Rose arquea la ceja y tamborilea en la mesa con los dedos de la mano en la que no tiene apoyada la cabeza. Su acompañante aun así la ignora y agacha la cabeza como si se le hubiese perdido algo bajo la mesa cuando un grupo de cuatro chicas jóvenes pasa por al lado de la mesa en la que están sentados.
—¿Podrías dejar de tener esos arrebatos paranoicos cada vez que una chica de entre quince y veinte años pasa por tu lado? Por favor. —Tras decir eso, la rubia da un sorbo a la taza de café que tiene frente a ella.
—No. —Contesta el otro, irguiéndose de nuevo y mirando hacia atrás para ver si las chicas se han alejado lo suficiente. Después deja escapar el aire retenido y se recoloca mejor la gorra que lleva.— No quieres ver lo que pasa si alguien me descubre aquí.
—Dave, prácticamente se han olvidado de ti. —Suelta con elegante tranquilidad, aunque en realidad oculta una sonrisa de diversión, pues ese comentario sólo es para picarle un poco.— Hace un mes que no subes nada nuevo ni haces apariciones públicas.
El Strider suelta un gruñido y apoya los codos en la mesa, inclinándose sobre su vaso de zumo de manzana bien frío. Sabe que ella tiene razón, pero no es como si por eso se fuesen a olvidar de él. De hecho, lo que está causando su ausencia es justo lo contrario: sus páginas de fans están que echan humo, teorizando sobre su desaparición.
"Es casi como cuando mi hermano dejó este mundo."
—¿Y bien? ¿Has hablado con tu hermano? —La voz de la Lalonde hace que levante los ojos ocultos tras las gafas hacia ella. Casi parece que le haya leído el pensamiento.
—No. Aún no. —Admite él.
—Pues eso es lo primero que deberías resolver.
—Joder, ya lo sé. —En un gesto que Rose cataloga como nervioso, Dave se quita la gorra, sacude la cabeza para colocarse el pelo y vuelve a ponérsela.— Pero recuerdo lo que vi en casa de John y mierda.
—Tú hiciste lo mismo con Jade.
El comentario hace que el rubio frunza el ceño y abra la boca para responder, aunque la cierra un segundo después al no tener nada con lo que defenderse. Rose sabe que, aunque no puede verle los ojos, le está mirando intensamente, queriendo reprocharle algo que no es culpa suya.
La Lalonde guarda silencio mientras Dave se recompone de lo que para él es un golpe bajo y da un pequeño sorbo a su taza de café, saboreando la discreta vainilla que éste lleva. Cree que es el momento adecuado para decirle que ella misma vio a su hermano hace apenas tres días, corriendo detrás de Jake, pero el Strider se adelanta y empieza a hablar, sacándola de sus pensamientos.
—¿Sabes? Creo que la he cagado. —Murmura él a media voz y la cabeza gacha.
—¿Aún más?
—Aún más.
—¿Y se puede saber con qué pecado capital te has tropezado esta vez? —Insta Rose cuando Dave se queda de nuevo en silencio, reacio a hablar.
—Le dije a Jake que mi hermano se estaba tirando a John. —Suelta de golpe, queriendo quitarse el peso de encima. Cuando ve cómo la chica abre un poco más los ojos y tensa los labios, se apresura a mirar hacia otra parte, haciendo ver que en realidad no es para tanto.— Pero no sé si aquello le molestó o qué porque se fue corriendo en cuanto se lo dije así que…
—¿Que no sabes si le molestó? —Repite incrédula, incluso frunciendo ligeramente el ceño y rompiendo su siempre serena expresión.— Jake English seguía en la ciudad porque sabía que tu hermano también estaba aquí, Strider.
Dave arquea solo una ceja, mirándola pensativo e incrédulo durante un rato. Le parece imposible que ese tío estuviese allí aún por Dirk porque, según sus recuerdos borrosos, su hermano tenía que presionar a Jake para que estuvieran juntos y la relación prácticamente pendía del rubio.
Sin embargo, sabe que Rose no le va a mentir y, por alguna razón, desde un primer momento tuvo la sensación de que todo lo que ella decía era cierto.
Antes de contestar, se encoge un poco y se baja la visera de la gorra cuando un grupito de chicas pasa por su lado. Escucha cómo la Lalonde suelta un aspaviento, pero lo ignora.
—¿Lo dices en serio? —Es lo primero que dice el rubio cuando ya no ve peligro.— Quiero decir, creía que él ni siquiera sabía que estábamos aquí y que venía a ver a Jade.
—Eso era en un principio.
—Ya, bien, ¿y cómo estás tan segura de que Jake sigue aquí por él? —A pesar de confiar en sus palabras, se siente en la obligación de cuestionarle.— ¿Es que te lo ha dicho él mismo?
