19

Renegados


El soldado se veía a través del reflejo del vidrio endurecido del ventanal, no se percataba del paisaje vacío hasta que el reflejo de la rubia se perfiló a su lado. Le dedicó una mirada de soslayo mientras esperaba su respuesta, Número 18 analizó sus espaldas y le habló casi sin abrir la boca.

—Has lo que te pidan, Gohan. No les hagas dudar de ti—dicho esto se alejó unos pasos, siempre cruzada de brazos. Al poco tiempo después apareció el general más cercano a Freezer, el verdoso Zarbon. Se dio la vuelta para encararlo y se dobló en una pequeña reverencia, el general le dedicó una sonrisa torcida.

—Con que tú eres el híbrido del que todos hablan, ¿no es así? —sonrió. Zarbon dio una vuelta alrededor del pupilo del androide. —¿Acaso crees que una sabandija como tú puede ser miembro de la federación?

—Gohan es perfectamente capaz de pelear como corresponde, yo misma lo entrené. —Número 18 lo interrumpió antes de que él pudiera responderle y Gohan se quedó con la boca abierta en una mueca extraña, la cerró tan rápidamente como pudo pero Zarbon ya estaba sonriendo en burla.

—Haré todo lo posible por encajar—contestó con amabilidad y Zarbon se le acercó un paso, Gohan bajó la cabeza en un gesto de respeto. Zarbon dio otro paso y después otro, hasta quedar a un par de centímetros de su cuerpo.

—¿Todo dijiste? —preguntó sin esperar respuesta y se dio la vuelta haciendo una mueca de desilusión. —Después de lo que hizo tu abuelo bajo mi mando, no puedo evitar pensar que al antiguo rey Vegeta lo mandé a la tumba confiando en el renegado de Bardock… Me temo que debo desconfiar.

—No soy como él—respondió algo ofendido. —No soy un asesino como Bardock ni un malnacido como mi tío, soy hijo de mi padre.

—Pero tu padre era un rebelde tal como su padre, tu abuelo—Zarbon revoloteó a su lado con galantería, Gohan simplemente lo siguió con las pupilas y Número 18 observaba más allá sin decir una palabra, frunciendo el ceño y cruzada de brazos. —No puedo confiar en el fruto de un traidor, venido de una familia de tradición de renegados. Eres peligroso, Gohan, no puedo permitir a un traidor en las filas de mi señor, el Gran Freezer.

Gohan escudriñó en los ojos celestes de la rubia pero ésta señaló al general galante con la cabeza para que lo siguiera encarando y obedeció. Zarbon se había callado y lo miraba con una sonrisa amplia, como si le hubiese leído la mente y sabía que no era realmente un federado ni que era su intención.

—Tengo una misión para ti, Gohan—dijo con aparente amabilidad. —Verás, quiero saber si realmente eres un federado o no eres más que un inútil traidor como tu padre o como esta máquina—se dirigió a la rubia y la tomó por el mentón, levantando un poco su barbilla. — ¿No es hermosa esta máquina? Pero está defectuosa, simplemente no obedece. —Su mano liberó de su agarre y empujó a la mujer hacia atrás. Por un momento Zarbon dejó entrever el desprecio que sentía por ella y pareció que se olvidaba de mi sobrino. Era sabido por todos que Número 18 había engendrado a una chiquilla sin patria, una niña carente de belleza y que solamente había heredado su bella cabellera rubia. —El hijo de un esclavo no es más que otro esclavo, recuerda eso, 18.

Zarbon se dio la vuelta y su capa blanca ondeó majestuosamente en su espalda con cada paso que daba. Gohan dio dos pasos hacia el androide pero la mujer lo empujó con una mano para alejarlo, a ella no le gustaban las muestras de compasión. El general se quedó unos momentos en el umbral para culminar su audiencia con el aspirante a federado, Freezer estaba interesado en el chico, sus niveles de energía y lo duro de su entrenamiento lo habían hecho un buen soldado, el hecho de que fuera híbrido simplemente hacía que su incorporación fuese más fácil, era descartado de las tropas racistas de Vegeta.

—Gohan, hoy vienes conmigo. Hay una revuelta en tu antiguo planeta, si eres leal como dicen cumplirás con tu deber—dijo con la voz calma, después de esto se fue y Número 18 calló largamente antes de hablar. Tenía un semblante amargo y contenía las ganas de gritar.

—No me falles, Gohan—expresó con los puños apretados. —Has lo que te pidan, asesina terrícolas si a Zarbon le da la gana, destruye la Tierra, cualquier cosa, Gohan, y así solamente sobrevivirás. —Y Marron también, añadió Gohan en sus pensamientos.


