6

Revelaciones


Bulma permaneció siempre en el suelo mientras lloraba y se cubría los oídos al escuchar las diversas explosiones que se escuchaban a lo lejos pero se sentían a sus pies. Vegeta había estado todo el tiempo en su nave y ahora estaba escuchando y sintiendo el aire que olía a muerte, aspirando con fuerza manteniendo siempre los ojos cerrados. Esa sensación era su favorita, la ceniza y la brisa caliente a causa del fuego le hacían vibrar sus entrañas. Para cuando decidió voltear y encarar a su invitada cautiva, que hacía todos los intentos posibles para que sus sollozos pasaran desapercibidos, sus ojos tenían un brillo distinto.

El rey la tomó del mentón para alzar su cabeza como lo había hecho con Nappa pero infinitamente más suave, aunque no del todo gentil. Ella lo observó con miedo y Vegeta se regocijó con sus ojos aterrados. Sonriendo con malicia, la alzó en el aire y ella lanzó un suave quejido de desolación.

—¿Por qué haces esto? —preguntó ella y el aludido rió con la boca cerrada. Algo siniestro se escondía en su mirada y Bulma no pudo seguir mirándolo a los ojos.

—Esto es lo que hago, para esto es lo que vivo —dijo Vegeta y se rió con fuerza.

—Déjame ir, por favor —imploró la del cabello lila y el monarca negó con la cabeza, aún con la sonrisa arraigada en su rostro.

—Soy tu rey ahora, terrícola. Quiero que me des tu tecnología, dijiste que eres científico, ¿o me estabas mintiendo? —ella negó con la cabeza—. Entonces no te dejaré ir jamás.

Vegeta le soltó el mentón y ella se desplomó al suelo en desgracia, llorando con las manos en el rostro. El semblante del hombre se endureció en una expresión severa, mirándola con estricto rigor.

—No te atrevas a escapar, te encontraría de todas maneras —dijo solamente y partió a hacer lo suyo en la conquista y destrucción del planeta azul.


Tomma despertó en una posición incómoda, con sangre seca en su nariz y boca, y un gran dolor en su cabeza. Se incorporó con pesar para darse cuenta que no se encontraba en el calabozo ni tenía las esposas en los tobillos y muñecas. Una fogata le dio a entender que estaba al aire libre y cuando se hubo recobrado del viaje a la consciencia, dio con el androide en frente de él, fileteando un pedazo de pan con un cuchillo mientras se lo comía a pedazos pequeños. Sonrió a modo de bienvenida y le tiró un pan carbonizado con una puntería precisa. Tomma aún no tenía los reflejos bien despiertos por lo que se quejó cuando sus manos no le respondieron como él esperaba.

—Tú, pedazo de chatarra inútil —trató de pararse pero cayó con fuerza gracias a su propio peso, lo que sacó un par de risas del androide que miró hacia otro lado por educación y no enfadar más al soldado con su insolencia.

—Buenas noches, soldado. No es necesario que te levantes, ya nos conocemos —dijo con cautela y Tomma se llevó una mano a la cabeza con urgencia. Se acarició las sienes un par de minutos y gruñó largamente un quejido mientras intentaba mitigar el dolor, el Número 17 lo observó con curiosidad—. ¿Cuál es tu propósito?

—¿Eres rebelde?

—Prefiero ser llamado «independiente» —respondió con diversión y el soldado se exasperó.

—¿Cuál es tu relación con Freezer? —intentó otra vez, no sabía a lo que tenía que llegar pero prefería seguir hablando hasta recomponerse del todo e intentar derribar al androide para llevárselo a Seripa, ella sabía con seguridad para qué lo estaban buscando con tanta insistencia.

—Es un estorbo pero no me preocupo, no se mete en mi camino —dijo simplemente mientras se echaba otro trozo a la boca. Tomma miró el pan que le había tirado y lo trituró con dificultad con ambas manos para poder comer. La comida podría ayudar a reponerlo con más rapidez, pensó—. ¿Es cierto que ustedes se vuelven más fuertes cuando están al borde de la muerte?

El aludido no alcanzó a tragar el trozo enorme que se había echado a la boca cuando se volteó a ver al androide con sobresalto, se puso en guardia malamente con las neuronas aun bailándole dentro de su cerebro. Número 17 rió con suavidad.

