La cabeza le da vueltas pero no puede dejar de reír mientras pasa a través del gentío que hay en la pista de baile, contoneándose al ritmo de la música. Mira de vez en cuando hacia atrás para ver si le está siguiendo; de vez en cuando le ve unos metros por detrás suyo y vuelve a huir, riéndose entre dientes.

Kanaya a veces es una aburrida y quiere hacerle parar cuando mejor se lo está pasando, como en ese momento. Así que Rose ha tenido la gran idea de huir de ella, hacer que se pierda entre la gente y después ir hacia la barra a pedir algo.

Sin embargo, ya no ve a la alta morena detrás suyo, así que sonríe con sus labios pintados de negro y se dirige tambaleante hacia la barra. Apoya los codos y mira alrededor con ojos nublados, esperando a que la atiendan. Entonces, a pesar de estar perjudicada por el alcohol ingerido, cree reconocer a alguien que es imposible que se encuentre ahí.

—¿Dave Strider? —Pregunta Rose con voz dudosa pero bien alta, para hacerse escuchar por encima de la música.

El rubio de su derecha se gira y le observa con las cejas alzadas en gesto de sorpresa. Rose cree que se ha equivocado de persona, porque ese chico no lleva las gafas de sol que el famoso DJ siempre suele llevar, sino que le observa con unos ojos rojos como la sangre... y también porque parece bastante desfavorecido.

—¿Rose? —Responde el chico.— ¿Te llamabas Rose, no?

—Oh. ¿De verdad eres Dave? —Ella frunce el ceño y se acerca un paso a él, apoyándose ligeramente en su pecho al tambalearse.

—Bueno, sí. —Dave desvía la mirada y mueve con la mano izquierda su vaso medio vacío.

—Se supone que no tendrías que estar aquí.

—Ya. —Contesta secamente, pensando en alguna excusa para explicarse y después huir.

—Fuiste un capullo, ¿sabes? —Le suelta de repente la Lalonde.— Un capullo y un graaaan cobarde.

—...¿estás bien?

—¡Perfectamente estoy, Dave, perfectamente! —Exclama la rubia.— Pero no cambies de tema, eh. Sé lo de John. Todos lo sabemos.

—Jade... ¿te ha explicado algo? —De repente el Strider empalidece, pero la chica no lo nota.

—Me lo ha explicado todo. —Sonríe satisfecha al ver que Dave da un pequeño respingo.— Ella lo sabe porque llamó a John y él se lo contó.

—Ah. Joder... —Suspira aliviado Dave, dándole un trago a su bebida y haciendo una pequeña mueca.

—¿Y bien? ¿Qué piensas hacer? —Pregunta Rose, robándole el vaso y bebiendo ella.

—Nada. Sólo estoy aquí por trabajo. —Explica rápidamente Dave, haciéndose de nuevo con su bebida.

—Mira, Strider, puede que esté borracha pero no soy idiota. —La rubia sonríe y vuelve a coger el vaso de cristal, acabándose el contenido.— Te debo un roncola.

—No sé qué insinúas.

—Sí que lo sabes. No has podido irte, ¿verdad? Realmente eres un cobarde...

—Mierda, cállate... —Poco a poco Rose va calando al chico, "psicoanalizándole" como ella diría.— Además, no deberías beber.

—Que no cambies de tema. —Se sube de un pequeño salto al taburete que hay al lado de Dave y se inclina hacia él.— Podemos hablarlo.

—No hay nada de lo que hablar. —Le taladra con sus ojos rojos, rodeados por ojeras. Sin embargo, la Lalonde sólo espera con una suave sonrisa hasta que consigue lo que quiere.— Y... ¿cómo está John?

—Hecho una mierda. —Dice claramente la rubia, tomándose un momento para pedir dos roncolas y luego continuar.— En estas dos semanas no ha ido a clase, ni a trabajar, ni ha aceptado las visitas de nadie. Por no decir que apenas coge las llamadas.

—Joder. —Murmura Dave, sintiéndose la peor basura del mundo.

—Y es todo por tu culpa. —Recalca, metiendo el dedo directamente en la herida.— ¿Por qué le dejaste tan de repente?

—Porque... porque tienes razón, soy un capullo.

—¿Lo eres de verdad? —Dave mira a la chica, que sigue con una vaga sonrisa.

—Tú misma lo has dicho antes. Fui un capullo y no lo merezco. Punto.

