Como hace dos días atrás, una sensación horrible se cierne sobre el pobre John Egbert nada más abrir los ojos. Suelta una queja para si mismo y se tapa la cabeza con la almohada, prometiéndose por segunda vez esa semana que no va a volver a beber. Mientras todo le da vueltas y siente la boca seca y con un gusto horrible piensa que por lo menos tiene la suerte de que es viernes y no tiene clases.
El joven se toma un minuto para respirar hondo y recuperarse todo lo que pueda antes de levantarse de la cama, que por cierto, está vacía. Y menos mal, porque cree que si llega a ver a Dave sin estar preparado, probablemente le vomitaría encima por la resaca y la vergüenza.
Lentamente, va rememorando la noche: el regalo que le hizo al rubio, el beso que le dio como agradecimiento, toda la gente que vieron fuera de la discoteca, cuando conoció a Dirk y lo guay que le pareció... A partir de ese punto, todo se vuelve un poco más confuso, como si no pudiera recordar los detalles, pero desde luego sí lo que ocurrió en un plano general. Con vergüenza, piensa en la intensa vuelta en coche, todo el camino desde el portal hasta su casa y, sobre todo, lo que pasó justo en la cama donde de repente John cree que no aguanta más estar.
Al final decide levantarse y sentarse al borde del colchón, mirando al suelo. Se frota un poco el pelo revuelto y luego se pone la mano en la mejilla, dándose cuenta de lo caliente que tiene la piel ahí. Mierda, menudo momento para ponerse rojo, porque justo acaba de escuchar la voz amortiguada de Dave viniendo de fuera de su habitación... tal vez esté hablando por teléfono.
Sin embargo, sabe que no puede quedarse ahí para siempre y que tiene que afrontar la embarazosa situación del día después. Así que coge su bata roída de ir por casa y de mientras, intenta acabar de recordar cómo acabó la cosa... lo cual no recuerda. Eso le hace emparanoiarse un poco; ¿y si hizo algo más a partir de ese momento en el que se volvió todo negro? Aguanta la respiración un momento e intenta prestar atención a su propio cuerpo, pero no nota ningún dolor ni nada parecido, todo parece estar en su lugar, así que probablemente no pasó nada después de que Dave bajara y...
Sólo de recordar esa escena en concreto vuelve a ruborizarse y preguntarse cómo se supone que tiene que mirar a su amigo a la cara ahora... Pero no tiene tiempo para sentir vergüenza, sabe que no puede quedarse en su cuarto para siempre, así que se ata con firmeza la bata, se pone las gafas, y aunque está despeinado y seguro que tiene una cara horrible, sale y se dirige hacia el salón.
—Anda, si la Bella Durmiente ha resucitado sin beso. —La voz le hace quedarse parado justo cuando sale al salón y girarse hacia la barra americana. Es Dave, que está ahí sentado con...
—Buenos días, John. —le saluda Dirk, que está en el taburete contiguo al de su hermano. Aunque intenta esbozar una media sonrisa, sus ceño está ligeramente fruncido y sus labios tensos.
—Dios. Digo... hola. —balbucea el dueño del piso, que no puede creer que Dirk Strider esté también en su casa y viéndole de esa guisa.
—Ahora iba a entrar éste a darte el beso de resurrección, estábamos esperando a que fuesen las doce en punto. —añade Dave, ganándose una mirada de pura vergüenza por parte de John.
—¿Cómo te encuentras? —le pregunta el Strider mayor al recién levantado, ignorando a su hermano.— Anoche bebiste mucho.
—Pues... pffffff. —El moreno resopla y hace un gesto de dispararse en la sien, pegándose dos dedos en la cabeza. Luego sonríe y se encoge de hombros mientras se acerca a la barra americana.— ¿Y qué hacéis los dos aquí tan temprano?
—Primero, ¿estás sordo, ciego o ambos? Repito, son casi las doce del mediodía. —La intervención de Dave es un poco brusca, tanto por su tono como por sus palabras.— Y segundo, por qué te extrañas de que yo esté aquí. Anoche volví contigo, es que lo has olvidado o qué.
—¿Las doce del...? —John mira un momento el reloj colgado en la pared, pero las últimas palabras de su amigo le hacen volver a mirarle. ¿Estará picado porque cree que no se acuerda de anoche...?— Yo... no lo he olvidado. Sólo quería saber...
—¿Qué hace mi hermano aquí? —le corta el rubio, que aunque parece seguir a la defensiva, relaja su postura.— Pues tocar los cojones por gilipolleces, cómo no.
Contrariamente a lo que se podría esperar de Dirk, no le reprende por sus palabras, ni siquiera abre la boca para decirle algo. Lo único que hace es ladearse en su taburete para mirar fijamente a su hermano con cara de pocos amigos y los labios apretados, como si de verdad quisiera decir algo pero se sintiera cohibido. Dave, satisfecho por haber quedado por encima esta vez, apoya los codos en la barra americana que tiene a su espalda y le devuelve la mirada con una ceja arqueada, en un gesto desafiante.
John nota perfectamente la tensión en el ambiente y desde luego le gustaría poder hacer algo al respecto, pero siente que no será persona hasta que beba un poco de agua fresca y se quite la asquerosa sensación que tiene en la boca.
Dicho y hecho, se desvía hacia la cocina mientras mira de reojo a los hermanos, que continúan la pelea silenciosa de malas caras.
—Aghhh, vale, me estás agobiando con ese careto. —bufa Dave tras varios segundos en silencio. John, que estaba bebiendo agua, se gira hacia él y le mira a través de la barra americana.— John, has salido en fotos conmigo. Anoche.
—¿...cómo fotos? —Tiene que dejar de beber agua al momento, porque casi se ahoga al escuchar eso. Mira con los ojos muy abiertos a su amigo, que frunce ligeramente la nariz. No se referirá a...
—No te asustes. —interviene Dirk.— No estabais haciendo nada ilegal o por el estilo. Sólo estabais hablando.
—¿Entonces para qué me das tanto el coñazo con el tema? —se queja Dave como si fuera un niño pequeño, alzando las manos.
—Porque no es algo que debamos pasar por alto. No es bueno para John. —Mientras habla, el Strider mayor le echa una breve mirada al aludido, que nota este pequeño gesto sin necesidad de verle los ojos.— Lo último que necesita una persona normal y de a pie es que su imagen se haga pública. Si eso ocurre, le estarás obligando a lidiar con mucha mierda innecesaria, opiniones externas y demás. Tú sabes cómo funciona esto, Dave.
