18

Muñeca


El día era completamente caluroso y Bulma se dirigió a la sala del trono seguida bien de cerca por su escolta Seripa. Trunks había desaparecido del laboratorio en donde lo había dejado para que aprendiera lo básico de la ingeniería terrícola pero cuando acudió, su primogénito no estaba, y supo enseguida a dónde se había metido.

Con una mano abanicando su cara, llegó hasta el pasillo colindante a la sala principal y pasó al lado de los centinelas que estaban apostados para escuchar la nueva audiencia con el rey. Muchas quejas llegaban a los oídos de los generales más cercanos a Vegeta hasta que no daban abasto y Nappa arregló una audiencia una o dos veces cada cinco días para obligar a su rey a que diera la cara por su reino. Seguramente Vegeta estaría aburrido escuchando las tonterías de sus súbditos pero Trunks estaba empecinado en ir a vigilar a su padre, Bulma sonrió enternecida, le agrada ver a su marido así de huraño.

No tuvieron que avisarle que había llegado a la sala puesto que Vegeta la había divisado al momento de entrar en ella, la siguió con las pupilas hasta que estuvo parada en un punto cercano al trono y esperó a que se acomodara con una postura relajada con las manos entrelazadas por delante para dejar de mirarla. Bulma sonrió, el rey estaba encorvado sobre el trono con una cara de enfado, con las botas bien pegadas al suelo como si estuviera a punto de marcharse y los antebrazos apoyados sobre los mangos del trono y los puños cerrados en sus fines. Divisó a Trunks más cercano al trono que ella, casi mimetizado entre el gran cuerpo de Nappa, las escaleras y el comandante Zorne, su pelo siempre iba a ser señal inequívoca de su posición.

—Mi rey—espetó el comandante Zorne al verse interrumpido por la aparición de Bulma, Vegeta gruñó. —Los planetas Sarvoosi y Tol fueron destruidos como el Gran Freezer nos lo encomendó—dijo mientras daba una mirada furtiva hacia Bulma y ésta supo enseguida a dónde iba el comandante. Vegeta frunció los ojos cuando vio ese intercambio de miradas. —Su reina al enterarse me encaró y le encargó a Nappa a que me degradara de rango. No he hecho nada malo, mi rey, devuélvame mi rango. Seguía las órdenes de Freezer y las de mi sangre de saiyan.

Vegeta arrugó la nariz, miró hacia su lado y vio a Trunks que esperaba su respuesta con el ceño apretado, bastante nervioso. Se preguntó qué estaría haciendo Bra si estuviera en la sala e imaginó que estaría defendiendo a su madre a gritos mientras se sentaba en su regazo. Miró a Bulma como si fuera otro general más y apretó los puños bajo los mangos del trono.

—¿Es verdad lo que dicen de ti, Bulma? —adivinó cuál era su respuesta antes de que ella hablara cuando Bulma ponía el blanco sus ojos lilas. Puso sus manos a los lados y camino hacia los escalones, dejó a Seripa atrás. Fue cuidadosa y no tocó ningún escalón con sus botas.

—Todo lo que dijo es verdad, Vegeta—comenzó con la voz calmada, el colgante de piedras azules titilaba en su cuello y su resplandor fue todo lo que vio Vegeta, el cuello desnudo de su mujer. Se había dejado el pelo liso hasta unos dedos más debajo de las orejas como la última de sus infinitas transformaciones de cabello y gracias al cristal azul ella casi no había envejecido. Había reducido la bola del cristal azul fosforescente a unos simples pedazos en los que Bulma había confeccionado un collar para ella, otro para Bra y los restantes los tenía Trunks, pero no tenía idea en qué los había transformado. Fragmentos para él no quedaban pero hacía tiempo que eso no le interesaba, simplemente quería que estuvieran lejos del alcance de Freezer. —Pero le advertí que no destruyera a sus habitantes o se las vería conmigo.

—No recibo órdenes de una forastera—Bulma había escuchado esa frase miles de veces pero nunca pensó que en ese momento le afectara tanto. Le dirigió una mirada asesina y el comandante se echó a reír. —No eres más que una sabandija estúpida para mí—dijo con una sonrisa vanidosa, Bulma no dejó de mirarlo a los ojos sintiéndose desafiante. El comandante Zorne dio unos pasos para rodearla y así, asustarla, pero ella simplemente lo miraba de solayo. Vegeta frunció el ceño ligeramente y elevó la mano cuando sintió que Seripa daba un paso al frente. La colona se paralizó y frunció los labios, impotente. —Una sabandija estúpida no me da órdenes.

