Lo primero que John Egbert escucha esa mañana son los sonidos con los que ya está familiarizado. Los coches pasando por su calle, pitando de vez en cuando, el murmullo de la gente que camina dos pisos más abajo, algún que otro ruido de las viviendas contiguas... Toma un punto de consciencia en la que incluso consigue captar el aroma primaveral del parque que hay al final de su calle entrando por la ventana abierta.
Intenta abrir los ojos poco a poco, pero sólo consigue que el izquierdo se convierta en una rendija y vuelva a cerrarse al momento, guiñándolo con fuerza; hay demasiada claridad y eso significa que debe ser bastante tarde... Perezosamente, se pone boca arriba y bosteza, frotándose los ojos y después la mejilla, porque siente que ha estado babeando durante la noche.
Ahora sí, empieza a poder abrir los ojos y, a la vez que empiezan a venirle recuerdos de la noche anterior, se da cuenta de lo descompuesto que tiene el cuerpo y la sed que tiene.

—Mierdaaa... por esto no me gusta beber. Agh.

Se va levantando hasta quedar sentado en la cama y la sábana le resbala por el pecho mientras se frota la cara. No tiene ningún recuerdo de haberse desnudado y un vago sentimiento de vergüenza le recorre al pensar en que seguramente haya sido Dave quien le quitó la ropa cuando se durmió. Es verdad, Dave... ¿dónde está?
John presta un poco de atención al aparente silencio que reina en su piso mientras echa una ojeada al reloj de su mesita. Las diez y media... Ya no le vale la pena ir a la universidad; hoy sólo tenía clase hasta las doce. Eso le hace recordar a Jade y darse cuenta de que no ha escuchado el timbre de su casa sonando insistentemente como cada mañana. Tal vez le haya dejado algún mensaje... pero olvida momentáneamente el tema cuando capta un amortiguado sonido de agua cayendo. Claro, es la ducha.
Un momento.
Entonces Dave Strider está... ¿en su ducha? ¿Usando sus toallas? Y lo más importante... ¿desnudo?
La primera reacción de John es bajar los pies de la cama y levantarse de golpe. Mala idea, porque en cuanto lo hace pierde el equilibrio y vuelve a caerse de culo en el colchón. Menudo mareo... pero eso por lo menos le hace recapacitar sobre la impulsiva y muy estúpida idea que le ha venido en cuanto se ha dado cuenta de que Dave estaba en la ducha, que era, obviamente, entrar en el baño. Mantiene la sonrisa pilla, emocionada, pero decide que su prioridad ahora es beber agua y encontrar su móvil, no violentar a su ídolo de esa manera tan desvergonzada.
Con más cuidado esta vez, se levanta, coge su vieja bata gris de los Ghostbusters y sale del cuarto dando pasitos cortos. El salón está tal y como se quedó anoche, o sea, hecho un asco. La mesa del comedor está llena de botellines de cerveza vacíos y hay cojines por el suelo, justo al lado de la caja de la pizza que cenaron. Bueno, ya lo recogerá luego...
De camino a la cocina ve que su móvil está en el mueble del recibidor, así que se desvía y coge el dispositivo primero, viendo que tiene mensajes de Pester que datan de hace unas horas. Mientras va hacia la nevera, la abre y coge una botella de agua bien fría, maximiza la aplicación para ver los mensajes, que son de Jade.

-gardenGnostic [GG] empezó a molestar a ectoBiologist [EB]-

GG: joooooohn! :D
GG: hooo así que así es eh!
GG: ya sabía yo que el acontecimiento de anoche sería demasiado como para que hoy vinieras a clase hmm
GG: tranquilo hoy no te voy a echar la bronca ni nada
GG: entiendo lo guay que debe ser y lo sobrepasado que tienes que sentirte... qué envidia aahhh!
GG: hehe pues nada chico espero que hayas disfrutado :)
GG: hoy me voy directa a la universidad pero quiero que nos veamos en cuanto puedas y me expliques tooodo todito todo
GG: (menos las cosas tipo tú sin camiseta y eso jjjjj)
GG: te dejo que ya llego vale
GG: hasta lueeegoo! :))

-gardenGnostic [GG] dejó de molestar a ectoBiologist [EB]-

John no puede evitar sonreír un poco leyendo a su amiga. Desde luego, él también se muere por contarle todo lo de anoche... o casi todo, aún no está muy seguro. Más que nada porque cuando le explicó su primer beso, que fue con Vriska en el instituto, se estuvo riendo durante por lo menos una hora. Y con razón, la verdad, porque todo fue super torpe e incómodo...
Aún con una sonrisita, John baja el móvil, se da la vuelta para volver a meter el agua en la nevera y entonces...

