Cuando John dobla la esquina que lleva a la calle donde vive, ve que hay alguien esperando justo al pie de su edificio, y cuando le reconoce, casi se tropieza con sus propios pies y se da de bruces en el suelo de la sorpresa.
A pesar de los nervios, llega hasta él sin ninguna caída ni nada por el estilo, con la cabeza gacha y las manos en el bolsillo de la sudadera azul.
—Hola. —Murmura el menor, alzando los ojos para encontrarse con las gafas oscuras de Dirk, que le mira con seriedad, como si le analizara.
—¿Va todo bien? —Pregunta súbitamente, extrañando a John.
—Sí... ¿supongo que sí?
John se adelanta un poco y abre la puerta del portal. Quiere evitar tener que mirarle a la cara porque cada vez que lo ve recuerda la última vez que estuvieron juntos y... y...
Para no estar en un sitio pequeño, solos y en silencio, el Egbert decide que subirá por las escaleras. Dirk le sigue sin rechistar. Aquello también se le hace incómodo a pesar de todo... pero de todas formas, ¿¡qué hace él tan pronto allí!?
—¿Y Dave? —Pregunta el Strider cuando John abre la puerta y el piso está vacío y silencioso.
—Ah, me dijo que estaría fuera todo el día. Por trabajo y eso. —El ojiazul deja las llaves encima de un mueble, pero entonces frunce el ceño.— ¿No sabes nada?
—Oh. Bueno, sí. —Va hacia el sofá y se deja caer, quitándose las gafas de sol después.— Creo que sé de qué va la cosa.
El menor logra esbozar una sonrisa tensa y se dirige a la cocina de forma mecánica. Cuando está dentro se pregunta por qué se ha metido y deshace sus pasos para asomarse por el marco de la puerta, sintiéndose idiota.
—¿Quieres algo? —Pregunta con algo de timidez. El mayor le clava los ojos anaranjados, pensativo.— ¿Zumo de manzana?
—Prefiero de naranja.
—Creo que hay... —Murmura metiéndose de nuevo en la cocina y cogiendo dos latas de soda de naranja, volviendo con ella al salón.— ¿Te va bien?
—Perfecto. —Asiente Dirk aceptando la lata que le ofrece.
Ambos abren sus bebidas y un sonido de burbujas emana siseante desde dentro de las latas. Beben en silencio el líquido, pero John hace una pequeña mueca tras el primer trago; nunca le ha gustado demasiado el gas y sus molestas burbujas.
En cambio el Strider prácticamente se traga el refresco de naranja en dos sorbos. El ojiazul sonríe un poco porque aquello le recuerda a la obsesión que tiene Dave con el zumo de manzana.
Cuando ve cómo Dirk aplasta su lata, vacía, el Egbert se levanta sin decir nada del sofá y le trae otra llena. El mayor le contempla durante unos segundos y después esboza una tímida sonrisa, aceptando de nuevo el refresco, que se bebe con la misma rapidez.
—Oye, John...
—Sí, sí, tienen que estar al llegar. —Se adelanta el chico con gafas.
—No iba a decir nada de eso. —Contesta el otro.
—Oh. —El menor le mira descolocado, pero se recompone pronto.— ¿Entonces?
—¿Crees que a veces es bueno ser egoísta?
La pregunta es inesperada y vuelve a dejar a John sin palabras, pero entiende que es una pregunta seria y parece que su respuesta es importante para el rubio de alguna forma, pues le mira expectante con la segunda lata de refresco aplastada en las manos.
John medita unos segundos durante ello hasta que llega a una simple conclusión.
—Supongo que sí. —Dice lentamente el moreno, asintiendo.— No está bien ser siempre egoísta, pero a veces sí que hay que mirar más por uno mismo que por los demás.
—Lo pillo. —Susurra Dirk, observándole de frente, pensativo. En aquel momento a John le parece mucho más joven, como si tuviesen la misma edad, y no puede evitar ser indiscreto.
—¿Cuántos años tienes, Dirk? —Las cejas del aludido se alzan.— Quiero decir... vale, déjalo. Eso ha sido estúpido.
—Treinta y cuatro. —Contesta sin más.
—¿CUÁNTOS? —Exclama John, inclinándose hacia delante de la sorpresa.— ¡Imposible!
—¿Parezco más abuelo o qué? —El Strider esboza una pequeña sonrisa.
—¡A-al contrario!
—Entonces parezco un crío.
