PREVIOUSLY ON STALKER...
Dave, cumpliendo el acuerdo con su hermano pos Pester, va a casa de Jade para hacer las paces... pero se queda delante del portal, sin saber si podrá enfrentarse realmente a lo que sea que vaya a pasar ahí. Es entonces cuando se encuentra con Rose, que viene de casa de John, y charla con él, animándole -a su manera- para que cumpla su cometido. Al final acaban decidiendo que es mejor que Dirk baje al portal, así que Dave le envía un Pester y, en apenas unos minutos ahí está su hermano.
La cosa está tensa, Dave cree que Dirk le va a pegar, pero en vez de eso le abraza y en fin, eso es que lo han solucionado, ¿no?
Pero hay algo que Dave tiene que saber y Dirk y Rose tienen que explicarle... ahora John sabe que el Strider más joven le engañó con su mejor amiga de toda la vida, Jade, y que fue ella misma quien se lo dijo.
Después de soltar la bomba, Rose decide darles intimidad a los hermanos y sube al piso que comparte con Jade, con la mala suerte de haberse dejado las llaves, lo cual le hace llamar al timbre y esperar a que la anfitriona le abra la puerta y teniendo así el primer encuentro en el que, sin esperar demasiado, le explica lo que ha pasado con los Strider en el portal, la visita a John y, básicamente que lo sabe todo respecto al tema. Espera que Jade vuelva a derrumbarse, como con Dirk unos minutos atrás, pero la chica parece mucho más entera de costumbre, guardándose esos angustiantes sentimientos, lo cual deja a Rose asombrada.
Momentos después y habiendo acabado la charla informativa con Jade, alguien la llama desde el salón y Rose recuerda que Dave ha nombrado algo sobre unos amigos de Dirk, en los cuales se incluiría Jake, al que ya conoce desde hace un tiempo. Jade dice que le presentará a las chicas y después podrá hablar con Kanaya sobre los falsos rumores que circulan sobre ella y Dave. Por alguna razón, Rose tiene un presentimiento extraño.
De nuevo en el portal, los Strider ya han hecho las paces del todo. Aunque todo es raro y algo incómodo, Dirk le aconseja a su hermano que ahora no hable con John o conseguirá malos resultados, que lo que podría hacer es darle tiempo y volver a centrarse en su carrera, descuidada desde hace semanas. Dave aprueba la moción entusiasmado, pero se da cuenta de que Dirk trama algo con todo eso pero... ¿el qué?
CAPÍTULO 30
La mañana es espléndida.
El sol brilla y entra por los grandes ventanales del lujoso hotel en el que están hospedadas, la temperatura es realmente agradable y están tomando el mejor desayuno de sus vidas.
Ah, la comida más importante del día y probablemente la preferida de Jane Crocker, ya que los alimentos que se sirven son su especialidad.
Su padre nunca le dejaba tomar demasiados dulces por la mañana, así que al final la muchacha acababa llevándose algún pastelillo creado a partir de una nueva y propia receta al colegio. De esta manera podía compartirlo con sus mejores amigos y comer todos juntos, algo que ella adoraba… y está empezando a odiar.
—No sé cómo puedes comer, Janey, te lo juro.
Los ojos azules de Jane se asoman por encima de la delicada taza de té inglés que está tomando para mirar por vigésima vez a su demacrada amiga, que tiene una mueca de desagrado en sus labios semi pintados (podría decirse que manchados) de negro.
¿Cómo es posible quejarse tanto en un lapso tan corto de tiempo?
—Puedo comer porque yo ayer no llegué echando hasta la primera papilla al retrete.
—Yo no hice e-...
—Tienes razón. —La Crocker deja la tacita de porcelana con un golpe en su platillo en un gesto severo.— La primera papilla no fue a parar al retrete, la echaste en el recibidor del mejor hotel de Washington.
Roxy hace ver que aquello le ofende profundamente y se lleva una mano al pecho a la vez que se pone muy recta en su asiento; el movimiento repentino hace que un mechón de pelo que suele llevar bien colocado en un tirabuzón se le suelte de manera graciosa y a Jane se le escapa una risa en forma de bufido.
—¡Ahá! —Suelta la Lalonde, señalando a su amiga, que pretende volver a estar seria.
—De ahá nada, señorita. Lo hecho está hecho.
—Vaaale. Lo siento. De verdad.
—Qué habrá pensado Jade, santo cielo…
—Voy a comerme este bollo para que veas que lo siento.
