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El encuentro predestinado


Estaba oscuro y hacía mucho frío. Kakarotto se abrazó a sí mismo para recuperar el calor que había perdido al salir de su nave individual e inspeccionó aquel planeta virgen y totalmente desconocido para su reino, era verde y tenía un aroma peculiar a humedad bastante placentero y no dudo en dar una larga inspiración para llenarse los pulmones de aquel aire enrarecido. El androide se paró junto a él y miró a Vegeta con expectación, para luego dirigirse al monarca, dejando al menor con intriga. Todos habían envejecido pero ella seguía igual a cómo partieron, el mismo habría crecido cerca de tres años y contaría con una edad aproximada a los diecinueve años. Comprobó que sus músculos estaban severamente adormecidos y por lo tanto, el rey declaró dos días de descanso para fortalecerlos.

—Deberías entrenar, clase baja. Los lugareños pueden molerte a palos fácilmente con tu patético poder de pelea, no eres más que un insecto—dijo Nappa con burla para luego, inspeccionar a Brolly con curiosidad, el hijo de Paragus apenas se había movido de su nave individual y parecía imperturbable mientras los demás se movían para buscar comida o sencillamente estirar las piernas. Al soldado calvo le dio un escalofrío.

—Nappa, iré a recorrer el planeta. Quedas al mando en mi ausencia—pronunció solemne el monarca mientras se encaminaba a la oscuridad de un sendero. El androide instintivamente lo siguió pero éste no se lo permitió, diciendo simplemente: —No quiero compañía.

Kakarotto se encogió de hombros, si Nappa quedaba al mando no haría nada más que molestarlo y pensó en partir tal y como lo había hecho Vegeta pero la amenaza de Brolly lo hacía dudar, prefería tenerlo en la mira ya que el hijo de Paragus podía camuflar su poder de pelea y así pasar desapercibido por los rastreadores. Además, tenía que quedarse cerca del androide para evitarse problemas.

El menor se hincó sobre el suelo húmedo con desgano y se sobó las manos para calentarlas antes de sumarse a la búsqueda de comida junto al calvo. El androide se inclinó sobre él de improvisto y el joven soldado abrió los ojos de la sorpresa, apenas moviéndose, a la espera de la reacción de la mujer artificial.

—Evita todo el contacto con Brolly, ni siquiera una palabra con él, ¿entendido? —le susurró en el oído y el susodicho miró de soslayo al hijo de Paragus con detención, aún no se movía de la nave individual y su rostro no mostraba señal alguna de vida. Kakarotto se rió para sus adentros.

—No parece ser muy difícil—comentó mientras la rubia se incorporaba y se acariciaba los codos con las manos, en actitud expectante, merodeó por los alrededores de los cráteres que se habían formado al momento de su aterrizaje.

—Esto no es bueno—comentó más para sí misma que para el menor, Kakarotto la miró con cautela, si tenía tanto miedo no debía ser para nada bueno. En un intento para calmarla, el menor se le acercó con prudencia pero fue rápidamente atajado por el soldado al mando y tuvo que desistir de su idea.

—Oye, clase baja, por qué no eres útil y vas a buscar algo para comer, me muero de hambre—comentó el calvo que se encontraba hastiado de unos frutos dulzones que había encontrado y que le habían pintado la lengua de azul. El muchacho lo miró con fastidio, y perdió en el bosque en busca que algo que, esperaba, se atragantara en la garganta de Nappa y lo callara por al menos un instante. Cuando el estorbo se hubo ido, el soldado al mando miró a la rubia con detención, su actitud errática era bastante peculiar. —¿No tienes que cargarte de energía o comer combustible, chatarra?

El calvo rió para sí mismo del que fue a su parecer, el mejor chiste del mundo y la rubia le respondió con el silencio. Dio una última vuelta alrededor de un cráter y pareció perderse un instante detrás de su nave personal, quedándose ahí para darse la ilusión de privacidad. Suspiró sólo un momento, dejando caer sus párpados a modo de descanso pero un fuerte zamarreo en uno de sus brazos delgados la hizo despertar, asustada. Brolly tenía la mirada enrarecida, con un destello de maldad que no pertenecía a su mirada normal de vacío y ausencia de vida. Se divirtió sacudiéndola un rato hasta dejarla aturdida y luego, la apretó contra su cuerpo mientras una densa lluvia comenzaba a caer.

