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El último espacio en blanco del mapa
—¿Qué estás haciendo aquí, chatarra?—preguntó el rey desde las penumbras de su estancia personal, el androide lo había seguido en silencio como su creador se lo había dictaminado como última orden. La rubia se limitó a quedarse tiesa en la puerta.
—Sigo órdenes.
—¿De quién? Soy tu dueño, ¿no deberías escuchar sólo mis mandatos?—preguntó irónico el guerrero mientras se incorporaba de un asiento en el fondo de la sala para caminar hacia ella, dejándose ver. Al androide le recordó a una figura demoníaca, saliendo y entrando de las oscuridades de los recintos con rapidez y agilidad, ella frunció sus cejas amarillas. —Te lo preguntaré una última vez, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Acaso te han mandado para vigilarme?
—No, no estoy aquí para vigilarte—respondió. Cuando Número 18 se acercó, a Vegeta le pareció como una serpiente, sus movimientos eran sigilosos y traicioneros, atenta a atacar cuando tuviera la más mínima oportunidad.
—Podría matarte, androide—dijo el rey a secas, pero la rubia no vaciló y rodeó al hombre para pararse a sus espaldas.
—Si quieres, puedes hacerlo, yo sólo sigo tus órdenes—respondió y de un momento a otro, la mano del rey le estranguló el cuello. Aun así ella se mantuvo quieta, como si la falta de aire no le causara algún efecto en su cuerpo, entonces Vegeta se acercó a su cara y la miró directamente a los ojos.
—Dime por qué no debería hacerlo—preguntó él dejándole el cuello lo suficientemente agarrado como para que ésta pudiese hablar pero sin dejar de hacer presión.
—Somos del mismo lado, rey Vegeta, muchos tratarán de traicionarnos. Sólo esperan el momento en que fallemos—respondió el androide sin dificultad.
—Dime algo que no sepa—dijo molesto y la soltó, y Número 18 se precipitó al piso. El príncipe chasqueó la lengua y se dirigió a las sombras en busca de un asiento, observó al androide incorporaste y sentarse en el suelo, lo miraba con la expresión de nada en el rostro.
—Supongo que piensas que estoy aquí para traicionarte también—comenzó el androide que hizo el ademán de levantarse para salir de la estancia sin siquiera esperar a que el rey dijera algo y se ordenó el cabello, acomodando el flequillo rebelde detrás de una oreja. —Mi creador esperaba que alguien tuviera el valor suficiente para enfrentar a Freezer y pensó que era tú el indicado.
—Te equivocas si piensas que algún día voy a enfrentar a Freezer, no es mi interés tomar su Imperio—dijo y Número 18 se dio la vuelta para salir del lugar, quedándose en el umbral de la puerta para escuchar lo último que iba faltando del comentario del guerrero. —Sólo me interesa mi propio bienestar, no voy a pelear las batallas de unos idealistas.
Bardock trató por enésima vez soltarse la amarra que inutilizaba sus manos y que consistían en sólo una luz fluorescente azul que envolvía a modo de lazo sus muñecas y piernas, y lo sujetaba firmemente contra una pared. Chasqueó la lengua, cansado. Desde que lo habían aprisionado, Dodoria se había encargado personalmente de darle una apaleada al momento que los síntomas de la visión se le esfumaron, naturalmente, con Bardock atado de manos y pies. El alienígena sólo paró cuando la conciencia del guerrero estaba apunto de traicionarlo y se iba a desmayar del agotamiento.
Supuso que había pasado horas inconsciente pues la luz de su estrella se había apagado y se encontraría en completa oscuridad de no ser por la luz que envolvía sus muñecas. Suspiró, si las ánimas realmente existieran dudaba de su intención de ayudarlo en algo, de no ser así, no lo hubiesen noqueado cuando tuvo la oportunidad de evadir a Dodoria y a esas horas, la noticia de su supuesto protagonismo con el asesinato del antiguo rey ya estaría propagada.