—Yo soy tu reina y sí te doy órdenes.

Vegeta que observaba todo desde el trono dejó escapar una risa burlona. El comandante Zorne arrugó la nariz en desprecio y miró hacia el trono al escuchar la respuesta que le había dado a su mujer maleducada. Se dijo a sí mismo que el rey debía golpearla por su atrevimiento pero no se atrevió a decir en voz alta. Subordinó su postura cuando sintió las botas del rey caminar hacia donde estaba él.

—No escucharé más del asunto, insecto—comentó mientras bajaba las escaleras del trono, subió sus pupilas sin mover un centímetro su cabeza y lo vio sonreír, sonreía con vanidad pero también pudo ver felicidad.

—Un rey que escucha a una puta forastera no es un rey—escupió sobre las botas reales y Vegeta no hizo más que sonreír, mandó a callar a Bulma con una mirada cuando ésta comenzó a reclamar ante su descalificativo. El rey Vegeta una vez más sonrió, después rió con la boca cerrada.

—¿Cómo te atreves? —espetó la reina con su ceño fruncido, Seripa se interpuso para evitar que se acercara a los hombres al centro de la sala. Trunks se unió a la colona pero dio un paso al frente, quería ver qué era lo que hacía su padre y si defendía a su madre como debería haberlo hecho cuando mató al consejero de guerra, ésta debía ser su compensación.

—Calla, mujer—le dijo dirigiéndole una mirada seria y Bulma dio un bufido de enfado, frunciendo los brazos sobre su pecho. El príncipe Trunks apretó los puños, quería darle su merecido al comandante Zorne él mismo pero sabía que su padre no lo dejaría aun, todavía no era su tiempo de hacer valer su sangre saiyan. —Comandante, ¿con que no soy rey? —se burló un poco mientras se acercaba caminando hasta él, el comandante retrocedió unos pasos para darse espacio para defenderse y Vegeta lo rodeó con calma. —Pelea conmigo, si logras vencerme en combate te cedo con gusto el trono.

—No es más que un truco, si te ataco tus guardias se me vendrán encima—Vegeta frunció el ceño y se acercó de un paso hasta él.

—¿Acaso me crees un tramposo, sabandija? —apretó la mandíbula, enfadado. Bulma apartó la vista por un momento, apenas la devolvió cuando Vegeta gritó. —¡Pelea!

Cada vez que Vegeta peleaba ella sentía el corazón apretado, sabía que era el más fuerte de todos pero seguía temiendo por su vida. La voz de Trunks animando a su padre le devolvió el coraje que la hacía enfrentarse a los hombres de Vegeta, apretó sus puños y se obligó a mirar. Vegeta esquivaba con una risa siniestra cada golpe que le daba su contrincante y de vez en cuando lo hacía tropezar para ponerlo en ridículo pero nunca lo golpeaba directamente. Los pies del rey se movían por el suelo con pasos firmes y sincronizados, guiando al comandante en círculos.

—¡Véncelo, padre! —gritaba Trunks entre las exclamaciones de los guardias y los soldados que sólo estaban mirando la audiencia. Todos bromeaban sobre el comandante y aclamaban al rey con risas, un poco de circo siempre hacía que el rey se viera mejor a los ojos de todos sus detractores.

—Aparte la mirada, mi señora—escuchó a Seripa mientras le ponía una mano sobre su hombro. Bulma le dedicó una mirada de soslayo y luego observó la batalla con solemnidad.

—No—respondió con los ojos abiertos y ninguna sonrisa adornando su rostro. Ella no era ninguna sanguinaria como lo era Vegeta y Seripa lo sabía, pero no podía permitir verse débil frente a los súbditos de su marido. Bulma debía ver cómo moría el comandante.

Vegeta dio unas vueltas más para colmar la paciencia del comandante y éste cayó al suelo debido a una patada que el rey le dio en las piernas. Las risas colmaron la sala y Bulma se sintió mareada por la rudeza de aquella raza, quiso apartar la vista porque sabía qué era lo que venía pero se hizo la fuerte. Vio cómo Vegeta lo agarró por el cuello de la armadura para alzarlo por los aires y lo golpeó en la armadura con la mano echa un martillo tieso, miles de piezas quebradizas salieron volando como si la armadura no fuese el material flexible del que estaba hecha y después brotó la sangre como una cascada roja. Escuchó cómo la sangre se derramaba al suelo como una piscina caliente y después el cuerpo tieso del comandante Zorne se desplomó con pesadez. El olor pronto acudió a ella y tuvo que cubrirse la nariz sin poder contenerse, si bien la sangre no era putrefacta, era metálica y cargante.

