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Las dos reinas: el oro y el negro


La princesa se llevó una mano al cuello con suavidad y su propio tacto la hizo sentir su piel de gallina cuando delineó su clavícula con la yema de sus dedos. Las manos ajenas emergieron de la oscuridad de la pieza, iluminada sólo con unos braseros lejanos, y la tocaron en buscar de zonas ennegrecidas con la vista en el espejo. El pecho, las costillas, los hombros y ambas clavículas estaban marcados por moretones oscuros que se harían negros con el pasar de las horas, y Bra sabía que debía ocultarlos bajo sus vestidos y joyas, con el pelo suelo quizás…

La desnudez le arrancó un temblor y la sirvienta que le masajeaba las marcas con el pulgar frío, dejó su tarea para cubrirla con una bata larga y suave. Los moretones del entrenamiento con la armadura «mágica» eran violáceos y comenzaban a proliferar conforme iba mejorando su resistencia. Bra logró incluso girar sobre las puntas de los pies entorno mío, para demostrarme su ligereza. Los dedos de sus pies estaban violetas después de su demostración pero las heridas se curan y la fuerza queda, y Bra estaba segura de que lograría pararse en la cámara de su padre, al primer nivel, más temprano que tarde.

—Quiero el negro—manifestó la chica mientras se encaminaba a la cama para sentarse sobre ella. La otra sirvienta asintió una vez antes de atender su llamado y cuando se devolvió, traía el vestido que Bra había comprado después de su entrenamiento—. Y un collar, uno que cubra mis clavículas —la princesa miró a la segunda sirvienta de perfil—. ¿Dónde está Raditz?

—Afuera, princesa —respondió la vasalla sin levantar la vista del suelo—. ¿Quiere que lo haga pasar?

La princesa negó con la cabeza sin mucha fuerza y tuvo que replicar un fugaz «no» cuando la sirvienta no le entendió sin palabras. El que una muralla nos separara la dejó sin palabras cuando pensó en su desnudez y se arropó hasta el cuello con una sensación que no era del todo desagradable.

—Necesito vestirme primero —añadió un tanto molesta aunque no lo estuviera realmente. La sirvienta acudió con el vestido negro y le ayudó a quitarse la bata para encajarle el vestido que había adquirido esa misma tarde, se lo había ganado por levantarse del suelo con la armadura puesta todas las veces que la había empujado.

La última vez que se había incorporado, unas cuantas gotas de sudor tiñeron el suelo de oscuro y la rodeé en una medialuna acechándola, esperando el momento preciso en el que se pusiera sobre un pie para empujarla nuevamente al suelo. Pero la presencia del emisario hizo que me arrepintiera de mis actos y me rezagué dos pasos con la cabeza gacha mientras la princesa se levantaba con la cara sonrojada por el esfuerzo.

Su mensaje la hizo enfadar y cuando el emisario se retiró, la chica quedó muda de la impresión, lo que le decía el centinela simplemente no podría ser cierto. Y ahí estaba Bra, arreglándose el corpiño del vestido con la ayuda de una sirvienta mientras que la otra le intentaba borrar las marcas del entrenamiento con ungüentos alienígenas. El espejo que tenía al final de la habitación le servía para encararse a sí misma, Bra no se quitaba la vista de sus perlas lilas, con la cara endurecida por los celos y la molestia.

—¿La conoces? —me había preguntado mucho después de que el mensajero se había ido y noté cómo le temblaban las piernas por el cansancio, sin pensarlo me acerqué a sacarle la armadura mágica pero Bra se opuso, dando una vuelta en redondo para encararme de frente— ¿Conoces a esa chica?

—Sólo sé que sangra de la boca —mentí mientras levantaba una ceja y apoyaba una mano sobre el costado, pero ella lejos de creerme, afiló la mirada con desconfianza.

—No te atrevas a mentirme —me amenazó con una curva en la boca que intentaba ser una sonrisa, pero sus músculos estaban rígidos por la molestia y sus labios temblaban de coraje—, yo soy tu princesa y me debes tu lealtad. Sé que la conoces, dime si es confiable —las palabras de ella se arrastraban moribundas fuera de su garganta, sin adornos ni tonos altos, y una profunda y lenta exhalación dejó su nariz como si se tratara de un toro.

Una rápida mirada hacia el lugar en el que iba el collar del cristal azul sobre las clavículas de la princesa hizo que no tuviera más remedio que contarle todo lo que sabía de Pepper. Era despiadada, guerrera de nacimiento y la más hábil de toda la casta femenina, le gustaba la sangre y sin duda, era brutal en el campo de batalla. Una guerrera así destrozaría a la princesa en sólo dos movimientos, uno para acercarse y el otro para terminarla de un golpe. Y Bra escuchó todos mis relatos con la cabeza erguida sobre el cuello pero los ojos perdidos en mis botas, Pepper era todo lo que ella no era tanto como Bra era todo lo que no era Pepper. Cuando me quedé callado, la princesa se volteó a la salida y caminó rápidamente hacia su habitación, sin querer dirigirme la palabra. Bra se sentía un poco celosa de Pepper y era cosa de tiempo para llegar al punto de no poder compartir una habitación con ella.

Para cuando salió de la habitación, iba vestida de negro profundo y las telas se enredaban en el pecho como una maraña para caer como una cascada hasta el suelo, y el collar del cristal azul brilló sobre su cuello. No me miró cuando salió ni siquiera cuando me adelantó por el pasillo y me levanté de la muralla en la que estaba apoyado para seguirla, dejando unos pasos de diferencia.

Las puertas de la sala del trono nos recibieron completamente abiertas, como siempre se encontraban, y la multitud que se condensó en el interior dejó pasar a la princesa como si una fuerza invisible delineara un camino por donde Bra pasaba. Los murmullos hablaban de dos reinas, de la supuesta muerte de Bardock y la restitución de los consejeros de guerra a sus puestos. Sólo pude comprobar la tercera cuando divisé al final del corredor las figuras de Cabbage y Cucumber, sobre la plataforma del rey. El mudo detrás, a un lado del trono de la reina, y el bastardo al pie de las escaleras, con una sonrisa en sus labios y un nudo en sus brazos. No miré aquello con buenos ojos pero me limité a fruncir las cejas mientras seguía a la princesa hasta el segundo escalón de la plataforma, Bra no podía subir las escaleras por jerarquía aunque a veces acompañara a Trunks en el trono de su madre. Aquello ya no sería posible, el rey de reyes contaba con dos reinas ahora y Bra fue relegada al tercer puesto en el asunto de reemplazar y no creía posible que tanto Pepper como su madre se ausentaran el mismo día.

El calor de los braseros repartidos por toda la sala me arrancó una gota de sudor y apreté los labios con una sensación desagradable, mientras ponía un pie en el segundo peldaño y el otro en el tercero. Bra miró la plataforma con el rabillo de su ojo y divisó a su madre sentada en su trono y a su lado, el trono del rey se encontraba vacío. Tampoco vio a Seripa resguardándole la espalda, Bulma la había cedido a la rubia que brillaba por su ausencia. Goten había tomado su lugar y la princesa se sobresaltó cuando lo observó para encontrarlo con los ojos negros anclados a ella. Bra apartó la vista con rapidez, sabiéndose sorprendida, y se contuvo de espiar sólo hasta que el murmullo de la sala dio paso a un silencio. Trunks había llegado.

El joven rey se aproximó a su trono de la misma forma en la que la princesa lo había hecho y los hombres amansaron la cabeza cuando lo dejaron pasar. A simple vista era mucho el respeto que le tenían, pero tanto Bardock como Bulma le temían al soldado que agachaba la cabeza y que la levantaba insolentemente cuando dejaba de mirarlo. Pepper apareció unos quince pasos más rezagada, sonriendo sin poder ocultarlo y mirando a sus nuevos súbditos con la nariz levantada. Pepper era muy atractiva para ser una guerrera de casta pura, su pelo era alborotado y le llegaba hasta la espalda más baja, de ojos almendrados y de un color oscuro tan usual para la raza. Nada en ella hablaba de realeza, muchos ya confundían el color lila del pelo con la sangre más noble, olvidando que ese color era una insolencia en los tiempos de Vegeta y que procedía de un planeta lejano.

