39
La guerra
Bra ya había dejado de llorar, había quedado tan pálida como un fantasma y apenas emitía algún ruido. Se dedicaba a mirar a la ventana a donde el cielo ya se estaba tiñendo de oscuro para dar paso a la noche. Goten había llegado al límite de su paciencia debido a sus celos cuando la princesa no paraba de llorar y se paseó por la habitación apretando la mandíbula tanto como sus puños durante todo el tiempo que estuvo sumida en el llanto de mi muerte. Finalmente se había calmado, siempre siendo acunada por Marron, que le acariciaba el cabello lila y le susurraba palabras de aliento mientras Bra se apoyaba en sus piernas. Pero ya no se sostenía en la chica híbrida de androide sino que se había retirado en silencio hacia la ventana, dejando atrás tanto a su futuro esposo como a la amante del rey, quienes la observaban sin dejar de intercambiarse miradas desde la entrada. Si la princesa llegaba a oírlos susurrar, no daba cuenta de ello.
—Tiene que olvidar a mi tío —le dijo tan bajo como le era posible a la consejera favorita del rey, sin dejar de mirar a la hermana menor de Trunks. Marron no cambió su semblante, era como si no lo hubiese oído.
—No lo hará —respondió la rubia luego de unos momentos de divagaciones y Goten la miró enfadado. Marron se erguía con los hombros hacia atrás y las manos entrelazadas delante de sus piernas, algo en ella le recordó a Número 18 pero Marron siempre había sido más como Krillin que su madre—, matarlo fue un error. Trunks cometió un grave error.
Sonaba molesta pero se veía triste, como si estuviera decepcionada del rey. A esas horas ya habrían quemado tanto la cabeza como el cuerpo, para no dejar evidencias de mi existencia salvo los recuerdos de la princesa.
—Debo hablar con él, Trunks está haciendo tonterías —resolvió la chica pero Goten la tomó de un brazo antes de que pudiera siquiera moverse.
—No deberías, Pepper debe seguir estando con él. Debe estar celebrando la muerte de mi tío —si querían proteger a Marron debían hacer desaparecer las sospechas sobre su romance con el rey para que Pepper no la estrangulara debido a los celos—. Sé que es difícil pero Trunks no está solo ahora.
—Como no lo estaba Bra —su voz le sonó insolente aunque no había insulto alguno en decir la verdad y Goten arrugó la nariz con disgusto. La rubia notó su enfado y estuvo a punto de arrepentirse de sus palabras—, somos iguales, Goten, pero tú eres el que tiene la suerte aquí. Raditz está muerto pero Pepper no.
—Raditz no me habría matado ni en un millón de años, Marron, Pepper sí que puede hacerlo contigo. Debes tener cuidado —finalizó soltándole el brazo en un movimiento tosco, casi oxidado—. Ve si quieres, no te detendré.
Cuando Marron salió, la princesa le dedicó una mirada vaga a la salida para comprobar que quien se había ido era la que más deseaba que no se marchara. La rubia era esa muralla imaginaria que la hacía sentir más cómoda con la presencia de su futuro esposo, sin ella le era insoportable. Al devolver la vista ventana, a Goten le pareció que se le paraba el corazón en un disgusto. Yo sería el fantasma que siempre lo vendría a molestar.
—Puedes irte también, Goten —le dijo tan seriamente como pudo, el hablar nuevamente le traía de nuevo las ganas de llorar y casi no pudo ocultar el temblor en la voz que eso le producía.
—Necesitas que te cuiden, toda princesa heredera lo necesita. —Goten intentó sonar diplomático pero un tono áspero fue el que le salió.
—¿Es mi herencia lo que te interesa? —El reproche la hizo devolver la mirada, el rojo de sus ojos le hacía ver sus pupilas de un lila más intenso. Goten frunció el entrecejo con enojo y no pudo fingir que no lo estaba, estaba enfadado desde que la princesa se había mostrado molesta por su matrimonio por conveniencia y aunque yo ya no existía, seguía siendo más importante para la princesa que lo que alguna vez sería él—. ¿O soy yo? Dime, Goten —al no verse respondida pensó que se trataba de la primera—. Lo sabía, Raditz era el único que realmente me amaba.
Y se volteó a mirar de vuelta a la ventana. En que clamara que yo la amaba le resultaba como una mentira que todos creían como tal menos la princesa, se veía inocente y engañada hasta los huesos, y Goten no pudo reprimir una risa irónica que venía desde la rabia.
—¡Mi tío no te amaba, Bra! —Goten subió la voz a tal punto que pareció que le estaba gritando y la princesa volvió a mirarlo como si se fuera a poner a llorar otra vez—. Te usó todo este tiempo, te engañó, Bra. Incluso lo confesó, ¿es que no lo entiendes?
