22

Herencia


—¿Qué ocurre?—preguntó sin tener la menor emoción en la voz. Vegeta se había sentado al borde de la cama mientras se encajaba el rastreador en la oreja, había pitado toda la mañana y cuando sus ánimos estaban completamente reducidos a nada, se dignó a contestar. Bulma se volteó a ver el rostro del rey con la sensación de que algo no estaba bien y dejó el cepillo para el cabello a un lado con suavidad. Vegeta la miró de vuelta sin mejorar ni un poco su expresión de enfado y cuando dio por terminada la comunicación, arrancó el aparato de su oreja y se levantó en silencio. Su cola se meneó en el aire con una ondulación acuática antes de ceñirse en su cintura para permanecer así lo que restaba del día.

—¿Y? ¿No vas a decirme lo que ha pasado? —su marido arrugó la nariz antes de mirarla por el rabillo del ojo. —¿Acaso Trunks ha vuelto? —una sonrisa se dibujó en el rostro terrícola al esperanzarse. El primogénito del rey había tomado la decisión de partir junto a su nueva guardia a las colonias, nunca antes había salido del planeta Vegeta y tampoco tenía la intención de purgar un planeta inocente, simplemente iba a recorrer y conocer a sus vasallos.

—Todavía no pero lo hará pronto—aseguró con una voz plana y se dirigió a la puerta. No estaba vestido con sus ropas de rey, simplemente iba con su traje oscuro, botas y guantes, y se dirigía a la cámara de gravedad antes de que contestara el llamado insistente. Bulma lo siguió hasta la puerta. —Déjame solo, mujer. Iré a la cámara de gravedad después de esto.

—Tan sólo quiero saber dónde vas, Vegeta. Si viene Trunks herido…—Vegeta la interrumpió antes de que se atreviera a terminar esa frase con una mirada seria y Bulma frunció el ceño en silencio.

—Si estuviera herido o muerto ya te lo habría dicho, su guardia de sabandijas es la que ha llegado. Trunks lo hará dentro de poco—le comunicó con una vacilación, tras pensarlo un poco, volvió a entrar a la habitación y se puso la armadura de un movimiento.

—En qué está pensando Trunks, la guardia debe llegar con él, no antes—alegó sonoramente antes de correr al interior de la habitación cuando Vegeta se fue por el pasillo sin siquiera escucharla. Bulma tomó el rastreador en sus manos y lo dio vueltas en sus manos para ponérselo con precisión en su oreja y accionar el botón con seguridad. La voz al otro lado de la línea no tardó en responderle. —¡Nappa! Quiero que le ordenes a Seripa que venga conmigo enseguida, es urgente.

Sí, mi señora. —respondió con educación y la comunicación se cortó. Bulma tiró el rastreador en la cama y buscó errática en su habitación la ropa que usaría. Al final terminó bufando al tiempo que caía frustrada sobre su cama esperando a que Seripa cruzara el umbral y la ayudara a calmar la ansiedad que estaba sintiendo.


—Ponte esto. —Número 18 había reaparecido con una armadura en las manos, parecía pequeña para su torso pero se estiraría con facilidad. Brolly sólo le dedicó unos segundos de atención para luego apartar la mirada hacia la oscuridad que lo cubría parcialmente. El androide hizo de sus ojos una delgada línea de enfado y enterró sus uñas en la armadura antes de acercarse con zancadas hacia el guerrero que permanentemente la miraba con una expresión de indiferencia. —Te he hablado.

Número 18 le puso la armadura en la cabeza en un movimiento brusco. La armadura se estiró enormemente al pasar por sus hombros anchos y luego volvió a la normalidad al terminar en su cintura. De un manotazo le quitó el collar pesado pero le dejó las muñequeras intactas. La ropa media gastada que llevaba en las piernas se las dejó, si Gohan llegaba a verlo le sería un poco más difícil reconocerlo como el guerrero dorado que mató a sus padres, Brolly tenía los pelos oscuros al igual que los ojos y la única evidencia de quién había sido era un par de pantalones blancos que ya estaban bien gastados como para ser reconocibles y una tela roja oscura que se envolvía y desenvolía en el cinturón.

—No eres más que un inútil, no soy tu madre para andar vistiéndote—dijo con enfado mientras se cruzaba de brazos. Brolly apretó la mandíbula y se levantó de golpe como si no pudiera resistir permanecer sentado. El androide se echó para atrás por la sorpresa y esperó un ataque que nunca llegó.—¡Déjate de tonterías!

—No soy ningún inútil—afirmó con la voz profunda y la mujer sonrió cerrando los ojos, Brolly frunció el ceño con enfado.

—Entonces demuéstralo. Si no te llevo con Freezer ahora la que sufrirá las consecuencias seré yo, no fui yo la que te obligó a comportarte como un desquiciado, ahora vámonos.—Se dispuso a caminar a la salida, habían llegado con discreción al planeta Vegeta para luego tomar un transbordador que los llevaría a la nave que orbitaba como una luna y que en su interior no habitaba más que el emperador del universo conocido. Brolly la siguió con la mirada cargada de desprecio mientras se disponía a seguirla, una voz infantil la hizo detenerse en medio del trayecto. —¿Qué es lo que crees que haces? —agarró a la niña desdeñada por un brazo y se lo sacudió con fuerza. Su voz sufrió un cambio de volumen brusco pero eso no fue lo que desencajó a Brolly, la niña lo miraba como si estuviera hipnotizada y después lo apuntó con un dedo acusador. Número 18 le apartó el dedo con un manotazo y la niña pareció que se iría a llorar pero al ver la expresión de su madre se contuvo. —Tú no deberías estar aquí, vete ya, niña.