—Pffft, ¿y qué opiniones externas va a haber de John? "Extra, extra, Dave Strider ha decidido comprarse un humano con ojos de cachorrito en vez de uno de verdad, seguramente porque bajar a un jodido perro tres veces al día para que mee es demasiada responsabilidad para nuestro chico de oro preferido". Por Dios, tío.
—No me refiero a eso y lo sabes. —Después de mirar mal a su hermano un rato más por ese último comentario, se levanta del taburete.— Y los titulares no son tan largos.
—Me vale una gran mierda cómo sean los titulares de largos. —le responde alzando un poco la voz.
—Ahm... —John carraspea y ambos hermanos le miran a la vez, pero él primero mira al más mayor.— Dirk, no te preocupes... Sé perfectamente cómo funcionan estás fanbases. He estado en ellas al fin y al cabo, y bueno, la cosa es que cuando se trata de los amigos que ha tenido Dave... Bueno, no solemos darle mucho bombo, como mucho buscamos su nombre completo, dónde vive actualmente, dónde nació, cuál es su signo del zodiaco...
—Como mucho, dice. —susurra el Strider menor, aunque no corresponda a su postura en el tema.
—Lo malo sería si fuese una chica. —acaba sentenciando el moreno.— Eeeentonces sí que me daría miedo que me viesen por ahí con Dave, sinceramente, porque se metían con todas y cada una de ellas.
—¿Ah sí? —vuelve a intervenir el joven famoso, sonriendo socarrón.
—No te hagas el interesante, sabes que sí. —le contesta Dirk. Después suspira y observa un par de segundos en silencio a John, que le sonríe de una manera tranquilizadora.— Tal vez me esté preocupando sin razón.
—Desde luego. —Al final Dave consigue que su hermano le dé una colleja para que deje de meterse en la conversación para decir cosas innecesarias.
—¡No pasa nada, está bien! —dice el moreno, riéndose un poco al ver cómo el otro rubio se lleva su merecido.— Es agradable que te preocupes por esas cosas. Estás en todo, eh.
—Para no estarlo con este imbécil sin cuidado. —Cuando Dave ya se está recuperando del golpe, Dirk le pone la mano en la cabeza y le revuelve todo el pelo.
—BUENO, ya VALE. —se queja él mientras se quita la mano de la cabeza con mala leche.— ¿No teníamos que irnos? Pues déjate de gilipolleces y mueve el jodido culo.
—Sí, de hecho... —Dirk mira su móvil un momento.— Ya está nuestro coche abajo.
—Muy bien, pues ve bajando mientras recojo mis cosas y me VUELVO a peinar. —refunfuña Dave mientras se levanta del taburete.
El Strider mayor asiente con una sonrisita al comprobar lo despeinado que está su hermano a la vez que se guarda el móvil en el bolsillo trasero de los pantalones.
John, que está saliendo con parsimonia de la cocina y pensando en que va a poder pasarse lo que queda de mañana debajo de la ducha, de repente se da cuenta de la situación. Dave le ha dicho a Dirk que baje primero lo que quiere decir... que va a quedarse a solas con Dave, aunque sólo sean un par de minutos.
Inevitablemente, escenas de la noche anterior que habían quedado en segundo plano gracias a la curiosa escena que acaba de presenciar, vuelven a su mente.
—En fin. —Escuchar la voz de Dirk justo a su lado le hace salir del pequeño trance y mirarle.— Supongo que ya nos veremos.
—Ahm, sí. Estooo... —se queda con la boca entreabierta; le ha pillado en blanco, pero el mayor espera pacientemente.— Anoche me lo pasé muy bien. —acaba diciéndole para no quedar como un imbécil.
—Yo también. No me importaría repetir algo así. —John parpadea varias veces al escucharle. ¿Repetir? ¿Con él? ¡Guau!
—¿En serio? —le pregunta con incredulidad mientras le abre la puerta del piso.— ¿Crees que podríamos hacerlo antes de que volváis a Texas?
—No te rayes por eso, tenemos para rato. Hay una vieja amiga a la que tenía ganas de ver y nos está hospedando en su casa. —Dirk hace una pausa y busca algo en su bolsillo.— Bueno, me está hospedando a mi, porque Dave parece haberse enganchado a tu sofá o donde sea que duerma.
—Hahaha... sí... eso parece. —se ríe nervioso por el comentario, viendo que el otro se ha sacado del bolsillo un trozo de papel que tiene pinta de ser el envoltorio de un chicle.
—Oye, no acostumbro a hacer esto pero... ¿tienes un boli por ahí?
—¿Un boli? —Curioso, John arquea las cejas y se inclina hacia dentro del piso, buscando con los ojos el lapicero que hay al lado del teléfono fijo en el mueble del recibidor. Coge uno cualquiera y se lo alarga al mayor.
—Mira, es por si acaso y porque pareces un tío de confianza. —Usando su móvil como punto de apoyo, empieza a garabatear algo en el maltrecho papel.— No filtraste el Pester de Dave y parece que sois buenos amigos. El muy capullo a veces no me coge el móvil porque sabe que soy yo, sabes, así que si está contigo y hace eso... Te aviso a ti. —Luego le tiende el papelito y añade:— Si te parece bien.
—Oh. —Al moreno le cuesta entender a qué se refiere el Strider hasta que reconoce que lo que hay escrito en el papel que tiene entre las manos es un nick de Pesterchum y un número de teléfono.— ¡O-oh! Dios. Vale... vale.
—¿Te parece bien entonces?
—Claro que sí. Esto es... está bien. —Mientras vuelve a coger el boli prestado le mira y asiente varias veces.
—Guay. —El guapo chico pecoso que acaba de flirtear con él aunque John no se dé cuenta, le regala una de sus poco habituales sonrisas y después hace un gesto de despedida con la mano mientras se aleja hacia la escalera.— Ya hablaremos.
—¡Sí! ¡Adiós, Dirk! —se despide él, emocionado.
Cuando el cabello rubio del Strider desaparece del todo escaleras abajo, John cierra la puerta y se queda con la espalda pegada a ella, mirando el valioso papelito con un sutil aroma a naranja que tiene entre las manos.