—¡Él mintió! —Hasta para Bra eso le sonó como una tontería y por primera vez pensó en que lo que todos pensaban podía ser verdad. El llanto no se hizo esperar más y el mejor amigo del rey pensó en que no debió nunca dejar salir a Marron. Cuando no pareció que iría a parar, el híbrido con humano se encaminó hasta ella casi con timidez y se maldijo por eso, podía seducir a cualquier mujer del universo pero se volvía como el niño tímido y torpe cada vez que tenía que tratar con la niña que era la princesa. Era la hija de Vegeta, el hombre al que reconoció como el padre que siempre le faltó, y la hermana de su actual rey, ella simplemente no era cualquier mujer.
—Bra, princesa… —la llamó despacio, como cuando susurraba con Marron momentos antes, y se sintió torpe. La aludida dejó de llorar tan rápido como había empezado y se descubrió la cara con lentitud, sus ojos lilas lo miraban con una frialdad que le pareció que lo odiaba. Goten se acobardó un poco, iba a ser príncipe cuando la desposara y podría heredar el trono de Trunks si a él le llegara a pasar algo, pero ella no iría a amarlo jamás.
—Despiértenlo, quiero hablar con él —escuché a lo lejos, como si hubiese tenido la cabeza sumergida en el agua, aunque sólo estuviese recostado boca abajo en el lodo del calabozo. La opresión en ambos brazos me avisó de que me estaban poniendo de pie y no pude contener el grito de dolor que me producía el que me colgara la cabeza, el cuello tenía una laceración que empezaba desde los hombros y subía para esconderse en el cuero cabelludo, debajo del pelo. Era una marca roja y que sangraba todavía, la humedad de mi celda hacía gotear el techo y me lamía el cuello a un ritmo lento y que venían de muy alto.
El lodo se resbaló de mi cara con lentitud cuando levanté apenas las pupilas a donde el rey me veía con una antorcha en la mano. El calor y la luz que manaban del fuego me escocieron la cara y balbucí una palabra que nadie entendió, llevaba unas horas tendido sin conciencia por lo que no recobraba totalmente mi lucidez. No me habían cortado la cabeza como pensaba. Trunks simplemente me había golpeado con el lado liso de la espada cuando se arrepintió momentos antes de hacerme caer toda su fuerza en el cuello.
—Está deshidratado —dijo sin cambiar la seriedad de la cara y estiró una mano hacia las sombras para que alguien le extendiera un pellejo. Lo intercambió por la antorcha y se me acercó mientras le sacaba la tapa con los dientes, no opuse resistencia cuando me enchufó la boquilla en los labios para hacerme beber. Era vino—. Para el dolor.
El último trago fue el que más dolió pero lo hice sin despegar la vista de sus ojos lilas. Me sentía furioso tal como él lo estaría en ese momento, ninguno de los dos confiaba en el otro.
—Te quiero lejos de mi hermana lo más pronto posible —dijo el rey de reyes sin rodeos y no esperó a que respondiera para añadir—, pero supongo que eso tiene espacio a réplicas.
De haber estado parado sería mucho más alto que él, pero tenía las piernas flexionadas y lo único que me mantenía erguido eran los guardias que me sostenían de los brazos.
—¿Qué haría en el exilio? —Mi respuesta lo hizo sonreír aunque su rostro seguía denotando enfado.
—Debo asumir que esa es tu manera de decir que no —respondió—, y lo estaba esperando. Te llevaré a la guerra entonces, Raditz, irás con tu batallón y estarás en la primera fila.
—Me llevarás a la guerra a morir —concluí con una sonrisa demacrada, la única que podía dar en ese momento. Estaba sucio de lodo y mi rostro era la prueba fehaciente de que me encontraba enfermo de mis heridas. Trunks no dio ningún signo de culpabilidad al sonreír.
—Te llevo para que pelees —me corrigió con una actitud que me recordó más a Vegeta que a la reina regente—, digamos que es el juicio al que te estoy poniendo a prueba. Si llegas a sobrevivir te puedes quedar —para que no quedaran dudas, agregó—. Pero lejos de mi hermana.
No me permitió decir nada más porque Trunks se retiró a zancadas del calabozo y los guardias me soltaron los brazos cuando vieron que el rey no les iría a regañar por dejarme caer al suelo otra vez. Se fueron sin decir más y tardé un tiempo en darme cuenta que no me encontraba solo. La oscuridad de la celda cubría a Bardock casi totalmente y sólo su movimiento me sugirió dónde se encontraba. La celda se encontraba abierta, seguramente porque sabían que él se quedaría un momento más, y Bardock caminó hacía mi con el sonido de las botas entrando al lodo, más mojado que seco, que era el suelo de mi celda. Apenas pude levantar un poco la cabeza cuando estuvo a un lado mío, mientras hincaba una rodilla para acercárseme con disimulo. Llegaba una botella en una mano pero no era vino en que traía sino que el líquido nutritivo que encerraban los tanques de recuperación, tal como se usaba en los tiempos antiguos.
