16

Gohan


Bulma trazó círculos imaginarios con la yema de uno de sus dedos, severamente aburrida. No le importó cuando entró el rey a su habitación y se le acercó sigilosamente por detrás, mientras se sacaba el rastreador escarlata del ojo izquierdo con una mano experta. Sonrió de lado, la envolvió con sólo un brazo por la cintura y con el otro le levantó los mechones lila que caían sobre la mejilla que miraba. Bulma se estremeció al darse cuenta de su presencia, había pedido expresamente a los médicos y a Seripa que nadie le informara de su diagnóstico puesto que ella misma quería decirle. La terrícola entrecerró los ojos con miedo mientras tragaba saliva espesa, al abrirlos se supo con el valor suficiente de confesarse.

Vegeta le pasaba la nariz suavemente por la mejilla y por el cuello, ella se dio vuelta en un movimiento grácil para buscar sus ojos oscuros pero ellos no la veían. Bulma le puso una mano sobre la barbilla y Vegeta sonrió.

—Parece que el color volvió a tu cara —dijo con una sonrisa vanidosa. Bulma no pudo sonreír y sintió que debía apartar la mirada o le daría una arcada de miedo. El rey rió con la boca cerrada, le tomó el mentón para que lo mirara—. Mírame.

—No me siento del todo bien —se excusó mientras dio una vuelta hacia la cama con la intención de acostarse pero el rey le agarró de la cintura, atrayéndola de vuelta a su cuerpo.

—En absoluto, te ves del todo bien —recalcó Vegeta con una risa a boca cerrada. Bulma se quejó silenciosamente.

—Vegeta… —comenzó ella con una mueca insegura, cayó sentada sobre la cama al quitarse las manos del rey de encima. El aludido frunció el ceño al comprender que algo iba mal—. Si me matas ahora, hazlo sin que me dé cuenta…

—No seas estúpida —escupió el rey un tanto molesto, dio la vuelta en la cama hasta llegar al espejo grande para sacarse el medallón de encima con la intención de irse a entrenar si ella seguía hablando tonterías. Bulma se volteó sobre la cama para mirar la espalda del rey, su reflejo se veía en el espejo y el de ella también. Sabía que no la estaba mirando y su boca pareció cerrarse como si la hubiesen cosido, sus manos sudaban y la sensación de náuseas la invadió de pronto. Titubeó un tanto pero al quejarse sonoramente, supo que debía decirlo fuerte y rápido.

—Estoy embarazada —dijo mientras se daba la vuelta para mirar hacia el lado opuesto y cerró los ojos esperando un ataque simple que la mandaría al otro mundo pero no pasó nada. Esperó un tanto por si Vegeta tardaba en reaccionar, hasta que comprendió que no haría nada, con miedo, se volteó a mirar hacia el espejo grande con lentitud. Encontró a Vegeta a un lado de la cama, mirándola con reproche—. ¿Vegeta?


Número 18 miró el horizonte desde el cráter que se encontraba. La Tierra no estaba igual a cuando la había visitado por última vez, estaba marchita y vieja, le estaban extrayendo toda la humedad que tenía para llevársela al planeta que sus invasores mismos habían asesinado.

Encendió su rastreador y un sinfín de transmisiones se le coló, bromas machistas de soldados poco agraciados, comentarios de lo aburrido que era ese planeta sin nada que matar o destruir, que estaban prontos a retirarse… La mujer artificial frunció el ceño mientras se elevaba sobre el suelo con lentitud, presionó el botón de la oreja con fuerza y llamó con un tono apático a un interlocutor dispuesto a darle las coordenadas del cuartel más cercano. Voló con velocidad hasta el punto señalado, retirando el rastreador de su oreja para destruirlo en sus manos.

Cuando llegó a la base no había soldados que la esperaran para escoltarla, a cualquier planeta que llegaba la recibían igual, como un simple objeto inútil que podían reemplazar cuando quisieran. La puerta no estaba abierta pero eso no la desalentó al momento de mandarle un golpe que la abriría en dos para que pasara, los soldados que caminaban por el pasillo se mostraron impresionados ante su conducta pero no le prestaron más de dos segundos de su atención. Un capitán de alto rango procedente de Kanatyr trató de pararla en su camino a la sala de mandos para reprenderla pero Número 18 se hacía la sorda. Su mirada muerta hacia el frente siempre, caminando a paso continúo sin detenerse ni distraerse.

—El Gran Freezer sabrá de tu atrevimiento, androide. Tú no tienes nada que hacer aquí —afirmó el capitán con autoridad, Número 18 dejó su andar para observarlo de soslayo enfadado. Alzó una mano que lo tomó del cuello para estrangularlo un tanto, demostrando la monstruosa fuerza que ella poseía.

—Escucha, basura, vine aquí por orden del Rey Vegeta para ocuparme de su pequeño problema con su saiyan —hizo una pausa para decorar su cara muerta con una sonrisa torcida—. No creo que al Gran Freezer le moleste mi atrevimiento.

El androide liberó su agarre para dejar al capitán tosiendo en el suelo para continuar su caminar monótono al cuartel general y con el dorso de la mano acarició su cabello rubio desde el cuero cabelludo hasta las puntas, haciéndolo elevarse por el aire. No había duda que era una mujer muy hermosa y muchos de los soldados se la quedaban mirando al pasar a su lado, muchos podían soñar con estar con ella al menos una noche pero todos sabían que el androide los mataría si se le acercaban demasiado. Solían decir que sólo tenía ojos para Vegeta, otros decían que era la amante oculta del hijo loco de Paragus… después venían los más osados que contaban que ella sólo podía mezclarse con su hermano mellizo porque eran máquinas y las máquinas yacían con otras máquinas, y que nadie sabía dónde estaba el Número 17 porque en realidad ella lo había asesinado cuando lo había que visto coquetearle a una mujer de carne y hueso.

Número 18 pidió hablar con el encargado de las transmisiones, un soldado gordo se levantó de su puesto de vigilancia para que ella lo viera y se apartaron para hablar cerca de los paneles de hologramas en donde habían mapas de todo el planeta. Le señaló todos los puntos en los que ya no quedaban más que escombros de las bases sitiadas y en las que se habían borrado los mapas y sondeos de los lugares en las que se encontraban. Número 18 vio que pronto la oscuridad de las bases sitiadas iría a cubrir la mitad del panel que estaban viendo.

—Hemos enviado más soldados en las zonas de aquí, aquí y aquí —dijo señalando con los dedos las áreas que mencionaba—, pero no hemos sabido más de ellos, este soldado saiyan es mucho más fuerte de lo que pensábamos que era Kakarotto, hay algunos que dicen que no es sólo él, que existen más saiyan ayudándolo a sitiar la Tierra.

—No hay más además de Kakarotto, es sólo él —dijo con el ceño fruncido mirando una base activa que estaba a punto de ser devorada por la sombra de Kakarotto—. Es acá donde atacará ahora —murmuro para sí, el soldado la miró, nervioso—. ¿Tiene algún patrón de apariciones?

—Al principio aparecía las noches de luna llena, para la transformación ozaru suponíamos —dijo con un temblor en la voz luego tragó saliva espesa—. Ahora ya no sólo ataca esas noches, es impredecible.

Número 18 lo observó con una sorpresa casi indistinguible. El soldado se asustó cuando ella se dio la vuelta y la siguió con la mirada hasta la puerta.

—¿Qué es lo que hará, señorita…? —no terminó la frase, no habían nombres, títulos ni adjetivos con los que podía llamarla con cortesía, sólo existían las palabras chatarra y máquina para ella.

—Iré a terminar con esto.


Tomma se adentró en un almacén viejo en el que los androides hermanos solían acudir para verse en secreto y arrugó la nariz, los centenares de telas colgando en el techo y en las paredes con diseños tribales tapaban la luz natural que entraba por la ventana, y los humos calientes que salían de los polvos incandescentes le escocieron los ojos. El aire encerrado estaba perfumado de miles de especias mezcladas por lo que no supo de qué mundo procedía la dueña.

El soldado avanzó hacia la barra en la que la señora del palito con cueros pegados al extremo aguardaba por clientela que sería constituida exclusivamente de esclavos repartidos por el planeta. La mujer escupió al suelo en el momento que lo vio. Tomma arrugó el papel con símbolos alienígenas de ningún punto conocido del universo en sus manos pensando que le habían hecho una broma pesada. Las pocas veces que se había reunido con el hermano mellizo del Número 18 habían sido organizadas por personas anónimas que le entregaban el papel anexando un lugar o un grito, como lo había hecho el cantinero del bar imperialista en su primer encuentro. Nunca sabía qué era lo que decían los papeles, sólo los llevaba consigo y se los daba al androide cuando lo veía.

