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El consejero de las alucinaciones


Cuando Marron entró a la sala del consejo, la primera estancia de la habitación del rey Trunks, sólo el rey de reyes la saludó amenamente y sus acompañantes, casi todos curtidos veteranos de guerra, la observaron con recelo. La rubia reconoció a Nappa, arrinconado en una esquina con los brazos cruzados y una cara que no mostraba ningún tipo de interés en ella. Atrás de Trunks, se encontraba el capitán Bardock, verdugo del rey y abuelo de híbridos, tampoco le importó su presencia pero a los demás eran otra historia.

El rey Trunks se le acercó para extenderle una mano y la acompañó hasta que llegaron juntos al extremo superior de la mesa. Marron divisó a la reina al otro extremo, apoyando su cabeza en su mano y con el codo sobre la mesa. Bulma le sonrió con un dejo de picardía y la rubia tuvo que controlarse para no enrojecer.

—¿Goten reemplazado por una mujer? —masculló un consejero de guerra sin disimular al referirse a la inesperada ausencia del nieto mejor de Bardock y la sorpresiva aparición de la única hija de la desaparecida androide Número 18. Beet la asustó por la cicatriz que tenía en donde su ojo izquierdo debería haber estado y de su falta de tacto al no ocultar la cuenca cosida que le había quedado.

—Las mujeres no deberían estar aquí, sólo traen mala suerte— se apresuró decir otro con mala cara pero no fue el rey quien le respondió a Cumcumber sino la reina.

—No he hecho más que traerles de la buena, comandante, no me hagas reír—respondió con una sonrisa calmada pero Marron no pudo evitar sentirse culpable y amansó la cabeza. —Mi hijo es el rey y tenemos más colonias de las que necesitábamos, el problema del agua se acabó y somos independientes. ¿Qué más suerte pueden pedir, comandantes? —el emplazamiento de la reina dejó sin aliento a Marron.

Bulma ciertamente no era una guerrera pero no se paraba a pensar cuando debía poner en su lugar, había sobrevivido a su esposo y se había garantizado un puesto en el consejo de guerra por sus propios méritos. La terrícola tenía madera de reina.

—Marron no va a reemplazar a nadie. Goten está en una misión especial y volverá pronto, se los aseguro—respondió el rey de reyes con una frágil diplomacia. Los tres comandantes habían sido herencia del consejo de guerra de Vegeta pero que el antiguo rey apenas visitaba, y los comandantes habrían gozado de una libertad cómoda para hacer y deshacer todo lo que a ellos les diera la gana, sin tener que ver al rey Vegeta para ello. —Marron viene aquí a escuchar y aconsejar porque esto es un consejo.

—¿Y qué sabe una niña de la batalla, mi rey?—insistió el más maduro de los tres comandantes, Cabbage era corpulento, de cabello espeso y una cicatriz que nacía en la ceja izquierda y terminaba en la mejilla. Se rumoreaba que era el hijo natural de Nappa, que su cupo en el consejo había sido para evitarse represalias, pero éste nunca lo reconoció. —¿Qué ha vivido para entender las estrategias de la guerra? Es sólo una niña y una niña no da consejos de cosas que no conoce.

—Pero sí lo sé—ninguno de los comandantes, ni siquiera el propio rey, habría esperado que Marron hablara, y ella misma se sorprendió de que su voz lánguida pudiera combatir con las voces poderosas de los guerreros. Cuando levantó la vista, vio a Bulma sonriéndole, con los brazos cruzados sobre su asiento privilegiado y no tomando partido en la discusión. Pronto se dio cuenta que esperaban su respuesta, se arrepintió de haber hablado y confió en la mentira de su madre para salir de esa situación.—Soy hija de Brolly y he visto la locura en él, la misma locura que le hace hervir la sangre a los soldados en la batalla y que los convierte en bestias. Sé mucho de guerra, comandante. —Aunque hizo un intento sobrenatural para mantenerse calma, descubrió la gran rabia que tenía en el corazón cuando terminó de hablar y un temblor de enojo se apoderó de su última frase.

—Un poco más de sentido común en la mesa no vendrá nada mal, ¿no es así, mis queridos comandantes? —apresuró a decir la reina cuando un silencio dominó en los presentes y permitió que Marron se sentara a su lado, entre Trunks y ella. No había asientos más que para ellas dos, los soldados preferían permanecer parados y pasearse por el perímetro de la mesa cuando hablaban de las colonias, los mundos vírgenes y las bases del Imperio. —Tengo un consejo para ti, Marron. Si vienes a los consejos de guerra, ven preparada para la guerra. Estos comandantes no son más que un grupo de salvajes, ponerlos en su lugar no les hace nada de mal—le habló la terrícola con los labios casi rozando su oreja e hizo un ademán con la mano a su pecho. La reina iba con un vestido celeste pálido y sobre él, una armadura decorativa denotaba un toque bélico. La reina no era una guerrera pero gustaba de los detalles que hacían parecer que era una. Marron asintió una vez pensando que ella también debería estar preparada para la guerra, sólo vestía un vestido tan rojo como la sangre recién derramada porque ése era el color del planeta Vegeta.

—¿Empezamos entonces?—propuso el rey un tanto inquieto y llevó una mano a la esquina más próxima a él en donde descansaba un dispositivo redondo y dorado. Accionó un botón oculto y lo dejó nuevamente sobre la mesa, no pasó mucho tiempo para que se abriera y una luz azulina brilló al tiempo que se tragaba la luz que se encontraba en la habitación y Marron se encontró a oscuras e iluminada por una lucecita tenue y casi bella. Las constelaciones, las estrellas errantes y las galaxias más cercanas se dibujaron sobre la mesa y su extensión se alejó hasta el techo. La rubia extendió una mano a un punto brillante que flotaba a unos centímetros de ella. El punto se dibujó en su dedo y apenas se deformó con su interferencia.

