31

Ni lengua ni ojos


El corredor a la cámara real se le hizo largo y nauseabundo, y al hacer puños de sus manos notó que estaba temblando. Goten la había ido a buscar a su habitación por mandato de su hermano y cuando la princesa le preguntó por mí, el guardia que debía hacer ese trabajo, el nieto de Bardock puso mala cara. Bra no quiso insistir y se puso la armadura blanca y de chapa roja de la realeza, y el traje de combate de las mujeres que sólo cubría las partes íntimas, de un color morado apagado. La princesa se preguntó cuándo podría usar la capa roja como Trunks en alguna situación formal pero ella prefería usar vestido y joyas en las audiencias.

Cuando vio que la puerta de la cámara-que había pertenecido a su padre y que usaba Trunks con regularidad- se dibujaba en el fondo del pasillo, Bra sintió pánico y sin darse cuenta cómo, sus pasos se hicieron cortos hasta el punto de que el movimiento se hizo nulo. Goten habría chocado con ella de haber estado en su misma situación pero la instó a continuar el último tramo del camino para no hacer esperar más a Trunks, que había logrado encontrar un hueco en su jornada especialmente para ella. Bra no pensó que aquello fuera del todo cierto, su hermano había comenzado a gustar tanto de la presencia de Marron, que a la princesa se le había difícil imaginarse que la rubia las hiciera sólo de consejera. Incluso su madre comenzaba a reemplazarlo en sus audiencias. Trunks sencillamente no tenía tiempo sólo por estar con la híbrida de Brolly.

«Pero ella no debe ser la elegida de Trunks, es una híbrida con androide, los consejeros de guerra jamás irían a permitírselo… »

Y sin saber cómo, Bra tuvo miedo de que Trunks comenzara a tener descendencia. Ella bajaría de escalón en la línea de sucesión, iría justo después de todas las crías de su hermano y de Marron, luego de los hijos de los hijos y ella terminaría siendo inservible y tan vieja que sus mamas colgarían como uvas secas. Aquel pensamiento la hizo estremecer, la princesa Bra era cotizada por ser la siguiente en la línea sucesoria, no por estar en cola indefinidamente, y entonces su razón de ser se fue desvaneciendo. ¿Tan poco era ella si dejaba de ser la heredera del trono?

Y la pequeña Bra salió corriendo por el pasillo y abrió la compuerta de la cámara real con celeridad. Trunks la estaba esperando con la coraza de entrenamiento en el centro de la cámara, sin Marron alrededor. El rey de reyes se volteó a mirarla con sorpresa, quizás se la imaginaba viniendo arrastrada por Goten, en cambio se había precipitado al entrar; Trunks terminó por sonreírle.

Al ver que Goten entraba y cerraba la puerta tras de sí, comprendió que el consejero de guerra no había ido sólo de escolta sino que presenciaría el entrenamiento e incluso llegaría a aportar en él. Bra bufó, cómo odiaba sus comentarios molestos y cómo odiaba no poder responderle como era debido.

—¿Qué está haciendo él acá? —Su voz salió un tanto severa e incluso llegó a sentirse un poco mal pero al ver que Goten sólo sonreía, le bajó todo el enfado otra vez—, ¿y por qué va Goten en lugar de Radditz? ¡Radditz es mi guardia, no él! —con un golpe en el suelo con la bota y un dedo en dirección a la mano derecha del rey, Bra le reclamó a su hermano. Ninguno puso buena cara y aquello acobardó a la chiquilla.

—Radditz no es confiable. Será tu guardia real por un tiempo, sí… Pero sólo hasta que nos confiese sus verdaderos motivos—respondió el rey con rigidez y la princesa se exasperó.

—¡Pero no hay verdaderos motivos! —«Sólo lo amenacé.» Su hermano mayor no pudo contener una risa irónica.

—¿Entonces sólo lo hace por protegerte? —sabía por el tono que Trunks sólo buscaba hacerle ver lo obvio—Seguro que no le interesa en lo más mínimo que tú seas la princesa, la heredera al trono… —Trunks puso mala cara—. Él sólo está utilizándote para llegar a mí, llegar al trono. Eso es todo lo que esos buitres como él desean.

—No, eso no es verdad. —Bra negaba con la cabeza al compás de los «no», no había interés de por medio además del suyo y el collar que había prometido, la recompensa.

—Espero que cuando te des cuenta de lo que te digo, no sea demasiado tarde. —Trunks se escuchó cansado y a Bra le dio la sensación de que no quería seguir discutiendo. Ella tampoco pero no quería dejarlo con la última palabra.

—No me daré cuenta de nada, él no me traicionará—bufó mientras se cruzaba de brazos pero el rey no iba a decir más. Trunks se dirigió al panel de control y por el rabillo del ojo, Bra vio que Goten se incorporaba de la pared y se erguía bien derecho. Sin darse cuenta cuándo, una luz roja tiñó la habitación oscureciendo los colores fríos y aclarando los claros. Le vio a su hermano el pelo casi blanco y no tardó en darse cuenta que al suyo también se le había ido el color. De repente, se golpeó contra el suelo y por más que pudo, no pudo levantarse y Trunks y Goten seguían tan ligeros como antes.

—Dicen que cuando nuestro padre experimentó este nivel por primera vez, estuvo de rodillas durante tres minutos antes de poder apoyar un pie en el suelo, diez minutos para tener los dos pies y quince para mantenerse erguido—explicó el rey de reyes con un zumbido de fondo y Bra hacía todo lo posible por no llorar, la mano invisible que la mantenía pegada a las baldosas era demasiado pesada para ella—. ¿Podrás ponerte de pie en quince minutos, Bra? ¿O crees que necesitas media hora?

Las pisadas de su hermano le dijeron que iba caminando hacia ella, su cabeza no podía moverse y con el sólo movimiento de los ojos no podía verlo. Luego, sintió como se hincaban a su lado.

—¿Estás escuchándome, Bra? —Preguntó Trunks cuando ella sólo se quejaba—. Esto es lo que sucede cuando no te entrenas, Bra. Esto es lo que continuará sucediendo si no te comportas como la guerrera que debes ser, puede que no sea la gravedad que te deje en el suelo sino un golpe. El golpe de un traidor que esperará el momento en el que menos lo esperes.

Por mucho más que quisiera pelear en contra de su naturaleza, Bra se dio vencida y comenzó a llorar con sollozos silenciosos, y sus lágrimas hicieron un pequeño charco que le mojó las mejillas. Trunks sólo quería quebrantarle el espíritu y obligarla a sentar cabeza, de eso estaba segura, ¿pero tenía que ser tan cruel?

—Por favor, hazlo parar. Por favor—sollozó sin levantar mucho la voz porque hasta su pecho se sentía comprimido por la gravedad aumentada. Y entonces fue cuando Trunks dejó de ser Trunks, el rey, y pasó a ser sólo su hermano, y le dio la señal a su amigo para que normalizara la gravedad. Los momentos en los que la luz roja se fuera y la normalidad volvía a fluir lentamente, el aliento de la princesa llenó sus pulmones comprimidos y rompió en el llanto que había sido reprimido. Lloró en el suelo sin poder levantarse y Trunks le acarició la espalda que subía y bajaba con sus lamentos. Poco a poco sus músculos se comenzaban a relajar y la sangre volvía a fluir con la rapidez natural, y sólo ahí fue capaz de levantarse.