—No lo llames "bollo". —Le reprocha quisquillosa la morena cuando Roxy ya tiene la boca llena del dulce.
—Pero es un bollo. —Mira lo que está comiendo durante unos segundos, hablando con la boca llena.— ¿Quieres que diga un nombre pijo y francés con la boca llena de no-bollo?
—Oh, por dios. —Jane apoya el codo en la mesa y la mejilla en la mano. Sabe que no puede cambiar a Roxy por mucho que lo intente, por muchos años que pasen.— ¿Qué habrá pensado esa chica, Rose, de ti…?
En cuanto nombra a la chica que ambas conocieron ayer, Roxy deja de masticar y la mira fijamente con sus ojos rosados, muy atenta, procesando. Jane sabe que su amiga pronto recordará a esa muchacha que, por alguna razón, anoche pareció marcarle, pues la nombró varias veces en mitad de toda la verborrea que estuvo soltando de vuelta al hotel.
La verdad es que siente curiosidad por lo que la Lalonde vaya a contarle, pero espera que no sea algo relacionado con…
—Es ella, Janey. —Pues sí. Sí que era algo relacionado con eso. La frase clara y la ancha sonrisa que ilumina el rostro pálido de Roxy lo dice todo.
—Rox, eso es… muy improbable. Ya lo sabes.
—¡Pero esta vez estoy segura! —El entusiasmo de la rubia rompe un poquito más el gran (pero incrédulo) corazón de la Crocker, que suspira.— ¡Tiene que ser…!
La frase de la Lalonde se corta justo cuando escuchan cómo se abre la puerta de la suite de hotel y ambas amigas miran hacia el pasillo. No han pedido que el servicio de habitaciones suba a limpiar o a traerles algo más.
—No, Tony. —En cuanto escuchan la voz la reconocen aliviadas como la de Dirk, a pesar de que está un poco ronca.— No necesito ese tipo de favor.
—No sabía que Dirk había salido tan pronto. ¿Puede siquiera levantarse antes de las diez? —Susurra Roxy a Jane, sabiendo por el monólogo de su amigo que está hablando por teléfono.
—Ha pasado la noche fuera. —Aclara la morena, en el mismo tono de voz.
—Eso quiere decir que estaba con Jake y… —La rubia hace un movimiento de embestir aún sentada en la silla justo cuando Dirk llega al salón, con el móvil en la oreja, y Jane casi escupe su té.
—…...eh. No. —Dirk tarda un rato en contestar a la persona que está al otro lado de la línea por culpa de la escena con la que se ha encontrado.— Si me consigues el local para este fin de semana podemos vernos allí. Sí… no. Para eso no. Mira, ya hablaremos. Adiós.
El Strider corta la llamada y teclea en un par de segundos algo en la pantalla. Después se estira y se queda mirando a sus amigas con las manos apoyadas en la cintura, como si esperase a que le diesen una explicación de lo que Roxy estaba haciendo. Pero dicha explicación no llega porque, claro, las chicas también esperan una excusa de por qué el rubio ha pasado la noche fuera.
—¿Y Jake? —Acaba preguntando Dirk, mirando alrededor y colocándose el pelo, que por alguna razón está más revuelto de lo normal.
—Creía que eso lo sabrías tú. —Contesta la Lalonde, sonriéndole pilla.
—Se quedó con Jade. —Se apresura a corregir Jane, mirando después a Roxy.— ¿No te acuerdas?
—Vagamente. —Responde ella, encogiéndose de hombros, volviéndose de nuevo al chico.— ¿Y tú dónde has estado?
—Con… mi hermano.
—Oh, entonces todo salió bien con Dave. ¡Gracias a dios! —La Crocker sonríe ante la buena noticia, pero pronto vuelve a serenarse.— Jade no parece que esté mejor, de todas formas…
—¿Qué le pasa a Jade? —Pregunta Roxy, perdida.
—Estará bien. —Les dice de repente Dirk.— Deja que Dave se encargue. A veces ese crío solo necesita un empujón para hacer las cosas bien… un empujón o una paliza. La cuestión es que él la ha cagado con ella y él lo va a arreglar. Yo me voy a la ducha, estoy hecho mierda. Hablamos luego.
Después de decir eso, el Strider se va arrastrando los pies por el pasillo que lleva a los cuartos y baños. Al darles la espalda, ambas chicas se dan cuenta de que tiene una marca parecida a unos dientes en el antebrazo.
Jane hace ver que no ha visto nada, pero Roxy gira la cara hacia ella con una mueca confusa mientras vuelve a darle un mordisco a su bollo/no-bollo.