No puede creer que tenga esta suerte... ¡Conoce personalmente a los dos Strider! ¡Y ahora tiene el Pester y el móvil de ambos! Dios, hay tanta gente que pagaría por estar en su lugar o simplemente tener ese pedacito de papel garabateado...
—Se puede saber qué cotorreábais tanto. —pregunta de repente Dave, asomándose al recibidor. John casi da un salto del susto.— Os habéis hecho amiguitos o qué.
—Bueno, creo que sí...
—Pues no me mola. —le corta de repente él, dejándole con la palabra en la boca.
—Ah... ¿no? —Con disimulo, se guarda el envoltorio de chicle en un bolsillo de la bata, decidiendo que de momento no le dirá nada sobre eso.
—No. —contesta el rubio simplemente, pero luego se queda mirando fijamente a su amigo y se acerca poco a poco a él.— ¿Te pasa algo...?
—¿Qué...? N-no... Qué va. —Intenta retroceder, pero se encuentra con la puerta del apartamento. Dave no deja de caminar hasta que lo tiene literalmente acorralado, sin tocarle pero muy cerca de él. John al final desvía la mirada hacia el suelo; Dios, se está poniendo rojo.
—¿Es por lo de anoche? —murmura Dave, que por lo menos parece menos a la defensiva al cambiar de tema. El menor vacila unos segundos pero luego asiente.— ¿No estuvo bien?
—Estuvo bien. —se apresura a contestar John. Lentamente y con vergüenza, sube sus claros ojos azules hacia el famoso.— Muy muy bien, Dave...
—Menos mal. —Para su sorpresa, el chico suspira y su expresión se relaja del todo, pero vuelve a ser él mismo rápidamente.— Estuvo guay, menos esa parte en la que te quedaste sopa y me obligaste a hacerme una p-...
—¡V-vale, vale, lo siento! —le corta repentinamente, poniéndole una mano en la boca.— Por favor, no hables de eso. Dios, me siento como un estúpido, de verdad no sé cómo pude quedarme DORMIDO en esa situación.
—Es comprensible. —contesta el Strider cuando se quita la mano ajena de la boca, dejando un beso en ella después.— Esta mañana creía que ni te acordarías y me estaba rayando porque eso es como... una jodida violación o algo así, sabes.
—Agh, qué mal.
—Ya ves.
—Pero no te preocupes... lo recuerdo todo. —reafirma el menor, asintiendo con la cabeza mientras ve cómo su ídolo vuelve a besarle la mano. Ese gesto se le hace tan dulce que se muerde el labio.— Además, tampoco me arrepiento, que es lo importante...
—Yo tampoco, John. —susurra Dave, agarrándole con más fuerza la mano. John observa su rostro con curiosidad, deseando que no llevase las gafas para poder saber qué tipo de mirada le está dirigiendo en ese momento.— Y no te rayes por el tema de las fotos.
—No es un problema. —dice él, aunque en realidad le tiene un poco mosqueado el tema.— Dirk se enfadará si tardas más...
—Lo sé. —Pero aun así el rubio no se mueve y John le obliga a soltarle la mano y apartarse de él.
—Daaave, no te portes mal. —le reprende mientras abre la puerta para despedirlo.
—Cómo me pone que te pongas en modo profesor mandón.
—¡Dave!
—Que es broma.
—Eres imbécil. —Aunque le dice eso y su ceño está fruncido, sonríe un poco cuando Dave le pasa la mano por el pelo al salir.
—No creo que pueda venir esta noche. —anuncia entonces él, quedándose justo en el marco de la puerta.— Voy a estar todo el día hasta el culo de con mis mierdas y el papeleo y luego tenemos cena con los jefes de otra discoteca. No sabes cómo se alargan estas cosas, en serio, a saber cuándo acabamos.
—Jooo...
Entonces la cara triste de cachorrito abandonado tan característica en el Egbert surge sin avisar y Dave no puede más que sucumbir a ella, soltando una breve risa y agarrándole del brazo para estirar de él con suavidad y darle un abrazo.
Al principio John se queda un poco cortado y sólo cuando nota cómo su corazón le golpea con fuerza las costillas empieza a reaccionar, hundiendo el rostro en el hombro de su amigo a la vez que le rodea la cintura con los brazos.
Se quedan así un rato, en silencio, disfrutando de las suaves caricias que parecen surgir entre ellos con naturalidad... hasta que escuchan que el timbre del apartamento suena, avisándoles de que están llamando desde el portal. Lentamente se separan y se miran el uno al otro unos segundos más.
—Llámame mañana. —le pide John en un susurro.
—Lo haré. —promete Dave mientras se inclina para darle un breve pero muy deseado beso.— Ya dejo que te duches, Ohbert. Hueles a sexo.
—¡No es verdad...!
Enfurruñado porque el muy capullo de Dave ha roto por completo el ambiente agradable que se había creado entre ellos, John le da un empujón para que se aleje de él y se vaya de una maldita vez.
Satisfecho consigo mismo, el Strider retrocede de espaldas por el rellano mientras se ríe por lo bajo y luego le hace el gesto de enviar un beso desde lejos, pero John le responder levantando el dedo corazón, con la cara toda roja y el ceño fruncido. Eso hace reír aún más al rubio, que huye escaleras abajo cuando ve que su amigo se agacha para quitarse una zapatilla de ir por casa y la levanta, amenazando con tirársela.
A pesar de todo, cuando el joven por fin cierra la puerta y se queda solo en su piso, hay una tímida y larga sonrisa en sus labios.
Tal vez sea una tontería el pensarlo siquiera, porque es algo que literalmente sólo ha sido posible en sus mejores sueños... hasta ahora. Dave Strider ha dormido con él, le ha besado, le ha... bueno, han tenido sexo... o algo así. Sea lo que sea, todo lo que está ocurriendo entre ellos cada vez se le hace más especial, más íntimo... y no puede negar que se está empezando a ilusionar estúpidamente.
·
—Bueno, vamos a hablar ya de las fotos o no.
—Aaaaagh, ¿tanto te interesa? —John pone los ojos en blanco y bebe de manera infantil con la pajita de su vaso.— Es una tontería, Vriska.
—Te conozco. —Su amiga le señala con el dedo como si le acusara de algo.— Cuando no quieres hablar de algo es porque hay algún problema con ello. Así que escúpelo de una vez.