La princesa afiló la mirada cuando la aspirante a reina cruzó la vista con la suya, el oscuro y el lila se desafiaron, pero Pepper subió tres, cuatro escalones de la plataforma y le cerró un ojo con coquetería antes de dejar de mirarla. Bra por supuesto que bufó una maldición mientras apretaba los puños, el sólo hecho de que Pepper vistiera armadura cuando ella usaba un vestido de las colonias la hizo sentir fuera de lugar.

—La princesa está celosa —me incliné un tanto para alcanzar su oído y la sentí estremecer, para cuando me miró con el rabillo del ojo, sus cejas se fruncían.

—Cállate —mi pequeña intervención la hizo irritarse y me respondió con la voz contenida, apenas moviendo los labios—, ¡yo soy la hija de Vegeta! No tengo nada que envidiar de esa guerrera… —Aunque la princesa quisiera añadir un insulto como adjetivo, los labios se le cerraron cuando vio que Trunks la miraba desde el último peldaño de la plataforma. Quizás pidiéndole que se calmara, quizás sólo la estaba mirando. El rey de reyes no tenía una mejor expresión de la que tenía Bra y el semblante de Bulma tampoco denotaba felicidad.

La voz de Cabbage retumbó en todo el salón y Nappa dio un paso adelante desde la multitud hasta hacerse ver. No había subido a la plataforma como Cucumber, que le correspondía por derecho al ser miembro del consejo de guerra y cruzamos la vista sin gusto cuando el bastardo comenzaba la ceremonia.

—… El rey de reyes ha escuchado nuestro llamado al fin y ha accedido a darle herederos al trono de Vegeta, su padre, y del padre antes de él. El rey ha accedido a honrar a la figura de su padre con un enlace con la sangre más pura del planeta, más sólida para que la diluida se fortalezca… —ambos híbridos entrecerraron los ojos; él ofendido, ella culposa.

Trunks no decía nada y se limitaba a mirarlos a todos con el semblante furioso. A todo menos a Pepper, a su lado. El rey de reyes escuchó a Cabbage con detención, aguardando el fin de su discurso y deshizo sus puños un tanto sólo para que de su mano izquierda emergiera una cadena que terminaba en un medallón parecido al suyo pero en una versión más pequeña. El medallón de la reina que no estaba permitido para una extranjera como lo era Bulma y a Bra le pareció que la joya era demasiado nueva como para haber permanecido guardada, esperando a que apareciera la reina de sangre guerrera.

El rey de reyes cruzó miradas con el bastardo cuando el comandante terminó y Trunks se volteó hacia la reina que le habían impuesto, era la primera vez que Pepper y Trunks se encaraban. Si bien el híbrido pudo haberse cruzado con ella en las cámaras de entrenamiento, jamás se habría detenido a contemplarla más de lo que hacía con los demás de sus soldados. Pepper era igual que las demás, su aspecto no era memorable para él como lo era el cabello dorado.

El hijo de Vegeta no sostuvo los ojos almendrados de Pepper por mucho tiempo y apartó sus perlas lilas para tomar la cadena con las dos manos para pasarla por la cabeza de ella, desenredarla de su nariz y terminar por acomodarle el medallón entre las clavículas. La chica lo miró deseosa, buscando en todo momento aquellos ojos claros, pero cuando el rey terminó su parte del ritual, Trunks se volteó a la multitud con apuro.

—Que comience el festín —su voz no era del todo alta ni enérgica pero el silencio de los soldados bastó para que su mensaje se propagara por toda la sala. Un alarido colectivo se tragó cualquier palabra que quisiera agregar Cabbage y el rey de reyes se volteó buscando el trono.

En su trayecto no pensó en Pepper y no le dirigió la palabra en toda la celebración a menos de que fuera estrictamente necesario, y Bulma tampoco recibió un mejor trato. Trunks estaba enfadado con su madre por concretar esa unión y con su esposa porque no era Marron, y Pepper no tardaría en dar con la razón del gélido trato que recibía de parte de su rey.


Marron acarició el rostro de Bardock con un paño seco para limpiarlo del sudor que lo cubría cuando las visiones de su maldición se volvían violentas. Lo escuchó hablar algo que no logró entender en un principio por los temblores que parecían de frío y la híbrida de androide le subió las mantas que le cubrían las piernas hasta el cuello. Los susurros del consejero de las alucinaciones se hicieron más claros pero aun así le fue difícil hilar las frases. El bullicio de la sala del trono llegaban a esos rincones abandonados y Marron frunció el ceño con rabia, había elegido no asistir a la ceremonia pero no le dejaban de recordar que Trunks tomaba por esposa a una guerrera curtida, muy apropiada para un rey como lo era él.

Había escuchado por Goten que se llamaba Pepper pero le había asegurado que no era más linda que ella. «Pero es hija del planeta Vegeta y yo no soy la hija de Brolly.»

—Él no despertará —le dijo Seripa desde una esquina—, por más que lo cuides, Bardock no despertará. Está maldito. La fuerza no sirve de nada cuando te envenenan el alma.

—Bardock debe despertar —respondió la rubia pasándole el paño por ambas sienes y el veterano tiritó al callar. Su inconciencia era la culpable de que Trunks se hubiese desposado con la guerrera, mantener al pueblo contento era lo usual cuando no se tenía el poder de identificar a los sediciosos.

—No despertará a tiempo, niña. El rey ya debe haberla coronado —expresó la colona con la voz brusca y por un momento, Marron dejó de acariciar a Bardock en la frente. En el interior sabía que no podría evitar nunca un evento así y se sintió mezquina al pretender que el rey la elegiría a ella por sobre su seguridad. Trunks no velaría por sí mismo si no fuera para ganar la guerra que se avecinaba.

Los ojos de la híbrida con androide se encendieron como fuego y Marron comprendió que se pondría a llorar otra vez. Ella tensó los labios para que el temblar del mentón cesara y obligarse a no llorar, consiguiendo solamente sorberse la nariz. Ya le dolía la cabeza por lo mucho que había llorado, de forma explosiva y asfixiante. La rubia se pasó el dorso de la mano por la frente para despegar los mechones de las sienes, se sentía incómoda, y miró a Bardock con detención, intentando captar algún significado en las frases que continuamente iba diciendo. Casi no se le movía la boca al hablar y arrastraba las palabras porque no modulaba mucho. Su lengua estaba entumecida y los labios agrietados y rígidos.

—Me pregunto qué verá y qué está diciendo —expresó en voz alta sin esperar que Seripa respondiera algo, la colona sólo se limitaba a hablar lo que sabía y no perdía tiempo en hacer divagaciones.

«Dos reinas dijo la bruja y dos reinas hay», pensó con aflicción, amansando la cabeza como si Bardock pudiera verla. Luego, sonrió sin fuerza al comprender que daba el mismo resultado esconderse como no. «Desearía ver lo que ves, Bardock. Así podría saber lo que pasará conmigo», y sin poder resistirlo más, acarició la cicatriz del verdugo del rey con la punta de sus dedos. Pensó en su madre, en si seguía viva… En Brolly, en su eterna posición en su pequeño trono, mirando los dominios de su pequeño planeta a toda hora. Su mente divagó y recordó a su padre, sus historias sobre la Tierra, sus juegos; pensó en su tío, tan distante como cariñoso a la vez.

Antes de ponerse a llorar otra vez, los pasos de Goten la alertaron. No tuvo que ver hacia atrás para saber que era él, no podía ser nadie más que él, el rey estaba recluido en su banquete de matrimonio y sólo quedaba Goten en la gama de posibilidades. Bra apenas la miraba cuando se encontraban en el palacio y la reina madre sólo se limitaba a compartir con ella durante el consejo. Todos los demás la ignoraban por su mitad de nada que le había heredado su madre, la mitad androide que no tenía patria.

