"¿Es que este tío ha estado todos estos años entrenando para las putas Olimpiadas?"

Dirk chasca la lengua cuando se choca contra la quinta persona en la intensa persecución del estúpido de Jake English, el cual parece evitar el gentío de la calzada de forma ágil y experta. Está seguro de que si no hubiesen tantas personas dificultándole el paso, le habría alcanzado hace rato, pero no, Jake sigue escabulléndose entre los huecos libres cada vez más rápido, sin ni siquiera pararse a echar una ojeada hacia atrás.

Entonces, cuando el Strider ya está empezando a admitir que tal vez, y solo tal vez sea, él mismo el que esté perdiendo las facultades de la juventud, el moreno gira hacia la derecha y dobla una esquina, pero ese movimiento no logra el objetivo de despistar al ojo experto del rubio y éste se da cuenta, aliviado, pues reconoce aquel oscuro camino: un callejón.

Dentro de la estrecha y descuidada calle, Jake se permite bajar el ritmo de su carrera, creyendo que ya nadie le sigue. Para asegurarse, echa una mirada por encima de su hombro. Nadie.

Se permite frenar, tomar una gran bocanada de aire, tragar saliva. Han sido apenas unos minutos, pero hacía tiempo que no huía de algo de esa manera tan frenética; hacía años que no iba de aventuras peligrosas.

Ya con la respiración medianamente controlada, levanta los ojos y observa dónde se ha metido. A izquierda y derecha, dos edificios bastante altos, con algunas ventanas sucias encarando hacia el callejón desde donde él las mira. Ambos bloques están bastante cerca y hacen que el atajo sea bastante estrecho. Frente a él tan sólo hay unos cuantos cubos de basura a rebosar, puertas sucias y con la pintura desconchada en sendos edificios… y una valla al final.

—Demonios… —Susurra el English, dándose cuenta de que tendrá que salir de allí por donde ha entrado.

Se pasa una mano por el pelo, pensativo. Si vuelve por donde ha venido, existe la posibilidad de toparse con su perseguidor, pero si se queda allí, también hay riesgo de ser encontrado, así que se gira en redondo, dispuesto a irse de ese callejón maloliente.

Pero alguien le esperaba justo detrás suyo y se topa con él de frente. Sin que al moreno le de tiempo de reconocer al individuo, éste le da un empujón tan fuerte que le hace retroceder y, antes de poder recuperar la compostura, ya vuelve a estar a su altura.

De nuevo frente a él, coge a Jake por el cuello de la camiseta y le empotra sin cuidado ni dificultad en la pared grisácea de la derecha.

El moreno siente el aliento cálido y agitado del otro contra su mejilla y, a pesar de haber quedado mareado por el zarandeo recibido, le reconoce.

Ambos se quedan callados, recuperando la respiración con jadeos sonoros y descompasados. El English traga saliva, pues puede ver los ojos afilados y amenazadoramente brillantes de Dirk a través de sus gafas de sol; pocas veces había conseguido que le mirase de forma tan fiera.

De repente, Jake vuelve a sentirse como cuando eran niños. Recuerda cuando Dirk llegó a su clase en mitad de curso. Tan serio, con aquellas gafas raras. Y cuando le miró al salir. Le dio tanto miedo que corrió hasta su casa y le lloró a su abuela hasta que ella consiguió convencerle de que los vampiros no pueden salir de casa de día, ni siquiera con gafas de sol, y que mucho menos aún podían ir al colegio. La mirada de Dirk en aquel momento… era como cuando le conoció. Fría, rabiosa, como si estuviese enfadado con el mundo entero. Y, como aquel primer día, Jake quiere echarse a llorar como un crío.

Cuando Dirk siente que el cuerpo de Jake se destensa y deja el peso de su cuerpo contra la pared contra la que le ha empotrado, le suelta el cuello de la camiseta poco a poco, pero no se separa de él. Traga saliva al ser consciente de su propio cuerpo y el ajeno, tan cercanos cuando llevan tantos años alejados y ahora es su turno para ponerse tenso.

Abre la boca y la vuelve a cerrar. Como siempre, no sabe qué decir.

Jake, por su parte, sigue reprimiendo las estúpidas ganas de llorar. Su primer pensamiento es volver a huir, escapar de la situación, pero sabe que Dirk le volverá a encontrar de todas formas, así que descarta la idea. La cabeza le da vueltas y recuerda por qué ha echado a correr, rememorando la visita de Dave en casa de Jade, lo que él había dicho…

"Canastos" piensa consternado, subiendo las manos de forma instintiva para frotarse los ojos, queriendo despejarse y logrando lo contrario, pues sus ojos se encharcan más aún recordando lo humillado que se había sentido, lo humillado que se siente ahora.

Odia sentirse así, no entiende aquel dolor opresivo en el pecho ni por qué ha llegado a esa situación.

—Lo siento. —Suelta de repente Dirk.

