35
La Compañía Bastarda
Como si hubiese estado ciego por mucho tiempo, vi una pequeña luz como una estrella a lo lejos. Me fui acercando como si fuera una aparición y pronto comencé a sentir cada gramo de mi cuerpo mientras caminaba al punto que ya no era punto, sino un círculo que iba rasgando la oscuridad con tonalidades grises. Me vi envuelto en un manto de nubes grises y de un sol que no brillaba, era una roca muerta que ya no calentaba. La oscuridad era una niebla negra que se colaba por todas partes, estirando sus dedos por donde cabía, y me observé una mano sólo para ver que niebla oscura me envolvía y me capturaba y se cerrada en todo mi cuerpo.
El olor a azufre manaba de las profundidades del lugar con trazas de podredumbre y miré hacia mis pies por primera vez. Miles de esqueletos y cráneos formaban el jardín que contaba con muchas especies, muchas de las cuales reconocí como simios gigantes y restos de humanoides de mundos extintos.
Desconocido estaba parado a un lado mío sin que me percatara de ello.
—¿Quién eres? —le pregunté horrorizado cuando mis pies retrocedieron por la impresión y pulverizaron un cráneo como si tuviese mil años secándose. La aparición se volteó a verme con curiosidad y murmuró una vez mi cuestionamiento antes de responderme con la cara ladeada.
—¿Que quién soy? —una mano esquelética apareció bajo la manga y se descubrió la capucha con una lentitud que pretendía matarme del susto. La capucha cayó sobre la espalda con pesadez, con una nube de polvo y hueso se levantó sobre donde se encontraría su coronilla si la tuviera, sobre los hombros no había nada más que aire—. Yo soy el miedo. Soy la traición, la mentira y la muerte. Yo soy tu peor pesadilla.
Me caí de bruces al suelo por una fuerza que no pude describir y Desconocido se rió de mí con una boca que era imaginaria, antes de volver a ponerse la capucha que sólo servía para aparentar ser un hombre. Se acercó a mí con pasos que no eran pasos, como si flotara por sobre los huesos y las tinieblas sin que lo entorpecieran, y yo me alejaba hasta resbalarme por la sangre que me arrancaban los huesos astillados y los cráneos rotos. La sangre me salía roja por las rodillas, las palmas de las manos y de los pies.
Un grito contenido me llevó de vuelta a la habitación de la princesa y las tres cabezas se estremecieron entre sueños sin querer despertar. Me sentí empapado de sangre pero al revisarme las palmas sólo encontré sudor frío, sudor que olía a miedo. Estiré un brazo torpe hacia la mesa que sostenía al tablero de Um y tiré varias piezas para encontrar el jarrón de licor del que sólo quedaban unas gotas miserables. Estaba agarrotado y tenía todos los músculos acalambrados por dormir sobre una silla. Bra no tardó en espabilarse por completo, entre sus sirvientas que dormían a cada lado para sentirla segura.
—¿Qué sucede, Raditz? —me habló adormilada y con el pelo todo enmarañado, no pude evitar curvar una sonrisa cuando se masajeó un ojo con el dorso de la mano. Las sirvientas despertaron también y se levantaron mareadas por el sueño reciente para preparar la habitación. Una de ellas me extendió una jarra de agua pero se la rechacé con una mano temblorosa y pedí licor. Para mi sorpresa atendió mi llamado y me buscó una jarra nueva del vino de Um que llegó de regalo por el matrimonio del rey.
La princesa me observó callada, abrazada de las rodillas bajo las sábanas, como si estuviera arrepentida de la orden de la noche. Observé el vino con desconfianza al recordarme del sueño, el color era el de la sangre y era espesa y brillosa como la verdadera. Al final, la bebí dando grandes tragos sin tener el valor de saborearla del todo y la manzana subió y bajó tantas veces en mi cuello que Bra la miró hipnotizada. Cuando enderecé la cara al terminar de beber, la encaré y ella tuvo que apartar la vista con vergüenza. Bra se preguntó si Zarbon tenía la misma protuberancia en la garganta y cómo no se había aventurado a mirarla antes.
—Tuve un mal sueño —le respondí entonces mientras me levantaba de la silla y daba una vuelta para ablandar los músculos. De pronto el gusto me supo a sangre y arrugué la nariz con desagrado—, una pesadilla.
Fruncí los labios cuando sentí el sabor metálico persistir en la boca y puse mala cara, Bra encogió los hombros cuando me vio venir. Caminé a la salida con la intención de retirarme, el haberme quedado esa noche para cuidarla de Zarbon no podía volver a ocurrir si quería mantenerme con vida, lejos de la ira de Trunks. Fruncí las cejas, había prometido matar al general federado sin siquiera saber que era él y no tenía idea si podía hacerlo. Si mi padre despertaba y mataba a Dodoria, y yo conseguía asesinar a Zarbon, Freezer sin duda iniciaría la guerra.
—¿Te irás? —La voz inofensiva de la princesa hizo que me detuviera y le sonriera con cierta cortesía. Mi cara no cedía a su ternura y pecaba al dedicarle miradas confiadas, que rozaban la insolencia. Un paso raudo hacia la izquierda y estaba a pocos centímetros de la cama, a la altura de su torso, y me senté con lentitud sobre su colchón ante la mirada atenta de ella. Bra tenía un poco de miedo, pero no al de morir, sino a lo nuevo.
El cuerpo de la princesa se elevó cuando el peso del mío infló el material mullido hacia su lado. Aun cuando estábamos sentados, mi cabeza se alzaba sobre la suya y la oscurecí bajo la proyección de mi sombra. Bra dejó escapar un suspiro alargado cuando una de mis manos, más grandes que las suyas, tocó su quijada con una delicadeza que no era propia en mí.
—La oscuridad no es propia del día, no tengo porqué quedarme aquí esta vez —le comenté con una sonrisa vanidosa y ella tuvo la necesidad de tocar mi mano con la suya, el tacto era suave y virgen a cualquier clase de violencia.
—Pero sí tienes —me dijo ella con mi mano bajo la suya e intentó sonreírme abiertamente pero aún le resultaba extraño—, Zarbon puede aparecer.
—Lo sé, sólo quiero quedarme afuera. Si Trunks llegase a enterarse que me quedé durante la noche…—El pito de mi rastreador sonó lejano, sobre la mesa del tablero de Um, y llevé la mirada sorprendida desde el aparato hasta la puerta, antes de levantarme de la cama de la princesa con apuro. Antes de que la reina y Seripa entraran en la habitación, adopté una postura rígida, con las manos detrás de la espalda, y las observé con la cabeza más mansa que logré sacar a luz. Bra se arropó entera, impresionada por la rapidez de los eventos, y se sintió avergonzada de verse sorprendida con la aparición impertinente de la reina madre.
Bulma miró a su hija con el cejo fruncido y luego me miró a mí, imaginé que iría a preguntarme qué era lo que hacía ahí a esa hora, con Bra en ese estado; por lo que me apresuré a replicarle una disculpa y caminar hacia la salida sin esperar una palabra. Al verse solas, la reina se acercó a la princesa y se sentó en el mismo lugar donde yo me había sentado, sintiendo la calidez de mi pecado. No lo sacó a flote, no era lo que venía a hacer, pero sin duda no lo olvidaría.