—Al parecer el comandante Zorne no quería ser rey después de todo—comentó Vegeta sacudiendo sus guantes de la sangre para luego pasárselos por la cara, tenía gotas de sudor y sangre que no eran suyas. Una risa generalizada se escuchó por toda la sala y Bulma apartó la mirada de donde se encontraba Zorne, su cuerpo sin vida le llamaba morbosamente la atención. Pensó en Trunks y lo buscó por la sala, estaba sonriendo quedamente ante su padre. Se le acercó corriendo en un arrebato a Vegeta que sorprendió hasta a Bulma y éste lo miró hacia abajo sin molestia alguna.

—Eres muy fuerte, papá—replicó el chico y Vegeta asintió ligeramente.

—Ve con Seripa ahora—respondió sin mucha emoción en la voz y el chico asintió sutilmente mientras se alejaba rodeando el cuerpo de comandante con unos metros de separación. La sala del trono estaba hecha un mar de ruido y desorden, y Bulma tuvo el deseo de retirarse antes de que la euforia llevara a los soldados a echarse duelos por malentendidos o empujones. Caminó dos pasos tropezados entre la masa saiyan hasta que de frente se dibujó la figura seria de su marido. —Camina conmigo.

Bulma buscó a su hijo entre la multitud y lo vio salir de la sala de la mano de Seripa, respiró más tranquila y sonrió un tanto antes de acercarse al rey. Le acarició el dorso de la mano suavemente, Vegeta no apartó la mano pero siguió el camino imaginario que había trazado el príncipe hacia la salida. La terrícola miró para atrás y no vio a Nappa seguirlos.

—No tenía idea que te dabas la libertad de hablar con mis hombres antes de salir de misión—comenzó con aparente calma el rey cuando estuvieron caminando solos por el pasillo, Bulma no quiso confiarse mucho en su tono de voz.

—No permitiré que tus hombres sigan asesinando si puedo evitarlo—espetó ella y Vegeta arrugó la nariz, dio un par de pasos para ponerse delante de ella y así encararla.

—Así es como han sido las cosas, ahora y siempre—aclaró el rey en un murmuro, su cara estaba bien cerca de la de ella. Su mirada oscura tocó el suelo cuando ella lo encaró con su lila.

—Pero no está bien, Vegeta—dijo con suavidad. Le acarició una mejilla con cuidado y Vegeta se turbó un tanto, dio un paso hacia atrás y le dio la espalda.—No permitiré que más planetas compartan el destino de la Tierra.

—¿Hay otra cosa más que les digas a mis hombres?

—Que no abusen a los esclavos—ella sonrió un poco sin saber cuál era la reacción de su esposo y él simplemente asintió sin mucha fuerza mientras miraba a un vacío. Comenzó a caminar por el pasillo y Bulma lo siguió de cerca.


Sintió una ráfaga de viento más fuerte que las demás y trató de mirar hacia la fuente de aquella perturbación pero comprendió que tenía los ojos cerrados. Aunque no pudiera ver con sus ojos, podía ver los colores de cada una de esas estelas de humo que se arremolinaban cuando su atacante se movía un poco.

Siente el ki, Goten. Siéntelo—escuchó decir a su hermano a lo lejos, como si él no estuviera en su habitación junto a él. Miró los polvos de color verde, azul, morado, rojo y naranja; todos flotando en su propia ráfaga de aire con sus propias circulaciones y vorticidades. Goten suspiró con enfado, aún no comprendía cuál de todos esos colores representaba a su oponente, cuáles espectadores o cuáles simples animales. Todo tenía su color y polvo, todos menos los androides, ellos podían difuminarse en los polvos sin gracia de los objetos o lugares vacíos en los que no había ningún tipo de energía; no había manera de identificarlos. —Concéntrate, hermano.

Trató de responder de vuelta a la voz lejana de Gohan pero tampoco tenía boca, se palpó bajo la nariz para comprobar que no era más que un sitio plano hasta llegar su mentón. Podía percibir que dentro estaban su lengua, dientes y muelas, encías y labios, pero por más que tratara de hablar, la piel que había sellado sus labios era mucho más resistente a las mordidas, golpes y cortes de lo que Goten pensaba. Comprendió que para ver sin sus ojos debía dejar de tratar de pedirle explicaciones a su hermano que tampoco podría escucharlo si no tenía su boca. No puedo diferenciar cuál es Gohan, pensaba el hijo menor de Kakarotto con desesperación.

