15

Híbrido


Nappa caminó en la oscuridad con un ojo pegado por el sueño, desde que Vegeta tenía el cristal azul en su poder, apenas salía del planeta y gran parte de sus días se las pasaba entrenando o encerrado en su habitación, con o sin Bulma a su lado. Sus desmotivaciones generales lo comenzaban a aquejar con más frecuencia y como su general y guardia real más cercano tenía que andar mosqueándolo a menudo para que fuera a la sala del trono a atender sus obligaciones como rey. Divisó a Seripa haciendo guardia, era de madrugada y con lo maniaca que solía ser la reina, seguramente le había mandado a llamar mucho más temprano de lo normal. Chasqueó la lengua.

—¿Qué es lo que haces aquí, Seripa? —cuestionó de mala forma mientras se cruzaba de brazos y se acostaba sobre la pared junto a ella y la miraba de reojo.

—Nada, ¿qué haces tú acá? —dijo simulando estar calma pero Nappa supo que algo traía entre manos.

—No te incumbe, mujer —respondió el grandulón desviando la mirada, Seripa resopló un tanto nerviosa. Nappa quiso activar el comunicador con el interior de la habitación pero dio con el panel a medio reparar por el golpe sufrido en el teclado por parte de Vegeta unos meses antes. Vegeta no había querido hacerlo reparar y sólo funcionaba en perfectas condiciones desde dentro, para entrar se las tenía que ingeniar o simplemente volver a romper el teclado para arrancar el cable. Nappa chasqueó la lengua nuevamente.

—¿El rey Vegeta te mandó a llamar? —cuestionó la mujer con curiosidad y Nappa sólo le dedicó una mirada furtiva. Seripa dio un respingo—. Entonces debes esperar. No se percatarán de que estamos aquí a menos de que abran la puerta.

—¿Qué es exactamente lo que estás esperando? —preguntó finalmente el calvo con aparente indiferencia. A todas luces la colona estaba ahí por gusto más que por otra cosa, era muy probable que la terrícola no la hubiese llamado y estaba haciendo guardia por nada.

Ella chasqueó la lengua—. No te incumbe, Nappa.

El soldado no se molestó ni en mirarla, sabía que tramaba algo. Alzó un dedo hasta el nivel de su oreja y mantuvo apretado el botón del intercomunicador de su rastreador antes de hablar para comprobar que estaba funcionando.

—Vegeta —llamó una vez, llamó dos veces. La estática le respondía de vuelta—. Vegeta.


Vegeta. Vegeta…—la oscuridad de la habitación cedió un poco cuando el túnel de luz rasguñó el aire hasta el techo. El ligero sueño del rey se interrumpió cuando escuchó el segundo llamado de su general—. Vegeta, ¿me copias?

Vegeta gruñó mientras se retorcía en la cama para espabilar, era más temprano de lo que acostumbraba despertar y el rey era bastante estricto con sus horarios para dormir, despertar y entrenar. Observó con un ojo cerrado la estela de luz que iluminaba la habitación cada vez de Nappa abría la boca y esperó a que éste decidiera dejarlo dormir. Los quejidos de conciencia de Bulma lo hicieron despegar la vista del rastreador y la miró desde las alturas, ladeó la cabeza con curiosidad. Se le acercó para enterrarle la nariz en el cuello cuando notó la incomodidad con la que respiraba su acompañante, transpiraba ligeramente y parecía no querer despertar para ahorrarse un malestar generalizado. Se volvió furiosamente hasta el rastreador que seguía desgarrando la quietud de la oscuridad y saltó de la cama con ferocidad. Sin siquiera atender el llamado se metió al baño para lavarse rápidamente, buscó su ropa tanteando en la oscuridad, y sin detenerse en ningún momento abrió la compuesta que daba al pasillo descubriendo a su general y a la colona esperando a su respuesta. Arrugó la nariz.

—Tú —dijo refiriéndose a Seripa que lo observó con los ojos abiertos, tiesa de la sorpresa, no pudo saludarlo con educación—. Llévatela a la enfermería —y comenzó a caminar por el pasillo, siendo seguido por Nappa de cerca.

