5

La invasión


Seripa se acercó al hombre con indiferencia y se sentó sobre el panel de control de dónde Tomma se encontraba operando. No se molestó en mirarla hasta que ésta se cruzó de brazos y suspiró largamente, observándolo con curiosidad. El alto no pudo seguir ignorándola por mucho tiempo.

—No deberías estar entrenándote, niñita—dijo fingiendo poco interés, el hecho que fuera chica lo complicaba todo. Seripa sonrió con satisfacción, estaba esperando ese preciso momento. Se cruzó de piernas en un gesto coqueto y presionó el botón de apagado del panel, dejando el cuarto en penumbra. Tomma no esperaba que su encanto masculino fuera tan efectivo y quiso ponérsela difícil, chasqueando la lengua y la miró con indagación.

La mujer se deslizó por el panel hasta quedar enfrentada a su cuerpo y se acercó a su oído. Suspiró cálidamente hasta sentirlo estremecer.

—Quítate el rastreador—dijo con dulzura y el soldado así lo hizo, sin pensarlo dos veces, lo de difícil no le duró bastante tiempo. Le extendió el aparato con obediencia y ella lo tomó con una mano, sonrió con malicia y lo destrozó sin vacilar. Antes de que Tomma pudiera salir de la impresión, Seripa se bajó del panel de control y cerró la puerta con clave. Tanteó la habitación con la mirada en busca de un dispositivo comunicacional hasta estar segura de haberlos apagado todos.

—¿Qué fue eso?—exclamó el alto con enfado y buscó los pedazos de su rastreador para acomodarlos a modo de puzzle, aunque estuviera claro que ya no tenía remedio.

—Escucha, grandote, no estoy jugando. Vengo del santuario donde tu amigo se está quedando y traigo noticias de parte de Paragus.

—¿Santuario? No sé de lo que estás hablando, no tengo amigos en santuarios. Estás demente, chiquilla—dijo Tomma, quizás Seripa era sólo una espía que quería hacerlo hablar para traicionar a Bardock, no podía correr riesgos y trató de salir de la habitación.

—Nunca adivinarás la clave, ni lo intentes. Debes escucharme, es de suma importancia—se defendió la colona y se cruzó de brazos a la espera de que el aludido la mirara. —Bardock dijo que no me escucharías tan fácil.

—Bardock es rebelde y yo soy imperialista. ¿Qué relación tendría yo con él?

—No eres imperialista y lo sabes. Odias a Freezer como muchos en este asqueroso planeta. ¿Por qué otra razón aislaría esta habitación? Todos los rastreadores son intervenidos, de ser espía habría dejado algo encendido, ¿no crees?—dijo y se acercó al soldado hasta quedar casi pegada a su cuerpo. Lo miró con el ceño fruncido. —Ahora escúchame bien, grandote, Bardock estará en permanente contacto contigo pero no lo hará públicamente. Vendrán diferentes personas del santuario a decirte dónde serán los encuentros y yo soy la primera de ellos. Calade. Dentro de cinco horas solares habrá un cambio de mando y nos ofreceremos para hacerlos. Pero primero, tienes que cumplir una tarea.

—Sabía que esto no podía ser así de fácil—dijo apuntándola con un dedo a modo de acusación, luego se volvió sobre sus pasos para volver al problema de la puerta con clave y se acarició el mentón, pensativo.

—Supongo que ya sabes que hay un androide involucrado en este asunto—persuadió la chica y se acercó nuevamente a Tomma en busca de atención.

—Te vi apretar un 5, después creo que fue el 1…—ignoró a Seripa, accionando los botones citados con vacilación. El dispositivo se iluminó con una luz roja y marcó error. Tomma chasqueó la lengua, exasperado.

—¡Escúchame! Sabemos que el androide fue creado por un rebelde pero Freezer al enterarse de eso, hizo reconfigurar al androide para que matase a Kakarotto en vez de ayudarle.