Concéntrate. Concéntrate—pidió Gohan con amabilidad. —Concéntrate, Goten.

Mientras sus palabras se quedaban flotando en el aire, vio la reacción del polvo rojo que comenzó a arremolinarse más lentamente mientras cambiaba de dirección y comenzar nuevamente a girar rápidamente. Los otros polvos dejaron de agitarse y por un momento se calmaron alrededor del polvo rojo que comenzaba a extenderse hacia los lados. Ante la proximidad del rojo, los colores colindantes retrocedieron ferozmente, haciendo que a su vez los que tocaban hicieran lo mismo. Pronto no quedó más que él y el polvo rojo, mucho más veloz y extenso que antes, y se delineó la figura de Gohan.

Los ojos de Goten se abrieron de repente y sintió que volvía a tener boca, luego comprendió que siempre habían estado ahí y miró a Gohan que sonreía ampliamente. Se vio muy lejos de su posición inicial, había surcado la habitación entera y había terminado elevado unos dos metros sobre el suelo para quedar frente a frente con su hermano mayor.

—Sabía que lo harías, Goten. Sólo debes concentrarte, debes ver sin tus ojos y podrás aventajar a tu oponente. Aquí los soldados tienen la mala costumbre de depender de sus rastreadores—explicó con gentileza, Goten comenzó a reír con felicidad y descendió de golpe para trotar hacia sus espectadores. Estaba Krillin en el pasillo observando a brazos cruzados y el androide Número 17 más allá, sonriendo con la boca torcida, y se alejó en cuanto lo felicitó con un ligero movimiento de cabeza.

—Bien hecho, chico. Estás progresando con facilidad—le dijo Krillin con una sonrisa mientras le golpeaba suavemente la cabeza. La pequeña Marron a su lado saltó con felicidad con los brazos extendidos.

—¡Bien hecho, bien hecho! —repitió la rubiecita y su padre le acarició la cabeza amarilla con gentileza.

—Aun no puedo distinguir quién es quién—confesó el híbrido con los hombros encogidos pero sin abandonar la sonrisa amena. Krillin abrió la boca para replicar pero cuando vio que Gohan se aproximaba la cerró enseguida.

—Con mucha práctica eso no será problema—explicó el mayor. —Cuando tenía menos que tú, papá me enseñó. No debería ser difícil para ti siendo su hijo, Goten.

Un poco de nostalgia se dibujó en el rostro de Gohan y Goten apartó la vista, si bien su hermano lo llenaba de historias valerosas de él y Krillin lo secundaba con otras, no compartía con Gohan la fascinación por la persona que le había dado la vida; para él, Goku era un completo extraño.

—Me debo ir ahora, Número 18 me llevará al hangar para visitar un planeta puerto. No debo llegar tarde—se disculpó rápidamente Gohan mientras buscaba con la mirada su armadura de federado, tenía la chapa amarilla y no dudaba que pronto podía conseguir la roja. En cuanto se hubo puesto los guantes blancos, Goten se apresuró a implorar después de muchas tribulaciones internas. Lo paró cuando Gohan se estaba yendo por el pasillo.

—Hermano—lo llamó para ganar tiempo y confianza. —¿Me llevas contigo al palacio? No te haré problemas, me quedaré fuera del camino, lo prometo.

—No me lo permitirían. Lo siento, Goten—dijo con voz queda, Goten negó con la cabeza y le tomó del guante con insistencia.

—Es sólo hasta el palacio, no te acompañaré en tu misión—la sonrisa que le dedicó lo contagió, lo que le siguió lo conmovió. —Es sólo que… tengo un amigo. Podemos entrenar juntos como tú lo haces con la señorita Número 18.

Después de reprimir una risa, Gohan le asintió con la cabeza.

—Está bien, ve a prepararte. Te veo en la entrada, despídete de Mani'at antes de salir del almacén—le ordenó pero antes de terminar la figura de Goten ya había desaparecido, se vistió apropiadamente para entrenar con Trunks y salió junto a él. Krillin y Marron los acompañaron hasta que su escondite terminaba y comenzaba el almacén rebelde de Mani'at, la chica rubia abrió y cerró sus manos un par de veces a modo de despedida.