El rey le dedicó una mirada y se sonrió ante su curiosidad, él mismo lo había hecho de niño cuando su madre había ideado ese mapa holográfico y se lo había mostrado.

—Desde la revuelta de Kanatyr, las intenciones de Freezer se han hecho cada vez más claras. No creo que él desee permanecer un momento más en esta tregua y debemos ser cautos. —Marron se preguntó si los comandantes del consejo sabían de la existencia de las esferas mágicas. Trunks juntó las manos por sobre su cabeza y las separó para provocar un acercamiento a un conjunto de planetas en especial. —Las bases del sector de Qeledis en las galaxias hacia el norte de nosotros están siendo abandonadas desde la muerte de mi padre. Propongo un ataque desde este punto de aquí, aquí y aquí—señaló con la punta de su dedo índice tres planetas en las que se encontrarían bases. —De ese modo, las colonias que tenemos cercanas a este sector estarían más protegidas.

—¿Y qué hay de la verdadera guerra, mi rey? Atacar bases abandonadas no nos hará ganar ninguna guerra—expuso Cabbage con el ceño fruncido y el juego de la luz con la oscuridad le dieron un aspecto espantoso a su cicatriz.

—Atacar ahora sería un movimiento estúpido y no soy ninguna guerrera para darme cuenta de eso, comandante—la voz de la reina sonó imperiosa y Marron se sintió fuera de lugar aunque pensara lo mismo que la terrícola. —Freezer sigue teniendo el ejército y las provisiones mucho más superiores que nosotros.

—Estoy seguro que Cabbage no se refería a atacar en este instante, mi reina—la sorpresiva intervención de Nappa hizo que la rubia se volteara a verlo y se preguntó si el rumor de paternidad era cierto. —Pero debemos hacer movimientos más agresivos si queremos ganar la guerra en esta vida.

Cabbage se calló y una gota de nerviosismo le lamió la cicatriz hasta perderse en sus surcos, la supuesta hija de Brolly no tuvo que saber mucho para darse cuenta de eso y del resentimiento que le tenía al calvo.

—Nos volveremos más agresivos cuando el tiempo sea correcto. Es necesario proteger a las colonias si queremos que sigan de nuestro lado y lo que ocurrió en Kanatyr no hizo más que dificultarnos esa tarea—la voz de Trunks sonó calmada pero su entrecejo delató su enfado. Hacía un esfuerzo enorme para no quedar como un débil a los ojos de los saiyan puros.

—¿Y qué hay del consejero de las alucinaciones? —Bulma se encaramó un tanto sobre la mesa para llegar a ver a Bardock en la penumbra y el atisbo de burla sorprendió a Marron e inquietó a Trunks. —O debería decir, predicciones. Dime, Bardock, ¿qué le espera en la fortuna de mi hijo?

El guardia y verdugo del rey se encontraba parado detrás de Trunks con los brazos plegados hacia atrás, mirando con los ojos entrecerrados hacia los puntos brillantes que representaban las bases de Freezer y se mostró impresionado por la impredecible reacción de la reina. No dijo nada por un momento y se limitó a observarla con el ceño fruncido, lo que a ella la hizo reír.

—Madre, por favor…—susurró el hijo con asombro esperando que los demás consejeros de guerra no se dieran por aludidos con aquella interrupción.

—¿Qué pasa, Trunks? ¿No estás de acuerdo con que Bardock tenga un cargo en este consejo? Después de todo, siempre está parado atrás de ti…—En ningún momento, Bulma dejó de sonreír con burla y un consejero reaccionó a su comentario y rió tratando de permanecer en silencio. —Bardock, guardia real, verdugo del rey y señor de las alucinaciones…

—Madre—la voz imperiosa de Trunks pareció callar todo sonido que se produjo en la sala y hubo un choque de miradas, lila contra lila. —Estás insultándome.

El resentimiento de Bulma hacia Bardock se arrastraba mucho tiempo atrás, cuando ella se encontraba embarazada de Trunks y Vegeta le había permitido salir del pasillo seguro de la reina para que recorriera el palacio en compañía de Seripa. Bulma había captado por primera vez que Vegeta no era querido como rey y que había gente que quería matarlo, como Bardock habría hecho con el padre de Vegeta. Aunque años después, durante la revuelta de Paragus, se supiera que Bardock no era el culpable, Bulma jamás lo perdonaría por haber pertenecido al bando del padre de Brolly.

—No, mi reina, no escojo lo que se me dirá ni cuándo aparecerán—terminó diciendo el capitán después de un silencio incómodo para zanjar el tema y el lila de la reina lo observó largamente con odio hasta que el soldado optó por apartar la mirada.

Para cuando terminó el consejo, a Marron le urgía salir corriendo de la habitación del rey. Las actitudes agresivas de los consejeros no había cesado y la intervención de la terrícola los había alborotado, llegando incluso a desafiar a Trunks un par de veces. Beet era un guerrero tuerto de gran musculatura y que representaba a los guerreros de clase baja, y Cabbage a los bastardos, como diría Goten en una broma cruel más tarde. Cabagge solía responderle al medio terrícola que él era el representante de los híbridos y el nieto de Bardock sólo reía, diciendo que para eso ya estaba el rey Trunks.

