PREVIOUSLY, ON STALKER...
Jane y Roxy hablan a la mañana siguiente de la tarde que pasaron en casa de Jade. Roxy no deja de mencionar a Rose y Jane, cortante, intenta evitar el tema. Gracias a la llegada de Dirk, que ha pasado la noche fuera con su hermano, la atención de ambas va hacia él y la reconciliación de los Strider. Jake, por su parte, decidió quedarse con Jade ya que la notó rara.
Mientras tanto, John y Karkat se distraen jugando a videojuegos, pero pronto Karkat se da cuenta de que algo no va bien con John. Cuando su vecino le pregunta la razón, John no quiere quedar como un fanboy loco y empieza hablándole del asunto de Jade, de cómo le ha traicionado según él. Karkat intenta empatizar y le explica su situación con Gamzee.
Antes de que la cosa se ponga más incómoda, Kanaya llega sin previo aviso al piso de John que, para sorpresa de este, conoce a Karkat.
Kanaya, claro, ha venido a hablar con John sobre Rose y la noticia que la emparejaba con Dave, haciéndole ver que obviamente es un rumor sin fundamento y que no hace falta demasiado para darse cuenta de ello.
Más tarde, Dave decide hacer una importante visita a Jade. No se ha portado bien con ella y tiene que arreglarlo. La situación con la que se encuentra le echa bastante para atrás: Jake está allí (otro asunto pendiente en su lista de disculpas por bocazas) y el suelo está lleno de armas al alcance de ambos morenos a los cuales ha ofendido de una manera o de otra.
Aun así, eso no le acobarda y continúa con lo planeado... hasta que su lengua se hace un nudo y no sabe cómo continuar con esa disculpa torpe y simplemente abre cierta caja que lleva en las manos desde que ha entrado en el piso, pasando directamente a la parte práctica de su plan.
De la caja sale un cachorro idéntico al que tenía el padre de Jade cuando ésta era pequeña. La Harley se queda boquiabierta porque eso significa que Dave *sí* recuerda su infancia juntos. Inmediatamente y sin necesidad de decir nada más, sabe que ha hecho las paces tanto con Jade como con Jake, el cual también recuerda al perro.
—Empieza el plan.
Inmediatamente después de esas palabras, Dirk Strider aprieta el timbre de la puerta que tiene delante y corta la llamada de teléfono. Mientras espera allí de pie le da tiempo a guardarse el móvil en un bolsillo de los tejanos oscuros que lleva y mirar alrededor, viendo el rellano sucio y poco iluminado que ya le es familiar. De noche el edificio de John parece incluso más viejo que de costumbre.
—Buenas noches.
La puerta se abre de repente y el Strider gira la cabeza rápidamente hacia el menudo chico que está con la cabeza gacha, mirándose la mano y contando las monedas que hay en ella. Lleva una bata azul oscura que también reconoce y debajo simplemente unos shorts de hacer deporte para nada masculinos.
—¡Sí! Está justo, aquí tie-... —Nada más levantar la cabeza, la sonrisa del moreno se queda congelada y sus ojos se abren desmesuradamente al encontrarse con la inesperada visita. Poco a poco, retira la mano con dinero que le había alargado para que cogiese las monedas.— ...creía que eras el pizzero.
—Pues... no. —Dirk se queda callado unos segundos. Sabía que iba a ser incómodo y que tenía que tener algo preparado para decir, pero llegado el momento se ha quedado tan estático como el Egbert, que, desviando la mirada y dándose cuenta de su aspecto, se cierra la bata, cubriéndose la piel visible.— Tranquilo, no hay nada que no haya visto ya ahí debajo.
El comentario hace que los ojos azules de John le miren escandalizado y sus puños se cierren con más fuerza en la ropa que está agarrando. Vale, tal vez ese comentario ha sido inadecuado. Dirk se humedece los labios, buscando unas palabras de disculpa que no suenen absurdas o violenten más la situación, pero no encuentra qué decir y el silencio acaba alargándose incómodamente.
Entonces, como si algún dios hubiese escuchado las plegarias de uno de los dos (o de ambos), alguien carraspea a su espalda y el mayor, imperceptiblemente sobresaltado, se gira y sus ojos siguen la misma dirección que los de John.