Seripa se quedó parada en la puerta mientras los veía alejarse hasta que escuchó gritar a Vegeta muchos pasos más allá un ¿Qué estás esperando? Se adentró sigilosa dentro de la penumbra y estudió a la chica en silencio. Era completamente normal que no se percatara de su presencia pero cuando la vio quejarse sutilmente comprendió que los plazos de Bardock eran precisos. Le arrebató las sábanas de encima de un solo movimiento y la terrícola tiritó de frío al tiempo que abría lentamente los ojos lilas para mirarla, no dijo nada, y Seripa la alzó en sus brazos. No hubo resistencia alguna y Seripa sabía por qué, la terrícola estaría mareada hasta el punto de hacerla un bulto casi inexpresivo y con cualquier movimiento brusco era seguro que vomitaría por lo que procuró caminar lentamente, después de todo, estar preñada del rey no tenía porqué matarla.

Seripa nunca había tenido hijos y no pensaba hacerlo, no sabía que iría hacer con la terrícola en ese estado, y ni hablar después cuando diera a luz, los niños nunca habían sido su fuerte. Arrugó la nariz y pensó en las hierbas que le habían dado en el Santuario mientras miraba a la reina con desdeño. Su interés por protegerla para sacar a la lagartija del trono invisible sobre el de Vegeta eran mucho mayores a tener que ser también la niñera de unos chiquillos híbridos.

—Seripa —susurró la chica de pelos lilas cuando recuperaba la consciencia a tiempo, como si supiera que estaban pensando en ella. La colona la miró de soslayo pero la enferma no estaba en condiciones de detectar el desprecio que inspiraba en ese momento—. ¿Me voy a morir?

—En absoluto, Su Majestad —dijo Seripa sin que un ápice de desprecio se colara en su voz, mas no sonrió al hablarle—. Usted lleva al hijo del rey Vegeta en sus entrañas.

—¿Cómo es que lo sabes? —cuestionó horrorizada. Dio unas patadas torpes para irse por sus propios medios inventarse algún dispositivo que le confirmara la noticia pero Seripa no la dejó ir—. ¿Cómo estás tan segura?

—Las mujeres se dan cuenta, mi reina —dijo con calma la colona—. El cuerpo les cambia —mintió, había adivinado con la ayuda de las predicciones de mi padre puesto que de no haberlas sabido, pensaría que la humana había comenzado a engordar por las comodidades que le entregaba Vegeta y que sus senos se había agrandado debido a la menstruación.

Bulma se llevó una mano a la frente con perturbación, nunca había esperado que sucediera eso aunque era cierto que nunca se cuidaba ni miraba el calendario porque no sabía qué día era el que estaba viviendo. Su habitación, el laboratorio y su pasillo seguro no contaban con ventanas y se iba a la cama cuando tenía sueño, no porque había un horario. Claro que podía aproximarse a la verdad horaria por la rutina que seguía Vegeta.

Pensó qué iría a hacer con una criatura mitad humano, mitad salvaje; qué iría a decir Vegeta al respecto y qué era lo que iba a hacer en general. Pensó que debía reanudar su famoso escape pero no quería abandonar al rey, sabía que él la quería a su manera pero no estaba tan segura de lo que iba a hacer cuando se enterara.

—Señorita terrícola —la saludó uno de los médicos que habían atendido al rey cuando su cámara de entrenamiento había explotado, Bulma lo miró con desconfianza mientras Seripa dejaba sus piernas suavemente en el suelo y sólo la tomaba por los hombros—. ¿Qué las trae por aquí?

—La reina está preñada, háganle los exámenes pertinentes antes de hacérselo saber al rey —dijo con rudeza la mujer ante la perturbación de los presentes. No se movieron en lo absoluto hasta que Seripa retomó el habla—. ¿Qué esperan? Es una orden del rey.

—Por supuesto, por supuesto. Señorita terrícola, venga por aquí — el alienígena le extendió la mano y Bulma accedió con un poco de resentimiento, Seripa se quedaría ahí con ella hasta que terminaran de atenderla para devolverla a su habitación—. Discúlpeme, señorita terrícola, estaba un poco sorprendido, nada más.

