27

Los humanos


Leryce era una saiyan joven y su misión estaba en Kanatyr. Vigilar al planeta vasallo mientras cumplía su turno era una de las promesas que había hecho el rey Trunks al momento de convertirlos en sus protegidos, y aunque exteriormente debía aparentar que no era una colona común, solía escaparse de la base para recorrer las calles que deleitaban sus ojos. Kanatyr como muchas de las vasallas de Vegeta, contaba con una cultura casi intacta y los colores y olores de su pueblo le impactaban por su belleza.

La guerrera recorría la ciudad dos veces por día, una en la mañana y otra durante la noche, y Kanatyr renacía y moría cada día de manera distinta. Primero, su sol amarillo decoraba sus calles con oro brillante y al retirarse el primer sol, llegaba el siguiente, uno más pequeño y lejano, de llamas verdes que oscurecía las calles y a la gente.

Al cerrar la puerta de acceso de la base, Leryce suspiró con cansancio y se encontró sola, sus compañeros se la pasaban entrenando dentro de la base subterránea, un piso más debajo de donde ella se encontraba. Ninguno de sus compañeros podía ver lo que ella veía en Kanatyr, a sus preciosas calles, sus soles y su gente. Ah, su gente… Leryce creía que quizás no amaba al planeta arrodillado tanto como ella pensaba, sino que a un hijo de él, un kanatyreano que la había cautivado desde que se conocieron. Era fuerte, como su sangre saiyan le demandaba, y tan distinto a ella como fuera posible. Su piel era negra como la noche pero arrancaba destellos dorados cuando sudaba, y sus ojos eran dos soles brillantes, verdes como el segundo día de Kanatyr. Se encontraban cada vez que ella salía a hacer su ronda pero no todo los días como ella hubiese querido. Y ese día no se habían visto.

Leryce escuchó un ruido desde el interior y su rastreador percibió una fuente de energía. El ruido era tenue y luchaba por ser silencioso, a Leryce se le iluminó el rostro cuando más fuentes de energía eran descubiertas por su rastreador.

—¿Quién anda ahí?—su voz retumbó en los pasillos e hizo un esfuerzo para permanecer neutra, si sus compañeros querían asustarla, no quería parecerlo.—¿Leek?—El silencio que hubo de respuesta sólo se vio interrumpido cuando el sonido anunciaba la presencia de alguien. —¿Paes?

—Mi amor—le llamó un fantasma a su espalda, y Leryce ahogó un grito cuando su kanatyreano le tocó el hombro. Su rastreador pitó inútilmente anunciando la dirección obvia del susodicho. —No quise asustarte, sólo quería verte…—replicó el intruso con torpeza, Leryce sonrió con sorpresa.

—No deberías estar aquí, Leek y Paes podrían descubrirnos—respondió queriendo sonar enfadada pero pronto se vio colgada del cuello de su amado. El arrodillado sonrió con malicia y Leryce se estremeció pensando en lo que el kanatyreano quería hacer con ella. —¿Qué estás haciendo aquí?

—Lo que debí hacer desde un principio—respondió él mientras ponía sus manos en las clavículas de la chica, haciéndola suspirar. Sus manos gentiles recorrieron su piel hasta llegar a su cuello y apretó. Apretó con tanta fuerza que la inexperta Leryce no tuvo la oportunidad de pedir ayuda, ella intentó golpearlo pero nunca imaginó que el arrodillado tuviera tanta fuerza.


Marron se hincó con delicadeza frente a una ventana y con las manos se apartó las telas rojas de sus rodillas, para que el vestido que le había regalado la reina no se le estropeara contra el suelo. Al mirar por la ventana, no vio más que suelos rojizos y un cielo ensangrentado, con nubes casi extintas del color de los ojos de la reina. Su padre le habría contado de la Tierra muchas veces, era verde y azul, de aire húmedo en invierno y perfumado en verano. Miles de especies habitaban los bosques, desiertos y montañas. Incluso había mares que cubrían la tierra más allá de donde alcanza la vista. Agua, ella no sabía cómo había sobrevivido su vida sin agua. A veces en el pequeño planeta en el que vivía llovía pero sabía que en el planeta de su progenitor lo hacía más, con tormentas y luces que caían del cielo. Lo único que caía del cielo de Vegeta eran murallas de arena alborotada.

Marron cerró los ojos y juntó las palmas de sus manos, esperando volver a abrirlos y mirar el verde y el azul que reemplazarían el rojo y el morado de Vegeta.