Allí de pie hay un chico joven con una ropa hortera y llamativa que le distinguiría como pizzero aunque no llevase una caja con el manjar correspondiente en las manos.
—Uhm… ¿habéis pedido esto vosotros? —empieza el chico, refiriéndose a la caja que lleva con él.
—Sí. —contesta inmediatamente John, dando un paso hacia delante para alcanzarle y abrir la mano donde tiene las monedas tan apretadas que le han dejado marcas en la palma.— El dinero está justo. Muchas gracias.
—A ti. —El chico ni siquiera comprueba que el importe sea exacto de verdad, simplemente se lo guarda y después echa una mirada a Dirk, que sigue ahí de pie sin moverse, solo observando. Hace una movimiento con la cabeza y se despide:— Que os aproveche.
John murmura una despedida y se queda de pie, con la pizza en las manos y su sonrisa boba de siempre, mirando fijamente cómo el chico pizzero decide usar las escaleras en vez del ascensor.
La verdad es que esperaba que el Strider captara la indirecta y se despidiera de una vez, porque no tiene ganas de abordar problemas de rubios ahora mismo y seguro que eso es lo que el mayor trae. Pero claro, es Dirk, y lo conoce lo suficiente como para saber que no va a irse si no lo ha hecho ya, así que, poco a poco, se gira y su sonrisa se convierte en una línea tensa, expectante.
Dirk se da cuenta de que le está mirando y cambia de postura, metiendo las manos en los bolsillos y echando una mirada alrededor, como si no entendiera el significado de la situación.
—Entonces… ¿me invitas a cenar?
La proposición, dicha en tono tan neutro y casual, hace que John suelte un suspiro y no pueda evitar reprimir una pequeña sonrisa. Niega con la cabeza mientras vuelve a su casa, ya más relajado por alguna razón.
—Vamos, entra.
Todo sigue como cuando Dirk se fue. Tal vez el salón está algo más revuelto, con mantas y cojines de más hechos una maraña en el sofá y parte de la alfombra, pero igual.
La mesa baja tiene varias latas de refresco vacías, un par de platos sucios que parecen tener restos de pastel -"¿pero John no odiaba esos pasteles caseros?"- y, cómo no, una pila de DVD's de películas terriblemente malas sobre desastres naturales y meteoritos con héroes tan ridículos como increíbles. Eso era la terapia de John aparte de las películas sobre fantasmas que sueltan ectoplasma.
Sin embargo, en ese momento en la televisión se está retransmitiendo el típico programa nocturno de viernes noche, lleno de risas enlatadas. La única luz aparte de la pantalla es una pequeña lámpara que hay en la mesita colocada junto al sofá, así que Dirk llega a la conclusión de que John había estado durmiendo a pesar de estar esperando su cena a domicilio.
—Menos mal que te gusta la piña en la pizza. —comenta el moreno al salir de la cocina, tijeras en mano, sacando al rubio de sus pensamientos.— ¿Qué haces ahí de pie? Siéntate.
—Eres de las pocas personas con las que comparto tal gusto. —responde el mayor, haciendo caso al anfitrión y sentándose en un hueco del sofá, entre cojines y mantas.
—Ya… no mucha gente entiende el placer de la piña. —se ríe John, arrodillándose junto a él, frente a la mesa baja, para cortar la pizza en trozos.
A pesar de la conversación banal y simple, que parece surgir con total naturalidad, el Egbert prácticamente corta la pizza en zigzag por culpa de la tensión que ha vuelto a asaltarle. Siente los ojos del Strider mayor clavados en su nuca, pasando a través de sus gafas oscuras, y no puede dejar de pensar una y otra vez en todo lo que ha compartido con él en literalmente cada parte de aquel piso: en el sofá, en la mesa, incluso en la alfombra, maldita sea…
Huyendo desesperadamente de los inoportunos recuerdos, carraspea con fuerza, tal vez con demasiada fuerza, porque hace que Dirk levante la cabeza y salga de sus propios pensamientos, que no eran exactamente los que John cree que son.
