37

Bastardos, traidores y el Oeste


El rey de muchos mundos apartó la tela que separaban los dos ambientes con lentitud y mucho rechazo, sin poder evitarlo la piel a un lado de su nariz se levantó en una mueca de desagrado y su entrecejo se contrajo para ser la viva imagen del que era su padre. Trunks miró hacia los interiores sin despegar los labios y se replegó hacia un costado con rapidez cuando su compañera quiso pasar al otro lado, impaciente, y siguió a Marron dentro de la casucha que se levantaba en la periferia de la ciudad principal del planeta. El aire olía a húmedo y le sabía pesado pero aun así entró con el cabello rubio como único guía en la oscuridad. Ella estaba más segura que él en ese ambiente tan ajeno al suyo.

—¿Dónde está la bruja? —sumido en lo silencioso de la soledad, la voz de Trunks sonó como un grito y cerró la boca cuando se perturbó por lo callado que era ese lugar.

—No lo sé, la primera vez que vine no supe por dónde caminamos —la rubia miró por todas partes en busca de las velas que los guiaron en la oscuridad, a ella y a Goten, pero esa vez no hubo rastro de ellas—. Es diferente ahora.

—Es como debe ser, niña —espetó la enana de la nada. Marron contuvo un grito, Trunks desenvainó la espada con un movimiento veloz y le tocó el cuello con la punta del metal frío. Un dedo de sangre brotó de su piel y alimentó a la espada del rey con su calidez. La bruja apenas dio señales de dolor—. La primera vez que viniste con el otro guerrero tenía que estar segura de que no era estúpido dejarme ver.

Los pasos ligeros de su acompañante hicieron que el rey desviara la mirada de la vieja que lo desafiaba con la suya y las pupilas lilas de él acariciaron las negras de ella. Con una mano gentil lo instó a bajar el brazo y dejar de amenazar a la bruja de Um con su arma, el rey se resistió al principio pero cedió cuando la sintió presionar su antebrazo con una mano. La fuerza de Marron no venía de sus manos sino que de su mirada negra.

—Por favor —añadió ella y Trunks envainó la espada en silencio. La bruja sonrió con desdén.

—Cometerás muchos errores, rey de reyes, pero esto lo hiciste bien —comentó ella mientras se alejaba de ellos, hacia una manta que tenía sobre el suelo hecho de arena, y los esperó de cuclillas al centro de la choza.

Marron le dedicó una mirada que estilaba temor pero se forzó a sonreír cuando aquello le pareció lo más natural y sensato que podían probar. Ya había sucedido otra reina y Bulma seguía teniendo la regencia, ¿no era eso suficiente para suponer que la bruja era efectiva?

El primer paso de Trunks tocó el suelo con incomodidad pero con el segundo ya caminó con más soltura, siendo seguido por la consejera favorita, a menos de un paso de distancia y su pecho se le pegaba al costado de la espalda con insistencia. Al sentarse frente a la bruja, Marron esperó a que el rey tomara su asiento para que ella lo secundara de la misma manera con la que se habían acercado, su figura se había perdido parcialmente tras sus hombros anchos. Ella tenía temor a que le dijeran que Trunks perdería y que él supiera de la predicción completa, aquella que dejaba entrever que su trono se encontraba vacío.

—Tienes miedo a morir, niño —aseguró ella con una sonrisa pícara y Trunks no supo qué hacer más que poner mala cara.

—Por supuesto que sí —respondió él un tanto ofendido de que se le notara y más tratándose de una extraña—, si muero toda mi gente lo hará también y mis vasallos volverán a ser esclavos.

—Ah, pero eso no pasaría.

El rey de reyes relajó el entrecejo en una sorpresa y su voz sonó débil, casi muerta, no quería pronunciar eso que le quitaba el sueño por las noches.

—¿No moriré?

—Claro, todos moriremos algún día —la vieja volvió a sonreír, habían muchos secretos dentro de ella y eso a Trunks no le parecía correcto—. Eso no era a lo que me refería, no todo se perdería si tú fallecieras. Otro rey te sucedería, otra reina también y así sería hasta el fin de los tiempos, tal como siempre ha pasado —la bruja miró a la rubia con ojos insidiosos—. ¿Pero por qué me buscan? Ya les dije lo que pasará una vez, no cambiará la predicción si la cuento una segunda. Van a derrotar a todos sus enemigos pero no al más importante.

Las palabras que habían sido suyas desde que Vegeta le diera esa lección, le sacaron un escalofrío al rey. Se habría levantado para increpar a la vieja de no ser porque Marron habló primero.

—Por favor, dinos algo que nos sea útil.

La vieja la miró con el semblante liso, como si estuviera sopesando las posibilidades y luego de unos momentos, cerró los ojos y comenzó a hablar en una lengua extranjera. La de la periferia, quizás.

—Cometerás errores, rey de reyes, muchos errores, pero el más simple de todos será el que te pesará en la conciencia —se rió con un poco de sus propios dichos—, siempre buscas hacer lo correcto pero no todo lo malo a los ojos es malo en realidad.

—¿A qué te refieres con eso?

—Veo imágenes, no sé si serán del pasado, el presente o del futuro, sólo sé que han pasado o lo harán. Te lo digo una vez, rey de reyes, vas a triunfar. Triunfarás en tus guerras pero elige bien a quién pongas a tu lado, existirán muchos enemigos que tienes más cerca de lo que crees.

Por más que escuchara la palabra triunfo salir de la boca de la enana, el rey de muchos mundos no pudo sonreír y reprimió un grito durante todos los momentos que le tomó a la bruja hablar, tensando los labios, haciendo muecas de enfado.