—Marron—la chica abrió los ojos con susto y se levantó de un salto del suelo, provocándole un mareo fugaz.—No quise asustarte, lo lamento. ¿Estabas rezando?

—Sí, Su Alteza—su voz dulce le salió brusca y controló sus instintos de enrojecer al ver al rey de reyes a su lado. La muchacha calló al instante y se dedicó a mirar al suelo, Trunks sonrió sin saber qué hacer.

—¿Qué es lo que estabas pidiendo?—preguntó de pronto el rey de reyes, urgido por volver a hacerla hablar. —Si se puede saber, por supuesto—se corrigió enseguida, pensando que Marron podía sentirse obligada a contarle un secreto sólo porque el rey se lo ordenaba.

—Lo usual, Su Alteza—quiso culminar la rubia y al mirarlo a los ojos, tuvo que apartar la mirada antes de enrojecer de vergüenza.—Por la salud de mi madre y el bienestar de mi padre—mintió con pesar pero pudo sonreír para pasar desapercibida, Trunks sonrió con amabilidad.—Pero no sé si los dioses me escucharán desde aquí. No he visto un lugar apropiado para rezar, Su Alteza.

—No se veneran dioses aquí, sólo los dioses de las colonias a los que mis sirvientes les rezan—explicó Trunks casi con pesar. —Pero puedes hacerlo donde quieras, Marron. No creo que los dioses se nieguen a tus plegarias. —Marron sonrió como respuesta y comenzaron a caminar, él era unas dos cabezas más alto que ella y su capa roja ondeaba al caminar. A la rubia se le cruzó por la mente el que ella misma tenía los colores de Vegeta en el vestido que Bulma le había dado. —¿Has recorrido el palacio, Marron?

—Sólo lo que Bra me ha enseñado, me temo que no es mucho, desde el droslos del banquete no se nos ha permitido salir mucho de la habitación de la princesa—el rey detuvo su andar cuando escuchó la palabra foránea y tuvo que repetirla mentalmente para ubicarla en su memoria. Una punzada de dolor le detuvo el corazón y sintió que toda su sangre se congelaba, sólo por un momento. —¿He dicho algo malo, mi señor?

—¿Dónde escuchaste esa palabra? ¿Droslos?—indagó con desconfianza y Marron se sintió cohibida, culpable de haber dicho algo que no debía.

—Lo lamento, Su Alteza, creo que no debí haberle contado eso…—Marron enrojeció y quiso correr para esconderse, volver al planeta de donde había llegado pero el rey le tomó el brazo con suavidad. Su contacto la hizo enrojecer más y sus piernas se le hicieron agua.

—Llámame Trunks, sólo Trunks—pidió el rey de reyes con gentileza pero sin dejar de lado su preocupación. —Ahora dime, Marron, dónde escuchaste esa palabra…

—¿Alguien saldrá perjudicado, mi señor?—preguntó sinceramente y Trunks no supo qué responderle. Se encogió de hombros y Marron negó una vez con la cabeza.—Entonces no le diré.

Bardock se les acercó con lentitud y se detuvo a unos quince pasos de dónde estaban, Marron miró al veterano con insistencia hasta que el rey se diera por aludido.

—Los humanos han llegado, mi rey—anunció mi padre con cautela y Trunks lo miró con sorpresa, volvió a concentrarse en la rubia fugazmente antes de responder.

—Dile a mi madre que me encuentre en la sala de tronos—ordenó y Bardock en vez de asentir, volvió a abrir la boca.

—Ya se le ha avisado, lo está esperando junto a Seripa en la sala de tronos—respondió y Trunks no tuvo más remedio que asentir. Dio un paso hacia delante casi con vacilación y no supo cómo despedirse de la rubia, Marron lo hizo primero debido a las ganas urgentes que tenía de salir del lugar y refugiarse de su traición a la tyrriana, quien les había hecho el favor de averiguar lo que había sucedido conmigo.

—Hasta luego, mi señor—Marron hizo una reverencia apresurada y se fue casi al trote. El rey la siguió con los ojos hasta que desapareció de la vista y se limitó a seguir a Bardock con desgano.


El rey Trunks ayudó a su madre a subir las escaleras de la plataforma de los tronos y mi padre se puso a su lado y Seripa al otro. Los federados no tardaron en llegar cuando la comitiva de los primeros humanos llegó al planeta, serían unos cincuenta individuos a lo mucho y Videl miraba a la entrada casi con desesperación a la espera de que su padre se dibujara al final del pasillo. Gohan la intentaba calmar con palabras suaves al oído y ella se sacudía con ansiedad.

