7

Bulma


Los salvajes habían vuelto al segundo día, agotados y sedientos. Uno por uno, fueron llegando al campamento como único punto de encuentro y Vegeta se paseaba satisfecho por los alrededores del lugar recibiendo lecturas de su rastreador. De ningún lugar se percibían energías cercanas y de las escasas que podía rastrear en las lejanías, poco tiempo les quedaba. Bulma estaba arrinconada a un lado de la nave de Vegeta, el único del que podía estar próxima y sentirse vagamente segura por eso.

Después de su labor, Nappa se llenó los brazos de algunas frutas para comerlas en el campamento mientras conseguía algo mejor y el rey se acercó para recoger un ejemplar. En un principio, al calvo no le importó ese simple hecho pero le llamó la atención lo que le siguió. El rey caminó a su nave con seguridad y la prisionera se pegó al metal de la misma como buscando refugio, lo miró con cautela. Vegeta sonrió complacido.

Le extendió la fruta sin miramientos y de manera brusca, Bulma se sobresaltó y cerró los ojos, habría jurado que la iba a lastimar.

—Come —expresó, extendiendo la pequeña fruta que había escogido. La chica no se movió y sólo se dedicó a mirarlo con pavor, estaba asustada desde el día que la persiguió sin piedad por el bosque. Pero se permitió analizarlo detenidamente, el día de la invasión tenía una mirada parecida a la de un animal salvaje con los ojos puestos en su presa, ahora no entendía lo que buscaba. No era presa, ni juguete, era sólo una mascota—. ¿Piensas morir de hambre?

—Preferiría eso antes de recibir algo tuyo —resolvió la muchacha, susurrando para que ningún subordinado del rey la escuchase, había visto el enorme respeto que le tenían al salvaje y como buenos vasallos debían honrarlo, no aceptando algún desacato de cualquier criatura, incluso la más insignificante. El calvo enorme observaba la situación, no tenía idea de quién era ni qué representaba para su captor pero por su gran masa corporal prefirió no averiguar lo que él traía entre manos. Se retorció en su refugio y esperó la reacción del rey: estaba mirándola con una sonrisa torcida y el ceño siempre fruncido, convencido de que su actitud desafiante no duraría mucho tiempo.

—Si eso es lo que quieres —resolvió el joven rey, aplastó la fruta en su puño y se fue del lugar.

La lluvia parecía hacerse presente cada vez que se sentía desgraciada y lloraba silenciosamente al llegar la noche, abrazándose a sí misma de frío y desolación. Imaginaba que era la última terrestre en la faz del planeta, condenada a extinguir su raza una vez que ella muriera. Los acompañantes del rey pasaban los días descansando y comiendo, haciendo caso omiso a su existencia por la petición del propio Vegeta y descubrió lo leales a sus palabras que llegaban a ser. La única que podía hablarle era la rubia puesto que no tenía la facultad de violarla, pensó. En cambio, Vegeta pasaba horas sin dirigirle una mirada y comenzaba a preguntarse por qué la tenía retenida ahí.

Despertaba cada mañana con una mísera ración de comida a un lado y supuso que Vegeta estaba tratando de hacerla comer para mantenerlaa su lado pero descartaba las frutas siempre. Rancias a un lado, no se movió ni aunque estuviera mareada por la putrefacción. Cada día se encontraba más delgada y más muerta, pero debía mantener su orgullo intacto puesto que era lo único que le quedaba, no iría a aceptar nada que viniera de su captor.

—Oye, tú. ¿Eres Nappa, verdad? —dijo ella mientras trataba de ponerse de pie, Vegeta se había ido muy temprano a recorrer los alrededores y Bulma había quedado al cuidado de la rubia que se fue al momento que el rey estuvo lejos del campamento. Sintió sus piernas flaquear por la obstinación de su delgadez y el miedo que le producía el corpulento. El soldado poco hizo para prestarle atención y pegó un bostezo aburrido. Bulma se sintió ofendida.

—No hablo con esclavos —respondió simplemente. Nappa cerró los ojos y apoyó su cabeza en una mano. Bulma frunció el ceño.

