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Dominio de princesas


El olor a carne quemada me golpeó en la nariz sin esperar un momento más. Las piras prendieron con rapidez y comenzaron a engullirse a los cuerpos de los soldados sin distinguir si eran o no traidores. Compañeros se habían matado entre ellos, antiguos amigos, también. Tomma estaba a mi lado y no apartaba la vista de la torre en llamas en la que se encontraba Seripa. La guardia real no lo había visto llegar porque ya se encontraba muerta cuando Tomma cruzó el umbral, estaba boca abajo y la tuvo que voltear sólo para verle la cara bajo una costra de sangre y los ojos abiertos. Él la contempló en silencio mientras le limpiaba el rostro con un paño mugriento y lo encontré meditabundo una vez que llegué a la habitación de la reina. Momentos después de mi llegada, apareció Bra con las mejillas sonrojadas por el trote que la había llevado ahí y no pude evitar que diera un vistazo hacia dentro. La reina murió con los ojos abiertos, quizás por un golpe, quizás por asfixia. Ciertamente daba igual, el resultado seguía siendo el mismo, Bulma seguiría muerta.

Los soldados que acompañaban a Tomma se sobresaltaron de verla ahí e hicieron el intento de ocultar a la reina tras sus propios cuerpos pero Bra se coló chillando por su madre y los hombres no tuvieron otra opción más que darle el paso. Marron llegó unos momentos después, invitada por el escape de la princesa desde su habitación luego de que había dicho que aguardaran mi llegada. Fue la única que intentó calmarla y que realmente lo logró, y se la llevó al instante cuando les dije que debían llevársela para prepararla.

Al ver a la rubia a mi lado, con la capucha sobre su cabeza amarilla, supe que ahora era ella quien necesitaba del consuelo que le había dado a la princesa. Marron lloraba inconsolablemente sin poder calmarse y hacía el intento sobrehumano por pasar desapercibida, pero sus quejidos silenciados sonaban mucho más de los quejidos normales. Chasqueé la lengua mientras me cruzaba de brazos, la rubia y yo nos encontrábamos en una plataforma pequeña a las afueras del palacio, con una vista casi privilegiada de las cientos de piras que comenzaban a tirar sus primeras cenizas sobre nosotros. Bra estaba subiendo la más alta y la miré con los ojos entrecerrados, esperando a que no hiciera nada estúpido.

Bra se tomó el vestido con una mano y la otra estaba libre para cuando pidiera la antorcha que le sostenían a un lado. El puñado de tela le serviría de apoyo, quizás para tenerla quieta, quizás para secarse el sudor de la palma, no lo sabía realmente. La llama estaba tan cerca de su cabeza que el color lila de su pelo se había tornado casi rojo, y el calor que le producía esa cercanía la hacía sudar pero Bra no estaba apresurada por quemar la pira de su madre. La miraba con tristeza y aunque le habían dado un cuchillo para que emulara a Trunks en el funeral de Vegeta, lo que hizo fue bastante distinto. Bra se inclinó a su madre con suavidad, los ojos de Bulma ya se encontraban cerrados hacía mucho y su hija le besó sus parpados tan suavemente que apenas la tocó. Al incorporarse de nuevo pidió la antorcha extendiendo la mano hacia un lado, sin dejar de mirar a la terrícola que jamás volvería a su planeta. El fuego siseó a su lado y una ráfaga de viento cambió de dirección a la llama por unos instantes, Bra aspiró el perfume de su madre por última vez a ojos cerrados e inclinó la antorcha. El material prendió al instante y ella y su acompañante tuvieron que bajar de la pira más alta de todas con rapidez para que las llamas no los alcanzaran. La princesa retrocedió a pasos cortos sin dejar de mirar al fuego y no se detuvo hasta que llegó a mi lado, en el estrado que compartían los reyes y sus guardias. El planeta Vegeta se había vuelto el dominio de princesas.

Las pequeñas comitivas de los reyes arrodillados se apostaban a los lados del estrado, con los ojos abiertos por la sorpresa, sólo habían muerto tres guardias arrodillados y nada más, pero todo seguía siendo confuso. La reina que los había recibido y ofrecido su protección ahora estaba muerta, y habían necesitado un par de horas para que eso pasara. Ninguno dijo algo y sólo se dedicaban a mirar a las piras que ya comenzaban a echar el calor de una chimenea y a escocer los ojos.