—¿Acaso creer que hablándome con acertijos me estás colaborando en algo? —Marron bajó la cabeza al escucharlo, hasta ese momento pensaba que sí— ¿Por qué no mejor me dices quién me traicionará o qué es lo que pasará?

La reacción que esperaban era una sonrisa pero esta vez estaban equivocados, la bruja los observaba con los ojos duros y un semblante tan tieso que se le notaba el palpitar en las sienes. El que la contradijeran no parecía la mejor decisión de todas a los ojos de Marron y por un momento pensó que podían terminar peor de cómo habían acudido a ella.

—Saber el futuro no es natural, nadie debería verlo pero sin embargo sí existimos algunos que podemos hacerlo —les dijo ella cuando una nueva sonrisa se asomó en la curvatura de sus labios pero Trunks no la imitó para seguir desafiándola con la mirada de su padre. La rubia hija de Número 18 no logró tranquilizarse—. No tomo bando, rey de reyes, y si te digo algunas de las cosas es porque sé que eso no interferirá con el futuro.

—Al parecer así lo es —Bardock le había contado imágenes del futuro también y por mucho que intentara corregir el planteamiento original del destino, Vegeta seguiría estando muerto.

La vieja se inclinó hacia ellos en un movimiento violento, volviéndose más enana de lo que ya era, para hablarles en voz baja, era como si los estuvieran vigilando. A la rubia le dio un escalofrío y perdió el hilo de las primeras palabras que les regalaba.

—Ve a tu oeste, niño —le dijo con la voz decrépita—, ve a tu oeste a donde Freezer concentra el grueso de sus fuerzas. Destruye las bases poderosas y las débiles caerán por sí solas, pero por lo que más quieras, lleva siempre al nieto de Bardock a tu lado.

—¿Goten? —Aunque era obvio para él, su nombre no podía dejar de ser pronunciado. Bardock tenía dos nietos pero la imagen de Gohan era lejana y difusa.

—Ya me escuchaste. Si llegas a dejar a Goten atrás, cometerás el peor error de tu vida.


—¿Quieres volver? —le preguntó la felina detrás de él, su presencia había dejado de ser importante cuando se derrumbó a un lado del festín de las manzanas doradas, al lograr recordar el paraje que esa mujer le había insistido que ya había visto en sus visiones. No sabía si era un truco para inducirlo a tener esa alucinación, su mente era susceptible y a veces no sabía qué imágenes habían sido reales y cuáles sueños, por lo que la imagen de Trunks muerto no era del todo creíble. Las manzanas doradas eran sus enemigas y si la lengua afilada de una enemiga hablaba era para decir mentiras— Puedo hacerte volver si quieres, sólo debes comer una manzana. Sólo eso.

—No voy a comer ninguna de esas mugrosas manzanas —le aseguró mi padre con el semblante contraído y la voz gutural, sin siquiera voltearse a mirarla. La tipa alzó los hombros en un gesto infantil y se puso a balancear su pie en el aire sobre la mesa alargada del festín que usaba a modo de asiento.

—Entonces quédate aquí, me haría bien un poco de compañía —divagó ella como si estuviera sola, parecía que ya no le tenía miedo aunque Bardock le había apretado el cuello hasta el punto de estar a un dedo de matarla, ¿pero cómo se mataba un sueño?

El guerrero se levantó del asiento con un movimiento brusco para encararla de frente, insistiéndole en el miedo que debía de tenerle, pero la tipa sonrió con gracia. No dejó de sonreír ni cuando Bardock la amenazó con los dientes apretados.

—No tengo interés alguno en quedarme aquí, estúpida, necesito despertar. Necesito despertar…

Y Bardock se alejó de la mesa para caminar furioso por toda la sala del banquete, mirando todas las entradas y los pasillos en busca de una salida. Su primera impresión era que el castillo en el que se encontraba era una fortaleza onírica y si lograba salir de ahí, el sueño terminaría, sólo entonces podría salir del coma que lo había atacado desde su visita a Qeledis. Pero los corredores eran un entramado lúgubre y oscuro que siempre terminaba devolviéndolo al festín de manzanas doradas.

—¿Para qué? ¿Volver a ser sólo un capitán de segunda a quien todos detestan? —Ella dio un salto para volver al suelo y se paró a la espalda del guerrero que tuvo la intención de golpearla hasta matarla pero se contuvo con un suspiro alargado, tratar de matarla en un sueño era inútil porque las pesadillas siempre lograban encontrar un camino para atormentarlo—, incluso tu hijo te detesta, ¿cómo es que se llama? Raditz, Raditz… ¿Por qué volver a ese mundo cuando puedes estar en este?

—¿Por qué querría quedarme en esta pesadilla? —Bardock no opuso resistencia a la conversación, era mejor ser productivo y sacar información a matarla en ese momento y terminar buscando respuestas de las paredes.

—No hay nadie más que nosotros, este palacio puede ser distinto, tú mismo puedes acomodarlo a lo que desees —lo abrazó tiernamente por la espalda pero Bardock no sintió otro sentimiento más que las ganas de destrozarla—, puedes fabricarte un trono, como el de tu rey, y ser el amo y señor de este lugar… podemos traer sirvientes y vivir como queramos para todas nuestras vidas.

—No deseo ser rey, ya tengo a un rey y ese es Trunks —la mujer se desenredó de su espalda para poner los ojos en blanco y rodearlo hasta quedar frente a frente—, sólo deseo que triunfe y haré todo lo necesario para concretarlo.

