Segunda Campaña
"Vegeta"
17
Vientos de guerra
—Una vez más. Más fuerte, más fuerte. ¡Dije más fuerte!—el androide frunció el ceño y paró el golpe que le iba dirigido. Estrujó el puño bajo el suyo y Gohan apenas gimió. —Cuando digo más fuerte, el chico obedece. ¿O es que acaso eso es todo lo que tienes? No vencerás a nadie golpeando como una señorita, ¡más fuerte!
Número 18 lanzó el puño que tenía agarrado con tanta fuerza que todo el cuerpo de Gohan se dobló hacia la derecha, sin poder siquiera evitarlo. El androide le dirigió un golpe en el abdomen que le extrajo todo el aire que tenía en los pulmones, escupió un poco de saliva. La rubia le dio una patada grácil en la cara y el primogénito de Kakarotto terminó en el suelo con un gruñido atrapado en la garganta.
—¿Es eso todo lo que tienes, Gohan? —preguntó con la voz brusca, resonando en toda la sala de entrenamientos. No había más personas vigilando la pelea más que ellos mismos, Goten permanecía siempre fuera de la sala por mera protección. El más pequeño de los híbridos se encontraba en cuclillas sin más diversión que un par de piedras desprendidas de sus botas y las tiraba a modo de bolas, chocándolas entre sí para ver cuál se desintegraba primero. No pasó mucho tiempo para que no le quedara más que polvo en las manos, suspiró. Se elevó sobre el suelo para ver la ventanilla de la sala de entrenamientos, Gohan estaba sobre un codo tratando de levantarse y Número 18 le hablaba sin un rasguño en su rostro lozano.
—No eres más que un pobre híbrido, ¿qué dirían tus padres de ti? —Gohan gruñó mientras se levantaba del suelo y cargaba contra ella con rabia. Volvió a hablar mientras esquivaba los ataques. —Eres un pobre híbrido huérfano. Tan débil que no puedes siguiera golpearme. —rió un poco y la garganta de Gohan sollozó de ira, blandiendo el puño con ferocidad. Para cuando dio el último golpe, el puño acarició los cabellos rubios del androide arrancándole una exclamación de sorpresa, Gohan sonrió con la cara demacrada por el cansancio y al pasar un rato, comenzó a reír con suavidad. Número 18 no reía pero el híbrido había pasado mucho tiempo con ella para leer su rostro muerto y saber que estaba satisfecha. Al cabo de unos momentos, la rubia sonrió de lado mientras lo veía con algo así como felicidad. —No creas que ya estás preparado, no puedes esperar a que el enemigo te insulte para poder atacar como corresponde.
—Gracias por el cumplido, 18—comentó con una sonrisa el mayor de Kakarotto mientras se pasaba el dorso de la mano por la cara para quitarse el sudor. Sabía que nunca lograría arrancarle cumplidos a la mujer artificial tan fácilmente, no era su estilo ir alabando al bando que le habían arrebatado su libertad y la de su hermano. Gohan poco sabía de la vida de la mujer y todo lo había escuchado provenía de la boca de otros seres porque ella no charlaba con él de cosas mundanas.
—Descansa un poco, no creas que hemos terminado por hoy—anunció la mujer mientras cruzaba la sala y se retocaba el pelo frente a un vidrio que reflejaba toda la luz. Sonrió al ver al muchacho beber agua sin ser observada, ya le llegaba más arriba de la cabeza y ya había dejado atrás el cuerpo infantil que tenía en la Tierra, dando paso al de cualquier soldado en ese planeta.
El pequeño Goten se asomó por la puerta rendido por el aburrimiento y la llamó con gentileza. El androide 18 lo miró de soslayo.
—Señorita Número 18—comenzó el menor con temor, tenía la mitad del cuerpo oculto en el umbral y sólo una porción de la cara visible. —¿Ya nos podemos ir? Me estoy aburriendo mucho—declaró con humildad y la aludida sonrió de lado casi imperceptiblemente. Gohan miró la escena con una sonrisa, se dirigió hacia él a paso lento y le acarició la cabeza poblada de pelo negro.
—No hemos terminado, chico. Gohan no está listo para entrenarte, debes esperar un poco más—dijo con monotonía, su brusquedad había quedado atrás para responderle al chico que era un tanto sensible. Algunos decían que eran una redundancia de lo que habíamos sido Kakarotto y yo, pero en una versión más amable y fraternal.