Arg, saiyan —dijo como si le dejara un mal sabor en la boca. Tomma la miró con la misma mueca de asco como si contuviera el aire y respirara por la boca. Por un momento pensó que no hablaba el idioma del planeta—. Eres el segundo que viene para acá, no tengo licor.

—No es el licor que busco, mujer —aclaró el soldado mientras llegaba a ella—. ¿Segundo dices? Dime quién más ha venido o te las verás conmigo.

Arg, ustedes siempre son así de brutos —respondió ella mientras daba la vuelta a la barra y llegaba a su lado, Tomma se alejó hasta quedar cómodo con su presencia—. No quiero problemas. El soldado que vino estuvo un rato, bebió zigguahi y se fue, no sé qué era lo que quería. Su chapa era amarilla, clase muy baja, no tienen dinero.

—Sé más explícita, mujer —demandó el soldado y la aludida puso los ojos en blanco.

—Era alto, sí muy alto. Con el cabello hasta los muslos y era bastante huraño —comentó la tipa y a Tomma se le vino a la cabeza mi imagen. No entendía por qué pero tenía la corazonada de que había sido yo y eso significaba que le había mentido cuando él me fue a pedir ayuda a las barracas. Chasqueó la lengua enojado y la tipa comenzó a reírse al divisar el papel en su mano. Tomma la miró contrariado mientras una nueva risa se sumó al ambiente, el soldado se volteó más enfadado aún y vio al androide parado junto a él con las manos en los bolsillos del pantalón.

—Me alegra verte de nuevo, soldado. Veo que ya conoces a mi anfitriona, Ma'niat —la presentó con galantería y la dueña del palito vistoso cerró los ojos y dio una insignificante reverencia. Tomma observó la escena, sorprendido—. Sírvele un poco de tu zigguahi, Ma, estoy seguro que le encantará —concluyó mientras se sentaba en la barra y la señora les servía el trago verde.

El soldado se sentó a su lado con cautela y vio beber al androide de reojo. Ma'niat se le quedó mirando con detención esperando a que probara su famoso líquido pero a Tomma le parecía muy forastero para su gusto.

—Buen escondite para un rebelde, ningún soldado federado ni real se acercaría a este almacén alienígena —dijo al aire Tomma, tanto el aludido como la dueña sonrieron.

—Ya te lo dije una vez, soldado, soy independiente. No tomo partido por ningún bando —aclaró el androide sin darle mucha importancia—. ¿Eres rebelde, Tomma?

—En lo absoluto, sólo odio Freezer.

—Entonces, ¿qué haces aquí? —preguntó el androide moreno con una sonrisa—. Este almacén es rebelde. Como bien dijiste, ningún soldado federado ni real se mete en los criaderos de esclavos. Sabemos que has ido al Santuario a ver a Paragus, ¿o es a tu amigo, el que mató al antiguo rey? —rió con la boca cerrada y dio un sorbo a su zigguahi—. Paragus no es un rebelde cualquiera, hermano. Es un rebelde que desea ser rey y hará todo lo posible por conseguirlo. Tu amigo, ¿Bardock? Lo matarán cuando ya no les sea útil. Debes sacarlo de ahí, está liderando al ejército equivocado. Paragus no tiene intención de derrotar a Freezer, sólo quiere al rey.

—¿Qué es lo que estás diciendo? —cuestionó con la mandíbula fuertemente apretada contra su cráneo, Número 17 observó sus encías con una sonrisa que nunca parecía borrársele de la cara apuesta.

—Lo que estás escuchando, hermano—respondió con tranquilidad—. Paragus es un soldado federado, él es un soldado de Freezer y Freezer le da todo lo que quiera, ¿por qué crees que no sale su nombre como traidor en las transmisiones tal como sale el de Bardock? Freezer no es su presa, es Vegeta y Freezer hará todo lo posible por mantener a tu pueblo a raya, sin que él tenga que hacer el más mínimo esfuerzo por eliminarlos. Tiene un afecto extraño por tu rey.

—¿Cómo es que no me los has dicho antes? Este Paragus… le hemos estado dando todo en bandeja —exclamó Tomma mientras se levantaba del asiento de golpe y su asiento tambaleaba a punto de caerse. El androide sólo pudo sonreír en silencio, sus ojos celestes no tenían vida como tampoco lo tenían los de su hermana.

—Te lo he dicho ya, soy independiente, no tomo partido por ningún bando —explicó como si fuera su lema, brindó con su copa de zigguahi a medio vaciar—. Fuiste sabio al no mencionar que me encontraste a esa colona, ella es fiel a Paragus…

—Sabía que no debía confiar en esa colona —murmuró con enfado, Número 17 negó con la cabeza.

—Ah, sí que puedes confiar en ella, al igual que tú, no sabe de Paragus tanto como yo —dijo—. Mi creador sabía bien de las intenciones de Paragus. Ah, por cierto, tienes algo que me pertenece —apuntó a su mano, Tomma estaba tan enfadado consigo mismo que lo dejó de mala manera en la mesa larga. Número 17 fue leyendo con soltura la lengua extraña y su sonrisa fue desapareciendo de a poco. La dueña del local comenzó a hablarle en una lengua desconocida para sus oídos y comprendió que algo iba mal, el androide le iba respondiendo de la misma manera pero con frases más acotadas.

—¿Qué dice en esos papeles? Nunca me has mencionado lo que te traigo cada vez que vengo a verte —señaló Tomma con seriedad, 17 lo observó sin decir nada.

—Son mensajes de mi hermana —confesó después de unos momentos. Se encogió de hombros mientras daba el último sorbo de su zigguahi—. Usualmente me cuenta lo que ha pasado en el reino en sus mensajes pero ahora habla de la Tierra. Parece que han dado con Kakarotto y ella y Brolly deben ir a cazarlo —Tomma abrió los ojos lo más que pudo—. Kakarotto no es el que me preocupa —recalcó el androide moreno con seriedad—. Brolly es peligroso y sabe que mi hermana ayuda a Kakarotto, que es rebelde. Si llegan a encontrar a Kakarotto… me temo que no saldrá de esto con vida.


Los rumores de que el planeta Vegeta iba a tener un heredero híbrido cobraron más fuerza cuando Bulma dejó de asistir al laboratorio. Nadie más que el rey, el general Nappa y su guardia personal Seripa, la colona, la había visto por semanas. Había quienes que la daban por muerta, que el propio Rey la había asesinado al enterarse que dentro de ella se gestaba un engendro bastardo de sangre diluida, otros decían que estaba recluida en su habitación por la propia vergüenza del rey pero esto último era lo que se acercaba más a la realidad, pero no era la vergüenza de Vegeta sino la de Bulma la que la mantenía oculta.

La criatura que tenía en su interior parecía ser el hijo de un gorila, crecía tan rápido y sin piedad que no tardo en desarrollar un bulto del tamaño de un melón en su estómago cuando en la Tierra sería no más grande que una naranja. Bulma comprendió que Vegeta no le haría nada a ella ni a su bebé nonato al menos hasta que éste naciera, pero el precio que tuvo que pagar fue su distanciamiento. Vegeta se había puesto más huraño y menos hablador conforme su vientre se iba inflando, y Bulma comenzó a creer que el rey ya no la estaba queriendo como antes.

—No se preocupe, el rey Vegeta está ocupado con el trono —mentía Seripa cuando iba a verla cada día. Ya no se quedaba fuera de la habitación o el laboratorio, Seripa la acompañaba siempre que la terrícola se lo pedía, necesitaba compañía o pensaba que le daría demencia espacial, la locura de la que siempre hablaban ahí. La guerrera en un principio se mostró reacia a hacerlas de compañera que de escolta pero pronto se fue amansando al estar diariamente con ella, escuchándola parlotear.

Pronto, la colona se comenzó a aburrir de estar en la habitación real todo el tiempo por lo que le propuso a la reina lo que antes añoraba siempre, salir del pasillo seguro para ella. Bulma la miraba con inseguridad y ladeaba la cabeza en una negativa, si antes no la querían por ser humana, ahora la despreciarían por tener a un bastardo en el vientre.

—¿Porqué no usas la capa azul de la guardia real? —le cuestionó para sacarse la propuesta de encima. Seripa titubeó y apartó la vista. Seripa usaba la misma ropa desde que la saludó en la sala del trono, cuando Zarbon se había ido con su séquito. Armadura negra de clase baja, traje rosado y una polaina amarilla en una pierna, su chapa era de color rojo, llevando estampado el signo del reino saiyan. Todos los soldados del reino llevaban estampado el símbolo saiyan sobre el color de su batallón, los saiyan federados no gozaban de ese lujo.

—Soy colona y mujer, nadie me considera como de la guardia real —contestó bruscamente. Bulma batió sus pestañas para dar paso a una contracción en sus cejas lilas.

—Pero lo eres, tú me cuidas —dijo con extrañeza. Luego añadió engreída—. Si soy reina y tú eres mi guardia personal, entonces eso te hace de la guardia real —agregó unas risas escandalosas. Seripa sonrió levemente, no quería mencionar que tampoco la veían a ella como reina y menos aún, a su hijo como el heredero del trono de Vegeta.

