk. Amigo. Una persona con la que hablas regularmente de temas que tenéis en común y os tenéis un mínimo de aprecio. Entiendo que no pilles el concepto porque tú le hablas a tus "amigos" una vez cada milenio. —Dirk frunce un poco el ceño y Dave sabe que ha dado en un punto débil así que niega rápidamente con la cabeza.— Vale. Vale, era broma. Ya sé que es porque estás la ostia de ocupado y es por mi, de verdad, lo sé.
—La cagas y luego me haces la pelota. —Aunque suspira, esboza una leve sonrisa cansada.— Intentaré ver qué puedo encontrarte por allí el mes que viene.
—Que sea para la semana que viene. —Su hermano le mira con mala cara y Dave se encoge de hombros; esta vez es él el que sonríe brevemente.— ¿Por favor?

·

Ya llevan como hora y media hablando por webcam, pero ninguno de los dos es consciente del tiempo que pasa cuando están así. John al final se ha acostumbrado a hablar con Dave, aunque siga sintiéndose un poco cohibido cuando su ídolo se dirige directamente a él justo al iniciar la llamada. Por la otra parte, Dave siempre le está preguntando cosas a John sobre su vida cotidiana, como si el día a día del universitario fuese algo muy curioso y digno de contar.
La cuestión es que en estos dos meses han aprovechado bastante el tiempo libre de la celebridad y han tenido un rato cada día para, como mínimo, darse las buenas noches. Sus conversaciones por webcam siempre acaban siendo fluidas y naturales, tanto, que hasta esta vez a John se le ha olvidado que el Strider tenía una sorpresa para él.

—Yyyyy... —Dave da una palmada y John suelta una risita. No sabe por qué ha hecho eso pero el rubio lleva puesta la capucha de la sudadera y está muy encogido en la silla, así que la sola imagen ya se le hace graciosa.— Las doce de la noche.
—¡Es verdad! Cómo ha pasado el tiempo. Ni me he dado cuenta, guau.
—Cierto... aún recuerdo cuando te presentaste ante mí y eras un feto con gafas. Ahora ya eres un... no tan feto con gafas.
—Entonces estoy casi a tu nivel, no.
—Estás llamando feto con gafas a Dave Strider.
—No tan feto. —le corrige el moreno, tapándose un poco la boca para no reírse de nuevo al ver que el mayor hace un gesto de ofensa y se quita con ira fingida la capucha de la sudadera.— ¡Bueno! ¿Vas a decírmelo o qué?
—Ah, así que te acuerdas de la sorpresa.
—No. O sea, sí, pero me refería a...
—No sufras, Egbert. —le corta Dave, haciendo un gesto solemne con la mano.— Agárrate las bragas mojadas.
—Agarradas están.
—Madre mía, dónde está aquel tímido Jehn Ohbert que no dejaba de repetir mi nombre como una fangirl en trance.
—Me lo he comido en los cereales de antes, lo has visto. ¡Suéltalo ya!
—Bueno, vale, pero porque te has peinado para la ocasión y todo. Lo he notado. —Dave hace un gesto leve con la cabeza y luego añade:— Te he guiñado el ojo.
—Oh, vamos. —A pesar de su impaciencia, el moreno sonríe y para evitarlo se muerde el labio inferior. No va a decírselo, pero pagaría por ver a Dave Strider guiñando un ojo... y mataría por verle guiñándoselo a él.
—La semana que viene pasaré por Washington.
—QUÉ. ¡MIENTES! —grita el joven, dando un respingo en la silla y casi cayéndose o levantándose o algo raro, porque está tan nervioso que hasta hace temblar la webcam del golpe que le da al escritorio.— Tú... el... la semana que viene tienes otros compromisos tienes... ¡lo sé! O sea, lo sé porque... no...
—He arreglado mi agenda para que todo cuadre.
—¿Para que cuadre...? ¡Pero...! ¿Po-por qué? —boquea nervioso el ojiazul.
—Para verte.
—¿Q-... queeeé? —La reacción de John es justamente la que Dave esperaba. Ver cómo su mandíbula casi se cae al suelo y su cara se empieza a poner roja le satisface por completo.
—Tenemos una cena pendiente, no sé si te acuerdas. Pero si tan terrible te parece no hace falta que nos veamos.
—¡No! ¡O-o sea...! ¡Sí! —grita entre pausa y pausa, mordiéndose la lengua al final porque no se está aclarando y sabe lo confuso que suena. Para un momento, haciendo un gesto de concentración con una mano en la cara y luego mira a la pantalla, rojo como un tomate por los nervios, la emoción y, por supuesto, las palabras de su ídolo.— Dave, es lo que más deseo. De verdad, no sabes cuánto.

La voz con la que el Egbert dice eso último es apenas un hilo, un susurro lleno de sentimiento y expectación. Algo desde luego inesperado para Dave, que se queda sin palabras por primera vez en mucho tiempo, realmente pasmado, mirando al chico en su pantalla con los labios entreabiertos por la sorpresa.
Si John no estuviese tan nervioso y atacado por la situación y el silencio, tal vez se daría cuenta de que el rostro del mismísimo Dave empieza a adquirir un ligero tono más rosado de lo normal por debajo de sus apetecibles pecas; el Strider, que es más consciente de sus propias reacciones y sabe perfectamente lo que significa sentir el rostro más caliente de lo normal, se levanta de su silla con brusquedad y desaparece del campo de visión del moreno por un momento.

