13
El cristal azul
Cuando Bulma despertó, cayó en cuenta que el rey había hecho lo que ella más temía. Se encontraba sola en la habitación real y dio un sonoro respingo de rabia, por un momento pensó que Vegeta iría a desistir de esa tan horrible idea y que al despertar lo encontraría a su lado, aun durmiendo. Al parecer se había ido tan silencioso como llegaba a ser él y despejó la habitación de todo lo que representaba al rey, sólo quedaba el desorden de la terrícola.
Se levantó de mala gana y se dispuso a hacer la única protesta que se le permitía hacer libremente: su escape. El pasillo que conectaba con el laboratorio se había clausurado para que sólo ella, el rey o Nappa pudieran transitar por él y Bulma iba y venía a través de él con extrema tranquilidad, sabiéndose segura. Es por eso que cuando activó la clave en el panel de la puerta nunca pensó que estarían esperándola. Era claro, nunca le creyó a Vegeta que iba a tener un guardia personal.
La chica enrolló la cola a la cintura cuando sintió que se abría la compuerta, habría estado parada ahí un par de horas y su cola se meneaba con disgusto con los movimientos de un felino. El semblante no cambió ni siquiera cuando Bulma apareció y a la última se le pararon los pelos del miedo con la extrema rudeza de la guerrera.
—Nadie debería estar aquí, este pasillo está prohibido —aclaró la de pelos lilas con un ligero temblor en la voz, sabía que con esa gente debía parecer ruda o se la tragaban a insultos. Seripa chasqueó la lengua sin dejar de mirarla, algo de arrogancia se dibujaba en su rostro al tiempo que le sonreía. Al hablar, lo hizo mirando hacia un lado.
—No para mí, soy su guardia personal. Su Majestad —respondió la guerrera de clase baja anexando su título como si de pronto se le hubiera olvidado. —Nappa me dijo que debía pasearla por el palacio. Sígame.
Tan pronto como dejó de hablar comenzó a caminar y a Bulma no le dio tiempo para salir de su asombro. Balbuceó un poco, luego habló mientras caminaba rápidamente hacia la guerrera que era un tanto más baja que ella pero que caminaba a zancadas agigantadas.
—¿Eres la chica de la sala del trono, verdad? —preguntó la terrícola sabiendo la respuesta—. ¿Cómo te llamas?
—Seripa, Su Majestad —dijo simplemente con la voz ronca que contrastaba con la chillona de la de ella. Su aspecto era tosco y poco femenino a ratos pero los colores de su vestimenta y el arete que colgaba de una oreja le recordaban que era una mujer.
La guerrera llegó al final del pasillo antes que ella y accionó la clave para abrir los pasillos y habitaciones peligrosos para la reina. El pasillo principal por el que salieron descubrió un centenar de residentes, guerreros nativos de aquel planeta y servidumbre de las conquistas, tantos pares de ojos mirándola le dieron escalofríos. Inconscientemente, se pegó a la espalda de la guerrera que no le cubría entera por ser más pequeña que ella y esperó a que la atención hacia ella se esfumara pero Seripa la miró de soslayo con molestia. Bulma no supo si tenía más miedo del centenar de criados y guerreros de la guardia real o a la misma Seripa.
—Camine. Se supone que debo proteger su espalda, no usted la mía —explicó secamente la colona y Bulma asintió con lentitud, aun no comprendiéndola del todo—. No debería hacer eso, Su Alteza, jamás la respetarán
—Deben respetarme, soy su reina —respondió ella con molestia, sus mejillas algo abultadas le daban un aspecto infantil pero era aceptable, era una malcriada. Seripa sonrió con los ojos cerrados.
—Así es, Su Majestad —dijo ella y se puso a caminar. Bulma la siguió de cerca pero procuró ir a su lado, las señales de jerarquía aun le daban miedo.—Ahora la respeto.
—No entiendo de lo que hablas —respondió la terrícola con el ceño fruncido, su actitud le ponía nerviosa, era mala y brusca.