Aquello hace que las esmeraldas del English vuelvan a clavarse en el rubio, ahora algo más cristalinas. Ninguno de los dos sabe a qué viene esa disculpa y, a pesar de que el Strider se avergüenza de su torpe disculpa sin sentido, no lo exterioriza. Jake contempla el inexpresivo rostro del que fue su mejor amigo y pareja y una súbita ira le hace fruncir el ceño.

—Siempre tan inexpresivo. —Gruñe Jake, mirándole directamente a los ojos, sin miedo alguno ya.— Siempre igual, Dirk.

El rubio, perplejo, no puede más que dar un paso hacia atrás cuando Jake le enfrenta y se yergue, dejando de apoyarse contra la pared. Sus ojos verdes brillan de rabia y la memoria de Dirk trabaja buscando algún momento de su vida en el que haya podido ver a su amigo así, pero no lo encuentra.

—Todo a nuestro alrededor se volvía una mierda pero tú… —Ahora es Dirk el que retrocede hacia la pared contraria mientras Jake se acerca a él.— Tú y tu maldita cara de indiferencia. —Dice casi con desprecio cuando finalmente la espalda del rubio da contra el lado opuesto del callejón.— Por eso me fui. Sólo yo me agobiaba con esa situación y soportaba el peso de nuestra relación.

Después de soltar la bomba, el English respira hondo, pero sigue mirando con intensidad a Dirk, esperando una respuesta, la cual llega de la forma más inesperada posible.

Jake había visto a veces amagos de emociones en el rostro de su viejo amigo, pero pocas veces una que realmente reflejara lo que sentía de verdad, por lo que había empezado a pensar que Dirk era como el hielo… pero en ese momento, como si de una máscara rompiéndose se tratara, el rostro del rubio se contrae y arruga la nariz y el ceño. Sus ojos -que eran la única ventana más o menos accesible a sus emociones- vuelven a parecer llamas anaranjadas tras sus gafas. Dirk está enfadado y Jake, de nuevo, intimidado.

—¿Que tú aguantabas el peso de nuestra relación? —Él no se mueve al hablar, pero cierra las manos en puños, con fuerza.— ¿? ¿El mismo que huyó sin decir una mierda a nadie y me dejó solo con mi hermano cuando era un crío, en un mundo tan jodido como el de la fama?

—Yo no…

—No me jodas, English. —Le corta Dirk cuando el otro empieza a balbucear.— No me jodas.

—¡No me jodas tú a mí! —Grita Jake súbitamente, sorprendiendo al rubio.— ¡No fue mi culpa! ¡Me perseguían por todas partes con cámaras y preguntas y rumores sobre ti!

—¿Y crees que a mí no? —Responde en el mismo tono de voz, irguiéndose un poco para quedar a su altura.— Yo era el centro de todo eso, Jake, si a ti te perseguían, a mi me acosaban en absolutamente todas partes.

—Era lo que querías, ¿no? Hordas de gente obsesionada contigo. —Jake baja el tono de voz, pero la rabia se sigue filtrando en sus palabras.— Ni siquiera parecías molesto.

—Que no… ¿eres idiota? —Los ojos verdes de Jake se estrechan cuando recibe el insulto.— ¡Claro que me molestaba! ¡Ni siquiera podía pasar tiempo con mi familia sin que eso fuera una maldita exclusiva de mierda!

—Y las noticias de que te acostabas con…

—Querrás decir los rumores. —Dirk vuelve a gritar, alterándose a medida que habla.— ¿Te creías toda esa basura, Jake? ¿Te la creías? Porque si así fuera me habría acostado con medio mundo, joder.

—¿Ah sí? —El ojiverde suelta una risita nerviosa, aunque probablemente no es ese el matiz que pretendía que tuviese.— Yo te creía, Dirk. Hasta hoy.

—¿Hasta hoy? ¿Y qué he hecho hoy que sea tan hiriente para ti que te haga escapar corriendo en cuanto me ves? —El rubio se cruza de brazos, esbozando una media sonrisa burlona.

—¡Acostarte con John, bastardo! —Le contesta en un grito de pura frustración.

Jake se arrepiente al instante de haber dicho eso en voz alta y baja la cabeza. Intenta respirar hondo y cierra los ojos. No entiende por qué le molesta tanto pensar en Dirk acostándose con otra persona ni tampoco el silencio del mismo después de haber soltado aquella revelación, pero tampoco se atreve a mirarle, ni siquiera a moverse.

En la cabeza no dejan de aparecer imágenes que se le hacen desagradables; sabe que puede huir de él, de aquel callejón y perderse en la ciudad, pero también sabe que por mucho que corra no podrá escapar de los pensamientos que le asaltan la mente y le hacen más daño que cualquier herida física que se haya hecho en su vida.

Lleno de rabia, confundido y al borde de las lágrimas, alza las manos y coge del cuello de la camiseta al rubio, empujándole de nuevo contra la pared en un golpe tal vez demasiado fuerte, pues escucha el jadeo que le provoca a Dirk.

—¿Por qué…? —El moreno parpadea un par de veces para escampar las lágrimas de sus ojos y se niega a alzar la cabeza hasta que lo consiga.— ¿¡Por qué!?