Sin decir una palabra, pasó una mano sobre el cuello para quitar el pelo y afiló la mirada cuando miró la piel en parte enrojecida, en parte enlodada. Se llenó la palma de esa sustancia viscosa y la esparció sobre la laceración, sin la delicadeza de un enfermero, y sentí el calor de la regeneración con un gruñido de incomodidad.
—Padre —lo llamé tan bajo que Bardock pensó que lo había imaginado y levantó las cejas con sorpresa al escucharme referirme a él de esa manera, hacía mucho tiempo que sólo lo llamaba por su nombre. No dijo nada, esperando a que continuara mientras le ponía la tapa a la botella de líquido nutritivo—, Trunks tenía que matarme —le dije con la cara cada vez más enterrada en el lodo y relajé el entrecejo antes de seguir—, soy peligroso tal como dice. Debería haberme matado.
—Guarda tus fuerzas, nos iremos a la guerra en unas horas. —Apenas moví en forma negativa la cabeza, Bardock seguramente no me vio, y se levantó del suelo para mirarme desde las alturas. Me dedicó sólo unos segundos antes de encaminarse a la salida, con ese sonido mojado bajo las botas.
—Hazme un favor —mi voz sonó gutural y acalló todos los otros sonidos que inundaban silenciosamente las celdas, las goteras, el viento frío. Fue suficiente para que el consejero de las alucinaciones se detuviera en la entrada de mi celda pero no me miró de vuelta—, dile que estoy muerto. Bra no debe saber que estoy vivo.
Se demoró un tanto en responder y como si fuera un libro abierto para él, Bardock tuvo una corazonada que resultó ser cierta.
—¿A qué le tienes miedo? —Me preguntó sin cambiar de posición y aspiré profundo antes de atreverme a responderle, era un tonto y lo sabía.
—A un desconocido —dije de pronto y Bardock abrió los ojos en sorpresa antes de darse la vuelta para encararme, era lo mismo que la guardiana de las manzanas le había dicho durante su coma. «Los ojos que no ven en la oscuridad no pueden vencer al desconocido.»
Sólo le tomaron dos zancadas para llegar a mí y me levantó del suelo con una mano tirando del cuello de la coraza. No objeté ni hice un movimiento para liberarme, mi padre estaba bastante enfadado como para incitarlo a que me golpeara, no tenía las fuerzas para resistirlo.
—¡¿Qué fue lo que hiciste, Raditz?! —Bardock no escatimó en el volumen de su voz y resonó por todas las celdas de los calabozos. El que estuvieran vacías hicieron que el eco saliera limpio, no existían muchos prisioneros vivos en el planeta Vegeta.
Le sonreí antes de responder, eso sólo consiguió enfurecerlo más y me sacudió una vez para hacerme parar, la laceración latió dolorosamente bajo el líquido nutritivo que seguía haciendo su trabajo.
—Ya se lo dije a tu rey una vez. Comí una fruta —le dije con la seriedad recompuesta—, una manzana dorada.
—¿Qué es lo que significa eso? —Me gruñó con fuerza, aun así no pudo aplacar el volumen del enfado. Bardock habría gritado de buena gana si eso no atrajera curiosos.
—Soy su propiedad ahora —le dije con la mirada perdida—, ese desconocido es mi dueño, padre. Él me usará para todo lo que necesite y no podré hacer nada para detenerlo —la sujeción fue perdiendo fuerza mientras mi voz se iba apagando para dar paso al temor—. Es por eso que Trunks tenía que matarme, Bardock, dejarme vivo fue estúpido.
Marron no tuvo que alejarse mucho para encontrarse con Trunks camino a la sala de los tronos. Sólo el rey pudo sonreír al cruzar la mirada con ella y antes de que estuviera realmente cerca, hizo que sus escoltas los dejaran solos. Los guardias ya no estaban a la vista cuando Trunks se acercó para estrecharla en sus brazos pero Marron no lo imitó y se puso a mirar a todos lados en busca de un testigo. La última advertencia de Goten la dejaba intranquila, al menos mi fantasma no podía hacerle nada malo a él.
—¿Dónde está Pepper? —Quiso saber ella con un leve fruncimiento de las cejas. Al verlo al rostro no entendió el motivo de su alegría.
—En la sala del trono, ha reunido capitanes y generales para celebrar antes de salir a destruir las primeras bases de Freezer. —Por más que aquello le daba pavor, Trunks no pudo dejar de sonreír. Iniciar la tan ansiada guerra no daba cabida a arrepentimientos—. Puedo ausentarme unas horas, ven, acompáñame a mi habitación para hablar con más tranquilidad.