—Quiero estar sola, Goten, por favor —Marron se pasó la mano fría por la cara, esperando que se normalizara del sonrojo de llanto antes de que no tuviera más remedio que voltear. Escuchó los pasos ligeros de Seripa retirarse y la rubia aguantó la respiración. La colona no tenía ningún tipo de responsabilidad con ella, era normal que se fuera cuando se sintiera relevada de su favor.

—Estás junto a mi abuelo, no hay manera de que estés sola, Marron —por la manera en que le hablaba, Goten debía estar sonriendo dulcemente mientras se acercaba a ella con la capa roja ondeándole en el aire.

—Estoy bien si es que el rey te mandó a preguntarme —si Marron quiso sonar ruda, algo en su tono dulce lo dejó entrever y el híbrido exhaló aire de su nariz suavemente, como una risa oculta. Sin querer verlo, Marron sólo supo que Goten se había sentado junto a ella cuando el asiento se movió un poco.

—No he venido por él pero estoy seguro de que sí se lo está preguntando —como si estuviera oxidada, Marron movió la cabeza a tramos pequeños hacia él, con miedo a verlo. Goten le sonreía amenamente—. Y si te alegra saberlo, está huraño en su propia boda. Apenas mira a su flamante esposa y ella está que saca chispas.

—Por favor, no quiero saber. —Todavía se recordaba la caída, de lo repentino del empujón y todavía más repentino agarre de Trunks para salvarla. Sin dudarlo se había abrazado de él y cuando estuvo más calmada, comprendió que sin la caída jamás lo habría abrazado con tanta desesperación. Pero el rey de reyes había cambiado con ella, después del incidente entre Bardock y Beet, hizo todo el esfuerzo para devolverle lo que en ella había muerto ese día. «Estarás bien ahora, Marron, no te pudo hacer daño Beet como no lo hará nunca Brolly», le había prometido esa misma noche con una sonrisa y con tanta cercanía que podía sentir su respiración contra el rostro, aspirando lo que él exhalaba. Y lo había abrazado con tanta desesperación como cuando caía por el aire pero en la comodidad del suelo, a la luz de un brasero, y jamás la oscuridad se había sentido tan bien.

Cuando Marron despertó de su ensoñación, divisó al cuerpo de Bardock frente a ella y a su nieto a un lado, mirando lo que ella miraba pero perdido en sus propios pensamientos. ¿Qué quería Goten? ¿Qué era lo que deseaba estando ahí?

—¿Qué piensas que pasará ahora? —Marron no se sentía parte del planeta Vegeta ni tampoco de la Tierra, no se sentía con hogar como su madre pero esperaba que el hogar de su padre lo sintiera como tal algún día. Si la guerra llegaba al planeta Vegeta, ella no tendría dónde huir. Ni Goten ni Marron cruzaron miradas, sólo veían a Bardock— Los comandantes piensan que ganarán al atacar pero si perdemos, lo perderán todo.

Goten observó a su abuelo ladear la cabeza con la boca modulando pobremente, con un temblor suave que violentaba su respiración cada tantas bocanadas de aire. Por ningún momento pensó en encarar a la rubia y la chica se preguntó si la había escuchado.

—Vegeta solía decir que la mejor defensa es la ofensiva —aquello sonó a respuesta para Marron pero distaba mucho de la opinión de Goten—. No hay manera de saber lo que pasará sin mi abuelo pero no creo que ganemos esta guerra —aquello tomó por sorpresa a Marron y se volteó a verlo por primera vez desde su llegada. Goten sonaba serio mas no molesto—. Como también creo que no tenemos otra opción.

El ardor de los ojos los hizo rojos y Marron no tuvo más remedio que agachar la cabeza, si perdían no significaba otra cosa más que la muerte de Trunks. Intentó odiarlo como cuando se enteró de que se uniría a Pepper pero tal como esa vez, Marron no deseó más que su bienestar.

—Deben ganar, Trunks es la única esperanza de muchas colonias y mundos —«Y mía también.» Sin Brolly, ella y su madre serían libres. El ardor no sólo afectó a sus ojos y las palmas de sus manos se calentaron hasta que sintió un hormigueo de adormecimiento, el paño que había usado para secarle la frente al verdugo lo había estrujado demasiado para no ponerse a llorar.

—Haremos nuestro mejor esfuerzo —añadió Goten con una sonrisa y Marron volteó la cabeza cuando sintió que la miraba. Bastó un momento para que el consuelo del híbrido diera paso a una ansía de alivio—. Marron, la bruja dijo algo de mí que nadie sabe. Ni siquiera Trunks… —el menor encogió los hombros sintiéndose culpable— Gohan me enseñó a ver…

—No me digas nada —le interrumpió ella, apartando la mirada tan rápidamente que inquietó a Goten. A ella no le interesaban los secretos de él si tenía que revelar los suyos—, todos tenemos secretos. Todos somos unos mentirosos de alguna manera u otra.

Marron mentía sobre su progenitor, Goten ocultaba su capacidad de ver sin los ojos, y ambos sabían que Trunks no perdonaba las mentiras.


La comida y la bebida circulaban sin parar por toda la sala del trono y el bullicio y las risas de los ebrios hacían eco por todas las murallas. La princesa daba vueltas por las vecindades de la plataforma, sin la posibilidad de alejarse demasiado. El hervidero de soldados que se había vuelto la sala borró todo tramo que diera a la salida y la vi tambalearse entre los escalones y el suelo, intentando alcanzar a una chica que llevaba unas bebidas alcohólicas. Seguramente pensó que se trataba de algo suave, porque se lo llevó sin pensarlo a la boca y a duras penas pudo retenerlo dentro. Un titubeo me sugirió que sopesaba escupir el licor aunque terminó por tragárselo entero. La mueca de dolor que retorció su boca cuando sintió el sabor amargo todavía en la lengua y las serpientes de fuego que le bajaron por el pecho, hicieron que me pusiera a reír y me acerqué a ella los pasos que Bra se empecinaba a mantener entre nosotros.

Me tragué lo que tenía en la boca y me metí lo que llevaba en las manos antes de hablarle, todavía masticando. Bra me miró de frente por primera vez desde lo que supo lo de Pepper y rodó los ojos cuando supuso que me estaba riendo de ella. Bueno, quizás no suponía del todo mal.

—Nadie te necesita, Raditz. Ándate si quieres, disfruta este circo —me dijo antes de cruzarse de brazos y darme la espalda, enfadada. Le sonreí sin que me viera y cuando una sirvienta se aproximó con más licores, cogí dos con ambas manos y rodeé a la princesa, extendiéndole uno mientras me llevaba el otro a los labios.

—Disfruta conmigo, híbrida —espeté dándole un sorbo fugaz y Bra me miró aún más enfadada que antes, todavía confundía el ser híbrida con un insulto—. Vamos, Bra, no he dicho ninguna mentira, ¿o sí?

—No quiero beber —respondió con la voz apagada y casi sin modular con la boca, como si no quisiera que la entendiera. Alcé tanto los hombros como las cejas y me bebí el segundo trago sin inmutarme.

La hija de Vegeta me observó con el rabillo del ojo, sorprendida, esperaba que le insistiera como todos los demás en el palacio y me limité a mirar la sala en vez de ella. Era su niñera y debía ser su sombra si quería quedarme en el banquete, el estar afuera era el destino de muchos de los clase baja y era preferible estar dentro que privado de ese lujo. Bra deshizo el nudo de sus brazos cuando su berrinche no le resultó y me observó hasta que me di por enterado.

—Mira, princesa —le dije señalando con una mano—, incluso la nueva reina se está divirtiendo. Está bebiendo, comiendo y riendo con sus soldados como una verdadera reina guerrera. —Como si Pepper nos estuviera escuchando, nos dirigió una mirada desde lejos y sonrió con una ceja levantada, haciendo bufar a Bra de enfado.

—Ella no es reina, al menos no hasta que mi madre deje de ser la regente —las cejas lilas de Bra se volvieron a contraer cuando no le agradó lo que vio y comencé a reírme con burla. Si quería que dejara de irritarse, debía medir lo que decía y eso no lo iría a hacer—. Sé que la conoces, sé que no me dijiste todo lo que sabes de ella. Ella es mala, lo sé, no tiene madera de reina.

