21

El Legendario


—No tienes por qué deambular en la oscuridad, acércate. —Freezer apenas movió las pupilas ante su invitado, su estancia preferida estaba en penumbra para poder contemplar los paisajes espaciales con más detención. Un agujero negro se negaba a darles la pasada al otro extremo y aunque no lo vieran, sabía que estaba ahí, comiendo en silencio. Zarbon emergió de las sombras con el semblante enfurecido, estaba ofendido y no podía evitarlo. —¿Hay algo que te acongoja, mi querido Zarbon?

—Nunca me habló de los planes de Paragus, mi señor—su voz se le quebraba a momentos y los ojos brillantes daban cuenta de una emoción contenida. Freezer no pudo sonreír como habría querido y se le quedó mirando a través del rabillo del ojo con detención. —De haber sabido, no le habría ayudado a Vegeta a detener el ataque. Lo lamento.

—¿Y quién te dijo a ti que yo sabía qué era lo que tramaba esa basura descerebrada? —respondió con insolencia brusca y Zarbon no pudo evitar amansar la cabeza con culpa. —Por supuesto que estaba al tanto de sus intenciones, Zarbon, pero nunca supe cuándo lo haría…Y no te preocupes, mi más leal servidor—contestó con una sonrisa mientras se levantaba y acariciaba con palmaditas suaves tu cabeza, si bien Freezer era mucho más bajo que Zarbon, el verde se arrodilló en el suelo al comprender lo que su líder quería hacer. —, no te habría pedido otra cosa más de lo que hiciste. Fuiste bastante sabio al seguir tus instintos.

—Mi señor, ¿por qué no quisiste ayudarlo en su conquista? Paragus es un general de la federación, tu hombre…—Zarbon sabía que la respuesta lo haría sufrir pero no quiso permanecer con la duda.

—Porque Vegeta también es uno de mis hombres.—La voz de Freezer sonó gutural y desafiante, la mano que lo había acariciado ahora permanecía tiesa y mortífera. Antes de seguir hablando, el emperador del universo conocido se retiró hasta el ventanal que le proporcionaba una vista terrorífica, el agujero negro absorbiendo la vida a su alrededor. Cruzo las manos en la espalda y pegó un suspiro profundo. —No voy a andar beneficiando a ninguno de los dos, ni a Paragus ni a Vegeta.

—Si usted no ha ayudado a Paragus entonces benefició a Vegeta—En otras circunstancias, Zarbon habría callado pero en esos momentos sentía los celos a flor de piel. Freezer se volteó con la lentitud tortuosa, su general amansó la cabeza una vez más. —Paragus contaba con un puñado de saiyan y un ejército de alienígenas sin entrenamiento, en cambio, Vegeta poseía todo su ejército de saiyan en perfectas condiciones. Esa humana les ha brindado tecnología que ha superado las expectativas de un saiyan ordinario…

—Me avergüenzo de tener preferidos, Zarbon. Siempre has sabido de mi gran afecto por el malagrecido de Vegeta. —hizo una mueca de bochorno sutilmente cínica. Zarbon no sabía si la estima que profesaba hacia él era comparable a la que le tenía a Vegeta. — Pero no te preocupes, aun sigo necesitando de tus servicios, mi estimado—hizo una pausa para sonreír ampliamente. —Supe que Brolly estuvo apunto de destruir el pobre planeta Tierra intentando asesinar a Kakarotto. Ese clase baja fue bastante astuto al utilizar una de nuestras naves para alejarlo de ahí y el muy tonto de Brolly lo siguió sin ninguna clase de protección… Al pobre lo encontraron deambulando en el espacio, moribundo…—se rió con la boca cerrada. —Kakarotto no tenía idea de cómo manejar una nave, de eso estoy seguro, no pasará mucho antes de que tenga una muerte lenta en el espacio exterior, tan fría y lenta…

—No entiendo por qué me habla de Brolly—explicó poniéndose de pie. Freezer levitaba por toda la habitación con elegancia y su general lo seguía con los ojos.

—Ese animal ya se está volviendo muy salvaje, ha asesinado a cuanto hombre se le ha acercado y me temo que después de un tiempo ya no lo podré manejar como quisiera. Sin Paragus, Brolly se descontrola.

—Brolly siempre ha sido descontrolado, sus emocionan oscilan hasta terminar en la locura. Todo el mundo lo sabe. —recitó el general con un poco de recelo.