—¡No! —Su propio arrebatamiento la hizo sentir tonta—. ¿Por qué mataste a Raditz? Trunks, ¡debiste haberme escuchado! Tu hermana jamás te lo perdonará…
—No, Marron, estás equivocada. —Trunks seguía sonriendo—. No está muerto, Raditz está en el calabozo.
El rey de reyes había estado huraño todo el tiempo en el que había decidido matarme y era porque se sentía equivocado, ahora que no lo había hecho había comprendido que jamás debió haberlo siquiera pensado. Trunks estaba seguro de que la bruja le había advertido aquello y que había podido doblegar el destino a su favor. Si había logrado deshacer ese error antes de cometerlo, podría ciertamente cambiar el destino de la guerra que habría predicho Bardock. Pero su mayor deseo no era ganar la guerra sino que era salir con vida de ella.
—Es mejor que Bra no lo sepa, Marron, si llega a saber que está vivo jamás lo olvidará. —Marron no estaba tan segura de que mi olvido dependiera de mi muerte, ella no olvidaría a Trunks de estar en mi lugar, pero no dijo nada para no disgustar al rey. El hijo de Vegeta le estrujó sus hombros bajo las manos enguantadas y exhaló con alivio—. No sabes lo feliz que me haces al estar en el palacio, Marron —su próximo diálogo lo hizo ponerse serio de pronto—. Escúchame, Marron, cuando me vaya el grueso de mis hombres lo hará conmigo y éste planeta ya no será tan seguro como antes.
—¿Qué me quieres decir con eso?
De haber podido hacerlo, Trunks habría mandado lejos a su familia junto a Marron, a un planeta remoto para darle la tranquilidad de que ellas estarían a salvo durante su ausencia. Pero su palacio tenía muchos espías y hacer eso tenía que ser discreto, por lo que terminó por decidir que no había cabida para la derrota. Debían ser rápidos y certeros para que las réplicas a sus actos no dejaran inocentes muertos.
—Quiero que te quedes en el palacio —comenzó con la voz endurecida—, Pepper vendrá conmigo por lo que mi madre se sentará en mi trono y Bra en el suyo. Si te quedas como mi consejera en el palacio estaré más tranquilo, dejaré a Seripa y a Nappa aquí y a un puñado de buenos guerreros cuidándolas. —Marron asintió más asustada que aliviada y el rey no hizo otra cosa más que sonreír—.Volveré, Marron, lo prometo —le dijo con una sonrisa triste y ella intentó curvar los labios para darle ese gusto.
—¿Entonces por qué me siento tan mal, Trunks? —El rey de reyes le puso una mano en el mentón y le acarició con el pulgar parte de su mejilla.
—Confía en mí, mi reina.
—Rey —el pasillo ensombrecido les habló con seriedad y se acercó con unos pasos silenciosos, sólo cuando estuvo cerca se pudo escuchar el sonido de las botas contra el suelo. Marron se apartó del rey con prisa.
—¡Tío! —La rubia enrojeció levemente al reconocer esa voz pero el semblante de Número 17 no era la de un hombre enojado, más bien parecía abrumado—. ¿Qué ha pasado? ¿Es algo malo?
—Debemos hablar. —Las sombras que lo acompañaban se movieron en la oscuridad y un hombre alto y completamente cubierto por una capucha se materializó a su lado. Instintivamente, Trunks se paró frente a Marron para protegerla pero eso no hizo falta, el encapuchado se quitó la tela de la cabeza con un brazo fibroso y descubrió un rostro completamente verde, con sólo una antena cuando debería haber habido dos. Nail los miró desde las alturas con el ceño fruncido.
«De piel verde y manchones rosados.»
—Dime, Zarbon, ¿cómo es que todos quieren a ese rey de reyes y no a su emperador? —Freezer estaba arrugando la nariz como si aquello le produjera un asco infinito. Dodoria se sacudió un tanto con temor, desde que le habían dicho que debía bajar una vez más al planeta Vegeta no dejaba de temblar de miedo. Zarbon no tardó en responder con su voz aterciopelada.
—Que lo odien con tal que le teman, mi señor* —su sonrisa lo invitó a hacerlo también, desde que habían tantas colonias como sus planetas vasallos, se habían multiplicado el clamor hacia el joven rey Trunks y muchos planetas comenzaban a pelear de vuelta cuando él dejaba caer a sus tropas para aumentar el número de vasallos en una competencia silenciosa con el hijo de Vegeta—. El rey de reyes no tiene mucho tiempo más de vida, la moda no suele durar mucho.
—Es verdad —se dijo a sí mismo cuando creyó en las palabras de su general más leal, Freezer no entendió cuándo le empezó a desagradar el que lo odiaran cuando a otro lo amaban. Se sentía celoso—, morirá pronto. El chico tiene más de esa sucia terrícola de lo que tiene de Vegeta. Cuando sus hombres se cansen de los lujos con los que los mantiene a raya, no tardarán en matarlo.