Goten abría la marcha del grupo, Trunks esperaba que la compañía de un híbrido de humano los fuera amansando y entraran en confianza más rápido con ellos. Desde que habían pisado el planeta Vegeta se les había prometido ser libres y Trunks quería darles la bienvenida junto a su madre, por petición de ella misma.

El segundo hijo de Kakarotto los dejó a los pies de las escaleras del trono y los cincuenta humanos se quedaron ahí, mirando con sus caras demacradas después de años de invasión y con la idea de que tener esperanza no era otra cosa más que una desilusión aplazada.

—¿Dónde está mi padre? —preguntó quedamente Videl mientras buscaba desesperada entre las caras de esos desconocidos. Gohan tomó a la terrícola por los hombros pero ella se sacudió con violencia de su agarre. La reina los observaba desde su posición elevada aunque los dos quisieran disminuir el volumen de su discusión.—¿Dónde está? Prometiste que sería de los primeros en salir de la Tierra.

—Seguramente viene en el que sigue. Videl, por favor, cálmate.—La terrícola fiera se estremeció una última vez más cuando el rey empezó a hablar, obviando por educación la ofuscación de Videl.

—Humanos, sean bienvenidos al planeta Vegeta. Como bien deben saber, soy hijo de dos mundos y mi madre es terrícola como ustedes. No serán nuestros esclavos ni les pediremos nada a cambio de su alojamiento aquí pero tengan seguridad en una cosa. Cuando los tiempos sean mejores, podremos poner fin al asedio que sufre la Tierra y ustedes podrán volver con toda libertad—dijo el rey de reyes con amabilidad y Bulma asentía cada vez que sus palabras destramaban el plan que tenía para ellos, guardándose las ganas de bajar las escaleras para abrazarlos y decirles que estaría todo bien.

El humano que estaba frente al rey Trunks no cambió la cara demacrada cuando se atrevió a hablar y sus compañeros se mantuvieron pacientes al momento en que los dejaran retirarse.

—¿Somos libres dices? ¿De qué somos libres exactamente?—Seripa entrecerró los ojos con desconfianza y Bardock le dio una mirada para que se tranquilizara. —Tu padre fue el que nos atacó en primer lugar, él nos entregó a los hombres de Freezer y nos hizo sus esclavos. La Tierra estaba mucho mejor sin ustedes, y tú…—el hombre le dedicó una mirada a Bulma con desprecio. —No eres mejor que ellos, nos traicionaste... No eres una reina, eres una puta.—Bulma los miró con sorpresa y antes de que respondiera a la ofensa, Trunks levantó una mano.

—Déjalo hablar—dijo el rey de reyes con el ceño fruncido y el humano se permitió reír, ningún otro humano se atrevió a hacerlo y callaron mostrando sus caras desdichadas como piedras.

—Tú no nos has salvado, niño, seguimos siendo esclavos y lo seguiremos siendo hasta que tú y tu reino se hagan cenizas. Freezer también lo hará en su tiempo y todos descansaremos en paz entonces. Te maldigo a ti, a tu familia y a tu pueblo—finalizó el humano con desprecio y se dio la vuelta, invitando a sus compañeros a hacer lo mismo. Los andrajosos terrícolas marcharon solemnemente hasta la salida y Videl los siguió furiosa. Nadie más se atrevió a mover un músculo y fue Goten quien levantó las cejas mientras suspiraba, haciendo entrever que ya pronosticaba esa respuesta de parte de los libertos al haber marchado con ellos a la sala de los tronos.

—¡Humanos insolentes!—bramó la reina con las manos hechas dos puños mientras con un pie daba un golpe sonoro contra el suelo. Se dio vuelta hacia Seripa y se cruzó de brazos esperando tranquilizarse. —No soy ninguna puta…—Seripa asintió con el ceño fruncido y miró a mi padre con insistencia.

—Puedes irte, Gohan—dijo con la voz queda Bardock dirigiéndose a su nieto y el federado asintió con la cabeza en dirección a Trunks pero el rey no lo vio. El hijo de Vegeta tenía una expresión huraña y era como si no lo estuviera viendo aunque se parara enfrente suyo. Gohan se escabulló de la sala con su capa blanca ondeando en el aire y Goten siguió con la mirada a su hermano hasta que se perdió por el pasillo, luego se permitió tomar la palabra.

—Déjalos. No necesitas a los humanos…—replicó Goten mientras se cruzaba de brazos pero Trunks no lo escuchó.

—¡Por supuesto que necesito a los humanos!—exclamó el rey con furia. —¿Cómo pretendo ser rey si no puedo proteger a mi gente? Ellos son nuestra sangre, Goten, nuestras vidas están y siempre estarán ligadas a la Tierra.

