12
El soldado perfecto
—…Cómo odio este planeta, cada vez se vuelve más aburrido…—replicó una voz sumergida en la estática y el molestoso rumor del aparato descompuesto. El doctor Briefs aspiró la boquilla del cigarro y se tragó el humo mientras apretaba unos tornillos para acomodar los circuitos y de pronto la conversación se volvió más clara.
La habitación en la que se encontraban estaba iluminada sólo por la lámpara de trabajo del ingeniero, proyectada sobre una lupa considerablemente grande que se encontraba a su vez sobre el rastreador. Lo demás estaba en penumbra. Chichi se había sentado a un lado del anciano puesto que la barriga de embarazada ya la fatigaba, y su esposo estaba apoyado en su respaldo con ambos codos y la señora Briefs canturreaba una canción amena al tiempo en que limpiaba las cajas polvorientas dentro del laboratorio.
Era de noche y hacía varias noches antes de esa se juntaban en ese pequeño laboratorio a escuchar las conversaciones que captaba el descompuesto rastreador de mi hermano menor. De a poco iban comprendiendo el origen de los invasores pero nunca hablaban de cuándo se irían o cuáles eran sus propósitos.
—…Sólo quiero que se acabe pronto el agua… El señor Freezer nos permitirá partir…—siguió la voz y la estática se volvió más intensa. La colilla de ceniza que se iba formando en el cigarro del doctor se precipitó a la mesa. Dio una aspirada más hasta el filtro y la hierba encendida se apagó.
—…Eres estúpido si crees que se trata del agua…—dijo otra y Chichi frunció el ceño. Había escuchado de Freezer el día en que conoció a Goku pero ahora el chico no parecía recordar nada de su pasado. Lo miró disimuladamente, severa. El doctor Briefs aclaró la voz.
—El aparato se satura con más de una transmisión —explicó mientras lo daba vuelta cuidadosamente, sólo se escuchaba estática y las voces destrozadas por ella, ya no eran inteligibles—. Puede que los invasores sólo busquen agua.
—No lo es. El agua sólo es el pretexto —concluyó Chichi. La sensación de que sabía demasiado del antiguo integrante de los invasores la atormentaba, se sentía criminal—. Ellos son conquistadores y nosotros vasallos.
—No creo que queden muchos vasallos acá, Chichi. Debe ser el agua —le contradijo el anciano y ella frunció el ceño. Estaba a punto de declarar la jornada por terminada cuando una última transmisión salió del rastreador, eternamente seguida por la estática.
—…El rey…Veg…recompensará…destruímos…para Freezer…
—…Vegeta nunca…traicionará…señor Freezer…—respondió la segunda voz antes de que una explosión de estática se colara en la conversación—…Es…un cobarde…
La estática se hizo presente ahogando las conversaciones y luego de un rato, el señor Briefs apagó el aparato. La habitación se quedó en completo silencio y de pronto hizo mucho frío. A Goku le dio un escalofrío, le daba una nostalgia desgarradora escuchar esos nombres. Vegeta. Freezer.
—Creo que ya es suficiente por hoy. Nos vemos por la mañana, muchachos, que tengan una buena noche —se despidió cordialmente el padre de Bulma. Al estar en el umbral de la puerta del laboratorio, paró su andar pensativo—. Va a ser una noche fresca, hay más frazadas debajo de aquellas cajas.
Se despidió con un movimiento de cabeza y su señora esposa se alejó junto a él con una sonrisa. Goku no se despegó del asiento de Chichi ni siquiera cuando ella se levantó pesadamente. Se dirigió a las cajas para sacar unas frazadas y las golpeó ligeramente para despegarles el polvo y las arañas que pudieran tener. El menor la miró apenas moviendo la cabeza.
—Debemos decirles que tú eres de ellos, Goku. No puedo permitir que sigamos viviendo bajo su techo y comiendo su comida si seguimos mintiéndoles. —espetó ella con severidad. Goku se contrarió—. Cuánto crees que se demore el doctor Briefs en preguntarse cómo conseguiste el aparato. O en notar tu cola.
—Los invasores que hemos visto no tienen cola —se defendió sin muchas ganas.