—Dile a Número 18 que se escape en cuanto pueda, Marron y yo la comenzamos a extrañar—les dijo Krillin pero sólo Gohan escuchó. Los dos híbridos partieron del almacén desde una puerta más apartada en donde no podrían verlos con facilidad y se podrían mimetizar entre la muchedumbre, al ser híbridos no era especialmente raro verlos mezclados entre los colonos y los esclavos, y así se aseguraban de que no encontrarían el almacén rebelde.


Me encontraba saliendo de una de las cámaras de gravedad que había creado la terrícola después del nacimiento del príncipe híbrido cuando la pareja pasó a un lado mío. Se decía que las había inventado para hacer cambiar de opinión al rey al momento de querer sacrificar al chiquillo con la promesa de hacerlo más fuerte y así había sido, todo apuntaba a que Vegeta había quedado tan satisfecho con los resultados que había aceptado a su bastardo sin problemas y que hasta le había puesto un segundo bastardo en el vientre de la reina en forma de su agradecimiento. A mi parecer la existencia de los engendros de la reina no tenía nada que ver con las cámaras de gravedad pero no por eso dejaba de existir los rumores. Arrugué la nariz cuando el hijo segundón de Kakarotto se me quedó observando sin disimular su atrevimiento, Gohan con su armadura reluciente me observó casi con el mismo desprecio y con un brazo aplastó el pecho del muchacho para atraerlo hacia él

—Buen día—dijo el menor sin tener la más mínima idea del porqué del actuar del mayor. Me dedicó una sonrisa amplia puesto que le habían contado de mi parentesco con ellos y tenía la misma estupidez que su padre, la amabilidad.

—Vamos, Goten. Anda, camina—animó Gohan haciendo caso omiso y el chico pareció desconcentrarse, dejó de mirarme para mirar a su hermano mayor. Me comencé a reír a boca cerrada a modo de burla y el aprendiz de androide frunció el ceño, Goten volvió su quebradiza atención a mí. Me encaminé hacia ellos con desdén y Gohan se tensó, atrajo más a sí al pequeño.

—¿Pasa algo malo? ¿Me temen acaso? —pregunté con sarcasmo y sólo el menor respondió, al parecer mis palabras le habían producido una especie de escalofrío y retrocedió negando con la cabeza. —Deberían—finalicé con una mueca de disgusto y me fui por el pasillo en el que ellos habían llegado. Los hermanos se quedaron parados unos momentos más como para cerciorarse de que yo ya había desaparecido, Goten buscó la cara del mayor en las alturas y lo que encontró fue un ceño fruncido y una nariz arrugada. Se sintió extrañamente culpable.

—Goten—lo llamó desde las alturas. —No vuelvas a acercártele nunca más, ¿entendiste? —el chico asintió con suavidad y siguieron con su camino. Caminaron hasta que llegaron a la cámara de gravedad principal, en el que el propio rey Vegeta entrenaba y Gohan titubeó mientras le tomaba la mano al mejor cuando éste quiso abrir la compuerta descaradamente. —¿Estás seguro de que aquí es dónde tu amiguito te citó?

—Por supuesto, hermanito—dijo sin titubear. —Con Trunks venimos aquí un par de veces, ya no me pierdo. Dijo que estaría entrenando y que simplemente entrara.

—¿Trunks? ¿El príncipe Trunks? —Gohan tartamudeó un poco. —Goten, nunca me has mentido, no me hagas esto ahora. Ven, te llevaré de vuelta con Mani'at y cuando llegue tendremos que hablar.

—¡Pero si digo la verdad! ¿Por qué no quieres creerme? —se dirigió hasta la compuerta y la abrió de golpe, dentro había una atmósfera viciada y húmeda, habían muchas horas de trabajo sin abrirla. Gohan se estremeció e intentó inútilmente cerrarla para que los ocupantes no se enteraran de que alguna vez la habían abierto, por supuesto que eso no pasó, y pronto unas figuras se delinearon ante sus ojos. Gohan tomó el hombro de Goten para hacerlo retroceder y con la mano le tomó del cráneo para obligarlo a mirar a sus botas mientras él hacía lo mismo. El menor forcejeó un poco y miró un par de veces hacia arriba hasta que por fin comprendió el mensaje.