—¿Kakarotto?—cuestionó el soldado con una mueca de enfado y se volteó a encararla. Estuvo a punto de tomarla por el cuello pero su escenita en el panel lo detuvo. —Sabía que no tenía que confiar en ti. ¿Qué importancia tendría Kakarotto? Radditz puede vencerle sin esfuerzo y no es como si Radditz fuera bueno como soldado. No sé qué se te pasó por la cabeza cuando pensaste que a Freezer le interesa un bueno para nada, perra traidora.

—Tú no entiendes nada, ¿verdad?—dijo. —Bardock puede ver el futuro y según lo que él vio, Kakarotto es el único que puede derrotarle—concluyó, Seripa accionó la clave con rapidez y la puerta comenzó a abrirse. Tomma se burló de ese futuro incierto. —Hay otro androide además de Número 18. Encuéntralo.


Bulma salió de la casa cápsula en la que ella había pernoctado, su extraño acompañante y ella habían parado cuando el cielo se oscureció y no le permitía ver nada más que el rastreador de Vegeta, que se iluminaba de vez en cuando, al recibir lecturas de vida o comunicaciones entrantes. Miró hacía sus alrededores y dio con una pila de frutos a su lado, frutos que provenían de las copas de árboles milenarios, que se extendían metros sobre su cabeza. Tomó uno y se lo introdujo a la boca, mientras se levantaba para echar un vistazo al árbol más próximo.

—¡Oh! Estás ahí arriba, no me explicaba cómo me habías traído el desayuno—dijo mientras le daba otra mordida al fruto y le guiñaba el ojo a Vegeta. El aludido la miró con poco interés y volvió su vista al horizonte, calculando cuánto le faltaba a pie para llegar a su asentamiento, donde esperaban sus soldados.

—Permanece callada por un momento.

—Bueno, al juzgar por la altura del árbol y la inclinación de los frutos, considerando además que están casi maduros, pudieron caer solos aunque dudo que tantos juntos y menos sin ninguna magulladura. Ah, perdón, ¿me dijiste algo?—Vegeta chasqueó la lengua, Bulma rió. —Era una broma, no pareces tener un buen sentido del humor. ¿Cómo es la vista allá arriba? Quiero subir, así podríamos saber dónde estamos y de paso, puedes ayudarme a buscar unas reliquias muy valiosas. Son esferas, siete en realidad, ya tengo dos…

El rastreador de Vegeta comenzó a arrojar números demasiado grandes y a pitear en la dirección de la que provenían, perdiendo completo interés en lo que la chica de pelo lila le estaba diciendo. Bulma lo reprendió cortamente puesto que él no la estaba escuchando en absoluto y luego, hubo un gran temblor. Para Vegeta era claro, sus hombres habían comenzado sin esperarlo y apretó la mandíbula con furia.

—¿Terremoto?—exclamó la chica mientras caía al suelo a causa del movimiento, algunos frutos le cayeron encima y se tuvo que cubrir con los brazos para que no lo hicieran directamente en la cabeza. Vegeta hundió un dedo en su rastreador.

—¿Qué significa esto? No pueden empezar sin que yo les diga, Nappa—recriminó al calvo que no tardó en contestar desde la otra línea.

Haré que paren, Majestad—dijo y se cortó la comunicación. Vegeta dio un salto desde la copa del árbol y Bulma pegó un grito de desesperación, pensó que se iría a herir y antes de que tocara el suelo, se cubrió los ojos para no ver al pobre hombre demente hecho pedazos y envuelto en su propia sangre.

Al escuchar pasos que iban en su dirección, Bulma se descubrió la cara con horror y vio a Vegeta con una expresión de apatía en su rostro. La tomó por la cintura y se la echó al hombro sin mucho esfuerzo, a pesar de los ruegos y las patadas de la chica. Emprendiendo vuelo hacia sus hombres en cuanto la tuvo perfectamente encajada en su espalda.