—Ve a pasear por el palacio, Goten, cuando vuelvas te prometo que nos iremos—prometió el mayor con una sonrisa amable y Goten asintió con pesar. No solían entrenarlo mucho pero ya conocía muchos golpes y formas de pararlos o esquivarlos, controlar su energía y hasta volar. Número 18 no pensaba entrenarlo más que eso porque esperaba que Gohan lo hiciera cuando estuviera listo, no podía tener a dos pupilos a la vez o comenzarían a sospechar de ella, queriendo proteger a los dos hijos de Kakarotto como si fuese una rebelde protegiendo a los suyos.
Goten cerró la puerta y se marchó arrastrando los pies. Conocía con rigurosidad todos los pasillos colindantes con las salas de entrenamiento que usaban los federados, siempre se paseaba por ahí esperando a que Gohan terminara con su entrenamiento a la espera de que pudiera entrenarlo a él como correspondía. Pero sabía que debía esperar a que eso pasara, y caminaba cerca sin alejarse demasiado del androide y su hermano. Cada vez que se encontraba con algún soldado del palacio bajaba la mirada y se retiraba con rapidez, sin importar que le hablaran o algo, su cola cortada le daba el pase de la invisibilidad. Sabía que era como un ratón en el palacio, escabulléndose por los pasillos de los soldados y los esclavos que lo pudieran acusar a sus amos, nadie quería a los ratones y se aburría esperando a que volvieran a su escondite.
Al ver por un pasillo perpendicular a un soldado que se aproximaba con paso firme, optó por retroceder y en su huída se topó con un chico de su porte, un poco más alto quizás, quien se quejó al tropezarse con el chico híbrido.
—Ten cuidado por dónde caminas—dijo el chico mientras se sobaba la frente. Irguió la cabeza al escuchar los pasos del soldado mientras se aproximaba a la esquina en la que se encontraban y tomó a Goten por los hombros y se echó a correr. —Rápido, me están buscando—Goten se resistió y el chico le explicó con altanería. —No puedo confiar en ti, ya me viste, debes venir conmigo.
—¿Porqué te buscan? —preguntó el chico espantado. —No debo alejarme mucho, mi hermano puede terminar en cualquier momento y debo estar cerca para que nos podamos ir a casa—explicó con horror pero el intruso no lo escuchó, estaba buscando un lugar para esconderse. Goten no pudo evitar pensar que sería vinculado a un crimen que no había cometido.
—Sólo camina, nos escucharán si seguimos hablando—y así pasó, el gran general del rey ya los había visto y se encontraba a sus espaldas. Goten no quiso darse vuelta, le recorría un escalofrío que le erizaba el cabello de la nuca.
—El chico no deja de dar problemas—dijo el grandulón y Goten pensó que su voz retumbaba en todo el pasillo como un ogro en una cueva. El chico pataleó cuando el soldado lo tomó del cuello de la ropa y lo alzó por los aires. —Tu madre me insistió que te buscara para que no te metieras en problemas, pero me temo que no es posible para alguien como tú, ¿verdad? Vegeta estará furioso contigo cuando se entere.
—Él no se enterará, Nappa. Suéltame—el grandulón comenzó a reír macabramente, Goten quiso correr pero no le parecía valiente dejar a alguien atrás mientras él mismo se ponía a salvo. —Te ordeno que me dejes o lo pagarás caro—declaró y el grandote rió con más ganas.
—¿Y cómo pretendes hacer eso, eh?
El chico se retorció un poco con desesperación hasta que se detuvo de súbito para dar paso a una risa juguetona. Puso una mano sobre el corpulento general y le mandó una bola de energía para que se apartara, soltándole del agarre que lo mantenía elevado. Dio un salto sobre la cabeza calva de Nappa y con un pie sobre ella se dio impulso para correr a su espalda. Goten lo siguió sin pensarlo dos veces, no quería que lo agarraran por culpa del chico rebelde y lo encontró riéndose en una esquina siguiente. Parecía que se haría pipí.
—Ese soldado te estaba buscando, ¿qué fue lo que hiciste para enojar al rey? —preguntó incrédulo Goten mientras lo veía ahogarse de risa. El chico aspiró reiteradas veces para recobrar el aliento.
