8
Reina algún día
Antes de que el rey con su escuadrón volvieran a los hangares de su reino, ya se hablaba de que deserción de Kakarotto del ejército imperial y un rumor aún más vago decía que Vegeta había escogido a una nativa para iniciar su concubinato, cosa poco alejada de la realidad pero que no se creía hasta que la chica pasó a tener un rostro tangible. Que fuera extranjera lo hizo una mala noticia puesto que nuestra raza debería mantenerse pura y la realeza debía mantener el ejemplo. Desde un principio Vegeta mostró poco interés en su papel de rey y sólo parecía interesado en el título más que en la responsabilidad de serlo, y no se molestó en escuchar a sus consejeros hablar al respecto.
El asunto se hizo grave cuando se supo que había una orden estricta de no acercársele a la extranjera, sólo podían hacerlo las personas que la conocieron como esclava, todos menos Brolly, por petición de la misma humana. Vegeta le dejó a su disposición un cuarto del que no salió en semanas y él tampoco fue a visitarla en un largo periodo de tiempo. A Bulma no le fue difícil idear más de mil y una formas de escapar, reuniendo varios artefactos para luego despedazarlos y buscar piezas minúsculas que le permitieran construir un objeto enorme para salir del lugar. Para Nappa no fue más que un arranque de loca y que iba a terminar por matarse, por lo que no llegó a oídos del rey.
—La humana solo es una deshonra para nuestra raza, primero es esa alianza con Freezer, ahora la trajiste a ella —comenzó por milésima vez un anciano del consejo. Nappa puso los ojos en blanco para luego lanzar un suspiro, estaba cansado de ver que los consejeros desfilaran ante la presencia del joven rey para comentar sus molestias con respecto a una inofensiva humana, y sabía perfectamente que Vegeta no lo manejaba mejor que él. El rey se encontraba sentado en su poderoso y ostentoso trono de aspecto tan tosco como su fuerza bruta, pero su postura dejaba mucho que desear, parecía más huraño de lo normal.
—Y qué tratas de decirme con eso —gruñó Vegeta, ocasionando que Nappa soltara una risa ante la postura desafiante que empezaba a tener el rey. Pocos podían hacerle frente a aquello.
—Debe morir, mi rey. Será una demostración de lealtad a su pueblo.
—Con eso te refieres a un sacrificio —continuó con la idea del consejero. El aludido asintió mudo, no sabiendo si el soberano compartía o repudiaba su idea. Vegeta miró fijamente los ojos al anciano que comenzaban a tornarse azules a causa de la baja visibilidad con la que contaba—. Está bien, si quieres mátala tú mismo —y dicho esto se levantó del asiento para dar por terminada la sesión con los miembros del consejo. Nappa no pudo evitar abrir los ojos ante el comentario tan incoherente que había salido del soberano y el anciano no cayó en su felicidad, miró al resto del consejo, quienes aplaudieron débilmente por su victoria. Vegeta se detuvo frente al anciano para susurrarle al oído—. Si es que logras asesinarme —luego, alzó la voz—Vamos, Nappa, tenemos mejores cosas que hacer.
—Vegeta, qué fue lo que acabas de hacer —expresó Nappa, una vez afuera de la estancia. El rey siguió caminando como si hiciera caso omiso al comentario, pero el hombre de altura exagerada aclaró la garganta, ocasionando que el rey se detuviera para atender su llamado.
—Si tanto te preocupa, anda a montar guardia. No creo que te derribe un par de ancianos.
—No es de mi incumbencia lo que hagas o no, ni siquiera me importa si tienes mil bastardos con esa humana, pero eres el rey ahora, deberías mostrarte más comprometido —expresó—. Se sabe que Freezer está muy interesado en controlar la raza y contigo comportándote así le facilitas las cosas.