—Bra, hija, me tuviste preocupada toda la noche —la caricia de Bulma en su mejilla le produjo rechazo, ya no quería las caricias de una madre sino las de un amante, y Bra se incorporó sobre su espina para alejarse de su madre sin levantar sospechas—. Tú y tu hermano desaparecieron durante la celebración de la boda y ninguno se dignó a aparecer más. Me dejaron sola con esa Pepper y ya perdió todo mi afecto. Ya se cree reina la muy desgraciada.
—Es tu culpa, madre. Tú fuiste la que la puso ahí, Trunks jamás la hubiese aceptado de no ser porque tú se lo sugeriste —Bra aprovechó aquella oportunidad para deslizarse en el colchón y salir caminando hacia donde sus sirvientas le preparaban el baño matutino. La verdad era que no quería a su madre ahí, me quería a mí, viéndola bañarse sin la mampara puesta.
—¿Me harás tú también la ley del hielo, Bra? —Bulma parecía molesta y su tono de voz la hizo arrepentirse de su actitud, Trunks la malcriaba pero su madre era la de la mano firme. La reina se había incorporado de la cama con una cara que le sugirió a la hija que no estaba contenta con su opinión— No quería hacer las cosas que hice pero lo hice por la seguridad de Trunks, la tuya y mía. Si tu hermano no logra ganarse a sus hombres y la guerra que se avecina, los guerreros del planeta Vegeta vendrán a liquidarnos, sin importar que hayan querido o no a tu padre. Ellos matarán a su descendencia antes de elegir a un nuevo rey para que no existan amenazan. Entiéndelo, Bra, ser un rey o una reina no es fácil y debes tomar decisiones que no serán necesariamente de tu gusto.
La princesa no pudo apartar la vista de los ojos lilas originales, los que habían iniciado aquella dinastía de realeza de colores pasteles, con temor a alguna represalia. Las palabras de su madre rompieron el corazón de Bra y lo atravesaron como una daga.
—No todos los soldados harían eso, ¡Seripa no lo haría! —«Y Raditz tampoco. Raditz jamás lo haría…» Pero de pronto estuvo insegura de sus propias palabras.
—Por supuesto que Seripa no lo haría pero otros, sí —el semblante de Bulma se relajó para dar pasos hacia la viva imagen de sus años en la Tierra. Bra la observó mansa, esperando el regaño que no llegó—. Estoy muy complacida por lo que has estado haciendo, Bra. Entrénate, sé fuerte y no dejes que estos hombres te devoren como lo hicieron con tu padre —Bulma siempre se quebraba cuando recordaba a su marido, muerto muchos años atrás, y la princesa apartó la cabeza con el pesar que Zarbon se había ingeniado en sembrar en su corazón—. Demuéstrales que eres tan heredera de tu padre como tu hermano.
Pero Bra se encogió de hombros ante aquella última intervención. Zarbon se lo había dicho, «no sabes pelear, no tienes carácter, no eres nada. No eres la verdadera hija de Vegeta.» Aquellas palabras seguían escociendo su corazón, Bra tenía miedo de que fueran ciertas, de que Zarbon no le mintiera como lo hizo al decirle que la amaba. El sólo recuerdo la hacía enfurecer, su olor mentolado le dejaba un mal sabor en la boca y las ganas de pegar un grito eran incontrolables.
—¿Crees que mi padre estaría orgulloso de mí si estuviera vivo? —Aunque la pregunta era inocente, Bulma se sintió desarmada y tuvo que usar mucha de su entereza para no ponerse a llorar. Vegeta era un asesino cruel pero ser un mal padre no era propio de él—. No sé pelear, no soy una guerrera como Trunks. No tengo nada de él en mí más que mi sangre diluida y casi no lo recuerdo.
—Por supuesto que lo estaría. Tu padre te amaba tanto que jamás te obligó a participar en los entrenamientos de él y Trunks, sabía que eso no era parte de tu naturaleza —pero para Bra eso no hacía otra cosa que afirmar la primera sentencia de Zarbon, no sabía pelear, tal vez por la naturaleza como decía Bulma—. Vegeta solía verte jugar en sus pies, a veces incluso lo seguías hasta el trono con tus muñecas y precedías las audiencias. Como jamás le gustó escuchar las quejas de los consejeros de guerra, te miraba a ti en vez de a Cabbage —Bulma hizo una pausa para sonreír nostálgicamente—, él estaría orgulloso de ti, hicieras lo que hicieras.
Pero ella quería pelear y no le estaba resultando tan fácil como quería, ahora no sólo quería pararse en el primer nivel de la cámara de gravedad de su padre, quería poder sostener una pelea y vencer sin que la favorecieran. Un combate cuerpo a cuerpo sin consideraciones por ser mujer o la princesa. Al no mostrarse del todo contenta, Bulma le sonrió ampliamente, entreviendo los pensamientos de su hija.
—Nappa me dijo que Raditz te regaló una armadura de alto rendimiento, dice que estás entrenando como nunca entrenaste con él —Bulma le acarició las hebras lilas desde las raíces hasta las puntas en un movimiento suave—, no sé qué tiene ese soldado que te entusiasma tanto, hija —pero Bulma no podía mentirle tanto, era completamente consciente de qué era lo que le atraía tanto de mí y Bra percibió esos ojos inquisidores de una madre a la que no se le podía ocultar mucho—, pero has hecho más en unas semanas de lo que pensé que harías jamás, en materia de los combates. Si Vegeta estuviera vivo y te viera entrenar como lo estás haciendo ahora, estaría más que feliz.
Apenas Tomma entró a la taberna se arregló el cuello de la capucha que comenzaba a molestarlo, el calor húmedo que se posaba en los días del planeta de la periferia lo estaba irritando y se arrepintió de haber partido de misión sin haber pensado en que una armadura llamaría mucho la atención. Pero la taberna lo ayudaría a refrescarse, además de que la información fluía sin parar cuando el licor aflojaba la garganta y hacía escupir los rumores a quienes intentaban aplacar la fiebre producida por el ambiente. Por lo que Tomma caminó hacia el centro del lugar, para adquirir la información sobre la Compañía Bastarda desde todas las direcciones por igual. Decían que la Compañía no existía, otros que desaparecía y aparecía sólo cuando se les necesitaban, otros que no eran seres del universo conocido. Para Tomma, se decían muchas cosas… pero si peleaban, los Bastardos debían descansar y si descansaban debían que tener un lugar en donde se escondían. Tomma debía contactar a la Compañía y hablar con el capitán para ofrecerle la alianza que tanto necesitaba el rey Trunks.
Una cantinera con aletas en las sienes se le acercó enseguida con una jarra de vino verde y frío, y Tomma se relamió los labios con deseo mientras el licor se vaciaba en el recipiente que la alienígena le había acercado. No se percató del pequeño papel que rodó del regazo de la chica mientras le servía y que le tocó su antebrazo con la delicadeza de algo demasiado liviano. Apenas se llevó el jarrón a la boca le dejó sobre la mesa unas cuantas gemas de Taas y la chica abrió los ojos lo que más pudo, como si le hubiesen mostrado algo tan feo como una mentira.
—Tómalas, quédate con lo que sobra si es que es más de lo que cuesta este vino —Tomma tenía más, Trunks le había dado mucho para que no pasara necesidad alguna.