—No voy a atacarte si es que así lo piensas, ya te dejé bastante mal herido allá en el calabozo —dijo—. Considéralo como un favor, soldado.

Tomma rió con burla.

—¿Mal herido? Esto no ha sido nada, chatarra, sólo ha sido un rasguño —mintió orgulloso el saiyan y el joven artificial asintió con cortesía, mientras se introducía un nuevo pedazo de pan—. ¿Dónde estamos?

—No puedo decirlo, es mi escondite secreto —dijo con simpleza. Tomma lo miró con desconfianza.

—¿Qué quieres de mí?

El androide lo miró con un semblante serio y tiró el cuchillo al aire, dirigido a la pared justo detrás de Tomma. El movimiento certero y veloz del joven lo dejó boquiabierto, pero se puso serio al instante, en cuando comprendió que nunca había dejado de ser una amenaza.

—Sólo quería agradecerte por traerme la nota —dijo mientras se levantaba del suelo y caminada hacia otra dirección. Su energía enrarecida no podía ser leída por los rastreadores por lo que podía andar libremente por los pasillos del palacio sin ser detectado y caminó hacia los espacios vacíos del planeta, fuera de las inmediaciones del palacio—. Cuando termines, regresa a tu celda, no quiero causarte más problemas si no te encuentran ahí en la mañana.

Luego desapareció. Tomma quedó pasmado ante la actitud del chico y no le fue difícil dar con las esposas, a un lado de la fogata. Antes de que amaneciera, se puso con problemas las amarras de luz y partió al calabozo a través de la misma puerta escondida de donde había entrado el muchacho para golpearlo. Dodoria lo fue a liberar a primera hora y le resultó bastante extraño que de sus muñecas no saliera ninguna traza de sangre.


Bardock se levantó molesto de su asiento, había estado sentado la mayor parte del día, casi todos los días que llevaba en esa prisión al que llamaban planeta Santuario. No estaba permitido practicar algún tipo de actividad violenta, por lo que tampoco podría entrenar como correspondía y Paragus se las ingeniaba para desaparecer por muchas horas solares. Estaba severamente aburrido y muy preocupado por lo que me iría a pasar a mí o al inútil de Kakarotto. Tenía claro que a mí me irían a castigar por sus propias acciones y esperaba que el menor no hubiera resultado gravemente herido al intentar cumplir con su obligación de hijo. Su incertidumbre lo estaba matando.

No encontró mejor salida que inducirse una visión y ni él mismo sabía cómo hacerlo. Se fue pateando las piedras camino hacia alguien que le entendiera su lengua. Esto lo fue probando cada vez que se topaba con algún ente, lo tomaba por el cuello y lo zamarreaba hasta lograr soltarle palabras, sólo entonces les preguntaba si podía entenderlo. Sus primeros intentos fueron fallidos, y pronto captó la atención iracunda de todas las alienígenas presentes, y cabe mencionar que casi todos compartían el mismo odio hacia la raza que había exterminado su planeta.

—¡Es suficiente! —exclamó Paragus que salió de detrás de una muchedumbre confundida y molesta. Bardock soltó a su última víctima para que cayera en el suelo rígido antes de encarar al que lo tenía preso. Se encaminó hacia él con las pisadas fuertemente golpeadas contra el suelo y estuvo a punto de darle la misma zamarreada al anciano pero éste lo calmó, extendiendo dos dedos hacia mi padre de manera acusativa. Éste lo miró extrañado. —¿Cuál es tu problema?

—Necesito salir de aquí.

—¿Es esa la razón por la que molestabas a los aldeanos? —inquirió el general con una calma fingida. Bardock se dejó llevar por la desesperación.

—Si no me dejan ir entonces quiero una explicación, ¿dónde está Tomma? Dijeron que estaría aquí ahora —cuestionó el soldado.

—Tranquilo, Seripa se encargará de ello. Es una chica bien eficiente, pero me temo que antes debe ajustar otros asuntos, allá en Vegeta —dijo.

—¿Qué clase de asuntos?