—A-a-… así que has vuelto con Jake, eh.
El moreno se arrepiente al instante de haber soltado ese estúpido intento de relajar tensiones, porque sabe que va a causar lo contrario. Como reafirmando su creencia, escucha cómo el Strider toma aire a su espalda y cambia su postura en el sofá, signo de incomodidad.
Lentamente, John deja las tijeras en la caja de la pizza y se gira para afrontar algo que ya sabe y espera que no le duela demasiado escuchar de la boca del mismo Dirk.
—No.
—Ah, lo sa-... espera, qué. —John, aún apoyado en sus propias rodillas, le mira con incredulidad desde abajo.— Pero si me enviaste un pester diciendo que…
—Olvida esa mierda. —le corta de repente el rubio, recolocándose el ya perfecto pelo solo para aprovechar y mirar hacia otro lado.— No puedes recuperar una relación que se rompió tan bruscamente de un puto plumazo.
—Oh, claro… claro. —Como si aquello le aliviara, John suspira y se apoya contra una rodilla del mayor, que arquea ligeramente una ceja.— O-o sea, no es que me alegre… es que… bueno, ya sabes, es raro que… me hace sentir raro todo esto.
—Ya. —Dirk asiente aunque no está muy seguro de entenderlo de verdad. Lo que sí entiende es que ahora es el momento de afrontar lo que ha intentado rehuir. No sabe cómo puede reaccionar, pero le ve bastante estable -puede que resignado- a pesar de lo que Jade le soltó días atrás.— Sabes… no te pareces en nada a Jake.
El comentario hace que la sonrisa de disculpa de John se vaya borrando poco a poco y busque la mirada velada de Dirk, queriendo encontrar una explicación a lo que acaba de decir el mayor. ¿Cómo debería sentirse siquiera ante eso? ¿Es algo bueno… o malo?
La expresión de confusión del más pequeño hace que el rubio arquee de manera imperceptible los labios, en una suave sonrisa. Tiene que continuar.
—¿Te sientes utilizado? —El Egbert no sabe a qué viene la hiriente pregunta ahora, pero la entiende perfectamente.
—Sí. —contesta él con sinceridad, levantándose perezosamente de la alfombra para sentarse en el sofá, a su lado.— Pero no puedo quejarme.
—Sí que puedes quejarte. —Dirk traga saliva y se ladea para poder seguir mirándole de frente.— Yo sabía lo de Dave y Jade desde el primer momento. Yo fui el que le aconsejó a Dave que te dejara sin decir nada.
Los labios de John se convierten en una fina línea y agacha la cabeza, clavando los ojos en las manos que une en su regazo. El corazón sigue acelerándosele de pura rabia al recordar cómo todo el mundo parecía haberse puesto en su contra con ese tema, incluso Rose y Jade.
—Pero eso ya lo sabías. —añade el rubio al ver que no dice nada.— He hablado con Jade. Me lo ha contado todo.
—¿Ahora estáis compinchados? —articula por primera vez en un rato.— Si es que no lo estábais ya desde antes.
—No. Fui a su casa con Jake y un par de amigas. —John hace un mohín a esa explicación, pero sigue sin querer mirar a Dirk.— También… he hablado con Dave.
—Genial. —masculla con sarcasmo, sin suavizar su expresión. Ahí van los problemas de rubios que quería evitar.
Ahora es el Strider mayor el que se queda callado, creyendo que ha llegado a un callejón sin salida por culpa del orden escogido para contarle las cosas. Se mordisquea el labio inferior, pensando la genial idea que habría sido tener un pinganillo con la voz de Roxy para ir indicándole qué decir y hacer en ese tipo de situaciones que tan mal maneja.
Recordar a Roxy le hace pensar también en *el* plan. Si no consigue que él y John queden en buenos términos, nada funcionará. Primero tiene que arreglar sus asuntos y, después, hacer que los demás arreglen los suyos.
Toma aire, organiza su cabeza y vuelve a empezar.