—Cuando te digo que se descontrola es que se ha vuelto peor—Freezer se detuvo para dedicarle una mirada cargada de frialdad y Zarbon intentó imaginarse qué clase de locura nueva le había dado al loco. —Mis ingenieros han ideado una especie de control remoto, una diadema que lo hará completamente inútil y manipulable. Necesito a alguien que se atreva a ponérsela, alguien lo suficientemente valiente para ponerle el bozal al perro rabioso. —Freezer lo observó con una sonrisa vanidosa, como si esperara que él se ofreciera para hacer tan terrible tarea. Zarbon apretó los dientes sintiéndose entre la espada y la pared, no quería morir pero tampoco quería parecer un cobarde. Estuvo a punto de abrir la boca cuando el emperador se echó a reír. —No tienes por qué hacerlo tú, Zarbon, por algo tenemos soldados desechables y otros como tú, que son indispensables…—endureció la mirada. —Ve a buscar a tu androide, Zarbon, deja que ella se encargue del trabajo sucio. Si no he escuchado mal, Brolly le tiene cariño a esa mujer.


La nave que apenas se mantenía a flote en el espacio amenazaba con precipitarse a pedazos al planeta más cercano. Brolly la había masacrado desde adentro y había decorado el lugar con la sangre y los cuerpos del plantel médico que se había detenido a ayudarlo. Inconsciente lo habían abordado y lo metieron al tanque de recuperación al ver que era un saiyan federado pero poco se percataron de quién era.

Una vez que Brolly comenzó a rechazar el oxígeno que le entraba por la manguera los médicos se apresuraron a vaciar el tanque y tenderlo en el suelo mientras le quitaban la manguera de la boca. En cuanto abrió los ojos comenzó la matanza, muchos lograron escapar y esconderse en los conductos de ventilación de la nave, esperando ser socorridos por tal amenaza. Nadie nunca llegó y Brolly que no entendía como funcionaba la nave, se desesperaba al no poder echarla a andar ni poder salir de ella. Él no era tan tonto como pensaban, sólo impulsivo, y ya le había bastado una vez para saber que no debía salir al espacio sin ninguna clase máquina que le proporcionara oxígeno. Aun así, solía azotarse con rabia contra las paredes para mover la nave aunque fueran centímetros y avanzar a una velocidad que apenas alcanzaba para ponerse a la deriva.

Corriendo de un lado a otro, la encontró sentaba sobre un control de mando destruido. Casi tímida lo observó con miedo mientras él se le acercó con una sonrisa despiadada. Sin poder evitarlo, Brolly la alzó de ahí con fuerza y la hizo contener el aliento, al reparar en la rareza de su presencia en la nave, frunció el ceño.

—¡¿Cómo te metiste en la nave?!—la cabeza pareció dolerle de repente y la soltó sin mucha delicadeza para llevarse las manos al cráneo. A la rubia le pareció que Brolly temía de las alucinaciones que su mente solía mostrarle.

—He venido a sacarte de aquí, Brolly. A llevarte a casa. —Para Número 18 le era mucho trabajo aquellas palabras, si hubiese dependido de ella lo habría dejado pudrirse en la nave para siempre. Como la jaqueca repentina de Brolly no lo dejaba escucharla, Número 18 se le acercó para acariciarle la cabeza pero el saiyan la agarró por reflejo del cuello con la intención de estrangularla. Al verla entre sus dedos, su semblante se le relajó y la soltó al instante. Número 18 se quedó tosiendo en el suelo hasta que la saliva se le pintaba de rojo.

—No fue mi intención—su voz se había vuelto sumisa y momentos después se estaba riendo. Se incorporó hasta quedar tan alto que su sombra la cubría completa. Luego se le acercó con velocidad mientras se hincaba a su lado. —Me juraste tu lealtad, 18, eres mía.