—¡Fuera de aquí! —vociferó la terrícola con un escalofrío lamiéndole la nuca, Vegeta se limitó a mirarla de soslayo sin mostrar interés alguno en los soldados que estaban siendo expulsados de la sala. Bastó una mirada de los guardias hacia su rey y un desprecio para que terminaran por irse, Bulma se derrumbó en escalofríos sobre su asiento sin querer probar la comida que tenía delante de ella. Trunks la miraba con las cejas levantadas y Bra no se percataba de nada a su alrededor, construía casitas con aceitunas, palitos de masa alienígena y fideos tiesos y morenos procedentes del nuevo planeta vasallo, el planeta Tol.—No soporto los ojos con los que nos miran.

—¿Cómo miran, madre? —cuestionó anonadado el chico de pelo lavanda sin imaginarse que los guardias los estuvieran mirando mientras se disponían a comer. Le dio un escalofrío en la espalda, sentirse espiado no era una buena sensación. Sin embargo, Bulma no quería aceptar que las malas caras eran debido a lo amansado y forastero que se había vuelto el rey hasta el punto que comía los platos de los esclavos.

—Como si estuviesen delante de un circo—Bulma percibió que el híbrido encogía los hombros suavemente y se sintió un poco culpable. Al levantar la mirada dio con los ojos oscuros de Vegeta que simplemente le sostenían la mirada con una cara seria, pensó que la estaría recriminarla por hacer sentir híbrido al híbrido de su hijo pero no tenía nada de malo en decir la verdad. Después comprendió que a Vegeta no le interesaba en lo más mínimo la hibridez de Trunks y que se sintiera mal por ser híbrido era realmente estúpido. —Quizás simplemente no soportaron estar tan cerca de la comida sin poder comérsela—Bra solamente se rió y comió una aceituna azul que se le cayó del techo de la casita de comida que construía.

—Dudo mucho que esa tropa de inútiles quisiera esta comida tan insípida—espetó de pronto el rey sorprendiendo a su familia, no hablaba mucho en las cenas y prácticamente se limitaba a comer y escuchar fugazmente lo que decían los demás. Bulma comprendió lo que decía al ver que su plato estaba casi intacto, el que sus ahora vasallos les mandaran provisiones, agua y un par de baratijas, le pareció que sería una buena idea probar la comida de Tol.

—Siempre podemos pedir de la comida regular, no has probado nada—Bulma quiso sonar despreocupada para que el rey no se sintiera amenazado por su interés en su salud. Aun así, Vegeta arrugó la nariz y apartó su mirada pretendiendo no estar ofendido por sus palabras, el que lo estuviesen cuidando lo hacían sentirse débil.

Para cuando retiraron la comida insípida, Bra ya tenía listo un castillo de aceitunas, puentes hechos de fideos morenos y puertas levadizas que no se movían confeccionadas con palitos de masa. Bulma ya se había aburrido de pedirle a la niña que parara de jugar con la comida y Trunks se quejó de su insistencia pidiéndole que no siguiera más, la niña no la escucharía pero sí a su padre como siempre había sabido. Pero Vegeta no tenía ni el más mínimo interés en hacer que la hija detuviera su afán por arruinar la cena que no comerían.

—Si la comida no sirve para comer…—Vegeta no siguió con la frase pero la terrícola sabía qué era a lo que se refería, entonces no intentó más. —Esto es una pérdida de tiempo—se quejó de pronto. Vegeta se cruzó de brazos mientras se echaba sobre el respaldo de su silla apoyando una pierna sobre la otra. Trunks no tardó en sentir tanta hambre como su padre y acostó una de sus sienes tostadas sobre la palma de su mano, lamentándose un poco cada vez que las tripas se le retorcían vacías.

Cuando llegó la comida propia del planeta, Bulma comprendió que el malestar de los guardias que se quedaron afuera ya era evidente y no bastó con que rechazaran la comida y trajeran la corriente para hacerlos cambiar de opinión. Miraban por encima de los hombros con los ojos duros cada vez que una esclava llegaba con los platos interminables desde la cocina y la puerta se abría para dejarla pasar. Al irse por más, los ojos inquisidores seguían ahí y Bulma tuvo el deseo de gritarles que se fueran otra vez pero Vegeta la detuvo con una mirada y un gruñido antes de tragar.

—No me gusta cómo nos miran—dijo apenas en un susurro para que Trunks no la escuchara y sin despegar la vista de la comida que revolvía sin probar. A ella siempre le servían la comida más confeccionada que a Vegeta o a Trunks, a diferencia de ellos, a Bulma no le gustaba saber qué forma tenía su plato antes de morir.