—¿Has visto eso? —Jane cabecea ante la pregunta pero clava los ojos en la revista abierta que tiene encima de la mesa.— ¿Así se reconcilian los Strider? ¿Mordiéndose?
—Déjalos estar, ya sabes lo raritos que son a veces.
—Pero ya son adultos. Los adultos no hacen eso.
—No creo que tú sepas qué hacen los adultos, Ro Lal. —Aparta los ojos un momento de la revista para decirle aquello, con una sonrisita en los labios, ya pintados de rojo.
—Ouch, eso ha dolido. Estoy sangrando. Mi muerte pesará sobre tu conciencia. —Roxy hace ver que se desliza inerte de la silla, pero como su amiga no le hace caso alguno vuelve a colocarse bien y decide cambiar de tema mientras se acaba los últimos pedazos del dulce.— Cuando vayamos a buscar a Jake a casa de Jade voy a comprobar si Rose tiene…
—No. —La negativa de la Crocker es abrupta y grave, incluso vuelve a dirigirle la mirada.— Demonios, no, Roxy. No puedes ir así con la gente. Va a creer que la estás acosando sexualmente.
—Pero tengo que saberlo, Janey. —La mirada tan fría y severa que le dirige la morena hace que Roxy suelte un gemido y deje caer la cabeza en la mesa.— Ya no quiero acabarme este bollo.
—Se llama choux. —Le corrige Jane, sintiéndose internamente culpable por tener que ser así con su amiga. Pero es por su bien, se dice. Es por su bien.
.
—No… por ahí no… John. Mierda, John, quieres sacar al puto imbécil de esE JODIDO AGUJERO OSCURO HEMOS IDO POR AHÍ ANTES Y…
La voz de Karkat se atraganta y suelta un grito de terror nada masculino que, como todas las veces anteriores, hace reír a John.
A él esos juegos de miedo tampoco le gustaban cuando le tocaba ocupar el rol de Karkat, el de amigo asustadizo, pero ahora entiende qué es lo divertido de ver a otra persona aterrorizarse por efectos y sustos tan cutres.
A diferencia de él, cuando al Vantas se le pasa el sobresalto, vuelve a gritarle y echarle en cara lo horrible que está siendo con su invitado (aunque en realidad se haya vuelto a auto-invitar), pero John ya no puede borrarse la sonrisa de la cara y simplemente sigue jugando para repetir el proceso.
Aunque su vecino venga sin avisar y le hable casi gritando la mayoría de veces, el Egbert tiene que admitir que, sin que el otro lo sepa, le está ayudando bastante a olvidar todo el tema sobre la terrible traición de Jade y Rose.
Al recordar el asunto de sus supuestas amigas y el que era su ídolo, no puede evitar fruncir el ceño. De mientras, Karkat suelta un sonido horrible de exasperación cuando ve cómo John vuelve a conducir al personaje del juego al mismo sitio donde se les había aparecido un fantasma de niña blanca.
—Por lo menos podrías escoger otra puta ruta, joder, estás yendo todo el rato por ahí para joderme los nervios y el corazón, verdad. —Refunfuña precipitadamente Karkat, subiendo la manta que tiene sobre el regazo hasta que le cubre la nariz.
—Me gusta cómo te pones cuando te asustas, no es mi culpa. —Responde John con un tono menos risueño del habitual que llama la atención de los ojos grises de Karkat.
John se da cuenta de que el Vantas le mira de reojo, aún medio oculto bajo la manta que tienen encima a pesar de que son las seis de la tarde y no hace realmente frío; sólo es para dar ambiente, igual que el haber bajado todas las persianas para quedar totalmente a oscuras.
Ninguno de los dos abre la boca y, cuando el fantasma vuelve a matarles en el juego, Karkat solo da un respingo y agarra la manga de John con fuerza, el cual solo responde con una breve risita.
—Vale, esto es raro. —Acaba diciendo el Vantas, aflojando el agarre en la ropa de John, pero dejando ahí la mano de manera distraída.— ¿Qué pasa? ¿Te has acojonado? ¿Tienes que ir al baño?
—…¿quién se pone triste cuando tiene que ir al baño? ¿Te pones triste cuando tienes que ir al baño tú, Karkat?
—Pero qUÉ DICES. —Le grita como si acabase de decir algo muy ofensivo.
—¡Vale, vale, relájate! —John consigue soltar una risita.
—...entonces estás triste, eh. —Pregunta de repente Karkat, volviendo a parecer serio, aunque manteniendo el ceño fruncido como siempre.