—AAaA HH. —grita el moreno al encontrarse con Dave justo detrás suyo. Casi se le cae la maldita botella de agua del susto, pero al final acaba resbalándosele de las manos por otra razón.— Tu s... . tus... Dave...
—Buenos días a ti también. —contesta el despampanante rubio medio desnudo y húmedo que tiene delante, agarrando la botella de agua justo a tiempo para que no se le caiga de las manos al otro.

Antes de añadir nada más, el Strider se pega la botella a los labios y bebe. Deja que John se recomponga y sus ojos embeban bien la imagen que sabe que le está regalando. Al fin y al cabo, sabe que su reacción es normal, porque le está viendo por primera vez sin gafas, encima en carne y hueso y... en fin, recién salido de la ducha. Dave no pensó en ningún momento que eso estuviera fuera de lugar por muy cuidadoso que sea con el tema de sus ojos; es lo que le apetecía y es lo que ha hecho, como siempre. Además, sabe que eso para John (y cualquier fan suyo, en realidad) es un gran regalo, algo exclusivo.

—¡Tus ojos...! —articula como puede John, al que se le pasa la sorpresa y se vuelve fascinación.
—Sí, no tengo agujeros negros debajo de las gafas. —contesta el otro cuando acaba de beber.
—Son super bonitos, Dave... —Maravillado, se pone una mano en la boca. Ya sospechaba que sus ojos serían rojizos, pero el color es muchísimo más ardiente de lo esperado y también increíblemente bonito. No puede dejar de mirarlos.— Necesito sentarme.
—Ya está bien. —El rubio da un golpe al dejar el agua en la barra americana que tienen al lado y se señala el torso.— ¿De verdad te estás fijando en mis ojos en vez de en mis maravillosos pectorales, mis muy trabajados abdominales y mis super afilados oblicuos? Por no hablar de que mi culo desnudo y mojado está debajo de ESTA pequeña, pequeñísima toalla.

De repente John se da cuenta de que tiene razón: es Dave Strider desnudo en su cocina. Muy poco a poco, sus ojos azules resbalan inevitablemente hacia abajo, donde el otro se señala. Había visto muchas veces imágenes del rubio sin camiseta, en bañador o con ropa que poco dejaba a la imaginación, pero tenerlo así delante, con el cabello todo mojado y echado hacia atrás, sin gafas que oculten sus ojos bermejos y las deliciosas pecas que salpican su cara...

—...Vale, se acabó. Deja de comerme con los ojos, me estás dando yuyu. —El famoso le pone una mano en la cara a su amigo, que suelta un sonido entre risa y grito, y luego sale de la cocina.
—¡Perdón! —Le dice él, yendo detrás suyo en cuanto se recoloca las gafas. No quiere perder la oportunidad de seguir viendo esa mirada.— No sabes lo increíble que es esto...
—Sí que lo sé, pero qué le voy a hacer, me encanta sorprenderte. —contesta de manera desinteresada, entrando al cuarto con John detrás.
—Pues... gr-...

Pero John se queda trabado en su agradecimiento porque ve cómo las manos de Dave van a la toalla que tiene atada a la cintura. Antes de que haga nada más, ya entiende que lo que va a hacer el mayor es desnudarse por completo como si nada delante suyo y, en un movimiento rápido y casi reflejo, John se da la vuelta y sale del cuarto. Apoya la espalda en la pared, justo al lado del marco de la puerta, e intenta dejar de aguantar el aliento. Dios, espera no haber parecido demasiado estúpido. Y él que había pensado antes entrar como un loco en el baño mientras el rubio se duchaba...
Dave, por su parte, sigue a lo suyo y deja caer la toalla al suelo a la vez que echa una mirada de reojo hacia atrás. Cuando ve que su amigo ha salido del cuarto y que lo único que ve de él es parte de su hombro, no puede más que sonreír con suficiencia.

—Oye, John.
—D-dime. —contesta con voz atragantada, sin moverse.
—Qué pena que hayas quitado todos los pósters de tu cuarto. Quería verme el careto envolviendo tus paredes. —le dice Dave mientras se viste con la ropa de ayer.
—Eso hubiese sido raro. —se ríe John a pesar de que está un poco agitado aún, sabiendo que su ídolo está como su madre lo trajo al mundo a unos pasos de él.
—Hoy tengo que hacer cosas. —Justo cuando dice eso aparece al lado del moreno, que da un respingo del susto. Por lo menos ya se ha vestido.— Voy a aprovechar para ver a un par de amigos y todo eso. Además, si Dirk me pierde de vista durante tres horas ya le da un ataque, así que imagínate como debe de estar.
—Ohh... claro. Qué guay. Dirk Strider. —dice en voz alta John, haciendo que Dave arquee una ceja mientras se pone sus características gafas de sol para completar su modelito.— Quiero decir... que sí, que yo también tengo cosas que hacer. Mira como dejamos anoche el salón.
—Seh... —Dave echa una ojeada al final del pasillo, donde se ve parte del salón, mientras se mete las manos en los bolsillos.— Estuvo bien, eh.
—Sí... —murmura John, mordiéndose el labio después. Dios, no sabe si está tratar ese tema aún.
—Bueno, ya lo comentaremos luego.
—¿Luego?
—Acabas de trabajar a las ocho, no. —El moreno asiente mientras Dave se pasa una mano por el pelo, intentando colocarse mejor el pelo aún húmedo.— Guay, entonces podemos vernos a esa hora.
—¡Oh, eso estaría guay! —le sonríe el de repente muy contento Egbert.— ¡Pues quedamos así!
—Bien...