—¿Quién es él, madre? —la chiquilla poco agraciada no hizo caso a lo que le dijeron y lo siguió mirando con esas perlas negras que tenía, Brolly sintió la sangre hervir y mostró los dientes en un gruñido que activó la joya que permanecía azul en su estado de inactividad, verde cuando se alteraba y roja cuando ya no podría controlarlo más. Número 18 lo miró cuando comprendió que algo iba mal en él y escudó a Marron con su cuerpo. Brolly se llevó las manos a la cabeza en un intento por detener el dolor que le causaba la diadema y de un momento a otro la vio corriendo hasta él.

—Corre, Marron—dijo antes de estar al lado de Brolly, la niña no pareció querer moverse. —¡Que te vayas! —hizo una pausa para ponerle las manos en las mejillas y hacer que la viera a ella. Brolly estaba a punto de perder el control y su joya verde era la prueba viviente de que ocurriría. Las pupilas oscuras de él temblaron al verla y al mirar a la chiquilla, ésta se echó a la fuga por el pasillo. —Mírame. ¡Mírame! Es sólo una niña, sólo una niña…

—No es sólo una niña—declaró con la voz temblorosa. Las extremidades se le pusieron tiesas como tablas y un gruñido alargado sonó apretado en su pecho, sonaba a represión.—Es tu niña…—Brolly sonrió fugazmente antes de que una descarga de dolor lo dobló hacia el suelo. Número 18 se paralizó donde estaba y no pudo emitir otro sonido mas que el silencio, si Brolly llegara a descontrolarse seguramente se desquitaría con Marron.

El androide retrocedió dos pasos con temor, Brolly cada vez daba más alaridos de dolor pero por cada quejido venía una sonrisa, la que le venía cuando sentía su poder liberado. El hijo loco de Paragus se rasguñó las costillas en el suelo y se dio un par de cabezazos con la intención de romper la joya que encerraba su poder pero no le dio más que dolor. Gritó con fuerza cuando una corriente eléctrica lo paralizó de improviso, Número 18 miró hacia atrás para comprobar que sus alborotos no habían atraído a nadie y se hincó a su lado para dar el último intento por proteger la vida de su hija.

—Estás equivocado—expresó con frialdad y cuando Brolly la miró por el rabillo de su ojo, estando a punto de gritarle lo mentirosa que era. Número 18 suspiró antes de hablar.—Es… Tuya. Es tu hija…

—¿Mía…? —murmuró él antes de que la confusión se le hiciera dolor, pegó un grito que obligó a la mujer a taparse los oídos con las manos. Brolly golpeó el suelo con los puños mientras pegaba la frente al suelo mientras se quejaba y se retorcía. Número 18 vio un brillo rojo engullido por el verde en la frente de Brolly y ella misma aflojó la garganta para dar paso a un quejido de miedo, y se enterró las uñas en el cuero cabelludo sin saber qué hacer. —¡Mía!

—Brolly…—lo llamó en cuanto se armó de valor para hablarle y con lentitud le acarició el pelo pero era como si le quemara y retiró un sinfín de veces los dedos hasta que se le curó el miedo. —Brolly, mírame… Atormentar a una niña no es algo que harás, escúchame. Escúchame…—le tomó el mentón con sus dedos largos y dobló su cabeza hasta que la estuvo mirando, una descarga anterior de la joya lo había dejado manso y la observó con los ojos cansados pero el ceño fruncido. Número 18 se le acercó a una oreja para hablarle en un susurro.—No lastimarás a tu hija, ¿no es así, Brolly? —el aludido se retorció un poco para liberarse pero ella no tuvo tregua y siguió. —La gente que te puso esta corona, esa es tu enemiga. Te recitaré todos sus nombres, Brolly, cada uno de ellos… Pero debes prometer que no le harás daño a tu hija.

—No lo haré, no la lastimaré…—dijo con un temblor en su voz. Era cierto que él había tomado muchas veces al androide en el pasado y el que había tenido una hija no era del todo descabellado. Marron tenía los ojos negros como él pero más allá de eso no le encontraba nada parecido a él mismo. —Sólo quítame esta cosa…

—No lo haré, si lo hago me matarás—respondió ella con seriedad y Brolly se sacudió en suelo con dolor cuando la joya verde quería ser roja. —Pero si me juras lealtad, lo haré. Arrodíllate ante mí y júrame lealtad, mi amor. —le besó la oreja antes de levantarse del suelo y Brolly se apoyó en una mano para levantarse un poco del suelo. La rubia ya le había dado la espalda.

—¿Por qué habré de confiar en mí? Fuiste tú la que me puso la diadema—repuso el colosal soldado en una nueva sacudida de dolor. La mujer se echó a reír antes de voltearse a mirarlo, su belleza sin el miedo era deslumbrante.