John se queda mirando en silencio al que se ha convertido en poco tiempo en algo así como un amigo y se pregunta si en realidad se le nota tanto en el comportamiento que algo no va bien en su vida… que MUCHAS cosas no van bien en su vida.
Desde que pasó todo, no ha vuelto a la universidad y comete todo tipo de errores absurdos en el trabajo, el cual es la única razón que le hace salir de casa. Pero eso no significa ni mucho menos que esté ajeno a lo que pasa en el mundo; de hecho, sabe perfectamente qué es lo que está pasando porque vuelve a recibir notificaciones de las páginas de fans de Dave Strider.
Sabe que los Strider vuelven a andar juntos públicamente y que Dirk no deja de moverse por la ciudad pegado al teléfono. Por eso mismo se rumorea que Dave va a volver a hacer acto de presencia en el mundo del espectáculo, pero hace meses que no sube ningún vlog a su cuenta de Youtube ni hace declaraciones oficiales. En resumen, todo el mundo está expectante y pendiente más que nunca de los movimientos de los rubios.
Pero… ¿cómo le va a soltar todo eso a Karkat? Va a creer que es un ex novio acosador. O sólo un fan histérico.
—¿Recuerdas aquella chica de pelo negro? —Decide que tampoco puede mentirle, porque a pesar del mal humor constante de su vecino, parece importarle el tema.— Te dijo su nombre. Jade.
—Esa aguafiestas, sí. —Le contesta el moreno después de unos segundos de vacile.
—Hemos tenido… problemas. —John se encoge de hombros mientras se mira las manos en el regazo.— Y era como mi hermana, ya sabes. Hizo algo que ya no me deja confiar en ella.
Esta vez es Karkat el que se queda en silencio unos segundos, digiriendo la información y pensando una buena respuesta. En esos segundos de tensión, el Egbert le echa una mirada de reojo a su vecino y no puede evitar esbozar una pequeña sonrisa al ver su expresión pensativa. ¿De verdad está pensando algo que pueda ayudarle? ¿Él?
—Sabes, yo comparto piso con un tío que literalmente ha roto mi confianza cientos de veces. —Comienza Karkat, con una voz mucho más tranquila de lo habitual. John reacciona encarándole del todo, prestándole atención.— Él es… en fin, toma drogas de vez en cuando. Demasiado de vez en cuando. Y cuando se mete de esa mierda todo está bien… pero sólo es una ilusión y eso es lo que él parece no pillar hasta que no está sobrio. Pero joder, cuando está sobrio… es lo peor. Mierda, hemos llegado a pelearnos, Egbert.
—Vaya… no lo sabía. —Susurra John, algo abrumado.— ¿Por eso a veces te escucho gritar?
—Ah… sí. Supongo. Y porque eres un cotilla de mierda. —Karkat había agachado la cabeza durante un momento, pero cuando el moreno vuelve a hablarle, la levanta otra vez para continuar.— La cuestión es que el tío, por muy violento y brusco que sea cuando no está drogado, es consciente de que se está jodiendo la vida y en sus mejores momentos me promete que va a dejarlo. Yo intento ayudarle porque, coño, es mi mejor amigo. Me fui de casa cuando era un niñato para irme con él a vivir y literalmente era la única puta persona en todo el mundo que tenía en ese momento. Y ahora el hijo de puta quiere quitarme algo tan importante como es su maldita vida. Es un egoísta de mierda.
Cuando el Vantas vuelve a ocultar su rostro agachando ligeramente la cabeza, John se da cuenta de que se lleva un puño del jersey a la cara y se frota disimuladamente. En ese momento, se arrepiente de haber sacado el tema y entiende que sus problemas pueden parecer minucias al lado de los de aquel chico.
Con suavidad, le pone una mano en el hombro y le da un apretón, llamando su atención.
—¿Por eso dices que… ha traicionado tantas veces tu confianza? —Pregunta lentamente el Egbert, recibiendo como respuesta un cabeceo de asentimiento.— Te promete que va a dejarlo pero…
—Pero no lo hace y el muy capullo va a acabar palmándola. Por imbécil. —Al volver a hablar, su voz recupera el tono brusco y violento, pero ahora está más llena de rabia que nunca.— Joder.
—Karkat, yo…
Por primera vez en semanas, John se alegra de que el timbre de su casa suene y le dé una escapatoria a esa situación porque realmente no sabe cómo responder a eso. Está claro que lo de consolar a una persona no es para nada su terreno.