De pronto escuchó un sonido en la puerta blindada y a pocos segundos del alboroto, la cara del guardia era fuertemente azotada contra la única abertura de su prisión y que servía como ventana al exterior: para lanzar comida, un chorro de agua o sólo para ver en qué condiciones se encontraba el preso. Luego, hubo un silencio en el que el soldado de la cicatriz esperó expectante lo siguiente, la puerta del calabozo se abrió lentamente, rechinante, dejando ver a una persona alta cubierta de la cabeza a los pies con una capa oscura. Un poco de luz se coló del exterior y Bardock tuvo que cerrar un poco los ojos antes de acostumbrarse a la intensidad. Paragus irrumpió en la habitación con apuro.
—Desátalo rápido, no tenemos mucho tiempo—dijo el recién llegado y acto seguido, se dirigió al umbral para vigilar. Tomma chasqueó la lengua.
—Tú no me digas lo que tengo que hacer. No deberías estar aquí de todas formas, has como si no estás—dijo Tomma molesto mientras se descubría la cabeza y se acercaba a Bardock. —Vamos, amigo, no tenemos mucho tiempo—continuó tomando las palabras del anciano como si éste nunca las hubiese pronunciado. Tomma abrió la palma en la dirección del reactor que generaba la luz azul y mucho antes que Paragus o el propio Bardock alcanzaran a advertirle, el rayo de energía que iba dirigido al reactor, salió en dirección opuesta y le dio en el pecho del soldado, levantándolo por los aires un par de metros atrás.
—Tienes que apagarlo manualmente, de funcionar tu manera ya estaría lejos de aquí—comentó Bardock al momento que apuntaba al reactor.
—Gracias por avisarme—respondió el aludido acariciando la coraza en donde estaba ligeramente chamuscada. Paragus se acercó raudo y oprimió unos botones, liberando al soldado de su prisión azulina. El de la cicatriz, lejos de agradecerle, se incorporó mientras se sobaba las muñecas quemadas y lo observó seriamente antes de hablar.
—Tienes mucho que explicar, Paragus—dijo y Tomma levantó las cejas, sorprendido. Antes de que comenzara a preguntar, el anciano sonrió levemente. Bardock se acercó ofensivamente al viejo general para luego dirigirse a lo que sería el muro externo de la instalación y la voló con un halo de energía. Tomma se incorporó y dando un alarido adrenalínico, voló lado a lado con su amigo y compañero de escuadrón, seguidos de cerca por Paragus.
Opuesto al éxtasis del alto, Bardock se mantenía serio, aún conmocionado por los últimos eventos. Ahora que había escapado de su prisión, era fugitivo y lo buscarían hasta el cansancio a cualquier rincón del universo que se atreviera a ir. Con los cargos que llevaba injustamente bajo sus hombros, había manchado su nombre y el de sus hijos, y no sólo con su nación tenía problemas sino que también con del lagarto, y serían pocos los sitios que no estuviesen ocupados por los invasores más poderosos del universo conocido.
Paragus, al notar la dirección tomada por sus acompañantes, no tardó en protestar.
—¿Acaso estás loco? Tienes que huir, no arriesgué mi vida sólo para que vuelvas a prisión—gritó y enseguida Bardock se detuvo, encarando al anciano casi con furia.
—Nadie te pidió tu ayuda, Paragus. Todo esto es tu culpa, podría matarte en este momento—bramó el guerrero y se volteó para seguir su camino hacia la instalación en donde pernoctaban sus hijos, la última parada antes de dejar su planeta natal.
—El viejo tiene razón, amigo. No es seguro ir allá ahora, si te pones sentimental lo único que conseguirás es ser arrestado otra vez. Si quieres, yo mismo les diré a tus hijos lo que sea que quieres decirles—comenzó Tomma y Bardock chasqueó la lengua en negación. —Vete ahora.
—Hay algo que tengo que decirle a Kakarotto. Personalmente.