—¿Todo?

Aquello le sonó a una trampa y enseguida puso mala cara, había cosas en ella que le sugerían que sabía más de lo que aparentaba y la siguió por la habitación hasta una ventana que dibujaba una luna llena tremenda. Por más que Bardock quisiera mirar, le daba un poco de temor y tiritaba de lujuria cuando la veía tan llena, tan redonda. Pero una luna llena de los sueños no lo transformaría como una real.

—¿Incluso traicionar a tu primogénito? —La voz dulce de la alienígena lo hicieron olvidarse de la luna por un momento para concentrar toda su atención en ella.

—Jamás traicionaría a Raditz, es mi hijo y lleva mi sangre —pero por mucho que Bardock intentara decirse eso, siempre le quedaba un rastro de desdicha en la boca, no nos llevábamos bien y no creía que lo hiciéramos jamás pero el traicionarme como ya lo había hecho una vez le pesaba en la conciencia. Me había dado la memoria, la peor misión entre las que me había dado a mí y a Kakarotto antes de irse a Calade, escapando luego de ser culpado por la muerte del primer Vegeta; y me habían degradado de rango hasta que la princesa apareció para ponerme la capa azul. Sabía que jamás le perdonaría sus humillaciones por lo que una más no era una opción.

—¿Y si de eso dependiera la supervivencia del rey que tanto quieres proteger?

—¿A qué te refieres? —El capitán había picado su anzuelo y la alienígena sonrió satisfecha.

—A que puede que debas elegir entre ambos, ¿a quién elegirías? ¿A tu sangre o a tu rey? —La tipa dejó la interrogante en el aire y se le acercó al veterano con los labios abiertos. Bardock no se alejó y recibió el beso sin mucha emoción, expectante a que ella se apartara sin quitarle los ojos de encima. La guardiana de las manzanas se perturbó cuando lo vio mirarla al abrir sus ojos.

—Elegiría a Trunks —le dijo con determinación antes de terminar lo que había empezado la primera vez, con una mano en su cuello, apretando lo que no se había atrevido antes. La alienígena apenas se estremeció cuando Bardock cerró por completo su mano, sintiéndose los dedos detrás de los músculos aplastados bajo su fuerza. Estaba matando esa pesadilla y cuando dejó de moverse Bardock comprendió que estaba a punto de despertarse, había dado la respuesta correcta.


Cuando abrió la puerta de su habitación, no pudo evitar sentirse arrepentido. Los braseros ardían tranquilos y creaban pequeñas nubes perfumadas mientras se elevaban al techo alto, su luz rojiza tiñó de cobre todos los rincones de la habitación más privada del rey y la reina no regente se encontraba ahí. Pepper le sonrió con vanidad mientras que se levantaba del borde la cama para acercársele con pasos seguros pero pausados. Las nubes de humo perfumado le hicieron arder los ojos y Trunks frunció el ceño con enfado, si ella se dio cuenta de aquello, no dio señales de haberse percatado.

—Mi rey, me alegra que hayas vuelto —le dijo la reina joven cuando llegó hasta él. Una suavidad poco característica de las guerreras se apoderó de los movimientos de Pepper y posó las palmas de sus manos sobre los hombros del rey de una manera grácil, antes de atreverse a buscar su boca. Trunks apartó la cabeza lo suficiente para no verse encontrado por sus labios sangrientos, pero ella sonrió con ansias—. Oh, mi señor, ¿qué es lo que te sucede?

—Tengo una guerra que planear, no tengo tiempo que perder —mintió con facilidad, en parte hablaba con la verdad, pero no podía ser lo suficientemente sincero con ella. No la quería cerca y estaba seguro de que jamás lo haría, sólo era que no quería que Pepper lo supiera. Por el bien de ella y el de Marron.

—Yo puedo ayudarte a relajarte, mi rey —le prometió ella con un asentimiento de la cabeza y deslizó las manos en sus propios hombros para quitarse los breteles que sujetaban su traje de pelea púrpura, la garganta del rey se aflojó para dar paso a un gemido de nerviosismo. Hasta ese momento no había notado la ausencia de la armadura de batalla y Pepper terminó por desnudarse el torso con la intensión de incitarlo a que la tocara mientras ella se le acercaba para besarlo, sin que ahora hubiese un rechazo de parte del rey de muchos mundos. La recibió con la boca cerrada pero sus labios eran sumisos y la reina que no disfrutaba de la regencia se hizo paso entre sus labios hasta hacerlo responder a sus estímulos.

Trunks la comenzó a besar con las ansias pero no se atrevió a abrir los ojos para darse cuenta de que Pepper no era la rubia y que se encontraba en un acto de traición hacia ella. Goten estaba llevándose a Marron lejos en ese momento, su mejor amigo estaba al tanto de que Pepper lo estaba esperando en su habitación y apareció ante ellos con una propuesta inusual y que pecaba de obvia, se había llevado a la rubia ingenua a dar una vuelta por la ciudad principal de Vegeta, a la aldea de los humanos para ver a su madre. El consejero le había asegurado que Marron no se daría cuenta de su intención de separarla del rey y tal pareciera que así lo hacía, la chica se despidió de él con una sonrisa tímida antes de caminar a un lado de Goten pasillo abajo. ¿Era traición cuando en realidad la traicionada era Pepper cuando él amaba a Marron?

«Pepper es mi esposa y mi deber es tener descendencia con ella», pero siempre había visto a su hermana como su única heredera, así podía dejar de pensar en mezclarse con la clase guerrera más pura del planeta.