El universitario suspira y apoya la mejilla en su mano, optando por ignorarla y echar una mirada a la gente que está sentada en la barra del bar al que van casi todos los viernes al acabar de trabajar. Todos parecen charlar animadamente con sus amigos, se ríen y parecen pasarlo bien... Ojalá pudiera él estar en la misma situación ahora, pero la Serket no ha dejado de presionarle y picarle con el mismo temita desde que han pedido la primera ronda.
Impaciente, la actual dueña de los pensamientos de John empieza a darle patadas por debajo de la mesa para que vuelva a hacerle caso.
—Eres un poco acosadora, ¿lo sabes? —le dice el chico al final, echándole una muy mala mirada.
—Lo sé. —confirma ella.
—Es raro, vale. —Vriska entreabre los labios y ladea ligeramente la cabeza, perdiendo el hilo por su contestación.— Me refiero a las malditas fotos. Querías que te hablara de ello, pues muy bien, allá va: no me hace mucha gracia.
—Normal, quién querría que le relacionaran con un gilipollas como Dave Strider. —Como es un típico comentario de su amiga, John no lo toma en cuenta.
—Le he dicho que el tema no me preocupaba pero la verdad es que no me gusta pensar en que la gente podría reconocerme por la calle. Imagínate que se me acercan a preguntarme cosas de Dave...
—¿Sabes cuál es la solución?
—¿Cuál?
—Dejar de ser su perrito faldero. —sentencia con brutal honestidad ella, acabándose su bebida.— Oh, ¿y eso de dormir todas las noches en tu casa de gorra? Que suelte la pasta o le cortas el rollo.
—¡Cómo voy a hacer eso! —John parece hasta escandalizado con las palabras de la joven.— Además, no duerme TODAS las noches en mi c-...
—¿Cuántas noches lleva aquí? —pregunta uniendo las manos en un gesto pensativo y mirándole muy seriamente.
—Desde el martes, así que tres.
—¿Y cuántas veces ha dormido en tu casa?
—Tr-... —Antes de acabar de decirlo se muerde la lengua, pero Vriska asiente de todas formas con la cabeza.— BUENO, pero mira, justamente esta noche no va a venir a dormir.
—¿Ah, no...? —le pregunta con media sonrisa. Parece distraída mirando algo fuera del local.
—¡No! Me ha dicho que tiene una cena con los jefes de una discoteca y eso se alargará hasta las tantas.
—John, déjame decirte, por favor, lo pringado que eres. —Cuando Vriska vuelve a mirarle a él, tiene una amplia sonrisa de burla cosida en los labios.
—Pero bueno, y ahora por qué. —dice él con mala cara. Ella señala hacia afuera y John busca con la mirada lo que quiere mostrarle.— ¿Qué? ¿Qué pasa?
—¿Ese no es tu novio? —pregunta la morena.
—¡¿Nicolas Cage?! —John despega el culo de su asiento de la emoción y pega la cara al cristal.
—Pero qué dices, imbécil. —Ella también se levanta y le coge la cabeza para que la gire en la dirección correcta.— Ambos sabemos que Nic es el mío, me refiero al rubio estirado.
Ahora que John sabe lo que sus ávidos ojos buscan, encuentra con facilidad el familiar cabello rubio del chico que le gusta entre la multitud de la calle. Está ahí de pie y mirando alrededor, gesto habitual que ha desarrollado mientras su estatus crecía y más gente le iba parando por la calle.
John se pregunta qué hará ahí parado, al borde de la acera, cuando se supone que estaba muy liado y con una cena importante pendiente. Entonces la gente se disipa un poco y consigue atisbar a una chica bajita y pelirroja... enganchada a su brazo y con la cabeza casi pegada a su hombro.
—Desde luego tiene una cena que se va a alargar toda la noche. —dice de repente Vriska.— La tiene colgando del brazo.
—Calla. —le chista él. Entonces John atisba algo más que le quita un gran peso de encima: la chica sostiene un bastón de ciegos.— Sólo la está ayudando a cruzar.
—Qué dices.
—Que sí, fíjate, ella lleva un bastón. Se la habrá encontrado por la calle y la estará ayudando a cruzar, eso es todo. —Mientras habla, el semáforo se pone en verde y los jóvenes observados cruzan.— ¿Lo veeeees?
—Vale, qué te apuestas a que cruzan y luego continúan caminando juntos.
—Entonces la estará acompañando a algún sitio porque ella le ha pedido ayuda. —contesta John, aunque está empezando a dudar al ver que ocurre justo como su amiga dice y continúan calle arriba cogidos del brazo.
—¿No has dicho que el rubio de bote tenía una cena importante? Pues son casi las nueve y media y míralo, de camino al parque donde todos nos enrollábamos cuando éramos niñatos. —se ríe Vriska.
—No van hacia...
El Egbert se queda callado durante un momento, viendo a la pareja alejarse. Es cierto que en esa dirección está ese conocido parque, el predilecto, efectivamente, para los adolescentes en celo que querían ir a darse el lote allí a salvo de ojos que les juzguen.
Sin pensar y dejándose llevar por su fuerte impulsividad, John aparta la silla haciendo mucho ruido, coge su chaqueta y echa a caminar hacia la salida del bar sin mirar atrás. Vriska, habiendo conseguido lo que quería, suelta otra risita para si misma y le imita, teniendo que correr un poco para alcanzarle en la calle.
—Tú también sospechas, eh. —le pica ella, sabiendo lo que le quema eso a su amigo.
—No es eso. —suelta bruscamente John, pero después se lo piensa y añade:— Sólo tengo curiosidad.
—Ten cuidado con la curiosidad, John... Igual descubres cosas que no te gustan.
—Y tú por qué vienes, de todas formas. —le pregunta mientras se esconden muy sospechosamente pegándose a la pared al ver que Dave y la chica pelirroja han vuelto a parar.
—Me gusta capturar en mi mente las expresiones de la gente cuando les rompen el corazón.
—Eso es horrible... y también muy tuyo.
—Gracias.
Tras la breve conversación, ambos se centran en la tarea digna de detectives... Detectives bastante chapuceros, la verdad, porque están caminando de una manera tan rara y se esconden tan sospechosamente detrás de farolas y papeleras que incluso hacen que la gente que les pasa por al lado les eche una mirada de extrañeza y desconfianza.