El rey apareció de pronto con una mirada huraña, estaba completamente sudado y sus músculos comenzaban a palpitar con furia. Arrugó la nariz cuando encontró a un par de híbridos doblados hacia el suelo en una reverencia mal hecha y lanzó un gruñido grave en lo que parecía sería un ataque de furia. La segunda figura corrió para calmar la rabia del rey interponiéndose entre los recién llegados y su padre, Vegeta lo miró con los puños apretados y Trunks se limitó a extender los brazos en forma protectora.

—Padre, por favor no te enfades—comenzó mientras Gohan se incorporaba para ver la escena, al parecer su pequeño hermano no mentía—.Yo invité a Goten a entrenar pero no tiene modales, es bastante raro en realidad. —concluyó el chico ante la mirada atónita de Vegeta quien no comprendía la impropia actitud de Trunks.

—¿Qué es lo que estás diciendo? —cuestionó el rey sin la intención de que le respondieran, se giró hacia los híbridos y les lanzó una mirada de desprecio. —No puedes simplemente invitar a un par de insectos a la cámara real ni mucho menos en mi presencia. No son más que híbridos inútiles—concluyó un poco asqueado y el rostro de Trunks se entristeció.

—Yo también soy un híbrido, papá. —Vegeta arrugó la nariz, no se había percatado que insulto había provocado daños colaterales. Para él, Trunks era su hijo y no consideraba que perteneciera al mismo conjunto que los híbridos del planeta Vegeta. El rey relajó los puños, dio un respingo y se adentró a la cámara de gravedad mientras miraba de soslayo a esos intrusos y le entró el enojo nuevamente. Trunks había bajado los brazos para dejarlos colgando a sus costados y su cabeza se había subordinado mirando a una esquina vacía.

—Haz lo que quieras, mocoso. Simplemente no me estorben.

Gohan arrugó la frente cuando comprendió que no había peligro y sintió pena por el pequeño príncipe híbrido al momento de incorporarse, Goten había dejado la grande, pensó. Abrió la boca para decir algo cuando el chico de pelo lavanda se volteó lentamente pero no encontró las palabras adecuadas. Trunks sonrió tímidamente.

—Lo lamento, mi padre es algo huraño cuando se trata del entrenamiento—se excusó con arrebato.

—Príncipe Trunks—comenzó como hipnotizado el mayor de los tres hasta que cayó en cuenta que debía ser respetuoso. Hizo una reverencia pobre, se notaba cuándo un saiyan era colono sin experiencia y cuándo no, los primeros simplemente se doblaban con gracia delicada, los segundos lo hacían con un puño en el pecho mientras se doblaban con rudeza. —Lamento la imprudencia de mi hermano, ruego que lo disculpes. No volverá a ocurrir.

—Oye, Trunks—lo llamó quedamente Goten y el mayor comenzó a reprenderlo por su insolencia. Trunks no pareció inmutarse y cruzó los brazos al tiempo que levantaba las cejas con curiosidad. —Tu padre es temible, ¿acaso no le gustan los híbridos como nosotros? ¿Cómo es que te tiene a ti si nos detesta tanto?

—¡Goten! —Trunks rio en vez de enfadarse.

—Él no es tan malo como lo parece, es muy gentil—manifestó el príncipe con una sonrisa. —Sólo piensa que se hará débil como mi tío Tarble—Gohan no parecía entender lo raro de la situación, tampoco conocía la existencia de otro príncipe, último en la línea sucesoria. El heredero natural del trono sería Trunks, luego la princesa Bra y después vendría el hermano de Vegeta, el príncipe Tarble y toda su descendencia, si es que hubiera una. Aunque Gohan no sabía si híbridos y mujeres podían optar al trono del racista y machista reino de los saiyan. El príncipe Trunks comenzó a mirarlo. —A ti no te conozco, ¿has dicho que eres el hermano de Goten?

El aludido asintió. —Soy Gohan, hijo de Goku—extendió la mano torpemente, Trunks miró su palma extrañado y Gohan tuvo que quitársela del frente al comprender que aunque era mitad humano no conocía los saludos de la Tierra.

—¿Goku? Nunca he escuchado hablar de ningún Goku—reflexionó el chico en voz alta, luego sonrió. —Sus nombres son bastante extraños, aunque puedo decir lo mismo del mío. Mi padre no quiso que mi madre me llamara como él, así que tengo un nombre terrícola como ustedes.

—Creo que en este planeta a mi padre lo conocían por el nombre de Kakarotto—comentó un tanto serio, en lo personal odiaba ese nombre, representaba la naturaleza maldita de su padre. Trunks parpadeó como si le hubiese entrado algo en el ojo.