—He sido informado de que un rebelde está de intruso en esta misión—comentó el corpulento hijo de Paragus y finalmente la voz del soldado había sido escuchada por alguien. Brolly se acercó a la cara de la rubia a modo de mofa y ella le escupió como respuesta, siendo lanzada al suelo por una bofetada del soldado. La rubia sangró del labio. —Oh. Así que los androides sangran.

—No sabes con quién estás tratando—dijo el androide. El aludido se acercó nuevamente, y la tomó del mentón.

—Recibí órdenes, androide, tú bien sabes de quién.

—Si piensas que soy el rebelde infiltrado, estás muy equivocado, basura.

—No trates de engañarme, el señor Freezer sabe perfectamente que eres una chatarra defectuosa. El científico que te creó era rebelde, no fue muy difícil adivinar que tú fuiste programada como rebelde—dijo Brolly entonces y alzó a la androide por el pelo rubio. Ella no chilló pero se agarró firmemente de la muñeca del soldado. —Dime, ¿qué era lo que planeabas hacer aquí?

—¿Acaso eres tan tonto como para creer que te lo diría?—preguntó la rubia con aires de victoria y el soldado no hizo más que sonreír.

—No te preocupes, no te mataré aún. El rey Vegeta no tiene que enterarse todavía de todo esto, el señor Freezer no quiere eso—comentó finalmente y la apoyó sobre la nave individual para luego, acomodarse sobre su cuerpo. —Ahora, harás lo que yo te diga, a menos que quieras que el rey Vegeta no regrese de su paseo—comentó el soldado y ella abrió los ojos azules tanto como pudo, Brolly sabía perfectamente que podía derribar al monarca en cosa de minutos tanto como ella y negó con la cabeza ligeramente, el soldado sonrió ampliamente. El androide sintió que el corpulento enterraba una rodilla debajo de su entrepierna. —Desde ahora te portarás bien o recibirás tu castigo. Nappa no vendrá a ayudarte, sabes bien que te detesta. —sonrió y se lamió los labios. —No te moderes en tus gritos, Vegeta no los escuchará.


Vegeta dirigió el agua de lluvia que se acumulaba en los pliegues de una hoja hacia su boca y la bebió. Su rastreador aún no mostraba lecturas importantes de vida en sus horas terrestres de caminata, en un principio le pareció que caminar sería mucho más divertido que volar pero se estaba arrepintiendo de su idea original. La llovizna se hizo más ligera cuando las copas de los árboles se hacían más frondosas y resolvió seguir a pie hasta que la que sería una tormenta, amainara.

Tras unos minutos, divisó una pequeña luz que oscilaba en el hueco de un árbol milenario y del que, cabría una persona completa por lo grande de la grieta. Se acercó sin más miramientos y sin el afán de pasar desapercibido, caminó en línea recta hasta que la cercanía le mostrara la primera lectura de vida en todo el recorrido. El rastreador no pudo describir la magnitud de la energía que encontraba en frente, puesto que no leía números tan bajos y Vegeta chasqueó la lengua, aburrido.

La forma de vida que se ocultaba del frío y de la lluvia no era diferente a él en apariencia, mas el cabello tenía un extravagante color lila. El cuerpo azulino por las bajas temperaturas, tiritaba a falta de prendas de vestir que la cubrieran en tan mal clima y dejaba ver las curvas femeninas que la diferenciaban de género. Vegeta no prestó más atención que esa y se retiró del lugar, recordando los dos días de descanso que había decretado. Si rompía su palabra, sus hombres sin dudar un instante, romperían la suya y se desataría el desorden del que tanto quería alejarse para proteger la tecnología que quería Freezer y de paso, los recursos naturales que les hacían falta.

—¿Quién anda ahí?—chilló la del pelo lila y Vegeta se mostró sorprendido al comprobar que comprendía a la perfección su dialecto, era exactamente igual al suyo. —¿Acaso está sordo? Qué es lo que está haciendo ahí, espiándome como un pervertido. Soy una señorita decente.

