Para escribir este capítulo, usé las canciones de Kamelot "House on a hill", "Part I, Incubus", "Part II, So long", "Part III, All is over" y "Part IV, Dissection". Por si les llega a interesar :D
38
El condenado
Cuando Bulma entró a la sala del trono, hizo un tremendo esfuerzo por mantenerse tranquila aunque la atormentara un puñado de sentimientos encontrados. Seripa la incitó a seguir con un gruñido quedo que la transportó de nuevo a los tiempos en los que era una esclava, sólo un capricho del otrora rey Vegeta cuando su consejo de guerra lo instaba a asesinarla para demostrar su lealtad al pueblo puro de los saiyan. Aquello le habría sacado una sonrisa en otra situación, otra en donde no estuviera a punto de cometer una tontería. Su hijo había dejado de lado su relación cercana en cuanto ella le había sugerido el desposar a Pepper, su enojo se había estado enfriando conforme Bardock no paraba de soñar y sus hombres se comenzaban a revolver enfadados porque todo apuntaba que Trunks estaba caminando sobre las pisadas que había dado Vegeta. Desposar a una guerrera curtida había sido la mejor idea que se les había podido ocurrir porque un rey no se quedaba con quien quería sino que con quien debía, tal como lo había probado Vegeta.
El rey Trunks estaba en una audiencia con el androide mellizo de Número 18 pero el capitán de la Compañía Bastarda parecía no estar al tanto que lo estaba y se movía a pasos pausados por ahí y por allá como si no pudiera quedar tranquilo en un sitio, al híbrido poco le molestó aquello y seguía hablando sin importarle si lo estaba escuchando o no. Bulma siguió avanzando hasta que estuvo al pie de la plataforma y se detuvo a un lado de la rubia consejera que ya no subía las escaleras para ponerse a un lado del trono como la consejera favorita que era, ahora su papel era otro. La reina regente pensaba que podría tratarse de una acción de su hijo, si la alejaba de él Pepper no tendría por qué sospechar de ella y la mantendría a salvo, pero había veces que lo dudaba. El trato entre ambos ya se había agriado y Marron no se acercaba al rey de reyes con la comodidad que antes gozaba, sólo la podía ver junto al mercenario que era su tío y a Goten.
Cuando la sintió a su lado, la rubia la miró de soslayo con un poco de temor.
—Mi reina —la saludó con cortesía, aunque sabía que no era su reina realmente, Marron era hija de la apátrida de Número 18 y del letal Brolly, aunque a veces dudaba que el loco la hubiese engendrado. Marron parecía ser obra únicamente de la androide—, ¿puedo preguntar cómo está la princesa?
—Encerrada en su habitación —le respondió Bulma con una sonrisa triste, las coincidencias con su propia vivencia del pasado la hacían estremecer pero ahora el encierro no se debía a un Vegeta que intentaba frustrar su escape, era causa de un Trunks que no quería que su hermana se llenara la cabeza de mentiras mías—. Trunks le puso guardias para que no intentara escaparse pero dudo mucho que lo trate.
La rubia asintió la cabeza una vez y se dedicó a mirar a su tío cuando la mención del rey la hizo estremecer. Número 17 había sido atraído por una bandeja de frutas que le había traído una sirviente pero no era la fruta sino que la bandera de Taas lo que le había importado y descartó la comida sin tapujos para poder verse la cara reflejada por la superficie lisa de la bandeja. Sonrió sin muchas emociones impresas en el rostro y dejó que la sirvienta se llevara las ofrendas con un poco de nerviosismo, se decía que los androides no bebían ni comían y que podían permanecer invariantes cuando sus compañeros de carne y hueso estaban hechos polvo. Bulma frunció el entrecejo al pensar que sólo se trataba de un cazarrecompensas y había que mantenerlo siempre pagado para asegurar su lealtad.
—Mi primer sargento viene en camino, rey de reyes, sólo dime cuándo y mis «bastardos» caerán sobre tus enemigos —le prometió con una sonrisa artificial—, sólo quiero que me digas dónde está Brolly, será mi pago por mis servicios.
Trunks no parecía creer que los soldados, que orgullosamente llamaba como sus «bastardos», aceptaran aquel pago como única recompensa y sonrió con el ceño fruncido.
—Lo sabrás en cuanto hayas cumplido tu parte de la tarea. —Trunks no se fiaba en nadie, especialmente si se trataba de desconocidos por mucho que se tratara del tío de sangre de Marron. El rey no pudo detener el impulso por ver a su consejera favorita furtivamente pero ella no lo miraba, ya no lo hacía y solía acompañarse siempre de su tío como si intentara evitarlo. El rey relajó su entrecejo cuando la nostalgia se plasmó en su semblante—. Cuando hayamos tomado a Freezer, tendrás a tu soldado. Antes no.
Aunque Bulma esperara una contrariedad en el rostro del mellizo de Número 18, éste sólo curvó una sonrisa.
—El rey es inteligente —le contestó para luego dejar de mirarlo—, yo tampoco confiaría en mí mismo.
Su propia broma lo hizo reír suavemente y miró a Marron como para transmitirle un mensaje misterioso, uno que la hizo sonreír quedamente y que hizo que Trunks apretara los mangos del trono de su padre bajo sus manos enguantadas.
—Si triunfamos, el planeta Vegeta estará eternamente agradecido. Podrás irte de aquí con más riquezas de las que tú o tus soldados puedan sostener con sus manos, lo juro. —Trunks estaba al tanto que para un mercenario lo más importante era el pago por lo que quería asegurarse. Bien podría Freezer hacerlos pasar al otro bando si le cedía a Brolly como quien se desprende de un objeto de poca utilidad, los Bastardos eran sobrevivientes de planetas arrasados tanto por Freezer como por Vegeta, daba igual quién era el mejor postor si podían destruir a uno de los dos.
Número 17 sonrió sin decir más y amansó la cabeza a modo de despedida antes de caminar pasillo abajo, a donde el exterior se extendía más allá de las puertas que nunca se cerraban. Al verse sorprendida por lo repentino del término de la audiencia con su tío, Marron se apresuró a seguirlo a la salida sin siquiera dirigir la vista hacia la plataforma y Trunks entrecerró los ojos con desánimo, si su madre no estuviera ahí quizás le habría pedido que se quedara.
—¿Qué es lo que quieres, madre? —le preguntó sin dejar de pensar que era demasiado duro con ella, Bulma se encogió de hombros—. ¿Acaso estás haciéndome una escena de la que no estoy al tanto? —Hizo una pausa en la que se levantó del trono, los dedos de sus manos se sintieron agarrotados y los flexionó al bajar las escaleras—. Pepper vendrá a sentarse en tu trono si no lo haces tú, no le des esa posibilidad.
—No la veo aquí —se defendió pobremente ella sin dejar de encoger sus hombros. El rey entrecerró nuevamente los ojos, esta vez no con tristeza, sino que con incomodidad.