—¿Kakarotto? ¿No era aquel hermano de Radditz, los hijos de Bardock? —Dijo con un poco de gracia—. Vaya, ustedes sí que tienen una historia media extraña. No les bastó con ser híbridos y colonos, también tienen familia renegada, ¡ja! De todos modos, los invito a entrenar conmigo. No todo el mundo tiene el privilegio de tener amistades tan extrañas.

Sólo Goten parecía orgulloso de ser calificado de extraño y sonrió a gusto, en cambio, su hermano mayor no pudo sentirse más ofendido. A su parecer, su padre no era ningún renegado aunque no podía decir lo mismo de mi y de su abuelo, al que no conocía pero que le habían comentado que había huido luego de que lo apresaran tras asesinar al abuelo de Trunks. No debían ser los mejores familiares que existían.

—Me temo que debo pasar, debo cumplir una misión ahora—explicó serio—.Goten, te vendré a buscar en cuanto regrese—el chico asintió alegremente y se despidió apresuradamente mientras se alejaba junto Trunks, desaparecieron tras la compuerta de la cámara de gravedad de Vegeta.


Dentro de la cámara, Goten y Trunks se dieron un par de golpes apenas resistiendo la gravedad aumentada que solía soportar Vegeta y éste los miró con desgano mientras les daban ataques de risa al moverse con la rapidez de caracoles muertos. Se les acercó sin mucho interés.

—No deberían estar aquí, mocosos. Esta gravedad es mucho para ustedes, vayan a entrenarse como corresponde antes de hacerlo acá—les ordenó con desgano puesto que estar enfadado también lo cansaba.

—Pero papá, tú siempre dices que debo esforzarme para superar mis propios límites—mencionó Trunks jadeando. Goten se lo quedó mirando sin una pizca de emoción, Vegeta pensó que al criarse con la androide rubia, ella le había contagiado su inexpresión.

—Debes tener límites antes de superarlos—respondió con aspereza y puso sus manos en la cintura. —Vamos, enanos, levántense y traten de golpearme. Si lo hacen, los entrenaré a ambos—expresó con una sonrisa confiada, con esa gravedad era casi imposible que se movieran y podría echarlos de su cámara fácilmente. Los chicos sonrieron ampliamente. —Sino, se irán y me dejaran tranquilo.

—¿Escuchaste, Goten? Mi papá nos entrenará—comentó con felicidad y Vegeta frunció el ceño con enfado, su hijo siempre escuchaba las instrucciones a medias.

—¡He dicho sólo si es que logran golpearme! —corrigió con irritación y vio que los chicos intentaban por todos sus medios levantar sus pesadísimos cuerpos ayudándose de sus manos sobre las rodillas.

Cuando pudieron mantenerse vagamente de pie hicieron una señal de victoria mutua y saltaron al ataque, Vegeta dio un paso hacia atrás con sorpresa. Esquivó con problemas los primeros golpes sólo hasta que se recuperó de su asombro y después se limitó a sonreír mientras veía las caras de cansancio de los pequeños mientras bajaban progresivamente sus revoluciones. Se dio permiso para darles un par de golpes que apenas pudieron parar o esquivar y su hijo y el híbrido de Kakarotto terminaron un sinfín de veces en el suelo, lejos de sentirse derrotados, los chiquillos volvían a levantarse para atacarlo y así hacer valer su palabra. Enseguida el rey se dio cuenta que cada vez les iba costando menos moverse con la gravedad aumentada.

—¡Goten! Debemos unirnos para derrotarlo—comentó entre jadeos el príncipe y el rey frunció el ceño. Goten asintió con determinación.—No podremos derrotarlo por sí solos.

—¡Entendido!

Los chicos cruzaron sus caminos dos veces, una delante de Vegeta y otra a sus espaldas, con la intención de distraerlo pero estaban bastante ralentizados. Vegeta se rio con la boca cerrada, golpeó con el puño cerrado a Goten mientras que estiraba una pierna y le daba de lleno en la cara a su hijo con su pie. Trunks lloriqueó un tanto mientras sostenía su nariz, sus mejillas estaban coloradas y le salía un chorro de sangre del tabique.

— ¡Deja de llorar, Trunks! Un príncipe no llora, levántate y pelea—reprendió el rey con exasperación pero el chico pareció no oírle, Vegeta se le acercó furioso y cuando estuvo cerca pudo ver que su retoño estaba sonriendo malévolamente bajo la mano que cubría su nariz.