La princesa Bra se pasó una mano por la mejilla en donde se le había escapado una lágrima, no se permitiría llorar hasta que se encontrara sola. Y la miré de reojo todo el tiempo, sin que ella dejara de mirar a la pira más alta de todas, en la que habían acostado a Bulma. Sí escuché a Marron lloriquear en silencio, intentando controlarse sin mucho éxito. No entendía si lo hacía por Bulma o por el trauma, seguramente era la mezcla de ambas.

—¿Crees que Trunks vuelva después de la guerra? —La pregunta de Bra hizo que Marron se callara de pronto y la mirara con los ojos desorbitados, luego se echó a llorar otra vez sin intentar callarse del todo, era un quejido de dolor y Bra frunció las cejas esperando no imitarla. Sin Trunks, ellas estaban perdidas.

—Si pudiera saberlo, princesa, se lo diría —intenté no mirar a las chiquillas más de lo necesario, estaban sensibles y prefería oír llorar a sólo una.

Bastaron unas horas para que todas las piras se apagaran y el alba ya despuntaba en el cielo, tenía frío a pesar del calor de las brasas que aún humeaban y Bra tenía la cara tan pálida que por un momento pensé que caería desmayada. Los reyes arrodillados se habían dispersado luego de unos momentos y luego, los pocos soldados que habían quedado vivos los siguieron arrastrando los pies. Nadie sabía lo que iría a decir el rey cuando se enterara pero lo que me había dicho Bardock antes de partir me sugería que debía impedir ese mensaje a toda costa. Bra me escuchaba más que cualquier otro por lo que su asentimiento a mi propuesta fue silencioso pero dócil, no tuve que explayarme más de lo que ya lo había hecho.

—Conozco a mi hermano —me había dicho, evitando mis ojos—, volvería a matar a alguien, estoy segura.

—Y la guerra se perdería. —Bra frunció los labios ante mi respuesta y al cabo de unos instantes, asintió sólo una vez.

Por lo que la regencia caía por sucesión sobre sus hombros y los reyes arrodillados la seguían por el palacio pidiendo audiencias, después de la segunda rebelión que sufría el planeta Vegeta, primero durante el reinado del padre y luego en el reinado del hijo, su presencia significaba un día más de vida. Pero todo lo que había soñado la pequeña princesa alguna vez, en ese momento era su peor pesadilla. Cada vez que tocaban su puerta para decirle algo, soltaba una lágrima de frustración.

Acostada sobre las piernas de Marron, Bra refunfuñó entre dientes. La rubia estaba tan muerta como su madre y tenía los ojos hinchados de tanto llorar, y yo las miraba desde el pasillo de la habitación de la princesa, dando vueltas sin detenerme. De brazos cruzados, me erguí al pie de la cama antes de dar una vuelta más entorno a ellas. El golpeteo volvió a sonar en la puerta.

—Quiero estar sola. —Pero un regente no podía descansar.

—Deben ser los estúpidos arrodillados —le dije con una mueca de enfado, ya no dejaba a las niñas solas y solía dormir a un lado del tablero de Um con el respaldo de la silla enterrándose en mis omóplatos. Ni la lila ni la rubia podían descansar tranquilas si se veían tan solas en la habitación como cuando ocurrió la rebelión.

Princesa, es urgente. —La voz de un soldado joven fue la que escuchamos, sólo los jóvenes estaban familiarizados con los híbridos y no los veían como un insulto como los guerreros más curtidos. El reducido ejército con el que contaba la princesa rodeaba su edad—. Un emisario de las colonias del oeste ha llegado y pide una audiencia con usted.

Las dos chicas se incorporaron enseguida, tan desconcertadas como asustadas. Las colonias del oeste podían darles información acerca de Trunks y no sabía cuál de las dos esperaba más aquello, la rubia lo quería de vuelta, la lila no quería tener la regencia por mucho tiempo. Hice una mueca cuando me dirigí a la puerta y la abrí, el muchacho cerró la boca antes de decir lo que querría decir y mi sombra lo oscureció por completo.

—La regente lo esperará en la sala de los tronos —le dije con simpleza y el chico se fue tras asentir. Al darme la vuelta, Bra revolvía sus cajones en busca de algún vestido más apropiado y Marron se alisaba el pelo con las manos.