—Detente. —Pero Pepper no tenía las intenciones de hacerlo e hizo una pausa sobre los labios de Trunks para reírse suavemente. Su aliento lo hizo tener un escalofrío, ¿o sería una oleada de calor?

—¿No te gusta, Trunks? ¿Es por esto que siempre andas con Goten? —Insinuó ella con burla y el rey alargó un suspiro en enfado pero no hizo ningún ademán de alejarse de ella, su frente parecía fusionada con la de ella. La chica continuó riendo mientras se aventuraba más allá de los pectorales y el cuello musculoso del rey, y comenzó a arrastrar las manos hacia abajo. Cada caricia le sugería una nueva llaga en el alma y cuando la deseosa de ser reina comenzó a delinear el torso, por debajo de donde terminaba su armadura.

—No. —Su propia voz lo sacó del ensimismamiento que lo había adormilado y con mucha culpa recordó a Marron. Trunks retrocedió apenas un paso—Lo lamento, Pepper. No es el momento, tenemos muchos problemas, la guerra…

—¿Qué es lo que atormenta a mi rey? Puedo ayudarte a resolverlo, soy tu reina, ¿lo recuerdas? —Para nada, su reina era Marron, no ella— Mi deber es aconsejarte en los temas de la guerra como también es engendrar a tu descendencia, una más pura.

Pepper se acercó demasiado a él y se apoyó en su pecho antes de mirarlo hacia arriba, sus ojos negros no eran como los de Marron, los de esa reina eran malvados y mezquinos.

—Aun no sé qué es lo que te gusta, mi rey, pero pronto lo descubriremos —le dijo ella con una sonrisa y a Trunks le pareció que lo tomaba por virgen. Lo habría negado si tan sólo Pepper se hubiese callado—, ¿será la crueldad acaso?

Y ella se incorporó para mirarlo con las perlas negras que tenía por ojos, al rey le parecieron dos pozos profundos de oscuridad y aquello lo hizo temer. La crueldad no hacía buenos reyes pero sí producía un respeto que venía del miedo, si Marron hubiese sido reina seguramente lo hubiesen matado tal como lo hicieron con Vegeta, su pueblo tenía la mala costumbre de ejercer su opinión mediante asesinatos. Su padre ya lo había hecho cuando ejecutaron a su abuelo, a manos de Paragus bajo las órdenes de Freezer.

—¿Crueldad? —repitió con incredulidad, si realmente pensaba eso entonces no conocía nada sobre él. Aun así se dejó acorralar por ella, su cola se había desenrollado de la cintura en una señal de su excitación y se agitaba suavemente como si se encontrara sumergida en el agua. Lo miró a los ojos cuando lo empujó hasta que tropezó con la cama, Trunks ni siquiera intentó permanecer parado, y Pepper se sentó sobre su cintura en un movimiento ágil.

—Sí, mi rey —le respondió ella cuando lo cubría con su cuerpo para buscar su boca pero esta vez no lo besó y quedó a dos dedos de su cara, ambos respirando profundamente el aliento del otro—, pero no cualquiera sino que la crueldad hacia tus enemigos. Sé que los buscas ahora que Bardock no está aquí pero…—Pepper se acercó hasta su oreja izquierda y le rozó la lengua en el lóbulo antes de seguir hablando— Yo sé de alguien a quien deseas muerto hace mucho.

Trunks ni siquiera tuvo que responder algo para que ella se lo confesara, sin darle espacio a la expectación o la ansiedad, Pepper le dijo.


Los esfuerzos de alejarla del rey eran evidentes, mi sobrino era tan trasparente que Marron podría haber advertido todas las razones si se hubiese puesto a indagar un poco más pero no lo hizo, la sanidad de su corazón era menos importante que el bien de todo un reino y más allá, y decidió bajar la cabeza y seguir al otro consejero por todo el palacio. Había dicho que quería llevarla por donde no había ido jamás y enseguida salir del palacio para conocer de día los barrios vasallos, quizás ir a hablar un rato con la madre de él, quien había decidido retirarse con los terrícolas donde se sentía más a gusto. ¿El motivo? No existía, sólo quería alejarla de Trunks unas horas para confundir a Pepper y hacerla creer que el rey sí tenía interés en ella.

El mutismo de Marron no fue del todo evidente para el segundo hijo de Kakarotto y Goten siguió guiándola hacia el ala del comercio, a donde podría elegirse un par de joyas y atuendos, un pasatiempo que Número 18 solía hacer cuando vivía en el palacio. Había amuletos, armaduras, anillos y collares por donde mirara pero nada de eso le llamaba mucho la atención, Trunks ya le había regalado un colgante que significaba más que el que decoraba el cuello de Pepper como una réplica exacta del medallón que tenía el primogénito de Vegeta. Era una gota de mineral que tenía un brillo rojo, como su vestido y la capa de él, y la escondía bajo la tela pero solía pasarse la mano para sentirla sobresalir. El saber que existía la reconfortaba.

—Vamos, Marron, si no te gusta nada de lo que ves podemos ir a la taberna donde trabaja mi madre —la incitó con una sonrisa que rozaba los nervios y ella se forzó a sonreír antes de asentir con la cabeza sin mucha fuerza.

Marron se sintió extraña, como si una buena parte de ella se hubiese enfermado y sintió una pequeña taquicardia que ocultó bajo una de sus manos, masajeándose un poco sobre el pecho. Goten estaba a su lado, sin percatarse de su contrariedad, y siguió caminando pasillo abajo hasta que sintió el retraso de la rubia. Al voltearse a mirarla, el nieto menor de Bardock comprendió que algo había pasado y frunció el ceño al hacer contacto visual con ella.

