El joven John Egbert era uno de esos escépticos que no creían en esa mítica técnica de ligue que ahora su generación llamaba "Netflix and chill" básicamente porque nunca había tenido la oportunidad de llevarla a cabo o vivirla. Creía que era una especie de técnica publicitaria por parte del mismo Netflix y que eso de invitar a alguien a ver una película y acabar liados era solo una cosa que pasaba en las mismas películas. La situación actual, desde luego, le ha hecho poner todas esas ideas del revés.
La noche anterior la había vuelto a pasar con Dave. Esta vez, estuvieron hablando hasta muy tarde sobre el tema de Terezi y el plan que había tramado con ella y su hermano Dirk para hacer creer a la prensa que su exnovia era la chica con la que salía en ese momento. En algún punto de esa conversación, que fue derivando a asuntos más banales, ambos habían ido durmiéndose en el mismo sofá hasta que el móvil del rubio empezó a sonar una y otra vez, obligando a que los dos chicos se despertasen. Tras colgar la llamada Dave dijo que tenía que irse urgentemente a hacer "cosas de estrella" y John no le preguntó nada más: sentía que ayer la confianza que tenían el uno en el otro se había fortalecido tanto que ni forzándose podría sospechar de las escapadas de su amigo. Así, el joven universitario tuvo casi todo el sábado para hacer sus cosas: recoger la casa, ducharse, adelantar tareas de la universidad... Justo cuando estaba empezando a echar en falta al famoso, éste le llamó, autoinvitándose de nuevo a su apartamento.
Y así, llegamos a la situación actual. John había decidido ver una de sus películas favoritas con Dave porque, a pesar de haberle hablado mil veces de todos esos films que le encantaban, quería que el Strider experimentase la misma sensación que él al ver las escenas apocalípticas de Armageddon... pero Dave perdió el interés en la televisión en cuanto su amigo se acurrucó a su lado en el sofá.
Una caricia en la pierna, un roce con la nariz en el cuello, un apretón en la rodilla, un brazo rodeándole los hombros... John recibe una cosa tras otra de la manera más estoica posible, pero no es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo y poco a poco va cediendo; Dave acaba consiguiendo lo que quería, que es estar entre las piernas de su amigo, tumbado encima suyo en una postura aparentemente natural y relajada. Aparentemente.
John despega los ojos de la pantalla y mira al chico que tiene encima mientras resopla de manera significativa. Dave le devuelve la mirada directamente; no lleva sus gafas de sol y arquea las cejas, como si se preguntase de manera inocente qué es lo que ocurre. Ninguno dice nada y entonces John se da cuenta de que ha sido un error el mirarle y encima titubear porque cada segundo que pasa enzarzado en los ojos rojizos del otro, en silencio, hace que sus ganas de dejar la película en segundo plano crezcan.
Justo cuando el moreno deja escapar un suspiro y alzar la bandera blanca para rendirse a los encantos del mayor, un sonido les distrae.
—No. —le advierte Dave, pero John ya está estirando el brazo hacia el móvil que suena y vibra sobre la mesa baja.— Joder.
—Yo no huyo de mis compromisos, Strider.
—Encima que me tomo la tarde libre por ti... —murmura él a la vez que hunde el rostro en el cuello de su amigo. Va en busca de venganza por dejarle colgado justo cuando le tenía ya acorralado.
—¿Hola? —John coge la llamada sin ver de quién es. Sin que la persona al otro lado de la línea pueda contestar, nota un mordisco en la base de su cuello.— ¡Para!
—...¿John? —la voz confusa de Jade suena en el auricular del móvil.—¿Estás...? ¿Te cojo en un mal momento?
—¡Ah... Jade! Sí, sí, hola, perdona, es que, mira... —La Harley escucha un par de quejidos ahogados mientras John forcejea con el rubio para que deje de distraerle.— Es que Dave está aquí y está, pues, está... mordiéndome un pie.
—¿Un...? Mira, prefiero no meterme en la amistad entre chicos, hacéis cosas rarísimas. En este punto estoy demasiado asustada para preguntar. —Aunque esa frase es algo que Jade diría normalmente, el tono de voz apagado de su amiga llama la atención de John.
—¿Pasa algo, Jade? —pregunta él directamente, poniéndole una mano en la cara a Dave para que su boca le deje de hacer cosas raras contra la piel del cuello.
—Bueno, es... —Hace una pausa dubitativa. Eso es aún más raro.— Escucha, John, si estás ocupado con Dave ahora tampoco quiero molestar.
—No, no, no estamos haciendo nada importante.
—Aún. —puntualiza Dave con la voz amortiguada por la mano del otro. Ese comentario hace que el universitario se revuelva en el sofá y escape de las garras del rubio.
—¿Va todo bien? —insiste John. El silencio al otro lado de la línea continúa.— ¿Jade?
—Sí. Ahm, no. O sea, no.
—¿Sí o no? —Ya nervioso, se levanta del sofá y se pone una mano en la cadera. De mientras, Dave le observa tirado en el sofá; a él también le ha picado la curiosidad la conversación aunque solo esté escuchando la mitad.
—A ver, es que te iba a decir que te pasaras un momento por casa para hablar de... de Rose.