—Deja de buscar la aprobación de todos, Trunks, o terminarás muerto. Los humanos están cansados, han vivido muchos más males de los que podamos imaginar. Déjalos ir, déjalos en paz. Ya los escuchaste, Trunks, no te quieren—las palabras de Goten fueron como una puñalada y Bardock no tardó en apoyar a su nieto.

—El muchacho tiene razón, tenemos muchos más problemas de los que preocuparnos. Los humanos estarán bien mientras se queden en el planeta, Freezer es quien debemos mantener vigilado—apuntó el guardia real pero Trunks movió la cabeza a modo de negación, el ceño fruncido le daba el aire de Vegeta y su madre se giró sólo para ver reflejado a su esposo en su hijo. Bulma quedó con la boca abierta cuando Trunks bajó las escaleras, ofuscado.


Gohan recorrió los pasillos de la base apostada en la órbita del planeta Vegeta con furia, su ceño fruncido hacía temblar a cualquier guerrero que lo viera pero el terrícola sólo buscaba a uno. Al abrir una compuerta, la figura redonda de Dodoria se dibujó en la habitación y no dudó en entrar para pedir explicaciones. Dodoria no lo vio llegar, si lo hizo, no se notó pero a Gohan eso apenas le importó al momento de pararse frente de él.

—¿Dónde está Zarbon?—comenzó con seriedad y Dodoria se encogió de hombros. —Lo he estado buscando por toda la base y no lo encuentro. Si está tramando algo…—amenazó pero el gordo general le interrumpió.

—Zarbon siempre está tramando algo—dijo con simpleza. —No me sorprendería que estuviera en el planeta Vegeta, exacerbando los ánimos de los soldados o incluso cortejando a la princesa—inventó al azar sin saber lo cierto de sus palabras.

—¡Eso es traición!—masculló Gohan con irritación, desde que Vegeta había muerto tenía entendido que Freezer iría a plegar sus fuerzas para respetar el acuerdo de que ningún federado era bienvenido sin invitación. —Estuve en el planeta Vegeta hasta ahora y nunca me lo topé, ¡dónde está!

—Dime, muchacho, ¿lo has visto aquí?—algo en el tono burlón del general hizo que Gohan le creyera y respiró profundamente con enfado. Zarbon debía estar haciendo de las suyas en Vegeta, infringiendo la ley del propio rey Trunks.

—Cuando nos fuimos de la Tierra, el padre de Videl… Los prisioneros terrícolas, ¿qué hicieron con ellos? —Gohan tuvo miedo de la respuesta pero cuando Dodoria puso los ojos en blanco, no tuvo que escuchar más para entenderlo. El enojo se le estaba transformando lentamente en desdicha, cada palabra que le dijera Dodoria sería una punzada de dolor en su corazón.

—Los mataron en cuanto se fueron, Zarbon lo quiso así porque tú no cumpliste con tu tarea y bueno, ya te había puesto el ojo. Freezer nunca te hubiese aceptado de no ser por Zarbon. Deberías darle las gracias, muchacho…—una risa gangosa decoró la revelación de Dodoria y Gohan no hizo más que callar y retroceder sobre sus pasos, para retirarse de esa habitación. No tardó tanto en ubicar a la presencia de Videl al interior de la nave y se dirigió hacia ella con rapidez. Ella no lloraba ni tenía un ataque de rabia, sólo se encontraba sentada en la oscuridad con la postura erguida, mirando a la nada. Si ella notó su presencia en la habitación, no lo demostró.

—Tu padre…—comentó el híbrido mientras caminaba al centro de la estancia en donde se encontraba la chica, no sabía como decírselo, sólo que debía hacerlo sin muchos rodeos. Videl apreciaba cuando era directo pero ésta vez negó con la cabeza mientras una lágrima solitaria se escurría por la mejilla.

—No lo digas, Gohan—pidió la terrícola, tratando de controlar el temblor de su mentón. Suspiró una vez mientras cerraba los ojos y se estremeció con ira. —Los terrícola ya me lo han dicho, los federados lo mataron cuando nos marchamos…—su voz se hizo un hilo inconsolable que murió en un quejido.

