30

El perro guardián


—¿Estás seguro que esas fueron las palabras de mi hermana? —el rostro de Trunks estaba endurecido por el enfado y ni Marron a su lado, ni Bardock a sus espaldas, daban crédito a las palabras de Nappa. El silencio mortal que cubría como un manto a la sala del trono era denso y nadie se atrevió a hablar por temor a tentar al rey a explotar de ira. Sólo Bardock sonreía y hacía esfuerzos sobrenaturales para disimularlo, Nappa quizás lo habría visto, de todas maneras no daba señales de haberlo hecho.

—La princesa está en edad para elegir a su guardia real—reflexionó Nappa para restarle importancia pero eso no hizo más que irritar al rey. Trunks fulminó con la mirada al calvo sin dejar de lado su semblante de piedra.

—¿Y elige a Radditz como guardia? —su tono era irónico y por un momento se arrepintió de sus palabras, mirando al verdugo real con culpa. Bardock no pareció molesto por ello y Trunks se irguió sobre su asiento como para recobrar la compostura. Bulma se puso a reír con diversión, desde el trono de la reina. —¿He dicho algo gracioso acaso, madre?

—No creo que la niña haya elegido a Radditz de la nada, algo ha de verle a ese soldado—el tono ocupado por Bulma hizo suponer al resto que Bra tenía una fijación visual por el hijo de Bardock y a Marron se le dibujó una sonrisa que le tiñó de rosado las mejillas, provocando más risas en la reina. —Las chicas somos así, Trunks. Y deberías considerarlo, si Bra llega a gustarle éste ejemplar de soldado, quizás hasta mejore con sus entrenamientos.

—Basta, madre. Bra no tiene el poder de decidir quién será o no su guardia real, no tiene idea de quiénes son los confiables de los que son traidores.

—Oh, pero tú sí sabes, Trunks… ¡Por favor! Deja que la niña decida algo por sí misma o cría a una chiquilla malcriada sin poder de decisión. —Todos los presentes bajaron la cabeza como si con eso dejaran de escuchar el regaño de la reina madre hacia su hijo, el rey. Para asombro de Bardock, la reina le dirigió la atención a él y lejos de preguntarle por mí, preguntó por su poder. —Dime, Bardock, ¿Radditz traicionará y matará a mi hija en tus alucinaciones?

El verdugo del rey ya había dejado de ofenderse cuando la reina llamaba alucinaciones a sus visiones y negó con la cabeza dos veces antes de que el rey se volteara a verlo.

—No, mi reina. Radditz no traicionará a la princesa ni la matará—aquello no puso más feliz a Trunks pero terminó por considerar aceptar la solicitud a regañadientes.

—¿Ves, Trunks? Hasta tu amado Bardock dice lo obvio, deja que Bra elija a su guardia y le terminará por gustar el tomar sus propias decisiones—pero el rey de reyes bufó molesto. —Bra debe haberlo encontrado guapo desde su accidente durante la bienvenida del señor de Taas.

—No hables más, madre, ya te comprendí—gruñó el rey mientras se erguía en el trono y se volteaba a mirar a Nappa en un gesto de desprecio—, ¿Radditz está aquí?

—No, mi señor.

—¿Y qué estás esperando? Anda a buscarlo, debo hablar con él. —Su aspereza le recordó al calvo las órdenes que daba Vegeta y sonrió un poco antes de partir. Cuando Nappa desapareció detrás de la puerta, Trunks se dirigió a su guardia real sin siquiera mirarlo. —Cuando llegue Radditz, quiero que todos se marchen.

«Especialmente tú, Bardock.»

El primero en retirarse fue Bardock, seguida por la reina quien bostezó una vez mientras bajaba las escaleras de la plataforma. Marron demoró un poco más pero cuando dio dos pasos, el rey la miró con seriedad antes de hablarle.

—Tú no, Marron—la rubia lo miró con sorpresa—, necesito tus consejos.


La princesa miró su habitación sin el deseo de entrar en ella. Si su sirvienta estuviera ahí quizás no tuviera tanto miedo de Zarbon, el sólo pensamiento de que la estuviera vigilando en los rincones oscuros le ponía los pelos de punta. «Pero si está Radditz a mi lado quizás no aparezca.» Su idea de tener un guardia personal tenía un propósito claro, ya no se sentía segura por sí sola y tenerme al lado le daba cierta comodidad, todavía recordaba cuando los soldados ebrios la habían tomado por una sirvienta y le habían tocado los muslos, y cómo la había puesto a salvo con sólo tenerla cerca.