—No es a ti a quien desprecian—respondió él sin prestarle mucho interés al asunto. La mujer se encogió de hombros haciendo una mueca de desolación mientras lo observaba, Vegeta la encaró con una mirada seria unos momentos y volvió a comer. La terrícola bajo la cabeza trazando círculos con el cubierto artesanal hecho de metales soldados y fundidos, los saiyan no comían con ningún otro implemento que las manos.

Bulma rara vez iba a deambular por el palacio después de que estuvo embarazada de Trunks pero las imágenes de los garabateos en contra del símbolo real y los otros tantos de Freezer dibujados en los edificios los veía como si estuviera en el balcón mirando a la ciudad.

¡Vegeta! —se escuchó desde el exterior; una, dos, tres veces exclamaron lo mismo y a Bulma se le paró el corazón. —¡Vegeta!

Tanto Trunks como Vegeta tragaron rápidamente lo que tenían en la boca y se incorporaron de donde estaban para ver quién entraba por la puerta. Una esclava que aguardaba retirar los primeros platos vacíos para rellenarlos corrió aterrada hasta una esquina, Trunks le dirigió una mirada cálida para que se tranquilizara mientras hacía un ademán con la mano para acariciarla y la esclava le sonrió de vuelta un poco más calmada. Aunque el híbrido tuviera simplemente trece años ya comenzaba a tener el éxito con las féminas que tendría unos años más tarde, cuando fuera un soldado poderoso y amable.

—Es Nappa—anunció la hija más pequeña de Vegeta al reconocer la voz y el general no tardó por aparecer en la sala con un corte sobre la ceja y una cascada roja que recorría hasta su mentón cuadrado. Las señales de que había estado en una pelea estaban en toda su ropa y armadura, tenía manchones de polvo pegados a la piel sudada y el rastreador estaba roto. Vegeta arrugó la nariz en cuanto lo vio y explotó en rabia.

—¿Qué te ha pasado? —el grito gutural del rey hizo que Bulma retrocediera un poco, quedando detrás de su asiento y atrayendo a su pequeña hija consigo. El general calvo titubeó un poco antes de responder.

—Están atacando el planeta, Vegeta. Han ingresado por el hangar principal, algunos hombres se quedaron peleando pero me temo que hay que reunir a todos los hombres. Los que entraron primero no fueron más que una pequeña fracción de todo el ejército que se acerca. Vegeta…—un séquito entró por la puerta seguidos por los guardias que Bulma anteriormente había echado. Seripa iba con el grupo.

—Mi rey—comenzó ella con su voz brusca al tiempo que ponía una mano sobre la coraza en donde latía su corazón y amansaba la cabeza un poco. —He venido desde la puerta sur, también están atacando ahí. Están tratando de separar a los hombres—Vegeta fruncía el ceño con cada noticia que le recitaban, en medio de la explicación miró de soslayo a la niña que Bulma tenía aprisionada en sus brazos.

—Con que gente mala, eh—murmuró para sí mientras volvía la cabeza hacia Nappa y los demás. Sonrió un poco. —Bien, vamos. Tenemos que recibir a nuestros invitados—Vegeta se rió a boca cerrada, su séquito sonrió también con emoción y se dirigió a la única mujer de la guardia real. —Seripa, escolta a Bulma y a mi hija a la habitación y quédate ahí.

—Moriré si es necesario—recitó con su voz ronca pero Vegeta más allá de estar satisfecho por su respuesta arrugó la nariz.

—Más te vale que no se te ocurra morir—comenzó a caminar hacia la puerta y Bulma pensó que su corazón se enfriaba de repente. Quiso llamarlo antes de que se fuera; correr, abrazarlo y besarlo pero sabía que aunque fuera su mujer se le estaba prohibido. No podía permitir que sus hombres lo vieran con esa faceta. —Trunks, ven conmigo.

Bulma abrió y cerró la boca sin poder hilar una frase, y dio un par de pasos antes de precipitarse a zancadas hasta donde su marido presa del pánico. No quiso ser insolente por lo que optó por besarle la nuca con un susurro primero quebradizo, después más fiero.

—Vegeta, por favor. Es un niño, es demasiado pequeño…—dijo con la mirada húmeda. —Lo podrían matar, Vegeta. Lo matarán, lo matarán...

De espaldas a ella, torció hacia un lado la cabeza en un movimiento lento y aterrador, Bulma contuvo el aliento echándose para atrás mientras veía que las manos del rey estaban tan tiesas como una tabla. Los soldados estaban más allá con los ceños fruncidos, la guerra podía sentirse desde la habitación en la que se encontraban y crispaba los vellos de cada uno de los saiyan. El rey se volteó con lentitud hasta quedar de frente a ella y la miró con la cara endurecida, las sienes palpitaban con fuerza. Su voz sonaba contenida.