—No, a ver... estás bien. —El Egbert gesticula con las manos y se sube las gafas varias veces aunque en realidad no se le estén cayendo.— O sea, que estás bien para tu edad. ¡No me refiero a que seas viejo! Sólo no pareces de tu edad y... y... y mejor me callo, ¿verdad?
El más pequeño se tapa el rostro con las manos, sintiendo que las mejillas le arden. ¿Por qué siempre se tiene que poner a si mismo en ridículo de aquella forma? La gente normal se supone que siente un nudo en el estómago, ¡pero a él el nudo se le hace en la lengua y parece que ni siquiera sabe hablar!
Siente entonces cómo Dirk le coge de las muñecas y le obliga a destaparse la cara. Al principio se asusta y recuerda la última vez que se vieron, cuando pasó *eso*. Pero esta vez el mayor parece haber asumido su papel y sólo le mira con su misteriosa sombra de sonrisa en las comisuras de los labios.
—Podría ser tu padre. —Dice de repente Dirk, haciendo que John empiece a reírse.— No te rías, lo digo en serio.
—¡Si fueras mi padre sería raro! —Le contesta el menor, dejando de reír poco a poco.
—¿Lo sería? —El rubio se ríe también un poco y, aunque ha sido un sonido bajo y casi silencioso, el Egbert se sorprende porque es la primera vez que escucha reír a Dirk Strider.
—Sí, ya sabes... —Toma aire y se prepara para lo que va a decir.— Los padres no besan a los hijos y eso.
—Ya. —Comenta sin más el chico de ojos ámbar, mirando hacia otro lado.
—Respecto a eso, lo siento mucho. —Expresa de forma torpe y atropellada.
—¿Que lo sientes? Tú no hiciste nada, John. El capullo fui yo.
—Ya, quiero decir que tú y yo... o sea... —El ojiazul se revuelve un poco el pelo, disimuladamente. De nuevo no sabe cómo continuar.— Yo... yo te dije que nunca iba a irme del lado de Dave y, bueno, sigo pensando lo mismo. Sólo me iría si el me echase dándome patadas en el culo o algo así.
De repente Dirk vuelve a mirarle fijamente y John casi se asusta por sus brillantes ojos naranjas, que parecen querer atravesarle el alma. Sin poder evitarlo, no consigue aguantarle la mirada y baja la cabeza. Durante unos segundos de silencio sólo ve sus propias manos retorciéndose con angustia.
Por alguna razón, el Strider mayor no dice nada más y parece más tenso de lo normal.
—Parece que están empezando a tardar. —Comenta John de forma rígida.
Entonces, como si fuera una respuesta, su móvil suena dos veces, alertándole de que tiene dos mensajes nuevos en Pesterchum. Aliviado por poder hacer algo que rompa el tenso ambiente del salón, John se hace con el móvil y abre el primer mensaje recibido.
—Oh. —Deja escapar el moreno cuando ve el contenido del Pesterchum. Cuando gira la cabeza para mirar a Dirk, éste ya tiene sus ojos naranjas clavados en él, esperando una respuesta.— Es Jade. Dice que ha habido un problema.
—Me lo esperaba de Jake. —Admite con expresión falsamente indiferente el Strider.— Qué mierda.
—S-sí. —John no sabe qué hacer por el momento; el mayor no parece querer que nadie le consuele. Entonces abre el segundo mensaje de Pesterchum.
—Bueno, John, entonces me voy. —El rubio se levanta, desganado, del sofá.— Siento que esto haya salido mal, pero era de esperar y...
La voz de Dirk se corta cuando siente cómo unos dedos le aferran con fuerza del brazo. Preocupado, se gira y mira a John. El más pequeño tiene sus ojos azules clavados en la pantalla luminosa de su teléfono. De repente parece horriblemente pálido y mucho más niño.
—Dirk. —Llama con voz temblorosa John, sin dejar de mirar el móvil.— Dime que a Dave le gusta hacer bromas pesadas de este tipo.
El mayor vuelve a dejarse caer en el viejo sofá, junto al moreno.
Ve que en el móvil se muestra una conversación de Pesterchum y cuando acaba de leer las tres escuetas frases que allí hay, John ya tiene lágrimas cayendo por sus mejillas.
-turntechGodhead [TG] empezó a molestar a ectoBiologist [EB]-
TG: estoy en el aeropuerto
TG: me vuelvo a texas
TG: se acabó john
-turntechGodhead [TG] dejó de molestar a ectoBiologist [EB]-
—No. —Contesta Dirk con frialdad, sintiendo cómo John empieza a temblar a su lado mientras llora en silencio y con el móvil en las manos.— No es de hacer esas bromas.