—No confío en ella todavía, no quiero que esté presente cuando hablo con Número 17. Ella aún cree que sólo se trata del tío de Marron, nadie más. —Ambos comenzaron a caminar por el pasillo sin guardias ni escoltas, sólo ellos dos como el rey y la reina regente, como el primogénito y la madre que eran. La sola mención de la rubia lo había agriado y se imaginó con plena exactitud a lo que había ido a verlo—. Si viniste a pedirme que perdonara al traidor de Raditz, estás perdiendo tu tiempo, madre. La traición es traición.
—No vengo a pedir por Raditz, hijo. —Aunque Bulma sólo le llegaba hasta el mentón, Trunks supo que debía mirarla a los ojos. El mero contacto lo hizo caer en cuenta a lo que se refería y carraspeó con fuerza antes de reanudar su caminar—. Hazlo por tu hermana, Trunks, por favor, perdónale la vida. Déjalo en los calabozos por el resto de su vida si quieres pero permítele vivir.
—¡No lo haré! —Trunks le gruñó mientras cruzaba las puertas de la entrada, pareció pensarlo un momento antes de darse la vuelta para rebatirle—. Ella tiene que olvidarlo, madre, si lo dejo en los calabozos su amor hacia él jamás se terminará. —El rey miró para otro lado, como asegurándose de que lo que estaba diciendo no era del todo malo—. Si lo saco del camino sufrirá un par de días pero ya se le pasará.
—¿Un par de días? ¿Realmente piensas que se le pasará en un par de días? —Sin poder comprenderse a sí misma, Bulma comenzó a angustiarse—. Temo por ti, Trunks, ella no ha parado de llorar… Dice que escuchó un grito terrible, dice que lo estabas torturando. —Aquello lo hizo relajar el semblante, Trunks se sentía culpable y bajó la cabeza en un gesto que no pudo reprimir.
—No fui yo —se sinceró—, Pepper le asió una herida. Nunca fue mi intención torturarlo… —Trunks frunció el entrecejo como si hubiese estado pensando algo que le desagradaba—. Esa mujer es cruel, madre, Pepper es una desalmada.
—Este es un planeta de guerreros muy crueles, Trunks —le dijo adelantándose unos pasos para quedar frente a él y alargó una mano para tocarle una mejilla—. Es imperioso que logres amansarla, Trunks. Tú no eres así y jamás lo serás, pero si dejas que ella eduque a sus hijos ellos distarán mucho de ti.
Pero esa idea le agriaba más el ánimo, tener hijos con la de la sonrisa sangrienta no era el futuro que había visto para él y se alejó de su madre con un disgusto que lo hacía tragar una saliva espesa y que le sabía amarga. Ser rey jamás había sido tan horroroso, deseaba ser un simple soldado, uno de esos que podía elegir a su compañera, sus batallas y a sus amigos. Su padre jamás le habría dejado una peor maldición que esa.
Bulma supo que había cumplido con molestar a su hijo pero jamás esperó que él le respondiera.
—Yo no pedí ser rey —le dijo al tiempo que se alejaba con unos pasos rápidos y luego volvió a ella como si no se resistiera a estar quieto—, yo no pedí a Pepper y menos esta guerra. Ya me quitaste una cosa, madre, no me quites mi autoridad.
Y sin decir más, se volteó hacia una dirección contraria a la que habían tomado para alejarse de ella sin saber a dónde podría dirigirse, no tenía idea de dónde se había metido Pepper para evitarla ni tampoco a dónde se había dirigido Marron, pero no podría acercarse a ella sin que su tío no se entrometiera. Goten le había dicho que habían decidido alojarse en el trozo de ciudad humana junto a Chichi y aquello le había caído como un balde de agua fría. ¿Cómo las cosas habían cambiado tanto en sólo unos días?
—Entonces no le quites algo a tu hermana también —la voz de su madre sonó ruda, casi tanto como Seripa, y lo hizo reaccionar por unos momentos en los que dejó de lado su mala cara y su andar. Pero Bulma tendría que hacer más que eso para hacerlo cambiar de opinión.
—Dile que puede ir a verlo, madre —le respondió con un gruñido sin mirarla de vuelta—, dile que puede pero que me haga un favor —Trunks miró a Bulma de soslayo—, que le ofrezca el collar azul y que se dé cuenta por ella misma que yo no me he equivocado.
Cuando abrí los ojos ya no estaba en el suelo, sino que colgaba en el aire con los brazos amarrado a la pared que me había servido de respaldo luego de perder la conciencia a manos de Pepper. La reina me estaba amarrando las muñecas a una altura que no era posible levantarme sin fracturarme los brazos pero tampoco podía sentarme, estaba condenado a apoyarme malamente sobre mis rodillas y nada más. Por más que diera manotazos intentando liberarme de las amarras de luz azulina, sólo lograba producir un alboroto metálico y no pasó mucho tiempo antes de que dejara de moverme por completo, y me dediqué a mirarla con disgusto. Pepper me sonrió con gusto una vez que terminó de amarrarme, parecía masticar un trozo de hierba.
—Te dije que ibas a ganar más de lo que realmente merecías —me dijeron las sombras a un lado de Pepper y ella se incorporó de mi lado para retroceder unos pasos hacia atrás, hasta permanecer al costado de Desconocido en una posición bastante mansa. Al ver la capa que le ocultaba todo menos la sonrisa y las manos, comencé a mover las manos nuevamente en un intento por desatarme de las amarras, ambos se sonrieron con mi desesperación—. ¿Qué sucede? ¿No estás feliz de verme?
Dejé de mover los puños paulatinamente hasta quedarme inmóvil cuando él se hincó frente a mí para sonreírme abiertamente. Una de sus manos huesudas se acercó para tocarme las mejillas, el dedo pulgar sobre la izquierda y los demás dedos en la mejilla derecha. Sólo estaba rozándome en una advertencia para que dejara de resistirme y así lo hice. Por más que intentara escudriñar en esa sombra que sería su rostro, sólo conseguí ver los dos puntos luminosos que serían el brillo de sus ojos. Desconocido se me acercó hasta quedar a un centímetro de su rostro y yo me congelé en miedo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —atiné a decir sin dejar de mirar a esas dos estrellas distantes dentro de su capucha. Desconocido sonrió pero esta vez Pepper no lo imitó. Me aventuré a pensar que ella le temía tanto como yo.
—Visito a uno de mis queridos súbditos, ¿hay algo malo en eso? —Dijo con simpleza mientras se levantaba para caminar hacia atrás hasta quedar a la misma altura de Pepper.
—Por poco hiciste que te matara, estúpido, sólo quería demostrarle a los demás que la princesa es más terrícola que saiyan —por fin la otra hablaba y no pude evitar arrugar la nariz ante su comentario, ella lograba agriarme el humor—. ¿Qué? ¿Realmente creíste que ibas a ser rey? ¡Já! Trunks jamás dejaría que un traidor como tú tomara a la princesa por esposa, ¿o te olvidas que eres un clase baja, que podrías ser su padre? —se burló ella desde las alturas y desvíe la mirada, y fue el turno de Pepper de hincarse frente mí de tal manera que no pude no mirarla—. Te tengo noticias, yo soy reina y tú no eres más que un condenado.