—Nacer—dijo simplemente el chico sin inmutarse, cuando se hubo calmado de su jolgorio le sonrió ampliamente. —Soy el príncipe Trunks, mucho gusto. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
—¿El príncipe? —exclamó espantado Goten y retrocedió un poco pensando en que debería tumbarse al suelo en una reverencia, el chico se puso a reír nuevamente.
—¿Acaso he dicho algo malo? Seré de cabeza y ojos lavanda, pero sigo siendo el príncipe, ¿no crees? —dijo con simpleza. —Nappa siempre anda diciendo que haré enojar a mi padre pero no es cierto, él siempre está enojado. No puedo hacerlo enfadar si ya lo está, ¿cierto? —Goten apenas asintió. —¿Cómo te llamas?
—Soy Goten—respondió simplemente y Trunks pareció esperar unos momentos algo que no vino.
—Vaya, no eres de presentaciones muy largas, ¿eh? Bien, Goten, hijo de nadie, ¿vives en el palacio? —Goten asintió en silencio, Trunks frunció el ceño en una mueca extrañada. —Nunca te había visto por aquí, ¿eres nuevo? —Goten negó con la cabeza y Trunks empezó a reírse nerviosamente. —¿Te han dicho alguna vez que eres raro? No, no. No respondas, no era una pregunta.
—Lo siento. Vivo con mi hermano y la señorita Número 18 en sus habitaciones. No salgo mucho, sólo los acompaño cuando van a entrenar, a veces me dejan entrenar con ellos…—pensó en contar que iba al almacén de Ma'niat muy seguido pero recordó que el androide le había hecho prometer que nunca lo mencionaría, así que calló. Al repasar sus palabras comprendió lo triste de su comentario. Goten se encogió de hombros. Trunks lo observó por primera vez casi serio, viéndose extrañamente tocado por sus palabras. Le sonrió.
—Si quieres entrenar puedes venir conmigo, mi padre entrena conmigo cuando le da la gana, pero no es siempre. Tampoco entreno con los demás soldados porque soy el príncipe pero sé que en realidad es porque soy un híbrido—dijo sin parecer importarle el tema de ser híbrido. Goten al cabo de unos momentos sonrió ampliamente. —Supongo que eso es un sí.
La sala de tronos estaba rebosante de consejeros y altos generales de guerra, y Vegeta no se encontraba del todo contento por aquello. Se había escurrido paulatinamente en el trono hasta obtener una posición extraña pero cómoda, ninguno de los presentes dijo algo pero se sentían un tanto ofendidos por la poca atención que su rey les brindaba. Bufó un tanto, se encontraba inusualmente cansado, no había alcanzado a dormir del todo cuando Nappa lo fue a sacar de su habitación porque una comitiva de Freezer iba a llegar al planeta dentro de poco. Cuando llegó al trono no había más gente que sus súbditos.
Un soldado joven le estaba hablando de sus últimas conquistas cuando Vegeta buscó a su calvo general a un lado de su trono y le habló sin tomar en cuenta al soldado que también lo hacía.
—¿Mi rey?—preguntó el aludido viéndose interrumpido, tenía el rostro contraído pero se obligaba a gobernar sus sentimientos de ofensa para poder dirigirse con educación a su monarca.
—¿Cuándo más tengo que soportar tus tonterías? —cuestionó de vuelta el rey con molestia, se agarró de los mangos de su trono con fuerza y mostró los dientes, se notaba frustrado. —¿Acaso crees que me hacen falta tus lecciones de conquista? Te diré algo para que no se te olvide—comenzó con una sonrisa vanidosa para luego continuar con una expresión dura y altanera. — He estado purgando planetas mucho antes de lo que tú has estado en un batallón de segunda. No me hagas perder mi tiempo, no me interesas en lo más mínimo. ¡El siguiente!
El soldado se mordió la lengua para no responderle y se fue a parar en el último lugar de la fila de soldados que sólo observaban la audiencia, escuchó las burlas de sus pares sin la intención de que pasaran desapercibidas y miró hacia abajo muerto de impotencia. Una voz a su lado lo hizo levantar la vista.
—¿Acaso creías que eras el primero en conquistar planetas? —comenté suavemente pero sin quitarle autoridad en mi voz, el chico negó con la cabeza ligeramente. —Entonces no te entusiasmes con la idea de salir a conquistar planetas, hasta un simple soldado de clase baja como yo puede hacerlo y no pertenezco a la mejor calaña de clase baja—el muchacho asintió débilmente y dirigió la mirada hacia sus botas.