Dave le responde con una voz tan queda, tan grave, que John ladea la cabeza ligeramente en gesto de duda, creyendo que le pasa algo. Entonces, sin avisar, el rubio inclina la cabeza hacia delante y une los labios con los de su amigo, que tarda en reaccionar y que, cuando lo hace, sólo puede coger aire con fuerza y entreabrir la boca de la sorpresa.
Sin embargo, es cuestión de segundos que su cuerpo empiece a relajarse, dándose cuenta de que Dave no está siendo tan impulsivo y duro como ayer; ni siquiera siente sus manos sobre él.
Justo cuando John cierra los ojos y empieza a disfrutar de verdad de la ligera presión de los labios ajenos contra los suyos, Dave se separa lentamente y se queda cerca de su rostro un momento, comprobando los daños colaterales que cree que puede haber causado. Su amigo se da cuenta y baja la mirada un segundo, la vuelve a subir y le sonríe tímidamente, cosa que Dave corresponde y agradece: es como un consentimiento, como una aprobación silenciosa.

—Luego hablamos, vale. —Otro corto pico de parte de Dave antes de empezar a alejarse por el pasillo.— Estate atento a tu móvil, Ohbert.

El chico con el mote que él sólo se puso sin querer asiente en silencio a pesar de que el Strider ya no le puede ver, pero es que no le salen las palabras.
Escucha la puerta de su casa abrirse y luego cerrarse... ya está sólo. Aun así le cuesta despegarse de la pared; es como si su cuerpo le desobedeciera, pero no está para echárselo en cara a si mismo ahora porque sigue demasiado maravillado para pensar en ello. Espera que esta tonta reacción no siga ocurriéndole si es que Dave piensa seguir besándole a menudo...
Dios. Es que es verdad... ¡ha ocurrido! ¡Y ahora no están borrachos! No hay excusa y si la hubiera, John no se molestaría en buscarla porque ahora está literalmente en las nubes aunque no entienda nada.

·

—John. —Vriska agarra a su amigo por los brazos en cuanto sale de la tienda para frenarlo. Él se queda callado de inmediato y le mira interrogante.— Me parece maravilloso, vale. Fantástico, estupendo, la puta ostia. Pero me has estado calentando la cabeza tooooooooda la tarde con el temita.
—Ohhh... lo siento, pero es que...
—Nada de peros. —le corta de inmediato mientras le da de malas maneras el candado de la persiana metálica que bajan todos los días a la misma hora.— Para tus confidencias de niña enamorada ya tienes a la sonrisitas.
—Estaba ocupada hoy, pero quedaré con ella en cuanto pueda. —contesta el ojiazul, sabiendo que se refiere a Jade.
—Guay, me importa una mierda.

Y a pesar de las siempre violentas maneras de la Serket, John sabe que tiene razón pero ¡es que no puede evitarlo! Ha intentado reprimirse, de verdad, explicarle lo mínimo a Vriska porque cada vez que sale el tema Dave Strider, se pone de morros y se cierra en banda... Y aun así, apenas puede controlar no ir caminando dando saltitos porque la hora de volver a verle se acerca.
Mientras su compañera de trabajo baja la ruidosa persiana, el Egbert le echa una mirada a su móvil. Lleva toda la tarde pendiente de él, pero no ha recibido ni un mensaje de su rubio preferido, cosa que le causa un poco de angustia... ¿Y si se ha arrepentido y no vuelven a verse?