Nappa se dirigió al lugar de la explosión con iracunda rapidez y para su sorpresa, el androide todavía tenía con la mano extendida hacia el cráter que había causado el alboroto. La tomó del brazo opuesto y la zamarreó un tanto mientras se calmaba un tanto, la rubia apenas cambió su expresión al verle y pronto, el hijo de Paragus se acercó al lugar.

—¿Qué es lo que te sucede, chatarra? Acaso no te acuerdas de las órdenes de Su Majestad, ¿eh?—cuestionó el calvo. Al ver que la mujer no respondería, le soltó el brazo, violento. —Nada de ataques antes de que él regresara.

El calvo se retiró en cuanto el androide asintió. Brolly se quedó en su lugar como si estuviera clavado al piso y la observó con curiosa quietud. En cuanto se aseguró que Nappa estuviera ocupado haciendo otra cosa, habló.

—¿Dónde está Kakarotto?

—¿Acaso lo ves por algún lado, rastreas su energía?—preguntó ésta a modo de respuesta y el corpulento encendió su rastreador, recibiendo sólo lecturas de los presentes, ninguna del hijo de Bardock—Hice lo que me pediste, Freezer no tiene por qué preocuparse más por él.

—Espero que no me estés mintiendo, androide. Ya eres mía—ella lo miró sin cambiar su artificial calma y fue así hasta que él dejara el lugar.


Tomma se adentró a un barrio con pesar, era ese donde su preciosa raza se mezclaba con aquellos soldados extranjeros que Freezer había introducido a su planeta, pues su supuesta alianza con el lagarto no era más que una ocupación con palabras bonitas y a Tomma no le agradaban esos rodeos. Lo que Seripa le había dicho lo había preocupado, si una desconocida como ella podía distinguir perfectamente que no era imperialista, ¿podría otra persona? Los soldados de Freezer, por ejemplo...

Dejó las divagaciones y se concentró en la pequeña casucha a la que iba a entrar, se ajustó el rastreador que había comprado para reemplazar el que la chiquilla de su escuadrón había averiado y aguantó la respiración, no sabía que inmundicias había en aquel pequeño asentamiento, de donde la rubia androide seguramente había salido, puesto que un androide no siempre habría sido un androide.

Hizo una mueca de asco, había tantos colores extraños que le dolieron los ojos, lenguas extintas y uno que otro colono. Se sentó en lo que parecía un bar y le dio un par de monedas al encargado, quien le dio un licor exótico bastante fuerte. El hombre se quedó a ver el espectáculo, todos los soldados naturales del planeta tenían problemas al probar por primera vez su más famoso brebaje.

—¿Perdido, soldado?—comenzó el alienígena y se limpió las manos con un paño húmedo, sonriendo siempre ante las muecas de incomodidad de Tomma, parecía como si se le solidificara la lengua.

—¿A qué te refieres?—respondió el aludido con el ceño fruncido y los labios secos gracias a la acidez del licor.

—No muchos saiyan vienen a parar acá, ¿sabe? Esta taberna es para los imperialistas, nacidos en otros rincones del universo conocido—explicó el encargado como si su bar mugriento fuera realmente la gran cosa. Tomma rió con malestar y miró al aludido con seriedad.

—No estoy perdido, busco a alguien. Un androide que responde al Número 17, ¿está por aquí?

—¿Para qué lo buscas?

—Necesito información relevante sólo a mi pueblo, forastero. Ahora dime, donde está ese androide—dijo tajantemente y el alienígena lo observó durante largos momentos. Luego, sonrió.

—No buscarías a Número 17 si fueras imperialista. ¿Acaso no has notado que aquí sólo hay soldados imperialistas? Te superan en número, soldado, ¿te imaginas lo que pasaría si saben que eres rebelde?—cuestionó confiado el encargado del bar y Tomma miró con el rabillo del ojo la instalación, para comprobar el número abismante que había. Todos, cargando el símbolo del lagarto en sus corazas, chasqueó la lengua. Seripa le estaba dando demasiados problemas, pensó.