El chico no me habló más y crucé los brazos viendo la audiencia con el rey. Nunca supe qué era lo que estaba haciendo ahí en primer lugar, mi curiosidad me llevaba a lugares inesperados y no terminaba por entender qué tenía de curioso Vegeta.
—Mi señor—se acercó un anciano del consejo de guerra, se escuchó un chasquido en la lengua de Vegeta y optó por apoyar la cabeza con una de sus manos. Le hizo un gesto con las cejas y el anciano continuó, al parecer era un viejo detractor del rey. —Hay quienes rehúsan de la gran cantidad de vasallos que tenemos en estos momentos, si bien tenemos muchas más riquezas y tecnología, no existen soldados dispuestos a protegerlos en algún ataque o un amotinamiento. Los vasallos nos odian, Su Alteza, debemos eliminarlos—dijo con las manos hechas dos puños debilitados. —Los hombres piensan que los retiene por causa de la reina que usted tanto insiste en conservar. Esto nos hace ver débiles, mi señor, no podemos estar costeando los caprichos de una forastera.
Vegeta, quien había estado serio en todo momento, dio una pausa para sonreír con el ceño fruncido. Vegeta no era un ser complaciente con los que creía sus enemigos y haría cualquier cosa para hacerles saber que no le importaba en lo más mínimo sus opiniones.
—Ya te lo dije una vez, anciano, si quieres ver muerta a tu reina, debes eliminarla tú mismo—espetó con vanidad, sabía que nadie quería hacerle frente. —Si tus hombres se quejan por las cámaras de gravedad de la terrícola entonces dejen de usarlas—se levantó del trono y se puso en frente del anciano que ya estaba más ciego y más demacrado por el tiempo desde su coronación. —Pero ya me cansé de ti.
—¿Su Alteza? —preguntó con turbación el aludido antes de que un haz de energía le destruyera la cabeza y su cuerpo cayera como un bulto pesado sobre las baldosas de la sala del trono. Muy poca sangre emanó del cuello desnudo del muerto puesto que el calor del ataque había suturado las venas y arterias del anciano.
Nadie movió un musculo con aquel ataque mortífero, nadie más que el príncipe Trunks que acababa de entrar a la sala del trono para escuchar un poco de la conversación de su padre con el consejero antes de que el último cayera al suelo. Sus ojos tiritaban al son de sus sollozos ahogados por la sorpresa, Vegeta lo escuchó desde el final de la sala y arrugó la nariz con molestia. Los escoltas y los soldados que nos encontrábamos ahí apartamos la mirada con cortesía del chico híbrido por alguna represalia del rey pero ninguno tuvo la decencia de cambiar la cara de desprecio del rostro.
—Ya me harté de esto—dijo simplemente el monarca al tiempo que se alejaba del trono y se dirigía a la salida en busca silenciosa del príncipe pero Trunks salió corriendo en cuanto lo vio cerca. Aquella acción hizo que Vegeta se enfadara, gruñó sonoramente.
—¿Problemas con el retoño? —su voz retumbó en el pasillo con burla oculta y Vegeta se sintió aun más enfadado por la presencia del emperador del universo conocido, frunció el ceño por no llevar el rastreador consigo y haberlo visto antes. Iba acompañado de su más leal y despreciable escolta, Zarbon y Dodoria. —Mándalo a una misión y lo endurecerá en carácter, tal como lo hicimos contigo, mi estimado Vegeta.
—¿Qué es lo que quieres, Freezzer? —no quiso dar respuesta a su propuesta y caminó en sentido contrario a donde se había marchado su hijo, tenía la necesidad de alejarlo de sus tutores de infancia. Si algo había salido mal en él era por culpa de Freezer y Bulma tendría mucho que decir en contra.
—Me apena que no estés feliz de vernos—hizo una mueca de tristeza que sabía era falsa y lo siguieron por el pasillo que lo alejaba del ala en donde se había escabullido Trunks. Seguramente su hijo acudiría a Bulma y le contaría lo que había visto, lo que significaba que le llegaría un escarmiento departe de la terrícola. La mujer estaba empecinada en dejar inocentes a sus hijos pero eso no impedía que podía entrenarlos, Vegeta estaba de acuerdo con el trato sólo hasta que fueran mayores, ellos debían hacer valer su sangre saiyan aniquilando a sus enemigos. —Aun no he conocido a tu pequeña hija, mi querido Vegeta, dicen que es adorable. ¿Algún plan para ella?