—Quiero que te levantes en el primer nivel, sólo quiero eso. Después comenzará el entrenamiento de artes marciales—le dijo mientras la ayudaba a levantarse tomándola por el antebrazo y le secaba la cara con el guante—, no te desalientes, yo me demoré unas horas en ponerme de pie.

Y Trunks le sonrió con dulzura pero por mucho que Bra se reconfortara con pensar que Trunks tampoco era tan brillante como su padre en el entrenamiento, imaginaba que ella era mucho peor. Seguramente, ella se demoraría una semana, un mes, un año… Quizás ella tenía más de Tarble que Vegeta en la sangre.


Por mucho que Goten se hubiera bañado y cambiado la armadura, las magulladuras del claustro se notaban como una sombra bajo sus ojos y una incomodidad al estirar el cuello que había heredado de las noches en las que permaneció hincado sobre la arena del calabozo. Nadie se atrevió a decirle una palabra sobre lo sucedido pero las miradas furtivas que le dedicaban le susurraban al híbrido lo que las palabras no querían decir. Sin más, comenzó a recitar lo que había conseguido a pesar de su cautiverio ante la inquietud del propio rey de reyes.

—¿Estás seguro de eso? ¿Un pueblo de piel verde y rosada? —preguntó Trunks sin poder creérselo, no conocían a ningún pueblo así y se pasó una mano enguantada por su pelo lila. Goten asintió, había repetido el testimonio de la taaseriana dos veces por la incredulidad de los comandantes y el rey de reyes no paraba de sonreír—. ¿El planeta Razhek?

—Ellos sólo tienen la piel verde aunque al golpearlos se llenan de manchones morados—comentó Beet con una sonrisa traviesa y el rey de reyes negó con la cabeza, un tanto molesto, no era momento de ponerse graciosos.

—Necesitamos encontrarlos antes de que otros lo hagan. Goten—Trunks buscó la mirada de su mejor amigo—. Necesito que vayas a Qeledis a buscar la siguiente esfera.

Pero lejos de aceptar obedientemente, Goten frunció el ceño y Bulma comenzó a reír con suavidad.

—Preferiría que fuera otro, Trunks—dijo simplemente y el rey de cabello lila demoró en caer en cuenta de su inoportuna demanda—. Pero mi abuelo puede ir en mi lugar. También soy guardia real, puedo cuidarte en su ausencia.

Sin poder decir nada, Trunks miró al consejero de las alucinaciones con los ojos muy abiertos y Bardock amansó la cabeza en un asentimiento, su capa azul rodó por un hombro y le cubrió medio cuerpo. Hacía mucho que la bestia que vivía dentro de él deseaba sangre pero Trunks había logrado dominarla y dormirla, y la batalla con el kanatyreano sólo había avivado el fuego que le corría por las venas. Sin sangre, el fuego iría a calcinarlo por dentro y todas las noches soñaba que mataba, despertaba tiritando bajo el manto de sudor que lo cubría y sus entrañas vibraban aclamando ser escuchadas. Bardock sabía que debía matar más temprano que tarde.

—Será un honor—mintió con calma mientras pensaba que iría a pelear, cazar y asesinar, pero cuando soñaba todos los vivos que dejaban de estarlo por sus manos tenían el mismo rostro y era el de Dodoria. Su sangre morada cubría sus palmas como pequeños pozos y una sonrisa aleteaba en su cara cada vez veía el cuerpo de Dodoria cortado por mitad, era un corte limpio que había cauterizado algunas de las arterias que envolvían su cuerpo rígido. Por supuesto que en el suelo había una sopa de tripas y carne mezclado con la arenisca del suelo. Era un sueño perfecto.

—Bien—comenzó simplemente el rey de reyes cuando dejada de mirar a su guardia para ubicar a Qeledis en su mapa de puntos de luces. Los ojos lilas de Trunks se habían encendido con el azul de la simulación de los planetas y estrellas—Bardock irá a buscar al mercader que tiene la esfera de una estrella y la traerá consigo—una duda hizo que Trunks volteara a ver al consejero de las alucinaciones con curiosidad, le dedicó unas palabras en voz queda—. No quiero muertes innecesarias.

Claro, con Goten era seguro que así sería y se dejaría enclaustrar para evitarlo, su nieto no compartía las componentes bestiales que él poseía y su sangre no clamaba más sangre. «Es un sangre diluida.» Pero Bardock no podía sentir desprecio por sus nietos híbridos; había peleado junto a Goten, lo había entrenado y había sangrado con él…

Trunks se dirigió a la mesa y encerró al dispositivo de mapas en su mano y todo el universo artificial que Bulma había creado se desvaneció. De las sombras salieron los consejeros Cucumber, Beet, Nappa y el bastardo Cabbage; la reina madre junto a Marron en una esquina y Goten y Bardock atrás de él. Marron tenía las mejillas rosadas cuando la vio y una sonrisa inconsciente adornó sus labios, el fuego vistió a la rubia tanto en la ropa como en su cara.

—El consejo ha terminado—alertó Trunks al ver que nadie se movía, el mapa indicaba cuando había sesión y cuando ésta se levantaba. Un gusto a poco era lo que había quedado entre sus comandantes y el rey de reyes pasó desapercibido ese detalle. La sesión había sido demasiado corta.

—¿Y qué hay de la guerra? —cuestionó Beet levantando la ceja que le correspondía a su ojo inexistente. Era un espectáculo aterrador—. ¿Qué hay de las conquistas que nos prometiste? ¿Qué hay de Freezer?

—Cuando tengamos las esferas, tendremos guerra. Antes no. No estamos preparados.

—He escuchado excusas desde hace años—replicó Cabbage con el ceño fruncido y la cicatriz que cortaba toda su mejilla se engrosó—, tenemos muy pocas colonias, tenemos muy poca agua, tenemos pocos hombres, las colonias deben ser protegidas… ¿Las esferas serán las últimas excusas o el rey de reyes está escapando de la guerra?

—Cuidado, comandante. Tu lengua tiene mucho veneno—amenazó la reina con la voz alzada. Trunks no tenía el mejor de los semblantes y Marron dio un paso hacia atrás, percibiendo que algo no iba bien. Si el rey llegaba a responder se iría a formas una llamarada y si Trunks era sabio, iría a dar un paso hacia el lado como siempre hacía.

—Debemos atacar, los hombres se están preguntando cuándo lo haremos—agregó Beet y Cucumber sólo habló a través del silencio—, si es que llegamos a hacerlo alguna vez. ¿Continuarás el legado de nada de tu padre?

Marron retrocedió otro paso y Bulma avanzó uno, siempre enfurecía cuando hablaban pestes de su amado pero Trunks alzó un brazo hacia ella a modo de barrera. Esos veteranos podían partirle el cuello con facilidad y a veces al rey le parecía que su madre olvidaba eso. La terrícola gruñó una maldición y los comandantes comenzaron a reír con la boca entrecerrada.