—No te puedo decir en este momento —empezó el viejo y antes de que el susodicho le contestara de mala manera un insulto, continuó—. ¿Has tenido más visiones del futuro, Bardock?

Así fue cómo supo que lo tenían ahí para predecir buenas maniobras y alejarse de las que le traerían desgracias, fue ahí cuando supo que Paragus sólo quería gobernar Vegeta y no necesitó tener una visión para entenderlo. Se encogió de hombros derrotado, no tenía a nadie en quién confiar, sólo en Kakarotto que era el único que realmente quería ayudarlo.

—Esperaba que me dijeran cómo me puedo inducir una visión —dijo y Paragus pareció no entenderlo—. Dijeron que habían tenido a otro que predecía el futuro, supongo que deben saber mejor que yo cómo manejar estas cosas —justificó Bardock, su nuevo método sería acatar, aprender y ocultar información relevante, no quería derrocar un tirano para colocar a otro más ingenioso en el trono.


Chichi se sujetó de lo que pudo encontrar en la cueva para evitar salir volando por la intensidad de las explosiones. Aunque eran lejanas, el viento que se producía con ellas era demencial y hubo momentos en los que se levantó del suelo para quedar colgando sólo de unas raíces que sobresalían tímidas desde la roca de la cueva. El menor se acercó hacia ella y con su propio cuerpo la devolvió al suelo, cubriéndole la cabeza con sus brazos para que las piedras y ramas no le cayeran directamente. Chichi gritó durante otro viento enfurecido y una última explosión se escuchó antes que un silencio sepulcral invadiera al campo. Gokú se encaramó en el inicio de la gruta para investigar la situación, pidiéndole a la mujer que se mantuviera abajo y escondida. Esta asintió en silencio mientras pensaba que era el fin del mundo.

—Creo que ya se han detenido en esta zona. Sería seguro quedarse una noche más acá por precauciones —dijo con el ceño fruncido, pero no por enojado, más bien concentrado. Habían trazos de calores que sentía por todos lados, como vientos, que no se explicaba cuál era su naturaleza. No se preocupó en advertirle a la morena sobre su sobrenatural sensibilidad a captar la energía de las cosas, porque no sabía cómo explicarse qué era ni tampoco quería asustarla más de lo que ya estaba.

Ella se planchó el pelo desordenado con las manos mientras negaba con la cabeza y suspiraba apocalipsis.

—¿Qué es lo que está sucediendo aquí? —lloriqueó la morena con desesperación y pronto abrió los ojos como platos, producto de un inesperado descubrimiento —Debo volver a mi casa, tenemos que defenderla. Estos rebeldes pueden saquearla. ¡No puedo permitirlo!

—No, Chichi. No podemos exponernos de esa manera, si pueden crear estas explosiones entonces será difícil derrotarlos. Debemos hacernos fuertes, entrenar. Sólo así podremos hacerles frente —explicó con una sonrisa y la mujer lo miró sorprendida. El menor se le acercó con una sonrisa y le extendió las manos para que ella se incorporara. Esta obedeció muda. —Entrenaremos juntos.

—Te refieres a…¿luchar? —preguntó incrédula y reprimió el deseo de sonreír, defender su casa con sus propios puños le resultaba completamente cuerdo y emocionante. El chico asintió.

—Exactamente, Chichi. He estado viendo tu musculatura y me parece que eres bastante fuerte.

—¿Visto mi musculatura? —repitió tartamuda y enseguida enrojeció salvajemente, dando un fuerte manotazo sobre la mejilla de Kakarotto—. Me viste el cuerpo, pervertido.

Masajeándose la cara, Kakarotto se sonrió con diversión—. A esa fuerza me refería —dijo y Chichi se sonrojó nuevamente pero la diferencia era que ahora el motivo de su vergüenza era el enamoramiento y no el atrevimiento del menor.


Luego de una media hora clavada al piso, Bulma se atrevió a ponerse de pie y comprobar dónde estaba. No pudo distinguir nada en ese bosque que le diera a entender en qué hemisferio, latitud o lugar se encontraba, solamente sabía que sería de noche, aun cuando el cielo estuviera iluminado por el fuego y explosiones a sus alrededores. Ya no se sobresaltaba cuando oía algo reventar cerca, simplemente se encogía un poco por reflejo y se devolvió a donde Vegeta se había sentado anteriormente. Examinó la nave con curiosidad, revisando sus circuitos y el mecanismo que le permitiría a esos extraterrestres viajar grandes distancias a una velocidad considerablemente enorme. Nada era como ella suponía.