—Taas es la vasalla del planeta Vegeta —explicó con aturdimiento, aferrándose al jarrón con el que repartía el vino por todas las mesas. Tomma no entendía el miedo con el que de pronto lo miraba y se enderezó sobre la espina para mirarla mejor, la chica retrocedió un poco—, nosotros somos una zona neutral, no le hemos hecho nada a nadie. Por favor, no nos ataque, le daré las gemas de vuelta si quiere…
Las súplicas de la cantinera silenciaron todo el lugar y Tomma se volvió hacia todas las direcciones para comprobar que todos le dedicaban miradas cargadas de desprecio, todos los rumores se habían callado, toda la información acerca de los Bastardos se había perdido. Pero el soldado se dio cuenta de que algunos de los ojos que lo despreciaban se dirigían furtivamente a un rincón sombrío en donde un hombre de ojos claros lo observaba en solitario. El hombre misterioso sonrió un tanto cuando la chica salió corriendo hacia la barra, a ponerse a salvo, y levantó la pierna que descansaba sobre la mesa que lo separaba del ambiente central. Los ojos celestes se incorporó con un movimiento que le recordó a un animal acuático, suave y hermoso.
Al dejar la comodidad de las sombras, Tomma tuvo que mirar dos veces para cerciorarse que no estaba soñando. El hombre que no había visto hace años y que consideraba muerto, se paraba ante él con una sonrisa gallarda.
—Mucho tiempo sin verte, amigo mío —Número 17 le puso las manos en las caderas y todos los presentes siguieron contando los rumores, las historias de la Compañía Bastarda fluía otra vez. El androide no había cambiado en absoluto, se decía que esos seres artificiales eran invariantes con el tiempo y que podían vivir mil años sin percatarse.
Antes de levantarse con la torpeza de la impresión, Número 17 se sentó a su lado, sin abandonar la curva traviesa que adornaban sus labios. Tomó el papel que había llegado con la cantinera y lo desenvolvió con sus manos enguantadas de cuero negro, pareció leerlo pero era muy rápido para que fuera cierto
—Traté de advertirte pero veo que no has cambiado en nada, sigues siendo el simio inepto de siempre —Tomma frunció las cejas, ofendido, sin poder salir de la sorpresa de verlo otra vez. Tenía la lengua entumecida y amarrada—. Aunque estemos en una zona neutral, tu raza ni la Federación están permitidas aquí. He oído que han logrado matar a unos soldados de Freezer cuando se atreven a violar la neutralidad. Porque claro, la neutralidad no se lleva con la violencia que ustedes ejercen.
—La Compañía Bastarda —atinó a decir con torpeza el saiyan y el androide sonrió con los ojos muertos—, he venido a buscarla. Mi rey…
—He oído que el hijo de Vegeta asumió el trono cuando él murió, jamás pensé en el día que ese hombre moriría. No lo creía capaz y menos morir para salvar a la débil de su esposa —Número 17 enrolló el papelito y se lo guardó en un bolsillo de la chaqueta, se apoyó en el respaldo antes de hablar—. También he oído que los Bastardos en realidad no existen. Los que crearon ese rumor sabían que tanto ustedes como Freezer empezarían a buscarlos pero, ¿cómo encontrar una compañía que no existe?
—No puedes —respondió Tomma con los ojos bien abiertos y el androide asintió una vez con la cabeza. El soldado no pudo explicar la desolación que aquello implicaba, Cabbage había jurado hasta el cansancio que la Compañía Bastarda los ayudarían a vencer la guerra.
—Acompáñame —sugirió el moreno mientras se levantaba de la mesa central que compartían y se dirigía a la salida. Tomma acató sin poder imaginarse que su misión había terminado tan abruptamente—, ya has causado muchos estragos en esta pobre taberna, conozco otro lugar.
El calor que hacía afuera fatigó a Tomma con rapidez, aunque en parte era su desamparo manifestado, Trunks se enfadaría con él si llegaba con las manos vacías y lo obligaría a volver hasta encontrar algo, aunque fuese una simple conglomeración de bastardos. Número 17, en cambio, caminaba con ligereza. Ni toda la ropa que traía encima lograban sacarle una gota de sudor y a Tomma se le ocurrió que un hombre así podía desposar a la princesa. Un hombre peleador, gallardo, que no sudaba y que no era en realidad un hombre, como era la creencia de los saiyan.
—¿A dónde me llevas? —cuestionó el mayor con desconfianza, al ver que se alejaban mucho del pueblo principal y llegaban a una especie de desierto, en donde las dunas se movían con una rapidez espectacular y formaba surcos como los de una serpiente. El moreno no se inmutó ni cuando el viento se hizo más violento y sus hebras negras se transformaron el látigos y le azotaban la cara con insistencia, los ojos muertos seguían muertos y una sonrisa decoró sus labios en cuanto se acercaron a destino.
—A dónde van los Bastardos, amigo mío.
—¿Los Bastardos? ¡Dijiste que la Compañía no existía! —Aunque hubiese querido acercarse, Tomma tuvo problemas al soportar el vendaval que parecía hecho de astillas y sólo alcanzó a aproximarse hasta quedar a un paso de Número 17. El chico sonreía y saltó desde lo más alto de una duna para aterrizar suavemente sobre la arenisca más profunda, Tomma lo imitó sin tanta elegancia y cuando llegó hasta él, una estructura que se camuflaba en el desierto se plantó frente a Tomma.
—Nunca lo dije, sólo te comenté lo que había escuchado de la Compañía. Los Bastardos prefieren hacernos creer que en realidad no existen —Número 17 no se aguantó la risa que aleteaba en sus labios y se adentró a la estructura como si le perteneciese. Tomma tuvo un poco de problemas al seguirlo esta vez y con la imagen de su rey, dio los pasos para encontrarse con el amigo que había perdido hacía muchos años.
—¿Y cómo demonios sabes tanto de ellos? —No podía creer que 17 fuese parte de la Compañía Bastarda, él nunca tomaría partido por ningún bando y los Bastardos tomaron el partido del que iba en contra de la Federación.
—Salvé a uno de sus sargentos alguna vez, me deben unos favores —respondió simplemente con la sonrisa eterna.
Los hombres que aguardaban ahí los quedaron mirando con desprecio y Tomma se sintió como si hubiese ido directo al matadero. Muchas razas, formas, colores y géneros se condensaban dentro y cada uno parecía odiar al reino de Vegeta con esmero. Tomma reconoció a algunos habitantes de planetas arrasados por sus colegas, de planetas reclamados por la Federación y otros que ya no llenaban el espacio de la órbita a la que pertenecían. Pero a Número 17 tampoco parecieron recibirlo con una sonrisa, lo miraban igual de feo que a él.
El corredor que daba al final de la estructura era delimitado por una alfombra larga que llegaba hasta dos asientos elevados por un solo escalón, los demás soldados estaban parados alrededor del corredor y los dejaron caminar libremente sin decir una palabra, cerrándoles el paso cada vez que daban un paso. Para cuando llegaron al final del corredor, los hombres sólo dejaron una circunferencia libre para su paso. A Tomma eso le parecía bastante extraño, como si de alguna manera esos Bastardos supieran que él venía a buscarlos y estaban formados a la espera de un acto cuasi formal. Sin embargo, el soldado que estaba esperándolos al final del corredor fue el que más le llamó la atención. No figuraba en ninguno de sus recuerdos, era alto y de piel verde, con manchones rosados que le revolvieron el estómago con sólo verlo. El hombre le dedicó una mirada rígida en cuanto llegó hasta él.
—Un saiyan —murmuró con enfado el alienígena sin mirar siquiera a Tomma y concentró su irritación en Número 17, el moreno simplemente sonrió—, es una zona neutral, su raza no está permitida.