Número 18 apartó al cuerpo de su otrora atacante con un puño en la cara y todo su pelo se revolvió por la brusquedad de su ataque. Al verlo inmóvil en el suelo, carraspeó, ella jamás iría a pelear por gusto como lo hacían los saiyan pero no le quedaba otra que acatar, y se permitió mirar a Brolly con el rabillo de su ojo. Ya no quedaban contrincantes en su alrededor y el taimado hijo de Paragus miraba a sus pies con curiosidad, estaba sobre una alfombra de muertos. El planeta del oeste apestaba a muertos.

—No hay ningún saiyan en estas filas, sólo alienígenas —le dijo lo obvio y Brolly le sonrió—, el rey no estará acá.

—Mandó a su tropa de alienígenas a morir —concluyó él con una sonrisa aún más amplia y Número 18 carraspeó otra vez.

—Gohan debería saber que aquí no encontrará nada —mencionó ella con su voz ronca y comenzó a elevarse, los hombres que huían de ellos se veían a lo lejos. Número 18 entrecerró los ojos y decidió que tomaría un camino en el que Brolly no viera a esos soldados en fuga, no eran necesarias esas muertes—, sígueme. Debemos decirle a Gohan que su rey está engañándolo, aquí no hay más que bastardos enviados a morir.

Brolly rió profundamente mientras cruzaba sus brazos y se elevaba junto a ella.

—Todos van a morir —sentenció con burla y la rubia lo observó de soslayo, asustada por lo que aquello pudiera significar.


Trunks no habló en todo el trayecto hasta la nave que siempre orbitaba cerca de su planeta y Goten lo miraba con disimulo, aunque el rey pudo entender que estaba intranquilo. Aquello lo hizo frustrarse más y comenzaba a impacientarse, el tenerlo cerca sólo atraía la duda que Pepper había sembrado en su cabeza. Y luego pensaba en Marron, ¿se habría dado cuenta alguna vez que el príncipe híbrido le había puesto el ojo? Pensaba que no. «Pero me ocultan algo, Goten le pidió que no me dijeran nada. ¿De qué? No tengo idea...»

La nave dio un último remezón cuando entraron dentro de la gran nave de Freezer y le dedicó una mirada a su propio planeta, el que se veía pequeño debajo de sus pies. Era una bola roja y morada que giraba lentamente, y del que en algún punto correspondía a su palacio, ahí lo esperaban su madre, su hermana y Marron. «Marron», repitió en su mente mientras entrecerraba la vista. ¿Sería cierto lo que Pepper le había dicho? Ya había acertado una vez en el pasado, conmigo.

Pero no dejó que aquello muriera en su mente y desbordó su nave personal sin esperar a que Goten lo hiciera de la propia, además de él lo acompañaba el ladrón androide, Número 17, y su sargento preferido, el nameku Nail. Bardock cerraba siempre su marcha, advirtiéndole de eventos que él mismo veía en sus ensoñaciones.

Enseguida un encargado del hangar se les acercó con un paso sigiloso, extrañado por su presencia inusual, pero al presenciar la visión del rey con sus cuatro acompañantes se detuvo con el rostro desencajado, y luego se echó a correr. Trunks habló de forma clara pero susurrada.

—Atrápenlo —dijo y Bardock se adelantó corriendo—, no queremos que de aviso.

El verdugo del rey hizo honor a su sobrenombre y Trunks pasó caminando a un lado del cadáver encargado del hangar y su sangre dibujó sus botas sobre las baldosas. Número 17 se rió quedamente por la visión del otrora federado y Nail lo mandó a callar con sólo su rostro verde. Goten avanzó un tanto más disminuido, intentando entender al rey huraño.

—Trunks —lo llamó el que tenía el título de príncipe. Avanzaban en un pasillo amplio pero vacío—, deberíamos separarnos, cubriremos más terreno —Trunks ya sabía eso.

—No vamos a separarnos —dijo—, es más rápido así, actuaremos en grupo. Ahora cállate que revelas nuestra posición cada vez que abres la boca.

Pero Goten sabía que nadie se acercaba a ellos, lo podía ver con su poder de ver sin ojos, aun así se encogió de hombros y se limitó a avanzar. Trunks desenvainó la espada enseguida y comenzó el trote, el grupo lo imitó y Goten se adelantó cuando sintió que unos federados se acercaban a ellos. Los recibió a ambos con golpes antes de que pudieran siquiera comprender que estaban ahí y su abuelo fue a apoyarlo.

Bardock no tuvo tiempo para reaccionar cuando Goten se devolvió sobre sus pasos y atajó a un soldado más en el pasillo que cruzaba perpendicular a ellos. Al botar al suelo a su contrincante, Trunks lo miraba con el rabillo del ojo.