—Reina —corrigió la colona con cansancio, el médico encargado la quedó mirando con un signo de interrogación en la cara. Seripa estaba con los brazos cruzados y una cara rozando el enojo—. Desde ahora en adelante le dirás reina, no señorita terrícola, ¿está claro, sabandija?

—Sí, sí, clarísimo, señorita —respondió el médico con un poco de turbación. Bulma sonrió a gusto, según ella, Seripa estaría siempre a su lado, como Nappa lo era con Vegeta.


Me gustaría escuchar una historia de mis padres, Raditz. Cuéntame algo de eso —dijo la copia exacta de la otrora reina con una sonrisa, como habría sido su abuela, Bra era bastante amigable e inocente, viviendo siempre en las historias de amor que escuchaba de sus criadas de distintos mundos en los que tener sentimientos no estaba vetado. Esperaba fervientemente convencida de que encontrar el amor de su vida iba a ser la felicidad más grande de su vida y Raditz rodó los ojos.

Yo no cuento ese tipo de historias, princesa. Si gustas puedes pedírselo a tus sirvientas.

Vamos, Raditz, ¿acaso no encuentras que mis padres se amaron mucho? Mi criada me dice que papá murió porque quiso mucho a mi madre. Dice que fue capaz de morir por ella.

Patrañas —dijo con aburrimiento—. Vegeta murió por estúpido.

La chica lo miró con enojo que apenas le duró unos segundos, luego sonrió con picardía—. ¿Morirías por mí, Raditz? —preguntó mientras le tocaba un brazo musculoso con sus manos lozanas y suaves, completamente ajenas a cualquier tipo de combate o violencia. El aludido abrió los ojos con turbación, usualmente era como una chiquilla pequeña cerca de él.

No digas tonterías, princesa —dijo cruzándose de brazos mientras miraba hacia otro lado y comenzaba a caminar.

Bardock abrió los ojos después de que soñara visiones del futuro, sin tener una gota de sueño, su lucidez lo sorprendió. Se incorporó del lugar en el que solía dormir y dio unas vueltas por su choza, con la mano sobre su boca. Estaba sorprendido de su nueva visión puesto que las ánimas lo habían abandonado hace mucho y de pronto, comenzó a sonreír. Me había visto como guardia real, de capa azul, un puesto completamente honorable y cuidando nada más y nada menos que a la segunda hija de Vegeta, ¿cómo sabía que era la segunda? Ya tenía completamente claro que el primero sería un varón. Mi padre se pasó una mano por el pelo, conmocionado.

Paragus, como invitado por la emoción, entró sin aviso a la choza que hacía las de cárcel y miró sin expresión alguna a mi padre, pidiendo explicaciones.

—¿Y bien, Bardock? —cuestionó cansado de que pasaran muchas semanas sin recibir alguna noticia positiva de parte de él. Bardock sonrió, no por lo que iba a decir, sino que por lo que había visto de mí.

—Vegeta morirá por la humana —dijo simplemente y Paragus sonrió también, pensando que estaban felices por la misma razón. Se le acercó y lo tomó por los hombros como agradecimiento.

—Ahora entiendo por qué no querías que la asesináramos, muchacho. Bien hecho —le felicitó dándole unas palmadas en las sienes. Paragus se dio la vuelta y caminó hacia la salida en donde se quedó parado en la puerta y descubrió la tela roída para que lo acompañara afuera. Bardock entonces sonrió más tenuemente y caminó con él hacia afuera, en donde lo esperaba un desayuno abundante con los demás habitantes del Santuario—. Hay algo que no entiendo, querido amigo —comenzó nuevamente—. Dices que las alucinaciones te dejan exhausto y no puedes moverte, ¿me estabas ocultando esta visión desde hace un tiempo, Bardock?

—Creo que ya me acostumbré al efecto —concluyó mi padre y continuó comiendo en silencio.