—Así que cerrando cinco minutos antes, eh. —dice entonces una tercera voz conocida que hace saltar a John como si fuese un perro muy contento de ver a su amo.
—¡Dave! —grita mientras Vriska se incorpora y mira la escena con desgana.— ¡Qué haces aquí!
—Pasaba por aquí y dije "mierda, pero si en esta calle trabaja el pringado de Egbert". Pura casualidad, tío. —John ríe como un bobo con su respuesta.
—Y tú quién eres. —se entromete de repente la chica, que se ha puesto al lado de su amigo y está cruzada de brazos.
—¿Perdona? —dice Dave con una sonrisa incrédula.
—Aaahhh... quiere decir que... —El moreno interviene con rapidez porque entre los otros dos jóvenes se entabla una tensión instantánea que hasta él consigue notar.— Ahm, ella es Vriska, mi amiga yyy... él es Dave, Vriska. Dave.
—Pffft. —bufa la Serket, sin apartar los ojos del alto chico rubio que tiene delante. Al final se gira bruscamente hacia John y, para sorpresa del mismo, ella le sonríe dulce.— En fin, nos vemos mañana, John.
—...¡o-oh! Claro. —Se queda perplejo por el brusco cambio de actitud de su amiga y más aún cuando se acerca a él y le da un pequeño beso de despedida en la mejilla.— Hasta... ¡hasta mañana!

Con un gesto airado del cabello y una última mirada asesina a Dave que no logra captar el moreno, se recoloca el bolso y se va caminando con ligereza calle arriba. John no entiende muy bien el repentino gesto de Vriska, no le cuadra, así que se queda mirándola marchar fijamente hasta que desaparece en la esquina de la calle mientras piensa en ello.
Ya no es tan habitual que ella se comporte así con él; es cierto que a veces sigue haciéndolo y a John no le molesta en absoluto, porque se considera bastante cariñoso con sus amistades pero aun así... ¿Vriska mostrándose afectiva con él en la calle? ¿Delante de gente? Como mucho había pasado una que otra vez en el instituto, cuando le gustaba salir a beber con la gente de su clase y acababan super borrachos.

—La tienes enamoradita. —suelta Dave con una pizca de acidez en la voz que intenta camuflar con su común tono de burla.
—Qué va. —Por fin sus ojos azules vuelven al rubio, que ha estado todo el rato mirándole.
—Por lo menos está buena.
—Sí, es guapa. —afirma con inocencia John, fijando su atención en una bolsa de plástico que lleva el famoso.— ¿Y eso?
—He comprado la cena.
—Así que le haces recados a tu hermano. Qué tierno.
—Nuestra cena, capullo. De nosotros. Tú y yo.
—Ah, que... que cenas hoy también en mi casa. —John se queda un poco cortado.
—¿No quieres? —Por primera vez, está lo suficientemente lúcido como para notar una cierta indecisión en Dave y le da un vuelco al corazón.
—¡Claro que quiero! —le contesta al momento, agarrándole del brazo y tirando de él.
—Guay.

En silencio, empiezan a caminar hacia el piso de John, que por suerte no está muy lejos de la librería.
De mientras, el más joven piensa en ese diminuto gesto que ha conseguido captar al vuelo momentos atrás en la expresión de Dave. Su jovial reacción al ver esa ¿debilidad? ha sido instantánea; sus mismas entrañas le han movilizado para demostrarle activamente lo feliz que le hace su compañía, su atención. Y es que no puede ser de otra manera, Dios, si es obvio que le adora... pero entonces piensa en la posibilidad de que Dave no sepa eso, que algo le haya hecho dudar al respecto. Inevitablemente, la mente de John vuela a la noche anterior, cuando le cortó el rollo y le dijo que no sabía qué estaba haciendo. Desde luego, pensándolo en frío, se da cuenta de que lo primero que le viene a la mente es que fue una enorme estupidez frenarle. Se negó a hacer algo con lo que lleva soñando literalmente años. Por otra parte, ha tenido todo el día para meditar sobre el tema y lo único que ha conseguido ha sido crearse un montón de dudas más. ¿Tanto se le notan estas dudas como para hacer que el mismo Dave Strider, tan aparentemente confiado, se sienta rechazado... y que además lo demuestre, aunque sea sin querer?

—Mierda. —masculla de repente el siempre dueño de sus pensamientos.
—¿Qué pasa? —pregunta él, mirándole. Dave no le responde, simplemente se deshace del agarre que el moreno seguía manteniendo en su brazo.
—¿Eres... eres Dave Strider? —se suma entonces una tercera voz y un murmullo de otras cuantas más. John mira al frente; tienen un grupito de cinco chicas delante y parecen bastante emocionadas.
—El mismo, encanto. —El moreno arquea las cejas al escuchar a Dave, que ha adoptado la misma actitud socarrona que usa en sus vídeos. Eso parece alterar aún más a las quinceañeras.— Qué puedo hacer por estas preciosidades.
—A-ahm, ahahaha, pu-pues... —La cabecilla del grupo se queda trabada ante la sonrisita que le dedica el que probablemente sea su ídolo también.
—¡Queremos una foto! —se atreve a decir una de las chicas del grupo.
—Y autógrafos. —añade otra, agarrando a la chica que ha hablado justo antes.— Pero no tenemos papel, tía...
—Pues en el escote. —se moja otra, causando risitas en todo el grupo.
—No vayamos tan rápido, princesas. —Dave también se ríe con ellas y pasa ambos brazos por los hombros a las dos chicas que tiene más a mano.— Venga, que alguien saque el móvil.
—¡Aaaah! ¡El mío, el mío! —Una de ellas agarra su móvil con manos nerviosas y pone la cámara frontal.— Selfie, chicas.