—Crees que siendo clase baja sabes qué es mejor para el reino —habló Vegeta, con una sonrisa en los labios como si estuviera burlándose de la situación—. Este reino es invencible, mi padre fue un inepto que pensaba que Freezer lo absorbería. Yo soy el único en el universo que puede hacerle frente.
—Mis disculpas —murmuró el fiel soldado, sin ninguna gota de sinceridad en sus palabras. Los rumores hablaban de que el hijo enfermo de locura de Paragus era mucho más poderoso que el rey, y que todo apuntaba a que él tendría la cabeza del soberano en un abrir y cerrar de ojos. Por otro lado, decían que Freezer planeaba destronarlo en un futuro cercano.
—Cada vez te vuelves más estúpido —terminó por decir Vegeta, algo molesto—. Vete.
—Como quieras —y el gigantesco hombre desapareció por el pasillo. El rey arrugó la nariz al verse inquieto, aunque ahora pocos se atrevían a desafiar sus actos, en un tiempo las quejas se harían polvo y sabía que preferirían hablar de él a sus espaldas, pasando pronto a ser conspiraciones y al igual que su padre, podrían asesinarlo a causa de ellas.
Chasqueó la lengua, ya no estaba a gusto con sus súbditos, ni siquiera con el fiel Nappa que ya había cuestionado sus motivos. Ahora, era conocido como el hijo del antiguo rey, deshonrado al ser víctima de un ataque cobarde en pleno día. Ni siquiera el o los causantes de aquello tenían un nombre o un rostro para identificarlo y glorificarlo, lo que suponía un asesinato por encomienda, lo cual ponía más en vergüenza el honor del antiguo rey, aunque él sabía con certeza que había sido por encargo de Freezer, nunca se molestaría en probarlo. Murió solo y sin honra, y nadie podía asegurar que el destino le tenía un final calcado al ahora regente.
Caminó sin rumbo por el palacio, estar de misión simplificaba las cosas, por ello no resistía por más de dos semanas estar recluso en su planeta natal y exigía cualquier planeta rico en recursos naturales en el cual podía enterrar su puño. Pero ahora, las semanas pasaban y ninguna misión se le presentó, normalmente iría directamente donde el lagarto por la explicación de su retraso. No era difícil encontrarlo, gustaba merodear el planeta Vegeta sólo para ver si podía enterrar sus garras en asuntos que no le incumbía, por ello, Zarbón merodeaba cada cierto tiempo las instalaciones de palacio.
Ese día, no quiso ver ni al lagarto ni a su esclavo que de mala forma se refería a sí mismo como asistente.
Pronto, vio a Nappa de nuevo, frente a la puerta que mantenía prisionera a la terrícola. Aquella mala sorpresa hizo que el rey se enojara aún más pero le causó gracia que el gigantesco hombre fuese tan ingenuo como para pensar que su visto bueno a la exigencia de los ancianos del consejo era nada más un sarcasmo lanzado sólo para reírse internamente. Nappa era enorme, pero lo que tenía de altura, le faltaba en astucia.
—Te dije que te fueras —resolvió Vegeta, para luego entrar a la habitación de la terrícola que muchos repudiaban.
—Estoy ocupada, ándate —gritó sin saber realmente de quién se trataba, la terrícola estaba oculta entre la sombra que le proporcionaban las cortinas completamente cerradas, tendida sobre su cama, intentando pensar en alguna forma de escape perfecta.
—En qué si estás encerrada aquí día y noche —preguntó el recién llegado y ella se estremeció al escuchar su voz—No estaba seguro de que siguieras con vida, humana.
—Vegeta —habló la chica, el rey notó que en su voz había un dejo de esperanza, como si en su figura viese protección o que lo miraba como algo parecido a un amigo. Se sonrió a sí mismo y se quedó parado para analizar a la humana—Tienes que sacarme de aquí.
