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La princesa y la traición de Radditz


—Mi rey de reyes, permítame presentarles mis obsequios—el nuevo vasallo del planeta Vegeta era pomposo, llevaba anillos en cada uno de sus dedos y vestía telas que habían atrapado el agua entre las fibras y se movían con una lenta precesión, cambiándole los colores de las ropas del susodicho cada vez que hablaba. Trunks ladeó la cabeza mientras se iban acercándo los sirvientes del señor de Taas, traían tres grandes cajas de un material ligero y estaban cubiertas por telas del mismo material que vestía al señor. El joven rey de veintiún años surcó una sonrisa en los labios antes de ver a su madre, sentada a su lado, en un trono que no violaba la jerarquía del trono del rey pero que era infinitamente más cómodo. Bulma casi no había envejecido debido a su collar pero no por eso se le borraban las marcas del eterno sufrimiento que llevaba acuestas. La terrícola miró sin la diversión que su hijo mostraba cada vez que un nuevo señor iba a rendirle tributo, la perisferia del universo había sido mucho más generosa que con los mundos más céntricos y Trunks había descubierto una inmensa cantidad de nuevos materiales, conocimientos y amulentos que jamás había imaginado.

—Dime, señor de Taas, ¿mis soldados fueron benevolentes con su gente al momento de rendirse?—La pregunta de Trunks era la usual, tal como había sido su madre, el nuevo rey no permitía los excesos y castigaba a los hombres con las mismas atrocidades que habían cometido hasta que entendieran que debían obedecerlo. El señor de Taas, en cambio, se puso a tartamudear y se restregó las manos hasta que hizo un sonido de algo que se destapa. Los hombres que estaban mirando el desfile de regalos comenzaron a reír.

—Sí, mi señor—respondió el señor de Taas en cuanto las risas se lo permitieron pero Trunks frunció el ceño, le pareció que mentía.

—¿Está seguro, mi señor? Su respuesta no me enojará, sólo quiero saber la verdad—aseguró el chico de pelos lavanda y el señor de Taas empalideció enseguida.

—Algunos de los soldados tomaron a unas taaserianas, mi señor. Pero no se preocupe, mi rey, son cosas que suceden en las guerras—aseguró con nervios el señor pero por más que lo hiciera, no iría a mejorar la cara de Trunks. El híbrido se levantó del trono de su padre de un salto y sin ver a sus espaldas, les preguntó a los soldados que llevaba atrás. Nappa, Bardock y Goten se alzaban detrás de los tronos como estatuas cada vez que había una audiencia.

—Quiero los nombres de los soldados que han desobedecido mis órdenes—la voz de Trunks se propagó por la sala del trono que aún tenía los vestigios del día en el que habían asesinado a Vegeta.

—Ellos han dicho que las taaserianas se los han pedido—respondió sin importancia Nappa a sus espaldas pero fue la reina la que reaccionó. El señor de Taas se vio sorprendido al verla actuar, le habían dicho que la reina era sumisa y que no tomaba parte de las decisiones del rey, aunque su hijo había decidido dejarla como reina regente porque no tenía planes de desposarse todavía.

—Que pase en las guerras no es justificación, taaseriano—Bulma se levantó también del trono de la reina y se devolvió hasta Nappa.—Una mujer no se deja tomar por sus enemigos, Nappa, deberías saberlo.

—No soy una mujer, mi reina—respondió burlezco el antiguo general de Vegeta y una risa se esparció por la sala. Bulma puso los ojos en blanco y volvió a sentarse para permanecer callada. Trunks la observó por unos momentos en los que se había relajado pero no había olvidado.

—Señor de Taas—dijo el rey cuando las risas se habían extinguido y el aludido borró su sonrisa instantáneamente. —Castigaré a mis hombres por haber violado a sus mujeres, no soportaré esta clase de insultos hacia mis aliados. Le doy mi palabra. —El rey de Taas asintió un poco más aliviado e hizo un gesto con una mano para que los sirvientes descubrieran las cajas de la tela acuática. Un fulgor dorado salió de una de las cajas, otro verde esmeralda y el tercero se dejó cubierto un instante más.