—Dudo que una señorita decente hable como lo haces tú, mujer—comentó con aires de grandeza el aludido, mientras se daba vuelta sobre sus talones para encarar a la pequeña terrestre que se atrevía a enfrentarlo.


Kakarotto se acercó a las naves individuales con lentitud puesto que cargaba un pez enorme sobre el hombro y estaba saboreando el aroma del animal muerto al tiempo que se imaginaba el sabor que debía tener. No había ido a pescarlo con la intención de alimentar a Nappa, sino que lo hacía para no darle la oportunidad de regañarlo y a la vez, hastiarse de pescado para no volver a salir en días y mantener vigilado a Brolly mientras regresaba el rey. El instinto inusual que poseía, lo obligó a detenerse y ponerse alerta. Algo del paisaje lo perturbaba y cuando oyó que unas ramitas húmedas se quebraban silenciosamente detrás de él, se volvió sobre sus talones para encarar a su acechador.

Cuando estuvo frente a frente a la rubia, sus músculos se relajaron y dejó el pez gigante a un lado.

—Número 18—la llamó extrañado pues el androide estaba intranquilo. La mujer artificial no tardó en hablarle lo más bajo que pudo.

—Brolly lo sabe todo, tienes que irte de aquí enseguida. Corre, no dejes que su rastreador le diga a dónde estás. No vuelvas ni mires atrás—le indicó tan fluidamente como le permitían sus nervios. Kakarotto no comprendió qué parte de la conversación se había perdido.

—No entiendo, ¿qué es lo que sabe Brolly?

—Tienes que confiar en mí, no hagas más preguntas y vete. Todo lo que debes hacer es asegurar tu sobrevivencia, eres el único que importa. Bardock vendrá en cuanto pueda.

—¿Qué es lo que sabes de mi padre?

—Él es un rebelde ahora, lo quiera o no. Tienes que sobrevivir porque era tu destino venir a la Tierra y derrotar a Freezer, pero la nave individual que te traería de bebé se descompuso y te quedaste en Vegeta. No te puedo decir más, vete, no le des a Brolly la oportunidad de matarte—Kakarotto dio un par de pasos hacia atrás, reacio a comenzar con la huida y dejarla sola a merced del corpulento, había observado sus piernas magulladas de las que caía un chorro de la mezcla de su sangre y semen. Supo exactamente lo que había ocurrido y frunció el entrecejo con ira.

—Volveré y te salvaré. Lo prometo—dijo antes de empezar el trote en dirección opuesta, alejándose del androide y del que quería matarlo.

El menor corrió hasta que no sintió las piernas, eso fue hasta que el sol comenzó el día siguiente. Según sus cálculos, tendría que estar lo suficientemente lejos como para que los rastreadores de sus camaradas no leyeran ni una traza de su energía. Caminó con el corazón latiéndole en la garganta hasta que su respiración se calmara al menos un poco y averiguar hasta donde había corrido, se había terminado el bosque y sus ojos observaron lo que sería una ciudad escondida y bastante rústica. A un día de que empezara la invasión, no tendría un lugar que no fuera destruido para esconderse a menos que fuera un agujero hasta el fondo del planeta.

Bajó un cerro sin muchas fuerzas en el cuerpo y casi rodó por el suelo, hasta que llegó a una pequeña casita de donde había un barril lleno de agua a un lado de la puerta. No se detuvo a comprobar que el agua era limpia y sumergió la cabeza dentro del barril hasta que calmara su sed. Luego, se echó todo el contenido encima como el último intento de normalizar la temperatura de su cuerpo. Sus jadeos alertaron al morador de esa casita y pronto hubo gritos que resonaron en la cabeza de Kakarotto con la fuerza de un puño.

—No, por favor. No era mi intención asustarla. Sólo quería un poco de agua—se disculpó el menor y la mujer sólo gritó más.

—¿Qué hace aquí? Váyase, ésta es mi casa, no creas que no se cómo defenderme. ¡Vete, rebelde! —gritó nuevamente la mujer y Kakarotto la miró con seriedad.

—No soy rebelde, ¿quién te ha dicho esto?

—Nadie me lo ha tenido que decir para darme cuenta, tu ropa es de rebelde y entraste a mi propiedad como si fueras un delincuente. ¡Ah! La ciudad hecha a perder a todas las personas—sollozó a mujer mientras apuntaba al soldado con una escoba. Kakarotto la observó con cuidado, era igual a él y tenía el pelo de color negro como debía ser, sonrió ante su falso descubrimiento.