Vegeta anunció que partiría de misión y Bulma simplemente asintió despreocupada, llevó la vista hacia Nappa y le dirigió la palabra para la sorpresa de los dos hombres.

—Nappa —dijo sin mucha importancia. Vegeta abrió los ojos sin entender—. ¿Eres tú el encargado de las corazas? Necesito un favor. Verás, Seripa es mi guardia real y dice que no tiene capa azul porque no lo es realmente —explicó con dificultad, dejando más descolocados aún a los hombres—. Quiero que le den la capa azul que le corresponde y su coraza, su chapa tiene el color erróneo, debería ser azul.

Nappa miró a Vegeta con la boca semi abierta. Vegeta a su vez, levantó sus cejas y partió, dejando a Nappa sólo con la muchacha que ya contaba con varios meses de gestación, su panza era notoria. El general no quiso darle una negativa por lo que asintió levemente y partió a cumplir con su deber.

Para Bulma ya estaban listas para hacerse ver como la flamante reina y su guardia personal, se puso el mejor vestido alienígena de su guardarropas sabiendo que eso iría a enfadar más a sus súbditos, pero eran infinitamente más lindos que los que disponían en el planeta Vegeta. Contaba con un vestido simple de color turquesa oscuro con toques dorados en los bordes, las tiras del vestido que sujetaban su busto hinchado y venoso daban la vuelta por su cuello. Seripa acudió a ella con un ligero tono rojo en sus mejillas, había dejado atrás su traje rosado y se puso uno morado opaco por mera sugerencia de Bulma, puesto que el rosado chillón con el azul de la capa no iban bien juntos. También abandonó su polaina amarilla por el mismo motivo pero conservó su arete dorado.

—Quiero conocer el planeta, llevo demasiado tiempo aquí y no tengo idea de cómo luce —anuncio la terrícola para el espanto de Seripa.

—No creo que sea una buena idea, mi señora, demos una vuelta por el palacio. Es mucho más interesante que afuera —trató de persuadirla pero falló en su intento.

—Ya conozco lo interesante de este palacio y no lo es del todo, Vegeta no tiene ningún sentido de decoración —se quejo y buscó la salida del pasillo seguro para ella.

—Entonces le sugiero que me permita reclutar un par de hombres para escoltarla —dijo apresurada—. No es seguro si vamos las dos solas —Bulma accionó el botón que las liberaba de la seguridad y vio la inmensidad del palacio con sus esclavos y generales y miembros del consejo de guerra que irían encontrando en el camino—. Me tomará un día o dos en encontrarlos, tengo unos nombres en mente.

—Está bien, Seripa, tienes mi consentimiento —hablaba como una soberana—. Vamos a recorrer los pasillos, debo caminar lo que no he caminado todos estos meses —dijo mientras estiraba los brazos por detrás de la cabeza. Seripa suspiró en apuros. Sólo había pensado en Tomma y no le parecía que le gustaría la idea de andar caminando detrás de una forastera.

Recorrieron el camino hacia la sala del trono pero no entraron ahí, Bulma no quería verlo de nuevo y partieron hacia los lugares en los que no habían ido. Los esclavos que se encontraban en el camino las miraban con la cabeza hacia abajo pero con los ojos alzados y Seripa los miraba de vuelta con enfado puesto que eso era una ofensa que Bulma no conocía, y la terrícola los saludaba al pasar junto a ellos. Los esclavos no sabían qué hacer y hubo un par que se arrodilló implorando clemencia, dejando a Bulma pensando en qué era lo que les había hecho para que se comportaran así.

—¿Hice algo que te ofendió? —preguntaba inocente la terrícola y Seripa la tomaba del hombro con autoridad.

—No les hable a los esclavos, ellos no deberían verla siquiera —aclaró con disgusto y miró por sobre el hombro la esclava que tenían a sus pies.

—Tienen ojos, para eso sirven —dijo con una risa nerviosa—. Vamos, vete, ha sido un malentendido. Dime, ¿a que no soy la reina más linda con la que te has topado? —preguntó guiñando un ojo.

La esclava asintió con una sonrisa y la cabeza hacia abajo pero cuando escuchó a Seripa gruñir, se disculpó y salió corriendo por el pasillo. Bulma siguió caminando por el pasillo pasando ese incidente por alto hasta que llegaron a la sala de entrenamientos para los soldados de élite, la de los soldados de la guardia real y los de clase baja. Bulma escudriñaba en todas esas caras esperando ver a Vegeta aún sabiendo que él se encontraba fuera del planeta. La vi desde el vidrio que daba hacia donde estaba ella, en la segunda planta, nos quedamos mirando unos segundos. Le parecí curioso porque la miré de vuelta y al cabo de unos momentos me permití sonreírle vanidosamente, era una mujer hermosa tal como la habían descrito los rumores. Ella sonrió un tanto insegura, no muy al tanto de por qué le sonreía en un principio, por lo que seguí mi entrenamiento con los androides que habitaban las salas de entrenamiento. Bulma me señaló y preguntó a Seripa.

—¿Quién es él? —preguntó pegando su dedo al vidrio mientras me seguía viendo entrenar. Seripa me lanzó una mirada furtiva antes de responder.

—Es Raditz, el hijo de Bardock—mencionó sin mucha importancia y tuvo la necesidad de seguir con el recorrido.

—Raditz —dijo al tiempo que pensaba en el segundo nombre—. ¿No es Bardock el asesino del padre de Vegeta?

Seripa tardó en responder, sabía que mentiría: —Así es, mi señora.

—¿Qué es lo que hace aquí? La manzana no cae tan lejos del árbol—Seripa levantó las cejas sin comprender. —Los hijos no son tan distintos a los padres, Raditz puede querer asesinar a Vegeta.

—Raditz no es ninguna amenaza para el rey Vegeta, mi señora, créame —Bulma asintió sin mucha certeza y me dedicó una última mirada antes de partir junto a la colona.

Siguieron su camino hacia el hangar, en donde Bulma se detuvo a ver las tantas naves que tenían en su interior, recordó con nostalgia su intento por escapar y analizó lo que en sus propios prototipos falló, pensando en que si tendría que recurrir a su antiguo proyecto para cuando su bebé naciera. Debido al aburrimiento de la colona, Bulma decidió continuar. Pasaron por los pasillos hacia una cámara en la que se podía ver la ciudad a las afueras del palacio y Bulma corrió torpemente para abalanzarse en un balconcito para ver cómo era su nuevo planeta.

Sus suelos no tenían verde, era de un árido color rojo anaranjado y las casas y edificios no eran más que réplicas feas del palacio mucho más pequeñas. Bulma vio pequeñas tiendas que se alzaban en las calles polvorientas y muchas personas con y sin armaduras caminando por ahí, divisó un mercado pobre y pocos comerciantes vendiendo sus mercancías. Seripa le explicó que en el planeta Vegeta pocos eran los que soportaban a las otras razas y no se lograban ver más esclavos de los que habían en el palacio.

Vio muchas tabernas y muchos emblemas saiyan en los edificios pero muchos más emblemas de Freezer, a veces garabateados encima. Bulma se alarmó un poco y cuando vio un garabato sobre el emblema real de Vegeta, sintió pánico.

—No todos quieren a Vegeta como rey, ¿verdad? —cuestionó sin querer saber la verdad. Su voz se hacía débil.

—En todos los reinos hay detractores. El rey Vegeta ha hecho cosas que no estaban permitidas antes y ha desafiado muchas veces al consejo y a los generales más poderosos. Es normal que no piensen muy bien de él, señora —dijo con cautela pero Bulma no dejó de pensar en mí y mi padre supuestamente asesino del otrora rey Vegeta.

—Nadie mataría a un rey, ¿verdad, Seripa? Sólo fue Bardock y él está muy lejos de aquí —afirmó con inseguridad y se alejó del balcón para mirar a su guardia personal, Seripa la miraba seria, sabía que le mentiría mucho a Bulma pero no podía dejar de hacerlo. Se forzó a sonreír y negó con la cabeza.

—Es verdad, Bardock ya está muy lejos de aquí—no mintió pero tampoco le respondió la pregunta a la reina.


Para Bulma el parto fue el dolor más terrible que había sentido en toda su vida. Fue cuando llegaban a la habitación junto a Seripa, con los pies hinchados y el cuerpo con un extraño calor que le brotaba desde las entrañas. Le pidió a la colona que se quedara junto a ella un poco, por lo menos hasta que cayera dormida. Seripa le ayudó para que se recostara en la cama, le quitó las botas y le desató el vestido en el cuello, dejando al descubierto sus senos llenos de leche. Le pasó por la cabeza una camisola suelta y la envolvió en sábanas, pero Bulma seguía sintiendo calor por lo que siempre se destapaba a regañadientes. Cuando Seripa se quedaba dormida, Bulma estaba alerta, y más entrada en la noche, Bulma sintió que se hacía pipí involuntariamente. Su esfínter se había aflojado por el embarazo por lo que no le pareció más que un síntoma molesto.