—Cualquiera en tu posición querría estar aquí adentro, humana, pero tú sólo quieres salir —resolvió el soberano, dispuesto a irse. Bulma saltó de su cama y corrió en su encuentro, tomó uno de sus brazos y lo jaló como un intento de que volviera, Vegeta quiso reír a carcajadas de la poca fuerza que tenía la de cabellos lilas pero no quería acrecentar la curiosidad de Nappa al oírlo divertirse con la terrícola.
—Déjame volver a mi planeta —imploró Bulma. Jaló de su brazo hasta que Vegeta cedió y pudo guiarlo hasta la punta de su cama, el rey no pudo estar más sorprendido con su reacción, en nada parecida a sus demás súbditos, quienes pensarían dos veces antes de tocarlo—. No sé lo que está pasando allá pero necesito volver a ver a mis padres y amigos.
—Considéralos muertos —dijo serio, pensando en que dicha noticia le aliviaría el peso sobre sus hombros y dejaría la ridícula idea de abandonar el planeta Vegeta, pero la terrícola no tenía en mente hacer eso.
—No, deben estar bien —expresó la chica, cambiando de idea rápidamente—. Aunque de ser así, podría revivirlos —Vegeta frunció pronunciadamente su entrecejo y comenzó a pensar que la terrícola encerraba una especie de poderes curativos que podían engañar la muerte—. Estaba buscando las Esferas del Dragón en la Tierra, traía dos en mi poder, pero con lo que sucedió creo que las perdí.
—De qué hablas, terrícola —preguntó el rey, poniéndose de pie al pensar en que la locura proveniente del planeta azul fuese una peste. Bulma silenció prontamente, no muy segura de que Vegeta fuese un digno conocedor de aquel secreto.
—Cuentos —expresó desilusionada. El soberano asintió no muy convencido de la respuesta que le había regalado la terrícola y se dispuso a salir de la habitación.
Me encontré a Dodoria en el hangar de salida, después de intercambiar miradas con él supe que no había sido del todo azar. El soldado de piernas cortas se regodeó al verme de pies a cabeza y me detuvo con una mano a la altura de la cabeza, no tuve otra opción que atender su llamado. Me devolví sobre mis pasos y lo miré sin despegar los labios, Dodoria rió con más fuerza.
—Me recuerdas bastante a tu padre, niño —comenzó, arrugué la nariz, para ese entonces me sonaba más a un insulto que otra cosa—. ¿Alguna vez te han dicho lo que hizo tu padre cuando lo arrestaron?
El alienígena me rodeó y no me molesté en moverme para seguirlo, lo miré de soslayo. Nunca me habían dicho algo del arresto de mi padre pero fue porque jamás lo pregunté, chasqueé la lengua y me encaminé a la salida con el paso firme dispuesto a dejarlo con las palabras atoradas en la garganta pero creo que él previó mi reacción.
—Él chilló como una mujer cuando lo reduje en el suelo. Lloró por misericordia y llamó a sus hijos, dijo que lo sentía. Sentía el deshonor que les trajo a ti y a tu pequeño hermano —dijo con satisfacción y se mordió el labio inferior, esperando atento a mi respuesta. Sonreí un poco, si bien sabía que era una mentira mal hecha, que me hablaran del tema no me hacía gracia. Seguí caminando pero Dodoria no tenía intenciones de dejarme en paz—. Tu hermanito desertó el ejército imperial, la próxima vez que lo vean es hombre muerto, si es que ya no lo está, y la sangre de tu padre va a extinguirse para siempre.
—¿Extinguirse? —pregunté con la ceja alzada mientras detenía mi paso y me volteaba un poco.
—Tú nunca has valido algo, niño. Sabes que nadie recordará a Radditz, hijo de Bardock, el guerrero de clase baja que sirve en el peor batallón que existe en tu asqueroso planeta. El hijo de un traidor es lo que eres y el hermano de un desertor también.