—¿Cómo…? —preguntó Bardock sorprendido por sus aparentes buenos reflejos y Goten compuso una sonrisa insegura.

—Los oí —mintió y siguió el trote, si sólo se limitaban a trotar los rastreadores no los considerarían como una amenaza y podrían pasar por simples tripulantes.


—Las colonias del oeste están pidiendo hombres por supuestas represalias de Freezer y sus fugitivos —le explicó el mensajero con un pie sobre el primer escalón de la plataforma y el otro en el suelo. Hablaba claro y despacio para que la princesa sobre el trono lo entendiera perfectamente. Bra no hacía más que apretar los mangos del asiento y sus pies buscaban el suelo con disimulo, era tan pequeña que no podía tocar el suelo ni con la punta de sus dedos—, los reyes dicen que con treinta hombres se pueden asegurar todas las colonias en las inmediaciones de la guerra. ¿Princesa?

La regente aspiró aire como si estuviera a punto de responder pero se quedó con las palabras en la garganta, tan asustada como inerte, Bra no sabía cómo responder. A su lado, le dediqué una mirada fugaz y sus ojos abiertos me indicaban lo asustada que se encontraba. Marron desde el otro lado suspiró sin sentirse capaz de interceder. La capa azul en mi espalda me daba la posibilidad de hacerlo al ser además un puro.

—La princesa está nerviosa por ser su primera audiencia —dije para los hombres con claridad y el mensajero batió sus pestañas con extrañeza, tragándose la excusa. Me incliné hacia Bra tanto como pude sin que se notara y le susurré: —Sólo tienes cincuenta hombres en el planeta, treinta es demasiado. Di que les mandarás quince a lo mucho.

—Pero las colonias…, Trunks querría que las cuidara —me explicó sus confusiones con la voz queda y sonó insegura.

—Trunks quiere conservar el planeta cuando llegue —respondí y volví a erguirme para no darle la oportunidad de rebatirme. Bra volvió a apretar los mangos del trono de su padre antes de hablarle al mensajero.

Le dijo que les ofrecería quince, tal como le había dicho, y le pidió al mensajero que le diera sus disculpas a los reyes arrodillados porque no podían disponer de más. El mensajero se quedó un tiempo más al frente de la plataforma con la mirada ida antes de asentir con la cabeza sin mucha seguridad y se fue. La chica contuvo aire hasta que no lo vio más y se volteó hacia atrás para buscarme con ansiedad, mi seriedad la hizo desistir y se volteó a la derecha. Marron se compuso una sonrisa triste enseguida y los pasos les indicaron que la audiencia seguiría. Al llevar la mirada al frente nuevamente, Bra dejó escapar un quejido de sorpresa y sus mejillas se tornaron rojas por la impresión.

Ninguno de los centinelas se explicó cómo un federado pudo haber pasado por todo el palacio sin haber sido notado. Más tarde se darían cuenta del regadero de sangre que se había vuelto la entrada del hangar. Apreté la mandíbula al dar un paso adelante y con horror, Bra contuvo un grito cuando los primeros guardias comenzaban a atacar a Zarbon. No duraron ni dos segundos antes que el bello general los matara sin esfuerzo.

—¡Deténganse! —El grito de la pequeña princesa mientras daba un salto para tocar nuevamente el suelo hizo que me volvera a ella con una cara de disgusto. Los demás centinelas me imitaron pero no relajaron las posiciones de ataque que habían adoptado. Marron miraba todo con los ojos desorbitados.

—Siempre tan dulce, mi pequeña niña estúpida —ya no había que fingir, Zarbon meneó la trenza verde para que se deslizara por su espalda y se cruzó de brazos, sabiendo que ninguno de los centinelas apostados en la sala del trono lo herirían, tal como los soldados del hangar.

El mentón de Bra se puso a temblar con disgusto y vi sus ojos ponerse brillantes pero para su suerte, no se puso a llorar como otras veces.

—¿Qué has venido a hacer? —Preguntarle otra cosa era innecesario, ya se sabía que podría matar a cualquiera que le hiciera frente. Zarbon se puso a reír con gracia y miró a un lado para dejar de mirar a la princesita, sus ojos amarillos viajaron de Marron hacia mí con pausas cortas.