Pasan así varios minutos hasta que comprueban que, efectivamente, los dos jóvenes entran en el parque que han comentado hace un rato. Vriska y John se miran y ella hace un gesto que imita el gesto de hacer fotos con una cámara, enfocando la cara medio descompuesta de su amigo. Desde luego, la Serket es retorcida.
El moreno acaba despegando los ojos de su amiga cuando ya empieza a enfadarle y los clava en la pareja que se adentra en el parque. Cada vez se alejan más y más y John sabe que debería hacer caso a Vriska, que ahora le hace gestos para dar la vuelta e irse ya, pero es que lleva un rato con la mosca detrás de la oreja. Esa chica pelirroja... no se han acercado lo suficiente, pero desde luego le suena bastante. Además, también está el detalle de que Dave haya recorrido una calle llena de gente sin ni siquiera intentar ocultar su identidad.
En ese par de dudas es donde encuentra la excusa para zafarse de su amiga cuando intenta tirar de él. Sin decir nada, se encoge un poco y camina en esa postura tras los arbustos que bordean todo el parque.
—¿Estás loco? —A pesar de lo indignada que suena, en cuanto ve lo que hace su amigo, Vriska le sigue.— ¿No estás satisfecho aún? ¿Necesitas ver cómo se enrollan en tus narices o qué?
—Creo que sé quién es ella.
—Pffff, por qué será que no me sorprende. —Rueda los ojos justo cuando John le hace parar en seco.
—Se están sentando en el banco que hay más adelante. ¡Vamos! —le susurra él.
—Estás enfermo, joder. —Pero cuando el moreno avanza, ella le sigue.
Caminan a gatas un par de metros, prácticamente arrastrándose por el húmedo césped. Vriska suelta una maldición por lo bajo y John le chista porque ya empiezan a escuchar a los otros dos. Avanzan un poco más, ahora en total silencio, y cuando pueden entender las palabras de Dave y la pelirroja, se quedan quietos e intentan ver algo a través del frondoso arbusto que les separa del banco en el que están sentados los observados.
—Está bien para mi, Dave, ya te lo he dicho, ¿no? —La voz que captan primero es claramente femenina, aunque tiene un tono rasgado, ronco y rasposo que la hace bastante peculiar.— Si lo que te preocupa es... Este chico, cómo era... ahh, ¿Joe?
—John. —le corrige rápidamente el rubio, haciendo que el aludido arquee las cejas y Vriska empiece a prestar atención de verdad.— No sé cómo se lo tomará.
—No sabes cómo se tomará el qué.
—Pues... todo esto. Y sobre todo que le mienta. —John frunce ligeramente el ceño al escuchar eso. ¿Que le mienta...?
—No le vas a mentir, Dave. No tienes que darle explicaciones. —responde ella con lo más cercano a la comprensión que puede mostrar con esa voz.— O crees que le va a sentar mal simplemente que te enrolles con una tía.
—...Podría ser. —contesta Dave después de pensarlo un momento.— O sea, lo que quiero decir es que... igual se ofende porque se supone que esas cosas se le cuentan primero a los colegas o yo qué sé.
—Por qué te importa tanto lo que piense un amigo cualquiera. —Mientras habla, se escucha un sonido de ropa, como si alguien se levantase del banco.
—Bueno... —Dave parece quedarse en blanco durante un rato. Después se escucha de nuevo el ruido de ropa rozándose y acaba diciendo algo que a John le sienta casi como una bofetada.— Tienes razón.
—Así me gusta, buen chico. —se ríe la pelirroja como si ronroneara.
—Creo que está encima suyo. —susurra muy bajo Vriska, haciendo que los afectados ojos azules de su amigo la miren. Al ver que él no le responde, se yergue un momento y asoma la cabeza, pero recibe un tirón casi al momento que la obliga a esconderse otra vez.— ¡Me has hecho daño, imbécil!
—¡Qué haces! —le grita en un susurro, igual que acaba de hacer ella.
—Está encima suyo. —confirma ella, frotándose el hombro en el que ha recibido el agarrón.— Puedes asomarte si quieres, no están muy pendientes de su alrededor.
El joven la mira fijamente durante un momento, sopesando si es buena idea jugársela de esa manera. Sabe que corren el riesgo de que Dave les pille y la situación se ponga muy fea y rara, pero es que, aparte de querer comprobar lo que Vriska acaba de decirle, los dos jóvenes parecen haberse quedado en silencio y eso le está picando muchísimo la curiosidad...
Al final, ambos toman la misma decisión a la vez y se asoman por encima del arbusto con cuidado. Efectivamente, Vriska decía la verdad: la chica ciega está sentada encima de Dave de una manera un tanto vulgar, con las piernas flexionadas y a cada lado de él, pudiendo estar así cómodamente en su regazo mientras le rodea el cuello con los brazos y le mira muy de cerca.
A John le hierve la sangre al instante, pero fijarse en la parte visible del rostro de la pelirroja le hace recordar quién es y eso le deja algo descolocado, por lo que su furia pasa a estar en segundo plano.
—Ya sé quién es. —dice el moreno en voz baja cuando vuelven a ocultarse, mirando con cara de circunstancias a la chica de ojos grises.— Es... es una exnovia de Dave... Salía en sus primeros vídeos, por eso la reconozco. Creo que también eran compañeros en el instituto o algo así...
—¿Exnovia? ¿Estás seguro? Porque no está pareciendo muy ex ahora.
—Terezi. —dice de repente el Strider, en un tono más alto que anteriormente. Eso llama la atención de Vriska y John de nuevo; "Terezi", piensa él, confirmando que es la chica que él creía.— Córtate un poco.
—No me has llamado para que me corte un poco, Dave. —Hay un breve silencio y, al ver que el rubio no contesta, Terezi continúa.— ¿Te da cosa enrollarte con una ciega o qué?
—Sabes perfectamente que no, Tez.
—No tan perfectamente.
—Y ni siquiera estás del todo ciega... —La voz de Dave se va apagando y en cuanto acaba la frase se escucha un sonido que los espías en prácticas reconocen al momento y les obliga a mirarse, sorprendidos. Están seguros de que los jóvenes del banco se están besando... pero la cosa apenas dura dos segundos, porque se escucha un leve chasquido y después un bufido.
—Ahora qué pasa. —casi gruñe Terezi, notablemente molesta.
—Que parecemos críos haciendo esto aquí. —La floja excusa del Strider hace que ahora resople la pelirroja.— Por qué no hacemos esto otro día, vamos a un hotel... ya sabes, lo clásico.