—¡Los humanos no tenemos cola, Goku! —replicó Chichi. Se acercó como pudo—. Siento tener que decirte esto pero creo que debemos cortarla. Es lo único que te diferencia de nosotros, Goku.
Por primera vez en la conversación la miró de frente y de sus ojos podía verse el dejo de miedo que tenía en el alma. Chichi le acarició una mejilla, cortarle la extensión de su columna vertebral nunca sería algo agradable de hacer.
—Esos nombres que escuchamos. Vegeta y Freezer. Los conozco, sé que en algún lugar de mi mente sé quienes son. Por favor, no me cortes la cola. Es lo que me diferencia de ustedes los humanos pero es lo único que me une a ellos. A Vegeta y a Freezer. Les diremos a los señores Briefs mañana si así lo quieres.
Bulma contempló el pedazo de joyería que tenía en las manos. Era un medallón tosco y con una cadena de buena calidad que se pretendía pasar de generación en generación y que Vegeta era la segunda generación que lo tenía. Lo giró ligeramente hacia ambos lados para ver como la luz se comportaba en la superficie y se percató que aunque era lisa, tenía ciertas magulladuras que seguramente eran causa de usar el medallón en batalla. Sintió un ruido a sus espaldas y volteó, Vegeta estaba detrás de ella encajándose la capa roja sangre en los hombros de su armadura con la mirada endurecida.
—No tenía idea que ustedes usaran joyería —dijo ella haciendo caso omiso a su semblante enojado y le extendió el medallón sin mucha delicadeza. Estaba algo molesta—. Desde cuánto que te vistes así, ¿alguna ocasión especial?
—Nada de tu incumbencia —dijo simplemente el rey mientras se colgaba el pesado medallón alrededor del cuello. Se encaminó hacia el escritorio donde Bulma dejaba el trabajo de su laboratorio, el espejo, sus cepillos de cabello y las hojas llenas de cálculos y garabatos, todo desordenado. Arrugó la nariz cuando comprendió que él mismo había contribuido a ese desorden dejando sus guantes y el rastreador junto a las pertenencias de la terrícola. Se dio una vuelta al tiempo que se colocaba los guantes blancos en sus manos, encontrándose con la chica de pelo lila con una expresión como la de él, de huraña, y las manos en su cintura.
—Cómo te atreves a dejarme encerrada día y noche, mientras tú sales con toda libertad. Recuerda que soy tu reina ahora, no soy una esclava cualquiera —replicó ella con la voz saliéndole como un grito feroz. A Vegeta le dolieron los oídos y entrecerró un ojo con molestia.
—Te permito salir al laboratorio, ¿acaso no es suficiente? —preguntó Vegeta con la mandíbula apretada, se permitió subir la voz hasta casi gritar. Se rehusaba a parecer vulgar como ella.
—¿Te parece suficiente para ti? ¡Ni siquiera conozco este maldito planeta! —dijo la terrícola con un dedo acusador apuntando al monarca que la miró molesto, siempre lograba quebrar la aparente tranquilidad entre ellos—. No me imagino qué sería para ti moverte entre dos habitaciones y el pasillo entre ellas. Eres un estúpido si crees que me siento contenta con permitirme salir de la habitación para ir sólo al laboratorio. Estúpido, estúpido, estúpido.
—¡Cállate! —gritó por fin Vegeta y Bulma se quedó tiesa como una tabla, con los ojos lilas abiertos hasta más no poder. Iba a seguir replicando cuando el rey comenzó a hablar otra vez, más calmado—. El palacio no es seguro, más te vale quedarte aquí o el laboratorio, ¡o te mueres!
Bulma lo quedó mirando con rabia, trató de controlar el temblor propio de la ira cuando se volteó dándole la espalda al rey mientras cruzaba los brazos sobre el pecho. Suspiró sonoramente. Vegeta entrecerró los ojos con la misma rabia que traía la terrícola y al voltearse para retirarse de la habitación que compartían escuchó un segundo suspiro, destinado a captar su atención. Chasqueó la lengua.
—No te sorprendas cuando llegues y no me veas, ¡me iré! —gritó por última vez la chica que terminó por precipitarse a la cama boca abajo.