—No. —Misteriosa como siempre, la rubia se toma unos segundos para darle un nuevo sorbo a su bebida antes de volver a hablar.— Pero la mente de Jake no es tan complicada.
—Ya sé que la inteligencia de English es equivalente a la de una patata cocida, no hace falta que me lo jures.
—No me refiero a eso. —Rose suspira y deja la taza en su plato.— Es fácil leerle aún sin conocerle a fondo. Jake sigue aquí porque se enteró de que Dirk aún está en la ciudad, Dirk se niega a irse porque no puede alejarse demasiado de su estúpido hermano aunque estén peleados y su estúpido hermano está aquí por el chico del que se enamoró.
—Espera, yo no…
—Strider, ni se te ocurra negar nada de lo que te he dicho. Hemos hablado de ello con anterioridad y sabes que todo es cierto. —Se apresura a cortarle, empezando a arrepentirse de haberse metido en aquel chanchullo.
—Vale, lo pillo, joder.
Aunque Rose ve cómo Dave se escurre un poco en su asiento y toquetea su móvil con el ceño fruncido, enfurruñado, no puede evitar sonreír con suficiencia, sabiendo que el chico empieza a asimilar de forma correcta la situación. Tal vez hasta pueda solucionar aquel lío… o por lo menos ayudar a ello.
—En fin, que tengo que hablar con mi hermano antes de que se entere de la cagada que tuve con Jake o sino se cabreará aún más. —Dice el Strider con voz monótona, pensando en segundo plano que tendría que empezar a dar señales de vida, tal vez por su Twitter o algo así.
—...oh. —Rose entreabre los labios y se queda con los ojos fijos en un punto. Aquella reacción inusual de la chica, hace que Dave vuelva a prestarle atención.
—¿Qué te pica ahora?
—Creo que… es demasiado tarde para eso, Dave. —Poco a poco, une las manos apoyadas encima de la mesa.— Hace unos días presencié cierta escena. Una limusina casi atropella a Jake en mitad de la calle porque éste estaba corriendo sin mirar hacia dónde iba. Supongo que acababa de recibir la gran noticia, cortesía tuya. De dicha limusina salió tu hermano y, en fin, corrió tras él.
—No me jodas. —Sisea Dave, consternado por la estúpida casualidad.
—Teniendo en cuenta que ha pasado un tiempo, ellos tal vez hayan hablado.
—Claro. Hablado. —El rubio se cruza de brazos y mueve una pierna de forma nerviosa, torciendo el labio como muestra de disgusto. La imagen le parece tan infantil a Rose que no puede esconder una pequeña sonrisilla.
—No seas celoso, Dave. —Le suelta, algo divertida.
—Oh no, Lalonde, no empieces de nuevo con esa mierda. —Responde él, inclinándose un poco hacia delante para coger su vaso y acabarse el zumo.
—Está bien. —Ella baja los ojos hacia el ya escaso contenido de su taza y lo remueve con la cucharilla.— Sin embargo, tendrías que llamarle. Con suerte tal vez no sepa nada aún.
—Aunque lo sepa tengo que llamarle. —Admite Dave, soltando un pesado suspiro.
Ambos se quedan en silencio, mirando sus respectivos vasos y pensando en todo aquello.
Ninguno de los dos se da cuenta de que, en una mesa cercana, un grupito de chicas jóvenes están cuchicheando y señalándoles con discreción, empezando a sacar los móviles para tomar fotos de la escena y, tal vez, acercarse a pedir autógrafos a su ídolo.
—¿Crees que John estará solo? —Pregunta de repente el Strider, ajeno a lo que pasa.
—¿John? —La Lalonde se queda pensativa durante unos segundos, sopesando las posibilidades.— ¿Crees que tu hermano haría algo así?
—Pf, cuando se trata del imbécil de Jake se pone un poco gilipollas. —Arruga la nariz, pero intenta mantener la compostura para que la otra no haga insinuaciones incestuosas sobre él y su hermano.
—Podría pasarme mañana o pasado por su casa para comprobarlo. —Le dice ella cuando ve que, tras su rostro casi siempre estoico, esconde preocupación.— No te apures, Strider, contactaré contigo en cuanto analice la situación.
—Bien. —Dave da un cabeceo, asintiendo. A pesar de querer parecer indiferente, Rose parece leerle como un libro abierto. Aunque no quisiera, tendría que confiar en ella y en su criterio, así que opta por ofrecerle un poco más de información.— Mi hermano fue el que me aconsejó dejar a John cuando le expliqué lo de Jade.
—Vaya. Eso es nuevo.