«Radditz me protegerá de Zarbon», se dijo con un poco más de confianza pero cuando unos pasos anunciaron la llegada de alguien, Bra se sobresaltó y temió de mirar atrás.

—¡Bra! Querida, ya estaba preguntándome dónde estarías—la reina madre se paró a dos pasos de distancia y la princesa casi se largó a llorar. Se echó en sus brazos como cuando era pequeña y contuvo el llanto mientras tiritaba levemente. —¿Qué sucede, hija?

Bulma le acarició el cabello con dulzura y la princesa hizo esfuerzos enormes para mirarla sin quebrarse. La terrícola le dio un beso en la mejilla a su híbrida y le dedicó una sonrisa amable.

—Mamá, no quiero dormir sola esta noche…—Bra no tuvo que decir más para que Bulma comprendiera y asintió con más caricias en el pelo lila de la chica.

—Sabes que puedes hacerlo todas las noches que quieras—quiso tranquilizarla y cuando Bra pudo sonreírle otra vez, Bulma se permitió mostrarse insegura. —¿Es por esto que quieres un guardia real, Bra? ¿A qué le tienes miedo?

Bra hubiese deseado que su madre no indagara tanto porque temía contarle todo y arruinar sus sueños con Zarbon, su madre no dudaría en contarle a su hermano que un soldado federado se daba la libertad de visitarla cuando no había nadie para protegerla y no era para menos, sonaba horrible su situación pero no era para tanto, ¿o sí?

—Me da miedo la oscuridad, madre—«La oscuridad en la que se esconde Zarbon.» —Y a los droslos. —Bra no supo por qué había mencionado a los demonios de los mundos de la periferia pero concluyó que eso le daría más consistencia a su mentira. Su madre le sonrió conteniendo una risa.

—Eso te pasa por escuchar muchas historias, hija— dijo la reina entre risas suaves. —Ven, te cepillaré el cabello y hablaremos de tu nuevo guardia personal.

Bra se obligó a sonreír y miró de nuevo hacia su habitación, primero debía sacar un poco de ropa para no volver más allí hasta tenerme vigilando su espalda.

—Vamos, Bra, iremos juntas…—Bulma sugirió mientras se encaminaba hacia la habitación de la princesa y Bra sintió que su corazón dejó de latir. Si su madre entraba y encontraba Zarbon, quizás la mataría sólo para que Trunks no supiera de sus encuentros con la princesa.

—¡No! —el grito le salió de las entrañas y se sorprendió por su imprudencia, Bulma la miró con desconcierto. —Digo, iré yo, madre… Ya soy grande, puedo ir sola.

El corredor hasta su puerta se hizo eterno y las paredes le parecieron más tétricas de lo que eran realmente. Se consoló con que su madre estaba detrás de ella y no dudaría en llamar a Seripa si veía que algo iba mal. Al abrir la puerta, preferiría ser ciega a tener que ver su habitación en penumbra y se apresuró a tomar las prendas que primero llegaban a sus manos, el tener que darle la espalda a las partes más oscuras fue una tortura y se imaginaba que al darse la vuelta, Zarbon estaría ahí. Sin tener ni una pizca más de valor, corrió a la puerta y al cerrarla, se sintió segura.

Seripa las escoltó a la habitación de la reina, que era la habitación más grande del palacio y que se dividía en el laboratorio personal de Bulma y su dormitorio. La calidez de los braseros encendidos y quemando especias perfumadas, hizo que Bra olvidara que Zarbon la vigilaba en las sombras y su madre se entretuvo cepillándole el cabello lila como cuando era pequeña. La desvistió con más delicadeza que cualquiera de las doncellas que estuvieran a su cargo y la arropó junto a ella con dulzura, Bra no podía pedir más para sentirse protegida y se sintió cómoda de formular la pregunta que rondaba por su mente.

—Mamá, ¿alguna vez temiste de mi padre? —Bra sabía que la opinión de la reina bastaría para disipar las dudas que tenía de Zarbon pero Bulma no se sintió del todo cómoda con esa pregunta, rememoraba los tiempos en las que ella no era precisamente amada y no era más que la esclava de Vegeta.