—¡Ten suerte escapando desde la cama! —respondió el rey al borde del colapso y la chica gritó con la almohada bajo su boca por lo que salió bastante amortiguado y disminuido. Al terminar de gritar, se incorporó para lanzar la almohada que le había tapado el grito y éste solo alcanzó a cruzar medio camino. Vegeta ya no figuraba en la habitación.
Nappa lo esperaba fuera de sus aposentos y cuando lo vio parado ahí, se quedó helado. Se sintió completamente blando al haber caído en la rabieta de Bulma y haberse fulminado como ella. Pero su escolta personal no daba indicios de pensar menos de él y esperó paciente ante una orden de su señor y compañero de escuadrón.
—Cierra la habitación, Nappa —dijo solamente y el soldado calvo miró la habitación al tiempo que se escuchaba un grito furioso dentro—. ¿Qué es lo que esperas?
—Mi señor, la reina está dentro.
—¡Ella no es la reina! —contestó enrabiado y Nappa frunció el ceño, no entendía qué era lo que le sucedía a Vegeta. Pero el rey sabía perfectamente lo que le pasaba, se veía débil, controlado por sus instintos de poseerla lo hacían sentirse inferior y eso no era lo que él creía que era un soldado perfecto.
—Pero tú dijiste…
—¡No me importa qué fue lo que dije! —respondió Vegeta sorprendido de sus propias reacciones. Miró a su soldado con contrariedad mientras calmaba su agitada respiración. Su pecho se movía de arriba hacia abajo con notoriedad y desvió la mirada ligeramente hacía un costado—. Sólo cierra la habitación, no quiero que intente escapar.
El soldado calvo le hizo caso y tecleó la clave en el panel de la puerta para sellarla desde afuera. Se encendió una luz roja que se veía tanto desde afuera como dentro y las cerraduras automáticas se movieron de pared a pared. No pasó mucho tiempo para que Bulma se diera cuenta de lo que estaba sucediendo y corrió hacia la puerta como un intento inútil de escapar. Se vio golpeando y gritando desde dentro.
—¡Detente! Abre la puerta en este mismo momento, ¡Vegeta! Qué demonios te crees que eres, ¡Vegeta! —Nappa miró al monarca por si se llegaba a arrepentir pero él ya se encontraba caminando por el pasillo hacia el hangar. Iban a visitar la nave que siempre orbitaba al planeta como si fuera una luna.
—Que agradable sorpresa, mi querido Vegeta. Ya comenzaba a preguntarme si realmente me recordabas, hacía tanto que no me venías a visitar o que me llegara un reporte de ti —dijo el emperador del universo conocido con una mueca de felicidad que parecía fingida. Freezer realmente profesaba un extraño apego hacia el rey Vegeta pero su genuino gusto por el chico nunca iría a interponerse en sus deseos. Aun así, nunca lograba parecer completamente real en sus gestos para con él, era demasiado vil para mostrarse abiertamente gentil.
—Ahorrémonos las palabrerías, no he venido a hablar, Freezer —dijo Vegeta mientras caminaba hacia el trono del emperador del universo conocido y se sentó allí, tan relajado como siempre. Freezer lo miró desde el ventanal con una copa de líquido verde en una mano y la otra plegada hacia atrás.
—Ya veo, ¿Zarbon te ha hecho enfadar? —preguntó con fingida inocencia, él estaba al tanto de lo que Zarbon pretendía hacer y él mismo había maquinado para ello. Vegeta frunció el ceño—. Haré que tenga su merecido por enfrentarse así, mi querido Vegeta —se giró hacia él.
—No vine a hablar de eso, Freezer. Necesito una misión —dijo rápidamente, Freezer sonrió—. Dame un planeta para arrasar.
—¿Escapando de algo, Vegeta? —preguntó Freezer con un tono de burla.
—No te incumben mis razones —espetó el rey con molestia, Nappa se estremeció por el enojo. Vegeta casi nunca explotaba con Freezer y a veces parecía muy cauteloso al hablar con él, como si tuviera la cola entre las piernas—. ¿Tienes algo o no? Me molesta perder el tiempo.