Cucumber era el último de los consejeros de guerra que Marron no conocía, él era el representante de las fuerzas de elite y era el más callado de los tres. Se decía que había sido compañero de escuadrón de Brolly durante la infancia y que el hijo de Paragus lo había dejado mudo luego de que casi lo matara por parlotear demasiado. Marron casi creyó esa historia, era esperable de su padre falso y se estremeció de miedo cuando Cucumber la sorprendió mirándolo. El soldado de elite no le dijo nada pero la rubia sabía que detrás de su lengua amarrada por el trauma, escondía muchos secretos.

—Ese chico sólo está tratando de parecerse a Vegeta, incluso ha traído a la hija del androide que su padre llevaba a todas partes. Trunks no es Vegeta como esa chica no es Número 18. —Marron casi había llegado a la puerta cuando había oído lo que los hombres del consejo decían y se dio media vuelta ofendida. Una simple mirada de esos hombres curtidos bastó para que Marron recordara quién era ella y bajó la cabeza con timidez antes de retirarse.

Su madre le había dicho que los hombres de Vegeta jamás la verían como otra cosa más que un conjunto de chatarra y sangre pero que una criatura sin mundo era una criatura que no se podía conquistar. «Pero yo sí tengo un mundo, es la Tierra y ya está conquistada»

—Marron—la voz cansada de Trunks la hizo detenerse y voltearse en redondo. Bardock iba detrás de él, tal como Bulma había dicho, pero él era guardia real y ése era su trabajo, tal como Seripa guardaba a la reina—. Lamento que hayas tenido que ver esto, sino quieres volver lo entenderé.

«He pasado por peores cosas», habría querido decir pero fueron otras palabras las que salieron de su boca.

—No ha sido nada—mintió la rubia con modestia y Trunks forzó una sonrisa, dirigiéndose a Bardock para pedirle que se retirara. Un simple movimiento de cabeza bastó para que el verdugo del rey se retirara en silencio. —Tu madre no confía en él.

—Mi madre no confía en los soldados que cambian de bandos—corrigió él con un poco de molestia. —Bardock estaba en el lado de Paragus durante su revuelta pero cuando lo apresé, no opuso resistencia ni lastimó a los soldados. Él me dijo que era prisionero de Paragus al momento de la revuelta pero mi madre no lo cree. Tiene metido en la cabeza que planea traicionarme.

—Como los hombres de tu padre—Marron por un momento se arrepintió de sus palabras hasta que el rey de reyes habló nuevamente.

—Así es, como los hombres de mi padre—Trunks forzó una sonrisa y a Marron le pareció que no era del todo feliz con sus súbditos, jamás se sacarían de la cabeza lo híbrido que era y su insolente pelo lila estaba ahí para recordarle al que pretendía obviar su procedencia. —Pero mi madre debe aprender a no desafiarme en el consejo o le quitaré el puesto. —Aquello pilló desprevenida a la rubia y tuvo que amansar la cabeza para ocultar el sonrojo de la incomodidad.

Las pisadas de sus botas eran firmes y constantes, y los tacones de ella variaban conforme la seguridad se le iba menguando. Varias veces el golpetear de las botas de Marron se aceleraba en cuanto el rey de reyes la rebasaba y disminuían abruptamente cuando iba a su lado. Caminaron en línea recta hasta que la habitación del rey se hizo tan distante que ciertamente no se toparían con los consejeros de guerra.

—Esos hombres… seguramente te habrán asustado. A mí también me asustaban cuando los conocí—confesó con un tanto de burla el rey y Marron no pudo evitar reírse suavemente. El semblante de Trunks no acompañaba la emoción que denotaban sus palabras y la rubia casi se sintió mal al reír—. Lo único que hacen es desafiarme, piensan que sólo sé jugar a la guerra, no a la guerra misma.

—Me temo que ellos son los que no saben jugar a la guerra. Tu madre lo ha dicho, el enemigo tiene al ejército y las provisiones—se sorprendió del tono que había ocupado y por un momento reconoció que estaba coqueteando. Ese pensamiento traicionó a Marron y se vio insegura nuevamente, miró a sus botas y ambos dejaron de caminar. Invitada por el mutismo de él, la rubia tuvo que obligarse a mirar hacia arriba y ahí estaba él, mirándola desde las alturas.

—¿Y qué harías tú con mis consejeros de guerra? —el tono también estaba ahí y la hija de Número 18 tuvo miedo de haber abierto una puerta a la que tenía miedo de entrar. Marron se demoró un tanto al responder pero fue como si estuviera meditando.

—Les haría ver que no son ellos los reyes y son simples soldados que aconsejan. Los reemplazaría o incluso disolvería el consejo—su razonamiento era el lógico y pecó de simple, pero el rey de reyes asintió con atención ante sus palabras.

—Pero el consejo ha estado ahí desde los tiempos anteriores de mi abuelo. Los representantes de todas las castas deben estas presentes, incluidos los híbridos y los bastardos—expresó el rey con un atisbo de risa al recordar las palabras de Goten. A Marron le pareció que no era una burla malvada, el mismo Cabbage cuestionaba al rey con insistencia.

—Entonces les mostraría quién es el que manda en el consejo—la voz de Marron sonó segura pero infantil y Trunks se sonrió. Antes de que preguntara cómo, la rubia consejera continuó. —Toma tus propias decisiones. Ellos sólo aconsejan pero el rey es el que decide.


—Ah, sí, tu padre fue el mejor guerrero que he conocido, podía leer los tiempos de reacción de su oponente con sólo mirarlo y calculaba los puntos débiles con agudeza. Ha sido uno de los mejores reyes que hemos tenido.

«Eso es una mentira.»

Bra se contuvo una exclamación de enfado al escuchar a Nappa durante su entrenamiento pero había sido su culpa, la princesa había sido la que había preguntado por Vegeta a Nappa durante uno de sus infinitos descansos en su entrenamiento. No dudaba que Vegeta había sido un guerrero formidable pero de ahí a ser un buen rey, era una cosa completamente distinta. Los reyes guerreros podían ser lo uno o lo otro pero rara vez contaban con ser ambos, y Trunks, a su manera, era un buen rey y un buen soldado.