Vegeta no respondía nada que tuviera que ver con sus hijos y se limitó a seguir caminando en silencio con el ceño fruncido. Zarbon intercambió una mirada furtiva con su señor y Freezer se sonrió ligeramente, sabía que los dos niños híbridos podían considerarse un tema sensible para su antiguo pupilo y no dudaría en usarlos para su beneficio.
—Cuando era mucho más grande que tú, encontré una esfera dorada con dos estrellas grabadas—dijo mientras le cepillaba el pelo tan lila como el suyo, era fino y abundante, y la niña no le gustaba que se lo cortaran. —Estaba entre las pertenencias antiguas de tu abuelo, mi padre. Nadie recordaba de dónde había salido pero encontré unos libros en los que se hablaban de ellas.
—¿Y qué eran esas esferas, mami? —preguntó Bra con la voz de un duende pequeño. Al igual que a Trunks, Vegeta no había permitido usar un nombre saiyan pero a Bulma no le importó, sus hijos parecían más humanos que saiyan. Bulma le hizo un peinado alto y lo ató con una cinta roja para que la mata de pelo lila cayera como las hojas de una palmera.
—Son las esferas del dragón, siete esferas mágicas que te coinciden un deseo—contestó con una sonrisa y la chiquilla se rió emocionada, tapándose la boca pequeña con sus manos de duende. Bulma se sonrió con ternura mientras le acariciaba la cabeza lavanda, a la pequeña le encantaban los cuentos de magia y amor, las mismas que Vegeta le prohibió que le contara a su primogénito el momento que comenzó a luchar. —Ya tenía cuatro cuando me encontró tu padre—dijo con nostalgia, no supo comprender si eran buenos recuerdos o malos.
—¿Qué era lo que ibas a pedir? —preguntó con emoción la chica que era una copia diminuta de la reina. Le acarició el cabello antes de responder.
—A tu padre—respondió sinceramente y Bra dio saltos emocionados, si había alguien que la princesa adoraba era al rey. Bra nunca veía el lado terrible de su padre y ciertamente, Bulma nunca se lo iría a reconocer abiertamente.
—¡Madre! —un grito asustado de su primogénito anunció su llegada y Bulma se espantó al verlo de ese modo, se precipitó hacia él de un salto. Bra pareció no comprender la escena. —Madre…
—¿Qué sucede, hijo? —cuestionó la terrícola mientras le acariciaba la cabeza, percibió que quería llorar pero el arduo tratamiento que Vegeta le había dado para que eso no pasara era demasiado exitoso.
—Vi algo…—respondió Trunks mientras le daba una mirada furtiva a Bra, su hermanita no contaba con una concentración o noción de las cosas a sus cortos tres años, por lo que pronto había acudido a las baratijas que le llegaban de tributo a su padre, unas muñecas alienígenas que no tenían una forma humanoide. Bra decía que eran princesas como ella pero que al tener cocidas las bocas no podían contarle de dónde venían. —Papá—logró decir entre el temblor del llanto que no llegaba. —Él… un consejero…
Bulma apretó las cejas, su hijo no debía decir ninguna palabra más para que ella comprendiera lo que Trunks había visto. Apretó la cabeza lavanda contra su pecho con sus manos, ella podría hacer lo imposible para que no saliera de conquista pero no podía cerrarle los ojos cada vez que Vegeta hiciera las cosas a las que estaba acostumbrado. Pelear y matar estaba arraigado muy dentro de su ser.
—Lo que viste hoy, Trunks, lo verás otra vez—dijo ella con pesar y Trunks tiritó un tanto, sin quererlo él había sabido todo el tiempo que su padre mataba con soltura pero nunca lo había visto al momento de hacerlo.
—Le dijo que te mataran si no te querían, madre—respondió a modo de reproche y Bulma se sintió con la sangre hervir por un momento, sabía cómo era su marido y qué era lo que decía a sus hombres a modo de provocación. Sus ojos lilas se entrecerraron en un semblante serio, el mismo que ponía Vegeta cuando estaba calmo.
—Lo que dice es mentira, sabe que nadie se acercará a nosotros y menos a hacernos daño sin que tu padre haga algo al respecto. Además tenemos a Nappa y a Seripa que nos protegerán—Trunks asintió con suavidad, si bien sus palabras le hacían eco, no podía olvidar lo que había dicho Vegeta en la sala del trono.