—Yo no me preocuparía de estos soldados, soy saiyan, puedo con todos ellos—insistió Tomma con una sonrisa en el rostro. El encargado suspiró largamente y le escribió en un papel pequeño un mensaje en un idioma que nunca en su vida había visto. Tomma trató de leerlo un par de veces al revés y derecho para intentar descifrarlo pero falló. El alienígena le dio más indicaciones.

—Guárdalo en un lugar seguro, soldado.

—¿Por quién me tomas, eh? No recibo órdenes de forasteros—respondió Tomma con desdén y se paró del asiento con extrema superioridad, el encargado aspiró mucho aire.

—Esta es la única forma en la que puedes contactarte con el androide Número 17—dijo de pronto y a Tomma se le hizo como una despedida, frunció el ceño, turbado. —¡Rebelde!

Bastó esa simple acusación y un dedo extendido hacia la dirección del soldado para que todos los adeptos a Freezer y al imperio se abalanzaran a él y empezara una riña de ebrios dentro del bar.


Al llegar Vegeta con su prisionera, la dejó sin mucha suavidad en el suelo y partió caminando hacia donde estaba Nappa, incrédulo por la nueva adquisición del rey. Bulma, en cambio, se sentó en el piso, mareada, y con el pelo totalmente enredado en una maraña que difícilmente podría solucionar. No prestó atención a los soldados hasta que sus neuronas se recobraron del viaje a gran velocidad y su corazón dejara de palpitar con fuerza.

El androide miró en silencio a la recién llegada y la reprendió con un gruñido. Ninguna visita inesperada podría arruinarle el propósito, menos quitarle la atención y protección del rey de la amenaza que significaba Brolly. Antes de que una mano amenazadora pudiera llegar al cuello de la terrícola, Vegeta reaccionó de la manera más sorprendente de todas. Se devolvió sobre sus pasos con una rapidez brutal y la tomó del brazo artificial, estrujándolo en el aire.

—No te atrevas—amenazó el rey con furia y luego la soltó. Observó con la misma ira a los demás presentes y les repitió la advertencia sólo con la mirada.

El calvo rió para sus adentros y se acercó al rey con cautela.

—Está todo en orden, Su Majestad. Esperamos sus instrucciones, señor—dijo Nappa con cordial obediencia y miró con el rabillo del ojo a la recién llegada. Ante la impresión, se había quedado clavada al piso con las uñas rasgando el suelo. Sus piernas, mal puestas, dejaban ver el delicado ropaje interior que llevaba y el calvo se relamió los labios. El rey arrugó la nariz y le sostuvo la mandíbula con fuerza hasta que sus labios se juntaran en una pequeña rosa.

—Dije, no te atrevas—dijo en un soplido y lo soltó, tirándolo con fuerza hacia atrás. —¿Dónde está Kakarotto?

—El androide lo eliminó, Su Majestad. Eso fue el alboroto, señor—dijo el calvo, acariciándose la quijada con insistencia. El monarca chasqueó la lengua, molesto.

—No necesito a inútiles como él. No me hagas hacer lo mismo contigo, Nappa—dijo y se encaminó a su nave individual para sentarse a modo de trono. La joven de pelo lila lo siguió enseguida, presa del miedo, acurrucándose cerca de él mientras analizaba con la mirada a todas esas personas extrañas. Vegeta puso una mano sobre su cabeza y ella sólo atinó a levantar levemente mirada. Parecía una mascota. —Entonces qué están esperando, vayan a reducir este pequeño planeta en cenizas—bramó el rey y Bulma se preguntó si realmente quería a ese sujeto como su protector. Los demás soldados, partieron volando del lugar y sólo quedó el rey en su trono improvisado. A Bulma le vino un mareo y luego se desmayó.