—¿Es esto a lo que se ha reducido el poderoso planeta de tu padre? —No esperaba respuestas, se puso a hablar antes de que Bra pensara en qué podría decirle—. He venido a reclamar algo que me pertenece, sé de las esferas, tú misma fuiste la que me lo confesó. —Zarbon rió con la boca cerrada cuando Bra me miró con el mentón temblándole sin control—. Eres una tonta. Anda, dame las esferas que tengas, la que llevaba Seripa.

—No lo hagas, princesa —le dije con la voz queda pero aun así, Zarbon me escuchó.

—¿Qué harás para detenerla? —Zarbon rió un poco más—. Ella me amaba mucho antes de aparecieras en su vida, ¡ja! Si supiera que te mandé a seducirla, ¿qué crees que pasaría?

Aquello no tenía sentido y miré a la princesa con premura, Bra estaba tan tiesa como una estatua y apenas se inmutó cuando una lágrima se deslizó por su mejilla. Tenía los ojos tan abiertos que no parecía escucharme del todo. Gruñí ruidosamente mientras volvía la vista al frente, Zarbon llegaba a las escaleras de la plataforma con una lentitud tortuosa. Escuché a mi lado a la rubia, Bra seguía sin salir de la parálisis del miedo y le extendí un brazo a Marron para que permaneciera atrás.

—Raditz… —gimió la hija única de Número 18 y la empujé hacia el trono.

—Atrás —le dije quedamente y ella se acurrucó detrás del respaldo gigantesco que había pertenecido a Vegeta.

Luego de que Zarbon me mirara con vanidad, gruñí otra vez antes de echar a correr escaleras abajo, al parecer lo esperaba porque sonrió con ansías mientras me extendía un puño en mi dirección. Las entrañas se me juntaron en el centro y no hice más que detenerme en seco, más sorprendido que asustado. Bra me miró con extrañeza y salió de su ensimismamiento con terror, susurró mi nombre un par de veces y Zarbon volvió a apretar. Un chorro de sangre brotó por mi boca sin poder contenerlo apretando los labios y se derramó sobre mi mentón como una lengua. Tuve que pasarme la mano sobre mi boca para comprender qué era lo que estaba pasando y vi toda la palma coloreada de una sangre brillante y espantosa. Al llevar la vista al frente, vi a Zarbon de nuevo y de pronto la cara de mi desconocido se daba a conocer.

—¿Ya me reconociste? —me preguntó Desconocido con la voz de Zarbon y me pregunté cuántas veces lo habría tenido en mente luego de la confesión de la princesa y jamás los había relacionado. Desconocido me había hablado de lo mucho que buscaban al cristal azul cuando lo tenían al frente de las narices, en el cuello y en la espada de la familia de Vegeta, y comprendí que había cometido su mismo error.

—¡Raditz! —me gritó la princesa bajando un simple escalón y yo tosí más sangre con violencia. Bra bajó otro escalón con temor y yo caí de rodillas frente a ella—. ¡Para! Lo estás matando…

—Verás, mi dulce niña, mi primera intención era arrebatarte el collar y mandé a este inútil a buscarlo por mí —yo ya no lo escuchaba y simplemente me dedicaba a mirar el charco de sangre que se formaba en los escalones, justo bajo donde se encontraba mi boca—, el asunto es que Raditz pensó que tendría posibilidades contigo y me traicionó. Por un momento pensé que había perdido mi oportunidad y estaba a punto de matarte hasta que llegaste con la noticia de que tu hermano estaba juntando unas reliquias mucho más interesantes que el cristal azul.

Un quejido se escapó de la garganta de Bra, absorta por lo tonta que había sido y de cómo aquello había vuelto para atormentarla. Luego, me miró a mí con terror y me llamó con suavidad, no la escuché. Sí escuché el sollozo tímido de Marron y pensé en lo mucho que quería que se callara. La niña había cambiado mucho desde que Trunks se había marchado con su ejército y su esposa, ahora estaba más asustada que nunca y no paraba de llorar. Era incluso más molesta que la llorona de Bra.

—Ahora, mi pequeña princesa —le dijo Zarbon con una voz más aterciopelada—, dame lo que he venido a buscar. Sé que tienes una de las esferas aquí, al menos es una. La tenía Seripa, ella era una de los vigilantes, ¿no es así?

El general hizo un gesto con la mano para que se lo diera mientras escalaba los peldaños a paso lento, y cuando estuvo a mi lado se detuvo.

—No sé de lo que me hablas —le respondió la princesa con terquedad, inmóvil de tenerlo tan cerca de ella y aún más cercano a mí.