—En realidad no he venido a hablarte de Dave, John. Ni de Jade, ni de ese falso bulo con la tal Rose. —El volumen de la repentina voz del rubio hace que el menor casi se asuste y le dedique una mirada de reojo, ligeramente interesado.— Porque sí, lo de la chica rubia es mentira. Ya sabes cómo son los medios, joder.
—¿Y por qué tendría que creerte después de todo?
—Estoy siendo sincero.
Eso sólo hace que John arquee una ceja, incrédulo. Dirk arruga la nariz, sabiendo que no es suficiente; tiene que hacer algo más significativo. Poco a poco y con cierto disgusto, se lleva una mano a las gafas de sol y se las sube al pelo, revelando todo su serio rostro.
Ve cómo, gracias a dios, la expresión del Egbert se va suavizando y también ladea la cabeza ligeramente, observando con atención su semblante al completo. Mentiría si no dijera que ahora se siente más desnudo ante él que cuando lo estaba de verdad, pero parece que ha funcionado.
Mientras Dirk espera a que John diga algo, éste simplemente recorre con los ojos los rasgos que en realidad ya conoce de tanto acariciarlos. Sin embargo, sigue sintiéndose cautivado por la serena belleza de su mirada, su nariz recta, las pecas,... solo hace unos días que no tiene el placer de pasar las manos por sus mejillas y mirarle profundamente a los ojos, buscando al chico que ya no veía en él… ahora Dirk es sólo Dirk y ahí es dónde entiende el primer comentario que le había dicho cuando las cosas se empezaron a poner serias. "No te pareces en nada a Jake".
Teniendo la urgente necesidad de ello, John sube una mano hacía el rostro del Strider, que se tensa notablemente, nervioso por no saber cómo tomarse los dedos que le acarician la mejilla de manera familiar.
Quiere decirle que él en realidad tampoco se parece a Dave en ese sentido a pesar de que son hermanos, pero se muerde el labio antes de hacerlo.
—Gracias. —susurra solamente.— Te creo, Dirk.
Lentamente, el Strider lleva su mano a la ajena y la coge para quitársela de la mejilla, muy serio. No sabe por qué el otro ha cedido de repente y con tanta facilidad, no cree que solo el haberse quitado las gafas tenga ese efecto, sería una gilipollez, pero lo importante es que *le cree* y eso le da pie a continuar.
Poco a poco hace que la mano ajena que ha agarrado baje hasta su regazo, pero no la suelta por miedo a hacer algún movimiento brusco que rompa el momento que ya no se molesta en saber cómo ha conseguido. Carraspea un poco, sin dejar de mirar fijamente los ojos azules y ahora más calmados del Egbert e intenta continuar de manera calmada.
—Todos… cometemos errores. —Es un comienzo torpe, pero John asiente solemnemente ante esas palabras.— Obviamente yo la cagué.
—Pero fue porque Dave…
—De manera ajena a Dave. He dicho que no venía a hablar de él. —le corta Dirk con rapidez, evitando que le eche las culpas a su hermano a pesar de tener parte de razón.— Sé que soy influyente en sus decisiones aunque él quiera negarlo y que se comporte como un capullo no me da derecho a aprovecharme de la situación de esa manera.
—Lo entiendo. —John coge aire y asimila aquello, suponiendo que es lo máximo que va a sacar de Dirk.— Yo tampoco lo hice bien contigo. ¡Y menos aún con Jake!
—Él no está cabreado. No estábamos juntos así que… no tiene motivos para cabrearse. —Espera que ese comentario haga recapacitar a John, y el silencio que el chico guarda a continuación le hace pensar que lo ha conseguido.
—Sí… pero sigue doliendo, supongo. —El moreno arruga la nariz y Dirk supone que ha captado el comentario de doble filo que también puede aplicarse al último desliz que tuvieron Dave y Jade. Aun así, es demasiado pronto para tocar ese tema y John no sigue por ahí.— Me gustaría hablar con Jake.
—Oh. —Y, de repente, ahí está. La señal que Dirk estaba esperando.— Sabes, he quedado en reunirme con él y mis amigas en un rato. Deberías venir.
—¿Ir… a dónde? —Entonces el teléfono de John suena, indicándole que tiene una nueva notificación. Por inercia, el moreno estira el brazo hacia él, pero Dirk aprovecha y estira de la mano que aún agarra para que no lo coja, por si acaso.— ¿Q-qué?