—Él siempre me aconseja en todo. —Continúa Dave, hablando con serenidad pero sin mirar a la otra a los ojos.— A veces paso de su culo pero joder, es mi hermano y mi mánager. En fin, la única persona *importante* que he tenido en mi vida desde que era un enano. Sabe de este mundo porque también estuvo metido y su historia con English… se jodió por culpa de la fama. —Alza los ojos un momento hacia la chica y ve que ella le observa atentamente, con interés, memorizando lo que dice en su cabeza a falta de un bloc de notas.— Pero creo que en ese momento no estaba pensando en que yo pudiese hacerle daño a John por la fama. Creo que estaba pensando en si mismo.
—Suena muy egoísta por su parte. —Interviene Rose.
—No, Rose, no lo entiendes. —El rubio se inclina un poco más sobre la mesa para darle más significado a lo que dice, ahora sí, mirándole directamente.— Dirk nunca ha pensado en si mismo. Siempre ha sido el idiota buenazo que estaba por los demás. Mira, cuando pasó por toda esa mierda con Jake, aún sabiendo lo que me esperaba, me ayudó a estar donde estoy hoy en el mundo de la música. *Siempre* me ha protegido y ha evitado que cometa sus mismos errores. Yo… —Se atraganta un poco con sus palabras, sabiendo que hablar de sentimientos le queda grande, pero Rose alarga la mano por encima de la mesa y coge la suya, dándole un apretón, instándole a seguir.— Desde que tengo memoria yo… sólo tengo a mi hermano. Tuvo problemas con los servicios sociales porque se hizo cargo de mi siendo prácticamente un crío cuando nuestros padres murieron, pero luchó por mí, por estar juntos, ¿sabes? Yo siempre lo supe y joder, le admiraba tanto por ello. Cuando me sentía diferente por no tener un padre y una madre, recordaba lo genial que era mi bro, que se estaba volviendo famoso y… —Deja de hablar un momento y agacha la cabeza, escondiendo una sonrisa triste al recordar.— Mientras todos los críos querían ser como Spiderman o el puto Batman, yo pensaba en Dirk. Quería ser cómo él. No… quiero ser como él. Es como mi héroe.
Rose deja que Dave tome aire después de soltar todo aquello. Ahí está: ha conseguido que el Strider se sincere consigo mismo. Casi puede palpar su alivio por haber vomitado por fin esa maraña de pensamientos y emociones a alguien. Poco a poco, retira la mano de la suya, dándole más espacio para que recupere su fachada de tío guay y distante y se sienta cómodo con la situación.
—¿Entonces no le culpas? —Pregunta con suavidad la rubia cuando cree que es el momento adecuado.
—Joder, no. —Admite pasados unos instantes, volviendo a quitarse la gorra para recolocarse el pelo.— No le puedo culpar por haber pensado solo una maldita vez en él.
—¿Aunque eso te haya perjudicado a ti?
—Aunque me haya jodido, sí. —Lo dice con tanta seguridad, sin dudarlo en ningún momento, que Rose le cree al instante.— Él se ha tenido que joder muchas veces por mi culpa.
—Entonces le quitas toda culpa de lo que ha pasado.
—No es que no tenga culpa. —Dave piensa muy bien todo lo que dice, hablando lentamente.— Pero nadie obligó a John a acostarse con él.
—Ambos se utilizaron. —Sugiere la chica.
—¿Tú crees?
—Es una posibilidad. —Rose le da un momento para que el otro piense en ello y se recoloca las mangas de su camiseta, aprovechando para comprobar que su manicura sigue perfecta. Como Dave no abre la boca, prefiere continuar y llegar a la conclusión que buscaba desde un principio.— Entonces la culpa es…
—Mía. —Se apresura a contestar el Strider, robándole una sonrisa a su acompañante porque esa es la respuesta correcta.— Mayormente. A mí tampoco me obligó nadie a hacer lo que hice. Sólo tomé las decisiones más mierdosas de toda la existencia de los Strider… aunque la decisión de mi hermano de liarse con Jake también fue una puta mierda pero en fin.
—Estás madurando, Dave. Aunque sigues teniendo ese complejo de niño celoso en cuanto a tu hermano.
—No, joder, sólo quiero lo mejor para él y ese English no llega ni al mínimo.
—¿Y qué es lo mejor para él?
—Pues… ¿otro Strider? —La sonrisa de la Lalonde se ensancha tanto y de manera tan maliciosa que Dave se da cuenta de sus intenciones incluso antes de que ella hable.— Ni se te ocurra insinuarlo, Rose, vete a la mierda, no me refiero a m-...
—P-perdona… —Una tercera voz hace que ambos rubios giren la cabeza hacia el mismo lado. Allí plantadas junto a su mesa, hay un grupito de cinco chicas que parecen más nerviosas que en toda su vida.— ¿Eres Dave Strider?