—¿Qué sucedió realmente en Calade? —preguntó con algo de molestia y Nappa suspiró mientras ponía los ojos en blanco, la princesa Bra solía recurrir a esa historia muchas veces y Nappa siempre daba la misma respuesta.

—Nada, ya se lo he dicho—dijo con aburrimiento pero Bra sabía que eso no era verdad, yo se lo había dicho. —La federación se fundó, fin de la historia. ¿Qué otra cosa quieres escuchar?

«La verdad, me han mentido toda mi vida y me han hecho ver como una tonta. Soy la princesa del planeta Vegeta, no una tonta.»

Pero Bra seguía siendo sólo una princesa, no una guerrera, y no podía hablar sus pensamientos en voz alta. Nappa rodó los ojos una vez más antes de incitarla a reanudar el entrenamiento una vez más. La puso en guardia y Bra peleó con el enfado que le hacía fallar en puntería y terminó por lastimarse varias veces mientras recibía los golpes falsos de Nappa. Y se sintió ofendida por sus golpes suavizados que apenas le rozaban el cuerpo sólo para avisarle que de ser un combate real, ya estaría machacada por golpes reales.

—La princesa debe enfocarse, sus golpes no son golpes—habló Nappa un tanto molesto, su ofensiva era de por sí mediocre y su rendimiento estaba dejando mucho que desear. El ser entrenada por el hombre que había luchado con su padre debería ser un honor pero Bra se sentía intimidada. ¿Su padre era así de mediocre que ella a su edad? No, él podría haber sido un pésimo rey pero era un guerrero formidable…¿Ella sería entonces una buena reina? Hasta eso comenzaba a dudar, Bra carecía del ingenio de Trunks y su pueblo jamás permitiría que reinara sino era una buena luchadora, quizás la exiliarían como a su tío Tarble… Quizás sólo debía desposar a un guerrero curtido para poder reinar a su lado y aquel pensamiento la hizo enfurecer.

—¡Es suficiente! —aunque planeaba ser una buena guerrera, ya no podía sostener el entrenamiento con los pensamientos traicioneros que controlaban sus emociones. —Mañana continuaremos—, Bra intentó mostrarse firme pero estuvo a punto de arrepentirse al ver al corpulento poner mala cara. Nappa arrugó la boca hasta que se le plegó la piel al lado de su nariz y esa mueca la asustó, seguramente iría a exigirle al rey una explicación pero Bra debía ser fuerte y logró mantenerse erguida mientras Nappa se arrancaba la coraza de entrenamiento de un tirón y se retiraba sin decir una palabra. La princesa no lo vio irse porque no se consideró lo suficientemente valiente para encararlo y se quedó sola en la cámara de entrenamiento unos momentos antes de recuperar la movilidad de sus extremidades.

El pecho de la princesa se desinfló cuando exhaló todo el aire que tenía contenido y por poco cayó al suelo cuando le flaquearon las rodillas. Sentía náuseas pero no eran las náuseas estomacales, eran más bien mentales. Un malestar que le surgía del corazón y le hacía temblar de ira y miedo.

«Soy una princesa guerrera, no una simple princesa.» Se recordó y salió de la cámara personal de entrenamiento. Siguió un camino distinto al que tomaba para llegar a su habitación, a los baños calientes para sacarse el poco sudor que había destilado y cepillarse el pelo frente al espejo. No era una tonta y no podía seguir haciendo cosas de tonta.

Recorrió los pasillos que conectaban las salas de entrenamiento de la realeza y elite con las de la clase baja, y se detenía en todos los ventanales para mirar quién ocupaba qué sala y con quién. Nunca imaginó que me podría encontrar pero bien valía el esfuerzo, las verdades que habían dejado de serlo estaban por todos lados y ahora podía verlas, era como si le hubiese sacado la venda de los ojos. Había llegado a creer que sólo podía confiar en el más desconfiable de todos.

—Radditz—su voz salió grave y segura, y cuando me di vuelta, me la encontré vestida con armadura y el ceño fruncido. Sonreí con sorpresa, parecía una guerrera verdadera y no la llorona que realmente era.

—Princesa—apenas insinué una reverencia con un movimiento de mi cabeza. Había estado entrenando durante horas y ya no traía la coraza puesta, el sudor y el calor me habían obligado a abandonarla y mi pelo se pegaba al cuerpo con insistencia. En un principio, la chica no se vio avergonzada por todo el fulgor de su determinación pero pasaban los minutos y su incomodidad era evidente, y fallaba al intentar mirarme directo a los ojos. —¿Qué es lo que planea? Con cada segundo que pasa pueden encontrarnos—algo en el tono de mi voz la hizo imaginar cosas y se sonrojó al instante.

—¡No estamos haciendo nada malo! —se apresuró a corregirme y yo me sonreí con gracia. —He venido a hacer un trato contigo—puntualizó.

—¿Un trato? Pensé que ya teníamos un trato, princesa —le recordé con el ceño fruncido y ella sonrió más confiada que feliz—. Yo le contaba lo que quería saber y tú…

—Yo te daba lo que quisieras pero nunca especificaste qué era lo que querías. Si no tenías nada a cambio de tus verdades, bien podías haberme mentido por despecho pero ahora te daré mi más preciado tesoro—y llegó el momento para sorprenderse, se tocó el collar que siempre llevaba colgado al cuello, el que sacaba destellos azulinos cada vez que se iluminaba. —Si lo que me dijiste era verdad, mi collar te alargará la vida y nos sobrevivirás a todos. Te habré dado el don de la vida eterna y dependerá de ti aprovecharlo o no.