—Es en el Raven. No podemos entretenernos. Hay que comer e irse. —John le mira extrañado, pues el Raven es esa exclusiva discoteca en la que, de hecho, conoció en persona a Dirk. Probablemente tenga enchufe… cosa que no duda, al fin y al cabo es un Strider.
—Está bien. Pero voy a tener que meter la pizza en el microondas, creo que se ha enfriado…
Dirk asiente mientras el Egbert se levanta del sofá y hace lo que ha dicho. Cuando está seguro de que John está liado en la cocina, se abalanza sobre el móvil ajeno, lo pone en silencio y borra con rapidez la notificación que, como suponía, es de la página oficial de su propio hermano, dando una noticia que sin duda estaría ya quemando la red.
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El coche es mucho más sencillo de lo que John creía que sería tratándose de un Strider, pero no dice nada al respecto porque no le importa ir en una pomposa limusina plateada o en un Mercedes caro pero discreto… vale, y también porque está bastante nervioso.
Ya no es por culpa de Dirk, parece que todo está bastante normal con él ahora, sino porque va a encontrarse con Jake, al cual no sabe qué decirle aún, y las mencionadas ya varias veces amigas de los chicos. Hasta donde el rubio le ha explicado, se llaman Jane y Roxy y básicamente están al día con todos los chanchullos que han estado pasando, cosa que, claro, hace que el encuentro se le haga aún más incómodo. ¿Y si le tratan como un traidor que ha herido a su amigo English?
—Evita la calle principal. —dice de repente Dirk, dirigiéndose al chófer, pero aun así sacando de sus preocupados pensamientos a John.— Y déjanos en la puerta trasera. Puedes llegar por el callejón de la derecha, el último antes de alcanzar la calle principal. En ocasiones los GPS no encuentran el camino.
—¿Por qué vamos a entrar por aquí? —pregunta el moreno cuando el coche sigue las órdenes y se meten por el callejón que no parece nada apto para la conducción.
—Por aquí se llega a la sala VIP sin tener que pasar por toda la mierda de la puerta principal.
—Oh… lo recuerdo. —asiente mientras el coche se para y ambos bajan.
—Además, no todos los paparazzis conocen este lugar ni se aventuran a acercarse desde que hay seguridad. —Dirk empuja con suavidad a John para que camine a su lado.— Y no queremos que ahora surjan rumores inoportunos sobre nosotros, ¿verdad?
—Verdad.
La conversación acaba ahí y el Egbert escucha atentamente mientras recorren los pocos metros que separan el coche de la puerta trasera. Le parece escuchar un gran barullo, como en un concierto en la lejanía, probablemente en la entrada principal de la discoteca. Sin embargo, no piensa demasiado en ello, creyendo que es normal teniendo en cuenta el prestigio de la Raven y entra junto a Dirk a la oscura antesala que les llevará a la zona VIP.
Mientras caminan por el pasillo de luz azulada, dos personas les paran y ambas susurran cosas al oído del Strider, que solo asiente de vez en cuando. John se pregunta si es que algo va mal, pero no logra escuchar la conversación por culpa de la fuerte música que suena tras la puerta que les separa de la sala VIP. Tampoco le da tiempo a preguntarle al rubio porque, cuando ya les dejan en paz, éste le mete prisa y entran por fin a una zona más iluminada y exclusiva donde les esperan tres personas.
—¡Ah! Bienvenidos, chicos. —dice de inmediato la chica morena que John reconoce como Jane gracias a la escueta pero precisa descripción que le había dado Dirk en el coche.
—¡El famoso John, por fin! —grita por encima de la música que sigue llegando algo amortiguada una rubia, acercándose a la pareja de inmediato con dos vasos de tubo en las manos llenos de líquido oscuro.— Tened, lo he hecho para vosotros.
—Vaya, gracias. —John se ríe un poco cuando Jane también se acerca y reprende en un susurro a Roxy, que pone cara de cachorrito.— Ya veo que no hace falta que me presente.