En cuanto papá llegó junto a Tomma y el general a nuestra cámara dentro de la instalación para soldados de clase baja, Kakarotto se precipitó hacia él con sorpresa. Puse mala cara, después de escuchar el anuncio por el rastreador de la traición de papá y de su conspiración en contra del Imperio de Freezer, se me hacía muy difícil verlo sin sentir humillación, el deshonor nos arrastraba a mí y a Kakarotto aún cuando no teníamos nada que ver en el asunto. Como mi hermano menor no parecía ver lo mismo que yo, se mostró abiertamente preocupado. Siempre había sido así de debilucho.
—¡Padre! Han dicho que mataste al Rey—repitió lo que habían dicho un millón de veces por las redes comunicacionales. El aludido le acarició la cabeza al joven soldado sin muchas ganas y se encaminó a mí, al centro de la estancia y me crucé de brazos. Kakarotto lloriqueó lastimoso y susurró decepcionado. —Es cierto…
—Tengo mucho que explicarles y poco tiempo—comenzó y se dirigió a mí con la esperanza de que lo escuchara con atención pues siempre falló en hacerme partícipe en sus empresas mientras que lo lograba sin esfuerzo con el menor. Lo miré molesto. —Todavía no sé lo que ha ocurrido pero me han inculpado a mí, aún así…—dijo y Kakarotto se tranquilizó al escuchar la primera declaración. Presentí que iría a decir la tontería de las visiones cuando lo vi dudar de sus propias palabras y para mi desgracia, tuve razón. Pegué un alarido de enfado y lo callé, el menor me reprendió con la mirada pues siempre había creído en los poderes adivinos de papá.
—Deja ya tus demencias, está claro que no tienes poderes sobrenaturales y que te estás volviendo loco, padre. Es muy probable que hayas hecho todo lo que dicen de ti y no te hayas dado cuenta porque estás demente. Eres un desquiciado, me das pena—dije en un arranque de ira y papá se me acercó furioso y me dio un golpe en la cara que me mandó al suelo con pesadez. Nunca podría negar que se había vuelto muy fuerte y que éramos abismalmente diferentes en cuando a poder, al ser yo un típico soldado de clase baja. Muy por el contrario, Kakarotto parecía poseer las mismas habilidades que él pero era tremendamente inexperto y afectivo con sus compañeros, lo que le daba el aura de debilidad que siempre fue característica suya.
Papá me miró colérico antes de poder articular alguna palabra otra vez.
—Siempre fuiste un ingrato, Radditz. Ni yo mismo quisiera creerme pero he comprobado lo verdaderas que son. Es por eso que quiero que me escuchen con atención, sé que algo malo está ocurriendo en este planeta y Freezer tiene que ver en esto. Kakarotto—lo llamó y esté lo miró como hipnotizado, escuchando con cuidado todas las acusaciones que hacía nuestro progenitor. —Hay un planeta al que quiero que vayas, es de suma importancia que partas allá cueste lo que cueste. Es exactamente el mismo planeta al que te iban de mandar de niño. No sé por qué pero espero que lo descubras estando ahí, eres el único que puede solucionar este lío, de eso estoy seguro—profetizó y el muchacho asintió con determinación, mientras que yo miraba la escena con desprecio desde el suelo. Pronto me tocó el turno de escuchar pero lejos de ser parte de su plan, me dijo simplemente: —Posees una gran memoria, Radditz, usa tu talento con sabiduría.
Después de años de favoritismos, no era raro que no me mostrara tan afectivo como lo era Kakarotto. Reí irónico, sólo él sabía por qué me decía tal barbaridad y ni siquiera lo miré cuando se marchó de la instalación para dejar el planeta. Papá siempre actuaba de esa manera y solía guardarse imágenes de sus alucinaciones para no alterar tanto el desenlace de la historia que se tramaba quizás quién sabe por qué.
Sin perder tiempo, mi hermano menor se fue a enlistar para una misión a un planeta virgen sin saber siquiera por qué iba o si lo irían a aceptar por el penoso rango con el que se presentaría. Cómo lo hizo, será algo que contaré después y en cuanto a papá, se fue a Calade con prisa en compañía del misterioso general, dejando a Tomma atrás puesto que necesitaba a un hombre dentro del planeta que le sirviera de nexo y porque Tomma no estaba involucrado a la falsa conspiración. Seguirlo, sería una condena gratuita a muerte.