Murmura una disculpa mientras se levanta del sofá y deja el mando de la consola en el regazo de Karkat, que se pasa con rapidez ya ambas mangas por el rostro.
Ya en el recibidor, con la puerta del apartamento delante, tiene un escalofrío y por primera vez se pregunta quién será. ¿Y si es…?
No. Imposible. Dave no tendrá esa cara dura de presentarse allí sin más después de la llamada de teléfono tan cortante.
Decide que no va a echar un ojo por la mirilla porque eso podría condicionar su decisión sobre abrir o no la puerta. Ya es hora de que deje de huir de las cosas o de las personas… sea lo que sea, sea quién sea.
Coge el pomo, aguanta la respiración y abre… tan repentinamente que la persona que está al otro lado se sobresalta y le mira con sus ojos color oliva abiertos de par en par.
Al principio no reconoce a la chica alta, delgada y elegante que se coloca el pelo teñido de castaño claro detrás de la oreja en un gesto nervioso, pero sus labios negros y su maquillaje exótico de tonos verdes le hace recordar.
—¿K… Kanaya? —Balbucea confuso el ojiazul.
—Hola, John Egbert. —La chica se da cuenta de lo forzadamente formal que ha sonado eso y se corrige.— John.
—Has… cambiado de look, eh. —Comenta el moreno, señalando el cabello teñido de Kanaya, cuando ambos se quedan callados dos segundos que, por alguna razón, son horriblemente incómodos.
—Oh. Sí. Disfruto cambiando mi aspecto regularmente. —Ella se recoloca por quinta vez un mechón de pelo que estaba en su sitio desde el primer momento.— ¿Me permites… pasar?
—Eh… ¡Ah! Sí, sí, pasa. ¡Como si estuvieras en tu casa!
El anfitrión se aparta torpemente de la entrada para dejar pasar a la joven, que le saca una cabeza.
Mientras Kanaya entra en su piso oscuro como si temiese encontrarse con un monstruo en las sombras, John empieza a unir cabos en su cabeza. La Maryam y él apenas se conocían y su único punto en común se podía decir que era Rose.
Sí… Rose.
¿Tal vez la Maryam quería hablar sobre ella? ¿Se habría enterado ya del presunto romance que tiene su novia con Dave Strider? El moreno llega a la conclusión de que las chicas ya no están juntas y Kanaya ha venido a hablar de ello con él. ¿Qué otra cosa podría ser?
No recuerda que tiene a otro invitado en el sofá hasta que la recién llegada se aventura a encender la luz del salón y suelta una exclamación.
—¿Karkat? —La voz suave de Kanaya llama la atención de John. Así que se conocen… qué coincidencia.— No tenía conocimiento de que tenías una relación amistosa con John Egbert… ¿Te encuentras bien?
—Kanaya, qué… —Pero al Vantas no le da tiempo de seguir por ese camino, pues la Maryam ha corrido a sentarse a su lado, como si pasara algo grave. Para sorpresa de John, su vecino no rehuye del contacto de las manos de la elegante joven en sus mejillas, que le obligan a alzar el rostro.— Estoy bien, vale, sólo… es Gamzee. Otra vez.
—Oh, vaya, de nuevo ese molesto payaso. —John se acerca silencioso a los dos que están en el sofá, observando la escena con curiosidad.— Voy a tener que utilizar mis utensilios de costurera para destripar a ese imbécil.
—Así que os conocéis, eh. —Se entromete el ojiazul, haciendo que ambos le miren. El comentario de Kanaya parecía haber suavizado la expresión de Karkat, aunque ella parecía ir en serio.
—Bien, Egbert, los ojos aún te funcionan. —Le gruñe él como respuesta.
—Karkat. —Dice con tono de reproche Kanaya, haciendo que el chico arrugue la nariz y cierre la boca.
—¡Haha! Tienes que venir más a menudo, Kanaya, o enseñarme a hacer eso. —Se ríe el moreno, viendo como su vecino simplemente se ha callado sin rechistar.— Oye… ¿para qué has venido, a todo esto?
Nada más sacar el tema, Kanaya borra la leve sonrisa que se sostenía en sus labios mientras miraba con ojos tiernos a Karkat y lentamente se recoloca en el sofá, dejando las manos sobre su regazo y mirando fijamente con ojos serenos a John. Él se da cuenta de que, a pesar de que su mirada es tranquila, sus cejas están algo tensas, fruncidas.