—Videl, lo lamento—dijo con un nudo en la garganta pero ella negó nuevamente con la cabeza, en silencio. —Esto fue mi culpa. No tenía idea de…

—No lo es—lo interrumpió con la voz brusca. —Los humanos tienen razón, esto no hubiese sucedido si el malnacido de Vegeta no hubiese invadido… Él nos vendió a Freezer, Gohan, él empezó todo esto. Vengaré a mi padre, Gohan, y ese niño que lo heredó…

—¡Trunks no tiene la culpa! Él es bueno, es un buen hombre…—Gohan la miró sorprendido, intentó abrazarla para que se calmara pero ella se apartó. —Tú no entiendes, Videl, no conoces a Trunks… Freezer eventualmente habría invadido a la Tierra, fue Vegeta pero pudo haber sido otro.

—Pero fue Vegeta—la ira de Videl se le notaba en los ojos. —Y yo tomaré partido por mi raza, Gohan. Vengaré a mi padre. Ahora, qué eres…—la terrícola le acarició el rostro. —¿Eres humano o saiyan?

—Humano, Videl—sollozó Gohan sabiendo que lo llevaban por la senda del odio. Videl lo envolvió con sus brazos y lo sintió temblar de dolor. En el interior, Gohan sabía que Goten se quedaría en el bando equivocado del conflicto.


Cuando Trunks entró a la sala de entrenamiento, Bra se levantó del suelo con un salto y quedó tiesa de la impresión cuando divisó a Bardock cerrando la marcha. Se puso pálida cuando comprendió que su hermano no la encontró entrenando como debía, la princesa se había sentado en el suelo cuando se había cansado de dar vueltas por toda la habitación con una gravedad ligeramente aumentada. Nappa se dobló en una fugaz reverencia y Bra sudó miedo, Trunks no venía con la mejor cara que tenía y le dio una mirada a la cámara que parecía nueva. Unos golpes en las paredes podían provenir sólo de Nappa. El rey arrugó la nariz y la princesa tuvo ganas de llorar, el entrenamiento que ella estaba siguiendo era bastante vago y Bra lo sabía pero no hacía nada para mejorarlo. Por primera vez, Trunks se arrepintió de haberle dado tanto a su hermana.

—Tendré que asumir que estabas descansando—replicó de pronto el joven rey, buscando tener un tono más bien irónico, pero por más que lo intentara, la frustración se le colaba con facilidad. —¿O no, hermanita? ¿Estás entrenando, Bra?

—Trunks… yo—el hablar de la princesa se interrumpió cuando se dio cuenta de que tenía la mente en blanco, incapaz de decir algo inteligible. Cuando Trunks suspiró con cansancio, a Bra le tembló el mentón.

—Afuera. Déjenme a solas con mi hermana—demandó con educación a los hombres que se encontraban presentes y tanto Nappa como Bardock se alejaron después de asentir con las cabezas. La chica se sintió desesperada, como si el mundo se acabara para ella. —¿Sabes que eres una princesa guerrera, Bra?—la pequeña asintió sin mucha fuerza. —Debes saber pelear, debes entrenarte. Los hombres esperan tanto de mí como de ti.

—Lo sé pero…—Trunks la interrumpió con una mano alzada y una negación con la cabeza.

—No lo sabes, de otra manera estarías entrenándote como corresponde a la realeza como nosotros—le replicó con la voz serena, Trunks no podía enojarse con ella por mucho tiempo. Bra bajó la cabeza y su hermano sonrió apenado, con una mano le levantó el mentón lo suficiente para que lo mirara. —Estamos a punto de entrar en una guerra y no podré protegerte siempre, debes hacerlo por ti misma. Si algo me llegara a suceder…

—No te sucederá nada, Trunks. Eres el rey de reyes, eres el rey más justo, los buenos siempre ganan…—su voz de niña de pronto le sonó tonta y sus argumentos peores. Trunks sonrió con la amabilidad que su padre no tenía.

—No siempre es así, Bra, las historias que escuchas no son necesariamente verdaderas—hizo una pausa para ponerse más serio. —El que se rinde es el que pierde y si yo pierdo, muero. Tú eres mi heredera, Bra, debes estar preparada para cualquier eventualidad.

—¡No!—los ojos lilas de la princesa buscaron los de su hermano mayor y se vieron reflejados en el otro, los mismos colores. —No puedes morir…

—No pretendo hacerlo, Bra, pero debes estar preparada—la expresión del rey de reyes se hizo seria y con su mano le tocó con un brazo, un remezón en el cuerpo de la chica la hizo comprender que estaba a punto de llorar. —¿Serás una princesa, Bra, o la princesa guerrera que eres?