—Soy quien queráis que sea, señoritas.
El estúpido comentario arranca risas nerviosas del grupito de chicas y Rose Lalonde arquea ambas cejas y mira asombrada cómo el rubio se levanta con una sonrisa de oreja a oreja, utilizando un absurdo tono seductor cada vez que habla con esas niñas.
El cambio de actitud de Dave le sorprende tanto que ni siquiera se da cuenta de que, mientras una a una se sacan fotos con el Strider y le piden autógrafos, las demás cuchichean y la miran con atención, empezando rumores que poco tardarían en quemar la red.
.
-golgothasTerror [GT] empezó a molestar a gardenGnostic [GG]-
GT: Bienaventurada y querida jade.
GT: Estoy con dirk jane y roxy! Me topé con ellos en las calles de la gran ciudad.
GT: Qué venturosa jugarreta del destino!
GT: Así que no te preocupes mi dulce dama. Está todo bien por aquí y tan pronto como podamos iremos todos a hacerte una visita y rememorar viejos tiempos.
GT: Ah!
GT: Pienso que sería adecuado que le hicieras una breve visita a john. A pesar de todo… Él quería ayudar verdad?
-golgothasTerror [GT] dejó de molestar a gardenGnostic [GG]-
Jade vuelve a releer aquellas frases pomposas pero significativas de Jake. El mensaje es de hace unos días, desde que Dave estuvo en su casa y…
La morena suspira de manera temblorosa y se recoloca un mechón de pelo tras la oreja, apretando el paso mientras se mueve por la aplicación de Pesterchum en su móvil, echándole ahora un ojo a los mensajes que había estado enviándole a John desde que Jake contactó con ella.
Nada. El chico aún no le ha contestado. Y es por eso por lo que está yendo hacia su casa aunque crea que tal vez no pueda ni mirarle a los ojos.
Pero ¿y si le ha pasado algo a John? Prefiere pasar un mal rato y comprobar que su mejor amigo está bien a enterarse al cabo de dos semanas de que el chico ha muerto de pena en su apartamento o…
"¡No! Eso es imposible. John no sabe nada de lo que yo hice con Dave… creo."
El sólo pensamiento de cómo podría recibir el Egbert esa noticia más el hecho de que Dirk le haya ¿dejado?, hace que Jade se estremezca y niegue con la cabeza, consternada.
—Todo va a ir bien. John es un chico fuerte. —Se susurra a si misma, llegando al portal del edificio donde vive el chico y encontrándose la puerta abierta.
Mientras el ascensor va subiendo, Jade no puede dejar de toquetear el bolso que lleva colgado de un hombro, nerviosa. En su cabeza cada vez aparecen imágenes peores de cómo podría estar el chico al que conoce de toda la vida y los ojos se le aguan de pura culpabilidad. Parte de todo aquello es culpa suya y lo sabe.
Cuando el ascensor se abre, la Harley sale a toda prisa y va directa a la puerta del piso de John, machacando el timbre con intensidad hasta que se escucha un chasquido.
—¿Jade? —Pregunta un perplejo John tras abrir la puerta, sorbiendo la nariz después.
A la Harley se le encoge el corazón cuando ve que, detrás del chico, el apartamento está completamente oscuro y, cuando se atreve a mirarle a los ojos, los encuentra rojos e hinchados. Es como si sus malos presentimientos hubiesen tomado forma delante suyo.
Sin poder controlarse apenas, se echa sobre el chico que prácticamente considera hermano, saboreando el regusto amargo de la culpabilidad otra vez.
—¡Dios mío, John, lo siento tantísimo! —Exclama ella, escondiendo el rostro en su hombro y controlando las feroces ganas de llorar.
—¿¡Q-qué!? Jade, no entiendo qué…
—EGBERT, TE ESTÁS PERDIENDO LA MEJOR PARTE. —Grita entonces alguien desde dentro, haciendo que los dos jóvenes se queden callados de repente.
Después de eso se escucha cómo la persona que ha hablado se suena la nariz de forma estridente y Jade se separa poco a poco de John para mirarle fijamente, buscando una explicación a aquello. El ojiazul ríe un poco, aún perplejo por el arrebato de su amiga -el cual sigue sin entender- pero aun así lo deja pasar por el momento y se encoge de hombros mientras le pone las manos en los hombros y la aleja un poco más de él para poder hablarle.
—En realidad no es mi estilo de película pero a Karkat le gustan y ha insistido tanto que…
—¿Kar… kat? —Pregunta Jade, frunciendo un poco el ceño al ir entendiendo de qué iba la cosa y que su reacción había sido desproporcionada.
—Mi vecino. —Aclara John con una breve sonrisa.
—JOHN. —Vuelve a gritar el tal Karkat desde dentro, haciendo que el moreno ruede los ojos.