—Alguna vez. Vegeta no era un hombre delicado—se excusó Bulma mientras se recostaba en la cama. Bra sonrió, sus síntomas con Zarbon no estaban del todo mal, sus padres se habían amado a pesar del inicio brusco que habían tenido. —¿Esas preguntas tienen que ver con tu nuevo guardia real?

La princesa no supo por qué su madre me metía en la conversación y abrió los ojos con sorpresa.

—¿Por qué elegiste a Radditz, hija? —su madre ya se había llevado una mala impresión de mí. —Si le temes no tienes por qué elegirlo a él.

—No le temo a Radditz, mamá. Sé que él será leal—«O lo mataré.»


Estaba muriendo el día en Vegeta cuando entré a la sala del trono, el rey estaba a oscuras y sólo la chica híbrida con chatarra estaba a su lado. Habían prendido braseros alrededor del corredor que daba al trono, las llamas anaranjadas teñían la tez de Trunks de naranjas y azules, y sus ojos lilas centelleaban con seriedad. El rey estaba apoyado sobre sus rodillas con los codos y pude notar que estaba furioso, tal como Vegeta durante sus audiencias forzadas. La rubia se veía nerviosa pero se mantenía erguida a un lado del trono con las manos hechas un nudo de dedos, no vi a mi padre detrás del trono ni a la reina a su lado.

Me detuve a unos pasos de la plataforma que elevaba los tronos y me hinqué sobre una rodilla, con una mano sobre ella y la otra hecha un puño sobre el suelo. No miré hacia el trono y me contuve a mirar el suelo, levantando la vista hasta la plataforma cuando me hablaban.

—Su Alteza—repliqué cuando no me dijeron nada, el siseo furioso de las llamas me hizo levantar la vista y no pude reprimir el deseo que mirar al trono. Trunks puso mala cara cuando mis ojos se aventuraron a verlo.

—¿Qué hiciste para que mi hermana te eligiera? —me esperaba esa pregunta pero no dejó de intimidarme, llevé la vista al suelo una vez más y me aclaré la garganta antes de responder.

—Nada. —Intenté sonar calmado pero por muchos que fueran mis esfuerzos, Trunks jamás me creería. No podía hablarle de Desconocido, ni el trato con la princesa si quería seguir viviendo.

El rey de reyes miró a la pequeña rubia y la chiquilla se aclaró la vocecita mientras me miraba desde las alturas con esos ojos negros que no había heredado de su madre.

—Está mintiendo—sentenció con seguridad y Trunks se volteó a mirarme con furia, la presencia de Marron había quedado descubierta. Ella era su consejera más noble y sincera, y Trunks creía en que ella podía descifrar las mentiras de las verdades.

—Dime qué fue lo que hiciste, Radditz—preguntó otra vez y tragué saliva espesa, sin atreverme a mirar otra vez. Repasé mis primeros encuentros con la princesa, primero en la bienvenida del señor de Taas, luego en la enfermería. En la sala de entrenamientos y la taberna…

—Le regalé una historia—esta vez, Marron levantó las cejas rubias con sorpresa y Trunks la observó con atención. El rey de reyes se irguió en su trono y pegó la espalda con su respaldo, mi versión ahora era más creíble.

—¿Qué historia? —preguntó de pronto el rey con voz queda, sus manos cubriendo los mangos del trono. Abrí los ojos por la impresión, ¿qué historia le habría contado? No lo recordaba, ni siquiera sabía si el rey conocía la verdad de Calade. Me aclaré la garganta cuando la sentí tan seca como la arena y el rey no vio con buenos ojos mi retraso. —Te he…—su voz imperiosa se vio interrumpida cuando comencé a hablar.

—Le hablé sobre mi accidente durante la bienvenida del señor de Taas, de las misiones que he hecho…—aquello pareció aplacar al rey, quien frunció los labios con enfado.

La mirada del rey buscó la opinión de la rubia una vez más pero ella se había confundido. Había hablado con verdad pero no parecía confiar en mí. Al final, optó por darme el visto bueno pero el rey no estaba dispuesto a dármelo tan fácil.