—Incluso tu madre forastera tiene más agallas que tú, rey—el tono burlón de Beet enfureció a Trunks, sabía que se mofaba de su forma de reinar y el rey de reyes apenas dirigió una mirada a los otros dos, Cabbage y Cucumber sólo sonreían y tanto Bardock como Goten pusieron mala cara, Nappa sólo observaba a lo lejos—. Tú jamás has conocido la guerra, niño, sólo has vivido tiempos de tregua. No sabes nada del hervidero de Calade o los primeros tiempos de Vegeta. No conoces la guerra.

—Quizás no sepa de los tiempos de guerra como ustedes pero sí sé una cosa, comandante. Si vamos a la guerra ahora, la perderemos. Freezer tiene…—Beet habló por sobre las palabras del rey y Trunks se vio obligado a callar.

—Los ejércitos y las provisiones, ¡ya lo sabemos! —replicó Beet furioso y se entonces cuando se notó lo alterado que estaba. Trunks miró de soslayo a sus hombros y no vio la espada que caracterizaba su estilo de pelea, el rey de reyes se arrepintió de no llevarla colgada a la espalda. «Si vienes al consejo de guerra, debes venir preparado para la guerra», las palabras de su madre le hacían mucho sentido esta vez. El rey de reyes volvió la vista al frente, Marron estaba detrás de él y su madre también, los demás estaban agrupados al frente mientras que Nappa se encontraba en una esquina, próximo a Goten. Bardock estaba a su lado, un paso rezagado—. Freezer también tiene otras cualidades. Coraje. Él no dudaría en aplastarnos estando en nuestra situación…

—Entonces ve a aplastarlo, comandante. Lo que tienes de coraje te falta de razón—y Trunks esperó el ataque de Beet con una sonrisa. Su madre ya estaba acostumbrada a las antiguas formas de hacer valer democracia de los saiyan y se acurrucó en una esquina a la espera que el alboroto atrajera a Seripa, que siempre aguardaba en el exterior. Marron por el otro lado, corrió al otro lado buscando a la salida pero Bardock se puso en su camino y con una mirada la dejó arrinconada mientras veía cómo Seripa entraba en la habitación.

Beet había golpeado a Trunks en la cara pero el golpe sólo dobló al rey hacia la izquierda mientras un dedo de sangre salía de sus labios. Había probado su experiencia y le hizo probar la juventud con una patada que lo estampó en la muralla que daba al exterior. La pared se desintegró como si se tratara de arena seca y Beet volvió a resurgir del aire para contraatacar. El tuerto tenía una severa deficiencia visual en su lado ciego y recibió los golpes y patadas del rey de reyes son celeridad, por lo que con arrebato abofeteó la frente de Trunks con su propia frente. Beet se pasó la lengua por los dientes mientras veía cómo su rey se retorció en el suelo y el tuerto escupió un diente ensangrentado antes de sonreír.

—Tienes demasiada sangre arrodillada, muchacho. Tu sangre está muy diluida y te dejas influenciar por extranjeras. ¡Extranjeras y mujeres! —Beet extendió las manos como si aquello fuera una barbaridad. El rey de reyes se levantó con los ojos entrecerrados y se forzó a sonreír.

—Te equivocas—dijo mientras se incorporaba—. Los terrícolas jamás se han arrodillado. Mi sangre no se arrodillará nunca como nunca lo hará Vegeta o la Tierra.

Aquello infló el pecho de Bulma y una sonrisa aleteó en sus labios rosados, estando escudada siempre por Seripa. Los demás comandantes no habían tomado parte de lo que había ocasionado su camarada pero tanto Nappa como Goten los mantenían vigilados, dispuestos a saltar sobre ellos si querían atacar al rey junto a Beet.

—Bardock, quiero que acompañes a mis comandantes a los calabozos en donde esperarán mi juicio por traición. Es hora de deshacerme de unos cuantos eslabones incompetentes—pero por más que Cabbage y Cucumber lo miraran con resentimiento, Beet comenzó a reír con indiferencia.

—Como quiera el rey—y empujó a Marron por el agujero que él mismo había abierto. La chica ni siquiera gritó y extendió las manos para intentar agarrarse de algo hasta que desapareció en el aire. La habitación del rey estaba pisos sobre el suelo y la rubia caería unos momentos antes de besar el suelo de manera violenta.

Bardock se había alejado de ella al atender el llamado del rey y encargarse de los comandantes restantes, y Trunks no supo en qué momento se había acercado tanto a ella. El rey de reyes abrió los ojos hasta que sus pupilas se hicieron insignificantes y tal como a la rubia, la impresión le había robado la voz por unos momentos en los que comprendía lo que había sucedido. Marron moriría si no actuaba rápido.

—¡Goten! —gritó antes de lanzarse al vacío. Marron estaba a punto de tocar el suelo cuando llegó a ella y cayeron juntos unos segundos antes de que Trunks frenara su caída, para que la fuerza de sus brazos no la lastimaran a su velocidad. Marron se aferró a su cuello con ansiedad, había buscado un apoyo durante todo el trayecto al suelo y cuando lo reconoció, no pudo sonreír y se abrazó a él para llorar. La rubia lloró hasta que sus pies tocaron gradualmente el suelo y Trunks la estrechó con suavidad, su pelo dorado olía a perfume—. Todo está bien, todo está bien…—repitió sin levantar la voz hasta que Marron se calmó un poco.

—Él intentó matarme—susurró ella tan débilmente que Trunks pensó que lo había imaginado—Intentó…—un siseó la calló y Marron levantó la vista. Comenzaron a flotar y después se elevaron con lentitud.

—Lo intentó y ahora lo mataré—Marron no supo si eso la haría feliz pero así eran las leyes de los guerreros, las amenazas se aniquilaban y se dejó levantar por los codos mientras ella ponía una mano en su pecho. De un momento a otro, el ascenso se hizo tan rápido que en un suspiro habían vuelto al hueco en la pared y divisaron a los presentes que habían dejado en la sala del consejo.

Cucumber y Cabbage se habían arrodillado en el suelo a los pies de Nappa y Seripa seguía resguardando a la terrícola pero Bulma se cubría los ojos aterrada. Goten se había acercado a Beet pero no era él quien lo había acorralado sino Bardock. El consejero de las alucinaciones le había puesto las manos en la cara, cada una sosteniendo la frente y el mentón mientras el tuerto se intentaba liberar dando golpes torpes hacia su espalda, en donde Bardock lo había cogido. Le había destrozado el ojo que le quedaba, pinchándolo con un dedo como si se tratara de un huevo, luego había tomado su cabeza cubierta de sangre y restos de ojo, hasta hacerlo arrodillarse. Los dedos de Bardock se introdujeron en la boca del comandante y tiró una mano hacia el mentón y la otra hacia la frente. Un sonido espantoso siguió cuando el verdugo del rey desencajó la mandíbula hasta separarla de la cabeza, y Beet dejó de retorcerse.