—¿De Rose? ¿Os habéis peleado?
—No, qué va, es que creo que le pasa algo o... —Jade hace una pausa y se escucha levemente cómo se levanta de donde sea que esté sentada.— Tengo que salir pitando en menos de una hora, John, no sé si-
—Vale, ahora mismo voy y me lo explicas. —le corta él rápidamente, dándole esa sensación de seguridad a Jade que tan bien le venía en ese momento.
—Y yo qué. —pregunta Dave de repente, más a modo de protesta que otra cosa.
—Puede venir si quiere. —añade rápidamente Jade antes de que John le retransmita nada.
—En diez minutos estamos ahí.
—Gracias. —Es lo último que dice Jade antes de colgar.
Cuando la llamada se corta, John se queda mirando la pantalla de su teléfono, pensativo. Aunque hace ya un tiempo que Jade comparte piso con Rose y pasan bastante tiempo los tres juntos, la rubia de corto cabello siempre les ha resultado una persona muy misteriosa, que comparte poco sobre su propia vida, pero habían aceptado esa faceta de su personalidad. ¿Qué podría ser lo que tenía a Jade preocupada sobre ella...?
Unas cuantas notificaciones aparecen en la pantalla aún encendida de su móvil. John deja de pensar en Rose al momento y frunce el ceño: la noticia de Dave y Terezi retomando su romance ya es pública. Desliza todas las alertas que le saltan sobre el tema porque, aún sabiendo que todo eso es porque Dave ha pensado en su bienestar, no quiere ver ni una sola foto del chico que le gusta besando a otra chica.
—¿Y esa cara? —pregunta Dave, que no ha perdido detalle de los cambios en el rostro de su amigo. Ya se ha incorporado en el sofá y se está estirando, haciéndose crujir los hombros.
—Nada, estaba pensando en lo que me ha dicho Jade. —Como John no continúa, el otro hace un gesto significativo para que continúe.— Pues que cree que le pasa algo a su compañera de piso, Rose.
—Vaya por Dios. —Dave rueda los ojos, quitándole importancia al instante al asunto, cosa que hace fruncir el ceño a John.
—Coge tus gafas y vámonos o te dejo aquí.
—¿Así se le habla a tu ídolo, Egbert?
—¿Cuando mi ídolo está hablando como un imbécil? La respuesta es sí. —refunfuña John mientras se pelea con sus deportivas, que no parecen querer encajarle en el pie.
—Aguafiestas... —murmura Dave. Aun así, se levanta del sofá y empieza a ponerse sus deportivas también.
Pasan unos segundos en silencio mientras se preparan para salir. John, como Dave cree ya que es típico en él, parece tener la necesidad de dejar el salón más o menos recogido antes de salir, así que él se toma ese tiempo libre frente al espejo que hay en el recibidor, poniéndose la capucha de la sudadera y recolocándose el cabello para que quede perfecto, como de costumbre. Pretende no parecer más serio de lo que normalmente quiere aparentar ser, pero hay algo que hace que sus labios estén más tensos de lo normal en su habitual cara de póker.
John le llama la atención un momento después, tocándole un hombro al pasar por su lado, avisándole de que ya van a salir. Por suerte, no se ha dado cuenta del pequeño trance en el que se ha quedado atrapado Dave durante unos segundos mirándose en el espejo. El moreno tiene prisa y su mano va directa al pomo de la puerta del apartamento, pero el Strider hace que se quede congelado en el último momento, cuando se pega a su espalda y le rodea la cintura con los brazos desde atrás.
—Un momento. —dice en voz baja Dave.
—Dave, tenemos que irnos. —John ladea ligeramente el rostro para mirarle por encima del hombro. Su voz es débil; aquello le ha pillado con las defensas totalmente bajas.
—Cállate. —A pesar de lo que ha dicho, el tono de voz de Dave no es en absoluto rudo. Consigue que el moreno gire entre sus brazos y quede de cara a él. Sus ojos azules se mueven con nerviosismo y sus labios, todos mordisqueados por sus infantiles dientes, quedan entreabiertos, como expectantes. El rubio se inclina hacia su rostro poco a poco, aprieta los dedos en torno a su figura con intensidad y, cuando sus frentes ya se están tocando y sus bocas van a encontrarse, John hace un pequeño movimiento para apartar el rostro.— ... ¿me acabas de hacer una puta cobra, Ohbert?
—Luego. —contesta rápidamente John, temiendo que Dave se haya picado.— Luego hacemos... esto.
—Y qué es esto. ¿Ser un microondas? ¿Eso eres? ¿Un micro que calienta y ya está?
—¿Qué? No. Me refiero a... eh... —John baja la mirada y da unas palmaditas nerviosas en los hombros del otro.— Enrollarnos.
—Oh, así que "enrollarnos". —No puede evitarlo y Dave suelta una risa contenida por la manera tan incómoda que tiene John de hablar de ese tipo de cosas.
—Eres un capullo y te odio. —contesta el más pequeño, apartándose del Strider para que no le contagie la risa.
—Ya, se nota. —responde con sarcasmo mientras John por fin abre la puerta del apartamento.
.