—No vine aquí como un guerrero, sino como un mensajero. Mi rey me ha enviado para… —pero el verde no tenía la intención de escucharlo todavía y habló por sobre sus palabras para hacerlo callar.
—Un rey saiyan, su raza no está permitida —le rebatió con el ceño fruncido y las antenas que lo coronaban se movieron un tanto al dirigirle una mirada furtiva.
—Un rey híbrido —corrigió Número 17 con una emoción que lo caracterizaba—, el joven rey es un híbrido con humana, la Tierra fue atacada por el padre del chico pero pertenece a la Federación. El rey híbrido pretende pelear en contra para liberar a la periferia y a los mundos céntricos —Tomma no entendió de dónde había sacado tanta información pero supuso que la taberna era su fuente. Entonces, el alienígena que encabeza la reunión lo encaró con lentitud y como si quisiera escucharlo hablar—. Me debes un favor.
—No de esta manera, 17, no me aliaré a los salvajes que han asesinado a muchos de mis hombres.
—Ambos tenemos un enemigo en común y esa es la Federación de Freezer, juntos podemos derrotarlo —le dijo Tomma casi con desesperación pero a Nail no le mejoró el semblante. Parecía que sólo con hablarle lo insultaba—. Mi rey me envió para dialogar contigo, el capitán de la Compañía Bastarda para llegar a un acuerdo.
Pero a Nail le pareció gracioso ese último comentario y se permitió reír mientras miraba a Número 17, quien también reía.
—¡No soy ningún capitán! —le dijo entre risa y risa pero Tomma sabía que detrás de eso, había una irritación profunda. Nail miró a Número 17 como si fuera a contar un chiste—. Soy sólo un sargento, no es a mí a quien tienes que convencer sino al capitán. Bueno… parece que ya lo has convencido.
—¡Esta es la Compañía Bastarda del capitán 17! —El androide sonrió mientras extendía los brazos hacia los lados y los hombres que tenía apostados por toda la carpa se levantaron como si fueran a atacar. Tomma tuvo que girar hacia todas las direcciones, describiendo un círculo, para admirar a los soldados que lo encerraban y tuvo la sensación de que iba a morir si Número 17 daba la orden. No la dio, en cambio, extendió una mano hacia el guerrero de Vegeta y se la apretó con fuerza— Y nosotros marcharemos con ustedes, saiyan, juntos venceremos a los enemigos de tu rey y me darán la cabeza que deseo. La venganza será nuestra.
—Pensé que no tomabas bando —apuntó Tomma, aun negándose a creer que la persona con la que tenía que hablar ya la conocía hace mucho tiempo—, decías que no tomarías bando porque Freezer no te interesaba.
Número 17 puso mala cara y por primera vez no lo vio sonreír. Algo había sucedido para que el androide cambiara de opinión, algo muy horrible había sucedido para hacerlo querer tomar venganza.
—No estoy tomando partido, sólo quiero a un soldado —aquello no pareció ser una explicación muy completa por lo que Número 17 añadió—. Un soldado es lo que necesito para ser feliz, si es que lidero a mis hombres a la dirección de ustedes es simplemente para llegar a él.
—¿A quién es el que quieres?
—Sólo a Brolly.
La princesa se quedó en el suelo, sentada y maldiciendo, sin poder apoyarse ni con las plantas de los pies un momento más. Estaba completamente empapada de sudor y si hubiese podido dejar la armadura de lado, lo habría hecho sin protestar, el calor que manaba de la cámara de entrenamiento con la gravedad ligeramente aumentada la había comenzado a incomodar luego de la primera hora, y me observaba con un poco de envidia el torso desnudo. Sus golpes no me irían a dañar pero los míos sí lo harían si llegaba a decidir que no fingiría más que sus movimientos lentos esquivaban mis ataques. Generalmente dejaba pasar tres golpes de cinco, recibiendo dos con fuerza pero no tanta como para romperle las costillas. Al final ella había recibido un último golpe en el estómago que la hizo retroceder varios pasos y se mantuvo de pie sólo unos momentos antes de verme caminar hacia ella con una curva en los labios, el aire le comenzó a faltar y agachó la cabeza como si esperara que la fuera a ejecutar con misericordia de ser una batalla real.
—¿Cansada ya, princesa? —Ella hizo un tremendo esfuerzo por mantener su respiración constante y se puso roja cuando el aire le faltó, necesitaba dar las bocanadas alocadas que quería acallar. Di unos pasos hasta ella con una sonrisa en los labios y le levanté el rostro con la mano—. A lo mejor deberíamos dejarlo para mañana.
—No, sólo necesito descansar —aseguró con un asentimiento de cabeza y la cola alta que amarraba el cabello de la realeza se meció en el aire con ligereza—. Sólo eso, descansar. Quiero descansar.
Pero puse mala cara mientras dejaba de sostenerle el mentón y Bra tuvo miedo de mi reacción, la respiración se le normalizó a causa del susto.
—No hagas eso —antes de que me preguntará el qué con el ceño fruncido, me incorporé para responderle—, no intentes probar nada. Estás tratando de conseguir lo que se hace en una vida, en unas cuantas semanas. Es imposible, princesa.
La chica híbrida estuvo a punto de replicarme hasta que no encontró un argumento y pasó del arrebatamiento a la decepción en cosa de segundos, pero bastó para que dejara la tontería de forzarse a pelear en las ligas que no le pertenecían. Aquello sólo la haría amargarse, tanto como cuando a mí me habían degradado de rango del verde al amarillo, y eso sólo te llevaba a tomar malas decisiones. Ya comenzaba a tener temor a lo que me había metido al comer la manzana de Desconocido. Le di la espalda con la cabeza gacha al pensar en la fruta dorada y caminé a donde había dejado mi armadura en la esquina opuesta. En la mitad del trayecto miré fugazmente hacia arriba, nadie se encontraba en las gradas que coronaban toda la instalación de las cámaras de entrenamiento, sólo unos soldados recorrían los pasillos que conectaban unas salas de las otras pero jamás se aventuraron a dedicarnos más que una simple mirada.
—Continuaremos mañana, híbrida —le dije mientras tomaba la armadura y la daba vueltas con las manos para alinearla con mi cuerpo para ponérmela con un sólo movimiento—. Necesitas descansar. El rey Trunks estará molesto si te entrego con el cuerpo magullado.
—Pero…—«No quiero descansar porque soy una tonta», pensé que diría si tuviese las agallas de replicar una tontería más y cuando me volteé hacia ella, con la armadura puesta, Bra seguía sentada sobre el suelo y con un semblante triste.
—¿Qué pasa ahora? —intenté sonar molesto pero lo que salió fue más bien divertido. Bra no pareció darse cuenta de la diferencia y su desilusión fue más grave. La híbrida bajó la cabeza y sólo la subió cuando estuve de vuelta con ella, parado frente a su cuerpo. Instintivamente levantó unos de sus brazos hasta que su mano llegó a la altura de las mías y me miró fijo a los ojos mientras aceptaba ayudarla ponerse de pie.
Bra se impulsó como un resorte y quedó a un paso de mí, la gravedad ligeramente aumentada la hacía tiritar por el esfuerzo y el cansancio, e hizo grandes esfuerzos para ponerse a sonreír sin que la fatiga se le pusiera en medio. Le dolía el cuerpo y la cabeza le daba botes con cada paso que daba, seguramente yo habría estado igual antes de comer la manzana de Desconocido durante un entrenamiento de alto rendimiento para los clase alta. Pero ya había comido de la fruta y podía hacerlo, aunque a un alto costo. La princesa tendría que conseguir lo mismo pero sin la manzana, no debía ser esclava de nadie.