—En este planeta no se respetan los títulos, debe ganárselos. La debilidad no es una característica propia de la realeza —explicó sin mirarla y la llevó por un pasillo angosto y oscuro hasta llegar a una puerta gigantesca que nunca que cerraba, la sala del trono. Bulma nunca comprendió lo grande que era esa estancia hasta que la vio vacía, tenía pilares a ambos lados de la habitación, con grandes telones color rojo profundo a modo de única decoración. Al fondo se encontraba el trono como ella lo recordaba, más elevado para denotar jerarquía, y con el logo de la realeza dibujado detrás.
Un largo pasillo iba desde el trono hasta la salida y a los lados irían formados miembros de la guardia real cuando el rey estaba presente pero no era así cuando la reina estaba ahí, no había nadie más que ellas dos en la sala. Era todo frío y cruel, con el rojo de la sangre siempre de tema principal.
Bulma se estremeció, cuántos mundos habrían sido destruidos antes que el suyo y ella no fue capaz de persuadir a Vegeta para que no hiciera lo mismo de nuevo. Seripa se apoyó en un pilar con los brazos cruzados mientras esperaba a que Bulma terminara de recorrer la sala del trono y empezar a caminar otra vez.
—¿Sabes lo que está haciendo el rey ahora? —cuestionó de pronto Bulma cuando se encaminaba a pasos pequeños hacia el trono y lo miraba desde abajo. El emblema real parecía una brutal marca tribal. Seripa sonrió con arrogancia.
—Está en una misión, cumpliendo una orden federada de parte de Freezer —dijo ella como si se lo recitara. La terrícola arrugó la nariz, ese tal Freezer le sonaba bastante conocido pero no tenía idea de quién era.
—¿Federada? —cuestionó con la intención de deshilar la respuesta a pedazos. Hasta ese momento, Bulma pensaba que la gente de Vegeta actuaba por orden propia. Seripa dejó su cómodo lugar en el pilar y camino hacia ella con las manos colgando a sus lados. Al llegar a los pies del trono, la guerrera explicó observando el emblema real como hechizada y Bulma a ratos lo miraba también sin sentir ni un ápice de aprecio por esa marca garabateada en la pared.
—Hace mucho tiempo, cuando comprendimos que podíamos salir de este planeta y vagar por otros mundos, el ejército del antiguo rey Vegeta se encontró aterrizando sobre las tierras estériles de Calade al mismo tiempo que el ejército de Freezer. Por supuesto que hubo una contienda entre ambos y el ejército de Freezer ganó —dijo con cierto tono agrio, Bulma la miró con expectación—. Nadie sobrevivió y el rey envió a otro grupo de escuadrones para vengarse pero cuando pidieron refuerzos, el mismo fue a la batalla. Se dice que el rey mismo derribó a muchos hombres y que estuvieron a punto de ganar hasta que Freezer intervino.
—¿Y quién es este tal Freezer? —cuestionó ella sin entender tanto rodeo. Seripa sonrió con arrogancia.
—El emperador del universo conocido —dijo a secas y la reina forastera de aquel planeta rojo y árido abrió los ojos de par en par, en su planeta nadie sabía que eran parte de un imperio y que habían sido recientemente anexados—. El asunto es que Freezer le ofreció paz al rey Vegeta a cambio de guerreros de buen linaje. Por supuesto que esta paz también venía con la promesa de que no íbamos a ser conquistados por él, además de alta tecnología y recursos naturales. En este planeta no hay agua y es demasiado infértil para producir alimentos —explicó y Bulma no pudo evitar soltar una risa, había visto cuánto comía Vegeta.
—¿Y qué tiene que ver Vegeta en ese asunto?
—El antiguo rey Vegeta le prometió su heredero como el primer guerrero federado a Freezer. Vegeta fue el primer saiyan en servir al emperador del universo conocido y dejó el planeta por mucho tiempo, ha vuelto sólo para gobernar este planeta cuando su padre murió.
—Entonces Vegeta sólo está cumpliendo ordenes, ¿no es así? —cuestionó Bulma con un dejo de esperanza en su voz. Era como un consuelo menor pero consuelo al fin y al cabo. Podía pensar que Vegeta no haría eso si es que no se lo pidiesen aunque le era poco probable. Podía comprender perfectamente cuando un soldado disfrutaba matando y así era su rey.