La puerta maltrecha del apartamento de estudiantes se abre poco después de que John apriete el timbre, como si Jade estuviese esperando justo ahí o hubiese corrido por el pasillo para llegar en cuestión de segundos. Recibe a los dos jóvenes con una mirada rápida de reconocimiento, sin pantalones y un peine medio enredado en el pelo. Su estado parece indicar que la segunda opción es la correcta.
—Guau, Jade, estás... —John deja la frase a la mitad y Dave sólo hace un gesto con la mano a su espalda, saludando.
—Pasad. —contesta ella, adentrándose en el apartamento con prisas.— Estoy sola.
La brevísima bienvenida de la Harley hace que los ojos azules de John se desvíen un momento hacia Dave, mirándole con expresión de extrañeza. El otro le responde encogiendo los hombros y poniendo después una mano entre sus omóplatos para hacerle caminar hacia dentro del piso, donde Jade camina de un lado a otro mientras se peina casi con furia. Sus ojos verdes parecen buscar algo entre los diversos objetos que hay repartidos por el salón sin mucho criterio. Dave y John caminan en silencio, solo observando y se sientan con cuidado en uno de los sofás, como si estuviesen en presencia de un animal peligroso del que no quieren captar la atención.
Al ver que la situación se alarga varios segundos más, el DJ da un codazo en las costillas a John, que suelta un quejido y capta la atención del animal peligr-... de Jade.
—Entonceeees... ¿no está Rose? —pregunta John con angustia, sin saber qué decir.
—Te he dicho que estoy sola. —contesta con brusquedad Jade, echando una mala mirada a su amigo.
—Mierda, perdón. Es verdad. Lo siento muchísimo. —dice automáticamente el ojiazul. Dave arquea una ceja y hace un gesto de confusión con la cabeza. Decide prestarle atención a su móvil antes que seguir escuchando esa conversación de besugos.
—No tienes que- Agh. —Jade parece perder todo el estrés que su cuerpo acumula por algún motivo en cuestión de segundos. Se deja caer en el sillón frente al sofá donde están los otros dos chicos.— Perdóname tú a mi, John, estoy como... súper agobiada.
—Eh, no pasa nada. —Inmediatamente John se levanta del sofá y se sienta al lado de su amiga, en el brazo del sillón. Le pone una mano en el hombro y se inclina hacia ella, creando un ambiente cercano que Dave observa sin que ninguno se percate tras sus gafas oscuras.— A ver, por qué estás tan agobiada, lo primero.
—Bueno, es que tengo que ir corriendo al aeropuerto, así, de repente.
—¿Al aeropuerto? ¿Te vas?
—¡No, bobo! —La loca idea de su amigo le hace soltar una débil risita. Se pasa la mano por la cara para apartarse el cabello de los ojos y se recoloca las gafas antes de continuar, un poco más relajada.— Tengo que ir a recoger a éste primo del que te hablé. De repente le ha entrado prisa por venir a Washington y como tengo un cuarto libre aquí pues se va a quedar conmigo un tiempo. —Jade echa una fugaz mirada a Dave, pero éste parece muy distraído con su móvil.
—Eso está bien, así por fin podré conocer al famoso primo.
—Pero no sé si es un buen momento teniendo en cuenta lo de Rose...
—¡Oh, es verdad! Lo de Rose. —John se recoloca en el brazo del sillón y asiente, poniéndose serio.— Cuéntame qué pasa con ella.
—Vale, a ver. —Jade entra en el mismo modo que su amigo al instante y se toca la frente a modo de gesto pensativo.— ¿Tú te acuerdas de la fiesta de fin de año?
—¿Fin de año...? Más o menos. —Estrecha los ojos, intentando hacer memoria de la fecha, que fue hace unos cuatro meses.— Ah, cuando fuimos a aquel sitio al que nos llevó esa chica rarita que tienes en una de tus clases, ahmmm...
—Aradia. —le recuerda Jade.
—Esa. —chasquea los dedos y asiente. Luego se muerde el labio e intenta profundizar en lo que pasó esa noche.— Vale, ahí fue cuando casi no dejan entrar a Rose en la discoteca, ¿no?
—¿Y eso? —pregunta Dave de repente, que al parecer vuelve a estar atento a la conversación.
—Rose aún es menor de edad, tiene diecisiete años. —le contesta Jade.
—Joder, pues qué joven se ha independizado, no.
—Es que va a la misma universidad que nosotros, a primero. En estos bloques todo son pisos de estudiantes de ahí. —añade John.
—Universidad. Con diecisiete años. —repite incrédulo Dave.
—La adelantaron cursos estando en el instituto. —rebate John.
—¿Podemos dejar de irnos por las ramas? —interviene Jade. El moreno asiente y vuelve a estar atento a sus palabras.— Noche de fin de año. Rose. Al final pudimos entrar todos y eso, pero hubo un momento en el que ella desapareció y no volví a verla hasta el día siguiente, bien entrada la tarde. Te lo dije, ¿te acuerdas?
—Qué tiene eso de raro siquiera. —Dave vuelve a meterse y consigue una mala mirada por parte de los otros dos.— ¿Qué? Es joven. Es lo que hacen los jóvenes. Y más en fin de año.