Vegeta llegó a la sala del trono seguido por Nappa, ciertamente no lo habría hecho por sí mismo pero su general a cargo era bastante persuasivo con lo que era referente al reino y lo iría a mosquear a su habitación las veces que fueran necesarias para sacarlo de ahí. Como él mismo no era un hombre de mucha paciencia, pensó que sería mejor complacerlo un momento y dejar de verlo por muchos días.

Se dejó caer en el trono con aburrimiento y apoyó la cabeza en un puño, fue entonces que vio a los presentes, un puñado de soldados y miembros del consejo lo observaban con ansiedad pero apartaron la mirada rápidamente cuando fueron encarados por el rey. Vegeta se rió suavemente mientras se incorporaba malamente. Nappa se cruzó de brazos antes de llegar a su puesto detrás del asiento tosco.

—Mi rey, que gusto verlo de vuelta —comenzó el anciano más hablador de todos, hacía las de vocero de todos sus compañeros silenciosos.

—No puedo decir lo mismo de ti, viejo —respondió con una sonrisa torcida, el aludido lo observó boquiabierto, su semblante se había endurecido—.¿Qué es lo que les molesta ahora?

—Ha habido reportes del planeta que sitió para Freezer, señor, el mismo del que sacó a su falsa reina —dijo el hombrecito de corneas azulinas, Vegeta guardó silencio pero no simuló su enfado, se inclinó hacia adelante ligeramente y el anciano retrocedió casi imperceptiblemente—. Acabo de hablar con un soldado y me ha contado de algo inquietante, mi rey.

—Habla rápido, anciano.

—Han habido ataques a las bases que Freezer puso alrededor del planeta Tierra. Los soldados han reconocido que el atacante es un saiyan, mi señor. Seguramente es Kakarotto, el mismo chiquillo que dejaron atrás —las palabras del anciano ya no eran necesarias, Vegeta ya no estaba escuchando y se estaba formando la idea de qué era lo que había sucedido, el androide le había mentido—. Por supuesto de que Freezer no tardará en estar al tanto de aquello, le sugiero que…

—¡Tráiganme al androide enseguida! —gritó el rey mientras se ponía de pie sin siquiera importarle de que había interrumpido a su consejero más hablador. La capa color sangre onduló en el aire con la majestuosidad que el joven rey había perdido hace tiempo y el anciano aunque interrumpido, sonreía ligeramente. Vegeta hacía tiempo que no le escuchaba como su padre alguna vez había hecho ciegamente—. ¿Dónde está ese pedazo de basura?

Algunos escoltas salieron de la sala ante el segundo llamado enfurecido y recorrieron los pasillos como el agua de un río azul rey, como el color de las capas de la guardia real. El androide Número 18 no podía ser encontrado por sus rastreadores por lo que se fueron colando por todos los rincones del palacio, cada pasillo, cada cuarto.

Vegeta se quedó esperando como fiera enjaulada mientras que los ancianos trataban en vano de susurrarle palabras venenosas pero el rey sólo tenía cabeza para pensar en lo que le haría a la mujer artificial en cuanto llegara ante él. Le había mentido y le había fallado, pero había otra cosa que rondaba su mente y era por qué el chiquillo se había esmerado en destruir las bases aliadas, en vez de pensar en volver con los suyos.

Cuando la rubia cruzó el umbral con otro de sus vestidos alienígenas y perlas en el pelo, Vegeta la observó con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos. Se le acercó en dos pasos con la fiereza que le caracterizaban, su velocidad era espeluznante. Le puso una mano en el cuello pero sin apretar, era más bien una advertencia. Número 18 no adquirió ninguna emoción.

—Me mentiste y quisiste reírte de mí —dijo con desprecio. Número 18 siguió sin la intención de hablar—. Kakarotto está vivo cuando dijiste que habías acabo con él, ¿qué significa eso, chatarra?

—Que está vivo. Su Majestad —explicó con un sarcasmo plano. Vegeta mostró los dientes en un gruñido feroz. Quiso golpearla pero el pensamiento de la terrícola lo estaba haciendo retroceder, no podía evitar pensar a Bulma siendo golpeada si la golpeaba a ella. Le dio la espalda y caminó a su trono con lentitud, estaba el otro lado de parte de Freezer, era su famoso regalo.