Al pasar los minutos, comprendió que no era simplemente un síntoma y alarmó a Seripa de su parto. Como iba a tener un híbrido no sabían a ciencia cierta cuándo eso iba a suceder y su hijo parecía crecer anormalmente rápido, pensó que sería prematuro porque ya se había desarrollado por completo. Seripa se levantó enseguida y arrancó todas las mantas de la cama, un líquido amarillento salía de las piernas de la reina. La guerrera arrugó la nariz cuando el olor le llegó a la nariz, sin pensarlo dos veces la tomó en sus brazos y avanzó con rapidez hacia la enfermería en donde los médicos dormían esperando malas noticias. Justamente encontraron al encargado durmiendo sobre los paneles desactivados de las incubadoras, las apagaba para no accionar erróneamente funciones de los aparatos que los bebés recién nacidos ocupaban.

Seripa llegó dando patadas, gritando como una fiera, con Bulma sujetándose el estomago mientras respiraba trabajosamente. Como si fuera un presagio, todos los bebés comenzaron a llorar y los médicos dormidos despertaron con ellos.

—Despierten, buenos para nada —gritó la colona mostrando las encías—. La reina está pariendo.

Los médicos se miraron con los ojos abiertos y rojos por la siesta. La llevaron a una cama mullida con olor a limpio y le abrieron las piernas mientras unos enfermeros se las sujetaban. Seripa retrocedió, todavía estaba aturdida por el sueño, y no sabía si todavía estaba durmiendo. Bulma jadeó, el bebé era grande y así lo sentía, no sabía cómo lo iba a expulsar de su cuerpo. Luego, miró a su guardiana con los ojos aterrorizados y la aludida asintió. Seripa buscó su rastreador y se comunicó con Nappa.

La noche después apareció Vegeta invitado por el aviso que había llegado una horas antes. Llevaba su armadura real, la capa roja y el medallón de su padre, calzando su rastreador escarlata sobre el ojo izquierdo. Nappa iba a su lado, escoltándolo, los pequeños gemidos que daba la criatura en los brazos de Bulma le llamaron la atención y el general calvo abrió los ojos con sorpresa.

—Dame al niño —comenzó el general Nappa mientras extendía las manos hacia ella. Era el rey Vegeta en esos momentos, no el soldado que le había entregado su protección en cuanto se fijó en ella. Sus ojos negros estaban entrecerrados en una línea de seriedad que le caló hondo en el corazón. Bulma abrazó al híbrido de manera protectora y lo llevó hacia su costado, aun estaba débil para levantarse y alejarse. El pequeño híbrido arrugó la cara viéndose severamente molesto por la interrupción de su sueño—. Ya te lo dije una vez, no lo diré dos.

—Aléjate de mí, Nappa. —Lo observó con el ceño fruncido. Buscó al rey que se paraba con los brazos cruzados sobre el pecho, y él llevó sus pupilas negras hacia otro lado—. Vegeta… —No la miró, era como si no quisiera tomar partido por ella y su hijo.

—Ese niño jamás debió hacer nacido, entiende mujer. Los híbridos no son más que una basura y un rey no los puede tener. Vamos a llevárnoslo para eliminarlo —explicó como si no le afectase asesinar a un niño recién nacido. Bulma sollozó en poder comprenderlo y miró a su hijo quejarse hasta que las lágrimas nublasen su imagen, luego lo abrazó tan fuerte como su cuerpo frágil se lo permitió.

—Vegeta, por favor. No lo hagas, es tu hijo, es pequeño —dijo sin poder decir más, siguió repitiendo es tu hijo hasta que el llanto le quitó el habla. Acunó al híbrido meciéndose yendo para atrás y luego para adelante. —Lo prometo, me iré con el bebé muy lejos de aquí, nadie sabrá nunca que es el hijo de Vegeta, por favor…

Vegeta volvió su mirada oscura de vuelta a la terrícola cuando Nappa daba los pasos para llegar a la cama y arrebatarle a la criatura. Bulma chilló y Vegeta frunció el ceño, cuando su general terminó por quitárselo de las manos, Bulma se incorporó de la cama sin importarle su convalecencia y se lanzó a Nappa unos golpes inútiles. Su hijo chillaba retorciéndose en las manos grandes de Nappa que podrían cubrirlo con ambas palmas y eliminarlo sin esfuerzo. Al pasar junto a él para retirarse de su habitación, Vegeta vio a su hijo con detención, tenía una insolente cola lila que se retorcía cada vez que Nappa daba un paso. Frunció el ceño y antes de que Nappa pusiera un pie afuera, Vegeta reaccionó.

—Nappa —lo llamó con una voz tranquila y a la vez fría—. Alto.

El rey se dio media vuelta y camino hacia su general ante la mirada atenta de Bulma que comenzaba a bajarse de la cama con la torpeza de una convaleciente con las tripas sueltas. Vio cómo la capa ondulaba majestuosa con cada paso y Vegeta le clavó los ojos negros a la criatura que paró de llorar sólo por un momento, y al ver la cara del que era su padre, soltó una risita amigable. Vegeta arrugó la nariz con disgusto y luego miró a Bulma. Estaba expectante ante la que sería la razón del titubeo de su esposo y se relajó prontamente. La extranjera comenzó a llorar mientras caminaba tambaleante hacia los hombres con cautela. Bulma reconocía esa mirada en el rey y era que le daba permiso para quedarse con el híbrido.

Nappa no dijo nada cuando le quitaron al chico híbrido de las manos y se lo llevaban nuevamente a la cama, miró simplemente a Vegeta que no dejaba de mirar todo con el ceño fruncido, esperando una respuesta.

—Déjala tener al híbrido —dijo simplemente sin dejar de tener esa cara de desprecio en la cara, su hijo no le hacía mucha gracia. Se dirigió a su mujer con seriedad—. No le puedes poner Vegeta porque no se lo merece.

—No le pensaba poner ese nombre tan feo a mi hijo—aclaró la madre con una sonrisa temblorosa y Vegeta se sintió un poco ofendido.

—Esa cola debe desaparecer. Los híbridos no son dignos de ella —miró a Nappa con una mueca de disgusto—. Hazles saber a los inútiles de la enfermería que quiero que se deshagan de ella lo antes posible.

—Como diga, Su Alteza —accedió con titubeos y se retiró de la habitación. Nappa pensó en lo que dirían en el consejo de guerra y los generales al enterarse de aquello. Si la rebeldía de Vegeta les había sido una molestia, tener un heredero híbrido les supondría una insolencia muy grande. Cuando Nappa dirigió la última mirada al interior de la habitación, vio al rey sacarse el rastreador y caminar lentamente hacia la cama.


El campamento con el que contaban estaba provisto de sombra y estaba cercano de un arroyo con agua medianamente limpia que los ayudaba a recuperar fuerzas, Chichi era la encargada autoimpuesta de conseguir el alimento y cocinarlo para el grupo que contaba con una nueva fuerza a su lado, Krillin, el joven monje de un monasterio arrasado por los invasores. Al principio ella no estaba de acuerdo con permitirle quedarse junto a ellos pero al ver que podía pelear como ellos y al menos sostener un combate con algún invasor inexperto, Goku le daba la oportunidad de entrenarse con él. Gohan había comenzado a aprender a pelear por mera necesidad y a su corta edad de siete ya podía acabar con un invasor él solo.

Chichi no esperaba esa habilidad innata que poseía su primogénito aunque internamente deseaba que no fuera un guerrero, esperaba que fuera un científico como el pacífico Dr. Briefs, que también amaba a su esposa con ternura y no parecía abandonarla en sus andanzas de gloria como lo hacía Goku.

—Madre —la llamó su hijo, Chichi se volteó para verlo de cuclillas en el suelo—. Alguien viene —exclamó señalando a la recién llegada que no era más que un punto debido a la distancia. Chichi se alarmó y se dirigió hacia donde estaban Goku y Krillin quienes conversaban después de un entrenamiento ligero. Planeaban arrasar con una base que no quedaba muy lejos de donde estaban pero no sabían cuanto, a Goku le gustaba a veces pasar mucho tiempo sin atacar para que no pudieran predecir cuándo caería sobre ellos.

—Goku, un invasor acaba de aterrizar cerca del campamento —dijo con la voz echa un susurro, como si el invasor tuviera el oído super desarrollado y que podría escucharla. Su esposo se levantó del suelo como un resorte y trató de leer la energía del intruso, o ki como le solía decir Krillin.

—No puedo sentir nada cerca, Chichi —le dijo en cuanto dejó de concentrarse para ver sin los ojos.