—¿Acaso quieres que piensen que es un cobarde? —parecía como si Vegeta la estuviera consolando con la voz brusca y ahogándola en un susurro. Bulma no respondió más que con un asentimiento de cabeza, se encogió de hombros y bajó la cabeza con la vista cada vez más acuosa. Sintió que la pequeña Bra se le pegaba suavemente al cuerpo y puso sus manos sobre sus hombros delicados. Caminaron juntas hasta donde las esperaba Seripa, a un lado de la puerta y se alejaron, Bulma no miró a su hijo en ningún momento.

—¿Dónde está la inútil de Número 18? —cuestionó el rey con una sonrisa mientras el príncipe se acomodaba a un lado de él. Si Trunks tenía miedo, nadie lo supo.

—Fuera del planeta, mi señor. Zarbon los llevó a ella y al híbrido que entrena a la Tierra—respondió alguien entre la pequeña multitud y Vegeta frunció un poco el ceño. El que ella se encontraba ausente podría ser una conveniencia preparada y Vegeta sabía que Zarbon la controlaba, como a su vez, Freezer mantenía corta la correa del general verde.

—Bien, vamos, inútiles. Démosle la bienvenida a este ejército de sabandijas. —rió a boca cerrada mientras la misma esclava que les servía los platos y se los llevaba vacíos, volvía con una cápsula en la que contenía armaduras, rastreadores y capas para el rey y el príncipe híbrido.


Caminaron un pequeño tramo siguiendo a Zarbon hacia donde alguna vez hubo un bosque pero que ahora sólo quedaba una plataforma plana de arcilla barrida. Le dio la impresión que se encontraban en una arena. De dos pedestales estaban encadenados al sol media docena de terrícolas, no se veían fuertes y estaban heridos. Gohan hizo un esfuerzo descomunal para que su rostro no diera señales de su disgusto y tenso la mandíbula con impotencia. Zarbon se volteaba a mirarlo de soslayo cada cierto tiempo para espiar sus reacciones pero lo que veía no era más que un soldado serio.

Zarbon paró su andar y los soldados de la federación que estaban aguardando su llegada se incorporaron, estaban cómodamente a la sombra, bebiendo licor terrestre y comiendo tajadas de un fruto amarillo. Hicieron una reverencia al general y escudriñaron en sus acompañantes, al androide bien lo conocían pero del híbrido solo sabían rumores. El general se aclaró la garganta mientras ponía un puño en sus riñones y apoyaba todo su peso en una pierna, los prisioneros apenas levantaron las cabezas para verlos, Gohan se preguntó cuánto tiempo habían estado expuestos a las inclemencias del tiempo.

—Y bien, ¿cuáles fueron sus crímenes? —preguntó al fin el soldado verde con vanidad. Uno de los soldados dio un paso adelante y señaló a los prisioneros, por supuesto que Zarbon lo sabía pero quería que el híbrido lo escuchara fuerte y claro.

—Esas sabandijas trataron de tomarse la base hace tres noches, éste de aquí era el líder—señaló a un hombre moreno con una frondosa mata de pelo rizado. Cuando el soldado le puso dos dedos bajo la barbilla para levantarle el rostro, Gohan vio unos potentes ojos azules. —Llegaron durante el día con comida y licor ofreciéndonos su ayuda por la hambruna que está sufriendo el planeta. Pasaron la tarde con nosotros haciendo las pases pero cuando uno de mis hombres quiso ponerle una mano a su hija nos atacaron, no nos tomó mucho aplastarlos y hacerlos prisioneros.

—Así que los estaban tratando de embriagar para asesinarlos después—analizó con voz alta el verdoso con una sonrisa siempre observando las reacciones de Gohan. —Es ingenioso pero bastante estúpido, unos terrícolas no son capaces de vencer al ejército imperial.

—Mi señor, los terrícolas se están entrenando—dijo el soldado con un poco de inseguridad, a Zarbon se le desfiguró el rostro por unos momentos pero Gohan no quiso bajar la guardia aun, mantenía el ceño fruncido, las manos empuñadas y el cuerpo erguido para que no sospecharan de él.

—¿Qué es lo que estás insinuando? —cuestionó el general con desprecio. —¿Los humanos te están sobrepasando? ¿Acaso eres un debilucho como ellos? Debería encadenarte junto a ellos por inútil.

—Mi señor, ninguno de estos terrícolas era peculiarmente fuerte. En cambio, ésta de aquí…—señaló a la única mujer del grupo, tenía los ojos azules y el pelo negro, Gohan supuso que era la hija del líder. Estaba encadenada por las muñecas y arrodillada sobre el suelo porque su amarra no le dejaba permanecer de pie, tenía magulladuras por todo el cuerpo, el labio hinchado y el pelo hecho una maraña negra envuelta en sangre y polvo.