—Es sobre Rose. —Ahí está. John asiente, también serio.— Está muy disgustada por la discusión que mantuvisteis hace unos días.
—¿Dis… disgustada? —La boca del chico se entreabre y se queda así por la sorpresa.
—Sí, John. Deberías saber por experiencia que no todos los datos e información que surgen de internet o de la prensa rosa son reales.
—Pero… —John se deja caer del brazo del sofá donde estaba sentado hasta llegar al lado de Kanaya.— Había fotos, Kanaya. ¡Y se estaban cogiendo de la mano!
La chica curva un poco los labios pintados de negro en una leve sonrisa que desconcierta al ojiazul y, sin previo aviso, pone su mano de uñas pulcramente pintadas encima de la de John, cogiéndola con delicadeza. Karkat frunce un poco el ceño y se asoma por encima del hombro de la Maryam, controlando la situación pero en silencio.
El Egbert baja los ojos, mira a Kanaya y vuelve a bajar los ojos. No sabe qué pretende exactamente hasta que la chica vuelve a hablar.
—¿Y bien? ¿Estamos ya manteniendo una relación amorosa prohibida y escabrosa a ojos del mundo?
—Uh… no. —Admite John, empezando a entender lo que quiere decirle con ese gesto.
—Puedo asegurarte de primera mano que Rose y Dave Strider no tienen ese tipo de relación. —Continúa Kanaya mientras deja otra vez la mano del chico libre.— Ella no suele revelarme nada de sus pacientes experimentales y apenas hemos comentado los temas de conversación que trata con ese jovencito, así que he asumido que lo está tratando como uno de ellos.
—¿Me estás diciendo que Rose es la terapeuta de Dave? —Suelta una risita incrédula, aunque en el fondo está empezando a asumir esa explicación.— Dave es demasiado orgulloso como para tener una psicóloga o algo así.
—Oh, no lo dudo en absoluto, pero Rose es experta en hacer sentir seguros a sus pacientes. No los analiza directamente, se gana su confianza de alguna manera. Estoy segura de que su relación es más parecida a la de unos buenos amigos que a la de terapeuta-paciente.
La charla deja pensativo a John. Kanaya ha llegado y simplemente ha desmontado sus flojos argumentos para darle credibilidad a una noticia que, en realidad, sí que era bastante fraudulenta. John sabe a la perfección que la mayoría de esos rumores son basura pero si Jade le había traicionado… ¿por qué no iba a hacerlo Rose también?
Pero, a su pesar, no tiene razón y sabe que no la tiene. De repente, todo el odio y la ira que sentía respecto a su amiga rubia desaparece y deja paso a un amargo arrepentimiento. ¡Se había comportado como un idiota terco con ella!
—He sido un imbécil, verdad. —Suspira John, echando un vistazo a la pantalla encendida, con el menú del juego esperando algún comando.
—Sí. —Aporta por primera vez Karkat, recibiendo una mala mirada de Kanaya.
—No, John. —Le consuela Kanaya, poniéndole una mano en el hombro.— El amor tergiversa muchas situaciones y te hace ver cosas que en realidad no están ahí… y en fin, los rumores estúpidos tampoco ayudan.
—Tienes razón. —Asiente John a media voz.
De repente Karkat suelta el aire en un sonoro bufido y se estira en el hueco que queda de sofá, llamando la atención de los otros dos, como si fuera un niño pequeño.
—No sé por qué tanta preocupación por esa mierda. —Dice el Vantas con su voz gruñona de siempre.— A Rose ni siquiera le van los tíos, ¿no?
.
—Ey. ¿Está… ahm… Rose?
Jake tiene el pelo revuelto, las gafas medio torcidas y una ridícula ropa de estar por casa, pero estrecha tanto y de manera tan amenazadora sus ojos verdes que a Dave hasta le cuesta mantener la expresión serena de siempre.
El silencio se está prolongando demasiado porque el English decide bajar la mirada hacia la caja que lleva el rubio entre manos y no reacciona hasta que ésta, por alguna misteriosa razón, se agita.
—¿Qué recórcholis…?
—¿Está la rubia o no? —Pregunta con más brusquedad Dave, sintiéndose realmente incómodo.
—No. —Jake empieza a cerrar la puerta mientras habla.—Lleva todo el día fuera. Adiós.
—Vale, espera, espERA. —El Strider tiene que meter el pie entre la puerta y el marco para que el mayor no le cierre la puerta en los morros.— En realidad vengo a ver a Jade.