¿Por qué Calade? Pues porque ese planeta árido no poseía muchas comunicaciones y se consideraba una estación neutra y puerto. Si llegaban a aterrizar en el hemisferio opuesto a donde se encontraba Zarbon, los hombres de Freezer nunca sabrían que estarían en Calade hasta que les informaran lo contrario y eso les daría el tiempo necesario de dejar el planeta puerto y salir en dirección a algún punto del universo desconocido, para estar a salvo y pensar en algún método de arreglar lo que la dañada nave individual de Kakarotto había cambiado en el pasado.
Cuando Kakarotto pisó el hangar del palacio, sintió el miedo palpitar en la boca de su estómago. Apenas había cumplido dieciséis años y nunca había puesto un pie fuera del planeta, nunca habían querido llevarlo lejos por su inofensivo poder de pelea y su característica debilidad que tanto lo destacaba de mala manera del resto. Papá siempre lo hacía entrenar conmigo porque los demás soldados se rehusaban a siquiera a pelear con él y cuando Bardock se encontraba de vuelta del infinito vacío, lo entrenaba con esmero.
Caminó con el cuidado de una rata, tanteando el territorio ajeno con miedo, sin saber a ciencia exacta a quién debía solicitarle la misión para irse rumbo a la Tierra. Una mujer hermosa se le acercó entonces con agilidad y le acarició una mejilla antes de que el menor pudiera verle el rostro.
—Pareces perdido—sugirió el androide con un brillo inusual en sus ojos celestes y el chico se sobresaltó, haciendo que la rubia se riera suavemente y lo mirara con la cabeza ligeramente torcida. Sus movimientos acuáticos le insinuaron a Kakarotto que ella no era una criatura normal, además de que tenía un color tan inusual en su cabello. Nunca había visto a una mujer como ella y se mostró algo evasivo ante su presencia.
—Necesito ir a la Tierra—dijo con valentía el menor y la mujer sonrió. El androide Número 18 lo rodeó y poniéndole sus manos pálidas sobre los hombros, le susurró en el oído.
—Yo voy a la Tierra, niño—comenzó y Kakarotto pensó que ella sería a la que tenía que pedirle la misión y así cumplir con el mandato de su padre para recuperar su honor. Luego, recordó que ella no le daba confianza y la miró con recelo. —Te podría llevar allá si me lo pides—propuso la rubia pero Kakarotto se mantuvo callado, sintiendo cómo las manos del androide comenzaban a apretarle los hombros con fuerza. El menor se soltó del agarre, girando sobre sus talones para encarar a la mujer que lo miraba con la misma expresión con la que la vio la primera vez, de nada.
—¿Cómo harías eso?
—Tengo mis métodos—respondió el androide con discreción y se alejó caminando hasta una nave, donde el supervisor del hangar hablaba con un soldado corpulento y pronto a quedar calvo. Éste la miró con desprecio y dejó que hablara con el supervisor para que preparara una quinta nave con destino a la Tierra. El soldado entonces la encaró y Kakarotto se acercó para escuchar lo que decían y descubrir de paso, la identidad de la rubia desconocida. —Hay un niño que quiere venir con nosotros—dijo la mujer ante la molestia del soldado corpulento y el soldado le agarró de una muñeca y la alzó del suelo. Kakarotto lo miró contrariado.
—¡Suéltala!—demandó el hijo menor de Bardock que reaccionaba con facilidad a las injusticias, fuese quien fuese la víctima.
—¿Me vas a obligar?—preguntó irónico Nappa quién reconoció enseguida al muchacho como el debilucho de mi hermano y zamarreó al androide con burla ante la furiosa mirada del menor. —A un androide no se le trata como gente, no es más que un conjunto de chatarra. Vamos, ven por ella. ¿No querías que la soltara?