—¿Para eso te vendiste? ¿Comiste su fruta maldita para ser una puta reina? —El rostro de la reina se descompuso hasta el punto que no pudo disimular el disgusto y me aterrizó el dorso de una mano con fuerza en la cara. Desconocido intervino entonces, había sido simplemente un espectador más durante nuestra pequeña conversación—. Eres una estúpida —murmuré para mí mismo luego de escupir la sangre que había acudido a mi boca tras el golpe.
La subordinación de Pepper para con él se me hizo bastante obvia cuando ella se apartó del camino con rapidez, para no retrasar el paso de su amo y señor.
—Si mal no recuerdo, tú te vendiste por una venganza —me dijo Desconocido con un tono de burla y Pepper amansó la cabeza al escucharlo hablar—. Ya sabes cómo es, algunos son más inteligentes que otros. Todos somos como piezas de un juego, hay unas que sirven para ser sacrificadas para que otras más importantes sobresalgan —Pepper sonrió cuando habló de las últimas piezas, por lo que yo era de las sacrificables y gruñí con un disgusto.
—¿A qué te refieres? —quise indagar aun así, Desconocido supo que ya había entendido todo.
—A que tu misión era sólo hacer quedar bien a Pepper —me dijo sin compasión—, si ella traía al traidor a los pies del rey de reyes, Trunks no puede sino confiar en ella.
—¿Confiar? —Me permití sonreír con burla—. Trunks no confía en Pepper, deben hacer más que eso para que Trunks tenga un poco de confianza con ella.
La verdad no les gustó en lo más mínimo, uno de los fracasos más grandes que ella tenía sobre sus hombros era que Trunks no podría quererla y Desconocido se mantuvo en silencio por más tiempo del que era necesario para suponer que sólo estaba esperando que yo y Pepper nos calláramos. Sin poder ver su rostro podía sentir su disgusto y la reina no regente se asustó hasta el punto de que era completamente reconocible.
—Entonces tu trabajo no ha terminado, Raditz —me explicó de pronto con una voz tan tensa que podía cortar el aire con sus vibraciones—. La princesa vendrá a verte, de eso estoy seguro, Trunks es tan blando que querrá que te vean antes de cortarte la cabeza y cuando lo haga, quiero que la mates. Has el intento al menos antes de morir, déjala grave, no me importa. Provoca una instancia en la que Pepper pueda salvarla para que Trunks deposite un poco de confianza en ella.
No hice ni un gesto que imprimiera mi sorpresa porque pronto me puse a sonreír y Desconocido se tensó de nuevo.
—¿Y por qué te haría caso? Mañana seguramente moriré y no consigo nada con obedecerte, ya no me gobiernas.
—Ah, ya veo —comenzó él y su tranquilidad me arrancó un escalofrío—, con que será así, los sentimentalismos siempre asesinan el deber, el amor es un gran veneno —dijo de pronto y fruncí el ceño—. Puedo prometerte la vida a cambio de que la hieras gravemente, déjala moribunda y estarás tan lejos de aquí que nadie podrá encontrarte jamás.
Me permití cerrar la boca y tan sólo los miré con seriedad, estaban desesperados y Pepper no estaba cumpliendo con su trabajo. Pude oler el miedo de la reina no regente y me pregunté qué habría pedido Pepper a cambio de una manzana dorada para que se tuviera que ganar la confianza del rey. Ella no era más que otra pieza sacrificable para Desconocido.
—Deberías buscar a otro —repliqué tan despacio como la poca tranquilidad que tenía me permitía—, matar a una princesa es alta traición y no me dejarían de buscar por mucho que me oculte. Estaría cambiando una muerte por otra, no lo haré.
La princesa se acercó a pasos corto a donde estaba su espejo y en la penumbra de la habitación se descubrió demacrada y triste. Más allá se dibujaba la figura de Goten, parado a un lado de la puerta abierta, esperando a que ella se terminara de arreglar para partir a la sala de los tronos. Antes de darse la vuelta, Bra se ocultó la cabeza con la capucha que no ocultaba sus ojos lilas pero sí su cabello, y se volteó al fin, sin dejar de notar cómo el híbrido que era muchos años mayor se tensaba al verla acercarse. Cuando llegó a su lado y lo miró a los ojos negros, supo que jamás lo amaría. Aun así intentó sonreírle sin encarar sus ojos y verlo sonreírle de vuelta. Al cabo de unos momentos en que se sintieron tontos, él le ofreció un brazo. Sólo cuando estuvieron adentrándose en el pasillo, sin más sonido que el de sus propios pasos y las pareces que los murmuraban, Bra tuvo el valor de hacer la pregunta que la había demacrado en tan poco tiempo.
—¿Lo ejecutarán mañana, verdad? —La voz le manó como un río casi seco y Goten se revolvió sin dejar de caminar—. Trunks no hace más que enojarse cuando mencionó el tema y se va antes de decirme algo.
La princesa bajó la cabeza cuando pensó que iría a llorar por la enésima vez en esos dos días en los yo que había pasado en el calabozo pero ya no tenía ninguna lágrima que derramar y se vio sollozando sólo quejidos. Goten no supo que hacer más que seguir caminando y palmearle el dorso de la mano que lo mantenía agarrado.
—Sólo Trunks sabe lo que pasará —le mintió piadosamente aunque a esas alturas la palabra ejecución salía de todas las bocas del palacio—. No te preocupes, princesa, tu hermano es un hombre misericordioso. No va castigar a mi tío por cosas que no ha hecho.
«Está mintiéndome», pensó Bra pero sólo se limitó a mantenerse callada. Todos querían protegerla de la verdad. «Sólo Raditz me decía la verdad.» Pero siguió caminando sin atreverse a levantar la mirada otra vez.
—¿Puedo ir a ver a Bardock? —Había despertado ese mismo día, con el cuerpo tan caliente que las toallas húmedas que le habían colocado en la espalda para calmarle la fiebre, se secaban bajo una estela de vapor tibio. Bardock tiritaba como si tuviera frío pero no era más que el síntoma luego de haber estado tanto tiempo inconsciente y una curva le adornaba los labios cada vez que comprobaba lo lúcido que se encontraba—. Si hablo con él quizás pueda convencer a mi hermano de que no lo asesine…
—Bra…—la llamó con suavidad al tiempo que sus pasos se acortaban tanto que de pronto se habían detenido—. Mi abuelo es el verdugo del rey, si Trunks decide ejecutar a mi tío el que tendrá que hacerlo será Bardock.