Los materiales preciosos que se minaban en Taas les quitaron el aliento a los presentes, el planeta Vegeta estaba siendo más rico que antes con la nueva modalidad de Trunks y los aliados llevaban profesionales que se encargaban de los trabajos que los salvajes de los saiyan no podían ejercer por ignorancia y orgullo. Ningún federado se veía merodeando por el palacio si no era estrictamente necesario y Trunks se empecinaba en asegurar que ninguno de los forasteros que trabajaban en Vegeta eran esclavos sino que invitados.

La princesa se encaminó desde la puerta siempre abierta de la sala del trono, sin escolta. Andaba libre por donde quisiera y cuando había cumplido los catorce años, ya nadie la detenía. La princesa Bra se hizo camino por la multitud que se habría paso sólo por dejarla caminar con libertad, todos la respetaban pero no era porque era la princesa, el rey Trunks había infundado un respeto entrañable en sus soldados por la familia real.

—Y cuáles son los términos que me impone, señor de Taas—prosiguió el rey en cuanto la belleza de los materiales preciosos dejaba de hipnotizar a los soldados. Trunks siguió el trayecto de Bra con sus ojos.

—Queremos protección del Imperio, mi rey de reyes—dijo el taaseriano con convicción y mandó a descubrir la última caja a sus sirvientes. Cuando los taaserianos sacaron la tela de colores acuáticos, Bulma contuvo el aliento. Dentro de la caja no había muchas cosas de valor para los soldados sino que iba dirigido a la reina y a la princesa. Vestidos, joyas de piedras doradas y esmeraldas, y muchas lociones perfumadas, aquello les quitó las pasiones a los soldados que pensaron que tendrían más riqueza pero Bulma se levantó del trono con lentitud como si estuviera hipnotizada.—Esto es un regalo para vuestras mujeres, mi rey. Yo tengo un heredero y tú, rey de reyes, una hermana. Quiero que mi linaje posea la sangre saiyan en sus venas, si lo consigo, nadie osará tocar a mi querida Taas.

A Trunks no le gustó en lo absoluto aquella última proposición, puso mala cara y el taaseriano tuvo miedo de que Trunks no fuera a ser benevolente con él. La princesa recién llegada abrió los ojos como platos y sintió que la tomaban por detrás y sujetaban los hombros. Era Seripa y la hizo callar con la mirada.

—Princesa, ha llegado tarde a la audiencia—dijo con rudeza pero la chica de catorce años no podía pensar en otra cosa más que en la proposición del rey de mala apariencia.

—¿Cómo puede pedir algo así? —su voz de niña era obvia y Seripa no pudo evitar sonreír con gracia. —Su hijo ni me conoce, ¿cómo me amará si no me conoce?

—Esa no es la razón por la que las princesas se desposan—juntas miraron hacia el trono, entre la multitud de soldados que presenciaban la audiencia. —Debes estar preparada, princesa, muchos vendrán a pretenderte.

—Trunks no permitirá eso, sabe que me deben amar. Mi madre jamás se lo permitiría—su voz parecía quebradiza pero no era más que un gesto de la princesa cuando estaba nerviosa. Seripa la miró por el rabillo del ojo.

—Cuando tu madre llegó al planeta, ella no amaba a tu padre—reflexionó la colona con cuidado pero no logró amainar lo furiosa que se ponía cuando hablaban de su padre como si fuera un salvaje. Él no era un salvaje, había salvado a su madre de la invasión de la Tierra y la había hecho reina. Si hubiese sido un hombre malo, pensaba Bra, habría sido como los soldados que habían violado a las taaserianas. Él era un rey muy bueno.

—Mi hermana no es ningún objeto. Estoy seguro que no has hecho esa proposición pensando, mi rey de Taas. Mi hermana es heredera del planeta Vegeta, será un soldado de Vegeta quien se despose con ella—afirmó el rey con una voz ronca. —Si me permite construir una base para mis hombres, con mucho gusto tomaré parte en su protección pero jamás dejaré que una princesa de Vegeta sea parte de un trato de conveniencia.