—Irás de vuelta a la Tierra, androide, buscarás a Kakarotto y lo harás venir ante mí. Si llega a resistirse, mátalo —dijo una vez que estuvo sentado ante la atónita mirada de la guardia real, los ancianos y el propio Nappa—. Si llegas a dejarlo vivo otra vez, te mataré —Número 18 arrugó la nariz en señal de desprecio—. Llevarás a Brolly para que te acompañe, he escuchado que se llevan bien juntos —el androide se dio la vuelta antes de que le vieran la cara de consternación, sabía que Vegeta estaba al tanto de que Número 18 detestaba al hijo de Paragus y que el chico demente tenía una extraña fijación en ella.

—Enseguida, Vegeta —respondió y caminó con calma, pero cuando dio una vuelta en una esquina echó a correr. Tenía que ganarle ventaja al demente unos días, para cuando se dieran cuenta que Brolly no estaba al tanto de su misión, ella ya habría cruzado la mitad del camino hasta la Tierra.


—Joven Goku, ¿te vas otra vez? —preguntó de improviso la señora Briefs al verlo cruzar el patio con un par de prendas nuevas en las manos. Chichi la miró de soslayo, frunciendo el ceño. Había predicho que eso pasaría cuando vio la luna la noche anterior, habría luna llena, y la morena volvió a su trabajo de cocer las ropas nuevas de Gohan, quien ya había crecido un poco más. El chico moreno observó a la mujer sonriente con un poco de turbación, nunca había querido que sus constantes salidas al exterior pasaran tan percibidas. Buscó con la mirada al doctor Briefs quien daba una calada a su cigarro, él sin duda podría sospechar algo más allá que su inocente esposa.

—Creo que así lo haré. En mis salidas anteriores, conocí a una familia que se ocultaba en las montañas, dijeron que había una base alienígena bastante cerca de ahí y me gustaría echar un vistazo —explicó el menor con una sonrisa nerviosa, nunca había sido bueno inventando excusas aunque supiera que sólo Chichi sabía de sus andanzas.

—Vaya, procura tener cuidado, Goku. Esos invasores son muy peligrosos —exclamó el doctor para luego expulsar el humo por la boca formando una pequeña nube sobre él que se extinguió enseguida. La señora Briefs se llevó una mano a la cara con una expresión de tristeza colado en su rostro alegre.

—Espero que el pequeño Gohan no se ponga tan triste —dijo Bunny haciendo que Chichi dejara de cocer, contrariada. Goku percibió el cambio brusco de su esposa sin siquiera mirarla y apenas movió sus pupilas para observarla.

Chichi se levantó mientras se disculpaba y se retiraba en silencio a tomar agua. La verdad era que sólo era una excusa para retirarse ya que no lograba aguantar las actitudes de su esposo. Se pasó el dorso de su mano por la frente debido al cansancio y la frustración, y hundió un cucharón en el barril de agua fresca y bebió en pequeños sorbos. Goku se puso detrás de ella en silencio mientras la observaba beber.

—Chichi —la llamó con suavidad—. Chichi, por favor.

—¿Qué quieres ahora? —respondió ella con frialdad sin mirarlo de frente. El chico extendió los brazos para implorar por la mujer que antes fue, la cariñosa Chichi de las montañas. La invasión y la ciudad la habían cambiado… o lo habían cambiado a él. Se encogió de hombros ante su descubrimiento—. La señora Briefs tiene razón, Gohan estará triste cuando te vea partir —dejó el cucharón colgando en el borde del barril. —No le diré esta vez, no quiero excusarte más de lo que ya lo he hecho.

—Gohan entiende que lo que hago lo hago por nosotros, yo puedo vencer a los invasores.

—¡Es sólo un niño, Goku! Él nunca ha visto a un invasor en su vida y para él no son distintos a los mounstros que piensa que hay debajo de su cama. —explicó Chichi mientras se daba la vuelta y lo miraba con una expresión de angustia.