—La princesa está celosa —le insistí sin verla y ella intentó pegarme pero me moví antes que Bra pudiera concretarlo. El haber fallado en frente de mucha gente hizo que se muriera de vergüenza y quiso huir, pero la atajé del brazo—. No te irás.

—Sí me iré, te ordeno que me sueltes, Raditz —se contuvo de chillar mientras se liberaba de mí de un tirón con su brazo y la miré con las cejas fruncidas—, o gritaré.

Aquello me molestó excesivamente y estuve a punto de maldecirla como cuando estábamos entrenando pero la congregación de personas me hizo pensarlo dos veces. Maldije para mí mismo y fruncí los labios tanto como las cejas. Bra me desafió con sus ojos lilas unos momentos hasta cerciorarse de que no intentaría nada y se alejó con un trote ligero bajo mi mirada seria. Nadie la vio irse ni se percató de su ausencia hasta momentos más tarde y tracé el camino por donde desapareció sin poder dar un paso para seguirla como exigía mi cargo de guardia real.

Bra se perdió por el camino que daba a los calabozos, el único tramo libre para salir de la sala de los tronos. Años atrás, durante la revuelta de Paragus, los hombres que traicionaron a Vegeta entraron por ese pasillo húmedo cuando encerraron al rey, y Bra poco sabía de esa historia. Con cada paso que daba, la luz dejaba de existir y la princesa comenzó a arrepentirse de sus actos demasiado rápido como para continuar y se detuvo por la mitad. El tramo que la devolvía al bullicio era casi reconfortante y lo miró embobada queriendo volver pero la sola idea de hacerlo le sabía a una derrota. Era volver a mí con la cola entre las piernas y sin duda me burlaría de ella.

Sus divagaciones se interrumpieron abruptamente cuando una figura se delineó desde el tramo que daba a los calabozos, como si fuera parte de la muralla la que se despegaba y la encarara en la oscuridad. Un grito amortiguado le salió de las entrañas y se llevó una mano a la boca con horror, la figura se rió con profundidad, haciéndola estremecer. El intruso caminó hacia ella hasta encerrarla contra una pared y el olor mentolado le llegó a la nariz.

—Mi amor, mi pequeña Bra —la voz aterciopelada de Zarbon la hizo sentirse más intranquila y sintió un beso frío en la comisura de sus labios cuando quitó la cara con miedo—. No sabes lo mucho que deseaba esté momento.

Bra no supo qué decirle por lo que optó por no decir nada, a Zarbon no pareció molestarle y le sonrió con unos ojos ciegos. Parecía como si ni siquiera la estuviese observando y que veía alguna otra cosa en lugar de la princesa.

—Necesito saber algo, Bra, algo que nos hará estar juntos para siempre. ¿Acaso no quieres estar conmigo para siempre? —La híbrida no tuvo otra opción más que asentirle una vez con la cabeza, presa de la confusión— Si eres una buena chica, tu hermano no tendrá más remedio que aceptarme a tu lado. ¿Eres una buena chica, mi pequeña Bra?

Ella asintió nuevamente y levantó la vista para mirarlo a los ojos, Zarbon era mucho mayor que Bra pero seguía siendo bastante atractivo y le sonreía con ganas cuando ella le curvaba tímidamente los labios. Se sintió un tanto más tranquila cuando el federado le acarició una mejilla con dos dedos y se le acercó una segunda vez para besarle la boca sin mucha emoción. A Bra jamás la habían besado de otra forma, y aunque le resultara un tanto aburrido, no imaginaba que podía ser distinto.

—Oh, Zarbon…

En un arranque de alegría, la princesa se acercó al general para pasarle los brazos detrás de su cuello fornido y Zarbon se puso tan tieso que no reaccionó al recibirla. Él suspiró largamente antes de tomarla de las manos y ponerla de vuelta contra la pared, Zarbon pareció molesto y Bra se sintió culposa, ¿qué había hecho que resultara tan malo?

—Bra, por favor —le dijo sin mirarla siquiera y la chica retrocedió hasta pegarse a la pared, Bra quería huir otra vez—, no soy un niño. Si quieres que me case contigo deberás hacer tu parte de la tarea —Bra no sabía que existían obligaciones antes de amar y se sintió confundida, reacia a creer que Zarbon sentía algo por ella—. Tu hermano está jugando con cosas que no le corresponden, es tu deber ayudarme a ayudarlo. Si Freezer se entera que está metiéndose con lo que le pertenece es capaz de matarlo… Bra, no soportaría verte sufrir, por favor, dime qué es lo que está haciendo tu hermano, qué está buscando.

—No lo sé… —La princesa quiso llorar al pensar que Trunks estaba cometiendo un ilícito, no era propio de él y apartó la mirada con aflicción. Pero Zarbon lejos de dejarla tranquilizarla, la tomó el mentón y la obligó a mirarlo con un poco de fuerza.

—¿Qué es lo que busca tu hermano? —le repitió con insistencia y la respiración en su cuello hizo que Bra se estremeciera con los ojos cerrados, se sentía violentada.

—Magia —aquello hizo reír a Zarbon mientras la tomaba por un brazo y la acercaba hacia él, Bra pudo sentir el olor mentolado de su piel. La princesa ladeó la cabeza un poco para observar la salida, si hubiese podido gritar mi nombre lo hubiese hecho.

—¿Qué tipo de magia, Bra? —No le contestó— No te estoy entendiendo, mi amor, no me gustan las niñas que no saben explicarse. Eres una chica inteligente, Bra, ¿acaso eres una chica inteligente? —La niña supo que debía contestar y movió la cabeza en forma afirmativa, aquello le arrancó una sonrisa al general federado. Zarbon tomó el otro brazo y la tironeó otra vez, y los mechones lilas se alborotaron.

—Por favor, yo no sé…—Imploró la princesa cuando las primeras lágrimas afloraron en sus ojos lilas y Zarbon lejos de soltarla, se acercó a su oreja derecha y aspiró aire con los labios juntos, como si se tratara de una serpiente.

—¡Me mientes, traicionera! ¡Tú no quieres estar conmigo, sólo juegas con mis sentimientos! —Y él la empujó al suelo en un arranque de rabia, Bra cayó de rodillas y se tapó la cara con las dos manos. Le dolían las muñecas, estaban moradas— No sabes pelear, no tienes carácter, no eres nada. No eres la verdadera hija de Vegeta… Ningún guerrero de tu asqueroso planeta te querrá, sólo yo te amo… —Como si se hubiese arrepentido, el federado se arrodilló a su lado para acariciarle el pelo con suavidad. Su estado enloquecido la asustó hasta las entrañas— Por favor, Bra. Hago esto para que entiendas, no eres lista… Si lo fueras ya me lo habrías confesado. Te daré una segunda oportunidad, ¿qué tipo de magia busca Trunks?

Los temblores la sacudieron entera y tuvo que armarse de mucho valor para verlo a los ojos, su interior quiso golpearlo pero sabía que le rompería la muñeca antes de que su puño llegara a rozarlo. Era cierto lo que decía, no sabía pelear pero de lo demás no estaba segura, hasta ese entonces sí consideraba que tenía carácter y que sí era lista. Zarbon sabía que ella mentía, ¿la dejaría ir si se negaba a decírselo?

—Está buscando esferas mágicas que conceden un deseo —no entendió por qué le fue tan difícil confesarlo y de pronto tuvo ganas de vomitar. Zarbon no pareció complacido por lo que escuchaba y se incorporó con un semblante que le heló la sangre.

—¿Qué tipo de esferas son esas? —El llanto hizo imposible una respuesta de parte de Bra y lo miró sin poderle responder algo más que un quejido. Zarbon apretó los puños antes de gritarle, quizás le hubiese pegado de no haberse calmado— ¡Responde!

—No lo sé, dicen que se llaman…—el hipo la interrumpió sin piedad y el federado la amenazó con un gruñido que la hizo gritar con la boca cerrada— Las esferas del dragón.