—Deja de pensar de una vez sólo en tu jodido culo de famoso. —Las palabras rudas de Rose hacen que las cejas del mayor se arqueen. Ella deja con un golpe seco el vaso de roncola ya medio vacío en la barra.— Puede que no lo merezcas, pero él que te merece a ti. ¿Lo pillas?

—No, él se merece algo mejor que yo.

—Deja de hacerte la víctima, Strider.

—No me estoy haciendo la...

—¿Le quieres? —Le corta de repente ella. Dave cierra la boca bruscamente y clava sus ojos en su propio vaso mientras da un pequeño cabeceo, asintiendo.— ¿Entonces qué haces aquí bebiendo? Deja de ser un cobarde.

—No soy un cobarde. —Afirma ahora más seguro.

—¿No? Pues demuéstralo.

—¡Rose!

Ambos giran la cabeza y ven a Kanaya saliendo de entre la multitud con expresión de gran alivio. Parece cansada y Rose se muerde el labio inferior en gesto culpable.

Cuando la alta morena se apoya en la barra, casi jadea.

—¿Estás loca? —Exclama la Maryam en cuanto recupera el aliento.— ¡No vuelvas a huir de esa manera!

—Pero Kanaya...

—No, ya basta, estoy harta. ¡Y deja de beber, se acabó! —Le quita el vaso ya vacío de las manos.

—¿S-se acabó? —Balbucea Rose.

—¿Dave? —Entonces Kanaya se da cuenta de quién hay a su lado. Él sonríe sin ganas.— Todos creíamos que estabas en Texas...

—Ya. —Contesta sin más, encogiéndose de hombros.— Pero olvidé algo.

—O-oh. —La morena le mira durante unos segundos sin entender, pero después coge del brazo a Rose y estira suavemente de ella.— Venga, vámonos, qué mira cómo vas.

—Estoy bien, Kayaya. —Se ríe la Lalonde, dejándose llevar.

—Rose. —Llama de repente Dave, levantándose de su asiento. Ambas chicas se paran un momento y el Strider sonríe de forma imperceptible.— Gracias.

La rubia le sonríe y Kanaya murmura una despedida mientras estira de nuevo de su chica hasta que salen del local. La mayor le presta su chaqueta a pesar de que ella misma se está muriendo de frío.

No deja de pensar en el encuentro con el Strider y lo que él había murmurado al final. La duda le reconcome tanto que al final no puede aguantarse.

—Y... ¿por qué Dave te ha dado las gracias? —Deja caer Kanaya como si sólo intentara hablar de una banalidad.

—Hmm... —Rose tensa sus labios pintados de negro en una sonrisa misteriosa y contesta:— Sólo le he invitado a una copa.

Kanaya frunce el ceño. No entiende esa respuesta acompañada de la típica sonrisa de "sé más de lo que digo" de Rose, pero decide dejarlo pasar. Si ella no quiere decírselo tendrá alguna razón.

.

Al levantarse de la cama, deja escapar un suave quejido y reza por que el otro no lo haya escuchado. Se queda en silencio unos segundos y, al ver que no se mueve, suspira aliviado. No quiere que él le escuche quejarse porque se preocupa innecesariamente.

Cuando sale de la habitación todo está oscuro porque en esa madrugada no hay luna en el cielo. Se toma un segundo para mirar por la ventana del salón mientras se pone las gafas y comprueba que tampoco hay estrellas esa noche; el cielo está vacío... casi se asemeja a cómo se siente.

Han pasado dos semanas, pero John sigue encogiéndose de puro dolor al recordarle, cosa que no deja de pasar constantemente.

Pero no es sólo la ausencia de Dave, ahora su vida no tiene rumbo alguno ya que ni siquiera sale de casa. Se comunica con sus amigos mediante teléfono y sólo cuando se siente especialmente bien. De hecho, la única persona que le ha conseguido sacar una sonrisa...

John contiene el aliento al escuchar el susurro de las sábanas dentro de su habitación y se limpia rápidamente la cara, aunque en realidad no está llorando.

—¿John? —Dice una voz, proveniente de tan solo una silueta en la puerta de la habitación.

—Estoy bien. —Contesta él, dándose cuenta de que ha ido a sentarse en el sofá e intentando recordar cuándo lo ha hecho.

—No te he escuchado salir de la cama. —Él se acerca y se sienta al lado del moreno.— ¿Malos sueños de nuevo?

—No. —Susurra John.

A pesar de que está oscuro, al estar cerca puede distinguir perfectamente el rostro de Dirk Strider, la única compañía que ha tenido en sus dos semanas de reclusión.