—Es verdad, pero sólo yo puedo quitártela. Nadie más tiene el interés de liberarte… Sólo yo, tu lealtad—su voz sonó coqueta y se hincó junto a él para hacer el amago de un beso que nunca llegó. Brolly gritó con furia mientras ponía las manos como puños y golpeó el suelo una vez pero dejó los puños plantados en los huecos que hizo. Dio un grito más y se puso de pie con mucho trabajo siempre apoyándose en sus manos, una postura extraña fue la que hizo pero Número 18 supo que se estaba arrodillando. —Esto viene para todo y para todos…—recitó para sus adentros al acercarse a Brolly. —Los mataremos a todos. —Y después te mataré a ti, te pondré la maldita corona de nuevo y te mataré, pensó para sí.

Cuando se acercó a esa mole y puso sus manos sobre la corona, Número 18 se acobardó pero se compuso al pensar que si ella no lo liberaba, él lo haría por sus propios medios y ella sufriría el mismo final que todos los demás. Ella debía hacer un trato con él y tener el control sobre su mayor miedo hecho soldado. Al enredar los dedos en la corona la corriente mortífera se vertió en ambos y se sumieron en el dolor en conjunto. Ella mascullando maldiciones en silencio y él gritando a todo pulmón, porque en él se derramaba la mayor cantidad de energía. Número 18 tuvo que usar todas sus fuerzas para romper la estabilidad de la joya y cada vez que se acercaba a su objetivo, la diadema la castigaba con más dolor. Al final, el androide salió disparado hacia atrás, con la diadema ardiéndole en las manos y la soltó de inmediato. La diadema se había grabado a carne viva en sus palmas y sangre evaporada se elevaba hasta su nariz.

Miró hacia el frente cuando la imponente figura negra salió por entre el vapor de las carnes quemadas y se arrastró hacia atrás con la ayuda de las manos. Una mano oscura salió de la sombra y la agarró de una bota para arrastrarla nuevamente hasta él. Cuando sus ojos celestes se acostumbraron a la penumbra lo vio sonriendo, se le acercó con brusquedad y la besó con violencia. Número 18 abrió los ojos como platos antes de sacudirse en un intento inútil de alejarse de él. Cuando la soltó, se levantó de un salto y se fue caminando por la puerta.

—¡¿Qué es lo que estás haciendo?!—se incorporó de golpe y lo siguió. —Juraste tu lealtad hacia mí—al llegar hasta él, Brolly se dio vuelta y la observó mientras reía con la boca cerrada.


Vegeta llegó a paso firme hasta el pasillo que llevaba a la sala del trono, el puñado de alienígenas que lo esperaban fuera de las puertas no se apartaron al llegar a él pero al rey poco le interesó y se hizo paso por los traidores que su hijo había convertido en una guardia de soldados insolentes y poco disciplinados. Los centinelas que hacían su turno frente a las puertas de la sala del trono lo saludaron con un puño en el pecho sin que Vegeta les prestara mucha atención hasta que le cerraron las puertas detrás de sí. Desde que él recordaba, esas puertas jamás se cerraban y miró por sobre de su hombro con desconfianza. La sala espaciosa estaba oscura y el puñado de alienígenas que seguían a Trunks a todas partes llamándose a sí misma como la guardia del príncipe, también se encontraba ahí. Vegeta miró hacia el frente, por los pasillos que guiaban a los calabozos se vaciaban más alienígenas y sonrió irónicamente cuando vio parte de su ejército saiyan ahí. El rey apretó los puños mientras reía con la boca cerrada y los miró a todos con una mezcla de burla y desprecio. Se dignó a hablar sólo cuando el flujo constante de sus hombres se terminó con el último hombre que salió por el pasillo y que tuvo la decencia de cerrar la puerta.

—Ahora lo veo—comenzó con una voz bailando entre el susurro y el temblor de la ira. —Vinieron a matarme, ¿no es así? Acaso no saben que ya están derrotados... Ustedes no son más que una escoria más entre las muchas que hay en este sucio planeta—frunció el ceño pensando que debería haber llevado la capa y su medallón para que los traidores supieran con quién estaban tratando. Sus dedos crujieron bajo los guantes en un apretón que enterró las uñas en sus palmas y un chorro de sangre tibia le llenó los guantes.

—Estás equivocado—dijo una voz temblorosa, la única que se atrevió a romper el silencio respetuoso de quien habla con el rey y que planea asesinarlo. —Eres tú el que hizo sucio este planeta.

—¡Los saiyan éramos la raza guerrera más poderosa del universo! —dijo otra, por más que Vegeta tratara de saber quiénes eran los que hablaban, la penumbra cubría sus rostros como un manto de invisibilidad. —¿Y qué fue lo que hiciste tú? ¡Ensuciaste nuestra sangre con una esclava! Nos hiciste conquistadores, protectores de unos vasallos que no valen nada vivos. ¡Tú no eres un rey!

—Nos arruinaste. Te dejaste manipular por esa terrícola que nunca fue reina. Freezer nos controla, siempre lo ha hecho y nunca lo impediste. —dijo otra más cercana. —Pero ya no más. —Nadie más habló pero no hizo falta, Vegeta se rió, primero a boca cerrada, después sin querer disimularlo. Todos los traidores se ofendieron pero no rompieron su silencio.