—No necesito ayuda, niño—comentó la rubia con el ceño fruncido, molesta. Kakarotto la observó con desconfianza, no supo si intervenir o no, no conocía el poder del soldado gigantesco ni tampoco sabía si lo dejarían subir a la nave si llegaba a enfrentarlo pero para salvar a un inocente, arriesgaría la misión aunque tuviera que ir volando al famoso planeta después.
Nappa en tanto, reía con fuerza ante el androide y el miserable chico de clase baja que lo amenazaba. En cambio, el androide estudió en silencio al soldado y dado el momento indicado, le dio una patada en la quijada que la liberó del agarre y para terminar con el soldado corpulento, le dio un golpe que lo dejó con el labio sangrando y la furia a punto de estallar.
—No haría eso si fuera tú, Nappa—comentó el recién llegado al ver que el soldado iría a cargar y Vegeta se detuvo en frente de la rubia que retrocedió un poco con la cabeza gacha al verlo llegar. Kakarotto no supo enseguida que se trataba del rey hasta que Nappa se refirió a él como tal. —Si quieres enfrentarte a la única que puede mantener un entrenamiento conmigo, hazlo, pero no me hago responsable de recoger tus pedazos. No seas un estúpido.
Nappa se encorvó con rabia ante tal revelación y es que ése era el único motivo que Vegeta aceptaba a la rubia a su lado.
—Su Majestad—dijo solamente Nappa mientras se retiraba del lugar argumentando que estar cerca el androide le daba nauseas. Vegeta en tanto miró al chico que no tenía pinta de ser muy fuerte y esperó a que la rubia le diera una explicación de por qué estaba ahí, pero ella no pareció querer contestar.
—¿Quién eres, clase baja?
—Kakarotto, hijo de Bardock, señor—respondió el muchacho con extremo cuidado y bajó la cabeza por educación, el rey comenzó a reírse por lo bajo y se dirigió al androide.
—No sé qué es lo que planeas hacer con él pero no me importa. Si muere en combate, no me importa. No me voy a retrasar por un estorbo y es mejor que no se me atraviese o lo mato.
—Entendido.
Kakarotto se mantuvo cerca de la mujer sólo por protección, ninguno de los demás hombres le parecían de fiar y el androide era la única que parecía recordar que existía. El cuarto y último soldado fue el que le pareció más peligroso que los demás e incluso, más peligroso que el mismísimo rey. Era hijo de un soldado de la Federación y estaba próximo a ser reclutado por Freezer por poseer un abismal poder de pelea que sólo se expresaba cuando estaba enfurecido. No hablaba mucho y tampoco parecía querer hacerlo, eso fue lo que le dio a entender a Kakarotto que tenía que mantenerse alejado.
En una oportunidad en la que el escuadrón reponía sus provisiones de combustible en un planeta puerto, el androide le diría que el nombre de ese soldado era Brolly, hijo de Paragus, y le recomendó nunca darle algún motivo para que éste se enojara, puesto que no descansaría hasta matarlo y ni el rey Vegeta podría detenerlo sin salir gravemente herido. Kakarotto la miró extrañado.
—¿Brolly es más poderoso que el rey Vegeta?—preguntó el chico a modo de susurro, quería confirmar sus sospechas y la rubia le contestó simplemente con un asentimiento con la cabeza, sin quitarle la mirada al hijo de Paragus como si estuviera lista para huir si es que alguien escuchaba su conversación.
—Nadie lo sabe, ni siquiera podemos decirle a Vegeta o estaría dispuesto a enfrentarlo sólo para demostrar lo contrario—dijo. —No podemos dejar que eso pase, Brolly es manipulado por Freezer, si llega a matarlo el trono quedaría sin herederos y el planeta Vegeta estaría al mando de Freezer. Si eso sucede, ya nadie podrá vencerlo.
Editado. Editado.
Nota: He aquí la segunda entrega de esta historia :B Espero que les haya gustado y tendré más cuidado con las faltas de ortografía D: aunque debo decir que pensé que no tenía, gracias por mencionarlo, lo corregiré en cuanto pueda. Gracias a Dramaaa y a Adickdelta por sus comentarios. Besos, cambio y fuera. RP.
