—No puedo más, Dave...
—No seas crío, tienes ya veinte años.
—En serio, deja de repetir mi edad y aparta eso de mí...
—¿No aguantas más?
—¡Qué no!

A pesar de que hace un momento la voz de John era casi un gemido lleno de disgusto, de repente se ríe e intenta quitarse de encima el brazo que le rodea los hombros mientras aparta con manos torpes la cerveza que intenta ponerle Dave en los labios. Con la tontería se va cayendo hacia el lado contrario y se queda ahí tirado, aún riéndose solo.
El Strider arquea las cejas y alza las manos como admitiendo la derrota. No esperaba que John se pusiese así con sólo cinco cervezas teniendo en cuenta que entre ellas habían comido una enorme pizza barbacoa, pero al parecer el chico no mentía cuando le dijo que no era mucho de beber.
Por su parte, John sigue riéndose hasta que se queda sin aire y el salón empieza a darle vueltas. Entonces suelta un quejido y se yergue usando el respaldo del sofá como agarre. Aunque tiene la vista algo nublada por culpa del alcohol ve que Dave parece totalmente normal, bebiendo de una cerveza recién abierta. Mosqueado, echa una mirada a la mesita del salón: hay como trece botellines vacíos... ¿o son catorce? No sabría decirlo, no puede ni concentrarse bien.

—Tienes un pozo sin fondo ahí dentro o qué. —pregunta John mientras le clava un dedo en el costado a Dave.
—Eso me lo preguntan en cada entrevista que concedo. Si eres un verdadero fan, tienes que saberlo.
—Noooo... ¡es mentira! —Se ríe a carcajadas y luego apoya el codo en el respaldo del sofá para poder aguantarse la cabeza con la mano mientras mira con una sonrisa boba al otro.— Si fuese verdad te puedo asegurar que lo sabría.
—¿Estás seguro?
—Desde luego, te sigo desde que tenía trece o catorce años.
—¿Quieres que lo comprobemos? —Ante la interrogante mirada de John, sube una pierna al sofá y la flexiona para poder estar cara a cara con él.— Te pregunto cosas sobre mi y tú respondes.
—Hmm... ¡bueno! —Más animado, cruza las piernas y deja de apoyarse en el respaldo, inclinándose hacia delante ligeramente con una expresión entre divertida y decidida.— Pero no estoy muy lúcido, tampoco te pases.
—¿Cuándo estás tú lúcido, Egbert? —Se pega la cerveza a los labios y empieza a beber. Aunque la botella estaba casi entera, acaba terminándosela de un trago. Ante la atónita mirada de John, deja el recipiente vacío junto a los otros, sobre la mesa.— Mi signo del zodiaco.
—¡Ha! Fácil. Sagitario. —contesta casi al instante.
—Bebida favorita.
—Pffft. Zumo de manzana. Me lo estás dejando chupado.
—Cierto, demasiado fácil. —Dave se pasa la manga de la chaqueta por la boca mientras piensa, limpiándose ahora la humedad que la cerveza ha dejado en sus labios.— ¿Edad de mi hermano?
—Ehhh... Veintiocho. —responde John pasados unos segundos, con los ojos entornados.— Eso no es sobre ti, tramposo.
—Mi hermano forma parte de mi así que sí es sobre mi.
—Bueno, pero no tenía por qué sab-...
—¿Te gusta? —El más joven no entiende a qué se refiere el Strider, que ahora lo único que hace es mirarle con expresión neutral. Él, al ver que John no capta a qué se refiere, añade:— Mi hermano.
—¡Ah! Sí, sí, claro. O sea, es tu hermano. —dice sonriendo y apoyando la cabeza en el respaldo del sofá, mirando un momento hacia ningún punto en concreto, distraído.— No le he seguido mucho pero desde luego me parece un tío guay.