—Pero… ¡Es su padre! ¿Cómo puede derramar su propia sangre? —«Ten cuidado de tu sangre que corre en las venas de otro, dijo la bruja, aunque parezca gentil, él sólo espera el momento para arrebatarte todo lo que has querido», pensaba Goten con el ceño fruncido, sin tener duda que esa profecía hacía referencia a mí.
—Así son las cosas, princesa —concluyó sintiéndose severo y reanudó la marcha llevándose a Bra consigo sin preguntarse si ella quería hacerlo o no. La princesa se quejó en silencio y no dijo otra palabra en todo el trayecto hasta la sala de los tronos, a donde los esperaban una hilera de calderos encendidos y que delineaban el camino al trono, donde el trono estaba ocupado por Trunks.
El rey apretaba los mangos de su asiento bajo las manos y miraba hacia abajo desde la plataforma sin emitir ningún sonido, era demasiado tarde para hacer una audiencia por lo que su presencia ahí sólo servía para vigilar todo lo que iba a suceder en esa visita al calabozo. Pepper figuraba también sobre la plataforma pero no se acercaba al trono de su madre por ningún motivo, en el planeta Vegeta, un rey que no gobernaba no podía sentarse en el trono. Bra bajó la vista sin siquiera poder sentir rabia contra ella y cuando doblaron hacia el pasillo que conducía hacia los calabozos, a donde había visto a Zarbon por última vez, la princesa hizo detener a Goten en la entrada.
—Por favor, quiero ir sola —pidió sin poder verlo a los ojos y Goten se estremeció sin saber qué hacer. Miró hacia el trono y cuando no recibió ninguna señal desfavorable en el rostro del rey y sólo la risa de la reina no regente, dejó que la princesa se deshiciera de su agarre para caminar un paso sola—. No te preocupes, tengo el collar del cristal azul conmigo.
Y se adentró a la oscuridad del pasadizo con unos pasos tan silenciosos como los de una rata, sentía miedo por lo que se agarró de las paredes para no tropezar en todo el camino en el que parecía que la luz había sido tragada sin piedad. Recordó a Zarbon cuando la había atacado en ese mismo lugar y cómo yo lo había ahuyentado con sólo aparecer, y le corrió un escalofrío por la espalda. La luz tenue de los calabozos comenzó a aparecer como una estrella distante y después de unos pasos, se fue agrandando tanto que pudo verse iluminada a cuerpo completo. Un alivio la hizo suspirar y se vio corriendo torpemente al salir del pasillo.
Al verme encadenado en uno de los calabozos y cabizbajo, la sonrisa se le fue difuminando tal como su entusiasmo, y caminó hacia mí como no queriendo despertarme de mi letargo. Estaba sucio de polvo y sangre seca, y cuando se paró frente a mi cuerpo, me sobresalté al ver a otra capucha ocultando las facciones de mi visitante. La chica se descubrió la cabeza con rapidez y se hincó en el suelo sin retirar la tela del vestido de sus rodillas. Quedó manchada media pierna.
—Raditz —me llamó con una voz tan suave que pensé que la había imaginado y me acarició una mejilla en la que nos miramos unos momentos a los ojos, antes de abrazarse de mi cuello. Las cadenas sonaron al tensarse y apreté la mandíbula para acallar un gruñido al sentir dolor previo a una fractura. Bra se alejó con miedo.
—Las cadenas —le dije sin poder decir más. Tenía los labios secos y no había probado agua en horas. La princesa miró hacia las argollas en busca de una forma de zafarlas pero negué con la cabeza—. No. Eso podría traer problemas.
—¿Qué es lo que te hicieron? —me preguntó con tristeza al verme un tanto mejor y se cubrió la boca buscando un poco de agua.
Se volvió a la entrada en busca de un pellejo de cualquier cosa y encontró uno que habría sido olvidado al interior de otro calabozo. Al acercarme un pellejo con líquido dentro no dudé en abrir la boca mirando hacia el techo para que ella vertiera el contenido sin problemas. No alcancé a dar ni dos tragos cuando el sabor era el de un vino rancio y aguado, y escupí el resto hacia un lado, Bra se sobresaltó un tanto y se levantó del suelo con lentitud, sintiéndose inútil.
—Princesa —comencé respirando forzosamente, aún con el sabor malo en la boca—, debo decirte algo.
Ella presintió que algo malo venía y tuvo un poco miedo, no esperaba que nuestro encuentro fuera tan penoso.
—No tienes por qué decirme nada, Raditz. Debes descansar, otro día podemos…
—Quizás no exista otra oportunidad —le interrumpí con severidad y ella se encogió de hombros apunto de ponerse a llorar, negué con la cabeza dos veces sin que ella me viera—, princesa. Mírame, Bra.
Aunque le resultó mucho trabajo el intentar levantar la cabeza, lo hizo con obediencia y le pude ver los ojos inyectados en sangre debido a las lágrimas que no acudían a ella. Si hubiese podido mover las manos le había tocado el mentón en un intento por acariciarla y que no fuera del todo directo. Me permití sonreírle sólo un poco pero sólo logré ponerla más triste.
—Lo que viene ahora no será agradable, Bra. —Ella negó la cabeza con las cejas levantadas en un gesto de desamparo—. Debes ser fuerte, si los soldados te ven llorar no te van a respetar y será más difícil para tu hermano el protegerte. Finge que no te importa, que tienes muchos otros soldados detrás de ti, y muchos harán fila.
—No hables así, aún no sabemos si morirás —me respondió en un intento por dejar de escucharme pero ambos sabíamos que era lo más probable.
—Bra —comencé otra vez con la voz queda—, te mentí.
Ella abrió los ojos por el impacto y no dejó el gesto ni siquiera cuando buscó mis ojos, por primera vez en todo el tiempo que me apreciaba, percibí que Bra se sentía traicionada. No lo hizo ni cuando le hablaron de los tres testigos de mi traición para con ella, donde decía creer en mí y no en los demás. Se había descolocado sólo cuando yo le confesaba que le había mentido.
Supe que era el momento de hablar de Desconocido, de la trepadora de Pepper y su plan para que Trunks confiara en su reina pura a través de ella, pero por alguna razón fue otra la mentira que salió a flote, una más piadosa y que la haría sentir infinitamente mejor que sólo descubrir un complot.
—Cuando te dije que Vegeta era un cobarde estaba mintiendo —dije sin pensarlo dos veces y ella se mostró un tanto más tranquila—, él no se levantó contra Freezer porque le temía —hice una pausa sin saber cómo seguir—. No lo hizo porque sabía que Freezer iría a quitarle lo que más apreciaba en ese momento.
—¿Nosotros? —preguntó ella con un poco de desconfianza y asentí sin mucha fuerza. Al cabo de unos segundos ella sonrió quedamente—. Sabía que me mentías, Raditz, no tenías por qué decírmelo…—dijo creyéndose mi última mentira y se me acercó con cautela—. Pero gracias.