—Por supuesto que sí, soy tuya—su voz salió como un bostezo y Brolly sonrió con gusto, rodeando un brazo en la pequeña cintura de la rubia para atraerla hacia él. Número 18 sintió que una bocanada de aire que se le escapaba por la boca. —Y es por eso que vine a rescatarte, mi señor. —Si el androide había querido sonar coqueta, no se oía para nada forzado, le salía completemente natural. Se llevó la mano hacia el costado, tanteando con los dedos buscó la diadema que había traído consigo. No despegó la vista del guerrero para no perturbarlo y de un momento a otro, Brolly se le acercó al rostro como para besarla. Ella sabía que sus besos eran mordiscos y sabían a sangre. —Te he traído una corona, mi señor. Eres tú quien debiese reinar…—A Número 18 no se le había ocurrido otra cosa más que coronarlo para que accediera a llevar su bozal.

Brolly miró solamente cuando ella se paraba sobre las puntas de los pies para poder colocarle la corona en la cabeza y se la quitó de las manos cuando estuvo cerca. Número 18 estuvo a punto de enloquecer, abrió sus ojos celestes tanto como pudo mientras abría la boca un par de veces sin entender. Cuando Brolly lo lanzó hacia atrás, dejó que un quejido silencioso se arrastrara fuera de su garganta.

—¿Es acaso esa baratija más importante que yo? —se rió y la diadema se escuchó chocar varias veces contra el suelo antes de detenerse con vibraciones profundas. Brolly le sonrió con ansias y se le acercó con brutalidad. Número 18 quiso retroceder pero el agarre del guerrero se lo impidió. —¿Y quién ha dicho que quiero reinar? Destruiría al planeta antes de hacerlo.

—¿Y por qué no lo destruyes? —Número 18 supo que su pregunta era demasiado arriesgada y a Brolly se le borró la sonrisa que llevaba. Su mano se abalanzó hacia su cuello nuevamente pero esta vez no apretó, simplemente la alzó en el aire hasta que sus pies buscaron impacientemente la solidez del suelo.

—Lo haría si lo quisiera, ¿o piensas que soy un cobarde? —Número 18 negó con celeridad y Brolly formó una sonrisa con gusto. La dejó casi con suavidad en el suelo.—¿Es eso lo que quieres, 18? Te destruiré todos los planetas que quieras, sólo dilo y Brolly te traerá sus cenizas. Así verás que no soy ningún cobarde.

—No son planetas los que quiero. —Número 18 sin ordenarse el pelo como era su costumbre lo miró con seriedad. —Sólo vidas.

El hijo loco de Paragus aulló en risas ante su respuesta y la dejó caminar libremente por la nave para que fuera a buscara su baratija. Número 18 se le acercó con elegancia y Brolly incluso se hincó para recibir la corona que le traía su androide. La diadema se le deslizó sin problemas sobre el pelo hasta que su joya quedó alineada con la nariz, sobre la frente, y una corriente eléctrica emanó sin piedad desde la piedra verde hasta llevarlo de bruces al suelo. El corpulento soldado se retorció sin poder llevar las manos hasta la corona porque otra descarga más fuerte se le venía encima. Se rasguñó la piel de las mejillas hasta que salieron pintas de sangre y sus gritos ensordecedores se multiplicaban cada vez que chocaban contra las paredes. La corriente se vio atraída por las luces de la nave y subió como un relámpago invertido hasta el techo, provocándole más dolor a Brolly.

A Número 18 le entró un miedo que le caló hasta los huesos y retrocedió con pasos cortos hasta estar segura que la corriente mortífera no le alcanzaría. Una nueva descarga vino cuando la energía de la nave se le vaciaba a Brolly en la frente y una oleada de dolor hizo lo gritar. Momentos después, la luz se fue de la nave y Número 18 se acercó al cuerpo caliente de Brolly, iluminada con la poca corriente que salía de la joya sobrecargada. El Legendario yacía de rodillas al suelo con el pecho subiendo y bajando por el cansancio.

—Tu vida.


Bulma pocas veces había visto a su marido beber algún tipo de licor y aunque era poco lo que tenía en la copa, Vegeta le daba tragos cortos para que las esclavas no volvieran a llenarle la copa. Después de la rebelión fallida de Paragus, Vegeta había dispuesto la sala del trono para un banquete, él encabezándola desde su asiento privilegiado. El rey se reía de vez en cuando al ver cómo una pelea entre soldados empezaba, era normal en ellos y es que los saiyan eran conocidos por su limitada paciencia y a la facilidad con la que llegaban a los golpes.