Como le costaba mucho trabajo caminar y mantenerse erguida al mismo tiempo, la sujeté por los antebrazos y mi cercanía la hizo sonreír aturdida. Habría jurado que todo el amor que le tenía a Zarbon se había esfumado por completo, aunque su recuerdo todavía la hacía enfadar, y se abrazó de mí en un arranque de alivio. No pude evitar sonreírme cuando le palmeé la cabeza con suavidad y la encerraba entre mis brazos. Bra se estremeció un poco y cerró los ojos apoyada en mi pecho, se sentía feliz y amada, y no podía evitar sentirme emocionado.
—¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? —la intrusa llegó con la cola meneándose en el aire, arisca, y Bra le dedicó una mirada cansada, y no objetó cuando me adelanté a ella para ocultarla tras mi cuerpo. Pepper sonrió al ver a la princesa tambalearse cuando mi abrazo dejó de sostenerla.
—¿Qué es lo que estás haciendo aquí? —le dije mientras me encaminaba hacia ella hasta quedar frente a frente, aspirando lo que ella exhalaba, desafiándonos. Pepper me sonrió con los dientes blancos y se mordió el labio inferior, la iba escoltando un puñado de hombres que ella había nombrado como su escolta pero no eran más que compañeros de taberna, todos de clase baja—. La princesa entrena.
—No la veo entrenar, vi que estaba cómodamente en tus brazos como un bebé, incapaz de levantarse por sí misma —Pepper le dedicó una mirada lasciva a la chica que intentaba escuchar nuestras palabras disminuidas pero sólo lograba intuir lo mal que se veía la situación. Las gradas que se situaban sobre a la cámara comenzaban a llenarse conforme se iba corriendo la voz que la sonrisa sangrienta de Pepper iba a visitar a la princesa y acudían a mirar a través del techo transparente—. ¿Tanto te agrada, Raditz? ¿Una debilucha como ella te parece más atractiva que cualquiera de las guerreras de verdad?
Puse mala cara cuando comprendí que no podía rebatirle nada, el ser reina en espera la había puesto más presumida que antes e intocable, aun cuando Trunks no la quisiera como tal. Si el rey no la protegía, habría más adeptos a ella por ser de casta pura y sin duda irían a protegerla como su verdadera reina. Pepper me acarició un pectoral con las yemas de los dedos y Bra hizo de sus ojos dos líneas delgadas de desconfianza mientras intentaba dar un paso hacia adelante. No lo hizo y yo di un paso hacia atrás ante el tacto que no me pareció agradable.
—Lo sabía —me murmuró con el ceño fruncido mientras me rodeaba y se encaminaba hacia Bra, su escolta intentó aproximarse también pero los alejé con una mirada iracunda. Cuando me volteé a verlas, Pepper se había parado a un lado de la princesa y la tomaba del mentón con una mano, su cola ondeaba en el aire. No me acerqué más que unos míseros pasos, ya no podía echar a Pepper más de lo que había intentado, le había fallado a Bra y había favorecido a la nueva reina—. Veo que tienes serios problemas con tu entrenamiento, princesa. ¿Te gustaría que te enseñara algunos movimientos?
Imaginé que Pepper quería tomarla del pelo y ponerla de rodillas como si se tratara de una muñeca, pero sólo me limité a apretar tanto las manos como la mandíbula, imposibilitado de hacer más por alejar a Pepper de Bra, y la pequeña híbrida la miró como si fuera un insulto tenerla al frente. Pero la insultada ahí según Pepper era Pepper. La niña había sido la consentida de la realeza durante toda su vida, Vegeta la había consentido y ahora Trunks la seguía consintiendo. Los hombres que la rodeaban la cuidaban como si fuera el cristal azul y el que no peleara como le era correspondido por sangre, no era un insulto como sí lo era en los tiempos de Tarble.
—Fuera de la cámara—le respondió con los ojos fijos y las palabras contenidas—, tú no eres la reina todavía, Sonrisasangrienta. Pero yo sí soy la princesa y estoy por sobre ti.
De haber podido golpearla, Pepper sin duda la habría callado de esa forma, pero aún no se había ganado a Trunks y no podía arriesgarse. Comencé a reír y me crucé de brazos a unos cinco pasos de donde estaban ellas. Pepper no tuvo más remedio que sonreírle vagamente y aceptar el insulto pero no iba a dejarlo como si nada. Se alejó de ella un paso, con las manos en la cintura y sonriéndole mostrando los dientes limpios. Ya no iría a soportar ese apodo que antaño le gustaba, Reina era el que quería, y Pepper prometió llenar de sangre las bocas de aquellos que la llamaran así.
Le dio un vistazo a las gradas que a esa altura ya se encontraban llenas de soldados deseosos de ver luchar a las dos guerreras de la familia real y Pepper sonrió con malicia.
—He decidido que sí te ayudaré a entrenar, niñita —dijo tan fuerte como le fue posible sin llegar a gritar y las gradas se callaron de los murmullos que la sumergían para escuchar atentos—, te propongo un enfrentamiento ante todos los soldados que quieran ver a la reina y a la princesa probarse en un duelo singular, como en los viejos tiempos. Es más, estoy segura que al rey de reyes le encantará esa idea —el murmullo generalizado de los hombres de las gradas aprobaban aquella idea y la celebraban abiertamente, fruncí el ceño e intenté acercármeles para detener aquella tontería pero ya no había nada que detuviera a la guerrera pura. Ese combate estaba pensado sólo para humillar a la princesa y Pepper me miró cuando estuve cerca, siguió hablando al público mirándome a mí—. Estoy segura de que Raditz me ha enseñado un par de movimientos, muchos de los que sé me los ha enseñado él también —bromeó tratando de sonar alentadora y el ruido de las gradas se hizo ensordecedor con comentarios obscenos. Antes de irse se inclinó un tanto para dirigirse a Bra con la mandíbula apretada—. Te destruiré, híbrida.
Bra no pudo levantar la cabeza para mirarla como si estuviera hipnotizada por lo que tenía al frente, pero en realidad miraba sin ver. Pepper sonrió al probar su mutismo y retrocedió hasta el panel para normalizar la gravedad y devolverle la movilidad a la princesa. Luego partió a la esquina para sacarse la armadura de combate que traía sólo para demostrarle a los guerreros de las gradas que le estaba dando la ventaja a la pequeña princesa, todo para condimentar la humillación.
Aproveché el alejamiento de la reina guerrera para acercarme a la princesa con rapidez, asustado de lo que podía suceder de ese encuentro. Esperaba que alguien le fuera a comentar lo que iba a suceder al rey directamente y que el mismo Trunks detuviera la tontería que yo no había podido frenar. Pepper podía ser una altanera con todos pero jamás iría a estar en contra de su rey y esposo.
—No tienes por qué pelear con Pepper, Bra, es sólo una guerrera sin importancia, todavía no es reina —le dije con una mano sobre su brazo delgado. Pero la princesa salió de su hipnosis para encararme con los ojos lilas que le había heredado de su madre, sentí el miedo que tenía. Se encontraba cansada por el entrenamiento que le había dado, tenía heridas y moretones, y no lograba concebir que tuviera un gramo de energía para hacerle frente a la renovada Pepper, con su experiencia en la batalla y facilidades en el combate cuerpo a cuerpo.