—Soy peligroso las noches de luna llena, Chichi —dijo Goku encogiéndose de hombros. Chichi apartó la vista. Sin esperárselo, el menor continuó hablando—. Cuando me vaya, córtale la cola a Gohan. Creo que así prevendrás que se transforme al igual que yo.

—¿Qué estás diciendo, Goku? Acaso te volviste loco…—Chichi lo miraba incrédula—. ¡No mutilaré a mi propio hijo por una corazonada tuya, Goku!

—Es mi hijo, sé que es tan peligroso como lo soy yo —dijo conteniéndose para parecer calmado—. Confía en mí, si llega a venir un invasor, estará a salvo si lo ve como un humano como tú. Los humanos no tienen cola, tú misma lo dijiste.

—Entonces hazlo tú también, sé un humano como nosotros. Los invasores se irán cuando ya no quede nada más que sacar de la Tierra…

—Cuando eso pase ya no habrá cómo vivir, Chichi. Tenemos que prevenirlo.

Un grito proveniente de la alegre señora Briefs alertó a la pareja, Chichi buscó a Gohan con la mirada y al no verlo corrió junto a su esposo al patio en donde los habían dejado. Goku corrió delante y siempre dejó a su esposa a una distancia prudente detrás de él en forma protectora. Al llegar encontraron a los señores Briefs abrazados en el suelo y a Gohan siendo alzado en el aire por un invasor que habría entrado mientras ellos estaban discutiendo. El menor frunció el ceño, rebosante de ira, su esposa se cubrió la boca para ahogar el grito que acudió a ella cuando el corazón se le enfrió por el miedo.

—Parece ser que el mugroso saiyan se ha divertido todo este tiempo —comentó al aire mientras abanicaba al niño en el aire. Gohan respondió con un grito de desesperación—. ¿Y bien, qué tenemos aquí? Es nada más ni nada menos que el sujeto que nos ha estado dando problemas. ¿Cómo dices? —dijo como si estuviese hablando solo, pero en realidad le hablaba a su compañero a través del rastreador—. Kakarotto, el hijo del traidor de Bardock…

—Goku, has algo…—susurró Chichi a su esposo antes de echarse a llorar silenciosamente. El señor Briefs miró hacia el rastreador con los ojos entrecerrados debido a la concentración, los pitazos, las luces y las letras, todo le era familiar.

—¡Goku! El rastreador está localizando nuestra posición…—exclamó el anciano antes de recibir una patada de parte del extraterrestre que se traslado en un abrir y cerrar de ojos, su esposa se tiró sobre su cuerpo lloriqueando.

El menor abrió los ojos con sorpresa mientras apretaba los puños con ira. El llanto de Gohan se fue a mudo cuando vio como el alienígena golpeaba a la señora Briefs en la cara y la dejaba tiritando en el suelo, fue entonces cuando de un paso se acercó al soldado hasta quedar debajo de él con las rodillas dobladas y de un golpe lo mandó al suelo sin aire en los pulmones. Tomó a Gohan en el aire y corrió hacia Chichi con su hijo en brazos, a un lado estaban los señores Briefs. Un humano cualquiera no habría soportado los golpes que ellos habían recibido y ellos ciertamente lo eran.

La morena comenzó a llorar mientras abrazaba contra su pecho al niño quien lloraba también. La escena era horrorosa para que un niño de su edad lo viera y por nada del mundo dejó que Gohan se volteara. La voz de Goku la llevó nuevamente a la realidad.

—Tenemos que irnos —dijo con firmeza—. No pasará mucho para que el compañero de éste nos encuentre, tengo que llevarlos a un lugar seguro.

—No existe un lugar así en este planeta, Goku. Estamos perdidos…—respondió su esposa con desesperanza y el menor se arrodilló a su lado y le tomó la cara para que lo mirara. Su semblante estaba serio, como nunca antes lo había visto.