—¿Y qué le importa si lo aprovecho o no? —su proposición parecía apelar a los sentimientos que yo no tenía y la princesa habría hecho una amenaza sin sentido.

—Te habré dado el don de la vida pero bien puedo quitártelo—su sonrisa se había desvanecido y me miraba con los ojos tan duros como piedras. —Existen muchos soldados que quieren mi mano y bastará con elegir a uno para que me haga el favor de matarte a cambio de mi consentimiento para desposarme.

Me tocó el turno a mí de verme impresionado y apreté la mandíbula sin creer lo que estaba escuchando. La princesa me había amenazado y su propuesta era concreta, si veía que la engañaba me mataba, y por un momento dudé que Trunks fuera el más saiyan de los dos. Alargué un suspiro quejumbroso y la miré con los ojos entrecerrados, había caído en su trampa.

—Y qué sucede si no le gustan las verdades que le contaré y decide matarme—habían cabos sueltos que me negaba a aceptar. La princesa guerrera se permitió pensar un poco antes de responder, una felicidad venenosa la había embargado y no podía parar de sonreír. Había ganado al fin y me tenía entre la espada y la pared.

—Eso lo veré yo, Radditz. Tú propones y yo dispongo—dijo con una sonrisa que pretendía torturarme.

Me aventuré a mirar las gradas, los pasillos y las estancias vacías alrededor en busca de ojos y oídos del rey pero no vi a nadie, lo que no significaba que siempre sería así. Me di media vuelta y me dirigí a donde reposaba mi coraza de clase baja, y me la puse con firmeza. Miré a la princesa de soslayo y descubrí que seguía parada ahí, mirándome desde la entrada.

—Supongo que la veré en la taberna como la otra vez, estaré…—la chica se puso a reír suavemente y me sentí enfadado por su nueva e irritante actitud de soberana.

—No volveré a esa inmunda taberna, no es el lugar de una princesa—esperó a que me diera la vuelta para encararla, sus ojos lilas rebosaban de esa dulzura traicionera—. Serás guardia real, Radditz. Mi guardia personal—hizo una pausa sólo para ver mi reacción. —De esa manera, nadie dudará de nuestros encuentros.

—¿Un guardia real? —Intentara bajar el tono de mi voz, no podía dejar de gritar—. ¿Qué haré yo de guardia real? ¡Mi padre…!

—Es guardia real también pero serás guardia de la princesa, no del rey. —Por mucho que ella quisiera mostrarme la diferencia, yo sólo veía humillación. La princesa, además de mujer, era menos que el rey y por lo tanto, yo sería menos que Bardock. —Serás mi guardia real, Radditz—la voz de la princesa sonó plana y grave, y cuando se dio media vuelta, supe que había terminado de dictaminar.

—¡No lo seré! —pero sabía que lo haría, tenía aprecio por mi vida y Desconocido me había ordenado conseguir ese collar.


Goten miró hacia atrás mientras caminaba y cada vez que lo hacía, le daba la impresión que la comitiva de soldados que lo escoltaba subía en número. Los taaserianos no eran precisamente bellos y los colores que veía en todas partes eran el amarillo casi dorado y el verde esmeralda, los colores de las joyas que minaban en Taas. Una taaseriana le sonrió con timidez y el híbrido de saiyan no contuvo el deseo de hacerlo también, lo que no fue bien visto por sus escoltas que apuraron su marcha y Goten comprendió que su llegada a Taas no era del todo grata. El miedo de Trunks luego del ataque a Kanatyr no estaba errado y el nieto de Bardock supo que debía actuar rápido antes de que otras de las vasallas de Vegeta les dieran la espalda.

No pasó mucho tiempo antes de que llegaran al trono que ocupaba el heredero del señor de Taas, aun invitado de Trunks en el planeta Vegeta. Los centinelas del señor sustito de Taas se acomodaron en la sala hasta formar una medialuna alrededor del soldado de Vegeta y Goten se permitió mirar una vez más hacia su espalda, antes de que el señor sustituto comenzara a hablar. El híbrido sonrió galante como solía hacer pero el señor de Taas no era más que un chiquillo tímido, el que al híbrido lo miraran con deseo y al taaseriano heredero con codicia, le encendió los celos que intentaba ocultar.

—¡Saiyan! —comenzó con una voz oxidada y tuvo que aclararse la garganta para normalizar la garganta, era su primer intento y su primer error. Algunas súbditas taaserianas miraron al suelo, obligadas a contener una risita traviesa cuando Goten sonrió con amabilidad al angustiado señor sustituto. —Has venido aquí en soledad y Kanatyr ha sido arrasado por los propios hombres que juraron protegerlo. ¿Acaso mi padre es un rehén ahora que los saiyan han mostrado su verdadero rostro?

—En lo absoluto, el señor de Taas goza de la hospitalidad del rey Trunks en estos momentos y ha sido idea propia del rey de reyes que tu padre se quede por el momento en Vegeta. Aun no es el tiempo, me han enviado a mí como prueba de fe—Goten no logró contener una risita amena pero el señor sustituto lo vio como un insulto y endureció el rostro. —El rey Trunks espera que Taas no se dé por aludida con lo que pasó con Kanatyr y espera que no piensen que les ocurrirá lo mismo.