El androide rubio la observó desde las lejanías y se acercó a ella con sigilo. Solo cuando estuvo cerca de Bulma, ésta notó su presencia y recogiendo un palo del suelo, le amenazó para que no se acercara más. Por supuesto que la mujer artificial rió ante su inútil intento de defensa. Se materializó en su espalda en el parpadear de un ojo y la científica no pudo decir algo a causa de su asombro. Quiso gritar pero el miedo se lo impidió.

—Vegeta te matará si me haces algo —dijo con el semblante descompuesto y la rubia sonrió con agonía.

—Lo sé —dijo simplemente—. No te haré nada pero te advierto, terrícola…

—Bulma —le corrigió, interrumpiéndola. Número 18 abrió los ojos sorprendida de su actitud desafiante.

—No te interpongas entre Vegeta y yo. No querrás meterte conmigo.

La terrícola alzó una ceja, sabía que la amenaza del androide nunca se haría realidad mientras Vegeta la tuviera presa y eso se cumpliría sólo si ella dejara de ser científico y nunca sucedería. Lo único que tenía que seguir haciendo era ser útil para el monarca y así no la desecharía, claro, eso sería hasta que ella encontrara la manera de escapar.

Dejó el palo otra vez en el suelo y siguió dando vueltas por el improvisado campamento en busca de algo de tecnología extraterrestre para analizar y la mujer artificial se cruzó de brazos, molesta por el desprecio de la debilucha. Frunció el ceño y apretó la mandíbula cuando la vio meterse en su propia nave personal para ver cómo era su interior.

—¿Qué crees que haces? —masculló molesta y Bulma salió de la nave con curiosidad.

—Lo siento, ¿ésta es tuya? —cuestionó con desdén, cuando encontró en el semblante de la rubia la respuesta pegó una carcajada fuerte—. No te preocupes, no me volveré a acercar.

La mujer de cabello lila se dirigió entonces a la nave de Vegeta y hurgó en su interior. Desde ahí encontró un panel con símbolos extraños y no dudó en accionar botones a pura corazonada. Un pitito que sonó acercó al androide con molestia mientras que una pantalla holográfica apareció frente a la de cabello lila y un rostro humanoide le secundó.

El androide se cruzó de brazos y Bulma murmuró maravillada alabanzas a esa tecnología alienígena. El humanoide le pidió órdenes en cuanto no reconoció a su interlocutor. Como la mujer no dijo nada, el ente le pidió su identificación o identidad, daba igual.

—Bulma Briefs —dijo a modo de burla puesto sabía que no la reconocería ni en un millón de años, imaginaba que terminaría encerrada en un laboratorio de mala muerte o escapando a los bordes del universo conocido.

Repita, por favor.

La chica se rió y accionó otro par de botones después de memorizar el símbolo que correspondería a comunicar a un centro de mandos o algo por el estilo. La pantalla holográfica desapareció y las luces de la nave se encendieron, haciendo que el androide se pusiera nervioso y Bulma supo que estaba haciendo arrancar la nave.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó escandalizada la rubia mientras se acercaba a zancadas hacia la terrestre y ésta se bajó enseguida de la nave, no pasó mucho tiempo para que Vegeta llegara al lugar por mera coincidencia, aterrizando pesadamente sobre sus piernas y las mirara con el ceño fruncido. La terrícola cayó de bruces al suelo porque se sentía más segura y no se atrevió a observarlo a los ojos en cuanto éste se lanzó en su dirección. La tomó de una muñeca y le mostró las encías.

—¿Estabas tratando de escapar? —inquirió el monarca con rabia y ella lloriqueó silenciosa, negó con la cabeza. Vegeta la zamarreó una vez más.

—¡No! —gritó como respuesta y el alienígena se echó para atrás con sorpresa. La chica le dio un golpe insignificante en su mano para que dejara libre su muñeca pero no fue lo suficientemente fuerte para que Vegeta lo notara—. Suéltame. Estaba analizando las naves.