—¿Y qué te pasó en el accidente? Jamás me diste una explicación lógica… Por qué a mi hermana sí y no a mí—cerré los ojos con pesar, sin darme cuenta ya me había puesto a sudar debido a la proximidad de los braseros y una gota salada resbaló en la punta de mi nariz.

—No lo sé, yo…—hice una pausa cuando mi garganta quedó seca otra vez—, yo comí una manzana dorada.

—¿Una manzana dorada? ¿Y de dónde sacaste esa manzana? —mi respuesta era extraña pero era verdadera y Trunks no me había creído. Las manzanas doradas no existían más que en los cuentos y me pregunté si a Desconocido no lo había soñado, si mi poder aumentado era sólo una imaginación y si la manzana era una confusión de las historias que había escuchado cuando era un niño. Abrí la boca unas veces antes de que de ella salieran palabras.

—No lo sé, me la dio un extranjero…

—¡Mentiroso!

—Está diciendo la verdad—la voz dulce de la chiquilla híbrida se apresuró a hablar para calmar al soberano y para mi sorpresa, Trunks la miró sorprendido y toda su ira se había disuelto. —No está mintiendo, Su Alteza.

Nunca habría esperado que la muchacha híbrida tomara partido por mí y abrí los ojos todo lo que pude. De alguna manera supe que ya se me permitía mirar al trono y sólo la rubia hizo un esfuerzo por sonreírme. De Trunks no tuve el mismo trato y un semblante de desconfianza hacía que los músculos de su cara se pusieran tensos. Sus labios se fruncieron tanto como su entrecejo y acarició el mango izquierdo del trono con la punta de sus dedos, como si estuviera pensando.

—Radditz—me llamó con la furia contenida—Serás el guardia real de mi hermana, la princesa Bra—su voz se forzó a parecer diplomática y por primera vez en la audiencia, me incorporé del suelo para escuchar su sentencia. Las llamas sisearon furiosas. —Pero si llego a saber que le has tocado un pelo, no habrá nadie en este universo que impida que te asesine.


Goten estaba recluido a una celda oscura y pequeña, y estaba condenado a permanecer hincado porque la longitud de su calabozo no le permitía estirar las piernas. Una sirvienta llegaba cada cierto tiempo a ofrecerle agua y comida, y Goten no había perdido tiempo en cumplir su tarea. La chica taaseriana miró dos veces hacia atrás antes de hincarse antes él para extenderle el agua que lo mantenía hidratado en el ambiente caliente y seco en el que lo tenían confinado. Como Goten tenía las manos atadas detrás de su espalda, la chica le acercó la jarra a la boca. Su nerviosismo hizo que inclinara la jarra con un ángulo demasiado grande y Goten tosió el agua que se le había metido por la nariz.

—Lo lamento—su acento extranjero era exquisito y casi la hacía ver hermosa. Goten le sonrió con un ojo cerrado mientras intentaba contener las ganas de toser. La taaseriana lo miró sin mucha confianza—. En la corte dicen que Vegeta vendrá a atacarnos y que el señor de Taas está muerto.

—Eso no es verdad, al señor de Taas lo vi bastante vivo cuando partí—dijo Goten y la sirvienta le sonrió con más seguridad. Se le acercó en cuanto dejó de toser y lo liberó de sus amarras. Goten sabía que podría romperlas con facilidad pero aquello no le haría bien al reinado de Trunks. —¿Encontraste lo que te pedí?

La chica puso un dedo en la arena que había en el piso y dibujó un círculo, dentro de él, trazó las estrellas que caracterizaban al amuleto que la reina decía que cumplía deseos. Goten no pudo evitar sonreír.

—La esfera de las cinco estrellas—susurró la chica—. El mercader que la tiene está en Qeledis. Dice que tenía la de una estrella pero que desapareció aquí en Taas cuando cruzó de la periferia al centro. Dice que le gustaba como brillaban juntas.

—¿Sabes de dónde las sacó? —las preguntas y respuestas se seguían dando en susurros. La chica se encogió de hombros.

—El mercader dice que un pueblo de piel verde y rosada las fabrica pero que no son otra cosa más que piedras que brillan, dice que sólo las tiene porque la gente teme que sea magia de droslos y así no le roban.

«Pero le robaron de todas maneras.»