La puerta vuelve a abrirse de par en par lentamente y ahora Jake le mira aún peor, pero la caja vuelve a sacudirse y Dave pierde la paciencia, así que entra por el estrecho hueco entre el English y la puerta. Escucha cómo Jake suelta una maldición ridícula de las suyas y cierra la puerta, siguiéndole.
En un principio no piensa en cómo puede encontrarse a Jade allí dentro aunque tampoco tendría por qué sorprenderse de nada ya que la ha visto literalmente desnuda, pero no se esperaba para nada que, nada más entrar en el salón, se toparía con ese panorama.
Todos los muebles del salón están retirados y pegados a las paredes del cuarto menos la televisión, que está a un volumen un poco más alto del que debería y retransmite un capítulo de esos estúpida y vieja serie sobre squiddles.
El suelo apenas se ve, de repente se ha convertido en un montón de mantas de todos los colores colocadas como si fueran una gran alfombra psicodélica con un montón de cojines aquí y allá y… armas. Armas de todas las medidas y formas, por todas partes.
Dave se queda con la caja de color azul removiéndose entre los brazos, mirando con la boca entreabierta cómo Jade, en mitad de toda aquella locura, está toqueteando un arma especialmente grande con una ropa de ir por casa ridícula parecida a la de Jake, el cual se coloca de brazos cruzados al lado del Strider, mostrando una sonrisilla de suficiencia.
—¡Dave! —Jade da un respingo y grita el nombre del recién llegado con voz chillona.— N-no te… esperaba… aquí. Y ahora.
—Nadie se lo esperaba. —Refunfuña Jake a pesar de mantener la expresión de satisfacción al ver al Strider pequeño tan impactado mientras se acerca a Jade y se sienta en un cojín a su lado, cogiendo un arma medio desmontada.
—Tendría que haber dado un toque antes de venir. —Contesta Dave con voz rígida pasados unos segundos.
Con cuidado de no pisar ningún arma y que pase una desgracia, Dave da un paso hacia delante y pisa una manta mullida color turquesa, pero antes de que pueda continuar su camino, Jake chasca la lengua y le llama la atención
—Zapatos fuera, caballero. —Murmura sin siquiera mirarle apenas, concentrado en el revólver que tiene entre manos.
El Strider suelta una queja y retrocede para quitarse los zapatos sin usar las manos, sabiendo que si suelta la caja puede pasar algo peor que simplemente pisar un arma.
Ya descalzo, vuelve a aventurarse en la tierra de mantas multicolores, cojines blanditos y armas. Jade le mira con los ojos muy abiertos tras las gafas, que están ligeramente caídas al final del puente de su nariz, y no suelta la gran e intimidante arma en ningún momento.
Cuando Dave decide que ha encontrado el cojín perfecto sobre el que sentarse frente a ella, la Harley se toquetea nerviosa las gafas y el pelo, buscando después una postura más cómoda para el rifle que al final acaba de la misma manera que al principio, con el cañón por encima de su hombro, apoyado ahí.
Mientras el rubio se está colocando bien, se deja la caja azul en el regazo y de dentro sale un sonidito que alerta a Jade y le hace girar la cabeza con curiosidad, pero en cuanto Dave habla, toda su atención va hacia él.
—La… la cagué. —Empieza, pasándose la lengua por los labios. Se ha preparado una decena de veces el discurso para esta situación y ahora mismo está en blanco por culpa de la molesta presencia de Jake. Aun así tiene que continuar.— La cagamos.
—Ya lo sé, Dave. —La Harley toquetea un poco el rifle que agarra, imitando un gesto distraído.— Soy tu error, ¿no?
A pesar de que la voz de la joven es baja y aparentemente tranquila, el English sube la mirada hacia el rubio con expresión de reproche. Hasta él sabe que no está bien decirle eso a alguien. Dave casi puede escuchar las palabras que el mayor querría soltarle pero, por alguna razón, Jake se queda callado y vuelve a su labor desmontando el revólver.
—No. A ver… mierda. —Dave se masajea el puente de la nariz, haciendo que sus gafas resbalen ligeramente.— Yo lo que quiero es pedirte perdón, vale, no hacerte sentir mal.
—Pues ya le has hecho sentir mal. ¡Bravo por ti! —Suelta repentinamente Jake, como si no lo pudiera evitar.
—¡Abu! No te metas, por favor. —Le reprocha la morena, con el ceño fruncido. Antes de dirigirse de nuevo al Strider respira hondo y deja el rifle horizontalmente sobre su propio regazo.— No tienes que pedirme perdón, Dave. ¡Ya sé que lo hice mal! Bueno, hicimos, tienes razón. Pero no hay marcha atrás… ya sabes que se lo conté a John. Sentía remordimientos por ello y… yo también tendría que pedirte perdón.