—¡Yo no soy una esclava!

—Entonces dime qué eres, porque para lo que a mí me concierne eres una simple esclava, esclava —respondió con pereza. De haber tenido las fuerzas, la del pelo morado hubiese hecho algo al respecto pero se limitó a caer de nuevo al suelo y pensó por primera vez en el hambre que estaba sintiendo desde hace días pero que se negaba a escuchar. Estaba dispuesta a aceptar las raciones de fruta que le dejaba Vegeta por las mañanas y no podía esperar a que volviese con algún alimento en las manos. Se quedó dormida por el cansancio del hambre y despertó entrada en la noche cuando sintió que el androide se instalaba junto a ella, eso sólo podía significar que Vegeta estaría cerca.

Llegó masticando algún alimento que no supo reconocer pero que estaría gustosa por probarlo, fuera lo que fuera. Lo miró sin fingir que no lo hacía y supuso que había traído comida para estimularla a ceder. Ese pensamiento la traicionó y decidió continuar con su huelga de hambre pero su cuerpo se negó. Vegeta se acercó a ofrecerle como siempre una ración pequeña de comida y ella se mordió los labios esperando doblegar a su cuerpo con su mente testaruda. El rey pronto se aburrió de su terquedad e hizo el ademán de alejarse puesto que su jueguito lo comenzaba a cansar pero Bulma saltó sobre él como una gata al ataque.

La mujer artificial se levantó enseguida cuando la vio saltar y se preparó mentalmente para separarla de él si es que veía una señal desfavorable en el rostro del rey. En cambio, Nappa sólo se limitó a ver la escena con una leve sonrisa, para él, Bulma representaba la amenaza similar a la de un parásito y bien podían matarla una vez que Vegeta se aburriera de ella.

Vegeta curvó un poco los labios y recorrió la nuca terrícola con su mano enguantada. A Bulma le dio un escalofrío, sorprendida por su propia reacción y se apartó levemente del rey, hasta que sintió el agarre de él en su cuello. Pensó que no la dejaría ir.

—Suéltame —demandó ella con la suavidad de la cercanía pero con firmeza que la caracterizaba. De mala cara y dando empujoncitos intentó persuadirlo de su atadura, pero Vegeta estaba divirtiéndose.

—Fuiste tú la que lanzó en primer lugar —respondió en su defensa, acercándose un poco más mientras que su mano la despegaba de la nuca y le sujetaba el pelo, jalándolo un poco para que ella dejara de retorcerse y dar golpes torpes que apenas sentía—. ¿Hambrienta?

La terrícola frunció sus cejas y lo miró enfadada, dispuesta a no decir alguna palabra ya que no lo aceptaría enfrente de él, pero tampoco lo negaría por si Vegeta se mostraba generoso. Ya estaba saboreando la comida que su captor le había guardado especialmente para ella, una porción pequeña y que estaba dispuesto a dársela en la boca, sólo para hacerla sentir una mascota hasta que recibió lecturas de su rastreador. Los números salieron disparados en cierta dirección y los rastreadores de los demás reaccionaron también, Vegeta la tomó de los hombros y ella vio cómo su único bocado caía al suelo en un descuido del rey y se ensuciaba con tierra. Todos parecieron verse afectados por la anomalía de sus aparatos y ella no terminaba de lamentarse por su comida sucia cuando escuchó a Vegeta gruñir.

—¿Dónde está el malnacido de Brolly? —cuestionó el rey, generalmente pasaba desapercibido pero en momentos en los que tenían que agruparse su presencia era más que bienvenida. El androide se sobresaltó, esperaba que el hijo de Paragus no se hubiese creído en sus palabras y partiera en busca del menor desaparecido.

—¿Qué está pasando? —preguntó la terrícola desconcertada, no se imaginaba a lo que le tenían miedo esos seres extraterrestres que habían aniquilado su planeta en dos días.

—Debe ser Freezer, el desgraciado debe haber partido poco después que nosotros —comentó Nappa mientras se colocaba la armadura con apuro, alistándose por cualquier eventualidad—. Él nunca llega sin avisar.