—Pero Rose no hace esas cosas. —contesta la chica, insistente. Mira a John, sabiendo que él sabe a qué se refiere.— Y desde esa vez, ha ido pasando cada vez más hasta el punto de que pueden pasar días sin que aparezca por el apartamento.
—Vaya... —El Egbert se queda pensativo, mirando a la nada durante unos segundos. Cuando vuelve a dirigir sus ojos hacia su amiga, su rostro tiene escrito la palabra preocupación en él.— ¿Crees que anda metida en cosas raras? ¿En... drogas?
—Estará con un tío y punto. —interrumpe Dave, rompiendo el silencio grave que se había creado.
Viendo la mirada asesina que tanto John como Jade le dirigen otra vez, el Strider alza las manos a modo de rendición y luego hace un gesto, como si se cerrase una cremallera en la boca para no volver a hablar. Jade rueda los ojos y resopla, pero John tiene que morderse la mejilla por dentro para que no se le escape una sonrisa por la mímica de su amigo, que le saca de su estado de preocupación por unos segundos.
—Entonces- —Justo cuando Jade vuelve a hablar, se escucha un sonido metálico al final del pasillo: son unas llaves. Seguidamente, el sonido de una puerta al cerrarse. Impactados, Jade y John se miran.— Ups.
Se escucha el repiqueteo acompasado de un par de tacones... ¿o son dos pares? Los tres jóvenes del salón clavan la mirada hacia el pasillo y permanecen en sospechoso silencio hasta que dos figuras entran al revuelto salón. Una de ellas es Rose, que echa una mirada analítica a la sala antes de fijarse siquiera en las personas que hay allí. Tras ella, como una elegante sombra, hay una joven chica alta de cabello oscuro, muy corto, y ojos verdes. Permanece en silencio, pero ella sí mira a la gente que hay allí en vez de fijarse en lo desordenado que se encuentra el salón.
—Hola, John. —saluda tras unos segundos Rose, mostrando una breve sonrisa en sus labios siempre adornados de negro. Sus ojos morados viajan al rubio.— Y... ¿Dave Strider?
—...o una tía. —Es la respuesta de un sonriente Dave, haciendo una referencia a lo último que había dicho justo antes de que entraran las recién llegadas.
Rose arquea las cejas al no comprender ese curioso saludo, pero John, que sí ha comprendido por qué ha dicho eso, coge el cojín que hay en el sillón donde está sentado y lo tira con una nerviosa furia al rubio del sofá. El rápido ataque hace que el Strider se intente proteger como puede con los brazos y el golpe lo reciba su móvil, que sale volando y acaba bajo la mesa que hay al lado del sofá.
—Te mato, Ohbert. —recrimina inmediatamente Dave, echándose al suelo para buscar el móvil accidentado.
—Quiere decir que encantado de conocerte. —dice John en voz alta, para que las palabras del rubio no se escuchen.
—¿Interrumpo algo? —pregunta la más pequeña, mirando la extraña situación.
—¡No! No, no, claro que no, yo-... —De repente Jade reacciona y se levanta de un salto del sillón. La escena se vuelve aún más rara cuando se hace evidente la ausencia de pantalones en ella, pero ni Rose ni su acompañante mencionan nada al respecto.— Han venido de visita para charlar un poco y porque... bueno, ya que estás aquí te lo digo a ti también, porque vives aquí y te incumbe... Es mi primo, que va a venir a pasar unos días aquí y tengo que ir ahora mismo a buscarle al aeropuerto. Te he hablado de él, Jake, Jake English ¿te acuerdas?
Antes de que la Harley acabe de hablar, se escucha un fuerte golpe que hace vibrar la mesa bajo la que Dave está recuperando su móvil. Se escucha un fuerte "JODER" y después el famoso se yergue lentamente bajo la atenta mirada de los demás, rascándose la coronilla donde se acaba de golpear con la parte inferior de la mesa.
—... bien. —Con las cejas alzadas aún por la confusión, Rose asiente lentamente y empieza a moverse hacia un lado del salón donde se encuentra un perchero con varias chaquetas colgadas.— Estaré encantada de tenerlo en casa. Las cosas que me has contado sobre él siempre han sido interesantes. Por cierto, ella es Kanaya y yo sólo venía a recoger esto. —alza un chaquetón oscuro y deshace sus pasos, camino al pasillo.
—¿...te vas? —pregunta Jade con un hilo de voz.
—Así es. —Rose rebusca algo en su bolso unos segundos y después clava su penetrante mirada en su compañera de piso.— Tú también, ¿verdad? Espero que con algo más de ropa de cintura para abajo.
—Yo... ¡mierda, el aeropuerto! —Jade salta del sillón tras un breve vacile en el que recuerda la prisa que tiene y corre hacia su cuarto, haciendo caso al comentario de Rose sobre llevar pantalones en la calle.
—Nos vemos, chicos. —La rubia hace un delicado gesto con su mano de largas uñas, despidiéndose de Dave y John y desaparece de la misma manera que apareció, seguida de esa chica-sombra que al parecer se llama Kanaya.
—Sinceramente... ¿qué ha sido eso? —pregunta Dave tras unos largos segundos en silencio tras la marcha de las chicas, medio riéndose.