—¡Ya voy!
Aunque Jade aún está un poco descolocada por culpa de la situación que ella misma ha causado por precipitarse, sigue al Egbert cuando éste entra de nuevo en el apartamento oscuro, el cual se ilumina cuando el dueño enciende las luces del salón.
Una cabeza asoma por encima del respaldo del sofá, con los mismos ojos llorosos e hinchados que mostraba John.
—JOHN, pero se puede saber qué… —Karkat se queda con la palabra en la boca cuando clava los ojos en Jade y se recoloca mejor en el sofá, mirándola de forma intensa, con el ceño fruncido y la nariz sonrojada de tanto sonarse.
—Hola. —Saluda algo tímida la recién llegada, viendo que el amigo de John parece haberse quedado mudo de repente.— Me llamo Jade Harley.
—Y… y… —John arquea una ceja al ver el balbuceo de Karkat, pero pronto se recupera y suelta de forma brusca:— ¿Y por qué nos has molestado en la mejor parte de la película?
—Yo no… esto… ¿lo siento? —Mosqueada por esa respuesta tan borde del chico, mira a John de forma significativa. Éste entiende a la morena y se acerca al sofá.
—Oye, Karkat, tendremos que acabar la película en otra ocasión. —Dice conciliador el Egbert, sonriéndole un poco para que el otro no se lo toma a mal, conociendo ya el humor cambiante de su vecino.
—¿En serio, John? ¿EN SERIO? —El Vantas, tal y como John esperaba, se levanta del sofá ofendido, tirando al suelo la manta que tenía por encima.— ¡No pienso venir la próxima vez que me invites, ¿me oyes?!
—Pero… si te has autoinvitado. —Comenta el ojiazul, mordiéndose la lengua justo después.
—¿QUÉ? —La voz de Karkat sube de tono y, mientras habla, se acerca al DVD para sacar un CD de Love Actually y meterlo en su respectiva caja.— MUY BIEN, EGBERT, LA PRÓXIMA VEZ QUE ESTÉS HECHO UNA MIERDA NO SERÉ YO EL QUE ARRASTRE EL CULO HASTA AQUÍ Y TE ANIME… AUNQUE NO ES COMO SI HUBIESE VENIDO A ANIMARTE NI NADA ASÍ PORQUE A MI ESO NO ME IMPORTA EN ABSOLUTO, ¿VALE? VALE. QUE TE DEN.
John y Jade guiñan un ojo a la vez cuando Karkat se despide con un fuerte portazo, marchándose del apartamento. El moreno suspira y se deja caer en un brazo del sofá, como si haber estado con aquel chico le hubiese cansado enormemente. La Harley, por su parte, se acerca a él en silencio, aún algo cortada por todo aquello.
—Vaya, eso ha sido… —Comenta Jade mientras aún mira la puerta por la que se acaba de ir el vecino escandaloso.
—No siempre es así. —Le responde el ojiazul, levantándose en cuanto ella llega al lado del sofá. Mientras habla, John se pone a recoger el lío de mantas y cojines, resultado de la sesión de cine fallida.— ¡Siento que hayas tenido que tratar con él cuando se pone de esa manera!
Sin saber qué debería responder o cómo empezar a tratar el tema que la ha llevado allí, Jade sólo suelta una carcajada plástica a lo que le dice John y ocupa el lugar del otro, sentándose en el reposabrazos del sofá.
Sabe de sobras que John se siente incómodo con la situación porque la última vez que hablaron tuvieron una conversación algo tensa sobre Dirk y, ahora que Jade conoce lo que hubo entre el hermano de Dave y el moreno, entiende mejor su comportamiento. Tal vez si ella hubiese estado a su lado, no habría buscado consuelo en Dirk, pero ¿cómo iba a estar a su lado si por su culpa Dave le dejó?
Se muerde el labio y se da un apretón en las manos al pensar en eso, repitiéndose una y otra vez que no debe llorar, que está allí para… ¿para qué?
—Bueno… —La voz de John hace que Jade dé un respingo y levante la cabeza hacia él.— ¿Qué te trae por aquí?
—Estaba… preocupada. —Admite con un cabeceo, siguiendo al chico con la mirada hasta que éste se sienta a su lado en el sofá. Ella se recoloca mejor en el reposabrazos y toma aire antes de volver a hablar.— Jake no está en casa.
—Lo suponía. —John desvía la mirada y esboza una media sonrisa que encoge el corazón de Jade.— Está con Dirk, ¿verdad?
—Sí. —Cuando lo confirma, él ni siquiera parece sorprendido.
—Vaya, al final conseguimos lo que queríamos en un principio.