—Y me estás diciendo esto porque…—dije. Lo miré un poco con el cejo fruncido y me fui. No obtuve respuesta hasta que me alejé lo suficiente y lo oí susurrar. Vivo o muerto, daba igual, yo no representaba una amenaza para alguien y dejarme vivo no era realmente por misericordia. Dodoria gustaba de recordármelo. Nunca pensó que ya lo sabía desde hace mucho tiempo.
Al salir de hangar principal, a un lado de palacio, noté al androide por primera vez. Si bien en el momento no supe quién era realmente, mi memoria me ayudó a retener su rostro hasta que me dijeron su nombre. La vi un par de veces más, siempre dirigiéndose a un viejo almacén. Pensé que por su condición de mujer sus viajes hacia allá estaban más que justificados pero me temo que estaba muy equivocado. Ese era el lugar donde se juntaba con su hermano mellizo, el androide moreno Número 17.
Fue extraña su aparición, en este planeta nadie ve a los esclavos, visitantes extranjeros o androides, ninguno vale más que un par de monedas y me sorprendió que su presencia me fuera relevante en el paisaje. Caminé tras ella un par de cuadras hasta que por fin entró al almacén y seguí caminando sin rumbo fijo. Como me había desviado de mi camino para perseguirla, no tenía otro lado al cual ir por lo que me devolví sobre mis pasos y entré al almacén, confiando en que ella no me había visto en todo el trayecto.
Me senté en una barra que parecía la de una taberna asegurándome que quedaría cerca de donde la rubia se sentaría pero mis intentos no fueron del todo gratificantes, no escuché la conversación en su totalidad. Apoyé los codos sobre la madera y me incliné un poco para disimular mi cabeza cuando volteara a mirarlos. Para cuando se saludaron secamente, una señora extranjera se me acercó y me preguntó qué era lo que buscaba. La ignoré en un principio puesto que quería escuchar la conversación pero la molestia no me permitió seguir con mi intento.
—Te pregunté, ¿qué es lo que quieres, soldado? —dijo la tipa con una mano en la cintura y la miré un tanto con expectación, no tenía idea qué era lo que ofrecía. Le di una mirada panorámica al lugar, botellas de colores brillantes y polvos de otros más opacos. Las esquinas se quemaban unas hojas y maderas aromáticas, y de los techos colgaban telas y vegetales alienígenas. Arrugué la nariz, era como estar en un planeta salvaje de esos que anexábamos con regularidad y me sentí asqueado. Los androides eran seres sin hogar, pertenecían a ningún lado y no tenían cultura propia, no tenía idea de dónde provenían esas extravagancias y menos qué era lo que pediría, suspiré y desvié la mirada. Observé a la pareja un momento, bebían algo verde.
—Licor, el más fuerte que tengas —dije sin quitarle la vista a los artificiales y la alienígena bufó una maldición. La miré contrariado.
—Este no es ningún bar, soldado, me temo que estás perdido.
—Entonces tráeme lo que tengas, mujer, no tengo todo el día —le contesté desesperado y ella elevó una ceja.
—Depende, ¿tienes dinero? —siseó ella y tomó un palo vistoso con unos cueros pegados en el extremo con el que me apuntó, me señaló la coraza. No lo esperaba puesto que estaba concentrado en los androides y miré sólo cuando ella me tocó la insignia. Puse mala cara y saqué un par de monedas de los bolsillos, podían pagarme mal en el batallón en el que estaba pero no significaba que no tenía dinero. La señora se guardó las monedas y me sirvió del líquido verde, no me volvió a molestar y volvía cada vez para rellenarme la copa.
Los androides seguían hablando indiferentes a mi presencia, la rubia hablando con seriedad y el hermano haciendo bromas de vez en cuando. Parecían a simple vista ordinarios, con temas cotidianos que pecaban de aburridos hasta que ella comenzó a hablar de Brolly. Ese nombre era conocido por todos, el hijo loco de Paragus, y un monstruo en batalla.