—Hiciste lo que tenías que hacer, no fue nada malo. Quiero decir, no es como si las cosas hubieran empeorado realmente… o sí, pero en cualquier caso no me importa joderme porque me lo merecía. Fui un capullo y te metí a ti en esta mierda y… —Los dos pares de ojos verdes que están pegados a él le ponen tan nervioso que le hacen perder el hilo de lo que está diciendo y boquear un par de veces.— Y a Jake también…
—Yo qué. —Pregunta con curiosidad el mayor, inclinándose hacia delante.
Pero Dave sigue sin encontrar las palabras adecuadas y, por primera vez en su vida, no tiene ni idea de cómo continuar. Ni en una batalla de gallos rodeado de gente prestándole atención le había pasado eso.
Ambos morenos intercambian miradas de confusión, sin saber qué le ocurre al Strider menor. Pero es simple: nunca había tenido que dejar el orgullo de lado ante unas personas de esa manera, como mucho con su hermano hace un par de días.
Jade, ya preocupada, se inclina hacia el rubio que, de repente, decide saltarse la parte teórica de la disculpa y pasar directamente al final. Así que, murmurando un "a la mierda", coge la tapa de la caja que tiene el regazo y prácticamente la arranca de ahí, dejando al descubierto el contenido.
O más bien el contenido salta de la caja y se descubre a si mismo.
—¡Halley! —Exclama repentinamente Jade, con los ojos abiertos como platos y las manos ya encima del cachorro blanco que acaba de salir de la caja.
—¡Es igual que Harley! —Secunda Jake como si él también fuese un niño pequeño en Navidad.
—Es Haaalley, Jake. —Le corrige con una risa cantarina la morena, mostrándole al perro que se revuelve en sus manos.— ¿De dónde lo has sacado, Dave?
—De las entrañas de Washington. —Contesta el rubio con una sonrisa ladeada y satisfecha, habiendo recibido la reacción que esperaba, mientras Jade le pasa el cachorro a Jake.— Es para ti.
—Tiene incluso los mismos ojos verdes que Halley… —Murmura la Harley, desviando poco a poco la mirada del perro, que ahora le chupa la cara a Jake, hacia Dave.— Entonces… ¿te acuerdas de Halley y… de mí?
—Bueno, una de las muchas gilipolleces que dicen respecto al primer amor es que no te olvidas de él, no. —Dice Dave del tirón, dedicándole una breve sonrisa.
Jade corresponde a esa sonrisa con una mucho más amplia y sincera; hacía semanas que no sonreía de esa manera y se sentía tan llena y feliz. Ahora que sabe que Dave realmente recuerda los ratos que pasaban juntos jugando a cualquier tontería con el perro de su padre, el cual murió hace años, siente que sólo tiene una astillita clavada… y esa astillita es John. Pero ahora no se puede permitir en cosas negativas porque… ¡tiene una nueva mascota!
—Gracias, Dave. Muchas gracias. —Responde Jade pasados unos segundos en los que ha tenido que parpadear rápidamente para no soltar un par de lágrimas de emoción. Luego vuelve a mirar al cachorro blanco y le pone una mano en la cabeza.— ¡Se va a llamar Becquerel porque sus ojos parecen radiactivos! Bec, para los amigos.
—Bec… ¡me gusta! —Añade Jake, apartándose al perro de la cara para mirar a Dave y sonreírle de manera ligerísima, gesto que el Strider no pasa por alto. Parece que las cuestiones que tenía con ambos ojiverdes han sido zanjadas.— Oye, pero hay algo que no he entendido...
—¿Por qué? ¿Por el nombre? —Pregunta Jade, subiéndose las gafas.— ¡Es la unidad de medida de actividad radiactiva!
—No, eso no. —Jake frunce un poco el ceño, vuelve a mirar al Strider y, habiendo escuchado la conversación ajena a cachos, pregunta con extrañeza:— ¿...tu primer amor fue un perro?
Jake es un dork y me he reído escribiendo eso último. (?)
Como SIEMPRE no tengo EXCUSA para tardar TANTO.
Solo decir que esperéis con ansias el siguiente capítulo porque tengo preparadas cosas GRANDES e IMPORTANTES que os van a gustar. Mucho. Pero mucho mucho, ya veréis.
Nos leemos~~~~~! ´v`)/