—Aun tengo hombres en la Tierra, siguen sacando recursos de ahí —dijo como si estuviera a punto de dar una negativa—. Pero no te preocupes, siempre hay mundos rebosantes de vida que puedes destruir —sonrió—. Hay un planeta que tiene un tesoro muy preciado, dicen que tienen un cristal azul escondido en algún lugar en el palacio real y que tiene la habilidad de traer longevidad a su portador. Traéme ese cristal, Vegeta. Me da igual lo que hagas con el resto.
—No sabía que ahora estabas coleccionando reliquias tontas, Freezer —dijo Vegeta mientras se paraba del trono ajeno y se daba la vuelta para retirarse. Destruir y conquistar lo harían sentirse el rey que había sido antes de ir a la Tierra—. ¿Acaso le temes a la muerte, Freezer?
—Me interesa gobernar, mi querido Vegeta. Entre más tiempo mejor —respondió con calma, la pregunta de Vegeta le había resultado casi amenazadora. Quería el cristal para él, no podía permitir que Vegeta llegara con las manos aparentemente vacías y que el inmortal terminara siendo él—Lleva al androide 18 contigo, Vegeta. Los otros dos soldados lo eliges tú. Tómate esta noche para prepararte, salen mañana.
Chichi se despertó de un salto cuando un chorro de líquido le salió por entre las piernas y un malestar abdominal le atacó de la nada, se sintió empapada de sudor de un momento a otro y le costaba respirar debido a las puntadas de dolor. Su sorpresa fue mayor cuando intento hablar y de su garganta le salieron hilitos de voz que apenas salían de su boca, eran remplazados por silenciosos quejidos de dolor que Goku difícilmente iba a escuchar estando a su lado. Se incorporó como pudo sobre los codos, miró jadeante hacia donde estaba durmiendo su esposo. Goku estaba empapado de sudor como ella pero en vez de un parto estaba teniendo un sueño tortuoso. Chichi lo zamarreó un poco y de la boca de su esposo salió un quejido.
—Vegeta... Freezer…Vegeta…—era como un rezo, tan tenue que parecía respirar esos nombres para vivir. De pronto salió otro nombre más—. Freezer… Brolly… Vegeta…
—Goku, por favor, despierta —dijo ella cuando otra punzada de dolor le salió desde el alma. Gritó tan fuerte como pudo y maldijo un poco. Chichi sintió que le brotó más líquido desde sus piernas pero esta vez más espeso. Era sangre.
Los globos oculares del extraterrestre se movieron de lado a lado con rapidez, indicios de que seguía soñando. La mujer gritó una vez más y de la puerta entraron los señores Briefs, más asustados que nunca por los gritos de Chichi pero al ver que se encontraba en trabajo de parto, la señora Briefs aplaudió con alegría.
—Le está saliendo sangre, esto no es bueno —recitó el doctor mientras se acomodaba las gafas para observar mejor y se acercó a una lámpara para iluminar la habitación que no contaba con electricidad para prender las luces principales. La señora Briefs se acercó al chico.
—Joven Goku. Joven Goku —repitió mientras lo trataba de despertar. Al percatarse de que estaba traspirando le tomó la temperatura con la palma de la mano sobre la frente—. Este chico tiene fiebre.
—Despiértenlo enseguida —reclamó la morena mientras apretaba la mandíbula para contener un grito de dolor pero cuando se hizo insoportable, lanzó el grito más alto de todos—. ¡Goku!
—Brolly… Freezer… Vegeta…
—Chichi, me temo que él es el menor de tus problemas. Bunny le bajará la fiebre pero tú debes dar a luz —le explicó con calma el doctor.
—¿Usted sabe como hacerlo, verdad? Es doctor —dijo Chichi con dificultad y el señor Briefs la miró contrariado.
—Soy doctor en ciencias de la ingeniería, no soy médico —se excusó el señor Briefs con la intensión de ir a fumar un cigarro mientras la situación se desenlazaba casi por arte de magia pero Chichi lo tomó por el cuello de la camisa.