Apartado del grupo, John observa cómo Dave le da un beso en la mejilla a una de las chicas que tiene agarradas justo antes de hacer la primera foto, lo cual causa un notable alboroto en todo el grupo. A partir de ahí, empieza a hacerse varias fotos más, en grupo y por separado.
El Egbert se siente fuera de lugar y mira la bolsa con la que el otro le ha cargado en cuanto las chicas se acercaron. Ahora es él el que se siente inseguro, casi rechazado... bueno, eso tal vez sea una palabra demasiado grande para lo que siente, pero es que no quiere admitir que en realidad lo que le pasa es que está celoso.

—¿Nos das tu número de teléfono también? —Es lo que capta John cuando vuelve a prestar atención a la animada conversación que están teniendo con su rubio preferido mientras éste les firma brazos y, sí, escote.
—Creo que eso no os lo puedo conceder. —contesta él, manteniendo su sonrisa de casanova.
—¿Y tu Pester?
—Uf, eso menos. ¿Es que queréis que os dedique un vídeo como el que le dediqué a aquel pervertido? —Las chicas ríen y, oh, ojalá no llevase las gafas, porque John juraría que Dave le ha echado una miradita cómplice.
—Qué pena... —dice una de las chicas, percatándose de repente de la existencia de John.— ¿Quién es?
—Ah... —El rubio se queda pillado al ver a quién se refiere y se queda mirando a John unos segundos. De repente, parece que han tumbado sus defensas o que le han preguntado algo realmente complicado, pero acaba recomponiéndose con rapidez.— Es mi amigo y vecino Jehn Ohbert. Saluda, Jehn.
—Uhm, hola. Esto... es John. —saluda con desgana el aludido al que todos prestan atención ahora. Intenta sonreír, pero no le sale demasiado bien y Dave capta esto al instante.
—En fin, preciosas, hora de continuar nuestros caminos. —dice el famoso antes de que las chicas puedan comentar algo respecto a John.— Tenemos un poco de prisa. Ya sabéis, la vida del famoso.

El grupo femenino de fans profiere una queja colectiva que no dura mucho, porque se dan cuenta de que una despedida significa otra ronda de manoseo al guapo chico. Todas quieren abrazarle y darle besos en la mejilla, pasarle el brazo por la cintura para palpar su delgado pero fibroso cuerpo o hundir la cara en su pecho para poder quedarse con su agradable olor. Dave se deja hacer, todo sonrisas, y John intenta pensar en cuántas veces habrá pasado el rubio por situaciones parecidas, en que esta escena no es rara en absoluto y él lo sabe... pero eso no calma la rabia que le muerde las entrañas y le molesta casi de manera física. Sabe que es estúpido ponerse así y detesta tener estos sentimientos negativos tan de repente. Agh, ¡es estúpido!
La cosa por fin se calma y las chicas se despiden definitivamente. Todos vuelven a caminar y, como John no dice nada, Dave le da un suave codazo para llamarle la atención.