Ya no estaban distribuidos ordenadamente como ladrillos sino que cada uno se ordenaba como le parecía de manera aleatoria, buscando las mejores esclavas o simplemente la compañía de sus camaradas. Vegeta bajó la mirada y se encontró con su mujer, sentada sobre sus piernas, cómodamente encima de un almohadón de colores fuertes y de aspecto foráneo. Bulma comía pequeñas frutas mientras reía de las historias que contaban su hijo y Goten, vio cómo Bra, tan pequeña como era, deshacía el abrazo de su madre y partía corriendo en las cercanías al trono. Se fue a encaramar a donde estaba Nappa, y se apoyó en su brazo corpulento pidiéndole una historia. El calvo general hizo una mueca de molestia para con sus compañeros que rieron solamente y Nappa se volteaba hasta quedar frente a frente para contarle alguna historia que la hiciera correr despavorida de vuelta a los brazos de su madre. Pero Bra siempre volvía porque las historias eran lo que más le gustaba oir.

—Había un rey que tenía dos hijos, uno se llamaba...—la niña lo interrumpió con un chillido para que la escuchara. Su bigote se movió hacia los lados con impaciencia.

—Debes decir "había una vez", sino no cuenta como un cuento. —hubo una risa generalizada entre el pequeño grupo que se encontraba escuchando. Vegeta ni siquiera sonrió al conocer aquella historia y apretó las manos contra los mangos del trono tosco.

—Había una vez—hizo una pausa para levantar las cejas y Bra dio dos aplausos. La mirada del general calvo se cruzó con la del rey y por un momento se retractó de cómo iba su historia.—Un rey que tenía dos hijos, uno de ellos que era el mayor, era un peleador formidable y su padre estaba tan orgulloso de él que al segundo lo olvidó. El segundo hijo…

—¡Ya basta, Nappa!—bramó el rey dando un sorbo a su copa y el aludido amansó la cabeza antes de darse vuelta para seguir con su asunto. Bulma se volteó a ver a su marido con sorpresa y pensó que sería la historia de él y de su hermano, del que nunca se hablaba. En tanto, Bra quedó tan impresionada que a su hermano le pareció que iría a llorar y la atajó antes de que se pusiera a pedir explicaciones. Trunks puso una mano en uno de sus hombros y se la llevó de vuelta a donde estaban sentados.

—Yo te puedo contar una historia, Bra. ¿Qué te parece que te cuente sobre las esferas mágicas de mamá?—Trunks levantó las cejas para incitarla y Bra negó con la cabeza mientras hacía un puchero.

—Ya me sé esa historia, quiero escuchar una distinta. Quiero saber la historia de un rey y de amor.—la niña esperó de brazos cruzados que su hermano le propusiera otra cosa y Trunks no hizo más que encogerse de hombros y esperar a que alguien saltara a socorrerlo. La armadura que llevaba puesta, junto con la capa y las botas y guantes, le daban un aspecto imponente pero su imposibilidad de complacer a su hermana lo hacía verse un tanto burlesco. Y Marron comenzó a reír después de haber permanecido callada y asustada durante toda la velada.

Número 18 había acudido a la reina en cuanto supo que Zarbon le tenía una misión, por su mente pasó la posibilidad de que si ella fallaba, Marron estaría más segura rodeada de saiyan y de la reina, que simplemente estando con Gohan y su esclava terrícola. Allí nadie la podría secuestrar, allí nadie la podría matar sin que alguien tratara de impedirlo. Y Bulma aceptó con una sonrisa y unas palabras suaves a la chiquilla rubia.

—¿Sabes alguna historia, Marron?—Bra se le acercó corriendo y se sentó a su lado, emulando a una señorita, con sus manos suavemente puestas en su regazo. La chica que era muchos años mayor, se sonrojó violentamente y amansó la mirada. Trunks se la quedó observando con detención, era una niña fea con una nariz tan pequeña que parecía que no tuviera, y unos ojos grandes y negros. Era tan torpe por la timidez que casi no se movía y rara vez se le escuchaba la voz debajo de un manto de vergüenza que la dejaba muda. Marron era fea y aun así se acercó hasta donde estaba su hermana y la invitó a hablar.

—No me sé ninguna, lo lamento.—Marron bajó la cabeza hasta que su pelo rubio, lo único bonito que poseía, le cubriera en su totalidad el rostro.