—Y también Panpukin y Bogu—añadió la pequeña princesa sin levantar la vista de sus muñecas, Trunks escudriñó en su rostro por algún indicio de que había escuchado la conversación completa pero no encontró ninguna perturbación en su inocencia. Los nombres que había mencionado eran los hombres que Seripa había traído para completar el escolta de la reina, ambos eran antiguos compañeros de escuadrón de Tomma y Bardock, por lo que podían considerarse confiables. Bogu era un soldado de las dimensiones de Nappa, tenía la cabeza parcialmente rapada y una cicatriz en forma de arañazos en la frente, era callado pero infinitamente gentil. Panpukin era más gordo y más bajo de Bogu, pero hablador y bromista, siempre lograba hacer reír a los hijos de Vegeta sin el mayor esfuerzo.
Bulma asintió con determinación, con los años había aprendido a no temerle a los hombres de su marido y a hacer caso omiso a la faceta asesina del rey.
—¡Me cansé de esperar! —gritó en la casucha más grande del Santuario, con los años Paragus se había puesto cada vez más claro en sus ambiciones y se había hecho un pequeño trono, una réplica de la que había en el planeta Vegeta. Estaba sobre una plataforma para que estuviera más elevado que el resto de los habitantes y estaba confeccionado con los materiales más resistentes y sin refinar que estaban en el planeta para que le diera un aspecto tan brutal que su par en el planeta Vegeta.
Bardock estaba parado a brazos cruzados a los pies de la plataforma del trono, su semblante estaba más cansado pero no menos lúcido, las ánimas no le dejaban de proyectar eventos del futuro en el que depositaba sus esperanzas de salir de su prisión.
—No sé como lo hiciste pero las bestias híbridas están vivas y no hemos hecho nada esperando el momento propicio—hizo una pausa—Pues ya me cansé. Yo decidiré cuándo es preciso atacar y digo que es ahora—se levantó del trono y vio los rostros horrorizados de sus súbditos de distintos colores y formas. —¡Ahora es el momento de alzarnos contra el reino de Vegeta! Lo derrotaremos y tendremos el control del planeta, mataremos a la reina que puso a su lado y esos bastardos que tiene. ¡Luchen por mí! —hizo una pausa para sonreír. —Luchen por mí y no olvidaré a quienes me han tendido la mano.
—Paragus—llamó mi padre al enloquecido general federado. Su voz era plana y sin sorpresa por la revelación que haría Paragus, ya lo había visto en un sueño acuoso de las ánimas.
—Bardock, ¿lucharás por mí esta batalla? Puedo devolverte a tu puesto de capitán de escuadrón si así lo haces, ya no serás renegado sino un héroe, asesinaste al antiguo rey antes de Vegeta—recordó Paragus y Bardock frunció el ceño.
—Sabes que no asesiné al rey Vegeta—se defendió un tanto fuera de las casillas y Paragus sonrió con vanidad.
—Y qué más da que sea cierto o no, eres un renegado y soy tu única oportunidad de volver a tu planeta sin ser asesinado por traición—hizo una pausa. — ¿O debo asumir que no lo harás? ¿Acaso crees que Vegeta te recibirá con los brazos abiertos? ¡Asesinaste a su padre! Si te llegas a rehusar a combatir me temo que seguirás siendo un renegado aquí y allá—bajó la plataforma con vanidad y cuando llegó hasta él alargó una sonrisa cansada y fingida. —Pelearás para mí lo quieras o no, Bardock, partimos mañana. ¿Quién sabe? Quizás hasta el bueno para nada de Radditz resulte un traidor y se nos una.
Bardock siguió con la mirada al aspirante al trono de Vegeta con desprecio hasta que salió de la choza. Sintió las miradas de los habitantes del Santuario a sus espaldas y se retiró también, no supo si tenía que partir o quedarse. Aunque ir a conquistar su propio planeta era la oportunidad de salir del Santuario para siempre, la idea no lo alentaba mucho. Si bien no se consideraba traidor, ir con Paragus significaba terminar siendo uno. Apretó los puños sin saber qué hacer hasta que un chorro de sangre cálida le corrió por los dedos. Partió a su choza en busca de un sueño de las ánimas sabiendo ya lo que debía hacer y esperando que Tomma ni Seripa los viera en la batalla luchando por el otro bando.