—Ahora lo comprendo, ¡eres saiyan!

—No pertenezco a ninguna clase de pandilla rebelde, niño. No me compares contigo, soy una dama decente. Ahora, vete de mi propiedad.

—Si no eres saiyan, entonces cómo sabes que soy rebelde—dijo entregándose al hecho de ser rebelde, al haber desertado de su escuadrón y ser involucrado en la conspiración en contra del lagarto. La mujer se sobresaltó cuando Kakarotto se le aproximó con agilidad natural.

—Ya te lo he dijo, por tu ropa. Ahora, aléjate de mí.

—Tienes que ayudarme, hay una invasión dentro de poco y tengo que esconderme. Si vienes conmigo, te salvarás también.

—Estás demente, ¿quién vendrá a invadirnos? Hace mucho que no estamos en guerra—dijo con extrañeza, luego, se asustó. —¿Vendrán los rebeldes de la ciudad a atacarnos?

—Mucho peor, Freezer.

—¿Freezer?—repitió el nombre en busca de algún recuerdo en el que apareciera ese hombre asaltando bancos o secuestrando mujeres. —¿Acaso es él el líder de alguna pandilla rebelde?

—Es el emperador del universo conocido—corrigió Kakarotto y la mujer frunció el ceño.

—Debe ser una pandilla muy poderosa la de ese tal Freezer. No me importa, puedo pelear, defenderé mi casa de los rebeldes—contestó la chica con determinación mientras agarraba con fuerza el palo de su escoba. Kakarotto desesperó.

—Te matarán si los enfrentas, ni siquiera yo puedo hacerles frente. Debemos esperar a que mi padre venga a ayudarnos, él es muy fuerte y sabrá qué hacer.

—¿Es rebelde como tú?

—Así es.

—Vaya, hay muchos rebeldes hoy en día pero pareces ser una buena persona. Dices que vendrán a invadirnos, ¿verdad? Hay unas cuevas en estas montañas en las que puedes esconderte, si es que lo que dices es cierto.

—¿Vendrás conmigo a esconderte?—cuestionó Kakarotto entonces con la esperanza de salvar al menos a una persona de todo el planeta y la muchacha lo miró contrariada, antes de que se pusiera a gritar otra vez, preguntó: —¿Cómo te llamas?

—Soy Chichi, rebelde.

—Muy bien, yo soy Kakarotto.

—¿Kakarotto? Es un nombre rebelde bastante raro, mejor te digo de otra forma. Así se me olvidará más fácilmente que estoy tratando con un rebelde. ¿Qué te parece Goku? Es el nombre más decente.


Bardock apenas había puesto un pie sobre el suelo de aquel planeta fuera de los límites de la Federación cuando un gran centenar de seres de diversas razas se había reunido a su llegada. Paragus pronto se había mezclado con la multitud y sin siquiera mirarlo, se alejó en línea recta. El soldado de la cicatriz se dispuso a seguirlo pero la multitud se volvió densa y le interrumpieron el paso. Bardock se topó con el cuerpo de una criatura mucho más alta y más musculosa que él, que lo miró desde lo alto cruzándose de brazos.

—Tu raza no está permitida aquí, soldado—comenzó el hombre y Bardock frunció el ceño, dispuesto a buscar una pelea. Su intento fue frustrado cuando el anciano volvió por él. —Este planeta es un santuario, las peleas no están permitidas. Tu raza tampoco—repitió el gigante como si no supiera más palabras en ese dialecto y su voz era a veces torpe. Bardock pensó que lo tenían ahí para infundir respeto por sus dimensiones pero a él poco le hacía gracia, los más corpulentos solían ser los más lentos.

—Tranquilo, muchacho, guarda tus fuerzas para los federados—dijo Paragus y luego se refirió a la multitud callada que lo analizaba desde atrás, con desconfianza.—Desde ahora en adelante ellos serán tus aliados.