La conversación se pausa un momento; momento que John aprovecha para pensar en lo que acaban de hablar. Claro que le gusta Dirk Strider, al fin y al cabo es el hermano de su ídolo y está seguro de que también es una fiel reproducción de lo apuesto que llegará a ser Dave dentro de unos años.
Aun así, no le gusta compararlos, por muy iguales que puedan llegar a ser. La verdad es que Dirk empezó desde cero y se ganó un prestigio, haciéndose hueco en el mundo de la música electrónica, mundillo en el que Dave ha empezado a entrar hace no demasiado gracias a su apellido y la creciente fama que fue tomando en internet. John se siente orgulloso de esto, pero también sabe que el Strider menor aún no ha llegado al mismo punto que su hermano mayor. Lo que tiene claro es que, a pesar de todo y por muy guapo y guay que sea Dirk Strider, él tiene una fijación especial desde siempre por el hermano pequeño.

—Estás empanado. —le reprocha el chico que ocupa sus pensamientos, dándole un ligero toque en la frente.— Deja de pensar en mi hermano, no he acabado con las preguntas.
—No estaba... ¡Es que te estás yendo tú solo por las ramas! Estás haciendo preguntas que no son sobre ti.
—Por una vez que no soy egocéntrico y así me lo pagan... —Hace un gesto de señorita ofendida apartándose el pelo de la cara que hace sonreír a John.— Va, tío, sólo es que ahora estoy más interesado en ti.
—A-ah... —La naturalidad con la que Dave suelta eso no hace que suene menos intenso para el otro, que pierde la sonrisita divertida en un momento, abochornado.
—Cuéntame. ¿Estás metido en una relación poliamorosa con esas chicas con las que estabas hoy?
—Pfffft, ¡qué dices! Sólo son amigas. Se llaman Jade y Rose, no viven muy lejos.
—Entonces no tienes novia. —insiste y a John le descoloca tanto que eso le interese que se queda un momento callado, suficiente para hacer reaccionar a Dave.— ¡O sea que sí que tienes!
—Noooo, cotilla. —El infantilismo del famoso obliga al moreno a poner los ojos en blanco.
—TIENES novia.
—¡Que no! —John le da manotazos al Strider cuando intenta pincharle con los dedos como si de verdad fuese un niño pequeño.— No estoy... yo no... a ver, no sé. ¿Supongo que no ha surgido?
—No ha surgido. —Deja de actuar como un criajo y se queda quieto, casi serio. De repente parece que tiene una revelación y, como si el tema fuese increíblemente interesante, se recoloca en el sofá y frunce un poco el ceño, con media sonrisa en los labios.
—Pues... no. No me han interesado mucho las chicas. En general.

John encoge los hombros ante la atenta mirada de su ídolo, la cual no corresponde por... supone que por vergüenza. Nunca ha pensado mucho en chicas, es verdad, pero eso tampoco había supuesto un problema o un quebradero de cabeza para él o para su entorno, por lo que apenas hablaba de ello. Ahora se da cuenta de que, por lo menos con Dave Strider, le da vergüenza hablar de su orientación sexual, definitivamente.

—Oye, por qué no traes más de esto. —acaba diciéndole, aún sin mirarle directamente y señalando la mesa llena de botellines vacíos con la barbilla. Está deseando tener otra cerveza entre las manos para bebérsela de golpe.

El Strider sigue con la mirada lo que su amigo señala, ve que se refiere a los recipientes vacíos y, sin creérselo, vuelve a mirar al chico con una larga sonrisa. No dice nada, simplemente se levanta del sofá y se dirige a la cocina para cumplir la petición del dueño de la casa.
No puede creer que John se juegue la compostura decidiendo beber más aún con tal de huir de un tema que, sinceramente, no esperaba que le resultase tan delicado. Dave empieza a creer que tal vez deba darle un respiro, no presionarle... pero le está gustando cada vez más el juego, no quiere dejarlo ahora.
Mientras vuelve al salón, llega a una firme conclusión: va a abordar el tema de otra manera. Otra manera mucho más directa.