Marron dio un grito horrorizado mientras se volteaba a Trunks para cerrar los ojos, como si pudiera ver al asesinado a través de sus párpados cerrados y Bulma lloraba pero Bardock no había terminado ahí. La lengua del comandante muerto se veía larga sin la mandíbula y el veterano la arrancó con una mano, y se la lanzó a los otros consejeros de guerra. La sangre del muerto cubría los brazos de Bardock como dedos que se estiraban hasta el codo y su mirada era distinta. Al fin su sangre había probado sangre.


—Dime Radditz, ¿la princesa ya te ha mostrado lo que hay debajo de su vestido? —la risita molesta de Pepper incitó a más soldados a reírse y yo retuve el licor en la boca para saborearlo con la lengua. No sabía cómo el meado al que estaba acostumbrado y sonreír cuando me lo tragué. Además de mi coraza y la capa nueva, la calidad del licor que se encontraba a mi alcance había mejorado bastante. —¿Es tan dócil como dicen que es?

«No lo es», después de lo que le había visto hacer con el príncipe arrodillado tenía mis dudas.

—¡Ja! Apuesto seis gemas doradas de Taas a que Radditz ya ha probado a la princesa más de una vez—la imitó más allá el robusto de Yso un tanto ebrio y se tambaleó cuando su cuerpo chocó contra unos asientos desordenados. La musculosa Pepper se largó a reír otra vez, con una mano en la boca y las piernas apretadas intentando controlar el esfínter traicionero.

Luego me levanté de mi asiento de siempre y los miré con una sonrisa vanidosa, casi altanera. La capa que se sostenía de mis hombros caía con surcos como un río azul oscuro y se alisaba sólo cuando llegaba a la punta, un poco más abajo de donde me terminaba el pelo. Cuando hablé, mi voz salió serena y casi aterciopelada.

—Apuesto doce gemas doradas de Taas a que ustedes nunca lo harán—y llevé la jarra a los labios para terminarme lo poco que quedaba en el fondo mientras Yso me miraba como si no entendiera mis palabras y una oleada de risas se propagó por la sala. Al final, Yso tuvo que reír también aunque no entendiera por qué.

Le dejé tres gemas de Taas al tabernero y me levanté del asiento con somnolencia, las gemas de Taas habían llenado las arcas del reino y en el palacio pagaban con ellas. Al final, las pomposidades del señor vasallo no habían ayudado al príncipe Trazgranis a conseguir a la princesa y se habían ido de Vegeta sin Bra y con los bolsillos más ligeros.

Apenas di unos pasos cuando Pepper se puso en mi camino. Era tan baja como la princesa pero más tosca, con el pelo oscuro y enmarañado que le caía hasta la espalda baja, y una sonrisa cruel. Recordaba la vez en la que se rompió la lengua durante un entrenamiento y reía con los dientes manchados con su sangre. La chica se mordió una y otra vez la lengua para sonreír con sangre y retener el apodo que tanto te gustaba. Era Pepper Sonrisasangrienta.

—Te ves guapo de capa—me dijo con una sonrisa e imagine la sangre que no tenía en las encías. Gruñí con un poco de rechazo.

—No es la capa—repuse y me dispuse a retirarme de la taberna cuando ella se coló en mi camino con la misma agilidad felina que le recordaba.

—¿Qué ocurre? ¿La princesa te hizo hacer un juramento de castidad? —repuso otra vez con esa sonrisa que me daba escalofríos. —¿O te estás guardando para ella? —me ronroneó mientras se me acercaba y desenrollaba su cola para rozarme con ella, los vellos gruesos me erizaron la piel del brazo izquierdo. Le sonreí con los labios apretados y me pregunté si se llenaría de sangre si llegaba a besarla.

—Tío—me llamó Goten desde la puerta con un tono severo y Pepper Sonrisasangrienta se alejó de mí como si la hubiera empujado, se pegó a la pared con el pelo en la cara y una risa asomándose en sus labios. Goten era más consejero de guerra que guardia real y su rango más elevado que el mío me hizo enfurecer, a los ojos de muchos yo era la niñera de la princesa y ella ciertamente me veía como una amiga más a la que podía contarle sus chismes, problemas y pensamientos más superficiales. —Se te requiere en el palacio en este momento.

Y sin más se fue de la taberna y noté el pequeño grupo que lo acompañaba, tres centinelas lo había escoltado por mero protocolo, se sabía que Goten era mucho más fuerte de lo que aparentaba y es que de niño se había entrenado bajo el alero del rey Vegeta antes de que muriera, y siguió entrenándose como un príncipe al lado de Trunks en las cámaras reales. Me pregunté si el resentimiento que me tenía era porque lo despreciaba por ser híbrido o porque la princesa prefería mi compañía a la de él.

Fruncí tanto la boca como el entrecejo y escuché la risa venenosa de Pepper a mi lado, si no la conociera como lo hacía, habría jurado que eran risas celosas pero yo era Radditz, la niñera de la princesa. Ser guardia real de una mujer era humillante y solía corresponderles a las mujeres como Seripa.

—Tu pequeña princesa te espera—me ordenó con la voz cargada de resentimiento y burla, la princesa valía mucho más que cualquiera de las burdas guerreras que teníamos en el planeta. Las guerreras eran compañeras de guerra y cama pero la princesa prometía un espacio en el trono. Bra era seda y las guerreras, un pedazo de cuero.

Habían llegado juegos desde las colonias como regalos para la princesa y me la encontré descifrando los tableros junto a sus sirvientas arrodilladas, una de las cuales conocían el idioma de la periferia y le ayudaban a desarrollar una estrategia torpe para las piezas bélicas. Había monstruos bicéfalos con tres lenguas, pájaros con escamas en vez de plumas, seres verdes con manchones rosados, piezas que parecían humanos y hasta soldados saiyan. Cuando entré a la habitación, la princesa sacó del asiento a la sirvienta que la enfrentaba y me hizo ubicarme frente a ella.

—Me ha llegado un juego desde Um, aunque no puedo pronunciar su nombre—me dijo mientras intentaba leer el nombre y una sirvienta lo hizo en su lugar, su garganta vibró dos veces y después gruñó. No parecía reproducible por nosotros—. De todas formas, quiero jugar contigo, Radditz. ¿Conoces estas razas?

Las di un vistazo rápido a las piezas talladas en piedras, no todas las conocía y me aventuraba a decir que muchas ya no existían, y la princesa me miró con anhelo. Las piezas eran lo más cercano a conocer el exterior del palacio y a las colonias extranjeras y mundos lejanos.

—No todas—expresé con un poco de resignación, no importaba cuánto me negara a decirlo, seguía siendo la niñera de la princesa. Bra levantó las cejas con sorpresa pero no me dijo nada cuando empecé a tomarlas con apenas dos dedos, las piezas eran endemoniadamente chicas—, ésta representa alguien de las colonias en Fesvos, de Santirrj quizás. Calade, Triqilzha, Valotin, Tol, Torr, Missaii, Razhek—señalé todas las piezas que reconocía mientras recitaba y la princesa las repetía en silencio como para memorizarlas. Al llegar a las últimas, no supe qué decir. No conocía mundos de nativos verde y rosado ni monstruosidades de dos cabezas. La princesa me instó a continuar pero yo negué con la cabeza—, las otras piezas no las conozco, princesa.