—¿Te derrotó una mujer humana? —cuestionó exasperado el soldado más cercano a Freezer con desprecio en la voz. Gohan no entendía por qué era tan degradante que lo derrotara una mujer, a él mismo lo vencía Número 18 en combate, aunque no sería por mucho.

—Ella es fuerte, derrotó a dos soldados sola—se defendió el soldado con impotencia. Zarbon gruñó con malestar.

—Gohan—lo llamó para que se acercara, el chico le dio una última mirada al androide que le asintió con firmeza. Número 18 se quedó atrás. —Quiero que te encargues de esto, si quieres ser federado como dices, debes cumplir con la misión que les encomendamos a todos nuestros soldados—hizo una pequeña pausa. —Debes volver a acabar con tus pares.

El híbrido no pudo más y abrió tanto los ojos como la boca en sorpresa, al percatarse trató de mantener la calma pero no le fue posible. Quiso una oportunidad para matar a Zarbon, él era el más peligroso de todos y sabía que si lo hacía, Número 18 lo ayudaría. Escuchó la voz de su padre y la de su madre en el horizonte de su mente, les pidió por favor que intervinieran pero no lo hicieron, sus figuras callaban. Escuchó la voz de su mentora, has lo que te pidan, dijo… Si había dioses, Gohan no entendía por qué lo castigaban tanto. No tenía idea qué había hecho para ofenderlos tanto.

—Sabía que no eras digno de ser un federado, híbrido inútil—dijo de pronto Zarbon con satisfacción, miró en dirección al androide con desprecio. —No aguantaré más tus insolencias, no estás haciendo más que pedir tu muerte, rebelde de segunda.

Gohan se volteó a verlos con rapidez y Número 18 estaba tensando los músculos como una gata apunto de atacar, si él fallaba no sólo ella pagaría el precio, también la pequeña Marron, Krillin y su hermano. Goten, pensó y se sintió lleno de ira, apretó la mandíbula y los puños, los sintió tiesos.

—Basta—bramó con furia y Zarbon se volteó con una sonrisa, el ver soldados que renegaban su sangre era algo divertido de ver pero Gohan apuntó a las cadenas y no a los prisioneros. Las amarras de los terrícolas se abrieron fundidas y todos los hombres quedaron libres mas no se levantaron de sus posiciones en el suelo, desconfiando del chico híbrido de terrícola que los estaba ayudando.

—¿Qué es lo que crees que estás haciendo? —gruño el general mientras se le acercaba dando zancadas. —Traidor insolente.

—No mataré humanos con un pobre poder de pelea, ya han sufrido suficiente y no creo que vuelvan a desafiarlos—declaró el chico con la voz amarga. Se paró frente al líder con el semblante frío. —Tú no volverás a dar problemas.

—¿Acaso crees que haciendo pactos de palabra éstos debiluchos no causarán problemas? —rió Zarbon con los brazos cruzados, se molestó cuando vio al chico quitarle las amarras con cuidado al líder, hincado a su lado. —Detente. ¡Te he dicho que te detuvieras!

—¡Gohan! —reprendió la rubia tan asombrada como el general pero no dijo nada más, no quería echar a perder más las cosas y se limitó a mirar a Zarbon con cautela. El chico les dedicó una mirada cargada de ira a los dos y Zarbon no hizo más, gruñó en su sitio mientras Gohan procuró ayudar al líder a incorporarse tomándole de las manos y en cuanto lo supo en condiciones de mantenerse de pie sin sostenerse de él, lo soltó. Sus ojos azules le dieron las gracias sin siquiera mover su boca pero el híbrido no parecía dar señales de compasión.

—Ellos no harán nada—recalcó con un tono profundo y lento. —Porque yo no se los permitiré. Me llevaré a la hija de éste subversivo para hacerlo retractarse de todo lo que hizo y de lo que hará, todo lo que él haga su hija lo sufrirá el doble y si él llegara a rebelarse otra vez, bueno… No me quedará otra cosa más que matarla.

—Gohan…—Número 18 no podía dar crédito a lo que escuchaba y su semblante de asombro pronto se volvió de impotencia, mientras que Zarbon no hizo más que reír con la boca cerrada. —¡No te atrevas a hacer esto!

—Con que esto es lo que planeabas—rió un poco más y con el dorso de la mano se echó la trenza rebelde hacia atrás. —Una solución más que duradera si es que el padre llegase a estimar a la hija—Zarbon endureció el rostro. —Me temo que necesitamos una prueba de que eso será así. —Buscó al soldado que antes hablaba y con un movimiento de cabeza él cobró vida otra vez, se acercó a la chica para agarrarla del pelo con una mano y darle una bofetada con la otra, el líder se estremeció y se acercó a zancadas al soldado para hacerlo parar pero la negativa de la chica lo hizo detenerse.