Y se me acercó con movimientos lentos pero seguros, ya no con la intención de colgarse de mi cuello sino que sólo apoyarse sobre mí. Si hubiese podido mover los brazos habría hecho algo pero no lo podía hacer. Pronto se incorporó hasta quedar más alta para mirarme a los ojos, se inclinó un poco para besarme cortamente y volvió a mirarme con las palmas de las manos sobre mis mejillas.
—Podríamos escapar e irnos a la periferia —me propuso como si realmente pensaba que eso funcionaría y negué con la cabeza. Desconocido nos seguiría para conseguir algo a cambio de ella, le diría a Pepper nuestra locación para hacerla quedar como una heroína.
—Y la ira de Trunks nos seguiría, princesa. No podemos hacer eso —concluí sin mentir, sólo era que temía más de Desconocido que Trunks. El hijo de Vegeta era misericordioso aun cuando estaba empecinado en matarme—. No hay una salida buena a esto, debes aceptarlo.
Pero ella no quería y se alejó de mí para darme la espalda.
—Hay veces que creo lo que dicen de ti —me dijo con un temblor en la voz—, a veces creo que no quieres estar conmigo.
Involuntariamente puse los ojos en blanco, así no era cómo quería que resultaran las cosas y la voz de Goten en la lejanía nos avisó que la visita estaría a punto de llegar a su término. Observé al pasillo en busca de un indicio de que mi sobrino se acercaba pero las sombras permanecían invariantes, por lo que devolví la mirada a la princesa que seguía dándome la espalda.
—Bra —la llamé, «si tan sólo no hubiese tenido las cadenas puestas…»—. Princesa, no te enojes ahora, por favor.
Ella se mordió el labio para resistirse un tanto pero finalmente desistió y se vio la vuelta para mirarme lentamente. Se acarició el cuello a donde su collar se cubría debajo de la capa que sólo estaba ahí por el frío y decidió que era el momento de cumplir con la petición que su hermano le había hecho. Se me acercó en dos pasos y me hizo besarla de una forma que hizo que me olvidara de las cadenas, para cuando se apartó la seguí hasta que no pude más.
—Ten —me dijo llevándose las manos a las clavículas, debajo de la capa, para sacarse el collar sin dejar de mirarme a los ojos. Cuando vi lo que traía en las manos fui yo quien se alejó esa vez y ella no comprendió que para mí, eso era como seguir a las órdenes de Desconocido. Bajo ningún pretexto debía aceptar ese collar—, quiero que lo tengas mañana, durante el juicio.
—No, princesa —le dije mientras miraba hacia un lado—, un hombre muerto no necesita que le alarguen la muerte.
El rey dio un paso hacia delante sólo para ver cómo se encontraba la sala de los tronos, un par de miembros de la elite habían acudido a mi juicio e hizo rechinar los dientes en cuanto comprendió que iban a haber muchos testigos en mi ajusticiamiento. No llevaba a ningún escolta en ese momento, había estado tan enfadado durante la noche anterior que los había echado a gritos y no pudo dormir en ningún momento de la madrugada. Se sentía cansado pero no menos furioso, había intentado dormir con la armadura puesta tantas veces que se olvidó de cuántas habían sido las que se había levantado de ella para intentar hacer algo. El cielo estaba pasando el negro al anaranjado cuando salió del palacio, con una nube de aliento frío salírsele por la boca a cada paso furioso que daba, había tomado la precaución de cubrirle la cabeza lila con una capucha, los humanos no tenían por qué saber que se trataba del rey.
Recordaba el camino perfectamente, las edificaciones semiesféricas se lo sugerían y dobló hacia donde habían encontrado a la madre de Goten, cuando ella había confundido a Kakarotto con Bardock. La taberna seguía en funcionamiento y aunque el planeta hubiese estado dormido, los humanos seguían celebrando. Trunks apretó la mandíbula cuando miró el interior con el mentón pegado al cuello, en un intento porque el brillo lila de sus ojos no lo delatara, y la música de las risas, el chocar de los tragos y el sonido del licor caer sobre un cuenco, lo hizo sentir un tanto menos furioso. Muchos humanos similares a él se atiborraban en esa taberna y hasta pudo ver a la madre de Goten servir unos tragos antes de volver a la cocina a hacer más preparaciones que acompañaran al vino. La barra estaba completamente ocupada salvo un lugar a un lado de un guerrero que conocía muy bien y el hijo menor de Kakarotto abrió los ojos sin siquiera mirarlo cuando se sentó a su lado. Se limitó a seguir bebiendo a la espera de que su rey le dijera algo en un intento porque no se diera cuenta que lo había reconocido con su habilidad de ver sin los ojos.
—Ya sé que me viste —le avisó de una manera muy huraña, su incapacidad de liberarse de la capucha lo ponía incómodo—, pensé que no te llevabas bien con tu madre.
—Es mi madre —puntualizó en un encogimiento de hombros. Aunque iba como soldado del rey, Goten parecía encajar sin problemas en la ciudad humana, sin armadura y sin cola, era un humano más—. Si has venido a buscarme, vámonos. Es muy peligroso que permanezcas mucho tiempo aquí, no eres bienvenido entre los humanos.
—No he venido por eso, Goten —le respondió mientras apretaba la mandíbula, miró de soslayo sólo para comprobar que Número 17 estaba en las mesas más centrales, apostando con otros humanos más amistosos que él. Trunks no tuvo que indagar mucho para saber que estaba haciendo trampa—. Quiero ver a Marron, dónde está.
Goten se llevó un trago a la boca antes de responder, estaba bien derecho sobre su silla y sonrió cuando su madre se le acercó para ponerle un plato abundante de comida frente a él. Chichi no tardó en dar con el rey y poner mala cara, pero no dijo nada y sólo se limitó a acercarle un cuenco con vino. Trunks alzó la mirada hasta que la sombra no le ocultó más sus ojos lilas y asintió una vez con la cabeza como único agradecimiento.
—Espero que no hayas venido a traernos más problemas —le dijo la otrora esposa de Kakarotto antes de irse de vuelta a la cocina. Goten tomó otro trago antes de permitirse hablar, un tanto menos tenso.
—No creo que sea una buena idea, Trunks. —Goten dejó a un lado su trago mientras miraba furtivamente hacia un lado, Trunks supo que era ahí a donde tenía que buscar—. Hace horas que ya está durmiendo y no creo que quiera que te aparezcas de la nada.
Pero el rey de reyes no había llegado hasta ahí para que se lo negaran y se levantó tan bruscamente que sobresaltó a los demás clientes de la taberna que se sentaban a los alrededores. Chichi le dedicó una mirada cargada de reproche y Trunks casi se sintió culpable. Casi.
—Soy tu rey —le dijo con la mandíbula apretada lo que jamás le recriminaría y Goten asintió con la cabeza, lo tenía claro—, quiero que me digas dónde está, nada más —cuando vio que no le respondía reiteró—. ¿Dónde está Marron?
