John arruga la nariz y sus cejas se juntan, se cruza de brazos y pasa el peso de su cuerpo a la otra pierna. No está nada conforme con lo que ve en el espejo. En absoluto.
Delgado, más pálido de lo normal y con unas ojeras enormes, apenas reconoce al chico jovial que solía ser. Incluso se ve más pequeñajo que de costumbre.
Aun así, se recoloca un mechón de pelo rebelde, se vuelve a subir un poco los pantalones que a pesar de ser estrechos se le van cayendo, y sale de casa con la cabeza bien alta.
—Egbert, estás hecho mierda. —A John casi se le caen las llaves al suelo del susto y, aunque no le hace falta girarse para saber quién le ha hablado, lo hace.— Jegus, peor que hecho mierda.
—Hola, Karkat. —Saluda a su vecino, que espera a que llegue el ascensor y le observa con sus ojos rojizos de forma crítica.— ¿Ha vuelto Gamzee a casa?
—Claro. —Contesta el otro después de una breve vacilación. Vuelve a darle al botón del ascensor a pesar de que ya señala que está subiendo.— Ese idiota dependiente no sabe vivir sin mí.
—Apuesto a que no. —John suelta una risa desganada y espera a que llegue el ascensor a su lado, entrando cuando llega.
—Y menos aún sin sus estúpidas drogas. —Masculla, siguiendo con sus quejas sobre su compañero de piso.
Los refunfuños del moreno más bajo sobre Gamzee continúan mientras el ascensor les lleva hacia abajo. John hace ver que le escucha con una suave sonrisa aguantada por hilos invisibles, amenazando con romperse; incluso aquel leve gesto de fingida diversión se le hace complicado.
En los escasos segundos que el ascensor los mantiene atrapados, el ojiazul se da cuenta con sorpresa de que ahora se parece a su vecino gruñón. Comparten las ojeras y la mala cara en general, aunque él se esfuerza en que no se le note.
—No sabes lo horrible que es aguantarle cuando se queda sin sus porquerías porque… ¿te vas a quedar ahí?
John parpadea y sale a la superficie del mar de sus pensamientos cuando Karkat ya está fuera del ascensor, mirándole con una ceja alzada. El Egbert da un par de cabeceos y balbucea algo que Karkat no entiende mientras sale del ascensor y atraviesa el portal, que a pesar de estar limpio sigue pareciendo lo que es: viejo y oscuro.
"Vintage" dice la voz de Dave de repente en la cabeza de John en un recuerdo de hace mil años.
—No es como si me importase, Egbert, pero… —en un instante, el Vantas está junto a John de nuevo, abriendo la puerta del portal, atravesándole con esos ojos rodeados de sombras— ¿has estado probando la misma mierda que el payaso que tengo por compañero o algo así?
—No… —John se queda quieto frente a la puerta abierta y esta vez consigue esbozar una sonrisa algo más sincera al ver cómo la expresión de Karkat se contradice con sus palabras.— No. No pasa nada. Es que llego tarde al trabajo y Vriska se va a poner hecha una furia.
—Oh, joder. Tu cara de malas pulgas es comprensible al fin y al cabo. —El otro arruga la nariz y frunce el ceño al pensar en la chica nombrada. John descubrió hace no demasiado que su vecino y su compañera de trabajo fueron compañeros durante el instituto y no se llevaban especialmente bien.— Deberías correr si no quieres que te patee el culo. En serio, lo hará si tiene la oportunidad y la excusa. Incluso sin excusa, lo hará de todas formas.
—Lo sé. —Dice mientras se sube las gafas por el puente de la nariz, haciendo una mueca que acaba en sonrisa.— ¡Así que me voy volando! ¡Adiós, Karkat!
—Sí, sí… —Contesta el otro moreno, haciéndole un gesto con la mano mientras ve cómo el chico sale corriendo por la calzada.
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Vriska no se había enfadado.
Al ver entrar a John en la librería, cinco minutos tarde, había abierto la boca, con los brazos en jarras, probablemente dispuesta a echarle un buen rapapolvo porque le encantaba reñir al ojiazul y demostrar que era su superior. Sin embargo, algo la enmudeció cuando el Egbert saludó con un hilo de voz y entró de forma apresurada hacia la trastienda para dejar sus cosas y ponerse manos a la obra con lo que fuese.
A pesar de que el chico se había dado cuenta de cómo la Serket le observaba de reojo mientras colocaba una nueva edición de libros en su estantería correspondiente, no le prestó atención
La tarde fue pasando con total normalidad, con John aguantando la sonrisa de forma tensa cuando su compañera clava los ojos en él y con Vriska cada vez más mosqueada con el extraño comportamiento del ojiazul.
—Hasta otra. —Se despide Vriska con una sonrisa de plástico cuando sale el séptimo y último cliente de la tarde. Después suspira y murmura:— Menudo imbécil. Cómo le puede gustar esa estupidez de cómic…
—No todos adoran a Spider-man, Vriska. —Le contesta John desde un pasillo, habiendo escuchado su queja. Al cabo de dos segundos, asoma la cabeza para mirar a su compañera, que está tras el mostrador.