—No soy un rebelde y lo sabes—recalcó Bardock al tiempo que se alejaba de la multitud que le perdonó la procedencia en cuanto el anciano general intercedió por él, aún así las miradas recelosas de los habitantes del santuario no terminarían de irse hasta mucho tiempo después, cuando mi padre renegara completamente su juramento de lealtad con el imperio del lagarto.

El general sonrió ampliamente y se limitó a seguir al fugitivo, con la intención de hacerle saber todos los términos de su estadía en el santuario que estaba protegido naturalmente de la posible invasión del imperio federado, una serie de agujeros de gusano lo rodeaba en todos los flancos y su apertura era completamente desconocida para toda criatura, incluyendo a los habitantes del santuario.

Paragus lo adelantó en su trayecto y se dirigió a una pequeña vivienda en forma de semiesfera, totalmente rústica, y sin decir alguna palabra lo invitó a compartir su morada durante la noche. Dentro había líquido y comida, suficiente para ambos y a Bardock le sorprendió lo arreglada que estaba la situación, todo acorde a su llegada y a las cantidades precisas de alimentos aún calientes. El soldado se sentó sobre una manta mullida con rechazo y esperó a que el antiguo federado se lavara las manos y la cara en una fuente de agua perfumada a un lado de una pila de mantas y pieles, lo que correspondería a una cama.

—Aún no han preparado tu tienda, capitán, es por eso que he arreglado que cenes aquí conmigo. Tenemos mucho de qué hablar—comenzó el anciano y le sonrió al susodicho con curiosidad, éste en cambio, lo miró con desconfianza.

—Por qué no empiezas de una buena vez, Paragus, no sé qué es lo que te detiene—contestó mi padre con ironía y el general se dejó caer justo al frente de Bardock, empezando a revolver la comida en busca de pan. Partió un trozo y se lo echó a la boca con velocidad, su acompañante sólo lo observaba de brazos cruzados.

—¿Nunca te has preguntado por qué tu hijo menor es tan diferente?—preguntó el general con aires de extrañeza, Bardock frunció el ceño.

—¿A qué te refieres, anciano?—respondió el de la cicatriz y Paragus sólo se echó a reír a carcajadas, al ver que el aludido se hacía el desentendido con el tema.

—Bien sabes a lo que me refiero, capitán, de no ser así, no entiendo por qué lo protegerías tanto. Esos entrenamientos especiales, Bardock…son realmente halagadores para un mediocre como él, me sorprende el amor de padre que le tienes—dijo Paragus, mirándolo con cuidado. Bardock le sostuvo la mirada largos segundos, molesto. De algo que no estaba orgulloso, era la atención exagerada que le tenía a Kakarotto y eso, ni él mismo sabía por qué lo hacía y se sorprendió de que yo no fuera el único en darse cuenta. —Sí, tú sabes exactamente a lo que me refiero. No eres el único que se comunica con las ánimas, había alguien más y era rebelde, gracias a él pude saber todo lo que tú sabes. Sé que él es el único que puede hacerle frente. A Freezer.

—No sabes de lo que estás hablando, Paragus. Kakarotto es un bueno para nada, no puede sostener un entrenamiento con Radditz.

—No me mientas. Lo has visto, lo sé. Quizás ahora no es un digno oponente del lagarto pero en un tiempo más lo será. Mientras tanto, tenemos que dar con él. No está a salvo si no podemos protegerlo.

—Lo mandé a dónde debería haber estado desde el principio. A la Tierra—pronunció Bardock con acidez, cuando comprobó que el anciano se congeló, lo miró de soslayo. —¿Hay algo que tenga que saber, Paragus?—preguntó mientras se incorporaba también. —A qué le temes tanto. ¿Acaso es a tu hijo?

—Brolly ya no es mi hijo, Bardock. Sus poderes lo han cegado y es capaz de muchas cosas, incluso de matar a un rey. Tenía a un rebelde infiltrado en los laboratorios de Freezer y el muy tonto ha creado a un androide para espiar a Vegeta. No me sorprende que lo hayan matado pero él no es el que me preocupa. Si han descubierto al científico entonces también han dado con el androide y tu hijo no está a salvo si lo vinculan con esa chatarra—dijo el general y antes de irse de la tienda, se dirigió al soldado. —Debemos encontrarlo antes de que lo haga Brolly o ya no habrán esperanzas para nuestra raza.


Editado.

Nota: ... :)