—La última, eh. —le dice a John cuando le da el botellín ya abierto.
—Es que no puedes más o qué. —Parece que el Egbert se ha recuperado un poco de la tensión de hace un momento y agarra con ganas la cerveza, pegándole un trago bastante largo nada más empezar.
—Claro que no, capullo, lo digo por ti. —contesta él mientras se sienta y echa una mirada curiosa y divertida a su amigo por lo sediento que parece bebiendo de esa manera.— Tienes una mala cara de la ostia.
—No he dormido muy bien, sabes. —explica mientras se limpia la boca con el reverso de la mano.— Un misterioso famoso estaba intentando jugármela con sus jueguecitos de secretismo respecto a su viaje a Washington y mira... no iba muy mal encaminado creyendo que llegaría en cualquier momento casi sin avisar.

Dave suelta una risa grave y amortiguada, como retenida en el pecho, y sigue bebiendo en silencio, igual que John. Ambos están mirando al frente ahora, degustando una cerveza que ninguno tiene ganas de tomar.
Por primera vez, el moreno cae en que no han encendido la tele en ningún momento y que, además, se ha olvidado completamente de la existencia de su móvil. Ni recuerda dónde lo ha metido. Como era de esperar, Dave ha acaparado su completa atención durante las... Como de costumbre, no tiene ni idea del tiempo que ha pasado, así que busca con la mirada nublada por el alcohol el gran reloj que tiene colgado en una pared del salón justamente para cuando le pasan estas cosas de olvidarse de la hora. Estrecha los ojos, enfoca la mirada y... ¡madre mía! ¡Dos horas! ¡Han pasado más de dos horas!
Abre la boca para hacérselo saber también al rubio que tiene sentado al lado, pero en cuanto gira el rostro hacia él ve una mano pasarle por delante de la cara y da un ligero respingo, haciendo ademán de alejarse, hasta que se da cuenta de que sólo es Dave colocándole el flequillo.
¿Sólo Dave colocándole el flequillo? Oh, claro que no, nada de sólo. Esto para John es como el jodido acontecimiento del siglo.

—Estás tope de despeinado, sabes. —murmura su ídolo con voz lenta, embobada, justo como se siente ahora John.
—Ha sido, eh... antes de... Ahm. Tenía el pelo mojado, no lo he secado y ya sabes lo que... ¿qué haces? —se corta a si mismo cuando nota cómo el Strider no parece quedarse satisfecho con manosearle los mechones del flequillo y empieza a pasar la mano por el lateral de su cabeza, acariciándole desde la patilla hasta casi la nuca.
—Nada. Me gusta tu pelo. ¿Te molesto?
—N-no...

Sinceramente, ¿cómo va a molestarle? Que Dave Strider esté tocándole... no, acariciándole el cabello de esa manera es más de lo que imaginaba que nunca podría hacer con él, es como un sueño hecho realidad. Pero John intenta no pensar demasiado en eso porque, aunque no están tan cerca, ya nota sus propios latidos exageradamente fuertes, tanto que está seguro de que Dave puede escucharlos.
Por suerte, el rubio parece realmente metido en lo que hace, en el tacto del cabello rebelde de su amigo contra la palma de su mano. Parece tan en su mundo que John consigue aflojar la garra en la que se había convertido su mano por culpa de la tensión y cambiar de posición la cerveza que aún le queda.