—Esto no es lo que hablamos, Strider. No dejas de poner excusas, no sé si es que te has vuelto un rajado o qué pero...
—Joder, no me estoy rajando.
Se escucha un nuevo resoplido y después otro largo silencio que parece algo incómodo. John y Vriska se miran fijamente sin entender qué pasa, pero entonces se vuelve a oír el sonido de algo deslizándose o rozando alguna prenda de tela y al final una pequeña exclamación ahogada por parte de Terezi. Eso se enlaza con el característico y húmedo ruido que hacen dos personas al besarse, ahora largo y tendido.
La Serket observa cómo el moreno baja sus ojos azules y vuelve a clavarlos en el suelo, encogiendo ligeramente los hombros. Conoce a la perfección su lenguaje corporal después de años juntos y casi puede notar lo incómodo y mal en general que se está sintiendo.
No comprende exactamente el rollo que se trae con el rubio al que ahora están escuchando enrollarse con esa tal Terezi, pero desde luego, sabe que John le admira mucho y le ha seguido durante largos años. Teme que ahora que se conocen de verdad, su amigo esté empezando a desarrollar sentimientos desgraciadamente más reales e intensos por ese capullo... Sólo de pensar en ello, a la morena le recorre la ira; odia que alguien que no sea ella haga sentir así de mal a John.
—Nos vamos. —sentencia de repente la Serket, agarrando al chico del brazo y arrancándole del trance en el que parecía sumido.
—¿Qué...? Pero...
—Nada de peros. Tirando.
Sin fuerzas para resistirse, el Egbert se deja arrastrar por su amiga.
Aunque ahora mismo no pueda apreciar realmente el gesto de Vriska, le agradece silenciosamente que lo haya hecho, porque si seguía escuchando cómo Dave y Terezi se comían la boca, iba a saltar desde detrás de los arbustos para separarles con sus propias manos.
—¿Has oído eso? —pregunta Terezi un momento después, cuando ya han dejado de besarse.
—¿El qué? —Dave gira la cabeza y sigue la mirada de la chica. Está mirando fijamente el arbusto que hay detrás del banco y, al no encontrar nada sospechoso, alza ligeramente el rostro y olfatea.— Dios, no me digas que sigues haciendo esa gilipollez.
—Sí, Dave, es bastante útil cuando ves mierda y media.
—¿Y sigues chupándolo todo también?
—¿Quieres comprobarlo? —contesta ella con una sonrisa de diversión que roza la burla.
—Dios. Vale. Tiempo muerto. —Como si estuviese muy agobiado, Dave hace ademán de levantarse y Terezi se le baja de encima suyo.— Esto es muy raro. No puedo, de verdad que no.
—Shhhhhh. —La pelirroja se pone un dedo sobre los labios y luego camina hasta poder inclinarse y mirar tras el arbusto sospechoso, pero ahí ya no hay nadie.— No digas eso en voz alta. Puede escucharnos alguien y entonces no colará ni de coña.
—Esta idea ha sido una puta mierda. —resopla él, echando un rápido vistazo alrededor.
—Normal, se te ha ocurrido a ti.
—Encima sigues besando igual de mal. —Terezi se gira como si estuviese muy ofendida por el comentario, se le acerca con un salto dramático y a la vez hace que el bastón de ciegos que tenía recogido se alargue con un sonido seco, usándolo para amenazarle.— Vale, VALE, lo retiro.
—¿Ya te rindes? —pregunta ella con desilusión, como si fuese una niña de diez años.— Antes te gustaban las peleas de espadas con mi bastón. Has cambiado, Strider.
—Se le llama crecer, Pyrope, y te vendría bien a ti también, sabes. —El rubio aparta el bastón de su cara de un manotazo.
—Me ofendes. —Airada, empieza a caminar con su palo por delante, pero su acompañante la coge del brazo y la hace ir en la dirección correcta, que es justo la contraria.— De nada, eh.
—Igualmente.
—Lo digo por el favor que te acabo de hacer. Y sin pedir nada a cambio.
—Bueno, aún no sabemos si cuajará la cosa. —Echa un vistazo a su móvil mientras camina y Terezi se agarra a su brazo.— ¿Crees que nos han hecho fotos?
—Desde luego. Te juro que he escuchado algo justo detrás de esos arbustos que tenías a tu espalda.
—Y si era un gato qué.
—No lo era. —responde al instante ella, muy segura de lo que dice.— Entonces... ¿vas a llamar a ese amigo tuyo tan fácil de ofender antes de que salte la noticia de que has vuelto con tu ex?
—Debería, pero ahora me tengo que ir a toda ostia. Si llego tarde a la cena con esos jefazos mi hermano se cabreará un huevo. Le llamaré cuando tenga un momento de tranquilidad. —dice Dave, sin saber que ninguna de las llamadas que haría esa noche a John sería atendida.
·
Cuando son casi las dos y media de la madrugada, el timbre del apartamento de John suena por primera vez. Como es el de la puerta de entrada y no el del portal, el moreno decide ignorarlo y arrebujarse un poco más en su manta preferida, creyendo que seguramente sea Karkat para quejarse de que tiene la tele muy alta, cosa que nunca es verdad.
Pero el timbre suena por segunda vez y luego le siguen un par de golpes con los nudillos en la puerta. Su vecino nunca antes le ha llamado la atención así y seguramente a estas alturas ya estaría gritándole desde fuera para que abriese la maldita puerta o algo así... así que no puede ser él.
Lentamente, el chico se yergue en el sofá y se quita la manta de encima, mirando hacia el oscuro recibidor con mucha atención, esperando. Entonces una voz amortiguada le habla desde fuera, sobresaltándole.
—John, ¿estás ahí?
Casi le da un vuelco el corazón cuando reconoce quién está ahí fuera. ¡Es Dave!
Con un manoteo torpe y nervioso, apaga la televisión pulsando el mando y se queda a oscuras y en silencio, casi sin repirar siquiera.
Aunque lleva toda la noche ignorando las llamadas del famoso y también sus mensajes, no se esperaba que eso le resultase tan crucial como para presentarse en su casa, y encima a esas horas. ¿Sería verdad entonces lo de la cena importante...? "Desde luego tiene una cena que se va a alargar toda la noche... la tiene colgando del brazo", le escucha decir a Vriska en su cabeza, igual que horas atrás.