—El karma. —le contesta John tras salir de su propio trance.— El golpe contra la mesa ha sido el karma por soltar cosas inapropiadas.
—Hablaba de ese par, Jehn. No sabía que esto era el set de Crepúsculo.
—¿Pero qué hablas...? —John niega con la cabeza y se obliga a fruncir el ceño y no reírse por el comentario. La vuelta apresurada de Jade le ayuda a olvidar el sarcasmo ingenioso del famoso.
—¿Se han ido? —Jade, ya con pantalones, se queda parada en mitad del salón mirando a los dos chicos.— Joder, ¿habéis visto? Ni cinco minutos.
—A ver, tampoco es para-
—Las vamos a seguir. —dice de repente John, cortando lo que sea que fuese a decir Dave. Se levanta del sillón y asiente firmemente con la cabeza, muy seguro de que es una idea brillante. El rubio se pasa una mano por la cara y echa todo el aire por la nariz, pero Jade se queda pensativa hasta que empieza a asentir con la cabeza de la misma manera que su amigo.
—Vale. Vale, es perfecto. —Dave suelta un quejido y se echa la otra mano a la cara cuando escucha cómo Jade confirma el plan.— Muy bien, pues tenéis que iros ya. Y yo también. ¡Venga!
.
Rose Lalonde no es una chica a la que se le pueda pillar por sorpresa con facilidad, y mucho menos tratándose de alguien tan torpe como lo es su amigo John Egbert. No sabe del cierto por qué el chico y el famoso rubio con el que ha parecido trabar amistad le están siguiendo, pero una deducción rápida y seguramente certera le lleva a pensar que es todo por su compañera de apartamento, Jade Harley. No ha estado controlando sus escapadas con Kanaya lo suficiente como para que la chica de lentes redondos no notase su ausencia y ahora la tiene preocupada y lo sabe, pero de momento no puede hacer nada al respecto... o no directamente.
—Esto es una violación de tu intimidad. —comenta su acompañante, Kanaya, con voz queda. Rose le echa una mirada cuando la escucha, pero ella sigue con sus oliváceos ojos clavados al frente y con expresión neutral.
—Por las veces que has repetido esa frase desde que te he hecho saber que nos siguen, parece que sea tu intimidad la que está siendo amenazada. —le contesta la rubia. Un sutil movimiento de su brazo hace que los hombros de las chicas se rocen mientras caminan, y en otro movimiento igual de sutil, Kanaya se aleja para que eso no vuelva a ocurrir.— O tal vez sea nuestra privacidad la que te preocupa. Esa que compartimos.
—Lo siento si te disgusta mi discreción.
—No me disgusta, solo creo que no debería interferir en nuestros deseos de hacer lo que nos venga en gana cuando nos apetezca.
Ambas chicas giran hacia la izquierda y se adentran en una calle secundaria, más oscura y normalmente menos concurrida que la avenida principal por la que caminaban. Con diversión, Rose se pregunta cómo se las ingeniarán John y Dave ahora para pasar inadvertidos si es que pretenden seguirlas hasta ahí teniendo en cuenta que ese callejón suele estar medio vacío... pero un barullo le hace prestar atención a su alrededor. Justo bajo el rótulo de neón que anuncia el ya conocido local, hay reunido un puñado de gente: unos hacen cola para entrar, otros charlan con una copa en la mano y algunos simplemente han aprovechado que sonaba una canción que no les gustaba para salir fuera a tomar el aire y fumarse un cigarrillo.
—Claro, es sábado. —recuerda para si misma Rose.
—Porrim siempre consigue el aforo máximo los fines de semana, ¿por qué te extrañas ahora? —le pregunta Kanaya, haciendo un gesto con la cabeza para recolocar su estiloso cabello corto. Ahora sí dirige su mirada hacia la menor y, viendo el escandaloso neón reflejado en los bellos ojos de la rubia, deja de caminar poco a poco. Eso llama la atención de su acompañante.— ¿Estás segura de que no te importa que tus... eh, amigos, se inmiscuyan en tus asuntos?
—Kanaya, no tengo nada que esconder. —Rose niega con la cabeza y suelta una risa, medio incrédula, medio divertida. No comprende la preocupación en su mirada.— ¿Es porque no tengo los dieciocho y voy a entrar en un local para mayores de edad porque conozco a la sobrina de la dueña? Por Dios, Maryam, no soy una santa.
—Podrías simplemente explicarle este tipo de cosas a Jade si crees que no es nada malo.
—Además, tal vez vernos entrar sacia su curiosidad y no nos siguen hasta dentro del local. —La más joven gira la cabeza y vuelve a mirar al gentío. Kanaya se da cuenta de que ha ignorado su comentario de manera consciente.— Lo más probable es que ni siquiera puedan pasar teniendo en cuenta el volumen de gente. Menos mal que tenemos pase libre.
—Sí... menos mal. —asiente la mayor, con expresión sombría. No va a conseguir nada llevándole la contraria.
—Apresurémonos, tengo ganas de saludar a Porrim.