—¡Ahora, Goten! —gritó al tiempo que se levantaba de golpe y Goten aparecía frente a la nuca del rey. Ambos lo golpearon al unísono de un grito, el moreno le daba una patada en el cuello y el lavanda lo hacía en las rodillas. La sorpresa le jugó una mala pasada al rey puesto que no lo hizo reaccionar como correspondía y no pudo parar los golpes.

—¡Eso ha sido trampa! —protestó el rey mientras los golpeaba a los dos en la cabeza. A los chicos les salieron lágrimas de dolor y de risa a la vez.

—Pero te hemos golpeado, papá—mencionó el hijo con una sonrisa maliciosa, a Vegeta le entraron ganas de golpearlo otra vez. —Además nunca mencionaste que debíamos ser limpios, tienes que cumplir o se lo diré a mamá.

—Par de demonios—masculló el rey y se frotó la nuca, allí donde lo habían golpeado. Suspiró desganado, les dio la espalda y pensó en qué debía enseñarles primero.


Vegeta se encontraba con los músculos adormecidos cuando se tendió sobre la cama, su pequeña hija siempre revoloteaba a su alrededor cuando estaba él cerca y casi sonrió cuando la observó llegar con sus muñecas alienígenas para jugar a sus pies. Hacía hablar a sus muñecas diálogos sin sentido y respondía ella misma balbuceando palabras que seguramente había inventado, luego se volteaba hacia él y le decía otra cosa sin esperar que le respondiera y volvía a sus muñecas. Vegeta simplemente la miraba.

Bulma llegó después y se lo quedó mirando con ambas manos en la cintura hasta que él se dignara a encararla, solamente movió sus pupilas. La terrícola estaba sonriendo.

—¿Qué?

—Escuché que entrenarás a tu hijo y a su amiguito híbrido, Vegeta—comentó mientras se iba a sentar a su lado, Bra se volteó para abrazarla. —Ya era hora—el rey miró hacia otro lado, Bulma siempre se ponía melosa cuando se trataba de él y sus hijos, iba a dar un reproche cuando la copia diminuta de la mujer comenzó a hablar con voz de duende.

—Mama, la muñeca dice que gente mala viene a atacarnos—comentó con una mueca de miedo y Bulma la estrechó en sus brazos.

—Pero hija, ¿no habías dicho que tus muñecas no podían hablar? ¿Les descosiste las bocas? —Bra le tendió la muñeca y la mujer la dio vuelta para comprobar que su boca seguía cosida pero se le había salido una costura. Pensó que debía repararla antes de que el relleno se le fuera todo y la dejó boca abajo sobre su regazo, tomó a Bra por las axilas y la acomodó mejor. Vegeta se incorporaba de la cama para retirarse al baño quizás pero se quedó mirando la escena un poco más. —Nadie vendrá, Bra. Además, tu padre es muy fuerte, ¿cierto? Él derrotará a la gente mala.

Bulma asintió exageradamente con la cabeza invitando a que la chiquilla lo hiciera también y al rato ella se estaba riendo. Saltó a la cama y gateó hasta él, se aferró a su cuello y le dio un beso en la mejilla para luego volver a sus pies y tomar a sus otras muñecas. Vegeta suspiró y se levantó, Bulma se lo quedó mirando con extrañeza.

—¿Sucede algo? —preguntó con voz queda y Vegeta simplemente alargó una m al desaparecer en el baño. Nadie vendrá, el que se atreva se puede considerar hombre muerto, pensó él con una sonrisa, nosotros somos la gente mala.


Nota de la Autora: Debo decir que me encantó escribir este capítulo, quería terminar con una escena de Bulma y de Vegeta pero pensé en que a Bra no la he aparecido como corresponde y eso de que se pusiera a jugar a sus pies lo tenía pensado hace mucho tiempo. Prometo hacerlo para el próximo ;) Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo, Trunks haciendo trampa me pareció genialísimo y lo de la muñeca de Bra no tenía idea si ponerlo o no, quería darle un poco de magia pero no creo que abuse de este recurso, lo mantendré hasta acá. Lo de Radditz prometo profundizarlo mejor, siento que le doy sólo miniapariciones para mandarse comentarios agrios.

Gracias a los comentarios de Perla16, JazminM, Sakury Li'Minamoto, asaia16 y Bunnyball.

Besos y felices deseos para ustedes, RP.