—Gohan ha dicho que lo ha visto, yo misma lo vi —se quejó ella y el aludido le tomó de los hombros como para arrullarla, Krillin apartó la mirada como por educación, dibujando una sonrisa tímida en su rostro. El antiguo monje soñaba con una esposa que le diera hijos.

—Ve a ver cómo está Goten, Chichi, no te preocupes, los invasores ya no se adentran hacia el sur. Nos temen —explicó el hijo de Bardock con una sonrisa gentil, su esposa asintió sin mucha seguridad y dio media vuelta hacia el campamento. No tardó en encontrar a su segundo hijo jugando con Gohan, era apenas un recién nacido pero parecía un chico de un año, era tan fuerte que no parecía tener unas semanas de existencia. Le acarició la cabeza morena a su primogénito y se sentó en la hierba crecida para crear una trampa para ratones y conejos pequeños a partir de ramas y hierbas tejidas, aunque Gohan siempre llegaba con pescado y bayas en sus salidas al bosque.

No vieron a Número 18 hasta que estuvo en medio del campamento, a unos pasos de ellos. Chichi gritó enseguida por la presencia de Goku y Gohan se paró frente a su madre mientras le entregaba a su hermano con la intención de defenderlos.

—¿Quién eres? —exigió Gohan con un ligero temblor en la voz, no tenía la armadura de un invasor, y tenía el aspecto de un humano como Krillin o su propia madre. La aludida sonrió en silencio.

—¿Dónde está Kakarotto? —preguntó ella con un tono coqueto y Chichi chilló recordando lo que había dicho aquel invasor en la Corporación Cápsula. Kakarotto, hijo de Bardock. Número 18 se acomodó el flequillo rubio detrás de una oreja—. Sólo quiero saber dónde está, no tengo interés alguno en ustedes.

—Aquí estoy —respondió una voz más allá, más seria de lo que recordaba del soldado tiritón que partió con ella desde el hangar real con dirección a la Tierra. Estaba más crecido también y hasta había hecho una familia propia. El androide sonrió vanidosamente—. ¿Qué es lo que quieres?

—Parece que ya me olvidaste, chico —dijo mientras se cruzaba de brazos—. Me prometiste que me salvarías —continuó mientras se reía a boca cerrada. El aludido frunció el ceño sin poder recordar y Chichi se sintió extrañamente celosa, apretó los puños para contenerse.

—Goku perdió la memoria durante la invasión —respondió ella por su marido y Número 18 se mostró sorprendida.

—Lamento no recordarte —comenzó el menor con seriedad—. Pero no puedo confiar en ti, debes decirme quién eres y cuáles son tus intenciones.

La rubia frunció el ceño, tendría mucho que contar en muy poco tiempo, y escudriñó las espaldas del saiyan para ver a todo su séquito; la mujer que sostenía a un híbrido recién nacido, el hijo mayor de ambos y un calvo que la miraba sin cerrar los ojos. No sabía si Krillin le tenía miedo o le parecía curiosa.

—¿Sabes que no eres humano? Tu nombre no es Goku, eres Kakarotto, hijo de Bardock. Tu padre es un guerrero formidable que fue bendecido —se interrumpió cuando una sonrisa invadió su hermoso rostro—. O maldecido con el poder de ver el futuro para que pudiese ver cómo tu raza moría —el menor apartó la vista con pesar.

—Si mi raza es como los invasores que he conocido, es para mejor —exclamó con cierta congoja.

—No ha pasado —dijo con la voz endurecida. Número 18 detestaba mucho ese planeta pero era lo que conocía y servía para poder liberarse algún día de todo—. Bardock vio que tú derrotabas a Freezer en una visión pero eso debía ocurrir solamente si tú venías a la Tierra y te mandó para acá antes de que lo encarcelaran por matar a un rey —continúo—. Él no lo ha matado, si te trae algo de satisfacción. Los hombres de Freezer lo inculparon luego de que sus propios soldados lo hicieran. Bardock estaba ganando demasiado poder por lo que debían eliminarlo de alguna manera.

—Espera, ¿quién es Freezer? ¿Y Vegeta? —preguntó Chichi interrumpiéndola, Número 18 la encaró con enfado—. Goku ha mencionado a Freezer, Vegeta y a un tal Brolly. Dinos quiénes son ellos.

—Freezer es el emperador del universo conocido, por si no lo sabían, también es dueño de la Tierra —dijo con diversión—. El planeta de dónde tú vienes, Kakarotto, es el planeta Vegeta. Freezer fue tutor del actual rey Vegeta, hijo del rey Vegeta que Bardock supuestamente asesinó. Freezer no es señor del planeta Vegeta porque le tiene aprecio a su pupilo pero eso no impide que deje que sus hombres conspiren en contra de él. Inevitablemente el planeta Vegeta terminará siendo anexado al imperio de Freezer —dijo para luego tomar aire, silencio un rato—. Brolly es uno de sus hombres, aunque sea saiyan, pertenece a la federación que mantiene en paz a los reinos Freezer y a Vegeta. Él viene por ti, Kakarotto, vendrá a matarte dentro de poco.

Todos los presentes la miraron horrorizados, sólo Goten reía. Chichi se volvió hacia su marido con súplica, quería correr pero no había dónde. Krillin miró hacia el piso por un instante, decepcionado por cómo iban a resultar las cosas pero al cabo de unos momentos, levantó la mirada hacía ella y Número 18 no entendía la naturaleza de su insistencia. Gohan parecía no entender, los invasores para él salieron de la nada, no eran soldados del espacio que iban atacando planetas al azar. Se preguntó cuántos mundos habitados existían.

—Te falta responder una pregunta —dijo de pronto el chiquillo calvo con temor colado en su voz—. ¿Quién eres?

La mujer sonrió, se le había olvidado por completo. Cerró los ojos con una sonrisa en los labios.

—Soy el androide Número 18, mi creador era federado de ropas pero era un rebelde. Freezer me regaló al rey Vegeta regente, para ser sus oídos y ojos dentro del planeta. Mi hermano y yo fuimos alertados de las visiones del futuro, y yo fui la que te trajo para acá, Goku.

Al saiyan parecieron afectarle esas palabras y pidió un tiempo para conversar con el grupo acerca de las nuevas condiciones que se le presentaban. Número 18 aceptó sin problemas y se encaminó a la entrada del bosque en donde sabía no escucharía nada. El día comenzó a morir y ella construyó una pira para aparentar ser un ser que necesitaba del calor como los humanos, aguardando con una paciencia infinita la resolución del grupo.

El androide Número 18 nunca fue sociable, por lo que se quedó a una distancia prudente cerca del fuego, para que la pudieran ver. Al no poder leer su ki, les generaría más desconfianza que se les perdía de vista, especialmente a la morena. Movió la leña por mero aburrimiento cuando Krillin se le acercó, habían estado hasta el ocaso discutiendo qué era lo que iban hacer con respecto a ella y todo lo que había revelado, bastante apartados de donde la rubia se encontraba. Al juzgar por las miradas que le tiraba la mujer de Kakarotto, era la que menos la quería ahí, en cambio, el calvo siempre le lanzaba miradas furtivas cargadas de timidez. Krillin era el que más curiosidad le tenía y cuando se acercó a la pequeña fogata que había encendido, le sonrió fulminándose de rojo en la cara y su calvicie se le calcinó.

—Entonces, tú eres un androide, ¿verdad? —comenzó Krillin mientras le temblaban la voz y las rodillas. Se sentó cerca de ella sobre un árbol caído y puso las manos sobre las rodillas. Número 18 lo observó sin despegar los labios y siguió moviendo los leños como para ignorarlo. Llevó la vista muerta a las cenizas del fuego anterior y los troncos al rojo vivo encima del polvo gris—. A Gohan y al pequeño Goten les encantará la fogata, a Goten no le cuesta mucho divertirse —continúo para luego sonreír tímidamente y dar paso a una expresión de decepción—. No eres muy habladora, 18.

—Y tú eres molesto —agregó ella con acritud. Krillin tembló un poco, ella estaba moviendo la leña en llamas para airearla cuando no necesitaba avivarse más—. ¿Qué? ¿Acaso pensaste que viniéndome a hablar acá seríamos amigos? Te tengo un consejo, niño —le dio un vistazo y lo sintió tartamudear levemente—. No confíes en nadie y estarás a salvo. Todos querrían matarte llegado el momento, puede que sea Kakarotto, su mujer o yo; todos lo harán si de ti depende su sobrevivencia —y dicho eso tiró el palo con el que movía los leños al fuego, se levantó grácilmente y se fue a un lugar apartado y oscuro. Ella no sentía frío como los humanos o saiyan, para ella era sólo un cosquilleo molestoso que le lamía la piel insignificantemente.