—Me ayudará con el parto o despierta a Goku, pero esto no lo haré sola —el anciano Briefs asintió con suavidad, la morena gritó de dolor una vez más. Al terminar de retorcijarse de sufrimiento, se volteó a ver a Goku que seguía sufriendo en sueños y lo zamarreó con más fuerza. Sus ojos se contrajeron un poco debido a la molestia pero no se despertó. El anciano se incorporó y llamó a su esposa.
—Tráeme agua caliente y unas toallas —la mujer asintió y partió alegre a la cocina, no tenía idea que su esposo estaba muerto de miedo y que había repetido lo que siempre se decía en situaciones así.
Vegeta había ido a entrenar luego de terminar con Freezer, habían sido tres horas de pelear contra androides inservibles y había optado al final por subir la gravedad de la cámara para mejorar su resistencia y fortalecer sus músculos. Se sentía adormecido desde que Bulma era la supuesta reina del planeta Vegeta, no había entrenado como correspondía y ahora el entrenamiento se le hacía más duro que antes. Se recriminó a sí mismo por su debilidad, se pensaba a sí mismo como holgazán e irresponsable.
Para cuando llegó a descansar a su habitación, Bulma estaba dormida sobre la cama con ropa y botas. Imaginaba que se había quedado tendida ahí llorando y gritando hasta rendirse al cansancio. Vegeta sonrió ligeramente y se quitó los guantes sin quitarle la vista de encima. Con sus dedos ya desnudos acarició la piel de las piernas deslizándose suavemente hasta llegar al área cubierta por el diminuto vestido de Bulma y ella se estremeció levemente. Abrió los ojos despacio y aún con sueño, dirigió las orbes lilas hacia el monarca.
—Vegeta…—dijo la sonámbula y bastaron unos segundos para que su mente se despertara completamente y cayera a la defensiva otra vez—. ¡Vegeta! Eres un desgraciado, ¿cómo te atreves a dejarme encerrada? No soy tu esclava…
—Cállate, humana —dijo como un suspiro y ella se incorporó de la cama hasta quedar sentada y Vegeta, a su vez, se sentaba a sus pies. La miraba con tranquilidad y deseo, y ella lo supo enseguida. Acercó una mano a la mejilla blanca de la chica y la acarició suavemente mientras ella plantaba un beso solitario en su palma. El monarca se sonrió levemente.
—No me dejes encerrada otra vez —dijo mansamente Bulma, mirándolo como si no pudiera ver nada más que sus ojos oscuros. Vegeta entrecerró los ojos por un momento.
—No amenaces con escapar —respondió el rey con la intención de sonar amable pero sólo sonó bajo, y se le acercó con lentitud.
—Entonces déjame salir con libertad —concluyó la chica de pelos lilas con una sonrisa coqueta. El rey rio sin mucha fuerza, era casi como una exhalación profunda pero Bulma supo que en el fondo, era una risa disimulada.
—No puedes ir sola, habrán muchos que te querrán muerta y ninguna orden real de no tocarte va a detenerlos. No puedes salir —dijo él y la terrícola frunció el ceño.
—Acompáñame, contigo nadie se me atacará —espetó Bulma mientras se acercaba a él hasta casi pegar la cara con la suya. Vegeta se aproximó hasta terminar con su distancia y pegó sus labios con los de ella. La chica de cabellos lilas alejó su rostro con rapidez. Vegeta la siguió. Comenzó la persecución que al monarca tanto le gustaba, Bulma huyendo, él persiguiendo. La chica supo que ese era el único método que hacía que Vegeta considerara sus términos—. Piénsalo, pequeño. No querré escapar más si soy libre.
Se dio una vuelta en la cama y rodó hasta la esquina, en donde cayó al suelo para refugiarse ahí con la cama como trinchera. El rey se acercó hasta ella con una sonrisa en los labios y ella corrió a la otra esquina de ella. Cuando por fin la agarró, ella gritó falseando un poco para sonar seductora, Vegeta la empujó a la cama.
—Me iré mañana, humana. Estaré fuera una semana, deberás esperar para salir a dar un paseo —dijo con un tono triunfante en la voz y ella lo miró contrariada.