—¡Mientes! —gritó Zarbon y su cara se puso tan dura como una piedra. Los soldados que estaban en la sala se revolvieron tensos sin tener idea de qué hacer, el permanecer quietos parecía ser la opción más acertada de todas. Llevé la vista al frente al fin y vi a Tomma más próximo de lo que esperaría de la plataforma, se veía debatiendo consigo mismo, inseguro—. Sé que la tienes y me lo estás intentando ocultar —hizo una pausa—, hacerse la tonta ahora no te funcionará de nada, Bra, ya me dijiste de la existencia de las esferas, ahora me dirás su ubicación. Dame mi esfera, la de Seripa.

—Te dije que no lo sé. No tengo ninguna esfera, debes creerme —pidió Bra más desesperada que otra cosa. Sabía que si no se la daba, la mataría a ella y a todos los que nos encontrábamos ahí. Si por arte de magia lo hacía, lo más probable que pasaría lo mismo.

—Haré que lo entiendas de mejor manera —explicó Zarbon con una sonrisa fingida, a punto de ponerse a gritar de nuevo—, por cada minuto que pase sin mi esfera, mataré a uno de tus hombres, empezando por Raditz. Si pasan dos, mataré a Marron, y ya sabes lo que pasará en una media hora, ¿no, Bra? —Ella no tuvo que sonreír para darle a entender que sí entendía, sus ojos desorbitados lo decían todo y abrió la boca sin decir nada realmente—. El tiempo corre, mi amor.

—No tengo las… —intentó explicar de nuevo la princesa pero un grito del general la hizo callar y derramar una lágrima.

El general verdoso sonrió con más furia que gracia y me hizo vomitar nuevamente sangre que humeaba en el suelo, Bra sollozó sonoramente con las manos sobre la cabeza. Estaba atornillada en el penúltimo escalón de la plataforma, intentando moverse pero estaba paralizada y se apretó las mejillas cuando cubrió su boca para alejar un grito. La regente era una niña asustada y con su actitud invitó a los hombres a agitarse nerviosos, y se sentían pasos silenciosos intentando acercarse pero luego se volvían a alejar al considerar que Zarbon los mataría al instante.

El único que osó acercarse demasiado fue Tomma y lo hizo gruñendo y con las manos empuñadas, como si fuera a atacar pero Zarbon apenas lo vio como una amenaza y lo miró con desdén. Escuchaba mucho más mi respiración pausada que cualquier otra cosa en la sala pero hice un esfuerzo por entender lo que pasaba, mi tiempo parecía correr mucho más lento de lo que en realidad lo hacía.

Tomma subió los peldaños con lentitud y se detuvo a unos pasos de mí, en donde miró con enfado al federado, ya no era el mismo desde la muerte de su compañera. Al extender un puño, esperó a que Zarbon pusiera su palma bajo él y sólo entonces dejó caer la cápsula que habría llevado Seripa antes de morir. Una exclamación queda se escuchó en el fondo de la sala y Zarbon sonrió con lujuria ante aquello. Primero acarició la cápsula con la palma contraria y luego se dispuso a accionar el botón único del artefacto de la otrora reina. En efecto, en su palma se materializó la gran esfera naranja de brillo dorado y estrellas rojas.

—Ya tienes tu esfera —le dijo con la voz brusca—, ninguno de los otros vigilantes se encuentra aquí. Ahora vete, deja a la niña en paz.

—Dime por qué haría eso —respondió Zarbon con razón y Tomma frunció los labios con enfado.

Pero Zarbon se permitió reír en vez de esperar a que el soldado saiyan le respondiera, Bra lo veía con miedo y se estremecía cuando escuchaba el goteo viscoso que golpeaba el peldaño bajo mí.

—Es cierto —admitió mientras retrocedía bajando los escalones—, mi amada princesa siempre es la primera en acudir en mi ayuda.

Zarbon se puso a reír con la boca cerrada mientras se retiraba de la sala y todos los soldados se le quedaron mirando en sus posiciones en la sala de los tronos sin tener la intención de detenerlo. El sonido de las botas se mantuvo incluso luego de que desapareciera detrás de las puertas que nunca se cerraban y nadie dijo una palabra hasta que estuvieron seguros de que se encontraba lejos. Los centinelas comenzaron a reanimar a los moribundos y si estaban muertos los movían, dejando una línea roja por donde los arrastraban. Marron se permitió un momento más antes de asomarse por el trono sin dejar de llorar y llamó a la princesa que miraba todo con los ojos abiertos, sin siquiera pestañar, contando a los muertos, a los moribundos, mirándome a mí.