Seripa asintió sin comprenderla bien y se encaminó fuera de la sala de tronos, dejándola al pie de los escalones que elevaban el asiento del rey. Bulma miró una última vez el trono con curiosidad, el emblema nunca le iría a gustar pero ese asiento tosco le llamaba mucho la atención.
Bastaron tres soldados para asediar aquel lugar, Brolly, el rey y el soldado calvo. El androide no mostró interés alguno en devastar ese pequeño planeta y se encargó de buscar las baratijas y joyas más interesantes para dejárselas para ella. Nunca pudieron calzarle la armadura imperial al androide, prefería usar las ropas de mundos forasteros a vestir con la distinción federada. Llevaba un vestido azul hasta las rodillas, un par de botas altas oscuras y una armadura de decoración dorada que parecía de encaje, cada prenda de un mundo distinto.
Vegeta escuchó cómo a lo lejos, el androide descartaba una baratija botándola al suelo y de paso, armaba un alboroto cuando el objeto en cuestión se rompía en pedazos. Chasqueó la lengua, le era claro que ella estaba ahí para vigilarlo y eso siempre lo había sabido pero el hecho de que no aportara en nada le parecía molesto. Su víctima en curso era un sacerdote de alguna deidad inventada y esta escupiendo sangre por el trato que le había dado previamente. El rey pateó a la criatura y lo oyó gritar otra vez. Su risa le brotó como una cascada siniestra desde el más profundo interior de las entrañas y preguntó por última vez.
—¿Dónde está esa basura azul? —dijo con burla y la criatura se volvió a él con ira dibujada en el rostro. Vegeta se hincó junto al sacerdote con los codos apoyados en sus piernas, le sonrió con arrogancia—. Tú sabes, esa tontería que los hace inmortales.
—¿Acaso crees que si existiese ese cristal mi raza estaría muriendo? —preguntó con la misma sonrisa vanidosa. Vegeta rió a ojos cerrados, había ganado.
—Así que lo he inventado, ¿no es así? Vamos, dime, ¿cómo sabes que era un cristal si nunca lo había mencionado antes? —cuestionó cuando otra risa siniestra le brotó de la garganta. El sacerdote había caído en su trampa y lo miraba aterrorizado. Vegeta supo que iría a intentar escapar cuando sus pupilas iban de un lado a otro, mirándolo a él, a la salida y luego de nuevo a él. En cuanto se puso de pie, lo golpeó en las piernas con uno de sus pies barriendo el piso—. No he sido del todo amable contigo. Te tengo una propuesta.
El alboroto que producía el androide se detuvo un momento y Vegeta supo que el androide iría a escuchar la propuesta también, no le dio tanta importancia porque siguió hablando cuando el sacerdote lo miró sin decir una palabra.
—Yo sólo quiero que me entregues el cristal, nada más. Tu gente está sufriendo y me temo que mis hombres son buenos en su trabajo. Puedo hacer que paren, piénsalo bien —comenzó Vegeta y Número 18 cerró sus cejas rubias en una contracción. No podía dar crédito a lo que escuchaba, Vegeta simplemente no era misericordioso.
—¿Por qué habría de creerte? —cuestionó el sacerdote mostrando los dientes sangrientos.
—No tengo ni la más mínima idea —dijo con seriedad, luego sonrió—. No tengo todo el tiempo del mundo, así que contaré hasta tres. Uno…
—Si esta es una clase de trampa…—amenazó el sacerdote con ira, Vegeta simplemente siguió contando.
—Dos…
—¡Está bien! El cristal azul está en la bóveda que se encuentra debajo de tu androide. Sólo déjanos en paz, saiyan —pidió el alienígena con pesar en la voz. Vegeta sonrió triunfante. Se incorporó y se dirigió a la mujer artificial con desdén. Al llegar junto a ella, la mujer se deslizó a un lado con sus movimientos acuáticos y lo miró en silencio mientras levantaba el tapiz que cubría el tesoro místico. Una luz azul bañó el rostro del rey con intensidad y éste sonrió ante la hermosura del objeto, era una esfera sólida pero en su interior bailaba un fluido fosforescente de tonalidades azules oscuras, celestes y a veces lila. Antes de levantar el objeto de su base acolchada, se llevó un dedo al rastreador y llamó a su escuadrón.