—He escuchado la tele, John. —De nuevo, la voz del chico que hay fuera le hace dar un respingo.— Déjame entrar...
El Egbert maldice por lo bajo y se levanta del sofá de un salto. Luego camina de puntillas hasta el recibidor, sin intención de abrirle pero con la necesidad de echar un vistazo por la mirilla ni que sea.
En ese momento desearía que Vriska no se hubiese ido de su casa hace una hora, porque su compañía había sido de muchísima ayuda cuando la pantallita de su móvil se encendía y aparecía el nombre de Dave en ella, avisándole de una nueva llamada. La chica había conseguido que se distrajese con facilidad cuando eso ocurría, pero a partir de su marcha, a John le había costado el doble evitar coger el móvil para escuchar la voz del chico que le gustaba... pero al final había aguantado, porque él también puede ser orgulloso a veces.
—Estoy empezando a preocuparme, tío. —le escucha decir a media voz al otro lado.— ¿Por qué no me coges el teléfono?
A pesar de su enfado, se le encoge el corazón al escuchar el tono suave y desde luego preocupado de Dave. Deja de mirar por la mirilla y pone la mano en el pomo, sopesando ahora en serio si abrir o no...
Sabe que si piensa fríamente en el tema, se dará cuenta de lo estúpido e injusto que es cabrearse con el famoso, porque no es como si él le hubiese prometido exclusividad o algo por el estilo. De hecho, John es consciente de que él solo es quien se ha hecho ilusiones con esto, creyendo que sería algo más que una nueva experiencia temporal, más que una diversión pasajera.
—John... —Ya no aguanta más. El moreno aprieta el pomo, se prepara para abrir, y entonces...
—Oye, tú. —Una tercera voz en el rellano le hace quedarse paralizado y volver a poner la oreja. Le reconoce con facilidad: esta vez sí, es Karkat.— Por qué no vas a aporrearle la puerta a tu maldita madre.
—Porque está muerta. —contesta con neutralidad Dave, creando un larguísimo e incómodo silencio que al final rompe el mismo John, abriendo de repente la puerta.— Mierda, por fin.
—Pues qué bien. —escupe su vecino de malhumor, cerrando la puerta sin decir nada más.
—Este tío es más raro que...
—Qué quieres. —le corta el moreno de repente.— Es tarde.
—Pues... esto... ¿estás bien? —Dave le mira de arriba a abajo.
—Sí. —contesta él secamente, haciendo que las cejas oscuras del mayor se enarquen.
—No lo estás. —Su respuesta es inmediata y hace resoplar a John, que se gira y se vuelve a meter en el piso, dejándole ahí con la puerta abierta.— Eh, tío, en serio. Y por qué mierda pasas de mis llamadas, eh. —le pregunta después de cerrar, siguiéndole.
—Porque no me apetecía. —Con un intento de expresión indiferente, el dueño del piso se deja caer en su sofá y vuelve a encender la tele.
—¿Que no te...? —Extrañado, Dave niega con la cabeza. No entiende en absoluto la situación. Con cautela, se sienta a su lado en el sofá.— Oye, mira. Tengo que decirte algo.
—¿Ah, sí? —La voz de John sube un poco cuando se gira para mirarle, ahora ya claramente enfadado.— ¿Y qué es, Dave? ¿Qué has dejado preñada a esa exnovia tuya? ¿O que ahora vuelve a ser tu novia?
—Pero... —Al rubio se le hace tan ridículo lo que acaba de decir que se le escapa una risita.
—¡Encima te ríes!
—Espera, espera... —Intentando reprimir la sonrisa, se quita las gafas y se masajea el puente de la nariz. Luego le mira directamente y John tiene que admitir que ese simple gesto le resquebraja las defensas.— A ver, dónde has leído esa tontería.
—En ningún sitio, yo... —Se queda con la boca entreabierta y le observa con tanta culpabilidad en sus claros e inocentes ojos azules, que Dave encaja las piezas sin necesidad de que diga más.
—Entonces tú eras el supuesto gato, eh. Y al parecer, también uno de esos fans acosadores que siguen a sus ídolos...
El Strider empieza a reírse por lo bajo mientras le mira y niega con la cabeza. El otro joven no entiende nada, pero poco a poco le toca a él encajar las piezas de la situación y de repente comprende que Dave le ha pillado, que sin saber cómo, parece haber deducido mágicamente que le ha estado espiando.
Entonces nota que las mejillas empiezan a arderle y que si se queda ahí, tan expuesto, va a morirse de vergüenza... Así que en un movimiento impulsivo, agarra la manta que tiene en el sofá y se la echa por encima de la cabeza, escondiéndose como si fuese un niño pequeño. Eso consigue arrancarle una nueva risa de diversión al rubio.
—¡Vete! —grita John desde su escondite, pero el chico pecoso hace justo lo contrario y rodea con los brazos al bulto en el que se ha convertido su amigo.— ¡Suéltame!
—John, era una distracción. —le dice él con un tono de voz conciliador, apoyando la cabeza en lo que supone que es la del moreno.
—Distracción de qué. —refunfuña como respuesta, algo tenso al sentir la respiración de fuera a través de la manta.
—Mi hermano me comió más la cabeza con el tema de las fotos de anoche después de irnos de tu piso esta mañana. —Lentamente empieza a acariciarle la espalda por encima de la gruesa tela oscura.— No quería hablar de ello delante de ti para que no te rayaras... bueno, y porque para algunas cosas es bastante reservado.
—Y qué es eso que te dijo...
—Pues en realidad sólo era un recordatorio de algo que había olvidado... Y es que él ha perdido a algunas personas por el camino por rumores de este tipo que degeneraron en gilipolleces más serias. Personas importantes, sabes. No quiero que me pase lo mismo.
—Pero... qué tiene que ver lo que he visto esta tarde con lo que me estás contando.
—Esa es la distracción, John, que ahora saldrá por todas partes que he vuelto con Terezi. —John asimila rápidamente lo que acaba de escuchar; tiene sentido, y es una explicación que a él le favorece... No le cuesta aceptarla como real, pero eso le hace sentirse como un imbécil integral.— Dejará de ser noticia que tengo un nuevo amigo al que me llevo a todas partes, lo que interesará serán las nuevas fotos que me irán haciendo con Terezi mientras esté aquí.