—Algo no va bien, Goten —le dijo con la voz en un hilo y la opresión en el pecho la hizo bajar los hombros al punto en que el híbrido tuvo que ir a sostenerla por los codos para que no se desvaneciera por la falta de aire—, algo no está bien.

—Calma, Marron —la sujetó con suavidad y la puso de tal forma para que lo mirara sin hacer mucho esfuerzo—, te llevaré a la enfermería, debes tener un mareo.

Pero la rubia sabía que no se trataba de una enfermedad del cuerpo como Goten suponía y negó con la cabeza muchas veces sin detenerse.

—¡No! —Y ella se soltó para un empujón para correr pasillo abajo, a donde la opresión la comenzaba a liberar de ese mal presentimiento y la dejaba respirar. Al llegar a una puerta, la joven alargó los brazos para alcanzar el panel que la mantenía cerrada pero no fue del todo necesario. La puerta comenzó a abrirse sin que ella tuviera que tocar el panel y el metal se levantó con lentitud, dibujando la figura de un hombre detrás. Marron dio un paso hacia atrás al verse acompañada y escuchó los pasos de Goten acercarse a ella con cautela, ambos vieron que el hombre que esperaba sin prisa que el metal se levantara por completo, les sonreía con la boca torcida al reconocerlos.

El moreno de ojos celestes siempre fue más efusivo que su hermana melliza y la rubia tuvo problemas al reconocer al tío que había dejado de ver cuando era una niña, lo pensaba muerto pero frente a ella se erguía como si ningún minuto hubiese pasado desde la revuelta de Paragus.

—Marron, Goten —los jóvenes estaban absortos ante Número 17, él había estado presente durante toda su niñez antes de que desapareciera. El primero en sonreír de alegría fue el que no compartía su sangre de máquina y se acercó a él con los brazos abiertos, 17 recibió el abrazo sin mucha alteración en su rostro y sólo se dedicó a mirar a la niña que antes había sido su sobrina, la consejera favorita del rey.

—Tío…—murmuró ella en silencio, aún sin poder creérselo. La parálisis de su sobrina llevó al androide a acercársele con lentitud y la rubia tuvo la necesidad de retroceder los pasos que él daba hacia ella. Marron no movió ningún músculo sólo hasta que la sombra de su tío le oscureció los colores. Lo recordaba alto y seguía siendo igual de alto, pero la única que había cambiado era ella.

—Te pareces más a tu madre de lo que jamás imaginé —le dijo con una suerte de alivio y a Marron se le escapó una suerte de risa suave, aquello era suficiente, pensó, y se arrojó hasta él para abrazarlo. Su olor era el mismo, todo él era el mismo tío que siempre había recordado.

—¿Por qué nos dejaste? —Su voz le sonó quebradiza, como si estuviera a punto de llorar, pero estaba segura de que no podría hacerlo, su asombro era demasiado grande como para darse el lujo de llorar.

—No me iré nunca más —le prometió con la misma sonrisa torcida una vez más y le acarició la cabeza rubia que desde su altura podía imaginarse que se trataba de su hermana, aunque Número 18 no tenía esos arranques de efusividad—, he venido a liberarlas, a ti y a tu madre —le susurró con una voz feliz, de la misma manera que diría que le había traído un regalo desde muy lejos.

«Lo es, es el regalo de la muerte», pensó ella con una sonrisa, la muerte de Brolly.

—He venido con unos amigos para ayudar a tu rey de reyes —dijo Número 17 para todo el público, es decir, a ella y a Goten, y el nieto de Bardock abrió los ojos sin poder creérselo.

—¿Eres el líder de la Compañía Bastarda? —el asombro de Goten hizo que Marron se despegara de su tío para verlos, confusa. Cuando Número 17 asintió con la cabeza, ella se unió a la sorpresa del otro consejero del rey pero de una manera más cauta. Jamás se había imaginado a su tío como un soldado de alguien más, siempre había seguido sus propias órdenes y por más que su madre le recriminara lo poco que le importaba su situación de esclavos, 17 simplemente se reía.

—Pero tú no tomas bandos —le recitó ella lo que siempre solía decir él. Algo no estaba encajando.

—Y no los tomo ahora —aseguró el androide con una sonrisa torcida—, mi compañía sólo está uniendo fuerzas para una causa común, quiero mi venganza. Después de eso, Trunks se las verá solo.

Aquello último le rompió el corazón, por un momento había pensado que su tío había recapacitado y se había dado cuenta de que no tomar bando era olvidarse de todo lo que les habían hecho. Los habían hecho androides, los habían desterrado, habían matado a Krillin. Si no podía unírseles a ellos entonces su padre no le había importado nada a su tío.

—Pero puedes pelear con nosotros, tío, sabes que nuestro bando es el correcto. Acuérdate de mi padre, ¡acuérdate de Krillin! —Por primera vez vio a Número 17 poner mala cara.

—No hay ningún bando correcto, Marron —le dijo el moreno de ojos azules con seriedad—. Tanto este planeta como Freezer han desolado el universo por una causa que no era de nadie más que de ellos, Trunks sólo es el hijo de este problema como todos los híbridos de Vegeta. Pero todos los demás, Marron, tanto tú como tu madre y todos los soldados de la compañía, no somos parte de esto, sólo somos los bastardos de esta guerra que ellos empezaron. No me uniré a ninguno de ellos.