—Mi padre ha ido a su planeta a buscar un acuerdo con tu rey y aun no vemos ninguna prueba de las promesas que nos hizo el emisario que nos encontró—Goten no supo qué respuesta ingeniosa dar para aligerar el ambiente y el señor sustituto continuó hablando desde los celos. —No veo que la princesa te acompañe ni un puñado de tus soldados para que nos protejan del Imperio. El emisario habló de la belleza de la princesa y las princesas desposan príncipes, unos cuantos soldados no harán una alianza duradera, en cambio, una alianza por matrimonio…—Goten endureció el semblante cuando comprendió lo enceguecido que estaba el heredero de Taas por un matrimonio y una esposa bonita, un hombre así no iría a escuchar razones.

—Mi señor de Taas, el planeta Vegeta tiene a muchos vasallos bajo su alero y sólo a una princesa… El emisario no les ha mentido, la princesa es muy hermosa pero es la única heredera del rey Trunks hasta que él engendre herederos. En estos momentos, la princesa no está buscando consortes—el híbrido se obligó a sonreír por primera vez en la jornada y el semblante del señor sustituto no podía estar más ofendido, su cuello se había oscurecido emulando un sonrojo, y la mandíbula se le tensó con enfado. —Estoy seguro que una alianza bélica es la más indicada en estos momentos, seguramente el señor de Taas estará complacido...

Pero el señor sustituto ya no quería escuchar más, ya había imaginado a sus herederos medio taaserianos y un cuarto saiyan, el otro cuarto le daba lo mismo, la Tierra era un planeta del que poco le interesaba saber. Sus hijos debían tener la cola peluda distintiva de la raza guerrera y aunque su costumbre era la de cortárselas a los híbridos, en Taas las mantendrían porque no se avergonzaba de los sangre diluida.

—¡Saiyan! —El señor sustituto habló por sobre las palabras de Goten y por un momento, el señor tembloroso se convirtió en un señor verdadero, fiero y dominante. Goten sólo pudo tragarse las palabras y retroceder imperceptiblemente, temiendo del desenlace de su misión. Trunks lo había mandado por su elocuencia y había fallado, la elocuencia y facilidad con las mujeres eran armas mortales cuando se enfrentaba a un señor débil y celoso, anhelando un compromiso porque no se le daban las mujeres. —Ya he escuchado lo que me tenías que decir. Te niegas a devolver a mi padre, el señor de Taas, y también te niegas a cumplir con las promesas de tus emisarios, me niegas a la princesa cuando me han prometido casarme con ella—Goten habría querido decir que la princesa estaba prometida a un saiyan, que era lo normal, y que no se trataba de una ofensa pero sabía cuándo debía callar y ése era el momento. —Serás mi invitado desde ahora hasta tu rey se digne a hablar con Taas como se merece o hasta que mi padre vuelva, sano y salvo.

—Mi señor, ¿está al tanto que su raza no es guerrera y la mía sí?—Goten supo que a Trunks no le agradaría su comentario si estuviera a su lado pero no quiso pasar la oportunidad de hacerle ver lo estúpido que estaba siendo el señor sustituto.

—¿Estás amenazándome, saiyan? —la ira contenida del alienígena incitó a los guardias que formaban la medialuna detrás de Goten dieran un paso al frente y le tomaran de los brazos para inmovilizarlo. Goten sonrió con sinceridad.

—Decir que son un pueblo minero y no guerrero no es una ofensa, es la verdad—y se permitió inmovilizar, aun sabiendo que podía liberarse si quisiera. Los guerreros escuálidos de Taas se lo llevaron de la sala del trono cuando el heredero hizo un gesto con la mano, avergonzado por el comentario de Goten.

El nieto del señor de las alucinaciones sonreía cuando se lo llevaron y aunque su plan nunca fue la de jugar al rehén, tenía tiempo de sobra para buscar las esferas mágicas que podrían estar en Taas.


La furia de Nappa al andar se notaba desde lejos, sus zancadas eran largas y sacaban ecos de las paredes, y Trunks lo observó con un poco de extrañeza. Después del consejo le correspondían las lecciones a la princesa a cargo del antiguo compañero de Vegeta y las lecciones duraban mucho a causa de las muchas pausas que pedía Bra para ocultar su cansancio. Trunks jamás pensaría que su hermana hubiera desarrollado una mejor resistencia de un día para otro.

Trunks dio un paso adelante y Marron dejó de reír abruptamente al reparar que ya no se encontraban solos cuando el rey de reyes la escudó sin querer con su cuerpo. Las venas hinchadas del cuello del general daban cuenta de un esfuerzo enorme de mantener la compostura.

—¿Ha pasado algo malo, Nappa? —se imaginó el ataque a otra vasalla, un motín o Freezer, jamás algo relacionado con Bra.

—¡Renuncio! —exclamó al llegar a unos pasos del rey. Marron cerró los ojos como si el grito le dañara los oídos y Trunks frunció el ceño, ¿renunciaba al consejo? —La pequeña princesa es una insolente y no sabe pelear. ¡No perderé mi tiempo con niñas así!—Nappa apuntó un par de veces al rey para enfatizar su enojo y cuando terminó de hablar, la respiración entrecortada agitó su pecho. Trunks forzó una sonrisa. —Renuncio a las lecciones con la princesa.

Si Nappa hubiese tenido algo en las manos seguro lo habría lanzado al suelo con rabia.

—Nappa, sé que mi hermana puede ser difícil y no está entrenada en las artes del combate pero ése es tu papel. Participaste en el entrenamiento de mi padre, es un honor que lo hagas también con su hija…—la risa irónica del guerrero interrumpieron al rey.

—No pienso volver a entrenarla a menos que deje de ser una malcriada—Trunks no pudo evitar sentirse ofendido pero tampoco podía negar que era verdad—. Es muy blanda, muy humana y le falta el fuego de Vegeta—al fin el general parecía haberse calmado y suspiró antes de continuar—, la chica no me respeta. Necesita alguien que le inspire miedo.