—Y... y qué era eso sobre mentirme... —Aunque le cree, su orgullo aún pelea por encontrar algo con lo que poder indignarse y escudarse en ello.— Y luego le has dicho que soy un amigo cualquiera.
—Lo de mentirte es porque la idea original incluía colarte a ti también que había vuelto con ella. Eso sería mentirte y no es lo que quiero. —Dave empieza a toquetear la manta, buscando un extremo. Cuando lo encuentra empieza a levantarla poco a poco.— ¿Puedo pasar?
—...sí. —acaba cediendo él tras remolonear unos segundos.
Nada más escuchar su aprobación, Dave levanta del todo la manta y se cubre también con ella, sumiéndose en la semi oscuridad que antes sólo rodeaba a John. Pasan unos largos segundos en silencio y bastante cerca el uno del otro, tanto que pueden sentir la caliente respiración ajena y el calor de la misma.
Avergonzado como está y con la ardiente y rojiza mirada del chico que le gusta clavada en él, John acaba agachando levemente la cabeza para clavar sus propios ojos en sus manos entrelazadas. Entonces nota una mano acariciándole la mejilla con suavidad, provocándole un pequeño escalofrío. Lentamente, la caricia se convierte en un delicado agarre en su barbilla que le obliga a levantar el rostro y mirar al rubio que tiene delante.
—Así que crees que eres un amigo cualquiera...
—No lo sé, Dave, ya no lo sé... Me siento perdido. —contesta John con voz ahogada y algo agobiado.
—No lo eres, John. —contesta bruscamente el otro.
—Pero...
—No lo eres. —le corta, hablando con más firmeza que antes. John se queda callado y Dave se da cuenta de que tal vez lo ha dicho de una manera demasiado violenta, así que se acerca con cuidado y le da un dulce beso en la mejilla.— ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta, eh...?
El más joven no sabe si eso es una pregunta retórica o no, aunque en el caso de que no lo fuese, tampoco sabría qué contestar. De repente se ha quedado sin palabras, sin saber qué decir, cómo asimilar la situación.
¿A qué se refiere Dave? ¿Qué tiene que hacer para que se de cuenta de... qué? ¿De que no es un amigo cualquiera? Porque si es eso, John cree que va a ser complicado. Al fin y al cabo, se ha pasado las últimas horas destrozando esa misma idea, la que él mismo había ido construyendo con cada momento que pasaban juntos y la que parece que Dave quiere recuperar de la nada.
Es innegable que la expresión "castillos en el aire" siempre va de la mano del joven moreno, que siempre se ilusiona con tonterías que sabe que probablemente no cuajen, pero ésta vez las buenas palabras del rubio no le acaban de convencer... pero sí los suaves besos que siguen al primero, esos que el chico que más le gusta reparte por todo su rostro con ternura y cuidado.
Primero le besa la otra mejilla, luego la sien, la frente, el puente de la nariz, la comisura del labio... a mitad del recorrido, John deja atrás el enfado y empieza a sentir otras cosas que antes no podía ver: nerviosismo, confusión, miedo... vértigo. Un increíble vértigo al darse cuenta de que ese joven lleno de pecas rompe todas sus defensas y le hace una persona mucho más emocional e impulsiva de lo que ya es, como si estuviera en sus manos y fuese vulnerable...
Aún no sabe si eso le gusta o no, pero decide que ya pensará eso en otro momento, porque la ruleta de los sentimientos vuelve a girar y ahora le toca darse cuenta de lo estúpido que se siente, lo embarazoso que es haber reaccionado de esa manera... y también del gran alivio que le inunda cuando comprende que la historia de Terezi y la distracción encaja perfectamente, así que es probable que sea cierta.
—¿J-John...? —le llama entonces Dave, cortando los agradables besos y con la voz algo tensa.
—¿Qué...? —Y sólo cuando abre la boca para hablar y el otro se separa de él, se da cuenta de que tiene la voz rota y que algo húmedo se le desliza por las mejillas.— Ah, mierda...
—¿Qué pasa? ¿He hecho...? —Con un gesto brusco y rápido, el Strider tira de la manta que aún les cubría hasta que consigue ver a su amigo. Luego coge con sumo cuidado su rostro con lágrimas mientras el dueño del mismo se frota los ojos.— ¿Te duele algo? ¿Te encuentras mal? ¿Quieres agua? ¿Zumo? ¿McDonald's?
—No quiero... ¿qué...? —John se sorbe la nariz y suelta una breve risa al escuchar la lista de soluciones que le ofrece el chico.— Perdona, es que... agh, me he comportado como un idiota, no sé qué me ha pasado.
—...ah. Ahh, joder, vale. —Dave suspira más aliviado y luego le coge de las muñecas para intentar apartarle las manos de la cara.— Me has asustado, tío.
—Lo sieeento. —Él cede y deja que le descubra el rostro. Le mira con los ojos aún húmedos, enrojecidos, e intenta esbozar una pequeña sonrisa.— Ya está, ya se me pasa.
—Eres un puto drama queen, sabes.
—No te metas conmigo justo ahora. Estoy sensible, ¿es que no lo ves? —le dice el Egbert con un fingido dramatismo, recuperando sus ganas de bromear.
—Mira, como veo que te preocupa tanto el tema te explicaré mejor lo de Terezi.
—Guay, es material de calidad y muy exclusivo para un fan como yo. —John asiente. La verdad es que le interesa de manera más personal que fanática ese tema.
—Vaya, entonces me temo que tendré que pasar la noche aquí. —comenta Dave casualmente, quitándose ya los zapatos con los propios pies.
—Pero bueno, serás aprovechado. —Mientras el moreno dice eso, el otro ya se está inclinando hacia él de manera peligrosa, así que le pone una mano en la cara, frenándole.— ¡Quieto! Si te quedas es para explicarme eso y ya está...
—Estrecho... —masculla él, ganándose un golpe flojo de advertencia en el pecho.— Pues entonces tú me vas a explicar qué hacías espiándome, acosador.
—Aaaaghhh... bueeeeeno...
Y aunque John pone los ojos en blanco y resopla como si la idea de pasar horas y horas hablando con su ídolo ahora que ya se han reconciliado fuese horrible, después sonríe y le enseña sus infantiles paletas, recibiendo la misma respuesta por parte de Dave. Iban a pasar una larga noche, y esta vez, sólo hablando.