—Es verdad lo que ella dijo —su tono de pregunta me hizo sonreír frente a ella, no tuvo el valor de mirarme a los ojos y jugueteó con sus dedos sobre la sábana. Después de llegar a su habitación, las sirvientas la habían ayudado a sacarse todo el resto de la pasta nutritiva que le quedaba en el cuerpo y se terminó por recostar en su cama por lo mareada que se encontraba después del coma inducido. No le dije nada esperando que se avergonzara lo suficiente para que no me hiciera decir lo obvio pero Bra no era de acobardarse tan fácil y esperé sentado a un lado de su cama que decidiera echarme fuera por la respuesta que le daría—, lo de los híbridos. Pepper dijo que los odiabas —fruncí los labios cuando ella se aventuró a mirarme fugazmente antes de apartar la vista una vez más—. Goten decía lo mismo pero él te detesta y puede estar inventando cosas malas de ti por eso.

Me reí suavemente ante su intento de negarse ante la posibilidad de que yo la despreciara internamente, así era antes, me contentaba con pensar que los híbridos eran inferiores a los puros y que la debilidad de Vegeta no se encontraba en la fuerza de sus puños sino que en su prole y a la reina forastera que había puesto a su lado. No sabía si mi desprecio hacia los de la sangre diluida se había transformado en algo positivo, sólo sabía que ya no pensaba en eso y dejaba pasar el tema sin querer. Seguramente la realeza tenía entre sus tantas ventajas, la capacidad de ser perdonados incluso en su sangre débil.

—Mi sobrino no me detesta tanto como piensas. No es por eso que intenta hablar mal de mí contigo, Bra —la princesa me miró con consternación, para ella era obvio que Goten me odiaba pero ella no lo había visto de niño, intentando acercárseme con la idea errada de que la sangre que nos ataba, nos volvería íntimos—. Él está celoso porque la princesa no le tiene tanto afecto como a mí.

Aquello la hizo sonreírse con encogimiento, medio avergonzada de que lo notara, medio aliviada de que supiera. Pero yo no había respondido su duda, esa que conocía su respuesta tanto como su reacción. Sí odiaba a los híbridos como Pepper lo había dicho pero a la princesa eso pareció irse a un segundo plano. Por un momento me pareció que Bra no necesitó saber la respuesta porque estaba segura que estaría mejor sin ella.

—Sí soy algunas de las cosas que dicen de mí, princesa —le dije con mucho pesar y hablar se me hizo muy difícil, pero ella se apresuró a negarme con la cabeza.

—No —respondió con una sonrisa casi amarga cuando se levantó suavemente de su posición en la cama—, no eres lo que dicen de ti. Eres diferente y nadie te conoce como yo —aquello la hizo sonreír dulcemente y se me acercó con la torpeza de una virgen—. Eres bueno, Raditz, eres bueno conmigo. Estás enseñándome a pelear y me proteges.

—Protegerte es mi trabajo —le dije con calma y una curva en la boca pero ella negó con la cabeza. Les lanzó una mirada fugaz a las sirvientas que aguardaban en las esquinas y las dos marcharon en silencio dándole la vuelta a la cama y pasando detrás de mi asiento, no quise mirarlas en su trayecto para darles una sensación de normalidad y que no fueran corriendo a avisarle a Trunks que me había quedado solo con su hermana dentro de la habitación.

—Raditz —me llamó en cuanto se fueron pero fue la princesa quien se acercó y se puso de rodillas a la orilla de su cama para mirarme desde arriba, como siempre lo hacía yo, y me cubrió las orejas con las palmas de sus manos. No dije nada en todo ese lapso de tiempo y la sentí acercárseme hasta que los límites de mi cuerpo no la permitieron avanzar más. Se había sentado en mis piernas y alcé las manos hasta la altura de sus costillas para sujetarla mientras me inclinaba sobre el respaldo del asiento, sin querer agobiarla demasiado con movimientos más atrevidos—, quiero que seas mi esposo, mi heredero y mi rey. ¿Quieres lo mismo?

«El collar de la piedra azul», susurró el recuerdo de Desconocido en mi mente pero lo acallé con un gruñido. Aspiré el perfume del pelo de la princesa y el aroma que quemaban los braseros, y exhalé algo parecido a la satisfacción. Bra se turbó cuando pensó en lo mucho que me estaba demorando en responderle y se deshizo del abrazo en que me tenía con la sensación de que había cometido un error, toda esa decisión de abordarme se estaba desvaneciendo como el humo en el aire hasta que me reí suavemente.

—No —dije al fin con una sonrisa y Bra se hubiese vuelto a su cama como una niña asustada de no ser porque la sujeté por la espalda—, sólo quiero a la princesa.

—Oh…—exclamó ella con la sonrisa compuesta y se me acercó de nuevo para plantarme un beso, pero un golpe en la puerta la hizo saltar de vuelta a la cama como una gata asustada.

Princesa —la llamó la voz lejana de mi sobrino—, princesa, soy yo, Goten.

Bra refunfuñó cuando reconoció su voz y se dio el tiempo de arreglarse las sábanas y el pelo antes de gritarle que podía pasar. Me sonrió con complicidad cuando me levanté del asiento y me erguía a un lado de su cama, esperando a que el hijo segundón de mi hermano se atreviera a entrar a los dominios de la chica que le fue prometida de niña, después de la muerte de Vegeta. Entraron junto a él las sirvientas que no alcanzaron a pasar mucho tiempo en el exilio del pasillo por su aparición inesperada y Goten no puso la mejor cara al ver que yo estaba dentro y ellas fuera. Cuando me dirigió la mirada, yo sonreía y él no pudo imitarme, llevando los ojos al suelo casi automáticamente.