Trunks asintió sin saber qué decir, Nappa tenía razón, Bra necesitaba entrenar con alguien a quien le tuviera miedo. La princesa había crecido pidiéndole historias al general y como siempre conseguía sacarle al menos una descripción de un mundo inventado, le había quedado la impresión de que eran algo así como iguales. Bra no temía pedirle una pausa, un culmine o una historia durante los entrenamientos.

Pero por más que Trunks intentara, no lograba encontrar a un soldado que inspirara miedo y que fuera confiable. Seguramente, Goten podría sacarle golpes con solo hablarle pero también era cierto que Bra podía retirarse si lo viera en su sala de entrenamientos. Bardock era su guardia real, y además su verdugo, no sabía si podía ser también el entrenador de la princesa o si fuera delicado al momento de golpearla; su madre también tendría objeciones al momento de elegirlo. No había más nombres que encajaran en su lista de confiables y terminó con suspirar. Nappa seguía ahí, esperando su resolución.

—Está bien, Nappa, acepto tu renuncia. Encontraré a otro que te sustituya en su tiempo—expresó con diplomacia y Nappa lo miró con sorpresa—. Mientras, el entrenamiento de la princesa lo haré yo mismo.


La reina caminó con seguridad hasta llegar a la sala de trono, siempre acompañada de Seripa, y cuando vio al puñado de hombres que tenía el señor de Taas allí, se sintió un poco molesta. Trunks no se había dado el tiempo de hablar con el arrodillado durante todo el tiempo que había permanecido en el planeta y ahora le llegaban las noticias de que Goten había caído prisionero a manos del herededo de Taas. Tuvo que escuchar el reporte dos veces antes de creérselo, los soldados de Taas no eran más que mineros armados y Goten era un soldado con experiencia, por lo que no asimiló su captura como algo real.

«Pero olvido que Goten es medio terrícola y no es un salvaje como un saiyan puro.» De haber mandado a otro, seguramente Taas sería una segunda Kanatyr. Un soldado pura de casta no se habría permitido encarcelar sin repartir golpes a los escuálidos taaserianos.

Bulma subió a la plataforma elevada sin mirar a ningún presente y se sentó en el trono de la reina mientras formulaba una sonrisa casi forzada. Cuando Seripa se formó a su lado, un paso rezagada, se permitió hablar mientras cubría los mangos de su trono con las manos, como lo hacía Vegeta. Pero su posición era erguida, a diferencia de su esposo, a Bulma no le gustaba transmitir su aburrimiento hacia sus súbditos.

—Mi señor de Taas—comenzó la reina con dulzura distante. Cabbage entró en la sala junto a Cucumber y mermaron su concentración, siempre había un saiyan de casta pura observando sus audiencias. —Lamento que nuestra reunión haya demorado tanto. Mi hijo ha estado muy ocupado, como ya debe saber, Kanatyr sufrió un motín.

—Mi reina, mis informantes me han dicho que fueron los propios saiyan quienes atacaron a Kanatyr—aquello no hizo más que ofender a Bulma y falló al tratar de disimularlo.

—Eso es una mentira. El señor de las alucinaciones ha asegurado que lo que ocurrió en nuestra vasalla ha sido obra del Imperio, los hombres federados han matado a nuestra colona y sus compañeros sólo reaccionaron. No se trató de otra cosa más que de un montaje—aseguró la reina con un tono molesto y se obligó a sonreír. Al señor de Taas le dio un escalofrío, había escuchado que el antiguo rey era temible y su reina ciertamente lo era. A Bulma le pareció que se había quedado sin lengua—. Mi señor, un mensaje perturbador ha llegado desde Taas. Su heredero ha puesto de rehén a uno de mis hombres, quiero que lo liberen.

—¿Mi hijo? —El señor no podía creer lo que escuchaban sus oídos tal como Bulma no creía la noticia de Goten y le complació que el padre no era un tonto como el hijo, que había hecho peligrar las negociaciones entre Vegeta por su imprudencia. —Déjeme hablar con él, seguro que esto ha sido un malentendido, a lo mejor, el mensajero que han mandado lo ha insultado…

—Conozco a mis hombres y sé de su prudencia. Goten no haría nada que hiciera enojar a su heredero—y no se equivocaba, el único pecado que había cometido Goten era su magnetismo—. Estoy segura de que usted podrá poner fin a esta tontería y liberará a mi soldado. El único error de la corona de mi hijo hacia Taas ha sido la dilación de nuestras conversaciones y estoy aquí para poner fin a su espera. —Esta vez, Bulma no tuvo que forzar una sonrisa pero le salió un tanto orgullosa para relajar al vasallo que no dejó de temblar después de escuchar lo que había provocado su heredero. De ser otra reina y otro rey, Taas ya no existiría.

—Mi reina puede estar segura de ello, mandaré un mensaje a mi hijo y más temprano que tarde, su soldado volverá a Vegeta sin daño alguno.

«Y con esferas si tenemos un poco de suerte.»

—Me complace escucharlo—el señor de Taas sonrió ampliamente un tanto más relajado. Cabbage carraspeó un poco y los ojos lila de la reina no pudieron evitar mirar al par del consejo. Su presencia la ponía nerviosa—. Seripa, ¿dónde está mi hijo? —al dirigirse a la colona, intentó no modular para que sus espectadores no adivinaran su pequeña conversación. Seripa se inclinó un poco para responderle directamente en la oreja.

—Junto a Nappa y la chiquilla del androide—respondió rauda y la reina asintió una vez con su cabeza. La terrícola temía que su hijo siguiera los pasos de su padre y empezara a escapar de las audiencias.