Con un ojo morado y varias magulladuras en el cuerpo, Tomma se presentó a Dodoria y Zarbón con unas amarras de luz azul en las muñecas para evitar que enloqueciera, escuadrones de elite fueron los que detuvieron la masacre que se suscitó en la taberna imperialista. Antes de que pudieran derribarlo, Tomma derrotó a los primeros tres contrincantes que se atrevieron a enfrentarlo pero luego de la horda que les siguió, simplemente no tuvo oportunidad de hacer nada más. Lo llevaron a las autoridades máximas del momento, estos era, los generales de Freezer al estar el rey fuera de misión.

Zarbon no miró de buenos ojos a este presunto nuevo rebelde y los rodeó un par de veces antes de hablar. Dodoria, en cambio, miró fascinado al guerrero reducido a prisionero. Tomma no dijo nada, se limitó a agachar la cabeza en el transcurso de todo su juicio.

—Tú sabes lo que nos han dicho, ¿verdad?—comenzó el alienígena, Tomma lo miró entonces con nerviosismo, si lo llegaban a culpar por rebeldía, no esperaba salir vivo de esta. —Y supongo que sabrás qué es lo que opinamos de los rebeldes, ¿no es así, Tomma?

—Sí, señor.

—¿Eres rebelde? Bardock lo es y tú eres su mejor amigo. No sería raro que tú mismo fueras un rebelde también.

—No lo soy, señor. Ha sido una equivocación. Del cantinero, señor—dijo obediente sin levantar la cabeza. Dodoria se lamió los labios con satisfacción, mientras que Zarbon chasqueaba los dedos y le ordenaba con esa simple acción unos papeles que leyó rápidamente en cuando el morado se los extendió.

—No hay mucho que hacerle al asunto, seré flexible. Tus papeles están limpios y sirves con grandes victorias al gran Freezer. Por eso serás recompensado, Tomma. Pasarás una noche en calabozo para que nunca más hagas escenitas como éstas, ¿entendido?

—Entendido, señor.

Enseguida, Tomma fue conducido a los calabozos ubicados en las profundidades malolientes del palacio saiyan. En donde fue puesto en una pequeña celda que sólo le permitía permanecer sentado y contaba con una pequeña ventana en la que podían ver vagamente las estrellas. El soldado suspiró, las amarras de luz azul le habían quemado ligeramente las muñecas y ahora le habían puesto otras más en los tobillos para que moverse fuera aún más doloroso.

Al menos no estaba del todo oscuro, las manos y pies estaban iluminados por sus esposas, pero estaba seguro que no podría dormir esa noche. De pronto, una pequeña puerta de otro costado del calabozo se abrió silenciosamente y Tomma se encaramó en los barrotes de luz para averiguar quién era. Un chico esbelto de pelo largo y negro lo encaró, y sus ojos azules le llamaron la atención. Después de un momento de estupidez, Tomma se atrevió a hablar.

—¿17?—preguntó con el ceño fruncido y la voz más bien gutural, el aludido sonrió y movió unas llaves con desdén.

—¿Quién pregunta?

—Hijo de puta—bramó el soldado mientras el androide levantaba una ceja con diversión.

—Nunca conocí a mi madre, no me interesa en lo absoluto—respondió simplemente y dejó caer su puño con una fuerza abismal en la cara del soldado, dejándolo inconsciente instantáneamente. Abrió la reja de la celda y teniendo cuidado dónde pisar, se acercó a Tomma con cautela. Aun cuando sabía que era más poderoso que el saiyan, el que pudiera volver a despertar y embestirlo, podría ocasionar que lo descubrieran en el palacio a causa del alboroto. Recogió el papel que salió volando cuando su portador cayó al suelo y se lo guardó en un bolsillo, después de leer su contenido.


Editado.

Nota: Después de décadas de ausencia, he aquí el quinto capítulo de esta historia. El capítulo sexto estará en poco tiempo, ya llevo la mitad escrita y no creo que pare. Bulma y Vegeta, ya tendrán sus acercamientos, no se preocupen, no seguirá así de malo con ella xD Gracias a Beryl por su review :D