—¿Dave...? —pregunta flojito John, sobresaltándose un poco con el crujido que hace la silla del famoso cuando el dueño la abandona.
—Perdona. —le responde el otro joven cuando han pasado unos segundos, volviendo a sentarse en su silla. Se ha quitado la sudadera que llevaba y ahora solo tiene encima una reveladora camiseta de tirantes.— Hace un calor de la ostia. ¿Por dónde íbamos? ¿...John?
—¿Eh? —De nuevo, el moreno da un saltito en su silla, arrancado de su trance al ver al rubio con tan poca ropa.— ¿Qué? ¿Qué pasa?
—Guau, qué ha sido eso. Límpiate la baba, amigo. —Dave observa cómo John, con cara de horror, se pasa las mangas del jersey por la barbilla hasta que se da cuenta de que le ha tomado el pelo.— No me lo puedo creer. ¿Estabas teniendo pensamientos impuros, Jehn? ¿Conmigo?
—¡Y-yo no hago... esas cosas! —Pero sí las hace y que aparte la mirada de la pantalla con vergüenza de manera tan delatora le hace ser un libro abierto para el otro.
—No pasa nada. Es normal. Tienes veinte años ahora, estás en la edad. —Socarrón, se acomoda en la silla de oficina como un señor en su butaca cara, sabiendo que lleva las riendas simplemente por haberse quitado la sudadera, lo cual le hace sentir seguridad.
—No hables como si me sacaras tanto, sólo eres un año mayor que yo ahora. —refunfuña John, apenas mirando de reojo la pantalla y dándose cuenta de que Dave tiene esa sonrisa de "hola, soy Dave Strider y he venido a arruinarte la vida con un vídeo de treinta segundos que se volverá puto viral".
—No te rayes. Todos hacemos esas cosas. —le dice el rubio en tono casual, estirándose. Como John no responde y sigue medio mirándole dubitativo, añade:— ¿No crees?
—Ahm. Sí... —Poco a poco John vuelve a mirar al famoso, que parece muy neutral con el asunto y decide aventurarse a preguntar porque no sabe si lo está captando.— Ehh... ¿Seguimos hablando de... que has insinuado que pienso cosas guarras sobre ti?
—Sí.
—¿Y no te incomoda pensar en que PODRÍA hacer eso?
—Por qué me iba a incomodar.
—Pues porque... porque soy un chico.
—¿Y qué? —La confusión en el rostro de John se acentúa tanto que a Dave se le escapa una sonrisita divertida.
—¿Cómo que "y qué"? Creía que eso podría resultar incómodo para una persona heterosexual.
—¿Heterosexual?
—Eres heterosexual.
—¿Ah, sí?

Dave intenta mantener una expresión estoica en el silencio que sigue al intercambio de palabras, pero la cara de John es tan expresiva y le resulta tan pero tan divertida que le es imposible esconder su sonrisa y posterior carcajada cuando cree que los ojos de su amigo van a salirse de sus cuencas. La risa le hace inclinarse un momento hacia delante y apoyarse en el escritorio hasta que pasan unos segundos y se le calma un poco, que es cuando vuelve a levantar la cabeza y mirar a la pantalla, con el cabello revuelto de tanto movimiento brusco.

—Por dios, quiero un molde de tu cara con esa mueca tan graciosa. —le dice el Strider menor al confuso Egbert que sólo parpadea aún procesando las para él muy impactantes declaraciones.— Deja de emparanoiarte, anda.
—Pero... eso... —John se da cuenta de repente de que seguramente el rubio estaba tomándole el pelo, así que intenta reír también, pero le sale un sonido bien raro.
—Mira, mejor dejo que te comas la cabeza tú sólo y reflexiones. —Aún con risa floja y una sonrisa radiante muy poco habitual en sus vídeos o apariciones públicas, se recoloca las gafas de sol y hace un gesto con la mano después.— Me tengo que ir ya.
—Ohh... vaya.
—Sí... una pena. Estaba siendo una conversación interesante. —Y de nuevo, el moreno baja la mirada vergonzosamente, dándole la satisfacción al más mayor, que empieza a disfrutar de verdad con ese juego.— Pero no te preocupes, pronto estaré ahí tocándote los huevos en persona.
—Ah, mierda, es verdad.
—Tío, de verdad, menuda manera de mierda tienes de expresar felicidad.
—No, es que... tengo que preparar tantas cosas.
—Desde luego. Podrías hacerte una lista: peluquería a las diez, depilación a las doce,...
—Deja de meterte conmigo, Strider. —refunfuña el joven con la nariz arrugada.
—Bueno, venga, vale. No te duermas muy tarde, eh.
—Nooo, papá. Buenas noches. —John le dedica una pequeña sonrisa cansada, apunto de desconectar ya la webcam.
—Oh, John, una cosa más.
—Dime.
—No des por hecho todo lo que crees saber de mí, vale. Ah, y felicidades, capullo.

-turntechGodhead [TG] dejó de molestar a ectoBiologist [EB]-