—Videl…—sollozó el padre con pesar.

—No, padre—le ordenó Videl con la mirada dura, Gohan pensó que la chica iría a llorar pero no lo hizo. Luego, dirigió sus ojos azules al híbrido con desprecio. —Iré con ustedes pero debes prometer que no causarán más daño.

—Vamos, niña. Sabes que los esclavos no pueden simplemente decirles a sus dueños que los dejen libres. No me hagas reír. —Zarbon se dio vuelta para dirigirse a la nave, los soldados federados que ya no tenían que vigilar más esclavos se retiraron con él dejando solos a los terrícolas con Gohan y Número 18.

El androide le dedicó una última mirada con reproche y se encaminó de vuelta al campamento haciendo que Gohan se sintiera extrañamente culpable, y bajó la mirada con decepción. Cuando se percató de que los prisioneros no se alejaban, el híbrido los encaró con una mirada más amable.

—Son libres ahora, pueden irse en paz—les aseguró con gentileza pero ninguno le respondió de la misma manera, sus semblantes eran amargos.

—Ya escuchaste lo que dijo aquel invasor, saiyan, no somos libres—Videl fue la única con el coraje de devolverle la palabra pero no lo miraba a los ojos.

—No soy un saiyan—respondió ofendido Gohan, casi se sintió culpable de vestir la armadura federada. —Soy un híbrido, mi madre era terrícola y mi padre saiyan.

—Qué pena por tu madre—dijo rápidamente Videl apartando la cabeza como si le diera asco mirarlo.

—Está muerta—Gohan tuvo la intención de que tuviera más respeto por ella pero la chica simplemente no cedía terreno, hizo una mueca de aburrimiento.

—Oh, así que tu padre la mató—concluyó Videl y a Gohan no le quedó más paciencia, le costaba trabajo no sentirse denigrado por las palabras de la chica que nada tenían de ciertas. Su madre había muerto protegiéndolos.

—¡Ya basta! —Videl se echó para atrás con miedo y los otros terrícolas se pusieron en guardia. —Estos soldados son tan enemigos míos como suyos, tú no lo entiendes. Vivía con mis padres en la Corporación Cápsula cuando un federado nos encontró, era tan esclavo como ustedes…—hizo una pausa. —Número 18 me acogió a mí y a mi hermano cuando a mis padres los asesinaron.

—Y te pareció buena idea volverte uno de ellos—objetó con sarcasmo la terrícola y Gohan se vio desarmado, encogió los hombros con vergüenza. El híbrido negó suavemente con la cabeza.

—No—dijo sin muchas fuerzas. —Número 18… ella dijo que la mejor venganza era la que venía después. Tienes que entrenar, hacerte fuerte y…—no parecía hilar las palabras concretas y Videl comenzó a reír, su risa trajo los recuerdos de lo ocurrido en la nave que los llevó a Vegeta. —Vive, entrena y asesina. Juntos podemos hacerlo, Videl. Nuestros enemigos son los mismos… Te estoy dando la oportunidad de vengarte. Cuando seamos fuertes no querrán meterse con nosotros y podremos proteger a la Tierra. ¿Lo ves, Videl? Si vienes conmigo, no atacarán más a la Tierra, al menos no como ahora… Volveremos acá, te lo prometo. —Videl no parecía muy convencida y antes de que se pusiera a insultar a Gohan su padre salió en su defensa.

—Pero…¿por qué ella? Llévame a mí, te lo suplico—dijo de pronto el padre y Gohan se volteó a mirarlo, desde el principio había sabido que él no era un guerrero poderoso como lo era Videl.

—Nunca me creerían—respondió de vuelta. Gohan sabía que a Videl el ser mujer le daba más ventajas de lo que lo haría el padre. Muchos le creerían si veían lo hermosa que era y si pensaban que Gohan la tenía prisionera para sus propias necesidades, lo verían como el despreciable soldado que debía ser a los ojos de los generales como Zarbon.


Escuché el alarido de alegría de Sullion a mis espaldas en cuanto me dirigí corriendo hasta la próxima turba de invasores que pretendía conquistar a los conquistadores. Sullion y los soldados de la Reina me siguieron, tanto ellos como yo estábamos dirigiéndonos al hangar cuando el ataque ocurrió y pusimos al margen sin mucho esfuerzo a las primeras sabandijas que se atrevieron a pasar. Al poco tiempo de eliminar a una tercera parte en el hangar principal, se escucharon explosiones a lo lejos y comprendí que lo que mataba no era el grueso del ejército invasor.