John se obliga a sonreír un poco, pero no logra aguantarle la mirada y se apoya en su hombro desnudo.

—Sólo me he desvelado. —Añade el Egbert, cerrando los ojos cuando siente la mano del mayor acariciándole el pelo.— Siento haberte despertado.

—No importa.

—Puedes ir a dormir si quieres.

—No me voy a ir.

—Pero Dirk...

—Si vienes conmigo sí. —Le corta con rapidez, haciendo que John vuelva a mirarle.

Entonces el ojiazul no puede evitar recordar una frase que ahora se le hace terriblemente lejana: "Un Strider nunca tiene suficiente".

A pesar de que la expresión de Dirk siempre es serena, cuando no lleva sus gafas es bastante fácil leer sus emociones, o tal vez es que John no ha tenido nada más que hacer que conocer al Strider mayor en dos semanas enteras y por eso ahora le es tan fácil interpretar lo que esconden sus frases, siempre cortas y con poca información.

Y si Dirk dice que irá a la cama sólo si él le acompaña, sabe perfectamente a lo que se refiere.

—Está bien. —Acaba aceptando John, levantándose del sofá. Sin querer jadea, dolorido, y se maldice a sí mismo.

—John...

—Estoy bien. —Dice cortante él.

—No lo estás. —Dirk se levanta también y le sigue hasta la habitación.— Es mejor que duermas solo.

—No quiero. —John se gira y mira fijamente al alto rubio en la semi oscuridad.

—No voy a volver a joderte. —Se gira y empieza a salir de la habitación, pero el menor le coge del brazo y le hace frente, suspirando.— Mierda, John, deberías pensar más en ti.

—Ya lo hago y por eso no quiero que te vayas. —El ojiazul prácticamente acorrala al Strider a pesar de que el tamaño de ambos es bastante diferente.

—Me refiero a tu cuerpo. Cada vez que te sientas o te levantas te pones blanco como el puto papel. —Dirk tuerce el labio y se deja caer en la cama cuando John le da un suave empujón.

—Eso no importa. —Contesta con suavidad el otro, sentándose encima del rubio.

El Strider contempla incómodo la expresión ausente de John, sabiendo a quién está viendo en él. Pero a pesar de todo está acostumbrado a escucharle susurrar entre gemidos el nombre de su hermano cuando consigue hacerle llegar a la cúspide del placer.

Por eso cuando el moreno le besa con intensidad desde el principio no se niega a aquel contacto porque en realidad lo anhela. No lo aceptará y odia hacerle daño a John, sobre todo en aquellos momentos en los que parece tan vulnerable, pero desde que su hermano lo dejó, el Egbert ha cambiado de manera obvia.

Ya no es el chico risueño y tímido que conoció aquel día en el Raven. John ya no se esconde detrás de nadie al verle, ni se sonroja, ni siquiera hay brillo ya en sus grandes ojos azules.

Le pasa las manos por la espalda, levantándole la camiseta y sintiendo su piel caliente y suave. A Dirk se le eriza el vello cuando los dedos pequeños del menor le bajan sinuosamente por el vientre, yendo directos al borde de su pantalón.

Si alguien analizase el antes y el después de John Egbert, tal vez diría que ha madurado, pero el mayor de los Strider sabe que no es así, sino que simplemente le han arrancado algo que no se puede recuperar. Algo preciado que Dave se llevó con él al dejarle.

Y simplemente Dirk no puede alejarse de él. Se ha dejado llevar de una manera increíble por aquel chico, olvidándose hasta de sus responsabilidades, hasta de su hermano... hasta de Jake English.

Llegados a ese punto, Dirk ya no puede parar y mete sin dudar las manos dentro del pantalón ajeno, acariciando a John, que se encoge al instante. Eso le paraliza al instante, pero no aplaca su excitación ni un poco.

—Estoy bien. —Repite de nuevo John en un susurro, besándole el cuello y causando suaves estremecimientos al mayor.

Esa frase es la preferida del Egbert últimamente. "Estoy bien". Gran mentira es esa. Pero Dirk no le presta atención porque sabe que eso le molesta y sigue acariciándole por dentro de la ropa, sintiendo cómo tiembla encima suyo cada vez que hunde los dedos dentro de él.

Pronto empieza a jadear contra su cuello y el Strider no puede aguantarlo más.

—Lo haré con cuidado. —Murmura con voz ronca Dirk cuando tumba al menor en la cama.