Por un momento pareció que iría a replicar algo más pero Zarbon se precipitó a mirar hacia el pasillo y se alejó hacia las sombras en silencio. Bra lo observó mimetizarse con las murallas y la oscuridad con terror, temblando mientras sollozaba e intentaba controlarse.

Mis pasos la hicieron voltear con apuro y al reconocerme susurró mi nombre con gusto, levantándose el vestido de las rodillas para correr en mi dirección. Se precipitó con ansias y la detuve de caer cuando se sintió debilitada por el mareo de haber delatado a Trunks.

—¿Qué es lo que pasa, princesa? —Le pregunté cuando noté que tiritaba de miedo. La tomé de los antebrazos para calmarla y la zamarreé suavemente para que escuchara—. ¿Qué es lo que sucede, Bra? —le repetí cuando no recibí una respuesta y una sacudida más bastó para que ella me mirara con su peinado todo maltratado y los ojos hechos agua. El mentón le bailó sin parar hasta que un quejido dio paso a un llanto y se abrazó de mi cuello sin piedad.

—No te puedo decir —dijo sin poder contenerse y siguió llorando sin consolación, la respiración agitada me humedecía una oreja. Le puse una mano sobre la cabeza lila y las hebras se colaban entre mis dedos—, le dirías a mi hermano…

—No sirvo a tu hermano, princesa —puntualicé con la voz ruda, áspera. Bra se separó de mí como si se hubiese quemado y las pupilas le temblaban cuando me miró con sorpresa. La expresión dura de mi rostro la habría hecho retroceder sino la hubiese tenido agarrada por los antebrazos y bajó la cabeza cuando comprendió que no tenía salida, no quería confesarse pero tampoco quería permanecer callada—. ¿Le temes a la oscuridad acaso?

—No le temo a la oscuridad —empezó sin siquiera mirarme y no le comprendí hasta que continuó—, temo de lo que hay en ella.

No puedo negar que aquello no me dio un escalofrío y Bra no pudo mantenerse calmada cuando aceptó lo que estaba pasándole. El mentón le bailó para arriba y abajo sin cesar, y la chica apartó la cabeza una vez más para permitirse llorar en silencio. Me incorporé cuando comprendí que la había perdido y le di la espalda al dar una vuelta por el pasillo donde nos encontrábamos, la reina no tardaría en darse cuenta de que su hija se había esfumado y mandaría a llamarla. Si la encontraban llorando pensarían que yo le había hecho algo malo.

—Dime lo que te asusta, Bra. —Los quejidos del llanto cesaron de pronto y aunque podía escuchar el bullicio del festín a unos cuantos pasos, sentí que el pasillo se quedaba mudo.

—No es algo, Raditz, es alguien —pensé en Desconocido y me volteé a verla con los ojos abiertos, y las pupilas temblando. No daba crédito a lo que escuchaba, ¿acaso Desconocido había ido a visitarla?—Y creo que hice algo de lo que me arrepentiré más temprano que tarde.

—¿Qué hiciste, niña? ¿Quién te está asustando? —sólo quería saber si la estaba acechando un extraño, a Desconocido no lo había vuelto a ver y sin pensarlo, me pasé una mano por el abdomen al recordar el dolor que me provocaba con un simple movimiento de manos.

Bra se sorbió la nariz antes de mirarme desde el suelo, su vestido negro estaba todo embarrado y desecho, y su peinado estaba alborotado pero eso no la hacía menos hermosa. Sus labios temblaron cuando nuevos deseos de llorar se apoderaron de ella y bajó la mirada con vergüenza, bastó un poco de esfuerzo para que se controlara y recuperara el habla.

—No puedo decirte quién es, te enfadarás conmigo y me dirás lo tonta que he sido —respondió con la voz apagándose con cada palabra que decía, el llanto la había desarmado entera—. Creo que le dije algo importante al enemigo —abrí los ojos lo que más pude y mi reacción hizo que me sonriera con tristeza—, ¿piensas que soy estúpida, Raditz?

—Sí —respondí con seriedad—, pero todos lo somos de vez en cuando.

Le extendí una mano para que se levantara del suelo y ella miró mi palma con desconcierto, esperaba el mismo trato de Zarbon de parte mío.

—¿No estás enojado conmigo? —Me preguntó cuando tomó mi mano y la halé hacia mí para ponerla de pie—¿No piensas que no tengo carácter? ¿Qué no soy lista?

Le sonreí con el ceño fruncido cuando estuvo de pie y me llevé una mano al hombro para sacarme la capa azul y colgarla sobre sus brazos. Ella no dudó en envolverse con ella y la guié por el pasillo en dirección a los calabozos. Se resistió a avanzar cuando supuso que Zarbon seguía escondido ahí y la incité a seguir caminando con una mano sobre sus omóplatos.

—No puedes volver a la sala del trono así, estás toda embarrada —le dije sin mirarla y Bra me encaró sin poder decir nada—. Te llevaré a tu habitación, estarás bien —prometí y la princesa asintió sin mucha fuerza. Para cuando fruncí los labios, Bra supuso que vendría el regaño que se merecía—. Si logramos que tu estupidez quede sin resultados, técnicamente no habrás cometido ninguna imprudencia, princesa.

—¿Y cómo piensas hacer eso? —Estaba toda envuelta en la tela azul, caminando con mi mano en su espalda por la oscuridad, confiada de que podía sacarla de ese lugar lúgubre y húmedo con mi ingenio. Doblamos hacia la derecha y avanzamos medio tramo antes de que decidiera contestarle.

—Tendré que matar a alguien si a la princesa le parece.


—¿Qué estamos haciendo aquí? —le preguntó la rubia sin entender y Goten no hizo más que sonreír sin querer decir una palabra. Si Marron no estaba equivocada se encontraban en la habitación de la reina madre, lugar a donde jamás había estado, pero que era inconfundible.

La habitación estaba dividida en dos partes, tal como lo estaba la habitación de Trunks entre su privacidad y la sala del consejo, pero ésta vez no tenía ninguna división. El laboratorio se unía a la sala privada sin que hubiese una diferencia de dónde empezaba una y cuándo la otra, y Marron apuró sus intenciones de salir cuando vio que las pertenencias de la reina estaban regadas por todo el lugar, sin orden, como si no la hubiesen aseado ese día.

—Se ordenó una reunión del consejo ahora mismo, tanto la reina como Nappa y Cucumber se quedarán en el festín para no levantar sospechas —le informó el híbrido menor y la rubia lo miró con sorpresa, sintiéndose traicionada por el moreno. Vería a Trunks y no quería hacerlo.

—Debo irme ahora mismo —alegó ella con rapidez pero Goten la atajó antes de que pudiera siquiera acercarse a la puerta—. Por favor.

—No —le dijo calmo—, más temprano que tarde lo verás y no hay mejor situación que ésta. Actúa normal, sé fuerte, Marron. Aconseja.

Pero ella no era fuerte, al menos no se consideraba con tal, y como una debilucha se quedó quieta para que Goten dejara de inmovilizarla, sumida como no era su madre. Ella no era la hija de Brolly como todos lo pensaban, era demasiado evidente como para que le siguieran creyendo y Marron era tan honesta y gentil que era imposible sospechar de ella.

Y se quedaron ahí sin decir ninguna palabra más hasta que dejaron de estar solos, el rey de reyes había hecho su aparición y sólo fue saludado por su mejor amigo de una manera queda, Marron no levantó la vista. Trunks no se dejó sospechar por la insistencia de Goten de escoltar a Marron, él era el mejor hombre que tenía, no debía caer en histerias aunque no puso la mejor cara. Trunks atribuyó su mal humor a Pepper y al recordarla arrugó la boca con disgusto.

—Marron —la saludó con un poco de distancia, se sentía extraño y culpable, y a la vez, enfurecido por Goten. En sus pensamientos, la hija de Número 18 era sólo de él y Goten no figuraba entre ellos. La consejera favorita alzó la cabeza antes que sus pupilas negras y se forzó a sonreír vagamente.