—Yo le contaré una a la princesa—dijo mi padre con la voz profunda y aunque Bulma quisiera impedirle el acercarse al hombre que despreció por muchos años, Bra se le acercó con felicidad. Trunks se levantó con lentitud y lo observó con los ojos bien abiertos, absorto por el soldado del que le habían contado muchas hazañas. La rubia hija del androide se sintió despreciada.

—Me han dicho que ves el futuro en sueños…—cuestionó con cautela y escuchó a su padre reír a lo lejos. Bardock apenas le dedicó una mirada seria al príncipe, como si no estuviese cómodo con su presencia.

—Dicen muchas cosas—respondió mi padre con solemnidad y Trunks frunció el ceño por la evasión. Goten lo observó en silencio, si bien sabía que era su abuelo, poco aprecio le sentía a aquel extraño. Como si estuviera leyendo sus pensamientos, Bardock le dedicó una mirada fugaz a su nieto y Goten se estremeció, amansando la mirada.

—Entonces no es cierto—asumió Trunks con la voz profunda y seria. Bardock simplemente lo miró y el príncipe apretó la mandíbula disimuladamente, se sintió ofendido. Antes de que pudiera hablar, su hermana lo hizo por él.

—¡Ya déjalo tranquilo, Trunks! Él me prometió una historia y me la contará, ¿verdad que sí? —Bardock sonrió sutilmente mientras asentía una vez con la cabeza. Tanto madre como hijo se intercambiaron miradas, la primera porque lo creía un traidor y el segundo porque mi padre no parecía completamente leal a él. Trunks se preguntó si había sido tonto de su parte el haberlo dejado con vida.

—¿Y cuál historia exactamente le contarás a mi hija?—preguntó Vegeta quien se había incorporado del trono y había dado unos pasos hacia él, Bardock frunció el ceño y después de un momento subordinó su postura mientras ponía un puño sobre su pecho.—¿La de tu hijo, el desertor, o de tu espectacular huida a Calade? Paragus iba contigo esa vez, ¿no es así?—Bulma se levantó de su almohadón con prisa y puso sus manos sobre los hombros de su marido para susurrarle palabras al oído. Ni las palabras más tiernas de su mujer evitarían que Vegeta se acercara aun más. —Déjame en paz, mujer.

—Ninguna de ellas, mi señor. —Bardock mantenía su posición, mirando las botas del rey con el ceño fruncido.

—Oh, así que tienes más—Vegeta se rió un poco con la boca cerrada. —Estoy escuchando—dijo en un susurro.

—Había una princesa de otro mundo—comenzó Bardock mirando a la chiquilla que no se percató de cómo había empezado la historia porque nunca le habían contado de una princesa como ella. Bra amplió una sonrisa hacia su madre quien la invitó a tomar asiento junto a ella, entonces miró al rey y Vegeta arrugó la nariz mientras se retiraba al trono con indiferencia. Si bien se alejaba, Vegeta seguiría escuchando el relato del otrora traidor. Bardock apenas levantó la vista pero continuó. —Era tan bella que muchos hombres se le acercaron para compartir su trono, sin embargo, sólo uno la amaba realmente. La princesa fue engañada sin que ella tuviera alguna idea de que eso pasaría y el soldado más humilde de todos se lo hacía ver pero ella no lo escuchaba, y su reino se destruyó a causa de estos hombres que sólo ansiaban la realeza que se les prometía.

—¿Cómo es que la princesa era tan estúpida? —cuestionó con el ceño fruncido la chica y Bardock amansó la cabeza para soltar una pequeña risa. Su madre le respondió.

—Ella no era estúpida, Bra. Se enamoró del hombre equivocado—dijo Bulma con una sonrisa y su hija no estaba del todo segura. Trunks frunció el ceño mientras se cruzaba de brazos, no entendía cómo un soldado de su porte pudiera conocer una historia tan tonta. Luego miró a Goten quien escuchaba con silencio lo que decía su abuelo, a él también le gustaban las historias tanto como la princesa y más allá, Marron se sonrojaba cada vez que la miraban.

—La princesa no tuvo más remedio que escapar antes de que la atraparan, si ella se dejaba capturar su linaje real se perdería y sus más grandes servidores le ayudaron. Visitaron muchos mundos para reclutar fuerzas y tomar venganza pero pocos respondieron a su llamado. —Bardock hizo una pausa para sonreírle a la chica.

—¿Qué le pasa a la princesa después?—preguntó al ver que mi padre no seguiría la historia. Bardock se encogió de hombros.