Freezer asintió un par de veces hasta que por fin se convenció a sí mismo de que sus celos no valían nada, siempre había sido odiado y eso jamás le había molestado. El que ahora quisiera ser amado tal como lo era Trunks era una inseguridad pasajera, como todas las competencias que solía echarse con él. Claro, sin que Trunks supiera que realmente estaban compitiendo. Al darse la vuelta, le sonrió sólo a Zarbon.
—¿Y bien? ¿Ya conseguiste más información acerca de esas esferas doradas? —Esa misión le había interesado demasiado a Freezer, mucho más de lo que le gustaría a su aparentemente fiel servidor y aunque su plan no era decirle, una seguidilla de evidencias en contra de él lo obligaron a confesarse antes de que Freezer lo matara como a su antiguo pupilo Vegeta.
—Nada, mi señor. Cuando llegué al lugar no había absolutamente nada, sólo sus pobres guerreros que no tuvieron ni la más mínima oportunidad —le dijo con obediencia—. No existen tales esferas.
El emperador del universo conocido hizo una mueca de disgusto, Zarbon sabía que debía aprovechar esa oportunidad que el destino le daba. El que no las haya encontrado no significaba necesariamente que no existían pero eso no tenía por qué saberlo su señor.
Freezer volvió a hacer una mueca, parecía un niño malcriado, y se volteó a ver al general de patas cortas como queriendo buscar problemas. Dodoria no tardó en ponerse nervioso.
—¿Qué esperas? Ve abajo y pide audiencia con el joven Trunks. Necesito saber qué es lo que está tramando.
—¿Y qué le diré? No tengo motivo…—el berrinche del emperador lo interrumpió.
—¡No me interesan tus excusas! ¡Ve abajo y averigua por qué está tan tranquilo!
El ambiente en la habitación de la princesa era el mismo que un planeta distante, frío y remoto. Ya se empezaban a ver las primeras estrellas en el firmamento cuando el único sonido que se escuchaba dentro era la respiración agitada de Bra, al intentar mitigar el impacto que el llanto había dejado en ella. El híbrido se encogió de hombros y abrió la boca para decir algo pero un golpe en la puerta se anunció antes de que él y ambos miraron hacia atrás, invitados por el visitante. La chica lo buscó con los ojos lilas como queriendo pedir una explicación de cómo era que no se había ido en todo ese tiempo.
—¿Es que no me dejarás sola? —su voz le sugirió un reproche que la tristeza de la princesa no pudo manejar bien y casi ni se le notó. Goten apenas logró formar una sonrisa mientras se levantaba de la cama que usaba de asiento cuando el estar parado ya no era grato. La princesa nunca objetó su manera de invadir su habitación, ella estaba sobre un asiento a un lado del tablero de Um, con tal de estar lo más alejada de él como era posible.
—No soy tu enemigo, Bra —le dijo mientras se ponía de pie y la miraba de una manera casi paternal, la incomodidad la hizo apartar la vista cuando Goten no lo hizo por sí solo. Un nuevo golpe los alertó de que el visitante seguía ahí, a la espera. El híbrido próximo a ser príncipe la volvió a llamar—. Sé que esto no fue lo que esperabas pero —una risa modesta interrumpió su monólogo y Bra volvió a mirarlo con recelo—, te prometo que haré todo lo que esté en mi alcance para hacerte feliz.
El tercer golpe se hizo presente pero la princesa no lo escuchó, estaba tan absorta por las palabras que jamás salieron de mi boca y que había soñado desde pequeña, cuando las sirvientas de muchos mundos le llenaban la cabeza de historias de amor y aventuras. Goten le sonrió respetuosamente y sin poder evitarlo, ella lo hizo también pero de una forma más disimulada, dándole al híbrido la oportunidad de voltearse a la entrada para abrir la compuerta. Fue Bardock quien apareció en el pasillo con un semblante más serio y apenas miró a su nieto para dedicarse a contemplar a la princesa.
—El rey requiere tu presencia, Goten —la miraba a ella pero se dirigía al híbrido, su presencia lo hacía recordar la petición que le había hecho cuando había ido a curarme el cuello y estuvo a punto de romper su palabra.
El menor asintió con la cabeza una vez y se volteó a la princesa para invitarla a acompañarlo en silencio. Bra pareció asustada cuando lo escuchó hablarle quedamente y dejó de contemplar hipnotizada a mi padre, a Bardock le pareció que podía leerle el pensamiento porque era como si supiera que algo le ocultaba.
Goten salió primero al encuentro del pasillo y esperó a la princesa unos pasos más adelante, en cambio, el verdugo del rey dio un paso al lado y aguardó a que Bra saliera de su habitación como un cervatillo asustado. No dejó de mirarlo ni cuando la puerta se le cerró a sus espaldas.