—Necesito salir de aquí—, y como si fuera su deseo el que se cumplía, unos carceleros abrieron la puerta con brusquedad y la taaseriana se levantó de golpe. La jarra de agua fue a parar al suelo y la intranquilidad de la sirvienta hizo dudar a los carceleros.

—Fuera de aquí, sirvienta—cuando la chica se marchó, los guardias repararon en las manos libres de Goten. —¡El prisionero se ha liberado!

—La buena sirvienta me ha soltado las amarras para que pudiera tomar agua con comodidad.—Excusó el híbrido con una sonrisa y juntó las muñecas antes de mostrárselas al guardia que hablaba—. Ya he bebido y las amarras pueden volver.

Pero el carcelero no tenía sentido del humor e incitó a Goten a ponerse de pie con un movimiento de la lanza que llevaba en una de sus manos. Sin saber qué era lo que pasaba, el híbrido se tomó la libertad de contar a sus acompañantes por si tenía que llegar a ponerse violento. Eran cinco taaserianos, todos armados con lanzas y cuchillos cortos, y que formaron dos parejas para escoltarlo desde adelante y atrás, y el último iba caminando a su lado. Ninguno tenía la complexión de un guerrero y un par de golpes los noquearían si intentaran llevarlo al matadero.

«Y Trunks todavía no se digna a venir a buscarme. Quizás ni siquiera sepa que caí prisionero.» Aquel pensamiento lo perturbó, el rey de reyes jamás lo dejaría tan solo y se inquietó pensando que la guerra al fin había llegado al planeta Vegeta. Pero los carceleros sólo lo llevaron de vuelta a una audiencia con el señor sustituto y al envidioso le complació que unas noches en su calabozo hubiera bastado para que el soldado híbrido sufriera señales desfavorables en su cuerpo y rostro. Aun así a sus súbditas les parecía hermoso y varonil.

—Señor de Taas, nos encontramos otra vez…—sin darse cuenta cómo, un carcelero amarró sus muñecas nuevamente y sus guantes hicieron que las esposas apretaran con más fuerza.

—Un mensaje de Vegeta ha llegado, saiyan—comenzó el soberano con los ojos entrecerrados, un semblante de alivio se dibujó en el rostro de Goten y el sustituto frunció los labios. —Mi padre habla de una alianza positiva con los saiyan y que debo liberarte.

—Espero que aquello no le haya provocado un disgusto—Goten no se dejaría intimidar por un señor que pretendía desafiar al poder superior del planeta Vegeta.

—El disgusto deberías llevártelo tú—rebatió el sustituto con un fruncimiento del entrecejo—, las celdas no son del todo cómodas. Espero que eso te haya dado la lección que necesitabas, saiyan. —Hizo una pausa para refrescarse la garganta con una ligera tos. —La reina madre ha accedido a montar una base guerrera en Taas y debo ir a Vegeta a presentarme con la princesa. Mi padre habla de un compromiso con ella.

Aquello pilló desprevenido al híbrido y un semblante horrorizado decoró su rostro, como si le hubiesen echado agua con hielo. «Eso no es posible, Trunks ni Bulma lo permitirían… ¿Habrá sido una medida para liberarme?» El señor sustituto no pudo evitar mostrarse feliz, la satisfacción de sacarle la sonrisa molesta a Goten era mucho más grande que la perspectiva de casarse con una princesa bonita.

Y Goten no hizo más que callar, ya no le quedaban comentarios astutos ni diálogos mordaces, la idea de que la princesa se desposaría con un forastero se había devorado su ingenio. Apretando la mandíbula, sus carceleros se lo llevaron de vuelta al calabozo hasta que el señor sustituto estuviera listo para partir hacia su soberana. No comió ni bebió esa noche y por un momento pensó en que su chispa lo había abandonado en su celda.

La luz de las estrellas y la luna, que era inofensiva para él, iluminó el suelo y sus ojos divisaron el dibujo que había trazado la sirvienta en la arena. De una patada torpe borró la esfera de cinco estrellas y suspiró, si el deseo de las esferas fuera suyo, ¿qué le pediría al dragón?