Cuando el príncipe de pelo lila llegó a su habitación, ésta carecía de luz y tomó un tiempo para que sus ojos se acostumbraran a ver en la penumbra.
—Trunks—lo llamaron las sombras y el chico se volteó a donde su padre permanecía en la oscuridad, le dio un temblor de miedo y bajó la mirada, se sentía avergonzado por lo que había visto en la sala del trono y más aún, su reacción al ver a su padre acercársele.
—Padre, lamento mi actitud. Sé que no fue apropiada—comentó el chico como pensando que con eso iba a reducir el castigo de su progenitor pero Vegeta no pareció cambiar de semblante, Trunks pensó que con su disculpa no sería suficiente. Bajó los hombros, derrotado. El rey tensó los músculos de la boca mientras daba un paso adelante y a Trunks le pareció que vendría su escarmiento.
—Esto simplemente es culpa de tu madre—dijo simplemente con el ceño fruncido, Trunks no comprendió el sentido de sus palabras. —Si vinieras conmigo a las misiones esto no habría pasado—si bien su semblante no era la de enfado, algo en los músculos faciales estaba tenso y lo miraba sin mover un centímetro la dirección que trazaban sus pupilas.
—No quiero ir de misión, papá—dijo con los hombros abajo y el ceño de Vegeta se frunció más.
—Tu madre te lavó el cerebro—el volumen de su voz se incrementó un tanto y Trunks miró hacia abajo, podía percibir el enfado de su padre colarse en sus palabras. —Esto es lo que hacemos, Trunks. Somos los guerreros más fuertes del universo, no debemos dejar vivo al enemigo.
—Pero tú tomas vasallos, papá, no asesinas—respondió el chico quedamente, el rey arrugó la nariz recordando al anciano del consejo que había asesinado en la sala del trono.
—¿Crees que voy a sus planetas y me ofrezco para gobernarlos? —preguntó con sarcasmo enfadado, su hijo negó rápidamente con la cabeza. —Los mato, a sus hijos, a sus mujeres. No me interesa en lo más mínimo de qué tipo de insecto se trata—Vegeta percibió que el híbrido se perturbó lo suficiente e hizo el intento por calmarse, Trunks temblaba suavemente en los hombros y el mentón. De pronto se sintió extrañamente culpable y se acercó un tanto y acarició vagamente la cabeza terrícola. Trunks abrió los ojos tanto como pudo y lo miró sorprendido y a la vez avergonzado por aquel contacto paternal. —Llegará un momento en el que te hagas valer como saiyan, Trunks.
—¿Debo matar a alguien? —preguntó el chiquillo pasados unos momentos y Vegeta dudó de sus argumentos, imitando a su hijo, demoró un tanto en responderle.
—Debes vencer a tu enemigo, sea quien sea—Trunks le dedicó una mirada genuina de cariño ante su respuesta. Vegeta retiró rápidamente su mano y arrugó la nariz casi imperceptiblemente, y prefirió retirarse, ya se estaba comportando demasiadamente blando para su gusto. Seguramente el chico iría a cambiar su relato en cuanto él se marchara ante su madre. Vegeta chasqueó la lengua en cuanto lo dejó feliz en su habitación, ser padre era mucho más difícil que ir a la guerra.
Nota de la Autora: Aunque me pareció un tanto corto el capítulo, es más bien un capítulo introductorio para saber en qué tiempo nos situamos, cuánto ha pasado y qué ha pasado más o menos. Me hubiese gustado escribir más escenas de Vegeta pero no se me ocurrieron a tiempo. Algunas explicaciones, la campaña primera se llamaba Calade porque ahí fue dónde comenzó todo, ésta se llama Vegeta porque transcurrirá casi en su totalidad en el planeta Vegeta. Trunks tiene unos 13 años, Goten unos 12. Gohan como 21 y Bra 3. Sé que no son edades exactas pero están aproximadas. Amé a Vegeta como un buen padre :D
Paragus va quiere conquistar el planeta Vegeta ¡chan chan chaan! ¿Qué hará Bardock cuando vuelva al planeta Vegeta? ¿Habrá más BulmaxVegeta? Esto y mucho más en el siguiente capítulo :D Stay tuned.
Gracias a los comentarios de Sakury Li'Minamoto, JazminM, Perla16, Asaia16 y Sybilla's Song. Nos vemos en la próxima actualización, besotes, RP.