—Quise mucho a Raditz, Bardock, tu hijo fue un gran hombre —le dijo apenas la voz queda y hasta podía jurar que se lo había imaginado, pero el capitán no dejó que eso lo perturbara y no apartó la vista del frente para no caer en la tentación de decirle que en realidad estaba vivo.
—Mis dos hijos lo eran —replicó de vuelta antes de ponerse a caminar al frente.
Trunks reunió a todos en su habitación, en sala menos privada y la que correspondía al consejo. Estaban sólo los consejeros Goten y Marron, los nameku recién llegados Nail y sus cuatro compañeros, la reina regente y la princesa. Además de los guardias Bardock y Seripa, y el capitán de la Compañía Bastarda, Número 17. La reunión había sido imprevista y ninguno de los presentes, salvo Nail, 17 y los cuatro nameku, sabía de qué se trataba. La comitiva había llegado silenciosa y completamente encapuchada, al sacarse la tela de la coronilla en un lugar más adecuado, descubrieron las heridas de los sujetos que habían salido del mismísimo planeta Nameku, su sangre morada manchaba todas sus ropas y a Trunks le pareció que estaban relacionados, después de todo, el lila y el morado tenían una raíz común.
La princesa estaba más cercana a Goten que de otra persona, aunque ella misma habría estado más a gusto con cualquier otro, era lo normal ahora que estaban comprometidos. Ella no entendía por qué estaba ahí siendo que aún no se encontraba casada pero le pareció que era para no alejarla más de lo necesario de Goten que era el que le brindaba su protección en ese momento. Sería algo así como su guardia real sin serlo.
—Espero que su visita no sea por una desgracia —les habló primero la reina regente, por más que fuera obvio que no era así. Bulma sólo intentaba ser diplomática. Nail la miró con el ceño fruncido y luego se dirigió al hijo.
—Nameku ha sido arrasado, rey de reyes —el sargento Nail hablaba con una ira contenida y Trunks no pudo sentirse peor. La sala se mantuvo callada y sólo Bra pareció tener unas ganas incontrolables de salir corriendo de ahí—. Los pocos que han podido salir del lugar le trajeron un obsequio. Es el regalo que asegurará que salgas victorioso pero este regalo viene con una condición.
Nail no miró hacia atrás ni cuando sus compañeros, todos muy parecidos a él, desfilaban frente a ellos para cada uno depositara a sus pies una esfera gigante y de un brillo anaranjado. En total sumaban cuatro, de cuatro de los compañeros nameku de Nail. Trunks no pudo evitar sentirse culpable y miró al sargento de Número 17 con seriedad.
—¿Cuál es tu condición? —A Bulma le pareció que se trataba de Vegeta por la gravedad con la que estaba tratando a sus nuevos súbditos.
—Que destruyas a la Federación y a Freezer, rey de reyes. Vénganos, a nosotros, a mi planeta y a todos mis hombres. Nosotros sólo somos los bastardos de esta guerra, sólo tú puedes terminarla —Nail hizo una pausa para caer sobre una rodilla—, y nosotros te ayudaremos.
Bulma tuvo que apartar la mirada para no ponerse a llorar y al darse media vuelta, se topó con Seripa que le puso una mano sobre su hombro. Su hija la miró con curiosidad sin dejar de tener la sensación de que era la única culpable de la destrucción de un planeta inocente. Aunque los nameku no supieran del hombre que los había arrasado, ella sí sabía que no podía tratarse de otro más que Zarbon, al único al que le había dicho de la existencia de las esferas del dragón. En ese momento, Bra habría querido estar muerta, deseaba haber sido más fuerte cuando Zarbon la había amenazado en ese pasillo y no haber hablado. Y de nuevo, el único que sabía de su tontería ya no estaba a su lado.
—Haré todo lo que esté a mi alcance para darle muerte, lo prometo, pero por favor, llévate las esferas a otro lugar. El que estén aquí no es seguro —dijo pero Nail negó con la cabeza.
—No, rey de reyes. Sé que ustedes tienen una esfera, aquí tenemos cuatro de las cinco que salieron de Nameku antes de que fuera destruido. Creemos que la quinta se perdió en el camino pero sí sabemos del paradero de aquella que robaron hace mucho tiempo. Podemos buscarla pero eso no bastará para que pueda salir el dragón, mientras eso no sea posible no podemos permitir que la Federación se haga con alguna. Las cinco esferas deben estar aquí.
—Entonces debemos separarlas en seis vigilantes —explicó su plan con el ceño fruncido—, si las llegan a encontrar todas juntas sería nuestro fin. Me encargaré de una y buscaremos a otros cinco guerreros que protejan las restantes. Así se hará.
Nail asintió una vez y se dio la vuelta hacia donde estaba Número 17.