—Nappa, Brolly, nos vamos. Ya está hecho —dijo con simpleza y levantó el cristal para dejarlo entre su brazo y las costillas, miró al sacerdote mientras recibía la llamada entrante de su general. El sacerdote tenía el semblante descompuesto, se sentía traidor.
—Sí, Su Majestad. ¿Acabamos con el lugar? —cuestionó Nappa desde la otra línea.
—No, partiremos enseguida. Este es un buen lugar para colonizar —mintió con soltura. Nappa no parecía muy convencido pero la comunicación aun así se cortó—. Número 18, vamos. Ya no tenemos nada que hacer aquí.
La mujer asintió y se encajó las joyas que había elegido antes de retirarse. Algo andaba mal.
—¿Cómo es que dices? El planeta Vegeta no toma vasallos, ¿qué demonios está haciendo Vegeta? —cuestionó Zarbon arrugando la nariz y le dio un golpe al panel a su lado. Los reportes de Número 18 nunca eran oficiales puesto que debían permanecer encubiertos en su calidad de espía. El androide había acudido a él en cuanto habían aterrizado en el hangar del palacio y Zarbon la esperaba en la cabina de mandos en donde pasaba el tiempo recibiendo los distintos informes de sus sirvientes extorsionados.
La mujer lo miraba con su cara libre de emoción alguna y con los ojos tan abiertos que parecía muerta. En cuanto el general imperial hizo el ademán de retirarse, sus cejas se contrajeron y los labios se fruncieron. Sin darse la vuelta a la puerta de la que salía el soldado, ella lo encaró.
—He cumplido con todo lo que me has ordenado, ¿cuándo me pagarás? —cuestionó ella al tiempo que se cruzaba de brazos y por fin le daba la cara. Parecía enfadada, llena de vida. Zarbon sonrió con vanidad.
—Sigues con vida y a tu hermano no se le busca, ¿qué más quieres pedir, chatarra mal agradecida? —preguntó él con desdén, Número 18 rebosó de ira.
—¡Eso no es lo que me han prometido!
—¡He tenido mucha misericordia contigo! No me vuelvas a pedir que te recompense por algo por lo que fuiste creada —respondió Zarbon mirándola por detrás del hombro con un gesto de desprecio. Se retiró sin esperar alguna protesta y el androide chasqueó la lengua.
—Podría matarte…—dijo sabiéndose sola, apretó los puños con fuerza, su hermano gemelo era muy despreocupado como para alivianarle el peso que sentía sobre sus hombros. Se sintió terriblemente sola—. Podría matarlos a todos.
Estaba segura de aquello, podría acabar con Zarbon, Vegeta e inclusive Freezer. Sabía que su poder de pelea estaba muy por encima de todos ellos y que ellos nunca podrían saberlo debido a su energía enrarecida pero tal cual sabía que podía matarlos, tenía claro que Brolly le haría lo mismo si ella le diera una razón.
Era de noche cuando Bulma escuchó ruido a su alrededor y apenas abrió los ojos para tantear en la oscuridad pensando que encontraría al rey husmeando por la habitación. La luz que se colaba desde el pasillo al interior iluminaba sólo la espalda de Seripa y sus ojos mirándola desde arriba se veían como dos perlas brillantes en la oscuridad, delineándose su silueta como una sombra. A Bulma le arrancó un grito amortiguado mientras se incorporaba con la ayuda de sus codos en la cama y se quedó quieta al tiempo que la reconocía. La soldado se hincó a un lado de la cama al percatarse de la turbación de la mujer de pelo lila y se quedó mansamente en esa posición.