—Mi señor de Taas, creo que es imperioso, tras lo ocurrido con Kanatyr, que en su planeta exista una base del rey Trunks. El Imperio pronto querrá extender sus brazos a la periferia y tengo entendido que Taas es rico en gemas y amuletos—hizo una pausa para ver si el señor tenía algo que acotar pero sólo asentía con la cabeza—. Freezer no tardará en poner sus ojos en Taas y debemos estar atentos.

—Por supuesto, la reina tiene razón, nuestras gemas son el amuleto más preciado en Taas. Hay quienes dicen que tienen capacidades curativas—para Bulma fue claro, el rey de Taas no tenía idea de la existencia de las esferas mágicas que tendrían parentesco con las que había visto en la Tierra.

—Les proporcionaremos un escuadrón de colonos y un par de cápsulas de gravedad para mantenerlos entrenando. —La nueva modalidad era enviar híbridos, Bulma había persuadido a Trunks para que prefiriera guerreros de dos mundos por sobre los puros y si el planeta arrodillado contaba con híbridos de saiyan, era mucho más probable que murieran defendiendo su planeta natal. Trunks celebró la medida, desafortunadamente en esta ocasión, no existían híbridos con taaseriano. —A cambio queremos el agua que puedan proporcionarnos y la información del monitoreo de su zona. Taas será un planeta puerto hacia otras zonas de la periferia. —El señor de Taas sólo asentía cada vez que Bulma abría la boca y por un momento pensó que todo lo que habían hecho esperar al señor había sido una pérdida de tiempo.

—¿Y qué hay del otro asunto? —Aquello descolocó a la reina forastera y repitió su pregunta para sí misma con un susurro. —El emisario nos ha hablado de su princesa y me he sorprendido cuando la vi con mis propios ojos. Es mucho más hermosa de lo que nos habían dicho y mi hijo está en edad de casarse, al igual que su hija…

—Mi hija se casará cuando ella decida y con quién ella quiera—las palabras le salieron de las entrañas y ni siquiera se detuvo a pensar en que Trunks tenía que decidir eso. «La ha prometido a un soldado», pero nadie sabía a quién. La verdad era que ni siquiera el rey sabía qué soldado era el indicado aunque Bulma en el fondo sabía que era Goten. Trunks sólo confiaba en su amigo de la infancia y Bardock era muy viejo para Bra, para su suerte. El problema era que Goten también era medio saiyan y existía la posibilidad de que los hijos que engendrara Bra fueran terrícolas puros y eso era algo que el consejo de guerra se negaría rotundamente. —Nuestros hijos ni siquiera se conocen.—Bulma sabía que sólo estaba dando una excusa pero debía dar alguna.

—Eso es algo que podemos arreglar fácilmente, la princesa puede ir a Taas…—sugirió con picardía el señor y Bulma arrugó el ceño con enfado.

—Preferiría que su hijo viniera a verla a Vegeta—no mintió, Trunks jamás dejaría que su hermana hiciera un viaje cuando los vientos de guerra se alzaban pero el señor de Taas no se vio aludido.

—Hecho—se apresuró a decir el rey como si sólo tuviera esa oportunidad de ligar a la vasalla con su soberano. —Y la princesa podrá decidir por sí misma si ama o no a mi hijo.

—Hecho…—No tenía que tener los poderes de Bardock para saber que el heredero de Taas no iría agradar a su hija. Bra estaba decidida a encontrarse a un príncipe encantador, heroico y apuesto, y en Taas los hombres no eran agraciados.


Nota de la Autora: ¡Hola! Muchas semanas sin leernos, mi fin de semestre fue terrible pero dos noches fueron suficientes para montar este capítulo :)

Antes solía escribir como 4 mil palabras y ahora se me hace poco, con unas 4 escenas me parece pobre y ahora tengo la necesidad de subir el piso mínimo a 7 mil palabras :D Desde el capítulo anterior contamos con la presencia de los «...» que amaba en los libros pero no encontraba en el word, ahora lo encontré y no paro de usarlos jaja

El título de este capítulo es "El consejero de las alucinaciones" que hace total alusión a Bardock y sus visiones pero en un tono burlezco, como hizo Bulma en la escena del consejo y volvió a decirlo al final cuando las hacía de reina regente. El tema es que Bardock no apareció mucho en el capítulo pero sí salió muy mencionado, fue más bien como el conector de algunas escenas... Sólo esa es mi explicación del título por si alguien le pareció curioso.

Me volví a encantar con Bulma, es genial escribirla como reina y me reenamoro de ella :) Además, el que medio odie a Bardock le da un toque, no todos deben ir de la manito, creo yo. Bra ya se está revindicando, ¿no? Tomó a Radditz por los cuernos por así decirlo y lo puso en su lugar, ya quiero escribir cuando llegue con su capita azul y ande correteando a Bra por todos lados xD

El encanto de Goten creo que ya está muy claro, me encanta que sonría y deje locas a todas las mujeres, y tomo especial cuidado en sus diálogos, espero que hayan quedado ingeniosos como quiero que me salgan. En cambio, Trunks se está empezando a quebrar, sin humanos, con vasallas atacadas y otras que pueden empezar a darle la espalda. Y Freezer está demasiado silencioso xD kukuku Ya quiero que Marron muestre las garras que sé que tiene :)

Muchas gracias a los comentarios de Jazmin M, yukkoame, Sybilla's Song, UGGLYTRUTH, asaia16, ZaDaBiA y especiales agracedimientos a Prl16, quien bautizó a dos consejeros de guerra :)

Muchos saludos, espero que mis vacaciones estén llenas de capítulos nuevos y actualizaciones rápidas :D besos, RP.