Esquivé los cuerpos inanimados de los invasores y pasé por encima de otros cuantos más. Me asomé por el agujero que habían abierto para que las demás naves entraran sin problemas, al poner la mano mi palma salió ligeramente quemada. Sullion se lamió la sangre verde que corría por sus dedos luego de atravesar a su oponente con un puño, arrugué la nariz con repugnancia y me dirigí hasta la salida. Panpukin levantó las manos de los costados en modo de alegato.

—Eh, chico—me llamó desde el agujero en el hangar. —No pienses en abandonarnos ahora, no querrás que nos llevemos todo el crédito cuando estamos a punto de vencer. ¿Quién sabe? Quizás puedas volver a tu batallón.

—No me llames así—reprendí con disgusto, si bien yo ya era adulto, Panpukin tenía la edad de mi padre y por muchos años que tuviera seguía siendo un chico a sus ojos. —No estoy huyendo, si usaras tus ojos como lo haces con tu rastreador y vieras por el agujero, sabrías que esto no está ni cerca de acabar.

Sin decir más me fui del hangar y busqué otros puntos en los que alguien quisiera llegar a morir. Me encontré primero con una pareja, uno corrió hacia mí mientras que el otro se quedó a una distancia prudente. Reí con la boca cerrada al tiempo que esquivaba el pobre golpe que me iba dirigido y mi rastreador pitó varias veces al encontrar nuevos objetivos. Le di una patada en las costillas para quitarle el aire y después con ambas manos le apreté la cabeza hasta que se escuchó un sonido espeluznante seguido de la inmovilidad del antes inquieto invasor. El siguiente se echó a correr pero con un simple ataque de energía terminó tan inerte como su compañero. No me detuve mi caminar en ningún momento y me reía cada ciertos pases sintiendo que mi sangre hervía y burbujeaba bajo mi piel.

Me encontré con otro grupo pequeño de invasores molestando a las esclavas que encontraban, al verme los alienígenas se detuvieron y las mujeres se dieron a la fuga. Esperaron mi ataque tal como yo espere el suyo y no me quedó otra cosa que hacer más que acercarme hasta ellos a pequeñas zancadas.

—¿Viniendo por tus esclavas, saiyan? —el más morado comenzó a hablar, sólo algunos tuvieron el coraje de reírse por su comentario. Los miré con una sonrisa en los labios.

—No son mis esclavas y no creas por un momento que protejo a las sabandijas—por fin me detuve y el tipo morado sonrió, su color insolente me recordó a Dodoria y fruncí el ceño con rabia. Alcé un poco una mano y de ella hice un puño. Las esclavas que se habían quedado atrapadas entre el miedo y un rincón comenzaron a llorar, si me dieran una razón tampoco mostraría misericordia con ellas.

—Vamos a darle una lección a este saiyan—comentó otro con un alarido y yo no pude contener la risa. Cargaron contra mí y los esperé con relajo. Cada paso que daba era un paso para esquivar sus golpes y cuando tuve la necesidad de golpearlos, tomé por la pierna a uno de los alienígenas y lo mandé a volar sobre sus compañeros. El que salió más golpeado se dio a la fuga a pesar de los insultos de los demás.

Una risa acudió a mi garganta y mi sangre comenzó a pedir más, el rastreador de mi oreja volvió a pitar una vez más pero lo ignoré. Mis contrincantes comenzaron a pararse al verse con un compañero más y sonrieron con confianza, por mi mente se cruzó la imagen del que había huido y pensé que se había arrepentido de ser un cobarde.

—Radditz—dijo simplemente mi padre con la voz plana y brusca a mis espaldas, el rastreador seguía pitando y mi corazón se congeló hasta que me pareció que se paró por unos momentos. Mi sonrisa se borró y fruncí los labios. Di la vuelta lentamente hasta que la imagen de Bardock se presentó delante de mí como un presagio de muerte. Apreté los puños y mi sangre comenzó a hervir nuevamente, no por sangre sino que por rabia.

—Con que has vuelto—me fue difícil articular esa frase, mi boca hacía un esfuerzo olímpico por contener un grito y me sentí tenso. Cada uno de mis músculos se había hecho de piedra y los temblores se apoderaron de mí, parecía como si fuera a perder el control de un momento a otro. Los alienígenas comenzaron a reír y alentaban al saiyan desertor. Renegado era como le llamaban.

—Radditz, déjalos ir. Ellos no son el enemigo—parecía como si le costara hablarme sin sonar como un traidor y una risa se escapó de mi garganta. Bardock tensó cada uno de sus músculos con enfado.

—¿Y quién es? ¿El rey Vegeta? —me puse serio. —Anda, mátalo si te atreves. Ya mataste a un rey, ¿por qué no hacerlo de nuevo?