—Quiero ver que lo intenten—dijo el rey con una excitación endemoniada antes de cargar contra los soldados que tenía al lado.


Goten esperó en la oscuridad sin querer salir completamente de ella. Sentado sobre una irregularidad de la muralla, se inclinaba hacia las rodillas para apoyar sus codos sobre las mismas. Así fue como lo encontró Bardock, su nieto estaba sumido en una congoja silenciosa que logró simular al verlo entrar, incorporándose de golpe mientras lo observaba con sorpresa. Bardock lo miró en silencio, completamente serio.

—Abuelo…—Dijo antes de que pudiera siquiera pensar, se corrigió antes de que el intruso hiciera otra cosa más. —¡Bardock! Lo lamento…

—¿Dónde está tu hermano? —preguntó Bardock sin siquiera prestar atención a lo de abuelo, Goten se encogió de hombros. La noticia de que su hermano se iría del planeta para perseguir su deseo de unirse a la federación lo había destruido aquella mañana y su abuelo estaría ahí seguramente para evitarlo.

—Se ha ido hace unas horas, no sé más que eso. —respondió con celeridad, aquello no parecía agradarle a Bardock y Goten no pudo sostener más su mirada. Amansó la cabeza con timidez.

—Esto no está bien, niño. Si llegas a verlo debes traerlo de vuelta, la federación no es un lugar seguro para un híbrido como él—los dichos de Bardock no hicieron más que enterrar las esperanzas de Goten de que su hermano había hecho lo correcto.

—Señor…—lo llamó con educación. —Gohan se fue con Zarbon, él…—hizo una pausa al no encontrar las palabras correctas. —Gohan…él odiaba al rey, lo odiaba, lo vi en sus ojos. —explicó Goten sin detenerse a pensar en que su interlocutor era confiable. Al levantar la mirada, Bardock lo observaba con seriedad más no con enojo. Le puso una mano sobre el hombro después de unos instantes para calmarlo y Goten amansó la cabeza una vez más con la torpeza de quien no había experimentado el contacto físico de otro hombre que no fuera su hermano, Krillin o el príncipe Trunks. Después de unos titubeos logró hilar otra frase, mirándolo a los ojos. —¿Crees que él cometa alguna tontería?

—No, no lo creo posible—Bardock parecía confiado y Goten sonrió vagamente sin evitar pensar que su abuelo poco sabía de ellos como para dar una respuesta convincente.

—Lo que Trunks dijo… Ves el futuro, ¿verdad? Dime qué es lo que le sucede a mi hermano, por favor, no se lo diré a nadie…—Goten no comprendió la desesperación que tenía hasta que vio el semblante de Bardock y se encongió de hombros, su arrebatamiento lo hizo enrojecer. —Lo lamento, no quise ser entrometido.

—Algunas de las cosas que sé puede que hayan ocurrido como no, no es mi trabajo saberlo—Bardock había apartado la mano antes de hablar y había dejado sus brazos a los costados para mirarlo seriamente. Las preguntas acerca de los futuros de los soldados era algo de lo que le cuestionaban casi a diario y le costaba trabajo tratar de llevar una vida en el anonimato como le correspondía por nacimiento. —Gohan tendrá que enfrentar muchas veces a sus deseos, la venganza es algo que predominará en toda su existencia. Pero él es correcto y justo, y sé que logrará enderezarse como siempre ha debido ser.

—Entonces sí cometerá alguna tontería…—profetizó el menor de los hijos de Kakarotto apartando la mirada. —El rey Vegeta puede matarlo si llega a ser un traidor…

—No será el rey Vegeta quien tenga que castigarlo por sus errores—Bardock le dijo a su nieto con la intención de ahorrarle la decepción que él mismo se había impuesto. Vegeta era conocido por asesinar a los traidores y Paragus no había sido la excepción, lo había matado luego de comprender que Freezer no iría a quererlo de vuelta entre sus filas. No quiso decir más, a Gohan le deparaba un futuro muy oscuro para revelarlo en ese momento y cuando eso ocurriera, nadie sería capaz de detenerlo.

Bardock insinuó una sonrisa y Goten apartó la mirada con vergüenza, sintiendo que la garganta de su abuelo se aflojaba para decir algo más pero un sonido fuerte lo dejó sordo por unos momentos. El temblor que le siguió a la explosión lo llevó a sostenerse de la pared pero una nueva zacudida lo llevó a buscar equilibrio en el hombro de Bardock que se mantenía en pie a duras penas. Una avalancha de polvo los cubrió en segundos y Goten sólo podía escuchar un pitito monótono y constante zumbándole en los oídos. El rastreador que llevaba Bardock en la oreja enloqueció por la seguidilla de lecturas alborotadas y Goten se llevó las manos a las orejas para dejar de escuchar aquel terrible sonido de la sordera.