Aunque John ni siquiera le está mirando y su tono de voz es neutral, la morena puede leerle como si fuese un maldito libro de botánica. Ver a alguien que considera tan importante queriendo ocultar lo roto que está hace que ella misma se sienta mal, además del plus que le ofrece la culpabilidad.
Alza durante un momento los ojos, aguados y brillantes, y se toquetea las gomas de colores que suele llevar en los dedos para hacerse reaccionar, para obligarse a soltar el labio inferior que tan fuerte tiene atrapado entre los dientes y hablar, pero John se le adelanta.
—Y… ¿sabes que yo…?
—Sé que Dirk y tú… —Baja la voz y acaba diciendo:— estabais juntos.
—Sí, algo así. —El Egbert suelta una risa amarga y después suspira y hunde los hombros.
—¿Por qué no me lo dijiste, John? —Pregunta de forma súbita, haciendo que el chico le mire.— Creía que éramos como hermanos, que nos lo contábamos… todo.
Al ser consciente de sus últimas palabras, la morena agacha un poco la cabeza, sintiendo ese ya conocido mordisco de la culpa. John percibe ese cambio de expresión y le agarra del brazo, estirando de él con suavidad para que Jade baje del reposabrazos al sofá y así tenerla más cerca.
—No quería meterte en estos chanchullos, Jade. Además, estaba Jake y… —Un nuevo y tembloroso suspiro escapa de entre sus labios y se tiene que tomar unos instantes para recuperar la compostura.— Me siento tan mal por haber complicado las cosas. Por lo menos ahora parece que han conseguido verse pero… —Vuelve a titubear y la voz se le rompe de al forma que Jade teme que se eche a llorar.— La culpa de todo al final es mía.
Y en ese momento, Jade Harley decide que ya ha visto lo suficiente.
No va a dejar que John siga creyendo eso, no puede dejar que siga sufriendo por algo que él no ha provocado. Tal vez no tomó las decisiones adecuadas, pero no era su culpa. Claro que no.
La morena aprieta la mano que John ha unido con la suya justo al acabar de hablar y hace que los ojos azules del que es casi como su hermano se alcen hacia los suyos.
Ni siquiera piensa en lo que pueda pasar después, sólo sabe que tiene decirlo. No hay otra opción.
—John, creo que hay algo que debes saber. Es respecto a mí y… Dave.
.
El cielo de Washington brilla, claro y azul, y el sol calienta de esa forma agradable en la que sólo puede hacerlo a mediados de primavera; eso, más la brisa que les acaricia de vez en cuando mientras se toman sus respectivas bebidas en el bar de la azotea del hotel donde están alojados, consiguen crear el ambiente perfecto para relajarse y charlar de cosas agradables… pero Jake English no llega a comprender del todo qué significa "charlar de cosas agradables", o por lo menos eso cree Dirk cuando suelta la bomba que llevaba evitando desde hace unos días.
—Deberíamos ir a hacerle una visita todos juntos a Jade.
El Strider, que en ese momento estaba bebiendo de su naranjada, casi se atraganta pero lo oculta con disimulo… disimulo insuficiente para Jane y Roxy, que primero miran a su rubio amigo y después hacen contacto visual entre ellas, hablándose sin palabras como solo las chicas consiguen hacerlo.
—¡Jake, vamos a echar una ojeada a las vistas! —Dice de repente una animada Jane, inclinándose hacia el ojiverde y estirándole del brazo como si volviese a ser una niña pequeña.
—Ey, pero podríamos ir todos o…
—¡No! —Se apresura a cortarle la morena cuando ya ha conseguido levantarlo de su asiento.— Ellos… aún no se han acabado las bebidas.
—Yo tampoco. —Se queja Jake pero, cuando señala su vaso medio lleno Roxy ya se ha hecho con él y vacía su contenido en una maceta cercana.— ¡Eh!
—Lo siento, Jakey, te debo una Coca-cola. —La rubia se encoje de hombros, con una sonrisilla.
Al final Jane consigue que el English deje de forcejear y lo aleja de la mesa mientras él echa un vistazo de vez en cuando por encima del hombro.
Dirk, que ha observado todo el paripé sin abrir la boca ni mover un músculo, frunce el ceño al quedarse a solas con la Lalonde y gira la cabeza hacia ella.
—¿Se puede saber qué tramáis ahora? —Dice con tranquilidad, a pesar de que hay una sombra de sospecha en su tono.
—Nosotras nada. —Roxy da un trago a su vaso de té helado, su bebida refrescante favorita que le ayuda a contrarrestar la resaca.— ¿Y tú?
—¿Qué voy a estar tramando yo? —Dirk rueda los ojos tras las gafas, sabiendo dónde acabaría aquella conversación.
—No sé, ¿una huida del continente para no afrontar tus problemas?