Siempre que llegaba una nueva comitiva del rey desde un planeta arrodillado, la taberna que solía concurrir estaba rebosante. Sentado en mi sitio habitual, miré por sobre mi hombro a los hombres que festejaban mientras contaban un par de historias y lo que habían visto en la perisferia del universo por conocer. Sullion se levantó de su asiento para poner un pie sobre la mesa en la que se encontraba y comenzó a vociferar lo extrañas y feas que eran las taaserianas, y lo bonito que debió resultarles él cuando se paseaba frente a ellas. Muchos hombres más se rieron más por su estado de ebriedad que su cuento y por primera vez en toda la noche, me sentí mareado cuando aspiré el aire viciado. Tomé otro sorbo.

—¡No existe ninguna mujer en el universo que pueda vencer a nuestra princesa!—bramó uno cuando le entró el patriotismo al cuerpo, muchos hombres más les secundaron levantando los puños. —¡Tenemos a la mujer más hermosa de todas!

—¡Eso es porque ella no es completamente saiyan!—respondió otro antes de que una risa general se tragara sus palabras. El rey Trunks había eliminado el odio a los híbridos al menos para su familia y ya nadie podía negar que se sintiera completamente orgulloso de la familia real que tenían, Trunks era llamado el rey de reyes y su hermana, la princesa Bra, era anhelada por todo vasallo por su sangre y belleza, pero que ya estaba prometida para alguien del planeta Vegeta. —Ya me pregunto cuándo el rey Trunks me llamará para cederme a su hermana, ¡llevo esperando mucho tiempo!

—Me la prometería a mí antes que a ti, Anbes, estás demasiado viejo para la princesa—respondió Yso con una seriedad que produjo un silencio repentino, todos lo miraron con extrañeza hasta que el susodicho rompió en una carcajada y el desenfreno comenzó otra vez.

—Te ves viejo, Radditz—me dijo una voz a mi lado y con sorpresa me volteé. Una figura alta y completamente tapada por una capucha se sentó a un lado mío, hice de mis ojos una delgada línea de desconfianza y me llevé el licor a los labios con rapidez. El susodicho no tardó en hablar nuevamente, ignorando mi supuesta indiferencia. —He sabido que tu padre las ha hecho de verdugo del rey, ¿cómo es que sabe a quién debe asesinar? ¿El rey se lo ordena?

—Si tienes dudas del verdugo del rey, porqué no vas dónde él y le preguntas tu mismo—le respondí cuando deje el licor a un lado, unas monedas sobre la barra y me dispuse a retirarme. La figura me imitó y se puso a reír, la sombra de su capucha sólo me dejó verle la boca fina como un gusano curvarse cuando lo observé con el rabillo del ojo.

—¿Es verdad que ve el futuro en sus sueños? —siguió insistiendo el tipo mientras me seguía por el pasillo que consistía en los espacios vacíos que formaban los soldados extasiados por la reciente victoria. Sullion seguía parado sobre la mesa recitando cada cosa que le hizo a las taaserianas cuando estuvo en Taas, la nueva vasalla de Vegeta.

—No hablaré de él, ya te lo he dicho—respondí un poco más molesto y me apresuré a salir por la puerta. La cara de Tomma fue la que vi cuando el mecanismo de la compuesta me sintió cerca y se abrió ante mi. El mejor amigo de mi padre intercambió miradas con el intruso y luego me miró a mí, susurró mi nombre y con el ceño fruncido me dejó pasar, siendo seguido insistentemente por el espectro en capucha. Tomma se contuvo de entrar a la taberna para dedicarnos una nueva mirada con recelo.

—Yo puedo darte lo que siempre has querido, Radditz—dijo el encapuchado cuando estuvimos lejos del jolgorio de la taberna y sentí que mi corazón dejaba de latir por unos momentos mientras mis ojos tiritaban en sus cuencas. Me di vuelta casi con miedo para encararlo con sorpresa. —Quieres tu chapa de vuelta, ¿no es así? Puedo devolvértela y tu miserable vida no será opacada bajo la sombra de su padre. Es más, puedo ayudarte a terminar con él…

—¿Quién eres? —atiné a decir en mi estupefacción, el gusano de su boca volvió a doblarse en una sonrisa.