—¿Y esa cara de amargado, Ohbert?
—No me llames así. —contesta él, más seco de lo que le gustaría.
—¿Te has enfadado...? —pregunta Dave con cautela; su sonrisa se disipa ligeramente.
—No. —Pero es mentira, porque sí está enfadado, y ahora de repente encuentra un montón de excusas para explicar su rabia, excusas que no implican estar estúpidamente celoso.— Bueno, sí. La verdad es que .
—Ahá.
—Nos hemos pasado como media hora ahí con unas chicas aleatorias.
—Se supone que tengo que ser agradable con la gente que me sigue, y sólo han sido cinco minutos... —A pesar de que las piernas de Dave son más largas que las de John, tiene que acelerar un poco para seguir su ritmo airado al caminar.
—Y le has firmado en el escote a unas niñas, Dave. Eran NIÑAS pequeñas. —Los ojos azules de su amigo se clavan en él y entiende que está indignado de verdad, que no hay ni un ápice de broma en lo que dice. Sin poder evitarlo, suelta una pedorreta con la boca, cosa que parece hasta ofender al otro.— ¿Te hace gracia?
—No, a ver, es que... Son adolescentes, no niñas, para empezar. —contesta el rubio, intentando no reír.
—Sí, ya, pues a ver qué opinan los padres de esas "adolescentes" cuando vean que un tipo de veintiún años ha estampado su firma en las tetas de sus hijas. —John acelera aún más el paso y deja atrás al mayor durante un momento.
—John... —le llama él desde atrás.
—Encima te han manoseado entero... ¡y tú a ellas! Como si estuvieras en tu salsa, vamos, como si te pasara todos los días... Y no, no te atrevas a contestarme a eso, porque YA SÉ que seguramente te pase todos los días, pero no quiero pensar en ello, de acuerdo, no quiero que la imagen de un montón de niñas sinvergüenzas me aparezca en la cabeza porque es terrible, terrible, ¿me oyes?
—John. —De repente Dave le agarra de la muñeca y le obliga a parar en seco y girarse hacia él. Se quedan mirándose detenidamente durante unos largos segundos; cuando una larga sonrisa empieza a aparecer en los labios del famoso, John se olvida de lo que estaba diciendo.— ¿...estás celoso?
—¿Qué? —Pero eso le hace reaccionar casi como le hubiesen dado un rampazo y sacude el brazo para que le suelte de la muñeca. Ha dado totalmente en el clavo.— De qué vas, Strider.
—Contigo no voy de nada. —Aunque son unas simples palabras, cuando John capta el significado no puede evitar bajar las defensas y suavizar su expresión.— Con esas chicas sí que me marco el papelón.
—Agh... odio que te comportes como un pedante. —Acaba diciendo el moreno, haciéndole llevar a él la bolsa de la compra.
—Guau, te suelto una cosa super profunda y así me lo agradeces. —Con un paso más calmado, emprenden de nuevo su camino.— Creía que te empecé a gustar por ser un pedante.
—Y porque eras guapo.
—¿Era? ¿En pasado? —sonríe divertido por que John se haya atrevido a decir algo así.
—Pero sobre todo por pedante. —le contesta él, divertido también por poder jugar al mismo juego que el rubio.— Sólo es que he descubierto otra faceta de ti, la relajada, la agradable... no mucho, no te creas, pero por lo menos ya no me haces vídeos ofensivos.
—Eso significa que no soy como esperabas.
—No, la verdad es que no. —John no se fija en la expresión queda de Dave; está demasiado metido en lo que dice.— Pero esta nueva parte de ti... la verdad es que me gusta mucho más que tu fachada de chulo. No es que no disfrute de tu humor hiriente (siempre que no sea contra mi), pero desde luego te prefiero así, como cuando estamos a solas... Bueno, ¡es que en realidad me gusta todo de ti!

Cuando termina de hablar, el Egbert le mira con sus claros ojos azules y una gran sonrisa dibujada en sus labios. Obviamente, ni es la primera vez que ve esa emocionada expresión, ni tampoco que escucha esas palabras, tanto por parte de su amigo como de cualquier otro seguidor suyo. Pero esta vez causa un sentimiento diferente, más fuerte, con más impacto. Que John le diga que le gusta todo de él con esa naturalidad, con esa franqueza... Siente una pizca de envidia por él y esa peligrosa sinceridad que tiene para algunas cosas, pero intenta no parecer afectado por ello ni por la situación en si.
Mira un momento al frente y asiente para si mismo con solemnidad. Luego vuelve a mirar al joven que tiene al lado, que parece esperar una respuesta.

—Y aquí tenemos al Jehn fan loco Ohbert que conocí, aflorando en primavera como era de esperar. —sentencia muy serio.
—¡Eh! —se queja el aludido entre risas. Entonces Dave decide pasarle un brazo sobre los hombros y sus carcajadas cesan, pero no deja de mirarle.— Uy, qué atrevido.
—No tanto como tú anoche. —espeta el rubio, sabiendo que tendrá un gran efecto en su amigo que, efectivamente, se queda callado y empieza a ponerse rojo.— Relaja, estoy de broma.
—No... no, estoy bien. —contesta él, echando una breve mirado a la calle. Se pregunta vagamente qué podría ocurrir si alguien les viese así y lo colgase en internet, pero tiene cosas más importantes en la cabeza ahora.— De hecho, estaría bien hablar de eso luego. En casa.
—Vale, pero después de que te haga la cena. —Dave sacude un poco la bolsa que lleva en la mano derecha.
—Guau, Dave Strider me va a hacer la cena.
—Sí. Vas a comer mi especialidad.

·

Después de descubrir qué es "la especialidad" del Strider, John ya tiene otro motivo con el que picar al chico, y es que esa super especial comida habían resultado ser fideos instantáneos de toda la vida.
Cuando Dave le llevó los botes humeantes que contenían la pasta asiática ya hecha y su amigo se echó a reír, se ofendió de verdad, pero se le pasó rápidamente al ver cómo el universitario se los acabó comiendo con gusto.