—No sé a qué te refieres, Rox. —Miente el rubio, utilizando esa expresión plana e inexpresiva, plasmando lo mismo en sus palabras.
—Oh, claro que lo sabes, Strider. —Se inclina más hacia él.— Me refiero a tu hermano. Y al tal John y toda esa historia que le contaste a Janey. ¡Ni siquiera quieres ver a Jade!
—Ya me ocupé de John. Le envié un Pester. —La voz de Dirk se tensa un poco. Sabe que su amiga tiene razón y apenas tiene argumentos con los que defenderse.
—¿Y esa es forma de hacer las cosas? Joder, no puedes haber cambiado tanto en unos meses. —Roxy se acaba su té helado y coge la carta de bebidas con alcohol, dispuesta a quitarse aquel dolor de cabeza de la mejor manera que se le antoja. Cuando vuelve a hablar, levanta los ojos por un momento para mirarle.— Mira, Jake te dejó prácticamente de la misma manera y estuviste cabreado durante años con él. Así que no me vengas con "ya me he ocupado de eso le he enviado un Pester".
Ante ese reproche tan directo, el Strider se muerde la lengua y desvía la mirada hacia un lado, pues sabe que no puede replicarle porque ella vuelve a tener razón. Odia sentirse tan estúpidamente impotente frente a una situación que podría resolver si quitase de en medio el orgullo infantil y la gilipollez. Joder, es un adulto, tendría que poder con esto. Pero muy en el fondo sabe que si no ha actuado aún es porque teme cagarla aún más con el remedio que con la enfermedad.
—Me apetece conocer a John. —Continúa la rubia después de darle un tiempo a su amigo.— Pero sobre todo tengo ganas de ver otra vez a Dave. Parece que se ha convertido en todo un rompecorazones... Y pensar que cuando era pequeño huía cada vez que intentaba darle besos.
—Porque le dejabas lleno de marcas de pintalabios. —Recordar los viejos tiempos le arranca una sonrisa y, dándose cuenta de que no va a librarse de aquello, suspira y toquetea su vaso, clavando los ojos en él.— Dave no quiere ni verme la cara.
—Es normal, Dirk. —Mientras habla, levanta una mano para llamar la atención al camarero.— ¿Qué crees que tendrías que hacer para recuperar a tu hermano?
El camarero llega antes de que el rubio pueda responder, así que le da tiempo a sopesar la respuesta durante unos instantes aunque tiene claro lo que debería hacer para arreglar sus cuentas pendientes, tanto con Dave como con John. De hecho, incluso tiene una ligera idea del escenario que podría utilizar para todo aquello…
—Sí, un Sex on the beach. —Escucha decir a Roxy.— Ya que no tengo del real…
Dirk se fija en el camarero, que suelta una risita nerviosa cuando la Lalonde deja caer aquella insinuación sexual tan obvia, y no puede evitar fruncir el ceño. Entiende que el chaval se ponga así porque Roxy es una mujer que impone por la sensualidad que irradia… menos cuando de jóvenes se encerraban en casa, jugando a videojuegos y comiendo Doritos como si no hubiese mañana. Aunque aquella era la faceta de Roxy que más le gustaba.
—Podrías dejar de coquetear mientras hablamos de cosas serias. —Le reprocha una vez el chico se ha ido de allí.
—¿Es que estás celoso?
—Sí. —La respuesta le arranca una risotada a Roxy.— ¿Qué pasa? ¿Nunca has estado celosa por mi culpa o qué?
—Más veces de las que sería correcto aceptar. —Comenta ella cuando deja de reír, soltando un suspiro mientras tamborilea con las uñas sobre la mesa y echa miradas furtivas a la barra, donde le está preparando el cóctel.— En fin, ¿entonces cómo le vas a pedir perdón a tu hermano?
—¿Eso es lo que tengo que hacer para recuperarle? ¿Arrastrarme?
—Pedir perdón por tirarte a su novio no es arrastrarse, Dirk.
—Él también debería disculpar-...
—No, Strider, no vayas por ahí. —Le corta de repente la rubia, cosa que sorprende al chico.— Por una vez en la vida podrías no comportarte como una diva ofendida frente a este tipo de problemas.
—No sé a qué te refieres. —Vuelve a decir después de recuperarse del corte, desviando la mirada con expresión indiferente, cruzándose de brazos, como si aquello de verdad no fuese con él.
—A eso me refiero. —Roxy le señala y Dirk le mira otra vez, ofendido.
Aunque tense los labios de esa forma que Roxy tan bien conoce, ella no da su brazo a torcer y le aguanta la mirada de forma severa, seria, algo inclinada hacia él. A pesar de que es el Strider el que lleva la ventaja de las gafas de sol, es él mismo el que pierde en esa batalla de miradas y suspira, exasperado.