—Y nosotras tampoco, ¿verdad? —La rubia hace ver que se echa el pelo hacia atrás, en u cómico gesto de superioridad fingido.
—Dirk me ha hablado de vosotras. —confirma el más pequeño, mirando el vaso recibido y tomando un sorbo.
—Espero que te haya hablado bien. —dice Jane con una sonrisita mientas le da un suave codazo a su amigo, el cual da el primer trago a la copa que Roxy le ha ofrecido, haciendo una mueca en cuanto se separa el vaso de los labios.— Sí, se ha pasado un poco, ya la conoces… y el que también se ha pasado es…
Un estrepitoso sonido de cristales rotos se escucha por encima de la música y corta la frase de la Crocker además de llamar la atención de el grupo entero, que se gira para encontrarse con el asunto que tiene que tratar John, normalmente conocido como Jake English, el cual no parece en absoluto normal en este momento.
Jane mira significativamente a Dirk, que solo tuerce los labios, pero Roxy suelta una exagerada carcajada al ver el montón de vasos rotos en el suelo y la mesa sobre la que estaban volcada por un torpe English.
Con el estómago del revés por el exceso de nervios en tan poco rato, John observa cómo la rubia se acerca a su amigo y le da un golpe en la espalda mientras éste le corea la risa tan fuerte que necesita encorvarse y apoyar las manos en las rodillas. Aunque no es en absoluto la situación que habría deseado para hacer eso, sabe que tiene que hacerlo ahora.
Muy decidido y apretando con fuerza el vaso de alcohol que no ha probado pero que aún tiene en la mano, se dirige con pasos largos hacia la pareja, dejando atrás a la otra. Cree escuchar un "espera" detrás de él, pero entre el ataque de risa de Jake y Roxy y la música repetitiva y contundente apenas se da cuenta de ello y no para hasta que se pone frente al moreno de ojos verdes, que ahora está apoyado en la pared con Roxy enganchada a su hombro, aún riéndose.
Al principio ninguno de los dos le echan cuenta y, como si el alcohol le fuese a llenar de valentía en vez de simplemente el estómago, da un largo trago, arrugando la nariz después porque apenas se nota el sabor a refresco. Es entonces cuando la rubia se da cuenta y zarandea a Jake por donde está agarrada, frenando la risa de ambos poco a poco.
—Mira qué hombrecito. —dice divertida Roxy.
—¡Es John! —casi grita Jake, irguiéndose y asustando al aludido.— ¡Has venido!
—A-aha ha ha… claro… —el menor se queda con las dos manos agarrando el vaso de tubo medio vacío, dándose cuenta de que está tardando mucho en hablar. Da un brusco y nada natural carraspeo para romper su silencio e intenta mantener los ojos fijos en el rostro del chico que le mira con una amplia y boba sonrisa en la cara.— Jake, lo siento. Lo siento DE VERAS.
—Oh… —Jake mira a Roxy cuando el discurso del más pequeño empieza y ésta se encoge de hombros.
—Fue rastrero, no sé por qué lo hice y no tengo excusa, ¿vale? Admito mis errores…
—John… —Pero John no le hace caso y sigue parloteando un torrente de frases de disculpa.
—Claro, si no los admitiera sería peor, no crees. Haha, claro, sería como el capullo que me lo hizo a mi y no queremos eso…
—No te culpo, ¿vale?
—¡Sólo faltaría que…! —El Egbert se calla de repente, habiendo escuchado de refilón esa última frase.— ¿...cómo has dicho?
—Que no te culpo. —Repite el English, alzando la cabeza y mirando a Dirk, que ahora está más cerca de ellos para enterarse de la conversación sin interrumpir, igual que Jane.— Supongo que es natural desear un affair con este jovencito.
—Es verdad. —añade Roxy, alzando un dedo.
—No soy un jovencito. —aporta Dirk sin emoción en la voz pero muy atento a lo que va pasando.
—Quiero decir —Jake se despega de la pared cuando vuelve a hablar y recorre los pasos necesarios para ponerse al lado del Strider, aún mirando el rostro confuso de John-, ¡míralo!