—¿Cuándo ibas a decírmelo? —preguntó medio sorprendida, medio enfadada—. No iras a destruir un planeta como hiciste con la Tierra, ¿verdad? —Vegeta no respondió y se limitó a contemplar su cuerpo—. ¿Verdad?
—No es de tu incumbencia, humana —dijo.
—Por lo que más quieras, no lo hagas —imploró la chica con miedo y se incorporó para mirarlo directo a la cara—. Vegeta, por favor.
—Ya te lo dije una vez, mujer. Esto es lo que hago, para esto es lo que vivo —replicó con cierta dureza en la voz. La aludida se cubrió la boca como un intento tonto de disimular el quejido del llanto y sus cejas denotaron tristeza y miedo. Vegeta no soportó verla así, no porque le entristecía su congoja sino porque lograba manipularlo, pensó que iría a explotar de rabia. Si le llegaba a importar lo que ella pensaba de él, era el fin del soldado perfecto que tanto deseaba ser.
Bulma se precipitó a la cama con el llanto atorado en la garganta, le daba un miedo profundo Vegeta pero le amaba también y esa mezcla de sentimientos la dejaban completamente desarmada. El rey chasqueó la lengua con pesar, era claro que su jueguito ya no daba para más y que Bulma, muy al contrario de su naturaleza, estaría callada en el rincón de su cama tan tiesa de miedo que no se movería hasta que él se retirara por la mañana. Suspiró molesto.
—Tendrás a un guardia personal desde mañana, sólo no salgas del palacio —dijo simplemente a modo de consuelo para Bulma y ésta asintió levemente con la cabeza. Junto a ella se sentía tanto una basura débil como un monstro y eso lo dejaba con malhumor. No le gustaba tener que velar por las opiniones de su reina además de las suyas.
Nota de la Autora: Me demoré 44 días en aparecer nuevamente en las canchas, pero heme aquí, desperdiciando un día entero para estudiar sólo por escribir y no alargar más la espera. Esto de no actualizar realmente me estresa xD Lo siento como una responsabilidad pero esto se aplica sólo cuando la historia en sí me gusta jeje
Gracias por comentar a Nahir, LilyBrief, Sekene, Bunnyball, yukkoame y Sybilla's Song en el capítulo 11.
Quiero aclarar que siempre he tenido la intención de que el personaje que narra es siempre Raditz. Creo que realmente no se nota. Espero poder arreglar eso xD y repasando los capítulos primeros me di cuenta que sí, hay errores que arreglar, como el asunto de las comas... Tampoco me gusta mucho cómo redacté ciertas cosas, llegará el día que tengas más tiempo y lo modifique ;D
Algunas lectoras me sugirieron unirme a un grupo de facebook de fanfictions de Dragon ball, gracias por eso, fue un gesto muy lindo e incluso me metí a ver y vi la recomendación de la historia por Myafanfictions. Fue agradable ver los comentarios :) pero me temo que soy un ser de lo más miedoso que existe e incluso al escribir traduzco este miedo irracional de que me espían desconectando la internet. No quiero que se sepa que escribo fanfictions y espero que no se sientan ofendidxs xD Ciertamente encuentro "peligroso" crearme una cuenta en facebook para esto, me puedo confundir, comentar algo del mundo real en el mundo de fanfictions o viceversa, lo sé, es tonto pero cierto. Estoy bastante enferma :) Pero basta de locuras. Cada cierto tiempo me doy una vuelta por ahí en Google Chrome modo incógnito para ver sus recomendaciones o imágenes y comentarios random, creo que saqué de ahí mismo el avatar de mi perfil y por supuesto, de ahí vi una imagen en la que mostraban el dormitorio de Bulma y revelaban que ella no es tan ordenada como la pintan, ¿ven cómo me inspiran? :)
Espero no demorar mucho en actualizar el siguiente capítulo, me aventuro a decir que de esta campaña sólo quedan unos cuatro o cinco capítulos más :) hagan sus predicciones! Que emoción, espero que estén todxs bien :D que hayan tenido un buen relajo en este fin de semana largo y muchos cariñitos de mi parte.
Ojalá les haya gustado el capítulo, besos. RP.
EDITADO.