Bardock lo sacudió de un hombro con fuerza y sólo así fue como supo que lo estaba llamando desde hace unos momentos, veía cómo su boca se abría y cerraba cada vez que le gritaba algo pero el sonido nunca le llegaba a los tímpanos. Señaló donde estaría la salida tres veces y lo insitó a salir de la estancia, el pito comenzó a silenciarse y con cada tono que bajaba su intensidad volvía el ruido y el ajetreo del palacio siendo atacado una vez más. Los gritos de los hombres lejanos empezaron a llenar los rincones de su mente como el agua que entra en un recipiente y Goten caminó con vacilación detrás de su abuelo, sacudido con cada grito de desesperación y de rabia que sentía a un lado y el otro.


Trunks se volteó a todos lados sintiéndose extrañamente solo, la espada que le colgaba en la espalda se movió con él como una segunda espina dorsal, ajustada fuertemente a su armadura. Un delegado del destrozado hangar llegó al trote y con la respiración entrecortada hincó la rodilla ante él con respeto. El soldado de corta edad se incorporó cuando escuchó que el príncipe se lo permitía y esperó paciente a que le dijera algo.

—¿Dónde están los demás? —preguntó con gentileza cuando comprendió que el encargado del hangar, que había reemplazado al que había muerto durante la revuelta, no iría a hablar. —Mi guardia—especificó. —Se supone que me estarían esperando en el hangar, mi nave se descompuso en Kanatyr antes de partir y les ordené que esperaran mi llegada.

—Ellos ya se han ido, mi señor—contestó un poco extrañado y Trunks frunció el ceño con molestia cada vez que pensaba en alguna razón por la cual sus hombres, los mismos a los que había perdonado la vida, se habían retirado con insolencia. —Bardock fue el último en irse, le informaron que habías quedado varado en Kanatyr y que volverías mañana. El señor Kiwi fue el que dio el aviso, mi señor.

—¿Kiwi? Él nisiquiera es nuestro hombre, ¿cómo es que le hacen caso siquiera? —el soldado del hangar se encogió de hombros, el que estuviera algún hombre de Freezer involucrado en los mandatos no era nada extraño y Trunks arrugó la nariz en un gesto heredado de su padre antes de irse del hangar a paso firme.

—¿Mi señor? —el hombre lo siguió de cerca, Trunks no comprendió por qué lo hacía y lo observó con el rabillo del ojo con enfado. —No debería estar aquí, usted no debería haber llegado.

—¿Qué es lo qué estás diciendo? —Trunks se dio la vuelta de improviso y sus ojos se hicieron una delgada línea de desconfianza. —¿Qué es lo que está pasando aquí? ¡Contesta! —los ojos azules del príncipe se deslizaron a la extremidad del alienígena en la que su arma le cubría hasta su antebrazo, dejando libres solamente sus dedos. Se activó con algún botón oculto y la energía se comenzó a cargar en silencio. Trunks llevó la mano hacia su espalda y sacó la espada de un movimiento brusco y rápido. La hoja afilada le puso la piel de gallina al encargado del hangar que estiró sus manos en señal de rendición. —¡Qué es lo que está ocurriendo!

Una explosión interrumpió el tartamudeo del encargado forastero y Trunks se cubrió la cara con los antebrazos cuando sintió que el aire que precedía al manto de polvo y escombros le arrebató el aliento. El escargado del hangar se escabulló con la confusión sin que Trunks pudiera ver por donde se había ido, el rastreador que llevaba puesto estaba desactivado y por más que lo encendiera, las lecturas de todos los soldados del palacio y las explosiones de ki acabarían por confundirlo. Gruñó con rabia mientras volvía a envainar su espada y corrió por los pasillos preguntándose qué era lo que les había sucedido a todos. Por más que pensaba, no quería ceder ante la idea de que los traidores que había perdonado estaban traicionándolo.


Es estruendo hizo que Bulma se cayera de espaldas pero Seripa la ayudó a levantarse. La terrícola se acurrucó sobre su guardia personal al sentir que el temblor ocasionado por esa única explosión seguía remeciendo sus pies y gruñó unas exclamaciones de miedo, Seripe le ayudó a sostenerse sin dejar de pensar en lo peor. A regañadientes, Seripa se gobernó para no salir disparada a donde venían las lecturas más alocadas en su rastreador y trató de pensar con la cabeza fría. Si otro Paragus venía a rebelarse contra Vegeta, ella debía llevarla de vuelta a su habitación para esperar que se terminara el peligro, y eso fue lo que intentó hacer hasta que Bulma la empujó y trató de darse a la fuga.

—¿Qué cree que hace? ¿Acaso quiere que la maten? El rey Vegeta me dio órdenes y eso es lo que haré, la mantendré a salvo hasta que él vuelva. —recitó con furia y Bulma se la quitó de encima cuando Seripa trató de tomarla de un brazo.

—¡No te atrevas! Vegeta está allá, sé que algo va mal—su voz se estremeció con un sollozo y la miró con furia en los ojos.

—Tiene que venir conmigo, la llevaré a un lugar seguro. Si el rey ve que está en peligro no podrá rendir totalmente. —trató de convencerla pero Bulma negaba con la cabeza sin que una palabra de lo que le decía entrara a sus oídos. —No sea una estúpida.