—Buenas noches, Goten —le replicó con una amabilidad que no era propia de ella y el híbrido la miró extrañado—, ¿qué haces aquí tan tarde? ¿Hay algo que quieras?

Me pareció que aquello era una pregunta muy difícil para el chico y se quedó mudo de repente, y mi risa discreta no le ayudó a templarse.

—¿Es normal que la princesa esté a solas con su guardia? —dijo de pronto y Bra enrojeció al pensar que Goten podía descubrir nuestro diálogo previo a su llegada, con solo mirarla. Mi sobrino no parecía muy contento con eso y ciertamente Trunks tampoco lo estaría.

—Lo es, soy su guardia —respondí por la princesa, con una lentitud y calma que rozó la ironía. Mi sobrino no me sonrió de vuelta al verse respondido.

—¿Y de qué se supone que la estás cuidando? ¿De pesadillas y fantasmas? —rebatió sin piedad y presentí que ese pequeño diálogo terminaría en una pelea, la princesa así lo hizo también, y por muy avergonzada que estuviera se atrevió a hablar por sobre nuestras palabras.

—¡Basta ustedes dos! —Ambos la miramos con obediencia, se había incorporado de la cama y debajo de su túnica para dormir, se imprimía el efecto del frío sobre su pecho. Goten tuvo que apartar la mirada enseguida, avergonzado de que no pudiera verle los pechos a la niña que seguía siendo a sus ojos y sólo eso pudo bajarle los ánimos de pelear— ¿Qué es lo que quieres, Goten?

Pero más allá de responderle algo concreto, me llamó a mí como el objetivo que lo había llevado ahí. Lo habían enviado a buscarme y le habían informado que había llevado a Bra a su habitación luego de que despertara de su recuperación en el tanque. Lo que él había esperado es que yo estuviera cuidando su puerta, como era la tarea de los guardias reales, pero a las que encontró ahí fue a las sirvientas.

—Tío —su primera impresión lo hizo arrugar la nariz, estaba enfadado, pero Goten jamás dejaría que sus propios sentimientos se interpusieran con las decisiones o requerimientos de su rey y mejor amigo, por lo que se limitó a bajar la mirada para hablarme con los labios tiesos, casi no modulada y podía verlo tiritar de rabia si llegaba a observarlo con detención—, el rey te requiere en la sala del trono ahora mismo.

La princesa se sobresaltó al escuchar el mandato y se irguió un tanto como si eso la hiciera captar mejor la situación, si hubiese sido un poco más listo habría desconfiado de Goten pero no lo hice y le dediqué una sonrisa suficiente, mi altura me permitía despreciarlo sin que se notara como un ataque directo.

—¿Lo requiere…? —Bra se me adelantó a decir, su instinto le hizo sospechar— ¿Puedo ir?

—¡No! —el arrebato de Goten fue demasiado obvio para ella y puso mala cara enseguida, antes de dejarla replicar, mi sobrino fue lo suficientemente astuto para tratar de difuminar su error— No, princesa, no es nada. Mi tío volverá en cuanto Trunks haya hablado con él. No te preocupes.

Pero Bra sí se preocupaba y abrió la boca para seguir demandando explicaciones, era claro que no iría a obedecer si Goten se lo pedía por lo que me vi en la necesidad de demostrarle la marcada diferencia que teníamos entre nosotros. Sólo tuve que mirarla de soslayo para hacerla callar y la chiquilla híbrida se volteó a mí con rapidez.

—No hay razón por la que debamos desconfiar en Goten, ¿no es así, sobrino? —Pero el consejero del rey no pudo sostener mis pupilas al verse descubierto, debía desconfiar y eso le pesaba demasiado. Si quitábamos a la princesa de en medio, Goten no tenía nada en mi contra.

—Pero Raditz…

No nos miramos por mucho tiempo, había una cierta discreción que se debía proteger y el que la cuidaba siempre terminaba siendo yo, por lo que me encaminé a la salida, a la espera de que mi sobrino me siguiera. Así lo hizo y ninguno de los dos se volteó a mirar a la princesa que se cruzó de brazos con la sensación de que todo era extraño. Ya no figurábamos en su rango de visión cuando un escalofrío le recorrió la espalda y la paralizó en su posición sobre la cama, sin querer mirar alrededor para corroborar que se encontraba sola con sus sirvientas.

La sala del trono se veía espaciosa pero no estaba del todo vacía, unos generales de alto rango acompañaban al rey de reyes desde los escalones más cercanos al suelo cuando me adentré por el corredor principal. Nappa junto a Seripa y la reina, como también la reina no regente se encontraban presentes, y sólo la sonrisa de Pepper me pareció desalentadora. Seguí caminando hacia la plataforma de los tronos con la sonrisa difuminándose con cada paso y el semblante cada vez más endurecido hasta que me detuve a los pies de las escaleras. Sólo ahí fue que vi a Marron, a un lado del corredor, y a su tío de ojos celestes y muertos; su presencia terminó por descolocarme por completo.

Trunks se acercó unos pasos al borde del último escalón para afilar su mirada, Pepper estaba más cerca de él de lo que esperaba y bajé la cabeza para demostrar mi respeto, inclusive pegué una rodilla al suelo y la reina más joven se permitió sonreír.

—Sabía que no eras confiable —me gruñó el rey cuando abrió la boca, mis ojos se agrandaron bajo mi posición mansa y Goten se estremeció detrás de mí, me había llevado directo al matadero—, por más que intentara creer en tus palabras sabía que algo malo había en ti.