—Debo hacerlo —me dijo con testarudez e intentó por todos sus medios dar un paso hacia delante, ya no era la gravedad que le impedía moverse sino que el miedo. Intenté ayudarla pero la princesa se negó—, de una u otra forma me va a humillar. Si no peleo seré cobarde como mi tío.
—Te va a derrotar, no pienses en la humillación. Pepper te destrozará sin piedad —intenté hacerla entrar en razón—. Le diremos que tienes que descansar y que lucharás después, así le daremos tiempo a tu hermano para que se dé por enterado. Trunks jamás lo permitiría.
Pero la princesa me calló con una mirada que rozaba la tranquilidad, detrás de ese semblante el miedo se había apoderado de cada uno de sus músculos y no pudo sonreírme. Tampoco pude hacerlo cuando me puso una palma en la mejilla antes de alejarse de mí para dirigirse al centro de la sala del entrenamiento donde Pepper la esperaba. La seguí con la mirada hasta que estuvo cercana a detenerse y miré a las gradas con el ceño fruncido, no había manera de que supiera que uno de los soldados había ido en busca del rey, había tantas cabezas que dudaba poder contarlas a todas. Arrugué la nariz con indignación cuando volví a mirar a la Reina y a la Princesa, de ser Pepper simplemente Sonrisasangrienta habría parado esa pelea sin pensarlo, quizás hasta pelear en lugar de Bra. Pero Pepper ya no era la que sangraba por la boca, era una reina que esperaba por la regencia y ya no miraba con buenos ojos a la princesa.
Bra adoptó una posición de pelea, la primera que se enseña cuando se aprende a combatir y la que se consideraba como la más novata, y Pepper se largó a reír. El guerrero abandonaba esas posturas cuando se acostumbrara a pelear y adoptaba el estilo que lo caracterizaba, pero Bra era como una niña que recién había empezado a caminar y no descubría su estilo todavía. Tuve que apartar la mirada cuando las gradas respondieron a las burlas sutiles de la nueva reina y me imaginé lo que pasaba por la mente de la híbrida en esos momentos, seguramente no sabía qué era tan gracioso.
En esos momentos me arrepentí de haber sido tan duro con ella en el entrenamiento previo y escuché que los gritos de aliento de las gradas lentamente muriendo lentamente en mi mente, hasta que fueron un murmullo lejano.
Con una mano en la garganta, Bardock se incorporó de un salto y aspiró con importantes bocanadas de aire, tan ahogado como agitado. No reconoció la habitación en la que se encontraba y deslizó las sábanas que lo cubrían hasta el pecho con un movimiento rápido, todavía estaba mareado por su despertar. Tragó saliva espesa y descubrió un toque sanguinario en su paladar, de su boca corría un hilo de sangre y se pasó dos dedos por sus labios para verlos teñidos de rojo. Su cuerpo tiritó con ansia, sus fuerzas estaban renovadas y se sentía hambriento. Miró la habitación cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio ventanas que estaban cubiertas por mantos oscuros y polvorientos, y le urgió dar un paseo. Se incorporó de la cama con un movimiento torpe, sentía las piernas entumecidas y comprendió que no se había movido por mucho tiempo.
Al llegar a la ventana más cercana y tomar de una punta la cortina, una nube de polvo se formó a su alrededor y le picó la nariz con insistencia. Bardock gruñó con fastidio y le dio un vistazo rápido al exterior, a la espera de discernir si era de noche o de día. Una luna redonda y amarillenta lo saludó desde lo alto del cielo claro, todo el vello de Bardock se erizó cuando la contempló y apartó la vista de forma violenta, antes que los rayos de luna lo terminaran por hipnotizar por completo. «El planeta Vegeta no tiene luna», pensó con terror antes de poder voltearse a mirarla otra vez, tiritando como lo hacía antes de transformarse, pero la luna no le permitía cambiar. Un ruido alertó a Bardock desde el pasillo y dejó el manto en su lugar, temeroso de que su lujuria lo llevara a mirar otra vez.
El pasillo le pareció vulgar, de una delicadeza extranjera, pero polvorienta y de poca luz. Su estado casi famélico lo hizo ignorar el ruido que lo había llevado ahí en primer lugar y se dedicó a buscar algún alimento en aquel castillo lúgubre. El corredor era eterno y de pronto una luz tenue le indicó lo que sería el final, lo hizo dar pasos más alargados. Cuando ingresó en la habitación, la visión de cuencos llenos de manzanas doradas repartidos por todas las mesas lo hicieron congelarse en la puerta, la luz que lo había atraído venía de ellas. Parecía que allí se daría un festín pero en vez de carne y bebidas alcohólicas, se servían las manzanas doradas que hasta ese momento no pensaba que existían. También las acompañaban manzanas rojas y en menor cantidad verdes, y que a Bardock le dio la impresión que serían doradas después, sólo necesitaban tiempo y brujería.
—¿Te gustan las manzanas, capitán? Puedes comer una si deseas —la habitación pareció hablarle con una voz femenina y Bardock apretó la mandíbula para buscar la fuente de esa voz, una mujer alienígena lo miraba desde la penumbra—. Come, Bardock.
Pero a Bardock le daban nauseas. Su color dorado era tentador pero de seguro eran tan tóxicas como bellas, yo mismo había clamado haber caído enfermo luego de haber comido una y el recuerdo de la visión en Qeledis lo hacía pensar en un árbol putrefacto hecho de los huesos de los muertos.
—¿De dónde vienen esas manzanas? —cuestionó él, sintiéndose tonto al rehusarse a comer una fruta tan inofensiva como una manzana, teniendo tanta hambre como la que tenía. La alienígena sonrió mostrando unos dientes felinos y sus orejas puntiagudas lo hicieron retroceder, su visión tan extranjera le producía rechazo.
—De los hombres que se las comen —dijo simplemente mientras lo rodeaba con los brazos cruzados—, todos están muertos, Bardock, no te preocupes, la sangre y las entrañas de los muertos son las que las hacen tan poderosas —aquello último lo hizo sentirse enfermo, imaginaba que debajo de la cáscara brillante y hermosa se escondía una podredumbre asquerosa—. La muerte es el sacrificio más poderoso de todos.
—Eso es una mentira —dijo Bardock con una sonrisa fugaz—, Raditz comió una y sigue vivo. Se hizo más fuerte con la ayuda de la manzana y aunque intentó matarlo, logró sobrevivir.
La mujer sonrió otra vez, paseándose por la habitación lo más cercana a las paredes como le era posible, Bardock no supo si lo hacía por miedo a él o porque le gustaba moverse a través la oscuridad.
—El que no haya muerto todavía no significa que no lo hará después. Las manzanas siempre reclamarán la vida después de conceder los favores de los hombres —los labios de Bardock comenzaron a temblar con repugnancia al escucharla hablar y tuvo el deseo de cortarle el cuello antes de que siguiera haciéndolo, pero cuando intentó levantar su brazo hacia ella sólo consiguió extender la palma de la mano, y todos sus miembros temblaron queriendo responderle—. No puedes moverte, ¿verdad? Me lo temía, debes comer un poco, debes estar hambriento.
Pero el capitán sabía que no era eso, quería obligarlo a comer para condenarlo a morir como me habían condenado a mí. Ya no tendría hijos y lo habían dejado sin futuro, Goten era el único que le iba quedando, Gohan estaba muy lejos como para saberse su continuación. Su última misión en el mundo era guiar a Trunks hacia la victoria, luego podría descansar y morir en paz pero aún no era su tiempo. Aun no lo era.