—Se nota que no haces la compra muy a menudo. —le dice, abrazado a un cojín con las piernas cruzadas.— Es que ni sé cómo puedes estar tan delgado si comes esto todos los días de verdad.
—No, delgado no. Di la verdad, estoy bueno. —puntualiza el rubio, que está recostado en un brazo del sofá y presiona el cojín que tiene su amigo entre los brazos con el pie.
—Vale, señor modesto. —John le saca la lengua.
—Pues eso, señor estrecho. —Y Dave recibe un bien merecido cojinazo en la cara.
—¡No soy un estrecho!
—Eso aún no lo sabemos.
—DAVE.

Con los colores subiéndole rápidamente a las mejillas, John se abalanza sobre su amigo para pegarle por ese comentario vulgar. Él se cubre con el cojín que antes le ha lanzado pero John se lo acaba quitando y lo tira a la mierda. Desprotegido, Dave no tiene más remedio que forcejear con John para que no le clave los dedos en las costillas, le haga cosquillas o cualquiera de esas terribles torturas que al parecer le gusta ejercer.

—¡Me rindo! —exclama cuando John usa la técnica de dejar caer todo el peso sobre sus brazos.
—¿Cómo has dicho, Strider? —pregunta él, haciendo aún más presión al usar los pies como punto de apoyo. Dave suelta una risa y al final sus brazos ceden y John cae encima suyo con un bufido.— ¡Gané!
—Sí, sí... pero la venganza será terrible.

Se quedan un momento en silencio en el que únicamente se escuchan sus respiraciones algo agitadas por todo el esfuerzo que han hecho durante su pelea. Poco a poco, ambos se dan cuenta de la postura en la que están: Dave totalmente tumbado en el sofá, sólo con la cabeza apoyada en el reposabrazos, y John con la mejilla en su pecho, encajado entre sus piernas. Ninguno se incomoda por el hecho de estar tan pegados, al contrario; el de arriba suspira, encandilado por el aroma de su ídolo, y el de abajo empieza a acariciar distraídamente el cabello moreno de su amigo.

—No te he preguntado hasta cuándo te quedas en Washington. —pregunta John pasado un rato, sin moverse.
—Uhm, de momento es por un tiempo indefinido. —Dave suspira y se pone un brazo tras la cabeza para apoyarse en él, sin dejar de darle suaves caricias al pelo del otro.— Mi hermano ha estado hablando con una vieja amiga de aquí y al parecer en unos días dejaremos el hotel en el que estamos para pasar allí el resto del viaje.
—Eso suena guay.
—Sí, la verdad, no veo a esa chica desde hace años. —Se queda un momento en silencio y luego confiesa:— Creo que de pequeño me gustaba un poco.
—Pffft, ¿en serio? —se ríe ligeramente John, irguiendo la cabeza y clavando la barbilla en su pecho para mirarle.
—Seh, pero fue un capricho. En realidad a mi me gustaba otra chica que venía a veces de visita a... —Dave vacila y se queda mirando a su amigo. No suele hablar de esto.— ...al orfanato donde yo estaba.
—No pasa nada si no quieres hablar de ello. —le dice él, notando su incomodidad con el tema.
—Vale. —acepta el rubio sin más, ya pensando en otras cosas.— En fin, ¿tienes ganas de que me vaya ya o qué?
—¡Claro que no! Te ataría a la pata de mi cama si pudiera.
—Suena excitante. No sabía que te iban esas cosas.
—Es una expresión, malpensado. —John da un pequeño cabezazo al pecho del chico que tiene debajo. Luego su expresión se suaviza y se atreve a preguntar:— ¿Tú quieres irte...?
—Bueno, depende. —se hace de rogar el famoso.— Ahora mismo no, no quiero irme.
—¿Por qué?
—Pues no sé sabría decirte exactamente por qué. Tal vez sea la ciudad o tal vez sea tu efusiva manera de dar las buenas noches.
—¡No es mi manera de dar las buenas noches, capullo! —De repente John apoya las manos a ambos lados de su cuerpo y se despega del pecho del rubio.
—Tranquilo, chico, sólo estaba de broma. Creía que querías hablarlo, pero si vas a ponerte así...
—Vale. —Respira hondo y acaba por cambiar de postura, sentándose bien en el sofá.— Sí. Ahm. Sobre lo de anoche. Sólo quería decirte una cosa.
—Dispara. —le dice Dave, adoptando una postura menos relajada y sentándose igual que su amigo. Le preocupa lo que pueda decirle, la verdad, sobre todo por el cambio de actitud que ha tenido en un momento.
—Quería pedirte perdón, para empezar. —John le mira y el rubio arquea una ceja, así que se apresura por continuar.— Fui un estúpido bebiendo tanto, pero no volverá a pasar, de verdad.
—Que no volverá a pasar. —repite incrédulo.
—No, lo prometo. —Hace un gesto de disculpa juntando las manos.— ¡Encima tuviste que quitarme la ropa de calle y meterme en la cama!
—Bueno, así pude comprobar que, efectivamente, eres más de gayumbos de Superman que de Batman. Eres un mierdas, Spider-man es mejor.
—Dave, lo digo en serio. —le dice el moreno, que parece afectado de verdad.
—John, eres gilipollas. —sentencia el Strider después de unos momentos mirándose en silencio. Luego se levanta y recoge los restos de la cena que han dejado en la mesa.
¿Queeeeeé?