—¿Saben que estás aquí, hermanita? —preguntó el muchacho mientras daba un sorbo a su trago y plegaba sus brazos en el respaldo del asiento. La aludida negó con la cabeza.
—No. A ellos no les interesa si estoy o no ahí —respondió simplemente y él rió, acercándosele un poco, le acarició el mentón suavemente.
—Entonces qué estamos esperando, vámonos de aquí. No entiendo por qué no lo has hecho antes, hermanita. Soy libre porque así lo decidí, nadie puede rastrearme y mientras no mejoren su tecnología no lo harán, son sólo un montón de salvajes estúpidos —dijo el hermano y se volvió a recostar sobre su asiento. Me erguí un tanto al escuchar lo último pero me contuve.
—Esconderse no es ser libre, 17. Puedo liberarnos si hago lo que me dicen —le respondió ella y fruncí el cejo—Si te encuentran, van a matarte.
—Sabes que eso no sucederá, somos más fuertes que ellos.
—No, Brolly lo es aún más —dijo—. Si me voy, me cazarán hasta que me encuentren, no sólo los hombres de Vegeta, sino que Freezer también. Esto significa que Brolly lo hará porque es federado, él trabaja directamente para Freezer —hizo una pausa— Soy su propiedad como lo eres tú también.
No hablaron más y me desesperé para que lo siguieran haciendo. Chasqueé la lengua indignado y ambos me miraron, para mi sorpresa, la tipa que atendía el almacén se me acercó y mi error pasó desapercibido. La alienígena me sirvió más líquido verde y bebí un poco para que pensaran que mi conducta había sido por mi copa vacía.
—Debo irme —ella se levantó, el hermano la miró serio y se incorporó. Se miraron un poco y ella se fue, el androide moreno lo hizo también pero por una puerta interior del almacén. A esconderse, supuse.
Después de la visita de Vegeta, Bulma se sintió intranquila los días que le siguieron. Luego de varias torturas mentales, decidió echar un vistazo al exterior de la puerta que la mantenía oculta. Se paró frente a frente a la salida de su cautiverio seguro y la entrada a un exterior peligroso, tragó el nudo que tenía en la garganta y respiró hondo un par de veces. Posicionó la mano sobre el botón que abría la puerta dispuesta a echar un vistazo rápido, si es que había vida detrás de ella, la cerraría enseguida con un palmetazo firme sobre el botón nuevamente porque no iría a despegarse de él hasta estar segura.
Aspiró una gran cantidad de aire y cerró los ojos. Al abrirlos, abrió la puerta y la cerró enseguida con dos certeros golpes al panel, el mecanismo esperó a que el metal llegara a su punto máximo antes de cerrarse como estaba programado, tiempo suficiente para darle una mirada fugaz al exterior.
Reconoció un pasillo y un par de puertas cerradas, no había ventanas y tampoco adornos. Era un sitio frío y tosco. Sonrió, era perfectamente seguro salir a recorrer el pasillo y volver rápidamente antes de que llegara alguien potencialmente peligroso y así lo hizo una vez que accionó el mecanismo para abrir la puerta una vez más. Apretó los puños y camino descalza hacia afuera incluso antes de que la puerta estuviera completamente abierta. Vegeta no se preocupaba de ella más que mandarle comida y agua todos los días, no pensó que también necesitaba ropa apropiada para ese planeta de días infernalmente calientes y noches tibias, y Bulma no se molestó en ponerse algo sobre las piernas más que su ropa interior y una prenda rosada que le cubría el torso y le llegaba hasta más debajo de los muslos, la misma con la que había llegado. Bastante tentador para cualquier soldado solitario.
Ella tanteó el pasillo con cuidado, tratando de no hacer ruido al caminar, razón por la cual iba descalza. Obvió las puertas por si había gente en su interior y se volcó a revisar el final del pasillo, donde terminaba en otra puerta, para reconocer las salidas si es que las había y se pegó a la muralla para escuchar vida detrás. No alcanzó a percibir mucho puesto que sintió algo que se acercaba por detrás.