—¡Me asustaste! No deberías entrar sin tocar la puerta, Seripa —replicó enojada la reina forastera y Seripa replicó una disculpa monótona y brusca. La colona tenía severos problemas al hacerse la obediente con una chica que no era digna para ser de la realeza guerrera pero se limitaba en pensar en las órdenes de mi padre para entrar en razón y aplacar los deseos de asesinarla.
—Su Majestad te ha mandado a llamar —dijo de pronto y Bulma abrió sus ojos adormilados, tratando de no verse muy emocionada al escuchar aquello. Miró hacia un lado y rió coqueta.
Seripa puso los ojos en blanco disimuladamente cuando la mujer de pelo lila tiró la sábana a un lado y saltó al suelo, en donde se encerró en el baño para prepararse. La soldado suspiró cansada mientras se apoyaba en una rodilla para ponerse nuevamente de pie y cruzarse de brazos, con la cola meneándose libremente en el aire. No tuvo que esperar mucho ya que la terrícola no quería dar la impresión de que se había arreglado para el rey y buscó un vestido corto con un par de botas, se tomó el pelo en una cola alta y salió al encuentro de su guardaespaldas.
La escoltó en silencio por los pasillos, como Seripa ya le había mostrado el camino hacia la sala del trono, Bulma se dirigió hacia allá sin pedir indicaciones y para su sorpresa, la sala que había recorrido vacía, estaba ocupada por un puñado de presentes, el rey Vegeta, su general Nappa y dos soldados más que le parecieron ser escoltas reales de alto rango. A la chica le recorrió un escalofrío cuando los vio y detuvo su andar presa del miedo haciendo que Seripa chocara suavemente con su espalda.
—Camine —protestó su guardia y los presentes iluminados pobremente por una luz escasa apenas se voltearon a mirarlas. Vegeta se encontraba sentado malamente en su trono con Nappa a sus espaldas, los dos soldados admiraban desde abajo a su rey con una sonrisa vanidosa que a su vez, tenía el orbe azulino que emanaba luz incandescente y la acariciaba ligeramente con el pulgar. Bulma avanzó lentamente mientras rodeaba a una distancia prudente a los soldados y se encaminaba al trono. En cuanto quiso subir los escalones para quedar al lado del rey, Seripa la tomó del brazo impidiéndoselo. Volteó a verla con el ceño fruncido como para protestar pero al verla aun más seria de lo que estaba ella misma no replicó y se limitó a liberar su brazo de un arrebato.
Vegeta le sonrió vanidosamente y los otros dos soldados apenas la miraron.
—Cuando estábamos en la Tierra tenías una cápsula en la que guardabas objetos, Bulma —dijo como si estuviera hablando con cualquier soldado, Bulma asintió con el ceño fruncido y Vegeta rió suavemente. Se acomodó la esfera incandescente en un costado y se incorporó del trono para bajar los peldaños que lo dejaban más alto que ella—. Hazme una, Bulma. Para esto —dijo mientras le extendía el orbe ligeramente, Bulma la miró sorprendida. El fluido azul fosforescente se movía eternamente confinado en el interior del cristal—. La necesito ahora.
—No puedo aparecerla así como así, Vegeta. Debes darme más tiempo —replicó con un dejo de molestia.
—¡No tengo tiempo! —exclamó el rey con el ceño fruncido y la terrícola abrió los ojos con sorpresa. Ella contrajo las cejas lilas con un poco de desconfianza—. Ve a tu laboratorio, te espero en una hora o dos —dicho esto, Vegeta se dio la vuelta y volvió a sentarse al trono dando por terminada su discusión pero Bulma se cruzó de brazos.
—No me hables así, Vegeta. Pídemelo amablemente —dijo la terrícola con el ceño fruncido. El rey tuvo un momento de incredulidad en la que pareció no entender completamente el atrevimiento de la chica hasta que sus hombres se lo hicieron ver, apretó la mandíbula mientras que estrujaba el mango del trono con la mano libre.