Un destello rojo desgarró el cielo celeste acompañado de un ruido ensordecedor que lo sintió hasta en el suelo, haciendo vibrar las rocas y ramitas en el barro. El androide levantó la vista con los ojos bien abiertos para contemplar el aviso de huida, Krillin tartamudeó en silencio sintiendo la presencia del ser recién llegado. Era claramente más poderoso que cualquier invasor que hubiera llegado del cielo hasta ese momento. La vio gruñir con los puños apretados con una fiera asustada.

—Debemos irnos de aquí —chilló Número 18. Krillin tartamudeó algo inteligible pero aún así llamó la atención de la rubia, ella tenía la cara viva por el miedo y sus ojos muertos tenían una chispa de sentimientos aunque ellos fueran malos —. ¿Acaso estás sordo? Ve por los niños, debemos irnos de aquí.

—¿A qué le temes, Número 18? Goku está con nosotros, nadie lo puede derrotar.

—Escúchame, tonto. Kakarotto morirá si se enfrenta a esta bestia. Anda, ve a buscar a los mocosos, debemos irnos —aclaró la mujer artificial, Krillin la miró horrorizado.

—¿Qué hay de Chichi? ¿Y Goku? ¿Los llamo a ellos también? —cuestionó perplejo, la aludida sólo le dedicó una mirada plana y sin un ápice de vida, se acercó a él con sus movimientos acuáticos y lo tomó de la mandíbula. Su mano firme bastó para que Krillin elevara la cabeza hacia sus ojos muertos y celestes.

—Tienes una memoria demasiado mala —dijo con frialdad, le beso la mejilla—. No confíes en nadie y estarás a salvo, conmigo.

—Tú misma dijiste que no confiara en nadie más que en mí mismo —le recordó el mientras se liberó de su mano ágil y lozana, tenía el ceño fruncido por la decepción—. Iré a buscar a Chichi y a Goku, tú ve por los niños.

Krillin se perdió trotando en la espesura del bosque, dejando al androide con un gruñido en la garganta. Ella dirigió la mirada al campamento, el humo de los leños podría darles aviso dónde se encontraban y al echarse a andar, pasó por él chamuscándose las botas para asfixiar las últimas brasas, moribundas, sin notar nunca el calor bajo sus pies. Al igual que el frío, para un androide, el calor era insignificante.

Dio enseguida con Gohan que cuidaba a su hermanito cuando sus padres no estaban, estaba jugando a sacarle risas al más menor con muecas y Goten reía hasta que las lágrimas empañaban sus ojos tan negros como los de su padre. Al verla llegar, el primogénito de Chichi se puso tenso, y la esperó en su puesto hasta que llegó a ellos. Estaba serio porque no confiaba en ella, era una extranjera que no le daba buena espina.

—Debemos irnos, la Tierra ya no es segura para unos niños como ustedes. Vengan conmigo, los llevaré a un lugar seguro —dijo ella como un discurso aprendido hace mucho tiempo. Gohan miró a sus espaldas, luego a las de ella, buscando a sus mayores.

—¿Mis padres están de acuerdo? ¿Dónde están ellos? ¿Y Krillin? —Gohan alzó a su hermanito desde la cuna que habían hecho tejiendo hojas largas y palitos. Goten echaba burbujas por la boca y reía después. Número 18 quiso sonreír pero temió que no le creyera.

—Ellos vienen luego, Krillin los ha ido a buscar —y no mintió, Gohan pareció percibirlo también. Asintió levemente y los sonidos de Goten lo invitaron a arrullarlo, estaba babeándole todo el brazo derecho—. Hay una base a pocos minutos de aquí, iré primero y nos conseguiré una nave.

—¿Dónde nos llevarás? —cuestionó consternado.

—Si te dijera perdería la gracia —respondió con una sonrisa y comenzó a andar. Gohan la miró sin mover un músculo y miró hacia atrás pero no encontró a nadie. Para cuando quiso preguntarle más a la mujer sin patria, ella ya no se encontraba por ninguna parte. La llamó bajito, para no alertar a nadie ni siquiera a su pequeño hermano que tenía todo el mentón con saliva. Le pasó el pulgar por encima para limpiarlo y se contagió de sus risitas.

Krillin y sus padres no se hicieron esperar más tiempo y Gohan salió a su encuentro, habían partido en la mañana a buscar hierbas y animalejos para la comida con canastas enormes colgadas a la espalda, hechas de la misma manera que la cuna de Goten pero habían prescindido de ellas puesto que ya no las llevaban consigo. Goten lloró al ver a su madre y apuntó sus manos gordas hacía ella para que lo alzara, así lo hizo y Gohan miró a su padre con curiosidad. Krillin fue el que tomó la palabra.

—¿Dónde está Número 18? —preguntó con terror pensando que se había ido sola, desechándolo a él también.

—Dijo que iría a buscarnos una nave para nosotros —respondió Gohan con miedo a sonreír, no tenía idea de lo que estaba pasando pero irse a viajar por el espacio lo emocionaba internamente. Krillin suspiró aliviado.

—¿Qué es lo que le sucedió? —preguntó firme Kakarotto sin mostrarse aliviado en lo más mínimo. El antiguo monje se estremeció, se encogió de hombros.

—Vio una nave precipitarse al suelo hace unos momentos, a unos cuantos kilómetros de aquí. Dice que estamos en peligro y que debemos irnos de aquí —contó sin mencionar la parte de dejarlos a ellos atrás. Escudriñó en los rostros de los demás buscando reacciones, Chichi se cubría la boca en silencio, su esposo cerraba los ojos, pensativo.

—Ay, Gok u—se quejó su mujer mientras acunaba a su hijo menor. El aludido abrió sus ojos más serio que nunca.

—No arrancaré de este planeta, prometí que lo libraría de los invasores y eso es lo que estamos haciendo —dijo para pesar de Chichi, Krillin abrió la boca pero no dijo nada.

—Oh, pero debes hacerlo ahora —aclaró el androide recién llegado mientras se dejaba ver a través de la oscuridad que le proporcionaban las ramas. Tenía los brazos cruzados en el pecho y el pelo alborotado, signo de que había emprendido el vuelo a altas velocidades. Krillin no pudo evitar sonreír al verla pero le duró poco—. Este invasor no es como los otros, es el soldado federado más poderoso y más despiadado que existe. Brolly no se detendrá en encontrarte y matarte, y ciertamente, no pensará dos veces en hacerlo también con tu mujer, Gohan y el pequeño Goten.

—Puedo vencerlo —dijo Kakarotto con furia mientras se volteaba a su mujer con su pequeño hijo en brazos—. Tú debes irte, acompaña a 18. Ella te llevará a un lugar seguro, confío en ella —miró a Krillin—. Tú también, amigo.

—Goku, no estarás hablando enserio. Los señores Briefs están muertos, no les debes nada. Ven, vamos al lugar seguro del que hablan, por favor. Estoy cansada de correr —se quejó Chichi con Goten tirando burbujas nuevamente mientras movía los brazos a los lados con energía.

—Están muertos porque les fallé, encontraré a Bulma como les dije que lo haría y esta vez lo haré bien —afirmó con el ceño fruncido, Número 18 comenzó a reír y el aludido le dedicó una mirada furiosa.

—¿Bulma Briefs? ¿Enserio? —cuestionó con burla luego se puso seria—. Ella no necesita que la salven, muchacho. Es la supuesta reina del planeta Vegeta. Está mejor que todos nosotros, Vegeta la cuida como a ninguna otra —explicó con desprecio—. Ahora, ¿nos vamos? Harás que nos maten con tantos titubeos…

Un puño furioso calló del cielo precisamente el momento en el que ella terminó su frase y todos se dispersaron enseguida, un soldado de resplandor dorado había dado con ellos cuando discutían y nadie le prestó atención a su energía cuando se acercaba. Número 18 abrió los ojos tanto como pudo, ese no era Brolly. El hijo loco de Paragus era un chico taimado con el pelo café oscuro, algo delgado y de ropas usuales de saiyan: una armadura federada de chapa roja y capa de color blanco, color de los hombres federados. Este soldado tenía joyas en la frente, los brazos, muñecas, pecho, cintura y pies; y de ropas alienígenas con el pecho descubierto. Su pelo esa rubio y alborotado hacia arriba y en punta.

La risa del soldado dorado se vio truncada cuando escuchó llorar a Goten, tirado en el suelo y alzando las manos hacia el cielo buscando arrullo. Camino hacia el bebé, con cada paso que daba las botas enjoyadas se hundía en el suelo como si se tratara de un gigante pero sabía que no era más que la demostración de su fuerza temible. Chichi se interpuso, su esposo le gritó mientras interceptaba el golpe que le iba dirigido. No soportó la fuerza con la que caía el puño y retrocedió, Chichi se obligó a resguardar a sus hijos pero el androide le gritó.

—¡Debemos irnos! —tomó a Krillin del hombro—. Toma a Gohan, iré por Goten.