Un soldado con la cola enrollada en la cintura se le acercó con la seguridad que no había testigos presentes que lo delataran después, mordiéndose el labio inferior, ladeó la cabeza hacia los lados para observarla mejor y Bulma se arrinconó en la puerta del pasillo. Tanteando el panel cerca buscó el botón que abría la compuerta metálica, dispuesta a arriesgarse al entrar a la otra estancia que podía estar repleta de más soldados como el que la estaba acorralando en cámara lenta.
—¡Detente! Si llegas a hacerme algo, Vegeta se enterará. Sí, le diré y no estará contento cuando lo haga —dijo ella, esperanzada a que el susodicho tuviera la misma reacción cuando estaban en la Tierra puesto que nadie le había dicho a Bulma que ya existía la restricción en cuanto a tocarla. Por supuesto que poco tiempo había pasado desde que habían prohibido hacerle daño, nadie realmente creía en el verdadero castigo que esto implicaba y el soldado no paró con las amenazas.
Bulma sufrió en silencio y golpeó una y otra vez el panel cuando ninguno de los botones que había oprimido respondía a su urgencia de abrir la puerta.
—No entiendo por qué el rey te tiene encerrada en una habitación y nunca viene a verte. Hago guardia aquí muy a menudo y nunca lo he visto acá —dijo a pasos de tenerla pegada a su cuerpo—Estoy seguro que no se molestará si doy un vistazo.
Con un último palmetazo, la puerta se abrió y antes de que Bulma pudiera empezar la huida, el cuerpo de Nappa se materializó en la entrada y la de cabello lila no supo si alegrarse o llorar por ver ese rostro conocido. El calvo puso mala cara al ver la escena pero el soldado no se inmutó, siguió avanzando hasta que Nappa puso sus manos en los hombros de la chica. Bulma comenzó a chillar.
—Cálmate, humana —dijo simplemente—. ¿No deberías estar en tu puesto haciendo guardia? —preguntó dirigiéndose al soldado pero no esperaba una respuesta realmente y se dispuso a seguir hablando antes de que el aludido respondiera a su pregunta—. Vete antes de que el rey se entere que estuviste a punto de desobedecer una orden suya, ¿entendiste?
El soldado así lo hizo pero no muy convencido de que la amenaza fuera cierta. Bulma no terminó de salir de su impresión hasta que el calvo enorme la estaba llevando de vuelta a su prisión de cuatro paredes.
—¿De qué orden te referías allá?
—No sé de lo que estás hablando, humana.
—¿Esclava no era? —preguntó la chica con cierta duda picándole en la cabeza.
Cuando Tomma llegó junto a Seripa al santuario, el soldado no supo si alegrarse o sentir asco por tanta raza distinta que había en el lugar, opuesta al gobierno de Freezer. Saludó a Paragus con indiferencia, preguntándole directamente el paradero del lunático que decía ver el futuro, puesto que no se tragaba el cuento todavía. La chica saiyan lo guió por la aldea a una tienda en la que lo mantenían cautivo y se lo encontró recostado en el suelo con la vista perdida en el techo, esperando que las ánimas se dignaran a visitarlo después de olvidarlo por semanas. Se le quedó mirando en lo que sería la entrada y lo observó durante varios momentos en los que él no lo percibió. Cuando Paragus quiso entrar junto a él, Tomma lo detuvo.
—Quiero hablar a solas con él primero, anciano —dijo el más alto y Bardock se incorporó al escuchar su voz. El saiyan cerró la tienda del exterior con una simple tela que apenas hermetizaba el lugar y se acercaron. Se saludaron con un abrazo amistoso. —Tanto tiempo sin verte, amigo. Me temo que no es agradable verte así.
—¿Has tenido noticias de Kakarotto? —preguntó con ansias el padre y Tomma se encogió de hombros.