—Has lo que te dicen, esclava —replicó uno de los soldados mientras la miraba con desprecio, Bulma volteó a mirarlo con los ojos abiertos al tiempo que tiritaba de rabia. El cruce de sus brazos se deshizo lentamente y su mentón tembló un poco con impotencia antes de salir del ensimismamiento que le impedía defenderse. Vegeta miró en silencio y frunció un poco el ceño al escuchar el término esclava salir de la boca del soldado.
—No soy una esclava —replicó con firmeza la terrícola pero su voz temblaba de rabia y miedo, y el soldado se echó a reír. Seripa hizo de sus ojos en una delgada línea de desconfianza.
—Cuidado con tu lengua, ella es tu reina —dijo Seripa con la monotonía que la caracterizaba y el soldado dejó su posición relajada para avanzar hacia ellas. La escolta personal de la reina dio un paso adelante con la intención de parar un ataque si fuera necesario y la chica de pelo lila dio un paso atrás.
—Los saiyan sólo toman esclavas, nunca esposas alienígenas —replicó el soldado al verse detenido. Bulma miró hacia un lado vacío como si eso la hubiese desilusionado infinitamente y el guerrero se sonrió vanidosamente.
—Seripa —llamó a su escolta con una voz renovada y calmada, miró hacia el soldado con desprecio—. Dale su merecido.
La aludida sonrió de lado y flectó las piernas antes de cargar. El guerrero se puso a reír y miró a su rey que no daba señales de favorecer a nadie por lo que no tuvo más remedio de aceptar el combate de la supuesta reina y tan pronto como se puso en guardia recibió la embestida de la mujer que de un paso quedó a su lado y le dio un golpe en la cara. El cuerpo del guerrero se fue hacia un lado producto de la fuerza del golpe y cuando estuvo a punto de darle una respuesta, Seripa se apoyó de ambas manos para darle una patada con los pies juntos y llevarlo de boca al suelo. La guerrera se puso de pie nuevamente mientras su contrincante a su vez hacía lo mismo y corrió hacia él para continuar el combate.
El hombre paró con las manos los siguientes dos golpes de la chica y le sujetó las manos mientras tiraba de ellas para llevar su cabeza hacia una de sus rodillas y pegarle con ellas hasta que Seripa escupió sangre. Luego la soltó y barrió con una pierna el suelo para hacerla caer. El hombre apuntó hacia Seripa una de sus manos y de ellas salieron dos bolas de energía que explotaron con el contacto del cuerpo femenino, Bulma gimió ante la escena. Estaba horrorizada de la brutalidad con la que trataba a una mujer.
—No hay diferencia entre hombres y mujeres en un combate —dijo Vegeta de pronto y Bulma llevó la vista hacia el trono, él no dejaba de mirar la pelea y ella se estremeció. Todo se solucionaba con golpes.
—¡Levántate, Seripa! ¡Pelea! —gritó la terrícola con la sensación de que el merecido se lo iban a dar a ella—. ¡Tú puedes hacerlo!
Seripa tosió un poco mientras se incorporaba del suelo, se pasó el dorso de la mano en la comisura de los labios para comprobar que ya tenía el mentón cubierto de sangre. Escupió el exceso al tiempo que sentía que el soldado se le aproximaba. Llevó la vista al frente.
—¿Escuchas eso? Tu falsa reina te ordena que te levantes. Vamos, pelea. Eres guardia real, demuéstralo —dijo el soldado con desdén y Seripa frunció el ceño. De un movimiento apareció a su espalda y se contorsionó hacia atrás hasta que sus manos tocaron nuevamente el suelo y con sus pies sujetó al soldado por la cabeza y lo tiró hacia atrás. Antes de que llegara al suelo, le arrojó tres bolas de energía rosadas y luego se impulsó nuevamente hacia su dirección para propinarle un sinfín de golpes que apenas pudo esquivar o parar.
El combate continuó a puñetadas y patadas, equilibradas entre las recibidas por él y las recibidas por Seripa. En un momento de confusión, el hombre le dio un cabezazo directo en la frente y Seripa perdió el conocimiento por un instante y el guerrero aprovechó su titubeo para aterrizarle un puño tieso en la cara que la llevó al suelo.
Vegeta se incorporó del trono y Bulma temió que ese fuera el fin del combate, dejándola a ella como la perdedora.