—Debo estar segura de que está bien…—Se limpió las pocas lágrimas que querían salirse por los ojos y aclaró la garganta para recuperar su templanza. —Debo ir con él. Puedes acompañarme si quieres, sino no me interesa. Iré con o sin ti, Seripa. Elige. —Antes de que su protectora respondiera, la reina ya se estaba alejando por el pasillo hacia donde el humo, el calor del fuego y los alaridos de los hombres heridos se hacían más intensos.


Cuando Trunks se encontró con Goten y su abuelo, no dudó en desenvainar la espada en un movimiento ágil y empujó al saiyan puro contra la pared mientras la hoja de su espada le besaba el cuello con frialdad. Goten pegó un grito de perturbación y Bardock no hizo más que botar el aire que tenía contenido mientras bajaba los brazos en un gesto de pasividad. El pelo lavanda del príncipe se le pegaba a la frente debido al sudor y en sus ojos azules flameaba la rabia que lo hacía estremecer con cada escalofrío de molestia que tenía. Goten subió las manos a la altura de su pecho con la intención de que Trunks lo viera como su amigo y no como un soldado al que simplemente podía matar, y trató de intervenir en la extraña actitud de su amigo más íntimo.

—¡Dime qué es lo que tramas!—gritó descontrolado y por un momento Trunks pareció gruñir hasta el punto de enseñar las encías como un animal furioso. —¿Acaso no están agradecidos por sus vidas? Yo los liberé y así es como me pagan… ¿Traicionándome? —aspiró un par de veces visiblemente enrabiado, las aletas de la nariz se abrían y cerraban con notoriedad. Cuando se vio un poco más calmo optó por susurrar como lo hacía Vegeta, con la rabia contenida. —¡Contéstame! —hizo una pausa cuando pensó que no controlaría las ganas de asesinarlo. —Debí hacerle caso a mi madre… Los traidores son traidores y siempre lo serán…

—Trunks…—Goten no atinó a decir otra cosa, sorprendido enormemente por el estado en el que venía su amigo. Trunks le dedicó una mirada de desprecio y el híbrido de clase baja se sintió abrumado. —Escúchame…

—Mi señor, le aseguro que sé tanto como tú de lo que está sucediendo—Bardock parecía calmo y convincente pero el príncipe ya estaba demasiado herido como para escuchar nuevamente a su corazón y no a su razón. Deseó ser despiadado como su padre y Bardock sintió que la hoja afilada se le enterraba en el cuello hasta que un dedo de sangre tibia le corrió hasta la armadura.

—¡No te creo!—gritó Trunks con un temblor de rabia. —Debería matarte ahora mismo.

—¡No!—se escuchó Goten a su lado, ni siquiera él mismo se había creído ese grito y se encogió de hombros. El príncipe parecía un saiyan de sangre pura…—Trunks, escúchame. Debes creerle…—dijo sin convencerse a sí mismo y el príncipe lo fulminó con la mirada. —Hazlo por mí, él es la única familia que me queda. Por favor, Trunks, reacciona…

Los hombros de Trunks subían y bajaban por la respiración profunda que daba, y dejó de mirar a Goten cuando sintió que la culpa carcomía sus entrañas terrícolas. Después de una vacilación, el príncipe dejó de oprimir al capitán contra la pared y de un empujón lo liberó. Bardock instintivamente se llevó una mano a la garganta para palparse del daño, cuando se miró la palma, ésta estaba pintada de rojo.

—Cuando sepa que mentiste te mataré—amenazó el príncipe con odio puro y envainó la espada bruscamente. Goten se relajó mas no se contentó por la situación, algo muy malo había ocurrido y estaba escrito por toda la cara de Trunks.

El príncipe se alejó de ellos con la intención de seguir buscando la fuente del qué pasaba y pronto oyó el pisar de las botas de los que antes había amenazado. Con un poco de tristeza, Trunks miró al frente sin prestarle atención al temblor de su mentón y al escocer de sus ojos. Al llegar hasta él, Bardock habló consciente del impacto que causaría en el heredero del trono de Vegeta.

—Lo que te decían de mí es cierto, Trunks—comenzó el capitán sobándose la herida del cuello para que dejara de sangrar. Trunks no lo miró pero sí lo escuchó, la cara de tristeza todavía estaba ahí y no la iba a mostrar gratuitamente. —Veo eventos del futuro y también del pasado. No sé cuál es el órden ni tampoco el motivo…

—¿Esto lo viste en tus visiones? —preguntó secamente sin dejar de caminar y Goten se abrió de ojos al ver la expresión de pesar de su abuelo. —Cuéntame.

—Si no me equivoco, los hombres de tu padre se rebelaron. Están en la sala del trono, lo han encerrado y planean derrotarlo.

—¡Qué!—Goten no daba crédito a lo que escuchaba y prontamente se arrepintió. Miró cómo reaccionaba su amigo pero éste no daba señales de haberse sorprendido y seguía caminando firmemente como si no le importara. Al cabo de un silencio tenso, habló con una voz tenebrosa.

—Entonces qué estamos esperando. A la sala del trono—ordenó y ambos obedecieron.