—Mi rey —y bajó las pupilas otra vez, enfureciendo más a Trunks, quien frunció las cejas lilas con la intención de ordenarle al otro híbrido que abandonara la habitación de su madre para hablar con ella, desenojarla para poder quitarse el mal humor que le causaba el sentirse culpable.

Pero la entrada de Cabbage a la habitación privada de la reina lo hizo silenciar para mirar a su consejero menos favorito, la solicitud de audiencia la había hecho él al enterarse de una noticia tan alarmante como alentadora.

—Mi rey, las noticias que esperábamos han llegado al fin —la entrada de Cabbage a la sala del trono hizo que todos voltearan hacia la entrada y Marron aprovechó el desconcierto de Trunks para alejarse unos pasos de él, escudándose con el cuerpo de Goten—. En la periferia hablan de un ejército que ha masacrado las bases que Freezer había colocado en Kerrot y han repetido lo mismo en las localidades vecinas. Esos hombres nos ayudarán a hacerle frente a la federación cuando se acerquen a nosotros.

—¿Y qué te hace pensar que unirán fuerzas con nosotros? —Cuestionó el nieto menor de Bardock con una sonrisa y Trunks guardó silencio esperando la respuesta. El rey de reyes buscó furtivamente a la rubia escurridiza y endureció sus músculos faciales— Bien pueden estar dirigiéndose hacia nosotros.

—El enemigo de mi enemigo es mi amigo, Goten. Si atacan a Freezer necesitarán de nuestra ayuda tanto como nosotros necesitaremos la suya.

—Pero cuando destruyan a Freezer, ¿estos amigos seguirán siendo amigos? —la voz de Marron siempre había sido suave y casi no hablaba durante los consejos, pero aquella intervención bastó para que la noticia que traía el consejero de guerra no supiera del todo bien. Trunks la miró sin decir nada, habría sonreído de estar en alguna otra situación.

—Los destruiremos también, sólo necesitamos su ayuda para el bien común de todos. Si se vuelven contra nosotros los trataremos como tratamos a todas las alimañas y se arrepentirán de haberse vuelto en contra de la bestia —el desprecio que destilaba la voz del consejero hizo que Marron se sintiera más segura de esa posibilidad, si pudiesen contar con ese ejército quizás podrían vencer en la guerra.

—De cuántos hombres dispone ese ejército, Cabbage —la voz huraña del rey emocionó al consejero menos favorito al verlo como el otrora rey y no pudo contener una sonrisa torcida.

—Quinientos mil hombres, mi rey —esos números eran muy grandes—. Si marchan con nosotros, el rey de reyes contaría con setecientos mil soldados para hacerle frente a Freezer y su federación. Podríamos ganar.

Las cejas lilas retrocedieron hasta relajarse y casi se dibujó una sonrisa en su rostro al verse esperanzado. Si Trunks contara con ese ejército, además de las esferas, no había manera de fallar y todas las colonias y los mundos de la periferia serían libres, tanto como los planetas federados. Pero Goten aún tenía sus dudas.

—¿Quién armó semejante ejército? No tenía idea de que la periferia contara con tantos soldados —la risa traviesa del híbrido de clase baja hizo enfurecer a Cabbage. Los malos tratos entre ambos se remontaban desde mucho atrás, cuando Goten le comenzó a decir el consejero de los bastardos, haciendo alusión a su supuesto parentesco con Nappa—. Seguramente escuchaste mal, Cabbage, no creo en ese número.

—Deberías, híbrido —Goten no se sentía ofendido por ese apodo y sonrió con galantería, Marron sonrió—. Ese ejército cuenta con los soldados de todos los mundos asolados por la Federación, los que son muchos, y se hacen llamar la Compañía Bastarda —si hubiese podido omitir ese detalle, Cabbage sin duda lo habría hecho, y Goten rió juguetonamente—, y los comanda un soldado peculiar. Algunos informes hablan de que es despiadado, otros que simplemente quiere divertirse… No sabremos qué versión es la real hasta que lo conozcamos.

Trunks asintió suavemente pensando que un soldado podría querer divertirse y ser despiadado a la vez, sin llegar a alguna paradoja. Su tiempo ahí se acababa rápido, la audiencia tenía que ser breve para volver a su festín sin levantar sospechas. Ahora que no contaban con Bardock, estaban extremando la confidencialidad para evitarse traiciones y lo seguro generalmente duraba demasiado poco. El rey de reyes suspiró en tanto se puso a meditar antes de dar su veredicto.

—Mandaremos un emisario a Kerrot para hablar con el jefe de la Compañía Bastarda cuanto antes. Si llegan a aceptar esta alianza volveremos a hablar —Trunks observó a Goten con el rabillo del ojo—, mientras quiero que vayas con un radar por los alrededores por si logras encontrar la tercera esfera. De poder mandar a otro, lo haría, pero no confió en otro soldado —Goten asintió con pesar, después de su viaje a Taas no gustaba de salir—. Se acabó esto, afuera. Todos.

Asumiendo que el rey quería estar solo, los tres consejeros comenzaron a retirarse, siendo Cabbage el que abría la marcha. A Marron le vino un escalofrío cuando estuvo a punto de cruzar la puerta y estuvo parcialmente feliz de poder alejarse del rey hasta que su voz profunda la hizo detenerse en seco.

—Tú no, Marron. Te quedas —ordenó como si hiciera grandes esfuerzos para hablar. Trunks se había sentado al pie de la cama de Bulma y cuando Marron se volteó, no le vio un semblante complacido. Sentía que la regañaría cuando ella debía regañarlo a él. Marron era la víctima, Trunks no y ciertamente Pepper tampoco. La detestaba con todo su ser aun cuando sabía que no era su culpa, ella no se lo había arrebatado, había sido una orden.

La rubia no dijo nada y sólo bajó las pupilas, sin dejar de alzar la cabeza sobre el cuello, con las manos entrelazadas sobre sus piernas. Su silencio lo irritó.

—Supe que has estado acudiendo a ver a Bardock —comenzó el rey con la voz oxidada, incómodo y ella asintió con la cabeza tres veces—. Dime qué fue lo que les dijo la bruja, te conozco, Marron. Goten puede intentar mentirme todo lo que quiera pero tú no eres capaz.

—Por supuesto que soy capaz —Marron alzó rauda las pupilas negras, ya se había cansado de guardar un secreto sin sentido a Trunks, tenía ansias de enfadarlo. Quería que la odiara y así sería más fácil el terminar odiándolo a él—. ¡Te he estado mintiendo todo este tiempo y jamás te diste cuenta!

Aquello tomó por sorpresa al rey de reyes y sus labios temblaron con rabia cuando se levantó de la cama, su rapidez asustó a Marron y ahogó un quejido cuando se pegó a la puerta. Jamás lo había visto tan enfurecido y temió que hubiese concretado su deseo, no quería volver al planeta de Brolly y menos dejar de verlo.

—No te creo —el rey se contuvo de gritar—, tan solo estás enfadada por lo de Pepper. ¡Tú jamás me has mentido!

—Pero sí lo hice, Trunks —Marron pensó que iría a llorar otra vez pero quería ser fuerte como Goten le había dicho—. No soy una híbrida de saiyan, no soy la hija de Brolly —le dijo con un temblor en la voz—. Sí soy la hija de Número 18 y un terrícola que asesinaron durante la revuelta de Paragus. Goten lo conoció, su nombre era Krillin —aquello la hizo sonreír un poco—. Mi madre me dijo que mintiera para protegerme de Brolly, ella pensaba que si lo repetía lo suficiente, Brolly nunca me mataría.

Trunks había dejado de verla antes de que terminara su relato y Marron no supo qué más hacer, preguntándose si había sido correcto el haber hablado en primer lugar. Lo vio negar con la cabeza y rodear la cama hasta dar con un costado, luego volvió a su lugar al pie.

—¿Por qué me dices esto ahora? —No supo responderle, tenía la lengua adormecida— No puedo creerte ahora, no después de haber tomado a Pepper. No te creo, Marron, estás enfadada y me quieres herir.

—Estoy enfadada y sí te quiero herir, pero estoy diciendo la verdad —no pudo mentir aunque hubiese querido—, lo lamento. De verdad.