—No. —Y los ojos de John se cierran. El rubio comprende con una punzada de dolor que ya no está hablando con él, sino con su hermano.— No tengas cuidado. Quiero sentirte todo lo posible, Da-...

El Strider le calla con un beso antes de que John pronuncie un nombre que no es el suyo en voz alta y hace caso a su petición, aunque al día siguiente sabe que se arrepentirá.

.

—Lo siento mucho, de verdad. Yo... la perdí y... no pude evitar que bebiera...

—No pasa nada, Kanaya, en serio.

Jade sonríe ligeramente a la Maryam, que está sentada en el sillón del salón, casi temblando y al borde del llanto. Le ofrece una taza humeante que ella acepta con un murmullo de agradecimiento.

Kanaya da un pequeño trago a la tila que le ha preparado la Harley y aguanta con todas sus fuerzas las ganas de echarse a llorar como si fuera una cría.

—Me he asustado bastante cuando ha sonado el timbre. Son las cuatro de la mañana pasadas y... —Al ver cómo los ojos verdes de la mayor vuelven a humedecerse, Jade se muerde la lengua.— Pero no es culpa tuya.

—Sí que lo es. No tendría que haber dejado que bebiera.

—Mira, Kanaya, Rose es mi amiga y me preocupa mucho eso de que beba, ya sabes por qué. —Jade se sienta en el brazo del sillón donde está la otra chica.— Pero ella ya es lo suficientemente mayor para saber lo que tiene que hacer y lo que no. Mañana hablaré con ella.

—Gracias, Jade. —La Maryam le sonríe de forma sincera y sigue bebiendo la tila caliente.

—No me las des. —Ella le devuelve la sonrisa.— Te puedes quedar a dormir si quieres, aunque la habitación de invitados está ocupada...

—¿Aún? —Las cejas de la mayor se alzan por la sorpresa.

—Síp. Se supone que hace una semana que se tendría que haber ido, pero dice que no le apetece... —Jade se encoge de hombros y Kanaya suelta una pequeña exclamación.— ¿Qué pasa?

—Acabo de recordar algo. Hemos visto a Dave Strider.

—¿A... a Dave...? —Los ojos esmeraldas de Jade se abren desmesuradamente y casi empalidece.

—Sí. Rose ha hablado con él, pero ha sido bastante misteriosa respecto al tema de su charla.

—Vamos, que no ha soltado prenda. —Kanaya niega con la cabeza como respuesta.— ¿Pero qué hace aquí? ¿No se había vuelto a Texas?

—No sé, eso te dijo John.

—No creo que John haya mentido así que... o Dave miente o está aquí por otra razón. —Ambas chicas se quedan en silencio, pensativas.— Igual ha venido a buscar a su hermano.

El corazón de Jake da un vuelco cuando escucha las últimas palabras de Jade y se deja caer por la puerta cerrada de la habitación. Esconde el rostro entre las rodillas, como si siguiera siendo un adolescente.

Fue un cobarde la última vez, sí, pero la verdad es que se moría por ver de nuevo al Strider. Algo dentro de él no hacía más que recordarle que apenas unos kilómetros le separaban del chico al que tanto había querido, pero por otra parte tenía un miedo increíble. ¿Y si algo había cambiado entre ellos?

Joder, claro que ha cambiado. ¿Cómo no va a cambiar si prácticamente se fue sin decir nada y no le ha vuelto a dirigir la palabra en años?

Aun así desea verle y por eso aún no se ha ido de Washington, porque se supone que Dirk sigue ahí, no sabe dónde, pero sigue en la ciudad.

Y mientras el English reúne valor suficiente para buscarle de verdad y explicarle lo que siente a pesar de haber pasado tanto tiempo, Dirk repite una y otra vez su nombre de forma silenciosa, sólo en su cabeza, mientras embiste de forma ruda a John, el cual le clava las uñas de forma dolorosa en la espalda, dejando marcas rojas sobre su pálida piel que tal vez tarden en desaparecer.


/se ríe durante horas de forma malvada y sintiéndose Hussie

Vale, VALE. Os juro que disfruto con esto. Lo hago, realmente lo hago. Yo prometo hasta que la meto(?) y dije que habría lemon DirkJohn pero mirad que finta os he hecho y sólo he escrito lime... de momento.

No digo nada más porque es que estoy atontada por el hiatus y todo el percal, u know. Sólo espero que disfrutéis del drama y el porno que escribiré, lo hago para que sufráis porque os quiero. (?)

Hasta el próximo~~! ´v`)/