Vegeta dio un paso hacia atrás cuando sintió que su brazo ya no le respondía, por mucho que lo estrujara lo sentía muerto y si lo llegaba a mover, una oleada de dolor lo paralizaba por unos segundos. Estaba roto y lo sabía. Dio otro paso hacia atrás cuando vio que los hombres que habían esperado disciplinadamente descansados hasta que sus compañeros se morían o yacían mal heridos, se le acercaban con velocidad. Dio otro paso hacia atrás y unas gotas de sangre tiñeron las baldosas rotas, había matado a muchos hombres ya pero se había cansado y los soldados no parecían tener fin, llegaban tres más cuando mataba a uno y no tenía la cuenta de cuántos había derrotado.

No hizo más que sonreír con la boca torcida y repartir patadas y puñetazos a los que se le acercaban hasta dejarlos aturdidos para concentrarse en uno simplemente y no le tomaba mucho tiempo matarlo. Un puño poderoso lo llevó al suelo y cayó sobre el brazo mal herido, un grito desgarrador de dolor le entumeció hasta los músculos del pecho y por un momento perdió el conocimiento. Se despertó de pronto cuando lo alzaban sujetándole la cabeza hasta arrancarle algunos pelos negros. Vegeta gruñó con dolor y rabia antes de golpear entre las costillas a su agresor con su brazo bueno y lo calcinó con una descarga de energía.

Uno más y terminará—se decía cada vez que caía un oponente pero siempre salían más que derrotar. —Uno más que mandar al infierno. ¡No me tendrán tan fácilmente!

Y seguía peleando aunque las fuerzas lo comenzaban a dejar. En un descuido, recibió una infinidad de patadas en el cuerpo y la cara, y un par más para su brazo roto, que lo llevaron a pensar por unos segundos que su batalla había terminado y que se iría a descansar pero no fue así. Una descarga de energía le rozó el lado izquierdo, quemándole un costado ligeramente. Vegeta llevó la mirada furtivamente hacia atrás con la sensación de que no sabía que entre los traidores hubiera alguien tan poderoso y entonces vio al hijo loco de Paragus, sonriendo macabramente con la mano extendida. Con una simple descarga de su poder había borrado a muchos de los soldados con los que combatía y temió de qué lado se encontraba hasta que apareció su androide de sus espaldas, peleando con bravura contra sus oponentes, invitando a Brolly a que hiciera lo mismo. Vegeta sonrió un tanto más aliviado y siguió combatiendo con las energías renovadas.

La puerta que habían sellado los centinelas se había abierto cuando Brolly y Número 18 entraron a la sala para auxiliarlo, y Bulma entró corriendo al verse libre de hacerlo. Vegeta contuvo la respiración al verla, pensando si se la estaba imaginando por el cansancio o si era tan estúpida como para exponerse de tal modo. Dio un paso torpe al principio y después más seguros conforme iba ganando confianza y se iba haciendo la idea de que aun no había perdido la cordura. Corrió hasta ella derribando cuantos soldados le impedían el camino y se vio varias veces obstaculizado por guerreros fuertes que le sostenían una pelea equilibrada. Con horror, vio por el rabillo del ojo que un soldado la había visto y cargaba contra ella, Bulma ahogó un grito mientras se echaba a correr y Seripa paraba los golpes dirigidos a ella sin problemas… hasta que los demás soldados dieran cuenta de su presencia.

Vegeta se tragó las ganas de gritarle que se fuera porque solamente la descubrirían y no podría detenerlos teniendo a tantos soldados pendientes de él. Con rabia, pegó más fuerte y más preciso, matando incluso de un golpe. Hasta que por fin sucedió.

—¡La ramera de la Tierra! ¡Puta!—una voz desgraciada dio el aviso y la batalla se vio, por un momento, congelada por el grito tan extraño que se estaba escuchando. Pronto dejaron de tomarlo en cuenta y el mar de gente se volcó en la terrícola que sólo quería ir a mirar. Seripa dio una maldición sonora y parapetó a la reina en una esquina, en donde tendría que protegerla con su vida para que no pudieran matarla. —Mátenla—decían unos—, ¡violenla!—decían otros.

—¡Humana estúpida!—se oyó decir al mismísimo rey cuando, de un salto, llegó hasta unos metros de ella y mató a los que se habían acercado demasiado, y escudó a Seripa para que ella sólo se ocupara de los que él dejaba avanzar. Cansado y mal herido, Vegeta se dijo una vez más que ya descansaría…

Un soldado lo saltó tal como el había hecho anteriormente para llegar hasta Bulma y derribó a Seripa de un golpe que la hizo rebotar con la pared. La colona se golpeó en la cabeza y perdió el conocimiento por unos segundos, los suficientes para que destrozaran a Bulma, y Vegeta la sintió gritar del terror. Seripa se espabiló en el suelo con los sesos todavía golpeando su cráneo e intentó levantarse pero para el rey no fue lo suficientemente rápida y se interpuso entre el puño grotesco del soldado y el cuerpo débil de su mujer. Abrió la boca con sorpresa para descubrir que de ella salía un chorro de sangre caliente que le tiñó los dientes y que cubrió su mentón como un manto de un color escarlata.

—Vegeta…—susurró Bulma cuando vio que su marido se había quedado tieso de la impresión y con horror descubrió el puño ensangrentado que había atravesado en su totalidad al rey. Ni el propio soldado daba crédito a lo que había logrado y se quedó mirando absorto cómo Vegeta tiritaba con la muerte besándole los labios. No tuvo la decencia de soltarlo hasta que lo obligaron a hacerlo. —Vegeta. Vegeta… ¡Vegeta!