Claro que sabe a lo que se refiere la Lalonde, cómo no lo va a saber. Dirk siempre ha sido consciente de que ese es uno de sus grandes defectos: actuar de manera indiferente o estúpidamente socarrona ante cosas que en realidad le importan bastante.
—Tengo que hablar con John. —Empieza Dirk, tanteando el terreno.
—Antes vas a tener que pedirle perdón a Dave. —Insiste la rubia.
—Pero no he sido el único que se ha comportado como un idiota aquí, Roxy.
—Y espero que lo hagas sin esas gafas tuyas puestas. Es tu hermano, por Jegus. —Ella continúa hablando como si ni siquiera le hubiese oído.
—¿Pero por qué tengo que hacer eso?
—¡Nada de peros, Strider! —Exclama repentinamente.— ¿Quieres recuperarle o no?
—Sí… —Suspira pasados unos segundos, dándose por vencido.— De hecho, sé cómo recuperarle definitivamente.
—¿Ah, sí? —Se hace la sorprendida, pero en realidad sabe lo que va a proponer su amigo.— ¿Cómo?
—Tengo que hacer que Dave y John hagan las paces.
—Querrás decir tenemos, Strider. —Roxy sonríe con sus labios pintados de negros y le guiña un ojo.
Dirk le devuelve la sonrisa; la abrazaría si no estuviesen en el bar de la azotea de un hotel pijo… y si el camarero de repente no se hubiese interpuesto entre ellos, sirviendo una copa ante cada uno.
Ambas bebidas eran un Sex on the beach, pero sólo Roxy había pedido uno.
Los rubios intercambian miradas y, ya a punto de abrir la boca, el camarero dice:
—Invita la casa.
El jovencito acerca una de las copas a Dirk, la cual tiene un papelito doblado debajo y prácticamente huye de allí. La Lalonde, con una ceja arqueada, sigue con la mirada al camarero, algo confusa aunque ya se huele lo que pasa y Dirk no tarda en confirmarlo.
—Es un número de teléfono. —Dice Dirk en tono neutral, con los ojos en el papelito que venía bajo su copa. Cuando sube la mirada, ve a Roxy con la nariz algo arrugada y no puede evitar sonreír un poco.— ¿Estás celosa?
—Mucho.
.
El viento que corre allí arriba es agradable y la altura del hotel le hace sentir que está en la cima del mundo. Sería una gran sensación de libertad si no tuviese a Jake al lado hablándole de todo lo que a él le interesa… o sea, él mismo.
—Estas vistas me hacen recapitular hasta la época en la que viajé a la fascinante y muy asiática tierra de Hong Kong. En aquellos lares hay gigantes por edificios, rascacielos tan colosales, Jane. En alguna ocasión podríamos hacer un periplo por las grandes ciudades, los cuatro juntos, como antaño.
—Claro. —Y eso es una de las pocas cosas que el English le deja decir a Jane, porque no deja de hablar y hablar y hablar…
—¿Y cómo se encuentra Roxy?
La pregunta pilla tan desprevenida a la pastelera que lo único que puede hacer es mirarle, parpadeando y boqueando. ¿Qué debería decirle? Roxy también es amiga de Jake y se merece saber la verdad sobre su situación actual, aunque, por otra parte, la Crocker cree que el ojiverde tal vez ni siquiera se haya dado cuenta de que la rubia sigue mal y sólo sea una pregunta casual que no merece una respuesta extensa y sincera.
—Mi entrenado ojo se ha percatado de que sigue consumiendo alcohol. —Acaba añadiendo Jake al ver que su amiga no responde y confirmando que en realidad el moreno sí que se ha dado cuenta de lo que pasa.
—Oh, ya… —Jane se apoya mejor en el borde de la barandilla de hierro y mira el cielo mientras habla.— Sigue sin poder olvidarse de ese tema.
—¿Aún está investigando? —Pregunta Jake, mirando con atención la expresión de preocupación de su morena amiga.
—Sí, pero nunca saca nada en claro. Una vez me dijo que le había seguido la pista y sabía que no había salido del país, aunque eso no es un gran avance. Ni siquiera sabe cómo se llama y ya han pasado diecinueve años…
—Cáspita, entonces es como buscar una bala en un maderaje.
—...sí, supongo que sí. —Jane le echa una mirada confusa a Jake por esa comparación tan extraña, pero ésta vez es él el que está con los ojos clavados en el cielo.
—Sería un milagro si el azar hiciera que se encontrasen.
Ni siquiera sé por qué he tardado tanto en escribir esto. En serio. Why. (?)
Ya me estoy preparando el terreno para hacer cosas serias btw, tenedme paciencia, la necesitaréis.
Hasta el próximo~~~ ´v`)/