—Eh, John. —le llama de repente el rubio, aún con apariencia de estar en trance.
—Qué... —pregunta él con un hilo de voz, viendo que Dave ladea ligeramente la cabeza.
—¿Eres gay?
—Q-QUÉ.
—Que si eres...
—¡Te he escuchado la primera vez! —Excesivamente avergonzado y ya con los colores subiéndole a la cara, agarra la mano de Dave y le obliga a dejar de acariciarle, sobre todo mientras le pregunta esas cosas.— ¿Sabes? Eso ha sido increíblemente indiscreto por tu parte.
—Guau, perdón si le he ofendido, señor. —Cuando John le suelta, alza las manos frente al pecho, en un gesto de defensa.
—No me ofendo es sólo que... —En ese momento se da cuenta de que la verdad es que está sobre reaccionando, sí. Decide callarse y, avergonzado, se frota con un dedo debajo de la nariz. Dave, gracias a Dios, le da un un momento y ambos lo aprovechan para darle un trago a sus respectivas bebidas... sólo que el de John es tan largo que se la acaba. Espera que por lo menos eso le dé más seguridad.— Qué te hace pensar eso siquiera.
—Joder, has dicho que no estás interesado en mujeres. —Al ver que tarda un tiempo para responder, se adelanta y añade:— Además, una vez dijiste... eso... cómo era. Que tú estabas firmemente casado con tu ídolo. Sí. Y tu ídolo soy yo, ¿no? Un hombre, por si no lo sabías o tienes alguna duda.
—¡Cuándo he dicho yo eso! —A pesar de estar agitado por el tema, se le escapa una carcajada por las palabras de Dave y acaba relajándose un poco... aunque tal vez la calidez que le otorga el reciente alcohol que ha entrado en su organismo también ayude.— ¿Te molestaría...?
—¿Crees que eso es una cosa por la que molestarse? En absoluto. —contesta Dave solemnemente, inclinándose hacia la mesita para dejar el botellín vacío junto al de John.

De nuevo se quedan en silencio, sólo que esta vez le toca al Strider estar nervioso. Mientras se frota las manos húmedas en el muslo de sus pitillos negros, empieza a pensar que eso es un callejón sin salida. Lo ha intentado porque la idea le atraía, se lo estaba pasando realmente bien siendo intrusivo y sacándole los colores a John con determinados temas pero ahora que ha empezado a profundizar y le ha arrancado al chico lo que buscaba, se ha puesto tan nervioso que ni ha podido bromear sobre ello para relajar la tensión.
Entonces un carraspeo le llama la atención. Es John, que se levanta con esfuerzo del sofá, se tambalea y se queda de pie un par de segundos, esperando a recuperar el equilibrio.

—Voy a ir preparando la cama. —anuncia algo tenso, pasando por delante de Dave, el cual de repente le engancha por la muñeca. A John le da un vuelco el corazón y se gira lentamente para mirarle.
—Ayúdame a levantarme. —le pide después de unos raros segundos de vacile en los que toma otra importante decisión.
—Hahah, al final no eres tan inmune al alcohol, Strider...