Las jóvenes vuelven a ponerse en marcha y, para sorpresa de Dave y John, no se ponen al final de la cola del club al que parece que van a entrar, si no que avanzan hasta el par de seguratas que hay en la puerta y éstos les dejan pasar sin ni siquiera pedirles identificación. John tarda un par de segundos en reaccionar y recordar ese lugar tan raro: es el mismo al que fueron en fin de año.
—Tenemos que entrar. —le dice a Dave tras apartarse de la esquina por la que observaban de manera sospechosa a las chicas.
—Estás de coña. —El rubio alza las cejas con incredulidad. Lleva la capucha puesta, las gafas e incluso un pañuelo atado al cuello para poder esconder el rostro hasta la nariz en zonas concurridas. Llámalo miedo a que le reconozcan, llámalo temperaturas primaverales demasiado bajas.— Pero si parece un club de orgías vampíricas.
—A mi tampoco me gusta la pinta que tiene ese sitio, pero no es como si tuviéramos algo mejor que hacer. Y le he dicho a Jade que averiguaría qué pasa con Rose.
—Vamos a ver, John. Es obvio que lo que le pasa a vuestra amiga es que ha descubierto que hay un mundo fuera de los estudios y las matrículas de honor y toda esa mierda aburrida que seguro que la obsesionaba hasta ahora porque tiene toda la pinta de empollona repelente. —Coge aire tras decir todo eso en una sola frase y después le pone una mano en el hombro al otro.— Y si a ti no se te ocurre nada mejor que hacer te puedo dar un montón de ideas. Créeme, Ohbert.
—Te he dicho que luego. —John le aparta la mano de su hombro con el gesto contraído en una expresión entre el infantilismo y la vergüenza. Antes de que pueda hacerle cambiar de idea, se gira con convicción y empieza a caminar, adentrándose en el callejón.
—Joder, ¿y cuándo va a ser luego? Que a la una tengo que estar en la otra punta de la ciudad, tío, y son las once menos cuarto.
El Egbert no le contesta y tampoco deja de caminar, ni siquiera se gira para comprobar si el DJ le sigue o no. Dave resopla de manera fatigosa y rueda los ojos tras las gafas: no tiene más remedio que seguir al cabezota de su amigo.
Cuanto más cerca están del lugar y de la gente que intenta entrar, más seguro está el Strider sobre eso del club de orgías vampíricas que ha dicho antes. Allí todo el mundo lleva rejillas, uñas pintadas de negro, collares de tachuelas, cadenas como cinturones y ropa oscura, muy oscura. Por lo que había podido ver en Rose y Kanaya, es algo muy de su estilo, pero para nada de su propio estilo, ni tampoco del de John.
El menor, demostrando su buena educación y su civismo, se coloca el último de la fila de personas que hace cola para entrar en el local, pero Dave niega con la cabeza: no tiene tiempo ni tampoco muchas esperanzas de que dejen entrar a dos personas que no parezcan sacadas de hace un par de siglos. Coge a John del antebrazo y le hace caminar junto a él hasta el principio de la cola hasta ponerse frente a los enormes seguratas de la puerta, que miran a los jóvenes de manera amenazante."Vampiros", piensa Dave, "seguro". Luego se baja la capucha de la sudadera, se aparta el pañuelo que le cubre parte de la barbilla y encara a los grandullones como si fuesen gente de a pie.
—Buenas noches, caballeros. Necesito que me dejéis entrar ahí con éste. —Dave señala a John con el pulgar, que está a su espalda con la mandíbula desencajada. Los hombres se miran; el Strider está casi seguro de que ha conseguido que le reconozcan... y no solo los seguratas, también algunos jóvenes que hacen cola y observan la escena con expectación.— No os estoy pidiendo zona VIP ni nada especial. Sólo queremos entrar un rato en la guarida de el conde Drácula.
—Su carnet de identificación. —contesta finalmente uno de los hombres, refiriéndose a John, que casi parece saltar del susto.
—Tiene veinte años aunque parezca de catorce. —Dave echa mano al bolsillo de su sudadera. Al final, va a tener que recurrir al dinero. Abre la cartera y saca dos billetes de cincuenta dólares. Luego alza las cejas y alarga el dinero a los hombres que custodian la puerta.— ¿Esto sirve de identificación?
—...pasad. —Aceptan el dinero tras un breve vacile y se apartan para dejarlos pasar.
Tras esa breve pero tensa negociación, el Strider vuelve a ponerse la capucha. Hace un gesto con la cabeza para que John pase antes que él y es ahí cuando le ve esa sonrisita de suficiencia que esboza el mayor cuando consigue lo que quiere usando esos privilegios que tiene por ser famoso. El universitario hace como si refunfuñase, pero no puede negarse a si mismo que ese es un rasgo que le resultó atrayente del Dave que se mostraba al público desde la primera vez.
En cuanto las puertas se abren y entran al oscuro local, un ambiente cargado y con una fuerte música electrónica les envuelve. John se queda quieto unos segundos, observando el mar de cuerpos envueltos en ropas de rejilla y transparencias que baila al compás del potente ritmo. Esos lugares le fascinan y le confunden a partes iguales, es por eso que hasta que Dave no le pone las manos en los hombros y le hace caminar no es capaz de moverse del sitio.