—Esta es su misión, puede hacer lo que le plazca —respondió el rey mostrando las encías. Bulma lo miró entonces como la mascota de alguien más y por un momento se sintió identificada. Aún con ella sujeta por los hombros, la volteó sin esfuerzo y le tomó un brazo, ella chilló ante su brusquedad pero como era de esperarse, Vegeta no le hizo caso. La condujo hacia su nave personal y la dejó sentada en el colchón mullido sin mucha delicadeza, para luego encerrarla ahí. Cuando cerró la puerta sus gritos ya no se oían y sólo veía su boca abrir y cerrarse en quejas, suponía—. Todos preparados, tenemos invitados que atender.

Partieron en dirección de donde se recibían las lecturas, lejos del campamento.

Vegeta y sus dos acompañantes llegaron a la nave principal y como sospechó en un principio, Zarbon lo esperaba en la entrada con un puñado de soldados escoltándolo. El joven rey rió por lo bajo y se acercó caminando hacía el alienígena verde. El aludido lo saludó con una pequeña reverencia y le señaló el interior de la nave, como una invitación silenciosa para comer y hablar de sus ganancias. Antes de perderse en los rincones metálicos de la nave, Vegeta miró de soslayo hacia el exterior, esperando que no encontraran su campamento.

Luego pasó el general calvo y por último el androide que miró a Zarbon con curiosidad neutral, y el soldado recorrió su espalda con el brazo y le sopló un oído.

—Tu amo espera que hayas cumplido tu tarea, androide.

—Kakarotto está muerto.

—Fantástico —dijo—. Recuerda, sé los oídos del emperador y tú y tu hermano serán libres.

—Entendido —y se fue.

Zarbon sonrió complacido, estaba convencido que el plan estaba siguiendo su curso natural y que una vez que muriese Vegeta, el trono de su planeta quedaría vacío para siempre, siendo ocupado por el Emperador del universo conocido, puesto que ya no quedarían herederos verdaderos. Aunque no entendía el sentimiento que tenía su amo por el rey, pues nadie podía tocarlo sin su consentimiento y sólo se podían hacer conspiraciones en su contra para acelerar el proceso. Vegeta era su favorito. Lo único que esperaba era que Freezer lo dejara a cargo del trono salvaje.

Antes de cerrar la compuerta, se dirigió a sus soldados. Luego, les dijo: —Vayan a buscar el campamento del rey, no queremos que se queden con algo que no les pertenece.

Los guerreros asintieron gustosos por su primera misión en mucho tiempo y partieron poco antes que la nave imponente se cerrara hermética.

—¿No es bello este planeta? —comenzó Zarbon con una sonrisa, complacido por la seguridad que estaban tomando las cosas, él ya podía sentirse el nuevo señor de aquellos salvajes.

—Terminemos con esto de una vez, ¿quieres? Quiero el agua de este planeta y tú puedes quedarte con el resto, no me interesa en lo más mínimo.


Bulma lloriqueó de hambre por enésima vez, se torturaba viendo el bocado abandonado en la tierra mientras que un ave rapaz se acercaba tanteando el suelo, tímida, en busca de alimento. Cuando el animal estuvo a punto de tragar su bocado, un par de piernas cayeron pesadas del cielo, el ave se alejó volando y Bulma juró que se trataba de Vegeta que había vuelto a alimentarla. Golpeó el cristal y gritó por atención, aun sabiendo que no la escucharían. Pero cuando los vio más de cerca, tembló de horror. Eran otras criaturas con las mismas armaduras.

Se ocultó como pudo en la nave personal pero era muy pequeña para esconderla y pronto dieron con ella. Se abrió la puerta y ella calculó el momento para escapar, instantes antes de que el sistema hidráulico terminara de levantar la compuerta al máximo, pero su huida fue frustrada cuando la tomaron por la cintura.

Chilló y llamó a Vegeta como pudo, pateó y tiró manotazos, nada daba resultado con esa gente sobrenatural. Cuando la tomaron del pelo, Bulma tuvo la oportunidad de dar una vuelta completa y con ello, arrancarse un par de mechones de cabello lila. Al instante que comenzó su huida, pocas esperanzas le quedaban de ir muy lejos. Si con Vegeta no había funcionado, no tenía muchas probabilidades de hacerlo con estas personas.