—¡Te dije que no intentaras algo o lo pagarás con tu vida! —Vegeta gritó de vuelta antes de soltarla y se giró para caminar como una fiera encerrada. Bulma estiró el cuello con vanidad para aparentar fortaleza.

—No querría escapar si fueras más amable —repuso una vez más la mujer y Vegeta esperó que fuera su último intento por hacerlo enfadar, apretó los nudillos con fuerza y la miró. El androide se limitó a observar con distancia y sorpresa.

—¿Qué fue lo que dijiste?

—Que no querría escapar si fueras…—recitó la del pelo rosado con calma hasta que fue interrumpida por un grito del monarca. Sólo había sido una pregunta retórica. Ella lo miró ofendida.

—¡Ya sé qué fue lo que dijiste!

—Bruto salvaje. Escaparé y ni te darás cuenta hasta que esté bien lejos de ti y tu asqueroso reino. Nunca me encontrarás, soy más lista que tú —predijo ella con los brazos cruzados y el semblante del susodicho estaba estupefacto, no recordaba la última vez que lo habían insultado tanto pero no tenía el deseo de matarla aún. Sonrió después de un tiempo de meditaciones en los que la chica se había levantado del suelo y se encaminaba hacia el bosque con la intención de escapar. No corría porque sabía que la irían a perseguir enseguida, pero su falsa seguridad le daba el tiempo necesario para alejarse lo suficiente para trotar y luego, huir.

Al principio juró que su artimaña le estaba resultando pero no era más que una treta. Vegeta frenó el impulso de la rubia para alcanzarla con un ademán de la mano y ella lo inquirió con la mirada.

—Déjala —dijo simplemente y retrocedió un poco para cancelar la orden de despegue de su nave personal.

—¿La dejarás escapar? —preguntó la artificial y el aludido curvó los labios, mientras se sacaba el rastreador de su oreja.

—No —dijo—. Sólo lo estoy haciendo más divertido.

El juego del gato y el ratón siempre lo había fascinado, claro que nunca lo había hecho caminando y menos con el simple motivo para verla gritar de miedo. Repasó los pasos de la terrícola con sus pies con una precisión infinita y pronto dio con su paradero, Bulma era una pésima presa y disimulaba pobremente el asma del suspenso que la afectaba. Estaba escondida detrás de un árbol que logró borrar su silueta de su vista pero falló en cuanto a la innovación de la guarida, Vegeta rió de emoción. Una ramita se quebró y precisó el momento en que la científico intentó inútilmente de correr, aun cuando revelaba su posición. De un salto, el rey llegó a su lado y Bulma se cayó al suelo al verlo.

—Vamos, te daré otra oportunidad —dijo él mientras se abalanzaba a la terrícola, pegando sus rodillas al barro y gateando sobre su cuerpo para sentirla vibrar de miedo—. Corre.

Bulma siempre supo que la alcanzaría una vez más por mucho que ella tratara de alejarse pero su sentido de sobrevivencia la obligó a ponerse de pie y correr como el rey se lo había demandado. El alienígena se regocijó al verla tropezar y volver a incorporarse, rasgarse la piel con los obstáculos naturales del bosque y gritar de miedo al verlo materializarse otra vez. Ya no tenía las fuerzas o la moral para seguir tratando de hacer algo imposible y pronto cayó derrotada al barro, sintiéndolo aproximarse por sus pasos firmes y calmados sobre el suelo pantanoso producto de una lluvia ligera.

—¿Qué te sucede? Levántate, corre. ¿No ibas a escapar? —dijo suavemente el monarca una vez que se hincó junto a ella para asustarla.

—¡No soy tu juguete!—gritó con desesperación y el rey sonrió—. Por lo que más quieras, déjame ir —Bulma rogó como nunca lo había hecho antes en su vida y se trató de alejar imperceptiblemente apoyando sus manos en el barro y deslizando su cuerpo para atrás ante la proximidad de él. Vegeta rió ligeramente, le tomó la cara por el mentón.

—Jamás.


Nota de la Autora: Edité el capítulo, tiene corregidos los problemas del guión :) RP.