Cuando la princesa se despertó en la habitación de su madre, estaba sola y despeinada, y tanteó en la cama la ropa que su madre le habría dejado sobre el colchón antes de irse. Si su madre quería que se apurara, Bra no iría a hacerle caso y tomó un baño largo y burbujeante con aromas de las colonias. Se vistió con el vestido blanco sencillo que le habían dejado y se peinó el pelo con fuerza hasta desenredarlo, por último se puso el collar de brillos azulinos para finalmente salir. La mañana no le asustaba como la noche y se sobresaltó cuando me vio parado a un lado de la puerta y apoyado sobre la pared. Cuando me erguí para encararla, mi altura se alzó dos cabezas por encima de la princesa y mi sombra la oscureció. La capa azul oscuro ondeaba en mi espalda pero mi cara no era del todo feliz.

—¿Radditz?—la princesa parecía olvidar su propia orden y le gruñí con enfado—. No esperaba que fueras a acatar tan pronto...

—Tu hermano es bastante persuasivo—«Y no existirá nadie en el universo que impida que me asesine.» Bra abrió y cerró la boca sin saber qué decir, y me adelanté. Caminé al centro del pasillo y miré hacia adelante.—Tu madre quiere que vayas a la sala del trono inmediatamente.—Y me siguió sin protestar, a un paso de la entrada dejé que ella caminara adelante.

Ni siquiera cuando llegaron al planeta soberano, el señor sustituto se negó a quitarle las amarras a Goten y lo paseaba con una cadena sobre las muñecas como si se tratara de un trofeo de guerra, haciéndola sonar cada vez que el prisionero se negaba a seguir caminando. El nieto menor de Bardock controló los deseos de estrangularlo con la cadena al cuello y sonreía con el ceño fruncido imaginándose cómo la sangre brotaría de su garganta y la nariz traslúcida del taaseriano.

Cuando llegaron a la sala del trono, el verdadero señor de Taas miró la escena con desconcierto y se le acercó para preguntarle en lengua de los mundos de la periferia, Goten imaginó que lo regañaban y sonrió con satisfacción cuando el sustituto alzó sus hombros en un gesto inseguro.

La plataforma estaba rebosante, con Trunks y Bulma sentados en los tronos, sus guardias personales a la espalda; Seripa y Bardock vistiendo de armadura y la capa azul colgándoles de los hombros. Los tres comandantes del consejo de guerra, Cucumber, Cabbage y Beet, ocupaban su lugar en el estrado, en la esquina izquierda de la plataforma y Marron, la chiquilla híbrida de Número 18 gozaba del beneficio del lado derecho del trono del rey. Por último, la princesa Bra, vestida con telas etéreas y blancas se encontraba en la escala, con las manos juntas sobre las piernas y a mí a sus espaldas, con la capa azul de la guardia real debajo de la mata de pelo que caía hasta mis muslos. Goten se rió para sí.

—¿Mi tío vistiendo una capa azul? —preguntó con disgusto mientras observaba a Trunks. Me reí con la boca cerrada ante su desprecio—. ¿Qué más ha pasado en mi ausencia?

—Cuidado, soldado. Es tu rey al que te estás dirigiendo—el señor sustituto gruñó pero Goten sabía que sólo se trataba de un intento por quedar bien ante su supuesto futuro cuñado.

—¿No hemos sido claros? Liberen a Goten—El rey estaba bastante furioso y se levantó del trono movido por el enfado cuando los carceleros se acercaron al soldado con rapidez. Antes de que llegaran a él, Goten les mostró las muñecas y se liberó rompiéndolas como si se trataran de un hilo delgado y frágil. —Me siento insultado.

Goten no perdió tiempo para alejarse de la multitud arrodillada y subió sin miedo a la plataforma dando saltos cortos hasta que estuvo cerca de su rey. El nieto del verdugo se alejó al espacio que le correspondía detrás del trono y se dedicó a mirar a la princesa con disgusto. Bra lo miró con sorpresa cuando él le dedicó una mirada de mucha compasión.

—¿Qué es lo que sucede? —me preguntó la princesa con urgencia y yo sólo callé, ciertamente algo se estaba ocultando y entrecerré los ojos con desconfianza.

—No lo sé, princesa…—sabía quizás menos que ella y me crucé brazos dándole una ojeada a mi sobrino como si eso me diera más respuestas.