—Nosotros podemos vencerlos, Chichi, pero debes ser fuerte. Te he enseñado a pelear, ¿no es así? Pelea junto a mí y los venceremos —dijo—. Ahora debemos irnos. Ve a buscar algunas cosas y nos marcharemos, mientras yo acabaré con él —se levantó cuando el soldado comenzó a moverse otra vez, enfurecido. Chichi corrió con Gohan aun en brazos y se escondió en la casa. Dejó a su hijo en la cama temblando por el llanto para echar unas cuantas mantas y ropa en un bolso, revolviendo los cajones en busca de algo indispensable, miró por la ventana para ver a Goku golpeando al soldado hasta matarlo sin que pudiera defenderse.

Antes de irse, pusieron una manta sobre los señores Briefs después de dejarlos juntos y cerrarles los ojos.


Bulma sintió un pinchazo en el brazo mientras ella miraba a otro lado. Exclamó una maldición a regañadientes al tiempo se sobaba la parte picada y miró con desaprobación al médico que observaba las lecturas que arrojaban las muestras de sangre que recién había robado. Otro médico se le acercó con lo que parecía una pistola que apuntó a una de sus rodillas, experimentando un leve tiritón cuando disparó contra sus dos rodillas. Bulma gritó para protestar y cuando un tercer examen venía caminando hacia ella, estiró los brazos y les impidió acercarse.

—Si van a hacerme pruebas al menos explíquenme lo que me están haciendo —gritó con ferocidad dejando a los médicos parados en sus trabajos, el que sería el jefe no tardó en responderle.

—Sólo revisamos sus vitales, señorita terrícola —dijo con calma, luego se corrigió—. Su Majestad.

—Pensé que estaba embarazada, no enferma —dijo con molestia mientras se cruzaba de brazos.

—Seguimos teniendo que conocer su estado de salud, señorita… Su Majestad. Aunque el rey y usted tengan un muy parecido aspecto físico, tenemos que recordar que pertenecen a razas distintas. Sería un descubrimiento muy grande si usted resulta estar embarazada del rey, mi señora —explicó el médico mientras le ponía una pizarra electrónica sobre el vientre plano hasta que sonó un pitito agudo. Bulma arrugó el ceño, confundida—. En efecto, mi reina, está embarazada.

La terrícola abrió la boca horrorizada y sus manos migraron rápidamente hacia su rostro para cubrirse hasta la nariz, en su impresión buscó a Seripa al fondo de la sala pero la colona no tenía la mejor de las expresiones. Se veía asustaba, la conmoción le había paralizado todos los músculos de la cara y sus ojos parecían dos perlas redondas que temblaban en la orilla de las cuencas a punto de caer.

—¿Seripa…? —preguntó con un hilito de voz apenas audible, los médicos no detuvieron su tarea de chequearla en ningún momento. Pronto comenzarían a vitaminizarla y explicarle lo que debía y lo que no debía hacer para cuidarse, el embarazo de un niño saiyan de por sí era difícil, ninguno estaba capacitado en los cuidados de un híbrido.

—Debo irme un momento, mi señora, volveré enseguida —dijo la colona con un tono monótono, debía ser rápida, los médicos despacharían a la chica de pelo lila en breve. Bulma trató de ordenarle que se quedara pero la noticia de que iba a ser madre la había dejado desarmada. Nunca se había cuidado desde que estaba con Vegeta pero no se esperaba que eso podría pasarle a ella, se sentía invencible, invulnerable.

—Dígame —dijo la chica con las cejas fruncidas, le tomó por el cuello de la ropa para que dejara de ignorarla y lo atrajo hacía sí. El médico la miró sorprendido—. Qué es lo que me harán cuando se enteren… Qué hará Vegeta cuando se entere de que estoy esperando a su hijo —demandó con rudeza. El médico posó sus manos heladas sobre las suyas y con su simple roce la chica lo liberó. Se aclaró la garganta con nerviosismo.

—No lo sé, señorita terrícola —mintió el hombrecito, Bulma lo amenazó con la mirada—. Mi señora, no lo sé a ciencia cierta… Estos guerreros son bastante leales a la sangre, los híbridos no les gustan…

—¿A qué te refieres con eso, sabandija? —la chica le había escuchado decir eso muchas veces al rey y se le había pegado en el vocabulario, al repasar sus palabras se sorprendió de sí misma. El sudor comenzó a acudir al aludido rápidamente.