Primero escucha un siseo que no llega a formar una palabra entendible y después una respiración honda seguida de un empujón que le obliga a soltarle la camiseta.

—Es… es tu culpa. —Aunque Jake creía que iba a recibir de nuevo gritos, insultos y reproches, la voz de Dirk sale entrecortada, razón suficiente para recuperar su atención.— Yo no…

—Claro que no. Es tu culpa. —Ahora es su voz la que baila y duda de lo que dice al ver a un tan derrotado y pálido Strider.

—Siempre lo es, ¿verdad? —Contesta pasados dos segundos con una fingida risa, sarcástica y amarga.

El English abre la boca y la vuelve a cerrar. El burbujeo de la ira empieza a decaer cuando ve al rubio apoyando su peso contra la pared del callejón. La compasión llega cuando Dirk agacha ligeramente la cabeza y un mechón le cae entre los ojos, que ahora quedan al descubierto para Jake, pues las gafas oscuras han resbalado de forma discreta por el puente de la nariz ajena. En un acto reflejo que sorprende a los dos, Jake recoloca ese rebelde mechón. El rubio le mira desde abajo, ve dolor y culpabilidad en esos dos ámbares; nunca le ha parecido tan vulnerable como en ese momento.

—¿Por qué siempre haces las cosas tan difíciles? —Murmura el moreno con consternación e impotencia. Le vuelve a coger del cuello de la camiseta, estirando hacia arriba para que se vuelva a poner derecho.— Si no me dices las cosas como las sientes y sigues comportándote como si nada te importase, no te entiendo.

—Nunca has intentado entenderme. Sólo te importas a ti mismo. —Es un obvio reproche, pero es lanzado con tanta desgana que no causa ningún efecto.

—Nunca te has dejado entender, Dirk. —Jake le zarandea un poco, sólo quiere hacerle entrar en razón de forma desesperada y se está quedando sin opciones.— Quiero… entenderte y saber lo que piensas.

El Strider se queda en silencio unos segundos, observándole fijamente. Jake ve cómo sus labios se entreabren y, cuando cree que ha conseguido un pase para entrar dentro de la cabeza de Dirk, éste vuelve a cerrarlos y apretarlos, formando una fina línea con ellos. Poco a poco, hace un gesto de negación con la cabeza.

Jake aprieta los dientes y los puños, que siguen anclados en el cuello de la camiseta ajena.

—¡Maldita sea, Strider! —Le grita y lo empotra de nuevo contra la pared.

No sabe qué más hacer y Dirk parece haber vuelto a cerrarse en banda, pues no muestra expresión alguna.

Jake intenta hacer memoria de forma desesperada. ¿Cuándo ha visto al rubio mostrando algo más que una fugaz sonrisa o unas cejas arqueadas que expresen sorpresa?

Entonces lo recuerda. Recuerda algo que hacía que las pulsaciones del Strider acelerasen, que sus manos casi temblasen, cómo notaba más que veía su amplia sonrisa cuando…

Aprovechando que sigue cogiéndole del cuello de la camisa, Jake vuelve a estirar de él, obligándole a acercarse a él. Sin pensarlo dos veces, cerrando los ojos con fuerza y algo asustado, le obliga a juntar los labios con los suyos.

A pesar de haber sido él mismo el que ha provocado aquello, se estremece y encoge un poco cuando siente el nostálgico contacto.

Espera unos segundos, aguantando la respiración, manteniendo el beso y después le separa de él, soltándole finalmente de la ropa. Ha sido un contacto corto y casto, pero Jake casi jadea, sorprendido de si mismo y, por qué negarlo, algo orgulloso, sobre todo cuando ve la reacción ajena deseada.

—J-... Jake, qué… —El Strider se toca de forma inconsciente los labios. Tras sus gafas se intuyen sus ojos anaranjados abiertos exageradamente.

—Yo… —Empieza a balbucear Jake, sin saber dónde meterse y empieza a preguntarse si ha hecho lo correcto.— ¡Vaya!

—Vaya.

Ante el silencio incómodo que se cierne entre los dos, el English mira a todas partes menos al rubio y, sin querer, suelta una de sus risitas bobaliconas. Escucha a Dirk tomar aire profundamente por séptima vez.

—A la mierda. —Suelta finalmente Dirk, cogiéndole de las mejillas y encajando de nuevo ambas bocas, devolviéndole de imprevisto un intenso y muy deseado beso.


OH MAN, por fin, ¿verdad? (?

Pues no mucho que añadir. Lo normal. Que siento tardar tanto en actualizar y sé que hago capítulos cortitos y eso pero en fin. Qué se le va a hacer. (?)

Por cierto, mucha gente me pregunta si otro fanfic de Homestuck que tengo colgado va a continuar (Dear You) y nada, decir que sí, lo continuaré, pero dadme tiempo. Mucho tiempo. Mucho mucho tiempo.

Nos leemos en el próximo, sweetieeees