—¿Dónde estoy? ¿Dónde está Trunks? —La tipa volvió a sonreír y Bardock se contuvo de gritarle una maldición con un gruñido sonoro.
—Él no te necesita más, te encerró aquí y te olvidó—le dijo con un movimiento de labios ondulado, Bardock afiló la mirada con ambas manos colgándole en los costados, sin poder moverse—. Aunque la muchachita rubia… Ella te visita muy a menudo, casi a diario preguntando si despertarás a tiempo. Te habla por unos minutos y luego vuelve a preguntar cuándo despertarás.
Pero por más que intentara recordar a Marron, Bardock fallaba en recordarla más allá de una chica con el pelo rubio y cara borrada en sus memorias. El esfuerzo lo hizo agachar la cabeza, apretar la mandíbula y gruñir mientras mostraba las encías. Sólo recordaba a Trunks, el rey que lo había olvidado en el encierro porque ya no le convenía tenerlo en coma. Bardock negó con la cabeza una vez más para mirar a su captora, esa alienígena felina que rondaba las manzanas doradas. La tipa había tomado una de las manzanas normales y la había mordido, y un chorro dulzón le bajó hasta el mentón. La alienígena sonrió mientras masticaba la tierna piel de la fruta en la boca y por un momento, Bardock logró ver los trozos dentro de ella. Afinó la mirada con desconfianza pero una insinuación de sonrisa revoloteó en sus labios duros, la captora le arrojó la manzana mordida describiendo una parábola antes de caer sobre la palma de la mano extendida de él. Bardock no se percató que ya tenía la libertad de moverse otra vez y le dio un mordisco a la manzana en el mismo lugar donde ella la había mordido.
La mujer sonrió de vuelta y se perdió por el pasillo, sumergiéndose en la oscuridad como si se tratara de un mar de tinieblas. Bardock la siguió mientras botaba el corazón de la manzana al suelo.
—¿Dónde está Trunks? —Volvió a preguntar mi padre siguiendo a la chica por el pasillo, una risa le respondió y se multiplicó al rebotar en las paredes—. Necesito volver, él me necesita. Trunks me necesita.
—El rey de reyes no te necesita para morir —murmuró ella dando un vistazo hacia atrás apenas ladeando la cabeza y Bardock dejó de sonreír por un momento, Trunks no iría a morir mientras él estuviera despierto y viviendo—, él ya está caminando por su senda al infierno.
—¿A qué te refieres? —La voz le sonó contenida pero no se atrevió a decir algo más o incluso alterarse.
—¿Lo has visto morir, no es así? Es sólo que no lo quieres creer —aquello no tenía sentido alguno para Bardock y gruñó sonoramente antes de dar unos pasos para quedar a su lado, podía imaginarse su cuello entre sus manos. Una bastaba para envolverla completa y apenas cerrar el puño, la alienígena ya no existiría—, sé que lo has hecho. Trunks está recostado sobre unas baldosas y su sangre se arrastra lentamente por las grietas hasta lamerle las mejillas. Sus ojos están abiertos pero no hay rastro de sus pupilas. Y su asesino, Bardock, dime quién es su asesino.
—No lo sé —la mujer se volteó hacia él y caminó dos pasos hasta quedar sólo a uno de Bardock, sus ojos felinos le sonrieron con somnolencia—, no lo sé. Mientes. Trunks no morirá, no si puedo impedirlo.
—¿Y cómo piensas impedirlo si estás acá? No puedes frenar algo que ya está escrito…
La voz de la mujer se vio interrumpido por un quejido cuando Bardock le cerró su cuello con una mano rápida, ella se retorció dando manotazos y patadas pero ninguno de sus golpes llegó a tocarlo, su brazo extendido le daba una distancia suficiente para prevenir aquel golpeteo molesto de un moribundo.
—No creo en el destino, no creo que esté escrito y sí voy a impedir la muerte de Trunks porque para eso me dieron este poder —le gruñó mientras ella daba una bocanada de dolor y una lágrima le rodó por la mejilla. Su sufrimiento le erizaba los vellos y por sus labios se le formó una sonrisa.
—No puedes —dijo ella con la poca energía que le iba quedando y Bardock tuvo que acercarla un poco para poder escucharla—, no puedes luchar contra las sombras. Los ojos que no pueden ver en la oscuridad no sirven para derrotarlo.
Bardock rió con ganas.
—¿Derrotar a quién?
—A un desconocido.
Marron caminó guiada por el sonido de la espada cortando el aire, el filo sacaba un rumor suave como el de un látigo y se agitaba con rapidez en todas las direcciones, hacia donde el rey de muchos mundos imaginaba que venía su contrincante. Al principio no lo vio porque estaba cruzando el pasillo, más allá en el patio que no tenía muchos colores, en el aire libre donde la brisa le refrescaba la piel luego de un arduo entrenamiento. De esos que casi no disfrutaba porque nadie en su reino lo dejaba respirar. Goten fue el primero en mirarla, siempre lograba saber cuándo venía y en qué dirección y eso ya le comenzaba a parecer extraño, pero logró sonreírle con timidez. El nieto del capitán comatoso estaba comiendo una fruta con la espalda apoyada en la muralla mientras veía a Trunks culminar su entrenamiento con la espada, Goten no participaba en esos momentos para no salir cortado. Cuando el menor le sonrió de vuelta de una de sus mejillas sobresalía un bulto y Marron se rió quedamente. Fue entonces cuando el movimiento de la espada cesó y la rubia se volteó a mirar al rey, quien la miraba también.
Trunks no llevaba nada puesto en el torso y traía un sudor ligero en los músculos pero Marron no apartó la mirada ni se sintió avergonzada. Ambos se sonrieron con ganas.
—Una sirvienta me necesita —avisó el menor mientras se retiraba al pasillo, no mentía, la había sentido con su don de ver sin ojos y que Trunks lo atribuía a su buen oído. Esa mentira había sacado de muchos problemas al pequeño Goten y de las preguntas curiosas del rey.
Por su puesto que la sirvienta sonrió al verlo venir y caminaron juntos hasta estar más alejados, la reputación de Goten y su buena relación con cualquier fémina, sirvienta o guerrera, era conocida por todos y cada una lo recibía con una sonrisa en los labios y los brazos extendidos.
El rey de reyes rió con suavidad y la cabeza gacha, enterrando la punta de su espada en la baldosa de piedra. El metal chilló un ruido agudo pero no molesto y se observaron por varios momentos, esperando que el otro dijera algo. Bastó con que Marron apartara sus ojos negros para que Trunks se acercara a grandes zancadas hacia ella, la espada que había estado apenas enterrada en la baldosa se precipitó al suelo y estuvo vibrando largo rato sin que su portador le hiciera caso. Le tapó las orejas con sus manos y se acercó a ella tanto como pudo, sin aguantarse las ganas de besarla. Existían muchos ojos y orejas en el palacio pero muchas historias también de reyes que amaban a mujeres que no eran sus reinas, el único que había salido de la regla había sido su padre al escoger a la que amaba como su reina.
Marron suspiró, todo el enojo que le había profesado se había esfumado pero sólo cuando la otra estaba lejos. Sabía que Pepper no había visitado la recámara del rey como era propio de la reina, lo sabía porque ella misma se había apoderado de ese privilegio, y Trunks solía esquivar todos los intentos de la de la boca sangrienta para conquistarlo. El que no tuviera la regencia lo hacía más fácil, no tenía un cupo en el consejo y aunque podía acudir las audiencias su lugar era en los escalones de abajo, a un lado de Bra, mientras que Marron por su calidad de consejera podía permanecer al lado del trono, lugar que le pertenecía a los ojos del rey.