—Eso no es importante, Radditz. ¿O debería decir general Radditz? Bardock simplemente es un capitán, el verdugo del rey y el otrora traidor, aliado de Paragus. Eso bastaría para vengarte de tu padre, o quizás…—dijo el tipo con una sonrisa en la que me mostraba sus dientes perfectamente blancos. —Quizás eres un poco más ambicioso, Radditz. Si pudiera darte a la princesa, tú podrías ser rey.

—Estás loco—respondí mientras hacía una mueca molesta, hice de mis manos unos puños y comencé a caminar con la intención de dejarlo hablando sólo. Obviamente el encapuchado no me dejaría tan fácilmente y me siguió por la calle con velocidad. Pronto me sentí muy nervioso con su presencia y miraba por el rabillo del ojo sólo para comprobar que seguía ahí.

—No temas, Radditz—me dijo con burla. —Todos los hombres quieren una cosa y eso es poder.

—Entonces ve a buscar poder a otro lado. No soy un tonto, nada de lo que me puedas ofrecer me lo darías. ¿Por qué darme a la princesa si la puedes tener tú?

—No soy un saiyan como tú, a menos de que sepas cómo convertirme en uno jamás la podría tener. Ella está prometida a un soldado de Vegeta, ¿verdad?—explicó él con extremada ligereza, casi como si no le importara. Arrugué el ceño con frustración, sabía cuándo una promesa era demasiado ambiciosa como para ser verdadera y me di la vuelta para ignorar al tipo pero aunque lo hiciera, ya había implantado en mí una idea sediciosa. Me pregunté si Bardock ya sabía de la traición en mis pensamientos…—¡Estaré dentro de tres días en este mismo lugar! Dejaré que lo pienses, Radditz.

—¿Y qué ganarías tú si aceptara? —me di la vuelta un tanto arrepentido pero el hombre ya no estaba, por más que lo buscara con la mirada no podía dar con la dirección en la que se había alejado. Me alejé del lugar con una sensación extraña, no podía negar que estaba emocionado.


Los centinelas abrieron las puertas en cuanto vieron al rey pasar, Trunks les sonrió a ambos y se encaminó dentro de la estancia privada. Ahí esperaba la reina y su mejor amigo, cuando el día comenzaba a morir. Sin poder evitarlo, Trunks bostezó y estiró una mano hacia la espalda para deshacerse del nudo que amarraba su espada a la armadura. Bulma sonrió un poco, llevaba un vestido largo y las manos entrelazadas sobre su regazo. La estancia en la que se encontraban estaba conectada a la habitación del rey, que había cambiado de lugar cuando Trunks se había coronado, Bulma también se había trasladado y su hijo jamás se cansaba de darle las comodidades que quisiera. Quizás la habitación de la reina era más grande que la del rey, no lo sabía y tampoco le importaba.

—Un día muy largo, ¿no, Trunks? —comenzó Bulma con una sonrisa cansada, quizás demasiado forzada para ser verdadera. El rey de reyes la analizó por unos instantes al tiempo de que se sacaba la capa de color sangre y miraba a Goten. El híbrido de clase baja, heredada por parte de su padre, estaba vestido de guardia real con una capa azul y ropa casi negra.

—En efecto, mi reina—respondió el colono con una sonrisa en los labios, Goten siempre sonreía y parecía tener energía inagotable durante toda su jornada.

—Aun no ha terminado si ustedes están aquí, presumo—comenzó el rey mientras se revolvía el pelo lavanda con una mano. Goten reprimió una risa y miró a la terrícola para dar a entender que el motivo de la reunión se debía a ella.

—El taaseriano arrodillado—se refirió ella al vasallo que había visto durante el día. Bulma no escatimó en demostrar su repudio hacia él.

—Te ha traído regalos, madre, no olvides eso—bromeó Trunks sin tomarle importancia al asunto y su madre curvó una sonrisa.

—No lo he hecho pero me temo que es Bra la que se está probando los regalos en este momento, lo hice trasladar a su habitación —informó la mujer con una sonrisa y Trunks se puso a reír. Luego no fue capaz de disimular más su cansancio.

—Sé que no fue del todo agradable, madre, pero es un vasallo y merece nuestro respeto. Lo que hicieron nuestros hombres es lo que hay que solucionar ahora—miró a su mejor amigo. —Goten, quiero que me los traigas para mañana, esos soldados no volverán a salir de misión hasta que los haya disciplinado.