Los ojos del híbrido le dieron la respuesta, ahí a donde ya había dirigido la mirada una vez, y Trunks se alejó gruñendo. La capa que le ocultaba la cabeza no logró ocultarle la armadura característica del rey cuando daba pasos por la taberna y el viento la separó de su cuerpo hasta quedar haciéndolas de una capa. Número 17 dejó su juego sólo para mirarlo aproximarse demasiado a donde estaban las habitaciones y dejó los dados sobre la mesa mientras se levantaba de su asiento. El rey de reyes había aprovechado el gentío para hacerse desaparecer pero eso no iba a funcionar con un androide y antes de que pudiera entrar a la habitación puntualizada por Goten, la voz de Número 17 lo hizo congelar.
—El rey está demasiado lejos de su trono —estaba parado a unos pasos de su espalda pero no se dio la vuelta que debía para encararlo, tenía la mano sobre la perilla—. Vete antes de que me enfade y me lleve a mi ejército.
—Tu sobrina ya es una mujer adulta —le dijo alejándose de la puerta y sus manos se hicieron puños enfadados, abría las manos sólo para flexionar los dedos entumecidos. El capitán de la Compañía Bastarda puso mala cara—, y además es mi consejera. Debo hablar con ella.
—No me ofendas, híbrido, no sabes lo que puedes perder. —Número 17 hablaba como jamás lo había hecho antes y parecía hacer grandes esfuerzos por mantenerse quieto y no lanzarse sobre él para matarlo.
Trunks no dijo más y sintió la espada envainada entre los hombros, sobre su columna vertebral. Sabía que si la desenvainaba podría perder el ejército que podía hacerle frente a Freezer como también a Número 17 y si él tomaba la decisión de retirarse, se llevaría a Marron con él. Tenía tanto que perder y estaba tan cerca de ella que por un momento perdió el rumbo de qué era lo bueno y qué era lo mano, sólo la presencia de Goten pudo delinearle el camino nuevamente.
—¡No! —Gritó el hijo menor de Chichi mientras saltaba desde la barra para ponerse frente a Número 17 pero el androide no tenía ojos para el híbrido de clase baja. Goten tuvo que sacudirle los hombros para que sus ojos muertos lo miraran a él—. Por favor, déjalo. Sólo dale unos minutos.
El rey de reyes frunció el ceño antes de devolverse en redondo y cuando no hubo una réplica cuando puso la mano agarrotada sobre la perilla, entró en un movimiento rápido y que no dio tiempo a más negativas. La habitación estaba en penumbra y estaba aislada acústicamente, por lo que la rubia no habría podido escuchar ningún alboroto del exterior. Estaba dormida y las sábanas la cubrían hasta la nariz, tal como recordaba que dormía, y se vio parado sin saber qué hacer desde la entrada. Se sintió tonto y tuvo las ganas de llorar que nunca llegaban porque Vegeta le había enseñado muy bien, sólo el dolor de ojos le dijo que estaba haciendo algo parecido.
Tenía sólo unos minutos, tal como había dicho Goten, y no dudaba que Número 17 entraría si pensaba que se estaba demorando demasiado, por lo que se acercó a ella a zancadas y el sonido de sus botas contra el suelo sólo la hicieron cambiar de posición. Para cuando decidió sentarse a su lado, lo hizo de tal manera que ella no se diera cuenta pero Marron abrió los ojos entre sueños y le costó comprender que lo que estaba mirando era real y no parte de una pesadilla. Antes de que se gritara le tapó la boca con una mano enguantada y se le acercó cuando ella luchaba por sentarse en el colchón para besarla. El beso no duró casi nada porque ella se alejó dando manotazos.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Su voz fue tan grave que lo hizo sentir culpable—. ¿Cómo fue que te dejaron entrar? Le dije a mi tío que no…
—¿Es que ya me dejaste de querer? —La fuerza con la que cerraba los puños ya le estaba acalambrando los dedos y aunque los flexionara ya no daba resultado. Marron lo miró con culpa y bajó la cabeza sin poder decir que lo había hecho, que ya no lo quería de vuelta. Aunque se puso a sonreír, la cara del rey no era de felicidad—. No sabes lo terrible que ha sido no tenerte conmigo, Marron. Dejaría de ser rey con tal de poder estar contigo.
—Pero no lo harás —era verdad, no lo haría ni por ella, no teniendo a tanta gente inocente dependiendo de él. Trunks se encogió de hombros—, nunca te pediría que hicieras eso, Trunks.
—Vuelve al palacio —le dijo de pronto él en un intento desesperado porque las cosas volvieran a ser iguales pero Marron lo miró con disgusto—, vuelve al palacio, por favor. Tendrás tu propia habitación y guardias, lo prometo. Vuelve al consejo. Por favor.
—No. —Ella se levantó de la cama dejándolo sentado sobre la misma y se cubrió con una manta para mirarlo desde el centro de la habitación. Por un momento, Trunks pensó que lo iba a echar de la pieza—. Vuelve al palacio, mi rey, esta conversación se terminó. No puedo volver si está Pepper, no lo pienso hacer.
—¡No puedo! —Trunks se interrumpió a sí mismo cuando comprendió que estaba levantando mucho la voz—. No puedo apartarla, simplemente no puedo. —De pronto un pensamiento travieso le corrió por la mente—. Puedo decirle a un capitán que la mate durante la guerra, puedo hacerlo si quieres. Bardock es de confianza.
—¡Para! ¡Para, por favor! —Le gritó ella con desesperación y se le acercó con suavidad—. No eres así, Trunks, no lo eres… —Marron se arrodilló ante él y cubrió sus rodillas con ambas palmas, sólo fue entonces cuando el rey pudo sonreír con nostalgia y le acarició la cabeza rubia con una mano tensa. Le dolían los dedos y más las palmas a donde se había enterrado las uñas—. Volveré al palacio, lo prometo pero no le hagas nada a Pepper… Si ella muere te encontrarán otra esposa y sospecharán de ti, todos saben que no la quieres.
Fue entonces que se abrió la puerta y la penumbra envolvió a Número 17 cuando toda la luz proveniente del exterior le tocaba la espalda. Su mirada era severa y contagió al semblante del rey de la misma manera cuando Marron se levantó de un salto de su posición arrodillada frente a Trunks en un intento por no enojar más a su tío de sangre. Pero nada de lo que hiciera haría cambiar de opinión al mellizo de su madre.
—Terminó el tiempo —dijo con la mandíbula apretada y Trunks se levantó de la cama con lentitud. El androide empujó la puerta hasta que ésta se golpeó contra la pared y se pegó a un lado para que el rey de reyes pudiera salir sin problemas de la habitación de la consejera favorita.
Trunks se volteó hacia la rubia con un movimiento rápido, ella no pudo evitar sonreír.
—¿Qué debería hacer con Raditz? —Fue la última pregunta en ese consejo improvisado y Número 17 empeoró el semblante cuando su sobrina le cubrió las hebras lilas bajo la capucha.