—Creía que iban a poner heavy metal o algo así raro, pero actualmente esta música mola. —Dave tiene que alzar la voz para que John le pueda escuchar a pesar de estar literalmente pegado a su oreja. Como contestación, el más pequeño solo asiente.
Mientras avanzan lentamente entre el gentío, Dave señala la barra, dando a entender que ese es su destino. Es una buena idea teniendo en cuenta que aquella zona parece estar ligeramente más despejada. Ligeramente. Pero para ello empiezan a atravesar una masa de gente que baila sin descanso y que apenas deja hueco para que ellos pasen, aun así, el Strider decide la ruta y John no pone ningún impedimento. Sigue fascinado con la variedad de cuerpos, caras, tatuajes, peinados y maquillajes que sus ojos azules están captando con las luces de colores del club nocturno.
A mitad de camino, Dave pone una mano en su cintura y le hace frenar. Siguen entre jóvenes que saltan y se contonean, vitorean y parece que estén animando a alguien, pero John focaliza su atención en el rubio que va tras él. Las oscuras cejas de Dave están arqueadas sobre las gafas de sol y tiene una media sonrisa que le da un tinte de divertida sorpresa a su expresión, además, está mirando en la misma dirección que varias de las personas que tienen a su alrededor, así que John acaba imitándolos, curioso.
A pocos metros de ellos hay un cerco que la gente ha creado para una sola persona, concretamente una chica menuda y delgada, pero con unas curvas que mueve perfectamente al ritmo de la música electrónica que suena. Su cabello corto, rubio, se agita con gracia con cada gesto de su cabeza y la falda larga y negra que antes les había parecido recatada, ahora muestra en todo su esplendor una raja lateral hasta muy arriba del muslo de Rose, que exhibe más piel de la que jamás le ha podido ver John. Ni siquiera con el camisón de dormir, en el apartamento.
Los dos chicos consiguen despegar los ojos a la vez de la menor para mirarse el uno al otro. Uno con el rostro descolocado, el otro con una expresión tan divertida como satisfecha.
—Misterio resuelto. Es una fiestera. —grita Dave, inclinándose hacia su amigo.— Es de las mías.
—No me lo puedo creer. —contesta John, volviendo a mirar a Rose.— ¿Cómo puede bailar así sin que se le salga volando el vaso de la mano?
—Práctica. —El rubio aprovecha que nadie les está haciendo caso y rodea la cintura del otro con la excusa de que va a volver a guiarle entre la gente.— Nos vamos.
—¡Espera! —John señala con vehemencia el corrillo donde está la chica bailando.— ¡Mira!
Otra persona ha entrado en el espacio que sólo la rubia ocupaba con sus hipnóticos movimientos, y es alguien que John y Dave reconocen al instante.
Kanaya, aparentemente más calmada que su compañera, es arrastrada por una de las manos de largas uñas de la rubia de ojos violáceos. La menor hace que la alta chica pegue el cuerpo al suyo y, al dejar ese baile tan pasional que estaba regalando a la gente del club, muchos ojos dejan de mirar a la pareja que se une lentamente en un suave abrazo. John y Dave siguen observando y ven cómo un brazo de Rose rodea el cuello de Kanaya y cómo ella, en respuesta, le aparta el húmedo y rubio flequillo para poder mirarle directamente a los ojos con una extraña ternura. Ahora las chicas sólo se balancean lánguidamente, sin seguir el ritmo de la música, pero sin dejar de mirarse en ningún momento. Justo cuando el Egbert abre la boca para preguntarle a su acompañante qué es lo que está pasando, Kanaya se inclina hacia el rostro de Rose y el beso en el que se funden hace que le dé un fuerte tirón a Dave en el brazo, tan fuerte que le hace trastabillar.
—Decepcionado pero no sorprendido. —El Strider afianza el agarre sobre John y tira de él, aprovechando que está casi en shock.— Ahora sí nos vamos.
Sin queja alguna, el universitario vuelve a verse sumergido en gente y siendo guiado por Dave "experto en ese tipo de ambientes" Strider.
Gracias a Dios, el trayecto de salida se hace mucho más corto que el de entrada, pero aunque ya no hay una fuerte música electrónica opacando sus palabras, el moreno no encuentra la forma de describir la sorpresa que siente por todo lo que acaba de presenciar y descubrir.
—Tengo que contárselo a Jade. —es lo primero que se le ocurre decir a John mientras Dave se despide de los seguratas.
—Eso, para que se quede tranquila. Su compi solo tiene novia, no un problema con la cocaína... que nosotros sepamos, vaya. —La sonrisa casi permanente que se le había quedado a Dave en la cara se deshace cuando John le da un agarrón en el antebrazo de repente. Sigue con los ojos azules clavados en la pantalla de su móvil y parece agobiado.— ¿Qué? ¿Qué pasa?
—Te han... Se ha filtrado que estás aquí. Ahora. —El universitario yergue la cabeza y mira con preocupación al rubio. Justo en ese momento, se escuchan más voces, más gentío pero esta vez en la boca del callejón por el que han entrado. Ambos miran hacia allí y ninguno de los dos tarda más de tres segundos en reconocer aquello como lo que es: jauría de groupies de Dave Strider.— Oh, mierda.