—No es eso lo que me preocupa, hijo. Entre los regalos de la tercera caja venía un objeto que los dos conocemos muy bien—la terrícola se movió un paso hacia el lado y se descubrió una esfera de grandes proporciones, de un brillo anaranjado y con tres estrellas grabadas en rojo. Trunks se tuvo que acercar un tanto para poder creer lo que estaba viendo realmente y que no era una mala pasada de su cansancio.

—¿Es una esfera del dragón? —cuestionó mientras se sacaba un guante para tocarla. —Pensé que dijiste que eran más pequeñas, esta no cabe en una mano.

—Esta no es una esfera del dragón como las de la Tierra, Trunks. Taas queda a muchos parsecs de la Tierra y tiene esferas, ¿cuántas otras esferas habrán repartidas por el universo?—aquella pregunta dejó helado a Trunks quien se irguió enseguida para mirarla con los ojos abiertos.

—Esto no puede ser bueno, si esto llega a manos equivocadas…

—Sería el fin de nosotros—completó Goten con seriedad y la habitación se sumió en un silencio mortífero. El rey se volteó hasta él sin encontrar las palabras correctas pero Goten no tardó en dar cuenta de sus pensamientos. —El rey de Taas no se ha ido todavía, las conversaciones para la construcción de la base siguen en proceso y espera ver a los hombres que violaron a las taaserianas sean ajusticiados.

—Debes hablar con él, Trunks, preguntar qué tanto sabe de las esferas y cómo llegaron a Taas. Créeme que si supiera de ellas no habrían terminado en una caja de tributos—explicó Bulma y su hijo asintió, después de todo, el día aun no había terminado para Trunks.


La princesa se dio una vuelta con el vestido de Taas planchado sobre su pecho y el mentón sujetando del cuello de tela blanca, el espejo le devolvió una imagen muy linda y sonrió para sí. Miró a su sirvienta y ésta le sonrió de vuelta, con un cepillo de pelo en una mano y un collar dorado con piedras verdes en la otra, esperaba la oportunidad de usarlas cuando Bra se lo pidiera. Por toda la habitación se habían esparcido los regalos del pretendiente de Taas, en un lado, la princesa había dejado los trajes que no le quedaban o que había encontrado de muy mal gusto, y en el otro, los vestidos que irían a ser guardados en sus habitaciones.

—¿Querría probar este joya, princesa?—le preguntó la chica procedente de Tyrr y que todavía no aprendía a hablar el idioma común. —Es mucho lindo, vestido blanco quedar joya verdeamarilla.

—Es verdad, quedan bien juntos—dijo mientras se sujetaba el collar simplemente con las manos para contemplarlo en conjunto con el vestido. —Pero ya me dio sueño, ¿puedes cepillarme el cabello?

—Sí, princesa—la chica hizo una pequeña reverencia y siguió a Bra hasta la cama, en donde se sentó de tal manera que le facilitara la acción a la sirvienta. —Tu cabello ser mucho lindo, ama.

—No tanto como tu princesa—le contestó una voz masculina desde la ventana que Bra dejaba abierta debido al calor. La sirvienta no pudo gritar por la impresión pero sí se echó para atrás mientras tiraba el cepillo de pelo al suelo. Bra se volteó hasta la ventana con asombro y después miró a la sirvienta que iría a salir de su sorpresa y seguramente comenzaría a gritar. La híbrida de Vegeta se bajó de la cama de un salto y pegó la palma de su mano en la boca de la Tyrriana para que se callara y de un empujón la llevó hasta la puerta.

—Si dices algo te mato—le susurró Bra cuando la chiquilla la miró suplicante ante la puerta que se cerraba. Zarbon sonrió mientras dejaba su trenza detrás de su hombro. —No deberías haber entrado así, Tirri nos puede delatar—se volvió ante él con una mueca infantil.

—¿Tirri? ¿Es ese su nombre? —su voz era galante e hizo que Bra sonriera como tonta.

—No de verdad, no me entiende cuando le pregunto por su nombre verdadero—la princesa se encogió de hombros mientras daba pasitos pausados para acercarse al soldado federado como si le diera vergüenza que el guerrero supiera que quería tenerlo más cerca. Zarbon le sonrió coquetamente.