La reina se levantó cuando vio que su hijo no decía nada y bajó un escalón mientras extendía un brazo en dirección a su hija, cuando ella dio los primeros pasos, intenté seguirla pero Bra me detuvo con una mirada.

—Quédate aquí—ordenó quedamente y alzó un brazo a modo de barrera. Puse mala cara y cuando levanté la cabeza, Bardock me miraba por el rabillo de su ojo.

—Bra, él es el heredero del señor de Taas, el príncipe Tazgranis—su madre hizo un gran esfuerzo para que el nombre extranjero le saliera fluido pero falló al decir la última sílaba y el sustituto repitió su nombre una vez con un tono que quiso sonar galante. Las risas de Goten se sintieron a lo lejos y me tentaron a hacerlo también.

Tazgranis era feo por naturaleza y su piel trasparente insinuaba dónde se encontraban repartidos los órganos por el cuerpo. No tenía la musculatura de un minero y había vivido la vida encerrado en el palacio creyéndose mejor que sus pobladores. El sustituto iba vestido con el esmeralda y el dorado de su planeta, y aunque las prendas pretendían mostrarlo más relleno, el cuello escuálido evidenciaba su delgadez. Bra se obligó a sonreír y le tomó una mano trasparente con delicadeza, y la suavidad de su piel tocó la permeabilidad de él.

—Mucho gusto, mi señor. Soy la princesa Bra, hija de Vegeta y heredera del trono—aquellas palabras las habría ensayado alguna vez, con la imagen de un galante príncipe tomándole la mano y no la del esquelético del taaseriano. Bulma sonrió confiada de que el compromiso no se llevaría a cabo y Trunks entrecerró los ojos con recelo.

—El gusto es mío, princesa. La belleza con la que esperaba encontrarme no se compara a la que veo en este momento—y no pude aguantarme más, me eché a reírme con ganas. El taaseriano heredero me echó una mirada asesina y la princesa quiso imitarlo pero su mirada fue más de súplica.

—Cállate—me susurró sin mirarme con una dulzura venenosa y el señor sustituto se sintió aludido por la orden pero pronto supo que se referían a mí. Tazgranis me miró con superioridad y yo le devolví la mirada sin importarme en lo más mínimo de que se trataba de un señor.

—Podríamos retirarnos para hablar y conocernos mejor. Solos, si a tu perro guardián no le molesta—Bra me lanzó una mirada juguetona y yo le sonreí, éramos cómplices en eso. El heredero de Taas frunció los labios, ofendido.

—Los perros no entienden palabras—espeté mientras bajé los escalones y los esperé al pie de la plataforma. Bulma me lanzó una mirada complacida y Bra me siguió dando saltos pequeños, Tazgranis se demoró un poco más. Para cuando salimos de la sala del trono, Bra iba a mi lado y el arrodillado sólo nos seguía con la cabeza gacha.

La reina esperó a que desapareciéramos tras las puertas que no se cerraron jamás, sólo para cuando el rey Vegeta murió asesinado, y juntó las manos para dar por terminado aquel asunto y dar paso al siguiente. Trunks seguía ofuscado por las cadenas con las que apareció su mejor amigo y la reina presintió que iría a hacérselo saber al soberano de las minas de dorado y esmeralda.

—Le ordené que liberaran a mi soldado y su hijo lo andaba paseando como si se tratara de un esclavo—la voz contenida del rey hizo retroceder al señor de Taas un paso. La reina se fue a parar a un lado de su hijo antes de hablar.

—Nos ha insultado, señor de Taas. Goten es un consejero de guerra y guardia real de mi hijo, ¿sabe lo que su hijo ha causado? —El señor de Taas no lo sabía y Bulma se lo hizo saber enseguida. —No habrá alianza por matrimonio entre nuestros planetas, mi hija no soportara la noticia cuando se entere.

El señor de Taas desorbitó los ojos y Trunks miró a su madre con sorpresa, había usado aquella excusa para su propio bien y de paso, aligeraba las tensiones. Goten amansó la cabeza intentando ocultar la sonrisa que se había apoderado de su rostro. Bardock lo miró con curiosidad.

—Lo lamento, no sabía que mi hijo…

—Pues ya no tiene importancia—interrumpió Bulma con una sonrisa orgullosa—. ¡El siguiente!