La genuina cara de tristeza de Bra me hizo desviar la mirada hacia sus sirvientas y ellas, a su vez, miraron al piso. Las dos arrodilladas me temían.

—Mi tío—comenzó sin saber cómo seguir—, está en Qeledis, ¿verdad?

Aquella pregunta me pilló desprevenido, había dejado de pensar en Tarble muchos años atrás y me pregunté si la princesa estaba pensando en que él podía reclamar el trono si Trunks llegara a morir. Quise preguntar qué había sido del entrenamiento que el rey había dirigido pero Bra ya estaba perfumada y vestida con las telas etéreas de las colonias, y no había indicio en ella de maltrato alguno.

—Qeledis es el último lugar en el que se le vio vivo—le dije y ella apartó la mirada. Fruncí el entrecejo con extrañeza. No tenía pensado inmiscuirme con los temas de la princesa más de lo que ya hacía y aunque cayera en la tentación, Bra reanudó el tema antes de que lo hiciera.

—¿Y estará vivo? —preguntó inocentemente mientras pensaba que el destino de Tarble podía compartirlo también.

—No lo sé, ni me interesa—me recosté en el respaldo de la silla mirando las piezas con curiosidad, no tenía idea de cómo se podía jugar algo bélico en un tablero sin tener que chocar las piezas entre sí hasta que se rompieran. No levanté la vista hasta que sentí el silencio de la princesa y cuando la encaré, ella me miraba con el ceño fruncido como si la hubiese ofendido.

—Cuéntame su historia, Radditz. Cuéntame cómo exiliaron a mi tío—su orden salió venenosa y se me vino a la mente el príncipe Tazgranis en los jardines secos del palacio. Levanté una ceja por la impresión—. Ahora.

—Pensé que íbamos a jugar—puntualicé un tanto decepcionado y ella sonrió sin dejar de fruncir el ceño.

—Nunca te dije a qué. —Y se forzó a sonreír para adornar su decisión, me encogí de hombros con disgusto. Apenas recordaba lo que había sucedido en esos momentos cuando el rey Vegeta, abuelo de Bra, seguía vivo. Me demoré un tanto en recordar y las cortinas de la habitación de la princesa comenzaron a moverse hacia adentro y hacia afuera en un vaivén que dictaminaba el viento, fruncí el ceño al recordar y Bra me miró las reacciones con suspenso, expectante y dispuesta a no interrumpirme mi meditación. Abrí la boca sin decir nada una vez y luego la cerré cuando me corregí mentalmente, no empezaba desde ahí, era mucho más atrás en la historia.

—Tarble fue siempre un debilucho, incluso al momento de nacer estuvo a punto de morir. El rey Vegeta ni siquiera quiso conocerlo—gruñí la explicación y al pensarlo mejor, me reí—, bueno, eventualmente lo hizo después que la reina salió de la enfermería. El niño siguió teniendo problemas de respiración y vomitaba la leche materna, días después de haber nacido y el rey Vegeta comenzó a desesperar. «El niño debe morir», le había dicho a su reina pero ella, que era naturalmente blanda con sus hijos, se negó y el rey le quitó a Tarble del pecho y se lo llevó a una nodriza porque no soportaba verlo llorar. Dicen que la leche agria lo hizo más débil pero de alguna manera pudo sobrevivir y creció bajo la sombra de su hermano mayor, el verdadero hijo del rey Vegeta.

—Mi padre—susurró Bra con un poco de terror, su abuelo era despiadado y no esperaba menos de su padre.

—Así es, princesa, tu padre. El príncipe Vegeta fue un prodigio desde que había nacido, todo el mundo lo sabía y por mucho que el príncipe Tarble se quisiera parecer a él, su hermano siempre lo derrotaba. Tarble creció demasiado apegado a su madre, la reina, y se volvió blando de espíritu. Tanto el rey como el príncipe Vegeta renegaron de él con rapidez y el príncipe debilucho quiso compensar su inferioridad completando una misión para su padre.

—¿Y lo logró? —preguntó la princesa con un poco de esperanza y yo me pegué al respaldo de mi asiento con una sonrisa torcida. A Bra se le borró su sonrisa de golpe.

—Por supuesto que no, era un debilucho—le dije con un fruncimiento del entrecejo pero después le sonreí—. Tarble llegó derrotado a Vegeta y el rey no le habló más. El príncipe Vegeta se burló de él, «tú no eres un príncipe, si lo fueras te llamarías Vegeta pero eres Tarble, el perdedor», le dijo. Y Tarble, deshonrado y débil, volvió a embarcarse en la misión para remediar los resultados pero su nave cayó en un planeta virgen y quedó mal herido.

A Bra no le parecía una buena historia y arrugó la nariz, su tío Tarble tenía muy mala suerte y casi sintió pena por él. «Debería sentir misericordia», pensó la princesa mientras imaginaba que ella podía compartir su mismo destino.

—Los nativos del planeta fueron en su auxilio y le curaron las heridas. Tres semanas pasaron sin saber de Tarble y sólo la reina lo lloró—sonreí de lado una vez más y la princesa pensó que la historia había terminado.

—¿Está muerto? —preguntó con un poco de sorpresa y vi que las sirvientas también estaban prestando atención pero cuando las miré, amansaron la cabeza con rapidez. Seguían temiéndome.

—Eso sería muy patético, incluso para Tarble. Pero no, princesa, no murió. Los nativos lo salvaron y Tarble decidió que no iría a levantar una mano en contra de ningún pueblo. No iría a participar de una invasión ni dar el consentimiento de alguna forma de conquista. Pero, ¿cómo lo haría si era un debilucho se preguntara la princesa? —la chiquilla asintió como hipnotizada y reí suavemente—. Tarble volvió a Vegeta cuando debió haberse quedado en esa basura de planeta y el príncipe Vegeta casi lo asesinó, dicen que antes de dar el golpe final se arrepintió de darlo y el rey lo exilió. Su nave se dirigió a Qeledis y la reina le suplicó al príncipe que trajera de vuelta a su hermano pero cuando llegaron a su destino no lo encontraron.

La princesa bajó el mentón hasta casi pegarlo con el cuello y me miró con una detención grave, después miró a sus sirvientas y les dijo una palabra extranjera con un acento torpe. Era como una palabra clave para que nadie más supiera qué era lo que quería y las sirvientas amansaron la cabeza y se fueron. No me cabía duda que después de cerrar la puerta, habían pegado la oreja para escuchar, quizás llamando a alguien para que viniera a vigilar. Me urgía que me dijera que me retirara. No dije nada y el fuego de los braseros siseó en medio de ese silencio.