—A las mujeres en Tyrr no se les permite llevar nombres como a los hombres, ellas son simples objetos de intercambio y reproducción—y Zarbon se le acercó unos pasos, la princesa aguantó la respiración cuando pasó a un lado de ella y la rodeó con zancadas pequeñas y lentas. Bra lo sintió respirar detrás ella y se estremeció, no pudo contener una risa de niña.

—Me encantaría poder ver todas las cosas que has visto, ¿cuántos mundos has visitado? —preguntó la princesa mientras se daba una vuelta para mirarlo directo a sus ojos dorados y cuando lo hizo, lo descubrió mirándola de vuelta con una sonrisa enamorada.

—Tantos como puedas imaginar, Bra. Podrías verlos si quieres, sólo si…—hizo una pausa para decir algo prohibido, Bra se estremeció. —Si vienes conmigo, princesa.

—Trunks jamás lo permitiría—afirmó la chica con un puchero en los labios, se dio una vuelta por toda la habitación hasta quedar detrás de él, con su cama entre ellos. Su cara de devastación se curó cuando de su mente nació una idea. —Deberías hablar con él, estoy segura que me permitirá ir contigo si le dices cuánto me amas—Zarbon negó con la cabeza suavemente y Bra se sintió como una tonta. La princesa se sentó sobre la cama con la cabeza gacha y se quedó ahí hasta que sintió que Zarbon se sentaba a su lado. La chica enloqueció de ternura cuando el soldado le peinó el pelo lavanda con su mano grande y le despejó la cara. Zarbon la tomó del mentón con sus dedos y la hizo mirarlo, era mucho más alto que ella.

—¿Es verdad lo que le dijiste a Tirri? ¿Matarías por mí?—su voz sonaba galante pero Bra abrió los ojos con sorpresa, amansó la cabeza con tristeza.

—Nunca he matado…—respondió Bra, la verdad era que tampoco sabía luchar bien. No sabía si mataría por Zarbon porque estaba segura de que él podría matar a cualquiera pero si llegara a pedírselo…

—He venido a despedirme, Bra, mi tiempo en Vegeta se está terminando y no sé si podré volver a venir a verte—sinceró el soldado al darse cuenta del titubeo de la chica. La princesa se agitó en tristeza. Zarbon olía a menta y Bra pensó que sus besos podrían saber igual, él jamás la había besado.

—Pero cuándo volverás…—Zarbon negó con la cabeza de nuevo y Bra se encogió de hombros.

—Aun no lo sé pero pretendo que sea lo antes posible, mi querida Bra—dijo el general federado con una sonrisa, se acercó a ella y le plantó un delicado beso en los labios. Fue simple y rápido pero la princesa sintió que había sido perfecto, incluso largo. —Adiós, princesa.

Y se fue. Bra quedó tiesa de la impresión, con el sabor a menta y una sonrisa tonta en los labios. Se rió unas veces, quiso llorar en otras porque su amor no iría a ser correspondido. Bra sabía que Trunks jamás dejaría que ella desposara a Zarbon, siendo él un federado y un extranjero a la vez.


Nota de la Autora: Otra actualización onfire, espero que les guste ;) estuve escribiendo la mayor parte de este sábado porque me di el día libre nuevamente jaja y porque estoy llegando a las partes que siempre quise llegar y nunca pensé que llegaría. ¿Qué les pareció? Las esferas del dragón hicieron su aparición estelar y Radditz está siendo invitado a participar del lado oscuro de la fuerza, Zarbon está cortejando a Bra, ¿es de verdad o sólo quiere aprovecharse? Y Trunks, tan lindo que es, no usa a su hermana como trato de conveniencia :) me encanta él, espero poder hacer muchas más escenas de él en el futuro de las que tengo estipulado.

En el próximo capítulo volveré a aparecer personajes que hace capítulos no aparecen más que mencionados :D este si que no sé cuando lo escriba cuando empiece esta semana nueva pero espero no demorarme tanto.

Gracias por los comentarios a JazminM, Sybilla's Song, Prl16, asaia16 y yukkoame, leí sus reviews repetidas veces para ganar poder xD

Muchos abrazos, RP.