Los jardines del palacio de Vegeta no eran jardines, el suelo era árido y ninguna planta exótica soportaba su acidez, y si había un ejemplar que lo resistiera, moriría por la sequía. Nadie recordaba los tiempos en los que el planeta tenía colores más fríos, si es que alguna vez los hubo, y Bulma había hecho todo lo posible por hacer la copia de la Tierra en su patio, lo que no había resultado del todo posible.

Bra caminó con gracia por el pasillo largo que demarcaba los jardines y tocó una enredadera morada que crecía con lentitud, el arrodillado la acompañaba, unos pasos más rezagado, y me pregunté si el basural que llamaban hogar tenía la gravedad más ligera que Vegeta. Por supuesto que el perro guardián iba cerrando la marcha, y con los brazos cruzados observaba de vez en cuando al minero con aburrimiento y miraba con mejor disposición a la princesa, que hacía todos los esfuerzos posibles por mantenerse concentrada en lo que le decía su pretendiente.

A veces me miraba por el rabillo del ojo cuando le parecía gracioso un comentario del vasallo y no podía reírse abiertamente.

—Y su emisario me dijo "¿Sabe que mi raza es guerrera y la suya minera?" —El sustituto negó con la cabeza con desaprobación—. Esa clase de insolencia no se permitirá en mi reinado.

—Goten sólo decía la verdad, mi señor—la voz de Bra se escuchó aburrida y Tazgranis la miró ofendido. —Vegeta es la soberana de Taas y Taas es su vasalla. —A Bra le sonó curioso cómo el nombre de su padre se decía en femenino.

—¿Cómo puede decir eso, mi princesa? Cuando nos casemos, Taas estará a la altura de Vegeta y nuestros hijos serán sus herederos.

Bra se volteó a verlo, mostrando las encías y con los ojos bien abiertos. ¿Realmente su madre pensaba casarlo con ese ejemplar escuálido de Taas? Me detuve a unos cinco pasos de la pareja que también se había detenido, la chica parecía una gata a punto de saltar a su presa.

—¿Cuándo nos casemos? —El hombrecillo asintió como si fuera lo más normal del mundo y la princesa gruñó mientras arrugaba la nariz. —¡Soy la hija de Vegeta, la verdadera heredera del trono de mi padre! ¡Taas jamás estará a la altura de Vegeta! Y si vuelve a sugerirme semejante estupidez…—espetó la chica totalmente ofendida y golpeó el suelo con su bota. El arrodillado casi se cayó de su lado por la impresión y la miró con los ojos desorbitados, la princesa continuó con la voz contenida—¡Los soberanos no se mezclan con unos simples mineros!

La chica se encaminó de vuelta al palacio hecha una furia y sus tacones sacaron ecos de las paredes, la miré primero a ella y luego al arrodillado que tiritaba de la impresión. Yo no lo habría dicho mejor y reí con la boca cerrada antes de hacerle una reverencia con la cabeza a modo de burla para retirarme con la princesa.

—¿Cómo se atreve?—me dijo cuando la alcancé, estaba temblando de rabia y su pelo se había alborotado un poco.—¡Mi madre está loca!

—No creo que la reina haya esperado que se concretara la alianza—le dije sin importancia y la capa azul cayó de mis hombros hasta cubrirme casi por completo el cuerpo.

—¡Jamás me casaré con un arrodillado!—aquello fue música para mis oídos, la niña no era una tonta y algo en la princesa gritaba que era medio saiyan. Y el señor de Taas no sería el último pretendiente de las colonias que iría a hostigar a Bra.


Nota de la Autora: Una actualización después de dos días de la última actualización. Le quité una escena y se me hizo muy corto... Pero fue exclusivamente de Bra, Radditz y el pretendiende de Taas :) Después del capítulo 29 había quedado con las ganas de escribir algo así pero me temo que me apuré demasiado u.u Espero que no haya quedado muy corto o muy rápido. Amo a Radditz con todo mi corazón y un cariño especial está brotando por Goten...

Muchas gracias a los comentarios de Filonauta(espero que no sea muy romanticón para ti, por así decirlo.), Sybilla's Song y yukkoame, por sus comentarios en el capítulo 29 :) Amo a Raditz!

Muchos besos desde mis tierras, en el siguiente, más perro guardián, la aparición de alguien muerto que no es Vegeta, y más. RP.