El aludido bufa como respuesta mientras deja que John afiance la mano en su brazo y viceversa para que le resulte más fácil tirar de él... cosa que realmente no necesita por muy bebido que esté, pero es así como piensa llevar a cabo su plan, el cual, por cierto, podría considerarse un clásico.
Así que, cuando finalmente tira de él, Dave se levanta con facilidad y usa el impulso y el agarre que los mantiene unidos para hacer que, en cuanto se pone de pie, se queden muy pegados, más cerca que nunca. Antes de que John pueda siquiera pensar en retirarse o soltarle, el rubio usa la mano libre para atraparle el rostro y así hacerle imposible del todo la poco probable huida. En cuestión de segundos consigue que su presa caiga totalmente en su trampa y, sabiendo que es ahora o nunca, le besa. John da un paso hacia atrás de la impresión, pero el otro lo da a la par; no va a soltarle ahora que se ha atrevido a tirarse a la piscina.
Tenía pensado no ser brusco por miedo a cagarla, asustarle o peor: hacer obvias las ganas que tiene de hacer eso por fin, pero toda incertidumbre o duda se disipa en el segundo en el que junta los labios con los de su amigo y éste seguidamente agarra los costados de su sudadera, atrayéndole hacia si. Para Dave eso es un "sí", alto y claro, lo único que necesitaba para que un fogonazo de excitación le recorra y obligue a John a abrir la boca con su propia lengua, metiéndosela después dentro para lamer la suya.
Ante su sorpresa, el abrumado ojiazul responde con las mismas ganas ciegas y Dave siente que probablemente no sea su primer beso francés, cosa que le provoca una pizca de desilusión... pero olvida eso en cuanto nota un ligero empujón, una presión en el abdomen. Echa una breve mirada hacia abajo sin romper el beso, que se ha ralentizado un poco, y se da cuenta de que es John y que está intentando que camine, probablemente hacia -espera- su habitación.
Lleno de excitación por la revelación, Dave se separa un momento en el que le da tiempo a sisear y ladear la cabeza para volver a comerle la boca. Ha captado la indirecta, por supuesto, y el desatado universitario lo sabe, así que ya no se toma tantas ceremonias para empujarle poco a poco y guiarle a ciegas por el salón.
Mientras avanzan como pueden, van rompiendo el pasional beso sólo para volver a él segundos después, ya sea para coger aire entre jadeos o por las ansias de acabar el recorrido de una jodida vez. De mientras, John se pelea con la cremallera de la sudadera de Dave, que al final acaba quitándole justo al llegar a la entrada de su cuarto y es donde la deja caer.
Entran en el cuarto torpemente, girando, y con la luz apagada. El Strider no recuerda la última vez que estuvo tan increíblemente caliente y, en cuanto puede, agarra la puerta, la cierra y aprieta a John contra ella, volviendo a devorarle los labios con más ganas que antes aún si cabe.
Ya sabe que es correspondido, ya no hay duda de que a John le va el tema y que a él... bueno, a él le está gustando también, así que a la mierda. Envalentonado por esto y por el manto de seguridad que le ofrece la oscuridad, mete las manos bajo la camiseta de su amigo, acariciando con deseo sus costados y apretándole al llegar a las costillas. Notar un gemido contra su boca, en mitad del húmedo y caliente beso, casi le hace perder la cabeza y no puede evitar meterle una rodilla entre las piernas y rozarse tan fuerte que hace sonar la puerta contra el marco de la misma.
Mientras el Strider empieza a perderse en las caricias que le da al deseable cuerpo de John, el dueño del mismo se centra en controlar el apasionado beso, agarrando a su chico de ensueño con fuerza por el cabello rubio de la nuca mientras que la otra mano se afianza a su bien definida mandíbula.
No podría ir mejor, cree la rubia celebridad; su plan improvisado está yendo sobre ruedas y no sabe cuándo o cómo va a parar esto si John no pone el límite, porque está más caliente que una puta olla hirviendo y eso no se siente para nada mal.
Incapaz de frenarse, una de sus manos resbala por el abdomen del Egbert mientras se separa de su boca con un chasquido y desvía sus labios por la suave mandíbula del chico hasta llegar a su oreja. La mano aventurera cruza el ombligo y se atreve a colarse poco a poco dentro del pantalón sin desabrochar del más joven cuando, de repente, éste le agarra de la muñeca bruscamente y Dave se queda paralizado.