Pero por alguna razón no tuvo las ganas y las energías para retirarse de ahí, estaba como clavada al piso y sus extremidades tan rígidas como las de una estatua. El verlo ahí, casi siendo engullido por las sombras de la habitación de la reina regente, disminuido y triste, Marron se sintió culpable. No podía negar que lo consideraba como el victimario, era rey y tenía a una reina a su lado, recién coronada, y también a ella. Aunque sabía que no la deseaba, la tenía, y eso era suficiente para la híbrida. Marron no tenía nada, sólo a él, y Trunks ahora tenía a alguien más.

—Lo siento, Marron. Yo no quería a Pepper, de haberla podido rechazar lo hubiese hecho —pero la rubia pensaba que sí podía haberla rechazado, aunque no era lo más recomendable sin la presencia de Bardock. «Pero Bardock despertará, la bruja lo dijo, y cuando lo haga, Pepper seguirá ahí, aunque no la necesite.» —. Desde niño supe que debía tomar a una guerrera cuando fuera mayor, nunca lo hice porque ninguna me llamaba la atención y mi madre estaría segura.

—Pero ahora Bulma no estará segura y Pepper…—quería reprocharle que la había engañado pero sabía que era una mentira, y Trunks se sorprendió de que supiese el nombre de su reina, aunque a esas alturas todo el mundo lo supiera. La rubia se sintió avergonzada al mostrarse abiertamente molesta y apartó la mirada con pesar, de pronto le urgió retirarse de la habitación y huir al planeta de Brolly— Debería irme.

Marron se volteó hacia la puerta con lentitud, esperando una parada, una negativa de parte del rey de reyes y ella cedería ante él sin ninguna resistencia. Pero al posar una mano sobre el panel, no la hubo. Intuyó que no habría ninguna respuesta de él cuando accionara el mecanismo para abrirla, ni tampoco cuando se marchara por el pasillo o si se fuera del planeta. Ya había defraudado a Trunks por la mentira que su madre le había enseñado desde que se fueran del planeta Vegeta por primera vez, cuando el rey de reyes recién asumía como rey. Por lo que la chica se volteó para despedirse pero Trunks ya no se encontraba en la cama de la reina regente, sino que a un paso de ella.

—Te prohíbo que te vayas —le dijo cuando lo miró a los ojos lilas y Marron contuvo un suspiro, su cercanía la dejaba somnolienta—, soy rey del planeta Vegeta, que no es tu hogar, como también de muchos más. Soy el rey de reyes, puedo ser rey del planetucho del que vienes. Y ciertamente seré rey de la Tierra también, tu planeta —su mano enguantada pellizcó suavemente el mentón pálido de ella—. No quiero que te vayas, a Pepper no la quiero y jamás la querré como te quiero a ti. Mi reina nunca será ella, tú lo eres. Eres la verdadera reina del planeta Vegeta.


Los braseros que quemaban cortezas aromáticas crearon una atmósfera gris que surcaba el cielo de la habitación con dedos blancos y esqueléticos. Me tomó unos momentos acostumbrarme al aroma y me paseé por un pequeño tramo de suelo que me dejaba lo más alejado de la princesa posible. Las sirvientas le calentaron agua especiada para quitarle del barro y del sudor frío producto del miedo, y me sacudí cuando la princesa me ordenó que me quedara porque no quería que volviera Zarbon. No podía quedarme por siempre a su lado, debía hacerle entender que no podía guardar su sueño día tras días, hasta el fin de mis días.

Las sirvientas pusieron una mampara para separar los dos ambientes pero no servía de mucho al hermetizar los sonidos. La ropa que caía al suelo, los pies descalzos deslizarse por las baldosas frías y entrar al cubo que atajaría el agua que le echarían encima. El sollozo que le salió de la boca al sentir el agua tibia me hizo llevar la vista a la mampara, aunque no pudiera ver detrás de ella, y curvé los labios con diversión. Tomé asiento en la misma silla en la que le había relatado la historia de Tarble, el tío exiliado y presuntamente muerto, mirando a la mampara. Sin dejar de mirar esa muralla improvisada, empuñando una figura al azar del tablero del juego de Um, lo di vuelta en mis dedos sin parar. La princesa no tardaría en hablar para llenar los silencios que potenciaban los ruidos de su baño fugaz, y por primera vez, Bra se había arrepentido de dejarme dentro.

—Dame un nombre, princesa, necesito el nombre del tipo que te acosa —escuché que la niña se pasaba un paño con rapidez, dispuesta a terminar con su desnudez detrás de la mampara. Un sollozo me respondió cuando el último balde de agua finalizó su baño y el chapotear de sus pies contra las baldosas me sugirió que se estaba vistiendo. Me erguí en el asiento como si eso fuese a ayudarme a verla mejor. La mampara seguía igual—. Sólo un nombre y tu estupidez será lavada de tu historial.

—Yo… —su tartamudeo fue de frío, quizás de nervios, no estaba seguro. Bastó un par de segundos y la mampara comenzó a moverse, las sirvientas la estaban retirando. Bra se dibujó delante de mí con nitidez, casi podía verle la piel debajo de la tela humedecida a contra luz y se me acercó con lentitud, como si se sintiera avergonzada—No lo sé… No estoy segura.

Se fue a sentar en el lado opuesto de la mesa sin levantar la vista y una de las sirvientas se acercó a tirar un polvito que avivó las llamas de un brasero próximo, para que la princesa no se enfriara demasiado.

—Segura de qué. —Espeté con la mirada dura y una sonrisa en los labios—De saber que me aburriría aquí, te habría dejado en el túnel para quedarme en el festín.

Bra sonrió ligeramente al detectar mi comentario como burlón y que no era del todo cierto, y llevó la vista a un lado mientras le tocaba un brazo a la sirvienta que permanecía a su lado.

—Ve y busca una bebida para Raditz —la sirvienta abrió los ojos a más no poder y la imité por la impresión—. Quizás así sea un tanto menos aburrida.

Al ver que la chica replicaría, Bra reafirmó su orden con un movimiento de cabeza y las cejas alzadas. Al cabo de unos momentos, la sirvienta se retiró tan silenciosa como solían ser las acompañantes de la princesa y sólo una quedó en la habitación. Me pregunté si Bra entendía lo peligroso de alejar a sus doncellas cuando un soldado estaba en su habitación, peligroso si fuera alguien distinto de mí.

—No tiene que ser divertida para mí, princesa. Necesito el nombre —insistí y ella apartó la mirada, como si pudiese analizar su cara y leer el nombre en su frente. Nunca pensé que fuera alguien poderoso y francamente imaginé que era alguno de los centinelas que la acosaba luego de que ella le hablara mucho. Su miedo me hizo sentir un escalofrío.

—No sé si quiero que lo mates, Raditz —se confesó llevando la cara hacia el otro lado, evitando mis ojos oscuros a toda costa. Me puse a reír suavemente cuando la sirvienta volvió con un jarrón en las manos y me sirvió un licor fuerte con delicadeza. En mis ansias por bebida, le rocé una mano al querer arrebatarle el recipiente antes de llenarlo completo y ella ahogó un chillido. Bra llevó la vista al frente sin pensarlo y me miró a los ojos, miedosa y anhelante—. Bésame.

Casi escupí el licor cuando de pronto me supo mal y las sirvientas la observaron horrorizamente calladas, como si no supieran otra cosa más que guardar silencio.

—Bésame, es una orden —las llamas del brasero se proyectaron en sus ojos como dos velas distantes y me desafió con ellos hasta que me levanté del asiento como si estuviera ofendido—. Bésame y te decidiré si te digo el nombre.

Aquello me sonó divertido, el asesinar a su acechador era casi un favor que le proporcionaba para borrar la palabra «estúpida» de su frente y ella lo veía como un privilegio. Tomé otro sorbo sólo para entretenerme y darle tiempo a la princesa para que se arrepintiera, bastaba una palabra para que Trunks hiciera cumplir su promesa y nada en el universo impediría el que me matara. Pero la híbrida lejos de acobardarse, me desafió con la mirada como si estuviéramos a punto de atacarnos. De estar durante un entrenamiento le hubiese celebrado aquella actitud pero en ese momento realmente me daba escalofríos. No dudaba que la princesa era hermosa y que me hubiese gustado hacer más que sólo besarla, pero la imagen de Trunks empuñando la espada desenvainada podía acobardar a cualquiera.