Recordó que aún conservaba una cápsula desde que Vegeta la había capturado y que en ella guardaba una motocicleta. La buscó con la mirada con rapidez pero la volvieron a tomar en plena búsqueda. Aunque estuviera sucia y mal arreglada, el soldado la abrazó por la espalda y aspiró su aroma del cuello. Rió con lujuria y la volteó sin mucha dificultad para acariciarle las piernas con brusquedad. Pronto se acercaron los demás soldados a mirar a la nativa que no tenía mucha diferencia a los salvajes con cola. Después que la olió una vez, la empujó hacia su compañero y Bulma lo golpeó en la cara cuando tuvo la oportunidad. Aunque el soldado no sufrió daños, la golpeó de vuelta y ella cayó al suelo aturdida. En el suelo, Bulma observó la silueta que se mantenía oculta en las sombras del bosque, Brolly la miraba sin hacer algo al respecto y ella le gritó pidiéndole ayuda.

Cuando dejó de luchar, se vio en el suelo con un soldado regodeándose con sus piernas mal puestas y su labio hinchado, rebosante en un hilo de sangre y Brolly siendo testigo de su crimen. Ese chiquillo sin expresión alguna y que no reflejaba el salvajismo de sus compañeros, se encaminó a la chica con tranquilidad. Los soldados se vieron sorprendidos puesto que sabían que todos los salvajes estaban en la nave junto a Zarbon y su presencia los hizo sospechar que se había demorado mucho en requisar lo que Vegeta tenía en su poder.

—¡Bah! Es sólo uno de ellos —replicó uno de ellos y se acercó con velocidad hacia Brolly para atacarlo. El hijo de Paragus, al percibir el ataque, se contrarió y respondió con brutalidad. No le fue difícil acabar con los primeros que le hicieron frente y los aniquiló hasta que ya no se reconocía qué era su cabeza o qué su cuerpo. Bulma lo miró horrorizada y se escabulló de vuelta a la nave de Vegeta mientras Brolly se esmeraba en torturar y matar al alienígena que la estaba molestando momentos antes. Bulma esperaba que los rastreadores de los demás integrantes del escuadrón los alertaran para que volvieran, puesto que si se atrevía a correr temía que Brolly la matara también.

Sólo quedaba un soldado vivo al que le había roto ambas piernas y se encontraba arrastrándose por el suelo implorando por piedad cuando Vegeta llegó por la razón que deseó Bulma, y miró estupefacto la escena. Nunca había visto actuar así al hijo de Paragus mientras que el hecho que Zarbon había mandado soldados a su campamento no era del todo sorprendente, era más bien predecible. Número 18 miró la situación con horror y esperó atenta las reacciones del rey, no dejaría que se le acercara a Brolly en ese estado alterado pero Vegeta, en cambio, buscó con la mirada a Bulma hasta que dio con ella.

Vegeta entonces hizo el intento de hacer que Brolly parara la masacre para poder hablar con intruso pero el androide se adelantó los pasos que lo separaban de la reacción del loco y recibió el ataque instintivo del chico de elite que hubiese sido dirigido al rey de no haberse interpuesto. La tomó del cuello y casi la mató de no ser que la reconoció como la mujer que debía mantener vigilada. Luego, se calmó y dejó al androide con el corazón en un hilo para volver a ser el chico retraído que era y se fue a sentar dentro de su nave personal pasando encima de todos los cuerpos que había destrozado antes.

El rey miró a la rubia con enfado y le repuso: —No necesito guardaespaldas, no te atrevas a hacerlo otra vez.

Entonces Vegeta se dirigió al soldado y lo tomó por el cuello de la coraza para que lo escuchara fuerte y claro, pese a su estado débil y malherido. Arrugó la nariz por el hedor de la sangre y miró hacia otro lado por el asco. Por encima de su hombro alcanzó a ver a la chica de pelos lilas llorar silenciosa y con el asma que le presentaba cuando se alteraba.