—Propongo a mi capitán como uno de los vigilantes —dijo como única petición—, ninguno de mis hermanos ni yo podemos serlo, sería demasiado obvio. —Trunks asintió con el ceño fruncido, aunque no confiaba en él, el sargento sí lo hacía y no podía negárselo.
—Está bien —dijo simplemente—, yo propongo a Goten, mi cuñado —Bra se ofendió pero no dijo nada, Nail miró al chico pero no dijo nada, era su forma de dar el visto bueno—, a Bardock, el verdugo real; y a Seripa, guardia de la reina. Cuando recuperemos la robada nombraremos al siguiente vigilante, la restante será mía, eso hacen las seis. Sólo esperemos a que el último vigilante esté de nuestro lado.
La puerta se abrió de improviso y descubrió a Nappa, todas las cabeza se voltearon hacia él y aquello le produjo una sensación extraña. Antes de hablar se aclaró la garganta.
—Mi rey, ha llegado Dodoria y pide una audiencia —dijo sin dejar de mirar a los nameku que hasta ese entonces nadie había visto. Una sonrisa curvó los labios de Bardock e hizo de sus manos dos puños hasta el punto de hacer sonar los huesos pero fue Trunks el que habló.
—Lo esperaba para más tarde —sinceró el rey para la sorpresa de todos los presentes. Luego, se dirigió hacia el calvo general de su padre—. Nappa, quiero que reúnas a todos los soldados, después de la audiencia partimos.
Fue Bulma la que habló por los demás, Marron estaba tan aturdida como ella, quizás un poco más.
—¿No crees que es demasiado apresurado? Deberían descansar esta noche al menos —pero por mucho que intentara persuadirlo, era inútil.
—La guerra no espera, madre, y mucho menos cuando haré cumplir una promesa que es más antigua que yo.
Para cuando Dodoria llegó caminando tímidamente a la sala de los tronos, las figuras parcialmente cubiertas por las sombras del atardecer lo miraban desde lo más alto de la plataforma. El general tuvo un momento de cobardía al reconocer a la segunda figura como aquel que temía desde que había vuelto al planeta Vegeta, durante la revuelta de Paragus, y el nuevo rey lo había tomado como guardia real. Sólo la risa suave de Trunks lo invitó a seguir caminando hasta llegar al centro del pasaje que lo guiaba a la plataforma, frente al trono del otrora rey Vegeta y al trono vacío de la reina. No había más que el rey de reyes y su escolta en toda la habitación, y miró de soslayo la salida con incomodidad. Antes de hablar, el gordo se aclaró la garganta.
—El Gran Freezer me ha mandado para… —Dodoria no tenía razón alguna para estar ahí—. El Gran Freezer le gustaría saber si requieres de su ayuda.
La excusa mal hecha lo hizo cerrar los ojos cuando una gota gorda de sudor que apestaba a miedo le cayó sobre un párpado, durante su viaje desde la órbita al planeta había pensado un sinfín de razones por las que estaba ahí pero al poner un pie dentro del palacio se había olvidado de todo. Y Trunks sabía exactamente lo que sucedía. El joven rey curvó una sonrisa recatada, como no queriendo asustarlo más de lo que ya estaba.
—¿El Gran Freezer quiere saber de mí? —La pregunta flotó en el aire sin que Dodoria comprendiera sus palabras, ya había dejado de procesar y sólo miraba furtivamente al general que parecía no verlo. Bardock simplemente se erguía a un lado del trono con la vista perdida en algún escalón de la plataforma—. Espero que no esté sospechando de mí, Dodoria, hablaría muy mal de tu emperador.
—Eso no es lo que dije —pero aquello sólo le arrancó una risa a Trunks, quien se levantó del trono lentamente y su capa se alisó al quedar en el aire.
—¿Te gustan los cuentos, Dodoria? —Lo inocente de la pregunta lo hizo dudar y Dodoria no tuvo tiempo para retroceder porque la figura de mi padre se materializó a sus espaldas y le ensombreció los colores—. Hay una historia que mi capitán me contó tantas veces que me la sé de memoria. El problema es que no tiene un final y bueno, siempre le aseguré que algún día le buscaría uno correcto. —La sonrisa de Trunks no se hizo esperar y Dodoria casi pudo adivinar a lo que iba el rey de reyes—. Deja que te la cuente, mi querido Dodoria, es realmente una buena historia y hasta puedes ayudarme a contar el final que se merece.
—No me gustan los cuentos, rey de reyes, anda al grano —le dijo Dodoria con un temblor que se hizo demasiado evidente y Trunks comenzó a bajar los escalones, uno por uno, con una lentitud tortuosa.