Sólo Goten presenciaba sus encuentros fuera de la habitación del rey, aunque Trunks tenía la sospecha que su madre estaba bien enterada de sus preferencias. Ya casi no le importaba el que todos lo supieran, lo único que realmente importaba era el que Pepper no se diera por enterada de la situación con la rubia.
—Mi reina —le susurró él con una sonrisa en los labios, Marron suspiró otra vez, el saberse su reina era una fantasía que la había desvelado de niña, cuando no gozaba de la belleza que la había hecho florecer durante la adolescencia, y aunque a los ojos de todos sus hombres ella no era más que una chatarra, nada le importaba.
La garganta de Goten se aflojó para dar paso a una tos fingida y Trunks se separó de ella con rapidez, se alejó lentamente hacia su espada y la recogió del suelo, el soldado no se hizo esperar. Marron estaba ahí y aquello no le resultó del todo extraño al intruso, la visión de Vegeta con su androide detrás hizo estremecer al mensajero. Marron era lo que para Vegeta representaba Número 18 pero con Trunks el trato era distinto, muy a diferencia con Vegeta, Trunks sí gustaba de su compañía.
—¡Mi rey! —El soldado llegó tan exaltado que Trunks tuvo la impresión de que había corrido demasiado y se volteó hacia él con una sonrisa que en esos momentos le costaba mucho reprimir. Marron estaba a su lado como siempre y juntó sus manos a la espera de escuchar su mensaje, sin intervenir como era su costumbre, porque no le correspondía. El rey de reyes le puso las manos sobre los brazos del soldado y lo instó a tranquilizarse.
—¡Calma! ¿Qué es lo que te sucede, soldado? —Pero el soldado no se calmó como le había ordenado y Trunks le ofreció una sonrisa a cambio, su mensajero no estaría tranquilo hasta dar sus noticias, cargaba con dos, pero había algo que no lo hacía reaccionar. La imagen de Vegeta lo hacía tiritar, el padre del rey habría matado al mensajero de no gustarle su mensaje, y estaba seguro que no le iría a gustar en nada al hijo—. Ahora dime, ¿qué es lo que quieres decirme?
—Hay noticias de Tomma, señor —expuso el mensajero intentando formular la sonrisa que a Trunks se le había ido—, el mensaje no decía mucho para que Freezer no lo oyera pero —el soldado se interrumpió a sí mismo para tragar saliva—, pero dice que sí. El mensaje es un simple «sí».
La sonrisa que lo había abandonado por un momento volvió a donde permanecía y Trunks tuvo que dejar de observar al mensajero para ocultarle la alegría que ese sí significaba. Miró a su consejera con ansías y la curva tímida de ella le hizo entrever al soldado que era algo realmente positivo, y los tres sonrieron. El rey de reyes se permitió un arrebato y se abrazó de la rubia con efusividad, pero duró poco porque tenían testigos y Goten se vio atraído por las risas furtivas. Se alejó de la sirvienta como si estuviera acechando al rey, con pasos que intentaban ser silenciosos, para no interrumpir el intercambio de información.
—¿Dijo cuándo volverá? —El mensajero estaba vez no sabía la respuesta y movió la cabeza en forma negativa con lentitud, como si temiera de la reacción del rey, pero Trunks apartó la mirada un tanto desilusionado—. Está bien, puedes irte ahora. Ya has hecho mucho al darme ese mensaje.
Pero el soldado temió cuando su señor le dio la espalda y murmuró unas palabras tímidas con la intención que se detuviera pero sólo la rubia lo miró con las cejas levantadas. Su voz dulce y casi tímida le llamó a lo lejos.
—¿Quieres decir algo más? —Le preguntó la híbrida de androide con curiosidad y fue sólo entonces cuando Trunks se volteó a verlo por segunda vez, sorprendido de que eso no fuera todo. El soldado agitó la cabeza de arriba y abajo con rapidez.
—La Reina —expuso y Marron frunció las cejas con molestia, era la primera vez que el soldado la veía enfadada, y al rey de reyes, temeroso—. Está enfrentándose con la princesa en un combate singular, mi rey. Me temo que está fuera de protocolo porque la princesa estaba entrenándose con su guardia en una cámara cuando la Reina llegó. Pensé que el rey quería saberlo…
—¡Qué! —la voz repentina de Goten apareció por detrás del soldado y el mensajero se sobresaltó al sentirse acorralado, Trunks le dedicó una mirada seria, rozando el enfado, aquello no estaba bien y no debía ocurrir al menos hasta que Bra alcanzara un nivel apropiado. Eso no estaba planeado.
—¿Hace cuánto que está pasando eso? —Aunque el rey de muchos mundos sonara calmo, el soldado sabía que no lo iría a estar por mucho tiempo.
—Un par de minutos —el hombre se encogió de hombros, quizás la primera noticia debía ser la segunda—, quince minutos a lo mejor.
Trunks intercambió una mirada con su amigo de la infancia y bastó eso para que Goten corriera por el pasillo sabiendo exactamente a dónde debía dirigirse y nadie le preguntó cómo lo sabía, eso no tenía importancia. Trunks se quedó un rato más para despedir al soldado y ponerse algo apropiado antes de enfrentarse a la furia de su esposa, Marron lo observó silenciosa.
—¡Está loca! —La voz de Marron resonó en su cabeza con enfado cuando el rey se ponía la armadura que había abandonado y envainaba la espada en su espalda. Trunks bien sabía cómo era su esposa, no le había hablado mucho pero conocía sus historias.
—Eso lo sé, Marron —empezó el rey de reyes mientras se ponía la capa en las hombreras, su rojo combinó con el rojo del vestido de ella—, y por el bien de todos, espero que esté muerta para cuando termine la guerra.
Nota de la Autorísima: Holo, creo que ya me acostumbré a escribir capítulos de 10 mil palabras y eso me tiene muy contenta.
Creo que pasaron muchas cosas en esta entrega, Raditz ya está mostrándose abiertamente dulce con ella y toma a pecho lo que le hacen a la princesita :3 Trunks y Marron me encantaron, acabo de terminar su escena momentos antes de empezar esta nota, digamos que están calentitos, recién salidos del horno :D Y el personaje que lidera la compañía Bastarda no es más ni nada menos Número 17, ¿a que pensaban que lo iba a malgastar? Su aparición estaba pronosticada pero no como el líder de un ejército espantoso, era más bien solitario, y cuando surgió la idea del ejército ahora amigo de Trunks no se me ocurrió mejor personaje que él. Y más aún si quiere liberar a su hermana de Brolly :3 Lo amé :D! Y Nail, tenía pensado que fuera Piccolo pero no sé, me dio un no sé qué cuando pensé que él estaba en la Tierra y no en Namekusei, así que lo reemplacé por alguien igual jajaja Y por último pero no menos importante, Bardock, ¿dónde estará? ¿Quién es esa Sue? jajaja la maltrató así que es un mal erradicado xDD
Muchas gracias a los comentarios del capítulo anterior de JazminM, Prl16, UGGLYTRUTH, AlexanderMan, asaia16 y Sybilla's Song; los amo! :D
Muchos abrazos temblorosos por los sismitos de hoy, RP.