Freezer se reía cada vez más fuerte, invitando a su reducido séquito a hacerlo también. Zarbon fue el único en no imitarlo, miraba serio a su señor, como si pudiese leer entrelíneas lo que ninguno de los presentes en la habitación podían ver. Freezer se percató sin dejar de lado su sonrisa burlona. El nuevo informe desde el planeta Vegeta lo había dejado de buen humor.

—¿Qué sucede, mi querido Zarbon? —preguntó con una inocencia fingida y acarició la esfera azul con suavidad, jamás se separaba de ella. Tenía la superstición que el tiempo ya le era indiferente, y pasaba junto a él como si no lo viera—. ¿Acaso no estás feliz por la noticia de Vegeta? Nuestro pequeño pupilo ya tiene a un heredero para su corona.

—Disculpe, mi señor. Sabe que los saiyan no aceptan a la sangre diluida como herederos del trono, no creo que vaya a pasar mucho tiempo para que Vegeta sacrifique a ese niño —explicó Zarbon con seriedad, no veía cómo aquello podía ayudarles a controlar a esa raza molesta y peligrosa.

—Pues eso es porque no has escuchado la segunda parte del informe, mi querido Zarbon —dijo mientras hacia una pausa a modo de suspenso—. Él no permitió que sacrificaran a su retoño, mis informantes dicen que detuvo a Nappa cuando planeaba hacerlo. Al parecer a nuestro antiguo pupilo se está familiarizando con los sentimientos que tanto rechazaba.

Zarbon se mostró sorprendido pero tuvo la necesidad de comportarse y tosió levemente cubriéndose la boca con un puño, cerró los ojos. Una sonrisa vanidosa adornó su rostro verde.

—Al consejo de guerra no le va a agradar esa insolencia —concluyó el general más leal a Freezer, haciendo que su señor sonriera también. Trazó círculos imaginarios en la esfera azul que no tenía ninguna característica sobrenatural más que su color turquesa fosforescente.

—¿Qué hay de nuestra androide, Zarbon? No he escuchado más de ella, ¿es tiempo de buscar a su mellizo o estoy exagerando?

—En absoluto, señor, ella está en una misión que le encomendó Vegeta. Al parecer quiso ahorrarnos el trabajo de eliminar a Kakarotto de nuestra base en la Tierra —explico solemne, Freezer asintió.

—¿Y Paragus? —preguntó de pronto, dejando sorprendidos a Dodoria y Kiwi, quienes miraban sin decir una palabra. Para lo que a ellos respectaba, Paragus era un traidor de baja importancia.

—No me ha reportado nada, mi señor. Él es un general de vasta experiencia, déjelo trabajar, estoy seguro que no lo decepcionará —comentó Zarbon mientras analizaba de soslayo a Kiwi quien había ascendido recientemente, no confiaba en él.

—No se preocupen, mis más leales soldados, recuerden que Paragus es de los nuestros —añadió Freezer mientras daba una risotada. Zarbon fue el único que lo secundó.


La nave tembló un poco debido a la turbulencia, a Número 18 le dolía la cabeza por un golpe que había recibido de parte del soldado desconocido. Había tratado de parar un golpe dirigido a Krillin pero simplemente lo amainó y el antiguo monje quedó mal herido en sus brazos, gruñó ante tal recuerdo y se dio la vuelta. Había puesto el piloto automático por lo que se dio la libertad de merodear por la nave y revisar a los niños. Los sollozos de Gohan le llamaron la atención, eran silenciosos, como si tratara de ocultarlo y siempre eran aplacados por los gritos desconsolados de Goten. Número 18 se cruzó de brazos.

—¿Podrías callarlo? Me hace estallar los oídos —declaró la mujer que no tenía tacto para esas cosas y los ojos rojos de Gohan la miraron con desprecio. Estaba acurrucado en la cama incómoda que estaba pegada a la pared, había tres iguales, una a cada lado de la habitación y Gohan se había apoderado de una y había dejado a Goten en la otra, Krillin yacía en la que sobraba, inconsciente y mal herido. A Número 18 no le importaba, ella apenas dormía.

—Déjalo llorar, no tiene razones para no hacerlo —dijo con firmeza mientras se acurrucaba hacia la pared nuevamente. Miraba el metal frío como si tuviera algo interesante, la mujer chasqueó la lengua.

—No soy la culpable de que esto sucediera, niño —le respondió la rubia con furia—. Les advertí que nos fuéramos pero no me hicieron caso, tu padre quiso quedarse a combatir y me los llevé como él quería.

—¿Qué le sucedió a mamá? Pensé que ella iba con nosotros también —rebatió de vuelta con un sollozo revoloteando en la garganta.

—No lo logró, chico, esas cosas pasan —declaró un poco más calma, entrecerró sus ojos celestes con un sentimiento que Gohan no supo describir—. De cualquier forma, quizás fue lo mejor —el primogénito de Kakarotto se volvió hecho una furia—. No puedo protegerlos a los humanos como a ustedes, tú y tu hermano tienen sangre saiyan y es mucho más valiosa que la humana.

—¿Cómo puedes hablar así? —le preguntó con ira—. Tengo sangre humana también, ¿o lo has olvidado?

—No estés enojado conmigo, niño, tu padre hizo lo que hizo para dejarnos tiempo para escapar, ¿o acaso querías morir con él? ¿Qué hay de Goten? —su voz se hizo dura y Gohan pensó que se le coló hasta en los huesos, haciéndolo temblar—. No soy tu enemiga, Gohan. Los enemigos están ahí afuera, ya viste lo que hicieron. Mandaron a esa bestia a asesinar a tu padre y estás enojado conmigo porque te ayudé a salir, a ti y a tu hermano —se acercó a él con agilidad marina y Gohan la miró con los ojos abiertos—. Vive, niño, entrena y asesina. Acaba con tus enemigos como lo hicieron con tu padre. Puedo ayudarte, vi lo que hiciste en la Tierra, tienes esto en la sangre.

A Gohan le temblaba el mentón, no quería llorar por pena sino por impotencia. Asintió levemente y Número 18 sonrió dejando entrever algo así como un sentimiento de orgullo, ella le acarició la mejilla.

—Podemos hacerlo, Gohan. Juntos los mataremos a todos.

Un pito sonó en toda la nave y Gohan alzó la voz preguntándose a qué se debía todo. Número 18 se pasó al puesto de mandos y tecleó unos cuantos comandos, la nave se iluminó de un tono rojo y Goten se calló por la impresión. Luego comenzó a reír siguiendo la luz con las manos. Gohan se alarmó cuando el androide volvió a entrar a la habitación sin expresión alguna en el rostro.

—¿Qué significan esas luces? —preguntó mientras veía todo teñido de rojo, como si la nave sangrara. Número 18 torció una sonrisa.

—Estamos acercándonos en una zona de alta velocidad, vamos, recuéstate —le dijo mientras le aplastaba la frente con una mano y lo obligaba a yacer sobre la cama—. Vas a dormir un poco.

—¿Dormir? No quiero dormir, tengo muchas preguntas que hacerte, 18. ¿A dónde iremos?

—No puedes esperar viajar por meses sin hacer nada, te aburrirás y te dará demencia espacial. Vamos, si te duermes ahora, despertarás en el planeta Vegeta sin siquiera notarlo —explicó ella con la misma sonrisa torcida.

—¿Demencia espacial? No entiendo de lo que me estás hablando…—expresó mientras recibía a Goten de parte de ella, luego el androide accionaba un botón. De la pared salió un vidrio bastante ancho y pensó que se ahogaría, Goten comenzó a reír echando burbujas mientras que su hermano golpeaba el vidrio con insistencia llamando a la rubia con atropellamiento. Ella sólo rió y accionó el siguiente botón, de pronto lo envolvió un vapor dulzón que lo hizo dormir al instante.

Tal como ella le había dicho al principio, cuando despertó no supo que habían pasado meses desde que lo había atacado el vapor sin piedad y se incorporó con su hermano en brazos, pensó que el pequeño Goten no eran tan pequeño. Sus músculos estaban adormecidos como si hubiese acostado con una posición desfavorable y se los masajeó con suavidad, Número 18 apareció de pronto del puesto de control.

—Buenos días —dijo sin esperar respuesta, parecía que ella no cambiaba con el tiempo pero estaba vestida de otra manera, llevaba unas botas oscuras que le cubría la mitad de las pantorrillas, una coraza decorativa con una hombrera pequeña al lado izquierdo y unos pantalones claros ajustados, sobre ellos iba una tela color ciruela que bajaba desde la coraza hasta las rodillas tanto atrás como adelante. Krillin estaba más allá, sentado de mala manera debido a sus heridas, con un pelo largo y negro como sus ojos, fue extraño verlo sin su calvicie. Luego Gohan supo que Número 18 no había dormido y se había dedicado a vigilarlo.