—Soy Tarble y Trunks es Vegeta, ¿verdad? —aquello no me hizo sentido al principio y la princesa me insistió, y me levanté de mi asiento tan bruscamente que Bra se sobresaltó. La princesa desorbitó los ojos en un intento de aplacar el grito de sorpresa. No dije nada y nos quedamos mirando desde lados opuestos de su habitación, yo violento y ella suplicante—. Dímelo.

—No sé de lo que me hablas, princesa—le respondí con el ceño fruncido y la mandíbula apretada, Bra no daba la orden que me fuera.

—¿Eres mi amigo verdad? Jamás me traicionarías.—La hija de Vegeta habló con una voz que me recordó que era una niña que intentaba ser madura, arrugué la nariz.

—No soy tu amigo, soy tu guardia—puntualicé. «Y no te traicionaré hasta que me des el collar.»—Me iré—susurré para disculparme con la intención de que no me escuchara pero la voz de la princesa me detuvo al dar apenas dos pasos. Gruñí mientras apretaba los labios.

—No te puedes ir—exclamó mientras me miraba con más intensidad, no aguanté ese lila por mucho tiempo y desvié la cabeza hacia el único lugar que me reconfortaba. La salida.

Bra recogió una pieza que representaba a un soldado saiyan y le dio una vuelta con las yemas de sus dedos.

—¿Qué diría mi padre si estuviera vivo ahora? ¿Estaría ofendido si supiera que no sé luchar? —de nuevo tenía la voz seria y apreté los ojos con fuerza. «Maldita híbrida.»

—No lo sé, princesa, Vegeta nos sorprendió a todos cuando escogió a tu madre—le respondí intentando sonar manso pero mis palabras salieron de mi garganta con aspereza. La princesa no se dio por aludida y miró la pieza con el ceño ligeramente fruncido, se veía faustuosa con el pelo y los ojos lilas, y el vestido blanco que constaba de varias capas de tela traslúcida que no dejaba ver más allá.

—Me preguntó qué diría, hasta podría decir que no lo conocí. Apenas lo recuerdo…—reflexionó como si estuviera sola y dejó la pieza sobre el tablero, las demás seguían tiradas mientras que el saiyan se encontraba de pie y se formó una coincidencia precisa. No entendía a dónde quería llegar la princesa teniéndome encerrado en su habitación y me sacudí ansioso con los brazos detrás de la espalda—. Pero no quiero oír más historias esta noche…—abrí un tanto los ojos al darme cuenta que su primer impulso fue hacerme contar una historia de Vegeta.

—Qué es lo que quieres—le pregunté más ansioso que nunca y ella me reprochó con su lila unos momentos. Había sido demasiado brusco.

—Quiero ser reina—me dijo con una sinceridad tosca—, pero eso no significa que quiera asesinar a mi hermano. Me dijeron que antes del incidente en la recepción del señor de Taas eras un soldado más en el batallón amarillo—aquello me ofendió, odiaba mi pasado—. Batallón amarillo de asedio. Tu poder de pelea no era más que un insulto para Bardock pero después… Después hiciste algo que disparó tus características y mi hermano te tuvo que promover. Ahora eres guardia real.

—A qué viene todo eso—quise sonar despreocupado, la manzana dorada de Desconocido no debía ser mencionada jamás.

—Quiero saber lo que hiciste para alcanzar ese poder. Lo quiero. Lo quiero para mí—la princesa titubeo y yo sonreí.


Los pasos de Zarbon eran seguros y los de Dodoria, pesados. Ambos iban lado a lado dirigiéndose al mismo destino pero los semblantes eran distintos. Zarbon lucía una sonrisa eterna desde que la pequeña princesa se le había rendido a los pies sin que él hiciera el mayor esfuerzo. Lo que se decía de ella era cierto, era agraciada como era la madre pero totalmente dócil como no era Vegeta y Zarbon tuvo la oportunidad de manipularla infinidad de veces antes de que estuviera seguro que los terrenos eran firmes. La chica le daría todo, incluso la vida, si llegaba a tomarla por esposa y Zarbon no iría a perder la oportunidad de gobernar al planeta Vegeta a su lado. «Y cuando llegue el momento, la encerraré en un calabozo hasta que sus huesos estén tan limpios como piedras.»

Dodoria, en cambio, sólo iría a recitar la misma petición que repetía cada vez que había una audiencia con su soberano.

—Envíe a Kiwi en mi lugar, mi señor. Es mi subordinado, sabe qué debo hacer en el planeta Vegeta, no es necesario que vaya. —«Cuando se liberara juró que me cazaría, me mataría. Me matará, me matará.» Y Dodoria temblaba ante la posibilidad de encontrar a Bardock por los pasillos del palacio.

—Bardock no te matará, Dodoria, no seas un tonto. Trunks le tiene puesto un bozal—le decía el general verde con molestia mientras la figura del bicho rosado se estremecía con terror.

Y después Zarbon sonreía al pensar en Trunks. Llegado el momento, él mismo iría a matar al rey de reyes y le llevaría la cabeza a su señor dentro de una bolsa mugrienta y mohosa, digna de la realeza de Vegeta, para que Freezer lo coronara como rey regente de los salvajes con la pequeña princesa a su lado, el tiempo necesario para amansar a los soldados antes de prescindir de la presencia de Bra. Zarbon tendría lo que merecía, un planeta que gobernar y al ejército más poderoso de salvajes al que dirigir.

«Y a Bra, esa pequeña ratita obediente.»

Freezer estaba tomando un fermentado rojo y succionó un gusano verde que todavía coleteaba para escapar, los dos subordinados hincaron las rodillas. El emperador del universo conocido los miró con indiferencia y les hizo un gesto con la mano para que hablaran mientras se secaba los labios carnosos con un trozo de tela suave. Por supuesto que Zarbon fue el primero en hablar, las peticiones lastimosas siempre iban al final.

—Mi señor—comenzó mientras se ponía de pie con un movimiento grácil. La trenza verde cayó pesada detrás de su espalda.

—¿Alguna noticia favorable? ¿La pequeña princesa ha comenzado a hablar? —Preguntó Freezer. Dodoria tembló mientras se imaginaba a Bardock saltar sobre él para matarlo y apenas captó lo que había dicho su soberano.

—No, mi señor, pero lo hará pronto. Los espías hablan de la reunión de amuletos—aquello hizo que Freezer prestara más atención.

—¿Ya has localizado lo que Vegeta me ha robado? —A Freezer le dolía recordar ese evento que terminó por dar la orden de matar a su protegido, no podía llegar a susurrar «cristal azul» sin sentir ira. Zarbon apretó los labios.

—No, mi señor. Vegeta lo hizo desaparecer antes de morir—mintió, Zarbon sabía que los fragmentos del cristal decoraban los collares de la reina y de Bra, y la empuñadura de la espada de Trunks. Era parte de su plan. —Los reportes son muy confusos, hablan de cuentos para niños y canciones de cuna. La princesa debe estar vinculada, ella está obsesionada con los cuentos infantiles. Es sabido por todos.