Aunque John suena realmente indignado y confuso, Dave ni siquiera se gira para echarle una mirada perspicaz, solo lo deja ahí para que piense mientras se va a la cocina cargado con cubiertos, cartones de zumo vacíos y los recipientes de los fideos instantáneos. En un ataque de rabia y desconcierto, el infantil Egbert le tira otro cojín que tiene a mano, pero éste no consigue ni rozarle. Ve cómo Dave deja las cosas por la encimera a través de la barra americana y mientras el otro se lava las manos, se cruza de brazos y le fulmina con la mirada. ¡Es que no entiende por qué le ha insultado tan de repente!

—Ah, por cierto. —le llama la atención el famoso, sin mirarle.— Mañana tengo un festival en un garito de por aquí.
—¿Qué? —La noticia le pilla tan de sopetón que se olvida de su enfado y casi se le cae la mandíbula al suelo.— ¡Pero si en tu página oficial no pone nada!
—La miras cada día o qué. —Dave se apoya en la barra americana y mira con una sonrisita de suficiencia al moreno, que va a decir algo pero frunce el ceño y se queda callado.— Bueno, la cosa es que ha sido algo acordado hace muy pocos días y decidimos soltar la bomba sólo veinticuatro horas antes. Para más impacto, ya sabes.
—Madre mía, entonces... —John mira el reloj del salón: son casi las doce de la noche, así que ya mismo se hará pública la noticia.— Se van a colapsar los servidores de la página de venta online.
—Lo sé y me encanta. —La chulería con la que dice eso hace que recuerde por qué empezó a gustarle ese chico.— Querrás venir o qué.
—Me encantaría. —dice casi en un murmullo mientras el otro regresa al sofá y se sienta a su lado.— Pero no sé si podré conseguir entrada, mierda.
—Pft, ¿bromeas? Yo soy tu entrada.
—¡Dave! ¿De verdad harías eso por mi? —Emocionado, agarra su brazo y le sacude con suavidad.
—Seh, forma parte de mi plan.
—¿Y tu plan es...?
—Básicamente emborracharte otra vez. —Dave hace una pequeña mueca con los labios para evitar sonreír cuando ve cómo John estrecha sus ojos azules.— Oye, no me mires así, algo me tendrás que dar a cambio por estar en la zona VIP y conocer a mi hermano.
—Ni siquiera necesito estar en la zona VIP, me conformo con... —Se queda callado a mitad de frase; ¿ha escuchado bien?— Conocer... ¿a tu hermano?
—Claro, él me acompaña a todos mis bolos. Creí que te gustaría conocerle, es buen tío.
—¡D i o s! —grita de repente la parte más fan del Egbert, agarrando con más fuerza a su amigo.— ¡Dirk Strider! ¡Voy a ver a Dirk Strider de cerca!
—Ostia, si tanto te gusta mi hermano voy a dejar que mañana por la noche venga él a tu casa a quitarte la ropa y meterte en la cama.
—¡Madre mía, ni de coña! —exclama el más pequeño, vibrando de la emoción.— Me moriría si eso pasara.
—Sí, ya, en fin. No hagas que me arrepienta de esto.

Después de eso, Dave se arrepintió profundamente de haberle soltado la noticia a John antes de irse a dormir, porque hasta el momento en el que su amigo cerró los ojos y empezó a roncar abrazado a él, estuvo dándole por culo con el tema de conocer a su hermano mayor y lo "super guay" (palabras textuales) que sería la noche en su compañía. Por otra parte sin embargo, agradece que el Egbert se haya focalizado tanto en ese tema y no en el estúpido enfurruñamiento que le ha dado en cuanto ha empezado a divinizar así a su hermano. Por lo menos ha evitado que su amigo descubra que le ha hecho tomar de su propia medicina y se ha puesto violentamente celoso por su culpa.