—Entrenaré—dijo ella con los ojos abiertos y aguados. —Lo prometo pero no…

—Prometo que no moriré—sonrió con tristeza y acarició suavemente una mejilla de su hermana. Cuando comprendió que se pondría a llorar, Trunks se dio vuelta para darle la espalda y liberarla de la vergüenza de ser vista en ese estado. El rey optó por cambiar de tema, la razón por la que había ido en primer lugar.—Bra, desde ahora tienes otra doncella a tu cuidado, me vi en la urgencia de trasladar a tu tyrriana a otro lugar.

—¿A qué te refieres?—Bra sonaba casi enfadada y Trunks supo que no estaría contenta con su decisión.

—Ella cometió una imprudencia al contarte lo del droslos, ya tienes la cabeza llena de tonterías como para que estés escuchando leyendas sin sentido—explicó sin darse vuelta pero supo que la chica había abierto la boca con sorpresa. El tema de las historias que llenaban de fantasías a la princesa debía terminar y Trunks no esperaría ningún minuto más para ello. Bra debía madurar y hacerlo rápido. —Ya no eres una niña a la que le cuentan historias para entretenerla, eres una princesa, Bra, debes actuar como tal.

—¿Cómo te atreves? Esa tyrriana ha estado conmigo desde que era pequeña, ¡cómo te atreves a alejarla de mí!—la princesa casi gritaba de lo enfadada que estaba y Trunks cerró los ojos cuando su tono se hizo doloroso. —Ella me dijo la verdad, el soldado que colapsó en la sala del trono era un droslos, ¿cómo no lo puedes ver? Nappa me dijo que Radditz no tenía el poder que tiene ahora, dice que pensabas subirlo de rango…

—¡Basta!—sólo subió un poco su volumen para que la chica lo escuchara y Bra se sintió ofendida. El rey se volteó para verla a los ojos. —Escúchate, piensa en lo que dices… ¿demonios? No creo en magia, Bra, creo en hechos. Los únicos demonios que existen están aquí, rodeándonos, esperando a que nos equivoquemos para matarnos, ¿y tú lo atribuyes a demonios?

—¿Por qué no creer en demonios cuando crees en esferas mágicas que conceden deseos?—la voz de Bra se quebraba con facilidad pero aun así lograba mantener su enfado casi intacto. El rey de reyes frunció el ceño. —Mamá me contó lo que planeas hacer, Trunks. Dices que no crees en magia pero crees en las esferas de la Tierra…

—Esto no se trata de lo mismo, Bra. Mamá no debería haberte contado de eso—reflexionó con seriedad y se miraron con la misma expresión enfadada. Lila contra lila. —Deja de creer en cuentos, Bra, vivimos en la realidad—dijo Trunks con dureza y se dio la vuelta para dar por terminada esa conversación para encaminarse hasta la salida pero cuando tuvo la intención de abrir la puerta, ésta se abrió sola, dejando ver a mi padre en el pasillo. Su expresión le heló la sangre a Trunks. —¿Qué?

—Los hombres que dejó en Kanatyr han empezado a matar a los kanatyreanos. El planeta ha mandado una señal de auxilio, mi rey. —Trunks arrugó la nariz mientras abría los ojos con sorpresa, Bardock le lanzó una mirada furtiva a la princesa quien se tapaba la boca por la impresión.

—¿Cuáles son los nombres de esos traidores?—espetó el rey con furia contenida y comenzó a caminar, Bardock se vio en la obligación de seguirlo pero se despidió de la princesa con una reverencia breve.

—Leek, Paes y Leryce, Su Majestad—recitó con obediencia y luego añadió: —Leryce está muerta, la ha matado un kanatyreano. Sospechamos que eso inició la carnicería.

—Sea como fuera, ellos no deberían asesinar a nuestros protegidos. Partiremos enseguida, Bardock, pero antes debo hablar con Goten. Prepara las naves y elige a quién desees para que nos acompañe.

—Entendido, Trunks—y Bardock se marchó por el primer pasillo por el que pasaron. Trunks iba con la cara descompuesta, si las colonias sabían de la matanza de Kanatyr, les empezarían a dar la espalda y en Vegeta no estaban preparados para hacerle frente a una guerra sin el apoyo de los planetas arrodillados.


—Radditz—me llamó una voz tímida desde la espalda y me giré sobre mis talones para ver a una sirvienta encapuchada. Sonreí un tanto con extrañeza.

—Vete, esclava—apenas le di una mirada y volví a mi entrenamiento. La chica se estremeció molesta bajo la capa y percibí que se quejaba contenida para no explotar en medio de la sala de entrenamiento.