—Él se fue con el escuadrón del rey a la Tierra como tú lo dijiste. El rey volvió de su misión pero me temo que el chiquillo no lo hizo con él. Sólo hay rumores —explicó y Bardock no pareció entender.
—¿Qué rumores?
—Que desertó del ejército Imperial y no se sabe más de él desde entonces. Pudo haber muerto —dijo Tomma. El de la cicatriz asintió suavemente.
—¿Y Raditz? —indagó luego y Tomma no mejoró la cara, negó con la cabeza.
—Dodoria lo degradó de rango, ahora pertenece al batallón de chapa amarilla. No quiere verte, amigo.
—Al menos sigue vivo —reflexionó mi padre mientras buscó asiento en su tienda vacía. Tomma lo imitó después tomando el lugar que los dejara enfrentados. Hubo un silencio incómodo que nadie terminó hasta que mi padre quiso dejar el tema de los hijos desgraciados a un lado—. ¿Alguna novedad del mundo exterior?
—Las cosas están mal. La gente no está del todo contenta en el reino —luego de un breve momento en el que Tomma pareció reflexionar, continuó con su relato—. Apareció esta chica con el rey Vegeta, es extranjera. Dicen que puede ser su favorita, nadie puede tocarla.
—Dime, Tomma, ¿cómo es ella? —preguntó Bardock esperando haberla visto en algún sueño pero Tomma lo tomó como el deseo de su amigo cautivo por imaginarse algo bello al estar condenado a ver tanta alienígena fea rondando el lugar. El soldado más alto de los dos sonrió con picardía.
—Son pocos los que la han visto en realidad pero dicen que es hermosa. El pelo lo tiene de un color extraño pero me temo que en el carácter aún tiene que amansarse. Grita como loca —explicó el más alto de los dos y Bardock suspiró con los ojos cerrados. Después de un momento de contemplaciones, se levantó y caminó por la tienda como para calmarse un poco. Tomma lo observó turbado.
—Ella será reina algún día —dijo sin tacto y Tomma se levantó enfadado. Mezclar sangres era grave y más lo era tener príncipes híbridos. La sola idea le repugnó—. Vegeta siempre hace las cosas a su manera, eso es lo que lo matará.
—¿Estás seguro de lo que dices? Es totalmente absurdo, me cuesta creerte. Lo siento pero no puedo ni siquiera imaginármelo. Ella debe morir antes de que abra las piernas y dé a luz a un bastardo híbrido —dijo el más alto de los dos y Bardock se le acercó rápidamente para taparle la boca.
—Eso es exactamente lo que no debe pasar. Escucha, Tomma, no se lo dirás a Paragus o a otra persona del santuario, pensarán igual que tú. Esos niños deben nacer —aun cuando Tomma no estuvo de acuerdo hasta mucho después, asintió con pesar y se torturó con la idea de que fuera más de un bastardo los que nacerían. Cuando padre sintió que Tomma había captado el mensaje lo soltó y se fue a otro rincón de la tienda.
—¿Qué debemos hacer si no es matarla, Bardock? Esta chiquilla arruinará el planeta, híbridos…¡Hay que matarlos a todos!
—Ella necesita protección. Habrá quienes intentarán matarla, hay que evitarlo — dijo mi padre y al ver que Tomma no se terminaba por convencer, explicó—. Piensa, Tomma, el rey no deseará a otra mujer más que esta humana. No hará herederos con ninguna otra, verdaderos herederos. Si él muere, ¿quién se sentará en el trono? ¿Acaso tú, yo? Freezer lo hará. De él depende nuestro planeta muerto y posee la mitad de nuestro hombres, quien más que él tiene el derecho de reinar.
Nota de la Autora:Corregidos los errores de guion y las partes que considero que estaban un tanto OOC. :) Gracias a Gianna Dirce y a LPhreek90 por sus comentarios. RP.