—N-no, si seguro que... seguro que es esa estúpida ironía que siempre utiliza o... o... —Por fin los ojos azules se apartan de la pantalla y miran con esperanza al rubio, que sigue con cara de póker.— Dirk, dime que...
—No. —Repite el mayor, horrorizándose de su propia voz, hueca y dura. Es como cuando le dijo a Dave que dejara a John. Todo había salido según lo planeado. Espera... ¿lo planeado?— Él probablemente va en serio.
—Mientes. —Susurra el menor, parpadeando varias veces. Ni siquiera se da cuenta de que está llorando por el impacto de la noticia.— Él y yo... é-él y yo...
Dirk sigue mirándole inexpresivo, sin saber qué hacer. Aquello ha sido su culpa y se tendría que sentir mal, fatal; sin embargo, vuelve a notar una euforia inexplicable en su interior. Lo que realmente le hace sentir incómodo es sentir el cuerpo tembloroso del Egbert a su lado.
Así que, sin apenas pensarlo, acerca una mano hasta su rostro y le limpia con cuidado las lágrimas mientras el ojiazul sólo atina a abrir y cerrar la boca repetidas veces, sorprendido por el contacto.
Y sin apenas verlo venir, John se derrumba del todo y empieza a sollozar.
—Eh, vamos. —Susurra el rubio, poniéndole una mano en el hombro mientras el más pequeño se ovilla en el sofá.— John...
Pero John ya no le escucha.
Nunca imaginó que algún día podría ver a un chico tan alegre y risueño como él llorar de aquella manera tan desconsolada. Eso quiere decir que realmente quiere a Dave.
Dirk no entiende cómo en tan poco tiempo ese chico de gafas y pelo revuelto ha conseguido ganarse de tal manera a su hermano, porque el hecho de que éste haya decidido volver a Texas por su propia cuenta dice mucho.
Los pensamientos del mayor de los Strider se interrumpen abruptamente cuando siente cómo John apoya la cabeza en su pecho y sigue llorando, pero esta vez pegado a él. Con su típica timidez, el mayor le rodea con los brazos y acaricia cuidadosamente su espalda, que se sacude con los sollozos.
Poco a poco, el Egbert se va calmnado hasta que queda en un preocupante silencio.
—¿John? —Susurra con suavidad el mayor, ladeando la cabeza para intentar verle el rostro.
—Nunca había soñado con un final. —Dice con voz clara el menor, dejando ver sus ojos enrojecidos. Su rostro sigue blanco como el papel.— Cuando me despertaba de esos sueños, lo último que recordaba era lo feliz que estaba con él. Nunca había un final, Dirk.
—A veces pasa. —Contesta con torpeza el Strider, aguantándole la mirada.
—Sí. Sí, claro, es verdad. Tú me entiendes. —John esboza un intento de sonrisa que se desvanece en dos segundos.
—Míralo por la parte buena. —Ni Dirk entiende por qué ha dicho eso, pero parece hacer efecto en el menor.
—Tú sigues aquí.
—¿Eso es la parte buena?
—No lo sé. —El menor suaviza su expresión y entreabre los labios.
Dirk apenas se mueve cuando John simplemente ladea un poco la cabeza y se inclina de forma leve hacia delante. Siente los labios del más pequeño uniéndose a los suyos de forma dubitativa y algo torpe. Aunque le pilla por sorpresa, logra reaccionar con rapidez, devolviéndole el beso.
Cuando el Strider abre la boca y se besan con más intensidad, John sólo puede pensar que sabe a naranja. Después se deja tumbar por completo en el sofá, con el hermano del chico que tanto ha amado encima.
~~*FIN DEL PRIMER ACTO*~~
En la cara no, plis. (?)
Lo que empezó siendo algo de fondo como lo era el DirkJohn ha pasado a primer plano y bueno. HE DICHO QUE EN LA CARA NO.
Btw~ Stalker NO se acaba. Sólo es algo así como un intermedio o... como el fin del primer acto¿?¿ (?) Simplemente la cosa empezará a cambiar, pero que sepáis que la cuestión sigue siendo DaveJohn ok. No me odiéis. Os quiero hacer sufrir, pero no me odiéis.
Amenazas de muerte y zumos de manzana meados enviádmelos vía review.
Gracias y hasta el próximo~~! ´v`)/