—¡Seripa! —exclamó al verla mover ligeramente los brazos. La chica se incorporó a tientas mientras el soldado se le acercaba sabiéndose el ganador, rio un poco al verla debilitada—. ¡Pelea!
Seripa se cubrió un brazo con una mano y lo miró con enfado. Luego, llevó sus pupilas negras al rabillo del ojo para observar a la reina, quien la seguía alentando a pesar de estar sangrando por todas partes y tener el brazo fracturado. Sonrió de lado mientras cerraba los ojos, dio una bocanada de aire y volvió a cargar una última vez. Corrió hacia su contrincante con velocidad, luego dio un salto para darle una patada en el vientre pero él detuvo el ataque. Se dio un impulso, enrolló las piernas en su cuello, dio la vuelta hacia su espalda y desde allí le propinó una serie de golpes. Él se balanceo de lado a lado para quitársela de encima sin éxito y cuando se lanzó para atrás para golpearla contra el suelo, Seripa se sujetó de sus hombros con las manos y se meció hacia adelante para quedar encima de él cuando tocara el piso.
Se escuchó un fuerte sonido cuando el contrincante de Seripa se golpeó la espalda contra el suelo y la guerrera se mantuvo sobre él para que no se levantara. Rió levemente y Bulma pensó que nunca antes la había visto hacer eso. Sonrió un poco, aliviada. Seripa había ganado y también lo había hecho ella.
—Es suficiente —replicó el rey quien estaba comenzando a aburrirse. Seripa obedeció al instante separándose de su rival y a pesar de que estuviera mal herida, puso una mano sobre su pecho mientras amansaba su cabeza y se hincaba en dirección al trono. En cambio, el soldado no pareció escucharlo y quiso golpearla cuando ella ya no estaba en guardia. Vegeta abrió los ojos a más no poder ante tal atrevimiento y mostró los dientes en un gruñido—. ¡Dije que pararan!
El soldado así lo hizo pero en vez de hincarse ante él, caminó hacia el trono con turbación y subió un escalón para buscar una explicación, Nappa arrugó la nariz y dio un paso al frente pero Vegeta alzó una mano para que se detuviera, él no necesitaba ayuda para lidiar con el descaro de unos soldados débiles.
—Mi rey, paraste el combate cuando yo aun podía seguir peleando. Me hiciste el perdedor cuando pudiste parar el combate cuando era ella la que estaba en el suelo —dijo con respeto el soldado pero no menos ofendido.
—¿Me estás llamando un mentiroso? —avanzó hacia él con el ceño fruncido.
—No, mi señor.
—Nappa, dime qué fue lo que entendiste tú —ordenó a su general sin dejar de encarar al soldado.
—Que favoreciste a Seripa cuando ella estaba ganando —replicó el calvo con calma. Vegeta sonrió levemente ante tal afirmación y el soldado amansó la cabeza sin nada más que hacer o decir.
—Seripa te tenía en sus manos, pudo haberte matado de haberlo querido o si Bulma así se lo pedía —replicó el rey con suavidad y el soldado asintió. Vegeta se acercó a su oído—. Tu falsa reina. —El soldado abrió los ojos hasta no poder y asintió suavemente en cuanto salió de la sorpresa—. Bulma, ve por tu cápsula. La necesito lo antes posible.
Vegeta se retiró nuevamente al trono con la intención de dejar el asunto zanjado y el soldado miró con desprecio a Seripa mientras se volvía hacia su compañero, a un lado del trono en un pilar. La guardaespaldas real se incorporó como pudo mientras tosía débilmente y tomándose de un costado fue hasta Bulma quien la miraba espantada. El rey miró con el rabillo del ojo al ser alcanzado por el sonido de los quejidos de la colona y cuando pasó próximo a su mujer le habló suavemente pero nunca cruzando las pupilas con las de ella.
—Bien hecho — dijo con lo que pareció ser una sonrisa pero Bulma no estaba tan segura y sonrió silenciosamente—. Nappa, acompáñala al laboratorio. —replicó con más fuerza y el calvo asintió, dejando su posición a un lado del trono.