—Aun no me cuentan lo qué le pasó…

—Vamos, Bra. Quizás la princesa sigue buscando reclutas para vengarse, ¿no es así?—respondió Bulma con una sonrisa y Bra no hizo más que fruncir el ceño. Bardock asintió levemente a la pregunta de la reina.

—¿Al menos sabes si la princesa se quedó con el soldado que la amaba?—cuestionó de vuelta la niña sin muchas ganas de que terminara la historia y Bardock rió suavemente con la boca cerrada.

—Eso tampoco lo sé, princesa. Lo lamento.

—No sabes nada—le increpó la princesa antes de que su madre le llamara la atención. Bardock se levantó para retirarse, amansando la cabeza con respeto antes de hacerlo. El príncipe Trunks lo atajó antes de que se perdiera entre la multitud y le obligó a mirarlo poniéndole una mano sobre el hombro. Bardock no puso resistencia.

—¿De dónde conoces esa historia? —le preguntó sin siquiera saber qué era lo que quería de él. Trunks quería ser tomado en cuenta, él le había perdonado la vida y devuelto el puesto como capitán en su propia guardia, y lo único que recibía de Bardock eran indiferencias.

—La soñé—contestó el capitán mientras se encogía de brazos.


—No pelees más—escuchó Brolly desde las lejanías, su voz se había vuelto opaca y amortiguada como si su cabeza estuviese sumergida en el océano. Una figura doble se delineó en el horizonte cuando él abrió los ojos y extendió la mano hacia ella. La doble cara se juntó en una cuando Número 18 le sonrió fríamente y su brazo extendido fue a parar más allá, en donde una presencia engañosa lo había guiado. El androide tomó su gran mano entre las suyas y la bajó con delicadeza hasta su regazo, Brolly se quejó en silencio y una lágrima de dolor le rodó por la mejilla.

—¿Qué me has hecho?—preguntó con un leve tartamudeo. Número 18 calló y buscó con una mano el paño fresco que estaba preparando antes de que él despertara. Le humedeció la frente y el cuello, aunque ella sabía que su piel ardía no era por fiebre. Su poder estaba peleando bravamente en su interior para poder escapar pero la diadema se lo impedía.

—Lo que me mandaron a hacer—respondió con celeridad.

—Me has traicionado, tú me juraste…—el dolor no lo dejó continuar y llevó la mirada hacia el techo, en donde una luz parpadeaba ligeramente. El simple brillo lo hizo estremecer, cualquier cosa le provocaba daño y su cerebro parecía estallar. —Eras mía, eras… Mi lealtad.

Número 18 se le acercó de pronto con los ojos muertos y le besó una mejilla, la saliva que le habría quedado se evaporaría al instante. Brolly tiritó levemente. La rubia habría querido matarlo pero Marron no estaba con ella y nadie le aseguraba que no caería en manos de Zarbon en su ausencia. La diadema había sanado la locura del guerrero y aun así Número 18 comenzó a sentir pena por él. Brolly no era querido y sólo lo utilizaban por su abismante poder de pelea, él no tenía nada. Ella tenía a Marron.

—Lo soy—le dijo con desprecio y se levantó con elegancia para dejarlo reposando. Brolly no despegó la vista del techo hasta que otra lágrima de dolor le surcó la mejilla.

—Entonces mátame—le pidió antes de que ella desapareciera de la pequeña estancia de la nave. Sus ojos oscuros se trasladaron hasta mirarla y la contempló largos momentos, Número 18 sintió compasión por él sólo un instante.

—No todavía.


Nota de la Autora: Después de 3 días de la actualización anterior, he aquí el capítulo 21. El hecho de que leí una historia que me encantó de Brolly (y Bra) me inspiró para hacer este capítulo casi en su totalidad de él. Me bajó el amor por él, no pude evitarlo... Instinto animal de Michiru14 es demasiado espectacular n.n

Sin poder evitarlo creo que habrá un Brollyx18 que no tenía estipulado. Número 18 no puede dejar de ser una de mis favoritas y Bardock me da un no sé qué que lo amo. Y Vegeta sobrevivió al capítulo jaja.

Gracias a los comentarios por el capítulo 20 a JazminM, Sybilla's Song, LaudeHyrule y Asaia16 :D

Saludos, RP.