—No lo mates —dijo simplemente pero esa respuesta no lo contentó, ya había tomado una decisión diferente, y la miró a los ojos negros largamente antes de encaminarse a la salida.
No la volvió a ver hasta horas después, vestida de rojo como el color del planeta Vegeta, siguiendo a su tío que ya no lo miraba con diversión y se limitaba a hablar lo suficiente para mantener una comunicación. El ajusticiamiento del último traidor antes de partir de la guerra era un acontecimiento que pocos se querían perder.
Resolvió entrar a la sala de los tronos para no demorar más su agonía cuando vio que Goten se acercaba junto a su hermana, iba vestida de negro sólo para hacerlo ver que estaba triste y no entendió cuándo había dado el visto bueno para que ella presenciara mi muerte. Los soldados se apartaron para dejarlo pasar y al pie de la plataforma, Bardock lo esperaba como si jamás hubiese estado en coma. Nunca había sido un guerrero muy expresivo por lo que no pudo decidir si estaba enfadado porque iban a matar al único hijo que le quedaba o si tenía algún problema al momento de pedirle que me matara. Le dio una mano y se tomaron los antebrazos, en un saludo que era silencioso pero cercano, Trunks jamás había visto a Bardock tan decidido como ese día.
—Te sugiero que te retires, Bardock, no quiero que veas esto. —La decisión ya estaba tomada y percibió un turbamiento en el capitán antes de que despegara los labios para hablar. Sólo porque lo conocía de muchos años, sabía que estaba un tanto triste.
—No, Trunks. Haré todo lo que me pidas —«Elijo a Trunks», pensó mi padre con un poco de inseguridad y un ardor en la boca del estómago.
—No te pediré nada —le aseguró mientras subían las escaleras, él mismo reclamaría mi cabeza.
Bulma ya estaba sentada en el trono ya que la presencia de la otra reina la obligaba a cuidarlo, y lo miró con la seriedad de saber qué era lo que iba a ser, y apartó la mirada cuando la encaró a los ojos, lila contra lila. Estaba enfadada tal como él lo había estado cuando supo que había reunido a consejo y habían decidido desposarlo con Pepper. Por lo que no insistió más y tampoco se acercó al trono porque tenía pensado esperarme al pie de las escaleras cuando me trajeran desde los calabozos. Dio la orden y se permitió mirar a la princesa que se encontraba en los primeros peldaños como lo requería su jerarquía, y la vio con la mirada perdida. Goten se había quedado junto a ella para controlarla pero ni así pudo conseguir que ella lo tomara en cuenta.
Cuando unos guardias me depositaron frente a la plataforma, Trunks sintió cómo Bardock se acercaba al último peldaño para escudriñar mi rostro y el rey de reyes frunció el entrecejo al sentirse endemoniadamente culpable. De una patada en las pantorrillas me hicieron sentarme sobre mis cuartos traseros, no me podía mover porque me habían amarrado las muñecas detrás de la espalda. Trunks miró a Marron y la vio sonriendo, completamente segura de que la había escuchado.
Al empezar a hablar, comprendió que estaba nervioso y no podía hilar las palabras con soltura, por lo que prefirió dar la sentencia sin rodeos. Escuchó a Pepper reírse traviesamente a sus espaldas, estaba parada a un lado de su trono con su armadura de batalla puesta.
—Te sentencio a muerte por traición —las palabras hicieron acallar cualquier rumor en la sala y el corazón de la princesa se detuvo con la sensación de que toda la sangre se volvía helada. Abrí los ojos lo que más pude, sin poder levantar la cabeza para mirar otra cosa que no fueran las baldosas, hasta que oí gritar a Bra. Mi instinto me hizo levantar la mirada y la vi atajada por los brazos de Goten, por más que ella intentara soltarse mi sobrino no le dejaba de amarrar los brazos detrás de su espalda y se sacudió hacia todos los lado sin poder dar un paso. La reina tenía la mano sobre la boca sin poder creerse lo que escuchaba decir a su hijo, me guardaba cierto afecto desde que había ayudado a entrenar.
Por supuesto que Pepper sonreía, ella había cumplido con hacerme pagar y no intentaba disimular la felicidad que suponía el verme morir por los hilos que había tejido alrededor de Trunks. Y miré a mi padre, detrás del rey, con la idea de quien me ajusticiara no tendría que ser nadie más que el verdugo del rey. Bardock no era capaz de fingir entereza y me dedicó un semblante lamentable, sin poder sostenerme la mirada por mucho tiempo, sentía su devastación y bajé la cabeza con nauseas. El conocer tu muerte era una sensación asquerosa.
—¡No! ¡No puedes hacer eso! —Gritó la princesa aun intentando zafarse pero Trunks no estuvo contento por su reacción—. No lo hagas, por favor, él me ama, no es traición.
—¡Él no te ama! ¡Te ha engañado! ¿Es que acaso no lo ves? —Le rebatió el rey de reyes con ira, sin que le importara la sala llena de soldados, Trunks comenzó a bajar las escaleras, mi padre quedó sobre la plataforma—. Raditz te usó todo este tiempo, ¡te usó para llegar al trono!
—¡No! —Bra se negaba a creer en las palabras de Pepper, el cantinero y los centinelas, aunque fuera difícil pensar que fuera mentira. Eran demasiadas las evidencias—. Raditz es bueno, nunca hizo algo que me hiciera daño.
No soporté más las defensas de la princesa, me sabía malo y me sentía mal al pensar que había cambiado. Eso era increíble incluso para mí y negué con la cabeza una vez sin levantar la mirada.
—Detente, princesa —le dije sin esperar que me escuchara, mi voz era débil pero la hizo callar para escucharme. Trunks volteó a mirarme también, sin el cariño que me profesaba su hermana, y arrugó la nariz con la ligera sensación que se estaba equivocando. El rey de reyes desenvainó su espada—, detente y ve a tu habitación.
—¡Cállate! Tú no me mandas nada, Raditz —la princesa comenzó a llorar sin control y Goten la soltó una vez que comprendió que no iría a detener a Trunks—, dile, Raditz. Diles que me amas y que no eres todo lo que dicen de ti. Diles, por favor.
Pero no podía decir nada, mi garganta se me había cerrado como por arte de magia, Trunks no había dicho ninguna mentira. Sí me había acercado a la princesa por interés, el collar azul era el premio y estuve a punto de conseguirlo si no me hubiese arrepentido, por lo que no podía pedir misericordia. Era malo como el rey decía, ¿debía morir por eso? Quizás. Sólo eso podía deshacer el embrujo que había hecho Desconocido.
—Por favor, princesa —le pedí sin levantar la mirada para que dejara de hacer el ridículo, jamás un rey iba a existir con mis características si Trunks estaba vivo para impedirlo. Y Bra sollozó sin poder controlarse cuando comprendió que no iría a confesar algo que para ella era claro hasta ese momento, me sentí culpable al no poder decírselo en voz alta, bastaba con afirmar su hipótesis para salvarme el cuello, para dejarla como la que hablaba con la verdad y no como la niña que se había dejado engatusar por un trepador. Para Trunks eso fue lo que colmó el vaso.