—Dile a Zarbon que no se meta en mis asuntos. Vete —le dijo al soldado mientras éste le agradecía por su misericordia y se iba del lugar con lentitud—. Nosotros nos iremos también.

Nappa salió de la sorpresa que tenía al grupo paralizado y asintió con duda, miró a la prisionera con disimulo. Habló pocos momentos después.

—¿Qué hay de ella, señor?

Vegeta no contestó enseguida y la chica escuchó con atención esperando a que la dejaran atrás. Tras meditarlo un poco, el rey habló:—Vendrá con nosotros en la nave de Kakarotto.

El rey caminó hacia ella con pasos agigantados y le extendió una mano con la intención de que se incorporara para dejarla encerrada en la nave del supuesto muerto en acción. Ella negó con la cabeza todavía con un llanto y miró al suelo sin tener el valor de verlo a los ojos.

—Déjame aquí, por favor —dijo con la voz disminuida, él no cambió la expresión—. No quiero ir, no puedes obligarme. Déjame en la Tierra.

—No.

—Puedo saber cuándo una persona disfruta matando, no puedes llevarme contigo. No soy como ustedes. Son monstruos —repuso ella y se atrevió a mirarlo en su arranque de excusas, él la estaba escuchando con detención.

—Venir con nosotros será lo más inteligente que puedes hacer, humana.


Chichi se asomó por la esquina de un viejo cobertizo y respiró hondo antes de lanzarse en lo que mancharía su honor de por vida. Goku se le acercó por un lado y le tocó un hombro con suavidad, lo que le dio el susto de su vida puesto que la mujer lo aplastó contra el cobertizo de un manotazo.

—No te exhibas así, aún no sabemos si hay gente o no —dijo ella en un susurro y se animó a dar una última mirada antes de gatear a la casa posiblemente deshabitada.

—Déjame ver si entendí, ¿estamos intentando robar? —cuestionó el menor y ella enrojeció de vergüenza. Lo mandó a callar con un dedo en la boca y éste asintió con miedo.

—Escucha bien lo que te voy a decir porque será la única vez que lo diga. No estamos robando, esta casa está perfectamente abandonada y sus dueños debieron huir con toda la confusión de la invasión, ¿verdad? Si estos hombres que dices vienen con la misma ropa que tú, debemos quitártela, es lógica básica. No eres uno de ellos, tú eres de los buenos, Goku —explicó ella y el aludido sonrió emocionado pero luego le asaltó una duda.

—Si estás tan segura que no hay gente aquí, ¿por qué nos escondemos? —preguntó el menor con inocencia y Chichi enrojeció al verse descubierta, aclaró la garganta y se dispuso a explicarse.

—No lo sé realmente, por eso estamos chequeando —dijo ella y se asomó por la ventana, estaba todo desordenado y supuso que fue la prisa con la que se fueron los dueños al recoger sólo lo necesario y huir a alguna parte segura. Fue entonces cuando se aproximó al patio trasero y descolgó la ropa que se estaba secando al sol en una cuerda firme. No se detuvo a pensar cuál iría a quedarle bien al chico y se la extendió para que le diera un vistazo.

El muchacho se maravilló analizando las ropas suaves y fácilmente penetrables de las telas de verano y se probó malamente unos pantalones metiéndoselos por los brazos. Cuando no encontró la abertura para la cabeza supo que había errado.

Chichi sonrió ante sus intentos tontos y se lo quedó mirando hipnotizada hasta que un comentario le vino como balde de agua fría y la convirtió en un manojo de nervios.

—Chichi, ¿para qué son estos? —preguntó el muchacho con un calzoncillo en las manos y lo acercó a su rostro para verle razón de ser, antes de comprender que eran similares a los taparrabos ella se lo rebató de las manos y descubrió su rostro tan rojo como la sangre.

—Lo hablaremos más tarde.


Nota de la Autora:Editados los problemas con los guiones :) Gracias por los comentarios del capítulo pasado, espero que les guste este. Es, según mi hermana, demasiado corto pero para mí, las escenas son largas D: RP.