—Para. —refunfuña el rubio cuando el English le pone un brazo sobre los hombros y con la mano libre le señala, aunque no se aparta.
—Lo… ¿veo? —dice John con un hilo de voz, sin saber si Jake va en serio o le está tomando el pelo para poder decirle de todo.
—¡Equilicuá! —exclama el moreno mientras da una fuerte palmada en el abdomen duro de Dirk, que se encoge por el golpe, arrancando una risita tanto de Jane como de Roxy.
—¿Quién le ha dejado beber? —pregunta el Strider de mal humor mientras intenta zafarse de las manos de Jake, que a su vez no parece con intención de dejarle ir fácilmente.
—Dirk no le pertenecía a nadie, era libre como el viento, por eso no guardo rencor hacia tu persona, John. —Continúa el moreno, sin mostrar ningún signo de que le moleste el hecho de tener a Dirk forcejeando con sus brazos.— Hasta ahora. ¡Así que será mejor que te alejes de mi propiedad!
La última y clara afirmación hace que Dirk deje de forcejear con él momentáneamente y los ojos de todos los presentes se claven en él, esperando la confirmación o alguna explicación por lo menos.
El Strider se da cuenta y vuelve en si, ésta vez zafándose del todo de las manos del English que aun así no borra la sonrisa boba ni aparta los ojos de él.
—No. —sentencia, tan seco como puede aunque todos allí le conocen demasiado como para no darse cuenta de que sólo intenta ocultar su nerviosismo.
—Dirk Strider... —dice de repente Jake en un tono muy alto.
—No.
—¿Me haría el honor...?
—Para. —le corta el rubio mientras Jake se arrodilla y él se aleja como cinco pasos.
—¿...de concederme su mano? —finaliza el otro, que ignora las reacciones que está recibiendo.
—N-... ¿qué? NO. —de repente Dirk se acaba de un trago su bebida y la deja con un golpe sordo en una de las mesas.— Aún tengo cosas que hacer. Cuando estés sobrio hablaremos.
—¡Pero Dirk...! —suelta lastimero Jake mientras vuelve a ponerse en pie con la ayuda de Jane para no caerse.
Pero el rubio se va de la sala VIP tal y como ha anunciado, dejando solo ante el peligro a John que, prefiriendo integrarse en aquella locura antes que quedar excluido durante toda la noche, da otro gran sorbo a su cargada bebida.
—¿Cuál ha sido mi error? —pregunta de mientras Jake, agarrado a Jane con fuerza y mirando a Roxy que le da palmaditas en la cabeza.
—Vas a tener que esforzarte más si quieres echar un polvo esta noche, Jakey. —suspira la rubia, encogiéndose de hombros después.- Me refiero a si quieres echarlo con él, claro...
—¡Roxy! —le reprende inmediatamente Jane, echando una mirada como de disculpa a John por tener que presenciar eso.
—No tiene quince años, Jane. —la Lalonde gira en redondo y le echa un brazo por encima de los hombros a John.- ¿A que no?
—No... tengo dieciocho.
—...oh. —Roxy le mira fijamente a la cara mientras John sonríe tímidamente, dándole un aire más infantil por sus dientes.- ¡Bueno, nosotras a esa edad ya estábamos comprando tests de embarazo!
El Egbert no puede más que soltar una risa algo incómoda pero sobre todo divertida. No puede creer que existan adultos que no son unos muermos o que están demasiado centrados en sus trabajos y vidas de adultos como para divertirse, por lo que encuentra ciertamente encantadora la desinhibición con la que Roxy habla sobre si misma.
Jake está demasiado borracho como para echarle en cara algo por lo que, según ya le ha dicho, no está enfadado y Jane parece cabal y modosita, pero si sus amigos son esta gente, no puede ser muy diferente a ellos, así que John da por hecho que seguramente la Crocker también será una persona muy interesante a la que conocer.
Así que, ¿qué puede ir mal esa noche?
No actualizaba desde el año pasado, wow.
Bueno, solo quería añadir que esta noche iba a ser un capítulo entero pero iba a salir DEMASIADO largo así que la he cortado en partes... así que... eso.
Así alargo la incógnita (?