—La historia empieza así, Dodoria —respondió el rey sin prestarle atención al soldado federado y por más que tratara de alejarse, Bardock no se movía siquiera un centímetro de su posición y por lo tanto, Dodoria no iría a provocarlo intentando escapar—. Había un rey que intentó oponerse al tirano cuando se dio cuenta que conspiraban contra él pero jamás se percató que el príncipe estaría involucrado en eso. Lo había vendido a su enemigo, ¿realmente esperaba que se pusiera en su lado? —Dodoria negó con la cabeza obedientemente y Trunks sonrió bajando otro peldaño—. El rey fue asesinado por los mismos soldados que él envió como otro regalo al tirano, ¿y qué fue lo que se dijo?
—El rey te ha preguntado algo —el empujón que le dio Bardock en la espalda casi lo lanzó al suelo y se le aflojó la garganta para dar paso a un grito amortiguado.
—No tuve nada que ver en eso… —respondió Dodoria mientras negaba con la cabeza tantas veces como pudo. Trunks dejó escapar una risa.
—¡Exacto! Fue exactamente lo que dijeron pero no fue así, culparon a un capitán que sólo hacía guardia en ese lugar, un capitán que no tenía nada que ver en eso —la tensión de Dodoria se hizo cada vez más evidente cuando Trunks iba llegando al primer escalón—. Ahora viene la mejor parte, mi querido general, la parte cuando el capitán vino al palacio, ¡a este mismo palacio! El capitán tenía intenciones de hablar con el nuevo rey regente para contarle de las visiones que comenzaba a tener y de la traición del tirano, sin tener idea que el nuevo rey ya estaba al tanto de aquello. Y esta es la parte que más me gusta, apareciste tú. —Trunks ya había alcanzado el suelo y torció una sonrisa que le recordó a Vegeta—. ¿Cómo era qué decía la historia, Bardock? No estoy seguro de lo que dijiste, era algo como «disfruta mientras puedas porque cuando me levante te cazaré y te mataré». —Trunks hizo una pausa sólo para ver la reacción del federado que desorbitaba los ojos—. Ahora es cuando le buscamos el final que tanto se merece esta historia, Dodoria.
El general federado se dio la vuelta cuando comprendió que Bardock ya no iba a estar tan tranquilo como tantas veces se había portado y una sonrisa torcida decoraba sus labios cuando los papeles estaban invertidos. Bardock estaba en el suelo aquella vez, mareado por sus sueños de adivino, y Dodoria disfrutaba golpeándolo sabiéndose intocable. Ahora sería distinto.
Dodoría abrió la boca en un último intento por escapar y un chorro de energía salió por ella como un cañón, pero Bardock ya conocía ese truco y lo esquivó al adivinarlo sin sorpresa alguna. Cuando volvió a aparecer se encontraba a sus espaldas y usando los dos brazos, le cerró la boca y comenzó a apretar hasta que el general dejó de moverse violentamente. Antes de que se desmayara, Bardock hizo de su mano un puño y atravesó como si se tratara de un papel el abdomen de Dodoria, pasando por la armadura, hasta encontrarse con el puño ensangrentado y por el otro lado. El federado no alcanzó a vivir mucho tiempo más después de ese ataque mortal pero sí lo suficiente para verlo sonreír con gusto.
—Ha empezado la guerra. —Trunks ya no sonreía y miraba la escena con una seriedad cauta, ya no tenía miedo porque no era necesario. Ya no había vuelta atrás.
(*) Frase célebre de Calígula, emperador de Roma. La leí por primera vez en el juego favorito de mi papá, Total War de Roma, y me pareció de lo mejor. Y bueno, tenía que tener cabida en la historia. Me encantó. Es el momento culto del día (?)
Nota de la Autorísima:¡Hola! Creo que ha sido una de las veces que me he demorado más en actualizar en estas últimas entregas pero heme aquí, son casi las 5 de la mañana y no lo puedo creer xD Si no lo hacía ahora no era posible hacerlo hasta después de navidad porque estoy en mi semana de muerte en la u y no tendré ki para ese entonces jajaja Como es casi imposible que actualice antes de navidad pero puede que sí como puede que no para año nuevo, les deseo felices fiestas a todos ahora :)
¿Realmente pensaron que iba a matar a mi personaje favorito? ¡Están locxs! jajaja Si llegase a morir mi nota de la autora hubiese sido un lloriqueo interminable jajaja pero se lo creyeeerooon! xDDD Siento que estoy usando más a Trunks como se lo merece :) era mi sueño frustrado (?)
Gracias a los reviews del capítulo anterior a tourquoisemoon, AlexanderMan, guest, Bego-Bura-xD, Prl16, Sybilla's Song y asaia16 :) ¡Ya son 237! jajaja Especiales agradecimientos a mi Kattie88 que sigue atrás pero va leyendo muy rápido n.n
No sé por qué ff siempre me borra el nombre de tourquoisemoon, supondré que es por el punto de en medio así que ahora lo omitiré :P
No creo poder hacer una nota más extensa de lo que hice ahora porque estoy desesperada por irme a la cama xD
Muchos besos y los mejores deseos, RP.