—Entonces, encuéntralo. Quiero saber qué es lo que pasa en ese mugroso planeta antes de aniquilarlo—expresó con los labios contraídos en una línea delgada. Zarbon se estremeció, todo lo que había hecho desde Número 18 hasta la princesa Bra había sido para un propósito y era ser rey de Vegeta. Si Freezer llegaba a destruirlo…—Me está cansando ese rey de reyes. ¿Dónde está Gohan? Necesito hacerle una proposición.

—Sí, mi señor—y el bicho rosado se fue, a Zarbon le dio un escalofrío cuando se sintió solo junto a Freezer. El emperador del universo conocido jamás iría a verlo como al desaparecido de Vegeta.

Freezer le dio un sorbo a su copa de fermentado y se secó los labios carnosos una vez más, y miró a Zarbon con unos ojos inquisidores. A Zarbon le dio la sensación que podían calar su mente y leer lo que estaba planeando, y retrocedió un paso, nervioso porque su señor supiera que le había mentido. ¿Podría matarlo como lo hizo con Vegeta? Por supuesto que sí, él no era Vegeta y si a Freezer se había demorado en dar la orden de ejecutarlo, con él no tardaría ni un segundo. Zarbon estaba seguro que el emperador le iba a reprochar algo cuando Gohan entró junto a Dodoria y suspiró con alivio, si llegaba a descubrirlo, moriría.

Gohan le dedicó una mirada seria y cuando adelantó a Zarbon un paso, el híbrido hincó una rodilla en la baldosa y esperó a que su señor le hablara. La capa blanca de los federados flotó unos momentos antes de quedar planchada sobre el suelo y a Zarbon le pareció que era aún más brillante que la suya…

—Mi querido Gohan, muchas lunas sin verte—comenzó el emperador del universo conocido con una sonrisa genuina y Zarbon se escandalizó, ¿tendría una especial fijación con los saiyan? Miró a Dodoria y el bicho rosado parecía tan desconcertado como él. Freezer se encaramó sobre su trono flotante para ver a Gohan con más detención, era su segundo Vegeta—. Me temo que Zarbon no te ha recompensado como debiese, eres mucho mejor general que cualquiera de los inútiles que tengo.

—Mi señor—expresó como única respuesta, su voz era profunda y obediente pero el ceño fruncido lo hacía ver feroz.

—Verás, tengo un pequeño problema con una alimaña y necesito que la extermines—miró a Zarbon con una sonrisa venenosa—, el soldado Zarbon me ha prometido por años que él se encargará pero esta alimaña sigue viva…

—¿A quién debo eliminar? —preguntó el híbrido con seriedad y Zarbon frunció el ceño, ofendido. Freezer comenzó a reír con la boca cerrada y miró a su general verdoso con atención. La orden se la daba a Gohan pero observaba a Zarbon…

—Si llegas a cumplir, la recompensa será muy grande—hizo una pausa para reír suavemente—, detendré el asedio que tiene la Tierra y te la daré pero antes debes eliminar al rey de reyes.


Sólo cuando los pasos que sacaron murmullos de las paredes, Marron comprendió que el consejero de las alucinaciones iría a acompañarlos y apartó la mirada con temor. Se recordaba de la lengua de Beet, rebotando en el suelo y sonando pegajosa, y frunció los labios con ansiedad. Trunks le puso una mano sobre el hombro y se obligó a sonreír cuando lo miró a los ojos lilas.

—No temas—le dijo con voz queda y el rey de reyes le sonrió, después pasó una mano enguantada acarició sus hebras doradas. Una sonrisa revoloteó en los labios de Marron, se sintió más segura—. Él no te hará daño, los puros suelen tener deseos que nosotros no tenemos.

«Un híbrido como tú no lo entendería», le había dicho Bardock en tono calmo cuando los comandantes se habían ido a los calabozos y Bulma se había retirado a su habitación, temblando. Goten se quedó unos momentos junto a él y contemplaron el cuerpo de Beet y su cabeza destrozada, sin ojos ni lengua no podría hacer nada en el otro mundo, contaban las leyendas de los mundos de la periferia. Al cabo de unos momentos, retiraron el cuerpo pero la mancha que evidenciaba el lugar donde Bardock lo había asesinado no se iría jamás.

—Lo sé—le dijo con tristeza, sabía el hambre de combate y sangre que invadía a Brolly cada cierto tiempo y que lo volvían loco. Una lágrima solitaria acarició la mejilla de Marron cuando recordó su vida en el planeta de Brolly y Trunks se la quitó con un pulgar suavemente.

—No temas—repitió una vez más y las manos enguantadas le cubrieron las orejas cuando el rey se le acercó a la frente y Marron sintió su respirar suave y cálido. El beso se quedó más tiempo del que se quedaron así y lo siguió sintiendo después de que él se girara para encontrarse con Bardock.

—¿Mi señor? —El consejero de las alucinaciones se alarmó en cuanto una capa larga con capucha llegó a sus manos, los colores de la tela eran sombríos y casi no tenían terminaciones, era casi como las que usaban los arrodillados más humildes. Trunks ya se había puesto la suya y con las manos, ocultó las hebras lilas que lo distinguían como el rey del planeta Vegeta. Marron sonreía y su cabeza amarilla sobresalía de su capa mugrienta como si se tratara de oro.

—Quiero ver a los humanos—pero Bardock sabía que ese era el deseo de la chica y él sólo intentaba encubrirla. El verdugo del rey frunció el ceño con desconfianza, desde que la consejera había llegado, Trunks hacía todo lo que estaba en su poder para complacerla.

—No creo que sea una buena idea, Trunks—dijo el guardia real con la voz plana mientras el rey acomodó la capucha de su acompañante con suavidad. Marron sonrió y Bardock gruñó.

—Pienso que es una idea excelente—replicó con seriedad el rey y Bardock no tuvo más remedio que acatar, con la cabeza mansa.

El grupo salió del palacio por la puerta de servicio pero Bardock optó por llevar la cabeza descubierta porque no le agradaba parecer un fugitivo. La noche era diáfana y las estrellas se veían como pequeñas luciérnagas titilantes, no había luna decorando el cielo pero a Marron le bastó con los soles distantes.

Caminaron por las calles de polvillo sangriento y las botas blancas de Trunks se tiñeron en la punta. No les tomó mucho tiempo entrar en la zona que a los saiyan se les estaba vetada por mero asco, la ciudad de los pueblos arrodillados. Era un sector casi marginal y las construcciones eran tan dispares que parecía un desorden de estilos, había domos de piedra, cuadrados y pirámides. Bardock puso mala cara pero los híbridos sonrieron, Trunks no se explicó por qué no había ido antes. Era como tener a sus vasallas desfilando en un solo lugar.

Las instrucciones eran claras, debían caminar hasta que el suelo cambiara de tonalidad y se volviera más oscuro, como la sangre vieja. La arena habría sido removida por los nuevos huéspedes de Vegeta, los terrícolas habían alargado el pasaje de los arrodillados hasta que la hilera nueva de casas esféricas quedara adyacente y Marron reconoció mercados pobres, almacenes y tabernas. La rubia intentó recordar todas las historias de su padre Krillin sobre la Tierra pero no acudió a ella una imagen clara de sus calles.