—¡No soy una esclava!—exclamó la chiquilla con enfado y fue lo bastante inteligente como para aplacar su voz para pasar lo más desapercibida posible. La princesa calló unos instantes para calmarse y mirar a los alrededores por testigos. —Tenías razón—explicó de forma queda y arrugué la nariz mientras miraba a todos lados buscando sus guardias, no los vi pero eso no me dejó tranquilo. La tomé por los brazos para zamarrearla un poco, era baja como había sido Vegeta y yo era demasiado alto, mi mera sujeción la hizo chillar de terror y la encaré con una mezcla de miedo y enojo. Si llegaba a joderme como lo había hecho la taaseriana, juraría que la mataría.

—¡¿A qué has venido?! —le pregunté con la voz contenida y miré una vez más hacia los alrededores, su chillido había servido para alertar a los demás soldados que entrenaban en esas salas gemelas pero la capa que ella había usado para no levantar sospechas le cubría de la cabeza a los pies y no habían indicios de sus pelos ni ojos lilas. Podía ser cualquiera pero una esclava era lo que se les venía a la cabeza debido a su debilidad. —¿Estás loca? Me matarán si me ven contigo—y tomada de un brazo, la guié a la salida. Los soldados nos dedicaron unos segundos más de concentración y volvieron a sus entrenamientos. La princesa no tardó en soltar sus primeros lagrimones.

—Trunks jamás me dejará salir del planeta sin desposarme, él me ha mentido. Nunca ha querido que salga del palacio y menos me permitirá salir del planeta, él solamente quiere tener asegurado el trono…—casi se puso a llorar en la esquina en donde la dejé y bufé con irritación, no era la maldita amiga de la princesa como para que viniera con sus problemas. No me interesaba.

—¿Y qué quieres que haga?—pregunté con desesperación pero procurando no levantar la voz y ella entrecerró los ojos ante mi irritación. Cuando terminé ella no dudó en exponer sus soluciones pero yo ya no quise escucharla y di un paso para atrás.

—¡Espera! Eres el único que me dice la verdad en este palacio, por favor. Si digo algo, Trunks siempre termina sabiéndolo… No puedo confiar en nadie.

—Ni en mí, princesa. Ahora vete—le ordené exasperado y ella me tomó de un brazo para que no me fuera. Quise gritarle que se fuera, que era una tonta y que se moriría pronto sino dejaba de serlo pero no pude, habían demasiados oídos dispuestos a susurrarle verdades al rey.

—No me iré—un atisbo de determinación se asomó por su voz delicada y quebradiza, y me quedé quieto por la impresión. —Soy la princesa, puedo darte todo lo que me pidas. Sólo quiero saber la verdad.

—¿Todo lo que te pida? —le repetí puesto que siempre habían restricciones al momento de hacer tratos al aire y ella volvió a ser la princesa sumisa de siempre. Titubeó un tanto antes de pensar en lo que había dicho y se horrorizó.

—¿Qué es lo que quieres de mí?—preguntó ella temblorosa e instintivamente se llevó una mano hasta su capa y se la subió hasta quedar sobre el cuello. Fruncí los labios un tanto ofendido, su virginidad era algo que duraba hasta un segundo y después de ese segundo, todo iba a seguir igual para mí, en cambio, el collar…

—¿Sigues siendo igual de estúpida?—mascullé mientras miraba a otro lado para que no viera mi expresión insolente y ella abrió la boca con las cejas contraídas, por un momento pensé que me insultaría hasta que recordé lo poco de Vegeta que tenía. Era una chiquilla que jamás había solucionado sus propios problemas.

—No lo soy—apenas dijo debido al llanto que se asomaba por sus palabras. Hizo bien al contenerse, de no haberlo hecho me habría marchado.

—Muy bien—respondí con una sonrisa vanidosa. —Si quieres tus respuestas, tendrás que venir a mí. No estaré contigo en el palacio a menos de que sea necesario.

—Pero salir del palacio…—sentí el miedo que tenía al ponerse en la situación. —Trunks jamás lo permitiría, dice que los soldados no me obedecerían…

—Será fuera del palacio, le tengo aprecio a mi cabeza. Si me acerco mucho a ti, el rey me la quitará.

—Pero le podría decir que eres mi amigo y que no me harás daño…—expuso ella con atolondramiento y me permití reír una carcajada. No entendía por qué Bra insistía tanto en verme si era tan cruel con ella.

—No soy tu amigo y puedo hacerte daño—le dije con la seriedad compuesta y Bra tiritó de terror cuando la miré a los ojos. —Trunks no es tan tonto como para no darse cuenta de ello—hice una pausa para relajar mi rostro y no espantarla tanto. —Fuera del palacio, princesa, viste ropa de esclavos para que no te reconozcan y sal por la puerta del servicio. Te estaré esperando ahí.