Y Bra corrió escaleras abajo, saltando los peldaños de dos en dos. Cuando estuvo a mi lado comenzó a reír quedamente y a llorar, luego se abrazó de mi cuello y le manché de sangre su hombro, pero no pareció molestarse del todo.

—Te llevaremos al tanque —me dijo con dulzura y me pasó una mano por el pelo una, dos, tres veces, alisando las puntas erizadas. Abrí la boca para decir algo pero sólo sangre salió de ella y la princesa hizo un esfuerzo para pasar por alto aquello—, me explicarás después.

Y luego cubrió mi boca con sus labios para que no siguiera abriéndola.


« Su fascinación por las mujeres lo ha puesto celoso y la quiere para él.»

Trunks se puso a fruncir el mango de su espada con una sola mano y miró a los lados cuando llegaron a un cruce, venían dos escuadrones desde la izquierda y el rey dio una maldición cuando cayó sobre ellos. Sus acompañantes reaccionaron al instante, Bardock y Goten junto a él, Nail agrupaba a los que corrían y Número 17 sólo se limitaba a pelear con quien se le acercaba. Al caer los últimos, el tío de Marron comenzó a recoger las armas caídas y las lanzaba hacia atrás cuando no le gustaban o no las entendía. Su sargento fue el único que lo hizo reaccionar para continuar el camino y Trunks carraspeó al verse retrasado.

—Deberíamos separarnos —sugirió el gran nameku mirando a Goten, el primero en tener la idea—, Número 17 y yo podemos cerrar el paso mientras ustedes avanzan.

La risa del capitán de la compañía Bastarda irritó a los saiyan y su sargento frunció los labios al no poder contenerlo. Número 17 se calzó un arma en el brazo y al pulsar un botón, una cinta luminosa que la atravesaba de lado a lado se prendió con un color rojo oscuro.

—No se preocupen, nadie acudirá a molestarlos, señoritas —les dijo el moreno de ojos celestes mientras acariciaba el arma con la mano contraria, al mirar a Trunks con una sonrisa torcida—. Rey.

El hijo de Vegeta arrugó la nariz y en su rostro se dibujó el sincero desprecio que en ese momento sentía por el androide, y Número 17 se marchó por el pasillo con tarareando una canción con la boca cerrada, aparentemente feliz. Trunks se volteó hacia Bardock y buscó en él una objeción, algo que lo hiciera creer que aquello era una mala jugada en sus sueños de adivino pero el viejo capitán sólo calló. Nada malo ocurriría si ellos dos se quedaban atrás según lo que le mostraban del futuro y no tuvieron otra opción más que seguir.

Sus espaldas se colorearon con el color rojo oscuro cuando Número 17 comenzó a disparar con su nueva arma y luego se oyeron gritos ahogados de los federados que iban muriendo. Goten cerró los ojos con pesar, muchos morirían en esa jornada y muchos serían inocentes, pero no podían correr riesgos si esos mismos inocentes abrían la boca y los delataban.

Goten se detuvo de pronto ante el reconocimiento inminente de uno de sus parientes y Bardock lo miró de soslayo, luego fue Trunks quien se detuvo a su vez, por la parálisis de su grupo. Y los miró con disgusto hasta que el príncipe híbrido dio razones.

—Es Gohan… —dijo con una sonrisa—, ¡Gohan!

No pasaron muchos segundos para que de la puerta que tenían en frente el aludido se apareciera con su gran capa blanca ondeándole en la espalda. Una genuina sonrisa de alivio fue la que decoró el rostro del menor y se le acercó al trote, a Bardock le dio una mala sensación el verlo directamente a los ojos, Gohan siempre reaccionaba bien ante la visión de su hermano pequeño.

—Aléjate, Goten —le ordenó sin siquiera mirarlo cuando estuvo a su lado y siguió avanzando hasta que lo dejó mirando su espalda—, esto no es contigo.

—Gohan, ¿qué es lo que te sucede? —su instinto fue acercársele pero la mirada gélida y furiosa de su hermano mayor lo hizo desechar la idea. Algo malo estaba ocurriendo—, Gohan, por favor.

Al verlo aproximarse, Trunks blandió su espada hasta dejarla frente a él y Bardock carraspeó una maldición mientras se formaba entre su rey y su nieto mayor. Gohan torció una sonrisa ante él, se veía igual a su padre salvo su piel tostada y las cicatrices en su rostro. Pero no, Gohan no podría sentir afecto por su abuelo jamás, no era como Goku... Su padre se encontraba muerto y todo era culpa del padre de Trunks, el antiguo rey Vegeta.