—Por qué no mejor me hablas de lo que hiciste, princesa —le sugerí apartando el rostro y haciendo mover el licor dentro su recipiente para alejar la tentación de mirarla. Ella movió su cabeza de forma negativa.

—No lo haré, pensarás que soy una híbrida idiota y débil —eso hizo que elevara las cejas con sorpresa.

—Eres híbrida, un tanto débil pero no sé si idiota —hice una pausa al dar un sorbo y la encaré con una sonrisa en los labios—. Pruébame. Dime lo que hiciste y podré informarte si eres idiota o no.

—No sabes el contexto y por lo tanto no me entenderías —asentí una vez dándole la razón—, por eso necesito que me des un beso. Dámelo y sabré si soy una idiota.

—¿De qué serviría un maldito beso?

—Sólo hazlo.

—No lo haré —soné un tanto nervioso y Bra se perturbó ligeramente, le resultaba extraño que alguien se atreviera a rechazarla siendo ella la princesa, hermosa y heredera—, no lo haré así como así.

Incluso yo me sentí extrañado por mi reacción, casi tímida, cuando me propusieron algo que no era desagradable. Era esperable para una princesa que no gozara con una belleza como la de Bra, pero la hija de Vegeta lo había ordenado y yo sólo podía pensar en Trunks y su espada desenvainada.

La ofuscación de Bra vino cuando la sorpresa se desvaneció, estaba tan enojada como triste y casi pude ver cómo se le cristalizaban los ojos mientras apretaba tanto los puños como la mandíbula. Ser rechazada no podía sentirse peor y Bra lo estaba sintiendo por primera vez en su vida.

—Entonces ándate, ¡vete! ¡No quiero volver a verte jamás! —me gritó mientras se levantaba de su asiento y daba una vuelta para no mirarme a los ojos. Al pararse detrás de su silla, su mentón se controlaba para no tiritar y Bra no tardaría en llorar de rabia, no de pena.

—Princesa…—le dije para intentar calmar los ánimos y me levanté de mi asiento con cautela, dejando la figura del tablero de Um que todavía tenía en mis manos. Al verlo reconocí al soldado verde con manchones rosados— Tu hermano…

—No sirves a mi hermano, lo dijiste tú mismo —me recordó mostrándome los dientes mientras me gruñía en vez de hablarme.

—Me matará si hago algo malo, él mismo me lo prometió.

—Un beso no es algo malo —recalcó con la voz temblorosa y se dio media vuelta para darme la espalda, ya no aguantaba las ganas de llorar y no quería que la viera. Bra anhelaba sentirse amada—. Ahora ándate, no te quiero ver. Eres un clase baja y yo no debería estar tratando contigo, menos que estés en mi habitación.

Aunque intentara lastimarme con sus insultos vagos no podría dar con mis puntos débiles, debía aprender a hablarme de Bardock y de lo mejor soldado que era para sacarme de mis casillas. Por lo que sonreí un poco, ser baja clase no me molestaba como a ella no le debería importar ser híbrida, ambos habíamos nacido así y no podríamos deshacerlo jamás.

—Pero tu acechador vendría —dije para hacerla entrar en razón y di un paso silencioso hacia ella. Ella me miró de soslayo con detención, había dado con una fibra sensible y su miedo tomó forma nuevamente. Bra se apretó con fuerza los brazos con las manos contrarias, como para inyectarse valentía pero Zarbon la superaba—. No eres idiota, eres una niña, Bra. Los niños hacen estupideces cuando aprender a ser gente.

—Sólo estás diciendo eso porque estoy enfadada —no me pareció que modulara mucho y dejó de mirar de soslayo al desconcentrarse de la imagen de Zarbon. Sonreí de lado cuando me atreví a pararme detrás de ella con rapidez y Bra se perturbó por mi cercanía, mi altura la acobardó— ¿Qué estás haciendo? Te dije que te fueras, ya no serás mi guardia.

—No encontrarías a nadie como yo, sólo yo puedo ser tu guardia —el paso que ella retrocedía, yo lo daba y pronto se comenzó a poner nerviosa. Miró hacia los lados como para buscar una escapatoria pero volvió a mis ojos, esperando indicios de algún ataque.

—¡Ya no confío en ti! —Me dijo fuerte para sonar amenazadora pero le sonreí con ganas— Vete.

—Y yo no confío en ti, princesa —seguí avanzando mientras ella retrocedía y pronto se topó con la muralla. Bra se volvió hacia atrás para reprochar a la pared y observó horrorizada cómo le toqué el collar con las yemas de los dedos—. Pero me tienes puesto un bozal, no te haré daño. En cambio, otro… —las yemas rozaron su clavícula suavemente y sus hombros se alzaron con incomodidad. La princesa no se apartó y retuvo un suspiro.

Bra aspiró una bocanada de aire mientras observaba mi mano elevarse al dejar su clavícula y migrar a su cuello. La tomé por la nuca, cerrando un poco los dedos hasta poner tensas sus hebras lilas. Ella aspiró profundo una vez más pero retuvo el aire al sentirse ansiosa, me encaró de frente y el lila se encontró con mi negro.

Abrió los ojos lo más que pudo cuando me vio acercarme, raudo y sin delicadeza, y me recibió con los labios cerrados. Duró poco y no tuvo gracia, pero cuando me retiré para dar por cumplida su orden, fui yo el que abría los ojos con sorpresa y Bra me observaba con miedo, tímida ante una situación tan extraña. La princesa me había dado una oportunidad sin precedentes y yo la había malgastado con el simple beso de un niño. Volví a ella con desesperación, probando su sabor, y pronto relajó los labios para permitirme el paso. Sentí el aire escapársele por la nariz, cediendo de a poco, aprendiendo, hasta que se acabó.

Cuando abrió los ojos, se lamió los labios dispuesta a susurrarme el nombre del que no la amaba como tanto ella pensaba y lo había comprendido todo con probar mi deseo.

—Soy una idiota —me dijo como si tuviera miedo de mirarme, estaba encorvada y toda desarmada—. Es Zarbon, es Zarbon…


Nota de la Autora: Mi intención era la de actualizar varios días atrás pero sólo hoy tuve la inspiración para terminar las dos últimas escenas que me daban problemas. Fue un tanto "cursi" para los dos hermanitos y creo que no se repetirá con tanta facilidad jaja me da vergüenza ser así de cursi xD y tuve que esperar a que me diera un ataque de amor para escribirlo. En fin, escucho pajaritos, son casi las cinco de la mañana en mi país xD Pero tuve que esforzarme, si tengo un poco de suerte mañana no estaré en mi ciudad... pero creo que no tenga tanta suerte u.u

Para el próximo capítulo estoy emocionada, no estaba contemplado otro ejército en los inicios de la historia pero fui llevaba por ese camino por otra historia y me dije a mi misma "misma, necesito que quede la cagada con ejércitos!" Y la Compañía Bastarda se creó. Ya sé quién los liderará y espero emocionarlos como me emocionó a mí. Otra trama producto de la improvisación se ve al horizonte :D

Zarbon es un hijo de puta jaja Los números del ejército me parecen pobres pero hay que tomar en cuenta la mortalidad del espacio, la ocupación de Freezer y el hecho de que muy pocos mundos son habitados más que simples bacterias.

Gracias a los comentarios de UGGLYTRUTH, asaia16, Prl16 y JazminM por el capítulo anterior. Este cap compite por ser el más largo con "Gohan" :O Tiene como 20 páginas xD demasiado viniendo de mí...

Y Jaz, sé que te gustará esto, de alguna forma me has guiado a que Marron se una a Goten y a Trunks de otras maneras :3 Y como te quiero, el próximo te encantará, eso espero :D

Besos de parte de mi, RP.