—Cállate, tú no entiendes de cómics. —En cuanto ve al moreno tras una de las estanterías, coge un boli del mostrador y se lo lanza, él lo esquiva y después se agacha para recogerlo del suelo.— Coge las llaves, vamos a cerrar ya el chiringuito.
—A sus órdenes. —Contesta el chico de ojos azules, pasando por su lado y dejando el boli donde estaba antes mientras Vriska recoge algunas cosas del mostrador.
Vriska agarra su bolso cuando John sale de la trastienda con él, las llaves y sus propias cosas. Mientras ella apaga las luces, él sale afuera y empieza a bajar la pesada persiana de metal que protege los cristales del escaparate mientras la tienda está cerrada. La morena apenas puede reprimir una sonrisa burlona al escuchar los resoplidos y ver la expresión de esfuerzo que hace su compañero, pero procura parece neutral cuando sale al exterior y le ayuda con la persiana.
—Así que… ¿estás tomando drogas o algo así? —Comenta ella de forma casual mientras John se agacha para poner el candado.
—¿Tú también con eso? —Él alza la cabeza, aún arrodillado.— ¡No estoy tomando drogas!
—Ahá. —Vriska se cruza de brazos.— Entonces es…
—¿Cómo te va con ese chico? —Se apresura en cortarle el Egbert, levantándose cuando consigue cerrar el candado. Tiene una sonrisa mal dibujada en los labios; una mezcla de nervios y prisa por cambiar de tema.— Tavros. —Añade al recordar el nombre.
—Es un imbécil. —Hace un gesto con la mano y contraataca con rapidez:— ¿Dave Strider?
La reacción de John a ese nombre es una casi imperceptible mueca que dura apenas medio segundo pero que hace que Vriska entrecierre sus grisáceos ojos. Sabe que ha dado en el clavo de forma definitiva cuando su compañero desvía la mirada hacia un lado y abre la boca, pero no dice nada.
—Que esté operada de un ojo y lleve gafas no quiere decir que sea ciega, Egbert.
—Está bien, está bien. —Asiente él, sabiendo que si sigue negándolo ella seguirá insistiendo y será una total pérdida de tiempo. Vacila durante unos segundos y cuando Vriska arquea una ceja, pidiendo una respuesta más definitiva él repite con pesar:— Dave Strider.
—Te dije que ese tío era un capullo. —Resopla la Serket, rodando los ojos y echándose un mechón de pelo a la espalda, por encima del hombro.
—Oh, no, parte de la culpa la tuve yo. Le hice daño.
—¿Tú? —La morena le mira de arriba a abajo.—Tú no puedes hacerle daño ni a una mosca. A no ser que la cagues sin querer.
—Tal vez… fue sin querer pero… —John se apoya en la persiana de la librería en la que trabajan y mira el cielo que oscurece por momentos.
—¿Pero? ¿Qué fue eso tan terrible que le hiciste al divo? ¿Mataste a su gato? —Ríe por sus propias palabras y vuelve a ganarse la atención del chico.
—Me acosté con su hermano. —La risa de Vriska cesa al instante y su expresión se convierte en una de total sorpresa.— Aunque en realidad, en ese momento…
—¡Lo sabía! —Exclama una tercera voz a espaldas de Vriska.
La atención de ambos ahora viaja hacia la persona de la que proviene dicha voz, lo que hace girar en redondo a Vriska y empalidecer a John cuando le reconoce.
La Serket arquea una ceja; no conoce de nada a esa chica extraña de sonrisa triunfal y gafas raras, pero se aparta de un salto cuando ve cómo la susodicha se acerca hacia ellos, con un curioso palo tanteando la calzada por delante suyo.
En cambio, John no hace movimiento alguno a pesar de que se tensa de forma notable cuando la inoportuna chica le olfatea con total descaro.
—Y también sabía que tú eras el "gato" detrás de los arbustos aquel día. —Sentencia cuando se aleja de John para mirarle a los ojos, sin ver en realidad.
—¿Y tú quién eres? —Se entromete con rapidez Vriska, sintiéndose ignorada. La chica se gira hacia ella, suavizando la sonrisa y olfateando en silencio.— ...deja de hacer eso.
—Soy Terezi Pyrope y vengo a juzgar al acusado. —La ciega apunta con su palo hacia John, que traga saliva, sonrojado por haber sido descubierto.
—¿Juzgar a John? ¿Por qué? —En un gesto habitual, Vriska vuelve a cruzarse de brazos y apoya su peso en una de sus piernas.
—Nombre y apellido. —Suelta Terezi de repente, muy seria.
—Qué. —Vriska tuerce los labios.
—Tu nombre y apellido. —Insiste ella.— Vas a defenderle, ¿verdad? Pues necesito saberlo.
—¿Crees que esto es un juicio? Estás loca.
—Sólo aceptaré afirmaciones que vengan acompañadas de pruebas que demuestren la veracidad de dichas declaraciones.
—John, de dónde has sacado a esta tía.
—Es una amiga de Dave. —Contesta John, con voz entrecortada.— Y creo que ha venido a… defenderle o… —Acaba negando con la cabeza y volviendo a tragar saliva.