—Ven. —Ahora es Dave el que agarra el brazo de John.— Venga, joder, Jehn.
Sin dudarlo ni un momento, el Egbert se deja llevar por ¿quinta? vez esa noche y ambos caminan con prisa, adentrándose más en el callejón. El ruido a sus espaldas crece, pero el rubio no muestra signos de angustia ni nerviosismo, simplemente sigue caminando con pasos rápidos hasta que pasan frente a un gran contenedor, sucio y lleno hasta arriba. De repente, Dave da un empujón a John y le esconde tras el enorme recipiente de metal, estampándolo contra la pared de ladrillo.
—¿Qué-?
—Cállate y sígueme el rollo.
Las voces de un grupo de chicas se escuchan cada vez más cerca y Dave elige justo ese momento para abalanzarse sobre un confuso John. Mete las manos por los laterales de su chaqueta y le agarra la cintura con intensidad a la vez que le busca la boca con unas ansias que no sabe de dónde pueden salirle teniendo en cuenta la situación en la que se encuentran. El Egbert no tiene más remedio que corresponder a ese beso tan fogoso lo mejor que puede, pero medio segundo después ya está totalmente metido en situación, enganchado al cuello del que era su ídolo y descolocándole la sudadera, aunque no lo suficiente como para bajarle la capucha y echar al traste el plan de distracción que ha tramado Dave en un momento.
Las chicas llegan hasta ellos y sus voces quedan acalladas. El Strider es consciente de ello, pero no se gira ni deja de comerle la boca al otro chico que, por cierto, ha dejado de ser consciente de su alrededor, por lo que no se da cuenta de que unas jóvenes han visto a un par de personas enrollándose entre cubos de basura y han decidido alejarse porque obviamente Dave Strider no haría algo así. En cuanto los pasos de las groupies se alejan, el famoso rompe el húmedo beso, dejando a John con los labios medio abiertos, enrojecidos, y los ojos entrecerrados.
—Ala. Ya está. —suspira el Strider, dejando la frente pegada a la ajena.— ...eh. ¿Estás vivo?
—¿A qué... ha venido eso? —pregunta tras unos largos segundos el menor, parpadeando varias veces mientras sale del estupor.
—Es una técnica de distracción obvia. Es incómodo pillar a dos personas liándose en un callejón sucio y, además, yo no hago esas cosas. Resumiendo: que no se han dado cuenta de que era yo.
—Uf. Menos mal. —John deja caer parte de su peso contra la pared contra la que tiene la espalda y se queda pensativo durante unos segundos.— Oye, Dave.
—Qué pasa.
—¿Por qué decepcionado?
—¿Cómo? —Dave yergue ligeramente la cabeza para observar mejor el rostro del menor, que mira hacia un lado con expresión neutra, algo raro en él.
—Cuando has visto a Rose y Kanaya has dicho...
—Ah, eso. —Hace un gesto con la cabeza, quitándole importancia.— Nada, lo decía porque es una tía bastante guapa y eso y está en la otra acera.
—O sea, que Rose te ha gustado. —Los ojos azules de John se clavan en el rostro de Dave que, por primera vez, es incapaz de descifrar las emociones que refleja la expresión ajena.
—Nah, es broma. Además es menor.
—Ya. —El más joven aparta la mirada de nuevo y el Strider alza las cejas; cree que comprende la situación, pero no la reacción distante del otro. Ha visto a John celoso antes y había entrado en modo loco dramático total, así que esto es nuevo.
—John. —le llama con suavidad el rubio. Sus manos dejan de estar aferradas a su cintura y se deslizan hasta su espalda, creando un suave abrazo entorno a su silueta.— No hay ninguna chica en mi cabeza ahora. No hay sitio para eso.
Tanto las palabras como el suave tono de voz del famoso DJ y vloguer consiguen captar de nuevo la atención de los vivos ojos de John. A pesar de que Dave lleva sus gafas de sol, siente su mirada bermeja y penetrante sobre él y, añadiéndole a eso el tenso silencio que cada vez se alarga más, el corazón del menor empieza a latir con tanta fuerza que casi lo siente como si lo tuviese en la garganta. Lentamente, alza las manos y las apoya en el pecho del chico que tantas cosas le está haciendo sentir y baja la cabeza levemente para romper el contacto visual y poder respirar. También para evitar que vea el sonrojo que empieza a notar tanto en las mejillas como en las orejas.
—Creo que ya han dejado de buscarte esas chicas. —musita John después de unos segundos más de silencio en los que consigue calmar su nivel de nerviosismo. Hace un ademán de moverse del sitio, pero Dave se lo impide.— ¿Qué pasa...?
—Espera, John. —Con lentitud, lo que antes era vagamente un abrazo, acaba afianzándose. Ahora John nota cómo Dave le abraza con fuerza contra él.— Quédate así. Sólo un rato.
Al parecer, ahora es ese luego prometido.
¡ATENCIÓN!
Si es la primera vez que llegas a este punto del fanfic, por favor no continúes o encontrarás un montón de contradicciones entre la versión actual y la antigua. Estoy reescribiéndolo desde 0 pero sin borrar los capítulos anteriores para no perder los comentarios y el amor que la gente me dio en su primera versión.
GRACIAS !