—Para. —jadea John en un susurro sin aire.— Dios, para.
—Qué. —Es lo único que le sale a Dave, que se despega de su oreja y se queda frente a su rostro aunque no pueda verlo por lo oscuro que está el cuarto.
—Esto es... que esto... es... oh joder, he besado a Dave StridER. —Su voz se vuelve tan aguda de la emoción que al rubio se le escapa una sonrisa y, tentado, se echa hacia delante para besarle otra vez. Sin embargo, John apenas deja que sus labios se vuelvan a juntar; le agarra el rostro con ambas manos y le separa cuidadosamente.— N-no, no, no, es... espera, esto...
—Sí, vale, has conseguido el logro "Besa al tío más bueno del planeta", ahora deja que le dé el trofeo al ganador. —Aunque eso causa una risa nerviosa al moreno, sus manos no ceden.
—Espera, es que... no sé qué estoy haciendo, espera... —Respira hondo unas cuantas veces y el rubio hace lo mismo porque entre el calentón y el alcohol literalmente no puede pensar bien.— Y... y desde luego... no sé qué estás haciendo .
—A qué te refieres. —pregunta Dave despacio, muy bajo, en un siseo excitado y ligeramente rabioso por querer controlarse y no conseguirlo bien.
—Estás como... muy borracho, sabes y y... t-te vas a arrepentir. Además, yo... ¡yo también! Yo también lo estoy, Dave, y no sé... no sé, Dave... —La voz llena de nervios e indecisión es lo que acaba por funcionar mejor para bajar el nivel de calentón del Strider. Poco a poco, se separa de él y se pasa una mano por la cara, dando una pequeña vuelta en el cuarto a oscuras, buscando relajarse mientras suspira.— ¿...Dave?
—John. —le contesta Dave, dejando de moverse.
—¿Te has enfadado?
—Serás capullo. No.
—Pareces... pareces enfadado. —Al decir esto, Dave se acerca y le coge de las manos, haciendo que deje de apoyarse en la puerta cerrada.
—No lo estoy. —reafirma con una voz seria que no parece ir con sus palabras. John desearía ver su expresión aunque no sacase mucho de ella.— Métete en la cama.
—Vale, pero...
—No te voy a violar, descuida. No me va el sexo sin consentimiento. —le suelta el Strider, dejándole sin palabras sólo por el hecho de pensar en llegar a ese punto.— Si te vas a rayar duermo en el sofá.
—¡No! —grita John con un ímpetu desmesurado. Escucha una leve pero obvia risita por parte del otro y eso le hace ponerse como un tomate de vergüenza. Menos mal que están a oscuras...— O sea, podemos dormir juntos. Quiero que durmamos juntos. Está bien.
—Vale, Jehn... —Y si el aludido no estuviese distraído por su propio latido descontrolado, se hubiese dado cuenta de la ternura implicada en esas palabras de su ídolo.— Voy al baño y así dejo que te pongas ese horrible pijama tuyo de Pokémon.
—Es de Digimooon... —reniega sin fuerzas mientras el mayor abre la puerta y sale del cuarto.

Ya solo, se deja caer pesadamente en su cama, que cruje bajo el repentino peso. No es hasta entonces que se da cuenta de lo increíblemente cansado que está. Todas las intensas emociones en tan poco tiempo, las pocas horas de sueño que ha tenido en estos últimos días, el nerviosismo y expectación mientras esperaba a Dave,... y por supuesto la paliza que se ha pegado limpiando el piso de carrerilla esa misma tarde noche.
John suspira y se deja caer hacia un lado, causando un nuevo gemido de los muelles de su colchón. En cuanto su cabeza toca la blanda y cómoda superficie cierra los ojos. Siente el alcohol palpitándole en la sien y una ardiente pero muy agradable sensación sobre los labios... Lentamente, se lleva una mano hacia ellos y se los roza, respirando sobre sus dedos. Dios... ¿había besado a Dave Strider de verdad? Eso sólo ha pasado en sus sueños más húmedos y, por muy abundantes y vívidos que sean, la realidad los ha superado con creces.
No puede dejar de darle vueltas una y otra vez a lo que acaba de pasar, empezando a preguntarse realmente si ha pasado de verdad o ha sido un sueño y mañana se despertara solo en la cama, bañado en sudor. Bah, prefiere no pensar en eso ahora... Decide quedarse con el cálido sentimiento que ha crecido en su pecho (y más abajo también, para ser honestos) y se ha mantenido hasta ahora.
Así, hecho una bolita casi en el borde de la cama y con ropa de calle, John va cediendo al merecido sueño, sin pensar en lo arrepentido que estaría a la mañana siguiente de haberse pasado tanto con la bebida.