Hubo un momento en el que pensé que me atacaría pero se logró contener y aspiré más aliviado. Él era un gran peleador y yo no había sacado parte de esa herencia. Según lo que decían de Kakarotto, esa parte de Bardock se le fue concedida y peleó en el bando terrícola por muchos años, incluso antes de que los hombres de Freezer supieran que era él. Destruyó gran parte de las bases y sembró el terror en todos los invasores que se encontraran en las zonas en las que el sondeo era destruido y su sombra se los engullera. Peleo fieramente hasta que el Legendario apareciera y lo aplastara como una pulga, no sin antes darles tiempo a sus híbridos y al androide para escapar. Ese rumor era recitado con entusiasmo y me hervía la sangre el simple hecho que lo comentaran, cómo era posible que un despreciable traidor resultara un héroe bajo los ojos de los mismos que alguna vez lo repudiaron. Los mismos a los que mis acciones, propias de nuestra raza, les resultaran tan grotescas. Apreté la mandíbula para tragarme las ganas de insultarlo pero mis dientes rechinaron y ya fue evidente mi ira. Bardock encogió los hombros.

—No vengo a convencerte de que eso no es cierto—anunció cuando comprendió que no podría hacerme de los suyos y antes de marcharse por la dirección contraria, continuó.—Tampoco te atacaré.

—¡No te atrevas a darme la espalda! —le grité con furia, mi voz comenzó a quebrarse mientras me acercaba a él. —Me arruinaste, tú y el maldito de Kakarotto. Debería matarte en este momento…

—¿Es eso lo que quieres, hijo? —nunca me había llamado de otra forma más que por mi nombre y aquello me erizó los vellos como una corriente eléctrica, ahogué un gruñido. Su semblante se puso serio y dejó las manos en los costados como para darme a entender que no iría a hacer nada. Un sollozo involuntario de rabia me invadió la garganta, aquello había sido un insulto para mí y fruncí el ceño con furia. Avancé una zancada y después otra, cada una más larga que la anterior. No hizo nada cuando le puse las manos alrededor de la garganta y tampoco cuando lo obligué a ponerse de rodillas para estrujársela con más fuerza.

No logré comprender cómo me puse a llorar pero tenía claro que no era de tristeza, eso lo tenía seguro. Quizás era otra forma de ira y algo de impotencia, Bardock nunca esperó de mí un gran guerrero ni me consideró en alguna otra forma como lo hizo con el inútil de Kakarotto, el segundón tenía un poder de pelea incluso menor que el mío y nada de lo que yo podía hacer era bien visto a los ojos de nadie, era otro más de la larga lista de los inútiles del planeta Vegeta.

Mi padre no hizo más que poner las manos sobre las mías mientras su cara se ponía cada vez más roja y sentí que su pecho daba violentas aspiraciones de aire que no llegaba. Cada vez apretaba con más fuerza, mi esperanza era poder sentirme las manos a través de la piel de Bardock, pasando por la espina. Los temblores de mi furia hacían que mis quejidos tiritaran y lo solté cuando cerró los ojos. Solté otro quejido antes de darle la espalda, no era capaz de matarlo y me sentí cobarde, lo sentí toser atrás de mí y antes de que la garganta se le aflojara para poder hablar me marché.


Nota de la Autora: Luego de un par de imprevistos, un par de días para que vinieran a revivir el pc y salvar lo que no había salvado, pude terminar con el capítulo :D Quedó ligeramente más largo que los usuales pero me ha gustado como terminó. Lo de Radditz lo tenía pensado hace un tiempo y no me esperaba que llegara tan pronto... Bueno, ahora saben lo que siente el pobre, cada uno quiere su momento para brillar. Y siento que a Trunks no le doy tanta importancia por lo que en el próximo le haré unas escenillas y también a su pack, Goten. Apareció Videl... Para ella tenía pensado en hacerla saiyajin directamente para no tener que trasladarme a la Tierra tantas veces pero como era una idea añeja de años, pensé en que debía mantenerme apegada a la serie y hacerla humana como lo es en realidad, y por lo tanto, la única que ha tenido unos cambios terribles ha sido Número 18. También debo decir que le mantendré el pelo largo por el simple hecho de que no quiero que existan dos Seripas caminando por ahí.

Una aclaración que siempre olvido poner, para los que no entiendan mi narración, siempre es Radditz—ya lo he dicho—. La idea surgió hace muchos años viendo Desperate Housewives, cada vez que comienzaba y cuando terminaba, aparecía la voz de una mujer del programa que "reciclaron" una vez que ella murió, ella tenía la facultad de saber lo que sentían y todo el rollo sin siquiera tener una razón y me dije ¿por qué no? Así que Radditz es el que cuenta jaja

Gracias a los comentarios de JazminM, Filonauta, Perla16, asaia16, Sakury Li'Minamoto y Guest (xD), y hyllaryQueensaiyan.

Que tengan muy buenos días o noches, besotes, RP.