—¿Cuándo?—Bra titubeó un tanto, pensando que podía simplemente no ir. Le sonreí de lado y ella tuvo que apartar la vista.

—Esta noche, ¿o quieres esperar para saber la verdad? —mi voz tuvo un tono tentador y la princesa sonrió lentamente como si tuviera un atisbo de esperanza. Día a día era engañada, suavizándole la verdad para que no se perturbara por orden del rey. Trunks había decretado que su hermana jamás viviría la desesperanza que había sufrido él cuando sus propios libertos lo habían traicionado para culminar la misión que se les había encomendado: matar al rey Vegeta. La tomé por los hombros una vez más.—¿Estarás ahí, princesa?

Bra asintió una vez con una sonrisa dulce y abrió la boca para decirme algo hasta que Nappa apareció por detrás, a unos veinte pasos de donde estábamos. La princesa instintivamente bajó la cabeza para que la sombra que proyectaba la capucha le cubriera las facciones y yo me erguí de espaldas para encarar al antiguo guardia personal de Vegeta, procurando ocultarla detrás de mi cuerpo.

—¿Qué está pasando aquí?—preguntó el calvo mientras se encaminaba hacia nosotros, percibí lo molesto que se mostró cuando me reconoció. —Sabes que a la reina no le gusta que abusen de los sirvientes, Radditz—me dijo cuando estuvo bastante cerca y miré a la princesa antes de soltarle los hombros, sus ojos me observaban suplicantes. Volteé nuevamente hacia Nappa y él ya se encontraba a un paso de mí, atiné a sonreír de lado y Bra se tocó el cuello con el mentón. —Esclava, ándate antes de que éste malnacido te haga algo.

Bra asintió con la cabeza tapada una vez y se echó a correr por el pasillo hasta que se perdió de vista, y yo la seguí con los ojos. Nappa arrugó la nariz con disgusto.

—Si yo fuera tú, trataría de no meterme en más problemas—me aconsejó mientras me dedicaba una mirada cargada de desprecio y me eché a reír.

—Sólo me estaba divirtiendo.


Nota de la Autora: Hola, lamento no haber actualizado antes pero este capítulo resultó ser realmente jodido de escribir xD Siento que me estoy acercando cada vez más a la parte complicada y a lo peor, los desenlaces jaja Me siento en problemas...

Primera aclaración antes de que lo olvide: Leek, Paes y Leryce son los nombres de los protectores de Kanatyr, como todos los saiyans tienen nombres de verduras (o por error, frutas), éstos tres no podían ser menos: Leek es "puerro" en inglés, puesto que suena bien sin ninguna modificación lo dejé así, muy distinto lo que pasó con Leryce que es el anagrama de Celery(apio) y Paes es el anagrama de Peas(arvejas/guisantes). Debo aclarar que no son ni serán personajes importantes, sólo necesitaba "carnes de cañón" por así decirlo.

Muchos de los comentarios hablaron de lo que les gustó de los vigilantes, sé que este capítulo no tienen nada que ver precisamente de las esferas o de sus vigilantes pero... espero que no haya sido decepcionante, al menos a mi me gustó mucho aunque haya sido un dolor de cabeza escribirlo xD Habrá mucha más magia, fantasía y vigilantes mientras transcurra la historia :)

Los humanos rechazaron a Trunks, Videl y Gohan se irán con ellos y Kanatyr está bajo ataque por sus propios protectores, ¿qué otro horror le espera a nuestro querido Trunks? No lo sabremos hasta la siguiente actualización jaja Y Marron, tan tierna, tan correcta... algo me dice que su sinceridad será lo que enganchará al rey, por así decirlo xD Y Radditz verá a Bra a escondidas... dejaré de hacer el resumen del capítulo jaja Me temo que ya no recuerdo lo otro que quería poner...

En el próximo: Seguro que aparecerá Zarbon, lo extraño jaja Y Bardock hará uso de su habilidad de una forma hermosa :') creo que eso es todo lo que tengo jaja Espero tener la actualización la siguiente semana, espero que la musa no se me vaya como para este capítulo y que la universidad sea más permisiva.

Gracias a los comentarios de AinaBriefs, ZaDaBiA, UGGLYTRUTH, LaudeHyrule, yukkoame, Niooni, Filonauta, Sybilla's Song, JazminM, Prl16 y asaia16, fueron muchos esta vez :D

Muchos saludos desde las tierras frías en las que me encuentro, RP.