Vriska contempla a Terezi y ella le imita aunque no consiga verla realmente, sin embargo, la tensión en el ambiente se podría cortar con tijeras, como si de verdad estuviesen teniendo un duelo de miradas.
Los segundos pasan y las farolas de la calle empiezan a parpadear, encendiéndose. John mira a ambas chicas de forma alternativa. Le gustaría salir corriendo de allí, huir de la angustiosa sensación de incomodidad, pero sigue quieto, contra la persiana de metal, esperando a que alguna de las dos diga algo y acabar con aquella estupidez.
Entonces Vriska suspira y sonríe con superioridad, acabando con la nula batalla de miradas. El chico casi suspira también porque ahora es cuando su compañera dirá "esto es una estupidez, fuera de mi vista" y todo acabará.
—¿Y de que está acusado John? —Dice Vriska, siguiéndole el juego a la ciega y haciendo que el "acusado" abra la boca de par en par, incrédulo.
—De daño moral contra mi cliente, Dave Strider. —Empieza muy digna la Pyrope, apoyando ambas manos en su vara.— Tengo pruebas fehacientes de ello en forma de Pesterlog y una confesión muy oportuna del acusado aquí presente con información que hasta ahora era desconocida por la fiscalía y que ha acabado de completar los agujeros del caso.
—Ahá. Pues la defensa protesta. —Gruñe desafiante Vriska.
—Protesta denegada. —Suelta al instante Terezi.
—¡Eh, no puedes hacer eso!
—Claro que puedo. Yo soy la jueza. —La ciega alza ligeramente la barbilla, con altanería.
—Eres la fiscal, no puedes ser también la jueza. —Le reprocha la chica de ojos grises.
John se muerde el labio inferior, aún con sus ojos azules viajando de una chica a otra. Vriska y Terezi empiezan a discutir de forma acalorada sobre juicios y fiscales y jueces y casos escandalosos y "PRU3B4S 1RR3FUT4BL3M3NT3 1RREFUT4BL3S" y "8ochornosos vacíos legales aprovechados de forma o8viamente ilegal por fiscales que quieren ser jueces y jueces que quieren ser fiscales" y entonces John sabe que no podrá aguantar aquello mucho más o acabará explotando o llorando o yendo a por unos cuantos libros de Derecho para buscar coherencia a algo de lo que dicen ambas chicas. Pero justo cuando se decanta por la segunda opción, su móvil empieza a vibrar en su bolsillo y siente que algún ángel en el cielo le adora y le ha salvado.
A pesar de la urgencia por huir de la situación, se toma la molestia de mirar la pantalla del móvil antes de cogerlo mientras se aleja sigilosamente del tribunal improvisado en el que se ha metido sin querer.
—Eres mi ángel. —Dice John en cuanto coge la llamada, lo suficientemente alejado ya de Vriska y Terezi.
—…¿has estado tomando estupefacientes, John? —Pregunta una suave voz al otro lado de la línea, con un ligero tono de confusión.
—Rose, tú también no, por favor. —Bufa el chico mientras camina con paso apresurado por si las chicas que acaba de dejar atrás se dan cuenta de que el acusado a huido.
—Entonces estabas intentando flirtear conmigo.
—Oh, no. Lo siento, es que tu llamada me ha sacado de un aprieto.
—Entiendo. —Rose se queda callada durante unos segundos y John suelta una suave risa de alivio.— Por lo que escucho, estás mejor de lo que Jade creía. Obviando ese asunto del que te he rescatado con mi llamada.
—Hoy me sentía con más ánimos y he ido a trabajar. —Comenta mientras se cambia el móvil de oreja y mira a ambos lados de la calle justo antes de cruzar.— Siento haberos preocupado. Estoy mejor, de verdad.
—¿Debo suponer que Dave se ha puesto en contacto contigo? —Aquello hace que el moreno ralentice sus pasos. La Lalonde se da cuenta de que ha dejado a su amigo sin habla y continúa:— No suelo revelar este tipo de información, pero creo que puedo ayudar. He hablado con él. Lo sé todo.
—...ah, vale. —Atina a decir John, aturdido por esa nueva información.— Pero no, no se ha puesto en contacto conmigo desde que vino a casa sin avisar y… —Su voz se va acabando poco a poco, entristecido por el recuerdo.
—De todas formas —dice de forma repentina Rose al ver que el otro se queda callado—, la razón principal de esta llamada no ha sido para tratar ese tema. Es sobre otro asunto que creo que debes saber porque te concierne y, en fin, quiero ayudar.
—Está bien, dímelo. —Le insta él con voz nerviosa, ya sin saber qué esperarse.
—Hace un rato he visto a Dirk sorteando los coches de la avenida y yendo detrás de Jake English.
POR FIN HE PODIDO CONTINUAR DIOS MÍO ESTABA ENGANCHADA EN ESTA PARTE AGH
Y... eso es todo. (?)
Un capítulo entero dedicado a John porque se lo merece, que ya echaba de menos escribirle, jo.
Nos vemos en el próximo capítulo, sweeties~~ ´ `)/