—No los reconocen como saiyan por tener la sangre diluida y les cortan la cola al nacer por no ser dignos de tenerla. Muchas veces me han arrebatado a híbridos justo después de atender el parto y se los llevan, a veces a cuidar bases puerto en algún punto alejado del universo como un colono, otras simplemente los matan…—dijo con rapidez como un intento de que la chica no le entendiera bien pero Bulma recordaría sus palabras hasta el día en que muriera.

—Vegeta es diferente, él no hará eso —concluyó la chica con un poco de titubeo, el médico se arregló el cuello como un intento de desconcentrarse del tema y no darle la negativa a su afirmación, el rey Vegeta era tanto o más despiadado que todos los soldados juntos—. Él no haría eso…


Seripa tocó el hombro de Tomma al pararse detrás de él en la barra de la taberna, al girarse para verla, ella se sentó en el lado opuesto y se bebió el trago que tenía en sus manos. El soldado Tomma la miró sin sorpresa alguna y esperó a que la colona terminara para tomar el vaso para pedirle al tabernero que lo llenara. Estaban en una taberna exclusiva para soldados saiyan de clase baja.

—Dile a Bardock que ya está hecho, la reina está embarazada…—dijo la chica con una voz incrédula pero Tomma estaba calmo y sonrió suavemente antes de pegar una risa juguetona. Dio un sorbo al trago que le habían servido.

—¿Desde cuándo que la llamas reina? —preguntó despreocupadamente—. Bardock ya debe saberlo, Seripa, no me voy a molestar acercándome a ese asqueroso lugar en donde lo tienen apresado.

—Entonces qué es lo que haremos, este bastardo…—Tomma la interrumpió con un siseo y una mano batiendo el aire.

—No te preocupes por él todavía, pasarán temporadas antes de que nazca… debes volver allá y cumplir con tu trabajo. Ve y sé guardia real…—dijo alzando el vaso con cada frase que terminaba, derramando licor en la mesa en cada ocasión. Seripa arrugó el ceño.

—No deberías estar emborrachándote, Tomma, sabes que son tiempos difíciles.

—Me ofendes —dijo el aludido con una mueca de tristeza mal hecha, parecía que iría a echarse a reír en cualquier momento—. Seripa, te confundes, estoy trabajando. Sólo me divierto mientras lo hago —concluyó alzando el vasito vacío en el aire para saludar a su reflejo en el espejo que el tabernero tenía frente a la barra, para dar la ilusión de que tenía más licores de los que realmente poseía. Se sonrió un poco y bebió el aire que contenía el vaso. Seripa rió divertida con la boca cerrada ante la cara de turbación de Tomma. El soldado desvió su cara al espejo que miraba anteriormente y sonrió, Seripa no se daría cuenta que el androide mellizo de Número 18 estaba en el reflejo, brindando de vuelta a Tomma con un vaso lleno.


Nota de la Autora: Me sorprende el haber matado a los señores Briefs, pero me temo que debo echarle la culpa al soundtrack que estaba escuchando. La última escena salió escuchando The Avengers, de The Avengers jaja amé la nueva relación que tienen Tomma y Número 17. Les tengo sorprecillas de ellos para ustedes :3 Lo otro que quiero dejar en claro es la escena en que aparecieron Raditz y Bra, no tengo pensado una relación amorosa para ellos antes de que me acusen de algo, está pensado como una relación amistosa, a veces cayendo en una relación como de padre e hija. Finalmente, Gohan, Gohan, sé que él tenía como 10 años cuando nace Goten, es por eso que tengo dos posibilidades, hacerlo crecer los como cinco que le faltan o adelantar a Goten jaja Si no tienen tanta diferencia de edad es sólo porque no puedo seguir alargando más la campaña de lo que ya lo he hecho.

Este es el penúltimo capítulo de la primera campaña, ¡ja! Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. ¿Qué pensará Vegeta con la noticia de Bulma? Es obvio que no le hará nada jaja no habrían más campañas...

Eso es todo por hoy, nos leeremos en la siguiente actualización, besos, RP.

EDITADO.