—Siempre esperé a que encontraras a alguien que realmente te amara, Bra, y que tú lo amaras a él —confesó el rey sin siquiera mirarla y tan bajo como le fuera posible para que la multitud no escuchara, pero yo estaba a los pies de Trunks y lo pude escuchar todo—. Nunca hubo un soldado elegido para ti, eso sólo lo dije para que nadie te molestara con malas intenciones.
—¿Por qué me dices eso? —apenas murmuró la princesa, con miedo a la respuesta.
—Porque no veo otra opción, Bra. No quería llegar a este extremo, jamás quise obligarte a nada —levanté la cabeza al fin, al comprender a lo que iba el rey—, el soldado al que estarás prometida será a quien siempre esperé que lo tomaras en cuenta pero que jamás lo hiciste—para ese entonces Bra hacía todo lo posible por negar aquello, con pequeños movimientos de cabeza y un par de «no» saliéndole por la boca semi cerrada—. Te casarás con Goten y terminaremos con esta tontería de una vez por todas.
A Bra se le había ido todo el color del rostro, mi sobrino no era una de sus personas favoritas y el que la obligaran a estar con él cuando me podía tener a mí era una tortura.
—¡Pero ya escogí! ¡Escojo a Raditz! Lo escojo a él —repuso ella con desesperación y Goten se sintió despreciado, sin poder mantener la vista arriba por un momento más.
—¡No puedes escogerlo a él! —su propia reacción sorprendió al rey. Fue entonces cuando Trunks se dio vuelta en redondo para mirar a un lado, ignorando a su hermana—. Marron, lleva a Bra a su habitación con la ayuda de Goten y mantenla ahí hasta que yo diga lo contrario —Pero la rubia tenía dibujada una objeción en el rostro y no se movió ni dijo algo en los momentos en los que el rey quería una respuesta. El rey de reyes se volvió sólo a ella para recriminarle su falta de apoyo—. ¿Quieres que vea algo que no debería ver?
—Trunks, por favor… No lo hagas —pero esa fue la primera vez que no aceptó los consejos de su consejera favorita y volcó su atención en su mejor amigo, que sí tenía ansias de llevarse a la niña de ahí.
En mi calidad de condenado, al ver eso no hice más que reírme por la poca adhesión que tenía el rey con el asunto de matarme, Goten se movió un poco hacia donde se encontraba Bra pero la chica se corrió y le dedicó una mirada rencorosa, ella no iría ser sacada sino era a la fuerza. Mis risas contenidas se hicieron a boca abierta cada vez que veía que algo iba mal y logré irritar al joven rey, quien en vez de pedirme silencio me cerró la boca con una patada. Bra chilló al verme caer sobre mi espalda, con la boca tan ensangrentada como Pepper, y corrió a mí sin que alguien pudiera atajarla. Mi armadura mágica la había hecho escurridiza.
Llegó a mí con una cara de preocupación y me ayudó a enderezarme cuando las amarras en las manos me imposibilitaron de hacerlo solo. Bra se abrazó de mí con tristeza, segura de que iba a ser la última vez que me vería vivo. Puse mala cara cuando la vi llorar y murmurar que debía confesar. Había pegado su frente con la mía y aspiraba sus lamentos, su olor salado en el rostro, e intenté por todos los medios ponerme a sonreír. No podía negar que tenía miedo de morir sin haber logrado nada en la vida, de dejar sola a Bra y no verla reinar como ella soñaba que lo haría.
—Lo único que conseguirás con esto es hacer el ridículo —le dije con voz queda—. Cuando seas mayor me recordarás con vergüenza.
—No me darás vergüenza. Dilo, Raditz, te lo ordeno. Trunks entenderá —pero él no lo haría, de eso estaba seguro—. Tú podrías ser mi rey, podrías ser un heredero del trono de mi padre…
—No lo seré, soy la niñera de la princesa —y ella se rió un poco antes de volver a llorar, mi sobrino se paró detrás de Bra sin querer sacarla a la fuerza—. Vete ahora, princesa, esto se pondrá asqueroso.
—Prométeme que confesarás —insistió Bra cuando Goten la agarró de un brazo y la tironeó suavemente hacia él—, promételo, Raditz.
—Lo haré —le respondí con una sonrisa torcida que se desvaneció cuando me volteé a ver a mi sobrino, hice todos mis esfuerzos por hablarse sin agriarme el humor más de lo que ya estaba—. Llévatela.
Mi sobrino no hizo objeción a mi mandato y tironeó con más fuerza a la princesa para ponerla de pie, no vi cuando se la llevó tomada de un brazo y Marron se apresuró a seguirlos con rigidez. Sólo Pepper se quedó con la sonrisa puesta, era la única que disfrutaba de mi desgracia, y el rey de reyes se me acercó con lentitud, sin que ningún alma hablara en todo su trayecto. Ya tenía la espada desenvainada y relucía con la poca luz del día que quedaba. La reina apartó la mirada cuando su hijo llegó a estar a un paso de mi cuerpo y Bardock la imitó. Mi padre era leal a Trunks y su principal misión antes de morir era de dirigirlo victorioso a la guerra, si tenía que matarme en el camino, debía tragarse sus opiniones.
—¿Alguna palabra antes de morir?
—Cometes un grave error, rey de reyes —le dije con una sonrisa amarga, sin levantar la vista para no cometer una insolencia—, no soy un peligro como dices que soy. No puedes negar que te irrita el hecho de que te equivocaste conmigo, Rey, la princesa me ama, la escuchaste. No soportas que haya elegido a alguien tan despreciable como yo siendo que olvidas que tu padre era igual.
El golpe con la hoja no se hizo esperar, lo supe por el grito enfurecido que dio Trunks antes de levantar la espada por sobre su cabeza, con la intención de rebanarme el cuello de un solo golpe.
Nota de la Autorísima:Ya está, el capítulo que quise escribir hace mucho por lo que le sucede a Raditz pero he de admitir que disfruté escribiendo mucho más las de Trunks xD Al fin le encontré el gusto al rey de reyes como nunca lo había hecho. Siento que fue un tanto cursi pero no cursi cursi tipo chick flick. Y fue difícil porque estoy en mis semanas finales de la universidad y eso me quitó demasiado tiempo. Estoy corta de palabras, así que la nota quedará hasta aquí. La guerra comienza en el capítulo 39 y siento que falta poco para terminar el fic :)
Gracias a los comentarios de mi hermani Sybilla's Song, , JazminM, Bego-Bura-xD, AlexanderMan, asaia16 y Prl16. Y especiales gracias a kattie88 y a Schala por dejar comentarios en los primeros, no sé si llegan a estos capítulos pero no tengo otro medio para darles las gracias xD Amo leerlas a todas :D
Besos, RP.