—Aquí—dijo el rey mientras apuntaba un local que tenía las puertas abiertas y en que se veía gente en su interior. Bardock no mejoró la cara que tenía y comenzó a arrugar la nariz.

—Preferiría quedarme afuera—se excusó el guerrero de pura casta pero su rey comenzó a reír con burla.

—Vamos, Bardock, ¿no le tendrás miedo a las mujeres terrícolas? —era clara la negativa disfrazada que había dado Trunks y el consejero de las alucinaciones no tuvo más remedio que entrar, escoltando a la pareja híbrida de terrícola.

El aire era denso y ruidoso, y aunque los primeros habían llegado bajo un manto de tristeza y odio, estos humanos bebían licor verde, amarillo como la orina y rojo como el fuego. Algunos cantaban, otros sólo gritaban insultos hacia los guerreros que los habían atacado primero pero debajo de todas esas palabrerías y canciones sin melodía, había una música patética. A Trunks se le hizo difícil mantenerse impasible después de escuchar tanta ofensa hacia su familia, a él y a su pueblo.

Optaron por sentarse a lo largo de un tablón que pretendía ser una mesa y de inmediato llegó una terrícola para ponerles dos cuencos en frente de ellos para llenarlos con el licor de turno, el meado amarillo. La terrícola miró a Bardock que sólo se había parado atrás de la pareja y no pretendía sentarse, y frunció el ceño. Escudriñó en su cintura pero la capa le cubría todo el torso y sólo dejaba ver desde las rodillas hasta los pies, además de la cabeza.

—No parecen de por acá—analizó con brusquedad la cantinera, los humanos eran desconfiados y Trunks no podía mirarla más allá de la cintura, temía que si levantaba la cabeza y la luz iluminaba sus ojos, reconocerían el lila de la realeza saiyan.

—Somos nuevos—habló Trunks sin levantar la cabeza ni sacarse la capucha y se limitó a tomar del cuenco la sustancia amarilla. Marron la miró directo a los ojos y se descubrió la cabeza con seguridad, el rubio era tan normal entre los terrícolas que no la sorprendería—. Por favor, siéntate—ordenó con voz queda a Bardock y el veterano terminó por hacerlo con mala cara. La terrícola le sirvió un poco de licor amarillo pero el guardia no lo bebió.

—Muchas gracias—agradeció la rubia en tanto la cantinera había terminado su trabajo y se disponía a irse. La terrícola no se imputó, la miró unos momentos con la cara seria y se marchó.

Un grito desgarrador provino de la esquina más interior de la sala y una mujer de cabellera tan negra como una noche sin luna se abalanzó hacia Bardock con rapidez. El veterano se levantó del banco de un salto con la impresión de que lo estaban atacando pero se contuvo cuando el rey de reyes le ordenaba que se calmara. Ni Trunks ni Marron comprendieron la naturaleza del arrebato de la terrícola y de un momento a otro, la mujer comenzó a sollozar mientras sostenía la cintura del veterano y Bardock mascullaba una maldición e intentaba quitársela de encima.

—Mi amor…Mis hijos, ¿dónde están? Dime dónde…—dijo entre llanto y Marron se le acercó con suavidad. —Mi amado, mis hijos… ¿A dónde te habías ido? Goku…

—Suéltame, no soy Goku. —Aun si Bardock hubiese querido zamarrearla con fuerza, Trunks lo impediría e intentó separarse del abrazo lastimoso de la terrícola. El rey se le acercó con sorpresa, reconocía aquel nombre… era el nombre que Gohan mencionaba como el de su padre.

—Señora, ¿quiénes son sus hijos? —cuestionó con estupefacción el primogénito de Vegeta, conteniendo la respiración.

—¿Entonces eres el fantasma de mi Goku? ¿Has venido a atormentarme? —la mujer hizo caso omiso del rey y Bardock gruñó con rabia.

—No soy ningún fantasma, soy Bardock, soy…

—Es el padre de Goku—culminó Trunks con la voz pétrea y Chichi se echó para atrás como si estuviera tocando fuego. La madre de Gohan no tuvo las fuerzas para echarse a llorar por la impresión y hasta el tacto con las manos de Marron sobre sus hombros la hizo gritar descontrolada. Sólo las palabras cálidas y suaves de la niña la hicieron llorar otra vez, un poco más calmada.

Trunks se le acercó a su guardia real con impaciencia; Bardock estaba tan alterado como él, dando gruñidos y seguro empezaría una pelea si alguien distinto al rey se le acercaba demasiado.

—Es la esposa de tu hijo, Bardock, de Kakarotto—aunque supiera que los niños salían de la entrepierna de las mujeres, a Bardock jamás se le ocurrió pensar en la madre de sus nietos. Para él, un día aparecieron y comenzaron a existir, y la extraña que tenía al frente no tenía nada que ver en eso.

—Así que es cierto. Goku sigue muerto y mis hijos…—Chichi se vio interrumpida cuando el hipo del llanto cortó su frase.

—¿Qué le pasó a tus hijos? —preguntó Marron con suavidad, conocía la historia, Gohan se la había contado una tarde en el planeta de Brolly. Un guerrero dorado había caído del cielo y los comenzó a atacar, no pudiendo hacer nada más que escapar. Gohan estaba convencido de que su madre había muerto y por eso Número 18 se los llevó a Vegeta.

—Esa zorra me quitó—sollozó Chichi con los ojos enrojecidos por el llanto, Marron retrocedió con temor. Estaba segura de que su madre no había cometido el crimen que mantenía a Chichi en un estado tan violento.


Nota de la Autora: Hola, éste capítulo ha sido por lejos el más jodido de escribir D: había escrito casi todo hace una semana pero sólo las escenas de Radditz y de Bra, que fueron las más fáciles pero que ahora las odio xD Me vuelve a encantar Trunks y Marron aunque me cuesten, son tan tiernos que debo ser cauta. Si creyeron que su unión fue inesperada, creo que haré una escena próximamente del cómo, a modo de recuerdo de alguno de los dos pero aún no estoy muy segura de eso xD

Bardock. Estaba escuchando una canción de Aina, que se llama Beast within y de ahí salió lo de sus ansias de sangre, me parece bastante IC puesto que por mucho que él haya querido salvar a su planeta y detener a Freezer, él seguía arrasando planetas xD Y Trunks ni Goten ni Gohan serían capaces de hacerlo...

Gohan... Lo instigarán a matar a Trunks xD y todo por la Tierra jajaja lo dejé entre la espada y la pared, qué hará?xD Chichi apareció, cómo reaccionará Gohan cuando sepa que en realidad no había muerto y que 18 la dejó atrás? Piénsenlo jaja Goten no apareció mucho pero prometo que lo hará después, éste fue más que nada de Trunks, Marron, Bra, Raditz y Bardock xD

Y no se me ocurre qué más decir, seguramente después de subido lo sabré xD

Gracias a Prl16, Jazmin, Filonauta, yukkoame y a Sybilla's Song en el capítulo 30. Ya son 31! xDDDD

Besos, RP.