—Mi señor, aun puedo escoltar a la reina —protestó la chica mientras se limpiaba el mentón ensangrentado con el guante. Vegeta la miró severamente de soslayo.
—Anda a la enfermería. Vuelve mañana —ordenó el rey mientras se sentaba en el trono con la esfera azul al lado. Seripa asintió sin fuerzas y se volteó a ver a la terrícola que le dedicaba una sonrisa satisfecha. El problema fue que ella no quería hacerlo, no podía saber lo que el rey haría o qué era la esfera si no era testigo ahí. Nada tenía que ver con la reina.
—¡Cómo que planeas irte!—exclamó la morena mientras le aventaba lo que tenía en las manos. Por supuesto que el menor esquivó el cucharón con facilidad pero se quemó el brazo con las gotas que resbalaron del borde. Chichi preparaba sopa caliente para acompañar la comida principal que contaba con todo lo que lograba recolectar, desde su llegada todos habían ganado el peso perdido por la invasión, la morena tenía un vasto conocimiento de hierbas, frutos y animalitos en su repertorio. El llanto de Gohan no se hizo esperar, su madre gritó hasta que se le inflamaron las venas del cuello y Goku intentó con todos sus medios para hacerla callar, desde que había nacido su hijo y que él había empezado a entrenar día y noche ya no era la misma. Estaba mandona y huraña.
—Cálmate, Chichi, mira cómo se puso Gohan —comenzó manteniendo el tono bajo para que ella bajara el suyo también pero se molestó más, se le acercó en dos pasos y le golpeó el torso con sus puños—. Chichi, por favor.
—¡Escúchame tú, Goku! No te atrevas a poner un paso fuera de aquí o lo lamentarás, Gohan te necesita. Yo te necesito —dijo mientras bajaba lentamente la voz, de un momento a otro parecía que se pondría a llorar y Goku le tomó de las manos empuñadas—. Tú ya no me quieres, Goku. Todo lo que haces es entrenar.
—Chichi, debo hacerlo. Tengo que detener a los invasores y para esto es que debo entrenar pero ya no me está resultando aquí. Necesito irme —juntó sus manos y les rozó sus labios en el dorso de ellas. Ya no eran suaves por restregar platos y buscar tubérculos en el jardín de la corporación, bajó la mirada un tanto y a Goku le pareció que se había calmado y que había comprendido. Se dio vuelta suavemente y dejó sus manos libres, las que cayeron inertes a sus costados. Lo vio asomarse en la cuna de Gohan mientras le hablaba tiernamente para llamar su atención y así dejó de llorar, pasado un rato comenzó a reír y las risas de bebé inundaron la Corporación destruida. Chichi volvió al fuego donde la sopa que burbujeaba sin ser atendida, el vapor calentaba su cara y no se sintió amada, Goku nunca desmintió lo que ella más temía.
Nota de la Autora: Sí, ahora pondré Nota para que no te confundas, yukkoame ;D
Gracias por los comentarios a Tixithaxx Xd, Kisame Hoshigaki, JazminM, yukkoame, Bunnyball, sweetgilda, Sybilla's Song y LilyBrief.
Ahora si que fue larga la espera de la actualización, tenía más de la mitad del capítulo escrita pero no sabía cómo terminarla y edité una misma escena unas tres veces jaja Luego vino el final del semestre y todo en la universidad se complicó, aun no termino pero me van quedando pocas cosas :) estoy escribiendo ahora mismo el capítulo 14 para no repetir este largo periodo de espera y creo que me estoy centrando mucho en Bulma y Vegeta pero eso no es malo, ¿o si? En este otro apareceré a los que he estado dejando olvidados :)
Por ahí apareció de infiltrado Brolly, en un principio estaba arreglado que estuviera en la escena del trono pero lo cambié en último momento y no me percaté de que seguía siendo mencionado líneas más abajo. Ya lo arreglé, Brolly desapareció de la escena del trono.
Gracias por leer hasta acá, nos leemos próximamente, besotes. RP.
EDITADO