Levanté la cabeza cuando sus palabras se me hicieron cada vez más claras, aquello lo terminó por hartar y frunció aún más el ceño, Pepper pareció disfrutarlo tanto como el androide que parecía divertirse por las conductas del rey.

—Fue mi reina la que pudo probarme lo que todos estaban empecinados en negarme —la forma como se refería a Pepper me sugería que era para el público que anhelaba verla como la regente—, sólo necesitó de un cantinero, un soldado y un centinela para hacerlo. Los tengo a los tres, todos asegurándome que los dichos que tú hacías sobre mi hermana, la princesa, eran del todo sediciosos.

—¿Qué? —No tuve otra manera de demostrar mi desconcierto más que una pregunta que no hacía mucho en cuanto a negar esas afirmaciones. No estaba al tanto de esos testigos ni de lo que había dicho en ese entonces y por más que lo intentara, sólo acudían a mí las imágenes de Bra diciéndome lo mentiroso que era.

Pepper, la reina no regente, dio un paso hacia el borde para quedar junto a Trunks, su incomodidad cuando ella le puso cada mano en uno de sus hombros y apoyaba su cabeza sobre él, se me hizo evidente, y la rubia apartó la cabeza hacia su tío. El androide le sonrió para contagiarla de esa falsa felicidad que tenía esa raza y Marron apenas pudo curvas los labios sin siquiera levantar la vista.

—Aseguraste frente a toda la taberna que nadie se acostaría con la princesa más que tú, estuve presente cuando lo apostaste, Raditz, «doce gemas de Taas a que nadie lo haría» —su voz venenosa me obligó a incorporarme del suelo y todos los generales que se erguían sobre los primeros escalones de la plataforma de los tronos se pusieron en guardia al suponerme como una amenaza. Los miré con la misma consternación de la de una presa confundida al ser acorralada—. Llevaste a la princesa a esa misma taberna, el cantinero dijo que la retuviste ahí cuando ella no quería hacerlo, no sólo la sacaste de la seguridad del palacio sino que la llevaste directo a un lugar atestado de soldados que bien podían haberla violado y matado sin pensarlo dos veces —Pepper hizo una pausa cuando me vio retroceder con los ojos desorbitados, ya estaba saboreando mi derrota—. Pero esto no acaba aquí, mi rey, un centinela clama haberlo visto cuando la ponía de rodillas frente a él y ella no pudo levantarse debido al miedo que le profesaba…

Negué con la cabeza pensando que no era miedo lo que no le permitía levantarse sino que la armadura «mágica» que le había puesto ese día, pero por más que contara esa historia no iría a borrar las demás. A Trunks se le había descompuesto el rostro con cada verso que cantaba su reina y la regente, sentada en el trono más pequeño y mucho menos tosco que el trono del Rey, suspiró con desolación. Tuve nauseas en ese momento y busqué el suelo con los ojos sintiéndome realmente mareado.

—¿Eres lo suficientemente tonto como para negarlo? —dijo de pronto el rey de muchos mundos con una voz moribunda y supe que no lo era. Me sabía condenado y negué con la cabeza para el desagrado de Trunks, si hubiese podido insultarme con un grito desde las entrañas de buena gana el rey lo hubiese hecho pero no se encontraba solo— ¿Es cierto que estás tras el collar de mi hermana?

No tuve el valor de decirlo en voz alta y después de unos momentos que se me hicieron eternos, asentí una vez con la cabeza cuando consideré que ya nada podría salvarme. Un gruñido manó de la garganta del primogénito de Vegeta antes de seguir hablando.

—Eres un traidor y como traidor serás tratado.


Nota de la Autorísima: Ya le tomé el gusto por llamarme a mí misma "Autorísima", será un permanente ahora en adelante xD ¿Qué se puede decir? Me demoré demasiado en actualizar esta vez, fue como un mes, y créanme que estaba desesperada. Hay razones, enserio, la primera es que participé en un concurso de terror del grupo de fb "Por los que leemos..." y me quitó tiempo haciendo esa historia :) la buena noticia es que gané el primer lugar, ¡yay! así que al menos eso lo hice bien... La segunda razón es que fue un painintheass esta entrega, no sé si lo han notado pero Trunks se cuesta un montón pero debía hacer el capítulo casi todo de él.

Hay una persona que me dijo que Trunks necesitaba lemonear, así que lo intenté, realmente lo intenté jajaja me salió una especie de lime, espero que eso haya calmado los ánimos (?) igual sé que a muchas les va a doler por Marron u.u Pero bueno...

Mi Raditz, ¿ustedes saben que soy una rábana, verdad? Bueno, les diré que lo dejaré de maltratar más temprano que tarde desde ahora, el próximo capítulo es uno de los que siempre quise escribir, desde el capítulo 1 :'D así que sabrán lo emocionada que estoy por el siguiente :)

Espero no tener tantos errores, debo despertar temprano mañana y no pude corregir como corresponde pero por lo que vi no debiesen haber tantos escondidos... Espero que lo de 17 no haya quedado tan forzado y pobre Marron u.u

Gracias a los comentarios de Bego-Bura-xD, Dragon Girl, Guest-AlexanderMan, Sybilla's Song, Prl16, JazminM y a asaia16 :D Me complace decirles que por sus contribuciones, en el capítulo pasado pasé la barrera de los 200 reviews y hasta este momento, siendo las 3:27 de la mañana en mi país, tenemos 210 reviews :D ¡Muchas gracias!

Muchos besos, ahora podré estudiar con más calma y no tanta tensión fickera (?), se despide su servidora que los ama mucho, RP.