—¿Es que acaso eres un traidor, Gohan? —lo cuestionó el rey al fin y el primogénito de Chichi se detuvo ante ellos.

—Tu padre fue el que sitió la Tierra, Trunks, él fue quien mató a mi gente y los vendió a Freezer —recitó mientras avanzaba más—. Matarlo es lo que quise alguna vez pero alguien me ahorró el trabajo, así que viví, entrené y ahora asesinaré.

—Gohan, ¡por favor! —pidió el menor de los híbridos sabiendo que cada momento que pasaban en ese pasillo, le daban tiempo a Freezer para derrotarlos.

—¡Esto no es contigo, Goten! ¡Apártate! —gritó—, ¿es que acaso no recuerdas lo que le pasó a nuestro padre, a nuestro planeta? ¡Ellos murieron porque Vegeta los mandó a matar!

Pero Goten no reconocía a ese hermano y su mentón se convulsionó en lo que parecía un sollozo pero no era otra más que la decepción. El príncipe híbrido miró a sus botas con las cejas en alto y tuvo la sensación de que no habría jamás otra salida, Gohan había nacido para ver la desolación de su planeta y la pérdida de su padre cuando él todavía era un bebé. Jamás se entenderían.

—Entonces no me dejas otra opción, hermano —Goten dio un paso y otro, y otro hasta que estuvo a un lado de su abuelo, frente a Trunks—, soy miembro de la guardia del Rey y como tal debo protegerlo de todos, incluso de mi propia sangre.

«Tendrás que enfrentarte a tu propia sangre y quizás deberás hacerla correr, pero cuando lo hagas, los ríos de sangre no dejarán de hacerlo.»

Al recordar lo que había dicho la bruja se puso genuinamente triste, siempre había creído de que hablaba de mí, de su tío, y jamás pensó en Gohan, que hasta ese entonces era su modelo a seguir. Trunks lo miró con sorpresa y dio un paso con la intención de relevarlo de pelear contra su propia sangre. Pero Goten se rehusó con sólo una mirada fugaz.

—Ve, Trunks —le pidió con una sonrisa triste—, detendré a mi hermano por ti, ve junto a mi abuelo. Freezer los espera.

«Ten cuidado con tu sangre que corre por las venas de otro.»

Gohan no tenía pensado que eso pasara.

—¡No pelearé contigo! —le gritó con furia pero su hermano apenas lo miró, sólo asintió a sus camaradas y dio un paso hacia delante—, esto no tiene por qué terminar así…, ¿es que no te importa vengar a nuestro padre? ¡Él murió defendiéndonos! Y nuestra madre…

—¡Mi madre está viva! —hizo una pausa al ver a Gohan sorprendido—, nuestra madre está viva, hermano, y vive en el planeta Vegeta con los humanos que Trunks liberó. Por favor, detente.

Pero ya era muy tarde para detenerse, ya había recorrido mucho camino como para parar en ese momento… Videl estaba peleando por su misma causa, al igual que Brolly y Número 18, quienes le habían dado aviso del paradero de Trunks luego de pelear sin sentido con las hordas mal preparadas de Número 17. Por mucho que Chichi se encontrara a salvo, no podía decir lo mismo de su padre, de Krillin, del padre de Videl, los humanos, de la Tierra…

—No lo haré —avisó con el ceño contraído y la voz ronca—, esto es por nuestro padre…

—Tu padre está muerto, hermano —le dijo—, el mío murió asesinado en la sala del trono.


Nota de la Autorísima: No se preocupen, Raditz no morirá, se los aseguro xD sólo que Zarbon lo dejó jodido pero nada que el tanque de recuperación no pueda deshacer :D Y bueno, ya saben quién es Desconocido... ¡Al fin lo revelé! ¿Qué les pareció? xDD La verdad es que estaba entre varios posibles pero siempre me incliné por él :3

Hace tiempo que no actualizaba este fic y no sé qué más poner en esta pequeña notita xD sólo diré: a esta segunda parte le falta muy poco para llegar a su final, chan.

Muchas gracias a los comentarios de Prl16, AlexanderMan, asaia16 y a guest, en el capítulo 40.

Sin mucho más, lamento la demora pero me encontré en un periodo de sequía. Espero que hayan disfrutado, RP.