El cuerpo de Vegeta se recostó suavemente sobre ella cuando Número 18 apartó de una patada al soldado que lo había atravesado y se quedó escudándola el tiempo que Seripa demoró en reaccionar. Le dio una mirada de soslayo a la reina y la observó cuando Bulma se echó sobre Vegeta con vacilación. Sus ojos oscuros temblaban yéndose a blanco a ratos, y Bulma buscó la mano derecha que estaba tiesa por el shock previo a la muerte y la apretó sin recibir respuesta de él, ya no le quedaba mucho tiempo en ese mundo... A Bulma se le nubló la vista al instante, su marido no era más que una mancha mal enfocada detrás de todas las lágrimas que acudían a ella y Vegeta tosió sangre. Tenía todo el interior reventado. Bulma le acarició el rostro y como si se estuviera quedando ciego, Vegeta miró a todos lados sin tener idea de dónde estaba.

—¡Vegeta! Oh, Dios. Llévenlo a la enfermería... —dijo ella sin comprender la situación y el sonido de una multitud entrando en la sala del trono la llevó a mirar a los nuevos intrusos, divisó a Nappa, a Goten, Bardock y a Trunks. Cada uno mostraba una mirada devastada y sólo los primeros tres reaccionaron con algo de rapidez, cargando contra los traidores que no eran más que la manifestación de otro Paragus. Bastó una mirada furtiva hacia donde estaba ella para que Trunks comprendiera que su padre estaba moribundo y las lágrimas acudieron a su rostro momentos antes de seguir el camino de sus acompañantes. Trunks mató sin piedad y usó su espada para matar y cortar a sus oponentes mientras iba corriendo. Al llegar al último y aunque le pidiera misericordia, Trunks lo asesinó con puñaladas. Siguió apuñalándolo aun después de que el soldado ya no existía y no se detuvo hasta que estuvo empapado de su sangre y tiritando de tristeza.

Nappa se acercó a la reina forastera con lentitud y miró a su rey tendido, arrugó la nariz.

—Está muerto, señora, sus heridas son muy graves. Ni el tanque de recuperación ni los mejores médicos podrán reponerlo—dijo sin mucho tacto y se alejó para darle el tiempo para despedirse. Bulma era de las hembras que gustaban de los sentimentalismos.

Bulma se puso a tiritar, luego se largó a llorar sobre el pecho de Vegeta. Lo sentía temblar debajo de ella hasta que de pronto paró, la terrícola dio un grito de desesperación al pensar que había muerto pero cuando se incorporó a verlo, él también la miraba. Sus ojos negros vacilaban de pronto pero hacía el intento por fijarlas en ella. Lo escuchó inspirar largamente con un quejido.

—Vegeta…—lo llamó con una sonrisa debilitada por el momento. —Te pondrás bien…—sabía que se mentía, los guerreros como Nappa ya estaban familiarizados con la muerte y sabían reconocerla cuando la veían. Se acercó a rozarle sus labios con los de él y cuando estuvo bastante próxima, le escuchó hablar.

—Eres…libre —dijo simplemente y le acarició el pelo con una mano tiesa, Vegeta percibió el perfume del cabello de su mujer. —Puedes irte si quieres…

Un quejido se arrastró hacia fuera de la garganta de Bulma y se pusó a llorar sin consolación aunque supiera que debía permanecer calma en los últimos momentos de su marido. La terrícola hizo el intento y se mordió el labio inferior tratando de calmar el temblor de su mentón pero no pudo hacer nada para que las lágrimas dejaran de nublarle la vista. Vegeta insinuó una sonrisa mientras cerraba los ojos para descansar un momento, sólo un momento pedía.

—No me iré, no te dejaré, Vegeta—recitó ella un poco tartamuda por las convulsiones del llanto reprimido. —Jamás. Siempre estaremos juntos…

—No…—pudo decir él pero Bulma sabía que no le quedaban fuerzas para terminar la frase. —Al lugar donde voy, no podrás seguirme… —no pudo decir más, el rey sabía que le esperaba el infierno por todas las atrocidades que había cometido, como también sabía que a ella le estaba prometido el paraíso.


Nota de la Autora: Lo hice u.u Maté a Vegeta y no puedo creer que lo hice, esta escena estaba pensada desde hace mucho y aunque el asesino sería otro, me pareció un buen cambio de última hora... El otro capítulo también está pensado pero me demoraré en escribirlo porque tengo una cascada de tareas que atender y que no hice para sacarme este capítulo de encima. No puedo concentrarme si tengo ganas endemoniadas de escribir jaja

Ahora se viene el nuevo rey, un nuevo reinado junto al hermoso de Trunks :D Y se viene peor de lo que ha pasado hasta el momento, si pensaron que habían tramas entrelazadas en la campaña de Vegeta, será aun más terrible en la de Trunks. Y Brolly, también un cambio de último momento, pero no se preocupen, no lo hice bueno...

Un saludo y muchas gracias a Perla16, Asaia16, Sybilla's Song y a JazminM por sus comentarios en el capítulo anterior, las adoro.

Muchos besos, abrazos y demases, RP.