—¿Hemos llegado? —preguntó mientras se levantaba un tanto tembloroso, pensó que caería. Goten reía sin parar. El estómago del hermano mayor rugió sin piedad. Goten volvió a reír y el primogénito se enrojeció de golpe, pidió disculpas y la aludida simplemente golpeó la pared de la que salieron muchas provisiones de algún punto del imperio de Freezer, no tenía idea de qué era pero pensó que al chico no le importaría. Ella no dormía mucho y tampoco comer era algo que le apasionara.

—Toma lo que quieras, sé que ustedes los saiyan necesitan mucho combustible para funcionar —el chico enrojeció nuevamente. Número 18 rebuscó entre las cosas algo que le pudieran dar al más pequeño de los dos y no encontró más que un líquido azul que teñía los dientes, tomó precauciones y bebió antes, era dulzón y no tenía parecido alguno a la leche materna pero no tenían otra opción, era ese jugo o nada. Gohan no comió hasta que vio a Goten beberse su líquido azul de la mano de la mujer.

—Si quieres yo lo hago, es mi hermano, no le debes ninguna preocupación —anunció el chico con los hombros caídos pero Número 18 no dijo nada, siguió dándole sorbos pequeños de liquido entre risas del bebé. El androide se sorprendió de sí misma, no pensaba que en su metálico interior, albergara un instinto maternal.


Al entrar al hangar real, Número 18 vio por el rabillo del ojo el lugar donde frecuentaba Zarbon, para escuchar los reportes de todas las sabandijas engatusadas, como ella. Se acercó a un soldado con el que parecía tener una cierta cercanía y le dirigió unas palabras, el soldado que no era saiyan, asintió y se dirigió al interior de la nave a buscar a Krillin para llevárselo al almacén donde estaría más seguro y podrían curar sus heridas, antes de irse, la rubia le dio un papel con garabatos de otro mundo. El soldado era un rebelde como se iría a enterar más tarde Gohan.

Número 18 siguió la marcha con el híbrido y su hermanito, planeaba ir a visitar a Vegeta al instante para dar su palabra de que Kakarotto había muerto y volcar toda su atención en encontrar el modo de proteger al par de colonos sin levantar muchas sospechas. Tenía planeado poner bajo su alero al mayor enseguida, conseguirle una armadura y entrenarlo cuanto antes. Ella figuraba en todas las listas como propiedad de la federación y acompañante de Vegeta, por lo que su pupilo pasaría automáticamente a la federación sin mucho esfuerzo. El más pequeño, aun no tenía idea. Era demasiado menor para todo y muy dependiente para su gusto, no contaba con que Goten sobreviviera muchos meses pero para no desalentar a Gohan tenía que hacerlo durar todo lo que pudiera.

Se encaminó con seguridad por los pasillos reales, estaba la guardia real por todo el pasillo adyacente a la sala del trono, por lo que supo que Vegeta estaría ahí por la mera acción de Nappa. Lo imaginaba aburrido escuchando a sus generales y consejeros de guerra heredados de su padre, haciendo caso omiso de sus insinuaciones en contra de su reina y del mal manejo con el reino. No tardó en enterarse de que Bulma había parido a un sangre diluida, como le decían a su retoño de pelo tan lila como ella. Se rió para sus adentros, era el colmo que el híbrido hubiese heredado los colores de su madre, sin duda un dolor de cabeza para el padre.

Número 18 entró a la vista de todos los presentes y Vegeta pareció más atento a su presencia que la de sus generales, hasta le dedicó una sonrisa mientras se sentaba bien en el trono. La mujer artificial llegó hasta los escalones que elevaban al trono por encima de los demás y tuvo la decencia de no poner un pie en ellos, se cruzó de brazos y esperó a que Gohan llegara a su espalda con Goten en brazos. Número 18 sonrió ofensiva al igual que Vegeta lo hacía para ella.

—Kakarotto está muerto, Su Alteza, tal como lo has ordenado —expresó ella con monotonía y Gohan llevó la mirada hacia abajo con pesar, era una herida que todavía sangraba, apretó la mandíbula para no llorar. Goten se quedaba dormido en sus brazos a cabezazos, sin poder sostenerla debido al cansancio. Vegeta apretó los mangos del asiento con fuerza mientras reía a boca cerrada. «De ninguna manera pudo haber sobrevivido», se dijo a sí misma.

—Vaya, androide, te trajiste un par de mascotas contigo —dijo el rey con una sonrisa. Le dedicó una mirada fiera a Gohan quien bajó la cabeza con ganas de llorar—. Tienes un gusto sutil por las sabandijas.

—Ellos son los hijos de Kakarotto —señaló con firmeza la chica encarando al soberano a los ojos. Vegeta no simuló su sorpresa y abrió los ojos ligeramente, al cabo de unos segundos su mutismo se le curó, dando paso a una risa suave— Son sólo un par de híbridos, no creo que le moleste. Altez a—un poco de sarcasmo se le coló en la voz pero no le importó, hizo una reverencia insignificante con la cabeza para darle la espalda y retirarse de la sala. Gohan tardó un poco en seguirla, el rey le parecía siniestro y no soportaría tener que enfrentarlo por sí sólo. Mantuvo un paso tembloroso pero constante a las espaldas de la mujer rubia sin despegar la vista del suelo.

—¡No olvides cortarles la cola! —gritó Vegeta con una risa macabra pero ninguno de los presentes lo secundó. Le dedicaban miradas asqueadas al híbrido con humano tal como el príncipe que gritaba en la habitación de la humana mientras le cortaban su cola lila.

Gohan la siguió por el pasillo sin saber qué hacer, Goten comenzaba a moverse inquieto antes de ponerse a llorar, tenía hambre y ninguna madre cerca que le proporcionara alimento. Gohan se encogió de hombros, impotente, y dirigió la mirada a la rubia sin querer hablarle. Tenía un nudo en la garganta y en el estómago, una lágrima por sus padres le rodó por la mejilla y se pasó la mano con rapidez para limpiarla.

—Esta noche dormirás en mi habitació n—dijo planamente sin siquiera dirigirles la mirada. Tocó un panel después de un poco de caminata y una puerta hacia una estancia vacía se abrió, al entrar, Gohan se encontró en el centro de la habitación—. Me encargaré de conseguirles comida y una muda de ropa, las suyas ya están muy arruinadas —dijo y Gohan asintió en silencio.

Los saiyan no contaban con leche en el palacio, usualmente las madres les daban leche un par de días antes de dejarlos en las incubadoras y abandonarlos a los cuidados de los médicos que contaban con el equipamiento para cuidarlos, pero no estaba segura de que ellos le dieran leche para un híbrido sin el consentimiento del rey o algún general de alto rango por lo que Número 18 supo qué debía hacer. Debía acudir al almacén de esclavos a conseguir lo necesario para el pequeño Goten.


Nota de la Autora: Tengo demasiado sueñooo pero heme aquí, escribí este inmenso capítulo para dar por terminada la primera campaña. ¿Qué les ha parecido? La segunda temporada vendrá no muy pronto, pero espero que no sea más de tres semanas, comenzará con Trunks ;) Mis disculpas si hay faltas de ortografía pero hoy día sábado fue mi único día libre en mucho tiempo y después estaré ocupada, he ahí mi arrebatamiento de escribir todo el día hasta las casi 3 de la mañana. Después leeré el capítulo entero en busca de errores.

Me sugirieron separarla en dos partes pero creí que perdería la magia xD Bueno eso, cree un personaje, no quería pero no logré acomodarlo a los personajes que me ayudaron a encontrar, gracias a Sinead por sus molestias ;) también inventé un trago y un planeta: el famoso zigguahi y el planeta Kanatyr jaja nunca me pensé capaz. Gohan fue el personaje revelación, aunque ya lo tenía pensado no pensé que me gustaría tanto, y eso que no soy muy fanática de él. No fui capaz de escribir a Vegeta con el embarazo de Bulma, por más que lo intenté simplemente no pude, pero espero haberlo hecho medianamente bien. A Krillin me lo tuve que llevar de la Tierra y eso que pensaba en dejarlo ahí, pero comprendí que Goten y Trunks son mayores que Marron por unos años así que debe aparecer un tiempito más jaja Aay amo a Seripa (: aunque le cambié sutilmente de ropa jaja no me parecía el rosado con el azul, no pegan. No sé que más decir de este capítulo... ¡Paragus! Al principio él no iba a ser malo ajaja pero las cosas cambian cuando uno las va escribiendo, pensé que se me estaban acabando los malos y eran todos buenos, bueno, eso no pasa xD

Antes de que se me olvide, gracias a los comentarios de JazminM, Bunnyball, LilyBrief, Perla16, Sakury Li'Minamoto, Asaia16 y Sybilla's Song por sus comentarios, en el capítulo 14 se me olvidó ;)

Nos vemos en la segunda campaña, saludos y muchos besos, RP.

EDITADO.